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Adiós verano, adiós

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Aunque climatológicamente hablando el verano finaliza por San Mateo, las vacaciones han llegado a su fin y el nuevo curso 2016-17 arranca todavía con ecos del anterior, que no está tan lejos pero parece un mundo. Musicalmente la temporada arranca este domingo con la Ópera en Oviedo y la OSPA en el foso, como es costumbre local, esta vez con el estreno en España de Mazepa (Tchaikovski), y que intentaremos contar desde aquí en la medida del bolsillo, pero sobre todo tras una escapada suiza donde hubo mucho y bueno.

Como escribía mi querido danés «Viajar es vivir» y sigue siendo de mis «adagios» que esta vez me llevaron a zonas de Suiza aún desconocidas. Si hubiera que resumir este periplo de agosto bien cabrían palabras como verde, agua, montañas, bicicletas, y por supuesto quesos, salchichas, cerveza más multiculturalidad, no mucha emigración y ésta con trabajadores en un país con moneda propia (el franco suizo) y una historia reciente de neutralidad con secretos bancarios que parecen ir rompiéndose.

Sin música en vivo suelo visitar iglesias con sus órganos, edificios emblemáticos, museos, y por supuesto disfrutar de la gastronomía autóctona además de callejear, unas veces sin rumbo fijo, mezclándose con el paisaje y el paisanaje, otras buscando sitios concretos, pero con el factor sorpresa siempre presente.

La primera parada en Zürich donde estuvimos en un apartamento a un paso de la estación de tren y al lado de uno de los mejores miradores de la zona vieja (Lindenhof), nos dejó imágenes impensables como las de su universidad, la más grande del país con un edificio que además de albergar distintos museos, tiene réplicas de griegas, romanas o egipcias, paseos por el lago, caminatas varias que nos llevaron incluso a la sede de Google, o una buena raclette en el Hotel Adler, y por supuesto dos edificios que son santo y seña de la actividad musical:

La ópera y el Tonhalle, uno a cada lado del lago y verdaderos templos de la lírica y la música sinfónica. La primera no tenía funciones esos días y la segunda acogía un encuentro de música folklórica, pero pudiendo admirar un edificio ampliado que combina épocas sin problemas.

Una de las calles que circundan la Tonhalle lleva el nombre del genio de Bonn, y no pude resistir la tentación de la foto con la placa.

De las iglesias me quedo con la reformista de Fraumünster con vidrieras de Chagall o Augusto Giacometti, tío del más famoso Alberto, y la protestante de Grossmünster, todas con conciertos de órgano programados, aunque no coincidieron con mis fechas. Tampoco está mal pasear por las zonas comerciales que albergan todas las firmas famosas de relojes, ropa o automóviles.

La segunda parada sería St. Gallen, para los músicos una parte de la historia con su famosa abadía originaria de la primera escritura musical neumática, hoy solo facsímiles, también de la cerveza, pero sobre todo con el encanto de una biblioteca barroca, y por supuesto su catedral en cuyo órgano había estado unos días antes el guipuzcoano Esteban Elizondo dentro de un ciclo habitual en cualquier templo que se precie, y la catedral barroca es parte de las giras de los mejores organistas mundiales.

Pero el verdadero «campanazo» resultó asistir en vivo a un estreno mundial el 21 de agosto desde la atalaya privilegiada del hospital y residencia geriátrica (hay que ir tomando nota), puede que acústicamente no tan bien ubicado como los miles de «peregrinos» que ocupaban las montañas cercanas, un original proyecto titulado Zusammenklang, capaz de unir tradición al hacer sonar las 118 campanas de las 29 iglesiss de la zona, con tecnología mediante dispositivos móviles que hicieron posible ejecutar la composición de la rusa Natalija Marchenkova, afincada en esta bella ciudad, y el compositor local Karl Schimke, tuba de la sinfónica de St. Gallen.

Tuve el humor de grabar el audio, al menos para recordar una experiencia única y que conociendo la complejidad del mecanismo así como todo el proyecto, solo puede darme una idea aproximada de lo que realmente sucedió. Presumir de haber estado «in situ» no tiene precio, y más por el sitio que respiraba paz y sosiego.

St. Gallen tiene unos alrededores como la reserva natural del «Wildpark Peter und Paul» desde donde se puede divisar el Lago Constanza, familias al completo y animales en cautividad, escapada cercana al centro, y un poco más lejos llegar a la zona de Ebenalp, tomar un teleférico y realizar la actividad por antonomasia de los suizos, caminar por unas montañas cuidadas y listas para ser fotografiadas como si de una postal se tratase, incluso visitando cuevas prehistóricas. Uno de los restaurantes más curiosos supone una caminata que hace pensar en los trabajadores del mismo y en llenar sus neveras, no solo de su cerveza típica, pero la experiencia es inolvidable.

La ciudad de Chur (o Coira), considerada como la más antigua de los Alpes, es acogedora, coqueta, diría que casi familiar, tan cercana como el piso que nos acogió en algo tan habitual como los Bed and Breakfast, y la Catedral de Santa María de la Asunción en lo alto, que alberga una cripta que me recordó nuestra Cámara Santa asturiana por el apostolado, así como un moderno órgano.

Pero el protagonista resultó el Bündner Kunstmuseum y su ampliación adyacente, un hermoso edificio recién estrenado el pasado mes de junio a cargo del estudio de los arquitectos Barozzi – Veiga, un tándem ítalo-gallego en Barcelona que también está ligado al danés Andersen en su Odense natal y al centro de arte gijonés, con una belleza única en su diseño, albergando una exposición de la familia Giacometti, por supuesto también Alberto, «Solo Walks» así como otros artistas ligados a esta ciudad de Chur, perfecta conjunción en línea con las obras que exhibe.

Siguiendo por esta zona la mayor parada estuvo en Sankt Moritz como cuartel general, aunque también nos llevaron esos trenes orgullo helvético hasta Tirano (Italia). La subida alpina en el más lento del mundo es impresionante: glaciares, ríos, lagos, cientos de tonos de verde a bordo del panorámico Bernina Express en un viaje de cuatro horas que merece la pena hacerse.

Y el fin del trayecto en suelo lombardo donde se paga en euros, hablamos italiano con los Alpes de otro color y sabor, visitando el Santuario della Madonna de Tirano, basílica construida en el siglo XVI en perfecto estado de conservación, con un órgano barroco del que no pude disfrutar su sonido pero sí su arquitectura.

De St. Moritz habría mucho para contar además de lo ya sabido en tiempos de la decaída jet-set, especialmente en invierno aunque el verano es radiante y con la suerte de unos días de sol increíbles. Un gran lago para caminar a cualquier hora del día bordeándolo, tiendas de lujo, terrazas y restaurantes comidas de todo el mundo, como los conciertos, variados desde la Casa de Cultura local donde el viola da gamba Paolo Pandolfo estaba impartiendo un curso con recital final de sus alumnos, al que no pude asistir, hasta el que ofrecía a precios estratosféricos el hotel más lujoso de la ciudad alpina con el reclamo de un Mozart que nunca falla.

Dicen que Asturias es la pequeña Suiza y algo hay de cierto: vacas, leche o mantequilla, también maíz, manzanas, solas o en zumo, aunque la asignatura pendiente de nuestra tierra siga siendo además de la poca publicidad, la limpieza. Un placer caminar por cualquier rincón y no encontrarte suciedad pero tampoco policía. La educación como la cultura se puede legislar, pero básicamente se hereda y refleja la sociedad e idiosincrasia que no se puede copiar ni comprar porque se hereda, supongo que como el dinero. Desconozco si la envidia es sana, y si como escribía Andersen «At rejse er at leve«, regresar nos hace añorar lo que no tenemos.

Esta región de Engadin tiene lagos, sendas y pueblos cercanos bien comunicados por autobuses, como Sils Maria y Silvaplana, la primera alberga la Casa Museo de Nietzsche, así como hoteles para celebridades que también ofertan conciertos puntualmente (alguno incluso grabado por sus vecinos de Winter and Winter), visitas obligadas antes de regresar a la capital disfrutando siempre de un paisaje de postal.

También se celebraba esos días el CSI (Concurso Internacional de Saltos) donde no encontré famosos entre el público pero tampoco jinetes o amazonas de prensa rosa, si bien al lado de la zona equina, en el llamado St. Moritz Bad, está la iglesia católica de St. Karl, con unas modernas vidrieras y ampliación de 1991, más el necesario y obligado órgano que tampoco pude escuchar, pero la querencia por el rey de los instrumentos sigue allá donde viajo.

St. Moritz nos regalaba cada día al despertarnos una vista única, la última antes de abandonar nuestro particular refugio, la comparto aquí.

La vuelta a Kloten, al lado del aeropuerto, sirvió para saborear las últimas cervezas suizas (es más cara el agua ¡quién lo diría! y no digamos la «frei» sin alcohol) y una comida italiana que parece estar presente como el idioma en una Suiza algo cara para nuestros sueldos, creo que también para los trabajadores (que cobran poco más que en España), con paisajes también para saborear, caminar, paraíso ciclista y última noche antes del retorno a la normalidad. Imposible plasmar tanto aunque el diario de viaje, siempre a mano, ocuparía mucho más espacio.
Septiembre me devolverá a la música, en vivo o grabada, pues también tiene su hueco en el blog y lo seguiremos contando tras el necesario descanso estival. Este curso 2016-17 arranca con dudas pero la esperanza nunca podemos perderla…

P. D.: A petición de Alonzo V. de Artsy.net en N.Y. dejo aquí el link a las obras de Alberto Giacometti disponibles en su web con otros enlaces interesantes incluso para educación.

Balances y avances

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Ya finalizando julio, donde todavía queda mucha música, y antes de «cerrar» por vacaciones, me gustaría hacer un balance rápido de la temporada que finaliza, siempre muy rica en Oviedo donde somos privilegiados de contar con una oferta de primera en cuanto a cantidad y calidad.
Quiero comenzar comentando la celebración de las Bodas de Plata de «nuestra» OSPA, aunque sus orígenes, como así se recordó en el último concierto, sean republicanos y todavía haya algunos maestros vivos de unos orígenes que han mantenido una orquesta histórica en nuestro Principado. Como viene siendo «norma» se ha optado, como la mayoría de orquestas españolas,  por una programación que aúna repertorios «imprescindibles» para público y músicos, con obras menos habituales donde no faltaron los estrenos. Igual que en botica o en grandes almacenes, hubo de todo, si bien lo nuevo al carecer de referencias en nuestro recuerdo o memoria auditiva, hace más difícil juzgar las interpretaciones. Me preocupa la poca asistencia en el auditorio incluso de abonados habituales, desconociendo las razones, aunque pueda intuirlas.

El titular, que tampoco dirigió muchos programas, ha ido desencantándonos a muchos y de algunos desaguisados mejor no hablar porque ya está reflejado en su momento. Me quedo con la apuesta que ha supuesto Link Up, cuatro años y preparando el quinto, en cuanto a movilizar a más de veinte mil escolares asturianos para hacer música juntos, labor didáctica y de futuro que no podemos perder si deseamos un siglo XXI con nuevo público que entienda y disfrute de la música en general y la sinfónica en particular. De los 16 conciertos de abono en la capital, parece haberse aparcado la idea gastronómica y pediría más publicidad para las conferencias en colaboración con la Universidad de Oviedo por lo que suponen de acercamiento al concierto posterior, mucho más que las notas al programa (este curso se han recuperado las revistas que siguen siendo necesarias aunque los costes aumenten el siempre ajustado presupuesto). Se ha mantenido al maestro Lockington de principal director invitado así como otras batutas conocidas con resultados desiguales, a los que sumar una larga lista de solistas invitados donde no han faltado los primeros atriles de la OSPA, apostando por los de casa que no desmerecen nunca. No quiero olvidarme de la aportación a la temporada de ópera que pese a privarnos como abonados de una continuidad en la temporada, es la «financiación asturiana» a la segunda temporada más antigua de España y pone el nivel alto en un foso compartido con la OFil.

Del ciclo Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» globalmente todo un éxito en cantidad y calidad, 19 conciertos más el de Lang Lang fuera de abono, apostando sobre seguro con figuras que aseguran llenos frente a otros que «equilibran» una oferta que supone no ya un atractivo cultural de primera sino enriquecer nuestro «Paraíso Natural» y generar un tejido económico que aún debe explorarse más a fondo. La Oviedo Filarmonía, además de su participación en las temporadas de ópera y zarzuela, supone el ropaje ideal para cantantes y solistas que van conociendo la madurez y flexibilidad de una orquesta originariamente «de foso» pero creciendo con los años, aunque nuevamente la titularidad parezca distanciarse de lo que cualquier melómano desea para una orquesta como la ovetense.

Tanto la temporada de ópera como la de zarzuela han ido ganando públicos jóvenes, espantando a los «conservadores» que desean figuras mundiales, con las que no podría mantenerse el actual nivel, apostando también por repartos «noveles» que también sirven de aprendizaje con las voces principales aunque siempre echamos de menos algunas, siendo algo preocupante constatar cierta continuidad en algunos de los elegidos que no van parejos a la «calidad» esperada, echando de menos otras que parecen olvidadas para las temporadas carbayonas cuando no desaparecidas, mientras algunas hacen dobletes en el Campoamor.

De los gestores supongo que daría para mucho, algo como con el fútbol y el seleccionador, pero intuyo que cierta «comodidad» da la impresión de evitar buscar, optando por castings cerrados donde hay de todo. Como subida al carro que en cambio ha resultado muy positiva, en este caso con el CNDM el ciclo «Primavera Barroca» plenamente asentado y con público fiel además del joven al que esta música parece llegarle mejor que la sinfónica, con un avance para 2017 que promete mantener alto el listón, sin dejarme en el tintero el Ciclo de Música Sacra «Maestro De La Roza» que llena Noviembre de músicas e intérpretes singulares y este otoño llegará a su décima edición, todo un hito que demuestra el trabajo bien hecho con mucho amor por la música a pesar del poco dinero con que cuentan, pero el público se ha volcado y «algo tendrá el agua cuando la bendicen«.

De la Temporada 2016-17 ya conocemos fechas, intérpretes y autores, comenzando por la OSPA (que estará en el FIS el próximo 1 de agosto), arrancando el 14 de octubre con 15 conciertos de abono que traerán nuevas batutas además de las conocidas como Bayl, Rasilainen, Rubén Gimeno, J. R. Encinar, Víctor Pablo Pérez que es casi de casa, junto a Oliver Díaz o Pablo González (que estrena la figura de colaborador artístico) y solistas de casa como Andreas Weisgerber, Maximilian von Pfeil o Juan Barahona, además de Leticia Moreno, Jesús Reina o Ning Feng, más los «aportados» por directores que trabajan con otras formaciones y nos «descubren» figuras que triunfan en otros escenarios, también al otro lado del charco, nuevamente con repertorios equilibrando novedades y tradición, destacando los compositores españoles Jesús Torres, Marcos Fernández y Consuelo Díez junto a Mason Bates en contraposición a la interpretación de la novena sinfonía del avilesino Ramón de Garay (1761-1823), un clásico que en La Villa del Adelantado llevan años recuperando.

Mención especial para los 20 Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» que harán volver a Oviedo los grandes Sokolov, Volodos, Pogorelich además del «debut» de Martha Arguerich en la capital junto al último triunfador de Santander, Juan Pérez Floristán, además de «las mezzos divas» Bartoli y Di Donato, también conocidas en Oviedo, sin perder de vista los «fichajes» de Bryan Terfel y Piotr Beczala con la OFil, así como Nathalie Stutzman en la batuta… porque 125 años del Campoamor no podían olvidarse de las figuras actuales aunque sean en recital, sin olvidarnos de formaciones y solistas de primera (Akademie für Alte Musik de Berlín, Orfeus Chamber Orchestra con Alisa Weilerstein, Renaud Capuçón o el nuevo espectáculo de Daniel Hope, así como el Cuarteto Brodsky con la Sinfónica de Guanajuato) que traerán a Oviedo melómanos llegados de todas partes.

Y es que la temporada del coliseo carbayón sigue su línea, ópera y zarzuela con las dos orquestas en foso y dos coros solventes como el propio de la ópera (con Elena Mitrevska de nueva directora) más la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Aún no conozco el próximo festival lírico, recién finalizado el actual pero sí la LIXX Temporada, con un estreno nacional, Mazepa de Tchaikovsky combinado con los «imperdibles» Mozart, Verdi, Bellini y Gounod, volviendo a los viernes jóvenes donde los repartos de «cover» siempre preparados para cubrir bajas inesperadas, tienen su protagonismo. Los años anteriores he intentado no perdérmelos por el aire fresco y calidad que los «primeros repartos» no siempre tuvieron. Gijón se ha sumado a la oferta y esperemos continúen las entradas de última hora ¡a 15€! y las proyecciones en pantalla gigante que están llevando la lírica a lugares y públicos que probando seguro repiten en vivo, algo constatable por quien suscribe.

También haremos escapadas puntuales como a la vecina y cercana León donde el órgano Klais de «la Pulchra» seguirá sonando muchos jueves antes del sabatino vermut madrileño, además de conciertos gratuitos donde el pago es el peaje del Huerna y la cola obligada, pero están a poco más de una hora, así como la fiesta del Euskalduna bilbaino. Continuaré jugando todas las semanas a la Primitiva porque mi ilusión es viajar con la disculpa de la música, aunque con ella podamos hacerlo sin movernos de casa.

Seguimos con gobierno en funciones y hay dudas sobre la magnitud de los «obligados» recortes donde la cultura seguida o unida a la educación parecen estar en primera línea de fuego, así que viendo el curso que se avecina, toquemos madera y digamos aquello de «que me quede como estoy». Mientras tanto, a disfrutar de agosto y hasta la próxima…

Ascenso de la viola de Gestido

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Jueves 21 de julio, 20:00 horas. Oviedo, Claustro del Museo Arqueológico: Festival de Verano: Cristina Gestido (viola), Gala Pérez (violín), Ana Nebot (soprano), Luis Parés (piano). Obras de Mozart, Weber, Brahms y Piazzolla. Entrada libre.

En una reciente entrevista para el diario El Mundo, la navarra Isabel Villanueva decía que «a la viola le falta un Paganini o un Paco de Lucía» reivindicando su instrumento y citando referentes del violín o la guitarra flamenca. Cristina Gestido (Oviedo, 1983) toca la viola, un instrumento maduro que parece un violín grande, curiosamente el más humano (aunque «su hermano chelo» se haya apoderado de esa expresión) pero también la guitarra eléctrica además de una reconocida cantautora, siendo más famosa para algunos como la única española en la orquesta que acompañó a Sting o en su vertiente «rockera» en vez de un larguísimo currículo donde Londres sigue siendo su ciudad habitual desde hace más de una década tras un breve paso por nuestra OSPA. Seguimos exportando talento aunque el «Brexit» hará perder mucho capital humano de calidad.

La propia Gestido reconocía hace poco en el digital La Voz de Asturias: «me salgo un poco de la norma de la clásica y un poco de la del rock«, aunque en este nuevo concierto del festival del estío carbayón optó por la primera, rodeándose de amistades para abordar un programa variado y espléndido en el doble sentido de compartir, la escena y la excelencia por las interpretaciones, siendo la anfitriona en esta visita a casa para reencontrarse con compañeros y lugares que la música hace comunes y duraderos.

La violinista Gala Pérez Iñesta (Burgos, 1982) titulada en Oviedo y tan internacional como Gestido, es otra buscadora de nuevos caminos con el Trío Pérez Iñesta, fundado allá por 2002 en Palma de Mallorca y desde 2012 cuarteto con el chelista leonés Luis Zorita, otro músico emigrante e igualmente ligado a Asturias. Y es que la burgalesa no podía faltar a este encuentro con nada mejor que Mozart para hablar un mismo idioma: el Dúo para violín y viola en sol mayor nº1, K. 423, mano a mano puramente vienés de «dos hermanas» que en los tres movimientos (Allegro, Adagio, Rondó: Allegro) parecían comentar historias y experiencias con total naturalidad, sin quitarse la palabra, alternando protagonismo en un diálogo sin más disculpa que la propia música, enorme y exclusiva del austriaco universal, mínimo esfuerzo aparente y máxima entrega de dos amigas, la aguda y la grave como una sola en momentos indescriptibles y sin más compañía.

Ovetense que ejerce de ello, luchadora y con música en vena como la propia capital asturiana, la soprano Ana Nebot compagina docencia y escena, trabajo permanente, viajera con parada «obligada» en París antes de volver a la tierrina, pero sobre todo puro amor por la ópera, a la que pone la sinceridad que dice le falta, desde el programa de la televisión autonómica «Manos a la ópera» traído este jueves en formato reducido y en vivo con el piano de Luis Parés, un ítalo venezolano también de paso por Londres, solvente, seguro, muy reclamado como acompañante y con la propia Gestido a la viola, para contar y cantar Einst träume meiner sel’gen Base, el aria de Ágata perteneciente a «El cazador furtivo» (considerada la primera ópera romántica) de Carl Maria von Weber, registro y color ideal para nuestra cantante en un alemán perfecto, con detalles como girarse para las dos alas del claustro y así escucharla sin cortapisas, escena y voz arropada por dos compañeros en segundo plano enriqueciendo esta aria bellísima que corrobora un momento vocal de madurez donde la elección del repertorio es tan importante o más que la técnica.

Tras estas amigas invitadas, volvería la Gestido protagonista con Parés, la violista para disfrutar casi nueve años después, el sonido maduro y la interpretación viajera que deja poso como la propia vida, primero Brahms y su Sonata para viola y piano en fa menor nº 1 op. 120, página inicialmente compuesta para clarinete pero que con el arco alcanza el color vocal y la tensión en sus cuatro movimientos (1. Allegro appassionato / 2. Andante un poco adagio / 3. Allegretto grazioso / 4. Vivace), romanticismo en los dos instrumentos con el piano tan del hamburgués, casi de lied en esta sonata donde la indicación de los aires sirve de calificativo para lo escuchado, casi cantado en arco, fraseo, presencia e incluso silencio: apasionado, andando lento y tranquilo, gracioso y vivaz, mientras Irene, mi sobrina de nueve años, se enamoraba de esta música que llenaba el claustro que seguía embutida en la lectura (me lo comentaría nada más terminar, con charco de baba por parte de su tío que la traía otro verano más a disfrutar en la capital).

Los habituales del blog conocen mi debilidad por Don Astor Pantaleón, y en 2009 escribía también de Le grand Tango con estos mismos intérpretes en un concierto casi privado celebrado en el defenestrado Centro Cultural CajAstur de Mieres: «totalmente volcados con la obra, el piano consiguió imprimir no sólo el tempo porteño o la dinámica del bandoneón sino convertir el teclado en una orquestina rioplatense tan protagonista como la viola, ya sin ataduras de papel (facilitando la interpretación, de memoria) cantabile y arrastrá si se me permite la expresión, que el tango reinventado por el gran Piazzolla destila en cada nota y que ha dado geniales versiones más con cello que esta de hoy con viola, aunque no por ello menos agradecida ni fantástica, al menos para un servidor que no pudo sino soltar un merecidísimo ¡Bravo! nada más concluirla.
Todo un privilegio asistir a esta sesión casi familiar con un dúo que demostró no sólo profesionalidad sino compenetración y pinceladas de maestría
«. El tiempo nos ha dado hondura, perspectiva y más carga en la mochila del recuerdo, dejando todo lo escrito como entonces pero debiendo añadir que como un tango bien bailado no levanta los pies de la tarima, casi deslizando las suelas sobre ella como el arco de la viola, el hombre guía con maestría el contoneo sensual de la mujer, piano masculino y viola femenina, duelo, suelo y vuelo pero sin despegarse, ascenso sin aire, solo el porteño de mi recordado barrio de La Boca con la banda sonora en vivo de dos artistas.

Bertolt Brecht con Kurt Weill escribieron la ópera en tres actos «Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny«, pero antes trabajaron varios números, el Mahagonny-Songspiel también conocido como Das kleine Mahagonny (El pequeño Mahagonny), obra de concierto para voces y pequeña orquesta donde aparece la «Canción de Alabama«, un verdadero regalo de Gestido y sus amistades, cabaret alemán en el trazado gótico del claustro, estilos de entonces y de ahora como rag-time, jazz y contrapunto formal, canción en el común inglés (Alabama Song) dentro del texto alemán de la ópera, y que ha sido interpretada por diversos artistas como The Doors, David Bowie o Marilyn Manson. Porque Cristina también conoce versiones y épocas, escenarios y estilos atemporales donde el vestido arropa el mismo cuerpo haciéndolo parecer distinto, y así con Gala poder tocar como en Mozart y hacer los coros a una Ana nuevamente acertada, pletórica y en su salsa, con Luis de pianista irremplazable, omnipresente sin molestar jamás, que acabó de envolver este presente de Gestido recorriendo el mundo del que todos fuimos partícipes, sin caídas en la ciudad imaginaria de Vetusta, esta vez final con el ascenso de la viola.
Personalmente me despido por vacaciones aunque queda festival por delante, especialmente el martes 2 de agosto donde estarán mis queridos y admirados amigos Lola Casariego y Aurelio Viribay a los que mandaré como es habitual «MUCHO CUCHO» y un abrazo en la distancia, con un programa hermosísimo que no deben perderse los buenos aficionados.

Andreas, el viajero musical

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Martes 19 de julio, 20:00 horas. Festival de Verano 2016, Oviedo, Claustro del Museo Arqueológico: «… más que barroco…». Lookingback Sexteto: Andreas Prittwitz (flauta de pico, clarinete, saxofones), Laura Salinas (viola de gamba), Ramiro Morales (guitarra barroca, archilaúd), Antonio Toledo (guitarra española, buzuki), Roberto Terrón (contrabajo), Iván Mellén (percusiones). Obras de P. Attaingnant, G. Sanz, G. Frescobaldi, Ch. Simpson, Th. Ravenscroft, J. S. Bach, F. Corbetta, C. Monteverdi y F. M. Veracini. Entrada libre.

Uno ya peina canas y al volver la vista atrás recuerda al alemán de apellido difícil como actor de una película asturiana en dirección y guión (que parece pasará a la historia como «de culto») titulada «El vivo retrato» (1986) con nuestra espléndida VV, Victoria Vera, un especialista en flauta de pico al que la ayudante de script, compañera de facultad entonces, me presentó en Madrid aquel primer verano de oposiciones junto a Javier López de Guereña, dos musicazos a los que seguiría su pista de manera desigual. Andreas era habitual entonces del Clamores o del recién inaugurado Café Central y ya le daba al saxo como nadie, con la Canal Street Band, Jorge Pardo, Pedro Iturralde, Horacio Icasto, Carlos Carli, Chano Domínguez… tantos habituales y enormes músicos además de una alegría reconocerles posteriormente como uno de los fijos, especialmente con las bandas de Krahe, Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Aute o Víctor Manuel más Ana Belén, aportando el toque de calidad a unos temas que crecían en cada solo del alemán. Innovador incluso con las nuevas tecnologías donde el EWI, un controlador MIDI emulando instrumentos de viento hacía salir sonidos increíbles de sus dedos.

Por supuesto que su flauta de pico seguiría en una maleta instrumental donde los saxos tomaban protagonismo, así como sus apariciones por esta tierra que le quiere, tocando para todos los públicos y estrenando composiciones dignas de ser programas más a menudo, buscador infatigable de sonoridades (en la iglesia de la Laboral pude disfrutar una de sus joyas) además de viajero musical como nadie, solidario habitual con la OCAS, en el Festival de Música Antigua de Gijón, y sin caer en el «madreñismo» que dice mi primo David, vinculado desde siempre a nuestra Asturias. Mis vecinos de Cenera le han dado a Andreas (extensivo a «todos los Lookingback») el «Premio Serondaya 2015 a la innovación cultural«, porque cada proyecto del muniqués de nacimiento, español de residencia y universal como la música, siempre supone avanzar sin olvidar las raíces.

El mundo de versionar los llamados «clásicos» siempre ha estado presente en la propia historia de la música y sigo teniendo pendiente una entrada en el blog, siendo el jazz especial por lo supone de cercanía al barroco, improvisaciones a partir de un tema con unas ruedas armónicas que sustentan unas melodías capaces de crecer casi hasta el infinito antes de volver al punto inicial. Andreas Prittwitz conoce este mundo como nadie, lo ha pateado toda su vida desde sus inicios en Munich por lo que esta confluencia era lógica, más aún partiendo de un repertorio que dominaba y una técnica que amplió al clarinete y el saxo para poder reinterpretar partituras que abarcan desde la edad media o el Renacimiento hasta Chopin, y como otras formaciones jugar con los componentes para un repertorio siempre abierto aunque algunos «puristas» no lo soporten.

Soy conocido por muchos como «omnívoro musical» y disfruto con estas apuestas, caminos distintos para el mismo destino. Un grupo de saxofones (Sax Antiqva) interpretando barroco nos descubre texturas inéditas para entonces, como Bach a ritmo de jazz marcó mi adolescencia  igual que los sintetizadores para «el pelucas», Debussy o Vivaldi, así que Andreas con Lookingback era continuar con mis gustos («la Pluhar« hace menos) así como una mirada atrás además de retomar los llamados instrumentos antiguos para una música tan cercana y vigente como el jazz.

Esta vez no estaba Joan Espina al violín pero sí Laura Salinas a la viola de gamba, musicalidad plena en «su idioma» virando al jazz como la flauta barroca de Prittwitz, el buzuki de Antonio Toledo arrancando Tres morillas con la imprescindible percusión de Iván Mellén evocadora de tres culturas universales como la propia música del Cancionero de Palacio actualizada con el saxo alto de Andreas, transformaciones que llegan a un flamenco heredero e igualmente fusionado.

No importaba el orden del programa, cada tema se presentaba y emprendía viaje propio, el quinteto ambientando la entrada por el claustro del errante Andreas al saxo, Tourdion de Attaignant, coger su flauta para la Españoleta y posterior Xácara de Gaspar Sanz que los nuevos grupos especializados también actualizan desde el rigor y el vigor, pero sobre todo Bach, Looking back on Bach, capaz de sonar siempre único y «soportando» como nadie todas las vestimentas, padre de todas las músicas. El juego que hacen de la Giga, Sarabanda y Minuetos de la «Suite nº 1 para violonchelo» es el mejor ejemplo de este «tour» con compañeros de viaje idóneos, que hablan los mismos idiomas de las tierras transitadas, capaces de cambiar el paso sin perder ningún detalle del paisaje, comienzo con la flauta de pico, escucha de la guitarra barroca a la que se suma la española para marcarse un «blues», por no citar las intervenciones de la viola de gamba más violonchelo todavía o dispararse una bulería con palmas sordas mientras el contrabajo mantiene el «tran trán» de nuestro dios Bach.

El Siciliano como primer regalo tornó la flauta en saxo como el buzuki guitarra flamenca o la viola de gamba en voz sin palabras para el primer «hit» de Monteverdi y su Si dolce è il tormento creciendo sin excesos al jazz elegante de ritmos trepidantes (no tengo palabras para la percusión siempre acertada de Mellén) antes de «volver a casa». La anterior Chacona de F. Corbetta (1615-1681) mantuvo pureza y evolución desde un Ramiro Morales dominador de la guitarra barroca en pianísimo, sumándose en el trayecto los músicos con el clarinete elegante, el contrabajo o la viola además de la española para un itinerario que no pasó del «mezzo forte» y volvió al inicio como si de una visita panorámica imperdible se tratase, juegos de volúmenes nunca estridentes, músicos con mayúscula para convivir todos desde la transgresión elegante de la búsqueda de texturas y la improvisación eterna que como ellos dicen «surge gracias a la emoción y al riesgo que aporta… demostrando que en la música no existen límites, ni técnicos ni temporales, para reinventar y personalizar la única música que existe en nuestro planeta: la buena».

Para el que suscribe sólo hay dos músicas: la que gusta y la que no, sólo tenemos que pedir que siga presente en nuestras vidas y al alcance de todos, es un derecho irrenunciable. El paladar es muy personal pero también debemos educarlo probando de (casi) todo, en un viaje que siempre nos enriquece.

P. D.: Crítica en LNE del jueves 21:

Bonsais y crisantemos

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Sábado 16 de julio, 20:30 horas. Gijón, Fundación Museo Evaristo Valle, Ciclo de Música de Cámara: Siripong Tiptan (violín), Ignacio Rodríguez (violín), David Abrahamyan (viola), Jaime Calvo-Morillo Rapado (violonchelo), Sergey Bezrodny (piano). Obras de Brahms y Puccini. Entrada: 10€.

El verano no supone descanso para los músicos y si cuentan con espacios como el museo gijonés donde poder ofrecer su trabajo, mucho mejor, inaugurándose este ciclo de lo que llamo la base musical, tanto para intérpretes como público, la música de cámara. El entorno del «Evaristo Valle» sigue siendo único en cualquier estación, y esta vez los bonsais, la paciencia, el tiempo y el verdadero amor por la naturaleza tuvieron de nuevo paralelismo en la compañía musical como intentaré describir en las siguientes líneas.

Alrededor del conocido virtuoso afincado en nuestra tierra Sergey Bezrodny se aglutinan jóvenes que sabedores de la solvencia del pianista ruso en estos repertorios aprovechan para trabajar unos conciertos básicos en sus carreras, y así conocí este sábado al violinista tailandés Siripong Tiptan quien con el ruso interpretó la Sonata para violín y piano nº 2 en la mayor, op. 100 (1886) de Brahms, el siempre exigente hamburgués que dominó el género camerístico como pocos, siendo un romántico que bebió de las fuentes clásicas para elevarlas a su quintaesencia. Tres movimientos donde poder respirar su riqueza melódica compartida por un dúo exigente técnicamente, el violín cantabile y el todopoderoso piano rivalizando en belleza protagonista, con un Allegro amabile de sonoridad carnosa por parte del tailandés más el contrapeso pianístico del ruso compañero ideal en estos viajes. El movimiento central juega con cambios de aire y amplias dinámicas que resultaron equilibradas y serenas (Andante tranquilo. Vivace. Andante. Vivace di più. Andante. Vivace) para quien se mostraba como un valor en alza con ganas de volar alto en los extremos. El Allegretto grazioso (quasi andante) devolvió la calma musical con el piano manteniendo una pulsación que frenase ímpetus desbocados, el contrapeso y equilibrio ideal para lograr con más tiempo una joya de cámara, un bonsai frondoso al que sólo la paciencia y el paso del tiempo dará la forma deseada.

Escrita para cuarteto de cuerda pudimos escuchar I Crisantemi (1890) de Puccini, luctuosa y colorida flor de temporada para tres conocidos músicos a los que se sumó Tiptan cual jardinero jefe, ejerciendo de primero pero compartiendo ideales, en algo más que el mero ejercicio compositivo del gran compositor de Lucca. Su concepción melódica para la escena se puede apreciar en esta composición donde Tiptan, Rodríguez, Abrahamyan y Rapado fueron cantantes de cuerda frotada, como dos sopranos de timbre irreal por uniforme, compartiendo acción con el tenor y el barítono, frases combinadas con temas que reaparecerán en Manon Lescaut desde el dominio armónico exportable a la orquesta dada la riqueza de esta breve obra elegíaca dedicada a Amadeo de Saboya duque de Aosta y rey de España (1870-1873), con el dolor por su muerte en enero de 1890 como bien recoge Clara Luz García en las notas al programa. El salón palaciego resulta ideal para saborear la tímbrica siempre cercana del cuarteto de cuerda, tesituras extremas y complementarias para un verdadero frasco de esencia pucciniana.

Un descanso para saborear una copa de cava rosado nos prepararía para el gran Quinteto con piano en fa menor, op. 34 (1864) de Brahms, obra muy trabajada y revisada cual tilo en bonsai, evoluciones y transformaciones que denotan el incorformismo del compositor alemán para alcanzar esta obra culmen y muestra del estilo joven con sello maduro e inimitable, lo mismo que los cinco músicos que la interpretaron. Como si llevasen tiempo tocando juntos, el quinteto fue desgranando cada uno de los cuatro movimientos resultando impactantes y seguros, todos dominadores de su papel y escuchándose para hacer música además de tocarla. La propia partitura es clara y precisa en emociones pero encontrar el momento de tensión requiere tiempo y trabajo, por lo que disfrutar este quinteto con piano compartido por todos volvió a recordarme los bonsais: apretar, recortar, dirigir, esperar, regar, tiempo, paciencia, toda una filosofía de la vida y de la música, el fruto esperado que todo amante de la naturaleza contempla y reflexiona.

De los cuatro movimientos bien ajustados me quedo con el Scherzo: allegro cual momento ideal antes de la poda que supuso el Finale donde la forma tomaba cuerpo y el tiempo verá crecer. La combinación de talentos ayuda a crear momentos irrepetibles, aunque la música de cámara requiera cual árboles en miniatura, mucho esfuerzo y tiempo dedicado a ello. Como público agradecer el esfuerzo de afrontar obras de estas dimensiones y aplaudir el esfuerzo de los intérpretes por buscar esa excelencia que se encuentra al final de un camino aún arrancando. Por supuesto volver a aplaudir la apuesta de la Fundación y los colaboradores por la música de cámara.

Programa variado y colorido como los árboles junto a las flores en este ciclo habitual del verano gijonés que finalizará el 4 de agosto en los propios jardines (si el tiempo no lo impide) con la guitarra como protagonista. Buena opción escaparse hasta Somió, disfrutar del entorno, de la escultura, la pintura y por supuesto los bonsais de la familia Basagoiti, un ejemplo a seguir donde la música ayuda a un crecimiento vigoroso y continuado.

Forma Antiqva traen café y dulces

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Jueves 14 de julio, 20:00 horas. Festival de Verano, Claustro del Museo Arqueológico de Oviedo. “Café Telemann”, Forma Antiqva: Alejandro Villar (flauta), Daniel Pinteño (violín), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca), Aarón Zapico (clave). Entrada libre.

Oviedo no es Leipzig ni el Arqueológico el Café Zimmermann pero el público volvió a llenar el claustro del antiguo Monasterio de San Vicente para probar un Café Telemann preparado por los hermanos Zapico, esta vez en quinteto al sumarse a este nuevo proyecto dos habituales colaboradores de los langreanos: el flautista leonés Alejandro Villar (cofundador con Daniel Mayoral del dúo medieval Eloqventia) y el violinista malagueño Daniel Pinteño (líder del ensemble Concerto1700) en un programa dedicado a Georg Phillipp Telemann (Magdeburgo, 1681 – Hamburgo, 1767), reconocido por el Libro Guinness como el más prolífico compositor con más de 800 obras acreditadas de las más de 3000 conocidas), contemporáneo de su amigo Bach o del vecino Händel, un triunvirato aunque entonces él les eclipsó, y que aprovechando los 250 años de su muerte en 2017 espero recuperemos parte de su obra y lugar en el barroco, como han hecho los Zapico con este original concierto que saca a la luz el dominio instrumental de Telemann con un brillo propio.

Si por algo se ha caracterizado Forma Antiqva desde su nacimiento es bucear en el tiempo para retomar y recuperar obras dándoles la frescura de los tiempos actuales, apostando por combinaciones tímbricas que van más allá de sus instrumentos, ya originales en este formato propio. Incorporar esta vez flauta y violín es un nuevo escalón, partiendo de un Telemann cuya máxima parece seguir nuestra formación: «Dar a cada instrumento lo que pide de manera que el instrumentista obtenga placer y el compositor satisfacción» (recogida en las notas al programa), y del que recomiendo para los que entiendan inglés la lectura de esta tesis del año 2001.

La organización del programa parte de los «Essercizii Musici overo Dodeci Soli e Dodeci Trii à diversi stromenti» (Hamburgo, 1740) sobre los que versa la tesis antes citada, y donde están las sonatas para flauta de pico y continuo TWV 41:C5 y TWV 41:d4, virtuosismo a la medida de Villar, las «Trio sonata en la menor para flauta, violín y continuo» TWV 42:a4 y TWV 42:a1, ideales para sumar a Pinteño más la «Sonata a 3» TWV 42:d10 basada en el manuscrito V7117 de la biblioteca del Conservatorio de Bruselas y la «Sonatina en do menor» TWV 41:c2 (Hamburgo, 1730) junto a otra similar catalogada TWV 41:a4 de las que solo sobrevivieron la parte solista en la Biblioteca Real de la capital danesa sumándola al bajo de otra versión para violín de estas obras conservadas en Dresde, pero combinadas de forma que todo el quinteto pueda lucirse.
Incluso ya que de café se trataba esta música surgiendo natural y agradable aunque sin tertulia (sólo los pájaros parecían estarlo), nada mejor que acompañar cada taza con dulces de origen y nombre francés como era la moda, pero fabricados en Asturias como los carbayones: Macaron, Petit beurre, Brioche y Mille-feuille, de los que dejo los enlaces en vez de las imágenes (verdaderas tentaciones de los golosos como servidor) pero que según vayan leyendo acabarán probando.

La Trio Sonata TWV42:a1 abría boca con el quinteto, flauta virtuosa y solista contestada por el violín atento y cómplice, mientras clave, guitarra y tiorba ponían la consistencia de un café puro contrastado en cinco movimientos que abrían papila gustativa y auditiva como si de una carta se tratase: Largo, Vivace, Affettuoso y Allegro. Los lentos, especialmente el tercero, ideales y bien situados entre los rápidos para presentar el estilo Zapico, juegos tímbricos en cascadas y remansos alternados antes de las combinaciones de elementos tomados en distintas proporciones, café natural o torrefacto frente a los arábica o robusta, educando paladares.

Después vendría la Trio Sonata TWV 42:a4 jugando con el orden de los movimientos y la primera galleta, el primer punto de inflexión, tras el Affettuoso un Vivace sin violín de la Sonata TWV 41:C5 traería el Grave de repostería más creativa y atractiva, la tiorba de Dani sola y polifónicamente rotunda con un punteo cual variante de pistacho para el mismo dulce, sumándose sus dos hermanos más el violín antes de completar este dulce con la flauta y atacar el Vivace en vertigionosa glotonería sólo compensada en azúcar por el Menuet & Trio que el «dúo invitado» contrastó en timbre y buen gusto frente al «tutti».

La Sonata TWV 41:d4 fueron dos galletas de mantequilla en el Affettuoso comenzando con un dúo de violín y tiorba verdaderamente sabrosos, contrastando forma pero no sabor con un trío de guitarra, clave y flauta al que añadiendo en el último momento la tiorba atacaríamos el Presto prescindiendo del violín, manteniendo paladar para un café en dos tragos largos ya que el pan de leche, el toque de yema lo pondría el clave en el inicio del Larghetto (de la TWV 41:C5) degustado en trozos pequeños bien masticados desgranando notas, pausas rotas por el grave salpicado de agudo puro alejándose para entrar la doble cuerda rasgada más la frotada malagueña, sin la flauta que entraría como el azúcar en el café final del Allegro de la TWV 42:d10), otra combinación ideal como si en el Café Central de la capital de la Costa del Sol pidiésemos uno de los diez tipos, geniales hasta en los nombres, incluso si me apuran hasta el tipo de leche.

Pero todavía quedaba seguir combinando una Sonata y una Trío Sonata, dulce de múltiples variantes locales que servidos al «estilo forma antiqva» serían milhojas de crema, la Sonata TWV 41:d4 tomando el Grave, nuevamente lento aperitivo de guitarra, después flauta y tiorba y volviendo a unir los tres ingredientes antes del Adagio de la Trio Sonata TWV 42:D10 con todos ellos, sabor profundo y color oscuro sin aditivos, trago largo del que despojar el violín para un muy Allegro de la primera Sonata y todos juntos posar el Allegro de «la Trio», apurando un Presto global del que no dejamos ningún poso con flauta y violín vertiginosos, virtuosos, bien arropados, entregados al placer de la música.

Buen café este de Telemann servido por Forma Antiqva, arte de combinar elementos de calidad, movimientos lentos con tímbricas bien mezcladas y planos equilibrados donde flauta y violín colorean al trío local, y los rápidos para lucimiento de estos «invitados» que enriquecen los cafés donde el dulce sigue siendo marca de la casa.
De regalo un postre ovetense, Vivaldi cual carbayón: el Allegro de la Trio Sonata en do mayor, RV 82 en versión «ad hoc» del quinteto, degustando los dos «ingredientes nuevos», y repetimos el primer Allegro para recordar el buen sabor de la primera taza. La carta sigue creciendo, ahora con Telemann y este proyecto tendrá mucho recorrido, el tiempo me dará la razón (como hace cinco años con sus estaciones de Vivaldi).

P. D.: Crítica aparecida en la versión en papel de LNE del domingo 17 de julio:

Madrid, museo de músicas con guinda

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Madrid en verano es un infierno pero quedan también purgatorios y paraísos terrenales. El calor horroroso además del climatológico fue el engaño del Caravaggio en el Museo Thyssen Bornemisza, como casi siempre, donde importa hacer caja con cualquier disculpa o reclamo, y el pintor del claroscuro lo es aunque solo se exponga una décima parte arropado por muchos seguidores bajo el pomposo título de «los pintores del norte», encima prestados de su vecino de El Prado donde El Bosco sí resultó purgatorio ideal y verdadero fenómeno de masas en un «jardín infinito«, para continuar con los imperdibles Fra Angélico, Goya, Velázquez, El Greco, Ribera, Tiziano, Rafael o Rubens, entre sus joyas destacadas de siempre, sin olvidarme del asturiano Carreño de Miranda.

El Teatro Real pesenta I Puritani de Bellini para ir cerrando temporada, pero no estaba esta primera semana al alcance de cualquier bolsillo y habré de conformarme con esta «semana de la ópera» que permitirá disfrutarse gratuitamente en muy distintos lugares y formatos, quedándome con las ganas de escuchar a Javier Camarena el día de San Fermín en vivo, ya que Celso Albelo no me coincidía la fecha.

Pero como el que suscribe no da puntada sin filo, el viernes 8 y con entrada gratuita se presentaba en la Escuela Superior de Canto de la calle San Bernardo con la colaboración de la Asociación de Amigos de la ESCM el curso internacional de interpretación del repertorio vocal español de Project Canción Española dentro del amplio «Clásicos en verano«, con un concierto titulado «Granados canta a Madrid» a cargo de la directora del mismo la mezzo neoyorkina afincada en España Nan Maro Babakhanian y el pianista Emilio González Sanz donde participó como invitada la soprano Raquel del Pino, una joven promesa de 19 años que estudia guitarra en el RCSMM además de canto en el Conservatorio «Victoria de los Ángeles» y no podía hacerlo en la clausura del próximo viernes 15, que comenzó el recital con «Tres canciones»: Por una mirada un mundo, Yo no tengo quién me llore y Canto Gitano, el Granados inspirado en poemas románticos que la soprano cantó con gusto y estilo pese a la brevedad de estas partituras, con la solvencia pianística de González Sanz.

El grueso del recital lo completaron las tonadillas y las seis canciones dedicadas a María Barrientos inspiradas en el mundo goyesco del que disfruté el día anterior en El Prado  a cargo de Babakhanian más las intervenciones solistas del piano en La Campana de la tarde de «Bocetos» y el Intermedio de «Goyescas» con un sólido Emilio González Sanz demostrando el dominio de la obra del catalán, tanto sola como en el siempre agradecido acompañamiento al mejor estilo de la canción española de las vocales. La niña Inés Maro Burgos Babakhanian (2009) -que ya canta en Los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid– fue una narradora especial y excelente en la parte pianística de La maja de Goya, con un tenue acompañamiento antes de la intervención de su madre que ya tomó el mando con El majo discreto, El tralalá y el punteado y El majo tímido, tonadillas creídas y sentidas, lección para los alumnos de dicción pero sobre todo interpretación con un registro grave natural y dramático acorde a los textos, color distinto por su registro de mezzo pero igualmente bellas y con tesitura sobrada.

Otro tanto puedo decir de las tres majas dolorosas cantadas sin pausa y bien delineadas para finalizar con El mirar de la maja, Amor y odio y Callejeo, partituras que son obligadas en los estudios de canto y las grandes voces han interpretado porque son equiparables al «lied» o la «chançon» y Granados da protagonismo tanto al texto cantado como al piano desde esta visión castiza que gusta en todo el mundo, buen tándem Babakhanian – González Sanz en el coqueto teatro, antiguo salón de baile del Palacio Bauer, hoy «la Escuela de Lola Rodríguez Aragón«.

Mi paraíso musical nocturno en Madrid es el Café Central, otro monumento de la música en vivo que lucha por mantenerse y lo hizo toda la semana con Zenet y su banda, también llenando por 20 € sin regatear calidad ni cantidad en su regreso al local de la Plaza del Ángel.

El actor y cantante malagueño supo encontrar un estilo propio a partir de las letras de Javier Laguna y la música del guitarrista José Tabodada, un trío único.

La banda con la que comenzó semana tenía al citado José Taboada y los también habituales Manuel Machado a la trompeta y fliscorno (bugle o flügelhorn para los puristas), Öve Larsson al trombón y el batería Pedro Moisés Porro, pero hubo dos cambios que no mermaron la excelencia instrumental: el viernes se incorporó el venezolano José Vicente Muñoz que hubo de sustituir en el contrabajo a Yrvis Méndez, mientras el sábado lo hacía el pianista chileno Jorge Vera por Pepe Rivero, siendo esta función la que disfruté en compañía de familia y amigos.

Si algo caracteriza al malagueño es la elección de sus músico, siempre excelentes, afincados en España pero que no han olvidado sus raíces, lo que enriquece cada canción hasta el infinito. Qué decir del cubano Machado, verdadero poeta de la trompeta y cuarta pata para asentar el trío primigenio, de Ove, sueco formado en Dinamarca y más madrileño que el cocido, al que tengo en vinilo con multitud de formaciones siempre aportando la musicalidad ronca que esta vez también es malagueña, el venezolano Taboada cual flamenco renacido de gallegos ancestrales pasado por el Mississipi en vez del Orinoco, la guitarra que Zenet no toca, el ritmo del cubano Porro que empuja sin necesidad de fumarlo, mago en cambios de velocidad y sabor, todos sustento y confianza para los recién llegados Muñoz, solvencia y musicalidad para lo que le pongan delante, pero sobre todo la sorpresa de Vera, «llegar y triunfar» a primera vista, engrandeciéndose en cada tema, convincente y delicado, humilde desde su grandeza conformando un sexteto zenetiano a más no poder, recreando canciones grabadas para hacerlas nuevas, vestidos de gala para el cuerpo que crece al cantar con ellos, apoyado en un micrófono cual complemento de la «naturalidad» instrumental.

En los dos pases Toni Zenet desgranó temas que no pueden faltar en sus directos jugando con la voz como sólo él sabe, mandando en el ruedo, actuando, plegándose, intimando, pero sobre todo las melodías con la banda que crecían en cada intervención entre estrofas (Silencio salvaje de un Agua de Levante marinera a más no poder, Por debajo de Madrid casi chotís mediterráneo en Gata y no gato pero siempre chulesco, Un Beso de esos, Dientes de rata con Machado en el fliscorno y el público participando en una jam de altos vuelos, Ella era mala, o la propina última de Soñar contigo en una versión irrepetible como el resto de los temas) junto a los que ha grabado para el próximo disco «Si sucede conviene» (de nuevo con «El volcán música» más autoproducción con micromecenazgo  alcanzado en poco tiempo), Cómo será con los acordes guitarrísticos de «Pepiño» a los que se sumó el trío piano, bajo y batería antes de la descarga sabrosa del recién salido del horno Fuiste tú en un viaje desde la imaginación por cualquier océano de marineros de tierra o mares caribeños, música que crece, navega y llega a buen puerto con todos los estilos y ropajes para la voz única de Zenet, crooner por utilizar una palabra americana que intenta explicar el formato con el que actúa, pues con su banda surca no ya «Los Mares de China» sino los de la propia música para olvidarnos de etiquetas y contestar que la música de Zenet es propia porque su originalidad está en saber beber de aguas navegables desde todas las emociones.

El violonchelo que llena

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Martes 12 de julio, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Oviedo: Festival de Verano. Gabriel Ureña, violonchelo. Obras de J. S. Bach, W. Lutoslawski y P. Hindemith. Entrada gratuita.

Hace años que este joven chelista avilesino levantó el vuelo -como los pájaros que «acompañaron» todo el concierto- dejando la OFil (de la que fue el Principal más joven de España con solo 19 años) para continuar su formación a caballo entre Viena y Florencia con Natalia Guttman entre otros para emprender una sólida carrera como solista que le está llevando por medio mundo aunque como hace dos veranos, volvió a nuestro Oviedo veraniego con otro lleno hasta la puerta.

El día gris asturiano resultó el telón ideal para un concierto potente con dos mundos de la escritura para violonchelo: el arranque histórico de J. S. Bach con dos de sus suites, la segunda y tercera, de quienes las leyendas urbanas cuentan que Pau Casals (su conocido El Cant del Ocells fue propina idónea por los pájaros que no callaron durante todo el recital) se desayunaba a diario, la definitiva victoria sobre la viola de gamba para convertirse en el instrumento imprescindible de cualquier formación, más la consolidación actual para esta gran generación de cellistas españoles plenamente universales, dos pesos pesados como Hindemith (1895-1963) y Lutoslawski (1913-1994).

Parte del público que siempre atrae un espectáculo gratuito se levantó en medio de las obras sin el más mínimo reparo, otros se fueron tras Bach, puede que creyendo era el final del concierto o bien por el todavía «menosprecio» a unos compositores que forman parte de una misma historia y hace tiempo dejaron de ser contemporáneos para integrarse en los repertorios sin problemas.

Las Seis suites para chelo solo de Bach son el compañero para toda la vida de cualquier instrumentista y algo extensible a «todo el universo Bach», al principio se odian cual tortura necesaria, después y con mucho estudio se logran tocar con los mínimos fallos posibles, con los años comienzan a paladearse, pues siempre están ahí, y al final de la vida consiguen disfrutarse.
La Suite nº 2 en re menor, BWV 1008 es uno de esos amigos de viaje, seis números únicos individualmente pero que conforman un todo diferenciable en intención, aire, texturas, fraseos y hasta mimetismos. El Preludio es auténtica presentación, la Alemanda una reflexión, la Courante el toque de luz contrapuesto a la oscuridad, toda francesa, de la Sarabande aún de sonoridad renacentista e intimismo emparentado con la citada «viola de pierna», el Minueto abre la puerta al gran salón y la Giga será el viaje pastoral. Gabriel Ureña transitó cada cuadro con una gama de color muy uniforme donde el dibujo primó sobre el fondo, sonoridad rotunda en los graves y un arco que ha alcanzado el camino correcto pero aún sin interiorizar para poder disfrutar de «la segunda».

La Suite nº 3 en do mayor, BWV 1009 pese al paralelismo con la anterior en formato, resultó mucho más madura y redondeada, contrastada en todo, con un Preludio decidido y valiente, destacando la Sarabande por el mimetismo sombrío del cello y la alegría de la Giga cual gaita asturiana desde un juego de roncón y melodía bien planteado, olvidándose de pájaros y centrándose en la inmensidad bachiana desde la soledad del instrumento que llenaba cada piedra del antiguo Monasterio de San Vicente, acústica ideal para «Mein Gott», paladeando «la tercera» que además sonó convincente en los seis aires.

Cinco minutos para saltar dos siglos en el tiempo, cosas de la magia musical y los distintos idiomas que la gente joven dominan sin problemas en este mundo global. La Variación Sacher (1975) para chelo solo del polaco Witold Lutoslawski (dedicada al musicólogo y director Paul Sacher con motivo de su setenta cumpleaños y estrenada por el gran Rostropovich al año siguiente, verdadero impulsor de esta breve composición) es un lienzo sonoro lleno de arrebato, el contraste barroco actualizado y tamizado por la propia evolución humana donde el trazo es mero rasgo en vez de línea, ágil y espontánea, mientras los colores explotan y la distancia consigue dejarnos intuir motivos sin necesidad de formas concretas, «grafía aplicada a la música y no viceversa» en el entorno monacal de otros pájaros sobrevolando el claustro desde el sonido claro y potente de Ureña, cello actual y cercano, exigente técnicamente pero con la frescura de su generación, acercamiento más llevadero para una impetuosa interpretación llena de cuiadosos detalles y la búsqueda de un sonido propio.

La Sonata para violonchelo op. 25 nº 3 (1922) de Paul Hindemith son palabras mayores en escritura e intención que Gabriel Ureña ya ha interiorizado y trabajado en profundidad, dominada la fiera para jugar con los cinco movimientos que indican en sus títulos el camino a seguir casi al pie de la letra: 1. Animado, muy marcado, 2. Moderamente rápido, lento, 3. Lentamente – Tranquilo, 4. Animado y 5. Moderadamente rápido, reflexiones sonoras en cada cuerda y fraseo, en los arcos y el mástil, ligados y «stacati», dobles cuerdas, amplitud de matices, sonata de sonar y llenar anímicamente de principio a fin, siempre la búsqueda de contrastes como toda obra y todo recital que no quiera hacer caer en el sopor, creciendo en cada movimiento hasta el vibrante final con la cuerda en pizzicato resonando en el claustro.

Una hora de música llena de intensidad para un chelista como Gabriel Ureña (1989) que sigue engrosando la lista de españoles virtuosos del instrumento de Pau Casals -con su propina ornitológica- o Gaspar Cassadó junto a los jóvenes Asier Polo, Josetxu Obregón, Pablo Ferrández o Adolfo Gutiérrez Arenas, por citar unos pocos.

El Festival de Verano arranca con éxito, los martes y jueves citas en la agenda para residentes y visitantes, porque Oviedo es música en todas las ocasiones.

San Juan, femenino plural

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Finalizadas las fiestas de San Juan en Mieres, tres conciertos con voz femenina ocuparon mi tiempo de ocio, voces y estilos diferentes pero con personalidad.

El miércoles 22 de junio en el Auditorio «Teodoro Cuesta» de Mieres con entradas a 10 € se presentaba el CD «Reflejos» plenamente mierense de Elena Pérez-Herrero y Alfredo Morán, doce temas autoproducidos por ellos mismos tras el aperitivo de hace un año donde la voz de nuestra Elena juega con temas clásicos de Poulenc (Les Chemins de l’amour), Donizzeti (Me voglio fa ‘na casa), Villalobos (Melodía sentimental) o mi querido Piazzolla (el Oblivion con letra italiana al más puro estilo Mina) sentidos desde un canto personal perfectamente pronunciado en cualquier idioma, capaz de acercarnos con igual calidad al folclore sudamericano (esta vez no había bossa pero sí la Tonada de luna llena de Simón Díaz) o al bolero ranchero (Y de Mario de Jesús es único) que se convierte en jazz de sabor minero, traduciendo previamente unos textos siempre hermosos desde la misma dramaturgia con la que canta, siempre con ese segundo plano impecable de Alfredo, melodías en acordes, rasgueos de buen gusto, contestaciones, rítmica libre pero ajustada, esperando el momento preciso, el ropaje ideal desde tiempo inmemorial para atreverse también como compositor de una Nana de la ilusión o un Canto de Sirenas sin palabras que Elena hace mitología del siglo XXI, brillando y sintiendo. Un placer comprobar que mantiene su amplísimo registro con un grave poderoso, unos medios pletóricos y unos agudos con gusto, matices y musicalidad que sólo una trayectoria sólida como la suya puede dejarnos. What a wonderful world de propina cual perfecto resumen del concierto. El disco no para de sonar en mi equipo y la sensación de paz que transmite lo hace ideal para todo tipo de momentos, pero el directo es indescriptible.

Tras ser pregonera el viernes 17, mi ex-alumna batanera Paula Rojo (1990) se convertía en la figura de la noche mágica el jueves 23 tras los fuegos artificiales y la foguera, con el tiempo climatológico ayudando sin «orbayu» (ya hubo agua de sobra el día de San Juan) a un llenazo en el Parque Jovellanos, el mismo al que todos asistimos muchos años para escuchar tantos conciertos de nuestros artistas y grupos favoritos. No era un sueño sino la realidad de una carrera ya consolidada con la Dixie Band y el llanisco Tristán Armas al frente, perfectamente acoplados con la mierense, profeta en su tierra y mediática tras su paso por el programa de Tele5 «La Voz», que como tantos otros, no encumbra siempre a los ganadores y el tiempo pone a todos en su sitio.
Dos discos en el mercado («Érase un sueño» y «Creer para ver») que se han vendido y escuchado mucho en todas las emisoras además de tener buenas críticas, canciones para todos los públicos con especial presencia de adolescentes y hasta en niñas de colegio (que arrastran lógicamente a sus padres y abuelos) que ven en Paula alguien cercano con esa imagen y música country muy americana (steel guitar, banjo y ukelele no pueden faltar) pero con el sello personal de su voz y estilo que sigue triunfando tanto en dúo, versión acústica o con esta su banda, además del dúo con el también asturiano Toni Amboaje (1981) con quien comenzó sus primeros pasos y la tele también hizo visible, conviertiendo sus propios temas en verdaderos hits. Más de dos horas de concierto con recuerdo a Elvis en un mix prodigioso en interpretación por parte de todos y un sonido impecable donde se escuchaba todo sin molestar, Si me voy no necesitó vasos, el parque cantó a coro Sólo tú y Mieres sonó a country un Poco más…

La noche del sábado 25 nos traía a la también cantautora Rozalén (Yeye, 1986), nombre artístico de Mª de los Ángeles Rozalén Ortuño, la manchega de voz rasgada que descubrí una mañana en «No es un día cualquiera» gracias a mi admirado Carlos Santos que, como un servidor, es omnívoro musical además de periodista, escritor y viajero con su «libreta colorá«. Nuevo éxito de público de todas las edades donde no faltaron las fans que corean los temas de sus dos discos («Con derecho a…» y «Quién me ha visto»), especialmente Comiéndote a besos con ese cambio de ritmo impactante, humor e ironía como prometía antes del concierto, y sobre todo buen hacer musical con letras comprometidas para alguien que se declara «libre, firme y luchadora», unido al toque tan especial de su inseparable intérprete de signos que hace llegar unas letras cuidadas a los sordos (las vibraciones musicales las sentimos todos, las emocionales también y sin exclusión). Una banda típica de guitarras, teclados, batería y bajo arropó a la albaceteña de principio a fin, aunque Ni tú ni yo con Fetén sea otra joya a guardar porque con Rozalén siempre Saltan chispas y es un Alivio.

No asistí a los conciertos de pago en el patio del Liceo donde la estrella del viernes 17 fue Manel Fuentes cual Boss con banda de «Tu cara me suena«, y desconozco resultados pero mi agenda final estaba abarrotada, incluso volví a repetir como pianista «ambientador» el viernes 24 en la ceremonia de entrega de los galardones «Mierenses en el mundo», donde acompañando al Coro Minero de Turón hicimos una versión para voces graves y piano del «Himno de Asturias» que he compartido en mi canal de YouTube©, con mejor sonido que imagen.

Aún quedan memorias finales, balances y avances para la próxima temporada, con un verano donde no pararemos, pero curiosamente San Juan, en lo musical, me resultó femenino plural.

​ ¡Madriz! humor y color de revista

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Lunes 27 de junio, 20:00 horas: Teatro Campoamor, XXIII Festival de Teatro Lírico Español Oviedo 2016: tercera y última función de ¡Cómo está Madriz! (texto de Miguel del Arco en torno a «La Gran Vía» y «El año pasado por agua» de Chueca y Valverde).

Intérpretes: Paco León, Luis Cansino, María Rey-Joly, Ángel Ruiz, Amelia Font, Isabel Rodríguez, Amparo Navarro; Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Oviedo Filarmonía, dirección musical: José María Moreno, dirección de escena: Miguel del Arco. Entrada butaca: 38,50€ + 1€ de gestión (Liberbank, y pasando obligatoriamente por taquilla al no poder retirarse ya en los cajeros las del Campoamor).

Brillante clausura de la vigesimotercera temporada de «Teatro Lírico Español» de Oviedo con llenos en cada una de las tres funciones y una producción idéntica a la que se disfrutó hace poco en el Madrid del Teatro de la Zarzuela. Interesante haber asistido el pasado jueves 23, víspera del estreno, a la conferencia que el maestro Moreno, el dramaturgo Miguel del Arco y el doctor Ramón Sobrino (coautor con Mª Encina Cortizo de la edición crítica de «La Gran Vía«) nos dieron en la Universidad de Oviedo para conocer en qué estado se encontraban tanto las partituras de Chueca y su «inseparable» orquestador Valverde como la idea de unir los títulos añadiendo los guiños a Barbieri y sobre todo comprender qué era el género chico, el sainete o la revista, pues de eso se trata este ¡Cómo está Madriz! que sigue vigente en toda su crítica a los estratos sociales (iglesia incluida), culturales y políticos, puesto que España y su capital estamos condenados a repetir la historia, siendo normal que nos veamos fielmente reflejados en el sueño que Paco tiene, un durmiente Paco de León que llena él solo la escena y dinamiza todo el espectáculo, con la técnica del video mapping ayudando muchísimo a completar un impresionante despliegue de vestuario así como de personajes en escena. Escuchándoles se disiparon todas las dudas que podrían planear leyendo la prensa nacional tras los incidentes y críticas que sirvieron como la mejor publicidad para el Teatro Campoamor, agotando el papel para poder asistir en primera persona y sin intermediarios a un espectáculo que, como todos, gustaría o no, pues de eso se trata.

Solo con ver el reparto y la ficha técnica del equipo artístico podemos darnos una idea (así como con algunas de las fotos de las distintas webs de la prensa nacional tras su estreno madrileño que ilustran esta entrada) del ambiente creado sobre la escena, con especial mención a la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (dirigida ahora por Pablo Moras Menéndez), coro titular solvente no ya en la parte vocal, que estuvo al máximo nivel -cuerdas juntas y por separado, pletóricos, afinados, empastados y siempre atentos, incluso aportando nuevamente solistas al inmenso elenco- sino en el escénico, porque esta revista de tanto humor y color no sería posible sin ellos, para una compleja producción de ritmo frenético sobre las tablas en cada escena con pocos momentos de relajación musical.

Algunos criticarán el espectáculo de mucho teatro y algunos números musicales, pero todo ello es la revista como se entendía hace cien años, doce números en la primera parte más otros diez en la segunda para tres horas con descanso incluido de excelentes textos bien declamados, que no olvidan a Valle Inclán, Benavente, Antonio Machado, Baroja, citas de Ortega y Gasset junto a otros grandes tan actuales como vigentes en su visión de esta España nuestra, sin faltar el humor (fino pero también de brochazo) como vehículo crítico, y es que todavía me río cuando Pablo pide varias veces quemar Iglesias contestando todos «No! que es patrimonio» (también lo es la propia zarzuela), unido a una buena elección de los títulos para completar una fiesta que abarrotó y puso en pie al teatro para el número final con el maestro en escena dirigiéndonos a todos.

Un lujo todo el elenco vocal con pocas romanzas (en algún caso solo una) para cada cantante pero defendidas con calidad, soltura y desenfado, bien rodadas en veintitantas funciones madrileñas que sirvieron para tenerlo todo bien encajado y medido, destacando el siempre seguro y muy querido en Oviedo Luis Cansino (en el doble papel de «El caballero de Gracia» y Policía), barítono pletórico en canto y dicción,  la «Doña Virtudes» de la soprano cómica Amelia Font o «El Elíseo» de la valenciana Amparo Navarro ambas en plenitud de facultades, o «La Menegilda» de la bella María Rey-Joly, la Merche de Paco que completan el dúo «protagonista» de esta humorada coral, sólo por citar mis preferencias, sin olvidarme del simpático «Neptuno» del actor Ángel Ruiz (también uno de «Los Tres Ratas» junto a Carlos Crooke y Pedro Quiralte) o el doblete «La Gomosa / La Bujía» de Isabel Rodríguez, más todas las calles madrileñas, y por supuesto todo el cuadro de actores, algunos reconocidos por sus intervenciones televisivas como el propio Paco León, con larga trayectoria en todo tipo de obras donde los musicales no les son ajenos y siguen revitalizándose con la implicación de tantos nombres de la escena que como Miguel del Arco encuentran en nuestra Zarzuela con mayúsculas la inspiración para recuperar títulos como los elegidos para este Madriz castizo, plural e incorregible.

De la Oviedo Filarmonía volver a destacar su excelente momento cerrando ya temporada (aunque en verano siga trabajando), formación ideal para el foso y perfecto acompañamiento para las partituras de los doctores Sobrino y Cortizo publicadas por el ICCMU, bien entendidas por José María Moreno que supo llevar con buen aire (alguna vez algo adelantado a las voces) unos números musicales que los que peinamos canas tenemos en nuestra memoria colectiva como verdaderos éxitos que espero resurjan en el público joven que ha vuelto al Campoamor. Hasta las mutaciones cual «morcillas musicales» ayudaron a encajar toda esta revista, donde no faltó «El Imperio Contraataca». Podemos presumir de nuestro género si nos despojamos de prejuicios y la calidad prima en todo, no caigamos en lo mismo de hace cien años porque tristemente parecemos abocados a repetir las historias en vez de aprender de los errores.

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