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Hay talento musical en Asturias

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Viernes 17 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Hecho en Asturias: OSPA, Beatriz Díaz (soprano), Jorge Monte de Fez (trompa), Alejandro Viana (violonchelo), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (director de coro: José Esteban García Miranda), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Tchaikovsky, Mozart y Manuel Fernández Avello. Entrada butaca: 5 €.

Penúltimo concierto de la OSPA tras finalizar la temporada de abono repitiendo la apuesta por lo Fecho n’Asturies del año pasado también con la dirección de Daniel Sanchez Velasco y trayéndonos al auditorio ovetense a tres solistas más un estreno absoluto, la apuesta por el talento de esta tierra nuestra. Se sigue a la espera de un concertino por lo que volvía como invitado Benjamin Ziervogel. Preocupante la poca asistencia de público pese a lo económico de las entradas, y eso que los propios intérpretes ya mueven aficionados no habituales en otros conciertos, pero alguien tendrá que hacer una profunda reflexión sobre el éxodo de seguidores que no hubo en otras ofertas musicales de la capital en esta temporada que va tocando punto final.

Tras una presentación por parte de Sánchez Velasco, el concierto comenzaba con Tchaikovsky y sus Variaciones sobre un tema rococó, op. 33, TH 57 (Moderato assai, quasi Andante – Tema: Moderato semplice; Var. I: Tempo della Thema; Var. II: Tempo della Thema; Var. III: Andante sostenuto; Var. IV: Andante grazioso; Var. V: Allegro moderato; Var. VI: Andante; Var. VII; Coda: Allegro vivo) con el último ganador del Concurso Internacional de Llanes 2018, el madrileño Alejandro Viana (1996), a quien la pandemia impidió el premio de ofrecerlo entonces pero quedando saldada la deuda este viernes. Buena interpretación y sonido en esta página maravillosa del compositor ruso, limpio y claro en las variaciones rápidas y cantabile en las lentas, bien interiorizada la obra con una OSPA adaptada en dinámicas y buen balance con el solista como mantuvo Sánchez Velasco a lo largo de toda la obra.

Uno de nuestros solistas de prestigio, a quien disfrutamos por dos veces en este auditorio (2014 y 2016) con la Filarmónica della Scala, es el trompista ovetense Jorge Monte de Fez (1986) que nos brindaría el conocido Concierto para trompa nº4 en mi bemol mayor, K. 495 (I. Allegro maestoso: II. Romanza: Andante cantabile; III. Rondó: Allegro vivace) de Mozart, partitura de referencia en el instrumento del que Monte de Fez brindó un sonido compacto, aterciopelado, bien templado y hasta bello, especialmente en el popular rondó final, con una cadenza en el primer movimiento verdaderamente espectacular. De nuevo la OSPA arropó con corrección y gusto al solista, Sánchez Velasco concertando a la perfección, permitiendo no ya el lucimiento de la trompa sino también el necesario equilibrio de volúmenes, contenidos y en su sitio.

Tras la pausa llegaría el esperado estreno absoluto del valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), su cantata Señaldades para solista, coro y orquesta, una obra que en cierto modo ampliaba su «Álbum de Canciones» de 2010 para soprano y piano también con la allerana Beatriz Díaz, sobre versos de Juan Mª Acebal, Pín de Pría y Fernán-Coronas. Evidentemente orquestar va más allá, y añadir un coro le da enjundia a ese intento de cantata profana sobre referencias melódicas a nuestro folklore,  especialmente las rítmicas donde no pueden faltar las vaqueiras y añadas.

Con doce números, Señaldades (en asturiano «sentimientos que produce la separación de la persona o cosa querida») tiene una obertura e interludio instrumentales, con los primeros números pares donde interviene la voz solista y después en los impares, alternando con un gran coro conformado en esta ocasión por 42 mujeres y 27 hombres, de orquestación potente en efectivos con abundante viento y percusión más un piano evocador de las canciones primigenias. Ante tal despliegue, evidentemente no se pueden equilibrar volúmenes entre soprano y orquesta pese a los buenos intentos de Sánchez Velasco, incluso «partiendo» la cuerda en algunos números. Tampoco la tesitura para la que está escrita favorece el lucimiento ni siquiera el del coro pese a los efectivos que La Fundación dirigida por mi querido Pepu (hoy sumándose a los tenores) ya con muchas ganas de volver a escena y sin mascarillas. No se les escuchó muy cómodos en ninguna de las cuerdas aunque tengan momentos de «bravura» que al menos sirvieron para desencorsetarse para recuperar el estado de forma coral.

Probablemente la fórmula funcionase mejor reduciendo efectivos hasta una formación más camerística donde ni en los «pianos» pudimos disfrutar, pues la cantata tiene buenos mimbres pero se fue de tamaño. Una lástima que nos impidió disfrutar más de este estreno. Los números de que consta son:

I. Obertura; II. Durme nenu; III. Dende la mesma ventana; IV. Carril vieya; V. La sardinera; VI. Interludio; VII. Coidosura; VIII. La fonte de fascura; IX. Augua de la fonte; X. La nuiche; XI.  Cantar y más cantar; XII. Epílogo.

Sí funcionaron mejor las partes instrumentales pero una lástima el resto, desde la añada del segundo tapada por la orquesta, algo mejor la vaqueira con el coro en el número siguiente, interesante el cambio de lento a rápido del cuarto, y preocupante el undécimo de tempo medio pero con registros extremos y demasiado grave para la soprano asturiana que defendió y se entregó con todo el esfuerzo vocal para esta complicada interpretación de la cantata del compositor valdesano que subió a felicitar al equipo y recoger los aplausos del público. Supongo que en la grabación los técnicos de sonido consigan el balance necesario que siempre mejora el directo, pero queda el sabor agridulce de lo que pudo haber sido y no fue.

Con este concierto, desigual como toda la temporada, me despido de este irregular y extraño curso escolar, esperando que el próximo mejore todo.

Sangría, jamón y zarzuela «Off»

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Sábado 12 de febrero de 2022, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo, XXIX Festival de Teatro Lírico Español, Oviedo: Off. Zarzuela, The Land of Joy (La tierra de la alegría) de Joaquín Valverde Sanjuán. Entrada butaca (con descuento para los abonados al Festival):  16 €.
Reseña para Opera World del domingo 13, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

En Oviedo la ópera finaliza y da el relevo a la zarzuela que alcanza en este año su vigesimonovena edición, aunque con un título fuera del ciclo con representación única, supongo que de ahí lo de OFF Zarzuela, pues se trata de una revista u opereta angloespañola, que así se definía entonces, bilingüe y estrenada en Nueva York en 1917, rescatada y recuperada por la musicóloga Miriam Perandones. En su momento supuso todo un reto aunar la llamada música ligera en la que Quinito Valverde era una figura reconocida además de digno heredero de su padre Joaquín Valverde Durán, con las melodías del gusto americano que tanto nos recuerdan los musicales de Broadway donde también sería representada esta «Tierra de la alegría» que viajaría con éxito por Europa antes de saltar el charco.

Buena idea de promocionar nuestra España con todos los tópicos del momento, toros y flamenco, folklore y zarzuela todo en uno para una campaña turística que hubiese firmado el mismísimo Fraga Iribarne unos lustros después, añadiendo jamón rancio y sangría con vino barato. Difícil trasladar de época este «pastiche» de números musicales bien orquestados por Borja Mariño y con un trío lírico de altura que sólo pudo defender sus intervenciones con la máxima dignidad, al igual que el coro de mujeres de la «Capilla Polifónica» o la propia Oviedo Filarmonía con Pérez-Sierra al mando.

La adaptación del libreto resultó sin gracia, histrionismo contagioso por parte de Alberto Frías cual López Vázquez, los Ozores o el «landismo» de los últimos años de dictadura fuera de toda la actualidad o renovación buscada, si bien la idea primigenia era «reírse de los tópicos». Salvo el final del aclamado, mediático y popular Rodrigo Cuevas interpretándose a sí mismo, el más aplaudido de un trío de cantantes con textos hablados que no encajaban ni pegaban con los cantados en un intento de dar cohesión a una trama pobre en «decorados». Las proyecciones de collages variados (desde Curro Jiménez o El Quijote, hasta un caducado y descolorido jamón más un Arguiñano que en los 60 debería estar de «pinche de cocina«) no sirvieron para suplirlos, ni tampoco contribuyeron a dar empaque un atrezzo hecho sobre la marcha y una ¿puesta en escena? donde hasta las chicas resultaban perdidas con unos movimientos poco acompasados, aunque defendiendo bien tanto su primer número de «taquimecanógrafas» como la socorrida corrida de toros sevillana en una Feria de Abril con este frío carnavalesco, números cantados con mascarilla,  Con todo, la música siga siendo la mejor terapia y así debíamos entender esta «tierra de alegrías» que no fue pareja entre lo visto y lo escuchado, echando a perder una oportunidad de rescatar del olvido unas partituras que probablemente volverán al cajón.

Una lástima tener a tres voces que brillaron más en los «números ingleses», apropiados a sus tesituras, pues los españoles mantenían unos registros tan extremos que no quiero imaginarme cómo sonarían hace más de cien años. Cantados por Beatriz Díaz, de nuevo completa actoral y vocalmente, pero encasillándola en unos papeles que no le hacen justicia; otro tanto de Marina Pardo, lidiando con un rol poco agradecido para su color, y David Menéndez, al que llamaban Bogart cuando la trama era la del cafetero Cluny que así figuraba en el programa, soportando las morcillas literales o unos «Clavelitos» que no eran el hit de la tuna sino un nuevo intento de risa fácil.

El «espanglish» ya trasnochado (chechan of chan) tampoco resultó simpático para esta sociedad actual, y la provocación llegaría con Rodrigo Cuevas, el único amplificado del reparto, cuya «Serafina» fue de cuplé drag-queen que parte del público que llenaría el Campoamor, esperaba como fin de fiesta. No importaron los bien cantados dúos de Díaz y Menéndez (There’s A Chapter) o el buen hacer de Pardo, tampoco los esfuerzos femeninos del coro y la ilusión de tres de ellas en su minuto de gloria. Tampoco la sonoridad cercana y cuidada de la orquesta titular del festival, sin Lucas Macías pero con José Miguel Pérez-Sierra, máxima profesionalidad en todos ellos para defender lo indefendible en una hora y media de espectáculo. Todo parecía encaminarse al espectáculo final, verdadero reclamo del autodenominado «agitador folclórico», buena publicidad de la agencia del embaucador Alberto Albert para un mal montaje que echó por tierra toda la campaña prevista en el guión, aunque los «guiris» sigan eligiendo España de destino turístico, olvidando que no solo tenemos sangría y jamón, con la zarzuela mal empleada como banda sonora.

Ficha:

Teatro Campoamor de Oviedo, sábado 12 de febrero de 2022, 20:00 horas. The Land of Joy (La tierra de la alegría). Música: Joaquín Valverde Sanjuán. Libreto: Eulogio Velasco, José F. Elizondo y Ruth Boyd Ober. Revista angloespañola en dos actos y un prólogo, estrenada en el Park Theatre de Nueva York el 31 de octubre de 1917, recuperada por Miriam Perandones LozanoSalma YerBeatriz Díaz. Lola RubioMarina Pardo. David Cluny / H. BogartDavid Menéndez. Alberto AlbertAlberto Frías. Rodrigo «El Adivino» / Lola MontielRodrigo Cuevas. Dirección musical, José Miguel Pérez-SierraOviedo Filarmonía. Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Dirección del coro, José Manuel San Emeterio. Dirección de escena, Bárbara Lluch. Arreglos musicales, Borja Mariño. Adaptación del libreto, Susana Gómez. Vestuario, Clara Peluffo. Diseño de iluminación, David Hortelano.

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar cuanto antes este «bicho» del Covid que lleva ya demasiado tiempo entre nosotros y ha trastocado todas las vidas, además de llevarse muchas por delante.
Musicalmente, y a la vista de las cambiantes circunstancias, mantener toda la música posible en vivo, aunque sea con mascarillas y todas las medidas que ya hemos asimilado hasta para estar en el cole, y si puede ser con los aforos completos, aún mejor. Sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesitar aniversarios pido, como todo los años que son como mi Scalextric, poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa y también la Escolanía de Covadonga con la de San Salvador…) y nuestros solistas, de los que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista…
Eso sí, mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigió en Barcelona cuando estuvo de titular y ya que se despide de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le diesen una orquesta para este 2022 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos otro incluyendo un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados de ambos.
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, y que sigan grabando nuevos discos.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (de docente en Madrid), sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien trabajar mucho este recién estrenado e incierto 2022.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que en el año pasado y pese a todas las circunstancias, han seguido de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos.
Para La Dama del Alba de mi querido Luis Vázquez del Fresno creo que ya me escucharon el pasado 2021 con la «sorpresa» de poder estrenarla al fin este año de «los dos patitos» tras tantos lustros de ilusión. Veo que la esperanza tampoco podemos perderla.
Y por mantenerla, pido para los llamados «gestores culturales» se olviden de una crisis permanente (Covid aparte), pues la intelectual sigue tan contagiosa como la Omicron, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotero barato sino por la calidad contrastada, incluso variar de agencias de contratación… y sobre todo ¡no más recortes, cancelaciones, ni cierres!, pues saben de sobra que la Cultura es Segura.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez, emigrado a Alemania, y María Ovín en la OSPA), creciendo y cumpliendo años… solo desearles mucho éxito.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que traigan 2022 y más. Además de darle las gracias de nuevo, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo (especialmente un Mozart que pido pueda llevar a las tablas) y en mayo cruzará de nuevo el charco llevando su prodigioso talento a Brasil como verdadera embajadora de Asturias y España. Que siga creciendo su agenda aunque espere mucha más ópera en el Campoamor como protagonista (de la zarzuela no me quejaré) y le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid o el Liceu barcelonés, pues en Italia saben que es muy querida, recordándoles que en Londres, Nueva York o Viena aún no se han enterado y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que ya está bien de pedir… al menos mantenerla en Asturias.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen.
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el ya finalizado 2021. A pesar de todo (de la Lotería no les pido que toque), que mantengan su Banda Sinfónica, dirigida por Antonio Cánovas, al mismo nivel tras tres años sin pararla ni siquiera el Covid, llevando su música, además del nombre de nuestra Villa, lo más lejos posible, con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos como el de nueva normalidad. Me entristece ver que la Ley Celáa se impone y ya van demasiadas para empeorar progresivamente en pos de una generación de ignorantes digitales… A esta ya no me apunto y abandonaré cansado (por no decir asqueado).
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas de las que mejor no opinar y menos las que se han inventado como ¡estáticas! y hasta con Baltasar descolorido) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Y como siempre, que no se me olvide
Pablito, 12 años.

Trío solidario y asturiano

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Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Sueños de amor, cariño y pasión

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Miércoles 27 de octubre, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos. Concierto 1639 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: «Los históricos de la Filarmónica: Vázquez del Fresno»Cantarinos pa que suañes. Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano y compositor).

Los homenajes deben hacerse siempre en vida, y a ser posible en la tierra natal. La centenaria sociedad gijonesa rendía este último miércoles de octubre el merecido a Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) uno de sus socios que además debutó en ella como pianista hace 50 años, apoyado desde los inicios, disfrutando como espectador, triunfando como intérprete y haciéndonos disfrutar a sus fieles seguidores, que con los años terminamos siendo amigos.

La ventaja de cumplir años me permite poder compartir la trayectoria de este músico integral al que admiré en los conciertos que daba en Mieres, entonces también con Filarmónica local, donde como estudiante de piano le admiraba y pude escuchar el estreno de sus Audiogramas (de los que hoy nos regaló  el intermedio segundo) dedicado a su malogrado paisano y compañero Jesús González Alonso, a quien recordaré toda mi vida tras escucharle ganar el Concurso «Casa Viena» del antiguo conservatorio en la calle Rosal de Oviedo durante de mis vacaciones mateínas, y posteriormente también en mi Mieres de Luis Fernández Cabeza, presidente de una Filarmónica a la que aún no se le ha escrito su historia.

Al menos a Luis sus paisanos han dedicado el mejor homenaje posible en su doble faceta de intérprete y compositor, comenzando con su juvenil Yerba, op. 12 sobre temas populares asturianos, diez acuarelas vigentes por frescura, paisanaje desde el ímpetu virtuoso del Vázquez del Fresno enamorado de Debussy y la escuela francesa con los guiños humorísticos y socarrones entre cada número, el amor del Cantábrico  y la historia musical además de genética de sus tíos abuelos Saturnino del Fresno y Baldomero Fernández,  el respeto por el maestro Enrique Truán, el cariño demostrado hacia los destinatarios de todas sus obras y el amor por la vida que en su caso ha estado escrita siempre en los pentagramas. Un placer volver a escuchar la yerba asturiana desde la óptica de Luis Vázquez del Fresno, 50 años que son un soplo en una larga historia.

El segundo regalo fueron los Cantarinos pa que suañes al completo y encontrando al fin la voz ideal y única, destinataria in mente que la tierra y el destino pusieron en su camino, también en el mío, la soprano Beatriz Díaz que solo ella puede recrear e interpretar como la concibió el compositor, también pianista, el «lied asturiano» que da al piano el mismo protagonismo y a la voz la pureza lírica junto a la raíz autóctona de la tonada. Si en el Avilés «pre-pandemia» los trece poemas de Chemag (José María González Fernández) supusieron un hito, volver a escucharlos en Gijón resultaron el auténtico homenaje para todos. Cantarinos llenos de amor y dolor, de tristeza y melancolía, de sentimiento y esperanza, pero sobre todo de pasión. Cada poema, todos lujosamente encuadernados por «El Sastre de los Libros» para esta ocasión especial, los textos originales y traducidos con el respeto por el buen gusto y el merecido hacia un histórico de la propia Sociedad Filarmónica de Gijón, emanaban la propia lírica que Vázquez del Fresno volcaría en cada página. La voz de Beatriz Díaz engrandecía cada página, microrrelatos cargados del sentimiento preciso con una gama de matices aún mayor que la paleta del mejor pintor musical, pianísimos de cortar la respiración, los momentos de tonada propia cantados con el saber de una estrella operística que también lleva lo asturiano en sus genes, los melismas tan barrocos y belcantísticos que el piano apoya cual gaita de tecla, finales a elegir dependiendo del texto, susurrados o potentes, con entrega hasta la extenuación organizándolos de cuatro en cuatro, alegrías y tristezas, cadeninas y ñubes, auténticos xuguetes de la allerana con el beneplácito total del gijonés, compositor y pianista.

El cierre Marineru que une la mina y el mar, de Bóo a Xixón por autopista musical, retomando la melodía de los primeros Cantarinos pa que suañes cantados y saboreados, no sería aún colofón sino mi deseo de poder llevarlos al disco para herencia de nuevos melómanos e historia musical viva de nuestra tierra.

Si el segundo Audiograma me hizo desandar cincuenta años y desempolvar los programas de entonces, todos a buen recaudo, el estreno de Otoño con Beatriz Díaz resultó la tarta final, poesía de vida, metáfora de hojas caídas y sienes plateadas, el lenguaje propio de Luis Vázquez del Fresno que nuestra soprano universal hizo verbo lírico.

Una tarde con muchas historias, sueños cumplidos, poesía y música en perfecta comunión, amores fraternales y platónicos, elegías con recuerdos, pasión por la vida, amistades que perduran en el tiempo echando raíces que engrosan cada capítulo de un libro aún sin final.

Gracias Luis por tu música, tu amistad y por darnos tantas alegrías a quienes tenemos la suerte de compartirlas contigo. Felicidades por estas Bodas de Oro a las que todavía le quedan muchos años más de fértil creación, esperando seguir contándolos.

Memoria pétrea

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Sábado 28 de agosto, 20:00 horas. Catedral de Oviedo, 1200 años de historia, «Música en el origen del camino». Concierto conmemorativo del año Jacobeo 2021: Beatriz Díaz (soprano), Lola Casariego (mezzo), Juan Noval Moro (tenor), David Menéndez (barítono), Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo»(director: José Manuel San Emeterio), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Haydn y Mozart. Entrada libre (con invitación).

Escuchar música en la catedral trae a mi memoria todos los recuerdos cual memoria pétrea, y si la celebración de los 1200 años de la Sancta Ovetensis titulaban este concierto como «Música en el origen del camino» puedo añadirlo a mi propia historia de seis décadas donde Oviedo y la música siempre han estado unidas.

El sábado confluía todo en la misma velada por haber vivido los «orígenes» de todos los intérpretes. Quiero comenzar cronológicamente con la Capilla Polifónica recordada con sus altibajos, Luis Gutiérrez Arias y los esperanzadores inicios con Lauret y Alfredo de la Roza llegando a cotas de calidad únicas en aquellos momentos, la «penúltima etapa» con mis recordados Luis Miguel Ruiz de la PeñaJoaquín Salvador Cuervo unificando coros para salvar un patrimonio coral necesario… siempre con cantantes amigos donde Mieres ha estado presente desde el principio (con mucha cantera de mi querido Orfeón), y el posterior «renacimiento» hasta nuestros días con el último y reciente fichaje de San Emeterio al que debemos reconocer este trabajo para un concierto ya comprometido, manteniendo el tipo como luchador al frente de un coro algo mermado en efectivos pero que volverá a crecer, pues ilusión no falta y voces hay cantera suficiente en la tierrina.

Prosigo con la Oviedo Filarmonía, primero OSCO, recordando toda la infrahistoria de su fundación pero donde la música pudo con todo y con todos, una plantilla también de muchos conocidos y hasta compañeros que han ido creciendo y madurando con los años, el despegue internacional que supuso Haider, el atrevimiento y versatilidad con Conti más el futuro ya presente de Lucas Macías Navarro, un acierto total en su contrato y mis felicitaciones a una gestión envidiable.

Y cierro recuerdos con el cuarteto vocal de casa, comenzando por Lola Casariego, mi Lolina de larga trayectoria con amistades comunes desde aquel Coro Universitario de Luis G. Arias, a la que he seguido todos estos años y de quien tengo todavía guardadas tres cintas que grabé de Radio Clásica en su debut en 1989 con Acis y Galatea de Literes. Sigo con mi admirado y querido «alumno» David Menéndez que nunca defrauda porque aquella firme promesa se convertiría pronto en enorme realidad a base de trabajo concienzudo, sabias elecciones de repertorio y total entrega. El polesu Juan Noval Moro que crece y mejora como los buenos vinos con los años y que aún no ha tocado techo, con una evolución vocal merecedora de más protagonismo, pues lleva la música en los genes. Finalmente Beatriz Díaz que superaría toda entrada de este blog porque la amistad y el cariño no ha nublado nunca mi criterio musical sobre ella, y lo sabe. Capaz de seguir emocionándome como pocas voces, de ponerme los pelos de punta y hasta hacerme saltar las lágrimas ante este prodigio de voz con el enorme esfuerzo y trabajo que hay siempre detrás (como suele y debe suceder), disfrutar con una evolución que conozco de primera mano y de la que presumo y se me nota.

Cuarteto solista asturiano que es un lujo del que disfrutamos no todo lo que quisiéramos, saliendo de la tierra porque es cual Saturno que devora a sus hijos, y sigue enfadándome comprobar nuevamente que en este negocio musical no siempre triunfan los mejores, aunque sea fiel reflejo de nuestra propia sociedad donde los mediocres están al mando. Al menos seguimos siendo unos privilegiados en Oviedo, la verdadera «Viena del norte» español desde una Asturias que sigue exportando talento y calidad, músicos que llevan nuestra tierra allá donde van aunque el dicho de que «nadie es profeta en su tierra» es cierto tristemente. Queda el consuelo de saberse todos queridos y reconocidos por un público que volvió a agotar las entradas en cinco minutos, y que apostar por ellas es sinónimo de éxito porque nunca defraudan.

Sobre el concierto debo reiterar nuevamente la reverberación catedralicia que tiene pocos pros y muchas contras. Comenzaba Oviedo Filarmonía con la Sinfonía nº 22 en mi bemol mayor, Hob. I/22 «El filósofo» de Haydn, donde el maestro Macías Navarro dispuso una colocación vienesa aprovechando la acústica y los recursos sonoros de esta joya del «padre de la Sinfonía«, con movimientos lentos ideales y rápidos irreconocibles, especialmente el Presto final con ese duelo de cornos (inglés y francés), virtuosismo imposible de paladear pese al fino trabajo de contención del viento y el quehacer detallado de la cuerda. Con todo, el tándem clásico HaydnMozart funcionaría a nivel global porque la calidad de la orquesta está demostrada y luchar contra los elementos está en sus ADN. Excelente estado de una cuerda cada vez más  homogénea con Marina Gurdzhiya de concertino.

Y no hacía falta más liturgia que Mozart y su Misa en do mayor (Coronación), KV 317 para celebrar memorias históricas, con una Capilla Polifónica dándolo todo pese a las mascarillas, sin poder saborear el latín pero sí de una sonoridad que ayudaría en los volúmenes y equilibrios dinámicos, con una orquesta recolocada de nuevo en busca de las mejores texturas con la seguridad que el director onubense transmitió desde el primer Kyrie al completo. Otro acierto fue colocar el cuarteto solista en los dos púlpitos laterales, mujeres a la izquierda y hombres a la derecha, esa altura que ayudó a una proyección vocal nunca tapada por la orquesta, buen empaste entre ellas, y la elección de los tempi donde hubo que primar la lentitud para exprimir la acústica, incluso en el Gloria, redundando en mayores emociones. Silencios buscando la duración exacta para no ensuciar la belleza melódica del genio de Salzburgo, balances orquestales contenidos (y no siempre alcanzados para un coro que no superaba las 40 voces), incluso el órgano, sumando una afinación casi histórica mandando las trompetas naturales, con mimo hacia el coro y el cuarteto sustentado en las voces extremas para una cimentación necesaria donde el momento álgido llegaría con el Agnus Dei de una Beatriz Díaz dominadora de la expresión y los matices, cómoda de tesitura, registros nítidos de color y emisión, sumándose un poderoso David Menéndez con el resto del cuarteto en ese Andante maestoso final subrayado por coro y orquesta que Macías condujo con precisión vienesa.

La música en el origen del Camino, el mío personal y el histórico catedralicio, memoria pétrea donde mis recuerdos sonaron tan cercanos en la grandeza ovetense. En breve comenzamos otro curso escolar, otra temporada más en la Viena del norte español tras disfrutar de los genuinos vieneses Haydn y Mozart «Made in Asturias». Este blog nacía en 2008 con el encabezamiento desde esta aldea en la ladera de Mieres, al mundo y con la Música por montera que sigue vigente tras este último sábado de agosto que permanecerá en mi memoria.

Un puñado de rosas

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Jueves, 20 de mayo, 19:00 horas. Teatro Campoamor: XXVIII FESTIVAL DE TEATRO LÍRICO ESPAÑOL. La del manojo de rosas, Sainete lírico en dos actos y seis cuadros. Música de Pablo Sorozábal, libreto de Francisco Ramos de Castro y Anselmo Cuadrado Carreño; estrenada en el Teatro Fuencarral de Madrid (13 de noviembre de 1934). Producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura). Entrada butaca: 46 €.

Si hay una zarzuela popular, por la que no pasa el tiempo, y con números musicales populares es El manojo de Sorozábal, y si se me apura, «El manojo de Sagi», porque sigue vigente, hermoso, divertido y elegante (el vestuario de Pepa Ojanguren impoluto y eterno), producciones para guardar y reponer ya que nunca defraudan.

Un buen elenco de voces aunque no bien amortizadas en este jueves donde triunfaron más los mal llamados secundarios y sobre todo el Espasa de Ángel Ruiz, digno sucesor de un Luis Varela que ha marcado historia en este manojo, completo de principio a fin; la Mariana de excelencia a cargo de Milagros Martín a la que da gusto ver y escuchar porque tampoco cumple años; finalmente la pareja Clarita-Capó, Beatriz Díaz y David Pérez Bayona que pusieron no ya la nota divertida del verbo y el canto, ese baile y el desparpajo en un «caló» castizo que hizo las delicias del público. Hasta nuestro «Charly Teibol» se marcó un inglés de casa suficiente para un reparto que tardó en calentar, con algunos desajustes entre foso y escenario que no empañaron una zarzuela querida y esperada siempre allá donde se representa, aunque el resultado final no pasó de lo aseado.

No hubo química en el inicio con la pareja protagonista Joaquín y Ascensión, ambos de color bello pero afinación fluctuante ya en su primer dúo (Hace tiempo que vengo al taller) ni tampoco en el segundo cuadro con la romanza No corté más que una rosa. Y el «duelo» Joaquín-Ricardo (¿Quién es usté?) rígido, falto de claridad en la difícil dicción aunque la puesta en escena, como todo este manojo, sea maravillosa. Al menos el «fox-trot» de Clarita y Capó hizo subir la temperatura musical con una Oviedo Filarmonía  que también fue subiendo enteros en el transcurso de la representación con el siempre seguro Óliver Díaz al mando.

El final del acto primero me dejaba dudas con un coro indeciso y algo retrasado antes de bajarse el telón.  Por lo menos el descanso sentó bien y el preludio del acto segundo ya nos devolvió una orquesta bien templada (con un arpa siempre precisa y una trompeta que incluso con sordina sonó clara y melódica), aunque algo falta de «músculo» habitual al que nos tiene acostumbrado (supongo que por la plantilla reducida), antes de volver con humor en esa Farruca salerosa y arriesgada sobre la furgoneta, que preparaba la esperada romanza de Joaquín Madrileña bonita tirante, sentida pero sin enamorar pese al timbre potente y bello de Alfredo Daza que no rindió como sería de esperar (seguramente el sábado ya estará más templado todo) y algo mejor la habanera ¡Qué tiempos aquellos! donde matizó con gusto esa melodía imborrable y pegadiza (como todas las del maestro vasco).

No quiero olvidarme del Don Daniel de Enrique Baquerizo en su línea de aplomo y seguridad tanto cantada como hablada y del resto, cuerpo de baile además de figurantes que aportaron belleza y color a un reparto que sobre el papel prometía, aunque el manojo quedó en puñado pero el genio de Sorozábal siempre compensa y deja impregnado el ambiente aunque tenga «carita de pena«.

REPARTO

Dirección musical: Óliver Díaz. Dirección de escena: Emilio Sagi. Oviedo Filarmonía, Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo»Carmen Romeu (Ascensión), Alfredo Daza (Joaquín), Juan Noval-Moro (Ricardo), David Pérez Bayona (Capó), Beatriz Díaz (Clarita), Ángel Ruiz (Espasa), Milagros Martín  (Doña Mariana), Enrique Baquerizo (Don Daniel), Fernando Marrot (Don Pedro), Carlos Mesa (Un inglés).

Qué grande el género chico

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Jueves 22 de abril, 19:00 horas. Teatro Campoamor, XVIII Festival de Teatro Lírico Español: Agua, azucarillos y aguardiente (Chueca) – La Revoltosa’69 (Chapí). Entrada butaca: 46 €.

Segunda función de zarzuela con programa doble en «La Viena del Norte» español y dos joyas del género chico, obras en un acto pero muy grandes, que ocuparon tres horas y media abundantes, incluyendo el descanso, con unos cantantes excelentes actores y actrices, y no a la inversa como antaño, aunque los actores cantantes brillaron igualmente, más texto que música como se entendieron estas zarzuelas en su momento y dos visiones en el tiempo: el Chueca del cambio de siglo donde brilló el vestuario elegante de Gabriela Salaverri con decorados mostrando gigantes postales madrileñas de finales del XIX en blanco y negro, más un Chapí trasladado a una corrala en 1969, cercana adaptación  literaria y ambientación colorista en un lenguaje de mi adolescencia, castizo modernizado y referencias a nuestra memoria cinematográfica, donde la música sigue siendo una delicia a pesar de todas las limitaciones de la pandemia, con el coro reducido y con mascarillas, al igual que el cuerpo de baile, pero todos con las mismas ganas de disfrutar. Oviedo quiere zarzuela y el público es fiel, recuperando parte de un 2020 para olvidar pero tan necesario en tiempos de pandemia, demostrando de nuevo que la cultura es segura además de necesaria, y no solo la hostelería ha sufrido, el sector musical también y sobreponiéndose a un momento histórico que nos ha tocado vivir.

Quiero insistir en las grandes voces para los dos títulos, donde las dificultades técnicas de los números no son nada comparadas con el muchísimo texto a memorizar que no solo debe aprenderse sino creerse, proyectar la voz hablada y recrear unos personajes que nos hicieron pasarlo bien. Función en homenaje a tantas víctimas del puñetero Covid y presentadas en el programa (digitalizado) como «De Atanasia a Mari Pepa, una nueva femineidad liberada y liberadora, Madrid 1897… 1969» por parte de Curro Carreres con un lema final esperanzador y sin dejar dudas: Zarzuela sin complejos y con mucho amor.

Agua, azucarillos y aguardiente titulada como zarzuela «pasillo veraniego» de Federico Chueca y libreto de Miguel Ramos Carrión (estrenada en el Teatro Apolo de Madrid, el 23 de junio de 1897) es una nueva producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura), respetuosa con el original donde el elenco tanto musical como vocal brilló a gran altura en todos los terrenos. Miquel Ortega volvía al frente de la Oviedo Filarmonía y volvió a demostrar su maestría en el foso, mimando a las voces, llevando a la orquesta titular del Festival a una calidad acorde con la escena, la Capilla Polifónica pese a la reducción en número brillando con calidad en su coro de mujeres, y sobre todo unos cantantes de primera, muchos de casa, como Jorge Rodríguez Norton (Serafín) que sigue ganando enteros en su timbre, Beatriz Díaz (Pepa) capaz de actuar y cantar igualmente bien, musicalidad innata y ganando en un registro grave que tiene cuerpo, o Mª José Suárez (Doña Simona), una fija e insustituible de nuestra zarzuela que hace suyo cada personaje, actuando de ella misma. Sumar a Roca Suárez (Don Aquilino) que es uno de nuestros actores de primera al fin valorado. Agradable sorpresa escuchar al asturiano Enrique Dueñas (Lorenzo) y a Darío Gallego (Vicente), dos barítonos con suficiente presencia, gusto y poderío vocal además de desparpajo en escena, los novios de Pepa y Manuela (Mayca Teba, otra voz perfecta del género) en esos registros donde la zarzuela ha sido fuente niños de Divertimento que son otra apuesta segura en la escena ovetense, esta vez Gabriel López, Rodrigo Menéndez y Daniel Puente que ya tienen inoculado el bicho zarzuelero, afinados y con unas tablas de verdaderos profesionales, chicos como el género y grandes como la música. Felicitar igualmente la coreografía de Antonio Perea y un cuadro de bailarines jóvenes completando esta obra de arte total, reducida pero inmensa: texto, música, escena, danza… así es nuestra zarzuela.

Por su parte Pedro Víllora y Curro Carreres realizan una adaptación libre del libreto de José López Silva y Carlos Fernández Shaw para La Revoltosa, el sainete lírico en un acto de Ruperto Chapí (estrenado en el Teatro Apolo de Madrid, el 25 de noviembre de 1897, otra nueva producción local que mantiene el ambiente del género chico contrastando con el Chueca «puro», el paso de los años de esa verbena tan española, la actualización desde el respeto y el buen gusto. Hay que leer con detenimiento las notas de Carreres porque aclaran cualquier intento de menospreciar el esfuerzo por mantener vivo nuestro género lírico, y al igual que en Chueca, seguir con todo el respeto la estructuras y números originales de las obras, que en esta revoltosa sesentera solo se han modificado los textos, escritos por Víllora, con unos personajes originales más cercanos sin olvidarse la sensibilidad actual por las lecturas de género, manteniendo el rigor histórico pero con este argumento nuevo al que la música de Don Ruperto sigue haciendo nuestra y única.

Voces y actores de primera con el dúo Nancy Fabiola Herrera (Mari Pepa) recreando como nadie este personaje ideal para su color que gana enteros con los años, y Gabriel Bermúdez (Felipe) de timbre tanto hablado como cantado potente, presencia impresionante, además de los dobletes a la misma altura escénica de Mª José Suárez (Gorgonia), Mayca Teba (Soledad) y una simpática Begoña Álvarez (Encarna) a quienes dieron la réplica masculina otro trío perfecto: Enrique R. del Portal (Cándido), Darío Gallego (Atenedoro) y el asturiano Sandro Cordero (Tiberio) más la «veterana autoridad de la corrala» Carlos Mesa (Señor Candelas) junto un completo elenco de figurantes.

De nuevo los niños de Divertimento, la Capilla Polifónica dirigida por Pablo Moras y el cuerpo de baile redondearon esta revoltosa cercana donde Oviedo Filarmonía elevó sus intervenciones a gran altura desde el Preludio inicial poderoso, equilibrado y templado por el Maestro Ortega.

El fin de fiesta con los dos elencos en escena lo puso también Chapí y su «Vamos del brazo a la verbena» de El Puñao de Rosas, la fiesta eterna del Madrid universal con la fusión de dos épocas en un Campoamor que sigue siendo capital lírica española y donde las mascarillas nos devuelven al presente sin quitarnos historia ni ganas de verbenas tan nuestras, desde la responsabilidad y la calidad musical de este festival que se mantiene inamovible en la primavera asturiana.
P. D. Como siempre escribo nada más llegar a casa, los enlaces (links) los puse tras publicarla al día siguiente, no pueden faltar porque marcan diferencia sobre el texto, siempre sincero, espontáneo y agradecido a quienes siguen leyendo el blog.

Extraordinario triplete de La Díaz

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Corren tiempos difíciles, y para el sector musical aún más, con cancelaciones de última hora que rompen la programación y el ritmo de trabajo necesario, pero esta semana antes de mis vacaciones, la soprano Beatriz Díaz afrontó un triplete extraordinario digno de figurar en los anales de esta «Era Covid».

El miércoles 24 a las 19:30 horas  en el Teatro Jovellanos de Gijón, dentro de la temporada de la Sociedad Filarmónica estaba programado de nuevo, dentro del ciclo «Los Históricos de la Filarmónica», el programa Cantarinos pa que suañes con el pianista y compositor Luis Vázquez del Fresno al que su corazón le dio un susto el lunes, y al que le deseo desde aquí una pronta recuperación.

Noticia triste pero ante la adversidad se mantuvo el concierto, siempre de agradecer por parte de los gestores de la centenaria sociedad gijonesa, armando urgentemente un nuevo programa (el 1.632)  a cargo de la propia Beatriz Díaz con el pianista Marcos Suárez, y organizado en cuatro bloques de tres obras, el tres mágico, donde la soprano allerana  nos dejaría una muestra de su musicalidad, versatilidad y amplio repertorio. Primero tres arias de ópera cantada en italiano, donde estuvieron Händel y el Lascia del «Rinaldo», Porgi amor de las bodas mozartianas, y una de las preferidas de la cantante, Catalani y «La Wally» con Ebben? ne andrò lontana, una lección de bien cantar con toda la amplia gama de color que caracteriza a la asturiana, siempre bien acompañada de un Marcos Suárez que se afianza como maestro repertorista como bien destacó el músico local David Roldán Calvo, quien ejerció de maestro de ceremonias presentando y poniendo cada obra en su contexto histórico.

Tratándose de un recital de «La Díaz«, no puede faltar su adorado Puccini, auténtico amuleto y para el que su voz parece hecha a medida, esta vez la Musetta con alma de Mimì, bien dominada vocal y escénicamente desde hace tiempo, el siempre agradecido (y comprometido) Dvorak de «Rusalka» y su Canción de la luna, otro escalón en un repertorio que va creciendo como su voz, y el Summertime de Gerswhin, el musical hecho ópera, o viceversa, con un arreglo pianístico más rico de lo habitual y esa versatilidad de la soprano asturiana capaz de meterse en cada personaje con el estilo adecuado y la entrega conocida.

No se podía olvidar la inspiración asturiana prevista aunque adaptada al momento, por lo que escuchamos la Asturiana de Falla como un delicioso arrullo, y dos canciones de «Madre Asturias» del recientemente fallecido Antón García Abril, homenaje necesario que desde la calidad de los dos intérpretes fue emotivo y entregado, Duérmete neñu y y Ayer vite na fonte, nuestro folklore hecho universal en estas páginas para tenor pero que en la voz de soprano adquieren nuevos aires y con un pianista demostrando igualmente su papel coprotagonista.

Y el cierre de nuestra zarzuela defendida con la categoría que se merece, «El dúo de la africana» de Fernández Caballero que Beatriz Díaz lleva en la sangre a La Antonelli, Yo he nacido muy chiquita aunque solo de estatura pues resulta siempre grande en escena, No corté más que una rosa del «manojo» vasco Pablo Sorozábal que resultó nuevamente redondo, y la petenera de «La Marchenera» (Moreno Torroba) cerrando este trío lírico hispano con la misma entrega y calidad con la que se iniciaba un comprometido recital donde los obstáculos no lo son cuando hay tanto trabajo detrás y responsabilidad por mantener una calidad en todo lo que canta nuestra asturiana universal. Propinas a pares de zarzuela y ópera, imprescindible el Puccini de O mio babbino caro que en la voz de la allerana sigue siendo música celestial.

Y llegaría el jueves 25 a las 19:30 en el Teatro Jovellanos Concierto Extraordinario de Semana Santa con la OSPA dirigida por el australiano Kynan Johns donde la soprano debutaba como solista con ese motete mozartiano que pone a prueba la voz pero sobre todo la musicalidad, Exultate Jubilate, K. 158a/165 de estilo operístico que hace años parecería impensable para Beatriz Díaz, aunque las enseñanzas del maestro Hernández Silva y la amplitud que ha alcanzado su voz, el día que cumplía 40 años, han demostrado cómo el genio de Salzburgo, al igual que papá Haydn, son perfectos compañeros de viaje.

El director encontró la pulsación ideal para disfrutar los tres movimientos de esta joya juvenil de Mozart, con una Beatriz Díaz cómoda, de amplias dinámicas y lirismo en estado puro (el recitativo plenamente operístico por parte de todos, aunque el órgano quedase en segundo plano) y la OSPA clásica de sonido homogéneo, gustándose y escuchando cada detalle, con los oboes contestando ese texto tan apropiado para este día: «¡Alégrate! ¡Un gran día brilla! ¡Las nubes y la tormenta se han ido!«, final de Aleluya pletórico por repetir escenario y agrandar una historia vocal que todavía nos deparará muchas más alegrías.

La OSPA completaría este extraordinario con el siempre necesario Beethoven al que 2020 le quitó parte de su protagonismo, con Coriolano: obertura op. 62 para comprobar el buen estado sinfónico y la complicidad con un Kynan Johns que en cada visita exprime lo mejor de la formación asturiana, dominador de memoria de todo el concierto donde la recién estrenada «Primavera» sonó con Schumann en una versión clara, precisa, matizada, colorida a pesar de la acústica del Jovellanos que no está pensada para una orquesta romántica a la que Perry So en el anterior concierto, dejó perfectamente engrasada.

Y no hay dos sin tres, pues el viernes 26 a las 19:00 horas se repetía el programa extraordinario en el Auditorio de Oviedo con una entrada que la pandemia y su protocolo dejó mermada pero igual de entregada para un público que recibe a la soprano de Bóo con cariño y siempre expectante. La cultura es segura y la música en vivo única e irrepetible, Beethoven con Johns preparó sonoridades sinfónicas, Mozart un poco más vivo que en Gijón pero con la acústica ideal y presencia de cada sección (esta vez sí sonó el órgano) para una plantilla casi camerística y unas manos australianas delicadas, mimando a la solista que desplegó de nuevo esa magia vocal para el motete que iluminó este triplete de Beatriz Díaz.

La Primavera de Schumann, esa sinfonía primeriza para nada juvenil y llena de vida en sus cuatro movimientos, retomó la calidad sinfónica de la OSPA bajo la batuta de un Johns de gestos claros, sin ampulosidades pero preciso al detalle, conteniendo sonoridades en los momentos delicados, dejando fluir a la cuerda, empastando a todos con el estilete o florete de su batuta con el que fue tocando los resortes necesarios para brindarnos una versión impecable de la Sinfonía nº1 en si bemol mayor, op 38 esperando repetir su escucha en la retransmisión de Radio Clásica que sigue grabando los conciertos de nuestra sinfónica, de nuevo con el bilbaíno Xabier de Felipe de concertino, esperando se cubran pronto las vacantes, pues no me canso de repetir que hace falta un capitán para esta nave y el contramaestre obligado.

Ya han sido suficientes los candidatos y no veo necesario alargar más los plazos, aunque sigan siendo tiempos convulsos, pero la música es un bálsamo necesario, más si podemos disfrutar de Beatriz Díaz, extraordinario triplete que abre mi descanso docente por esta semana. Como dice un querido amigo común,

BraBoo Beatriz

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) es poder estar vacunados del puñetero bicho ese que nos ha traído el 2020 y ha trastocado todas las vidas.
Musicalmente  tras el pasado «Año Beethoven» al que la pandemia también ha afectado privándonos de conciertos muy esperados, y los ya pasados «Años Mahler» sigo pidiendo poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil» con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Universitaria ya renacida) nuestros coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copió  Dudamel, al que le perdono casi todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular y seguro seguirá dirigiendo desde la OCRTVE o tantas otras orquestas donde le reclaman.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día, aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que en 2020, y pese a todo, siguieron «a tope» haciendo historia, siempre volando desde casa, esperando siempre por nuevos discos.
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (trabajando duramente desde Madrid con los conciertos aparcados), sin olvidarme de mis admirados Judith Jáuregui, Diego Fernández Magdaleno o Gabriela Montero.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, de Jorge Muñiz y de los siempre «redescubiertos» Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que me consta en este 2021 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
De La Dama del Alba del incombustible Luis Vázquez del Fresno creo que alguna sorpresa tendremos para este año esperado y llegue completa a escena tras tantos lustros de ilusión.
Por no perder la esperanza pido para los llamados «gestores culturales» que se olviden de su crisis permanente (Covid aparte), pues la intelectual parece contagiosa como la gripe o las toses en los conciertos (que al menos las mascarillas han disipado) y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes, cancelaciones, ni cierres!. Ya saben que la Cultura es Segura.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis jóvenes violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, emigrado a Alemania, y María Ovín todavía en la OSPA) que van creciendo y cumpliendo años, para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o mejor en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado catalán…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2021 y más. Además de darle las gracias de nuevo, felicitándola por su incorporación de Beethoven al repertorio (aunque en pleno 250 aniversario no se acordaron más de ella), especialmente mi ENHORABUENA por el éxito clamoroso y merecido en su reciente debut como Butterfly y su vuelta a la zarzuela ovetense tras las cancelaciones obligadas (aunque espere mucha más ópera en el Campoamor como protagonista y no un reparto joven de función única), esperando le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid o el Liceu barcelonés, aunque en Italia saben que es muy querida, pues Londres, Nueva York o Viena aún no se han enterado… pero Vds. ya lo saben por ser Magos y la magia de la soprano allerana es tan única como la suya.
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela en Asturias, porque haber suprimido la gala de los Premios Líricos Campoamor sigue enfadándome y ya han recogido sus frutos otros.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción desaparezca de nuestra cotidianidad y que las crisis, ya en plural, pasen hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde «recortes» o «supresión» se escuche menos que «COVID» ¡lo qué ya es decir! para este año 2021 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar «duros de oreja» (supongo que entre vacunas y reproches políticos no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone ni siquiera la Vox).
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2020, a pesar de todo (de la Lotería no pido que toque), y mantengan su Banda Sinfónica dirigida por Antonio Cánovas a ese nivel tras dos años sin parar, llevando su música, además del nombre de nuestra Villa, lo más lejos posible, con una calidad y programas que son la envidia de muchos.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en «esta España nuestra» que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa patrona sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad. Pero ya veo que la Ley Celáa comenzará en septiembre y ya van demasiadas para ir empeorando en pos de una generación de ignorantes digitales.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas de las que mejor no opinar y menos las que se han inventado ¡estáticas! y hasta con Baltasar descolorido) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Y como siempre, que no se me olvide, ¡Hala Oviedo!
Pablito, 12 años.

 

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