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Viva Puccini con Beatriz Díaz

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Miércoles 12 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Gala Lírica Asturiana, Sociedad Filarmónica de Gijón. Beatriz Díaz (soprano), Alejandro Roy (tenor), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano). Arias y dúos de Verdi, Cilea, Ponchielli, Catalani y Puccini. Entrada 26 €.

Llevo años diciendo y escribiendo que la soprano para la que Puccini escribió es la asturiana Beatriz Díaz, y este miércoles junto al tenor Alejandro Roy quedó más que corroborado, ampliando además roles que los años colocan en su sitio exacto, sabia elección de repertorio que nos dará muchas alegrías.

No hubo lleno en el Jovellanos gijonés aunque la gala operística se lo merecía, con un Juan Antonio Álvarez Parejo en el siempre difícil papel de «pianista-orquesta», partituras imposibles de tocar por sus reducciones complejas que solo los años de experiencia logran hacer creíbles desde su magisterio repertorista, como ya demostrase en la última Suor Angelica gallega, una segunda juventud desde la madurez.

Y aunque Puccini sigue siendo tan protagonista como nuestra pareja lírica asturiana, eligieron Verdi y su Otello para abrir boca, exigente, de claroscuros instrumentales para ir descubriendo una Desdémona allerana inédita que empastó a la perfección con «el moro de Gijón» en Già nella notte. Continuarían cada uno con arias habituales de sus repertorio, Io son l’umile ancella (Cilea, Adriana Lecouvreur) para disfrutar de «La Díaz» en estado puro, y Cielo e mar (Ponchielli, La Gioconda) con un Roy en su línea habitual de tenor «dramático» por fuerza en la emisión y color vocal, cariñosamente un «auténtico animal».

El maestro Parejo tuvo su protagonismo con un arreglo de John Gribben del famoso «Intermezzo» de Manon Lescaut (Puccini), la belleza de una partitura orquestal igualmente válida al piano cuando se logra el color preciso y bebiendo en las fuentes originales del italiano.

Hasta el merecido descanso el Jovellanos de Gijón sería la Nagasaki de Madama Butterfly (Puccini) con la bomba de Boo y el Pinkerton embaucador, Un bel di vedremo que nos pondría la piel de gallina con Butterfly Díaz de salón, por cercanía capaz de susurrarnos y explotar emociones desde una voz única con la orquesta en blanco y negro del piano, contestado con Addio fiorito occhi de Pinkerton Roy, muy sentido y condensando la fuerza del personaje en este aria de apenas minuto y medio antes del amoroso dúo Bimba dagli occhi que realmente enamoró al respetable, caracteres vocales bien definidos, la inocente Cio-Cio San y el marino conquistador con amores en cada puerto, en un momento irrepetible de estos asturianos universales.

Si la primera parte rebosó emoción por Puccini, la segunda rompería moldes con pinceladas increíbles en sedas líricas como Ebben, ne andrò lontana (Catalani, La Wally) a cargo de «la sopranísima» que emociona de principio a fin en este aria de aire «pucciniano», o el Vesti la giubba (Leoncavallo, Pagliacci) de Canio Roy cual anillo al dedo de nuestro tenor que está igualmente en un momento perfecto para el verismo desde su Curro Vargas que sólo él puede cantar en estos momentos.

Puccini nos devolvió al paraíso melódico que sólo el de Lucca entendió como nadie, primero la «debutante» Tosca nos cantó a dúo con Mario (quien regaló fuera de programa el «Adiós a la vida«) actuando en igualdad de condiciones escénicas y vocales, muchas ganas de poder recrearlo encima de las tablas con orquesta, transformando después a Cavaradossi en el Dick Johnson de La fanciulla del West que la «orquesta Parejo» vistió realmente de vaqueros el aria Ch’ella mi creda. Su intermedio de esta segunda sería la Fantasía brillante sobre Carmen en arreglo de Wilhelm Kuhe, ópera que los dos asturianos tienen en repertorio pero donde Bizet permitió que Puccini le eclipsase por tierra, mar y aire.

Para el final la Liù allerana con Tu che di gel del Turandot, lágrimas musicales que espesan con los años pero vuelan igual de alto en esta cantante que adora a Giacomo, antes de La Bohème y el famoso dúo de Mimì y Rodolfo, O soave fanciulla, el papel que espero ver en vida completo de esta «Musseta con alma de Mimì» que Beatriz Díaz bordó con Alejandro Roy, dos voces asturianas por el mundo y que la «sopranísima» personifica como nadie.

Puccini también regalo de lujo como no podía ser menos, el citado E lucevan le stelle (Mario Cavaradossi de Tosca), y O mio babbino caro (Lauretta de Gianni Schichi) que pusiese el Colón bonaerense a los pies de esta grande y el Jovellanos nos la trajo de vuelta a casa junto al tenor gijonés, dúo de artistas astures profetas también en su tierra.

Crecer y seguir apoyando

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Domingo 9 de diciembre, 19:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura XVII curso «La voz en la música de cámara», homenaje al RIDEA. Entrada libre.

Ya van diecisiete cursos organizados por «La Castalia» centrados en la voz y la música de cámara con un profesorado de reconocido prestigio y un alumnado conocido que además de seguir formándose protagonizaron todos un estreno absoluto que llenó el Teatro Filarmónica porque el RIDEA no hubiera sido suficiente y además el merecido homenaje de «La Castalia» por el apoyo incondicional en tiempos de crisis varias merecía el mejor de los marcos posibles y el de la vecina calle Mendizábal reunía todas las condiciones.

Begoña García-Tamargo abrió el acto con la gratitud a los colaboradores y una excelente y amplia semblanza de la institución homenajeada, así como la entrega a Ramón Rodríguez Álvarez, actual presidente del RIDEA, de una placa conmemorativa y unas breves palabras de agradecimiento.

Dejo imágenes del programa y cartel de la ópera de cámara así como alguna fotografía mía sin entrar muy a fondo en detalles. Cierto que los dúos elegidos de Haydn, Schumann, Mendelssohn o el hermosisimo La Nuit de E. Chausson buscaron el empaste y continuar trabajando repertorios e idiomas donde estas voces se van encontrando más cómodas, todas ellas conocidas por el que suscribe y contemplando una evolución no siempre igual, alguna diría incluso que en retroceso, puede que por nerviosismo ante el imponente aspecto teatral (es preocupante la desafinación total sin escuchar el piano de referencia), incluso con distintos pianistas que aportan nuevos enfoques al trabajo como Ignacio Fernández o Juan Urdániz además de los profesores de estos cursos Sergey Bezrodny o Manuel Burgueras, con incorporaciones de nuevo repertorio español actual comenzando con el turolense Antón García Abril (1933) y sus Canciones asturianas, con Urdániz al piano acompañando las tres elegidas, Tengo de subir al puertu y la añada Dúermete neñu de la mezzo María Heres realmente cómoda en ellas, y Hasta los naranjales han florecido de la soprano Canela García.

El asturiano Jorge Muñiz (1974) y su ópera Fuenteovejuna fue la que abrió la temporada de ópera ovetense y de él pudimos escuchar en este concierto el estreno en España de su Oda a Covadonga (2005) con texto de Claudio Sánchez Albornoz en la voz del tenor Adrián Begega y el piano del maestro Burgueras, un homenaje a los tres centenarios de Covadonga.

El gallego Juan Durán (1960) no solo arregló Lela de su paisano Rosendo Mato Hermida (1914-1994) y letra de Castelao cantado por el tenor Vladimir López y Urdániz al piano sino el compositor de Tríptico de Amor y Ausencia con texto de Gabriela Mistral, cuya Ausencia estrenaban en Asturias la mezzo María Heres y el pianista Manuel Burgueras deleitando a un público entregado con esta belleza de música cercana geográfica y anímicamente.

Siempre se ha dicho que el violonchelo es lo más parecido a a voz humana, y antes de sumarse al trío instrumental para Doña Esquina, Santiago Ruiz de la Peña nos dejó la difícil Polonesa Concertante (David Popper, 1843-1913) de armónicos casi imposibles, con el virtuoso Bezrodny al piano, poniendo el punto y seguido antes del esperado estreno absoluto del ovetense Gabriel Ordás (1999), quien tomaría el violín y la dirección de una ópera de cámara sobre el entremés homónimo de Agustín Moreto y Cavana que disfrutamos en versión concierto y a no más tardar estoy convencido tendrá su puesta de largo porque resulta actual, moderna y accesible, en la línea de este músico integral con el que «La Castalia» encontró un filón al ser destinataria de algunas composiciones de un talento que sigue sorprendiendo con cada obra.

Cinco personajes para las voces que fueron «calentando» con Urdániz al piano, Ruiz de la Peña al cello y el propio Ordás tocando el violín y dirigiendo, corroborando lo escuchado previamente en calidades y registros para un elenco vocal donde nuestra mezzo Doña Esquina fue la protagonista total e incontestable de una partitura fresca, que respeta las voces, con ritmo, salero, aires del mejor musical de Broadway (a fin de cuentas también ópera de nuestro tiempo) recordando al genio Bernstein, y un argumento dieciochesco que parece tan actual como la música del propio Gabriel.

Mi más sincera enhorabuena a «La Castalia» por seguir creciendo, apoyando lo nuestro y formando contra viento y marea a una generación que no lo tiene fácil en estos tiempos.

Recortes de la prensa asturiana del lunes 10 en El Comercio y La Nueva España:

Buenos modales

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Sábado 1 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de piano «Luis G. Iberni». Kun-Woo Paik, piano, Oviedo Filarmonía, Carlos Domínguez-Nieto (director). Obras de Beethoven y Tchaikovsky.

Para empezar el último mes nada mejor que dos obras conocidas y también en cierto modo cerrando producciones como el «Emperador» de Beethoven y la «Patética» de Chaikovsky, lo que trajo buena entrada al auditorio carbayón aunque personalmente me dejase ciertos sinsabores por la sensación de falta de entendimiento y mando en la línea de la siempre necesaria «dictadura musical» donde no hay consensos ni buenos modales en pos de una interpretación y no la suma de ellas. Me recordó aquel chiste donde dos gemelos no acababan de salir al mundo porque eran tan educados y «pasa tú primero» les llevaba a continuar en el seno materno.

El coreano Kun-Woo Paik, solista del Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” (L. van Beethoven) se presentó con sonido amplio y delicado aunque sin entendimiento con el director invitado Carlos Domínguez-Nieto, titular de la Orquesta de Córdoba, primero por una clara discrepancia de tempi entre ambos, lo que de entrada sonaba chocante, sumando una fuerte indecisión en cada entrada orquestal, tardando siempre en arrancar cada movimiento o post cadencias hasta que de nuevo alcanzaba la «velocidad crucero». Tampoco se cuidaron los planos orquestales, demasiado discretos para este emperador que se quedó en principesco por no decir claramente republicano. El Allegro inicial fue irregular de principio a fin, incluso «pisando» orquestalmente el final de una de las cadencias, un poco más agradecido el hermosísimo Adagio un poco mosso que nos dejó disfrutar del aterciopelado sonido del coreano y la transición al Rondó-Allegro non troppo con los mismos modales ya comentados, caminos paralelos sin decisiones ni mando que impidieron una interpretación más acorde para una orquesta madura de veinte años capaz de desenvolverse en todos los repertorios. Recordar una de las definiciones de «concertar» como acordar, lo que debe hacerse en los ensayos y tenerlo claro para darle la forma definitiva con el público.

La obra orquestal «póstuma» de P. I. Chaikovsky, su Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74 “Patética”, es un caramelo ¿envenenado? para todo director y orquesta por su magnitud, abanico tímbrico y dinámico, casi el cierre de temporada por efectivos y efectividad donde el público sigue aplaudiendo al final del tercer movimiento Allegro molto vivace por colocar el genio ruso a continuación el último Finale: Adagio lamentoso.

Si en Beethoven los modales fueron buenos pero ineficaces, de nuevo en esta Patética faltó decisión en los arranques, como si la potencia o el gesto no llegase limpio al destinatario, claridad en la agógica, más intensidades y otros balances que diesen luces más allá de las sombras, que de todo tiene esta última sinfonía. Cierto que hubo secciones que brillaron como en ellas es habitual (los cellos especialmente) pero faltó más plantilla, al menos contrabajos que den el necesario sustento grave a esta maravilla orquestal, más presencia a unos metales que se contuvieron en pos de una versión algo descafeinada pese a la belleza, y una dirección memorizada pero sin gancho. Hay obras que gustan tanto que la ilusión pone lo que la realidad niega. Lástima porque el concierto prometía y se quedó demasiado en lo superficial.

Para Santa Lucía volverá Beethoven con su séptima en la OFil con un Yaron Traub de más peso directorial y la violista Isabel Villanueva y el concierto de Walton que tanto éxito le está trayendo, sin olvidarme del estreno de Israel López Estelche, otro más de este cántabro muy ligado a nosotros y que sigue su incansable labor compositiva recompensada con la escucha, a lo que todos aspiran y el público también necesita. Espero contarlo desde aquí, como siempre… ahora con muletas.

Mayúsculas íntimas

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Miércoles 28 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano Luis G. Iberni: Piotr Anderszewski (piano). Obras de J. S. Bach y Beethoven.

En música las tres B mayúsculas las asociamos con Bach, Beethoven, Brahms, y los dos primeros serían los protagonistas del concierto que el pianista polaco-húngaro presentó en Oviedo, ampliando una primera parte que en principio se quedaba «corta» al ofertar tres -después serían seis- preludios y fugas del segundo libro de El clave bien temperado. Las notas a programa de Luis Gago se titulaban «Non Plus Ultra» aunque el recital lo dejaré en personal, pues así entendí la visión de un intérprete que tiene querencia por algunas obras y que afronta esa biblia del músico que es Bach con limpieza exquisita pero algo enfocada por un pedal «sui generis» en un concepto global muy romántico, como si la primera parte fuese preludio de «las Diabelli» sin entender tampoco el criterio en la elección de unas obras concretas así como su orden en el discurso musical, amén de los errores en los números de catálogo o tonalidades dentro del programa inicial y de la hoja añadida que descubrí al finalizar el concierto.

De los seis preludios y fugas no hubo un orden armónico, cronológico ni temático como tampoco en los iniciales tres, y de ellos me quedo con su interpretación contrastada sobre todo en las dinámicas casi extremas donde el éxito se alcanzó con los pianissimi íntimos capaces de acallar toses y respirar con Anderszweski. Personalmente tuvimos hace casi cuatro años nuestro doctorado de melómanos y seguidores de Bach con Pierre-Laurent Aimard que nos dejó casi tan exhaustos com él mismo, un monumento sonoro e interpretativo de que adoleció el polaco. Aportar algo personal a Bach no está al alcance de todos aunque se tenga la técnica necesaria para afrontarlo y creo que es la razón por la que no se escucha habitualmente en concierto. Los preludios resultaron algo desconectados de sus respectivas fugas en cuanto a intención aunque las segundas siempre sonaron limpias y haciéndonos cómplices de su discurso, pero por momentos parecían sonar lejanos, de otros tiempos remotos, por lo que me limité a degustarlos sin más emoción que la ir sorprendiéndome según aparecían. La crítica destaca del pianista polaco la «intensidad y originalidad de sus interpretaciones», y «su
fuerte personalidad artística», así que no estaba muy descarriado.

Pequeña conversación al descanso sobre filosofía y música desde mi silla de ruedas, que voy aparcando poco a poco desde este último miércoles de noviembre, me hicieron pensar sobre introversión bachiana y extroversión beethoveniana, implosión y explosión, decantándose siempre por lo segundo según iba escuchando esas 33 variaciones sobre un vals de Anton Diabelli, op. 120. Desde mis tiempos de estudiante reconozco que buscamos obras que nos gustan y luego no podemos, encontramos otras que terminan cautivando y una extraña sensación, mayor como público, de obras que se cruzan en tu vida. Supongo que esta opción debió ser la de Anderszweski pues las ha grabado en audio, documental y es obra habitual en sus recitales, densa pero asumida como propia de nuevo por su forma de afrontarlas sin esconder nada intrínseco al Beethoven del piano. Nadie mejor que el propio Gago para explicar estas «Variaciones Diabelli» de las que escribe: «una gigantesca metamorfosis, una transformación de proporciones colosales (…) unas variaciones que remiten al inicio de otras variaciones, como si Beethoven quisiera entrelazarlas simbólicamente, con ambas remitiéndose una a otra en una suerte de eterno retorno». Puede que esa media docena de preludios con su fuga correspondiente fuesen como variaciones que nos llevasen a las otras con la visión del genio de Bonn sobre el Kantor de Leipzig y leídas por un intérprete de origen húngaro igualmente universal como ellos, intentando beber como casi todos los polacos de la fuente más cercana en busca de la verdad que en música nunca es total pero siempre será personal y entregada como en el caso de Piotr Anderszweski.

De regalo más Beethoven, la primera de las seis Bagatelas op. 126, misma sonoridad y sentimiento, casi intimidad en toda la velada, personal y solo apto para paladares delicados en un auditorio con excelente entrada para un piano solo, donde la palabra «bagatela» no refleja esta pequeña joya del irrepetible sordo enterrado en Viena.

Este primer sábado de diciembre tendremos más Beethoven en el Auditorio, el Emperador con Kun-Woo Paik de solista Oviedo Filarmonía celebrando 20 años y Carlos Domínguez-Nieto a la batuta, que espero contar desde aquí.

Terapia de cámara

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Miércoles 7 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Judith Jáuregui, piano, Cuarteto Signum. Obras de Dvorak y Schumann. Entrada anfiteatro: 16€.

Primera salida de casa tras mi percance pero la cita con mi admirada y querida donostiarra Judith Jáuregui merecía el esfuerzo, más inaugurando las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» en la temporada de los 20 años, y mimando la llamada «música de cámara», verdadera escuela para público e intérpretes en formato de quinteto de piano con cuerda, el complemento ideal en texturas e intenciones por el que los grandes compositores han transitado, caso como banco de pruebas para «formas mayores» exigiendo por parte de los intérpretes una común unión de intenciones, mutuo reconocimiento y mucho amor por la música. Así lo entiende hace tiempo Judith que con los germanos del Cuarteto Signum ha encontrado la quintaesencia camerística debutando juntos en «La Viena del Norte» con dos grandes como Dvorak y Schumann, por quienes en solitario o dúo siente verdadera devoción y ahora con estos dos quintetos escuchados en Oviedo sube otro escalón en una carrera imparable y espléndida de una pianista integral que ya estuvo en estas jornadas hace siete años y cinco veranos con la OFil, sin olvidarme de su paso por la Sociedad Filarmónica Ovetense con el astur-alemán Adolfo G. Arenas en enero de 2013. En Gijón tuve una ocasión más de disfrutar su arte así como en mis escapadas a Musika-Música en el Euskalduna bilbaíno. El Signum Quartett está formado por Florian Donderer y Annette Walther, violines, Xandi van Dijk, viola y Thomas Schmitz, violoncello.


Primera parte con Antonin Dvorak y su Quinteto para piano y cuerda nº 2 en la mayor, op. 81, arrancando con el piano que marca aire en el Allegro ma non tanto inicial pero también intenciones, diálogos, empastes no ya de este cuarteto alemán con largo recorrido que le otorga ese carácter unitario, sino del piano con la cuerda en esa escritura tan eslava y cargada de un romanticismo nunca afectado por el toque folklórico. Calidades solistas además de conjuntas que afloraron aún más en el segundo movimiento, Dumka: andante con moto de una hondura y belleza indescriptibles, «lamento» dvorakiano preparando el contraste anímico del Scherzo (Furiant): molto vivace, danza mágica de tímbricas muy logradas, como en todo el quinteto, una pulsión compartida y el brillo amplio como los matices desde una limpieza envidiable para un quinteto que debuta. El Allegro final el broche impetuoso pero contenido, aires schubertianos y checos, muestrario de presencias individuales y conjuntas que suponen un timbre único en la propia formación, el quinteto para pino y cuerda, autónomo pero con un mismo corazón.
La segunda parada obligada el alemán Robert Schumann y su Quinteto para piano y cuerda en mi bemol mayor, op. 44. piedra filosofal de esta formación, la mejor seña de identidad y examen exigente para quienes afrontan esta maravilla camerística. Allegro brillante sin concesiones desde el primer ataque conjunto, vivo, delicadezas en el piano y el cello, perlas en los violines más las flores desde la viola en un mensaje a Clara Wieck del enamorado Robert. Mi admirado Ramón Avello explica perfectamente en las notas al programa el trasfondo, pero esta música no tiene palabras, solo dejarla fluir, disfrutarla. En el escenario había química y se trasladó a un auditorio con mayor entrada de la esperable pese a coincidir otro concierto en la calle Mendizábal. El segundo movimiento con aire fúnebre In modo d’una maarcia. Un poco largamente fue conmovedor, desgarrador en cada instrumento cantado, marmóreo el conjunto pero con la maestría barroca del acabado casi etéreo y carnoso, paso lento con luces de esperanza global antes de recordarnos un final claro que consiguió un silencio respetuoso para disfrutar todavia más de la amplia dinámica de este quinteto. Apenas otro respiro hacia el tránsito vibrante, ascendente, valiente y esperanzador del Scherzo. Molto vivace, desde el piano pasando por las escalas del cuarteto, uniendo intenciones y emociones vitales, virtuosismo al servicio de la música, las frases dialogadas, los conjuntos, la riqueza de matices y la búsqueda de una textura propia. El Allegro ma non troppo final reincidió en calidades y cualidades, individuales y colectivas porque este quinteto además de todo un reto supone un regalo cuando se encuentran los resortes para emocionar, feliz confluencia y encuentro de intérpretes jóvenes además de maduros, Jáuregui–Signum que todavía darán muchas más alegrías tras esta salida ovetense que todos recordaremos, ellos y nosotros. En mi caso una terapia de cámara mejor que de cama.

Mala pata

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El día 3 de septiembre camino del instituto tras unas felices vacaciones tenía una caída tonta en mi Burgmann que supuse grave al comprobar la imposibilidad de ponerme en pie.

Sin teléfono móvil encima una vecina me encontró tirado y gentilmente avisó a Emergencias personándose una ambulancia y Atestados de la Benemérita. Placas y sedantes trajeron la mala nueva: fracturas de clavícula, tres costillas (por poco tocan pleura), tibia y peroné todo del lado derecho con lo que supone y revisión cada viernes. La moto, como la ropa, intacta. Salidas y entradas en casa con ambulancia y dos paisanos ante mi inmovilización.

El 21 de septiembre las radiografías muestran que el tobillo no suelda y es necesaria intervención quirúrgica para colocar una placa y tornillos, operación positiva el martes 25 con alta el 28, curas domiciliarias y revisión quincenal tras quitarme más grapas que una encuadernación casera.

Así mi otoño sería ver caer la hoja del almanaque: septiembre, perdiendo un estreno mundial de la ópera «Fuenteovejuna», octubre con más ópera, mi querida Beatriz Díaz debutando ante los reyes en el concierto anual de los premios o el arranque de los conciertos del Auditorio con el renacido Gregory Kunde.

Hace años me quejaba de la cuesta de septiembre y ahora solo de tanta escalera y la imposibilidad de usar muletas por esa clavícula que sigue rota.

Canso de todo y echo de menos las clases, mis conciertos y mi normalidad de cafés o cervezas incluyendo el blog donde apenas he compartido dos crónicas de la prensa regional pues uso solamente el teléfono y poco. Tengo novedades musicales que me tocan muy de cerca pero ahora toca paciencia y resignación, insomnios nocturnos con radio acompañante y revisión quincenal hasta que me digan.

Puedo presumir de una esposa sacrificada que es siempre una bendición y nunca tuve dudas de un apoyo recíproco en todas las circunstancias. Gracias Asun y mala pata, porque hay cosas peores en la vida.

El concierto real, por adelantado | El Comercio

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El Coro de la Fundación Princesa y la OSPA interpretaron el ‘Stabat Mater’ de Rossini bajo la dirección de Milanov
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La brújula del canto: #DiaMundialdelaMusica: Homenaje a los creadores y difusores de contenidos musicales #AdalidDeLaMúsica

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Fuenteovejuna de Jorge Muñiz en Oviedo: un estreno que entusiasma – Opera World

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Noche histórica para la lírica asturiana | El Comercio

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El estreno absoluto de ‘Fuenteovejuna’ fue un inicio de lujo para la temporada de la Ópera de Oviedo | El público del Campoamor recibe con expectación y aplausos la obra
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