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Mieres celebra la semana internacional de la voz

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Martes 14 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «España, fuente de inspiración»: Elisabeth Expósito (soprano) y Omar Navarro (piano). Obras de Á. Émbil, O. Navarro, E. Granados, W. A. Mozart, G. Bizet y G. Rossini. Entrada: 5 €.

Aunque el día mundial de la voz se celebra el 16 de abril, todo los días debemos concienciarnos de su cuidado porque es nuestra principal herramienta de comunicación, y no digo para los muchos profesionales de ella (profesores, locutores, actores, cantantes…), por lo que no es baladí celebrar una semana de la voz en Mieres que esperemos tenga continuidad cada año, buscando todos los aspectos relacionados con un instrumento que cuando se hace musical para a convertirse en arte.
Las fechas para este 2017 coincidían con el periodo vacacional de la Semana Santa, por lo que encontrar huecos en el auditorio mierense se hacía difícil, así que serán estos días donde podamos disfrutar de varios conciertos, como así nos los presentó Elena Pérez-Herrero, una mierense de pro, cantante, profesora y coordinadora de esta semana que desde Haragei, con sede en Oviedo pero extendiéndose por toda España, continúa formando a generaciones de cantantes.

Este primer concierto nos trajo a Elisabeth Expósito y Omar Navarro que prepararon un programa titulado «España, fuente de inspiración» que daría para muchísima música, por lo que la elección se adecuó al repertorio donde no faltaron páginas líricas ni guiños a nuestra tierra, presentando cada obra dándole también ese aspecto didáctico que siempre se agradece.

Anxelinos es una añada o canción de cuna asturiana compuesta por Ángel Émbil Ecenarro (1897-1980), un guipuzcoano de Zumaia afincado en Asturias desde los diez años y asentado en Pola de Siero, quien además de crear escuela y dejarnos obras vocales para distintas formaciones, supo captar nuestro folklore como pocos, dejándonos esta delicia coral en su versión para soprano y piano.

Un placer escuchar obras nuevas, contemporáneas, más en las manos del propio compositor, Omar Navarro (Oviedo, 1983), quien además estrenaba en la versión con acompañamiento de piano Ya toda me entregué y dí,  con texto de Santa Teresa de Jesús que Navarro convierte en un lied donde la voz de Elisabeth y el piano se complementan engrandeciendo desde la música las palabras de la Santa de Ávila.

Granados sigue de celebración porque su música es atemporal, y de sus Goyescas escuchamos el Intermezzo por Omar Navarro, haciéndonos recordar desde el piano la riqueza que en versión orquestal atesora esta joya, y con Elisabeth Expósito La maja y el ruiseñor, también llamadas quejas, casi continuación de las llamadas canciones de salón que tan de moda estuvieron a finales del siglo XIX, nuevo diálogo más que acompañamiento entre soprano y piano para una voz que gana quilates con el tiempo, fraseando estas páginas del catalán, completando este homenaje con la conocida Andaluza, la Danza nº 5.

El bloque final lo pondría la ópera con Sevilla siempre protagonista, desde Mozart con Don Giovanni y las arias «Vedrai, carino, se sei buonino» o «Batti, batti, o bel Masetto» con ingenuidad equívoca, o Las bodas de Fígaro y el «Venite, inginocchiatevi«, recreaciones escénicas de una Expósito que siempre ha elegido bien su repertorio, hasta la famosa «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini) con endiabladas agilidades y mucho sentimiento, sin dejar constancia de la barbaridad que suponen las reducciones orquestales para piano. No podía faltar tratándose de Sevilla la Carmen (Bizet) entre los genios de Salzburgo y Pésaro, con la versión para piano solo de Leopold Godowsky, un verdadero virtuoso para «recrear» los números de Escamillo («Toreador») y Don José («La fleur que tu m’avais jetée»), casi cantadas mentalmente en un ejercicio de vocalización interior tan importante para el estudio.
Recomiendo a quienes puedan acercarse estos días a esta celebración donde la voz tiene Música, con mayúsculas y sin etiquetas, distintos estilos y épocas para disfrutar como en casa.

Golondrinas de altos vuelos

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Jueves 16 de febrero, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXIV Festival de Teatro Lírico Español. Las Golondrinas (música José María Usandizaga – libreto Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga). Abono butaca de Principal, cuatro funciones: 90 €. Fotos del autor, más las sacadas del libreto y Web de OFil.

Desde el madrileño Teatro de La Zarzuela llega esta producción al Teatro Campoamor con el mismo elenco del pasado (re)estreno en octubre pasado, con dirección de escena de Giancarlo del Mónaco y musical del asturiano Óliver Díaz al frente de la Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (que actualmente dirige Pablo Moras) en esta recortado festival con una entrada rozando el lleno en una joya musical como la del donostiarra Usandizaga.

Obra compleja para todo el elenco, de la que Díaz sacó lo mejor desde su dominio musical total tanto para una orquesta en foso entregada, arropando las voces y protagonista absoluta de los bellos preludios del primer y tercer acto llevados sin necesidad de batuta buscando el lirismo preparatorio de los números siguientes y permitiendo brillar a los solistas como si de voces se tratase. Volúmenes bien trabajados, planos orquestales bien diferenciados, tiempos de difícil encaje con las voces pero siempre ayudándolas. Porque Usandizaga posee un lenguaje que para el año de su estreno (1914 y después como ópera en 1929) tuvo que asombrar y la mantiene plenamente actual, escritura difícil de cantar no solo para el trío protagonista por las pocas referencias melódicas desde el foso manteniendo una orquestación tan protagonista como las romanzas, dúos o coros que exigen del trío una afinación perfecta unida a momentos escénicos de espaldas al público que tampoco ayudan a la mejor proyección.

Con todo esta zarzuela-ópera trajo el reparto madrileño donde volvió a brillar en primer lugar el Puck del barítono brasileño Rodrigo Esteves, complejo en caracterizarlo sin excesos, remarcando su brutalidad con momentos íntimos (hermosos sus dúos con las protagonistas) merced a una voz penetrante y rica de matices. Bien cantada la conocida romanza «Caminar, caminar» y una voz en la línea de los que hicieron grande estas Golondrinas, con un final rotundo y convincente.

Excelente la Cecilia de la mezzo canaria Nancy Fabiola Herrera, en un momento ideal, vocalidad serena y escena grandiosa, capaz de encajar unos textos complicados desde una dicción clara para recrear este personaje que siempre superó a Lina en todos los aspectos, carnosa en el grave, rotunda en los medios y unos agudos llenos de matices delineando un papel que le va física y vocalmente. Cada visita a Oviedo nos gusta más, profesionalidad total y musicalidad innata en una voz de referencia mundial.

La valenciana Carmen Romeu fue de menos a más reconociendo las dificultades apuntadas de la partitura y escena, pero tiene un registro grave casi inaudible y el fraseo no permitía hacer el español del todo inteligible. Añadir que su color en los dúos con Cecilia no permitía apreciar grandes diferencias, por lo que más que tesitura habría que buscar contraste, saliendo «perdedora» desde su primera aparición aunque escénicamente también tuvo momentos brillantes, mejorando en cada acto hasta el trágico final.

Sin problemas para el tenor asturiano Jorge Rodríguez-Norton como Juanito y en su línea habitual el bajo Felipe Bou que ha enlazado final de ópera e inicio de zarzuela, esta vez como Roberto, breve y seguro aunque algo corto de volumen en el registro grave.

La Capilla Polifónica sigue siendo el coro titular del festival lírico, suficiente en número para aunar escena y canto con cuerdas muy equilibradas para unas intervenciones tirantes que solventaron con su calidad, incluso en el segundo acto cantando de espaldas para recibir a la «Colombina» del segundo acto en un efecto visual que introduce a los espectadores en el propio espectáculo pero engaña al oído por su ubicación inicial aunque finalicen frente al patio de butacas. El tándem ovetense Capilla-OFil sigue funcionando a la perfección en la temporada de zarzuela, y más con directores como Óliver Díaz, teniendo que sumar para esta producción el excelente trabajo de Barbara Staffolani, directora de reposición y movimiento coreográfico (como figuraba en la fe de erratas para las páginas 4 y 13 del libreto).

Hay que mencionar a todo el elenco circense de verdaderos profesionales buscados para esta producción madrileña aunque con los «excesos» escénicos habituales como si de un horror vacui contagiase a los registas, pero sin ellos la escenografía de del Mónaco no hubiese sido igual, con unas notas al programa donde explica su concepción de «Las Golondrinas». Luces y sombras, el blanco y negro solo roto en el segundo acto por el colorido homenaje a la Commedia dell’Arte totalmente apropiado para la época, caracterizaciones y vestuario completando una representación sobresaliente.

La música de Usandizaga es digna de escucharse más a menudo, y no solo en aquellos «montajes» de la única televisión pública que sí culturizaba, siempre que contemos con repartos equilibrados, como en esta producción, aunque su dificultad obligue a programarla con cuentagotas. Al menos Oviedo ya la ha disfrutado para abrir boca hasta junio. Iremos contándolo desde aquí porque, pese al recorte reduciendo el festival a dos funciones para los cuatro títulos, esta temporada previa a las bodas de plata y en el Centenario del Campoamor, promete: Doña Francisquita 30 de marzo y 1 de abril, Don Gil de Alcalá 11 y 13 de mayo, más el estreno absoluto del Maharajá «asturiano» 15 y 17 de junio, música de Guillermo Martínez, libreto de Maxi Rodríguez y voces también de casa con el regreso a la «tierrina» entre otros, de nuestra Beatriz Díaz, estos días repitiendo éxitos cual Fura de Bóo.

Balances y avances

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Ya finalizando julio, donde todavía queda mucha música, y antes de «cerrar» por vacaciones, me gustaría hacer un balance rápido de la temporada que finaliza, siempre muy rica en Oviedo donde somos privilegiados de contar con una oferta de primera en cuanto a cantidad y calidad.
Quiero comenzar comentando la celebración de las Bodas de Plata de «nuestra» OSPA, aunque sus orígenes, como así se recordó en el último concierto, sean republicanos y todavía haya algunos maestros vivos de unos orígenes que han mantenido una orquesta histórica en nuestro Principado. Como viene siendo «norma» se ha optado, como la mayoría de orquestas españolas,  por una programación que aúna repertorios «imprescindibles» para público y músicos, con obras menos habituales donde no faltaron los estrenos. Igual que en botica o en grandes almacenes, hubo de todo, si bien lo nuevo al carecer de referencias en nuestro recuerdo o memoria auditiva, hace más difícil juzgar las interpretaciones. Me preocupa la poca asistencia en el auditorio incluso de abonados habituales, desconociendo las razones, aunque pueda intuirlas.

El titular, que tampoco dirigió muchos programas, ha ido desencantándonos a muchos y de algunos desaguisados mejor no hablar porque ya está reflejado en su momento. Me quedo con la apuesta que ha supuesto Link Up, cuatro años y preparando el quinto, en cuanto a movilizar a más de veinte mil escolares asturianos para hacer música juntos, labor didáctica y de futuro que no podemos perder si deseamos un siglo XXI con nuevo público que entienda y disfrute de la música en general y la sinfónica en particular. De los 16 conciertos de abono en la capital, parece haberse aparcado la idea gastronómica y pediría más publicidad para las conferencias en colaboración con la Universidad de Oviedo por lo que suponen de acercamiento al concierto posterior, mucho más que las notas al programa (este curso se han recuperado las revistas que siguen siendo necesarias aunque los costes aumenten el siempre ajustado presupuesto). Se ha mantenido al maestro Lockington de principal director invitado así como otras batutas conocidas con resultados desiguales, a los que sumar una larga lista de solistas invitados donde no han faltado los primeros atriles de la OSPA, apostando por los de casa que no desmerecen nunca. No quiero olvidarme de la aportación a la temporada de ópera que pese a privarnos como abonados de una continuidad en la temporada, es la «financiación asturiana» a la segunda temporada más antigua de España y pone el nivel alto en un foso compartido con la OFil.

Del ciclo Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» globalmente todo un éxito en cantidad y calidad, 19 conciertos más el de Lang Lang fuera de abono, apostando sobre seguro con figuras que aseguran llenos frente a otros que «equilibran» una oferta que supone no ya un atractivo cultural de primera sino enriquecer nuestro «Paraíso Natural» y generar un tejido económico que aún debe explorarse más a fondo. La Oviedo Filarmonía, además de su participación en las temporadas de ópera y zarzuela, supone el ropaje ideal para cantantes y solistas que van conociendo la madurez y flexibilidad de una orquesta originariamente «de foso» pero creciendo con los años, aunque nuevamente la titularidad parezca distanciarse de lo que cualquier melómano desea para una orquesta como la ovetense.

Tanto la temporada de ópera como la de zarzuela han ido ganando públicos jóvenes, espantando a los «conservadores» que desean figuras mundiales, con las que no podría mantenerse el actual nivel, apostando también por repartos «noveles» que también sirven de aprendizaje con las voces principales aunque siempre echamos de menos algunas, siendo algo preocupante constatar cierta continuidad en algunos de los elegidos que no van parejos a la «calidad» esperada, echando de menos otras que parecen olvidadas para las temporadas carbayonas cuando no desaparecidas, mientras algunas hacen dobletes en el Campoamor.

De los gestores supongo que daría para mucho, algo como con el fútbol y el seleccionador, pero intuyo que cierta «comodidad» da la impresión de evitar buscar, optando por castings cerrados donde hay de todo. Como subida al carro que en cambio ha resultado muy positiva, en este caso con el CNDM el ciclo «Primavera Barroca» plenamente asentado y con público fiel además del joven al que esta música parece llegarle mejor que la sinfónica, con un avance para 2017 que promete mantener alto el listón, sin dejarme en el tintero el Ciclo de Música Sacra «Maestro De La Roza» que llena Noviembre de músicas e intérpretes singulares y este otoño llegará a su décima edición, todo un hito que demuestra el trabajo bien hecho con mucho amor por la música a pesar del poco dinero con que cuentan, pero el público se ha volcado y «algo tendrá el agua cuando la bendicen«.

De la Temporada 2016-17 ya conocemos fechas, intérpretes y autores, comenzando por la OSPA (que estará en el FIS el próximo 1 de agosto), arrancando el 14 de octubre con 15 conciertos de abono que traerán nuevas batutas además de las conocidas como Bayl, Rasilainen, Rubén Gimeno, J. R. Encinar, Víctor Pablo Pérez que es casi de casa, junto a Oliver Díaz o Pablo González (que estrena la figura de colaborador artístico) y solistas de casa como Andreas Weisgerber, Maximilian von Pfeil o Juan Barahona, además de Leticia Moreno, Jesús Reina o Ning Feng, más los «aportados» por directores que trabajan con otras formaciones y nos «descubren» figuras que triunfan en otros escenarios, también al otro lado del charco, nuevamente con repertorios equilibrando novedades y tradición, destacando los compositores españoles Jesús Torres, Marcos Fernández y Consuelo Díez junto a Mason Bates en contraposición a la interpretación de la novena sinfonía del avilesino Ramón de Garay (1761-1823), un clásico que en La Villa del Adelantado llevan años recuperando.

Mención especial para los 20 Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» que harán volver a Oviedo los grandes Sokolov, Volodos, Pogorelich además del «debut» de Martha Arguerich en la capital junto al último triunfador de Santander, Juan Pérez Floristán, además de «las mezzos divas» Bartoli y Di Donato, también conocidas en Oviedo, sin perder de vista los «fichajes» de Bryan Terfel y Piotr Beczala con la OFil, así como Nathalie Stutzman en la batuta… porque 125 años del Campoamor no podían olvidarse de las figuras actuales aunque sean en recital, sin olvidarnos de formaciones y solistas de primera (Akademie für Alte Musik de Berlín, Orfeus Chamber Orchestra con Alisa Weilerstein, Renaud Capuçón o el nuevo espectáculo de Daniel Hope, así como el Cuarteto Brodsky con la Sinfónica de Guanajuato) que traerán a Oviedo melómanos llegados de todas partes.

Y es que la temporada del coliseo carbayón sigue su línea, ópera y zarzuela con las dos orquestas en foso y dos coros solventes como el propio de la ópera (con Elena Mitrevska de nueva directora) más la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Aún no conozco el próximo festival lírico, recién finalizado el actual pero sí la LIXX Temporada, con un estreno nacional, Mazepa de Tchaikovsky combinado con los «imperdibles» Mozart, Verdi, Bellini y Gounod, volviendo a los viernes jóvenes donde los repartos de «cover» siempre preparados para cubrir bajas inesperadas, tienen su protagonismo. Los años anteriores he intentado no perdérmelos por el aire fresco y calidad que los «primeros repartos» no siempre tuvieron. Gijón se ha sumado a la oferta y esperemos continúen las entradas de última hora ¡a 15€! y las proyecciones en pantalla gigante que están llevando la lírica a lugares y públicos que probando seguro repiten en vivo, algo constatable por quien suscribe.

También haremos escapadas puntuales como a la vecina y cercana León donde el órgano Klais de «la Pulchra» seguirá sonando muchos jueves antes del sabatino vermut madrileño, además de conciertos gratuitos donde el pago es el peaje del Huerna y la cola obligada, pero están a poco más de una hora, así como la fiesta del Euskalduna bilbaino. Continuaré jugando todas las semanas a la Primitiva porque mi ilusión es viajar con la disculpa de la música, aunque con ella podamos hacerlo sin movernos de casa.

Seguimos con gobierno en funciones y hay dudas sobre la magnitud de los «obligados» recortes donde la cultura seguida o unida a la educación parecen estar en primera línea de fuego, así que viendo el curso que se avecina, toquemos madera y digamos aquello de «que me quede como estoy». Mientras tanto, a disfrutar de agosto y hasta la próxima…

Devia siempre diva

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Sábado 14 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Mariella Devia (soprano), Albert Casals (tenor), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Donizetti, Bizet, Gounod, Massenet, Rossini y Bellini.

Se dice que las mujeres no tienen edad y las divas son eternas. La soprano de la Liguria Mariella Devia, a quien algunas fuentes indican nacida un 12 de abril de 1948, es atemporal. Pocas voces pueden seguir cantando tantos años sin perder nada de sus características (en esto la comparo al irrepetible Alfredo Kraus con quien compartió muchos títulos), una de las reinas del bel canto que volvía tras décadas a Oviedo concitando la misma expectación y llenando un auditorio con público llegado de todas partes. Recital con sus mejores páginas, una orquesta que ha mamado mucho foso lírico y los años van dotando de entendimiento bien asentado, con un Conti siempre atento a su compatriota, más un tenor ya conocido, Albert Casals, que en la capital asturiana hiciese entre otros su Edgardo junto a un concierto extraordinario con la OSPA y los coros de la FPA, de voz valiente, poderosa, habitual de estos repertorios, de timbre propio y característico aunque me siga transmitiendo cierta tensión en los agudos, por otra parte sobrados aunque mejorables en dinámicas, pero buen «partenaire» para La Señora Devia, que este sábado fue la verdadera protagonista.

Las oberturas elegidas para completar el recital, siempre muy subjetivas con algunas de autores que luego escucharíamos arias y dúos, fueron bien llevadas por un Conti con oficio al frente de su OFil, plantilla apta para la ocasión con algunos jóvenes aprendiendo el duro oficio de músico en orquesta, aunque solo tres contrabajos que, como suele pasar demasiadas veces al no reforzarse, deben compensar volúmenes y conseguir el siempre necesario sustento en los graves.
Aseadas las oberturas de Donizetti (La hija del regimiento y sobre todo Roberto Devereux con el himno británico bien delineado, finalizando la segunda parte), decidido Rossini (Tancredi) siempre con marca propia que permite disfrutar a los músicos y público, jugoso además de en su punto, como las recetas del cisne de Pésaro.

Las arias francesas mayormente en la primera parte fueron sacando a escena a «La Devia«, sacerdotisa Leila de «Los pescadores de perlas» (Bizet) con una orquesta siempre en segundo plano incluyendo unas trompas aterciopeladas en su Comme autrefois, Manon de Massenet con Adieu, notre petite table, y sobre todo una magistral Julieta sin Romeo (Albert sin Julieta cantó anteriormente su aria Ah! lève-toi soleil) donde el Je veux vivre de Gounod mostró el magisterio de la italiana en técnica, emisión, dulzura, control del fiato, matices y todo lo que queramos añadir, antes del esperado dúo Lucia, perdona -de la escena quinta del primer acto- con un buen Edgardo Casals, potente, nada contenido y convencido para una ¿despistada? Lucía di Devia calando medio tono una frase completa avanzado el dúo, con cierto asombro incluso de Conti y la orquesta intentando reconducirla a la corrección desde unos pianissimi mayores de lo esperado, aunque remontase en el siguiente Da Capo. Buen empaste de ambas voces, el dúo claro y dibujado hasta en las respiraciones, más un excelente acompañamiento orquestal rico en matices y cambios de tempo, con especiales y destacadas intervenciones de arpa, flauta y fagot que recogieron los múltiples aplausos del respetable.

El descanso vino bien para volver con los platos fuertes, Donizetti y Bellini, Al dolce guidami («Anna Bolena») pletórico en cada pasaje, agilidades, coloratura, limpieza, emisión, fluyendo una voz inigualable por encima de una orquesta y director plegados a la diva, pero sobre todo la irrepetible, magistral, emocionante «Norma» con Casta diva cantada casi al completo (pese a los «esperados» aplausos rompiendo todo el aria) que Devia cantó con el poso de los años cual Gran Reserva, totalmente metida en el rol, sintiéndolo y transmitiéndolo, respigándome como pocas veces en señal inequívoca de estar escuchando historia viva de la ópera y saboreando un caldo al alcance de pocos paladares.

La parte bufa de Donizetti vino de «L’elisir d’amore«, la conocida aria Una furtiva lagrima que Albert Casals interpretó un Nemorino más valiente que tímido, precisamente por lo antes apuntado del agudo, y el dúo Una parola, o Adina donde La Devia demostró la capacidad emocional para pasar de la tragedia al drama en tan poco tiempo, generosa y simpática, atemporal jovencita enamorando a todos.

Dos propinas bien distintas: «La tabernera del puerto» de Sorozábal para Leandro Casals No puede ser bravío más que sentido, y Mussetta Devia con el bellísimo vals Quando men vo que Puccini escribió en contraposición a Mimì de «La Bohème«, donde el maestro Conti llevó a la OFil totalmente de la mano al servicio de «La Diva Devia» que no pudo acabar mejor esta lección de belleza al canto.

Vidas musicales

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Martes 8 de diciembre, 19:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo: Concierto de clausura del XIV Curso «La voz en la música de cámara», homenaje a Manuel Burgueras. Directora artística: Begoña García-Tamargo. Organiza Asociación Cultural «La Castalia». Entrada libre.

Nueva edición de un curso de esta asociación presidida por Santiago Ruiz de la Peña, con profesorado conocido y reconocido para alumnado de distintas procedencias, finalizando con el «necesario» concierto para compartir las enseñanzas adquiridas en un «puente» que para los músicos nunca es festivo, vidas musicales longevas en experiencia e ilusiones, carreras ya avanzadas junto a otras comenzando, muchas en desarrollo y sobre todo mucho amor por la música, comenzando por un merecido homenaje al pianista Manuel Burgueras que sigue al pie del cañón aprendiendo de todo y todos, en activo además de compartir escenario con alumnos y colegas de profesión.

Imposible condensar la amplia biografía del pianista porteño afincado en España en los diez minutos de lectura de la directora del curso, que como bien contestó el homenajeado, es simplemente una trayectoria que comenzó de niño escuchando a Jessye Norman, para enamorarse de este mundo vocal en el que lleva toda una vida donde sigue aprendiendo de todos los que ha tenido al lado, y disfrutando cada vez que se sube a un escenario, algo que se le nota.

Dejo el programa con el orden final del concierto, alumnado y acompañantes, destacando sobre todo el estreno de dos obras, como ya viene siendo habitual en estos cursos:

None of Us (2013) de la compositora madrileña Mercedes Zavala (1963), dedicada a Malcolm Singer en su 60 aniversario y estrenada en Inglaterra, para barítono, clarinete en si bemol y piano, primera vez que se escuchaba en España, contemporánea de escritura con todas las dificultades para los intérpretes, Oscar Castillo, Rosa Fernández y Lelyzaveta Tomchuk, en una clara apuesta por obras de nuestro tiempo que no solo hay la obligación de estudiarlas sino de darlas a conocer al público, pues la parte educativa es para todos, difícil de escuchar sin un recorrido previo al tratarse de una obra llena de registros extremos, disonancias, juegos vocales y un obligado trabajo de cámara por parte del trío.
Mención especial el estreno en Asturias de La leyenda del tiempo (Madrid, 28 de enero de 2012) de mi admirado Guillermo Martínez Vega (1983) sobre textos de Federico García Lorca para cuarteto vocal y piano, encargo del «Cuarteto Vocal Español» formado por miembros del Coro de RTVE, la obra de un compositor que siempre asombra y agrada en toda su amplia producción, culto a la melodía, conocedor de sus recursos esta vez al servicio del cuarteto vocal formado por Ayelén Mose (soprano), Lola Fernández (mezzo), Adrián Begega (tenor), Pedro La Villa (bajo) y el piano de Manuel Burgueras (que también lo estrenó en el Monumental de Madrid), una belleza capaz de brillar para coro pero igualmente impresionante en cámara por su calidad, cercanía, armonías vocales, escritura pianística propia y propicia más allá del acompañamiento, combinando y jugando con voces, timbres y un mimo como sólo Guillermo sabe tratar cada intérprete en sus obras, que siguen aumentando en cantidad y calidad. De nuevo felicitar a la Asociación «La Castalia» por la apuesta de divulgar música actual, y sobre todo a este cuarteto vocal con el maestro Burgueras que la hicieron suya y compartieron con un público entregado a ella, buen termómetro de calidez y cercanía amén de la calidad subrayada.

No quiero dejar de citar otras obras como las Cuatro canciones sefardíes (1965) de Joaquín Rodrigo por Lola Fernández y Manuel Burgueras, una mezzo a la que que hacía años no escuchaba pero que sigue teniendo un registro amplio y potente con una musicalidad que nunca se pierde, la Chanson du printemps, opus 28 (Andreas Johann Lorenz Oechsner) para soprano, violín y piano, María Heres de timbre agradable, potencia y gusto, María Mirto Smith Ayuso perfecto sonido y coprotagonismo más un Alfonso Peñarroya al que seguiremos de cerca como pianista repertorista más que acompañante. También original propuesta la que iniciaba el concierto Tutto che il mondo serra (Bottesini) para soprano, contrabajo y piano con Ana Peinado, Roberto Norniella que luchó por afinar el instrumento virtuoso del compositor y el magisterio de Burgueras con estos alumnos.
Las siempre bellas melodías de Tosti Ideale y L’alba separa dalla luce estuvieron interpretadas por el tenor Gaspar Braña y la pianista Irina Palazhchenko, que no le ayudó mucho, o la hermosísima Élégie, opus 24 de Fauré con el chelo joven de Santiago Ruiz de la Peña Jr. aún inseguro, y el siempre solvente virtuoso del piano Sergey Bezrodny.

El punto final estuvo a cargo de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» dirigida por Pablo Moras, que con el piano del langreano Marcos Suárez cantaron dos números de zarzuela, género en el que participan hace años en el Festival del Campoamor, la «Barcarola» de Los sobrinos del capitán Grant (M. Fernández Caballero) y las «seguidillas» de La verbena de la Paloma (Bretón) dejando en el medio  el villancico Esta noche, caballeros de Benito Lauret, quien potenciara esta agrupación en los años 70, y en cierto modo homenaje siempre merecido por la labor que el cartagenero realizó en nuestra tierra.

Pese a la coincidencia de eventos en el Auditorio, una buena entrada en la sala de cámara sumándose al respaldo de instituciones y empresas para que «La Castalia» siga su labor docente y divulgadora.

Abriendo armarios y cerrando temporada

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Lunes 29 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Zarzuela XXII Festival de Teatro Lírico Español, último título: Pepita Jiménez, música de Isaac Albéniz, libreto de Francis Money-Coutts basado en la novela de Juan Valera. FOTOS © Facebook y Programa de mano más ©pablosiana. Entrada principal: 27 €.

Cerramos mes, curso y temporada con este drama lírico de Albéniz con textos en inglés y dos actos sin descanso, publicado por la editorial Tritó en revisión de Borja Mariño (sobre la segunda versión de la obra estrenada en Praga en 1896) que obtuvo el Premio Lírico Teatro Campoamor 2013 a la mejor nueva producción de ópera española o zarzuela (coproducción del Teatro Argentino de La Plata y Teatros del Canal) y mejor dirección escénica a cargo de Calixto Bieito.

Impresionante partitura de una belleza sobrecogedora con la música como protagonista más allá de la propia acción cantada que Bieito traslada a una época más cercana con todos los «estereotipos» de una dictadura franquista llena de represión, clero, sexo y erotismo que organizados en una escena con armarios que se abren y cierran más una iluminación muy trabajada a cargo de Miguel Ángel Camacho, llena de momentos plásticos realmente conseguidos sin rasgarse vestiduras por unos pechos desnudos, unos tocamientos de un cura hacia un monaguillo e incluso una pedofilia callada y consentida por todos como auténtica crítica social a unos tiempos de cinismo, miedo. represión y poderes fácticos.

Mencionar igualmente para bien a Rebeca Ringst en el diseño escenográfico e Ingo Krügler en el vestuario. Excelentes las dos páginas escritas por la dramaturga de la función Bettina Auer desgranando esta puesta en escena, ¡Abrimos los armarios!, explicando las posibles dudas ante un planteamiento valiente y nada rompedor, capaz de llenar y completar silencios escénicos con el subrayado de una música inimitable y pionera en su tiempo, ópera española o zarzuela más allá de etiquetas, auténtico drama lírico.

La música de Albéniz siempre protagonista con la Oviedo Filarmonía pletórica en foso, compacta, musicalidad y empaste en cada intervención con Marzio Conti al frente llevando todo el peso arriba y abajo, tanto en las partes instrumentales como concertando y mimando el acompañamiento a unas voces no siempre sobradas en volumen para una partitura exigente y complicada, erigiéndose en el factotum global de este drama donde la Pepita de Nicola Beller Carbone dejó presencia física y vocal suficiente, pianísimos y gusto para esta protagonista con mucho que cantar en cualquier posición, una soprano a la que tendremos que seguir de cerca su trayectoria. Y de nuevo Marina Rodríguez Cusí puso el contrapeso y calidad en su Antoñona, un placer volver a verla y escucharla porque cada papel lo hace suyo y convincente.

Por fin pude escuchar a Gustavo Peña escénicamente y me gustó como Don Luis, lidiando un protagonista que debe pasar por distintos estados anímicos sin perder del todo la compostura, afinación ni el volumen en una partitura endiablada para todas las voces donde las melodías son mucho más que arias o romanzas auténticos catálogos de recovecos expresivos para un Albéniz que busca y encuentra un estilo propio aunque falto de esos protagonismos vocales de la ópera o la zarzuela «al uso», porque la escena que discurre en un solo día se hace algo lenta y las intervenciones no parecen terminar nunca.

El resto del reparto cumplió sin más a partir de esta opinión mía, con mayor protagonismo del Don Pedro Vargas que interpretó Federico Gallar más cómodo en los agudos que en medios y graves.

Mención especial para el Coro Infantil y Juvenil de la Escuela de Música Divertimento que dirige Iván José Román Busto, afinados y claros de emisión incluso en el difícil cuadro a capella y escénicamente auténticos profesionales.

De la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» con Rubén Díez Fernández al frente sólo elogios al consolidarse como una formación joven y segura, sinónimo de éxito independientemente del número o escena exigidos, esta vez en las alturas en todos los sentidos.

Mi enhorabuena por la apuesta de títulos como Los Diamantes de la corona o esta Pepita Jiménez que van más allá de la zarzuela en una oferta lírica amplia y complementaria de la Temporada de Ópera, dos señas de identidad de Oviedo y Asturias que tendrán de «regalo veraniego» el Falstaff de Muti único en España para cerrar julio y abrir agosto. También lo contaremos pues hay cambios políticos de calado y muchos interrogantes sobre las prioridades económicas pero no deben olvidarse que la cultura en general y la música en particular también es inversión, no solo gasto. La educación es el otro pilar básico y alternar títulos de siempre con novedades genera nuevos públicos, los del mañana que ya es hoy. Vigilaremos de cerca y exigiremos como contribuyentes además de melómanos. Hoy toca abrir armarios y cerrar temporada.

Pasión lírica con más amor que desdicha

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Viernes 13 de febrero, 20:15 horas. Sociedad Filarmónica de Vigo, Auditorio Centro Cultural Afundación, Vigo. Pasión Lírica «Entre el amor y la desdicha»: Beatriz Díaz (soprano), Belén Elvira (mezzo), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano). Arias y dúos de ópera y zarzuela.

En pleno siglo XXI mantener sociedades filarmónicas es toda una labor épica, abonados que van dejando por razones obvias su gran afición y poca juventud que tome el relevo. Lástima porque siguen siendo la escuela formativa para mayores auditorios tanto para intérpretes como público. En ellas podemos seguir disfrutando de la llamada música de cámara y recitales líricos con piano que llenarían grandes salas con orquesta.

Ferrol, Coruña y Vigo aunaron esfuerzos para lograr un recital de auténtica pasión con dos mujeres de larga trayectoria y un pianista que ha dedicado toda su vida a este género, acompañando voces que siguen triunfando.

La asturiana de Bóo Beatriz Díaz, la canaria de Lanzarote Belén Elvira y el madrileño Álvarez Parejo organizaron un programa para esta pequeña gira gallega que hizo las delicias del público conocedor de casi todo lo escuchado (más allá de la edad), arias y dúos para soprano y mezzo donde las voces lograron triunfar tanto en solitario como juntas gracias a un empaste perfecto, algo difícil de encontrar en estos tiempos, con alternancia de números que hicieron aún más atractivo el concierto.

La primera parte la abriría Mascagni con su Cavalleria Rusticana, la escena y oración a piano solo emulando una orquesta con esa música siempre bella, antes del Voi lo sapete, o mamma de la mezzo canaria, continuando con Puccini y dos delicias suyas, Tu che di gel sei cinta de «Turandot» que parece escrito para la asturiana, y el dúo de las flores de Madame Butterfly, dulzura allerana y el perfecto entendimiento entre los tres intérpretes. Esta temporada de ópera en Oviedo pude escuchar dos versiones de Butterfly y el esperado «Samson et Dalila» (Saint-Saëns) del que Belén Elvira desgranó la conocida Mon coeur s’ouvre à ta voix convincente, como si las mezzo canarias tuviesen un don para este rol. Las joyas brillaron con Beatriz Díaz en el «Faust» (Gounod) de Ah! Je ris des me voir, gusto y escena siempre de la mano, con esos rubati impecables y bien entendidos desde el piano, antes de la conocida Barcarolle, dúo de «Los cuentos de Hoffmann» (Offenbach) que confirmó el empaste de ambas voces, a unísono como una sola, con los planos en perfecto equilibrio y un piano siempre pendiente de las protagonistas. El cierre operístico de la primera parte lo puso Bizet con la conocida Habanera de «Carmen» ideal para la mezzo canaria hoy con piano, y Les filles du Cadix (Delibes) que en la voz de la asturiana son otra delicia en versión recital que nunca cansa escuchar, destacando lo difícil que resulta cantar en francés sin cambiar el color de voz, algo que lograron ambas.

El llamado género chico lo es solo de nombre, junto con una zarzuela que seguimos sin saber vender incluso en recital, pese a contar con páginas hermosísimas y de igual o mayor calidad que muchas de sus «hermanas mayores».

La selección adecuada, exigente y nuevamente completa en registros, escena y acompañamiento, destacando El dúo No merece ser feliz de «Los Gavilanes» (Guerrero) con madre e hija convincentes o el agradecido Todas las mañanitas de «Don Gil de Alcalá» (Penella), donde sólo faltó hacer los coros al público. Sobrios el ¿Qué te importa que no venga? (Serrano) de «Los claveles» por la canaria, y  la petenera Tres horas antes del día («La marchenera«) de Moreno Torroba por la asturiana, en registros y colores de voz apropiados para ambas para deleitar y recrearse aún más en las siguientes romanzas solistas de la Canción de Paloma de «El barberillo de Lavapiés» (Barbieri), endemoniada para pianistas acompañantes (como toda reducción orquestal) y más para sopranos que logren cantar todo lo escrito además de interpretarla escénicamente, a lo que Beatriz Díaz nos tiene acostrumbrados ¡Brabóo!, y el Chotis del Eliseo de «La Gran Vía» (Chueca), tan castizo en todo que nadie diría que Belén Elvira sea canaria, más un «organillero» de lujo el piano de Parejo. Nada mejor que un poco de humor todos juntos con una página compleja en partitura, con cambios de ritmo difíciles de encajar, y escena simpática como es el dúo de «Los sobrinos del Capitán Grant» (Fernández Caballero), ese En Inglaterra los amantes… donde Miss Ketty Beatriz y Soledad Belén nos hicieron reír con su escenificación, sin escatimar nada en un canto nuevamente bien ensamblado, templado y acertado.

Largos aplausos y dos regalos en solitario también españoles, ese El vito de Obradors que Beatriz Díaz defiende como un auténtico «lied» español mientras Álvarez Parejo protagoniza al fin algo puramente pianístico y no orquestal, exigencias bien resueltas por ambos intérpretes, y La tarántula de «La Tempranica» (G. Giménez), con Belén Elvira que da a lo pícaro altura artística en esta mezzo de amplio registro. Excelente recital con auténtica pasión donde entre el amor y la desdicha reflejadas en las partituras estuvo el buen hacer y calidad de los tres intérpretes.

Como curiosidad seguirán viaje hasta el Baluarte de Pamplona para hacer una antología de zarzuela con coros, orquesta y distintos solistas, comentando que mi admirada Beatriz Díaz cantaba estos recitales gallegos a caballo entre su reciente Oscar de Ballo en la ópera de Bolonia y la Clementina (Boccherini) de mayo en la Zarzuela madrileña. No está nada mal un recital con ambos géneros, más allá de mantener repertorio porque siempre son grandes cuando hay calidad en los intérpretes, algo que se corrobora en cada actuación.

Pixán, el tenor asturiano vuelve a casa

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Sábado 10 de enero, 20:30 horas. Teatro Jovellanos: Recital de Joaquín Pixán (tenor), Noelia Rodiles (piano), Elena Miró (cello). Obras de Paolo Tosti, María Rodrigo Bellido, Milena Perisic, Juan Durán, Joaquín Rodrigo, Ernesto Lecuona, Miguel Matamoros, Carlos Guastavino, Jorge Muñiz, Joaquín Pérez Fuertes. Entrada: 15 € (+1 € de gestión por compra on-line).

Nuestro tenor más veterano e infatigable, Joaquín Pixán, volvía a casa para recopilar parte de sus trabajos y avanzar nuevos proyectos, siempre innovando desde la tradición o ampliando un patrimonio musical que en su voz adquiere colores universales. El coliseo gijonés resultó algo impertinente con un coro de toses unido a varios silbidos de «guasap» y el «odiado Tárrega» de un celular algo entrado en años, como parte del público que parecía aburrirse con lo desconocido y tan solo despertó (también se calló) con los temas asturianos o más conocidos, demostrando el cariño hacia el cangués y el desprecio hacia músicas que no son exclusivas de melómanos. Hasta Cuca Alonso se hace eco en su crónica del día después. Tampoco supieron comportarse al gritar «no se oye» a grito pelado cuando el tenor intentaba explicar algún tema o pedir que no aplaudiesen en el primer bloque para mantener la unidad, algo que con un respetuoso y educado silencio podría haberse solucionado. Parece que la megafonía es necesaria para los audífonos cuando toda la vida se prescindió de ella en estos recitales, y lo digo desde mi posición en la fila 16 y a punto de cumplir los 56, aunque urbanidad parezca antónimo de edad.

Pixán siempre ha buscado la mejor compañía sobre el escenario, y de sus pianistas que incluso levantan el vuelo, destacar de nuevo a Noelia Fdez. Rodiles, que supone seguir apostando por la calidad, junto a Elena Miró al cello, participando en los cierres de ambas partes, sonido impecable, musicalidad innata y además vocalidad en el instrumento más parecido a la voz humana que proveniendo de su faceta lírica engrandeció las partituras en las que intervino.

Insisto siempre en el Tosti cantado por Pixán porque su voz parece medida para mi tocayo italiano. Esta vez eligió Consolazione sobre versos de Gabriele d’Anunzio, ocho canciones típicas de llamada «Música italiana de salón del XIX» que el tenor domina, incluso sin estar a pleno rendimiento, desde esa media voz intimista y toda la expresión textual. No son las canciones más melódicas y agradecidas de Tosti que pareció no gustar al respetable, pero la interpretación del asturiano con el subrayado de Noelia Rodiles, abrieron boca en todos los sentidos.

Más «garra y pegada» tienen las tres Canciones españolas de concierto de María Rodrigo con textos de María Lejarraga, esos Tres ayes (1924) que también (y tan bien) tiene grabados y supusieron rescatar del olvido unas partituras equiparables a las de Falla, Granados, Turina o Toldrá, exigentes para ambos intérpretes, con veladuras y amplitud de registro donde Pixán mantiene como nadie el color vocal. Me quedo con Serenita está la noche.

Las tres Canciones asturianas (paráfrasis) de la croata residente en Tenerife Milena Perisic sobre versos de Ángel González resultaron lo mejor para cerrar la primera parte, sumándose el cello de Elena Miró, trío bellísimo en tímbrica con una música atemporal por lo cercana a todos los públicos, captando lo asturiano desde la universalidad tonal para unas melodías expresivas que estaban tanto en la voz como en el cello mientras el piano redondeaba un tríptico hermoso en la voz de Pixán.

En este recorrido musical iberoamericano, la segunda parte comenzó con los Cantares Gallegos sobre versos de Rosalía de Castro, Un repolludo gaiteiro de Juan Durán de difícil interpretación y escucha donde arranca primando la letra sobre la melodía que recae en los intermedios pianísticos de auténtico regusto folclórico, para pasar con las dos de Joaquín Rodrigo, el compositor saguntino capaz de revisar las músicas populares españolas para elevarlas a la categoría de «Lied», ejecutadas como tales por Joaquín con Noelia Rodiles.

El público curó rápidamente su catarro al escuchar las dos canciones cubanas sobre textos anónimos, Se fue de Lecuona y sobre todo Lágrimas negras (Miguel Matamoros) que Pixán recrea desde el original con el piano exquisito de Noelia sobre el que el sentimiento vocal del tenor emerge como nadie.

Punto y aparte tiene el texto de Borges sobre el que Carlos Guastavino compone la Milonga de Dos hermanos, ritmo contagioso para vestir una tragedia, la poetización de la milonga y no la musicalización del poema, narración echa canto en la voz de Joaquín con la guitarra hecha piano.

La vuelta al trío para acabar el concierto sirvió nuevamente para dignificar nuestro folklore cercano, el de El Presi (José González), auténtico adelantado a su época que sólo el paso del tiempo y su estudio musicológico está reivindicando y Pixán eleva a maestro desde los arreglos del asturiano afincado en Estados Unidos Jorge Muñiz, que ya colaboró con el tenor en la Cantata Jovellanos, acompañamiento que pasa de la guitarra al piano y cello remarcando melodías que todos los asturianos llevamos en nuestros genes: Soy asturiano, donde los giros de la tonada se besan con la copla y el flamenco al más puro Falla, Soledá como auténtica joya recogida por Pedrell y agrandada en versión e interpretación del trío, y el popular Paxarín parleru (Xilguerín parleru en otras) que nadie como Pixán es capaz de cantarlo con el gusto y maestría habituales, emocionando a un público que siente estas músicas de raíz que nuestro Torner recogiera hace casi un siglo.

Todavía faltaba el fin de fiesta con auténticos regalos, el estreno de Yes igual que la nieve del poeta asturiano Antonio Gamoneda sobre el que Joaquín Pixán compone una melodía con acompañamiento de cello, un poema profundo en letra y música donde el tenor sorprendió a todos, incluyendo al que suscribe.

Quedaba otra sorpresa de sentarse al piano para acompañarse Santander la marinera (Chema Puente) para después dedicarla al querido Miguel Ángel Revilla, uno más entre el público al que presentó como el mayor defensor de la música asturiana porque Santander es como prolongación o unidad cantábrica más allá de límites geográficos.

Y tras ser invitado Revilluca a subir al escenario, compartiría una de las obras más tristes y conmovedoras de la música asturiana, ese Si yo fuera picador que el ex-presidente recitó emulando a Luis del Olmo en una narración sentida, minería dura y tragedia que unen pueblos vidas, con un Pixán totalmente entregado a un tema también de El Presi al que sigue rindiendo tributo en su voz, elevándolo a la máxima categoría lírica, agradecimiento de años y reconocimiento permanente.

El rapacín de Candás volvió tras 150 años

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Lunes 8 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Prendes, Candás: El rapacín de Candás (Gabriel Balart y Francisco García Cuevas). Juan Noval Moro (tenor), Yolanda Montoussé (soprano), Fabio Barrutia (barítono), actores del Grupo Cultural «Xana» de Perlora (Lucía Colunga, Enrique Molina, Carlos Arias Cancio, Rosa Ana Muñoz -y directora de escena-, Francisco Suárez), Coral Polifónica «Aires de Candás» (directores: Marco A. García y Elena Rosso), Orquesta Sinfónica «Miguel Barrosa», David Colado (dirección musical).


Tremenda expectación domingo y  lunes más allá de la capital de Carreño ante la recuperación de una obra titulada El rapacín de Candás que dormía en algún baúl pero que siempre tenemos la suerte de encontrarnos musicólogos y estudiosos capaces de recuperarlas, incluso rehabilitarlas ante el mal estado en que se encontraban, pudiendo decir eso de «estreno en tiempos modernos». Ramón Avello explica muy bien en su crítica de la función dominical aparecida este martes 9 en el diario El Comercio, cómo se rescata del olvido una obra que sin ser una joya del teatro lírico sí puede considerarse pionera de los sainetes escritos en asturiano:

Personalmente me sorprendió (como también a algunos conocidos, como un amigo que escribía «tiene partes musicales bonitas, pero finales reiterativos, repitiendo cuatro veces para llegar a la cadencia final. El argumento carece de mayor interés, se puede comparar a un sainete del teatro costumbrista. Le falta la parte cómica, los ballets, etc. de otras zarzuelas») que se doblase escena y canto, aunque supongo que el mayor peso de la parte hablada y además en asturiano, hacía difícil memorizarla a los cantantes, pese a ser más fácil que intentar que los actores cantasen, pues esto no es EE.UU. donde todos los estudios escénicos incluyen la música y el canto.

Que yo conozca los buenos actores que canten son más que los buenos cantantes actuando, aunque algo esté cambiando. Esta vez la separación no ayudó por situarlos abajo, detrás de la orquesta (que tampoco tenía foso) y ni siquiera los actores sobre el escenario estaban ubicados como los cantantes, teniendo un desesquilibrio ubicacional y resultando una suerte de «Escala en HiFi» que muchos de mi edad recordarán en blanco y negro, incluso las producciones de zarzuela donde creía que los actores cantaban hasta que conocí el «play back» con figuras de la lírica que tan solo ponían la voz, primando actores sobre cantantes. De los programas de mano a elegir en asturiano o castellano, tan solo el argumento, datos técnicos de los intérpretes pero sin recordar a los autores, compositor de la obra el catalán Gabriel Balart i Crehuet (1824-1893) junto a los textos o libreto de Francisco García Cuevas.

De lo vivido en la segunda función, nuevamente con lleno total, felicitar al elenco de actores de grupo perlorino, auténticos protagonistas, incluso a la coral local que sí formó parte de la escena, dirigidos por Elena Rosso, quien también formó parte de la acción sobre las tablas. Del trío solista escuchaba por vez primera al barítono y me reencontraba con la pareja principal tenor y soprano, aunque vocalmente no me aportaron mucho ni tampoco pienso que su ubicación ayudase.

Felicitar finalmente a los músicos del conservatorio local reforzados para la ocasión para conseguir una orquesta sinfónica que bajo la dirección de David Colado (quien también es responsable de la revisión y «rehabilitación» de la obra) sacaron adelante este entretenimiento que podía haber sido candasín o mierense, incluso leonés o lucense puesto que ese asturiano «amestao» aún se usa y entiende. Está bien recuperar patrimonio aunque la calidad no lo haga muy exportable, pero es nuestro y vuelve al pueblo. Hacer una grabación para conservar todo el documento sonoro supongo que no sería excesivamente caro aunque el estudio permita licencias que el directo no.

Dejo aquí recortes de prensa con comentarios, críticas y todo lo que este regreso movilizó en Asturias que tenía su capital lírica este puente festivo en Candás.

Kraus, el tenor y también el hombre

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Miércoles 3 de diciembre, 20:00 horas. Fundación Gustavo Bueno, Oviedo: mesa redonda sobre «Kraus, el hombre».

La Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus (ALAAK) que preside Carlos González Abeledo, dentro de los actos recordando los 15 años del fallecimiento de Kraus «El Tenor», organizó una mesa redonda centrada en Alfredo Kraus Trujillo (Las Palmas de Gran Canaria, 24 de noviembre de 1927 – Madrid, 10 de septiembre de 1999), el hombre, aunque después de emocionarnos durante hora y media escuchando relatos cercanos, íntimos y desconocidos para casi todos, sólo podría concluir diciendo que cuanto más conozco al hombre más admiro al cantante, figura que es ya leyenda, pues el paso del tiempo acaba dándonos a todos una perspectiva y objetividad únicas. Normalmente celebramos el recuerdo de su cumpleaños en noviembre, pero como se dijo, las fechas redondas también marcan, y quince años son una de ellas.

En la mesa moderada por el alma mater de la ALAAK, estuvieron Rosa Kraus, hija del siempre recordado maestro, Alfredo Matallana, médico urólogo que lo acompañó durante su enfermedad coordinando un equipo de especialistas, el catedrático de Filosofía retirado de la Universidad de Oviedo Vidal Peña, y el empresario asturiano César Fernández, que entabló amistad con el tenor cuando trabajaba de botones el Hotel Principado donde Kraus se hospedaba cuando cantaba en el Teatro Campoamor y que mantuvo una relación cercana en el tiempo pese a los avatares de la vida de ambos.

Conocer en la distancia corta a un hombre entrañable como Alfredo, descubre y derrumba leyendas falsas, malintencionadas algunas veces pero que contadas por su hija primero, o de su tocayo en las vacaciones en Lanzarote que retomaría ya como médico en la capital de España, nada menos que en Hospital «Puerta de Hierro», donde además realizó el seguimiento de sus últimos días, nos trajo al hombre que era siempre un señor, educación, elegancia, rigor, honestidad, timidez y en busca de la perfección y la excelencia, algo extensivo también a su vida.

Las charlas en Oviedo con un chaval de 17 años recién terminado el bachillerato y trabajando antes de comenzar los estudios de Perito Industrial en Gijón tras coincidir en la puerta del hotel, en plenas fiestas de San Mateo (cuando la ópera ocupaba doce días para seis funciones) llamados por el cántico de unas jotas aragonesas delante del edificio de la calle San Francisco sin saber quién era aquel hombre que le acabó invitando a un ensayo en el teatro de al lado, y le hizo, nos hizo descubrir la grandeza del personaje desde la calidez humana del hombre, compartiendo fabada con los padres de César, ese hombre cuya profesión de cantante de ópera le hacía parar poco en su casa y disfrutar de la familia, algo que pudimos conocer era su mayor anhelo…

Por supuesto que «El Tenor» también surgió durante la charla, lógico al ser dos caras de la misma moneda, inseparable también en casa donde preparaba a conciencia cada título, pidiendo no ser molestado, sus ejercicios de gimnasia diaria para mantener esa forma y porte durante toda su vida, algunas anécdotas de Vidal Peña y el propio Abeledo, sus papeles trabajados al 100% porque así era de exigente el canario universal, y también su compañerismo a todos los que le pedían consejo al Maestro, así con letras grandes, lo bien que hablaban las grandes divas con las que compartió escenarios y éxitos, más el apoyo siempre fiel de Rosa, su compañera desde los 14 años cuya pérdida comenzó a minar la salud de hierro de Alfredo.

Un nudo en la garganta la narración de su tocayo amigo y médico que en unos días de mejora del maestro se escapó al Lanzarote que les había unido y cerrando círculo separado al no poder volver para la despedida final. Pero sobre todo la grandeza del hombre sabedor de su última función, padre y hermano con planes de futuro en la docencia y la familia, un mundo difícil de conjugar y conciliar cuando se era una leyenda viva.

Ahora Don Alfredo es Historia de la Lírica, ejemplo a seguir con las nuevas generaciones que entienden este modelo nunca pasado de moda, porque el trabajo en pos de la excelencia no tiene recompensa a corto plazo en una sociedad donde las prisas son malas consejeras, más aún en el difícil y arduo mundo lírico. Parece que fue ayer y llevamos quince años sin el hombre, aunque el recuerdo, las grabaciones (no tantas como quisiéramos), y su ejemplo como cantante, siguen vivos.

Como remate alegre, puedo culpar al maestro universal de no haberme acercado lo suficiente a Wagner. Zarzuela, folklore canario, la Tuna, y sobre todo sus personajes operísticos con los que casi aprendí italiano antes que música, compartiendo pasión lírica no siempre bien entendida. Kraus nos sigue uniendo a muchos, y este jueves el duodécimo concierto homenaje de la ALAAK en el Teatro Filarmónica seguirá rindiendo homenaje, exigente como el propio Maestro, donde Wagner sólo estará pero en el apellido de Virginia Wagner, soprano, el tenor Francisco «Pancho» Corujo y el pianista Juan Francisco Parra, línea de unión krausiana en esta cita imprescindible del otoño ovetense, con fragmentos operísticos de Gounod, Massenet, Verdi y Cilea en la primera parte, y de piezas de zarzuela: Soutullo y Vert, Sorozábal, Giménez y Penella, en la segunda, ese repertorio que Alfredo Kraus bordó y legó. Lo contaremos también desde aquí.

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