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Un realejo que puede con todo

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Miércoles 28 de agosto, 19:00 horas. V Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano Realejo (siglo XVIII) de la Real Colegiata de San Fernando: Izumi Kando. Obras de J. P. Sweelink, Theodor Grünberger, Bernardo Storace, Félix Antonio Máximo López Crespo, J. H. Knecht, J. S. Bach y J. Kaspar (von) Kerll.

Cierre de ciclo en Covadonga con unas palabras iniciales del señor abad como resumen de este nuevo verano organístico del que han gozado peregrinos, visitantes y aficionados, disfrutando nuevamente del magisterio de la organista japonesa afincada hace dos décadas en Barcelona, esta vez en el restaurado realejo de la Colegiata del siglo XVII que pudo con un repertorio variado donde no faltó música renacentista, barroca y clásica pero tampoco un «ragtime» de propina que volvió a demostrar la universalidad del lenguaje musical y lo bien que se portó un «renacido» instrumento de casi tres siglos para todo tipo de obras cuando la interpretación es impecable en la búsqueda de universos impensables para muchos puristas.

Del domingo anterior y por rigor musicológico volvíamos a escuchar el Ballo del granduca de Sweelink, menos poderoso que en el órgano de Acitores pero igualmente bello al disfrutarlo en su contexto sonoro. Misma obra por la misma intérprete pero nuevos colores y siempre descubriendo matices.

Otro tanto podemos decir de Daphne, obra anónima del siglo XVII llena de vericuetos en su escritura y con buenas elecciones de registros.

El Offertorium de la Orgelmissa (Grünberger) resultó menos organístico pese a su concepción original como tal, brillante en su escritura para el momento en que debe ejecutarse pero que en el contexto de concierto tiene giros más sonatísticos que litúrgicos.

Volvimos a la historia pareja al realejo con Storace y su Ballo della Battaglia, trompetería efectista de «batalla» así llamada por estar en posición horizontal, para recrear no ya la forma sino el propio nombre, quién sabe si inspiradora de nuestro «Sitio de Zaragoza«, de Beethoven y la homónima de Vitoria e incluso de Tchaikovsky. Lo cierto es que además del virtuosismo el despliegue de registros resultó plenamente guerrero.

Desconocía la Sonata nº 4 en sol menor del compositor y organista de la Capilla Real en tiempos de Carlos III Félix Antonio Máximo López (inmortalizado por el pintor Vicente López), en estilo clásico vienés cercano al pianoforte pero bien adaptado al órgano portátil que lleva varios cientos años en el mismo lugar, del que Izumi supo delinear melodías en ambas manos aprovechando los registros partidos que engrandecen obras «minoritarias«, otro plus de la intérprete en la búsqueda de obras adaptadas y adaptables al instrumento de turno.

Contemporáneo al anterior es el Thema mit vier Veranderunger (Tema con cuatro variaciones) de Justin Heinrich Knecht que sí parecía más apropiado al instrumento restaurado y nuevamente brillante en ejecución y sonoridades en registro partido, flautados cortos con bajoncillo.

Un guiño a Bach y su conocida Badinerie de la Suite nº 2 BWV 1067 en una adaptación donde la flauta es protagonista en un registro agudo para la mano derecha articulado cual soplo humano y no mecánico mientras la izquierda rellena casi con un «violone» imperceptible dejando las armonías orquestales reducidas a la mínima expresión en este arreglo que rendía culto al kantor.

Para cerrar concierto volvíamos a los orígenes con otra Battaglia (Johann Kaspar Kerll) en todo su esplendor. No voy a descubrir la técnica y musicalidad de Kando que volvió a brillar en esta forma tan del gusto de los siglos XVII y XVIII cual muestrario de las capacidades instrumentales y de escritura para un virtuosismo interpretativo. Parecen increíbles todas las combinaciones sonoras en un instrumento pequeño que se engrandece con obras para él pensadas y que tuvieron recompensa en los muchos y merecidos aplausos de un público que casi llena la Colegiata.

La sorpresa vino con un Ragtime de Gunther Martin Goettsche, al puro estilo Scott Joplin y los felices años 20 que nos transportaron en el tiempo y el espacio, con timbres de music-hall y sonrisas cómplices para un concierto «desde el corazón» como bien decía el abad al principio del concierto, final de ciclo y verano asturiano para un otoño lleno como los colores de nuestra tierra que igualmente compartió la organista japonesa, siempre bienvenida.

Gracias a todos por compartir tanto y seguir teniendo fe también en la música, lenguaje universal capaz de conmover como ningún otro.

Repaso histórico de Izumi Kando

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La organista de Osaka afincada en Barcelona volvía a nuestra Asturias de la mano de «su descubridor» para los aficionados asturianos y nuevamente en un órgano de Acitores que dio más guerra de la esperada por esos duendes que suelen aparecer en los momentos más inesperados (teclas que se quedan, registros anulados de golpe…) aunque su profesionalidad y templanza evitaron males mayores.
El programa de Kando, penúltimo del ciclo, siempre difícil como suele ser habitual en ella, arrancó en el Renacimiento con Ballo del granduca (Sweelink), música modal de tecla que desde la tubería ofrece grandes y variadas combinaciones, estallando en una trompetería digna de los instrumentos de su época que el órgano mayor recreó como si tuviese más edad.
No puede faltar el barroco y menos Bach en un concierto para el que «el kantor» estaba siempre inspirado, y pese a los citados «males menores» escuchamos dos obras muy conocidas, la Tocata y Fuga en re menor, BWV 565 muy apasionada, casi arrebatadora, con combinaciones sonoras de intensidades y timbres más ajustadas en la fuga, una vez solventados los problemas técnicos, y el «Air» de la Suite nº 3 en re mayor, BWV 1068 que nos supo a poco, una de las que mejor soportan la versión en órgano por la riqueza tímbrica orquestal traída a los tubos y de la que tengo una versión en vinilo dentro de aquellas colecciones del «Reader’s Digest» a cargo de Virgil Fox en el órgano de la Riverside Church que sonó muchas veces en mi plato.
Y con esa inspiración el intérprete y compositor franco-libanés Naji Hakim (1955), alumno de Langlais y sucesor de Messiaen en la Trinidad parisina hasta 2008, compone Bach’orama, Fantasía para órgano sobre temas de Bach, una obra maestra que no oculta referencias directas a las dos obras escuchadas anteriormente y otras que pasadas por el conocimiento del instrumento resultan más que una fantasía todo un homenaje de Hakim a «mein Gott», virtuosismo en manos y pies con una sabia elección de registros en una interpretación por parte de la japonesa que fue de lo mejor del concierto.
Los arreglos o adaptaciones no siempre tienen el resultado apetecido, y aunque Fauré siempre es una delicia, su Aprè un rève originalmente para voz y piano, incluso cello y piano pero versioneada para multitud de combinaciones, no soporta tan bien su paso al órgano, más que nada por la escritura de la mano izquierda que fielmente interpretada parece empapizar los flautados. Con todo la registración y armonía de esta maravillosa canción sonaron muy bien en el órgano de Covadonga.
Para cerrar, dos obras muy distintas, la novísima Rapsodia alla latina (2009) del compositor y organista alemán Hans-Andrè Stamm (1958) que con un lenguaje digamos académico en tanto que prima la melodía con armonías tradicionales, hace desfilar motivos sudamericanos con reminiscencias de tango o «tico-tico» desde una amplísima paleta tímbrica que Izumi Kando realmente bordó en el órgano mayor de la Basílica. Obra difícil de ejecución y muy agradecida para el público que premió con merecidos aplausos esta original visión germana de las músicas latinoamericanas. Y la Sortie en mi bemol mayor (Lefébure-Wely) como auténtica «salida» o cierre de concierto, nuevo derroche técnico e interpretativo para una obra deudora tanto de los Cavaillé-Coll como de formas y haceres anteriores, idóneo punto y final al breve repaso histórico que Kando ofreció en el instrumento de referencia que la Basílica de Covadonga tiene. Aires de tiovivo, de órganos portátiles o de cine, mezcla de aromas germanos y yanquis desde una alegría contagiosa en melodías y ritmos, colofón de otro domingo musical en la cuna de la Reconquista.
Nuevamente gracias al Cabildo, al abad por su convencimiento en el ciclo, a Chema que tiene una agenda mejor que la de muchos representantes y es capaz de convencer a sus amistades organísticas para que sigan acudiendo a nuestra tierra en tiempos difíciles para la música, y lógicamente a la organista japonesa por el excelente concierto ofrecido.
Todavía nos queda este miércoles el último del ciclo pero en el restaurado Realejo de la Colegiata, y será otra historia que contaremos si Dios quiere y el tiempo no lo impide.

Sánchez-Verdú resucitando a Nosferatu

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Viernes 23 de agosto, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Festival de Verano «Oviedo es Música». Proyección de la película «Nosferatu» (director: F. W. Murnau, 1922), música de José María Sánchez-Verdú (estreno 2003). Coro de mujeres de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (director adjunto: Rubén Díez Fernández), Oviedo Filarmonía, director: Nacho de Paz. Entrada butaca: 14,50€+1€ gestión.

Cine de verano con música en directo, tercera apuesta de la orquesta carbayona por esta fórmula de poner música a clásicos del cine mudo, primero «Metrópolis» en el Campoamor y una vez «redescubierto» el foso del Auditorio «Alexandre Nevsky» y por fin una de miedo con el famoso «Nosferatu, una sinfonía del horror» del alemán Murnau a quien el compositor de Algeciras Sánchez-Verdú (1968) tampoco se resistió y hace diez años puso su música para la imagen en la línea de otros colegas, recuperando las grandes proyecciones que superan al pianista de los inicios del cine mudo. Binomio que esperamos se mantenga en las programaciones de la capital porque retroalimentan y unen aficiones.

Impresionante la partitura del gaditano (arriba con las anotaciones del propio Nacho de Paz -Oviedo 1974- propietario de la foto) que reinterpreta desde un lenguaje actual el propio expresionismo de la cinta alemana para lograr auténticos momentos cumbre muy exigentes para los músicos de una orquesta madura que el director ovetense conoce y supo manejar como especialista en estas músicas no habituales en los atriles.

Y no digamos de las diez voces femeninas de «la Capilla» dirigidas por el también compositor avilesino Rubén Díez incrustado entre ellas para que todo encajase a la perfección, sobre todo en las entradas complicadas en sincronización con la película.

Pertrechadas de «microafinadores»y amplificadas, con dos altavoces sobre la orquesta más algún efecto reverberante fueron impecables instrumentos de viento, con vocalizaciones de afinaciones casi imposibles, nombrando notas o glissandos emulando y/o doblando cuerdas, maderas y metales. Personalmente fueron lo más destacable del evento, sin olvidarme de la percusión que tanto peso lleva a lo largo de la gran partitura de Sánchez-Verdú (comentada por el doctor Alejandro G. Villalibre en «Clasicaytuits»).

Está claro que la música no aguantaría una interpretación sin las imágenes pero Murnau hubiese aprobado esta partitura del abogado y compositor de eso estoy seguro, atemporal como su película y personaje donde la música es más necesaria que los rótulos.

 

Queda verano y conciertos antes del comienzo de curso, pero «Nosferatu» resucitó y sembró el pánico en un Auditorio que presentaba una excelente entrada pese a tener que pasar por taquilla. Mi enhorabuena a todos.

Sánchez- Verdú, Nacho de Paz y Rubén Díez

Otro alemán en Covadonga

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Domingo 18 de agosto, 17:00 horas. V Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano mayor de la Basílica: Heinrich Walther. Obras de Bach, Usandizaga, Mozart y Guridi.

«El alemán de Corao» (Roberto Frasinelli) está ligado a la propia historia de Covadonga y creo que desde este penúltimo domingo de agosto debemos sumar al organista Heinrich Walther que volvía a nuestra tierra para seguir sentando cátedra en los instrumentos del taller de Federico Acitores. Le escuché hace dos años en el nuevo de Santo Tomás con motivo de la Semana de Música Religiosa de Avilés, y en 2010 en el de la Iglesia de San Francisco de Oviedo dentro del defenestrado Festival de Órgano Cajastur que la podadora se llevó sin reparar en daños pese a los esfuerzos de mi querido Chema, durante ¡23 años!. Al menos Covadonga sigue siendo lugar de peregrinación también para los amantes del instrumento rey para paliar desaguisados y los cinco veranos esperamos sigan en años venideros. Al menos el Abad Don Juan José Tuñón es melómano y defensor de la cultura, algo a tener en cuenta…

Si entonces me cautivó el magisterio de Herr Walther al servicio de las obras elegidas, con una técnica impecable que permite disfrutar las melodías siempre presentes desde un manejo perfecto de los registros, esta vez redescubriendo juntos no ya la sonoridad del gran instrumento de la cuna de España sino también a compositores españoles en un recital hispanogermano donde Usandizaga y Guridi compartieron programa con Bach y Mozart. Buen cuarteto y obras muy distintas que Walther desgranó con un abanico sonoro realmente admirable, y que Federico disfrutó a su lado, siempre pendiente de «sus criaturas».

El Preludio y Fuga en mi menor, BWV 548 (J. S. Bach) jugó con teclados y pedalero arrancando potencia en los momentos justos sin perder de vista el siempre difícil arte del «kantor», con una fuga impactante en todo su desarrollo y conclusión.

La Pieza Sinfónica Op. 25 (J. M. Usandizaga) en tres partes -Introducción, Cantabile y  Final- convirtió el órgano en orquesta sinfónica para una obra enorme en todos los sentidos (recuperada por el maestro donostiarra Esteban Elizondo), registros inverosímiles en combinaciones que hicieron resplandecer una partitura con muchas referencias, desde el sencillo armonio hasta el órgano romántico francés, registros Cavaillé-Coll impensables y tan ajustados a la escritura del vasco.

Mozart siempre es un hueso duro de roer y la Fantasía en fa menor, KV 608 vuelve a corroborar no ya el genio del compositor sino el extraordinario conocimiento de todos los instrumentos, incluyendo el órgano, al desarrollar una obra en dos movimientos, Allegro y Andante, con su inimitable estilo desde sonoridades casi sinfónicas y técnica deudora del piano pero amoldada al órgano mecánico, como cabe esperar del de Salzburgo, trinos límpidos, armonías plenas, desarrollos temáticos llenos de luz y giros subrayados por cada cambio de registro. No me extraña que sea una partitura «habitual» cuando instrumento e instrumentista responden, y Walther en Covadonga lo bordó (como en la grabación en CD).

Para cerrar las Variaciones sobre un tema vasco, 1948 (Jesús Guridi) supusieron un colofón exigente, obra con regusto nacionalista más allá del txistu en zorztico y técnicamente dura como todas las compuestas con esta técnica de la variación, por otra parte perfecta para manejar combinaciones ricas en tímbrica y dinámicas, siempre manteniéndose el tema original «Itxasoan laino dago» (Hay niebla en el mar) en las nueve «apariciones» que se enriquecieron en los dedos del intérprete alemán haciendo respirar salitre en la hoy soleada montaña mítica asturiana.

Supongo que además del gusto por estas obras españoles que acabará llevando por todo el mundo sumará el poderío que el órgano de Covadonga es capaz de derrochar desde un sonido asturiano recio y redondo que se adapta a cualquier época interpretativa, y el público de la Basílica se contagió de este otro alemán que acabaremos «adoptando», al menos musicalmente.

Atardecer musical con los Zapico

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Sábado 17 de agosto, 20:00 horas. Salón de Actos del Monasterio de Santa María de Valdediós (Villaviciosa). Círculo Cultural de Valdediós: Atardeceres Musicales 2013 «Intérpretes e interpretación», cuarto concierto. «Concerto Zapico«: Forma Antiqva. Obras de José Blasco de Nebra, Santiago de Murcia, Gaspar Sanz, Conte Ludovico Roncalli, Kapsberger, Johann Caspar Ferdinand Fischer, Diego Ortiz y D. Scarlatti.

La oferta musical, incluyendo la asturiana, continúa también en verano, y en Valdediós los «Atardeceres musicales» son parte importante de las vacaciones. Recién llegados del Festival Internacional de Música de Santander donde ofrecieron sendos y exitosos conciertos en Comillas y Loredo, Forma Antiqva en su versión «pura», es decir con los tres hermanos Zapico, deleitaron a un salón al completo, con público de pie y colas desde casi una hora antes del inicio de este «Concerto Zapico» siempre distinto y siempre alegre, calidad y calidez en un repertorio organizado como ellos saben, capaces de darle mil vueltas para que obras conocidas sigan sonando frescas y las nuevas aportaciones se hermanen con la misma vitalidad.

Fandangos y folías, pasacalles y recercadas, cumbées y chaconas de sus autores habituales en trío: Santiago de Murcia y Kapsberger, los anónimos que acabarán siendo también Zapico atemporales. La música ibérica para Consort de Continuo con su particular orden y arreglos, improvisaciones de vértigo en la mínima expresión de Forma Antiqva. Combinaciones de tres elementos tomadas desde todas las variantes para lograr no sólo las complicidades a que nos tienen acostumbrados, sino unas sonoridades que siguen creciendo y asombrando en cada interpretación, virtuosismo al alcance de todos.

La guitarra de Pablo Zapico en solo impresiona, a dúo rasguea y «contrahace» el canto, en trío iguala planos. La tiorba de Daniel Zapico tan pronto resuena a cello como se camufla en punteos con la guitarra o complementa los solos de tecla. El clave de Aarón Zapico es más que sustento, sabor y aderezo, ornamentaciones exquisitas, mano izquierda en el amplio sentido, capaz de emparejar con la tiorba, derecha rasgueando para el punteo de la guitarra, y ambas manos con intervenciones a solo que engrandecen un repertorio hecho a medida.

Público entregado como los propios intérpretes, crecidos por un ambiente que les empuja a buscar bifurcaciones sin perder el camino, sensaciones de un trío único capaz de sentir un mismo corazón, una misma respiración y una misma inteligencia musical. Si los fandangos abren y cierran espectáculo, las Marionas de Gaspar Sanz vuelven a brillar con la Xácara y el Preludio del Conde Roncalli es enorme incluso al lado de la Passacaglia de Kapsberger. Inmensos los Zapico que no paran, lo que siempre es bueno… Enhorabuena!

Norma ciega

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En un periplo mediterráneo llegamos a Perelada el martes 6 de agosto conocedores de la Norma del Festival con entradas baratas agotadas y caras inalcanzables, autoconvenciéndome que las gradas de Roland Garros no eran lo mismo que la grandeza de un teatro. Pudimos comprobar el calor y la explicación del horario, las 10 de la noche, analizando la posterior ubicación en el punto de escucha porque lo importante era disfrutar desde el exterior, cual entradas ciegas de mi juventud, y en un banco nos sentamos a disfrutar de Bellini en estado puro, compartiendo «palco» con tres melómanos hasta el descanso y solo las dos parejas que llegamos al final, imaginando y recreando la puesta en escena asturiana, porque también la ópera de Oviedo estaba en el Castillo.
Del reparto la única, inimitable y auténtica prima donna Sondra Radvanovsky recreó su personaje, voz poderosa e íntima capaz de despertar y contagiar su musicalidad a los pájaros del castillo, reafirmando la grandeza demostrada en Oviedo en un rol que será suyo en este siglo XXI aunque la Bartoli busque su otro punto vocal.
Prudenskaia con unas arias bien cantadas algo livianas en el registro grave pero unos concertantes y sobre todo los dúos bien empastados completó el protagonismo femenino.
Los caballeros estuvieron un escalón por debajo, Colombara mejor que un Bros válido incapaz aún de convencerme pese a su encomiable esfuerzo, Pollione siempre engullido por la gran Norma.
El coro de cámara del Palau bien en todas sus intervenciones y la OBC estuvo bien en conjunto con detalles excelentes que el Maestro Montanaro se encargó de realzar, optando por tiempos y dinámicas siempre adecuados a las voces.
Experiencia estival que quiero apuntar para reflejar esta «Norma ciega» donde Sondra fue la diva capaz de conmover y arrancar lo mejor de este público volcado con ella.
Caminando hacia el apartamento todavía retumbaba el auditorio en sus salidas a saludar. Después parecíamos unirnos todos en el regusto operístico. La tormenta descargó hacia las 4 pero no pudo protagonizar esta representación única.
Ficha Artística:
Sondra RADVANOVSKY , soprano: Norma.
Marina PRUDENSKAYA, mezzosoprano: Aldagisa
Josep BROS, tenor: Pollione
Carlo COLOMBARA, bajo: Oroveso
Jon PLAZAOLA, tenor: Flavio
Mireia PINTÓ, mezzosoprano: Clothilde
CORO DE CÁMARA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA
ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA I NACIONAL DE CATALUNYA (OBC)
Carlo MONTANARO, dirección musical
Susana GÓMEZ, dirección escénica
Antonio LÓPEZ FRAGA, escenografía
Alfonso MALANDA, iluminación
Gabriela SALAVERRI, vestuario
Producción de la Ópera de Oviedo.

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Verano de músico

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Miércoles 24 de julio, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Escuela Internacional de Música de la Fundación Príncipe de Asturias, Curso de Verano 2013: Concierto de alumnos. Entrada libre.

Los músicos, como los profesores, no tienen vacaciones e incluso el verano lo aprovechan habitualmente para seguir perfeccionándose, en la siempre eterna búsqueda de la inalcanzable perfección. La Fundación Príncipe de Asturias lleva desde 2005 con esta escuela internacional que convierte Oviedo en un campamento urbano de verano musical, un bullir de jóvenes músicos y profesores de prestigio internacional al que se une en este 2013 la JONDE, también residente un par de semanas, en periplo cantábrico hasta el 10 de agosto.

Entrar en el Auditorio y comprobar cuánta música se respira es todo un orgullo, máxime en unos tiempos donde los políticos recortan precisamente por la cultura, y la música desaparece de la educación obligatoria dejándola como materia residual (WERTgonzoso). Tendrían que pasarse por Oviedo y vivir de cerca lo que supone estudiar música para estos jóvenes, muchos llegarán a figuras, otros se convertirán en atriles de las pocas orquestas que nos dejen o emigrarán para engrosar plantillas donde los apellidos españoles cada vez son más habituales, más muchos que seguirán disfrutando de la música desde otras profesiones, porque ya se sabe que es difícil explicar que álguien estudie música ¿nada más?.

Inversión en futuro que arrancó hace años con la FPA apostando por ella desde la llegada de Los Virtuosos de Moscú en 1990 que marcaría este presente reluciente. Plantar para recoger, esperanza y tiempo dedicado al más sublime de las artes que ahora con la perspectiva que dan estos 23 años supone presumir de músicos en todas las familias orquestales y no sólo en el viento donde la región valenciana era referencia. Gracias a la Fundación por seguir manteniendo la visión de futuro pese a los recortes de miopes gobernantes y también gracias a los patrocinadores y colaboradores que hacen posible esta formación, algo más económica de lo que supone para las familias seguir pagando los estudios musicales de sus hijos.

Y es que tenía que contar todo lo anterior antes de relatar un concierto de alumnos de viento madera y cuerda: solistas, dúos, tríos y hasta un cuarteto de cuerda que convierten la llamada «música de cámara» en lo más didáctico para intérpretes y público, una Escuela de Verano donde los profesores preparan con ellos las obras que el público degustará y juzgará siempre con benevolencia, sabedores de lo que supone tocar ante el respetable unas obras que marcarán un camino muy largo pero asentado desde estos cimientos.

Verano de músico que no sabe de vacaciones pero al que trabajar en estos niveles les viene cual complejo vitamínico extra, trabajo individual y en equipo, solidaridad juvenil hecha música con el desparpajo de la edad y también la responsabilidad por hacerlo lo mejor posible. Citar en primer lugar el papel desempeñado por el profesor Óscar Camacho Morejón como pianista, más que acompañante o repertorista un apoyo imprescindible para los solistas, piano en estado puro o reducciones orquestales, siempre atento a los intérpretes que mima con experiencia y rigor.

Los alumnos de viento madera tienen como profesor de flauta a Antonmario Semolini y fueron en el concierto el jovencísimo Hernán Rodríguez San Miguel al que le tocó abrir velada interpretando la Sonata en fa mayor (B. Marcello) apuntando maneras y buen sonido aún pendiente de fijar afinaciones, sobre todo en los movimientos lentos, y en sexto lugar Diego Aguiar Armada y el «Allegro» de la Sonata para flauta y piano en si bemol mayor, anh4 (Beethoven), ya de nivel más avanzado aunque todavía falto de volumen en el grave.

Siguiendo con el viento madera, los alumnos de fagot de Javier Aragó Muñoz nos ofrecieron distintas combinaciones: dúo en segundo lugar con Ana Martín Delgado y Daniel Solís García que nos interpretaron los movimientos primero y tercero de la Sonata nº 1, op. 40 (J. B. de Boismortier), empastando como si llevasen años juntos,

y en quinto lugar un trío con los dos fagotes Jorge Galán Corral y Ana Martín más el oboe de Irene Roser Espert en el tercer movimiento de la Sonata en re menor (G. F. Haendel),

Para rematar en penúltimo lugar del concierto nos ofrecieron un J. S. Bach del que interpretaron dos arreglos de las «Invenciones»: la Invención I en do mayor, BWV 772 con Ana Martín e Irene Roser Espert (alumna de oboe de Jesús Fuster) que cambió de pareja para la Invención XIII en la menor,BWV 784 con Jorge Galán (fagot). Interesante escuchar las dos voces en estos instrumentos de lengüeta doble que dan otra visión a las siempre increíbles obras del «kantor«, dos en y para uno que solamente se consigue con mucho ensayo, y hay que recordar que apenas llevan una semana desde que comenzó este curso.

No faltó el clarinete de David Martínez Marcos, alumno de Jorge Montilla, que nos regaló en octavo lugar el «Grazioso» de la Sonata para clarinete y piano de L. Bernstein, sentida de principio a fin por un músico que ya tiene sonido propio y un perfecto entendimiento con el maestro Camacho.

Siguiendo con el viento madera el protagonismo del oboe (con los alumnos de Fuster) tuvo su momento de gloria: «no hay quinto malo» con Marcos Oviedo García que nos regaló el «Allegro» del Concierto para oboe en sol menor (Bach), ejecutado con soltura adulta y el apoyo de un piano «quasi barroco» y la novena actuación con Miriam Puchades Alejos que interpretó el «Recitativo / Adagio» del Concertino para oboe (B. Molique), dificultades de los tiempos lentos por las exigencias respiratorias y una musicalidad de muchos quilates en esta joven oboísta que contagió la emoción del movimiento elegido.

Para el final dejo al departamento de cuerda porque pienso que el salto cualitativo y cuantitativo que hemos dado en estos años era impensable en mis tiempos de estudiante, siempre volviendo a la comparación con el viento (las bandas de música siempre han sido cantera) o la percusión. En las teclas siempre hubo nivel pero con necesidad de salir de España hasta la llegada de las familias rusas en distintos puntos de España, siendo Oviedo uno de ellos.

La cuerda, y en especial el violín, fueron nuestro talón de Aquiles que se vio reforzado por esa feliz idea ya comentada de «La Fundación» por acoger en Asturias a Los Virtuosos de Moscú. Poco a poco resultó normal encontrar suficientes alumnos, antes minoría, como para ir creando escuela en nuestra tierra, unido a esfuerzos familiares apostando por completar esa formación, siempre paralela a los estudios obligatorios en colegios e institutos. Y estos cursos siguen ayudando a descubrir talentos o reforzar los que ya tenemos. Cierto que estos jóvenes tienen niveles y edades distintos, pero las obras presentadas fueron exigentes y sin concesiones para los intérpretes.

En tercer lugar actuó Carolina Camp Guasp, alumna de Sergey Teslya, quien hubo de enfrentarse al primer movimiento del Concierto nº 4 en re mayor, K. 218 (Mozart), muy trabajado, de memoria y a quien los nervios traicionaron pero que también son parte de la formación musical, siendo capaz de retomar con la inestimable ayuda del maestro Camacho, el rumbo para tranquilizarse en la cadenza y finalizar con un cabreo que los aplausos no pudieron aplacarle.

La séptima posición dentro del programa le correspondió a todo un joven vetarano del violín y alumno de la profesora Lara Lev en este curso: Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre que se atrevió nada menos que con la Introductione and Tarantella de Sarasate, palabras mayores de la literatura violinísitica no ya por la técnica totalmente virtuosa que mi admirado «Don Ignacio» sigue trabajando dentro y fuera de España, sino por el poso interpretativo que pide desde la delicada introducción hasta la movida danza italiana, pudiendo decir que su madurez es aplastante, autoexigencia y afán por mejorar cada día (la búsqueda de la limpieza en los endiablados pasajes y armónicos escritos por el pamplonica sucesor de Paganini) desde un sentido musical digno de admiración, bien secundado por Óscar Camacho que comparte protagonismo en esta partitura. Un placer ver su progresión tanto en el arco como en una mano izquierda que crece como su estatura.

El antepenúltimo en actuar fue Jorge Cañete Calderón de la Barca, alumno de Oleh Krysa que nos deleitó con la Romanza op. 6 nº 1 (Rachmaninov), agradecida para todos, de sonido poderoso en todos los registros y con poso para poder disfrutar con Óscar Camacho de esta delicia camerística.

El Cuarteto nº 14 en re menor, D. 810 «La muerte y la doncella» (Schubert) sigue siendo una de las cumbres de la música de cámara, y el profesor Igor Sulyga les preparó el «Scherzo» y el «Presto» (que dejó recién salido y subido a YouTube© por la madre de la violista) para Edgardo Carone Sheptak (volín I), Jorge Cañete (violín II), Cristina Cordero Beltrán (viola) y Carmen Hernández Bellas (cello), maestría juvenil nuevamente montada en tiempo récord para una obra complicada de interiorizar, de hacer sonar en su grandeza, protagonismos bien compartidos, sonoridades rotundas en los cuatro y entendimiento imprescindible para afrontar los últimos movimientos en bloque, sin fisuras, algo que forjaron desde el inicio. Fueron los más aplaudidos por un público que tiene la «música en casa» y saben recompensar el esfuerzo.

Enhorabuena a todos y desconecto unos cuantos días… aunque me perderé mucha actividad musical asturiana. A mediados de agosto volveremos con las pilas cargadas.

Terraza de verano con piano

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Martes 23 de julio, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Oviedo. Festival de Verano «Oviedo es Música»: Rosario Andino (piano). Obras de Haydn, Beethoven, M. Saumell, I. Cervantes, Lecuona y Chopin. Entrada libre. Aforo completo.

El claustro del antiguo Convento de San Vicente vuelve a servir de terraza veraniega como en mis años jóvenes de los «Conciertos de la SOF», ahora música en Oviedo también en verano, sumándose a la oferta que nunca termina en la capital del Principado (en breve avanzaremos la próxima temporada). Esta vez el piano como protagonista con un programa muy llevadero a cargo de una pianista que en sus años jóvenes tuvo que ser tremenda porque todavía atesora musicalidad a raudales aunque el virtuosismo con los años está al alcance de pocos, pero la artista cubana de origen asturiano Rosario Andino se atrevió con los «grandes» sin olvidar sones de su patria.

 

La Sonata en re mayor, Hob XVI / 37 (Haydn) abría boca con tres movimientos bien diferenciados: el Allegro con brío que resultó bien expuesto aunque más tranquilo que brioso y poco claro en sonoridades, el Largo e sostenuto al que la acústica natural ayudó a crear atmósferas, y el Presto non troppo más cercano al «allegro sin brio» donde nos limitamos a escuchar sin más, tal vez falto de la emoción requerida para «Papá Haydn».

Las 32 variaciones en do menor sobre un tema original, WoO 80 (Beethoven) también resultan muy exigentes y no sólo en las rápidas, puesto que en cada variación debe permanecer un espíritu que sonó algo desigual con un desarrollos irregulares, aunque siga habiendo mucha música en esta difícil partitura pianística dibujada desde la maestría pero sin el color deseado.

 

Más cercanas y como música de salón (cambiado por terraza) las Seis danzas cubanas que la pianista eligió para esta velada vespertina: Los ojos de Pepa -que ha versionado Chucho Valdés– y La Tedezco de Manuel Saumell Robredo (1817-1870), intento transformador de elevar a culta la música popular, Los tres golpes e Improvisada de Ignacio Cervantes (1847-1905), catalogado en su tiempo como «embajador de la música cubana» por una mayor evolución llegando al sentimiento nacionalista que inundaba el mundo occidental en su tiempo, sin perder el estilo danzante de melodías pegadizas bien armonizadas, y el más popular de los compositores cubanos, Ernesto Lecuona de quien interpretó Ahí viene el chico, arrancado los aplausos de este «bloque danzón» más la archiconocida La comparsa, que alguna vecina de silla tarareaba y personalmente me volvió a las interpretaciones de su paisano también asturiano de origen José Luis Fajardo Trabanco, allá en mis inicios filarmónicos mierenses. El poso de los años unido a la genética dieron buena cuenta de estas páginas populares siempre agradecidas.

Cerrar un recital con Chopin son palabras mayores y la pianista no se achicó al elegir los Valses Op. 70 nº 1 en sol bemol mayor, con un «rubato» un tanto particular, el nº 14 en mi menor, Op. póstumo algo precipitado perdiendo la claridad prístina del mismo, más ese «pseudo super vals» que es la Balada nº 1 en sol menor, Op. 23, ya con los dedos en «su punto» para afrontar esta auténtica prueba de fuego, resultando más musicalidad que técnica pero desbordando maestría y recuerdos juveniles.

Ya como propina todo un esfuerzo extra, el homenaje a Verdi de Liszt con la Paráfrasis de concierto S. 434 o Fantasía sobre «Rigoletto», el célebre cuarteto verdiano para una «bella figlia del piano» que pareció remontar vuelo cual ave fénix en una partitura virtuosa como sólo el húngaro era capaz, también tarareada por alguna maleducada aficionada lírica en medio del variopinto público que llenó los cuatro pasillos del claustro. El respetable agradeció el esfuerzo de la cubana aunque personalmente me faltó poder tomarme una cerveza y fumarme un cigarrillo mientras escuchaba el «piano caribeño».

El jueves volverá la querida Purita de la Riva (Oviedo, 1933) que siempre es un espectáculo, más en casa.

Cierre de Oro

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Sábado 13 de julio, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: «Deutsche Polyphonie: el lenguaje eterno del alma». Coro El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Javier Utrabo (violone), Alfonso Sebastián (órgano). Obras de Orlando di Lasso, Heinrich Schütz y J. S. Bach. Entrada: 12€.

Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».

LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa «más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.

El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».

El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.

La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.

Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches Magnificat SWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.

Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.

Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.

La Fura de Boo

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Viernes 12 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Carmina Burana (Carl Orff), Cantata escénica (1937). Montaje de La Fura del Baus. Beatriz Díaz (soprano), Luca Espinosa (soprano), Thomas E. Bauer (barítono), Xabier Sábata (contratenor), Orfeón Pamplonés (director: Igor Ijurra), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Director de escena y escenógrafo: Carlus Padrissa. Figurinista: Chu Uroz. Iluminadora: Melanie Schroeder. Entrada butaca: 38,50€.

«Oviedo es música» es el nombre del Festival de Verano de la capital más musical de España, estos días con turismo cultural que también deja ingresos en tiempos de crisis, y para empezar con buen pie llegaba el espectáculo de La Fura del Baus, tras cuatro años funcionando por el mundo casi con el mismo elenco, al «templo del Campoamor» con las entradas agotadas para las dos funciones (12 y 13) y conocedores del éxito de esta producción que resulta impactante, trepidante o si se prefiere rompedora en todos los sentidos incluso antes de presenciarla, por la propia obra de Orff, la más conocida y popular, la puesta en escena de La Fura que nunca deja indiferente, y unos intérpretes que dieron la talla, incluso con «altos vuelos», auténticos profesionales capaces de plegarse a exigencias durísimas de trabajo sin perder nunca su musicalidad.

Vídeo del Ensayo General 11JUL13: ©Canal YouTube Ayto. Oviedo 

Los que me conocen saben que comenzaré por la parte musical, con una orquesta colocada en el escenario muy atrás, rodeada de telas, quedando su sonido algo opaco, con más presencia sonora de la percusión precisamente por esa disposición. Perfectas todas sus secciones, pianissimi incluso en metales que ayudaron siempre a las voces, vigor en los tutti sin estridencias, una Tanz delicada y rítmicamente preciosista, y el sonido compacto al que nos tienen acostumbrados en estos casi quince años que comienzan a dar sus frutos.

El coro, auténtico sustento de la cantata, a ambos lados y separando voces blancas (izquierda) y graves (derecha), con una dimensión tímbrica distinta, sin ver directamente al director, y pese al número de cantantes, sin la pegada esperada para una obra donde su presencia debería ser mayor. Agradecerles el esfuerzo escénico (bien danzando incluso), dotados de carpetas con «leds» que dieron mucho juego, siempre respetuosos con la partitura, afinación correcta pero emisión algo corta, puede que necesitando más confianza para «soltarse» (sobre todo en el Ecce gratum y el ataque del Reie aunque compensando con los pianos), teniendo además la orquesta detrás, lo que siempre ayuda o como en Floret silva donde las sopranos afrontaron con miedo sus agudos. Tampoco fue muy inteligible Chramer, gip die warve mir o Were diu werlt alle min, aunque la rítmica y presencia que Conti imprimió tapó más carencias. Bien los hombres In taberna quando sumus compartiendo puesta en escena con el barítono que salpicó con el agua-vino la primera fila. Faltaron los niños para Amor volat undique que la cuerda de sopranos no pueden igualar como en Tempus est iocundum. Ya avanzada la obra estuvieron más asentados en Veni, veni, venias. Y el último O Fortuna no resultó lo apoteósico que esperábamos pero sí en la línea aseada de todas las intervenciones, arropados por una orquesta bien llevada por su titular.

Del cuarteto vocal impresionante el barítono alemán Bauer capaz de cambiar no ya de ubicación o vestuario en poco tiempo sino de registros en un papel complicado musicalmente y aún más con su puesta en escena, tan pronto a remojo como saliendo por el patio de butacas. Su color vocal y gama dinámica resultaron de lo más apropiado para el papel que le han diseñado. «El sol todo lo suaviza» (Omnia sol temperat) resultó cálido como los rayos y ya «en la taberna» su Estuans interius literal: «Ardiendo interiormente» por lo apretado del agudo. La salida entre el público como abad en Ego sum abbas permitió paladear su voz y dotes interpretativas coqueteando con el respetable y bien contestado por el coro, al igual que en In taberna quando sumus. Los difíciles cambios de registro para Dies, nox et omina los solventó con técnica al servicio de la melodía, mezcla de lírica y canto popular. Bien con el coro en Circa mea pectora con los cambios rítmicos bien encajados entre todos y buena gama dinámica, al igual que en Tempus est iocundum.

Otro tanto sobre las condiciones del contratenor Sábata, bien conocido en Asturias y que en  posición casi horizontal colgado de las alturas, tuvo que «lidiar» actoral y musicalmente notándosele incluso cómodo, lo que dice mucho de su profesionalidad, afrontando un solvente Olim lacus couleram con el coro y orquesta (también el público), a sus pies…

La crevlillentina Espinosa demostró unas facultades físicas dignas de su entrenamiento como karateka, además del musical, incluso natación sincronizada por el tiempo que pasa sumergida en ese vaso – tinaja de agua – vino. Como en un music-hall la valenciana, pareja en otras representaciones de este Carmina su paisana Amparo Navarro, vuelca toda su capacidad en escena aunque nos quedásemos con ganas de escucharla en otros repertorios.

Y dejo para el final a la soprano asturiana, la todoterreno Beatriz Díaz en un nuevo rol que volvió a hacer suyo con toda la dificultad añadida de cantar sobre una grúa que sobrevoló el patio de butacas o dando vueltas para desenrollar los cinco metros de tela: potencia en el momento preciso (Dulcissime), fiatos increíbles, registro medio redondo y sobre todo una línea de canto (In trutina) donde la musicalidad que emana en cada intervención (Stetit puella) es un placer para el oyente, sin olvidar una teatralidad increíble para esta «Monster High» al uso. Lo da siempre todo y es de agradecérselo, esperando siga apostando por partituras como la de Orff que resultan todo un descubrimiento en su voz, actualmente en un momento excelso donde puede «con lo que le echen», siendo la auténtica Fura de Boo.

Al maestro Conti habrá que ir preparándole un homenaje por los nuevos aires que ha traído a nuestra tierra con arriesgadas apuestas desde su llegada a la titularidad, destacando personalmente las bandas sonoras en vivo que pienso han venido a complementarse con esta escenografía de La Fura para esta cantata escenificada donde las imágenes proyectadas y el movimiento actoral encajaron a la perfección desde una dirección que no brilló más por lo apuntado de la colocación de orquesta y coros. Mimó cada intervención solista y bisar O fortuna ayudó a rubricar el espectáculo de las etapas de la  alegría de vivir en 25 cuadros, armonía con los astros y la luna, suerte, sol, agua, música infinita que diseñaron Padrissa y La Fura.

Retomando palabras del propio Carlus así como del reportaje que Jesús Ruiz Mantilla en «El País» hace cuatro años atrás, la puesta en escena de esta Carmina de ritmo atávico repetido en la historia del ser humano, pasa por varios estados, nos creamos en el agua, pasamos al aire cuando nacemos y finalmente a la tierra, proceso de vivir corto en relación al universo, cambios de intensidades como el pulso del corazón, los goliardos que apuntaban buenos momentos de vivir, lo que queremos todos, y una música que nos hace felices. Casi nada y casi todo en una hora frenética de luces y sombras, movimientos escénicos bien calculados y la música invadiéndolo todo. Fiestas mediterráneas tan de La Fura dels Baus que vienen del origen de la tragedia griega y aún antes, el hombre y sus manifestaciones artísticas que han ido perdurando según las culturas, aunque cambien el nombre, el hombre como ser vivo de lo que se impregnan estos catalanes, artista libre que se deja llevar por la naturaleza, pasionalmente, Fura que en su larga trayectoria se acerca últimamente a la ópera, manifestación «interface» de cómo unir diferentes disciplinas y sumar lo máximo, lo más parecido al «arte global», ¿wagnerianos de nuestro tiempo?, el público como coro distinto, silencio tan provocativo como el grito.

Carmina Burana como obra de arte madura aglutinando y codificando diferentes disciplinas, percusión que marca el pulso vital, nada gratuito ni falso, sin excesos (!), y cuatro imágenes: tierra, mar, aire, agua (como los cuatro elementos de las imágenes en la propia web de Beatriz Díaz, esta vez rojo fuego como el vino de la vendimia) que van mostrándose en un montaje realmente logrado, imágenes sobre ese círculo de tela como «acelerador de partículas» que se mueve, sube y baja o se inclina, donde se proyectan vídeos con «imágenes que cumplen una función de luz para el espectáculo», como aseguraban David Cid y Sagar Fornies (autores de todo el trabajo visual) en el citado reportaje del 4 de agosto de 2009 en plena Quincena. Todo en el «haber» pero en el «debe» parecen olvidarse que hacer música es complicado siempre, y las condiciones en las que hacen trabajar a los intérpretes (orquesta, coro y cantantes) no son siempre las idóneas para cumplir con su cometido. A pesar de todo y pensando también en un público global, todo un espectáculo antes, durante y después.

En el diario regional «El Comercio» Igor Ijurra señalaba que en este montaje sigue el subtítulo de la obra: «canciones laicas para cantantes y coristas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas». Añadió que este ‘Carmina Burana’ es una obra para iniciarse, para gente joven, y «que huye de la solemnidad de los grandes conciertos». Por su parte el maestro Conti apuntó que esta obra «mueve una ciudad, ya lo hizo en Florencia». El éxito está asegurado y apostando sobre seguro.

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