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Beatriz Díaz, esperando a Mimì

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Miércoles 8 de octubre, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos: Sociedad Filarmónica, primer concierto de la temporada: Beatriz Díaz (soprano), Julio Alexis Muñoz (piano). Gala lírica de canción española, zarzuela, opereta y ópera. Precio no socios: 18€ (+1€ de gastos en Tiquexpress).

Siempre es un placer escuchar a nuestra soprano más internacional, y más en casa, donde aún sigue sin ser profeta para desgracia de la legión de seguidores que mueve, como así quedó demostrado con la excelente entrada que mostró el coliseo gijonés en colaboración con la Sociedad Filarmónica local para esta inauguración de temporada y acuerdo, posibilitando la asistencia de no abonados. Personalmente mi agradecimiento por esta feliz idea.

Dejo el programa y las notas aquí porque será imposible detallar cada una de las partituras que Beatriz Díaz desgranó con el excelente pianista canario Julio Alexis Muñoz, seguridad y colaboración necesarias para redondear una noche plagada de emociones por parte de intérpretes y respetable.

La soprano allerana se mostró espléndida en el amplio sentido de la palabra: dándolo todo como en ella es habitual, lo que la hace grandísima artista, con dos vestidos, uno para cada parte como se espera de las figuras, y en un momento vocal más que esplendoroso, de total madurez. No se presentó en Gijón para un recital cualquiera sino de muchos quilates, similar al de hace un año que colgó el cartel de «Sold Out» en Tokio, dejándose jirones del alma en cada obra, interpretación vocal y gestual haciendo un derroche físico y anímico para poder pasar de un personaje a otro y volver a enamorarnos en cada uno de ellos.

Abrir con las Siete canciones populares de Falla es muestra de su poderío actual, cantar con gusto El paño moruno, intimar con la Asturiana tan cercana, desparpajo de la Seguidilla murciana o la Jota, adormecer con una Nana susurrada y rematar con la Canción y El Polo donde el piano, siempre con la tapa abierta, compartió emociones. Qué decir de esas otras maravilla de canciones: Del cabello más sutil (Obradors), sutileza en la línea de canto, matices increíbles con una dinámica amplia y un registro siempre homogéneo, o los Cantares (Poema en forma de canciones) de J. Turina, catálogo de sabiduría interpretativa incluso en las vocalizaciones sin olvidar nunca la raíz popular desde unas obras dignas del género liederístico más reconocidas fuera de la piel de toro. El pianista canario dominador de este repertorio, fue la pareja interpretativa perfecta.

Breve pausa para volver con un mantón de Manila y enfrascarnos con las romanzas de zarzuela exigentes a cual más, actriz en cada gesto y cantante con mayúsculas de principio a fin: la «Canción de Paloma» de El barberillo de Lavapiés (Barbieri) exigente para piano por la reducción orquestal realmente endiablada y vocalmente otro tanto, la «Romanza de Roseta» de La labradora (L. Magenti), probablemente lo mejor escrito del valenciano y que nos puso el alma en vilo, y finalizar por «Petenera» de La marchenera de Moreno Torroba, que escuchándolas en voces como la de Beatriz Díaz, revalorizan siempre este género tan nuestro que parece comenzar una nueva etapa.

Si la primera parte resultó dura, la segunda sería demoledora y apta solo para una soprano dúctil, trabajadora, autoexigente y profesional, metiéndose en cada personaje de las siete arias, a cual más difícil, vocalmente como si se tragase dos óperas seguidas y en distintos idiomas: alemán, francés e italiano. «Glück, das mir verlieb» de Die tote stadt (Korngold) me descubrió colores que no conocía en esta «Canción de Marietta», técnicamente perfecta y volcada sentimentalmente con esa nostalgia del amor que se apaga. Contraste anímico en el breve espacio de una a otra con el lied de Vilja de La viuda alegre -«Die lustige witwe«- de Lehar, lo más conocido de esta opereta tan cercana a nuestros cuplés donde pianista y soprano se entendieron a la perfección para dibujar mentalmente el ambiente de salón.

Vendrían después tres arias francesas que Beatriz Díaz ya ha hecho suyas: «Adieu notre petite table» de Manon (Massenet), emocionándonos todos por su belleza en el canto, su entrega, subrayando todo lo que la partitura indica para recrearlo; un respiro de sentimientos para la conocida «aria de las joyas» de Faust (Gounod), imaginándonos la escena con escucharla y quedarnos hipnotizados en cada gesto, para volver a acongojarnos con otra recreación de Adriana Lecouvreur (Cilea) y su «Io son l’umile ancella«, ampliando repertorios con buen criterio vocal, ensanchando no solo voz o registro sino personajes que la de Bóo se cree de principio a fin.

Y si hay un compositor con el que Beatriz Díaz parece de otra galaxia es Puccini, dos óperas que han disfrutado muchos públicos no precisamente cercanos: «O mio babbino caro» de Gianni Schicchi que con piano resulta aún más indescriptible, y sobre todo «Mi chiamano Mimì» de La Bohème, un rol que sigue esperando pero no puede tardar mucho porque Musetta es el complemento y la tiene igualmente asumida, de hecho la propina primera fue el Vals, siempre un encanto (o unen canto). El público rendido a los pies de nuestra sopranísima tras el sobresfuerzo compensado con el cariño y la satisfacción del trabajo bien hecho. Todavía nos regaló El vito de Obradors para demostrar su apego a la tierra además del desparpajo escénico así como el fondo físico para cantar lo que nos cantó ¡y cómo!, siempre muy bien arropada por el maestro Muñoz al piano. Un portento de mujer a la que seguimos puntualmente. Gratitud infinita.

Pimiento Verdi, tomate Wagner y vinagre Boadella

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Viernes 25 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Festival de Verano. El pimiento Verdi de Albert Boadella. Segunda función. Entrada butaca: 21€ +1€ por compra on-line (todas las fotos de la web excepto programa escaneado y la indicada).

Aunque el bicentenario de Verdi y Wagner fuese en el 2013, como este espectáculo que ya se vió en Madrid por partida doble, el argumento sigue vigente sobre todo en un teatro como el nuestro que acoge la segunda temporada de ópera de España, coliseo habitualmente verdiano como ya he escrito alguna otra vez frente al wagneriano Gijón, algo que se notaba entre los asistentes, como Madrid frente a Barcelona, y curiosamente mientras Radio Clásica emitía en vivo desde Bayreuth un Tanhausser algo accidentado que pude escuchar al inicio y final durante el viaje motorizado desde mi aldea (también cantada) a la capital lírica astur.

Sin entrar en etiquetas, aunque sea puro teatro, está claro que el espectáculo de Boadella no se entiende en su complejidad sin conocer a fondo todo lo que sucede, que es mucho, sobre unas tablas donde los personajes son actores que cantan, porque cantantes que actúan se da por supuesto aunque no siempre sea así, y hasta el público que lo deseó formó parte de la clientela de la taberna restaurante de Sito, el barítono Luis Álvarez Sastre al que disfrutamos mucho más en el pasado Curro Vargas del mismo teatro y sigue siendo actoralmente irremplazable.

Del reparto en escena debo destacar al pianista Borja Mariño en el papel de Fidel, un pedazo de músico que acompañó el complejo montaje musical sin el que no habría nada, y al actor Jesús Agelet, Blas el camarero (realmente importante como si de El Guateque del gran Blake Edwards se tratase), habitual en las cocinas de Boadella desde hace años.

El duelo salpimentado por parejas soprano-tenor estuvo encarnado por María Rey-Joly y José Manuel Zapata (Leonor y Roberto) versus Elvia Sánchez y Antoni Comas (Brunilda y Sigfrido) en un juicio musical casi de judicatura y fiscalía aunque el público jurado se iba decantando hacia Verdi en parte por la caricatura wagneriana (incluida la grosería inicial de mal gusto escupiéndose las parejas en una poco lograda parodia canoril) que con el transcurrir del discurso, especialmente en la recta final donde mezclando los roles triunfó la farsa siendo todos ¡verdianos!, curioso viniendo de un catalán como Albert Boadella, si bien no necesitase veredicto porque el juicio resultó nulo desde el principio, argumentando subjetividad y engaño deliberado por parte de todos, sin culpables ni inocentes.

 

No se puede hablar de arias, dúos o coros verdianos ni wagnerianos -aunque los hubo y muchos, sobre todo el de esclavos de Nabucco– como de guiños a la zarzuela siempre por parte de Sito, que para eso es el dueño de «El Pimiento Verdi».

De Zapata sigue sin gustarme la parte lírica aunque llena escena y sus personajes son creíbles (impresionante la narración futbolística wagneriana), pero como cantante de ópera lo dejo para otros títulos (y espectáculos) que los elegidos por Manuel Coves, asesor musical que se entendió a la perfección con la dirección y dramaturgia de Boadella.

En cambio Antoni Comas pese a personificar «al malo» resultó mejor, completo incluso al piano o la guitarra, puede que como en todas las ficciones donde sabedores del final seguimos disfrutando con los mal llamados perdedores.

El duelo Verdi – Wagner, musical y humano, resulta por momentos hilarante y más hispano que Don Mendo sin venganza, con el pseudolenguaje ítalo o germano bien traído por autor y personajes, morcilleo más leonés que de Burgos.
Y con Elvia Sánchez pese a tener menos protagonismo que María Rey-Joly, sucedió otro tanto, buscado o rebotado, el emparejamiento está más que logrado, los «primeros actores» y los de «reparto» donde todos son excelentes con los mal llamados secundarios sin los que la trama nunca quedaría redonda, blanca o negra… Reconocer a las dobles parejas el esfuerzo vocal que supone cambiar bruscamente de Verdi a Wagner más allá de registros o idiomas, teniendo presente el perdón o ausencia de pena en este juicio que perdimos todos, sobre todo en el desenlace.

Boadella y su equipo han escenificado todos los tópicos de los bicentenarios compositores con humor y amor hacia la ópera donde no faltaron gotas de Rossini, Donizetti o Bellini en botella y chorro desigual para todos los paladares, decayendo siempre en el alemán frente al mejor interpretado italiano, puede que cercano y por ello exigiendo menos, fomentando unos odios que finalmente no son tales, ni siquiera de enfrentamiento futbolístico o gastronómico sino burla del propio drama, tragedia y comedia como dualidad inseparable.

La ensalada de pimiento también llevaba tomate, la cebolla opcional, sal y pimienta en la medida justa, el aceite español, aunque lo etiqueten italianos, y el vinagre catalán en cantidad siempre al gusto del chef, que no necesariamente del cliente, aunque pague, pero todos conocíamos la carta, el menú y el precio. En la taberna de Sito con la fiesta de Blas, pese al chuletón de Ávila, el Rioja mejor que la cerveza e incluso cava extremeño con toda la ironía catalana (para un brindis final esperado donde sólo bebe Blas que para eso es camarero y el resto saben imaginarlo), la ensalada actual admite lo que queramos echarle, incluso sin necesidad de lechuga, y los asturianos también tenemos buen diente. Personalmente satisfecho y con hueco para seguir degustando, que por algo mi amigo Mario Guada me llama «omnívoro».
©Foto Pablo Siana

Vuelve la zarzuela solidaria a Mieres

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Jueves 26 de junio, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Escuela de Canto y repertorio Vocal Haragei: «Gala de Zarzuela y lírica asturiana«, Entrada 5€ para AMICOS (Asociación Mierense de la Cocina Solidaria).

Elena Pérez-Herrero es una cantante y docente mierense que tiene tras de sí una amplia trayectoria profesional, avalada con distinciones tanto propias como de su alumnado, el cual está triunfando allá donde va. Mujer comprometida siempre, desde «Haragei« nunca se olvida de ese refrán tan musical de «Quien canta su mal espanta», y cuando es necesario arrimar el hombro a causas solidarias siempre está en primera línea, lo que volvió a traerla a su Mieres natal con una representación de su alumnado, nuevo y de siempre, para dejarnos una gala de zarzuela que hizo las delicias de un público menos numeroso del esperado pero igualmente entregado y solidario con Amicos, para quien fue toda la recaudación de taquilla.

Hubo bajas de última hora en el programa previsto por causas ajenas a la organización, como la del pianista y compositor Guillermo Martínez, o los cantantes Faustino Reguero Santimoteo y Fernando García, pero los que acudieron y actuaron en esta gala de zarzuela dieron todo, desde debutantes hasta veteranos, conviviendo y compartiendo el aprendizaje que siempre supone subirse a un escenario.

Sin entrar en valoraciones, comenzar citando a los siempre poco reconocidos pianistas repertoristas, más que acompañantes y auténtico sustento en partituras que resultan diabólicas al reducir la orquesta al teclado, amén de conocer a cada cantante para amoldarse, «respirar» con ellos y completar un éxito del que tienen siempre parte importante: Laura Martín Graña y el joven Marcos Suárez que además hubo de preparar casi a primera vista el repertorio que le correspondería a Guillermo Martínez, con todo lo que ello supone de trabajo añadido. Sobresaliente para este pianista que ha entendido a la perfección el siempre difícil arte del acompañante.

De las dos voces masculinas gustó el color vocal y potencia de Gaspar Braña, y el gracejo en escena de Cristóbal Blanco, mientras que en las femeninas brillaron con luz propia Sandra Gutiérrez y Yolanda Secades, junto a otra joven veterana Elisabeth Expósito, sin desmerecer otras conocidas como Gloria Díaz Morán, Ana Peinado o Azucena Bedia, junto a la debutante Silvia Inés Fraga que pondrá Mieres en su currículo. La elección de romanzas y dúos de zarzuela siempre acordes a las características de cada voz resultó apropiada, incluso dura para algunos, con alguna página poco escuchada y felizmente recuperada, participando incluso los compañeros en los coros puntuales que contagiaron a parte del público, conocedor de estas páginas populares en mi generación y anteriores pero que debemos seguir programando para mantener vivo un repertorio tan nuestro y de igual (o superior) calidad a la ópera.

Paso a citar el programa escuchado la tarde del último jueves de junio, volviendo a felicitar a todos, Elena a la cabeza y presentadora de lujo que también colaboró en los coros, así como a Carlos Muñiz, presidente de AMICOS que agradeció al final de la gala el gesto solidario y dejando ya anunciada la próxima de 2015 que intentará convertirse en cita obligada para la lírica en Mieres, villa musical de primera.

Primera Parte:

Gloria Díaz – Laura Martín: Qué te importa que no venga de «Los Claveles» (José Serrano).

Cristóbal Blanco – Laura Martín: Chinito soy -tango triste- de «Don Quintín el Amargao» (J. Guerrero).

Ana Peinado – Gaspar Braña – Marcos Suárez: Dúo de «Luisa Fernanda» (F. Moreno Torroba).

Elisabeth Expósito – Marcos Suárez: Romanza de Marola de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Gaspar Braña – Marcos Suárez: Romanza de Leandro de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Ana Peinado – Marcos Suárez: Romanza de «Chateaux-Margaux» (M. Fernández Caballero).

Gloria Díaz – Cristóbal Blanco – Laura Martín: Quiéreme mucho (Gonzalo Roig).

Elisabeth Expósito – Cristóbal Blanco – Marcos Suárez: Dúo Ese pañuelito blanco de «La Chulapona» (F. Moreno Torroba).

Segunda parte:

Sandra Gutiérrez – Marcos Suárez: Carceleras de «Las hijas del Zebedeo» (R. Chapí).

Silvia Inés Fraga – Marcos Suárez: Anxelinos (Ángel Émbil).

Azucena Bedia – Marcos Suárez: Romanza de Roseta de «Las segadoras» (Leopoldo Magenti).

Silvia Inés Fraga – Azucena Bedia – Marcos Suárez: Dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella).

Yolanda Secades – Marcos Suárez: Tango de la Menegilda de «La Gran Vía» (F. Chueca).

Sandra Gutiérrez – Marcos Suárez: Yo he nacido muy chiquita de «El dúo de la Africana» (M. F. Caballero).

Sandra Gutiérrez – Yolanda Secades – Marcos Suárez: Dúo de «Los diamantes de la corona» (F. Asenjo Barbieri).

Una tarde de zarzuela que además resultó ser alimento también para el alma. Gracias como suelo decir al Haragei Team, que sigue sumando esfuerzos, voces y buen hacer musical sin olvidar el necesario lado humano.

Garanča es La Mezzo

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Jueves 8 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Elĩna Garanča (mezzo), Oviedo Filarmonía, Karel Mark Chichon (director). Obras de Glinka, Tchaikovsky, Massenet, Saint-Saëns, Gounod, P. Marquina, S. Lope, Manuel Penella y Bizet.

El próximo San Juan hará cinco años de espera que merecieron la pena. Esta vez en solitario (sin Cura), también dirigiendo Chichon (como casi siempre) pero Oviedo Filarmonía en vez de OSPA y el Auditorio en vez de Teatro Campoamor: Elĩna Garanča sigue enamorando con Mark Chichon, con el poso (y peso) de la reciente maternidad que aún hace más bella su voz en cualquier registro, desde una técnica exquisita que hace fluir y llegar a todos los rincones pese a tener detrás (y siempre «a sus pies») una orquesta a pleno rendimiento donde su pareja no perdona, dominando de memoria cada obra como sólo su estado civil puede lograr.

En la línea de las grandes voces, casi todas pasando por esta capital lírica, Oviedo rendido a ella, única, diva, la letona, «La Mezzo»…

Para alcanzar estas cotas de calidad y reconocimiento mundial, sumar además de una voz prodigiosa, la inteligencia en la elección del repertorio, aparcando los roles belcantísticos y centrándose en el repertorio francés (como así lo recoge Pablo Meléndez-Haddad en las notas al programa). En la segunda parte fue Carmen de Bizet y como en su registro, puedo añadir que ella es actualmente «La Carmen de España y no la de Merimé», pero comenzar escuchando el aria «Adiós a tus montañas y tus prados» de la poco conocida La doncella de Orleans (Tchaikovsky) sirve para recuperar repertorios, engrandecer personajes como el de Juana de Arco y agradecer una herencia desde la que pasar directamente al francés que la cantante de Riga hace y siente como nadie.

Primero «Mon coeur s’ouvre à ta voix» del Samson et Dalila (Saint-Saëns) recreándose en el «tempo», vocalizando como una parisina, seduciendo, luciendo en presencia, física y vocal un personaje arriesgado como la partitura, y después Gounod con «Plus grand, dans son obscurité«, el aria más conocida de La Reina de Saba que no tiene nada que envidiar a otras del galo aunque personalmente desconozca esta ópera completa, pero perfecto cierre a la primera parte.

La segunda lo apuntado de Carmen Garanča, cambiando el vestido gris por el rojo pasión. Todas sus arias de la ópera alternando con preludios y entreactos instrumentales engarzado no en el orden de la representación pero eficaz en esta globalidad. Abría con la primera versión de «L’amour est un enfant de Bohème» del acto I, el preludio y la famosa Habanera seguida del entreacto del tercer acto para regalarnos la seguidilla del primer acto (pandereta entre cellos y violas) excepcional, entreacto del cuarto, «En vain, por éviter» del tercero, entreacto del segundo y la canción bohemia para cerrar esta «selección carmina», lección de canto puro, interpretación, riqueza expresiva, destacando la perfecta concertación y conocimiento del maestro Chichon que sacó de la Oviedo Filarmonía lo mejor de ella, cierre de temporada madura, auténtico placer no ya en el acompañamiento sino en sus intervenciones instrumentales:

La obertura de Ruslán y Ludmila (Glinka) es piedra angular de toda orquesta sinfónica, más para arrancar velada y con el aire ligero por el que optó el director llanito, pero que cada sección respondió a los requerimientos. La conocidísima «Meditation» de Thaïs (Massenet) nos permitió disfrutar de la calidad y sonoridad que nuestro concertino Andrei Mijlin atesora, secundado por el arpa de Danuta Wojnar y arropado por todos sus compañeros. La «Bacanal» tras el aria de Dalila Garanča lo fue literalmente por el derroche tímbrico de la orquesta ovetense, odalisca bella, danzarina y clara con la dirección elegante y precisa de Chichon.

Los tres pasodobles enlazados como ambientación o preparación española para la cigarrera andaluza pueden resultar bien fuera de España. Enlazar España Cañí (P. Marquina), Gerona (S. Lope) y el más famoso de Penella (El Gato Montés) todos sin completar, caen en tópicos musicales aunque con Karel Mark la OvFi los hizo sinfónicos, sobre todo el último que sería muy rápido para bailar e incluso cantar.

Toda diva se hace de rogar y los aplausos merecidos trajeron las esperadas «Carceleras» de Las hijas del Zebedeo (Chapí), justo lo español puro y sin tópicos, dicción casi malagueña y género que La Mezzo ama y lleva por todo el mundo, lo que debemos agradecerle, especialmente cantándolo como ella lo hace. Distinta su versión del mundial Granada (A. Lara) aunque costase sacarla tantas veces a escena antes de una segunda propina que levantó al respetable de sus asientos (y Neira cronometró) más por gratitud y emociones anteriores de una interpretación globalmente casi completa. Oviedo capital de la lírica exige hasta en los regalos, y eso que hubo ramos de flores para la pareja. Y queda completar el refrán «a la tercera va la vencida» que no desisto sea directamente en la (temporada de) ópera, aunque en estos tiempos supongo que sólo sea un sueño. La esperanza musical nunca la pierdo, Benalmádena no está tan lejos y Garanča se sintió como en casa, a lo que la OvFil ayudó y Chichon fue cómplice.

2:10.

Gratitud lírica

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Domingo 9 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Concierto Benéfico Asociación Parkinson Asturias: Ana Nebot (soprano), Simón Orfila (barítono), Mario Bernardo (piano). Obras de Obradors, García Abril, Mompou, Hahn, Tosti, Mozart, Puccini, Bellini, Rossini y Donizetti. Entrada: 15€.

Siempre resulta de agradecer el esfuerzo de asociaciones en defensa de enfermedades máxime en tiempos donde nuevamente la sociedad va por delante de sus gobernantes no ya en el terreno solidario sino en el del bienestar, lucha en la que no podemos bajar la guardia, y ayudar económicamente sigue siendo prioritario. Si la forma de recaudar fondos y concienciarnos a todos de enfermedades que parecen curadas o en retroceso (craso error cuando los recortes llegan incluso a la investigación) es con la música, muy bien, lenguaje universal y directo. Si es con la lírica en una ciudad como Oviedo, el éxito está casi asegurado. Sumemos contar con gente de casa, de nacimiento o adopción, y entonces el (casi) lleno de la sala de cámara -404 localidades según me apuntaron fuentes bien informadas- era previsible.

El pianista gijonés Mario Bernardo domina repertorios tanto específicos de canciones (su Tosti con Pixán lo tengo en mi memoria) como los siempre poco agradecidos operísticos donde las reducciones orquestales son demasiadas veces imposibles. Atento a los cantantes, arropándoles y transmitiendo seguridad en cada obra resultó el apoyo perfecto para este recital en casa.

Mi querida soprano ovetense Ana Nebot sigue trabajando y ganando cuerpo a una voz de timbre algo metálico pero capaz de enamorar tanto en la canción española -poco agradecida para soprano las elegidas- como la francesa (hermosísima A Chloris de Hahn, que incluso nos explicó esa inspiración pictórica), más cercana a su estilo y color, sin olvidarse de unas difíciles arias de ópera buscadas para la ocasión, quedándome sobre todo con su Mozart en los dúos con el asturiano adoptado desde Alayor, Simón Orfila.

Aún fresco en nuestras retinas visuales y auditivas su Leporello, todavía más redondo «el catálogo» con piano, el Don Giovanni de La ci darem la mano confirma un momento vocal álgido del barítono bajo menorquín, con un entendimiento escénico y musical con Ana Nebot en este dúo y en último Quanto amore del elisir donizettiano. Primero nos deleitó con las canciones en catalán (siempre enorme Mompou y el Damunt…) y el mencionado Tosti de L’ultima canzone y Vorrei morire que siguen conmoviendo en cualquier tesitura. La calumnia del barbero de Rossini comienza a ser referencia en el repertorio del menorquín que encontró hueco en su apretadísima agenda para volver a su segunda casa y participar desinteresadamente con sus compañeros en este recital emotivo por muchas razones.

La propina de «Las mañanitas» de Don Gil de Alcalá (Penella) reconvirtió a Orfila en mezzo y a todos los asistentes en coro cumpliendo fielmente el «canta y no llores». Gracias por estos regalos musicales y solidarios.

Don Carlo dejará huella en Oviedo

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Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.

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Domingo negro

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Ni Alonso ni Albelo… Lo dieron todo y se les aplaude, pero uno siempre quiere además de luchadores, campeones. Desde casa más…

Décimo aniversario de la ALAAK

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Martes 5 de junio, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. ALAAK, Concierto X Aniversario: Mercedes Gancedo (soprano), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de Fauré, Schubert, Debussy, Ginastera, Haendel, Donizetti, Mozart, Massenet y Gounod. Entrada: 10€.

La Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus» que preside mi amigo Carlos Abeledo celebraba su décimo aniversario con buena asistencia de público y en su línea de ofrecer oportunidades a cantantes en formación con proyección futura, y así llegó a Oviedo la joven argentina afincada en Barcelona Mercedes Gancedo acompañada del asturiano Mario Álvarez Blanco, un repertorista de la casa que cumplió con su cometido, discreto en cuanto a volúmenes pero dando la seguridad que todo cantante quiere tener tras de sí, y poco agradecido sobre todo en las obras orquestales con transcripciones no siempre pianísticas donde el «repetidor» debe sacar del teclado colores que no tiene.

De la soprano comenzar diciendo que me sorprendió su color vocal, más cercano a mezzo pese al repertorio elegido (como curiosidad comentar que muchas de ellas las canta Cecilia Bartoli, pero también mi idolatrada Netrebko, sin olvidarme de mi soprano preferida Beatriz Díaz que también actuó para la ALAAK), donde tuvo sus más y sus menos aunque siempre metida en cada papel, muy expresiva gestualmente y con detalles que supongo apuntan a una prometedora carrera que todavía está comenzando, pues quedan cosas por trabajar (realmente toda la vida) que su maestra espero sepa encauzar a partir de una mejor elección de las obras para poder dar de sí todo un potencial que no brilló en esta velada como cabría esperar.

La primera parte digamos que fue muy «académica» (y lo digo con conocimiento de causa por los años pasados como pianista acompañante del alumnado que Mª Dolores Suárez Tamargo tenía a finales de los 80 y principios de los 90) en su entorno de voz con piano donde lo francés dominó al notársela cómoda expresivamente: Ici-bas! (G. Fauré), bien para su registro y color, Nur wer die Sehnsucht kennt «Lied der Mignon» (F. Schubert), Beau soir y
C’est l’extase langoureuse (C. Debussy) como «ariettes oubliées» bien interpretadas por soprano y pianista, más la siempre hermosa Canción del árbol del olvido (A. Ginastera) cantada con el acento porteño original aunque el piano hubiese resultado más «guitarrístico» para esta vidalita… El cierra con otra preciosidad como el Après un rêve (Fauré) donde la voz «corrió» más que en las obras iniciales, llena de sentimiento y como se dice en el argot taurino, gustándose.

Para la segunda parte llegaba la lírica, dura y no siempre adaptada al color de voz de la descendiente de asturianos (ese apellido Gancedo es muy vaqueiro), nuevamente con la tendencia francesa que resultó mejor que unos «italianos» no apropiados para ella: el aria más famosa de «Rinaldo» Lascia ch’io pianga (G. F . Händel) apta a su color dramático aunque de agilidades poco limpias, Prendi, per me sei libero de «L’elisir d’amore» (G. Donizetti) que no es para ella en nada, no está cómoda ni segura, Vedrai carino de «Don Giovanni» (W. A. Mozart), nunca fácil de cantar y bien solventado, para acabar con dos arias francesas bien dichas pero poco agradecidas: Adieu, notre petite table de «Manon» (J. Massenet) mejor que O Dieu, que de bijoux! o «Aria de las Joyas» de la Magdalena de «Faust» (C. Gounod), a las que podríamos aplicarle lo dicho anteriormente. Lástima que una voz bien afinada, de emisión buena aunque algo corta todavía, y registros muy homogéneos con un grave redondo que crecerá en volumen de trabajarlo correctamente, nos cantase un repertorio que no le luce. Para remate las dos propinas elegidas volvieron a pecar de lo mismo, bien cantadas, interpretadas gestualmente pero sin convencerme del todo, la Canción de Paloma de «El barberillo de Lavapiés» (Asenjo Barbieri) y O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini).

Con todo, hay que seguir la trayectoria de esta voz aún joven (tiene 22 años) y becada en Barcelona (forma parte del Opera Estudi), desde donde espero el acierto y confianza del maestr@ de canto para enfocarla a repertorios más apropiados a una voz que promete mucho.

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