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Sara Águeda, arpista y artista

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Jueves 19 de marzo, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. II Ciclo de Música Antigua «Sonidos de la historia». Sara Águeda (arpa de dos órdenes): El teatro del arpa de dos órdenes. Obras de Fernández de Huete, Lucas Ruiz de Ribayaz, Fr. Agostinho da Cruz, Antonio de Cabezón, Martín y Coll, Juan Bonet de Paredes, Alonso Mudarra, Juan Hidalgo, Bernardo de Zala. Arpa construida por Javier Reyes (2007) basada en el modelo de Juan López de Toledo. Entrada gratuita.

Los jueves que no son santos toca ciclo de música antigua, cada vez más joven y con otro lleno en el museo para recapacitar cómo la capital asturiana tiene público adicto a todas las músicas, siendo estas programadas por la Joven Asociación de Musicología de Asturias todo un éxito que tendrá continuidad hasta el siguiente mes, con alternancia de conciertos y conferencias capaces de convocar tanta gente ávida de eventos donde siempre se disfruta. Vuelvo a dejar arriba escaneado el programa porque la información con formación siempre completa la escucha, y la sencillez no está reñida con el rigor. Un acierto y mi más sincera felicitación.

La arpista Sara Águeda traía a Oviedo toda una lección de música recuperada, escrita originalmente en su mayoría para un instrumento que compartió hegemonía y espacios con sus hermanos de cuerda y tecla. Siempre es difícil elegir la música para un recital o grabación, y más todavía organizarlo para no resultar demasiado lineal, máxime cuando se trata de un instrumento solo. Como artista integral que es, no solo fue presentando obras y autores sino que también nos deleitó con su voz natural de bello timbre en tres de los llamados «tonos humanos» donde el arpa acompañaba como entonces en las representaciones teatrales, siendo un recital ameno, didáctico, muy musical y breve. Más no se puede pedir.

Los que habitualmente seguimos a esta joven artista del arpa pudimos escucharla en el programa de Radio Clásica «La dársena» el pasado 26 de enero, presentando su disco «Un viaje a Nápoles» que también se vendió y firmó como una auténtica estrella al finalizar el concierto ovetense, afán de muchos por recuperar repertorios e instrumentos como llevan haciendo esta joven generación de músicos integrales desde España para todo el mundo.

Desfilarían como perlas engarzadas danzas, fantasías o tonos, bien hilvanados dando colorido desde la cercanía. Así comenzábamos con una Canción Alemana de Diego Fernández de Huete como uno de los compositores para arpa y «padre» por su tratado de cifra cual «biblia del arpa antigua» del que también pudimos escuchar unas Gaitas cercanas en geografía musical o los famosos Zarambeques, una Pavana, las Achas, las Españoletas y hasta las Xácaras de Lucas Ruiz de Ribayaz que nos transportaban a las danzas palaciegas bien ensambladas entre otras obras para hacer muy llevadero el orden programado, una pequeña incursión a nuestros vecinos portugueses con un Tento 4º Tom (de falsas do) de Fray Agostinho da Cruz que bien puede ser un fado de la época, siempre por ese intercambio de música vocal e instrumental que se daba en el Renacimiento, y el primer tono humano cantado por Sara Águeda: el anónimo del siglo XVII Yo soy la locura con una frescura y vigencia que cautiva desde el primer momento, acallando voces, respetando respetuosamente los bloques de obras.

Por supuesto no puede faltar nuestro inmenso Antonio de Cabezón, referente más allá de la tecla también para la cuerda del arpa en esas «migajas que se caían de la mesa» transcritas por su hijo Hernando, descubrimiento de sonoridades para un instrumento polifónico rico como es el arpa de dos órdenes (cuerdas cruzadas lo de doble cuerda, unas para las notas naturales y otra para las alteradas, como las teclas blancas y negras) así como los imprescindibles Canarios de Martín y Coll. El complemento Alonso Mudarra y su Tiento «Cifras para arpa y órgano» y la única obra no original pero claramente trasladable como es la conocida Fantasía X que contrahaze la harpa a la manera de Ludovico.

Cada obra era un redescubrir sonoridades, gama amplia de matices, nuevos ritmos frente al tactus y un instrumento cálido pero poderoso que Sara tañe con auténtico virtuosismo y musicalidad. Volver a escucharla cantar el anónimo Vuestros ojos tienen de amor, o la Noche tenebrosa del compositor y arpista Juan Hidalgo fue como un juego de luces y sombras en ese entorno increíble del museo con una acústica perfecta que cautivó a todos los presentes.

Tanto la Sarabanda de Bernardo de Zala como la que nos regaló de propina pusieron el broche brillante que cerraba un collar de perlas antiguas siempre actuales con cualquier vestimenta, y la de Sara Águeda unifica lo sobrio y monumental con la fantasía ligera de unas músicas atemporales. De nuevo felicitaciones a la artista y especialmente a los organizadores, juventud que apuesta por la calidad desde la calidez, auténticas delicias en un menú siempre abundante que para los «fartones omnívoros» como el que suscribe, nunca nos sacia.

La belleza del dolor

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Miércoles 18 de marzo, 20:00 horas. S.I.B. Catedral de San Salvador de Oviedo, Concierto Conmemoración de los 1173 años de la muerte del Rey Alfonso II El Casto. Ana Peinado (soprano), Guillermo Martínez (órgano), Coro Alfonso II El Casto, Orquesta Clásica de Asturias, Joaquín Valdeón (director). Karl Jenkins (1944): selección de «The Armed Man» (A mass for peace).

Frío de cuaresma para escuchar volver a escuchar en la Catedral, casi con los mismos protagonistas que el 30 de junio de 2014, una selección de esta maravillosa misa de Jenkins.

Colas desde las siete de la tarde y «lleno hasta el coro» con gente en los pasillos y de pié para la recuperación del concierto anual en homenaje al rey Alfonso II el Casto, patrocinado por el  Ayuntamiento de Oviedo y la Fundación Valdés Salas con el patrocinio de Sabadell Herrero.

Hace nueve meses titulaba la entrada en el blog como «Armas solo musicales» y la crítica para La Nueva España «Armados musicalmente«. Entonces al Coro Universitario le achacaba falta de componentes, pero esta segunda actuación el Coro Alfonso II El Casto, creado e impulsado por Joaquín Valdeón, el auténtico «alma mater» de estos eventos, redondeó un concierto emocionante. Voces empastadas, afinadas, entregadas, con una cuerda de sopranos segura en los exigentes pasajes agudos y pianísimos, una orquesta que renace cada vez con una mezcla de músicos jóvenes y veteranos implicados y volcados con la interpretación, y el dominio de Valdeón en los dos terrenos que conoce, vocal e instrumental, gestualidad desde la elegancia, precisión y firmeza.

Como si el frío ayudase al recogimiento, deleitarse con esta música tan bella de inicio a final remueve entrañas y plantea la dicotomía entre guerra y paz como auténtica fuente de inspiración, el horror y el perdón, el dolor y la belleza, tema eterno sin solución que ha dado las mayores obras de arte de la historia del hombre.

Curioso el tema francés de «L’Homme armé» (El hombre armado) el conflicto bélico que arranca con la marcha hacia el frente de un coro marcando el paso antes de entonar la pegadiza melodía que da nombre a esta misa a la que se sumará la orquesta, caja militar, metales, fagot… Cartas boca arriba, voces claras, potentes, orquesta equilibrada y un Joaquín Valdeón dominador de espacio y tiempo, conocedor de sus efectivos pero también de la reverberación de nuestra catedral para poder sacar de la partitura toda la amplísima gama dramática.

La soprano Ana Peinado volvía a ser la solista del Kyrie, la plegaria de perdón al Señor entonada con sentimiento y mucha musicalidad, color y emisión adecuados continuando el coro con orquesta y la magnificencia del órgano en un tejido polifónico atemporal por el estilo de Jenkins.

Una de las páginas más agradecidas de las misas cantadas es el Sanctus, aquí otro tanto, ese paraíso terrenal que no aventura lo que vendrá a continuación, puede que tomando el nombre de Dios en vano como para las horriblemente llamadas «guerras santas», así enfocado en la partitura que desembocará en dos números corales terribles, una conmoción musical el Hymn Before Action con texto de Kipling, y Charge! con textos de Dryden y Swift. El coro protagonista pero la orquesta impecable, sonoridades aprovechando la acústica catedralicia, algo corta la cuerda por momentos e impactantes trompeta y percusión, sin olvidar un órgano con el genial Guillermo Martínez, batalla de emoción sonora con el «mariscal» Valdeón al mando, buen planificador y mejor ejecutor.

La paz viene dada en el Agnus, nueva belleza coral, inspirado Jenkins que recuerda a Fauré pero también al McCartney que citaba la primera vez. Como penitencia o perdón, remanso o remordimiento, el espíritu bélico cede en el celestial Benedictus donde la plegaria sonó en el cello de Elena Robledillo y elevó al paraíso musical el coro más la orquesta. Triste que del dolor emane tanta belleza, las guerras generadoras de tragedias pero también de esperanza en no volver a repetirlas, utopía casi dogma.

Éxito rotundo y bis del tema inicial, la vuelta de «El hombre armado» presente en los telediarios y periódicos cada día. Al menos la música siempre es el bálsamo del alma.

De Nagasaki a Gijón

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Domingo 15 de marzo, 19:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Madama Butterfly (Puccini). Segunda representación. Ópera de Oviedo, producción del Theater Magdeburg. Entrada entresuelo: 60€ (+ 1€ de gestión).

Tras asistir a la función del 21 de noviembre pasado con el llamado «reparto joven» de la ópera ovetense, había que volver a dar el espaldarazo en esta nueva apuesta de llevar a Gijón algunos títulos de la capitalina, siendo el próximo un Barbero para el 27 de junio.

Si entonces escribía «Viva las voces jóvenes forever» jugando con una de las expresiones que Pinkerton y Sharpless cantan en el primer acto, esta vez tendría que tomar otras dos que son poesía en estado puro: «hay que sembrarlo todo de abril» del segundo acto, la esperanza de Butterfly y «demasiada primavera» tras comprobar que nunca volverá con su amado.

La misma producción del otoño ovetense  llegaba al invierno gijonés con apuntes primaverales aunque el blanco predomina en el entorno, como este Nagasaki que resultó como entonces elegante, imaginativo, unas luces subrayando emociones, y el mismo elenco para Gijón. Casi podríamos trasladar la casa de Cio-Cio-San al Elogio del Horizonte de Chillida y sentir la llegada del barco al puerto de El Musel.

Carmen Solís volvió a enamorar, como en la primera función del viernes, con su Butterfly de principio a fin, un personaje que crece tres años en escena con toda la gama evolutiva de adolescente enamorada, pasando por la madre esperanzada y la mujer desgraciada, privada de lo único que le queda, su hijo, lo que Puccini hace música y la soprano extremeña domina desde la sutil aparición en escena tras la tela del fondo con el cortejo de damas llegando al acto final donde hasta su harakiri es creíble. Paleta vocal rica en emociones, gusto en la línea de canto, abanico de matices, escénicamente poderosa y sobreponiéndose a una masa sonora que en el Jovellanos resultó excesiva, sin compasión, como si el arrebatado personaje contagiase a su entorno. Una triunfadora esta soprano joven que nos dará muchas noches de gloria, seguro.

De la mezzo Marina Rodríguez-Cusí sólo elogios como en Oviedo, el perfecto complemento de la protagonista, el saber estar al lado sin bajar ningún escalón, de tú a tú para una Suzuki ideal en lo vocal y en lo escénico, siendo emocionante y una pieza maestra el dúo con Cio-Cio San.

El tenor Eduardo Aladrén volvió a ser un Pinkerton poderoso desde el primer acto, con un color vocal idóneo y la fuerza necesaria para no estar tapado en ningún momento, ligera nasalidad debida probablemente a un resfriado o gripe en estado de cocción, pero que resultó ideal tanto en sus arias como en los dúos, creíble, empastado, seguro y homogéneo en todo el registro.

Y siempre un placer escuchar al barítono Manuel Lanza, Sharpless todopoderoso que también debe lidiar los cambios emocionales de la protagonista, un emisario no deseado por las noticias y traicionado como Butterfly, evolución de carácter resuelta con una emisión y dicción siempre clara.

El Goro del tenor asturiano Jorge Rodríguez-Norton estuvo más contenido gestualmente que en Oviedo y más contundente en lo vocal, «secundario» de lujo como en las buenas películas y tan necesarios para completar una obra redonda, donde todo el elenco brilló, incluyendo el papel doble Yamadori – Comisario del barítono José Manuel Díaz, otro de los pilares que asientan este reparto homogéneo.

Los comprimarios con algunos «de la casa» otra vez seguros y acertados, Víctor García-Sierra, Manuel Quintana (recién llegado de Bilbao), Manuel Valiente, Marina Acuña, Ana Peinado, María Fernández o Marina Pinchuk, breves intervenciones y nuevos rayos de luz con voces jóvenes que son «siembra para abril», sin olvidarme de María, la niña actuando de niño, todo un descubrimiento para las tablas.

El Coro de la Ópera de Oviedo que dirige Patxi Aizpiri, hubiese necesitado más efectivos pero volvió a sonar compacto, tanto ellas (qué bien el coro «a boca cerrada») como ellos, encajados fuera de escena a la perfección y cantado con la dulzura que se espera. Hay cantera vocal para largo y demuestran una profesionalidad envidiable, todo un lujo contar con ellos para la ópera asturiana.

Volvió a encantarme el detalle de las «bailarinas» que ponen el toque delicado en cada intervención, especialmente la escena de los farolillos de papel.

La Oviedo Filarmonía apuntaba que sonó excesiva en dinámicas, el Jovellanos es más recogido y no necesita los mismos planos que el Campoamor. José María Moreno llevó bien los «tempos» y atendió al detalle todo lo que sonaba en el escenario, pero Puccini le pudo en la orquestación, pecó de grandilocuencia, que la tiene, pudiendo evitar algún ff que nos hubiera permitido equilibrar foso y escena. Con todo su apuesta, arriesgada, resultó ideal para esta «tragedia giapponese» y la formación ovetense volvió a demostrar madurez y solvencia en un título que tiene reciente.

Habrá que esperar por Rossini en junio con la OSPA, porque nunca es «demasiada primavera» y casi tenemos ópera en Asturias las cuatro estaciones, aunque climatológicamente sólo parezcan invierno y verano, Oviedo y Gijón como área metropolitana de la lírica. Enhorabuena por un proyecto que espero sea largo en el tiempo y sin entrar en vaivenes políticos.

En Forma desde Almería

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Viernes 13 de marzo, 20:00 horas. Iglesia Convento de Las Claras, Almería: XII Ciclo de Músicas Sacras. Forma Antiqva. Obras de Blasco de Nebra, Santiago de Murcia, Gaspar Sanz, Kapsperger y D. Scarlatti.

Entorno muy adecuado para un ciclo en plena cuaresma con música sacra, si bien la instrumental no tenga esa clasificación, pero válida siempre que se ejecute con el respeto demostrado.

Ya conocíamos a la formación asturiana de los hermanos Zapico por otros conciertos en Roquetas de Mar así como las referencias habituales que encontramos en este blog, del que hoy pasamos a formar parte como corresponsales. Trío con réplicas de instrumentos antiguos, clave, tiorba y guitarra barroca, con arreglos y adaptaciones excelentes de obras renacentistas y barrocas para una fantástica interpretación, especialmente estimulante, viniendo de gente joven que recupera esta llamada música antigua cada vez más nueva en manos de estos músicos.

Cabe resaltar que el entorno, siendo adecuado, tenía zonas laterales donde el sonido no llegaba en su plenitud.

Lleno absoluto y espectadores de pie que aguantaron todo el recital, incluso gente de edad que se quedaron tras la misa para escuchar este espléndido y esperado concierto.

Especialmente agradecidas las Marionas de Sanz, las Folias gallegas de S. de Murcia y sobre todo los fandangos que resultan casi carta de presentación de esta familia de músicos asturianos en su formación original y más directa.

Interesante la forma de recuperar estos instrumentos y las obras interpretadas, así como los arreglos.

Esperamos que continúen muchos años, sabiendo que ya tienen nuevos fans en Almería, que buscarán grabaciones de Forma Antiqva en estado puro.

De los enviados especiales en Almería Maribel Moreno, Nichu Tejedor y Asun Tejedor (Tejedor’s Team) para «Pablo, la música en Siana».

Más viejo, más canoso pero siempre único Battiato

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Sábado 14 de marzo, 21:00 horas. Auditorio de Oviedo: Franco Battiato ‘Joe Patti’s Experimental Grup’. Entradas: 40€ y 36 €+ 1€ de gestión (compra On Line y recogida en cajero).

A punto de cumplir las siete décadas de edad, más viejo, más canoso pero siempre reinventándose, Joe Patti es Franco Battiato con dos músicos en escena: Pino Pinaxa Pischetola, su ingeniero de sonido manejando una electrónica en vivo impactante, el auténtico alma mater y «orquesta«, más el piano y sintetizadores de Carlo Guiatoli dando las pinceladas de distinción.

Auditorio hasta los topes con edades variadas estando la mía casi en el medio, esperando temas más comerciales de los años 70 y 80 pero arrancando con una música electrónica de total actualidad, mostrándonos al siciliano afincado en Milán Franco Battiato compositor más que cantautor o director de cine, pero siempre un musicazo, el mismo que ganase el premio Stockhausen. Apoyado en un juego de luces que ayudaba a crear ambiente, su voz inimitable parecía la de un trovador galáctico siempre con los auriculares, con sonoros colchones sintetizados, loops, secuencias pregrabadas, toques propios en un teclado y unos «parlati» más que melodías que duraron media hora larga, con aplausos de sus incondicionales valorando la faceta menos famosa con la que nos recordó su carrera inicial dentro del rock progresivo y psicodélico, con grabaciones en los 70 que son reliquias. Los temas de ahora tienen mucho de minimalismo, desarrollando timbres en capas superpuestas e intervenciones puntuales de una voz casi como otro instrumento, independientemente de los textos, siempre muy buscados.

El grueso del concierto lo ocuparían los temas de su última grabación, clasificada como psicodélica y electrónica, con ambientes no ya electrónicos sino también electrizantes, tocando incluso el chillout y con unas letras en italiano que se entienden muy bien, más una amplificación excelente, potente pero nada atronadora. Hay que conocer la biografía del italiano para comprender mejor su música, en parte como con cualquier compositor, con una evolución a lo largo de estos años que no siempre ha gozado de popularidad, conviertiéndose casi en lo que se ha llamado un «músico de culto». Lo cierto es que en Oviedo con su duo volvió a demostrar su enorme talento.

Tras un amago de final a la hora y media, la vuelta a escena trajo la faceta más poderosa en cuanto a las bases electrónicas de Pinaxa y un piano virtuoso de Carlo, «Niente é reale», Nómadas, El animal, Ecos de danzas sufíes y ese final presentado como «vamos a matar la noche», superéxitos como Centro de gravedad permanente que no encuentra ni necesita, o Yo quiero verte danzar sin olvidar nuestro idioma, menos electrónicos y con un desnudo piano más alguna nota pedal sintetizada que nos dejaron al Battiato íntimo, puesto en pie tras estar sentado hora y media, el intelectual, cercano y sobre todo sereno, aclamado por un auditorio puesto en pie cantando La estación de los amores.

Está de gira por nuestra tierra, no le tiene miedo a la muerte y merece la pena transcribir parte de la entrevista a Julián Ruiz para El Mundo del pasado martes día 10: «Realmente, la muerte sé que llama a mi puerta y golpea cada vez con más fuerza. Pero mientras tanto, me deja viajar, actuar en el Palau, vivir la Barceloneta, sentir, amar. Amo todo lo que es vida. La muerte para mí será un abrazo. Soy tibetano, me siento budista y creo en la reencarnación». Franco Battiato es y será una leyenda, viva de momento.

Bach (con)vence a Händel

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Llevaba tiempo con ganas de acercarme a las maratones musicales que la Fundación Bilbao 700 organiza el primer fin de semana de marzo en el inmenso Palacio Euskalduna, siempre con un tema común, a precios asequibles y la mayoría de conciertos en torno a la hora de duración, para poder acudir a varios y organizar cada uno su programación, este 2015 nada menos que 75 conciertos ofertados en «Musika-Música» durante 3 días de festival.

Las comunicaciones por carretera desde Asturias se han ido mejorando con el tiempo en lo que a carreteras se refiere, así que escaparse a Bilbao siempre es un placer, aprovechando efemérides familiar para unir pasiones que mis lectores conocen: música, viajes y gastronomía. Además este año había amplia representación de «la tierrina» por lo nada mejor que apoyar a los músicos de casa, pulsar la opinión de otros públicos, escuchar obras e intérpretes a los que admiro, saludar amistades y sobre todo disfrutar de la vida porque sólo tenemos ésta y no sabemos cuánto nos durará.

Sin hacer una crónica de un fin de semana donde apenas pisé el centro histórico, asistiendo a ocho conciertos desde el viernes 6 a las 18:00 horas hasta el domingo 8 a las 16:00 de los que fui subiendo las respectivas impresiones (tituladas como Toma N) que algunos llaman críticas y yo prefiero llamarlas comentarios de un musicógrafo, siempre con el permiso de Luis Suñén -a quien pude saludar en esta maratón-, me gustaría dejar aquí unas pinceladas que en el día a día se quedan fuera de las entradas.

Con el tiempo justo, hotel reservado cerca y a la búsqueda de cajeros que imprimiesen las entradas compradas desde casa pero no imprimibles para este macroevento, al no estar numerada ninguna sesión, tuve el primer «percance» con La BBK al terminarse el papel y quedarme a medias perdiendo incluso una de las de la primera jornada que tampoco solucioné en el siguiente cajero en el Zubiarte. Asustado por las colas me dirigí a la taquilla donde resolvieron sin problemas la incidencia comentándome que había un cajero exclusivo para las entradas detrás de los habituales en otras salas, pero que en la página indicando los posibles no figuraba. Con todo, amabilidad a raudales y una vez dentro nos dispusimos a disfrutar de la primera jornada.

Increíble el despliegue técnico en esta catedral de la música (la del fútbol cerca de la que también hablaré) para cinco salas nombradas con lo más representativo de los músicos a los que este año se dedicaba el concierto, Bach y Händel, sin olvidarse de los «kioskos» Collegium Musicum de Leipzig dentro del recinto y abierto donde actuaban distintas agrupaciones y alumnos de conservatorios venidos de distintos puntos, gente joven que son realmente los protagonistas de este festival. Un total de 820 artistas a los que se acredita con un «cipol» que les permite acceder a los distintos conciertos en el último momento siempre que haya entradas disponibles. Se respiraba música por todas partes, juventud cargada con sus instrumentos disfrutando de los maestros y conviviendo un fin de semana con lo más granado del panorama concertístico europeo, sino mundial. El resto del público impresionante, muchos franceses por la cercanía, seguidores, amigos y familiares de artistas, muchos melómanos locales en una capital con larga historia musical, y el personal atento a todas las incidencias.

Cada sala se vaciaba por completo, cerraba y volvía a abrirse para el siguiente concierto, con las colas correspondientes para intentar acceder a la mejor localidad, todo con una educación exquisita donde no faltarían caraduras profesionales como en todos los sitios. También se aprovechaba para charlar de lo humano y lo divino, encontrarte artistas que también fueron público, con quienes comentar conciertos, experiencias, proyectos, haciendo de la espera una tertulia irrepetible. Para quienes tenían «huecos» en su agenda, había stands de publicaciones como mi seguida Scherzo y una tienda de discos y partituras donde no faltaba un amplio surtido de los artistas programados.

Y una vez dentro del palacio con cualquier entrada, asistir al «kiosko» donde la música tampoco paraba. Los datos son impactantes: 33.800 entradas vendidas, 51 de 75 conciertos completos y la promoción de la música con Bilbao como epicentro en estos tres días. Todavía existen personas que consideran la cultura como una inversión y fuente de ingresos, desde la calidad y buen hacer. la llamada cultura naranja, el turismo cultural tan habitual en países de nuestro alrededor debería incluirse en las agendas de nuestros gestores políticos que a fin de cuentas manejan nuestros recursos pero no siempre con acierto, y menos con la disculpa de la crisis.

Por lo menos en Bilbao no se notó. El Euskalduna llegó a competir con San Mamés el sábado, dos catedrales de fútbol y música, el Athletic vencía por la mínima al Real Madrid, Bach a Händel, ambiente festivo, calles llenas, bares y restaurantes a rebosar, Bilbao soleado ofreciendo postales inimaginables en estas fechas. Toda una fiesta. La gastronomía daría para un blog específico y ya se sabe cómo se come en el norte. Por supuesto tenemos familia y amistades en «el botxo» con las que pudimos encontrarnos aunque fuese con la rapidez de una visita médica. Esta vez la música tenía la etiqueta de «full time» pero siempre volvemos.

 

De los entresijos me fui enterando por distintas fuentes, comentándome la llegada de más de veinte camiones con material, un número ingente de claves con varios afinadores profesionales que tenían siempre a punto el instrumento rey, con permiso del órgano, en este espectáculo barroco, operarios cambiando tarimas, moviendo sillas, todo cronometrado y con unas tripas no visibles pero que resultan el corazón del espectáculo, sin olvidarme de las azafatas y azafatos más todo el personal de plantilla del Euskalduna. Catorce años supongo que dan la experiencia para una organización impecable, con ligeros y perdonables incidencias que no influyeron en la nota final de sobresaliente.

Musicalmente el nivel variaría dependiendo de muchos factores, aunque no debo olvidar que algunos artistas afrontaron hasta cuatro programas distintos con todo lo que ello supone de esfuerzo físico y mental. Quienes me leen conocen mis pasiones musicales y artísticas, Bach es Mein Gott y con él disfruté de lo lindo el viernes noche con los alemanes y la «Pasión de San Juan», el domingo por la mañana al piano con la recreación de Bussoni, y el sábado con las de Stokowski, en este orden de satisfacción. Con Händel hubo más cantidad pero menos calidad, puede que mis querencias jueguen a favor del kantor.

De los intérpretes «leónigan» convencido y «en Forma», si los unimos en concierto ya se sabe dónde vamos a estar. Como curiosidad, este viernes mi señora «sufridora» se encontraba en Almería por razones profesionales, y no perdió la ocasión de asistir al concierto de Forma Antiqva en la Iglesia de Las Claras, animándola a escribir unas líneas como colaboradora desde hace 24 años en mi vida, compartiendo todas las pasiones. En Bilbao acudimos a escuchar tanto a nuestro querido LDO, a los Zapico’s con distintas formaciones, y al Zapico mayor con la OSPA, dirigiendo también Milanov el sábado, la tercera pata del «tayuelu» suficiente para sustentarse en cualquier terreno y llenarnos de pequeño orgullo patrio comprobando que la «Marca Asturias» funciona también con nuestros músicos además de la sidra o los quesos.

A otros intérpretes les sigo y escucho en Oviedo, otra capital musical que sigue en los circuitos de ellos, por lo que no podíamos faltar al concierto de Carlos Mena, a Dani Oyarzábal tanto en el continuo como de organista solista con nuestra OSPA, y sobre todo al del pianista Luis Fernando Pérez, conciertos elegidos que sabíamos no defraudan nunca. También escuchar repertorios nuevos como esa pasión de Händel que los langreanos han rescatado, desempolvado y rehecho con el buen gusto, calidad y trabajo constante en una carrera asentada tras quince años, que continúa en ascenso. Siempre un orgullo apoyar lo nuestro.

La vuelta a casa se hizo llevadera a pesar de la niebla en este Mordor del Norte, y las experiencias engrosan mi mochila de la que alguna vez sacamos y compartimos con quienes me leen.

Lockington connection

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Viernes 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 7, OSPA, Myra Kathryn Pearse (flauta), David Lockington (director). Obras de Haydn, Reinecke y Schumann.

Tras el paso por Bilbao de nuestra orquesta asturiana volvía a su sede todavía con regusto barroco, flauta protagonista y mi admirado Lockington al frente, principal director invitado al que siempre es un placer verle.

Las obras del séptimo programa de abono parecieron de transición una vez escuchada en el Euskalduna, comenzando con la poco escuchada Sinfonía nº 24 en re mayot Hob. I/24 compuesta por «papá» Haydn en 1764 como bien recuerda Rafael Banús en las notas que incluyo enlazadas a los compositores. Con Lockington hay realmente una química especial, una auténtica conexión en cuanto arranca y se nota en los músicos. La colocación vienesa actual, con los efectivos adecuados para esta obra, colocó los contrabajos detrás de los primeros violines y el fagot tras los cellos, con el clave en el centro dando ese color especial que se perdería en pleno Clasicismo. Y la sonoridad alcanzada junto a la precisión resultó ideal en los cuatro movimientos, como si el afecto y las buenas formas que siempre luce el director británico afincado en los EE.UU. se contagiasen al resultado homogéneo de la interpretación, obra con el inconfundible sello del padre de la sinfonía que además da protagonismo a la flauta en el Adagio, esta vez con Peter Pearse de solista por la confección del programa, como veremos a continuación. Versión alegre con tiempos bien dibujados desde la elegancia en el gesto del director invitado.

El Concierto para flauta en re mayor, op. 283 de Carl Reinecke (1824-1910)no es obra muy programada y parece conocida solamente en el mundo de los flautistas, siendo nuestra solista Myra Pearse quien nos deleitó en una intervención plagada de buen gusto, cariño y respeto en todos los sentidos, corroborando nuevamente la calidad de nuestros músicos a los que agradecemos la posibilidad de participar como protagonistas en partituras tan hermosas como la del compositor, pianista y director natural de Hamburgo que dirigió durante treinta y cinco años los célebres conciertos de la Gewandhaus de Leipzig, y ciudad donde moriría con 86 años. Música bien escrita, de orquestación muy sonora que la OSPA resolvió con solvencia, y melodías agradables con un estilo (post)romántico en este concierto compuesto al final de su vida, partitura evocadora como la interpretación de Myra perfectamente concertada por Lockington, tres movimientos de lucimiento pero también recogimiento, destacando el maravilloso dúo con el cello de Juan Carlos Cadenas en el Lento e mesto, para finalizar con un Finale: Moderato encajado al detalle entre los compañeros que no sólo arroparon a la solista sino que escucharon con respeto sus intervenciones alcanzando momentos casi sublimes entre todos.

La propina no era de Ramón Carnicer para solo de flauta y acompañamiento de cuarteto de cuerda como en un principio publiqué sino Morceaux de concurs de Fauré (original para flauta con piano en arreglo de Peter Pearse para la ocasión)1, esta vez de la casa, un auténtico lujo con esos primeros atriles amigos compartiendo música, momento y emociones, estuvo dedicada a sus hijos y familiares presentes en la sala, siendo agasajada por sus compañeros y con el director sentado atrás sobre la tarima disfrutando como uno más.

La Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 «Renana» (Schumann) ocuparía la segunda parte del concierto, con ubicación vienesa pura que alcanza mayor presencia y equilibrio sonoro en partituras con orquestaciones tan maravillosas como esta. Con una orquesta perfecta en número, los cinco movimientos fueron de menos a más, exigentes en todas las secciones y especialmente las maderas y los «bronces», ensamblados cual alemanes trombones y trompetas pero donde las trompas, auténticas protagonistas a lo largo de la sinfonía, no lucieron al máximo aunque tampoco ensombrecieron una visión luminosa y «vital» a cargo de Lockington, elegancia en el estilo de dirigir y entender esta partitura, con los tiempos casi al pie de la letra según la traducción del idioma de Goethe con ligero acento «british»: animado, lleno de vida (Lebhaft), no demasiado rápido (Nicht schnell) o solemnemente (Feierlich), afectos y efectos, conexión desde las buenas formas con una luz hecha sonido que sin ser cegadora estuvo tamizada por la búsqueda de calidez y amalgamando texturas y dinámicas que la orquesta correspondió a la gestualidad especial del director invitado. Programa ligero y digerible con flautas que no sonaron por casualidad junto a la «conexión Lockington».

(1) Gracias a mis lectores que están en todo por la posibilidad que me dan de aprender y poder corregir fallos «on line».

La disidencia siempre es apertura

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Jueves 12 de marzo, 19 horas. Centro La Lila, Oviedo:  Joven Asociación de Musicología de Asturias. II Ciclo de Música Antigua «Sonidos de la historia». Conferencia de Ángel Medina: «Disidencias del canto gregoriano».

Primera conferencia del «ciclo de los jueves» que organizan estos jóvenes de espíritu abierto, enamorados de la música sin etiquetas, consolidando la llamada antigua que tiene su espacio en la capital asturiana, estrenando escenario como es el Salón de Actos del Centro «La Lila», perfecto para eventos como el de esta tarde de jueves, donde el Catedrático Ángel Medina nos dio toda una clase magistral llena de anécdotas, ilustraciones musicales y sobre todo la amplitud de miras que da el conocimiento, presentado por la presidenta de la asociación María García.

Con el sustantivo tan sugerente de «disidencias» sumado al concepto que tenemos de canto gregoriano, pudimos comprobar de la mano de un estudioso cómo la unificación o intento de normalizar siempre supone perder identidad, más cuando además se realiza desde la imposición y el nepotismo. Interesantísimas teorías, bien documentadas como siempre en Ángel Medina, sobre los distintos cantos gregorianos repasando desde los orígenes hasta nuestros días sin olvidarse de Solesmes, Carlomagno, el Papado, Trento, Silos o nuestras Pelayas, de las distintas liturgias que acabarán prohibidas por la romana, trufado todo de anécdotas realmente jugosas. Impresionante el discurrir de la notación musical y su ejecución, las letras latinas, los tropos y secuencias, la tradición oral, el abrir los ojos sabiendo que siempre hubo disidentes que intentaban mantener lo propio como seña de identidad que no debemos perder, y siendo genial el juicio por considerar hereje la hispánica (visigoda y mozárabe), con la quema de los dos «misales» romano e hispano saltando éste del fuego que finalmente fue pateado por el rey Alfonso VI para volver a convencernos de que la ley es lo que diga el rey, tan vigente en pleno siglo XXI.

Igualmente maravilloso el análisis que el profesor Medina hizo de los «gori gori«, onomatopeya infantil para expresar lo ilegible de los cantos en las misas de difuntos, explicándonos cómo se pagaban hasta no hace mucho, siendo una fuente de ingresos tan imponente lo que suponían esas liturgias cantadas a toda prisa, porque entonces los curas cumplían a rajatabla, o la visión que la orden de Cluny tenía, no ya del arte o la decoración llevada al mínimo, incluyendo el gregoriano melismático para despojarlo de tanto adorno -que finalmente no se llevó a cabo- y de la regla benedictina del ora et labora que aún hoy parece rota olvidando la segunda parte, puede que por considerar el trabajo como castigo divino para los católicos (cosecha propia). Sabedor de las críticas que los llamados gregorianistas tienen hacia estas visiones, su razonamiento es apabullante por aplicar el sentido común del conocimiento.

Simpática la reflexión sobre Cielo e Infierno, en manos de Dios, y el Purgatorio con entrada y salida, direcciones incluidas, cuyas llaves están manejadas por la Iglesia, inventora del lugar más concurrido de la eternidad. Admiración por el saber enciclopédico del egregio catedrático al que siempre da gusto escuchar.

Por supuesto que no podía olvidar en esta lección, imposible de resumir, hacer referencias al ritmo, la polifonía, los instrumentos que estaban presentes en las liturgias hasta que, como suele suceder, algún avispado decide prohibirlos, con todo lo que ello supuso, citando el curioso caso del serpentón.

Y así con todos los puntos desgranados durante más de una hora de estos «cantos gregorianos» sin olvidarse de los populares, transmitidos oralmente de generación en generación, manteniendo desde la lejanía la identidad y evitando prohibiciones al preservarse geográficamente, como su estudiada «Misa de gaita» que pondría el broche de oro a una clase tan amena que el tiempo pasó volando. Gracias a mi querido Medina y enhorabuena a la JAM de Asturias por seguir instruyendo y deleitando con palabras musicales y música sin palabras. Los jueves no son santos y hasta el 23 de abril queda mucho por delante.

Musika Música toma 8 cerrando con pasión

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Domingo 8 marzo 2015, 14:00 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Sala Príncipe Leopoldo: Raquel Lojendio (soprano), Olatz Saitua (soprano), Maarten Engeltjens (contratenor), Andrew Tortise (tenor), Pablo García López (tenor), Stephan Loges (bajo-barítono), Javier Jiménez Cuevas (bajo), Coro El León de Oro (Marco A. García de Paz, director), Forma Antiqva, Aarón Zapico (director): Haendel: Oratorio «Johannes Passion». Entrada: 8€.

Para cerrar este «finde» tan completo nada mejor que volver a mis pasiones reconocidas de «leónigan» y «en forma antiqva«, unidos de nuevo y con solistas ya escuchados, incluso en esta maratón, sumándose otros y con Händel que también tiene su Pasión según San Juan, gran redescubrimiento que armaron todos estos intérpretes en una sala dedicada a quien en Köthen, pequeña y hermosa ciudad digna de conocerse, hizo posible que Bach pudiese desconectar un poco de la música para la iglesia, ahora con el relevo del nacionalizado inglés que pareció recorrer el camino contrario, por lo que nombre y ubicación idóneos en esta mi última toma, ocho conciertos en dos días y medio que han dado para mucho.
La pasión homónima de Bach en la noche del viernes puede que haya marcado la escucha de esta de Händel, máxime cuando volvió a cojear evitando un resultado óptimo para una obra poquísimo escuchada, puede que eclipsada por la inevitable comparación, y que requiere muchos solistas con pequeñas intervenciones no todas agradecidas y difíciles de encontrar en el panorama actual. Cierto que se trata de una obra de juventud estrenada en Hamburgo en 1704, un oratorio que combina texto del evangelio y glosas poéticas de Postel, musicalmente sencilla pero llena de dramatismo cargado de emotividad.
Para empezar por lo positivo volver a felicitar a Forma Antiqva, imbuidos todavía del «espíritu Halle» después del vespertino del sábado y llenando la «mediana» Sala Príncipe Leopoldo. Encomiable el trabajo de la formación asturiana con Aarón Zapico al frente, pues en los conciertos de Bilbao demostraron porqué son un referente europeo en la interpretación de la música barroca, con un público entregado que disfruta con sus interpretaciones, siempre novedosas al aportar el «plus» de un continuo siempre eficaz, simbiosis necesaria para unas partituras donde llenan momentos teóricamente menores pero iluminados por los gemelos, la «adoptada» Ruth o una Silvia Márquez «alter ego» del hermano mayor. Me consta el trabajo de preparar un solo tras el Mein Sünd’ mich werder kränken sehr trabajado como coral desde el laúd de Pablo, gusto y musicalidad totalmente ceñidos al estilo y ejecutado con la maestría de mi tocayo.
El León de Oro que dirige Marco A. García de Paz no estuvo tan a gusto como el viernes, puede que la colocación no ayudase y además las sopranos carecieron del color característicos para mostrarse menos empastadas de lo que nos tienen acostumbrados. Tampoco puedo decir que las entradas fueran decididas, el gesto de su titular y el de Aarón Zapico son totalmente distintos, por lo que hubo altibajos, bien el coral inicial pero indecisión en el Kreuzige, mejor el siguiente Wir haben ein Gesetz y cuando cantaron a capella, más el coral antes citado (tras la intervención de Pablo Zapico) volúmenes no siempre presentes, algo desequilibrados los planos entre cuerdas y «cortos» en los tutti pero manteniendo la afinación exquisita de la que pueden presumir. Estoy convencido que de haber cantado con la OSPA el resultado hubiese sido magnífico, quedándose en un notable alto por este último concierto, amén del esfuerzo que la maratón ha supuesto para todos los intérpretes.
Destacar la colocación de los solistas, centro para Jesús y el evangelista, con los extremos viniendo al centro para las restantes intervenciones. En las voces solistas teníamos de nuevo haciendo triplete a Lojendio y Loges o doblete de Engeltjes, en la línea de los anteriores conciertos, seguros en sus roles, sumándose el tenor cordobés Pablo García López (que además de la lírica comienza a destacar en estos repertorios religiosos), todos bien en sus intervenciones, color vocal apropiado, empastes hermosos, destacando el dúo de Pablo con el bajo del «león» y ópera ovetense Manuel Quintana Aspra (en la foto superior) realmente ensamblado y agradecido, pero bajando el listón la soprano local Olatz Saitua, voz algo «pequeña» con torpes agilidades -siendo el intríngulis del barroco por excelencia-, y muy flojo el bajo Javier Jiménez Cuevas, a quien es cierto le tocó el papel más difícil, pero suspendiendo por desafinado, falto de mayor técnica, desigualdades en los registros cambiando totalmente el color, careciendo del nivel mínimo para compartir escenario con auténticos profesionales, al menos en este programa.
Siempre con todo el respeto a quien se sube a un escenario, reconociendo el trabajo que supone llegar y mayor en mantenerse, el estudio a lo largo de toda la vida y el cansancio que todo músico pueda arrastrar, debo constatar estos detalles que sin empañar el resultado conjunto, desequilibran la interpretación de una obra como esta Johannes Passion de Händel en la que teníamos muchas esperanzas depositadas pero que no todos se involucraron de igual manera. Mi último concierto no colmó el fin de semana aunque la satisfacción por la experiencia vivida fue tan grande que tendré que dedicar otra entrada más que toma, a modo de epílogo, resumen de vivencias musicales. Al menos este año la agenda nos permitió una escapada que está más cerca de Asturias.

Musika Música toma 7

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Domingo 8 marzo 2015, 12:30 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Sala Rúspoli: Luis Fernando Pérez (piano): Bach: Partita nº1 BWV 825; Bach / Busoni: “Wachet auf, ruft uns die Stimme” BWV 645; “Nun komm´der Heiden Heiland” BWV 659; Bach / Hess: “Jesus bleibet meine Freude” BWV 147; Bach / Kempff: Siciliano de la Sonata para flauta nº 2 BWV 1031; Bach / Busoni: Chacona de la Partita para violín nº 2 BWV 1004. Entrada: 6€.

Mañana de domingo en la Sala Rúspoli, la misma con la que «cerré» el sábado, con difícil elección (en general todo «Musika – Música 2015» supone armar nuestro puzzle sonoro y priorizar, así como encontrar entradas disponibles) y donde «Mein Gott Bach» estaba representado tanto al clave del músico de Getxo Miguel Ituarte como en el piano del madrileño Luis Fernando Pérez, decantándome por el madrileño al tener «fresco» el bien temperado ovetense de Aimard, y contando con las versiones que Ferruccio Busoni, Myra Hess o el gran Kempff hicieron del Kantor de Leipzig para las 88 teclas, con todo lo que supone de recrear un mundo siempre inmenso de posibilidades musicales.
Sin apenas respiro tras el concierto anterior otro lleno en la sala pequeña, trasiego de los operarios para vaciar escenario y colocar ya perfectamente afinado el imponente Steinway presidiendo además de reinar en las manos de Luis Fernando Pérez que recreó un Bach realmente impresionante.
La Partita nº 1 en si bemol mayor BWV 825 consta de siete movimientos aparentemente sencillos pero donde el piano debe modelar el sonido en cada tecla, algo que el pianista madrileño hace con cada obra y estilo. Poder estar cerca de él permite disfrutar con el trabajo de manos y pedales, cincelando sonidos como si del clave se tratase pero con la grandeza del piano. Maravillosa versión llena de toda la gama barroca, matices extremos, ritmos contrastados, melodías claras, variaciones sobre temas que Bach utiliza con la genialidad matemática inspiradora de fuerza interior, la misma de Luis Fernando Pérez, recordándome sus interpretaciones de nuestro Padre Soler.
El Siciliano de la Sonata para flauta nº 2 BWV 1031 que recrease mi pianista de juventud Wilhelm Kempff, fue un leve descanso entre las visiones de Busoni previas y finales, delicia melódica llena de detalles expresivos más allá del original, con una mano izquierda poderosamente aterciopelada que asentó la maravillosa melodía de esta versioneada sonata esta vez con el magisterio de un gran pianista que amaba a Bach como tantos otros.
Las recreaciones que Ferruccio Busoni hace de Bach son un mundo paralelo al original, más allá de un arreglo y sin perder notas ni espíritu del más grande compositor de la historia, porque el órgano rey así está coronado por su versatilidad tímbrica, sonora y expresiva, así que plantear al piano corales como los elegidos por Luis Fernando Pérez son todo un reto para cualquier pianista. El madrileño volvió a demostrar el mimo del ataque, la amplia dinámica que es capaz de sacar con todo un catálogo de recursos técnicos puestos al servicio de Bach, los corales como el BWV 645 que crecen en cada ornamento de la derecha, el peso de los pedales en la izquierda todo ello entretejido en un teclado que parecía sonar a tres, así como la profundidad y meditación de la BWV 659, entendida por un público en respetuoso silencio que ayudó a mantener una calidad y calidez irrepetibles.
No escuchamos la famosa BWV 147 programada pero quedaba un final de auténtico genio, ya sin la atadura del papel, despliegue virtuosístico captado en primera línea de fuego, y nunca mejor dicho, la monumental Chacona de la Partita para violín nº 2 BWV 1004 que Busoni eleva a la enésima potencia, engrandeciendo la inmensidad bachiana para violín al infinito del piano. Honestidad hacia la partitura tanto del compositor como del intérprete, riguroso con cada duración, plano, volumen, fraseo, matices extremos impregnados en todo el cuerpo, poderosa mano izquierda, vertiginosa mano derecha, derroche musical y respirando el mismo aire. El silencio de la sala contenía emociones indescifrables e inenarrables, empujando con el pianista, esfuerzo sin apenas descanso, para romper en estruendo y aclamaciones, bravos y vivas que salen del alma tras haber escuchado MÚSICA en estado puro.
Colas para saludar, felicitar y agradecer una mañana irrepetible, para preocupación de los trabajadores de Musika-Música que recogían el piano, protagonista nuevamente en las manos de Luis Fernando Pérez, y desmontaban la tarima preparando el siguiente, porque la maratón no tiene descanso hasta la meta, cerca pero necesitando de carga extra. Y la tarde ya se echaba encima.

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