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Italia en España

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En estos días de enclaustramiento obligado y ante los múltiples aplazamientos de conciertos (que en mi Oviedo afectan a todos los ciclos programados), esperando no sean anulaciones por lo que supone para los músicos quedarse sin trabajo, toca volver a escuchar parte de mi fonoteca física, comentarla y compartirla desde este blog.
Hoy el título del disco de Concerto 1700 que lidera el violinista malagueño Daniel Pinteño parece de lo más actual aunque se refiera al legado musical que nuestros hermanos italianos nos han dejado y conservado en la Biblioteca Nacional de España, colecciones de sonatas para violín de autores que para algunos melómanos suenan desconocidos aunque en su momento fueron muy populares.

Grabado en la Iglesia de San Sebastián de en Cercedilla (España) durante el pasado mes de junio y con Jesús Trujillo de ingeniero de sonido (al igual que en su anterior grabación dedicada a José de Torres), este compacto nos deja cinco sonatas de Emanuele BARBELLA (1718-1777), Pietro NARDINI (1722-1793), Eligio CELESTINO (1739-1812), Luigi BORGHI (ca. 1745-ca. 1806) y Felice GIARDINI (1716-1796), frescas, cercanas, auténticas píldoras, expandiendo aquella colonización progresiva del mercado europeo con sus viajes y publicaciones también en el terreno de la música instrumental felizmente rescatadas del olvido.

Muy interesantes las notas en distintos idiomas de Stefano Russomanno y el propio Daniel Pinteño para centrar estilos, cronología e historia de estos compositores que gozaron de una fama efímera y ahora se les recupera para solaz de los melómanos compulsivos como el que suscribe.
Concerto 1700 está conformado para esta grabación por DANIEL PINTEÑO al violín, ESTER DOMINGO en el violoncello) y ALFONSO SEBASTIÁN desde el clave, trabajo muy conseguido por todos ellos en una plantilla ideal para estas sonatas, violín y bajo continuo habitual en la época, añadiendo la guitarra barroca de RAMIRO MORALES en Nardini al ser uno de los instrumentos que no solo aportan sonoridad mediterránea sino el instrumento favorito de aquella España del dieciocho aún con cinco órdenes además de habitual acompañante de voz y violín.

El rigor no ya en la recuperación de estas sonatas sino en su interpretación, prima en cada una de los cortes del disco. Se abre con el napolitano Emanuele Barbella y su Sonata VI –«Six solos for violin and bass (…) dedicated to Arch. Menzies of Culdares» (ca. 1756)-, forma tripartita (Larghetto e con gusto – Allegretto – Allegretto brillante. Alla francese), barroco bien armado y equilibrado, tímbricas conseguidas siempre desde el protagonismo violinístico.

El toque de la guitarra para la Sonata IV Op. 5 de «Six solos for the Violin with a bass» (ca. 1769) compuesta por el toscano Pietro Nardini casi nos transporta al Madrid cortesano donde su paisano Boccherini era el rey, una sonata en tres movimientos (sin indicaciónAllegro – Allegro) rápidos de amplias dinámicas contrastadas con el violín cantarín y el continuo acertadísimo del bajo chelísitico, las perlas al clave y ese empuje de acordes y leves punteos en la guitarra para una sonata diría que plenamente de salón por su elegancia con aromas españoles.

Muy interesante también Eligio Celestino, nacido en Pisa aunque desarrollase su carrera en Roma antes de sus viajes por toda Europa. La Sonata IV de sus «Six Solos for the Violin and a Bass for the Harpsichord or Violoncello, op. 2 (1774) mantiene la típica estructura tripartita aunque más clara por los tiempos perfectamente diferenciados: Largo para un mayor protagonismo del violín antes del Allegro lleno de contestaciones desde el bajo continuo con un cello compartiendo presencias, y el imperdible Minuetto. Andantino, delicioso baile desde una sonoridad cercana, dulce, afable y casi íntima.
Del piamontés Luigi Borghi, otro viajero incansable afincado en Londres y cuya música fue muy interpretada en España además de venderse cual «best seller», la Sonata IV de los «Six Solos for a Violin and Bass op. 1 (1772) mantiene esquemas aunque los aires sean internacionales y sin olvidar el toque francés (Allegro – Largo – Rondeau. Andante Amoroso), melodías fáciles en su escucha aunque difíciles de ejecución, bien ornamentadas y arropadas por un bajo compacto además de efectivo en el rápido, lirismo en el lento central saboreando los graves del cello y un clave más allá del relleno armónico, antes de un final «rococó» o si se prefiere pre-clásico al que Borghi no era ajeno.

Cierra el disco el turinés Felice Giardini, formado en Milán e igualmente establecido en la capital británica donde además de reputado solista y compositor también ejerció de profesor. Sus obras se vendían muy bien en las tiendas madrileñas (hasta 1793) compitiendo con los Boccherini, Stamitz o Giordani, según se desprende del estudio de la prensa del momento como bien recuerdan las notas de Russomanno y Pinteño. La Sonata II de «Six Solos for the Violin and a Bass», op. 19 (1777): es otra joya ideal para rematar estas recuperaciones llevadas al disco. Adagio galante, italiano a más no poder, un Presto Assai virtuoso, vibrante y el Grazioso último, elegancia cortesana para degustar un trío que hablan el mismo idioma interpretativo para esta Italia en España.

El efecto Rodiles

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Martes 10 de marzo, 19:00 horas. Club de Prensa La Nueva España: presentación del CD The Butterfly Effect, Noelia Rodiles (piano).

Sigo hace muchos años la carrera imparable de esta pianista avilesina, Noelia Fernández Rodiles, Noelia Rodiles definitivamente para el mundo musical (con permiso de su padre más orgullo materno), y aunque faltase a su último concierto en el Bellas Artes de Oviedo hace dos veranos, precisamente con las obras de este disco, no le pierdo el rastro a su trayectoria ni tampoco sus intervenciones en distintos programas de radio clásica.

El club de prensa ovetense hoy entre amigos, pues parece que empieza a cundir el pánico a salir de casa, presentaba el último trabajo discográfico para el sello Eudora, que pese a la indisposición de última hora de Cosme Marina, tuvimos sustituto de lujo con el compositor y catedrático del Conservatorio Superior de Oviedo, Manuel Martínez Burgos, que además fue profesor de Noelia.

El efecto mariposa es un concepto amplio de todos conocido basado en la teoría del caos, aunque sea mucho más poético (como el vestido que lucía Noelia para la ocasión) pensar en que «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» como reza el proverbio chino. Mariposas inspiradoras, fusiones románticas y actuales como en su anterior disco Ligeti – Schubert, y también el título de la Sonata nº 5 de Jesús Rueda (Madrid, 1961) que finalmente daría nombre a esta joya de grabación efectuada en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para escucharlo (en formato SACD) como si estuviésemos tan cerca como esta tarde en Oviedo, aunque el piano vertical del periódico no sea lo que se dice apto para virtuosos como Noelia Rodiles, que pese a todo nos deleitó con un aperitivo «sin palabras» de Mendelssohn antes de dársela a la directora del Club de Prensa Maria José Iglesias, y al maestro Martínez Burgos.

Detalles de cómo surge este maridaje entre el siglo XIX y el XXI que unidos dan más sentido a las páginas elegidas, curiosamente emparejadas por los propios compositores españoles a quienes se las encargó la compositora enviando a los tres las obras románticas pensadas previamente y «acertando» en la elección de cada uno de ellos. Las mariposas, Papillons op. 2 de Schumann con la citada sonata de Rueda, las «Romanzas sin palabras» o Lieder ohne Worte, op. 20 de Mendelssohn y los Seis caprichos sin título de David del Puerto (Madrid, 1964), de quienes también escuchamos en vivo el «Canto del gondolero» más el Agitato, y finalmente el Adagio en sol mayor, D178 de Schubert con las Dues pieces per a piano del catalán Joan Magrané (Reus, 1988).

Fusiones que acercan la música de nuestro tiempo con la escucha así emparejada del mejor repertorio romántico y tan actuales unas como otras en el piano sin complejos de Noelia Rodiles, una técnica sobrada para una musicalidad y expresión madura ya desde sus tiempos de estudiante como bien recordaba el profesor Martínez Burgos, y que marca las diferencias en los pianistas sin más y los intérpretes de raza. Excelentes las notas que acompañan al disco donde los españoles nos describen sus obras.
Un riesgo no exento del placer y satisfacción en seguir apostando y promocionando a compositores actuales y además nuestros, en el mismo plano que los «clásicos» pues solo el tiempo marca las diferencias, y el directo, como el disco, dejará testigo sonoro de una categoría musical sin palabras y cual efecto mariposa donde el leve aleteo de estas páginas hispanas pero internacionales se pueden sentir en todo el mundo gracias a discos como este último de mi admirada Noelia.

Instantáneas sonoras

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Jueves 5 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni«: Rafał Blechacz (piano) y Bomsori Kim (violín). Obras de Beethoven, Fauré, Debussy y Szymanowski.

Las grabaciones musicales son como las fotos, la captura de un momento que podemos repetir cuantas veces queramos porque nos recordará ese instante irrepetible dejando a la memoria y a menudo también la fantasía, que ponga el resto, aunque haya sido algo fugaz pero imperecedero. Las fotos viejas, como los discos, se pueden retocar para una mejor conservación e incluso apariencia, pero nada es comparable al directo, especialmente en la música.

La introducción viene a cuento porque en estas Jornadas de Piano volvía el pianista polaco Rafał Blechacz, que me dejó una excelente impresión allá por noviembre de 2012 en estas mismas Jornadas, así como su primer disco con el sello amarillo, pero no en solitario, aunque apareciese el primero en el orden, sino junto a la violinista coreana Bomsori Kim, con quien parece congenió hace dos años y se plantaron en el estudio para dejarnos una grabación que escuchamos al completo en el auditorio, aunque los estudios y el directo no sean lo mismo. Con la tapa acústica abierta al máximo, el Steinway tapó demasiadas veces el hermoso sonido del Guadagnini de 1774, algo que en la mesa de mezclas se puede arreglar pero sin la tecnología quedó en un segundo plano inmerecido porque realmente hubo momentos del concierto deliciosos.

No podía faltar este año Beethoven una de sus sonatas para violín y piano (ausente en su último CD), optando por la Sonata en re mayor, op. 12 nº 1 (1798) que pude seguir recordándola casi nota a nota de mi último curso de piano en «Música de cámara II» con el profesor Carlos Luzuriaga. Buena complicidad entre los dos intérpretes pero desequilibrado balance sonoro que no nos permitió degustar los intrépidos y dialogados pasajes del Allegro con brio. El Tema con variazioni. Andante con moto sí dejó una mayor presencia del violín aunque la rotundidad del piano de nuevo ocultaría ese juego sonoro entre los dos intérpretes. El Rondo. Allegro adoleció de lo mismo, casi como si el violín acompañase a un piano protagónico de principio a fin, hasta en el orden del programa, por su sonoridad incluso en los pasajes más pianissimi, con la firma inequívoca del genio de Bonn pero obviando la aportación y complemento del violín.

La Sonata en la mayor, op. 13 nº 1 (1875-76) de Fauré pareció enmendar un poco la falta de equlibrio entre los intérpretes, cuatro movimientos donde el violín tiene mucho que tocar en una pugna con el piano muy alejada del ciclo de canciones del francés, si bien su lirismo y estilo ya se perciben, especialmente en el segundo movimiento (Andante). Lucimiento en el Scherzo, Allegro vivace de ambos demostrando lo estudiado que tienen este repertorio antes de grabarlo, miradas y gestos claros para un buen entendimiento y una versión algo fría pero técnicamente impecable.

Para la segunda parte el resto del disco, en claro mejoría tanto de sonido como de implicación, primero la Sonata en sol menor (1917) de Debussy, virtuosismo polaco y pasión coreana dibujando esa paleta única del segundo compositor francés del concierto, mismo idioma pero lenguaje nuevo, más logrado en el dúo, como si todo estuviese planificado en cuanto a la entrega. Especialmente delicado el Intermède: fantasque et léger que nos permitió disfrutar de un violín sedoso más presente y protagonista que en los primeros «cortes» y haciéndonos olvidarnos del homenajeado alemán. Lo mejor vendría con Szymanowski y su Sonata en re menor, op. 9 (1904), verdadera pasión compartida, protagonismos equilibrados, sonoridades controladas con mayor lucimiento del violín de Kim más un piano de Blechacz auténtico contrapeso y guía emocional en los tres movimientos. Por fin el espíritu camerístico como escuela tanto interpretativa como auditiva, el momento para recordar y no solo un disco en bucle que siempre sonará igual.

No podía faltar lo que se llama «encore» (propina) que además completaría esta presentación discográfica, el mejor Chopin de Blechachz pero con el violín de Kim para que llevase la parte cantabile y el piano polaco completase el arreglo del ruso Nathan Milstein sobre el conocido Nocturno nº 30 en do sostenido menor.
Buen concierto aunque la coreana no aportase mucho calor desde esta técnica implacable y fría, quedándonos con más ganas del Rafał Blechacz poderoso y entregado en solitario que es donde la memoria me lleva, la instantánea sonora de esta tarde de jueves.

El Bach nuestro de cada día

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Los maestros Emilio Moreno y Aarón Zapico vuelven a los estudios de grabación para dejarnos un «Bach melancólico» e incluso soñado, recreando páginas del kantor de Leipzig con la viola «da braccio» y el clave a cargo de este dúo que se entiende a la perfección, dos generaciones en conjunción que ya en su Boccherini anterior me cautivaron.

Todo en este CD del sello Glossa (fundado por Emilio Moreno) está cuidado al detalle: la grabación en la bodega de Torremocha de Jarama, Madrid (Finca Casa de Oficios) a lo largo del mes de julio de 2019, al igual que en su anterior grabación, de acústica perfecta así como la toma de sonido de Federico Prieto; las siempre enriquecedoras notas en cuatro idiomas (pues los mercados discográficos todavía se mantienen allende los Pirineos); las fotografías de Carmen Hache en esa Castilla canicular y amarillenta, la siega acabada y aparentemente árida pero llena de riqueza que no me he resistido a incluirlas en esta reseña; el recuerdo póstumo a Margarita Aguado de Moreno, y por supuesto el tándem Moreno-Zapico paseando informalmente por ellos.
Esta misma sencillez les lleva a reinterpretar (algunos hablan de «reinventar» o de revivir) 18 páginas de nuestro «Dios Bach» purísimas en cuanto al concepto básico: las melodías cantadas por la viola de Moreno y el continuo impoluto y preciosista de Zapico al clave, con dos instrumentos evocadores, la original Viola Sympertus Niggel de 1751 (Füsse ) y el clavicordio (o harpsichord) de Rafael Marijuán (réplica del Joannes Ruchers, 1616) construido en Torrelaguna (2010), sonidos contemporáneos a la propia época de Johann Sebastian Bach (1685-1750) que resucitan en el siglo XXI.

The Melancholich Bach se está presentando desde el mes pasado, tanto en Radio Clásica (programa «La Dársena» con Jesús Trujillo en una entrevista cercana y amigable como todo lo que rodea este trabajo), y en distintos locales con palabra y música caso del celebrado en La Dársena, en Sevilla… aunque también se puede disfrutar en la red  incluyendo la popular plataforma Spotify, pero personalmente sigo fiel a mis manías manteniendo siempre la cadena musical en condiciones para reproducir el CD al volumen y calidad que se merecen.

Ya hay reseñas bien fundadas como la de MúsicaAntigua.COM o la catalana ElTempsDeLes Arts (que dejo enlazadas) así como en las redes sociales, pero quiero dejar aquí muy especialmente la de la Web del propio sello Glossa donde describe esta grabación:

Con The Melancholic Bach, Emilio Moreno se acerca de manera nostálgica y pensativa a las músicas que Bach podría haber compuesto para la viola. Este nuevo álbum es reflexivo pero nunca triste, sosegado a menudo, pero animado en otros fragmentos. Moreno es violinista a la vez que violista: con el primer instrumento dirige sus conjuntos La Real Cámara y El Concierto Español, mientras que con la viola está desde hace muchos años al frente de su sección en la Orquesta del Siglo XVIII.

Admirador del Johann Sebastian Bach de conciertos, sonatas, partitas y otros muchos géneros, Moreno siempre ha deseado que existiera un repertorio paralelo del gran maestro que pudiera ser tocado en la viola. De hecho, se sabe que Bach fue un gran intérprete del instrumento y era plenamente consciente de su potencial solístico, además de la melancolía intrínseca a su sonido, tan crucial para las armonías internas de sus composiciones.

Aparte de algunas piezas con viola obligada, lo cierto es que la amplia obra del Kantor contiene poca música para el instrumento, por lo que Moreno y Aarón Zapico (clavecinista también en los recientes discos dedicados a Castro y Boccherini) decidieron preparar una serie de transcripciones que se adaptaran a la viola da braccio construida en 1751 por Sympertus Niggel y utilizada en esta grabación. Para The Melancholic Bach, se han adaptado movimientos de sonatas en trío, cantatas y corales para órgano, con la viola tocando la línea melódica y el clave las otras dos partes.

Personalmente mantengo desde siempre que en música habría que hablar antes y después de Bach (con un AB/DB tal como se usa AC a. de JC / DC d. de JC) pues tras su muerte parece haberse inventado todo, versiones que llegan desde todos los estilos e instrumentos sin perder nunca la esencia, algo que solo en «el cantor de Santo Tomás» se da.
Por lo tanto en esta combinación que bien podría haber sido original, no solo soporta el espíritu sino que por momentos es el ideal, especialmente en los corales del Libro de Órgano (Das Orgel-Büchlein) todavía más íntimos que si los escuchásemos en una iglesia luterana desde la consola del kapellmeister correspondiente. Las sonatas son auténticas recreaciones con las visiones doctas de dos intérpretes dominadores de sus instrumentos, y no digamos los solos de ambos maestros: el clave de Don Aarón, reverencia digital de hondo espíritu siempre claro, y la viola de Don Emilio paladeando cada frase con especial deleite, y a quien los años solo sirven para madurar más si cabe su entrega a la música de dios Bach todopoderoso. Esta vez soy yo quien me descubro ante sus apóstoles para repetir El Bach nuestro de cada día

CORTES
1. Trio super: Herr Jesu Christ, dich zu uns wend’ BWV 665a
2. Liebster Jesu, wir sind hier BWV 731
3. Trio BWV 583 (Adagio)
Arreglos de los corales del Orgel-Büchlein:
4. O Mensch, bewein’ dein Sünde groß BWV 622 (Adagio assai)
5. Komm, Gott Schöpfer, Heiliger Geist BWV 631a
Sonata en do menor (después BWV 76, 582/2&586):
6. Adagio-Vivace (de la Cantata BWV 76, parte segunda, Sinfonia nach der Predigt)
7. Andante (de la Sonata 4 a 2 Clav. et Pedal BWV 528/2)
8. Allegro (del Trío a 2 Clav. et Pedal… nach Telemann BWV 586)
9. Allemanda 2ª para clave solo (de la Sonata en la menor BWV 965, después de Johann Adam Reincken (1643-1722), Hortus Musicus (1688)
Sonata en fa mayor (tras BWV 664, 614&676):
10. Allegro (del Trio super: Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ BWV 664)
11. Adagio (del Das alte Jahr vergangen ist BWV 614, Orgel-Büchlein.
12. Allegro (de Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ a 2 Clav. e Pedale BWV 676)
13. Très vivement para viola sola (de la Fantasía BWV 572)
14. Exercitium for solo viola (del Pedalexercitium BWV 598; atribuido a C.P.E. Bach)
Arreglos de los chorales del Orgel-Büchlein:
15. Helft mir Gott’s Güte preisen BWV 613
16. Ich ruf ’ zu dir, Herr Jesu Christ BWV 639
17. Wenn wir in höchsten Nöten sein BWV 641
18. Wer nur den lieben Gott lässt walten BWV 691

Jaroussky de disco

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Domingo 7 de abril, 19:00 horas. Los Conciertos del Auditorio, Oviedo: Philippe Jaroussky (contratenor), Ensemble Artaserse.

La voz del contratenor es lo más parecido a los castrati, y volviendo del concierto dominical venía escuchando en el coche a Arturo Reverter hablando de ellos y sonando Philippe Jaroussky como el más popular o mediático y uno de los más aclamados por la crítica a pesar de los años, volviendo a llenar el auditorio con uno de los compositores barrocos a los que rinde culto, esta vez el veneciano Francesco Cavalli (1602-1676), discípulo aventajado del divino Claudio Monteverdi, al que ha dedicado su última grabación que se vendió como churros en el hall y tuvo el detalle de firmarlos uno a uno tras el espectáculo con el Ensemble Artaserse plagado de españoles, a igual altura en calidades que el contratenor y no una formación para la gira, más de una hora de cola que atendió cordial, amable y simpático como la figura cercana que es.


Programa organizado en la forma habitual de estos recitales alternando «sinfonías», arias de las óperas conocidas de Cavalli como L’Ercole amante, Xerse, Il Ciro, Erismena, Eliogabalo, La Calisto, Doriclea, L’Ormindo, Orione, Pompeo Magno, más dos propinas donde maestro y discípulo brillaron por igual gracias sobre todo a «los Artaserse» fundados en 2002 por el propio Jaroussky, que vistieron cada página de buen gusto con acompañamientos delicados, bien elegidos y combinados en un continuo maravilloso y con el dúo de instrumentistas de viento que alternaron corneti y flautas verdaderamente «barrocos», sin olvidarse de las percusiones que tanto iluminan de detalles arias y lamentos. Por ellos quiero comenzar citándolos a todos: Raúl Orellana y José Manuel Navarro (violines), Marco Massera (viola), Christine Plubeau (viola da gamba), Roberto Fdez. De Larrinoa (violonchelo), Marco Horvat (guitarra y lirone), Marc Wolff (tiorba), Berengère Sardin (arpa), Michèle Claude (percusión), Yoko Najamura (clave), Adrien Mabire y Benoit Tainturier (cornetos / flautas), especialmente delicados aterciopelando un sonido siempre delicado en todos y cada uno de ellos.

Primer bloque enlazando tres Sinfonías, dos de L’Ercole amante Eliogabalo «escoltando» las arias de Xerxe Ombra mai fu que da título al CD, Ciro Corone ed honori y el Lamento plenamente monteverdiano, elegante como la Venecia del XVII, con sobretítulos que nos ayudaban a comprender cada rol de Jaroussky, el timbre algo más oscuro que hace años pero igual de pletórico en las agilidades y toda la amplia gama de dinámicas donde los piani siguen siendo únicos mimados por la instrumentación perfecta, un concierto que resultó «de disco» por la perfección mostrada.

Segundo bloque de «continuidad» comenzando con el recitativo y aria de Endimione de la ópera más representada de Cavalli, La Calisto, el Nerillo de L’Ormindo y el recitativo y lamento de Idraspe de Erismena, efectos de viento en la percusión, con la Sinfonía lenta de Doriclea o la más movida Prólogo de Orione, disfrute instrumental, finales perdendosi con mínimos silencios o directamente enganchados al aria siguiente evitando toses para un público entregado casi como ritual integrador porque Jaroussky manda sin gestos, solamente con esa voz que deja boquiabierto a los «no iniciados» y emociona la legión de seguidores.

Cambiando un aria de Giasone por la de Pompeo Magno «Cieche tenebre», la segunda parte repitió esquema y aumentó calidades, con bloques más separados en parte por el aplauso tras cortar la respiración el aria de Vafrino de Ipermestra sonando un continuo grave que prescindió de violines, viola, arpa y percusión para revestir la voz del atuendo básico y elegante. El Lamento de Apollo tornó el continuo con el arpa y la tiorba protagonistas subyugantes de ese amor entre Apollo y Dafne precediendo la sinfonía correspondiente, el recitativo y aria de Erino o la siguiente de Eumene La belleza è un don fugace, viva, rítmica, de aire hispano que volvería a marcar otra cesura en el discurrir del concierto. El ensemble abriría el último «sprint» calmando ánimos, preparando el recitativo y lamento de Alessandro, lamento como forma monteverdiana donde Jaroussky despliega lo mejor de su voz, para finalizar con Brimonte y un aria guerrera, All’armi, mio core de la ópera Statira, perfecto entendimiento con sus músicos y ardor interpretativo recompensado por salva de aplausos más las dos propinas comentadas: Monteverdi arrancado con el arpa divina a la que se van sumando con delicadeza el violín ornamentando entre versos, viola de gamba, corneto aterciopelado y esa reconocible aria Si dolce è’l tormento, dulce tormento a fuego lento apagándose para cortar el aire, y de nuevo Cavalli Alcun più di me felice non è (Clarindo de La virtù de’ strali d’Amore), probablemente el aria más breve escrita que Jaroussky usó para despedirse con alegría antes de la firma de discos.

El contratenor con nuevo disco no defraudó, Artaserse tampoco, barroco para todos los públicos que sigue estando de moda en Oviedo…

Placeres apócrifos

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Luigi Boccherini: Apocryphal Sonatas for violin and harpsichord. Emilio MorenoAarón Zapico. Glossa.
En este blog no suelo comentar discos aunque soy un tanto mitómano al seguir ampliando mi colección en formato físico. Incluso cuando compro en Internet para escuchar legalmente en el ordenador u otros dispositivos (gadgets dicen los finos), termino pasándolo a CD, con su caja, ilustraciones y todo lo que ello supone de mayor gasto que si lo hubiese comprado directamente e importado a los dispositivos digitales. Me consta que muchos de los coches actuales prescinden del lector y lo sustituyen por entradas USB o conexiones para los teléfonos que traen todas las posibilidades musicales imaginables. En mi caso además de todo ello todavía dispongo de un lector de CD y otro de tarjetas SD con la ventaja de poder cargar muchas horas de música para esos viajes que tanto me gusta hacer, a menudo con la «disculpa musical» correspondiente.

Esta vez y con el disco sonando de nuevo en la cadena (nada que ver con todas las «modernidades» que también utilizo) no quería dejar de comentar este Boccherini que Emilio Moreno nos ha preparado con nuestro común amigo Aarón Zapico. El primero es referente en este país de la llamada música antigua y barroca, no ya como intérprete en sus muchas formaciones e inspirador de las posteriores que le deben mucho, como investigador es único y podríamos decir que se ha convertido en un especialista de Don Luis Boquerini, así como él mismo finaliza las notas del disco, el genial violonchelista y compositor italiano pero tan español como el que más. Rehacer, adaptar, recrear, todo es posible manteniendo el espíritu y el Boccherini de estas cuatro sonatas respira por los cuatro costados música en continua evolución. Elegir el clave como acompañante del violín permite disfrutar de una tímbrica especial, cuidada hasta el mínimo detalle en todo el proyecto: la selección de las obras, la adaptación a este dúo, los instrumentos utilizados, el lugar de grabación y por supuesto la presentación a la que Glossa nos tiene acostumbrados por diseño, fotografías, calidad y textos que aquí firman Miguel Ángel Marín y el propio Moreno. La elección de Aarón Zapico parecía lógica tras otros proyectos juntos y sabedor que el clavecinista asturiano está en plena madurez interpretativa, verdadero momento dulce para quien ha tomado el testigo del maestro y hacer escuela con Forma Antiqva, alumnos ahora profesores que comparten mucha música pero sobre todo pasión por ella. El buen gusto y complicidad del dúo se nota en cada sonata, sin pájaros en a cabeza como aparecen en la portada, más bien adecuados y rebuscados (por el mucho buscar) en cada movimiento, destilando emociones que traspasan al oyente, pudiendo titular esta entrada inspirado en el propio título del disco como «Placeres apócrifos», no por fingido sino por dudar de la autenticidad del placer auditivo, haciendo un guiño al término como don Emilio para estas sonatas de salón asturiano.
Llevadas estas obras a la Lucca natal de Luigi Boccherini (1743-1805) y sonando también en la Corte Madrileña imbuidos del mismo espíritu dieciochesco original en pleno siglo XXI, antes de encerrarse en septiembre del pasado año en la Finca Casa de Oficios de Torremocha del Jarama, para dejar testimonio sonoro ya rodado en directo, el dúo Moreno-Zapico ha presentado el disco en Madrid este mes de febrero, y pese a las agendas apretadas de ambos en sus distintos proyectos, supongo encontrarán huecos para seguir haciéndolo en vivo, siempre único aunque se venda al finalizar los conciertos con firmas de los músicos, porque esta fórmula sigue funcionando y hay muchos más «chiflados» que siguen comprando música.

Las cuatro sonatas abarcan distintos momentos en la vida de Boccherini con un trabajo de recuperación y transcripción por parte de ambos intérpretes y estudiosos realmente memorable, a partir de distintas colecciones y formaciones. Miguel Ángel Marín comienza sus notas en el libreto del disco diciendo que El arreglo musical tiene hoy mala prensa para continuar razonando una práctica habitual de entonces que cada vez más las nuevas agrupaciones están siguiendo: adaptar las obras a las distintas formaciones que tengan, y este es el caso de este dúo asturmadrileño, grandes conocedores de la instrumentación más allá de la propia interpretación siempre maestra por parte de los dos. Los criterios que ambos músicos han seguido también los explica en la «carpetilla» con los textos el maestro Moreno:

Primero, el de ofrecer una visión evidente y diacrónica de la evolución creativa de Boccherini con obras que van desde su primera juventud (la sonata G43 a partir de su primer cuarteto de cuerda de 1761, escrito probablemente en Milán) hasta el periodo final, el más castizo y madrileño (las sonatas a partir del cuarteto de La Tirana y el quinteto de La Seguidilla de 1792 y 1795 respectivamente), pasando por la sonata G24/4 a partir del trío op. 14/4 de 1772, un momento de profunda cimentación del estilo de Boccherini (…). El segundo criterio, y quizás el más importante e interesante para los intérpretes, ha sido investigar la manera de abordar la producción boccheriniana reinventada a través de la transcripción como legítima vía de expresión artística, ya sea a través de la óptica de sus contemporáneos (…) ya sea abordando los mismos intérpretes de este disco la transcripción y adaptación, la «reinvención» de la pieza original inspirados por los modelos contemporáneos a Boccherini, y con la pretensión de, sin menoscabo de autenticidad y con el máximo respeto a la obra, el autor y su filosofía musical, ofrecer una visión completamente personal de la obra tal y como lo hubieran hecho un violinista y un clavecinista de la segunda mitad del XVIII, tan rendidos admiradores del violonchelista toscano-madrileño aquellos como lo son los protagonistas de esta grabación dos siglos más tarde.

Con esta intención y todo el respeto aparecen las obras citadas: la Sonata en re mayor (G24/4, Trío op. 14/4, G98, 1772) [de las Sei Sonate per il cembalo e violino ad libitum. C.D. Ebeling. Hamburg, 1775], con tres movimientos: Allegro giusto, Andantino sempre piano y Allegro assai. Un violín grave recordando el chelo del italiano y el clave escurialense cristalino en perfecta simbiosis y equilibrio, alternancias de protagonismo y planos ideales.

La Sonata en do menor (G43, originalmente Cuarteto op. 2/1, G159, 1761) [de las Six Sonates pour le clavecin, forte piano ou harpe avec accompagnement de violon oblige􀀀e, tire􀀀es des oeuvres de Luigi Boccherini, mises au jour par M. Naderman. Paris, 1778], también tripartita: Allegro comodo, Largo y Allegro. Cortesana de intenciones y clara de interpretación donde el violín parece sobrevolar todo acompañamiento de «otras cuerdas» aunque de nuevo el clave resulte tímbricamente más rico que el arpa o incluso el fortepiano que vendría a aparcar las teclas del instrumento barroco por excelencia.

Todo el sabor español y el oficio italiano los encontramos en las dos últimas sonatas. Aquí el violinista lo explica mejor que nadie: feliz simbiosis entre la gran tradición italiana con el casticismo y españolidad de la música de aquel maravilloso violonchelista y compositor toscano que llegó a Madrid en plena juventud para no salir nunca más de España. En transcripciones de Emilio Moreno y Aarón Zapico, primero la Sonata en sol mayor, ‘La Tirana’ (Quartettino op. 44/4, G223, 1792), dos tiempos: Presto «La Tirana Spagnola» virtuoso violín, sólido clave, pareja impoluta de feliz entendimiento, y Tempo di minuetto, casi bailable del momento por alegría, popularidad y cercanía al pueblo llano, al igual que la interpretación del dúo. Finalmente la Sonata en do mayor, ‘La Seguidilla’ (Quintettino op. 50/5, G374, 1795) con el Allegretto de lo más «cantabile» al que mentalmente podríamos ponerle voz femenina y letra popular, más el Minuetto ‘a modo di sighidiglia spagnola’, la seguidilla única e inimitable capaz de convertir la calle en un salón cortesano con una pareja goyesca en fiesta callejera, violín bailarín con clave poderoso, cimentando pasos y ritmo.

Cuatro sonatas para violín y clave jugando con ritmos, timbres, tiempos, compases, dinámicas, texturas, aires y espíritu con dos generaciones de intérpretes que conocen los recursos y técnicas adecuados a cada momento, reflejados en un disco para disfrutar en cualquier ocasión. Vuelvo a darle al «Play».

Fagioli d’Oro trae la primavera

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Martes 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM) y Ayuntamiento de Oviedo, V Primavera Barroca, Haendel Arias, Franco Fagioli (contratenor), Il Pomo d’Oro. Precio abono ciclo (butacas no numeradas): 84 € (73,50 € para abonados a otros ciclos).

El Barroco no pasa de moda, aumenta su demanda, no suele defraudar, es cómodo de escuchar, no cansa… comentarios habituales que escucho y corroboro. Apostar por un ciclo o festival monográfico siempre es arriesgado pero conociendo el panorama actual y comprobando que Asturias tiene un público incondicional que apoya y presume de nuestros intérpretes en este periodo o estilo que triunfan allá donde van (mientras aquí les echan), era previsible hace cinco años una Primavera Barroca en Oviedo con el CNDM apoyando y sumándose Conservatorio y Universidad a esta oferta que incluye conferencias para estudiantes y aficionados que se ha consolidado, dejando la sala de cámara pequeña otro año más, con cola media hora antes buscando una buena localidad (no están numeradas) sobre todo cuando nos traen figuras de la talla del contratenor Franco Fagioli y la agrupación Il Pomo d’Oro, conocida de otras actuaciones en la capital asturiana.

Comentaba en mi reseña para La Nueva España que «Fagioli logra la apoteosis con Haendel«, calidad vocal, entrega escénica, técnica asombrosa con fiatos larguísimos y el ropaje a medida de un sexteto de cuerda liderado por Stefano Rossi de concertino más el clave primoroso y preciosista de Federica Bianchi, quinteto sin viola en las obras instrumentales que no solo ayudan al descanso vocal sino también a disfrutar de otras páginas delicadas complemento de la selección de arias del genio alemán, perfectamente comentadas en el programa por mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón.

Estuve estos días hablando a mis alumnos de Farinelli y otros castrati famosos como Senesino o Caffarelli proyectando en clase la película donde se reflejaba perfectamente esta Europa del XVIII con el poderío escénico de unas voces «contra natura». El número de marzo de Scherzo dedica portada y entrevista al contratenor argentino afincando en Madrid Franco Fagioli que merece la pena leerse porque explica mucho de este proyecto y obras elegidas, diciendo «buscar la verdad en escena desde el momento único de la interpretación y su más absoluta honestidad». Así fue esta velada Haendel escuchada con la misma pasión y devoción derrochadas por Fagioli con Il Pomo d’Oro, con un cierre inédito en Oviedo al cantar y bien afinado todos la segunda propina Lascia ch’io pianga a coro, tras la primera con otra aria de Serse.

Del programa que dejo aquí escaneado el Allegro inicial de la Sinfonía en si mayor HWV 338 aunque para fagot, cuerdas y bajo continuo se entiende que por la plantilla solamente de cuerda que los «pomodoros» presentaron en esta primavera adelantada resultó un arreglo para el quinteto (la viola solamente se sumaría a las partes vocales), y las arias por pares en la primera parte, por lo cual Cara sposa, amante cara / Venti, turbini, presta (de «Rinaldo») no fue el cierre sino Mi lusinga il dolce affetto (de «Alcina»). Destacable cómo reinó el silencio antes de algunas de ellas facilitando la «transformación previa» de Fagioli en Bertarido, Oreste, Rinaldo y otros héroes de las óperas de Haendel, la que no hubo en los finales con esas inexplicables prisas por aplaudir primero, impidiendo degustar los segundos que flotan en el aire tras la última nota. Deberían observar al cantante lo que tarda en recuperarse antes de agradecer las palmas y vítores, por otra parte más que merecidos.

Sin necesidad de clasificar esta voz que se definía hace años falsetista, diríamos que posee el registro de alto y las agilidades de los llamados sopranistas, por lo que Fagioli puede afrontar cualquier personaje (afectos sería más correcto) de estas óperas y dotarlo de color propio, organizando el programa para alternar y jugar arias reposadas, dramatizadas frente a las virtuosas y un acompañamiento ideal en dinámicas y calidades, distinto al grabado pero más cercano en todo y por todo. Impresionante su registro grave y los pasos de registro con naturalidad desde la técnica y el buen gusto que mostró de principio a fin, propinas incluidas.

Ramón Avello en El Comercio titulaba «De la furia desatada al lamento conmovedor» para explicar esos cambios de roles e interpretación. Ver al público vehemente en el aplauso, volcado con los músicos en cada una de estas obras inmortales y sumado al final inédito coreando con Franco cual último éxito de los «principales» corrobora que el Barroco goza de buena salud, no es tan caro como lo sinfónico, vende discos, se firman autógrafos y es apto para todas las edades. En Oviedo también la ópera comienza a apostar lentamente por títulos barrocos sabedores del «tirón» que siempre tiene, más cuando se cuenta con voces de calidad.

Bienvenida adelantada de la primavera un martes y 13 sin supersticiones.

De cañas con Möebius

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Sábado 27 de enero, 19:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón, Los conciertos del taller: Cuarteto Möebius, presentación de su primer disco L’Actuel. Obras de: Emmanuel Sejouorné, Patrick Burgan, Víctor Vallés, Javier Vázquez, Jacob Ter Veldhuis, Javier Utrabo y Guillermo Lago. Entrada libre.

No podía faltar a la presentación del primer trabajo discográfico del Cuarteto Möebius, financiado desde Verkami, grabado en Quintes, muy cerca de Gijón durante el mes de agosto de 2015 con René de Coupaud como responsable técnico y seguro de calidad en todo el proceso, siendo editado con el sello La mà de Guido, cuatro saxofones «de casa» con distintas trayectorias donde no han faltado revisiones del barroco, pero apostando en este debut grabado por autores actuales, incluso con obras de encargo que pudimos escuchar en un salón completo con presencia de gente joven y hasta de un compositor que nos contaría su inspiración como apuntaré más adelante.

Tras las palabras de Eduardo G. Salueña, responsable del «Taller de Músicos» que sigue apostando por todo tipo de repertorio en su programa y la salida de los cuatro instrumentistas con sus saxos (Enrique Prieto, al soprano, Israel Bajo, con el alto,  Pablo De Coupaud, en el tenor, y  Clemente Vicedo al barítono), se apagaron las luces para sorpresa de los presentes y algún llanto infantil pronto acallado.

Luces que se movían, que se sumaban, restaban y multiplicaban siempre con ritmo, los cuatro músicos portando cada uno dos dispositivos de luces led con una puesta en escena ideal para abrir este concierto: Vous Avez Du Feu? de Emanuel Sejourné (Limoges, 1961).

Y después de la originalidad inicial, el cuarteto pasó a interpretarnos seis temas del CD comenzando con Miniatures de Patrick Burgan (1960), obra estrenada por el cuarteto o Quatuor Diastema en Valencia allá por 1997, seis cuadros espaciales por los cambios de ubicación desde las cuatro esquinas hasta las sillas con todo el juego sonoro de saxos percusivos, guturales, rítmicos, polifónicos y hasta afónicos (titulados Funèbre, Fluide, Plaintif, Fougueux, Frémissant y Precipité) en un despliegue de expresionismo saxofónico que los asturianos han traducido y adoptado como suyo.

De-Construccions de Víctor Vallés Fornét (Vergel, Alicante, 1984) tal cual indica el título, “re-construcción” tras la “de-construcción” de J. S. Bach, padre de todas las músicas, más concretamente del sujeto de su Fuga en mi menor («El Clave Bien Temperado» I), toda una labor compositiva usando diversas técnicas que crean sonoridades peculiares verticales (armonía) y horizontales (tiempo). Un lujo esta obra encargada al compositor alicantino por y para el Cuarteto Möebius.

Desórdenes 3: Melancholia (2015) de Javier Vázquez Rodríguez) se estrenó en Estrasburgo durante el XVII Congreso Mundial de Saxofón celebrado en el mes de julio de ese año por «Los Möebius» que se la encargaron a su paisano. Partiendo del reconocible Preludio del Tristán wagneriano, que también sonaba en la película «La melancolía» (Lars von Trier) y una experiencia depresiva cercana al compositor son las fuentes de inspiración de la obra de Vázquez, arreglista, saxofonista, enamorado del cine y tan gijonés como el cuarteto. Perfectamente explicado por el autor a todos los presentes para buscar una mejor escucha, así como en el propio proyecto Verkami, resulta impresionante cómo puede plasmarse musicalmente todo el proceso interior y psicológico con los saxofones, capaces de gritar, temblar, relajarse, recuperando el tema wagneriano sin perder identidad propia y usando los glissandi cual dolor indescriptible. Bravo por Javier capaz de integrar géneros variados desde una base académica seria con un lenguaje muy personal, pues este tercer desorden pienso que nos conmocionó a muchos de los presentes.

Tras una breve pausa para recuperar aliento y líquidos llegaría el Take a Wild Guess (2007-08) del holandés Jacob Ter Veldhuis «Jacob TV» (Westerlee, Países Bajos, 1951) sobre un «soundtrack» o base pregrabada con bajo y percusión, hablada casi «rapeada», plenamente actual y jazzística avanzando temáticas de ritmo superpuesto coprotagonizado por la grabación incluida en la obra con un perfecto encaje del cuarteto con el audio al alcance de muy pocos.

El Tríptico de Javier Utrabo (Granada, 1981), siguió enriqueciendo ambientes sonoros, I con recuerdos de órgano por tímbrica y acordes que se «desparraman» con la melodía cantando sobre ellos y esa II Nana única titulada más III con el soprano llevando al trío rítmico y contrapuntístico tejiendo un verdadero lecho de sonidos este cuarteto al que los muchos años de trabajo conjunto le dan un plus de calidad sonora y un empaste único.

Concluirían con Ciudades de Guillermo Lago (seudónimo del holandés Willem Van Merwijk, Bemmel, 1960), eligiendo cuatro fotografías musicales reconocibles por ambiente y callejeo temático, cultural, folclórico, sentimental, adorables, distintas y unidas por la óptica viajera de un particular itinerario sonoro planificado por Lago. Acentos e idiomas traducidos al saxo, Córdoba flamenca, Sarajevo herida, Köln eterna y reposada como la parada final tras el agradecimiento de la Addis Abeba soñada, salvaje y africana con óptica europea.

Bravo por el Cuarteto Möebius y su L’Actuel verdaderamente contemporáneo y atemporal por calidad.
De propina el Patchwork de Philippe Geiss (1961), verdadero virtuosismo vocal e instrumental, con aires de jazz «Coreano», corales y saxos en cuarteto al que le espera largo recorrido.

Y por solo 10 € me he traído el disco que ahora suena en la cadena tras recrear el concierto.

Dorada noche blanca

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Viernes 7 de octubre, 20:30 horas. Noche Blanca 2016, Oviedo: Iglesia Santa María la Real de La Corte. Coro «El León de Oro», Marco A. García de Paz (director): «Intimate & Brilliant. El lenguaje eterno del alma», obras de Nicolas Gombert, Orlando di Lasso, Dominique Phinot, Manuel Cardoso, T. L. de Victoria, Cristóbal de Morales y G. Palestrina.

Como «leónigan» confeso tenía muchas ganas de volver a escuchar al mejor coro español de los últimos años (no me ciega la pasión), juvenilmente maduro y con una cantera o banquillo que le permite mantener sus cualidades primigenias siempre agrandadas con el duro trabajo para seguir creciendo en busca de la perfección. Hace tiempo comenté que hay un antes y un después de Peter Philips, sobre todo en el repertorio renacentista que ha enamorado a los ingleses, algo como vender nuestro queso asturiano en Suiza o Francia, porque este repertorio tiene mucha hondura además de dificultad enorme solamente al alcance de muy pocos, y nuestro coro gozoniego puede afrontarlo con la calidad británica sumándole la pasión española, tal vez la fórmula del triunfo.

Los motetes que conformaban el largo concierto (alcanzó el aforo completo y cola previa), exigen claridad en la dicción del texto latino y religioso, subrayándolo, engrandeciéndolo, no ya en las partes homofónicas sino, y especialmente, en los contrapuntos que además obligan a un color homogéneo en todas las voces, independientemente de cantar a 4, 5, 6 voces… a doble coro o en formación de cámara. El León de Oro tiene capacidad, técnica, empaste y todas las virtudes corales que son su sello propio. Sumemos el exigente y casi diabólico tactus que supone un entendimiento total con el director para alcanzar estas cotas de virtuosismo vocal por lo que no es de extrañar que P. Philips quisiera volver a trabajar con este coro un programa que repasa estilos y escuelas para llevarlo al disco el pasado mes de septiembre (que probablemente se edite en un Reino Unido en pleno «Brexit», otro hito del LDO equiparable al comentado de nuestros quesos), diez obras que el coro fundado en Luanco ha trabajado con tanta perfección que hasta el oro quedó «niquelado». El título del concierto (y del disco) expresa muy bien las dos partes, con algunas obras que ya tienen en su repertorio hace tiempo pero que con los años han adquirido el poso interpretativo tan característico de «los leones».

El Intimate lo conformaron cinco motetes luctuosos y lamentaciones de Semana Santa, hondos, expresivos y reflexivos, obras a seis voces como las del gran Orlando di Lasso al que tienen «pillado» hasta el mínimo detalle recreándose en los matices hasta el grado sumo, o el «descubrimiento» del franco-flamenco Phinot con un doble coro que volvió a demostrar la versatilidad de una formación que suena increíble en cualquier combinación y número, siempre buscando el equilibrio sonoro perfectamente reflejado en la acústica de «La Corte«. Me gustó también escuchar al portugués Cardoso porque completaba este repaso de escuelas que bebiendo de la misma forma y texto son capaces de crear obras distintas en su expresión que el LDO transmite con generosidad y magisterio, máxime en una obra a seis pletórica de luminosidad vocal.

Un breve descanso para Brilliant con nuestro «siglo de oro de la polifonía» con Lasso y Palestrina pareciendo pugnar por componer himnos marianos que las luces «ad hoc» del templo de la Plaza de Feijóo reforzaron iluminando la imagen de Nuestra Señora en la Festividad de la Virgen del Rosario, motetes cual vidrieras vocales por los contrastes perfectamente cantados en combinaciones variadas, sin cambios de color que el directo disipó cualquier duda de montaje en estudio cuando llegue el disco, juegos panorámicos de homogeneidad en emisión y empaste pero también en intención y emociones. Si los italianos juegan con el virtuosismo polifónico, Morales y Victoria resultan no ya tridentinos por obligación sino escurialienses férreos capaces de alturas y brillo propio a doble coro, fortaleza en los graves frente a la luz de las voces blancas.

Bisar el «aleluya» del Regina Coeli resultó el colofón ideal de un concierto hondo, exigente, para paladear en cada obra, confirmando que este «león» no solo ruge sino que es capaz de poner el oro a esta primera noche blanca. El sábado en el Museo de Bellas ArtesAurum, la cantera femenina con Elena Rosso volverán a corroborar el refulgente momento vocal con un futuro asegurado a largo plazo en la gran noche cultural ovetense.

Programa:
«Intimate»
Media vita (Gombert)
Media vita (Lasso)
Lamentations (D. Phinot)
Lamentations (Cardoso)
«Brilliant»
Regina coeli (Victoria)
Regina caeli (Morales)
Regina caeli (Lasso)
Laudate pueri (Palestrina)

Opera(ndo) Zapico desde dentro

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Domingo 15 de diciembre, 12:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo, Palacio de VelardeForma Antiqva: presentación de su nuevo disco «Ópera Zapico«. Entrada libre.

Preciosa y original «matiné» de los Hermanos Zapico, en casa y como en ella, Forma Antiqva en su formación primigenia y sin extras, presentando su último trabajo en el mejor entorno posible, el patio del Palacio de Velarde con amigos y familia arropando, tocando para nosotros

Del disco, otra exquisitez del sello Winter&Winter, disco excepcional para la revista Scherzo y de nuevo nominado a los Premios ICMA 2014 (en la categoría «Barroco instrumental» como en 2012), críticas más que merecidas, música que de antigua solo tiene el nombre porque con los Zapico suena más que nunca como actual, asombrado desde el primer día que lo escuché, esta vez sin los invitados de lujo para poder sentir todo el proceso hasta la elección del repertorio. Búsqueda de sonoridades cordófonas en combinaciones de clave, trioba y guitarra barroca alternada con el archilaúd para equilibrar melodías y armonías de las arias que les (nos) gustan y vuelven a recrear haciéndolas suyas.

Imposible desgranar cada una de ellas, escuchadas casi en medio del trío, sintiéndome uno más entre ellos, vibraciones a flor de piel en el estricto sentido, desde «il mandolino» hecho clave por Aarón para la «canzonetta» del Don Giovanni mozartiano, el dúo de los gemelos Pablo y Daniel de José de Nebra resonando eterno en un entorno propicio, sin olvidarme la Obertura de Artaserse de J. C. Bach auténtica delicia tímbrica donde el trío sonó a orquesta de cámara, si se me permite, orquesta palaciega en «El Velarde«. Siempre un gusto escuchar tan cerca las virtuosísticas ornamentaciones del clave, los potentes bajos de la tiorba luego transmutados a punteos o los ritmos de la guitarra que vuela en las melodías o contrapuntean al archilaúd. Técnica al servicio de la música que siempre subrayo, y auténtico concierto de «concertar«: acordar, pactar, decidir conjuntamente.

Intervenciones también en palabras de cada uno de ellos, en los momentos justos, colocadas inteligentemente para tantos agradecimientos e historias de la «cocina» antes de deleitarnos con el producto en el plato, que tiene por delante mucho recorrido. Händel poniendo emociones íntimas en el «Lascia ch’io pianga» de Rinaldo protagonizado por los tres, y palabras musicales con «el tesoro» de Rodelinda, las gracias con Purcell repartidas entre Dido y Eneas y la chacona mágica de las hadas, hasta rematar la fiesta como si del «Concerto Zapico 2″ (que aún esperamos) se tratase, la esencia fresca de Las Indias galantes (Rameau) y el jolgorio de las Folías que los hermanos trabajan desde las «Diferencias» que unen.

Si este disco es una joya de coleccionista para enamorar a públicos de todos los gustos, los directos de Forma Antiqva son regalos que hacen festivo cada concierto suyo.

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