Inicio

Del Pirineo catalán al Reino de Navarra

1 comentario

Jueves 11 de julio, 20:00 horas. Gijón Música Antigua 2013. XVI Festival de Música Antigua, Centro de Cultura «Antiguo Instituto». Eusakalbarrokensemble & Enrike Solinís: «La última princesa vasca».

La semana gijonesa traía a viejos conocidos esta vez en grupo, desde Euskadi al mundo, jóvenes aglutinados por Enrike Solinís (guitarra barroca y laúd) en torno a esta formación compuesta por Mariví Blasco (soprano), Kiya Tabassian (setar), Tamar Lalo (flautas), Miren Zeberio (violín barroco), Josetxu Obregón (cello barroco), David Mayoral (percusión) y Maddalen Arzallus (recitadora o «bertsolaria»), probablemente la menos valorada por unos textos en euskera que no entendí aunque siempre relacionados con ese proyecto de aunar la música del final del Reino de Navarra en el siglo XVI y textos contemporáneos. Como dice el programa, «la cuestión interpretativa está enfocada desde las premisas de la diversidad cultural (musulmanes, cristianos, judíos) que se dio en el Reino de Navarra en esa época y que se cree formaba parte de la rutina interpretativa musical».

Con obras variadas donde la soprano valenciana, de voz adecuada para este repertorio, jugó con su timbre de voz natural e impostada, siendo el primer registro realmente hermoso en las canciones tradicionales, y una formación que va alternando según las partituras y arreglos, destacando sobremanera la percusión de David Mayoral (por Pedro Estevan), membranófonos por doquier capaces de crear ambientes rítmicos desde la delicadeza, así como el siempre sorprendente Solinís que volvió con Tabassian a hacer las delicias del público en sus improvisaciones avanzado el concierto.

Agrupado en cuatro bloques pudimos escuchar obras cantadas e instrumentales:

«Amorosen Partitzia» incluía dos del «Cancionero de Palacio» cantadas en euskera, Gaiza Zenduan Lenizanok (Malo lo hubísteis lenizanos) y Jançu Janto (de letra enigmática con raíces en el euskara), las Estampies de «Le Manuscrit du Roi«, el popular Oi Pello Pello («Herrikoia», festiva o popular) y la hermosa Mowachah Billadi Askara árabe-andalusí que con el subrayado del setar de Kiya sonó aún más oriental en la voz natural de Mariví.

«Hamar Manamenduiak» agrupaba cuatro piezas de amplia cronología pero igualmente coherentes en el discurso musical de la formación vasca: Pavana y gallarda (Pabanea eta Gallarda) de C. Gervaise), Pelegria Naizela (Canción de peregrinos) también popular vasca, la judeo-vasca Efthah’na Séfathay para nuevo lucimiento de la valenciana radicada en Sevilla y la movida Bourreé de Avignonez de Philidor l’Aîné, siempre con textos alternando euskera y castellano, Navarra como cruce de caminos.

«Çu icusi ta beste gauçaric…» ya avanzado el programa fue lo que comenzó a animar a un público algo perdido en cuanto a los aplausos, dudando entre esperar cierre de bloque, pero tras Di, Perra Mora de Pedro Guerrero no pudieron sino arrancar de gozo, luego Luis de Milán con la Pavana y gallarda, y nuevo arrebato con la mencionada improvisación. A continuación Con amores, la mi madre (Juan de Anchieta) y Barri onac Dacart ((F. de Salinas) también provocaron bravos para la soprano siempre arropada por una formación que se mueve en este repertorio con una comodidad digna de elogio.

Las «Kontrapas» pusieron el punto final desde la Arpegiatta eta Colassione de Kapsberger en versión casi flamenca (al igual que la otra noche), la canción tradicional de Uzbekistán Gachyari Garalar traducida al castellano y cantada desde el mayor respeto a esas músicas que no necesitan mucha voz sino gusto (y a Mariví le rezuma) con el laúd de Enrique y el setar de Kiya, la Bralea eta Ezpatadantza vasca plena de rítmica popular y para el final recorríamos los Pirineos de los catalanes hasta Navarra con Araniés para escucharlos a todos en Un sarao de la Chacona, misma alegría contagiosa con arreglos adaptados a esta formación, y el estribillo contagioso que casi sirve de «himno» para esta decimosexta edición del festival:

Un sarao de la chacona

 

se hizo el mes de las rosas,
hubo millares de cosas
y la fama lo pregona:

 

A la vida, vidita bona,

 


vida, vámonos a chacona,

 


vida, vámonos a chacona
…

«A la vida bona«, esa pieza que canta a la sana diversión y a la risa de todos, la chacona como filosofía musical, real como la vida. Dejamos el CCAI hasta el próximo año…

…para el alma dejamos el concierto sabatino de LDO en el Teatro Jovellanos, y ahí estaremos para contarlo (cantarlo ellos) como buen «leónigan».

Josetxu Obregón: Celloterapia

1 comentario

Miércoles 10 de julio, 20:00 horas. Centro Cultura Antiguo Instituto, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: Josetxu Obregón (violonchello Sebastian Klotz, 1740): «De la Basílica de San Petronio en Bolonia al Palacio de Köthen» La evolución del repertorio para violonchelo solo en el Barroco. Obras de Domenico Gabrielli, Giovanni Battista Vitali, Domenico Galli y J. S. Bach.

Cuando el cello se independiza del «bajo continuo» y comienza su larga vida en solitario, sus cuerdas tan semejantes a la voz humana pasarán de acompañar a conmover. Josetxu Obregón con un instrumento cuya alma permanece en el tiempo, es capaz de acallar en solitario a un público entre el asombro y la relajación, atónito ante lo escuchado que hace vibrar desde las cuatro cuerdas lo más profundo del sentir humano.

Qué bien explica el programa esa historia del cello solista desde Doménico Gabrielli y sus dos Ricercar, «Primo» y «Quinto» como los ancestros, auténtica referencia en el cello solo, primer virtuoso el «Minghino dal violoncello» y Josetxu el vehículo que nos lo presenta con la pasión del descubridor antes de afrontar la Suite II en re menor BWV 1008 de J. S. Bach, auténtica cumbre musical para este instrumento cuando el «kantor» trabajaba en Köthen para el Príncipe Leopold, palacio que tuve la suerte de visitar y a donde me transporté cerrando los ojos con Obregón y su Klotz de la época, cuerdas de tripa, arco característico y sonoridad enervante en armónicos y resonancias únicas desde una interpretación más que histórica, fidedigna. Si las suites de Bach no eran danzas propias acabarían siéndolo, y su estructura permancerá en todas ellas: Preludio, Allemande, Courante, Sarabande y Gigue, y entre estas otra llamada «galanterie», en la dos primeras suites un Minueto y una Bourré (ambos ejemplos los pudimos escuchar) en las siguientes para incluir la Gavota en las últimas. La segunda suite exige al intérprete todo un equilibrio entre una ejecución ajustada a la partitura y una interpretación histórica sin perder nada de lo que Bach escribe: fraseos increíbles con un arco cual diafragma para las cuerdas vocales cantando y respirando. Primer eslabón de una cadena todavía sin cerrar y catársis total con el público.

Volvimos al «sescento» con dos italianos igualmente señeros en la independencia del «hijo gambista», Vitali y su Tocata y Bergamasca llena de guiños renacentistas con los avances de la época, música instrumental pura y virtuosa con los aires de danza, enlazados con Galli y su Sonata I, nuevo discurso independiente para un instrumento completo en su soledad que el cellista vasco hace propia.

Y solamente Bach podía cerrar el círculo, la Suite III en do mayor BWV 1009, nuevo despliegue emocional, remanso del alma frotada en cuatro cuerdas, la felicidad del «kantor» en Köthen sin ataduras luteranas, un Prélude brillante, una Allemande de inspiración medieval realmente solemne, la elegante Courante francesa que no italiana más sosegada y asimétrica que Obregón (todo cobró sentido) dibujó con auténtico primor, una Sarabande pausda y expresiva, sincopada como el origen español que el cello transmitió desde la hondura cantábrica, la Bourrée binaria y ligera con nuevos colores baritonales para rematar en esa Gigue inglesa rápida, popular desde el magisterio de Bach que la hace atemporal y transfronteriza, teatral y brillante como toda la interpretación de Josetxu Obregón, magisterio y hondura en un concierto que resultó «celloterapia». La propina calmó aún más a un público que contuvo la respiración como embelesado o hipnotizado por el instrumento más parecido a la voz humana.

Dicen que Casals desayunaba una suite de Bach a diario, nosotros las merendamos de vez en cuando porque pocos violonchelistas se atreven en solitario con tal manjar de difícil digestión, y el último grande que recuerdo fue nada menos que Yo-Yo Ma en Avilés con tres de las seis. Josetxu Obregón es español, lo compartió en Gijón y además hizo de musicoterapeuta. Qué más podemos pedir…

Vaya sarao más bueno

2 comentarios

Martes 9 de julio, 20:00 horas. Gijón Música Antigua 2013. XVI Festival de Música Antigua, Centro de Cultura «Antiguo Instituto». Nuevo Sarao: El Sarao de la Chacona, «Libro segundo de tonos y villancicos a una, dos, tres y quatro voces» (Roma, 1624).

La recuperación del patrimonio musical es casi una obligación para todos y labor minuciosa además de trabajosa. El SCT Laboratorio de Musicología de la Universitat de Lleida y el Festival de Música Antiga dels Pirineus han impulsado esta producción íntegra, estrenada hace dos veranos, del compositor Joan Araniés o Juan Arañés (¿1580?-¿1650?) que también está recogida en disco y pudimos disfrutar en directo en esta semana musical gijonesa que además del concurso está llena de conciertos con figuras españolas de talla internacional, nombres que pasean la llamada «música antigua» por festivales como el nuestro en la capital de la Costa Verde, perfectos continuadores de los hermanos Paniagua o Jordi Savall, savia nueva para largo plazo que beben de las fuentes y recrean paisajes sonoros.

Nuevo Sarao está compuesta por Mercedes Hernández (soprano), Marta Infante (alto), José Pizarro (tenor), Guadalupe del Moral (violín), Manuel Vilas (arpa), Oriol Aymat (violoncelo) y Rafael Bonavita (guitarra barroca y dirección musical), sin olvidar el asesoramiento filológico de Judith Farré imprescindible para unos textos que incluyen a Lope de Vega o Góngora.

La información recogida en el programa explica tanto el intento de recordar el ambiente y paisaje sonoro de aquellas reuniones cortesanas o aristocráticas, saraos del siglo XVII, así como las relaciones políticas y culturales de Italia y España sin olvidar el reflujo con ultramar, siempre enriquecedor para ambas partes, y Nuevo Sarao podemos decir que consiguieron transportarnos a esos tiempos.

Arrancaba el concierto literalmente A la luz del día, dúo soprano-contralto, Dígame un requiebro con soprano y tenor,  más la extensa Para recibir a Lisa de contralto y tenor con un final instrumental exquisito enlazando con el Anónimo San Juan de Lima con sus diferencias, auténtico primor en el paso del arpa al cello, vioín y guitarra que cerraron el primer bloque. Todo apuntaba a un recital impecable.

El segundo bloque comenzaría con Dulce desdén (texto de Lope) a cargo del tenor enlazado con La suave melodía (Andrea Falconiero) instrumental donde se incrustó un breve recitado. Mejor la voz en solitario que en los dúos anteriores, color perfecto para lieder aunque algo corto en proyección.

Araniés es el protagonista y seguimos con Pensamientos altos, soprano y tenor arrancando «a capella», Avecillas suaves con las tres voces bien empastadas y Mi zagala nuevamente con tenor. Buena elección de los roles vocales si bien las féminas siguen primando por vocalización y proyección, especialmente Marta Infante.

Cual intermedio musical pudimos disfrutar de la Sonata seconda detta ‘La Lucimina contenta’ (Marco Uccellini) para deleite con el violín de la cordobesa argentina Guadalupe del Moral bien secundada por sus tres compañeros, con un regusto zíngaro melódico y armónico, que fue complemento perfecto del sarao.

Nuevamente tres canciones de Araniés alternando las combinaciones vocales: En dos lucientes estrellas (con texto de Góngora) a cargo del trío vocal, de lo mejor del concierto, Halconcillo nuevo para contralto y conjunto donde el arpa no participó, y Aquel niño nuevamente para trío e instrumentos omitiendo el violín. Detalles texturales en la elección del acompañamiento, delicia tímbrica de la compostelana Mercedes Hernández en la línea de nuestras grandes sopranos del repertorio antiguo, más el perfecto complemento de la ilerdense Marta Infante, dos voces perfectamente empastadas.

Volvían a sonar en esta semana Lanchas para baylar (recopilado por Martínez Montañón) con recuerdos de joropo, arrancando percusiones en guitarra o cello, unos solos de violín de vertiginoso sabor americano y los toques del arpa centenaria que recobró vida en Paraguay o Venezuela, música de ida y vuelta siempre vigente.

Para el final siempre con Araniés y escucharlos a todos: Parten las galeras donde no participó el violín, y Un sarao de la Chacona, protagonista total, fiesta de alegría contagiosa, alternancias de voces y tutti, sorprendiendo las féminas nuevamente con una Marta Infante impactante en todos los registros, y ese estribillo contagioso entonado por el trío vocal:

Un sarao de la chacona

se hizo el mes de las rosas,

hubo millares de cosas

y la fama lo pregona:

A la vida, vidita bona,
vida, vámonos a chacona,
vida, vámonos a chacona
…

«A la vida bona«, pieza que canta a la sana diversión y a la risa de todos de la época, la chacona como filosofía de vida.

De propina una obra instrumental (entendí desde el primer piso «Césare Allegri Capella d’amor») antes de bisar nuevas estrofas de la chacona de la buena vida, auténtico Nuevo Sarao del bueno en Gijón.

Y a la noche más sarao, es decir más música…

Triunfa el Barrock’n Roll

1 comentario

Finalizado el II Concurso Internacional de «Música Antigua» de Gijón tras el sorteo y los conciertos de los días 7 y 8 de julio, el jurado compuesto por el violinista Emilio Moreno como presidente, más los vocales Javier Estrella (director del Festival de Música Antigua de Aranjuez), Josep Maria Dutrèn (director del Festival de Música Antigua dels Pirineus), Javier Marín López (musicólogo, docente y director del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza), y Pablo J. Vayón (crítico sevillano en distintas publicaciones, periódicos y blogs), emitió su veredicto tras casi una hora de deliberaciones, para nerviosismo de artistas, familiares, amigos y medios de comunicación que aguardaron pacientemente tras acabar el recital de los argentinos.

Primero pudimos saber el resultado del Premio Especial del Público, votaciones de los asistentes a ambos conciertos, que emitieron su voto nada más finalizar el concierto del lunes. De un total de 91 votos emitidos, los españoles de Barrock ‘n’ Roll obtuvieron 55 y los argentinos de Don Gil de las Calzas Verdes 34, más 2 votos en blanco. La dotación económica es de 1.300€.

Emilio Moreno como presidente aclaró que no conocían el resultado popular para evitar cualquier «interferencia», y que no hubo unanimidad sino mayoría, por lo que todo el jurado valoró largamente su voto. El Gran Premio del Jurado, dotado con 1.700€ correspondió a Barrock ‘n’ Roll, destacando igualmente la enorme calidad de Don Gil de las Calzas Verdes, lo que resultó lógico ante las esperadas y normales discrepancias de un jurado especialista en estas músicas.

Mi más cordial enhorabuena a los dos finalistas, al trío argentino por lo que ha supuesto este viaje hasta Asturias que lograron autofinanciar (algo habitual en estos días) con una excelente campaña en la red de «idea.me», por un ambicioso espectáculo que les ha traído hasta nosotros, y al ganador cuarteto español con epicentro en Zaragoza por el doble premio que es el empujón a un largo camino que no ha hecho más que empezar, otro escalón en el duro trabajo individual con el apoyo no siempre valorado de sus familias.

A todos ellos les deseo lo mejor para un futuro que por su juventud auguro largo y lleno de éxitos, mandándoles a partir de ahora «MUCHO CUCHO©» en sus conciertos.

La entrega de premios habrá tenido lugar este martes 9 de julio a las 13:00 en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, centro neurálgico del Festival, Concurso y Curso de «Música Antigua» en esta semana gijonesa cuyo broche de oro tendrá lugar el sábado 13 a las 20:30 horas en el Teatro Jovellanos con el Coro «El León de Oro», del que también informaremos desde aquí.

Calzas verdes argentinas

Deja un comentario

Segunda final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo argentino joven de cuerda pulsada y un espectáculo que incluye textos de Tirso de Molina, de quien toma nombre el grupo o Sebastián de Villaviciosa que titula el espectáculo, basado en un baile que el alcalde ofrece haciendo desfilar distintas danzas y seleccionarlas en modernas o antiguas para la época en que fue escrito el texto, siendo músicas renacentistas, barrocas ibéricas y latinoamericanas.

Natacha Cabezas (archilaúd), Sebastián Strauchler (laúd renacentista) y Laura Fainstein Sestopal (guitarra barroca) forman este trío con cuerda para rato, Don Gil de las Calzas Verdes, que organizan el programa en dos partes sin pausas, auténtica dramaturgia incluso en el atuendo (estrenaban las calzas verdes) y unos textos que no pude escuchar claramente por una acústica excelente solo para la música. El repaso a ritmos y danzas desde unos arreglos propios realzan la poesía entrelazada aunque por el color instrumental demasiado similar pudo resultar algo monótono. Con todo resulta un placer escuchar a Gaspar Sanz con la Danza de las hachas que abría espectáculo o la Pavana por la D intercalado con Diego Ortiz y dos de sus Ricercadas, sobre «pasamezzo antico» y «pasamezzo moderno» en ese hilo argumental de tempi algo lentos, sin olvidar a Santiago de Murcia como mortero unificador de ida y vuelta con sus Gallardas puente hacia la segunda parte,  primero Marizápalos, Folías italianas, y ya animándose los Canarios en Sol, una Jota bien llevada y alabada por «el alcalde», pero sobre todo los Impossybles cuyo fino arreglo permitió escuchar los «3 en 1» (como el aceite engrasador válido para todo) al pasar con auténtico primor escalas ascendentes y descendentes de uno a otro con «mimo textural» si se me permite la expresión. Los Villanos de Martín y Coll fueron cual entremés entre Murcia antes del salto hacia América precisamente con las Lanchas para baylar de Martínez Compañón y la fiesta final de los Zarambeques «murcianos» macerados también en el Códice Saldivar, percutiendo los instrumentos que enriquecieron la paleta del trío.

El jurado tuvo difícil la elección de ganador (a la que dedicaré otra entrada) pues el trío argentino demostró un poso artístico enorme, desde la organización de las obras y textos hasta los arreglos musicales para su formación, difícil en tres «laúdes» tan distintos en su tratamiento pero que solventaron con un rigor muy de agradecer.

Todos ellos tuvieron papeles solísticos, de acompañamiento rítimico además de armónico, y sobre todo de conjunto, auténtico trío que suena como uno aunque se pierda colorido, supliéndolo con la alternancia de ritmos y tempi así como un intercambio de roles en todos ellos, especialmente en guitarra y archilaúd, siendo «menos protagonista» el laúd renacentista que cuando tuvo que hacer lo «Impossyble» cambió el color del grupo, sobre todo y como ya apunté, en la segunda parte. Los elogios que les precedían se quedaron cortos al escucharles en esta segunda final. El resultado, en breve…

Barrockeros potentes y convincentes

3 comentarios

Domingo 7 de julio, 20:00 horas. Gijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua, Centro de Cultura «Antiguo Instituto». Final Grupo 1: Barrock’n Roll. Obras de Andrea Falconiero, A. Corelli, Telemann, Marco Uccellini, C. Ph. E. Bach, Frescobaldi y Vivaldi.

Primera final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo joven hasta en el nombre: Barrock’n Roll formado por Moisés Maroto y Olga Radón (flautas), María Simón (violonchelo) y Sara Johnson (clave), formados en el Conservatorio Superior de Aragón en 2010 aunque de procedencias diversas, y que nos ofrecieron un programa arriesgado, completo y variado, con algunas adaptaciones (recreaciones prefiero llamarlas) realmente logradas para esta formación, transmitiendo desde la primera nota una alegría contagiosa viéndoles disfrutar con la música que nos regalaron desde un dominio técnico impecable y con auténtica madurez interpretativa que comentaré en detalle. Destacar unos finales muy trabajados, cuidado de la sonoridad de una formación personal que domina la articulación, las dinámicas, los fraseos y ornamentos, así como una permanente preocupación por la afinación que puntualmente les jugó alguna sin desmerecer el trabajo global que pondrá el veredicto del jurado difícil antes de escuchar el del lunes.

La Batalla de Barrabaso, yerno de Satanás (A. Falconiero) con dos flautas soprano resultó una delicia de simpatía y efectismos, auténticas diabluras técnicas incluyendo glissandis en todos los instrumentos.

De Arcangello Corelli afrontaron con flautas contralto la Trío Sonata en fa mayor, op. 3 nº 1 en tres movimientos claramente contrastados, Grave, Allegro y Vivace, éste en un tiempo perfecto nada exagerado para degustar los contrapuntos entre flautas y un dúo cello-clave que dejaron momentos impactantes.

La Trio Sonata en la menor, TWV42 a 4 de Telemann mantuvo la línea de calidad en los cuatro movimientos, un Largo impecable, un Vivace excelente con una amplia paleta ornamental y dinámica disfrutando de los silencios como subrayados temáticos, un Affetuoso íntimo de empastes perfectos y un Allegro remate perfecto de una obra difícil.

El aire fresco trajo de nuevo las flautas sopranos para el Aria quinta: sopra la Bergamasca op. 3 (M. Uccellini) en este danzante con entradas sucesivas de clave, cello y flautas que fueron variando el tema desde unas ornamentaciones en su sitio por parte del cuarteto, técnicamente perfectos y sonoridades cuidadas nunca estridentes en diálogos complementarios dentro de una globalidad siempre virtuosa.

Probablemente la obra más compleja del programa y nada barroca fue el Trío en la menor H537 de Carl Philipp Emanuel Bach, partitura de cuarteto que no deja nada al azar en su escritura, tampoco en la adaptación, con gran peso del clave y el cello, que Sara Johnson Huidobro y María Simón hicieron aún más protagonistas desde el Andantino, nueva paleta tímbrica con la flauta contralto de Olga Radón y la soprano de Moisés Maroto, brillantes desde la templanza en el Largo e sostenuto, y el Allegro assai poniendo el énfasis en unos fraseos que nunca se solaparon sino que tuvieron unidad expositiva, cuidando al detalle cada final de movimiento.

La Canzona seconda a 4 (due bassi e due canti) de Frescobaldi resultó ideal para el cuarteto (de nuevo las dos flautas sopranos) con contrastes brillantes, intervenciones de clave y chelo de hondura interpretativa, Da capos siempre bien variados y disfrute total por parte de músicos y público.

No podía faltar Vivaldi en el programa, su Trio sonata en re menor RV63 «Follia» que se les «atrangantó» un poco: afinación algo imprecisa en las flautas contraltos o algún cambio de tempo no del todo bien resuelto aunque demostraron tanta profesionalidad y desparpajo que fueron de menos a más para terminar,  jugando como ellos con las palabras desde el cariño y el respeto, bien «folliados» en el final vivaldiano con atronadores aplausos de un público nuevamente entregado a esta música «barrockera» que no tiene edad para dejar de amarla.

Y como en un concierto, una propina como la Ciaccona del italiano Tarquino Merula para «quitar hierro» y demostrar la calidad musical de un grupo español joven y maduro, completando una hora larga de programa que el jurado, auténticas celebridades y autoridades en la materia, habrá anotado con mucho más detalle que este comentario personal. A esperar la siguiente final de este concurso con el grupo argentino Don Gil de las Calzas Verdes y el veredicto tanto oficial como del público, que también votaremos al finalizar. Lo contaremos en Twitter© y más detenidamente desde Siana…

Música antigua sólo en la partitura

1 comentario

Sábado 6 de julio, 20:00 horas. Gijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua. Concierto La Real Cámara con José Miguel Moreno. Centro de Cultura Antiguo Instituto: Quintetos con Guitarra, Luigi Boccherini (1743-1805). Entrada libre.

El verano gijonés se llena por decimosexto año de actividades que giran en torno a la llamada «música antigua», incorporando el segundo concurso de formaciones noveles, el curso y festival activo con actuaciones en distintos entornos y por supuesto conciertos como este de inauguración tras las palabras de su director Aarón Zapico.

En el claustro del Antiguo Instituto Jovellanos, con un acústica perfecta y un lleno que corrobora el tirón de esta apuesta cultural, el violinista Emilio Moreno hizo la presentación de las cuatro obras que sonarían como aire fresco en unas interpretaciones de altura a cargo de un quinteto formado por el propio Emilio, Antonio Almela (violín), Antonio Clares (viola), Mercedes Ruiz (cello) y José Miguel Moreno (guitarra goyesca), músicos españoles de primera categoría que triunfan allá donde van, eligiendo para la ocasión a un compositor tan ligado a España como Boccherini, «el más castizo de su tiempo» en palabras del maestro de concierto, que supo adoptar nuestras músicas a un lenguaje universal.

El Cuarteto en sol mayor, op. 44/4 G. 223 «La Tirana Española» (1792) denominado «quartettino» solamente por constar de dos movimientos, Presto (Tirana) y Tempo di Minuetto, sirvió para abrir boca con esa dedicatoria «francesa» que sonó con ecos barrocos en un lenguaje clásico, obra de cámara nunca menor en la escritura maestra del hispanoitaliano, al igual que el Quinteto 7 en mi menor, G451 (1799) con la incorporación de la guitarra de José Miguel Moreno, ensamble perfecto de cuerda punteada con frotada no ya en textura sino en interpretación llena de detalles en cada uno de los músicos. El Allegro moderato presentó en el lenguaje híbrido del italiano todo un muestrario compositivo que en el Adagio se tornó en lirismo compartido. El Menuetto / Trío recordó los años de trabajo vieneses para dar juego a todo el quinteto, rematando con un Allegretto más «hispano».

Los organizadores no podían dejar pasar la oportunidad de escuchar en solitario a José Miguel Moreno que maravilló con la Introducción y Variaciones sobre el Mambrú, op. 28 (1827) del «afrancesado» Fernando Sor (1778-1839), sonido de terciopelo en esa guitarra goyesca desde la presentación del conocido tema «Es un muchacho excelente» variándolo con todos los recursos técnicos del momento que en manos del madrileño se hicieron perlas, desde los tiempos rápidos que buscan líneas virtuosas a los lentos de auténtica delicia para finalizar en unos armónicos increíbles. Una lección hecha arte de una música que sólo es antigua en el papel porque sigue sonando de plena actualidad.

Y para concluir volvíamos a Boccherini y su Quinteto 4 en re mayor, G. 448 «El Fandango» (ca. 1798) que comienza con la Pastorale que popularizase como sintonía un programa cultural de televisión  cuando aún podíamos verla, de reminiscencia navideña, un Allegro maestoso que sirvió para degustar el violoncello de Mercedes Ruiz en toda su plenitud y diálogos increíbles con la guitarra, y ese Grave assai – Fandango tan español como los propios intérpretes, pletóricos, rigurosos musicalmente y animosos en todo momento, contagiando a un público entregado con unas partituras vitales, frescas para esta primera tarde del ciclo veraniego gijonés.

Para aplacar el sofoco «fandanguero final» bisaron el Adagio del quinteto 7 que trajo nuevamente lo mejor de la formación, musicalidad a rebosar que hace grande la música nunca pequeña de Boccherini.

Un Momus colorista y sesentero

1 comentario

Foto ©ACO

Temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria «Alfredo Kraus 2013», Teatro Pérez Galdós. La Bohème (Puccini). Miércoles 19, Viernes 21, Domingo 23 y Martes 25 de Junio.

Fiorenza Cedolins (Mimì), Massimiliano Pisapia (Rodolfo), Beatriz Díaz (Musetta), Giorgio Caoduro (Marcello), Felipe Bou (Colline), Simone Del Savio (Schaunard), Jeroboám Tejera (Benoit / Alcindoro / un aduanero), Rubén Pérez (Parpignol / un vendedor), Stefano Ranzani (dirección musical), Mario Pontiggia (dirección artística), Claudio Martín (coreografía y diseño de vestuario). Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Coro de la Ópera de Las Palmas (dirección: Olga Santana Correa), Coro Infantil de la OFGC (dirección: Marcela Garrón Velarde).

Este martes se clausuraba la 46 temporada de ópera de Las Palmas con este título tan emblemático y representado, habiendo asistido a la función dominical de las 19:30 horas el pasado domingo 23. Producción nueva de los Amigos Canarios de la Ópera (ACO) elegante, colorida, sin perder de vista el argumento, una obra totalmente actual y con un espectacular «Momus» que llenó el escenario de vida y color. Con un reparto equilibrado, coros perfectos y orquesta bien llevada por el maestro Ranzani (al que vi hace años en el Campoamor), el público con mucha juventud se lo pasó genial con la maravillosa partitura pucciniana antes de continuar la fiesta de San Juan.

Foto ©ACO

Personalmente me gustó la puesta en escena y vestuario en ese París de los 60’s que podemos comprobar en las fotos que de la propia ópera canaria que ilustran casi toda la entrada, y el impresionante acto segundo por la ambientación del café Momus, que aparece arriba, con más de 100 personas en escena, cuerpo de baile y figuración incluidos, y la aparición de Musetta que brilló como todo el entorno. La soprano asturiana fue con creces la mejor de un elenco con algunas voces de renombre que no dieron la talla esperada pero lograron una homogeneidad a la que faltó el toque de calidad que aportó Beatriz Díaz en un rol que domina como han hecho antes otras sopranos que acabaron siendo Mimì.

Foto ©ACO

En la balanza masculina me quedo con el Marcello de Caoduro que resultó el complemento perfecto de Musetta. La aparición de los caballeros ya me dejó claro el plantel con un Felipe Bou decepcionante que parece estar pasando un mal momento vocal, opaco y sin la musicalidad que demostró en Oviedo.

Del esperado primer dúo de Rodolfo y Mimí (con linterna sustituyendo vela con palmatoria) me dejó tan gélido como la mano, en parte por un sonido metálico en ambos que empasta precisamente por eso (ya han compartido otros títulos) aunque faltó la emoción y proyección de unos pianissimi que en gallinero no pude degustar. Cedolins tuvo distintos colores vocales a lo largo de la obra y un vibrato demasiado pronunciado en el agudo, así como cierto estatismo en todas sus apariciones aunque lo compensa con una musicalidad innata para Puccini. De Pisapia otro tanto para un Rodolfo que sin compararlo con nadie y menos en este teatro, parece olvidar la importancia de los pianos, puede que por miedo a verse tapado por su compatriota, apostando siempre por un agudo potente que le pierde interpretativamente.

Foto ©ACO

No hubo química en la pareja protagonista ni tampoco convicción para estos sesenteros de Pontiggia.

El segundo acto trajo lo mejor de la ópera con la irrupción del Vals de una Musetta frívola y elegante, convincente en lo vocal y actoral como seña de identidad de Beatriz Díaz, bien respondida por un Benoît tinerfeño que resultó un excelente comprimario (al igual que el Parpignol local Rubén Pérez) y sobre todos el citado Marcello, y ese concertante potente en todos que dejó buen sabor de boca. Muy bien el coro que dirige Olga Santana y excelente el infantil de Marcela Garrón, solista incluido, auténtica fiesta musical y visual.

Foto ©ACO

El descanso pareció enfriarnos para preparar ese cuadro hermoso y gélido del invierno parisino donde los dos enamorados recuerdan a sus parejas pero contagiando frialdad. Destacar la orquesta siempre presente y más implicada que los protagonistas con un Ranzani que logró unos momentos sonoros deliciosos para esa ambientación.

Foto ©ACO

Nueva pausa y un último acto que mantuvo la línea musical, menos pasión en el dúo protagonista, excelencia en el de reparto y desiguales emociones para un desenlace siempre emotivo del que me quedo con «qué buena es Musetta» incluso de amarillo, intimismo y delicadeza que la escena y partitura piden.

Buen final de (mi) temporada donde todavía quedan algunos coletazos y el balance de un curso marcado por las dudas que la crisis impone…

Cuatro estaciones de nota

1 comentario

Lunes 17 de junio, 20:00 horas. Teatro Filarmónica de Oviedo: «Le Quatro stagioni». Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre (violín), Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Oviedo, Juan María Cué, director. Alba Calle Valiente (clave), Santiago Bastante Arias (guitarra barroca), Emilio Fernández Rivaya (cello), Iker Sánchez Trueba (contrabajo). Obras de Vivaldi, John Munday y Edson Zampronha.

El curso está tocando a su fin y los alumnos de los conservatorios realizan su examen cada vez que dan un concierto en público. El de este lunes contaba con solistas de lujo y un programa que incluía dos estrenos, uno absoluto, relacionados con el título del programa que en Asturias podríamos dejar solo en otoño e invierno, aunque la música brilló primaveral con la alegría estival transmitida por todos los que se subieron al escenario.

Foto © Pedro Martínez

La carrera de mi querido «Don Ignacio» la comenzó hace años pese a tener solamente dieciséis recién cumplidos, y siempre hago referencia al enorme sacrificio que supone alternar los obligatorios del Bachillerato con los musicales. El apoyo de la familia es tan importante o más que el trabajo diario para soportar las penurias de todo tipo que conlleva, sin olvidar las privaciones para todos. Al menos estar como solista en una obra tan difícil como los conocidos cuatro conciertos vivaldianos de Il cimento dell’a armonia e dell’invenzione son un premio más que merecido además de todo un examen superado «Cum Laude».

Alternando los compuestos por «El cura pelirrojo» se incluyeron otras que mostraron la enorme calidad de esta formación estudiantil con unos solistas aventajados a los que las manos del Maestro Cué llevaron por instantes de auténtica delicia. Programa interpretado como unidad, sin interrupciones, con el estreno absoluto de Otoño del brasileño Edson Zampronha dedicada a la propia orquesta, y el estreno en España de Inverno de este compositor afincado en nuestra tierra.

El Concerto en mi mayor RV 269 «La Primavera» lo afrontó Ignacio Rodríguez con un dominio y técnica al servicio de la conocidísima obra, de sonoridad rotunda y aplomo impresionante, con tempi excelentes para disfrutar de un continuo donde la guitarra barroca de Basante y el clave de Calle dieron el color exacto. La Fantasía «Faire Wether» de John Munday nos dejó a la solista de clave mostrarnos una obra virtuosa y ejecutada con la ornamentación idónea.

Continuó Ignacio Rodríguez con el Concerto en sol menor RV 315 «El Verano», seguridad y musicalidad arropada por una orquesta empastada con el solista y magistral concertación del cangués Juan Mª Cué. Sin titubeos y con una madurez impactante emocionó nuestro solista que hace fácil lo difícil: fraseos limpios, sonoridad rotunda, trinos relampagueantes y claros…

La orquesta estrenaba a continuación Otoño de Zampronha, obra a ella dedicada y compuesta con el conocimiento y oficio de este músico que conjuga el homenaje vivaldiano con su propio lenguaje, cercano desde la contemporaneidad que no olvida nunca las fuentes. Un placer de partitura que la joven orquesta hizo sonar fresca y clásica siempre bien llevada por el músico de Cangas de Onís.

Tras el otoño actual, casi como el climático del exterior, volvía con más fuerza aún el Concerto en fa mayor RV 293 «El Otoño» donde el violín de «Don Ignacio» llenó de luminosidad el teatro con sus compañeros, conjunción con concertino y nuevamente el aplomo envidiable para estos jóvenes músicos. Maravilloso el manejo del arco y un sonido diáfano en cada uno de los tres movimientos, precisión que da la seguridad del trabajo bien hecho y enfocado a la interpretación en vivo de estas obras tan comprometidas.

Y el Inverno (2007) de Zampronha que escuchábamos en España por primera vez resultó «ad hoc» en este monográfico climatológico que en cierto modo redescubre lecturas ya avanzadas por Forma Antiqva en su homónima, para dar paso al Concerto en fa menor RV 297 «El Invierno», auténtico derroche de juventud por todos, nuevamente destacable la guitarra barroca y sobre todo la maestría solística con bravos entre un público de la misma edad que supone una auténtica inyección de esperanza en tiempos oscuros y difíciles para la cultura, más aún para la música.

Conjunción ideal tras el arduo trabajo de todos, estudiantes sobresalientes de nuestro tiempo con un director que les entiende a la perfección y saca de ellos lo mejor, trabajo en equipo para alcanzar los objetivos propuestos con la belleza iluminando el quehacer individual. Un orgullo recoger lo sembrado que esperamos no disfruten otros, y el bis del tercer movimiento del verano más que una declaración de intenciones climáticas lo tomaremos como la tan necesitada energía solar que carga las constantes vitales y espirituales. Enhorabuena para todos y un «Cum Laude» para Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre que nos seguirá dando muchas alegrías.

Cum Laude para Don Ignacio

2 comentarios

Este lunes pude asistir en el Teatro Filarmónica de Oviedo al debut como solista de mi querido Don Ignacio interpretando Las Cuatro Estaciones de Vivaldi (obra que sigue siendo referente para muchos) con la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música de Oviedo bajo la batuta de Juan María Cué. Un orgullo compartir con Chonchi y Maque este día que no olvidaremos, premio a un curso duro y una larga vida profesional por delante. 16 años donde le he visto crecer en todos los sentidos, y en el musical el estirón igualmente grande. Con más tiempo la crónica completa.

Older Entries Newer Entries