Inicio

Asturias ópera universal

4 comentarios

Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos, recortes de prensa y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) lleva media vida, con su ópera «La dama del alba» de la que los primeros esbozos datan de finales de los 80 (aunque fechada entre 1991 y 2003), que al fin se ha estrenado este domingo once de septiembre para inaugurar las Bodas de Platino de la Temporada de Ópera de Oviedo. Mi admirado Luis ha sido y sigue siendo no solo un docente y pianista de referencia sino también uno de nuestros compositores más activos y relevantes del panorama musical desde hace más de medio siglo, con repertorio y obras que abarcan prácticamente todos los géneros y estilos, desde la adaptación y asimilación de material folclórico hasta la música indeterminada. El libreto, también suyo, inspirado en la obra de teatro homónima del escritor asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965), es un drama rural escrito en 1944 durante su exilio bonaerense y estrenado en la capital argentina el 3 de noviembre de ese año, nada menos que por Margarita Xirgu junto a Alberto Closas, Susana Canales y Amelia de la Torre, verdaderas figuras en la memoria de muchos de mi generación.
La obra teatral comienza «En un lugar de las Asturias de España. Sin tiempo» dejando claras las intenciones de Casona y del propio Vázquez del Fresno: el dónde para configurar un espacio dentro del imaginario colectivo pero no el cuándo que apenas importa, en cualquiera de nuestras «aldeas» pues Asturias siempre es inspiradora desde el exilio, sea físico o interior, con la lucha del amor como fuerza más poderosa que la muerte entre el vigor de la naturaleza que todo lo invade, energía y música vital contra el dolor y la acechanza de la parca seductora que no pierde vigencia en este “Paraíso Natural” además de atemporal, bien llevado a la escena por otro asturiano universal como Emilio Sagi en tándem con Daniel Bianco más la iluminación de Albert Faura, un auténtico acierto que encumbra este teatro cantado, conjunción de lo real y lo onírico en un bosque de robles otoñales y estivales, todo un éxito que arrancó grandes ovaciones.
La música del compositor no solo realza la prosa poética del dramaturgo de Cangas de Narcea, eliminando escenas y diálogos pero manteniendo lo esencial, siempre respetando los textos a base de motivos reconocibles y pegadizos cual leit motiv o idea fija desde sus años de formación parisina, evocando las notas de la melodía asturiana “sal a bailar buena moza” que encajan perfectamente en la letra que Casona pone en boca de sus personajes, también la orquesta, de plantilla amplia con gran percusión e incluyendo también piano, arpa o saxofón y hasta efectos sonoros, forma parte de la propia acción completando momentos de tensión o remanso con un estilo propio que bebe de todo tipo de recursos donde no falta un toque cinematográfico de musical. En este sentido la OSPA fue tan protagonista como las voces para una partitura realmente compleja y muy exigente para todos, especialmente para todo el elenco vocal que apenas tenía referencias, con tesituras extremas donde los graves no siempre resultaron suficientemente audibles pero que el maestro avilesino Rubén Díez siempre intentó mantener el equilibrio entre foso y escena, volcado en este estreno que puso a prueba cada intervención, destacando la obertura y un hermoso interludio del segundo acto muy aplaudido, que marcaba el cambio del invierno al verano tras las siete lunas.
De la parte vocal quiero comenzar destacando al coro titular dirigido por Pablo Moras, con mucha participación fuera de escena que supone un hándicap, contestando la acción como flotando, pero solventado con éxito y mucho ensayo previo, y no digamos su presencia protagonista como aldeanos en la Noche de San Juan o al final de la obra verdaderamente emocionante. Voces muy trabajadas y homogéneas junto a una escena que redondeó este estreno.
También importante el papel que desempeñan los niños: Ruth González como Dorina, con más protagonismo y un color natural perfecto para su rol, más Andrés y Falín cantados por Irene Gutiérrez y Gabriel Orrego de la Escuela «Divertimento», verdadera cantera infantil con una profesionalidad digna de admiración (aportando los dos repartos).
Lo más destacable de la ópera es el papel de la omnipresente muerte, “La Peregrina” que Vázquez del Fresno escribe para contratenor, una voz sugerente para la ambigüedad, de una carga dramática reflejada en su partitura con la que Mikel Uskola hubo de luchar toda la obra, especialmente en los graves poco audibles, pero compensado por los momentos de ternura como la escena con los niños. Inconmensurable su trabajo y entrega pese a su juventud, que se cura con los años, y la voz también.
Son los personajes femeninos sobre los que pivota el grueso de la acción aunque los masculinos sean el contrapunto necesario, elegidos todos en tesituras “clásicas” pero también por los distintos colores, comenzando por el abuelo de David Lagares con un peso escénico y vocal importante que el bajo onubense defendió con solvencia y buen cuerpo, el breve y efectivo Quico del tenor asturiano Juan Noval-Moro con volumen más que suficiente, y el complejo Martín del tenor uruguayo Santiago Vidal que fue de menos a más como su personaje, destacando su dúo con Adela de la escena undécima.
Las mujeres de aldea, duras, matriarcas, también tuvieron que bregar con registros no siempre cómodos y líneas de canto exigentes, luchadoras como sus personajes, comenzando con dos mezzos: la sufrida Telva de la bielorrusa y asturiana de adopción Marina Pinchuk que pasa del dolor por la pérdida de sus siete hijos en la mina (escenificados por robles) a la emoción con los niños o la complicidad con el ama y con Adela, bien reflejado en sus intervenciones; la apenada, esperanzada y finalmente convencida aunque dolorosa madre de Sandra Ferrández, papel menos agradecido pero lleno de matices con momentos de calidad y complicidad en sus dúos.
Y quedan las sopranos: Beatriz Díaz, la más internacional de las nuestras, encarnó a una Adela de tesituras extremas y no siempre agradecidas, poderosa en los agudos, pianos sobrecogedores, gusto en la escena con los niños, entrega total en el dúo con Martín y una línea de canto segura pese a unos graves demasiado exigentes, explotando su ya conocido potencial sobre escena; breve pero igualmente entregada e intensa la Angélica de la pacense Carmen Solís, desgarradora, plena de intensidad vocal y emocional, con color parecido a quien Martín la supliría en su corazón, otro acierto en la elección del elenco.
Estreno esperado de casi tres horas, con una primera parte algo lenta, como la espera de la parca que ahuyentó a parte del público, y la luminosa segunda donde fuimos reconociendo los motivos para llegar al final por todo lo alto con el Campoamor, de gala para este regalo de cumpleaños, aplaudiendo largamente esta ópera de nuestro tiempo y a todos los que hicieron posible esta “Dama de Luis” con un compositor feliz de ver cumplido un sueño. Y mi felicitación para la ópera ovetense por seguir programando obras actuales en la temporada de los 75 años.
El martes 13 asistiré, si nada lo impide, a la segunda función para escuchar y volver a disfrutar con esta obra de mi tiempo por voces de hoy para el futuro.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 11 de septiembre de 2022, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: Estreno mundial “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno con libreto inspirado en la obra de teatro homónima de Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Reparto:
PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: David Lagares; TELVA: Marina Pinchuk; MADRE: Sandra Ferrández; ADELA: Beatriz Díaz; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: Carmen Solís; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Irene Gutiérrez*; FALÍN: Gabriel Orrego*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); *Escuela de Música “Divertimento”.

La historia al fin cantada

Deja un comentario

Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

 
Reseña para La Nueva España del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), recortes de prensa y tipografía cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Estreno mundial para las Bodas de Platino de la ópera ovetense con esta dama universal de Alejandro Casona contada al fin por Luis Vázquez del Fresno, y cantada por un elenco bien elegido en color y tesitura sobre esa escena de Emilio Sagi que entiende como pocos el “teatro cantado”.
Todo un equipo desde Asturias al mundo, como así la sintió desde el exilio argentino Casona para redondear este regalo de cumpleaños apostando por esta obra esperada tras toda una vida musical como la del gijonés Vázquez del Fresno, escrita desde un estilo propio con una madurez musical envidiable, exigente para todos los intérpretes por los registros extremos, agudos al límite y graves difíciles de escuchar, pero con el objetivo cumplido de cantar esta historia de todos conocida donde texto y música se suman para una acción lenta como la espera peregrina.
Campoamor de gala con presencia de autoridades y cargos públicos, de artistas en las butacas compartiendo emociones con familiares de Casona y Luis, junto a la siempre entendida y fiel afición que atesora mucha experiencia lírica labrada desde aquel 1947, todos llenando este domingo histórico pleno en ilusión y esperanza.
Grandes actores pero sobre todo actrices: solistas y coro, cantando al amor y la muerte, sintiendo esa lucha vital, con una OSPA subrayando magistralmente los textos y llenando la acción sin palabras contando con una amplia plantilla de calidad contrastada en un intermedio muy aplaudido, orquesta colorida además de segura desde el foso, bajo la dirección concienzuda del avilesino Rubén Díez, detallista, atento, mimando las voces en una escena tan nuestra y atemporal como nuestro ovetense Sagi junto a Daniel Bianco sumando la extraordinaria iluminación de Albert Faura que resaltó y encumbró esta ópera de difícil asimilación para muchos de los presentes pero plena de simbolismos y colores (como los siete robles en memoria de los mineros muertos, hijos de Telva).
Destacable el trabajo e implicación de todo el elenco vocal, desde esta Asturias universal, de adopción o nacimiento, transmitiendo la magia lírica, personajes reconocibles hasta en los nombres, reales y ficticios.
Interesante contar con el contratenor Mikel Uskola como Peregrina, gran acierto del compositor (quien pensó originalmente en Carlos Mena) en un rol complicado, algo opaco en el grave (como casi todas las voces), omnipresente y exigente pero también emotivo, especialmente en el conjunto con los tres niños: Dorina, Ruth González, la más protagonista, junto a Falín y Andrés, Gabriel Orrego e Irene Gutiérrez (bravo por esas voces de la Escuela Divertimento).
Impecable el abuelo de David Lagares rotundo y emocionante junto a la Telva de Marina Pinchuk defendiendo su papel con calidad y calidez.
Poderío escénico de la madre Sandra Ferrández, vocalmente exigente (para todos) y la pareja de sufridos enamorados, Adela y Martín, en las bellas voces de Beatriz Díaz siempre entregada y completa en su actuación, junto a Santiago Vidal capaz de completar registros contradictorios bien resueltos en cada intervención, con dúo cargado de emociones además de buen empaste.
Breves papeles pero necesarios los de Quico por Juan Noval-Moro claro e incisivo además de sobrado en volumen, y la Angélica de Carmen Solís resolutiva, plena, desgarradora y volcada en intensidad.
Más otra ovación para el Coro “Intermezzo” de Pablo Moras, solvente fuera de escena, flotando y contestando la acción, e impresionante como pueblo en la mágica noche de San Juan, danza prima incluida.
Éxito en este esperado estreno con mujeres protagonistas para las bodas de platino de nuestra ópera carbayona más universal que nunca desde la Asturias mágica y atemporal.

Hay talento musical en Asturias

1 comentario

Viernes 17 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Hecho en Asturias: OSPA, Beatriz Díaz (soprano), Jorge Monte de Fez (trompa), Alejandro Viana (violonchelo), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (director de coro: José Esteban García Miranda), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Tchaikovsky, Mozart y Manuel Fernández Avello. Entrada butaca: 5 €.

Penúltimo concierto de la OSPA tras finalizar la temporada de abono repitiendo la apuesta por lo Fecho n’Asturies del año pasado también con la dirección de Daniel Sanchez Velasco y trayéndonos al auditorio ovetense a tres solistas más un estreno absoluto, la apuesta por el talento de esta tierra nuestra. Se sigue a la espera de un concertino por lo que volvía como invitado Benjamin Ziervogel. Preocupante la poca asistencia de público pese a lo económico de las entradas, y eso que los propios intérpretes ya mueven aficionados no habituales en otros conciertos, pero alguien tendrá que hacer una profunda reflexión sobre el éxodo de seguidores que no hubo en otras ofertas musicales de la capital en esta temporada que va tocando punto final.

Tras una presentación por parte de Sánchez Velasco, el concierto comenzaba con Tchaikovsky y sus Variaciones sobre un tema rococó, op. 33, TH 57 (Moderato assai, quasi Andante – Tema: Moderato semplice; Var. I: Tempo della Thema; Var. II: Tempo della Thema; Var. III: Andante sostenuto; Var. IV: Andante grazioso; Var. V: Allegro moderato; Var. VI: Andante; Var. VII; Coda: Allegro vivo) con el último ganador del Concurso Internacional de Llanes 2018, el madrileño Alejandro Viana (1996), a quien la pandemia impidió el premio de ofrecerlo entonces pero quedando saldada la deuda este viernes. Buena interpretación y sonido en esta página maravillosa del compositor ruso, limpio y claro en las variaciones rápidas y cantabile en las lentas, bien interiorizada la obra con una OSPA adaptada en dinámicas y buen balance con el solista como mantuvo Sánchez Velasco a lo largo de toda la obra.

Uno de nuestros solistas de prestigio, a quien disfrutamos por dos veces en este auditorio (2014 y 2016) con la Filarmónica della Scala, es el trompista ovetense Jorge Monte de Fez (1986) que nos brindaría el conocido Concierto para trompa nº4 en mi bemol mayor, K. 495 (I. Allegro maestoso: II. Romanza: Andante cantabile; III. Rondó: Allegro vivace) de Mozart, partitura de referencia en el instrumento del que Monte de Fez brindó un sonido compacto, aterciopelado, bien templado y hasta bello, especialmente en el popular rondó final, con una cadenza en el primer movimiento verdaderamente espectacular. De nuevo la OSPA arropó con corrección y gusto al solista, Sánchez Velasco concertando a la perfección, permitiendo no ya el lucimiento de la trompa sino también el necesario equilibrio de volúmenes, contenidos y en su sitio.

Tras la pausa llegaría el esperado estreno absoluto del valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), su cantata Señaldades para solista, coro y orquesta, una obra que en cierto modo ampliaba su «Álbum de Canciones» de 2010 para soprano y piano también con la allerana Beatriz Díaz, sobre versos de Juan Mª Acebal, Pín de Pría y Fernán-Coronas. Evidentemente orquestar va más allá, y añadir un coro le da enjundia a ese intento de cantata profana sobre referencias melódicas a nuestro folklore,  especialmente las rítmicas donde no pueden faltar las vaqueiras y añadas.

Con doce números, Señaldades (en asturiano «sentimientos que produce la separación de la persona o cosa querida») tiene una obertura e interludio instrumentales, con los primeros números pares donde interviene la voz solista y después en los impares, alternando con un gran coro conformado en esta ocasión por 42 mujeres y 27 hombres, de orquestación potente en efectivos con abundante viento y percusión más un piano evocador de las canciones primigenias. Ante tal despliegue, evidentemente no se pueden equilibrar volúmenes entre soprano y orquesta pese a los buenos intentos de Sánchez Velasco, incluso «partiendo» la cuerda en algunos números. Tampoco la tesitura para la que está escrita favorece el lucimiento ni siquiera el del coro pese a los efectivos que La Fundación dirigida por mi querido Pepu (hoy sumándose a los tenores) ya con muchas ganas de volver a escena y sin mascarillas. No se les escuchó muy cómodos en ninguna de las cuerdas aunque tengan momentos de «bravura» que al menos sirvieron para desencorsetarse para recuperar el estado de forma coral.

Probablemente la fórmula funcionase mejor reduciendo efectivos hasta una formación más camerística donde ni en los «pianos» pudimos disfrutar, pues la cantata tiene buenos mimbres pero se fue de tamaño. Una lástima que nos impidió disfrutar más de este estreno. Los números de que consta son:

I. Obertura; II. Durme nenu; III. Dende la mesma ventana; IV. Carril vieya; V. La sardinera; VI. Interludio; VII. Coidosura; VIII. La fonte de fascura; IX. Augua de la fonte; X. La nuiche; XI.  Cantar y más cantar; XII. Epílogo.

Sí funcionaron mejor las partes instrumentales pero una lástima el resto, desde la añada del segundo tapada por la orquesta, algo mejor la vaqueira con el coro en el número siguiente, interesante el cambio de lento a rápido del cuarto, y preocupante el undécimo de tempo medio pero con registros extremos y demasiado grave para la soprano asturiana que defendió y se entregó con todo el esfuerzo vocal para esta complicada interpretación de la cantata del compositor valdesano que subió a felicitar al equipo y recoger los aplausos del público. Supongo que en la grabación los técnicos de sonido consigan el balance necesario que siempre mejora el directo, pero queda el sabor agridulce de lo que pudo haber sido y no fue.

Con este concierto, desigual como toda la temporada, me despido de este irregular y extraño curso escolar, esperando que el próximo mejore todo.

Sangría, jamón y zarzuela «Off»

2 comentarios

Sábado 12 de febrero de 2022, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo, XXIX Festival de Teatro Lírico Español, Oviedo: Off. Zarzuela, The Land of Joy (La tierra de la alegría) de Joaquín Valverde Sanjuán. Entrada butaca (con descuento para los abonados al Festival):  16 €.
Reseña para Opera World del domingo 13, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

En Oviedo la ópera finaliza y da el relevo a la zarzuela que alcanza en este año su vigesimonovena edición, aunque con un título fuera del ciclo con representación única, supongo que de ahí lo de OFF Zarzuela, pues se trata de una revista u opereta angloespañola, que así se definía entonces, bilingüe y estrenada en Nueva York en 1917, rescatada y recuperada por la musicóloga Miriam Perandones. En su momento supuso todo un reto aunar la llamada música ligera en la que Quinito Valverde era una figura reconocida además de digno heredero de su padre Joaquín Valverde Durán, con las melodías del gusto americano que tanto nos recuerdan los musicales de Broadway donde también sería representada esta «Tierra de la alegría» que viajaría con éxito por Europa antes de saltar el charco.

Buena idea de promocionar nuestra España con todos los tópicos del momento, toros y flamenco, folklore y zarzuela todo en uno para una campaña turística que hubiese firmado el mismísimo Fraga Iribarne unos lustros después, añadiendo jamón rancio y sangría con vino barato. Difícil trasladar de época este «pastiche» de números musicales bien orquestados por Borja Mariño y con un trío lírico de altura que sólo pudo defender sus intervenciones con la máxima dignidad, al igual que el coro de mujeres de la «Capilla Polifónica» o la propia Oviedo Filarmonía con Pérez-Sierra al mando.

La adaptación del libreto resultó sin gracia, histrionismo contagioso por parte de Alberto Frías cual López Vázquez, los Ozores o el «landismo» de los últimos años de dictadura fuera de toda la actualidad o renovación buscada, si bien la idea primigenia era «reírse de los tópicos». Salvo el final del aclamado, mediático y popular Rodrigo Cuevas interpretándose a sí mismo, el más aplaudido de un trío de cantantes con textos hablados que no encajaban ni pegaban con los cantados en un intento de dar cohesión a una trama pobre en «decorados». Las proyecciones de collages variados (desde Curro Jiménez o El Quijote, hasta un caducado y descolorido jamón más un Arguiñano que en los 60 debería estar de «pinche de cocina«) no sirvieron para suplirlos, ni tampoco contribuyeron a dar empaque un atrezzo hecho sobre la marcha y una ¿puesta en escena? donde hasta las chicas resultaban perdidas con unos movimientos poco acompasados, aunque defendiendo bien tanto su primer número de «taquimecanógrafas» como la socorrida corrida de toros sevillana en una Feria de Abril con este frío carnavalesco, números cantados con mascarilla,  Con todo, la música siga siendo la mejor terapia y así debíamos entender esta «tierra de alegrías» que no fue pareja entre lo visto y lo escuchado, echando a perder una oportunidad de rescatar del olvido unas partituras que probablemente volverán al cajón.

Una lástima tener a tres voces que brillaron más en los «números ingleses», apropiados a sus tesituras, pues los españoles mantenían unos registros tan extremos que no quiero imaginarme cómo sonarían hace más de cien años. Cantados por Beatriz Díaz, de nuevo completa actoral y vocalmente, pero encasillándola en unos papeles que no le hacen justicia; otro tanto de Marina Pardo, lidiando con un rol poco agradecido para su color, y David Menéndez, al que llamaban Bogart cuando la trama era la del cafetero Cluny que así figuraba en el programa, soportando las morcillas literales o unos «Clavelitos» que no eran el hit de la tuna sino un nuevo intento de risa fácil.

El «espanglish» ya trasnochado (chechan of chan) tampoco resultó simpático para esta sociedad actual, y la provocación llegaría con Rodrigo Cuevas, el único amplificado del reparto, cuya «Serafina» fue de cuplé drag-queen que parte del público que llenaría el Campoamor, esperaba como fin de fiesta. No importaron los bien cantados dúos de Díaz y Menéndez (There’s A Chapter) o el buen hacer de Pardo, tampoco los esfuerzos femeninos del coro y la ilusión de tres de ellas en su minuto de gloria. Tampoco la sonoridad cercana y cuidada de la orquesta titular del festival, sin Lucas Macías pero con José Miguel Pérez-Sierra, máxima profesionalidad en todos ellos para defender lo indefendible en una hora y media de espectáculo. Todo parecía encaminarse al espectáculo final, verdadero reclamo del autodenominado «agitador folclórico», buena publicidad de la agencia del embaucador Alberto Albert para un mal montaje que echó por tierra toda la campaña prevista en el guión, aunque los «guiris» sigan eligiendo España de destino turístico, olvidando que no solo tenemos sangría y jamón, con la zarzuela mal empleada como banda sonora.

Ficha:

Teatro Campoamor de Oviedo, sábado 12 de febrero de 2022, 20:00 horas. The Land of Joy (La tierra de la alegría). Música: Joaquín Valverde Sanjuán. Libreto: Eulogio Velasco, José F. Elizondo y Ruth Boyd Ober. Revista angloespañola en dos actos y un prólogo, estrenada en el Park Theatre de Nueva York el 31 de octubre de 1917, recuperada por Miriam Perandones Lozano. Salma Yer, Beatriz Díaz. Lola Rubio, Marina Pardo. David Cluny / H. Bogart, David Menéndez. Alberto Albert, Alberto Frías. Rodrigo «El Adivino» / Lola Montiel, Rodrigo Cuevas. Dirección musical, José Miguel Pérez-Sierra. Oviedo Filarmonía. Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Dirección del coro, José Manuel San Emeterio. Dirección de escena, Bárbara Lluch. Arreglos musicales, Borja Mariño. Adaptación del libreto, Susana Gómez. Vestuario, Clara Peluffo. Diseño de iluminación, David Hortelano.

Carta a SS.MM.

4 comentarios

Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar cuanto antes este «bicho» del Covid que lleva ya demasiado tiempo entre nosotros y ha trastocado todas las vidas, además de llevarse muchas por delante.
Musicalmente, y a la vista de las cambiantes circunstancias, mantener toda la música posible en vivo, aunque sea con mascarillas y todas las medidas que ya hemos asimilado hasta para estar en el cole, y si puede ser con los aforos completos, aún mejor. Sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesitar aniversarios pido, como todo los años que son como mi Scalextric, poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa y también la Escolanía de Covadonga con la de San Salvador…) y nuestros solistas, de los que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista…
Eso sí, mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigió en Barcelona cuando estuvo de titular y ya que se despide de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le diesen una orquesta para este 2022 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos otro incluyendo un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados de ambos.
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, y que sigan grabando nuevos discos.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (de docente en Madrid), sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien trabajar mucho este recién estrenado e incierto 2022.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que en el año pasado y pese a todas las circunstancias, han seguido de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos.
Para La Dama del Alba de mi querido Luis Vázquez del Fresno creo que ya me escucharon el pasado 2021 con la «sorpresa» de poder estrenarla al fin este año de «los dos patitos» tras tantos lustros de ilusión. Veo que la esperanza tampoco podemos perderla.
Y por mantenerla, pido para los llamados «gestores culturales» se olviden de una crisis permanente (Covid aparte), pues la intelectual sigue tan contagiosa como la Omicron, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotero barato sino por la calidad contrastada, incluso variar de agencias de contratación… y sobre todo ¡no más recortes, cancelaciones, ni cierres!, pues saben de sobra que la Cultura es Segura.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez, emigrado a Alemania, y María Ovín en la OSPA), creciendo y cumpliendo años… solo desearles mucho éxito.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que traigan 2022 y más. Además de darle las gracias de nuevo, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo (especialmente un Mozart que pido pueda llevar a las tablas) y en mayo cruzará de nuevo el charco llevando su prodigioso talento a Brasil como verdadera embajadora de Asturias y España. Que siga creciendo su agenda aunque espere mucha más ópera en el Campoamor como protagonista (de la zarzuela no me quejaré) y le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid o el Liceu barcelonés, pues en Italia saben que es muy querida, recordándoles que en Londres, Nueva York o Viena aún no se han enterado y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que ya está bien de pedir… al menos mantenerla en Asturias.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen.
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el ya finalizado 2021. A pesar de todo (de la Lotería no les pido que toque), que mantengan su Banda Sinfónica, dirigida por Antonio Cánovas, al mismo nivel tras tres años sin pararla ni siquiera el Covid, llevando su música, además del nombre de nuestra Villa, lo más lejos posible, con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos como el de nueva normalidad. Me entristece ver que la Ley Celáa se impone y ya van demasiadas para empeorar progresivamente en pos de una generación de ignorantes digitales… A esta ya no me apunto y abandonaré cansado (por no decir asqueado).
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas de las que mejor no opinar y menos las que se han inventado como ¡estáticas! y hasta con Baltasar descolorido) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Y como siempre, que no se me olvide
Pablito, 12 años.

Trío solidario y asturiano

1 comentario

Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Sueños de amor, cariño y pasión

2 comentarios

Miércoles 27 de octubre, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos. Concierto 1639 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: «Los históricos de la Filarmónica: Vázquez del Fresno». Cantarinos pa que suañes. Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano y compositor).

Los homenajes deben hacerse siempre en vida, y a ser posible en la tierra natal. La centenaria sociedad gijonesa rendía este último miércoles de octubre el merecido a Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) uno de sus socios que además debutó en ella como pianista hace 50 años, apoyado desde los inicios, disfrutando como espectador, triunfando como intérprete y haciéndonos disfrutar a sus fieles seguidores, que con los años terminamos siendo amigos.

La ventaja de cumplir años me permite poder compartir la trayectoria de este músico integral al que admiré en los conciertos que daba en Mieres, entonces también con Filarmónica local, donde como estudiante de piano le admiraba y pude escuchar el estreno de sus Audiogramas (de los que hoy nos regaló  el intermedio segundo) dedicado a su malogrado paisano y compañero Jesús González Alonso, a quien recordaré toda mi vida tras escucharle ganar el Concurso «Casa Viena» del antiguo conservatorio en la calle Rosal de Oviedo durante de mis vacaciones mateínas, y posteriormente también en mi Mieres de Luis Fernández Cabeza, presidente de una Filarmónica a la que aún no se le ha escrito su historia.

Al menos a Luis sus paisanos han dedicado el mejor homenaje posible en su doble faceta de intérprete y compositor, comenzando con su juvenil Yerba, op. 12 sobre temas populares asturianos, diez acuarelas vigentes por frescura, paisanaje desde el ímpetu virtuoso del Vázquez del Fresno enamorado de Debussy y la escuela francesa con los guiños humorísticos y socarrones entre cada número, el amor del Cantábrico  y la historia musical además de genética de sus tíos abuelos Saturnino del Fresno y Baldomero Fernández,  el respeto por el maestro Enrique Truán, el cariño demostrado hacia los destinatarios de todas sus obras y el amor por la vida que en su caso ha estado escrita siempre en los pentagramas. Un placer volver a escuchar la yerba asturiana desde la óptica de Luis Vázquez del Fresno, 50 años que son un soplo en una larga historia.

El segundo regalo fueron los Cantarinos pa que suañes al completo y encontrando al fin la voz ideal y única, destinataria in mente que la tierra y el destino pusieron en su camino, también en el mío, la soprano Beatriz Díaz que solo ella puede recrear e interpretar como la concibió el compositor, también pianista, el «lied asturiano» que da al piano el mismo protagonismo y a la voz la pureza lírica junto a la raíz autóctona de la tonada. Si en el Avilés «pre-pandemia» los trece poemas de Chemag (José María González Fernández) supusieron un hito, volver a escucharlos en Gijón resultaron el auténtico homenaje para todos. Cantarinos llenos de amor y dolor, de tristeza y melancolía, de sentimiento y esperanza, pero sobre todo de pasión. Cada poema, todos lujosamente encuadernados por «El Sastre de los Libros» para esta ocasión especial, los textos originales y traducidos con el respeto por el buen gusto y el merecido hacia un histórico de la propia Sociedad Filarmónica de Gijón, emanaban la propia lírica que Vázquez del Fresno volcaría en cada página. La voz de Beatriz Díaz engrandecía cada página, microrrelatos cargados del sentimiento preciso con una gama de matices aún mayor que la paleta del mejor pintor musical, pianísimos de cortar la respiración, los momentos de tonada propia cantados con el saber de una estrella operística que también lleva lo asturiano en sus genes, los melismas tan barrocos y belcantísticos que el piano apoya cual gaita de tecla, finales a elegir dependiendo del texto, susurrados o potentes, con entrega hasta la extenuación organizándolos de cuatro en cuatro, alegrías y tristezas, cadeninas y ñubes, auténticos xuguetes de la allerana con el beneplácito total del gijonés, compositor y pianista.

El cierre Marineru que une la mina y el mar, de Bóo a Xixón por autopista musical, retomando la melodía de los primeros Cantarinos pa que suañes cantados y saboreados, no sería aún colofón sino mi deseo de poder llevarlos al disco para herencia de nuevos melómanos e historia musical viva de nuestra tierra.

Si el segundo Audiograma me hizo desandar cincuenta años y desempolvar los programas de entonces, todos a buen recaudo, el estreno de Otoño con Beatriz Díaz resultó la tarta final, poesía de vida, metáfora de hojas caídas y sienes plateadas, el lenguaje propio de Luis Vázquez del Fresno que nuestra soprano universal hizo verbo lírico.

Una tarde con muchas historias, sueños cumplidos, poesía y música en perfecta comunión, amores fraternales y platónicos, elegías con recuerdos, pasión por la vida, amistades que perduran en el tiempo echando raíces que engrosan cada capítulo de un libro aún sin final.

Gracias Luis por tu música, tu amistad y por darnos tantas alegrías a quienes tenemos la suerte de compartirlas contigo. Felicidades por estas Bodas de Oro a las que todavía le quedan muchos años más de fértil creación, esperando seguir contándolos.

Memoria pétrea

Deja un comentario

Sábado 28 de agosto, 20:00 horas. Catedral de Oviedo, 1200 años de historia, «Música en el origen del camino». Concierto conmemorativo del año Jacobeo 2021: Beatriz Díaz (soprano), Lola Casariego (mezzo), Juan Noval Moro (tenor), David Menéndez (barítono), Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo»(director: José Manuel San Emeterio), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Haydn y Mozart. Entrada libre (con invitación).

Escuchar música en la catedral trae a mi memoria todos los recuerdos cual memoria pétrea, y si la celebración de los 1200 años de la Sancta Ovetensis titulaban este concierto como «Música en el origen del camino» puedo añadirlo a mi propia historia de seis décadas donde Oviedo y la música siempre han estado unidas.

El sábado confluía todo en la misma velada por haber vivido los «orígenes» de todos los intérpretes. Quiero comenzar cronológicamente con la Capilla Polifónica recordada con sus altibajos, Luis Gutiérrez Arias y los esperanzadores inicios con Lauret y Alfredo de la Roza llegando a cotas de calidad únicas en aquellos momentos, la «penúltima etapa» con mis recordados Luis Miguel Ruiz de la Peña y Joaquín Salvador Cuervo unificando coros para salvar un patrimonio coral necesario… siempre con cantantes amigos donde Mieres ha estado presente desde el principio (con mucha cantera de mi querido Orfeón), y el posterior «renacimiento» hasta nuestros días con el último y reciente fichaje de San Emeterio al que debemos reconocer este trabajo para un concierto ya comprometido, manteniendo el tipo como luchador al frente de un coro algo mermado en efectivos pero que volverá a crecer, pues ilusión no falta y voces hay cantera suficiente en la tierrina.

Prosigo con la Oviedo Filarmonía, primero OSCO, recordando toda la infrahistoria de su fundación pero donde la música pudo con todo y con todos, una plantilla también de muchos conocidos y hasta compañeros que han ido creciendo y madurando con los años, el despegue internacional que supuso Haider, el atrevimiento y versatilidad con Conti más el futuro ya presente de Lucas Macías Navarro, un acierto total en su contrato y mis felicitaciones a una gestión envidiable.

Y cierro recuerdos con el cuarteto vocal de casa, comenzando por Lola Casariego, mi Lolina de larga trayectoria con amistades comunes desde aquel Coro Universitario de Luis G. Arias, a la que he seguido todos estos años y de quien tengo todavía guardadas tres cintas que grabé de Radio Clásica en su debut en 1989 con Acis y Galatea de Literes. Sigo con mi admirado y querido «alumno» David Menéndez que nunca defrauda porque aquella firme promesa se convertiría pronto en enorme realidad a base de trabajo concienzudo, sabias elecciones de repertorio y total entrega. El polesu Juan Noval Moro que crece y mejora como los buenos vinos con los años y que aún no ha tocado techo, con una evolución vocal merecedora de más protagonismo, pues lleva la música en los genes. Finalmente Beatriz Díaz que superaría toda entrada de este blog porque la amistad y el cariño no ha nublado nunca mi criterio musical sobre ella, y lo sabe. Capaz de seguir emocionándome como pocas voces, de ponerme los pelos de punta y hasta hacerme saltar las lágrimas ante este prodigio de voz con el enorme esfuerzo y trabajo que hay siempre detrás (como suele y debe suceder), disfrutar con una evolución que conozco de primera mano y de la que presumo y se me nota.

Cuarteto solista asturiano que es un lujo del que disfrutamos no todo lo que quisiéramos, saliendo de la tierra porque es cual Saturno que devora a sus hijos, y sigue enfadándome comprobar nuevamente que en este negocio musical no siempre triunfan los mejores, aunque sea fiel reflejo de nuestra propia sociedad donde los mediocres están al mando. Al menos seguimos siendo unos privilegiados en Oviedo, la verdadera «Viena del norte» español desde una Asturias que sigue exportando talento y calidad, músicos que llevan nuestra tierra allá donde van aunque el dicho de que «nadie es profeta en su tierra» es cierto tristemente. Queda el consuelo de saberse todos queridos y reconocidos por un público que volvió a agotar las entradas en cinco minutos, y que apostar por ellas es sinónimo de éxito porque nunca defraudan.

Sobre el concierto debo reiterar nuevamente la reverberación catedralicia que tiene pocos pros y muchas contras. Comenzaba Oviedo Filarmonía con la Sinfonía nº 22 en mi bemol mayor, Hob. I/22 «El filósofo» de Haydn, donde el maestro Macías Navarro dispuso una colocación vienesa aprovechando la acústica y los recursos sonoros de esta joya del «padre de la Sinfonía«, con movimientos lentos ideales y rápidos irreconocibles, especialmente el Presto final con ese duelo de cornos (inglés y francés), virtuosismo imposible de paladear pese al fino trabajo de contención del viento y el quehacer detallado de la cuerda. Con todo, el tándem clásico Haydn–Mozart funcionaría a nivel global porque la calidad de la orquesta está demostrada y luchar contra los elementos está en sus ADN. Excelente estado de una cuerda cada vez más  homogénea con Marina Gurdzhiya de concertino.

Y no hacía falta más liturgia que Mozart y su Misa en do mayor (Coronación), KV 317 para celebrar memorias históricas, con una Capilla Polifónica dándolo todo pese a las mascarillas, sin poder saborear el latín pero sí de una sonoridad que ayudaría en los volúmenes y equilibrios dinámicos, con una orquesta recolocada de nuevo en busca de las mejores texturas con la seguridad que el director onubense transmitió desde el primer Kyrie al completo. Otro acierto fue colocar el cuarteto solista en los dos púlpitos laterales, mujeres a la izquierda y hombres a la derecha, esa altura que ayudó a una proyección vocal nunca tapada por la orquesta, buen empaste entre ellas, y la elección de los tempi donde hubo que primar la lentitud para exprimir la acústica, incluso en el Gloria, redundando en mayores emociones. Silencios buscando la duración exacta para no ensuciar la belleza melódica del genio de Salzburgo, balances orquestales contenidos (y no siempre alcanzados para un coro que no superaba las 40 voces), incluso el órgano, sumando una afinación casi histórica mandando las trompetas naturales, con mimo hacia el coro y el cuarteto sustentado en las voces extremas para una cimentación necesaria donde el momento álgido llegaría con el Agnus Dei de una Beatriz Díaz dominadora de la expresión y los matices, cómoda de tesitura, registros nítidos de color y emisión, sumándose un poderoso David Menéndez con el resto del cuarteto en ese Andante maestoso final subrayado por coro y orquesta que Macías condujo con precisión vienesa.

La música en el origen del Camino, el mío personal y el histórico catedralicio, memoria pétrea donde mis recuerdos sonaron tan cercanos en la grandeza ovetense. En breve comenzamos otro curso escolar, otra temporada más en la Viena del norte español tras disfrutar de los genuinos vieneses Haydn y Mozart «Made in Asturias». Este blog nacía en 2008 con el encabezamiento desde esta aldea en la ladera de Mieres, al mundo y con la Música por montera que sigue vigente tras este último sábado de agosto que permanecerá en mi memoria.

Un puñado de rosas

1 comentario

Jueves, 20 de mayo, 19:00 horas. Teatro Campoamor: XXVIII FESTIVAL DE TEATRO LÍRICO ESPAÑOL. La del manojo de rosas, Sainete lírico en dos actos y seis cuadros. Música de Pablo Sorozábal, libreto de Francisco Ramos de Castro y Anselmo Cuadrado Carreño; estrenada en el Teatro Fuencarral de Madrid (13 de noviembre de 1934). Producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura). Entrada butaca: 46 €.

Si hay una zarzuela popular, por la que no pasa el tiempo, y con números musicales populares es El manojo de Sorozábal, y si se me apura, «El manojo de Sagi», porque sigue vigente, hermoso, divertido y elegante (el vestuario de Pepa Ojanguren impoluto y eterno), producciones para guardar y reponer ya que nunca defraudan.

Un buen elenco de voces aunque no bien amortizadas en este jueves donde triunfaron más los mal llamados secundarios y sobre todo el Espasa de Ángel Ruiz, digno sucesor de un Luis Varela que ha marcado historia en este manojo, completo de principio a fin; la Mariana de excelencia a cargo de Milagros Martín a la que da gusto ver y escuchar porque tampoco cumple años; finalmente la pareja Clarita-Capó, Beatriz Díaz y David Pérez Bayona que pusieron no ya la nota divertida del verbo y el canto, ese baile y el desparpajo en un «caló» castizo que hizo las delicias del público. Hasta nuestro «Charly Teibol» se marcó un inglés de casa suficiente para un reparto que tardó en calentar, con algunos desajustes entre foso y escenario que no empañaron una zarzuela querida y esperada siempre allá donde se representa, aunque el resultado final no pasó de lo aseado.

No hubo química en el inicio con la pareja protagonista Joaquín y Ascensión, ambos de color bello pero afinación fluctuante ya en su primer dúo (Hace tiempo que vengo al taller) ni tampoco en el segundo cuadro con la romanza No corté más que una rosa. Y el «duelo» Joaquín-Ricardo (¿Quién es usté?) rígido, falto de claridad en la difícil dicción aunque la puesta en escena, como todo este manojo, sea maravillosa. Al menos el «fox-trot» de Clarita y Capó hizo subir la temperatura musical con una Oviedo Filarmonía  que también fue subiendo enteros en el transcurso de la representación con el siempre seguro Óliver Díaz al mando.

El final del acto primero me dejaba dudas con un coro indeciso y algo retrasado antes de bajarse el telón.  Por lo menos el descanso sentó bien y el preludio del acto segundo ya nos devolvió una orquesta bien templada (con un arpa siempre precisa y una trompeta que incluso con sordina sonó clara y melódica), aunque algo falta de «músculo» habitual al que nos tiene acostumbrado (supongo que por la plantilla reducida), antes de volver con humor en esa Farruca salerosa y arriesgada sobre la furgoneta, que preparaba la esperada romanza de Joaquín Madrileña bonita tirante, sentida pero sin enamorar pese al timbre potente y bello de Alfredo Daza que no rindió como sería de esperar (seguramente el sábado ya estará más templado todo) y algo mejor la habanera ¡Qué tiempos aquellos! donde matizó con gusto esa melodía imborrable y pegadiza (como todas las del maestro vasco).

No quiero olvidarme del Don Daniel de Enrique Baquerizo en su línea de aplomo y seguridad tanto cantada como hablada y del resto, cuerpo de baile además de figurantes que aportaron belleza y color a un reparto que sobre el papel prometía, aunque el manojo quedó en puñado pero el genio de Sorozábal siempre compensa y deja impregnado el ambiente aunque tenga «carita de pena«.

REPARTO

Dirección musical: Óliver Díaz. Dirección de escena: Emilio Sagi. Oviedo Filarmonía, Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo».  Carmen Romeu (Ascensión), Alfredo Daza (Joaquín), Juan Noval-Moro (Ricardo), David Pérez Bayona (Capó), Beatriz Díaz (Clarita), Ángel Ruiz (Espasa), Milagros Martín  (Doña Mariana), Enrique Baquerizo (Don Daniel), Fernando Marrot (Don Pedro), Carlos Mesa (Un inglés).

Qué grande el género chico

1 comentario

Jueves 22 de abril, 19:00 horas. Teatro Campoamor, XVIII Festival de Teatro Lírico Español: Agua, azucarillos y aguardiente (Chueca) – La Revoltosa’69 (Chapí). Entrada butaca: 46 €.

Segunda función de zarzuela con programa doble en «La Viena del Norte» español y dos joyas del género chico, obras en un acto pero muy grandes, que ocuparon tres horas y media abundantes, incluyendo el descanso, con unos cantantes excelentes actores y actrices, y no a la inversa como antaño, aunque los actores cantantes brillaron igualmente, más texto que música como se entendieron estas zarzuelas en su momento y dos visiones en el tiempo: el Chueca del cambio de siglo donde brilló el vestuario elegante de Gabriela Salaverri con decorados mostrando gigantes postales madrileñas de finales del XIX en blanco y negro, más un Chapí trasladado a una corrala en 1969, cercana adaptación  literaria y ambientación colorista en un lenguaje de mi adolescencia, castizo modernizado y referencias a nuestra memoria cinematográfica, donde la música sigue siendo una delicia a pesar de todas las limitaciones de la pandemia, con el coro reducido y con mascarillas, al igual que el cuerpo de baile, pero todos con las mismas ganas de disfrutar. Oviedo quiere zarzuela y el público es fiel, recuperando parte de un 2020 para olvidar pero tan necesario en tiempos de pandemia, demostrando de nuevo que la cultura es segura además de necesaria, y no solo la hostelería ha sufrido, el sector musical también y sobreponiéndose a un momento histórico que nos ha tocado vivir.

Quiero insistir en las grandes voces para los dos títulos, donde las dificultades técnicas de los números no son nada comparadas con el muchísimo texto a memorizar que no solo debe aprenderse sino creerse, proyectar la voz hablada y recrear unos personajes que nos hicieron pasarlo bien. Función en homenaje a tantas víctimas del puñetero Covid y presentadas en el programa (digitalizado) como «De Atanasia a Mari Pepa, una nueva femineidad liberada y liberadora, Madrid 1897… 1969» por parte de Curro Carreres con un lema final esperanzador y sin dejar dudas: Zarzuela sin complejos y con mucho amor.

Agua, azucarillos y aguardiente titulada como zarzuela «pasillo veraniego» de Federico Chueca y libreto de Miguel Ramos Carrión (estrenada en el Teatro Apolo de Madrid, el 23 de junio de 1897) es una nueva producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura), respetuosa con el original donde el elenco tanto musical como vocal brilló a gran altura en todos los terrenos. Miquel Ortega volvía al frente de la Oviedo Filarmonía y volvió a demostrar su maestría en el foso, mimando a las voces, llevando a la orquesta titular del Festival a una calidad acorde con la escena, la Capilla Polifónica pese a la reducción en número brillando con calidad en su coro de mujeres, y sobre todo unos cantantes de primera, muchos de casa, como Jorge Rodríguez Norton (Serafín) que sigue ganando enteros en su timbre, Beatriz Díaz (Pepa) capaz de actuar y cantar igualmente bien, musicalidad innata y ganando en un registro grave que tiene cuerpo, o Mª José Suárez (Doña Simona), una fija e insustituible de nuestra zarzuela que hace suyo cada personaje, actuando de ella misma. Sumar a Roca Suárez (Don Aquilino) que es uno de nuestros actores de primera al fin valorado. Agradable sorpresa escuchar al asturiano Enrique Dueñas (Lorenzo) y a Darío Gallego (Vicente), dos barítonos con suficiente presencia, gusto y poderío vocal además de desparpajo en escena, los novios de Pepa y Manuela (Mayca Teba, otra voz perfecta del género) en esos registros donde la zarzuela ha sido fuente niños de Divertimento que son otra apuesta segura en la escena ovetense, esta vez Gabriel López, Rodrigo Menéndez y Daniel Puente que ya tienen inoculado el bicho zarzuelero, afinados y con unas tablas de verdaderos profesionales, chicos como el género y grandes como la música. Felicitar igualmente la coreografía de Antonio Perea y un cuadro de bailarines jóvenes completando esta obra de arte total, reducida pero inmensa: texto, música, escena, danza… así es nuestra zarzuela.

Por su parte Pedro Víllora y Curro Carreres realizan una adaptación libre del libreto de José López Silva y Carlos Fernández Shaw para La Revoltosa, el sainete lírico en un acto de Ruperto Chapí (estrenado en el Teatro Apolo de Madrid, el 25 de noviembre de 1897, otra nueva producción local que mantiene el ambiente del género chico contrastando con el Chueca «puro», el paso de los años de esa verbena tan española, la actualización desde el respeto y el buen gusto. Hay que leer con detenimiento las notas de Carreres porque aclaran cualquier intento de menospreciar el esfuerzo por mantener vivo nuestro género lírico, y al igual que en Chueca, seguir con todo el respeto la estructuras y números originales de las obras, que en esta revoltosa sesentera solo se han modificado los textos, escritos por Víllora, con unos personajes originales más cercanos sin olvidarse la sensibilidad actual por las lecturas de género, manteniendo el rigor histórico pero con este argumento nuevo al que la música de Don Ruperto sigue haciendo nuestra y única.

Voces y actores de primera con el dúo Nancy Fabiola Herrera (Mari Pepa) recreando como nadie este personaje ideal para su color que gana enteros con los años, y Gabriel Bermúdez (Felipe) de timbre tanto hablado como cantado potente, presencia impresionante, además de los dobletes a la misma altura escénica de Mª José Suárez (Gorgonia), Mayca Teba (Soledad) y una simpática Begoña Álvarez (Encarna) a quienes dieron la réplica masculina otro trío perfecto: Enrique R. del Portal (Cándido), Darío Gallego (Atenedoro) y el asturiano Sandro Cordero (Tiberio) más la «veterana autoridad de la corrala» Carlos Mesa (Señor Candelas) junto un completo elenco de figurantes.

De nuevo los niños de Divertimento, la Capilla Polifónica dirigida por Pablo Moras y el cuerpo de baile redondearon esta revoltosa cercana donde Oviedo Filarmonía elevó sus intervenciones a gran altura desde el Preludio inicial poderoso, equilibrado y templado por el Maestro Ortega.

El fin de fiesta con los dos elencos en escena lo puso también Chapí y su «Vamos del brazo a la verbena» de El Puñao de Rosas, la fiesta eterna del Madrid universal con la fusión de dos épocas en un Campoamor que sigue siendo capital lírica española y donde las mascarillas nos devuelven al presente sin quitarnos historia ni ganas de verbenas tan nuestras, desde la responsabilidad y la calidad musical de este festival que se mantiene inamovible en la primavera asturiana.
P. D. Como siempre escribo nada más llegar a casa, los enlaces (links) los puse tras publicarla al día siguiente, no pueden faltar porque marcan diferencia sobre el texto, siempre sincero, espontáneo y agradecido a quienes siguen leyendo el blog.

Older Entries Newer Entries