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Vetusta tiene su música

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Sábado 26 de noviembre, 20:00 h. Sala principal del Auditorio de Oviedo: Conciertos del Auditorio. Sheku Kanneh-Mason (chelo), Elsa Benoit (soprano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Raquel Rodríguez, Haydn y Mahler.

Crítica completa para La Nueva España del lunes 28, sin recortes por el espacio, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Siempre es un placer asistir a un estreno, más si es de casa y sumándole que es una compositora asturiana joven pero con larga trayectoria como Raquel Rodríguez (1980), para redondear un concierto donde convivían con la carbayona nada menos que “papá Haydn” y Mahler, cuyo tiempo ya ha llegado hace más de un siglo, tradición y modernidad en la sempiterna y melómana Vetusta.

Oviedo Filarmonía (OFil) sigue creciendo bajo la batuta de su titular Lucas Macías, quien prosigue su apuesta por incluir mujeres compositoras en los conciertos, y este sábado abría un ciclo titulado “Mapa Sonoro de Vetusta” estrenando «Albidum, camino hacia las estrellas» de la ovetense, cinco movimientos partiendo del origen de la palabra latina traducida como blanquecina, uno de los probables orígenes del topónimo de la capital del Principado para una historia sinfónica y asturiana, siglos traídos al nuestro con la música de bella factura y mucho oficio de Raquel Rodríguez. Obra contundente en efectos y efectivos, cinco etapas bien comentadas en las notas al programa de mi compañero Jonathan Mallada, escritura muy elaborada cual banda sonora desde los indígenas astures en peregrinación al Salvador, el Júpiter efectista guiando ese “campo de estrellas” para una orquesta luminosa bien llevada y estudiada por su titular, una “introspección” con la diosa Trivia completando el simbolismo de una página sinfónica más que blanquecina resplandeciente, largamente aplaudida por un público que la entendió cercana, luminosa y cálida.

A Franz J. Haydn (1732-1809) se le considera el padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerda, con amplia y variada producción donde el Concierto para violonchelo nº 2 en re mayor, Hob. VIIb:2 ocupa lugar preminente entre sus obras más escuchadas, esta vez con otro joven intérprete, Sheku Kanneh-Mason (Nottingham, 1999) quien con 13 años ya maravillaba en este repertorio concertístico que se puede disfrutar en internet (ganador del premio BBC al mejor músico joven del año 2016), y con el que triunfó el pasado septiembre en la capital británica junto a la Philharmonia londinense volviendo en febrero del año que viene siempre con el cartel de Sold out en todos ellos -es una verdadera estrella dentro y fuera del Reino Unido desde su popularidad tras tocar en la boda de los emigrados a EEUU ex duques de Essex– y que llevará el próximo diciembre a la Sociedad Filarmónica de Bilbao con la Camerata Salzburg, por lo que era de esperar y muy esperada su interpretación desde su dominio técnico, unido al sonido maravilloso y corpóreo de su chelo, siempre bien concertado por el maestro Macías en sus tres movimientos “clásicos” llenos de energía, especialmente el adagio central y el virtuosismo en el rondó final, de sonoridad cálida, contenida por momentos, que desde el podio mantuvo el equilibrio concertando con las manos para lograr mayor expresividad, especialmente en una cuerda siempre aterciopelada, perfecta compañera de viaje.

El regalo del inglés todo un “clásico moderno” de Burt Bacharach, I Say A Little Prayer que conocimos cantado por Aretha Franklin, sacando del cello, sin arco, una sonoridad actual en este arreglo tan popular como el propio Sheku Kanneh-Mason, juvenil hasta en su “camisa africana”, más allá de modas, épocas o costumbres.

Y si Gustav Mahler (1860-1911) decía que el tiempo de su música aún no había llegado, hoy es el más grabado e interpretado de la historia, por lo que no puede faltar en toda temporada que se precie, esta vez con su Cuarta sinfonía estrenada por el propio compositor hace ahora 121 años, un 25 de noviembre, y con no muy buena acogida del público -de hecho estaría reelaborándola hasta unos meses antes de su muerte y a la que llamaba su “hijastro”-. Excelente orquestación aunque más “ligera” que en otras sinfonías, pero perfecta para la plantilla de la formación ovetense y poder disfrutar todas y cada una de las secciones de la OFil con Lucas Macías dominador de la partitura memorizada hasta el último detalle, jugando y apostando fuerte en los aires muy controlados y respondidos a la perfección por “su orquesta”, cortando la respiración en el Ruhevoll, poco adagio tan profundo o más que el de la viscontiana Quinta, para una cuerda en estado de gracia por su sonoridad compacta y uniforme, hasta llegar al último movimiento, Sehr Behaglich (Muy cómodo) ya con la soprano francesa Elsa Benoit cantando los primeros versos de Das himmlische Leben (La vida celestial) perteneciente a la colección Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud), «lied» sinfónico cantando el goce celestial del hombre maravillado pero confundido, que se pregunta con ojos de niño el significado de todo ello, agradeciendo la proyección del texto traducido. Volumen suficiente de la cantante y pura emoción mahleriana, de nuevo con la orquesta en su mejor momento, un universo sinfónico plagado de estrellas en cada primer atril, disfrutando de Birgit Kolar como concertino por partida doble (utilizado otro para la “scordatura” del segundo movimiento) y redondeando una tarde joven para todas las edades.

Toda una premonición cumplida en esta galaxia musical astur para disfrutar de un sábado donde la OFil con Lucas Macías fueron las estrellas gastronómicas en versión sinfónica bien cocinadas y servidas, brillando con luz propia para cerrar estos placeres melómanos con un viaje por la estrellas de Vetusta.

Estrellas sinfónicas

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Sábado 26 de noviembre, 20:00 h. Sala principal del Auditorio de Oviedo: Conciertos del Auditorio. Sheku Kanneh-Mason (chelo), Elsa Benoit (soprano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Raquel Rodríguez, Haydn y Mahler.

Reseña para La Nueva España del domingo 27 escrita desde el móvil con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Concierto estelar donde no faltó de nada: un estreno mundial de la ovetense Raquel Rodríguez (1980) con el título de «Albidum» (uno de los probables orígenes del topónimo Oviedo) subtitulada “camino hacia las estrellas”; otro brillo en el firmamento con el famoso cellista inglés Sheku Kanneh-Mason, popular mundialmente al tocar en la boda real de los ex duques de Essex; más la Cuarta de Mahler con la soprano francesa Elsa Benoit en el último movimiento, goce celestial visto con los ojos de un niño y el placer melómano.

Más que las estrellas gastronómicas de la Guía Michelín (que vamos ganando para Asturias), este último sábado de noviembre con un Auditorio lleno y supongo hambriento, disfrutamos nada menos que de tres soles sinfónicos:

Primera: Raquel Rodríguez, mucho más que un contundente entrante femenino al que el “master chef” Macías se ha comprometido en servirnos cada menú por él elaborado esta temporada. Un plato para repetir en cualquier momento por su calidad, sabor y guarnición.

Segunda: número 2 de los conciertos para violonchelo de Haydn, donde el plato principal sería el solista británico, un Sheku de camisa y etnia subsahariana para paladear en tres pasos, conectando desde el principio con el titular onubense, maridando y madurando con una orquesta que sigue brillando en cualquier carta siempre bien servido.

Un sorbete original de propina en pizzicato Forever and ever de la oración que nos cantase la gran Aretha Franklin.

Y tercera, digna de ser doble para el Mahler siempre contundente, tradicional pero actual 121 años y un día del estreno de su cuarta sinfonía, donde el sabor especial lo da incluir “La vida celestial”, poema del «Cuerno mágico de la juventud» con soprano en el último movimiento, la francesa Elsa Benoit cual verdadera esencia final para una hora de esta “sinfonía de mortales” donde alcanzar el paraíso mahleriano, magnífica sinfonía de ángeles bien acompañada por el jefe Macías y respetuoso silencio final antes del aplauso unánime.

Merecidas estrellas sinfónicas para este menú que ofreció tres platos estelares, por los ingredientes (compositores de ayer y hoy) junto a unos condimentos especiados y servidos por unos intérpretes esenciales para alcanzar este firmamento musical, desde el primero al último, con una Oviedo Filarmonía que “liga con todo” y brilla en la galaxia sonora de Vetusta, con mejor salud que Don Gustavo.

Piano espectacular y potente

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Domingo 20 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G, Iberni». Martín García García (piano). Obras de Chopin y Rajmáninov.

Crítica para La Nueva España del martes 22 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Un lleno espectacular en el auditorio este domingo para disfrutar del mejor piano romántico con el gijonés Martín García García (1996), que sigue madurando como el buen vino, esta vez dejándonos a dos compositores, Chopin y Rajmáninov, con los que se encuentra cómodo, confiado, entregado, sin perder aún la pasión juvenil y unas interpretaciones siempre con un toque personal, no importan algunas imperfecciones mínimas, llegando y emocionando aunque tengamos que seguir sufriendo un amplio repertorio de toses en todas las tesituras, tonalidades (domina el flemol), caídas de paraguas y bolsos, luces más tonos de móviles incluso con conversaciones… hasta niños que preguntan o se suman al coro de estertores en su registro más agudo, haciéndonme anhelar aquellos conciertos de aforo reducido y mascarillas (deberían volver) que llegué a pensar, inocente e ingenuo de mí, vendrían para retornar a la escucha de la música desde el silencio, el respeto, la educación… y la salud. El Covid sigue, la gripe nunca se fue pero la esperanza en el necesario civismo que nos permita disfrutar como se debe, ya se ha perdido del todo convirtiéndose en la verdadera pandemia.

Dos románticos para degustar ocupando cada una de las partes del concierto con el piano protagonista absoluto, iluminación cenital y resto en penumbra. Chopin toda la primera, bien organizada comenzando con las cuatro Mazurkas, op. 33 muy contrastadas en aires y rubati muy apropiados, una brillante Barcarola en fa sostenido mayor, op. 68, cuatro de los Preludios op. 28 igualmente ordenados por sus “tempi” buscando ese ambiente contrastante y hasta lúgubre de los días en Valldemosa, donde la tisis pareció contagiar en el túnel del tiempo al “coro de asistentes”, para cerrar con la conocida “Sonata nº 2 en si bemol menor op. 35”, cuya famosa Marcha fúnebre del tercer movimiento, Martín García le dio toda la pasión y visión personal, más el Presto final donde el virtuosismo es necesario pero la musicalidad aún más. Momentos casi sinfónicos con pasajes que el polaco utilizará en sus dos conciertos para piano junto al intimismo de otros en buena conjunción e interpretación del asturiano.

Y el “Chopin de Broadway”, Rajmáninov, que comparte con el polaco la nostalgia desde el exilio, las añoranzas por “la amada Polonia” o “la madre Rusia” transmitidos en su piano de tragedias y depresiones volcadas por un Martín García pletórico, potente, amplio de dinámicas, desde los dos “Momentos Musicales” op. 16, primero el nº 3 en si menor, después el nº 2 en mi bemol menor, nuevamente buscando los claroscuros románticos en el último de los intérpretes virtuosos además de compositores, el melodismo inimitable del ruso canturreado por el gijonés, al igual que con el polaco, como otra seña de identidad de nuestro joven virtuoso, pasajes inconfundibles que evocan también las páginas con orquesta (en especial las Variaciones sobre un tema de Paganini). Todavía quedaba la “Sonata nº 1 en re menor op. 28” para rematar la faena, sonido muy trabajado, ímpetu e introspección en perfecto equilibrio, música a borbotones, juventud con recorrido y mucho estudio para un recital titánico que levantó a todo el público de sus butacas con bravos y hasta un merecido e inoportuno “¡Grande!” rompiendo la unidad del “momento”, y es que las emociones no entienden de buenos modales.

Sin chaqueta salió Martín para agradecer el entusiasmo que levantó y nos regaló tres propinas en una línea argumental acorde con este concierto puramente romántico por todo lo que escuchamos, incluyendo el “coro de ruidos”. Primero el Étude-Tableau, op. 39, nº 8 en re menor, limpio y cristalino; después el Preludio nº 3 en re menor, poderoso, enérgico, arriesgado “tempo di menuetto”, elefantiásico cual las manos de Serguéi transmutado al gijonés como si comenzase el concierto dos horas después; y si se me permite la expresión, desmelenado pero reposado volviendo a la intimidad con la camisa sudada y la tercera del ruso, de sus siete piezas de salón, la op. 10 nº 6, una delicadísima Romanza en fa menor cuyo “Andante doloroso” más que mosso, solo lo rompió un infantil estornudo que no empañó un concierto para el recuerdo que las notas al programa, felizmente en papel, de mi compañera Andrea García Torres tituló “El virtuosismo expresivo”.

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El ciclón gijonés

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Domingo 20 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G, Iberni». Martín García García (piano). Obras de Chopin y Rajmáninov.

Reseña telefónica con Franco Torre para La Nueva España del lunes 21 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Un ciclón musical pasó anoche por Oviedo. El ojo de la tormenta estaba en el Auditorio Príncipe Felipe, en una sala principal que registró lleno absoluto. Sobre el escenario, un único instrumento, el gran Steinwway© de cola, y un maestro nacido a la orilla del Piles y que se ha coronado en los mejores escenarios antes de volver para ser profeta en su tierra: Martín García. Un pianista que puso en pie el Auditorio ovetense con un concierto memorable, de más de dos horas (dos y media con el descanso) y que cerró con tres propinas, entre las ovaciones de un público entregado.
A días de cumplir los 26, Martín García retornaba a Oviedo tras engordar de forma descomunal su currículo en los últimos años. En 2021 llegó su consagración internacional tras lograr el primer lugar en el Cleveland International Piano Competition y el tercer lugar en el Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin. La expectación en «la Viena española» era máxima, y el pianista no defraudó. Al contrario: el nivel excelso de su música incluso sorprendió a los melómanos, impactados por la fuerza del pianista y ante la espléndida madurez que ha alcanzado en los últimos años. El gijonés, instalado ya en la élite del instrumento, apunta maneras para convertirse en uno de los grandes.
La primera parte del concierto estaba dedicada a Frédéric Chopin, en un guiño indisimulado al certamen que le coronó en Varsovia un año atrás. Interpretó las cuatro «Mazurkas» op. 33, «Barcarolle» en fa sostenido mayor, op. 60, cuatro de los «Preludes» op. 28, y la «Sonata n.º 2» en si bemol menor, op. 35. Para definir su nivel solo hay un calificativo:tremendo.

Llegó la tregua del descanso y parecía difícil que García mantuviese el nivel en una segunda parte dedicada a Serguéi Rajmáninov, pero lo logró. Interpretó de forma absolutamente impresionante los dos «Moment Musicaux» op. 16 nº 3 y nº 2, en este orden, y la «Sonata n.º 1» en re menor, op. 28. Todo perfecto salvo por la inesperada competencia que le salió al pianista desde el patio de butacas, donde se improvisó un concierto de toses (había todo un coro, con toses agudas, graves y hasta algún “staccato”) y móviles, con la irrupción ocasional, menos molesta, de algún niño que preguntaba si era hora ya de aplaudir.

Los aplausos llegaron, y a raudales. Todo el auditorio en pie, rompiéndose las manos, dedicando sonoros «¡bravos!» y hasta un inoportuno, por el momento, «Grande!» al pianista y reclamando su retorno al escenario. Martín García, con una sudada más propia de un extremo que se hubiese pateado la banda en el mundial de Qatar que de un pianista, en prueba fehaciente de su entrega sobre las tablas, volvió al escenario para dar una propina al agradecido público ovetense a base de Rajmáninov y talento. La operación se repetiría otras dos veces, con el músico ya en camisa sin quitarse la pajarita, sin bajar ni un ápice el pistón, instalado en la excelencia a tiempo completo a lomos de ese Steinway© poderoso, luciendo una madurez impresionante que se traduce no solo en ese virtuosismo, también en una musicalidad al alcance de muy pocos pianistas.

A la salida, una ciudad fría y lluviosa recibió al respetable. El común de los mortales lo achacaría a este otoño que ya quiere ser invierno, pero los agradecidos asistentes al concierto sabían la verdad: eran las secuelas de ese ciclón musical que anoche pasó por Oviedo.

Flores y especias

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Viernes 18 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Abono 3 “Divertimento”, OSPA, Juan Ferriol (oboe), Nil Venditti (directora). Obras de Ibert, Françaix, Puccini y Say.

Crítica para La Nueva España del domingo 20 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Viernes invernal con tres ofertas en “La Viena española” (danza en el Filarmónica, ópera en el Campoamor y OSPA en el Auditorio) que bien pudieron restar público a un concierto distinto, atrevido, original y divertido donde debutaba en el podio de la orquesta asturiana la directora ítalo-turca Nil Venditti, verdadera animadora antes de cada obra que iría explicando, en inglés, y ofreciendo un programa atrevido, inusual pero también muy interesante como bien contó María Sanhuesa en la conferencia previa y autora de las notas al programa (felizmente recuperado en papel en edición bilingüe). La temporada llamada de los “Nuevos comienzos” da otro paso más, aunque sigamos sin concertino titular, esta vez invitada la norteamericana Mirabai Wesmehl actualmente en la Sinfónica de Dubrovnik (Croacia) que mostró buena química igual con la batuta que con la orquesta en este tercero de abono.

Comenzar con una orquesta camerística de ambiente cabaretístico o mejor de verdadero “music-hall” por la calidad de la formación, con Divertissement del francés Jacques Ibert (1890-1962) y Venditti saludando además de presentar micro en mano cual estrella rockera la obra, prepararía al respetable para disfrutar de seis piezas llenas de humor, teatrales o cinematográficas, banda sonora de la casi surrealista “Un sombrero de paja en Italia” (1928) que con los componentes de la OSPA y el empuje de la maestra Nil incluso pidiendo palmas bien respondidas desde las butacas, nos alegraron un frío ambiente que iría caldeándose, original propuesta y plantilla donde la percusión tiene un papel casi protagónico, lleno de guiños a obras como la marcha nupcial de Mendelssohn (el argumento de la película lo explica todo) o un can-can final tributo al “Orfeo en los infiernos” de Offenbach, pues Ibert conoce el oficio al proceder de una familia musical, curiosamente como todos los compositores de este abono que sirvieron para titular como Sagas la conferencia de la doctora Sanhuesa, con los pros y contras que esto pueda tener, musicalmente positivos en este “divertimento parisino” de Ibert.

Con L’Horloge de Flore del también francés Jean Françaix (1912-1997) se apuntarían todos los intérpretes la segunda sorpresa de la velada, esencias más que perfumes en cada una de las siete horas elegidas de este reloj floral, apuntadas con las agujas del oboe solista de la OSPA Juan Ferriol, contestado en varias por su compañero clarinetista Andreas Weisgerber, feliz conjunción de viento madera que el compositor francés siempre tendrá presente en su amplia producción, un concierto para oboe siempre bien arropado por una orquesta amplia con Venditti transmitiendo jovialidad, que les llevó a las mayores ovaciones de la tarde, rendidos al magisterio de Ferriol que todavía nos regalaría el Gabriel´s Oboe de Morricone, excelente “La Misión” de cuerda y solista, amistad de lustros, complicidad más buen hacer.

El Preludio sinfónico en la mayor de G. Puccini (1858-1924) puede resultar al menos asombroso, novedoso seguro, para quien se quede solo con el gran operista del cambio de siglo, pero este trabajo académico final de curso en el Conservatorio de Milán tiene todo el tejido orquestal del genio italiano, con aires wagnerianos nada extraños que en nada deben rivalizar con los verdianos anteriores, aunque Aida le llevaría a dedicar su vida a la ópera (donde llegará a utilizar algunos motivos de este preludio en sus primeras obras escénicas como Le Villi o Edgar), si bien este preludio tiene entidad propia, con la OSPA al completo para disfrutar de una sonoridad rotunda donde apreciar la calidad de cada sección orquestal y el buen oficio del joven organista en su Lucca natal.

Y para finalizar el concierto, siempre preparándonos la “showwoman” Venditti, un compatriota suyo, Fazil Say (1970), que además de excelente pianista -al que pudimos escuchar en Oviedo allá por febrero de 2016 en la Jornadas de Piano– y oboísta por prescripción facultativa -como terapia tras una operación bucal- también compone obras sinfónicas tan maravillosas y cautivadoras como sus Danzas sinfónicas op. 64 , cuatro movimientos que nos transportaron a esa tierra puente de oriente y occidente, melodías norteafricanas para evocar paisajes áridos, caravanas de caballos de Siberia a Estambul, el golfo del Bósforo, el tabaco y el café, hasta un zoco lleno de especias que son riqueza para el olfato y el gusto. Aromas y sabores musicales reflejados por el comprometido y rompedor Say interpretados por una OSPA plegada a la inspiración, empuje y conocimiento que transmite Nil Venditti, quien está haciéndose hueco en varios podios europeos y también españoles, con estas danzas donde la percusión de Casanova y Prentice fueron imprescindibles para llevar por buen camino la riqueza rítmica de estas cuatro danzas turcas con las que toda la orquesta asturiana nos hizo viajar a una tierra rica de sensaciones y puerta europea hacia la Asia que tantos tesoros musicales tiene para degustar.

Concierto con buen sabor de boca, público contento, orquesta feliz, pues se nota sobre el escenario, y una joven directora a la que debemos seguirle la pista porque la energía y “buen rollo” (como se dice ahora) que transmite hace estos conciertos diferentes y para todas las edades.

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Novedoso y original

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Viernes 18 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Abono 3 “Divertimento”, OSPA, Juan Ferriol (oboe), Nil Venditti (directora). Obras de Ibert, Françaix, Puccini y Say.

Reseña para La Nueva España del sábado 19 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Interesante, original y poco habitual programa este tercero de abono OSPA con la turco-italiana Venditti de directora invitada más el solista de la orquesta Juan Ferriol en L’Horloge de Flore de Jean Françaix (1912- 1997), nueva demostración de la calidad de los primeros atriles de la formación asturiana aunque siga sin concertino, esta vez la norteamericana Mirabai Wesmehl.

Obras poco o nada escuchadas, comenzando por el Divertimento de Ibert que abría velada y daba título al programa, agradecido de escuchar para una orquesta colorista y camerística más la verdadera animadora Venditti animando a participar dando palmas a los asistentes en un torbellino de “music hall” fresco y realmente divertido.

Otra obra francesa, la de Françaix, cumbre en el repertorio de oboe que Juan Ferriol bordó en una lección magistral de gracejo y musicalidad junto a sus compañeros, incluyendo el excelente diálogo con el clarinete de Weisgerber, bien llevados por una batuta derrochando simpatía y complicidad, latiendo con este “reloj floral” de siete horas lleno de perfumes parisinos más el regalo del ya eterno Morricone con el “Juan’s oboe” mejor que el Gabriel original.

La segunda parte mantuvo novedades y la simpatía de la directora presentando cada obra con calidad y entrega orquestal, desde el joven Puccini recuperado por Muti, sinfónico de trabajo académico y espíritu wagneriano antes de la apuesta necesaria por la música actual, la del siempre rompedor pianista y compositor turco Fazil Say -al que escuchamos en febrero de 2016– con cuyas cuatro Danzas sinfónicas op. 64 muestran su inspiración en el folklore de su tierra no tan lejano al nuestro, pleno de paisajes evocadores como las especias. Orquestación poderosa, rítmica desbordante, entendimiento total con la directora y una velada novedosa e interesante.

Triunfó la directora Nil Venditti y la música nada habitual. Lástima las muchas butacas vacías, desconozco si por el frío que llegó de pronto o el desconocimiento de este concierto que resultó original y de calidad, esperando que en los próximos recuperemos el aforo de los buenos tiempos sinfónicos antes del tedio o la pandemia que aún habita entre nosotros.

El arpa ancestral del siglo XXI

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Miércoles 16 de noviembre, 20:00 h. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO): «La Belle Époque», José Antonio Domené & Cuarteto Galerna. Obras de Saint-Saëns, Debussy y Ravel.

Crítica para La Nueva España del viernes 18 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Segunda edición de los conciertos del Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO) que completan de octubre a junio la oferta musical ovetense, este miércoles con el arpista murciano José Antonio Domené junto a seis músicos de la Oviedo Filarmonía (cuatro de ellos forman el Cuarteto Galerna), y un programa con aires franceses como el propio Erard que inventó el instrumento tal como hoy lo conocemos, pese a ser ancestral y tocada en Egipto o Grecia, siendo su mejor etapa la que pudimos escuchar en la sala de cámara este miércoles con música de tres compositores del país vecino. Como tengo la ventaja de peinar canas, volvieron mis recuerdos de juventud desde el gran Nicanor Zabaleta, habitual de la centenaria Sociedad Filarmónica de Oviedo en los años 60 y 70, hasta mi Mieres natal con María Rosa Calvo Manzano en 1973, que fue profesora de Domené y tanto ayudó a formar arpistas en aquella España aún huérfana de grandes instrumentistas.

La sonoridad del arpa moderna es única, tanto sola como en cualquier combinación, incluyendo su participación en fosos operísticos y obras orquestales, por lo que las obras elegidas por el músico murciano fueron la mejor muestra de tres compositores franceses en combinaciones de todo tipo bajo el título La belle époque.

Saint-Saëns ocupó el primer bloque, primero con la Fantasía para arpa op. 95, después la opus 124 / 194 con el violín de Gema Jurado, prosiguiendo con la espectacular versión bailada por Marta Pardo del más popular de “El carnaval de los animales”, El cisne con el chelo rotundo y sensible de Sara Chordá junto al arpa cristalina de Domené que sonarían plenamente orquestales en este dúo maravillosamente acoplado.

Debussy se inspiró en la música griega y utilizará el arpa en muchas de sus obras sinfónicas, por lo que su Sonata trío para flauta, viola y arpa mostró esa inspiración desde la combinación tímbrica a cargo de Mercedes Schmit, Álvaro Gallego y el propio Domené, tres movimientos que el público aplaudió uno a uno, pues funcionan casi como obras independientes por la conjunción de estilos donde explorar esa original formación instrumental con estos excelentes músicos de Oviedo Filarmonía.

Y con Ravel llegaría la formación al completo con todos los músicos en escena sumándose a los anteriores intérpretes Julio Sánchez (clarinete) y Gints Sapietis (violín), con su Introducción y Allegro para arpa, flauta, clarinete y cuarteto de cuerda, septeto casi sinfónico por la genialidad del compositor hispanofrancés en la orquestación, el arpa funcionando como solista de concierto alternando protagonismo y un sexteto capaz de sonar como si nos encontrásemos en la sala principal del auditorio.

Un verdadero lujo contar con estos músicos “de casa” en un concierto donde Jose Antonio Domené supo no ya elegir un repertorio para disfrutar de su maravillosa técnica y sonido, sino encontrar los intérpretes adecuados para cada obra, entregados todos y cada uno de ellos, remando en la misma dirección de amor hacia la música con el entendimiento y empaste de tantos años tocando juntos.

En un instrumento italiano actual (modelo “minerva natural” fabricada por Salvi), Domené nos regalaría, dedicándoselo a sus familiares asturianos, Pour la señorita de la francesa Freddy Alberti, alumna de Lily Laskine que cerrando el círculo mágico del arpa, fue quien estrenó el Ravel anterior.

Al final hubo tiempo de intercambiar opiniones entre colegas de instrumento, con Danuta Wojnar y Miriam del Río, arpistas de Oviedo Filarmonía y OSPA, que acudieron junto a varios compañeros de ambas orquestas a disfrutar de este segundo concierto del CIMCO, un éxito para confirmar la capitalidad musical a la que no me canso de llamar “La Viena española” por la amplísima oferta a lo largo del año y saliendo del túnel que supuso la pandemia. El del AVE (que será gorrión) sigue en obras…

FICHA

JOSÉ ANTONIO DOMENÉ: arpa.

CUARTETO GALERNA: Mercedes Schmidt, flauta – Gema Jurado, violín – Álvaro Gallego, viola – Sara Chordá, violonchelo.

Marta Pardo, bailarina – Gints Sapietis, violín  – Julio Sánchez, clarinete.

P.D.: Ya mandada la crítica al periódico, de entre los recuerdos no puedo dejarme a Harpo Marx, «mudo» pero con el sobrenombre del instrumento que siempre asombraba en sus películas y antes del cine muchos años de «Music Hall» con Los Hermanos Marx.

El arpa siempre mágica

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Miércoles 16 de noviembre, 20:00 h. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO): «La Belle Époque», José Antonio Domené & Cuarteto Galerna. Obras de Saint-Saëns, Debussy y Ravel.

Reseña para La Nueva España del jueves 17 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Prosigue este ciclo camerístico que completa la impresionante programación musical de “La Viena española” con el arpista murciano y nieto de asturianos Jose Antonio Domené, junto al Cuarteto Galerna formado por intérpretes de la Oviedo Filarmonía, hoy hasta seis con refuerzo de flauta y clarinete para el último Ravel, uniéndose también la bailarina asturiana Marta Pardo en un cisne de Saint-Saëns bellísimo.

El original programa francés con Saint-Saëns, Debussy y Ravel hizo las delicias de un público que casi completó la sala de piedras del antiguo depósito de aguas, acústica cristalina como el arpa mágica y perfecta en todas las combinaciones con las que Domené fue hechizándonos: solo, dúos con violín y chelo, trío junto a flauta y viola de Debussy aplaudido en los tres movimientos, y el final de Ravel al completo, casi sinfónico del gran orquestador hispano francés.

Una apuesta camerística de CIMCO con un lujo de intérpretes en torno al mago Domené y ese arpa con tanta historia detrás, que no tuvo su parte pedagógica explicando la actual inventada por otro francés como Erard, aunque esta velada utilizase una nueva italiana de sonoridad muy rica (Salvi minerva natural) para una tarde de música francesa igual que la propina dedicada a sus familiares presentes y las fotos con las arpistas de nuestras dos orquestas asturianas.

Kantorow, fuego en el camino

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Sábado 12 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Concierto inaugural de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandre Kantorow (piano). Obras de Liszt, Scriabin y Schubert.

Crítica para La Nueva España del lunes 14 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

No se pudo elegir mejor pianista ni programa para arrancar estas jornadas de la llamada “Temporada del rencuentro” que el francés Alexandre Kantorow (Clemont-Ferrand, 20 de mayo de 1997), un prodigio que comenzó su carrera profesional con solo 16 años para ser el primero de su país en ganar el prestigioso Concurso Internacional Chaikovski en 2019, y que llegaba a Oviedo en su gira con tres compositores “fetiche” donde se mueve con una madurez impresionante y técnica puesta al servicio de unas interpretaciones soberbias, modelando el sonido, recorriendo verdaderos pasajes interiores llenos de puro romanticismo. Los cambios en el programa previsto funcionaron de forma homogénea y dándole un sentido global a un recital que puso al público a sus pies tras una velada intensa además de sentida, llegando a regalar hasta tres propinas (ahora se les llama “encores”).

Liszt es un referente para los pianistas por sus exigencias para entresacar de sus obras todos los avances de su época y Kantorow, al que la crítica del magazine Fanfare le ha bautizado como “Liszt reencarnado”, comenzaría con Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen S.179, basado en el tema de la cantata 12 de Bach, la contundencia unida a la devoción por el padre de todas las músicas, inicio de un peregrinaje que el joven virtuoso proseguiría con el Soneto nº 104 del Petrarca, perteneciente a los “Años de Peregrinaje” S.161 del abate, clara reminiscencia chopiniana, pleno de contrastes en una penumbra total que ayudaría a un silencio sepulcral poco habitual en el auditorio, con el piano en el centro del escenario sin mover la caja escénica, iluminado levemente en un rectángulo que impresionaba al escuchar todo lo que de él brotaba en las manos del francés. Sin respiros, con una gama amplísima de matices donde primó siempre la musicalidad, para “redondear” este camino literario con Après une lecture du Dante, fantasía en el amplio sentido, tres etapas donde disfrutar de la pasión, fuerza y delicadeza de un sonido limpio, trabajado, rotundo y delicado, mimando cada nota, los pedales realzando y dibujando desde su técnica impecable una primera parte poderosa y llena de claroscursos expresivos al alcance de pocos intérpretes de su edad.

La segunda parte finalizaría el recorrido por el húngaro que enamoraba en los salones parisinos con su endiablada técnica volviendo al íntimismo y hondura expresivas tras la que podríamos llamar pirotecnia pianística, Abschlied que adapta una melodía popular rusa breve y compleja, nuevamente con dualidades bien contrastadas al final de su vida, nostálgica y evocadora, al igual que La lúgubre góndola, la oscuridad llena de amargura, austeridad frente a la opulencia juvenil, donde el pianista francés enamoraría a los melómanos asturianos, ofreciendo la otra cara de la moneda para reflejar el dominio de la globalidad del piano de Liszt, el ocaso del genio premonitorio de la muerte de Wagner dos meses después de finalizarla.

El peregrinaje pianístico daría un salto sin perder la homogeneidad temática con Fers la Flamme, op. 72 del ruso Scriabin, el sinfonismo desde las 88 teclas que canta el triunfo del resplandor sobre la oscuridad, acordes sombríos donde cada nota toma cuerpo para ir moviéndose hasta el estallido emocional de Kantorow.

Y sólo podía poner punto final a este tortuoso camino de luces y sombras el otro Franz, Schubert con su Fantasía “Wanderer” (caminante) D. 760 que alude al lied homónimo. Un homenaje pianístico al primer romanticismo del que todos beberían, el virtuosismo exigente que canta sin palabras toda la gama emocional en tres movimientos para un solo tema que en manos de Kantorow resultó una verdadera lección interpretativa, deslumbrante, sentida de principio a fin cerrando un recital de verdadero peregrinaje íntimo, donde todo los colores posibles sonaron y brillaron llenos de vida.

Bravos y aplausos más que merecidos para regalarnos una etapa extra del “camino francés” desde un pianismo razonado, pues el lied de Schubert Letanía en arreglo del propio Liszt sería el mejor colofón del concierto.

De otro gran virtuoso e improvisador como fue Gyorgy Cziffra, su arreglo del Vals triste a partir de una canción popular húngara volvió a impactar y epatar a un público totalmente rendido a Alexandre “el grande”, este joven francés que aún tendría fuerzas para seguir emocionándonos con su tercer regalo tras un concierto maratoniano para todo pianista: el final de El pájaro de fuego de Stravinski en arreglo de Guido Agosti (1901-1989), el fuego mágico que crea sombras, dando luz y calor además de color. Mejor inauguración para las jornadas de piano imposible.

El peregrino Kantorow

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Sábado 12 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Concierto inaugural de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandre Kantorow (piano). Obras de Liszt, Scriabin y Schubert.

Reseña para La Nueva España del domingo 13 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” de esta temporada arrancaron con el pianista Alexandre Kantorow, premio «Tchaikovsky» en 2019 con tan solo 22 años, el primer francés en ganar la medalla de oro y el Grand Prix del prestigioso Concurso Internacional, algo que solo había sucedido en tres ocasiones en la historia del certamen.

Declarado por la crítica como el “joven zar del piano” o “Liszt reencarnado”, Oviedo sigue siendo La Viena española y parada obligada en esta gira de conciertos por las mejores salas de todo el mundo entre las que está el Auditorio de la capital asturiana.

Kantorow no defraudó en un concierto con excelente entrada y público en un respetuoso silencio solo roto por algún estertor, asombrando no solo por el virtuosístico sino la profundidad y rotundidad de este joven que debutó con 16 años y que asombra por su madurez interpretativa.
Con cambios en el orden previsto y Liszt casi protagonista único en la primera parte e inicio de la segunda, que cerrarían Scriabin y Schubert. Si el abate húngaro arrebataba en los salones parisinos del XIX, el francés lo hizo en la Vetusta del XXI.

Penumbra que ayudó al silencio y el gran Steinway enmarcado con la mínima luz para paladear el Liszt de Kantorow, pleno de romanticismo, claroscuros increíbles con matices extremos y la fuerza juvenil capaz de pasar al intimismo mágico en un peregrinaje interior (de Petrarca a Dante) bien ejecutado y transmitido con el fuego fatuo y arrebatador del virtuoso francés.

No rebajó entrega ni intensidad tras la necesaria pausa para retomar fuerzas, con una góndola lúgubre, premonitoria del entierro de su yerno Wagner, de compleja sencillez, después la llama de Scriabin cual sucesor virtuoso desde el frio, para finalizar con ese Caminante (Wanderer) de Schubert que nos llevaría al romanticismo inicial e inspirado(r) de este pianista que no deberemos perderle la pista porque está llamado a ser uno de los grandes de nuestro siglo.

Una delicia de interpretación que levantó bravos y merecidísimos aplausos respondidos por no dos sino tres “encores” resumiendo la técnica al servicio de la música con todo el lirismo de nuevo de Schubert en arreglo de Liszt, una popular de Cziffra y hasta el fuego de Stravinsky y su pájaro sobrevolando con piruetas elegantes un final de concierto apoteósico.

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