Sábado 7 marzo 2015, 19:00 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Sala Rúspoli: Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). Haendel: Concerti Grossi op. 6 números 5, 11 y 10, HWV 323, 329 y 328. Entrada: 6€.
Musika Música toma 6
11/03/2015
conciertos, música, recital Aarón Zapico, conciertos, Daniel Zapico, Forma Antiqva, Händel, música, Pablo Zapico, Ruth Verona, Stefano Rossi 2 comentarios
Musika Música toma 5
10/03/2015
órgano, conciertos, música, sinfónica órgano, Bach, conciertos, Daniel Oyarzábal, Händel, música, OSPA, Rossen Milanov, Stokowski 2 comentarios
Sábado 7 marzo 2015, 17:30 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Auditorio Jorge I: Daniel Oyarzábal (órgano), OSPA, Rossen Milanov (director): Bach / Stokowski: BWV 582, BWV 645, BWV 565; Haendel: Concierto para órgano y orquesta op 7 nº 4 HWV 292. Entrada: 10€.
Musika Música toma 4
10/03/2015
conciertos, música Aarón Zapico, Andrew Tortise, Bach, conciertos, Händel, Maarten Engeltjens, Mª Eugenia Boix, música, OSPA, Raquel Lojendio, Sociedad Coral de Bilbao, Stephan Loges 2 comentarios
Sábado 7 marzo 2015, 12:30 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Auditorio Jorge I: Raquel Lojendio (soprano), Eugenia Boix (soprano), Maarten Engeltjens (contratenor), Andrew Tortise (tenor), Stephan Loges (bajo-barítono), Sociedad Coral de Bilbao, OSPA, Aarón Zapico (director): Haendel: Dixit Dominus HWV 232; Bach: Magnificat BWV 243. Entrada: 10€.
Musika Música toma 3
10/03/2015
conciertos, música Arttu Kataja, Bach, Chorus Musicus Köln, Christoph Spering, conciertos, Das Neue Orchester, Franziska Gottwald, Letizia Scherrer, Lothar Odinius, música, Robias Berndt, Tobias Hunger 3 comentarios
Viernes 6 marzo 2015, 21:15 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Auditorio Jorge I: Letizia Scherrer (soprano), Franziska Gottwald (mezzo), Lothar Odinius (tenor), Tobias Hunger (tenor), Arttu Kataja (bajo), Tobias Berndt (barítono), Chorus Musicus Köln, Das Neue Orchester, Christoph Spering (director). Bach: Pasión según San Juan, BWV 245. Entrada: 10€.
Para acabar un viernes completo nada mejor que «Mein Gott» Bach y su «pasión menor» con solistas, coro y orquesta de lujo. No podía imaginar el despliegue técnico que este «maratón Musika» supone, no ya la organización de las salas, comprendiendo el no numerar las localidades pese a que ello conlleve hacer largas colas, sino toda la infraestructura técnica. Con la orquesta y coro ya en el escenario todavía estaba uno de los afinadores de claves venidos para este macroevento trabajando sobre el instrumento, comprobando el meticuloso oficio de estos anónimos currantes sin los que el resultado final nunca sería igual.
El retraso merecería la pena porque la salida de Spering llenó de expectación una pasión capaz de llenar la gran sala, supongo que dos mil espectadores cual feligreses pasando hoja del programa con los textos al unísono, discípulos del kantor de Leipzig capaces de permanecer dos horas conteniendo la respiración y deleitarse con el único e inimitable Bach. Bien está Haendel pero sigo eligiendo al genio universal de Eisenach.
Todo un elenco capaz de sacar adelante una versión de la Pasión según San Juan BWV 245 de lo mejor que podemos escuchar hoy en día y que me marcará todo este festival. Seis solistas a cual mejor con Lothar Odinius de evangelista convincente, metido de lleno en el personaje con todo lo que ello supone, remarcar dramáticamente cada versículo, fuerza y emoción, pasión y recogimiento, con un Jesús Arttu Kataja imponente, pletórico, de voz redonda y aterciopelada, timbre ideal, creíble en cada aparición, con un dúo de mujeres a cual más hermoso de sonido y empastes milimetrados, Letizia Scherrer poniendo el oro y Francizka Gottwald el engarce. Los dos Tobías, Hunger y Berndt, tenor y bajo de auténtico dominio técnico y sentimiento bachiano completaron el primerísimo grupo vocal.
El Chorus Musicus Kölhn no defraudó nunca, con un número puede que corto para las exigencias que Spering plantea en su versión, colocado intercalando blancas y graves en la búsqueda de colorido y expresión meticulosas que el director alemán trabaja como nadie. Los coros alemanes mantienen ese sonido algo oscuro que logra un dramatismo intrínseco a la partitura, y así sonó en los corales, realmente sentidos y convirtiendo el «Auditorio Jorge I» en un enorme templo luterano.
Das Neue Orchester sería el último pilar capaz de armar esta joya de Bach, menos conocida que su hermana mayor pero igualmente rica en dramatismo, lirismo, ensoñamiento musical para el acercamiento a una palabra evangélica que el pentagrama eleva a divina. Siempre comento que incluso para ateos y agnósticos estas dos pasiones levantan el espíritu hacia un mundo superior en el que todos acabamos creyendo independientemente de la propia vida terrenal y personal.
El maestro Spering, con el que tuve el honor de charlar al día siguiente haciendo cola para el primer concierto matutino, ejerció de auténtico pastor, maestro de liturgia musical atento y dominador, capaz de mantener un gesto recio para transformarse según el número en ángel llevando las melodías de una voz a otra, contagiar ímpetu o calma, maestro de capilla y organista sinfónico con unas manos dibujando sílabas, frases, capítulos, obra magna de «Bach dios nuestro» y padre de todas las músicas. Escribiendo todavía resuena ese coral final Ach Herr, laß dein lieb’Engelein Am lezten End’ die Seele mein… (Deja Señor que, finalmente, tus ángeles lleven mi alma…), pues marca a fuego la propia condición humana hecha Arte Musical.
Musika Música toma 2
10/03/2015
conciertos, música Carlos Mena, conciertos, Daniel Oyarzábal, Enrico Onofri, Händel, música, Orquesta Sinfónica de Euskadi 2 comentarios
Viernes 6 marzo 2015, 19:45 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Auditorio Jorge I: Carlos Mena (contratenor), Euskadiko Orkestra Sinfonikoa, Enrico Onofri (director): Haendel: Obertura de Theodora HWV 68; extractos de Concerti Grossi op. 6 Nos. 4 y 8; Arias de “La Resurrección”, “Tolomeo” y “Rinaldo”. Entrada: 10€.
Seguimos de viernes con este espectacular fin de semana musical en Bilbao, más Händel, esta vez con la orquesta de Euskadi dirigida por un conocedor del angloalemán como es el italiano Onofri y el gran contratenor vitoriano Carlos Mena.
Primera buena impresión la formación al uso de la Euskadiko Orkestra Sinfonikoa con una sonoridad plenamente barroca, limpia, ajustada, y donde Daniel Oyarzábal estaba en el clave, mientras Enrico Onofri dirigía esta vez sin violín en un repertorio agradecido en su elección, desde la obertura Theodora HWV 68 que apuntaba muy buenas maneras hasta las distintas introducciones precediendo las intervenciones del esperado y aclamado Carlos Mena. Los extractos de los Concerti grossi op. 6 números 4 y 8 dejaron un buen sabor de boca para una orquesta bien seleccionado y armada en el repertorio barroco sin buscar historicismos, tan solo una ejecución perfecta de contrastes bien marcados en todo, como debemos esperar en estas obras aún con regusto italiano del gran Händel.
La gran sala del Euskalduna se rindió en la primera Piangete, si, piangete de La Resurrección HWV 47, hasta la final Venti turbini de Rinaldo HWV 7, momento espléndido el del contratenor vitoriano, dominador de un instrumento privilegiado lleno de sutilezas y colorido, potencia en todo el registro capaz de pianísimos con emisión prístina y una musicalidad que le permite cambiar de emociones según los roles sin perder nunca presencia. Onofri siempre pendiente de las intervenciones vocales, mantuvo a la orquesta vasca en el plano preciso y precioso, con intervenciones brillantes de la concertino y el antes citado clave de Oyarzábal. Aún hubo tiempo para una propina en francés y a capella que supongo trastocaría el siguiente concierto en la misma sala, siempre con la necesidad de vaciarla del todo antes del que vendría a las 21:15 horas, pero que puso la carne de gallina ante el gusto y claridad de emisión del contratenor llenando todos los rincones con esa emoción que Carlos Mena imprime en cada aria. Gran éxito de este mi segundo concierto del día antes de salir para volver a entrar sin apenas respiro.
Musika Música toma 1
10/03/2015
conciertos, coros, música Aarón Zapico, Andrew Tortise, conciertos, coros, El León de Oro, Forma Antiqva, Händel, Marco A. García de Paz, música, Raquel Lojendio 2 comentarios
Viernes 6 marzo 2015, 18:00 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Sala Príncipe Leopoldo: Raquel Lojendio (soprano), Andrew Tortise (tenor), Coro «El León de Oro» (Marco A. García de Paz, director), Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). Haendel: Oda para el día de Santa Cecilia HWV 76. Entrada: 8€.
Inicio del mayor espectáculo musical que podemos disfrutar durante un fin de semana en Bilbao, este año dedicado a Haendel y Bach, con presencia de músicos de mi tierra a los que siempre hay que seguir fuera de ella para pulsar públicos distintos y mostrar todo mi apoyo incondicional.
Tras encajar mi personal puzzle de ocho piezas, comenzamos el espectáculo con mis dos pasiones: leónigan de LDO que en esta obra del de Halle volvió a brillar cuerda por cuerda pese a no estar al completo y continuar el bien preparado relevo, en una obra con pocas pero precisas intervenciones cantadas en inglés, buena pronunciación y emisión global más que correcta: el cuarto número From harmony, con Andrew Tortise en The trumpet’s loud clangot y el gran coro con Raquel Lojendio As from the pow’r of sacred lays, volúmenes adecuados en todos con entradas no muy seguras pero sin desajustes dignos de mención.
Los dos solistas ya mencionados fueron idóneos para la Oda handeliana, el tenor inglés con color ideal para estas obras barrocas y la soprano canaria de timbre algo metálico en el agudo y sonoridad poderosa que le permite alcanzar toda la tesitura con bastante uniformidad. Cierto que las agilidades barrocas son siempre difíciles y las cinco arias exigentes en expresión, pero que Lojendio resolvió con seguridad pese a algunos apoyos más de estilo operístico que religioso.
De Forma Antiqva en formación mediana solamente elogios, desde la Obetura: Larghetto e staccato-Allegro-Minueto se mostraron convencidos, dominadores de un repertorio todos y cada uno de los músicos, con un continuo donde el tándem Zapico (trioba y laúd) más la «hermana» Verona y el órgano-clave de Silvia Márquez conforman el toque propio de la formación asturiana, los acompañados siempre redondeados con intervenciones solistas subrayando las partes vocales, momentos primorosos de cada uno de ellos, o el colorido de la Marcha donde las trompetas naturales sonaron virtuosas sin necesitar excesos dinámicos, además de una formación que adaptada a los distintos programas, siempre suena sin fisuras.
Al frente de todo un Aarón Zapico más cómodo con su formación que en los conjuntos, atento a los solistas más que al coro, pero resultando su visión de la Oda a Santa Cecilia realmente brillante, todo un trabajo de tiempo donde Haendel ocupa un lugar de honor. El público que casi llenaba la sala mediana del Euskalduna brindó una larga y merecida formación en este arranque de «maratón musika» llevando el nombre de Asturias a esta capital barroca del primer fin de semana de marzo.
Renacer en el museo
05/03/2015
Asturias, conciertos, música Alfred Fernández, conciertos, Francesco da Milano, Francesco Spinacino, Marco Dall'Aquila, música, música antigua Deja un comentario
Jueves 5 de marzo, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. II Ciclo de Música Antigua «Sonidos de la historia«. Alfred Fernández (laúd renacentista): Il Divino, Música para laúd de Francesco da Milano, Francesco Spinacino y Marco Dall’Aquila. Entrada gratuita.
La Joven Asociación de Musicología de Asturias ha puesto en marcha la segunda edición de su ciclo volviendo a dar en el clavo, al combinar masterclass, conferencias (en el Centro «La Lila») y conciertos, volviendo a un museo muy vivo donde además de pintura, arquitectura, escultura, también se llenó de poesía y música, con un aforo completo, incluso personas de pie, algo impensable pero que demuestra el tirón de una música no sólo para iniciados en una ciudad que respira arte por todas partes, una industria que sin subvenciones es capaz de mover capital humano, la cultura en el amplio sentido de la palabra y considerada como un bien irrenunciable. Mi primer aplauso para organizadores, colaboradores y público.
El programa del concierto, que dejo aquí encima escaneado, nos dejaba unas notas del propio instrumentista catalán explicando las obras a interpretar en un laúd de seis órdenes construido por Alfonso Marín (Amsterdam, 2011) basado en el modelo de Georg Gerle (Kunsthistorisches Museum Wien, c. 1580) que se comportó admirablemente. El lugar elegido podría despertar dudas pero la acústica para los espectadores, respondió y captamos toda la gama dinámica y tímbrica de una réplica de sonido más que suficiente para deleite e instrospección.
El orden de las obras y autores pergeñado por el músico no solo fue idóneo sino que entre ellos Alfred Fernández recitó con gran profesionalidad, dicción e intención, textos de la época con referencias musicales, caso de la «Oda a Salinas» o «Qué descansada vida» de Fray Luis de León e incluso de Garcilaso de la Vega, ilustraciones orales para unas partituras de música pura, modales, capaces de recordarnos la polifonía renacentista con su característico «tactus» y el virtuosismo o técnica para un instrumento noble sin el que no podríamos entender toda la evolución posterior. Todo un renacer musical que iluminó las artes plásticas y visuales con lírica llena de sonidos, interiores y espontáneos brotando de las seis cuerdas dobles con todo el sentido de la épica, la belleza o la contemplación.
Impresionante el silencio de los presentes, casi retiro místico en cada obra, nunca mejor la llamada «música callada» con las Siete fantasías de Milano, como perlas engarzadas, tres Ricercare de Spinacino, el primer laudista en imprimir su obra e incorporar el término «Recercare» al panorama musical, como escribe Alfred Fernández en las notas al programa ya citado, más otros dos de Dall’Aquila, pugna de estilos sin perder composturas, antes de volver al «duelo de Francescos», intimismo ayudado por la luz tenue en la sala, regocijo y viaje espiritual desde la cercanía sonora de unas cuerdas que cantaban y contaban historias venecianas antes de la vorágine barroca, La Serenissima más que nunca desde el magisterio del laúd en las manos del músico catalán.
La cita tiene día de la semana marcado, todos los jueves (menos el santo) hasta el 23 de abril, aniversario de Cervantes y Shakespeare, día del libro como compañero de unas músicas antiguas más actuales que nunca y renaciendo en el museo del Palacio de Velarde carbayón.
Compartir a cuatro manos
03/03/2015
Asturias, conciertos, educación, música, piano conciertos, Conservatorio de Mieres, Dúo Wanderer, Dvorak, Francisco Jaime Pantín, Grieg, Mª Teresa Pérez, música, Mozart, piano, Schubert 4 comentarios
Lunes 2 de marzo, 20:00 horas. Salón de Actos, Casa de la Música (Mieres). Dúo Wanderer (Francisco Jaime Pantín y Mª Teresa Pérez Hernández, piano a cuatro manos). Obras de Mozart, Schubert, Grieg y Dvorak.
Emulando el «grandonismo» y a la vista de la prensa regional, Oviedo es casi un barrio de Mieres (o viceversa), porque realmente hoy no hay distancias y es de agradecer cualquier oferta musical en la llamada área metropolitana de Asturias. Si el marco del concierto es el Conservatorio local, aún sin reconocer su nivel profesional por parte de la Consejería del ramo, ubicado en la llamada Casa de la Música, el público acude y llena la sala, como sucedió este primer lunes de marzo, contando además con dos profesores vinculados a este centro, al que tienen presente para sus actuaciones.
Y es que parecen volver los dúos de piano (aunque siempre están en los programas), funcionando bien en la versión a cuatro manos con repertorio propio o adaptaciones que en muchos casos suponen el primer acercamiento al mundo sinfónico, y es que las sonoridades logradas con estas obras es lo más parecido a una orquesta reducida. Interpretar estas partituras siempre comento que exigen de ambos pianistas mucho más que ensayo y renuncias, sacrificio del pensar en común, sentir lo mismo para alcanzar esa grandiosidad con veinte dedos y una sola idea. Si la convivencia es diaria está claro que hay mucho terreno ganado, pues damos por supuesto que la música corre por las venas de ambos, y en el caso del Dúo Wanderer respiran música por los cuatro costados.
Hay estudios sobre el efecto positivo que las obras de Mozart tienen en las embarazadas, por extensión a todo ser humano, y especialmente las obras a cuatro manos. El Andante con variaciones en sol mayor, k. 501 es un claro ejemplo de esta escritura original que necesita planteamientos diáfanos, claros, equilibrados en sonoridades y discurso presente, terapéutico podríamos decir. Así resultó cada variación, diálogos reales entre los registros agudos (a cargo de Maite Pérez) y los graves (con Paco Pantín), equilibrio equívoco en apariencias y entretejidos complejos desde la falsa simpleza del niño prodigio. Maravilloso ejercicio de solidaridad musical, de afectos y efectos, de compartir entre todos.
Schubert es la seña de identidad de este dúo asturcanario, y el Divertimento a la Húngara D. 818 otra joya del no siempre reconocido compositor vienés. Los tres movimientos son un catálogo melódico y armónico lleno de lirismo y virtuosismo, diversión y contrastes rítmicos, evoluciones y revoluciones románticas, con la mirada puesta en los aires de moda en aquellos tiempos dentro de las veladas conocidas como schubertiadas, los salones humanistas que tenían la música como epicentro. El Andante parece preparar el ambiente, calentando más que dedos en un derroche sonoro que se agranda en la Marcha, sabor zíngaro más que húngaro, rico en cada detalle, poderío en la zona izquierda, brillo en la derecha, balanza sin fiel y fiel al espíritu del bueno de Franz, antes de rematar con un Allegretto característico de toda su obra camerística como laboratorio de pruebas sinfónicas, la posibilidad que cuatro manos en el piano tienen como microcosmos que la pareja Wanderer entienden como uno, el Schubert como música pura.
La segunda parte supuso avanzar en tiempo y estilo con una transcripción del conocido «Peer Gynt», Suite nº 1 op. 46 (Grieg), reducción orquestal con claro sabor pianístico de sonoridades cercanas a Tchaikovsky, exploración sonora y técnica donde una mano deja paso a dos (no necesariamente del mismo intérprete pero sí una sola interpretación) enlazando las cuatro danzas con el misterio numérico del propio número cuatro, dos veces dos, ánimos y espíritus, Por la mañana de sonidos casi intuidos y delicados, La muerte de Ase oscura y diseñada en el grave con toques de esperanza, la Danza de Anitra de nuevo con aires rusos de ballet sinfónico en cuatro manos, y En el palacio del rey de la montaña como conclusión en una vorágine dinámica y rítmica de menos a más, un contínuo crescendo y acelerando que exige total entendimiento entre los dos intérpretes para encajar a la perfección una obra compleja.
Las Danzas eslavas (Dvorak) como bien me explicaron los maestros, son originales para cuatro manos antes de la versión orquestal más conocida, por lo que la riqueza del piano es fácil elevarla al mundo sinfónico, pero la dificultad que entrañan es enorme y nuevamente muy exigente para el mundo camerístico en su versión plena de paleta sonora. Primero escuchamos las Danzas eslavas op. 46 nº 6 y nº 8, reparto de papeles protagonistas con momentos de lucimiento en ambos pianistas, matices ricos, tiempos donde el rubato siempre debe estar controlado, aires de la Europa oriental sentidos más cercanos con la música, y después las aún más comprometidas Op. 72 nº 2 y nº 7, toda una lección magistral del Dúo Wanderer, exprimiendo el instrumento al máximo desde un virtuosismo necesario para volcar un universo más allá del sentimiento popular, cortando la respiración de un público siempre atento, muchos estudiantes que asistían a esta clase extraordinaria donde el aprendizaje no tiene precio.
El orgullo de compartir música entre intérpretes y público se amplió con las dos propinas del Moderato y Allegro comodo (segunda y cuarta de las Cinco danzas Españolas op. 12 de Moszkowski, originales para dueto de piano aunque también orquestadas posteriormente), para seguir jugando con el dos en una nueva muestra de generosidad por parte del matrimonio pianístico tras recibir un ramo de flores y un detalle de manos de dos alumnos, siempre agradecidos de que Paco y Maite sigan teniendo a Mieres en sus agendas.
Geografías musicales
28/02/2015
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, conciertos, Copland, Debussy, Lalo, Leticia Moreno, música, OSPA, Rossen Milanov, Thomas Adès 1 comentario
Viernes 27 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: concierto de Abono 6, OSPA, Leticia Moreno (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Thomas Adès, Lalo, Copland y Debussy.
Escribe David Moro Vallina en sus notas al programa, enlazadas en los compositores, que también remarcó en la conferencia previa al concierto, que «la música es un medio eficaz para movilizar sentimientos de nostalgia y establecer asociaciones dentro de una comunidad debido a su gran poder connotativo», pudiendo añadir de mi cosecha el enorme poder evocador de la música, no ya de sabores (que en ésto también se está trabajando) o sensaciones individuales, sino también de imágenes, incluso de cierta memoria colectiva que nos lleva a asociar músicas con películas, series, e incluso viajes, geografía personal de cada uno intrínseca a la de los intérpretes y compositores, por lo que este último concierto de febrero de la OSPA estaba lleno de «exotismos y evocaciones«.
Volvía a sonar la música de Adès (1971) en el auditorio por nuestra orquesta, esta vez con la obertura de su ópera La tempestad (2004), nuevamente plagado de música para imágenes, derroche instrumental para una formación reforzada para este concierto, breve y apostando por el despliegue máximo dando protagonismo al metal y la cuerda con una percusión abundante que no suele fallar en las obras actuales merced al colorido que aportan a las obras. Milanov se encuentra cómodo en estos repertorios y se le nota, casi diría que es transparente por no usar la expresión coloquial de «tenerle calado», y permitió a sus músicos explayarse a gusto en todas las dinámicas de la partitura aunque con poca exigencia por su parte.
La madrileña Leticia Moreno se presentaba en la capital con un violín Nicola Gagliano de 1762 para interpretar la llamada Sinfonía española, op. 21 de Lalo, dada a conocer por el virtuoso navarro Pablo Sarasate y que no suele faltar en el repertorio de todo gran violinista, aunque musicalmente no sea de los conciertos grandes que la española interpreta. Además de la visión que un francés tiene de la llamada música española, y Leticia la conoce de primera mano, lo cierto es que los cinco movimientos repasan ritmos y aires cercanos desde una orquestación rica que por momentos tapaba el sonido del violín de Leticia Moreno, algo corto en volumen pero siempre melódicamente bien llevado, escritura no muy difícil que debe compensarse con una interpretación sentida como hizo Leticia Moreno, fichaje español del sello amarillo. Milanov concertó correcto aunque sin mimar mucho las dinámicas, algo grandes para una obra al servicio del solista. Ritmos de habanera para el Allegro ma no troppo, el Intermezzo y más lenta para el Andante, aires de jota en el Scherzo y el llamado «punto de la Habana» para el Final son guiños geográficos más allá de nuestra piel de toro que musicalmente sonaron universales y de menos a más, destacando la energía última tras unos movimientos algo neutros a cargo de todos y donde la solista pudo destacar algo más.
Al menos disfrutamos con su regalo de la Nana de Falla en arreglo con el arpa de Miriam del Río, dejándonos nuevamente la idea de una violinista con mucho gusto sin necesidad de alardes virtuosísticos, primando la musicalidad sobre la técnica «pirotécnica», algo que se agradece por escasear. Las mujeres están dominando también el mundo de los solistas, y dos semanas lo corroboraron en Oviedo, geografías de ambos lados del Atlántico con el puente musical universal.
Segundas partes pueden ser buenas en contra del dicho, y esta vez Milanov se enfrentaba a dos obras que conoce, domina y le gustan, mostrando su mejor cara y estilo desde el podio, marcando y mandando, cuando la batuta se mueve precisa y la izquierda sonsaca los pasajes importantes, conocedor de la enorme calidad de todos los solistas y secciones, destacando esta vez las cuatro trompas, totalmente nuevas, que brillaron con luz propia ensambladas en el conjunto como si llevasen todo el tiempo con sus compañeros.
La suite Primavera Apalache (Copland) evoca el oeste americano por utilizar esas músicas asociadas a las imágenes de nuestro recuerdo, la colonización, el paisaje y hasta el color que Aaron Copland vuelca en esta partitura también coreografiada por la gran Marta Graham. El titular búlgaro llevó una versión llena de luz y detalles en cada pasaje, con la colaboración y entrega de los músicos de la OSPA, etapas de un viaje compartido, excelencias de los solistas subrayando las melodías, ambientando un largo itinerario que alcanza su destino en el conocido tema Simple Gifts que conquistó tierras y público en esta hermosa y lograda composición del primer músico estadounidense tildado de nacionalista al que el poder de la imagen ha hecho todo un clásico.
Y el color orquestal, como los estilos pictóricos, pasaba del naturalismo al llamado impresionismo, aunque Debussy es mucho más y El mar (mejor La mer en femenino) casi pareció pintado por Darío Regoyos en el sentido de hacerlo más Cantábrico que nunca. Los tres movimientos resultaron un viaje por estados meteorológicos cercanos donde la música olía a salitre, casi nos salpicaba y llevaba a feliz puerto asturiano. Milanov fue el capitán seguro con una tripulación de primera, Del alba al mediodía en el mar presentaba un mar tranquilamente traicionero, en esa calma de grises que amenaza los Juegos de olas siguientes, resacas oceánicas con intervenciones solistas todas destacables, una buena, la siguiente mejor, empaste ideal para el «sonido OSPA» característico que no siempre sale a flote, para lograr el Diálogo del viento y el mar, de música e intérpretes, director y orquesta remando en la misma dirección, un Debussy magistral pintor de sonidos que la gran paleta y pincel seguro hicieron más nuestro aún. El «capitán» búlgaro seguirá al mando rumbo a Bilbao antes de cambiar de barco para dejar nuestro navío asturiano al mando del «sobrecargo» Lockington, quien nos traerá nuevas singladuras también con mujeres solistas y de casa. Espero seguir con el cuaderno de bitácora relatando las distintas etapas.
Círculo virtuoso
25/02/2015
Asturias, clásica, conciertos, música Auditorio de Oviedo, Boccherini, conciertos, Los Virtuosos de Moscú, música, Piazzolla, Rossini, Shostakovich, Vivaldi, Vladimir Spivakov 2 comentarios
Martes 24 de febrero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Orquesta de Cámara «Virtuosos de Moscú», Vladímir Spivakov (violín y dirección). Obras de Vivaldi, Rossini, Boccherini, Shostakovich y Piazzolla.
Como si de un tango ampliado a «veinte (más cinco) años no son nada», aún recordamos aquel concierto de los Virtuosos de Moscú con Spivakov, con la posterior oferta asturiana de crear una escuela de élite donde ellos fueran parte fundamental de la plantilla, idea que no fructificó por distintas causas, algunas miopías que hoy ya son ceguera, promesas incumplidas y un tren que sólo pasa una vez. Al menos nos consolamos porque una parte de ellos se fue incorporando a la vida musical asturiana y desde Oviedo seguían con Spivakov dando conciertos por todo el mundo de 1990 a 1999. Unos se quedaron, forman y son parte de nuestra propia historia, trabajan aquí, tienen incluso nietos asturianos, y hasta nos dejaron en esta Asturias. Todos, incluyendo a Spivy, siguen agradecidos a esta tierra, como dijo el propio maestro en las propinas, pero el agradecimiento debe ser nuestro, SIEMPRE.
Encargarme de las notas al programa no es sino una mínima muestra de gratitud hacia una formación histórica que volvía a casa renovada, nuevamente virtuosos, jóvenes, con Sergey Bezrodny y Grigiry Kovalevsky aún entre los originales, igualmente perfectos, al servicio de la música, y rodeados de muchos compatriotas tan asturianos como el que más que no quisieron faltar a esta cita entre amigos, como cerrando el círculo. Alguna bandera de Ucrania a la puerta como protesta al conflicto por la tierra, por las ideas, por los desencuentros… el mundo siempre en guerra, pero nada empañó la fiesta musical de este último martes de febrero que continuará en esta gira donde Oviedo y Asturias tenía que estar por bien nacidos.
El periódico La Nueva España recordaba parte de esta historia incompleta pero las músicas elegidas por los artistas rusos fueron las encargadas de poner punto y final a un idilio recordado como los amores adolescentes que mantenemos vivos en el tiempo.
Comenzarían en Italia pasando por Rusia y terminarían en Argentina, nuevo cierre del círculo que yo quise llamar «Un virtuoso viaje musical».
El Concierto para violín en mi menor, RV 273 (Vivaldi) nos permitía recordar al virtuoso Spivakov con el violín y dirigiendo su orquesta de cámara, tres movimientos sin apenas espera entre ellos con el acompañamiento molesto de una tos persistente y femenina que no logró descentrar a los rusos. Maravilloso como siempre el sonido no ya del solista sino de una formación de cuerda y clave capaz de asombrar por sus dinámicas y limpieza, auténtico derroche barroco en el Allegro molto, el terciopelo del Largo que Spivakov regaló en cada nota, y el Allegro cerrando con todos los componentes que han hecho del «cura pelirrojo» un auténtico creador de la forma por excelencia.
La adolescente Sonata nº 3 en do mayor (Rossini) ya apuntaba formas para estar compuesta con sólo 12 años, aunque el arreglo para la orquesta rusa la engrandece todavía más. El Allegro parece un adelanto de algunas oberturas operísticas, el Andante como si de posibles arias fuera a reutilizar, y el Moderato un auténtico concertante, sabor clásico con recuerdos barrocos siempre en el subconsciente de un fenómeno de la melodía que renegaría de este «juguete» hoy de museo vivo en cuanto a música se refiere, y que en manos del contrabajo «más virtuoso» pareció sacar del baúl estas reliquias de crío.
Más completa resulta la Sinfonía op. 12 nº 4 en re menor «La casa del diavolo» (Boccherini), incorporándose cuatro vientos a dos (trompas y oboes) para seguir asombrando con la sonoridad de una orquesta de cámara capaz de pasajes vertiginosos claros y potentes, como en el Allegro sostenuto-Allegro assai, de jugar con ataques y contrastes en el Andantino con moto y rematar la faena con un Andante sotenuto – Allegro con moto tan plenos que el italiano afincado en la corte madrileña sonó realmente grande, de nuevo con un Spivakov que no da respiro a sus músicos, atentos a todos los detalles y auténtico grupo que suena cada sección como uno.
Abandonamos Italia en la segunda parte para un viaje profundo a la Rusia que corre por las venas de esta formación renovada que continúa fielmente las características originales, un Shostakovich como sólo ellos son capaces de interpretar, primero el Preludio y Scherzo op. 48, el proyecto fin de carrera de un joven Dmitri que no sólo apuntaba maneras sino que revolucionaría la escritura camerística y sinfónica desde el primer momento, aunque las revoluciones musicales y pacíficas no parecían encajar en las políticas. Pero el lenguaje no se pierde aunque te obliguen a callar, siempre queda la escritura para la posteridad y los intérpretes que transmiten lo que otros ocultaron. La Elegía y Polka pusieron tristeza y después ironía como arma crítica, la angustia y el humor como denuncia con una música brillante, potente en los arcos virtuosos, muestrario de recursos sonoros con unos pizzicatti redondos y presentes unidos a fraseos impensables.
De Las Cuatro estaciones porteñas (Piazzolla) no sólo hay mucho que escribir antes sino también después, puesto que no fue Spivakov quien las interpretó sino cuatro atriles jóvenes tutelados desde el podio y arropados por el resto de virtuosos en unos arreglos de Alexey Strelnikov realmente impactantes, por momentos trampantojo sonoro de bandoneón imposible y pasando del Invierno porteño de un «jazzero» en los segundos Denis Shulgin al Verano académico de Lev Iomdin, otro talento salido de los primeros violines, de la Primavera inquietante de su compañero Georgy Tsay (el de rasgos achinados) hasta el Otoño maduro desde lo juvenil de Evgeny Stembolskly sin perder unidad pero aportando cada uno su personal sonoridad solista bien guiados por el maestro y director maravillando en cada gesto, como llevándoles de la mano a todos.
La propina correría a cargo del propio Spivakov al violín para continuar con Piazzolla y su Café 1930, de «La historia del tango», ritmo del barrio de Bocca asimilado sin acento ruso a categoría virtuosa concluyendo la lección magistral a sus aventajados alumnos, sonidos y sentido de virtuoso capaz de hacer clásico univeresal al argentino.
La música rumana sería la segunda propina con unas danzas increíbles ¿de Bartok? también con los el viento haciendo más orquestal unas melodías populares, en velocidades de vértigo, acelerandos, glissandos y notas siempre precisas, círculo virtuoso que devuelve el folklore a la categoría de sinfónico, y las gracias antes de un asombroso arreglo del Libertango porque el viaje y el círculo tenía que cerrarse con Piazzolla, con todo el auditorio en pie en un homenaje a unos virtuosos que se saben queridos en Asturias.









































































