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Martes 24 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica: año 12o, concierto 2.103 (nº 6 del año 2.026) de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Ensemble 4.70. Obras de Brahms y Chaikovski.

La «Música de cámara» es materia obligada en la formación de todo músico, e igualmente del buen melómano, así como la primigenia y verdadera toma de contacto con obras que no son habituales en los programas concertísticos, y menos aún si hablamos del sexteto de cuerda.

El Ensemble 4.70 cumple cinco años desde su debut en Gijón, lo que en un grupo de cámara llegar al lustro es todo un éxito, precisamente por la poca demanda de estas formaciones, con un género que guarda mucha música «desconocida» por no poder escucharse ni programarse en vivo. Son precisamente las sociedades filarmónicas (en Asturias aguantan Oviedo y Gijón, más la debilitada avilesina) las que custodian este patrimonio, dando la oportunidad de poder interpretarlo a formaciones como la asturiana, que va creciendo poco a poco (dúos, tríos, cuartetos o quintetos) y que este martes llegaba al teatro de la calle Mendizábal con dos de sus fundadores (Marta Martínez Gil y David Roldán Calvo), los dos «fichajes» posteriores (Pedro Ordieres y Rubén Martínez Larfeuil) de nuestras orquestas  OSPA y OFil respectivamente, más dos solistas internacionales como Yuri Zhislin y Nadège Rochat, ofreciéndonos así este sexteto nada habitual, que al menos repetirá concierto en la hermanada sociedad gijonesa el miércoles 8 de abril, esperando no nos (les) falten más oportunidades de escuchar tantas músicas «olvidadas» y rescatadas por unos intérpretes que las viven, reviven y transmiten desde un trabajo no siempre reconocido, y donde encajar agendas de sus componentes puede ser una misión casi imposible, aunque tienen «cuerda para rato».

Desde sus inicios, el Ensemble 4.70 mantiene sus señas de identidad: calidad y compenetración de los intérpretes, interés y valor divulgativo de los programas, con sólida base musicológica. Y los dos sextetos elegidos para estos conciertos en Oviedo y Gijón fueron buena muestra de ello.

Si bien no hay mucha literatura para esta formación, los dos que trajeron a la Filarmónica de Oviedo, podemos considerarlos como el núcleo de este repertorio, y como se «autoconfiesan» los fundadores en sus propias notas al programa «ni que decir tiene que a violas y chelos nos pirra, pues al estar doblados neutralizamos a la parejita de violines, que en el cuarteto, al ser mayoría, se vienen bastante arriba…».

La primera parte la ocuparía el Sexteto de cuerdas nº 2 en sol mayor, op. 36 del hamburgués Brahms, compuesto entre 1864 y 1865, es una obra que revela el crecimiento en su oficio (frente a sus tres cuartetos ) ya con un domino del contrapunto y un auténtico lienzo donde la austeridad es cual aura de resignación que sería como una de las características de su madurez. La combinación de los instrumentos demuestra su gusto por las texturas densas donde refuerza las voces medias y graves que nos remiten a su amplísima producción coral. Cuatro movimientos, con el Scherzo en segundo lugar, para ir comprobando las combinaciones tímbricas de este «trío doblado» pero con protagonismos más compartidos, la viola «murmurando» mientras el violín principal presenta el tema principal, el canto del chelo y los dos violines retoman el «murmullo», elegantes inquietudes antes del impresionante juego que consigue en los tres aires de un sofisticado y rítmico Scherzo. El sexteto se mostró bien compenetrado, matizado, aunando los siempre complicados cambios marcados por Yuri Zhislin, respirando esos aires húngaros que tanto le gustaban a Brahms. El Adagio es otro hallazgo contrapuntísico donde poner a prueba tanto el empaste como el entendimiento entre los seis músicos, expresivo a más no poder antes de concluir con un Poco allegro lírico y romántico a más no poder.

Retomando las notas al programa, «una de las pocas cosas que le podemos reprochar a Brahms es que despreciase a Tchaikowsky: diríase que fue víctima del típico (y por desgracia plenamente vigente) prejuicio purista (por no decir snob) en virtud del cual, si algo gusta a la mayoría de la gente, es malo», quiero expresar que podrá tildarse al ruso de excesivamente sentimental, comercial y como decimos en Asturias «pegañosu», pero a muchos sigue llegándonos su inimitable estilo melódico, armónico y tímbrico que en este Souvenir de Florence, op. 70 florece en sus cuatro movimientos.

El sexteto «florentino» ocupó a Tchaikovsky durante siete años (con sus primeros bocetos en 1887 y revisiones en 1891 -París- y 1892), aunque el trabajo principal fue hecho en 1890, a su regreso de una estancia en Florencia -de ahí el título- pero escrito en Frolovskoye (cerca de Klin). La escritura parece haber surgido como un cambio de ritmo de su trabajo en la ópera La dama de picas y el ballet El Cascanueces, pero también como una ofrenda a su benefactora, Nadezhda von Meck, que estaba enferma en ese momento y no podía salir de su casa. Tchaikovsky le escribió: «Sé que te encanta la música de chamber y me alegro de que puedas escuchar mi sexteto… …lo escribí con el mayor entusiasmo y con el menor esfuerzo» y definió como «conmovedora» viendo en ella un eco de sus últimas sinfonías, aunque en un tono más lírico y reflexivo.

El primer movimiento comienza con un tema principal vigoroso, pasional y explosivo, que contrasta con un tema que es posiblemente la única melodía del sexteto cuya ligereza tiene ese «spirito» italiano con aires de serenata, incluso de Mendelssohn y ¡hasta de Brahms!. El segundo movimiento, Adagio, se abre con una especie de versión lenta del tema principal del primer movimiento, y luego pasa a una graciosa melodía apoyada por un acompañamiento de pizzicato al estilo del violín italiano con acompañamiento de cuerdas recordándonos la guitarra antes del solo de violín y su “dúo” con el violonchelo. Impresionantes los «invita la sonoridad de Ensemble 4.70 con el cello de la «asturiana» Nadège Rochat verdadero sustento en el grave más el delicioso violín del ruso afincado en Londres Yuri Zhislin. En la sección central, Tchaikovsky abandona el canto para producir un episodio de puro efecto sonoro con las cuerdas tocando rápidamente en la punta del arco en una destacada interpretación de los seis músicos. El tercer movimiento es de un brillo despreocupado, con el trío que nos recuerda al Tchaikovsky del ballet antes citado «bailando las nueces» en su cabeza por aquel entonces. Para el final, el compositor buscó una melodía insignificante, probablemente de origen folclórico que nos alegra y acerca tantas músicas, transformándose a través de todo tipo de recursos en los tres instrumentos doblados con un sorprendente fugato antes del brillante cierre.

Un sexteto con dos páginas para disfrutar de la música de cámara de la que en Asturias podemos presumir de apostar por ella…

Ensemble 4.70:

Yuri Zhislin, violín – Pedro Ordieres, violín – Rubén Martínez, viola –  David Roldán, viola – Nadège Rochat, violonchelo – Marta Martínez, violonchelo

PROGRAMA:

J. Brahms (1833-1897):

Sexteto de cuerdas nº 2 en sol mayor, op. 36

I. Allegro non troppo

II. Scherzo – Allegro non troppo – Presto giocoso

III. Adagio

IV. Poco allegro

P. I Chaikovski (1840-1893):

Souvenir de Florence, op. 70

I. Allegro con spirito

II. Adagio cantabile e con moto

III. Allegretto moderato

IV. Allegro vivace

Filarmónica de Gijón: tradición, talento y nuevas miradas

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En la Junta General Ordinaria de la Sociedad Filarmónica de Gijón celebrada este lunes 29 de septiembre a las 19:30 h. se presentó su 118ª Temporada, un curso que reúne grandes intérpretes internacionales, jóvenes promesas y, como siempre, el valioso talento de músicos asturianos.

🎻 Los cuartetos como eje central

El protagonismo recaerá en la música de cámara y, en particular, en los cuartetos de cuerda. Actuarán dos formaciones de referencia mundial, el Cuarteto Casals y el Cuarteto Quiroga, junto al joven Cuarteto Iberia, dentro del ciclo de “Jóvenes Intérpretes”. Sonarán varios de los últimos cuartetos de Beethoven y se rendirá homenaje a Shostakóvich en el 50º aniversario de su fallecimiento, con sus cuartetos nº 3 y nº 8.

🌟 Efemérides y estrenos

El 150º aniversario de Manuel de Falla estará presente en programas tan diversos como las Canciones populares con el regreso, esta vez juntas, de Nadège Rochat y Noelia Rodiles o el original FALLA imaginado del pianista Moisés P. Sánchez, que vuelve a Gijón para clausurar la temporada junto al violín de  Ana Mª Valderrama y el contrabajo de Pablo Martín Caminero. El Trío Preseli estrenará además una obra del compositor ovetense Gabriel Ordás, y regresará el Ensemble 4.70 con sextetos de Brahms y Chaikovski.

🎤 Lied, cine y colaboraciones

El tenor Luken Munguira y el pianista Aurelio Viribay ofrecerán La bella molinera de Schubert en colaboración con el festival de poesía POEX. La Filarmónica continuará tendiendo puentes con otras disciplinas: Kind of Beethoven en el Festival de Jazz de Gijón, con el trío de Xavi Torres, o el Trío Arbós poniendo la música en vivo de Stephen Prutsman (1960) para El maquinista de La General de Buster Keaton en el Festival Internacional de Cine (FICX). Todo ello bajo la etiqueta [+Filarmónica], que incluye también producciones para familias como el Gianni Schicchi de “La Federica. Compañía Musical 4.40”.

🎼 Conciertos especiales

No faltarán las citas tradicionales: el Concierto de Navidad a beneficio de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en Gijón, con la Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo dirigida por Pedro Ordieres y heredera de la «disuelta» Orquesta Universitaria de Oviedo, que interpretarán la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák, y el Concierto de Semana Santa con el Stabat Mater de Pergolesi. que contará con las voces de Cristina van Roy (soprano) y Serena Pérez (mezzo) con la Camerata Barroca «L’Alcordanza» bajo la batuta de Rubén Díez.

👏 Jóvenes talentos

La temporada refuerza su apoyo a las nuevas generaciones con el Ciclo de Jóvenes Intérpretes Fundación Alvargonzález, que presentará al ya reconocido en Gijón Cuarteto Iberia, la pianista Miyu Shindo tras su paso por la «hermanada» sociedad homónima ovetense, y el dúo Juan Cossío (flauta) – Andrés Rubio (guitarra), que habrán pasado primero por el CIMCO de la capital asturiana. A ello se suma el concierto de ganadores del “Concurso de Jóvenes Intérpretes del Conservatorio de Gijón”.

ℹ️ Información práctica

  • El carné de socio sigue dando acceso también a los conciertos de las Sociedades Filarmónicas de Oviedo y Avilés.
  • Cuotas: general 180 €, jóvenes (15-30) 50 €, infantil (menores de 15) 20 €.
  • Localidades numeradas para fechas concretas en colaboración con “Divertia” se retirarán en la taquilla del Teatro Jovellanos.

Gracias a la fidelidad de sus más de 400 socios, la Sociedad Filarmónica de Gijón vuelve a ofrecer una temporada diversa y ambiciosa, plenamente integrada en la vida cultural de la ciudad y apostando por nuevas formas de “entender la música” donde no faltarán conferencias previas o encuentros con los músicos.

Quintetos históricos: alma, corazón y vida

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Miércoles 9 de febrero, 20:00 horasTeatro Jovellanos, Gijón: Concierto 1645 de la Filarmónica de Gijón. Ensemble 4.70. Obras de Mozart y Brahms.

La Filarmónica de Gijón, muy activa en las redes sociales, escribe cómo los dos quintetos de este miércoles forman parte de su propia historia: «Podría decirse que «se estrenó con el quinteto de Mozart, que fue interpretado en las sesiones inaugurales de la Filarmonica el 7 de mayo de 1908 (concierto n.°2) con el Quinteto de París; el de Brahms fue interpretado el 23 de diciembre de 1922 (concierto n.°150) junto al de Mozart con el Cuarteto Español y el gran clarinetista Miguel Yuste -quien había estrenado en España el quinteto de Brahms en 1893-». También tiene la buena costumbre, amén de comunicar a sus socios el programa de mano y avisar con antelación de cada concierto, de crear una lista en Spotify© (reciente patrocinador del Barça) con las obras a escuchar, lo que supone la mejor preparación para el público: llevarse la lección aprendida para disfrutar del siempre incomparable e irrepetible directo, sin perder de vista la necesaria pedagogía musical.

Por tanto es de justicia destacar el trabajo del nuevo equipo de la Filarmónica de Gijón, con el doctor Antonio Hedreda al frente, y agradecer que vuelvan a sonar estos dos quintetos con una formación de casa y en casa, el Ensemble 4.70, conjunto de intérpretes vinculado a Kras Klásika, proyecto divulgativo promovido por Enrique Valcarce y David Roldán (hoy de intérprete aunque no pudo evitar unas palabras en el intermedio) que incluye un programa de radio (en el 105
FM Gijón) y la organización de conciertos comentados en todo tipo de espacios bajo el lema “Rebélate, escucha música clásica”.

Formado para esta ocasión por ANTONIO SERRANO, clarinete, ELENA ALBERICIO, violín, CARLOS TAGARRO, violín, DAVID ROLDÁN, viola, y SARA CHORDÁ, violonchelo, estos músicos sobradamente conocidos de todo melómano asturiano, nos dejaron estos dos quintetos con clarinete históricos volviendo a demostrar la vigencia de la llamada «Música de cámara» en esta Asturias que sigue siendo una isla cultural desde tiempos inmemoriales, con la visión de futuro y la calidad que todos ellos atesoran. Buena entrada con público de todas las edades, parte de las adultescentes pateando la locución en asturiano (la globalidad llega también a orillas del Piles) y estudiantes respetuosos de principio a fin (alguno preguntaba al salir por la causa del zapateado).

Los dos quintetos requieren como el bolero «Alma, corazón y vida» en la misma proporción para una interpretación más allá de la asepsia que sobrevoló todo el concierto. Alma la puso Serrano por el importante papel del clarinete en las obras, lo que le perdona un «leve despiste mozartiano» rápidamente «reenganchado» o su continua preocupación por mantener su instrumento en las condiciones idóneas; corazón el cuarteto de cuerda aunque les exigiría una afinación más precisa e ir más allá de lo escrito, como se dice coloquialmente echar toda la carne en el asador precisamente para echar más leña al fuego, ya que no se hubiera quemado reconociendo que «El cuarteto», además de una genial película, exige años de convivencia para mantener un mismo corazón latiendo, algo que en un ensemble puntual se hace imposible por mucha profesionalidad y años de experiencia que tengan sus componentes.

Al menos la vida está en las dos obras elegidas para esta parte de la historia local, un homenaje con pasión hacia un instrumento como el clarinete por el que tanto Mozart pensando en Anton Stadler (1752-1812), como Brahms en Richard Mühlfeld (1856-1907), escribieron estas joyas, bien explicadas en las notas al programa de Mar Fernández, otro «fichaje» de la directiva gijonesa.

El Quinteto para clarinete en La mayor K. 581 de Mozart, contiene melodías que han servido tanto para programas radiofónicos, anuncios y bandas sonoras, especialmente su Larghetto que emparenta con el concierto más cinematográfico del genio de Salzburgo, movimiento donde Serrano Argüelles dejó alma y vida mientras el cuarteto arropó con corazón, «despertando» en el Allegro con variazioni, con más presencia de Albericio. Destacable en todos ellos las dinámicas, especialmente los pianissimi tan difíciles y necesarios para enriquecer y revivir las notas escritas.

Del Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda en Si menor op. 115 de Brahms, comentar nuevamente la implicación de Antonio Serrano, «cantando» y enamorando como a los compositores de este miércolerd, y las partes «solistas» de viola o chelo que, sin entregarse del todo, al menos subieron un poco de temperatura a un corazón con pocas pulsaciones, deteniéndose en ese último compás del Con moto que pareció quitarnos la vida tras dos quintetos con más corazón que alma con la melodía principal que resuena al principio y final, ciclo vital, aunque sigua recordándome parte del estribillo de El ruiseñor de Luis Mariano, quién sabe la razón pero estaba yo muy sesentero.

Gratitud por el esfuerzo que siempre supone el trabajo previo de las obras y subirlas a escena para compartir con un público variado y venido de distintos puntos del Principado como bien comentó David Roldán aunque se olvidase de Mieres donde además no todos somos sportinguistas. Pero «La minera» además de una hamburguesa especial de McCharly, es la autopista que nos comunica con la capital de la Costa Verde por la que transito a menudo como un caminante musical, siempre sonando Radio Clásica que en el viaje de ida me ambientó Noelia Rodiles desde la Fundación March, y la vuelta Capriccio, el Winterreise tan cercano en el tiempo, y llegando a casa precisamente sonaba «Música con alma» (aunque ya tenía elegido el título de esta entrada).