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Carnaval exótico portuense

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Domingo 2 de marzo, 18:00 horas. Casa da Música, Oporto: Sala Suggia. «Carnaval Exótico»: Orquestra Sinfónica Do Porto Casa da Música, Tobias Volkmann (director). Obras de Rimski-Korsakov, Nielsen, Tchaikovsky, Ravel y Guo Wenjing. Entrada: 11€ (concierto fuera de temporada).

Rezaba la publicidad del concierto «Júntese a los músicos de la orquesta en la celebración del Carnaval inspirado este año en Oriente y venga disfrazado para este concierto», por lo que el ambiente que se respiraba en la sala principal que lleva el nombre de la famosa cellista local Guihermina Suggia era festivo totalmente, y con aforo completo. Los músicos también iban ataviados y la decoración mínima pero suficiente: globos, puertas orientales, pantalla con sombras chinescas y una inmensa lámpara de Aladino en cartón piedra de la que salió con humo el mago director brasileño Volkmann, luego mudado a mandarín.

El programa tenía muchas y variadas historias para contar con personajes exóticos que nos sugerían múltiples disfraces para un concierto de carnaval, y nada mejor que arrancar con El mar y el barco de Simbad de la siempre evocadora «Sheherazade« (Rimski-Korsakov) que la orquesta local despachó con solvencia y seguridad a pesar de cierta frialdad, siendo la cuerda protagonista, especialmente el concertino español Felipe Rodríguez en sus intervenciones solistas (a la vista de los datos, invitado para este programa, pues lo es de la orquesta lisboeta de la Fundación Gulbenkian).

Mucho más completa la selección de la Suite «Aladino» (Nielsen) donde cada número nos fue dando la talla de esta formación portuense de sonoridades rotundas en los metales, sobre todo las trompetas, más comedida en la madera, percusiones sin exageraciones y una cuerda empastada aunque necesitada de más cuerpo (y efectivos) para equilibrar plantilla, hoy algo ampliada por las obras programadas. Fueron desgranando los números Marcha oriental, Danza hindú, El mercado de Ispahan -de lo más conseguido de la suite- y la Danza de los prisioneros, con esos avances compositivos del danés para un ballet que sólo tiene de infantil el título.

El oboista titular hizo un número de encantamiento donde el folklore húngaro de su tierra dejó paso al de la India, para luego llevar el ritmo del djembé en una hermosa danza del vientre con una bailarina profesional jaleada por todos tras su espectacular baile y figura. Perfecta antesala para los dos números del «Cascanueces« («Quebra-Nozes» en portugués) de Tchaikovski: Danza árabe y Danza china, algunos desajustes probablemente por el ambiente festivo aunque imperdonables en páginas tan conocidas de la música, y con una acústica tan perfecta que percibíamos cada mínimo detalle, con un Volkmann conocedor de estas músicas aunque los músicos no parecieron responder a todas sus órdenes una vez despojado del disfraz de mago…

Mejor el fragmento de Ma Mère l’Oye de Ravel, orquestado por el propio francés en 1911 del original para piano a cuatro manos, Laideronette, emperatriz de las pagodas donde la sonoridad impresionista y la rítmica resultaron bien ejecutadas por la orquesta portuense en esta «premiere«, siendo la obertura Cabalgando en el viento, op. 27 (1997) del chino Guo Wenjing (1956) el perfecto cierre de un concierto de recuerdos orientales muy cinematográficos terminando en ese «Far West» donde los chinos también han tenido protagonismo más allá de la pantalla, asentándose en todo el mundo y siendo parte de nuestra historia cotidiana. La riqueza rítmica y una amplia plantilla orquestal sirvió para mostrar las posibilidades de una orquesta hoy joven en la edad de músicos e historia reciente (desde 2006), con buenas secciones y solistas a la que seguramente su titular Christoph König sacará más partido, así como el paso de invitados que engrandecerán esta formación portuguesa.

Aplausos largos y merecidos que sirvieron para escuchar otro número del Aladino danés no elegido en el concierto, la Blackmoor’s Dance, reafirmando mi opinión de ser Nielsen buena piedra de toque para la orquesta.

Con todo un concierto entretenido y distendido para todos, músicos y público de todas las edades aunque mayoritariamente juvenil para una ciudad que tiene en el complejo diseñado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, el referente musical no ya de sus otras salas sino de todo un excelente contenido acorde a lo que entendemos por «Casa de la Música». La visita guiada en la mañana del sábado fue muy fructífera y enriquecedora si muchos gestores españoles tomasen nota de la importancia que la cultura en general y la música en particular tienen en nuestra sociedad desde un enfoque educativo. Por cierto, Portugal un país intervenido con un IVA del 23% aunque los precios generales estén más baratos que en España… y el cultural ¡13%! (creo que sobran explicaciones)..

Sábado saga Sorozábal

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En la historia hay apellidos que son como una marca, más en música donde familias a lo largo de generaciones han mantenido su oficio de fabricantes, intérpretes o compositores, siendo especialmente famosa la familia Bach.

De larga familia musical este sábado 1 de marzo a las 19:00 horas tendrá lugar un concierto de música barroca y renacentista en el Salón de Actos de la Casa de la Música de Mieres con el siguiente

PROGRAMA

Giovanni Paolo Cima: Sonata per il violino. Irene Sorozábal Moreno (flauta de pico) – Nerea Sorozábal Moreno (violonchelo).

J. S Bach: Suite nº 3 en do mayor BWV 1009 para cello solo (Preludio-Allemanda-Sarabanda-Giga). Nerea Sorozábal (violonchelo).

J. S Bach: Partita en do menor para flauta sola BWV 1013 (Allemanda-Courante-Sarabanda-Bourée). Irene Sorozábal (flauta de pico).

Gabriel Fauré: Sicilienne y Romance para cello y piano. Nerea Sorozábal (violonchelo) – Ángel Álvarez Rodríguez (piano).

Pietro Castrucci: Sonata para flauta y bajo (Adagio-Allegro-Adagio-Allegro). Irene Sorozábal (flauta de pico) – Ángel Álvarez Rodríguez (piano).

Anonymus: Chominciamiento di goia (flauta y cello). Irene Sorozábal (flauta de pico) – Nerea Sorozábal (violonchelo).

La curiosidad que quiero reflejar se refiere no ya a la participación del pianista asturiano Ángel Álvarez Rodríguez sino, sobre todo, al protagonismo de dos hermanas de apellido Sorozábal, cual saga o familia donde la música se lleva en los genes: Irene Sorozábal Moreno, flauta de pico, y Nerea Sorozábal Moreno, violoncello, con la responsabilidad que conlleva siempre mantener esa tradición, aunque la trayectoria de ambas sigue dejando muy alta esa genealogía musical.

Nerea e Irene son hijas, nietas y bisnietas de músicos. Su abuelo fue Pablo Sorozábal Serrano (Madrid, 1934- 2007), escritor, traductor y músico: Cantos de Amor y Paz, Cantos de Amor y Lucha, la ópera La tierra roja, así como obras corales y de cámara; también es autor del «Himno de la Comunidad Autónoma de Madrid» con letra de Agustín García Calvo; con su padre el aún más famoso Pablo Sorozábal Mariezcurrena, compuso la música de la zarzuela Las de Caín (estrenada en 1958), basada en una comedia de 1908 escrita por los hermanos Álvarez Quintero y llevada también al cine en 1959.

Sus bisabuelos la cantante Enriqueta Serrano y el gran Pablo Sorozábal Mariezcurrena (Donosti 1897 – Madrid 1988) compositor de la legendaria ópera Juán José y autor de algunas de  las zarzuelas más importantes de nuestro país (Katiuska, La del manojo de rosas, La tabernera del puerto, Black el Payaso, …) entre otras muchas composiciones, sin olvidarnos de canciones poderosas y populares como Maite o la música de un clásico de nuestro cine “Marcelino, pan y vino”.

Irene Sorozábal Moreno (Madrid, 1996) cursa 6º curso de Grado Profesional en el Centro Integrado de Música “Padre Antonio Soler” de San Lorenzo de El Escorial, donde ha recibido clases de flauta de pico con los profesores Fernando Paz y Pepa Megina. A lo largo estos años ha asistido a clases magistrales con Paul Leenhouts, Eric Boosgraaf, Bárbara Sela y Guillermo Peñalver. Junto a su trío del conservatorio ha ganado el concurso “Open Recorder Days” en Amsterdam en el año 2012. Irene está interesada en el canto y además de pertenecer  al coro de la JORCAM entre los años 2011 y 2013, ha recibido clases de canto con Lola Bosom y Bridget Clark. Junto con su hermana Nerea formó el «Dúo Irenea» con el que ha tocado durante todos sus estudios en el conservatorio y los años 2011 y 2013 en el Festival de Música de Piantón (Vegadeo, Asturias).

Nerea Sorozábal Moreno (Madrid, 1994) desde muy pequeña comienza a interesarse por la música y en especial en violoncello, instrumento que aprende con Clara Terán. En el año 2001 es admitida en el Centro Integrado de Música “Padre Antonio Soler” de San Lorenzo de El Escorial y allí empieza a estudiar con la profesora Victoria Méndez y Dimitri Furnadjiev. Al inicio del grado medio completa su formación oficial en el conservatorio con Arantza López y María de Macedo y comienza a asistir a clases magistrales con entre otros Asier Polo, Suzana Stefanovic, Gary Hoffmann, Lluis Claret, Leonardo Luckert y Peter Bruns. En el año 2008 es admitida en la joven Orquesta Iuventas, de la cual es miembro activo durante tres años y toca el Concierto en Do Mayor de F. J. Haydn como solista. Más o menos paralelamente comienza su compromiso con la JORCAM, orquesta de la que será miembro hasta el 2012. En junio de ese 2012 acaba el Grado Profesional con Matrícula de Honor en violoncello y música de cámara, cerrando sus años de estudiante en El Escorial actuando como solista del Triple Concierto de Beethoven bajo la batuta de Giuseppe Mancini. Sus estudios superiores continúan en la Musikhochschule “Felix Mendelssohn Bartholdy” en Leipzig (Alemania) en la clase del violoncellista Peter Bruns. Actualmente cursa el 2º año de «Bachelor» en dicho conservatorio y toca un violoncello francés Goviot prestado por Christian Schneider. Durante el presente curso 2013-14 Nerea es becaria de la Fundación Alexander von Humboldt. Junto a su hermana Irene formó el “Dúo Irenea” con el que han tocado en dos ediciones del Festival de Música de Piantón en Asturias.

Un concierto muy recomendable para este primer sábado de marzo en mi pueblo natal no ya por las obras programadas, variadas y agradables para todos los públicos, sino por la personalidad de esta saga Sorozábal que continúa siendo sinónimo de música. Enhorabuena a los rectores del Conservatorio de Música de Mieres por su esfuerzo y trabajo en plena lucha por mantener la música en nuestro sistema educativo y como oferta cultural para todos en tiempos poco propicios (según los gobernantes) donde la crisis parece ser de valores más que económica.

PODCAST de «La música de la casa»

Placeres eternos e irrepetibles

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Viernes 21 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: concierto de abono 7, OSPA, Ning Feng (violín), Joana Carneiro (directora). Obras de Adams, Shostakovich y Beethoven.

Algunos seguidores del blog han escrito comentando mis entradas como demasiado optimistas la mayoría de las veces y muy parciales (siempre cierto por personales) dado que apenas asistía a conciertos malos. Aquí viene mi innecesaria defensa, pues hace años que Oviedo es referencia para melómanos aunque no siempre tenga la resonancia mediática que se merece, algo que puedo asegurar es objetivo y no me cansaré de repetir y reflejar. Para una región como la nuestra de apenas un millón de habitantes, concentrados en el centro y en plena crisis industrial, minera, nacional… que la musical siga estando en primera línea con todo tipo de sacrificios pienso que debería tener más eco en un país que se está rompiendo por culpa de unos dirigentes incultos y egoístas.

En una semana beethoveniana está bien escuchar otras formaciones orquestales con directores no titulares, siempre en el irrepetible directo para comprobar y comparar, inevitable por otra parte pese a la losa que supone haber degustado exquisiteces irrepetibles. Sigo presumiendo de asturiano melómano con un vagaje musical repleto de figuras mundiales que han pasado por la capital del Principado e incluso de otras que el tiempo acabó convirtiendo en tales, habiendo sido Oviedo su debut o trampolín. Compartir estos placeres irrepetibles los hace aún mayores, y este tercer viernes de febrero ha sido uno de ellos.

Esta semana se ponía al frente de nuestra OSPA la directora portuguesa Joana Carneiro, que afrontó un programa titulado «Beethoven eterno» y en sus notas Hertha Gallego de Torres calificaba de «sentido del ritmo», ampliado aún más hasta «apoteósis del ritmo» que escribía mi amigo Ramón Avello en El Comercio para cada obra: reiterativo, obsesivo y demoniaco, y apoteósis de la danza.

De los compositores contemporáneos, John Adams (1947) está entre los preferidos del público, y estos días está en Madrid donde tiene «carta blanca«. De su ópera Nixon en China emerge con protagonismo propio The Chairman Dances: Foxtrot para orquesta (1985) que ponen a prueba formación y dirección sinfónica como en Oviedo, y con buena nota para todos: la maestra portuguesa con ideas muy claras, precisión, claridad en el gesto y dominio de la partitura, más unos músicos que se nota trabajaron duro para superar todas las dificultades de esta partitura con múltiples cambios de compás, ritmo, tiempos y dinámicas, exigente en empastes y de estilo minimalista que puede caer en lo monótono de no mediar la riqueza interpretativa, destacando la sección de percusión siempre segura junto al piano, en esa importancia rítmica deudora de tantos otros compositores que el propio Adams reconoce.

Palabras mayores el Concierto nº 1 para violín en la menor, op. 77 (antes op. 99) de Shostakovich con el virtuoso Ning Feng y un Stradivarius «MacMillan» (1721) afrontando una de las obras más importantes del ruso. El violinista chino optó por una interpretación introspectiva que la directora lusa supo e hizo acompañar en la misma línea, cuatro movimientos que son cual suite incluso en los títulos: el Nocturne transmite dolor desde la densidad orquestal y el lamento solista; el Scherzo auténtica «broma» de buen gusto plagada de polirritmias y efectos tímbricos en y para todos, con una orquesta atenta y entregada (destacar sólo un arpa pero siempre referencia), contagiada del vigor de solista y dirección, algo exagerada pero tal vez necesaria, segundo movimiento calificado por el gran Oistrach que estrenó la obra de «demoníaco y espinoso», siéndolo Feng literalmente; Passacaglia de la hondura sinfónica a que nos tiene acostumbrado el compositor ruso, exigente para todas las secciones que nuevamente estuvieron a la altura de la obra y el solista volviendo a impactarnos desde una interpretación diría que volcánica por el proceso emocional, para finalmente llegar a la chispeante Burlesca que desencajó a más de uno con la intermedia larga cadenza capaz de acallar las siempre incómodas toses desde una interiorización de dolor y angustia que salía a borbotones inundando de desbordante emoción el auditorio, la montaña rusa musical que suelo utilizar metafóricamente para este tipo de grandes conciertos.

Sin menospreciar a una orquesta que se comportó y la buena concertación de la señora Carneiro, lo del virtuoso chino es para recordar y así lo entendimos todos. La versión que nos regaló -como el día antes en Avilés- de Recuerdos de la Alhambra de Tárrega espero volver a escucharla cuando Radio Clásica emita el concierto, visionar y repetir, con un arco inigualable, capaz de recrear los trémolos guitarrísticos y la melodía en esa joya de violín. Silencio de emoción y otro regalo «caprichoso» del demonio oriental de Paganini el endiablado. Eternidad infernal y placeres nada pecaminosos.

Beethoven siempre eterno y apoteosis de la danza con esta explosión de la Sinfonía nº 7 en la mayor, op 92, una de esas sinfonías que no deben faltar en cada temporada porque siempre resultan distintas según la batuta al frente, y la portuguesa sacó lo bueno de la OSPA, puede que por la elección del tempi correcto en cada movimiento, algo que todos los musicólogos y estudiosos reconocen como parte importante para acertar con el carácter de las obras del genio de Bonn. Aplaudir cómo la «maestrina Carneiro« pareció ganarse a los músicos en las obras de la primera parte para poder disfrutar más en la segunda, aunque siga preguntándome porqué mantener el esquema de concierto cuando este viernes podría haber sido al revés y dejarnos al chino como cierre, aunque es probable que no hubiera marchado regalándonos aún más propinas.

Como balance apuntar en el DEBE menor autocomplacencia para algunos atriles en obras que por muy tocadas parecen «olvidar» son tan exigentes como las nuevas, y la interpretación va más allá del pentagrama. En el HABER la autoexigencia de mantener calidades sonoras alcanzadas no ya en «la séptima» sino en todo este séptimo de abono. De momento saldo positivo, pero hay que aumentarlo, no sólo mantenerlo…

Desigual Beethoven Monumental

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Sábado 15 de febrero, 20:00 horas. Teatro Monumental, XXIV Ciclo de Conciertos Universidad Politécnica de Madrid, concierto comienzo segundo trimestre. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, Coro de la Universidad Politécnica de Madrid (director: Javier Corcuera), Carmen Yepes (piano), Ana Puche (soprano), Ana Häsler (mezzo), Alain Damas (tenor), Isidro Anaya (bajo), Juan Pablo Simón (director). Obras de Beethoven. Entrada segundo entresuelo: 16€ (2,78€ de IVA ¡el 21%!).

Oportunidad única de escuchar estas dos obras sinfónico-corales de Beethoven en el mismo concierto donde el coro anfitrión, al igual que el resto de músicos, no brillaron con igual intensidad en ambas, con una entrada rozando el lleno y mucho público joven.

La Fantasía para piano, coros y orquesta en do menor, Op. 80 tuvo el total protagonismo de la asturiana Carmen Yepes (1979), afincada como docente en Madrid, protagonista literalmente desde el inicio y a lo largo de esta joya (que estrenase el propio Beethoven como pianista), con auténtica magia ambiental conseguida por el feliz entendimiento y complicidad con el maestro Simón y la OSRMurcia, ésta falta de un poco más sonoridad que sí hubo en el coro que bien conoce Juan Pablo, así como el cuarteto solista al que se sumaron Mónica Cendón (soprano) y Javier Roiz (tenor) del propio coro universitario. Presencia clara y decidida en cada intervención pianística, musicalidad a raudales, conjunción en los tutti siempre desde la característica limpieza sonora y los fraseos impecables de una Carmen Yepes que atesora honestidad y magisterio. Difícil alcanzar esta complicidad para una obra agradecida y perfecto complemento de la Sinfonía Coral que ocuparía toda la segunda parte.

Lástima que la Fantasía resultase la cara de moneda, espejismo porque la Sinfonía nº 9 «Coral» en re menor, Op. 125 fue la cruz, palabras mayores que se les empapizaron a los intérpretes dejándonos una versión insípida, descafeinada y hasta soporífera en el tercer movimiento, más lento que «cantabile». Frente a una orquesta sin cohesión ni sonido propio, desajustada por momentos y a la que la batuta invitada no fue revulsivo capaz de transmitir intenciones, con una gama dinámica algo pobre, la entrada del barítono me sonó incluso ofensiva por emisión, color y afinación mientras el tenor era engullido en la mayor parte de sus intervenciones… se me ponía la carne de gallina esperando la deseada oda de Schiller.

Al menos las damas mantuvieron el tipo, tanto Häsler como la completísima Ana Puche Rosado, única en alcanzar mi ubicación con perfecta proyección y emisión sin problemas junto a la orquesta y bien empastada con el cuarteto vocal pero siempre presente. El coro pudo pulir unos fuertes algo chillones -no gritados- aunque afinados, resultando más ajustado en los pianos, jugando en casa pero en un escalón inferior al de otras formaciones españolas que tienen «la novena» en su repertorio habitual, al menos por lo escuchado en este concierto.

La sensación de esta novena fue de impotencia y cierta desgana que pareció transmitirse a casi todos sobre el escenario, limitándose a una lectura sin implicación alguna para una obra monumental que pareció quedarse en ensayo de pago. No parecían los mismos intérpretes de la Fantasía.

Para corroborar o discrepar de mis opiniones, el concierto será retransmitido por La2 en su horario de «máxima audiencia adormecida» a las 8 de la mañana el próximo 15 de marzo, supongo que aprovechando los medios ubicados para los conciertos de la ORTVE que tiene en este viejo «Monumental Cinema» su sede. Al menos mantenemos coro, orquesta y puestos de trabajo.

Furlanetto sigue regalando ópera

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Lunes 10 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Boris Godunov (Mussorgski) versión concierto. Ferruccio Furlanetto (bajo), Anastasia Kalagina (soprano), Garry Magee (barítono), Ain Anger (bajo) y más solistas del Teatro Mariinski, Orchestre National du Capitole de Toulouse, Orfeón Donostiarra (director: Sainz Alfaro), Tugan Sokhiev (director).

En mis años jóvenes acudí a un «Boris Godunov» que pese a su grandiosidad tan solo recuerdo haberme dormido. Corría el año 1986 dentro de la duodécima edición de aquellos festivales internacionales de música y danza de Asturias organizados por la Universidad, sucediendo las primeras Semanas con mi profe Casares en cabeza, y distintas colaboraciones más patrocinios que eran todo un lujo entonces, relevo tomado por el malogrado Luis G. Iberni, y sirven para seguir presumiendo de tradición en la capital del Principado. Los programas de cada festival siguen siendo como reliquias por sus cortas tiradas, de los que conservo algunos con artículos que aún son referentes amén de información que tendré que ordenar algún día (de momento siguen en cajas y archivadores).

Esta vez aguanté despierto las dos horas y cuarto sin descanso gracias a un elenco completo, poderoso, equilibrado, comandado por el maestro Sokhiev, donde el protagonista total resultó el veterano Ferruccio Furlanetto, otro habitual en Oviedo en los años 70 pero que conserva no ya magisterio o cátedra sino un registro de bajo que ya quisieran muchos cantantes actuales. Resultó el más convincente para una ópera en concierto que, con la ayuda de los sobretítulos en español y la profesionalidad de todos, salió más redonda y creíble que algunas del Campoamor, lo que corrobora mi conocida apuesta por la música y las voces antes de nada (serán los años que no perdonan).

Catorce solistas del nivel escuchado no se encuentran fácilmente y menos para esta obra en la versión original (1869) de Don Modesto. Distintas presencias y protagonismos para un reparto impresionante, especialmente en voces graves aunque el tenor John Graham Hall como príncipe Chuiski (o Shuiski, que ya sabemos los problemas con el cirílico) se quedó un escalón por debajo frente a un Anger (Pimen) al que tendré que seguir de cerca. De las féminas la Xenia (ó Yenia) de la soprano Kalagina aunque secundaria me gustó su color vocal, más el de la mezzo Svetlana Lifar como el zarevich Fiodor.

Por supuesto «El Donostiarra» sigue siendo el coro ideal para estas producciones sinfónico-corales y que el director Sokhiev buscó «ex profeso» para ensamblar junto a la orquesta de la que es titular (las campanas fuera de escena repicaron incluso de más), todo un espectáculo dentro de estos conciertos y como propina a la recién finalizada temporada de ópera.

En el Baluarte pamplonés también disfrutaron del evento el sábado, compartiendo y corroborando todo lo escrito en «Beckmesser» por Jose M. Irurzun.

Felicitar a los organizadores por un excelente y grueso programa de mano que además de biografías y notas al programa del doctor González Villalilbre, incluye el libreto en castellano con las siete escenas.

Canciones y poemas con Hampson

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Sábado 8 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Thomas Hampson (barítono), Amsterdam Sinfonietta, Candida Thompson (concertino). Obras de Schönberg, Brahms, Barber, H. Wolf y Schubert.

Regresaba uno de los grandes a la capital asturiana aunque no llenó el auditorio, lástima porque el barítono estadounidense nos dejó en el 2011 un gratísimo homenaje mahleriano. Esta vez cambiaba piano por una joven orquesta de cuerda que fue protagonista plena y auténtica delicia interpretativa en Verklärte Nacht, op. 4 (Schönberg), una «Noche transfigurada» de 1917 revisada en 1943, enmarcada dentro de un programa titulado «Canciones y poemas» con textos más las respectivas traducciones en las notas al programa de Alberto González Lapuente. Nos dejaron encendidas las luces de la sala para poder disfrutar del maridaje letra música al que no es ajeno Schönberg al incorporarnos el poema homónimo de Richard Dehmel para ir entrando en materia. Impresionante sonoridad y sentimiento por parte de este «ensemble» de volúmenes casi sinfónicos con la concertino Candida Thompson al frente, aunque presumen de no tener director titular, que a la vista de lo escuchado no parece necesario cuando además se viene en larga gira europea (Oviedo era última parada española antes de volar a Lisboa) con un programa más que trabajado. Parte del público sigue considerando a Don Arnoldo demasiado moderno, no callaba ni dejaba de toser en el inicio, pero la interpretación de los holandeses no pudo sonar más romántica ni redonda, romanza sin palabras o poesía hecha música, antes de dar paso al protagonista.

Brahms elige para sus Vier ernste Gesänge, op. 121 «Cuatro canciones serias» con textos bíblicos, del Eclesiastés y una Carta a los corintios de San Pablo, protagonistas musicales luteranos de temática mortal (¡cómo resuena en alemán la palabra muerte, «Tod«!) antes de la encíclica más esperanzadora del converso, por lo que Hampson cantó esa oscuridad brahmsiana reforzada con el estreno de esta versión para orquesta de cuerda de David Matthews, que tras la transfiguración inicial puedo decir que nos dejó el corazón en un puño.
Menos mal que la segunda parte alternarían poemas variados a los que la música engrandece, más aún en la voz de un barítono universal capaz de emocionar tanto en la ópera como en el lied, donde cada canción es un microclima sentimental. «La playa de Dover» de Matthew Arnold musicada por Samuel Barber en Dover Beach, op. 3 en nuevo estreno de la versión para barítono y orquesta de cuerda de Marijn van Prooijen todavía rezuma sombras más que luces aunque Hampson saca brillo a todo lo que canta, esta vez en su inglés natal.

Los dos maestros del lied serían protagonistas hasta el final: Hugo Wolf resultó el contrapunto de alegría intercalado con el profundo Schubert, donde los textos casi los entendemos escuchando cómo los recrean Hampson y la Amsterdam Sinfonietta, que nos volvía a dejar una joya instrumental del primero, la Serenata italiana en sol mayor («Italienische Serenade») en arreglo del ya citado Prooijen, antes del Fußreise («Viaje a pie»), el número 10 de los «Mörike-Lieder» que Matthews engrandece en estos arreglos o intervenciones que llaman algunos, pues manteniendo la pureza de la escritura pianística la ensalza en tímbricas y dinámicas increíbles, también para Schubert y su Memnon D541 op. 6 nº 1 con texto de Mayhofer que Thomas Hampson sazonó al punto desde su poderío y gusto, imposible sin los ingredientes holandeses.

Luces y sombras, canciones y poemas, Mörike y Goethe, Wolf «En una caminata» (lied nº15 Auf einer Wanderung) y Schubert «Secreto»(Geheimes op. 14, nº 2) antes de cuadrar un círculo austrogermano total con la alegría del cuento musicado por Wolf Der Rattenfänger («El cazador de ratas«), barítono que lleva de la mano a la orquesta, que recrea con su enorme presencia cada palabra, y esos arreglos mágicos dando mayor rango expresivo al lied vienés, al igual que las dos propinas (en Madrid llegó a cuatro): Anakreons Grab de Wolf, donde el propio barítono recordaba su anterior visita a Oviedo hace algo más de dos años antes de volver a regalarnos el Mahler de los Wunderhorn en arreglos igualmente de Matthews, aunque este sábado quedó algo más frío que en el año del aniversario. Lástima porque la calidad del conjunto se merecía más aplausos y éxito, pero «para gustos, colores», esta vez no brilló el arco iris.

Dedicado a quienes no pudieron estar en Oviedo, dejo aquí incrustado el concierto de Amsterdam, mismo programa para todo el Tour europeo, con propinas y todo:

Allegro MaestroSO

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Viernes 7 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA: Concierto de abono nº 6 «El pasado recobrado»: Teo Gheorghiu (piano), Perry So (director), Claudio Abbado in memoriam. Obras de G. Gabrieli, Beethoven y Stravinsky.

Regresaba el alegre maestro Perry So al frente de la OSPA con un programa variado bien comentado por María Antonia Barnés Vigil tanto en las notas al programa (enlazadas en los autores) como en la interesante conferencia previa de la que tomaré su hilo argumental sobre los distintos diálogos y en memoria del director recién fallecido Abbado.

Como ya sucediese la temporada pasada, se introdujo en el programa música camerística, esta vez a cargo de «los bronces» propios para escuchar el efectista G. Gabrieli con dos canzone flanqueando una sonata, obras todas de 1597 (Sacra Symphonia), aunque puestos a innovar hubiese quedado genial haber colocado en los laterales del segundo piso los metales precisamente para disfrutarlo acústicamente en el auditorio cual San Marcos veneciano, y la profesora Barnés hablaba precisamente de «diálogo con la arquitectura» en el caso del compositor italiano. Mejor la Sonata pian’e forte a dos (trompeta, trompa, trombón y trombón bajo más tuba) sin herencia vocal y auténtica delicia de matices (de aquí surgen los términos «piano» y «forte» en cuanto a intensidades, un coro o ambos, entendiendo por tal las balconadas enfrentadas donde se ubicaban en Venecia) que la Canzon primi toni (dos, cuatro, dos) algo destemplada para arrancar, o la Canzon septimi toni nº 2 mejor empastada. Se agradece escuchar música barroca aunque no sea sinfónica sino camerística, si bien no creo que encaje en los conciertos de abono, dejando claro que no la considero menor ni una rebaja incluir a los músicos propios como solistas en la temporada.

El piano de Beethoven siempre es un placer, y de sus conciertos aún tenemos reciente el segundo nada menos que con «la Pires y los vieneses». Probablemente menos escuchado que el «Emperador» pero de preparación, experimentación y muchos puntos en común, el Concierto para piano nº 4 en sol mayor, op. 58 en las manos del joven Teo Gheorghiu resultó globalmente honrado, versión íntima y perfectamente concertada por el maestro So, atento a cada detalle (destacar la recolocación de los contrabajos detrás a la izquierda o la utilización de timbales antiguos), diálogo del director con todos, también el imprescindible entre solista y orquesta, escuchándose en una obra de «diálogo interior». Pese a ser obra nueva en el repertorio del actor y joven pianista suizo de sangre rumana, nacionalidad canadiense y sentimiento londinense, resultó convincente desde el inicio del Allegro moderato, marcando el tiempo a seguir, con claridad sonora y expositiva. Necesitará tiempo para profundizar pero lo apuntado dejó buenas sensaciones tanto en las cadencias como en el Rondo: Vivace impetuoso y contrastado con el Andante con moto donde el diálogo con las violas resultó conmovedor.

La Balada nº 3 en la bemol mayor, op. 47 de Chopin fue una generosa propina corroborando su trayectoria más que prometedora desde su infancia, aunque personalmente no subiese el escalón de emocionarme, algo siempre subjetivo pero nuevamente impecable y con ese ímpetu juvenil.

La segunda parte otro mundo que es el mismo, el nuestro: Stravinsky enamorado de la Venecia que arrancaba el concierto, con la Sinfonía en Do (1939-1940) compuesta entre Europa y Estados Unidos, recuerdos de Beethoven y Tchaikovsky, dos primeros movimientos casi vieneses y los otros dos realmente de slogan «genuino sabor americano», el diálogo con el pasado desde el conocimiento y maestría compositiva y el otro diálogo de director-orquesta que resultó lo mejor de este primer viernes de febrero.

Los cuatro movimientos clásicos desarrollados con maestría y complicidad, la que Perry So alcanza con la OSPA en cada visita, química en esta partitura que volvió a reencontrar lo mejor de nuestra formación sin recuperar excelencias anteriores pero manteniendo una esperanza que todos queremos cristalice en realidad permanente.

Regalos y magia del cinco musical

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Jueves 23 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Javier Perianes (piano), Cuarteto Quiroga. Obras de Haydn, Muñiz y Schumann.

La música de cámara en un entorno propicio con la caja acústica colocada, el cuarteto como formación cumbre añadiendo el piano para comprobar que 4+1 en música es mucho más que 5, y en mi 55 cumpleaños nada menos que dos 5, doble igualmente: un quinteto estreno mundial de un compositor asturiano al que «nacieron» en Suiza, colocado entre dos grandes. Mejor regalo imposible con intérpretes de primera y programa para degustar desde el primer 4 a los dos 5 más un tercero de propina.

El Cuarteto op. 20 nº 1 en mi bemol mayor, Hob. III:31 (Haydn) forma parte de los seis llamados cuartetos «Sol» por el dibujo de la portada de su primera edición aunque también «cuartetos grandes», apasionados, audaces, perfecto equilibrio entre los cuatro instrumentos y con la forma sonata plenamente asentada, como bien nos recuerda el doctor Ramón Sobrino Sánchez en las notas al programa, cuatro movimientos que el Cuarteto Quiroga interpretó de manera magistral y serán parte fundamental en muchos conciertos de este 2014. El entendimiento de sus cuatro componentes (Aitor Hevia, Cibrán Sierra, Josep Puchades y Helena Poggio) es la base para poder afrontar esta música con el debido respeto al original y el toque personal de un sonido propio –con los «Stradivarius» del Palacio Real debe ser algo increíble- capaz de afrontar repertorios de todos los tiempos, en este caso el clásico, donde cada intérprete es un virtuoso y juntos forman el cuarteto perfecto. A destacar el tercer movimiento Affetuoso e sostenuto de sonoridades íntimas con protagonismo del asturiano Hevia, y el cierre del Finale: presto amplio y exigente para los cuatro componentes.

Tras este aperitivo de auténtico lujo, el pianista onubense Javier Perianes se reecontraba y sumaba al Cuarteto Quiroga con el que completaría este concierto dentro de las jornadas dedicadas al piano, esta vez en quinteto merecedor también de protagonismo, mayor con el estreno mundial del Quinteto con piano nº 2 de Jorge Muñiz (1974), obra encargo de estas jornadas y escrito precisamente para «el Quiroga», fechado en Columbia, Missouri, el 30 de agosto de 2012. Estructurado en cuatro movimientos bien explicados tanto en las notas al programa como por el propio compositor en el periódico LNE, suelo hacer anotaciones en los estrenos mundiales y esta vez también. Imposible explicar en pocas líneas más de veinte minutos donde el piano emerge del cuarteto, otros momentos dialogan e incluso alternan protagonismos. Se ha bautizado este segundo quinteto de Muñiz como «Quinteto Mississippi» no ya por ser hilo conductor y sello «made in USA» con reminiscencias de Falla y el «agua granadina», sino por un auténtico fluir musical de una partitura muy bien construida, con el oficio basado en el respeto a la tradición, que precisamente permite estar enmarcado entre Haydn y Schumann, del que uno de sus maestros, Leoncio Diéguez, se habrá sentido muy orgulloso en este estreno, y un lenguaje yanqui lógico por formación y temática de la obra. Dejo unas breves notas o apuntes tomados a vuelapluma de cada «etapa de viaje»:

I. Preamble. Lake Itasca, Minnesota. El piano arranca en los graves las primeras gotas del río, sumándose viola y cello en oscuridad que irá tomando cuerpo progresivamente en cuarteto dialogando con el piano, protagonista junto con el cello y silencios expresivos antes de seguir fluyendo motivos claros, rítmicos, poderosos cual las «Noches de Falla» donde el cuarteto suena a orquesta en un diálogo de amplias dinámicas.

II. Scherzo. St. Louis, Missouri. De nuevo el piano solo al comienzo, acelerando y acercándonos con los «pizzicati» para ambientarnos claramente en un ragtime de escritura hermosa y clara como el propio río, piano y cuerdas «con legno», dinámicas que engradecen el cauce musical, ritmos saltarines que atraviesan zonas sombrías de las que emerge un blues, reminiscencias de Gershwin en un piano arpegiado y cuerda coprotagonista, ritmos melódicos y «crescendi» casi atonal con la vuelta al «rag». Un móvil nos devolvió a la dura realidad (la mala educación siempre incorregible).

III. Ballad. Memphis, Tennesse. Será el cello quien comience esta etapa del viaje, timbre casi humano, homenaje a Elvis y los años 50, magia del 5, ¿el término medio?, notas largas, armónicos y climas etéreos con juegos de texturas donde el piano se despereza en el calor sureño, animándose sin prisas bien arropado por una cuerda en pizzicati y referencias al jazz y Shostakovich, fuentes o río siempre inspirador en compás ternario y melodías claras, solo de viola incluido, combinando los cinco elementos para un final de movimiento bellísimamente armonizado.

IV. Finale. New Orleans, Louisiana. «Tutti» para la desembocadura en el Golfo de México, sones hispanos (reafirmo «las noches» de Falla) y de «Far West», ritmos de ferrocarril sin protagonismos pero respirando el sur más cinematográfico y caleidoscópico, accesible para todos en una escritura magistral que no cae en lo comercial pese a la cercanía. Quinteto con piano más que piano y cuarteto, juegos dinámicos y rítmicos sin perder nunca «punch», conjunción tímbrica perfecta donde las octavas en el piano y los «pichicatos» de la cuerda consiguen colorear de yanqui los recuerdos de Falla, Gershwin y hasta Steve Reich.

Excelente obra de un Jorge Muñiz ya maduro, afincado en los EE.UU. de América pero con sus raíces siempre claras.

Para toda la segunda parte Schumann y su Quinteto para piano y cuerdas en mi bemol mayor, op. 44, compuesto en 1842 y dedicado a Clara Wieck, siendo de los primeros quintetos donde piano y cuerda son tratados en igualdad, algo que «Perianes y el Quiroga» tienen asumido, una conjunción impecable para una partitura exigente y fresca que ya llevan rodada pero disfrutan siempre, contagiando al público de ese goce en escena. El enérgico Allegro brillante paladeando las melodías de los lieder de Robert en las cuerdas graves, el «modo de marcha» fúnebre del segundo movimiento con tímbrica y ritmo contrastado con el agitado centro temático, el Scherzo lleno de modulaciones para disfrute del quinteto y modelo que retomará Brahms (también interpretado por nuestros protagonistas) hasta ese Allegro ma non troppo final que es cual montaña rusa de modulaciones y dinámicas enérgicas pero tradicionales, fuga incluida bien delineada por unos músicos de primera que suenan como auténtica unidad, múltiples corazones y una misma alma, y ya que uno es acuario por nacimiento, cinco remeros sin timonel en esta tarde de mucha referencia acuática, dignos no ya de un «Elogio del Cuarteto» sino de toda un «Romance mágico del cinco».

La propina no hizo sino confirmar el buen momento de nuestra música de cámara, solistas de talla mundial que en conjunto no sacrifican sino que comparten magisterio dándonos alegrías y regalos como el de este día de mi quincuagésimo quinto cumpleaños. Gracias porque así da gusto sumar.

Juan Barahona: pasión y trabajo infatigable

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Miércoles 22 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo, concierto 2 del año (Año 108, 1.901 de la sociedad): Juan Andrés Barahona (piano). Obras de Schubert y Beethoven.

Cuando la música se lleva en los genes y no hay rechazo, solamente puede haber pasión. Juan Andrés Barahona (1989), un pianista asturiano al que «nacieron» en París y ciudadano del mundo como buen músico, no sólo transmite pasión desde el piano (con orquesta de solista o en trío, pero también en solitario como este debut en la centenaria Filarmónica carbayona por la que han pasado enormes talentos a los que se suma ahora Juan) sino que detrás hay todo un ímprobo trabajo, sólo posible precisamente desde la búsqueda de la perfección.

De sólida formación desde sus inicios, siempre destacando por su infatigable deseo de mejorar, continúa sus estudios en el londinense «Royal College of Music«, agradeciéndole esta escapada a casa para ofrecer dos recitales con un programa cargado de dificultad e interpretado desde una madura juventud, aunque en Oviedo el viejo «Steinway» no respondió como el intérprete se merecía, comprendiendo a las figuras que exigen un modelo concreto o incluso viajando con su propio piano. Si el pedal izquierdo cambiaba no ya la dinámica sino el timbre, el central no siempre enganchaba la nota deseada y el derecho no volvía del todo a la posición inicial al soltarlo, el desequilibrio entre los registros graves y agudos resultó un «hándicap» más con el que Juan Barahona tuvo que luchar, saliendo indemne aunque seguramente algo disgustado precisamente por su anhelo de perfección truncado por el propio instrumento que tanto ama, que esta vez no le respondió en un programa que representa «el mayor grado de refinamiento y madurez» de los dos compositores enterrados en Viena.

Los Cuatro impromptus D. 935 de Schubert son, como comentaba en la entrevista de Javier Neira para el periódico LNE esta misma semana (que dejo a continuación), para interpretar hablando desde el corazón, joyas para degustar individualmente -conocidos los centrales en la bemol mayor y si bemol mayor– pero toda una obra iniciática en este último conjunto cuaternario, exigente no ya técnicamente, que lo es, sino interpretativamente por todo lo introspectivo de un compositor como el vienés que en cada impromptu explora sonoridades y emociones, evolucionando como si el joven Barahona hubiese interiorizado todo el dolor de esas composiciones, dándoles la atmósfera propia a cada uno desde tiempos contenidos contrapuestos a pasajes más ligeros y brillantes (especialmente en el tercero) desde un «rubato» siempre ajustado para degustar cada microcosmos y dotarlos de una unidad orgánica en el conjunto.

Y si Schubert «habla desde su propio corazón», la Sonata nº 29 op. 106 en si bemol mayor, «Hammerklavier» (1818) de Beethoven «se dirige a toda la humanidad» desde la inmensidad de una obra gigantesca, compleja, cumbre interpretativa de la que el propio compositor al finalizarla dijo «Ahora ya sé componer», al alcance de pocos pianistas pero que Juan Barahona demostró sin complejos cómo afrontarla desde la fuerza e ímpetu juvenil capaz de todo: enérgico el Allegro, descaradamente fresco el Scherzo: Assai Vivace, profundo lirismo en el Adagio Sostenuto que hasta «domó el Steinway», y arrebatador Largo – Allegro Risoluto completando una interpretación para quitarse el sombrero, lo que el público valoró con una larga y merecida ovación, devuelta nada menos que con dos propinas tras el esfuerzo titánico del recital: la «Siciliana» del Concierto para órgano en re menor de Bach / Vivaldi, y después Margaritas (Daisies para voz y piano) en arreglo del propio Rachmaninov, un compositor con el que Juan me hace disfrutar especialmente.

Como curiosidad constatar el cambio de atuendo en las dos partes: traje negro con camisa blanca en la primera, pero camisa negra sin chaqueta para la segunda, buscando seguramente más comodidad y menos calores para el volcán beethoveniano.

Siempre un placer disfrutar de la música de piano, aún mayor cuando un intérprete afronta un programa tan difícil desde la honestidad y el trabajo sin descanso, pero con una pasión que nos contagió a todos.

El Mesías renacido

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Viernes 20 de diciembre, 20:00 horas: Catedral de Oviedo, Concierto Extraordinario «Europa canta a la Navidad»: El Mesías (G. F. Haendel). Ana Quintans (soprano), José Hernández-Pastor (contratenor), Andrew Tortise (tenor), Andreas Wolf (bajo barítono), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (José Esteban García Miranda, maestro de coro), OSPA, Aarón Zapico (director).

«El Mesías de la Catedral de Oviedo» es una cita ineludible desde hace muchos años para los aficionados y público variopinto que siempre llena hasta los pasillos para arrancar musicalmente las vacaciones de Navidad. Pese a llegar con hora y cuarto de antelación mi ubicación hubo de ser lateral puesto que la nave central estaba reservada casi hasta la mitad para los invitados y autoridades habituales, lo que no me impediría disfrutar con otro «Mesías» siempre distinto cada año con dos protagonistas fijos, coro y orquesta (lógicamente con la plantilla adecuada para la obra), siendo solistas y director los que marcan diferencias.

Volvía el director asturiano Aarón Zapico al frente de la OSPA para hacer de este oratorio de Händel una nueva versión y visión fresca, luminosa, viva desde el conocimiento que de la música barroca tiene con su Forma Antiqva, haciendo del proyecto «mesiánico» una nueva formación incorporada a su ya larga lista de programas, donde no faltó el concertino Jorge Jiménez o sus hermanos Daniel (tiorba) y Pablo (archilaud) que se sumaron al continuo junto a la clavecinista y organista Silvia Márquez.

Los detalles marcan diferencias y la apuesta era arriesgada, incluso criticada por algunos que preferirían un Zapikov para encumbrarlo como referente de los «mesías catedralicios». El concepto barroco va unido al contraste en su amplia acepción, y así lo entendió el director asturiano: contrastes bien marcados en los tiempos, casi diría que extremos, en las dinámicas cercanas a los reguladores aún no datados pero sutiles para remarcar dramatismos casi teatrales, en las articulaciones (algunas de cosecha propia en el continuo) y especialmente en los silencios tan protagonistas y preparatorios de los compases siguientes, sin olvidar unos puntuales pizzicati que subrayaron protagonismo vocal.

Excelentes el bajo barítono alemán en cada aria y la soprano portuguesa con intervenciones solventes, seguras y siempre de una musicalidad única con un colorido vocal perfecto para estas obras, más allá del conocido Rejoice graetly o el dúo con el concertino en medio del pasillo del aria I know that my Redeemer... El tenor inglés no desentonó y cumplió sobradamente sus difíciles partes, con unos recitativos de auténtica escuela británica y arias bien sentidas. No puedo decir lo mismo del contratenor valenciano, que no parece estar en su mejor momento, opaco, sin apenas proyección, soso y desafinando por momentos, aunque con la soprano empastase bien, pero engullido por el acompañamiento… lástima que bajase tanto un muy buen nivel de solistas y me hiciese añorar al gran Carlos Mena del año pasado.

El coro tiene tan interiorizada esta obra que cada año se pliega a las exigencias de los distintos directores con auténtica profesionalidad y versatilidad. En la versión de Zapico optando por tiempos siempre ajustados y opuestos, los pasajes rápidos sonaron contundentes (a pesar de la siempre molesta reverberación de la catedral) con agilidades cómodas, frente a los lentos maduros de emisión perfecta y bien equilibrada con los instrumentos; sobresalientes los matices tan diferenciados, los pianísimos de recogimiento y los fortísimos potentes sin escandalizar, desde la contención siempre necesaria. A muchos sorprendió el conocido Hallelujahh (bisado al final y los solistas sumados al coro) en esta línea distinta y contrastante dinámicamente, y sobre todo el Amen que sonó dual, espiritual el primero y explosión final para una perfecta conclusión.

La orquesta reducida para estas ocasiones, con el  continuo y el comentado concertino habitual cuando Aarón Zapico dirige, un auténtico placer sonoro y técnico en cada sección, con unos timbales recogidos que nunca enturbiaron el ambiente sereno de sus intervenciones, la madera fundida con el continuo o doblando voces siempre en un plano de perfecto empaste y presencia, la cuerda con fraseos y ataques ideales para el barroco, al que siempre se debe volver, y la trompeta solista que nunca sonó tan perfecta no sólo de musicalidad sino de presencia en la catedral, todo llevado con la pasión y dominio del Maestro Zapico que con El Mesías ha realizado un auténtico doctorado en casa, auténtico renacer de una obra señera en la historia de la música.

Esperamos que en 2014 esta cita pase al Auditorio, incluso cobrando una pequeña entrada que evite públicos curiosos, a menudo maleducados, abandonando sin pudor ni rubor el recinto en medio de momentos casi espirituales rotos por taconeos o comentarios. Aunque creo que la Catedral volverá a recibir un Elías de Mendelssohn que también puede hacer historia en Asturias, pero eso será en las siguientes vacaciones, ahora tocan las navideñas.

FELICES FIESTAS
P. D.: Críticas en El Comercio y La Nueva España del sábado 21.

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