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Talento y elegancia

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Viernes 26 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Perspectivas», abono 11 OSPA, Juan Pedro Romero (corno inglés), Nuno Coelho (director). Obras de Bartók, Ferlendis y Schubert.

Crítica para La Nueva España del domingo 28 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), algún dato más que en el papel no cabía, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Talento y elegancia no siempre van de la mano, pero el undécimo de abono unió ambos a lo largo de la velada en un auditorio con muchos huecos, móviles interrumpiendo y toses siempre maleducadas. Talento del debutante Nuno Coelho, portugués ganador del último concurso bianual de dirección de Cadaqués, que siempre acierta con sus premiados (Lorenzo Viotti en 2013, Michal Nestorowicz en 2008 o nuestro Pablo González en 2006 entre otros), en un programa variado organizado a la vieja usanza, con el que se desenvolvió desde la elegancia, el rigor estilístico y su buen hacer, comenzando con una obra “moderna” de Bartók (1881-1945) siempre actual en pleno siglo XXI, un concierto solista (Ferlendis, 1755-1810) y una sinfonía clásica (Schubert, 1797-1828), músicas livianas que exigen una visión personal para aportar algo distinto, y así lo entendió Coelho con la OSPA que debe ir tomando nota en la búsqueda del nuevo director a partir del verano, no se “escapen” posibles candidatos en plena época de fichajes y tomando el título del concierto: perspectivas.Talento por doquier lo derrocha esta OSPA y especialmente la sección de cuerda, sello inconfundible desde hace años que se renueva paulatinamente sin perder un ápice de calidad. El Divertimento para orquesta de cuerdas de Bartók volvió a demostrar la homogeneidad en el sonido, colocación vienesa con violines enfrentados, cellos frente a la tarima y contrabajos a la izquierda, presencia y limpieza en todo el bloque con especial mención al cuarteto solista: Héctor Corpus (concertino), Ordieres (violín segundo), Alamá (viola) y Von Pfeil (chelo), compenetrados y entregados en solitario, volcados y unidos con toda la sección desde las manos de un Coelho que mantuvo la tensión en los tres movimientos, con los finales “respirando” la última nota, y un inspiradísimo Allegro assai final que rubricó un auténtico “divertimento” de la cuerda asturiana.Talento el corno inglés de Juan Pedro Romero, principal de la orquesta asturiana que volvía como solista para interpretar el Concierto en fa mayor de Ferlendis, un virtuoso del oboe y el corno además de compositor al que sus contemporáneos Salieri o el propio Mozart trabajando para el arzobispo Colloredo no le permitieron brillar como debiera. Y es que este concierto respira aires elegantes, estructura “clásica” en sus tres movimientos, cada uno con su cadencia para que Romero cantase como solista sacando unos timbres cálidos y hermosos, volase desde el virtuosismo cortesano de un instrumento peculiar, siempre arropado por la cuerda inicial a la que se sumaron cinco compañeros de viento (trompas y oboes a dos más el fagot), con una concertación de Coelho atento al solista y cuidando las dinámicas para brillar todavía más. El arreglo de Bach para dos violas y chelo que nos regaló Juan Pedro corroboró calidad, talento y elegancia en todos ellos, y no son flores (que no le faltaron de la mano de sus hijas) sino la constatación del buen hacer de cada uno, pose, peso y poso por doquier.Siempre comento en broma que “no hay quinta mala”, y Schubert no es la excepción. Su Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, D. 485 bebe de su admirado Beethoven pero especialmente de Mozart, como el Ferlendis anterior al que añadir flauta y fagot completando una orquestación que fue creciendo en número y calidad a lo largo del concierto, sobre todo en “elegancia sonora”, atención e implicación de todos los músicos en tres obras delicadas donde un mal gesto podía convertirlas en chabacanas, algo que Nuno Coelho evitó con juvenil maestría. La sonoridad de la OSPA cuidada al detalle desde una dirección elegante, precisa, de tiempos ajustados nos hizo disfrutar hasta de los silencios (lástima del poco civismo tristemente contagioso), dejando flotar los finales de cada movimiento, apostando por un Allegro inicial vibrante, el Andante con moto sin acelerarlo y contrastado con el primero, además de unas dinámicas muy trabajadas, seguido por el Menuetto bien llevado con un “rubato” puntual nada afectado, vienés a más no poder, y el Allegro vivace final que fue balanceando para disfrutar del talento de cuerda y viento en una plantilla ideal para las obras del undécimo de abono.Si a Oviedo la he rebautizado como “La Viena del Norte”, las hechuras del viernes destilaron aire austríaco en la orquesta asturiana en manos del portugués que sacó lo mejor de cada atril. Lo dicho, no se puede perder talento y elegancia, valores difíciles de aunar que cuando se encuentran nos dejan conciertos ideales como estas “Perspectivas”.

Acitores políglota con Cea

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Lunes 8 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Andrés Cea (órgano). Obras de Scheidemann, Sweelinck, Böhm, Bach, Kellner, Cabanilles y Buxtehude.

Segundo de los conciertos de la cuadragésimo segunda semana de música religiosa de Avilés (SMRA) con el órgano como protagonista absoluto en las manos y pies de Andrés Cea, todo un profesor que dio lección magistral desde la sencillez en la registración, los volúmenes contenidos y un programa barroco donde no faltó nuestro Bach español, Juan Cabanilles (1644-1712) del que el maestro jerezano afincado en la capital hispalense es toda una autoridad.
Desde su inauguración el órgano de Acitores nos asombró por su poderío y variedad sonora capaz de adaptarse a cualquier repertorio y época, brillando en todos ellos porque posibilidades y combinaciones tiene para estar explorando años sin parar. El magisterio de Cea estuvo precisamente en acertar con los timbres ideales para las obras que trajo hasta Santo Tomás, siempre proyectado en pantalla para no perdernos detalle, con una selección de compositores alemanes, holandeses y nuestro «propio Bach» desde una limpieza ejecutiva de registros ideales para cada una de ellas, demostrando que el Acitores es políglota, como el doctor andaluz.
Comenzando de forma intimista con el coral luterano O Gott, wir danken deiner Güt de Heinrich Scheidemann (1595-1663), dos teclados bien diferenciados para proseguir con la Echo fantasia de Jan Pieterzoon Sweelinck (1562-1621), reputado profesor del anterior en Amsterdam y emparentados en cuanto a sonoridad aunque jugando con la forma del eco lograda en flautados contrastados para el efecto buscado. El catedrático Cea Galán remarcó emparentó históricamente al alumno y al profesor intrepretando seguidos a ambos con mínimos cambios en los sonidos.
El desarrollo de la partita coral se debe a Georg Böhm (1661-1733), del que escuchamos Vater unser im Himmelreich, y lo retomaría un joven Johann Sebastian Bach (1685-1750), nueva lección histórica del órgano, especialmente por la madura Fuga sopra ill Magnificat BWV 733, nuevos tributos académicos aunque «Dios Bach» sea inalcanzable y el alumno sobrepasó al profesor dejando la huella indeleble para el resto de la humanidad musical. A nivel sonoro el kantor fue el rey del Acitores, el sonido alemán al que estamos acostumbrados, sin acentos marineros, recio sin salitre y espartano porque no sobraba ni faltaba nada, pureza interpretativa y adecuación tímbrica a esa forma endiablada de la fuga a partir de la joya cantora del «Magnificat«.

Tercera lección de la tarde nada menos que con el coral Herzlich thut mich verlangen de Johann Peter Kellner (1705-1772), padre del también músico Johann Cristoph, el oficio de maestro de capilla (kantor), organista, compositor, maestro que pasa de padres a hijos aunque en los Kellner solamente serían dos generaciones y no la casi incontable de «los Bach» que Johann Peter conoció por haberlo estudiado copiando las partituras, la forma de hacerlo en aquellos años y gracias a lo que podemos conservar muchas obras originales perdidas. Aunque no esté constatado parece que J. P. Kellner conoció tanto a Bach como a Händel, así que escuchar el coral registrado como si del kantor de Leipzig se tratase fue un auténtico placer, el espíritu luterano cantado por el pueblo, en el Acitores un regalo sonoro en el segundo teclado, redondez ambiental y respeto total por la partitura disfrutando de las figuraciones exactas, el fraseo vocal y la exquisitez dinámica.

Ya comentaba anteriormente que Andrés Cea es toda una autoridad en el órgano hispano y portugués, así que el Acitores «habló» español universal y magisterio de tecla con Juan Bautista Cabanilles (1644-1712) con una de las formas musicales más españolas desde el renacimiento que llegó al primer barroco. El Tiento de quarto tono posee lo mejor del virtuosismo en la ejecución y una página histórica que el maestro Cea ejecutó «quitando el polvo» a la lengüetería bien combinada con trompetería, lleno literalmente, explosión contenida llena de color en una partitura donde separar grano y paja, por intentar explicar la cantidad de notas, se hace verdaderamente difícil antes del Pasacalles, igual línea compositiva y nuevos registros dentro de una paleta no muy amplia pero suficiente. No es cuestión de «atronar» sino buscar la sencillez sonora para primar la música sin artificios, y en esto todo el programa mantuvo esa unidad de registros.
Y si el poderío al órgano barroco siempre es Bach, su «rival» de la época, Dietrich Buxtehude (1637-1707) no estaba a la zaga, recordando la leyenda del duelo entre ambos en Lübeck que parece le costó un buen disgusto al joven Johann Sebastian en Arnstadt, pues realizó un viaje de casi 400 kilómetros hasta el norte que le tuvo fuera cuatro meses (no cuatro semanas como había pedido fuera de su puesto de trabajo). Viajar para aprender, conocer, intercambiar, la última lección histórica en la fría tarde del lunes con el profesor Cea Galán impartiendo cátedra organística en Santo Tomás de Cantorbery.

Sonaría el Preludio en sol menor, Praeludium g moll BuxWV 148 en el Acitores viajero, español viajado de Torquemada hasta Avilés, como Cea de Sevilla a Asturias, de Arnstadt a Lübeck, políglotas con la música como único lenguaje universal en el llamado «rey de los instrumentos«, un preludio para el final de esta segunda etapa de la XLII SMRA.

Monteverdi divino

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ian Bostridge (tenor), Europa Galante, Fabio Biondi (director). Obras de Castello, Monteverdi, Farina, Purcell y Frescobaldi.

Crítica para La Nueva España del miércoles 20, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Si el barroco tiene su propia primavera en la sala de cámara, se está haciendo hueco en la sala principal dentro de este ciclo de grandes conciertos, y volvían dos años después Fabio Biondi con su Europa Galante en un programa del Seicento italiano en el que brilló el tenor inglés Ian Bostridge con un “Divino Claudio” además de la licencia de su compatriota Purcell.

La formación de Biondi llegaba a Oviedo con un octeto suficiente para las obras elegidas, tanto instrumentales como vocales: dos violines, viola, cello, contrabajo, laúd, arpa y clave-órgano, de presencia y acústica suficiente al mover la caja escénica, y eficiencia en todos los instrumentistas que por momentos casi taparon la voz del británico. Sus intervenciones camerísticas tuvieron distintas calidades, más por lo escrito que lo tocado, pues siguen demostrando el dominio del repertorio italiano bien equilibrado y contrastado en dinámicas y tiempos.
Compositores poco conocidos como Dario Castello, de quien nos dejaron dos sonatas del Libro II (1629) alternando clave y órgano en forma típica en su época, junto al curioso Capriccio Stravaganzza a quatro (1627) de Carlo Farina, donde los instrumentos imitan sonidos de animales con técnicas muy expresivas a base de glisandos, pizicatos, trémolos o dobles cuerdas y los novedosos para entonces sul ponticello o col legno, juegos tímbricos donde los Galantes se mostraron solventes además de preciosistas.

Monteverdi sería el verdadero protagonista vocal con Ian Bostridge, primero Il combattimento di Tancredi e Clorinda (1624) originalmente para tres voces y seis instrumentos, aquí en versión de voz sola (con teléfono móvil al final) para la que el compositor exhorta al tenor “voz clara, firme, de buena dicción y bastante alejada de los instrumentos para que se entienda mejor su narración”. Continúa pidiendo “no hacer gorjeos ni trinos” salvo en las partes indicadas, todo al pie de la letra por parte del cantante inglés en el llamado stilo concitato donde la armonía imita lo enunciado, exigiendo una gama expresiva muy amplia en pos del texto, silábico y por momentos rapidísimo, casi un trabalenguas. Verdadera exhibición de gusto y dominio que mejoró en el último madrigal Tempro la Cetra, monodia acompañada por unos músicos curtidos en este repertorio, con el continuo sin necesidad de doblar cello y contrabajo, sólo éste con el clave, arpa y laúd en un cuarteto remarcando el texto, sobretitulado ayudando a comprender el esfuerzo y la dramatización exquisita del tenor.

El Purcell que abriría la segunda parte supuso salto de época y estilo pero más comodidad vocal pese a la posición casi encogida del cantante que recreó The Queen’s Epicedium (1695) con gran intimismo ayudado por la presencia únicamente del continuo.
Europa Galante puso a continuación su parte instrumental de Frescobaldi y sus Fiori Musicali, op. 12 (1635) con tres formas contrastadas utilizando el órgano para crear atmósferas barrocas por excelencia: Toccata, Bergamasca y Capriccio sopra la Girolmeta, antes de la cítara última de Il divino Claudio.
Buen «seicento» italiano, mejor cantado que instrumental, óptimos los dos ingleses (compositor y tenor) aunque Bach sea dios, verdadero regalo con el que nos elevaron al paraíso musical estos primorosos galantes europeos que también lo tienen grabado. Bendito barroco en Oviedo, “La Viena del Norte”.

Barroco al alza

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ian Bostridge (tenor), Europa Galante, Fabio Biondi (director). Obras de Castello, Monteverdi, Farina, Purcell y Frescobaldi.

Reseña para La Nueva España del martes 19, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Si el barroco tiene Primavera propia también se agradece la creciente presencia en este ciclo trayendo figuras de la talla de Fabio Biondi y su Europa Galante que volvían dos años después a la Sala Principal, pantalla acústica ayudando, con un programa del Seicento para lucimiento instrumental en formato octeto compartido por el tenor inglés Ian Bostridge de color y dicción ideales cantando al “divino Claudio” Monteverdi como único narrador, verdadera dramatización de los textos. Tanto en “El combate” donde un móvil noqueó el final celeste de Tancredo y Clorinda, como en La Cetra el público, que casi llena el patio de butacas, disfrutó del Maestro y sus intérpretes. La licencia geográfica y temporal al compatriota Purcell sirvió para degustar la lengua materna del solista, siempre ayudados por sobretítulos, tan solo con el continuo (cello, arpa, laúd y clave) y canto doliente para “La Reina”.

Instrumentalmente, salvo el reconocido Frescobaldi de sus “Flores” que mantuvo el interés alto, unos menos escuchados Castello y Farina con su stravaganza animalesca dejaron contentos a todos con el buenhacer de esta Europa con calidades contrastadas por todos ellos más Biondi llevando de la mano y arco a sus galantes.
De propina Bach dio el salto al Paraíso musical.

El talento no naufraga

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Lunes 18 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, RIDEA: La Castalia, Concierto de Clausura del Curso de repertorio vocal. Canela García, Carla Romalde, Almudena Sanz (sopranos), Gabriel Ordás (violín), Jorge Diego Fernández Varela (viola y piano), Santiago Ruiz de la Peña (cello); Manuel Burgueras (piano); Begoña García-Tamargo, directora artística y profesora de canto.

Tarde lluviosa con música de fondo de los canalones sin parar en el patio del Palacio del Conde Toreno que no logró aguar un concierto con aires reivindicativos.

Tomó la palabra la directora de «La Castalia» para volver a insistir la ausencia de ayudas a esta asociación veterana que hoy en día no existiría sin el apoyo del RIDEA, denunciando no ya la política cultural, citando el artículo 44 de nuestra Constitución sino el aumento en el precio de los abonos para la temporada de zarzuela que comienza el próximo jueves, y la tardanza en sacarlas a la venta.

Por si el aguacero de incomprensiones fuese poco, Begoña cedió la palabra a Mateo Luces, profesor de violín del Conservatorio del Nalón y presidente del comité de empresa que tras años en el tajo junto a sus compañeros, la Mancomunidad amenaza con llevar a juicio al centro musical de la comarca langreana y pedir que se haga cargo el Principado de este conservatorio, peligrando los puestos de sus 23 profesores que opositaron a ello hace más de 20 años y podrían quedarse como interinos al no haber subrogaciones de contrato, todo por leyes que cada uno interpreta como les viene bien y que por resumir se queda en unos cien mil euros a pagar entre cinco ayuntamientos.

Seguimos recortando en cultura y más en la musical olvidando que Forma Antiqva o el Coro de Voces Blancas han salido de este conservatorio y llevan a mucha honra el nombre de Asturias con una calidad envidiable, teniendo que volver a reivindicar y defender lo que tanto tiempo y esfuerzo ha costado.

En la parte musical hubo bajas médicas de la mezzo María Heres o el tenor Adrián Begega, pero el talento es más fuerte que las inclemencias y un triunvirato de jóvenes compositores además de intérpretes, supieron adaptarse a las circunstancias y completar un concierto que no tuvo desperdicio.

Al cellista Santiago Ruiz de la Peña le tocó abrir velada tras la media hora de reivindicaciones con el mejor «manifiesto» para la música como es J. S. Bach de cuya Suite nº 3 en do mayor nos dejó el profundo y ligero Preludio, la Zarabanda muy sentida recordando las violas de gamba francesas, y la Giga con aires de gaita. Buena memoria, templando con seguridad, arco flexible y creando un sonido que el tiempo, pues el estudio no falta nunca, acabará tomando aún más cuerpo y sonoridad en un instrumento que ya domina.

En el caso de Jorge Diego Fdez. Varela (1996), compositor y músico gijonés nos dejó al piano sus Farolillos en el agua casi banda sonora de esta tarde con el reflejo de las farolas en la autopista «Y» que une la costa con la capital, sencillez y ternura, new age por cristalina y Debussy o Ravel por inspiración y temática.

La asociación cultural «La Castalia» tiene una querencia lógica por Gabriel Ordás (1999) que tomó el violín para reinterpretar la Nana felguerina con texto de Lorca, originalmente para soprano que hoy «cantó» el ovetense con el piano del compositor, Jorge Diego Varela, obra que obtuvo el primer premio en el II Concurso de Composición de la «Fundación Marino Gutiérrez Suárez«, adaptación lírica a más no poder. Y de nuevo el talento de estos dos jóvenes para adaptar de su ópera de cámara Doña Esquina estrenada por «La Castalia» el aria para tenor Y cómo que lo estoy, nuevo dúo violín-piano cantando desde el dominio del compositor esta música fresca y vibrante llena de poesía. Reflejar la premura con la que ambos compositores tuvieron que trabajar, al alcance solo del talento de ambos músicos, integrales en sus dos facetas.

Fueron ellos tres, al sumarse Santiago y cambiar Jorge piano por viola los encargados de clausurar este concierto nada menos que con el Trío de cuerda en si bemol mayor D 471 de F. Schubert, uno de los grandes liederistas que el triunvirato interpretó cual romanza sin palabras en perfecto entendimiento camerístico, cual veteranos músicos que saben cómo latir a una, la mejor defensa para hacer ver lo importante que es tenerlos de ejemplo y tarjeta de presentación a sus coetáneos, esperando los políticos alcancen a entender que es la mejor inversión futura y no un gasto.

De las tres sopranos, ya conocidas por el que suscribe de anteriores cursos, quiero destacar el enorme trabajo y la progresión en cada una de ellas, junto a una sabia elección de repertorio a cargo del maestro Manuel Burgueras que conoce como pocos la materia prima. Para Almudena Sanz de voz fresca y creciente musicalidad eligió a Haydn para comprobar la ganancia en proyección de su voz: Pensi a me si fido amante y Un tetto umil,  para finalizar con el aria Signor, voi sapete de «Il matrimonio per inganno«, microrrelato bien interpretado tras la bellísima Plaisir d’amour (J. P. Martini) que nos descubriese la irrepetible Victoria de los Ángeles.

De artista ya profesional hay que calificar a la ferrolana Carla Romalde, afianzada en color de timbre penetrante y un dominio tanto del euskera como del alemán, idiomas muy parejos con los que pudimos disfrutarla tanto en Sorozábal o Guridi (Romanza de Mirentxu) pero sobre todo con Richard Strauss donde el piano dialoga con ella, un Zueignung poderoso tras el Día de los Santos (Allerseelen), tablas y musicalidad para unos textos que personalmente iba leyendo en el teléfono, traducción incluida.

La mayor satisfacción me la daría Canela García por el enorme avance mostrado, afinación segura y un cuerpo vocal ganando en el registro grave y dramático, con temas en francés muy adecuados a un color que ya está asentado y homogéneo. Beau Soir (Debussy), L’enamourée (R. Hahn) y el aria de «Herodiade» Il est bon (Massenet) fueron páginas muy trabajadas para poder disfruta de una vocalidad que ha ganado en confianza y colorido. Remataría con Kurt Weill y Nanna’s Lied, el cabaret alemán con partes habladas llenas de desenfado que le vienen muy bien a la soprano madrileña cuya evolución a lo largo de los cursos es digna de mención, esperando el próximo.

Felicidades al profesorado que contagia su amor por la música a esta generación de jóvenes cantantes, y mi admiración por el trío instrumental de talento desbordante, cuyas carreras de compositores no han hecho más que empezar y ya sacan a flote lo mejor de ellos en un largo camino para el que deseo a todos ellos lo mejor. Lástima que la política se esté devaluando y llenando de mediocres porque con acercarse esta tarde lluviosa hasta el RIDEA hubieran comprobado «in situ» la buena inversión que esperemos no se lleven alemanes o ingleses, pues dejar escapar talento no tiene retorno y la historia es terca.

Mayúsculas íntimas

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Miércoles 28 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano Luis G. Iberni: Piotr Anderszewski (piano). Obras de J. S. Bach y Beethoven.

En música las tres B mayúsculas las asociamos con Bach, Beethoven, Brahms, y los dos primeros serían los protagonistas del concierto que el pianista polaco-húngaro presentó en Oviedo, ampliando una primera parte que en principio se quedaba «corta» al ofertar tres -después serían seis- preludios y fugas del segundo libro de El clave bien temperado. Las notas a programa de Luis Gago se titulaban «Non Plus Ultra» aunque el recital lo dejaré en personal, pues así entendí la visión de un intérprete que tiene querencia por algunas obras y que afronta esa biblia del músico que es Bach con limpieza exquisita pero algo enfocada por un pedal «sui generis» en un concepto global muy romántico, como si la primera parte fuese preludio de «las Diabelli» sin entender tampoco el criterio en la elección de unas obras concretas así como su orden en el discurso musical, amén de los errores en los números de catálogo o tonalidades dentro del programa inicial y de la hoja añadida que descubrí al finalizar el concierto.

De los seis preludios y fugas no hubo un orden armónico, cronológico ni temático como tampoco en los iniciales tres, y de ellos me quedo con su interpretación contrastada sobre todo en las dinámicas casi extremas donde el éxito se alcanzó con los pianissimi íntimos capaces de acallar toses y respirar con Anderszweski. Personalmente tuvimos hace casi cuatro años nuestro doctorado de melómanos y seguidores de Bach con Pierre-Laurent Aimard que nos dejó casi tan exhaustos com él mismo, un monumento sonoro e interpretativo de que adoleció el polaco. Aportar algo personal a Bach no está al alcance de todos aunque se tenga la técnica necesaria para afrontarlo y creo que es la razón por la que no se escucha habitualmente en concierto. Los preludios resultaron algo desconectados de sus respectivas fugas en cuanto a intención aunque las segundas siempre sonaron limpias y haciéndonos cómplices de su discurso, pero por momentos parecían sonar lejanos, de otros tiempos remotos, por lo que me limité a degustarlos sin más emoción que la ir sorprendiéndome según aparecían. La crítica destaca del pianista polaco la «intensidad y originalidad de sus interpretaciones», y «su
fuerte personalidad artística», así que no estaba muy descarriado.

Pequeña conversación al descanso sobre filosofía y música desde mi silla de ruedas, que voy aparcando poco a poco desde este último miércoles de noviembre, me hicieron pensar sobre introversión bachiana y extroversión beethoveniana, implosión y explosión, decantándose siempre por lo segundo según iba escuchando esas 33 variaciones sobre un vals de Anton Diabelli, op. 120. Desde mis tiempos de estudiante reconozco que buscamos obras que nos gustan y luego no podemos, encontramos otras que terminan cautivando y una extraña sensación, mayor como público, de obras que se cruzan en tu vida. Supongo que esta opción debió ser la de Anderszweski pues las ha grabado en audio, documental y es obra habitual en sus recitales, densa pero asumida como propia de nuevo por su forma de afrontarlas sin esconder nada intrínseco al Beethoven del piano. Nadie mejor que el propio Gago para explicar estas «Variaciones Diabelli» de las que escribe: «una gigantesca metamorfosis, una transformación de proporciones colosales (…) unas variaciones que remiten al inicio de otras variaciones, como si Beethoven quisiera entrelazarlas simbólicamente, con ambas remitiéndose una a otra en una suerte de eterno retorno». Puede que esa media docena de preludios con su fuga correspondiente fuesen como variaciones que nos llevasen a las otras con la visión del genio de Bonn sobre el Kantor de Leipzig y leídas por un intérprete de origen húngaro igualmente universal como ellos, intentando beber como casi todos los polacos de la fuente más cercana en busca de la verdad que en música nunca es total pero siempre será personal y entregada como en el caso de Piotr Anderszweski.

De regalo más Beethoven, la primera de las seis Bagatelas op. 126, misma sonoridad y sentimiento, casi intimidad en toda la velada, personal y solo apto para paladares delicados en un auditorio con excelente entrada para un piano solo, donde la palabra «bagatela» no refleja esta pequeña joya del irrepetible sordo enterrado en Viena.

Este primer sábado de diciembre tendremos más Beethoven en el Auditorio, el Emperador con Kun-Woo Paik de solista Oviedo Filarmonía celebrando 20 años y Carlos Domínguez-Nieto a la batuta, que espero contar desde aquí.

Ilusiones compartidas y mucho futuro

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Miércoles 11 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda final. Entrada libre y aforo completo.

Uno de los platos fuertes del XXI Festival de Música Antigua de Gijón es el concurso internacional ya en su séptima edición, pasando a la ronda final dos de los cuatro grupos escuchados el día anterior, de nuevo con predominio de flautas e interesantes propuestas interesantes por repertorio y formaciones que volvieron a actuar en el orden del día anterior. Tengo que romper una lanza a favor de las «desconocidas» flautas dulces, realmente flautas de pico, que se verían relegadas por los traversos y todavía hoy asociadas al ámbito escolar (cosas de Carl Orff), cuando fueron las reinas desde el medievo hasta la llegada del clasicismo y la mayoría de edad de todos los instrumentos que conformarán las orquestas sinfónicas donde las flautas de pico no encontrarían acomodo.

El jurado estuvo formado por Pilar Montoya (catedrática de clavicémbalo y profesora de danza histórica en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León) como presidenta más los vocales Aziz Samsaoui (director artístico del Festival de Música Antigua de Granada y del grupo Veterum Mvsicae) y Alfonso Carraté (director de la revista «Melómano» y del Festival de Música Tres Cantos), quienes tuvieron difícil el veredicto que se hizo esperar con los nervios lógicos y abundante presencia del público que hizo su votación el día anterior coincidiendo con mi apuesta como dejé reflejado en mi anterior entrada y dejando a continuación la foto con Eduardo García Salueña director del festival, el jurado y Montserrat López concejala de educación y cultura junto al trío valenciano.

Ante la calidad de los grupos que tienen a su favor juventud, amor por la música y una trayectoria previa grande, decidieron dar el premio ex aequo a Vox Tremula e Ibera Auri que en la final volvieron a gustar y deleitarnos con unas obras de dificultad como es de esperar en un concurso, junto al aplomo de un concierto a partes iguales de casi treinta minutos cada uno, sin repetir nada del día anterior.

Vox Tremula, trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla en 2012 y compuesto por Elena Escartín Díez, Judith Milena Cord-to-Krax y Gonzalo Martín Llao, combinaciones de flautas por parte de este consort internacional con dominio de todas las tesituras, alternando instrumentos de registros variados, abriendo en pie con el madrigal a tres voces Una panthera de J. Ciconia (c. 1370-1412), flautas cantando sin necesidad de letra.

Si el día anterior sus «contrincantes» optaron por una obra del portugués Cancionero de Elvas, ellos lo hicieron con Se do mal que me queréis, donde Milena realizó la voz grave desde una polifonía rica de matices, para proseguir con La canción del emperador de J. des Prez (c.1450-1521) / Luys de Narváez (1500-c.1555) cambiando a la grave Gonzalo, nueva muestra del magisterio por parte de los tres en toda la familia de las «incomprendidas» flautas de pico.

Impresionante el Contrapunto XIII de J. S. Bach (1685-1750) donde las tres flautas emularon el órgano no ya tímbricamente sino con el virtuosismo de Milena desde el grave cual pedalero coprotagonista, «El arte de la fuga» que Mein Gott escribe para todas las combinaciones posibles y «vox trémula» han hecho suya. La guinda de la técnica al servicio de la partitura nada menos que con la Sonata op. 1 nº 12, «La Follia» de A. Vivaldi (1678-1741), agudos en pie y necesariamente sentada con el bajo Elena, demostrando la riqueza de sonidos que guardan las flautas casi emulando un trío de cuerda, incluso con los pizzicati soplados porque el virtuosismo de los tres músicos alcanzó también los graves mientras los agudos flotaban cual pájaros inalcanzables desde los arcos, versión matizada, madura y dejándonos mayor riqueza que en la semifinal, comprendiendo las dificultades del jurado por acertar en su veredicto.

Mis preferidos y del público también Ibera Auri cerraban semifinal desde Valencia en Gijón, también trío pero «con flautas» y más completo al doblar clave o cantando también, variando todavía más las combinaciones posibles, apostando por obras breves variadas de estilo y también alguna conocida para los aficionados a la llamada «música antigua» que es cada vez más moderna. Lidia Rodrigo Royo en la final tuvo de nuevo protagonismo desde el clave pero también con la flauta en la segunda de las obras, el tenor Gabriel Belkheiri García del Pozo alternando e incluso duplicando papel con flauta de pico y su voz más Laia Blasco López, mezzo de voz natural, cálida y también virtuosa de las flautas de pico.

En la final comenzaron con el  Antoine Boësset (1587-1643) de quien interpretaron el dúo À la fin cette bergère con acompañamiento de clave casi guitarra o laúd por sonoridad y estilo, Laia cantando junto a Gabriel bien empastados, afinados y además con excelente vocalización y dramatización, casi dialogada, creída y creada.

Como flautistas nos dejaron la Trio sonate op. 3 nº 7 de Antoine Dornel (1685-1765), cuatro movimientos  (I Vivement – II Lentement – III Chaconne – IV Gigue) perfectamente complementarios y contrapuestos como buen barroco, mostrándose cómodos desde una ejecución impecable y muy trabajada. Nuevo salto de calidad con Passava amor su arco desarmado (recogido en «A musicall banquet»por Robert Dowland), un Anónimo del siglo XVI para mezzo, flauta y clave realmente delicioso por parte de los tres intérpretes que repetirían formato en Sosieguen, Descansen de Sebastián Durón (1660-1716), otra joya que me descubriese Raquel Andueza como a tantos de sus fieles seguidores, donde Laia Blasco puso todo el sentimiento, la flauta de Gabriel los perfectos toques coloristas y el clave de Lidia Rodrigo todo un muestrario de buen ornamento y armonía precisa.

Para terminar nada mejor que la Marizápalos, una joya anónima  del XVII que mi admirada navarrica canta como nadie y este trío plantea con alternancia de flautas y voz más el sustento imprescindible de un clave portentoso junto a dos voces cantando y contando la historia.
De nuevo un placer comprobar la seriedad interpretativa de esta generación joven y preparada que siguen ampliando o renovando proyectos sin perder nunca frescura ni calidad, alzándose con este premio que les dará todavía mayor visibilidad y conciertos, a fin de cuentas el mejor premio.
Aún queda festival en el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque personalmente me despido agradeciendo el trabajo de toda la organización y colaboradores en seguir, no ya con este concurso sino apostando por un festival de música antigua que demuestra cada verano la buena respuesta del público, siempre fiel en Gijón.

Antitusivo Bach

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Lunes 23 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: V Primavera Barroca, Ensemble de la Orquesta Barroca de Helsinki. «Collegium Musicum», obras de J. S. Bach.

Nuevo lleno en la sala pequeña del auditorio ovetense para una velada con Bach, el mejor antitusivo para un público educado y entregado a estos placeres barrocos, hoy plenamente instrumentales del Kantor en su breve pero feliz estancia en Cöthen, aunque siempre volviese sobre ellas en Leipzig en el Collegium Musicum que fundase Telemann, tal y como recuerda en las notas al programa el especialista sevillano Pablo J. Vayón que dejo, con las obras, aquí escaneadas.

Las páginas musicales que abrían y cerraban concierto nos trajeron dos clavecinistas de lujo: el finlandés Aapo Häkkinen, fundador y director de una orquesta barroca hoy reducida a «ensemble» de solistas, y el conocido francés Pierre Hantaï, que nos interpretaron los conciertos BWV 1061 y BWV 1062 en un derroche de calidades donde era imposible saber cuál era protagonista, quién contestaba a quién o la suma potenciada de unos claves perfectamente afinados que parecían uno, con momentos donde los cuatro teclados crearon una atmósfera milagrosa que hacía reinar un silencio sepulcral, casi reverencial ante Bach Dios nuestro.

El Concierto para dos claves en do menor, BWV 1062 (1736) con sus tres movimientos (Vivace – Andante – Allegro assai), arreglo o recreación del BWV 1043 para dos violines, demostró el entendimiento de los solistas con este buen «ensamblaje» de cuerda frotada, Tuomo Suni y Aira Maria Lehtipuu (violines), Riitta-Liisa Ristiluoma (viola), Heidi Peltoniemi (chelo), colocados como se aprecia en la foto inferior, mandando realmente el francés por ubicación, supongo también autoridad y respeto de sus compañeros nórdicos, fieles representantes del buen hacer y fidelidad interpretativa de estas partituras, donde la calidad individual suma como conjunto.

Para disfrutar del traverso de Pauliina Fred con Häkkinen al clave pudimos saborear la Sonata para flauta y clave en la mayor, BWV 1032 (1736?) donde el genio de Eisenach vuelca su virtuosismo interpretativo y compositivo con ambos instrumentos en perfecta unión tímbrica, dúos que explotará en cantatas varias pero que en esta distancia corta apreciamos con más detalle. Tres movimientos «habituales» o como digo otras veces «barroco de libro», contrastes en todo: aire, compás, matices, virtuosismo en la forma y también en la ejecución del Vivace – Largo e dolce – Allegro, obra conservada curiosamente en la misma partitura de la BWV 1062 que abría el concierto, antes de afrontar todo el conjunto (sin el francés) la conocidísima Suite para orquesta nº 2 en si menor, BWV 1067 (1738/39), con protagonismo no solo de Fred en la flauta sino de esta formación mínima y suficiente para escuchar los siete números o danzas de esta suite en el orden habitual, que podrían haberse variado sin problemas (Ouverture – Rondeau – Sarabande – Bourrée – Polonaise – Menuett – Badinerie) dando juego todos y cada uno de los solistas con limpieza, empaste, aires siempre ajustados, dinámicas perfectas y equilibrios que el propio Bach refleja por la elección de los protagonismos puntuales. Sonido corto respecto a la flauta moderna pero suficiente en el traverso, perlas bien engarzadas en la ornamentación desde la tecla y ensamblaje en el cuarteto de cuerda redondeando una interpretación aseada y sin excesos.

Para cerrar el círculo virtuoso el otro regalo de teclas a pares, el Concierto para dos claves en do mayor, BWV 1061 (1733/34) menos escuchado pero igualmente equilibrado entre ambos solistas y la cuerda frotada, espectacular Allegro, el duelo «sin sangre» entre ellos con un Adagio para paladear cada tecla, cada contestación, cada compás compartido en y por ambos, antes del apabullante Vivace con la suma en fuga de tímbricas, dinámicas y matemáticas elevadas a la enésima potencia, pues «Mein Gott« es el padre de todas las músicas y esta obra, como casi todas las suyas soportan como pocas el paso del tiempo, versiones más o menos historicistas, de jazz, con piano y orquesta, reducciones, revisiones y hasta «barbaridades» que siempre parecen menores desde esta perfección, la misma con la que los nórdicos son capaces de romper el hielo y curar toses.
Todos juntos sumándose el traverso bisaron la popular Badinerie con dos claves donde finlandés y francés permutaron teclados para otra (re)visión del último número de la segunda suite orquestal, nunca más con menos.

Celebrando los 333 de Bach en Avilés

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Miércoles 21 de marzo, 20:15 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA). Josep Mª Mas i Bonet (órgano). «Música para la Pasión»: obras de Bach, Brahms, Liszt, Franck y Messiaen.

Entramos en la recta final de la cuadragésimo primera SMRA​ en el día del 333 aniversario de Bach, que no podía faltar en un concierto titulado «Música para la Pasión» y con el veterano organista de Centelles (Barcelona) Josep Maria Mas i Bonet, que fue de menos a más en este penúltimo concierto con el órgano de Acitores nuevamente increíble en sonoridades todavía por descubrir, maestría de un intérprete de largo recorrido y obras de gran enjundia.

Comenzó el catalán con la Fantasía en do menor, BWV 562 del kantor, continuando con el Coral De profundis clamavi ad te, de la Cantata BWV 68 y la Fantasía y fuga en do menor, BWV 537, austeras como el propio Bach hubiera deseado, registros sobrios sobre el segundo teclado y el pedal, limpieza de líneas, técnicamente impecable y gustándose sobre todo en la última de las tres partituras de nuestro dios.
En línea similar discurrió Brahms como no podía ser menos al «revisar» al padre de las músicas con el Preludio coral Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen  (Querido Jesús, qué culpa has cometido), comedido en su grandeza, homenaje romántico al barroco en el instrumento rey, el órgano de Santo Tomás avilesino en manos y pies de Mas i Bonet, de nuevo maestro con poso al afrontar este muestrario con referencias a la Pasión de Cristo.

Pero llegaría Liszt y rompería el fuego abriendo horizontes sonoros con la Oda fúnebre, muerte esperanzadora, luminosa sin perder dramatismo, registros mucho más variados, la expresión en los pedales que comenzaba a emanar grandeza sonora en distintas dinámicas.
El momento cumbre personalmente llegó con Cesar Franck y su Coral nº 1 en mi mayor, auténtico caleidoscopio sonoro en un Acitores camaleónico que parecía emular los Cavaillé-Coll del romanticismo pleno con variedad tímbrica y transiciones de un teclado a otro delicadas con sabor francés y verdadero «savoir faire» elegante, brillante, variado, jugoso, para la última explosión final del organista catalán.

Olivier Messiaen siempre supone un tributo bachiano y Les Ténèbres su música para esta pasión con truenos y tinieblas de dolor en ese lienzo orgánico antes de la feliz La Résurrection du Christ con el organista catalán siempre cercano a Francia en todo. Paleta barroca con trazo abstracto bien interpretado y exprimiendo el Acitores cada vez más asombroso cuando se le exige, y los cinco autores de este miércoles supusieron otra prueba de un órgano válido para repasar la historia de la música para él escrita.

No podía haber sido mejor cumpleaños de Mein Gott quien decía​
«La música es una armonía agradable para el honor de Dios y de los placeres permitidos del alma«, armonías las alemanas y placeres inmejorables los franceses, pues Mas i Bonet se mostró en el órgano avilesino tan francés como Franck y Messiaen.
La agenda me impide asistir al último concierto del viernes 23 con el grupo de cámara santanderino Ars Poliphonica que además estrena espacio en la Iglesia de los Padres Franciscanos (Parroquia de San Antonio), acústica ideal para un programa que va de Dunstable y Gombert hasta Drake o Vince Clarke titulado «Dilecte Mi» a cargo de este grupo de voces graves.

Bach siempre misericordioso

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Martes 20 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Pablo Taboada Jiménez, órgano. Obras de J. S. Bach, C. Franck y O. Messiaen.

Mein Gott Bach todopoderoso y también misericordioso perdonó ofensas pasadas y nos trajo al profesor catalán Pablo Taboada en el tercero de los conciertos programados con un repertorio potente donde estaba el trío de compositores ideales para todo organista que se precie: Bach, Franck y Messiaen cerrando el círculo, tres épocas y estilos con exigencias distintas que el órgano Acitores de Sabugo sigue respondiendo como un grande.

El Preludio y fuga en do menor, BWV 546 calentó tubos, dedos y acústica en un templo no tan lleno como nos gustaría, pues el público es el mejor premio y recompensa para el esfuerzo de Chema Martínez y los suyos. Todavía sin el poso ni el pulso deseado aunque buscando registros adecuados, mejores en la fuga pausada, algo pesante pero marcando todo, usando un pedal discreto igual de virtuoso que los teclados manuales, nunca enturbiando los temas principales, Taboada abrió la espita bachiana antes de continuar con dos corales.

An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, de los dieciocho Corales de Leipzig y Erbarm dich mein, o Herre Gott, BWV 721, ambos de sonidos básicos casi «de libro» donde la melodía luterana sonó con una lengüetería clara de tímbrica sobresaliente mientras el pedalero seguía en un segundo plano con las apariciones puntuales, aguantando los tubos sin ningún ronquido.

El romanticismo de Cesar Franck le va como anillo al dedo al Acitores que ya tiene acento propio, castellano recio con sabor a salitre, rico en registros con los que Taboada acertó, desde reminiscencias al popular armonio hasta los flautados potentes, subiendo intensidades de volumen y emociones, jugando con el trémolo puntual y el pedal de expresión algo tímido en recorrido aunque dejándonos uno de sus tres corales para órgano, Deuxieme Choral en si mineur muy logrado de dinámicas al que le pediría un poco más de «arrebato» acorde con el estilo (del) francés.

Sin abandonar el país vecino y con la misma espiritualidad que el kantor de Santo Tomás (de Leipzig, no avilesino), Messiaen supone cerrar el círculo de Bach, virtuoso no ya en ejecución sino en la búsqueda de los sonidos adecuados, la atmósfera del texto inspirador con la tímbrica complementaria, y así entendió mi tocayo la Apparition de l’église éternelle con el Acitores pletórico, tubería acoplada con el exigente Olivier, de amplias dinámicas y registros inéditos completando una velada que fue calentando a medida que la música se acercaba a nuestro tiempo sin perder el respeto a los orígenes. Todo es mejorable, pero el maestro Mas Bonet estaba al lado ayudando y tomando nota para su concierto del miércoles donde al trío de ases de hoy se sumarán Brahms y Liszt en una verdadera fiesta sonora del órgano astur-palentino bajo el sugerente título «Música para la Pasión».

La veteranía es un grado y los años dan el poso necesario no solo para la interpretación sino para la recreación de unas partituras siempre únicas y distintas según el órgano, el día, la temperatura… y el ánimo tanto del ejecutante como del oyente. Ya lo contaremos desde aquí mientras los organizadores de la SMRA siguen subiendo temas al Canal de YouTube©.

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