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Historia del lied en Granada

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Martes 4 de julio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), “Universo vocal”: Anna Lucia Richter (mezzosoprano), Ammiel Bushakevitz (zanfona, piano). Licht!. Obras de Wolfenstein, Vogelweide, Bach, Mozart, Schubert, Fanny Mendelssohn, Mendelssohn, Schumann, Wolf, Berg, Reinmann, Rihm, Eisler y Weill. Concierto Homenaje a Victoria de los Ángeles en el centenario de su nacimiento. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Impresionante lección histórica del “lied” alemán en este “Universo vocal” granadino con dos intérpretes de altura: la mezzosoprano Anna Lucia Richter (Köln, 1990) y el pianista Ammiel Bushakevitz (Jerusalén, 1986) que nos deslumbró también con la zanfona.

Siempre comento la lírica como poesía musicada, pues si los textos son importantes, cuando se les ponen melodías y acompañamientos se engrandecen, máxime en esta feliz unión donde la voz declama y comparte el protagonismo con el instrumento que la viste a la moda del momento. El dúo Richter – Bushakevit nos brindaron un repaso de calidad a las mejores canciones alemanas de la historia, desde el medievo hasta nuestros días, donde no faltaron ni un Bach siempre único que con el piano sigue sonando actual, los clásicos Haydn y Mozart que en la “canción de concierto” son tan brillantes y cercanos como en sus óperas, los hermanos Mendelssohn románticos «de catálogo», incluso la trilogía del lied (Schubert, Schumann y Wolf) pero también Schumann, el paso al expresionismo puro y duro de Berg o Weill más los todavía vivos Reimann o Rhim, continuadores de una tradición tan alemana como el propio género.

Imposible destacar algo concreto porque el recital de este decimocuarto día del Festival de Granada en el Patio de los Mármoles quedará en mi memoria como todo un acontecimiento, la parte vocal con esta mezzo alemana de timbre carnoso, dicción impoluta, proyección pluscuamperfecta, emisión impecable, dramatización perfecta haciendo entender unos textos de por sí verdaderos microrrelatos que con su amplio y homogéneo registro resultaron plenamente creíbles con un color lleno de matices. Sumemos un pianista israelí tan protagonista como la voz que no sólo manejó la zanfona de manera magistral sacando matices increíbles y jugando con los “bordones” o el manubrio empujando la acción cantada, también auténticamente plausible su papel de acompañante (aunque no me guste el término), con todas las obras exigentes y la compenetración exacta en cada página engrandeciendo a la mezzo, revistiéndola del carácter apropiado en cada obra, y sacando del Yamaha CFX de última generación una sonoridad tan luminosa como el título del recital.

Licht!, luz y sombra a lo largo de la poesía cantada, historia que con Wolkenstein pregunta por “el iluminado” o el minnesinger Vogelweide cantando bajo los tilos tal vez berlineses, Anna Lucia Richter y la zanfona de Ammiel Bushakevitz nos transportarían a los auténticos orígenes germanos sobre la pasión por la poesía cantada. Con los textos y traducción proyectados sobre las piedras renacentistas era un placer entender la lengua de Goethe toda la carga poética transmitida por este dúo que enamoraron desde la primera nota.

El maestro Arturo Reverter titula sus notas al programa «Y la luz se hizo» donde desmenuza cada página, y de las dos canciones de “Mein Gott” escribe “en su contención algo escolar, aparecen cortadas por similar patrón. Der lieben Sonne Licht und Pracht, BWV 446, revela una mayor fantasía. O finstre Nacht, BWV 492, discurre lánguidamente a lo largo de una línea muelle y serena”, adivinando el carácter que la mezzo y el pianista imprimieron, Bach siempre eterno con un piano casi organístico y el color vocal ideal para El Cantor.

Más luz y alegría con los clásicos vieneses, Haydn “Lujuria de país” y de canción, más Mozart y la “sensación de la tarde” describiendo casi al momento estos momentos granadinos que voz y piano nos transmitieron. Si “La Richter“ enamoraba, Bushakevitz ayudaba, perfecto entendimiento y sentimiento antes de continuar con otros tres románticos sin olvidarnos de los textos que musicaron, y que dejo al final de esta entrada con el programa íntegro.

La época que le tocó vivir a Schubert no fue justa con él, pero su música le hará eterno. Sus lieder son todo un ejemplo de engrandecer los poemas de sus contemporáneos imaginando aquellas sesiones de salón que se conocen como “schubertiadas” por la feliz unión de las artes y donde la poesía y su música iban de la mano, tal y como Richter con Bushakevitz nos mostraron. Tres canciones que transitarían por el espíritu del vienés, “en el agua para cantar” cristalino por ambos intérpretes, el trágico enano lleno de dolor y otro atardecer porque la luz vespertina tiene magia, y más en Granada con dos artistas que transmitieron todo en cada página.

Los hermanos Mendelssohn no podían faltar en este repaso del lied, el Leipzig romántico con Fanny ahora recuperada y con tanta calidad como Felix, primavera y crepúsculo contrapuestos pero también unidos, voz arropada y subrayada por un piano sin complejos femenino, o el “nuevo amor” masculino con unos textos de los más grandes, incluso los que inspirarían a un Mahler que en este repaso histórico no pudo estar, imposible condensar tanta historia musical.

Una primera parte para comentar al descanso pero aún quedaba la segunda que nos acercaría aún más a una luz casi deslumbrante ya en plena noche granadina.

Schumann y Wolf, dos periodos que escuchados juntos dan continuidad a la poesía alemana y a la escritura lírica, mismos temas con dos técnicas que Richter y Bushakevitz hicieron propias, “cristal de la ventana” por la que escuchar “cantar a la tarde” en Leipzig, o preguntarse “Qué hacer con la alegría” tras un apocalíptico “jinete rojo” que no figuraba en el programa, donde Anna Lucia Richter parecía preparar lo que vendría en el tramo final, simbolismos, metáforas y tragedias, más el piano de Ammiel Bushakevitz dando no ya la confianza necesaria sino todo el dramatismo y ambientación de unas poesías que crecieron con ambos.

Nuevo paso adelante en la historia del lied llegando al expresionismo total de las cuatro canciones de Alban Berg que sólo un dúo tan compenetrado y conocedor de la lengua de Goethe llevada al pentagrama puede interpretar con la fuerza y emoción mostrada, sumándole la última Warm die Lüfte “calentando el aire” y a capella desgarradora, subiendo la temperatura tanto ambiental como emocional antes de los tres más cercanos en el tiempo, manteniendo la misma calidad, intención e intensidad por parte de Richter y Bushakevitz.

Proseguirían textos de luz y hasta de renuncia a ella (Reinmann), “flores marchitas” de Rihm que sonaron bellas y hasta perfumadas, o cantando Eisler desde la meca cinematográfica “Y finalmente” como banda sonora antes del auténtico cabaret berlinés de Kurt Weill con luces de neón o reflectore en los clubes sórdidos que el cine y la música convierten en pequeños templos de culto. Si Ute Lemperer marcó estilo en estos repertorios, tras escuchar a la mezzo Anna Lucia Richter con el piano mágico de Ammiel Bushakevitz la sucesión está garantizada.

“Y la luz se hizo” con el recuerdo y homenaje a nuestra Victoria de los Ángeles en el centenario de su nacimiento, con un regalo a la altura de nuestra soprano internacional, Sommerabend op. 85 nº1 de Brahms, verdadera delicia vocal y auténtico despliegue pianístico tras un paseo histórico por el inigualable lied alemán.

De nuevo la magia y la luz se dieron la mano, y para cerrar el círculo volverían Richter y Bushakevitz al medievo, la zanfona marcando el paso en el escenario mientras la mezzo hacía recorrido real por el “claustro” envolviéndonos con su canto y voz penetrante, cautivadora, luminosa ya cercana la medianoche.

PROGRAMA

I

Oswald von Wolkenstein (1377-1445)

Wer ist, die da durchleuchtet

Walther von der Vogelweide (c. 1170-1230)

Unter den Linden

Johann Sebastian Bach (1685-1750)

Der lieben Sonne Licht und Pracht, BWV 446 (Texto: Christian Scriver)

O finstre Nacht, BWV 492 (Texto: Georg Friedrich Breithaupt)

Joseph Haydn (1732 – 1809)

Die Landlust , Hob. XXVIa:10 (Texto: Georg Ernst Stahl)

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Abendempfindung, KV 523 (Texto: Joachim Heinrich Campe)

Franz Schubert (1797-1828)

Auf dem Wasser zu singen, D 774, op. 72 (Texto: Friedrich Leopold Graf zu Stolberg-Stolberg)

Der Zwerg, D 771, op 22/1 (Texto: Matthäus Kasimir von Collin)

Im Abendrot, D 799 (Texto: Karl Lappe)

Fanny Mendelssohn (1805-1847)

Frühling, op. 7/3 (Texto: Joseph von Eichendorff)

Dämmrung senkte sich (Texto: Johann Wolfgang von Goethe)

Felix Mendelssohn Bartholdy (1809 – 1847)

Minnelied, op. 34/1 (Texto de Des Knaben Wunderhorn)

Neue Liebe, op. 19a/4 (Texto: Heinrich Hein)

II

Robert Schumann (1810-1856)

Die Fensterscheibe, op. 107/2 (Texto: Titus Ullrich)

Abendlied, op. 107/6 (Texto: Gottfried Kinkel)

Hugo Wolf (1860-1903)

Wohin mit der Freud? (Texto: Robert Reinick)

Alban Berg (1885 – 1935)

Vier Gesänge, op. 2:

Schlafen, nichts als schlafen (Texto: Christian Friedrich Hebbel)

Schlafend trägt man mich (Texto: Alfred Mombert)

Nun ich der Riesen stärksten überwand (Texto: Alfred Mombert)

Warm die Lüfte (Texto: Alfred Mombert)

Aribert Reimann (1936)

Nach dem Lichtverzicht, de Eingedunkelt – Neun Gedichte nach Paul Celan (Texto: Paul Celan)

Wolfgang Rihm (1952)

Verwelkte Blumen, de Vier späte Gedichte von Friedrich Rückert (Texto: Friedrich Rückert)

Hanns Eisler (1898-1962)

Und endlich, de Hollywood Liederbuch (Texto: Peter Altenberg)

Über den Selbstmord, de Hollywood Liederbuch (Texto: Bertolt Brecht)

Kurt Weill (1900-1950)

Berlin im Licht (Texto: Kurt Weill)

Un jardín de flautas

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Domingo 2 de julio, 12:30 horas. 72 Festival de Granada, Crucero del Hospital Real, “Grandes intérpretes”: Giovanni Antonini (flautas). It’s as easy as lying: obras de Virgiliano, Van Eyck, Hotteterre, Telemann y Bach. Fotos de Fermín Rodríguez.

Parece mentira que un concierto de flautas antiguas pueda congregar tanto público en el crucero del Hospital Real granadino, y es que el milanés Giovanni Antonini hizo como el personaje del cuento para atraer en esta calurosa mañana de domingo a un público variopinto y ávido por escuchar “El jardín de las delicias de la flauta” como recuerda la profesora Ana García Urcola en sus más que interesantes notas al programa.

Todo un arsenal de flautas el desplegado por “el flautista de Milán” para un programa titulado It’s as easy as lying del Hamlet shakespeareano, traducido como “Es tan fácil como mentir”, aunque Antonini no tuvo nada fácil las obras elegidas y además con la mayor veracidad interpretativa posible.

Con una flauta doble, similar al aulos griego, el concierto comenzaba con un anónimo del Trecento italiano, dos estampidas de auténtico virtuosismo, tituladas Isabella y Lamento di Tristano (del manuscrito conservado en la British Library London).

Desde estas “flautas viajeras” y en un particular viaje que la profesora García Urcola llama “anacronópete” (genial tributo a nuestra primera maquina del tiempo y española), la siguiente parada sería en Il Dolcimelo de Aurelio Virgiliano (fl c. 1600) con un Ricercare imitando la voz humana para conseguir “el movimiento de los afectos”, un alarde interpretativo del milanés, de respiraciones cual cantante y con unos contrastes dinámicos y de tempi muy efectistas.

Siguiente parada en los Países Bajos, segundo tercio del XVII, con Jacob van Eyck (1590-1657), ciego campanero y flautista com una producción de mas de 150 obras agrupadas bajo el nombre de El jardín de las delicias de la flauta que tomo prestado en la introducción. Compendio de música vocal y danzas de herencia renacentista jugando con el virtuosismo del flautista, melodías bellísimas y con una ornamentación increíble, además de la articulación que consigue un colorido tímbrico impensable en una flauta (contralto y no soprano, ninguna adecuada en las enseñanzas musicales por mucho que Carl Orff se empeñase), con dos páginas donde la impactante fue la Fantasia in echo.

Jacques-Martin Hotteterre (1674-1763) nos situó en el París dieciochesco y perteneciente a una familia de fabricantes e intérpretes de instrumentos de viento, llegando a ocupar varios puestos en las instituciones musicales al servicio de Luis XIV. Será referente de los flautistas al publicar en 1707 su famoso método. Cuatro preludios para flauta de pico (de L’Art de Préluder,  París, 1719) jugando con diferentes modelos y tesituras, donde Antonini no solo dio una clase magistral por adaptarse a las indicaciones del “Método” sobre ornamentos y su ejecución “evitando un alarde de fantasía” que escribía Hotteterre. No hubo excesos ‘italianos’ en la música francesa para la corte, pero sí un catálogo de fantasía y sentimientos plagados de matices, dinámicas, fraseos y articulaciones más allá del rígido protocolo francés.

Aún quedarían dos aires de la Suite nº 3 (de Premier Livre de pieces. París, 1715), un Rondeau y una Courante con la imagen de los bailes cortesanos interpretados por una flauta que merecía ser de oro, y corroborado en la penúltima obra Lentement del Preludio en do menor (de L’Art de Préluder).

Pero los alemanes entendieron este ancestral instrumento de otra forma, y el Barroco supondría toda una explosión de luz y color, contrastes de todo tipo donde lo italiano se pondrá más de moda que lo francés. El prolífico hamburgués Georg Philipp Telemann (1681-1769) compone un corpus inmenso de una variedad inusitada para este aerófono. Antonini siguió utilizando las flautas de pico y no los traversos, para disfrutar con tres de las 12 Fantasías para flauta (publicadas hacia 1733), imaginación compositiva y magisterio interpretativo, Si las fantasías estaban ordenadas por tonalidades correspondientes cada una a un afecto, el milanés eligió las nº 3 en re menor, nº 8 en sol menor y nº 10 en mi menor, adaptando los originales y mostrando la variedad de instrumentos para los distintos movimientos de estas fantasías en el amplio sentido del término. Organizadas en orden inverso los “afectos” fueron más allá de la mañana “granaína», impresionándonos tanto el Presto de la décima como el Spirituoso de la octava, y toda la tercera que exigen del intérprete no solo capacidad pulmonar sino un dominio total de cada instrumento, pues el virtuosismo consigue que escuchemos armonías o contrapuntos en un instrumento monódico.

Y en un festival donde “Mein Gott” preside muchos conciertos, no podía faltar el único Johann Sebastian Bach (1685-1750), padre de todas las músicas posteriores, virtuoso del órgano, el violín y también de la flauta, genio de la composición con Leipzig como última parada en este itinerario original a través de unas músicas asombrosas. El cantor compuso una única obra para flauta sola, la
Partita en do menor para flauta sola, BWV 1013 (c. 1723, original en la menor) y pude que con Pierre-Gabriel Buffardin (extraordinario intérprete de la Orquesta de Dresde) como destinatario de la misma. Si en Telemann nos asombraba la “consecución” polifónica, el dios de la fuga y arcano musical que fue Bach aún eleva no ya la sensación sino la realidad al escucharlo con Antonini sentado y empapado tras la ejecución de los cuatro movimientos de esta “suite flautística” (Allemande / Coréate / sarabande / Bourreé Angaise) que nos hace aún más comprensible el enorme conocimiento que el flautista y director milanés tiene del cantor al llevarlo en sus conciertos con formaciones camerísticas como el del último día de junio.

Tras este viaje, la propina nos llevó a Corea del Sur con una obra del también flautista y compositor Hong-Jun Seo (1978), integrando lo clásico y lo moderno, con otra flauta de Antonini explorando sonoridades orientales, microtonales para una obra sugestiva y sugerente, hasta ecológica por la inspiración en la naturaleza, con la que ampliar itinerarios para un instrumento ancestral que sigue vivo.

Koopman, vitalidad y oficio

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Sábado 1 de julio, 21:00 horas. 72 Festival de Granada, Parroquia de Nuestro Salvador, “Grandes intérpretes”: Ton Koopman (órgano). Obras de Bruna, Froberger, Sweelinck, Buxtehude y Bach. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

La Iglesia del Salvador fue arrasada el 10 de marzo de 1936 por un pavoroso incendio, y reemplazadas por frías imitaciones en hormigón. La maltrecha iglesia, que en su día recibiera el título de “Insigne”, así como cuantiosos bienes, luce hoy en la capilla mayor una imagen del Salvador –procedente de la basílica de Nª Sª de las Angustias–, de Pedro Duque Cornejo, así como un lienzo de la Santa Cena, debida a Pedro Atanasio Bocanegra, y dos retablos procedentes de la iglesia de Santa Escolástica. Y desde 2001 Granada tiene un nuevo órgano versátil construido por Francisco Alonso Suárez donde esta tarde de sábado el infatigable Ton Koopman, tras impartir en la mañana unas clases magistrales para unos pocos privilegiados, disfrutó y nos hizo disfrutar de un concierto basado en sus grandes maestros (Froberger, Sweelinck, Buxtehude y Bach) sin olvidarse de comenzar con una anónima Batalha Famosa en do mayor para ir abriendo tubos, especialmente la trompetería siempre bien dispuesta, y el Tiento sobre la letanía de la Virgen de Pablo Bruna (1611-1679) “El Ciego de Daroca”, explorando las sonoridades del llamado “órgano ibérico” que el del Salvador esconde entre sus muchos registros.

Escuchar al maestro holandés desgranar cada obra es una delicia, pues juega siempre a encontrar los registros apropiados, como un niño con un juguete que además hace magia.
Tras el tributo “hispano” llegaría el barroco potente, primero con Johann Jakob Froberger (1616-1667) y la Toccata II (Libro secondo, 1649) escrita en el denominado stylus phantasticus y desembocando en una giga, una demostración del poderío tanto del órgano como del organista para proseguir con Jan Pieterszoon Sweelinck (1562-1621) y la Echo fantasia «Puer nobis nascitur», un despliegue de registros para alcanzar esos juegos de contestación con tímbricas que recrean ese fenómeno de la naturaleza, y el órgano del Salvador respiró por flautados y lengüetas de todas las medidas.

Los grandes alemanes serían los verdaderos platos fuertes en las manos de Koopman, primero el danés (eso dicen en Helsingør) afincado en Lübeck Dietrich Buxtehude (1637-1707) cuyo Preludio, BuxWV 139 sonó poderoso en un despliegue de registros que la composición pedía, un políptico (como bien explica el también organista Pablo Cepeda en las notas al programa), pues encadena sucesivamente un preludio cuasi-improvisatorio, una fuga, un adagio y una tocata final. A continuación el coral «Wie schön leuchtet der Morgenstern», BuxWV 223, verdadera fantasía al órgano, con algún problema de equilibrio pero siempre apreciable la melodía, para terminar con la Fuga, BuxWV 174, luminosa como el verano danés o alemán, que no vamos a discutir de nacionalidades ya que la música es universal.

Y siendo Ton Koopman su profeta, el “sermón final” sería de Johann Sebastian Bach (1685-1750) con una delicia de obras:

La Fantasía en sol mayor, BWV 572, que comienza en tresillos de registros agudos antes de la poderosa parte central con pedal, a cinco voces que se distinguieron y sonaron nítidas.
Los preludios corales de Bach son un muestrario de recursos a partir de glosar las melodías luteranas, y así fuimos disfrutando de «Wachet auf, ruft uns die Stimme», BWV 645, que incluye la conocida aria de la Cantata 140 con un pedal de trompetería pleno y los flautados que nos transportan a los templos protestantes, después en tiempo de adviento «Nun komm‘ der Heiden Heiland», BWV 659, otro juego de registros con un pedal potente pero sereno.

Lo festivo continuaría con «In dulci jubilo», BWV 729 a cuatro voces donde manos y pies de Koopman volaron juveniles y con el oficio de toda una carrera, ornamentaciones aéreas e improvisadas desde una vitalidad pasmosa, para cerrar los corales con «Schmücke dich, o liebe Seele», BWV 654, complicado de escritura y ejecución por la necesidad de acertar con los registros, entrando todos sin dificultad ni gemidos, respondiendo el órgano a las exigencias del holandés.

Y mejor cierre que la Fuga en sol menor, BWV 578 no podíamos encontrarlo, de extenso desarrollo para que Koopman siguiese “tirando” de vitalidad y oficio. Con el tema conocido por todos los bachianos, voló y sonó cual violín por estilo y sonoridad; cada entrada del tema en una mano y registro le precede otro anticipando el contenido de la siguiente entrada. Maravillosa fuga e interpretación para un público entregado que llenó la iglesia parroquial del Albaicín.

No importaba el esfuerzo ni la edad para el incombustible Koopman que aún nos regaló dos joyas, una bachiana (creo que uno de los corales de Leipzig) y otra que me recordó a las Fantasías de Jean Alain por la búsqueda de registros que resultaron un verdadero muestrario de sapiencia para explotar al máximo los recursos de este potente y versátil órgano joven, casi tanto como un maestro que no parece cumplir años en este concierto vespertino del undécimo día de Festival.

Yo confieso ante dios Bach

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Viernes 30 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Patio Colegio Mayor Santa Cruz la Real, “Solo Bach”: Orquesta Barroca de Sevilla (OBS), Giovanni Antonini (director). Johann Sebastian Bach (1685-1750): Suites orquestales.

Décimo día de festival y no hay mejor fiesta que la música de Bach que sigue sonando en Granada, esta vez desde “mi casa colegial” con la OBS más el artista residente de esta septuagésima edición el italiano Giovanni Antonini (Milán, 1965) para disfrutar de las cuatro suites orquestales de “Mein Gott”.

Del flautista y director milanés su biografía completa una lista del llamado “historicismo musical” que en este festival está bien representado como vamos comprobando. El fundador de Il Giardino Armonico hace casi cuatro décadas, tiene ya su lugar propio en la recuperación y grabación no solo de lo más destacado del barroco italiano sino que Bach ha pasado a ser otro referente en su ya larga trayectoria, sin olvidarse de “los clásicos” Haydn y Mozart, aunque para este ciclo granadino las suites del cantor han sido las protagonistas con la OBS, curtida en estos repertorios con la gran violinista Lina Tur Bonet de concertino, tándem con Antonini para conseguir el entendimiento necesario en los cuatro monumentos que son las ya populares suites bachianas, y ya interpretadas el pasado año, por lo que el rodaje estaba más que hecho, aunque nunca hay nada igual.

Sin entrar a analizar cada una de las cuatro Suites BWV 1066 a BWV 1069, pues ya se encarga de ello Enrique Martínez Miura en las notas al programa, más que colección de danzas son obras de concierto, y así las entendió Antonini con la OBS (aunque no sea Il Giardino).

En la Suite orquestal nº 1 en do mayor, BWV 1066 pudimos encontrar todos los recursos barrocos de pregunta y respuesta, contrastes en tempi, siempre “apretando” (Forlane bien agitada) y exigiendo a la orquesta, de ritmos, y especialmente los cambios dinámicos que optó el milanés por los súbitos no en las respuestas sino a mitad de la pregunta, con frases más ricas en buen balance entre las secciones. Impecables las lengüetas con el fagot siempre preciso y claro, sin olvidarme del clave con ornamentaciones perladas.

La Suite orquestal nº 2 en si menor, BWV 1067, casi un concierto de trasverso en el que Bach también era un virtuoso, nuevamente jugando con los contrastes y dando la presencia no siempre al máximo del solista Rafael Ruibérriz de Torres, auténtico protagonista «examinado» por el maestro, virtuosismo que va creciendo a lo largo de los siete números, con agilidades por momentos imperceptibles por la búsqueda de una sonoridad más global y homogénea, pero brindándonos la conocida Badinerie final plena de buen gusto, ornamentos perfectos, cromatismos y la aportación bien llevada por Antonini y la OBS, con los cambios de ubicación de la cuerda lógicos en esta segunda suite.

Un descanso para volver a templar instrumentos y ampliar la plantilla con metales y timbales para la Suite orquestal nº 3 en re mayor, BWV 1068, tras las dos primeras más introspectivas pese a números más espontáneos, la tímbrica y “rearme” de los números nos traen lo mejor de “Dios Bach”, con la conocida Air para disfrutar de una cuerda aterciopelada con Lina Tur Bonet “cantándonos” el solo con respuesta bien empastada y disfrutando del clave tan necesario para una textura tan barroca como bella.

Y se hizo la luz, la luna reinaba sobre el claustro del Colegio Mayor Santa Cruz La Real, con la Suite orquestal nº 4 en re mayor, BWV 1069 y toda la OBS (sumándose un tercer oboe), manteniendo la tonalidad de la tercera pero con la agrupación instrumental de trompetas a trío, bien templadas con los timbales sin ensuciar y con el balance perfecto, las lengüetas compartiendo protagonismo, y la cuerda con el continuo, tempi con ritmos casi extremos, Antonini exigiendo y la orquesta respondiendo. Aires de danzas elegantes y tutti rotundos hasta la explosión de la Réjouissance final (que bisarían), imperial, clausura perfecta de un concierto donde la música de Bach fluye limpia, con los músicos escuchándose y el director marcando lo preciso para dejarles “respirar” en cada número, danzable o concertístico, pues las cuatro construcciones combinan conceptos, instrumentos, aires, historias y sentimientos.

Numerosos acólitos que «creemos en un solo Bach» y acudimos a estos regalos que los distintos apóstoles van predicando por Granada. Nos hacemos preguntas y encontramos respuestas, aunque también las damos sin pedírnoslas. Al menos nunca perdemos la fe, y con los años los bachianos fortalecemos nuestra creencia.

Y sábado donde peregrinaremos a escuchar al profeta Koopman desde el órgano de la Parroquia de Nuestro Salvador, pero como todo sábado granadino habrá “misa matutina” en San Jerónimo. Que Dios Bach nos de fuerzas para seguir contándolo: Yo confieso ante Bach todopoderoso que he pecado…

Orquesta Barroca de Sevilla (OBS)

Violines primeros:
Lina Tur Bonet (concertino) – Miguel Romero – Víctor Martínez – Valentín Sánchez – Nacho Ábalos

Violines segundos:
Leo Rossi – Raquel Batalloso – Antonio Almela – Rafael Muñoz-Torrero

Violas:
José Manuel Navarro – Kepa Artetxe – Carmen Moreno

Violonchelos:
Mercedes Ruiz – Aldo Mata
Contrabajo:
Ventura Rico

Clave:
Alejandro Casal

Flauta:
Rafael Ruibérriz de Torres

Oboes:
Jacobo Díaz – José Manuel Cuadrado – Valle González

Fagot:
Javier Zafra

Trompetas:
Jonathan Pia – Ricard Casañ – César Navarro

Timbales:
José Tur

Director:
Giovanni Antonini.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Suite orquestal nº 1 en do mayor, BWV 1066:

Ouverture / Courante / Gavotte I & II / Forlane / Menuett I & II / Bourrée I & II / Passepied I & II

Suite orquestal nº 2 en si menor, BWV 1067:

Ouverture / Rondeau / Sarabande / Bourrée I & II / Polonaise & Double / Menuett / Badinerie

Suite orquestal nº 3 en re mayor, BWV 1068:

Ouverture / Air / Gavotte I & II / Bourrée / Gigue

Suite orquestal nº 4 en re mayor, BWV 1069:

Ouverture / Bourrée I & II / Gavotte / Menuett I & II / Réjouissance

Ofrenda granadina

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Jueves 29 de junio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), “Solo Bach”: Miembros de la Amsterdam Baroque Orchestra, Ton Koopman (clave y director). Johann Sebastian Bach (1685-1750): Musikalisches Opfer, BWV 1079. Fotos de Fermín Rodríguez.

Tarde de “hospital” con calor que no impidió disfrutar de otro espectáculo de nuestro “Dios Bach” y su apóstol Koopman, hoy con un quinteto de los “Amsterdamer» para una verdadera Ofrenda Musical que culminaría en la ofrenda del Festival entregándola la medalla de esta septuagesimosegunda edición.

La historia de esta obra, fechada en 1747, es conocida de todo buen “bachiano” y perfectamente explicada en las notas al programa por Enrique Martínez Miura. El cantor es padre de todas las músicas y sólo una mente tan inspirada y genial como la suya fue capaz de componer casi una hora de música pura a partir de un tema parece que compuesto por el rey Federico El Grande en Potsdam, donde trabajaba de clavecinista el digno hijo C. Ph. Emanuel Bach, para construir todo un templo sonoro a partir de una improvisación y en forma de fuga. La matemática sonora llevada al máximo de combinaciones cual Pitágoras de los doce sonidos que forman la escala cromática.

El maestro Koopman, hoy al clave, comenzaría a desgranar en solitario el tema «Ricercar a 3», para ir tejiendo con sus músicos esa maravilla de vejez que es la Ofrenda musical. Desde ese germen comenzaríamos a disfrutar no ya del genio compositivo de “Mein Gott” sino del perfecto ensamblaje sonoro de estos músicos, primero la cuerda (sin el violone o contrabajo) y sumándose después el trasverso, homenaje al propio reto del monarca que al parecer era buen flautista.

Y desde el Thematis Regii elaborationes canonicae en inspirada elaboración cual fórmula magistral, las notas iban combinándose como ingredientes mágicos en este matraz gigantesco. Primero el “Canon a 2 cancrizans” con los dos violines, seguido del “Canon a 2 violini in unisono” que tan bien mezclaron apareciendo con un sonido único. La receta iría combinando y jugando con las proporciones de esta pócima, “Canon a 2 per motum contrarium”, “Canon a 2 per augmentationem, contrario motu”, alternando las cuerdas de un cuarteto premonición de estilos posteriores aún por descubrir.

Como Merlín experimentado, utilizando los mismos ingredientes pero estirando y encogiendo sin aparente complicación, cada nueva receta ganaba en tímbricas, “Canon a 2 per tonos” y la primera e impresionante “Fuga canonica in epidiapente”. Escuchándose unos a otros, respetando los silencios cuando no intervenían y disfrutando al comprobar cómo evolucionaba la construcción de esta catedral musical, seguía el juego matemático y la rebotica: “Canon perpetuus super thema Regium”, “Canon perpetuus”, “Canon a 2” y “Canon a 4”. Los primeros atriles de la Orquesta Barroca de Amsterdam acertando con la proporción exacta, la presencia, las dinámicas, músicos que suman hasta la unidad.

Y aún proseguiría la magia sonora y tímbrica, el reconocer la melodía primigenia para transformarla, la Sonata sopr’ il soggetto Reale a traversa, violino e continuo con cuatro movimientos (Largo-Allegro-Andante-Allegro) capaces de funcionar solos y ensamblados en la ofrenda global, Merlín Koopman y apóstol de Bach antes de sumarse todos los músicos (el violone daría el cimento y pegamento sonoro) con el “Ricercar a 6”.

En Asturias decimos “poner el ramu” cuando finaliza una construcción, y metafóricamente rematar de forma magistral algo que llevó mucho tiempo. Ton Koopman y la Amsterdam Baroque Orchestra alcanzaron y ofrecieron esta “maravilla de vejez” que no cumple años por ser eterna.

Finalizada la ofrenda, Antonio Moral haría de maestro de ceremonias con las autoridades y patronato para entregarle al incombustible y eternamente joven Ton Koopman una más que merecida medalla, que agradecería con unas sentidas palabras y su fino humor.

Algún músico holandés y también el que suscribe, sin desvelar más acompañantes, tuvimos tiempo de escaparnos hasta el Palacio de los Córdova para disfrutar el final de las “Noches de flamenco”, Encuentro con la inconmensurable María Toledo cantando desde el piano, más un regalo de onomástica con unas bulerías, versión flamenca de Carlos Cano, otro granadino eterno con plaza que cruzo cada día, y su María la Portuguesa junto a Antonio Sánchez a la guitarra, un prodigio de las seis cuerdas, las palmas de Juan Diego Valencia y Lua Cantarote, vistiendo la voz jonda, bravía y entregada, todo a lo grande y con pellizco. Bach es el padre de todas las músicas, así que no podía celebrar mejor este 29 de junio.

Aún me quedaba un poco de San Pedro y San Pablo, por lo que bajando por el Darro llegaría a la Plaza Nueva a repostar y disfrutar de mis últimas horas de santo, aunque la madrugada trajo estas líneas. Mañana más y desde “mi casa granaína”.

Amsterdam Baroque Orchestra:

Catherine Manson y David Rabinovich, violines – John Crockatt, viola – Bob Smith, viola de gamba – Michele Zeoli, violone – Kate Clark, flauta- Ton Koopman, clave y dirección.

Ton Koopman, Medalla del Festival de Granada 2023

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En el día 8 de festival recibimos una gran noticia: Ton Koopman, clavecinista, organista y director de orquesta será Medalla del Festival de Granada 2023. Hoy tendremos su primer concierto en el Colegio Mayor Santa Cruz la Real a las 22:00 horas, nada menos que con la Pasión según San Juan de Bach, que contaré desde aquí.

Adjunto la nota de prensa:

 

En la última reunión de los miembros del Consejo Rector del Festival de Granada, del pasado 10 de mayo, se acordó por unanimidad la concesión de la Medalla de Honor, con motivo de la 72 edición del Festival, al clavecinista, organista y director de orquesta holandés Ton Koopman por su compromiso con la música de Bach, por su trayectoria musical a lo largo de casi seis décadas en defensa de la interpretación de la música barroca y clásica con criterios historicistas y por su vinculación con el Festival de Granada, donde se presentó en 1988, siendo este año artista residente con tres conciertos, un recital de órgano y una clase magistral en los Cursos Manuel de Falla.

El galardón reconoce la relevancia artística y profesional del artista y su vinculación con el Festival de Granada en el que participó por primera vez en 1988.

La Medalla de Honor que cada año concede el Festival Internacional de Música y Danza de Granada será entregada al prestigioso clavecinista, musicólogo y director holandés Ton Koopman, “por su compromiso con la música de Bach, por su trayectoria musical a lo largo de casi seis décadas en defensa de la interpretación de la música barroca y clásica con criterios historicistas y por su vinculación con el Festival de Granada, donde se presentó en 1988, siendo este año su artista residente con un total de tres conciertos, dos de ellos al frente de su orquesta Amsterdam Baroque, Orquestra & Choir, un recital de órgano y una clase magistral dentro de la 54 edición Cursos Manuel de Falla, tal como ha acordado el Consejo Rector en su reunión celebrada el pasado 10 de mayo. El acto de entrega de la medalla de honor tendrá lugar en el Hospital Real al final del concierto que se ofrecerá en el patio de los mármoles del hospital real el jueves, 29 a las 21 30 horas.

El holandés Tom Koopman (Zwolle, 1944) es uno de los artistas residentes este año en el Festival, en el que actuará dos veces como director de la Orquesta Barroca de Ámsterdam que él mismo fundó (en la primera de ellas, con participación también del Coro), otra dos veces en calidad de organista, en uno de los casos, dentro de un espectáculo del FEX y ofrecerá una clase magistral en los Cursos Manuel de Falla. A punto de llegar a sus 80 años, Tom Koopman no necesita presentación, pues es una de las grandes figuras de la música barroca de las últimas décadas, un continuador de la línea que iniciaron en los años 50 nombres míticos como los de Gustav Leonhardt y Nikolaus Harnoncourt, ya fallecidos.

Su presentación en el Festival será además por todo lo alto con una Pasión según San Juan de Bach que se presentará hoy en el Colegio Mayor Santa Cruz la Real a las 22:00 horas. Cuando llegó a Leipzig en 1723, Bach se impuso la tarea de renovar por completo el repertorio que se escuchaba en las iglesias de la ciudad. Fruto de ese empeño son sus ciclos de cantatas –culminación de toda una tradición que arranca con la misma reforma de Lutero– y sus pasiones, cumbre del arte occidental. El Viernes Santo de 1724 Bach ofreció la primera de ellas, escrita sobre el Evangelio de San Juan, una pasión no tan monumental como la escrita tres años después sobre San Mateo, pero de una cohesión dramática, doctrinal y musical deslumbrante, como han destacado muchos especialistas, que la tienen por obra de culto. Koopman ofrecerá la obra al frente de su Orquesta y Coro Barrocos de Ámsterdam, fundados respectivamente en 1979 y 1992 y con los que, entre otras cosas, registró la integral de las cantatas sacras y profanas de Bach. Como solistas, un sólido cuarteto europeo que forman la soprano Hana Blažíková, el contratenor Maarten Engeltjes, el tenor Tilman Lichdi y el bajo Klaus Mertens.

Ton Koopman
(Zwolle, Países Bajos, 1944)

Director de orquesta, clavecinista y organista. Artista residente del 72 Festival

Ton Koopman es uno de los ejemplos más notables de músico integral entre las filas de la interpretación históricamente informada –por otro nombre “música antigua”– en su triple condición de clavecinista, organista y director de orquesta. El discurrir de su ya extensa carrera profesional ha traspasado la barrera del medio siglo. Pertenece a esas primeras generaciones del movimiento historicista que irrumpieron en la escena internacional desempolvando el pasado musical del Renacimiento y del Barroco, desde el máximo respeto y fidelidad posible hacia la esencia original.

El prestigioso maestro holandés vuelve al Festival de Granada, 31 años después de su última visita en 1992, para ofrecer 5 actuaciones distintas: dos conciertos, un recital de órgano, protagonizará un espectáculo de música y danza barroca para los más pequeños en el FEX y una Clase Magistral en los Cursos Manuel de Falla.

Conciertos en anteriores ediciones del Festival

1988 Orquesta Barroca de la Comunidad Europea. Ton Koopman, director. Obras de Bach y Haendel

1992 Ton Koopman. Recital de órgano. Obras de Arauxo, Cabanilles, Bruna, Bach

Conciertos en 2023

Colegio Mayor Santa Cruz la Real. Amsterdam Baroque Orchestra and Choir. Ton Koopman, dir.

Bach: La pasión según San Juan

Patio de los Mármoles (Hospital Real). Amsterdam Baroque Orchestra. Ton Koopman, dir.

Bach. Ofrenda musical

Parroquia de Nuestro Salvador. Ton Koopman. Recital de órgano. Obras de Bach

En el FEX. Teatro Alhambra. Ton Koopman, órgano. Marieke Koopman. Cecilia

En los Cursos Manuel de Falla. Clase magistral de órgano.

Esplendor organístico en San Jerónimo

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Sábado 24 de junio, 12:30 horas. 72 Festival de Granada, Monasterio de San Jerónimo, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: Benjamin Alard (órgano). Obras de Muffat, Froberger, Couperin, Correa de Arauxo, Cabanilles, Grigny y Bach. Fotos de Fermín Rodríguez.

Granada es mágica y espectacular. Su Festival Internacional de Música sabe elegir los llamados “marcos históricos” y el Monasterio de San Jerónimo es uno de ellos, más con el órgano original de Fray Francisco Alejo Muñoz, construido en 1727 para el convento de Santa Paula y “salvado” además de restaurado, para este monumento que debía preservar un patrimonio de la humanidad a buen recaudo por las actuales moradoras. Y es que los órganos deben respirar cada día, de nada sirve ponerlos en marcha si les falta el aire vital, por lo que este órgano traído desde Santa Paula hasta San Jerónimo puede mantenerse vivo gracias a los cuidadores y equipo que lo mantiene en marcha, pudiendo disfrutar tras el concierto de su historia y proceso de restauración.

Con Benjamin Alard en este órgano, el intérprete francés trajo un programa que Pablo Cepeda tituló en sus notas al programa “Esplendor barroco”. Y no le faltaba razón escuchando una de las joyas granadinas organísticas con compositores que dieron lustre al “rey de los instrumentos”, desde Muffat a Bach sin olvidarse de nuestros grandes Correa de Arauxo y Cabanilles.

El teclista francés vuelve cuando puede al órgano de sus inicios siempre viajando desde el mundo clavecinista, que le permite dominar la técnica de un repertorio cercano con el añadido de la complejidad tímbrica que conlleva encontrar los registros ideales para cada obra y estilo. La ornamentación correcta es necesaria pero también complicada en este resucitado órgano ibérico, aunque la elección de las sonoridades adecuadas es aún mayor, y Alard encontró lo que buscaba en cada página elegida.

Para ir calentando el “órgano de Santa Paula”, la Toccata tertia y la Chacona en sol mayor de Georg Muffat (1653-1704) fueron llenando los pulmones y respirando hondamente mientras contemplábamos el maravilloso retablo renacentista de San Jerónimo, testigo de una banda sonora desde el “Fray Alejo” en perfecto estado de salud, unión de estilos francés e italiano en este instrumento hispano, música llena de luz a lo largo de la docena de secciones donde el órgano engrandece al clave original, más si es con Alard interpretándolo.

De Johann Jakob Froberger (1616-1667) su Fantasia sopra ut, re, mi, fa, sol, la, FbWV 201 es auténtica lección compositiva que el maestro Benjamin Alard fue desgranando con claridad, virtuosismo y registración ideal desde el hexacordo inicial que va desarrollándolo en ocho secciones, las dos últimas cromáticas más allá del término musical, con una tímbrica ideal para este órgano del XVIII.

Otro de los compositores recuperados sería Louis Couperin (1626-1661) y sus Fantasías (entre las más de 70 obras inéditas publicadas en 2003 tras su aparición en 1957 en Londres, entre ellas siete de las 23 que escuchamos), “piezas breves, audaces y que recuperan incesantemente tema y respuesta” como bien nos cuenta mi tocayo Cepeda. Como toda forma virtuosística en escritura y ejecución, Alard fue desplegando todo el arsenal de un órgano que respondió como un joven a las exigencias del interprete, sin un quejido en un despliegue sonoro impresionante.

Nuestros “dorados españoles” compartieron exquisiteces ofertando de nuevo una paleta tímbrica que en este “ibérico de pata negra” gracias al oficio del intérprete francés, pusieron en valor el órgano hispano tan universal como los “compañeros” que compartieron concierto. Por pares escuchamos a Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) con sus Dos tientos de tiples junto a Juan Cabanilles (1644-1712) y Dos pasacalles, teclado partido muy hispano, diferenciando bajos y tiples, junto al contrapunto del compositor valenciano que los registros buscados por Alard realzaron aún más una escritura autóctona pero universal.

Y el más grande, universal, padre de todas las músicas Johann Sebastian Bach (1685-1750) no podía faltar en un concierto de Benjamin Alard. Muy interesante elegir la Canzona, en re menor, BWV 588 en la línea de fusionar estilos e influencias tras lo escuchado con anterioridad. El Cantor escribe esta “fuga a la italiana” a 4 voces alternando métricas y con el tema en el grave que sobrevolaría libre y claro en el Monasterio de San Jerónimo con nuevo acierto de registros. Limpieza expositiva de la forma fugada, siempre compleja de interpretar para no perderse la “matemática del teclado” que es el quebradero de todo intérprete, aunque Alard la domina en cualquier variante.

Para ir cerrando el “esplendor matutino”, de nuevo Muffat y su Passacaglia en sol menor, la variación virtuosa y rítmica jugando con la tímbrica de este órgano respondiendo “como un campeón” ante las exigencias de un Alard maestro conocedor al detalle de partitura e instrumento.
El mejor remate Nicolas de Grigny (1672-1703) y Point d’orgue sur les grands jeux, de “A solis ortus (Livre d’orgue)”, majestuoso, de graves portentosos y profundos, pedal y sustento donde va construyéndose este edificio sonoro con Alard “maestro de obra” y arquitecto organístico, resucitando músicas que respiraron jóvenes en la mañana granadina, ejerciendo de “maestro de obra” pasado mañana cambiando de paleta y edificio el día 27 (y que me perderé por coincidencias de agenda).

Un éxito de público aguantando desde un silencio respetuoso acorde con el entorno del sacrificado calor sofocante, y alegría comprobar cuántos gestores y melómanos conocidos compartieron “vermut musical”, contando con la presencia de Eliahu Inbal que a las 20:00 h. volverá al frente de la JONDE en el Auditorio Manuel de Falla con una Séptima de Bruckner preludiada por Wagner tras su rodaje jienense con una generación de jóvenes músicos que pronto veremos dar el salto de calidad con los mayores. Pero esto lo contaré en otra entrada, ya de madrugada.

BBC para BBB rozando la perfección

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Sábado 22 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: BBC Symphony Orchestra, Inmo Yang (violín), Sakari Oramo (director). Obras de Britten, Beethoven y Bartok.

No me acordaré del «Brexit» pero tenemos que reconocer la calidad de las orquestas británicas, y la Sinfónica de la BBC (BBCSO, el equivalente a nuestra OCRTVE) es una de las abanderadas camino de sus cien años (se fundó en 1930). Su sonido aterciopelado, claro, preciso, el equilibrio y calidad de todas las secciones que permite escuchar todo al detalle son algunas de sus muchas cualidades, y más en las obras que trajeron a «La Viena Española» en esta gira.

Finlandia se está convirtiendo en la mejor cantera de los directores de orquesta más reconocidos en este siglo, y Sakari Oramo (Helsinki, 1965) es uno de ellos. Titular desde hace 10 años de esta BBCSO con un curriculum impecable e invitado por las mejores formaciones mundiales. Su claridad en la dirección, de gestos precisos sin exageraciones, batuta ligera que igual corta como un sable, se vuelve florete o dibuja como un pincel, pero sobre todo una mano izquierda que remarca cada detalle convirtiéndolo en el verdadero conductor de una orquesta que responde en todo momento con la misma exigencia y exactitud indicada desde el podio.

Es maravilloso fijarse cómo dirige mientras escuchas cada obra (aún más siendo conocidas) para convertirnos en un atril más desde nuestra butaca, y este sábado el auditorio lleno disfrutó con la Orquesta Sinfónica de la BBC en un programa que tenía las tres B: Britten, Beethoven y Bartok.

Abría concierto el inglés Benjamin Britten con sus Cuatro Interludios marinos de «Peter Grimes», op. 33a para sacar músculo, sonido, complicidades, entendimiento, exactitud, claridad, balances perfectos y verdaderos cuadros sonoros, desde el amanecer con una cuerda luminosa, hasta la tormenta final donde poder desplegar todos los efectivos bien controlados y comandados por Oramo, un repertorio que la BBCSO lleva en sus genes y el finlandés sacó todas las cualidades de su formación en una verdadera lección interpretativa.

Y otra maravillosa interpretación el Concierto para orquesta, Sz. 116 de Béla Bartók, cinco movimientos que como explica Jerónimo Martín en las notas al programa «arguye una similitud (…) y la notificación reciente a Bartok de su leucemia, asemejando cada uno de los movimientos a las cinco etapas emocionales que se atraviesan al recibir una noticia trágica: shock al recibir la noticia (1º mov) – negación, simbolizado en el humorístico Giuoco delle coppie (2º mov) – estado atormentado en la Elegía (3º mov) – ira o desprecio representado en el Intermezzo interrotto (4º mov) – aceptación e incluso alegría por la vida vivida (5º mov)». Disfrutando de una cuerda unificada, compacta, preciosa y precisa, de una fagot con sonido impecable, dos arpas auténticamente celestiales y una formación que «suena a disco», con la dirección de Oramo, lo escuchado fue algo indescriptible, con un Finale. Pedante-Presto donde la gestualidad del finlandés marcó todo para escucharlo cual BBC (de bueno, brillante y corpóreo). En la misma línea la propina de una de las Danzas rumanas de Bartok (*) agradeciendo que tras un concierto exuberante aún nos dejasen pasadas las diez de la noche un regalo con la misma calidad y entrega que el resto de la velada.

Punto y aparte sería el Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 61 de Beethoven con el coreano Inmo Yang y su Stradivarius «bostoniano» de 1718. Tras lo escuchado al fin me convencí que la perfección existe. Oramo presidió el jurado del Concurso Jean Sibelius de 2022 donde Yang obtuvo el primer premio, tras lo que el director comentó: «Ganador por unanimidad. Hubo un gran nivel en la intepretación de Inmo, como músico y como violinista», por lo que supongo fue elegido para estos conciertos de la BBCSO con Sakari Oramo al frente.

La clave está en la musicalidad del coreano, puesto que la técnica de esta generación de virtuosos está en otra galaxia y pueden afrontar los repertorios más exigentes. Pero el sentimiento no se estudia, sumándole el sonido de su violín que enamora desde la primera nota: terciopelo y seda, con un arco impresionante, unos legati increíbles, una gama de matices impresionante, un empaste con la orquesta impensable en vivo y con una proyección, incluso en los pianissimi que parece imposible percibirla como en este concierto de Beethoven. El Allegro ma non troppo comenzaría con el «tempo giusto» marcado por el maestro Oramo para disfrutarlo sin prisa, y el guante lanzado lo recogió Inmo a la perfección. Dulzura, delicadeza, fraseos impecables, limpieza de ejecución, balances orquestales revestidos de un «colchón filarmónico» que parece hacerlo flotar en una nube hasta la primera cadenza: conversión a la pasión y entrega desde el virtuosismo al servicio de esta joya del sordo genial, momentos de transformación que transmiten la profundidad de esta partitura y el engarce ideal entre solista y orquesta. Con el Larghetto pareció detenerse el reloj, escuchando cada nota escrita conformando la unidad del movimiento central, con Oramo concertando al detalle, la orquesta escuchando al solista para mezclarse con él desde la fusión en estado puro antes de otra cadenza suspendida en el aire, cortando la respiración antes de atacar el Rondo. Allegro que la BBCSO continuó con la misma entrega comandada por el director finlandés. La perfección de solista, director y orquesta para un concierto que quedará grabado en mi memoria.

La cuarta B del sábado tenía que ser Bach, de quien Inmo Yang nos regaló la «Sarabande» de la Partita nº1 en si menor, BWV 1002, sin prisas, sentida, transmitiendo con el Stradivarius la grandeza de «Mein Gott» que nos elevó al séptimo cielo musical, placeres eternos en «La Viena Española».

PD: (*) Gracias Alejandro por la corrección a mi error inicial confundiendo propina de Bartok con Kodaly.

El acordeón académico

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Miércoles 19 de abril, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1666 de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Alejandro Ares (acordeón): El acordeón: pasado y presente. Obras de: J. S. Bach, D. Scarlatti, Padre Donostia, Falla, Viatcheslav Semjonov, Fermín Gurbindo, Pablo Moras y Hermes Luaces.

La centenaria sociedad gijonesa sigue apostando por música poco habitual y volvía este miércoles con una propuesta muy interesante además de arriesgada como la que nos traía el gallego «adoptado» asturiano Alejandro Ares (Ferrol, 1985) bajo de título «El acordeón: pasado y presente» como el propio intérprete dejaba por escrito en las siempre excelentes notas al programa que guardo siempre en mi archivo: «El particular carácter del concierto que hoy se ofrece está tanto relacionado con la naturaleza del instrumento protagonista como con las variadas estéticas sonoras que lo vertebran.
Son muchos los tópicos a los que, aún bien entrado el siglo XXI, hace frente el acordeón. Si bien es cierto que en algunos casos siguen estando justificados, en otros tantos habría que comenzar a revisarlos.
Por otra parte, la relativa juventud del acordeón le ha privado históricamente de una identidad propia. El desarrollo de su repertorio fue errático en un principio y más tarde las determinaciones históricas lo han ligado a los lenguajes compositivos propios del siglo XX y, por supuesto, XXI»
.

Desde esta reflexión, el concierto se organizó en dos partes bien diferenciadas que además nos ofreció la posibilidad de disfrutar las cualidades de un instrumento que asociado con lo popular o lo folcórico tiene recursos suficientes para abordar tanto repertorio propio como disfrutarlo desde las transcripciones de otros instrumentos, donde la elección de las obras ya es todo un acierto, y si además lo son del propio intérprete, suponen una plusvalía.

La juventud del acordeón, instrumento que data de 1829 gracias a Ciryl Demiam, aunque le prive del extenso repertorio propio de la mayoría de instrumentos musicales, con estas transcripciones logra evolucionar organológicamente hasta convertirse en un instrumento interesantísimo integrado plenamente en lo que se está llamando «música académica actual» y que forma parte de las enseñanzas en muchos conservatorios como el CONSMUPA. Un programa el de Alejandro Ares que supuso un viaje intenso con su instrumento desde el barroco hasta nuestros días, lleno de profundidad, magisterio y sonidos para degustar.

Así, en la primera parte pudimos escuchar a Johann Sebastian Bach (1685-1750), padre de todas las músicas, su Preludio y Fuga BWV 533 en mi menor, conocido como «La Catedral«, que en la transcripción de Ares me recordó no ya el sonido del armonio (emparentado con el propio acordeón) sino la grandeza del kantor de Leipzig porque su obra suena ideal en cualquier instrumento, esta vez la grandeza del órgano desde la sencillez del acordeón que la transmite más íntima con un dominio de ambas manos más allá de lo que nadie podría esperar entre el «mar de botones». Aunque me perdí el concierto en Covadonga del pasado verano, imagino la emoción de participar en un ciclo de órgano con este «órgano académico» en las manos del profesor Alejandro Ares.

Muy interesante la interpretación en el acordeón de un Domenico Scarlatti (1685-1757) originalmente para clave pero que Ares amplía registros eligiendo la Sonata en fa menor K466 y la Sonata en fa mayor K438 integradas desde la tímbrica propia del acordeón respetando los fraseo percusivo originales y la expresividad que da este aerófono mecánico. Otro tributo barroco como punto de partida antes de llegar a nuestro tiempo.

Y llegarían dos compositores españoles que inspirándose en lo popular, como el origen del acordeón, nos dejarían de nuevo gracias a las transcripciones del maestro Ares, el aire cercano de norte a sur, primero José Antonio Zulaika (1886-1956), más conocido como Padre Donostia (Aita sigo pensando que es otro padre con perdón del euskera) y sus Tres Preludios Vascos (I. Improvisación; II. Oñazez; III. Canción del pastor) donde lo folklórico se elevada casi a sinfónico gracias a la expresividad del acordeón y la sonoridad popular traída a la sala de conciertos. Y otro tanto podría escribir de Manuel de Falla (1876-1946), cuya Serenata Andaluza para piano en el acordeón nos sonó vertiginosamente popular y maravillosamente ejecutada, descubriendo cómo lo nacionalista traspasa fronteras concretas de instrumentaciones y épocas.

Si la primera parte sorprendió por lo novedoso desde el respeto a lo escrito llevado a la mal entendida sencillez del acordeón, la segunda nos llevó «Hacia una identidad propia» como el propio Ares la tituló, el verdadero acordeón académico con cuatro obras universales de nuestro tiempo que exploran un instrumento ya respetado. Primero Viatcheslav Semjonov (1946) con El Don apacible, aires rusos populares escritos ex profeso por uno de los considerados primeros virtuosos del acordeón. Alejandro Ares volcó todo su magisterio en el instrumento para deleitarnos con esta obra titulada como la novela de Mijail Shólojov, el homenaje a los cosacos donde el lirismo y la danza se aunaron en la sonoridad del acordeón.

Personalmente el gran descubrimiento fue el del riojano Fermín Gurbindo (1935-1985) considerado el padre del acordeón en España pues como escribe Ares «En él confluyen paradigmáticamente las dos principales corrientes -popular y erudita- que caracterizan (…) la propia historia del acordeón». Su Fantasía para acordeón (1983) es rica además de exigente no ya por una escritura «distinta» sino por el virtuosismo desplegado y todo la amplia gama sonora del instrumento, efectos sonoros para mostrar las posibilidades de un instrumento ya grande con estos repertorios como el de Gurbindo en las manos de Alejandro Ares.

Finalmente dos compositores jóvenes que le dedicarán al propio intérprete sus obras. Primero el ovetense Pablo Moras (1983) y Stela, nacida en mitad de la pandemia como un viaje interior desde un lenguaje adaptado al acordeón, feliz colaboración compositor e intérprete, para disfrutarla sin palabras previas y cuyo título el polifacético músico asturiano cuenta que es «Un viaje por la naturaleza que nos conduce a un remanso ocupado por una estela que esconde, incrita bajo la maleza, una de las más antiguas melodías de la tradición católica: «Congaudeant Catholici»», música de nuestro tiempo para un instrumento que rejuvenece y crece igual que esta partitura, un universo tímbrico donde respiramos, lloramos y descubrimos lo escondido en una página para disfrutarla muchas más veces.

Y de Hermes Luaces (Madrid, 1975), más allá de lo sinfónico con otra página de encargo para Alejandro Ares, De la luz sobre las cosas (2020), estrenada en Covadonga, metáfora musical llena de color, ritmo, texturas, el camino iniciado en La Rioja por Gurbindo que continúa en la capital española engrandeciendo no solo el repertorio para acordeón sino la composición actual. Las enseñanzas académicas desde la inspiración compositiva del siglo XXI sin complejos ni deudas históricas, música frenética, nuestra y legado para futuras generaciones, algunas presentes en el Jovellanos disfrutando de este concierto.

El regalo vendría de la música para bandoneón, el hermano emigrado a Argentina del original vienés quien Astor Piazzolla (1921-1992) sigue siendo referente, y su Pedro y Pedro la única obra escrita a solo que el acordeón de Alejandro Ares nos evocó desde Gijón con todo el sabor porteño.

Enhorabuena a la Sociedad Filarmónica de Gijón por darnos la oportunidad de disfrutar «otras músicas» con la calidad de este miércoles.

Delicadezas alemanas

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Martes 21 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Circuitos CNDM – X Primavera Barroca. Academy of Ancient Music, Jessica Cale (soprano). Obras de Haendel y Bach.

Oviedo es «La Viena Española» y su actividad musical es imparable, como intento reflejar en este blog  pese a no acudir a todos los conciertos por coincidencias en la programación, pero también por mis viajes (ventajas de la jubilación) fuera del Principado.

Y este martes proseguía el «no parar melómano», primero a las 18:00 horas con la conferencia del doctor Ramón Sobrino en colaboración con el CONSMUPA, con quien arrancaba la décima edición de la X Primavera Barroca, dentro de los Circuitos del CNDM; media hora más tarde al lado del auditorio, en el Club de Prensa Asturiana, Antonio Moral Rubio (quien fuese también, entre otros muchos cargos, director del CNDM) junto a Aarón Zapico presentaba el Festival de Granada, que siempre tiene presencia asturiana, este año con el maestro langreano inaugurándolo en el Palacio de Carlos V esta 72 edición con un original homenaje a Falla por los 100 años de El retablo de Maese Pedro, siendo presentados ambos por Mª Encina Cortizo. Finalmente a las 20:00 horas en la Sala de Cámara, recinto ideal para estas músicas, el concierto de la mítica Academy of Ancient Music (AMM), hoy reducida a quinteto, con el género dominante del último barroco, la «sonata en trío»: cuatro obras de Mein Gott, de quien celebrábamos este 21 marzo su 338 cumpleaños (según el calendario juliano) y fecha que se ha declarado «Día Europeo de la Música Antigua«.

También tendríamos a la soprano galesa Jessica Cale que nos dejaría cinco (más otra de propina) de las «Nueve arias alemanas» de Händel. El mejor tándem germano para abrir boca y triunfar ante una afición fiel, hoy llenando aforo, aunque tosiendo cual fuego cruzado no ya en los silencios entre movimientos u obras, tampoco respetando la interpretación. Oviedo espera cada marzo este nacimiento primaveral con el periodo histórico que más adeptos jóvenes está captando, máxime cuando la calidad de la programación atrae incluso público de otros lugares, de lo que deben tomar nota los responsables que hace diez años «no daban un euro» por esta nueva oferta totalmente afianzada en la capital del Principado.

Alternando partes instrumentales y vocales de los dos genios coetáneos con vidas paralelas, distintas y complementarias, comenzaba el quinteto de la AAM con la Sonata a trío en la mayor, op. 5 nº1, HWV 396 (1739) de G. F. Haendel (1685-1759) y la Sonata para violín y clave en la mayor, BWV 1015 (1717-1723) de J. S. Bach (1685-1750), dos ejemplos de la «música pura» entendida desde un lenguaje común con rasgos propios, cuando la música instrumental empezaba a independizarse de la vocal y algunos músicos italianos concibieron estas piezas con dos instrumentos agudos dialogando sobre un bajo, fórmula que tuvo tal éxito que los dos alemanes la cultivaron intensamente. Como bien indica Pablo J. Vayón en las notas al programa «Las cuatro sonatas del catálogo BWV de este recital son típicamente corellianas (…) También es una sonata en trío la op. 5, no 2 de Haendel, que pertenece a una serie de siete publicadas por John Walsh en 1739, auténticos pastiches construidos con música previa…». La del alemán nacionalizado inglés una de las primeras delicadezas de la tarde con un «ensemble» donde destacó el clave de Devine siempre bien ornamentado y el violín de Čičić algo apagado, pero que en la sonata BWV 1015 del cantor de Leipzig nos dejaron una joya a dúo. Otro tanto del traverso de Brown con clave y cello BWV 1033 que abriría la segunda parte. De nuevo Bach con la BWV 1079 de la Ofrenda Musical en la interpretación camerística de los músicos de la AAM nos brindarían estas sonatas da chiesa para disfrutar del «padre de todas las músicas», partituras donde cada instrumento estuvo en el plano idóneo tanto individual como de conjunto.

Ya con Jessica Cale escucharíamos las dos primeras arias de las Neun deutsche Arien, HWV 202-210 (1724-1726) de Händel sobre textos de su contemporáneo Barthold Heinrich Brockes (1680-1747), y volviendo a citar al musicólogo sevillano « Sorprendentes resultan (…) las Neun deutsche Arien que Haendel escribió para un destino hoy desconocido en los años 1720. Se trata de piezas compuestas sin voluntad de ciclo para voz de soprano (o tenor), un instrumento melódico sin especificar y bajo continuo». La soprano británica tiene un color de voz esmaltado, buena dicción en alemán, algo corto de volumen el registro bajo pero con la musicalidad esperada en la «escuela inglesa», lo que nos permitió comprobar el magisterio de Handel para estas arias de «carácter panteísta, meditativo y moralizante», válidas también para tenor, realzando unos textos (con originales y traducción de Luis Gago) que se engrandecen aún más con las notas de Georg Friedrich Händel antes de mutar a Georges Frederick Haendel, en cierto modo el banco de pruebas de sus grandes oratorios.

Cale organizó estas arias contrastando tiempos, algo muy barroco como todo el programa (rápido-lento), con la más extensa HWV 206 en la segunda parte, para cerrar programa con las HWV 202 y HWV 207. Maravillosa instrumentación dejando partes con flauta o violín más un continuo efectivo en acompañamiento y omnipresente, además de necesario, sin sobrepasarse nunca permitiendo escuchar la voz de la soprano con toda la gama de expresión y ornamentos nunca exagerados, contenidos por la importancia de la letra, siendo merecedor primer premio del público en el London Handel Festival Singing Competition de 2020.

La propina sería Süße Stille, sanfte Quelle, HWV 205 de honda y emotiva expresividad con la AAM perfecta en su papel secundando a Cale, auténticas delicadezas alemanas con sello «british» pues para ellos estas músicas siempre tienen «A touch of class» y la mejor forma de celebrar este 21M.

Academy of Ancient Music: Rachel Brown (flauta), Bojan Čičić (violín), Gavin Kibble (chelo), Kristiina Watt (tiorba), Steven Devine (clave). Jessica Cale (soprano).

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