Inicio

Dolores que son alegrías

3 comentarios

Jueves 27 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor (Oviedo),  XXX Festival de Teatro Lírico Español: «La Dolores», drama lírico en tres actos. Música y libreto de Tomás Bretón (Salamanca, 1850 – Madrid, 1923), basado en el drama rural de José Feliú y Codina. Estrenado en el Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del centenario del fallecimiento de Tomás Bretón (1923-2023). Edición crítica de Ángel Oliver Pina (Ediciones AUTOR / ICCMU, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 1999).

Crítica para Ópera World del viernes 28 de abril, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de Alfonso Suárez, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Continúa en “La Viena Española” la trigésima edición del Festival de Teatro Lírico Español nada menos que conmemorando el centenario del fallecimiento del salmantino Tomás Bretón (1850-1923) y su ópera (o drama lírico) «La Dolores» con una producción a lo grande, como se merece, con aforo completo para las dos funciones que ya piden ampliarse, y muchas ganas de disfrutar este título tan poco representado del autor de «La Verbena de la Paloma».

Oviedo tiene un prestigio ganado que sólo admite obras de gran nivel pero apostando igualmente por recuperar nuestro patrimonio lírico. Y la producción llegada del teatro de la madrileña calle Jovellanos (que pudieron disfrutar en la capital a finales de enero y principios febrero) hubo de apretarse un poco para este espectáculo de primera con casi un centenar de artistas en escena más otros tantos músicos dentro y fuera de las tablas, sin reparar en nada: gran orquesta, banda de música, rondalla, amén de dos coros, adulto e infantil, junto a bailarines, acróbatas, gigantes y cabezudos, por lo que armar en el Campoamor semejante grandeza supongo serían los únicos “dolores” dado que el resultado fue una auténtica alegría, sumándole la presencia en los papeles principales de muchas voces conocidas de la tierra, todo ello comandado por el ovetense Óliver Díaz que domina toda la materia prima de este gran drama lírico de Bretón.

Casi tres horas de espectáculo a lo grande que fue creciendo como la propia partitura del salmantino, un preludio en cada acto que incluye la escenografía de Amelia Ochandiano con unas acrobacias especiales, bellísimas plásticamente (sobre todo en el onírico acto final), haciendo lucir aún más las partes instrumentales donde la Oviedo Filarmonía brilló con luz propia, manteniendo el poderío incluso en los concertantes que por momentos taparon las voces solistas, aunque también los hubiese de buen balance gracias igualmente a la potencia de algunas voces que sobresalieron por volumen, entrega y buen gusto según fue avanzando la representación.

La banda fuera de escena, dirigida por David Colado, también se lució encajando tímbrica y rítmicamente con el foso. La rondalla langreana quedó algo atrás en dinámicas aunque en la última jota pudimos disfrutar de unas bandurrias mucho más presentes, bien ajustadas desde el podio y empastadas con la orquesta.

La partitura de Bretón está llena de detalles wagnerianos, italianos y hasta franceses sin olvidar el aire español, cambios estilísticos que el maestro Díaz intentó subrayar y encajar, siendo probablemente el más completo la famosa jota Aragón la más preciosa del primer acto, con todas las voces “Grande(s) como el mismo sol” incluyendo una Capilla Polifónica que no tuvo mayores problemas con ella, volcándose en esta popular página, destacando el excelente cuerpo de baile donde las castañuelas mandaron y marcaron. Con todo sigue siendo el momento esperado, emocionante y tan aplaudido que se bisó desde el dúo de joteros.

Si la escena fue bien pensada acercándola a los años 50 con un vestuario acorde y los decorados adaptables a cada acto, esta ópera romántica necesita de voces sutiles, flexibles y capaces, exigentes por tesitura y expresión buscando jugar con los colores ante los “duelos” de barítonos o tenores que plantea esta magna ópera del compositor salmantino.

La soprano cubanoamericana Monica Conesa, debutante en Oviedo, fue una Dolores para recordar. De voz corpórea, homogénea con graves suficientes y agudos nunca excesivos manteniendo no ya el color sino la gran expresión de su personaje a lo largo de toda la obra, despuntó desde su seductora aparición en el primer acto, pasando por los desafiantes y enérgicos dúos con Melchor, hasta con los de Lázaro, el intimista “¡Vencida estoy por mi cruel destino!” de la novena escena del segundo acto, o ya en el tercero su aria “Tarde sentí cuitada…” y el dúo final. Expresiva, valiente, jugando con los registros para coquetear y enamorar a todos pero arreada como buena maña a quien la copla atormentará, al igual que al pueblo de Calatayud.

En este ambiente verista, el canario Jorge de León encarnó un Lázaro que comenzó incómodo por tesitura y terminó siendo de los más aplaudidos según fue entrando en calor, tanto en el “madrigal” del segundo acto como en el maravilloso dúo final “¡Dolores mía!” tan operístico, una pareja de voces dejándose la piel con un papel endiablado, que fue creciendo expresivamente desde unos agudos claros para este tenor valiente y arrebatador.

La joven mezzo asturiana María Heres debutaba en un papel principal sobre las tablas que lleva años pisando en el coro y comprimaria, por lo que su Gaspara resultó ideal para ella: segura en su línea de canto, buena proyección y dicción, escena bien trabajada y sobre todo un color de voz que redondea este personaje. De madrina de Lázaro en el segundo acto, creyente, además de eficiente mesonera al inicio y cómplice con Dolores en la escena cuarta del último acto (“¡Infame, infame sirvienta!”) o con su ahijado (“Mentira me parece… Lázaro… ven… soy yo!”), de una madurez fruto de mucho estudio, esperando más papeles como este para seguir viéndola crecer en el difícil mundo de la lírica.

Como casi siempre los villanos dan mucho juego argumental y por supuesto vocal, así que el Melchor del tarraconense Àngel Òdena volvió a triunfar con un rol de “malo y traidor” que le va como cuando canta: “así Dios me formó, cruel, violento”, sobrado de volumen pero amplio en matices, su color se diferenció por todo con Rojas y Patricio en este “duelo baritonal”, empastando con todas las voces, poderosos sus dúos con Dolores para redondear otra sobresaliente tarde en un Oviedo que le quiere.

Al asturiano David Menéndez le correspondió dar vida a un andaluz sargento Rojas con esa vis de acobardado cómico que le va muy bien; vocalmente fue mejorando desde el segundo acto con los esdrújulos casi rossinianos (“En cuanto de la música el paso doble escúchese…”), aunque no se le notase cómodo en un papel originario para bajo, y sonó convincente en sus recortados, por exigencias del guión, “Soldado valiente…” o la “Soleá”, saliendo corneado aunque a salvo.

Otro tanto del rico Patricio, un Gerardo Bullón siempre seguro en escena, armando un buen tándem con Rojas, cómica la escena de los regalos para Dolores, cerrando un trío de barítonos con mucho que cantar para diferenciarse dramática, vocal y expresivamente.

Excelente el tenor almeriense Juan de Dios Mateos como Celemín, de timbre bello y buena proyección vocal que le permitió mantenerse claro en todas sus intervenciones, siendo muy sentido en el tercer acto con Lázaro (“Pues solos un momento”).

No son las coplas la especialidad del asturiano Juan Noval-Moro ni las jotas de Bretón totalmente de Aragón. Algo tirante “en las alturas” y mejor a dúo con Celemín, en su última intervención “Si vas a Calatayud…” estuvo más cómodo y seguro.

Ya destaqué el excelente cuerpo de baile y a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que algo desigual mantuvo el tipo en esta difícil ópera de Bretón, pero dejo para el final al Coro Infantil Escuela de Música “Divertimento” por su profesionalidad bajo la dirección de Cristina Langa. Es maravilloso cómo se desenvuelven en escena cantando tan natural, verdadera cantera coral asturiana que funciona a la perfección, toda una experiencia que no olvidarán nunca.

“Salud al noble pueblo de Calatayud” y larga vida a esta Dolores para que nos siga dando alegrías.

Ficha:

Teatro Campoamor (Oviedo), jueves 27 de abril de 2023, 20:00 horas. XXX Festival de Teatro Lírico Español: «La Dolores», drama lírico en tres actos. Música y libreto de Tomás Bretón (Salamanca, 1850 – Madrid, 1923), basado en el drama rural de José Feliú y Codina. Estrenado en el Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del centenario del fallecimiento de Tomás Bretón (1923-2023). Edición crítica de Ángel Oliver Pina (Ediciones AUTOR / ICCMU, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 1999).

Reparto:

DOLORES: Monica Conesa – LÁZARO: Jorge de León – MELCHOR: Àngel Ódena – GASPARA: María Heres – ROJAS: David Menéndez – CELEMÍN: Juan de Dios Mateos – PATRICIO: Gerardo Bullón – CANTADOR DE COPLAS: Juan Noval-Moro – HOMBRES: Adrián Begega, Sergey Zavalin – BAILARINES FIGURANTES: Miriam Abad, David Acero, Hugo Aguilar, Enrique Arias, Cynthia Cano, Elisa Díaz, José Molina, Concepción Mora, Daniel Morillo, Lucía Prada y Pablo Viña – ACRÓBATAS: Cleyra Membrilla, Giada Ottaviani y Myriam Rojo.

DIRECCIÓN MUSICAL: Óliver Díaz – DIRECCIÓN DE ESCENA: Amelia Ochandiano – ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda (AAPEE) – VESTUARIO: Juan Gómez Cornejo (AAI) – COREOGRAFÍA: Miguel Ángel Berna – ASISTENTE DE DIRECCIÓN DE ESCENA: Ana Barceló – ASISTENTE DE DIRECCIÓN DE ILUMINACIÓN: David Hortelano – ASISTENTE DE COREOGRAFÍA: Estíbaliz Barroso – COORDINADOR DE ACROBACIAS: Roberto Gasca.

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, coro residente del Festival de Teatro Lírico Español (dirección del coro: José Manuel San Emeterio Álvarez), Banda de Música “Ciudad de Oviedo” (dirección de la banda: David Colado), Coro Infantil Escuela de Música “Divertimento” (dirección de Cristina Langa), Rondalla de la “Orquesta Langreana de Plectro” (directora: Seila González).

Grande Barbieri en sus 200 años

2 comentarios

Jueves 23 de febrero, 20:00 horas. Teatro Campoamor (Oviedo), XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Pan y Toros», zarzuela en tres actos. Música de Francisco Asenjo Barbieri y libreto de José Picón. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela el 22 de diciembre de 1864. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del bicentenario del nacimiento de Francisco Asenjo Barbieri (1823-2023).

Critica para Ópera World del viernes 24 de febrero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos de las RRSS, propias y de Alfonso Suárez, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Oviedo puede presumir de su oferta musical, a la que llevo tiempo llamando “La Viena española”, siendo igualmente capital de la lírica española pues tiene la segunda temporada de ópera más antigua, tras el Liceo barcelonés, y la única en mantener un ciclo estable de zarzuela junto al teatro de la madrileña calle Jovellanos.

Finalizada la primera tras 75 años ininterrumpidos a la que ni la pandemia logró callar, comienza ahora la segunda que cumple su trigésima edición comenzando con un título tan emblemático de nuestro género como «Pan y Toros» en el bicentenario de Francisco Asenjo Barbieri (1823-2023), una “zarzuela grande” en todos los sentidos, equiparable sin complejos a la ópera, en esta celebración de altura con la misma producción estrenada en Madrid el pasado mes de octubre, y el mismo elenco salvo ligeros cambios en algunas voces, así como la dirección musical (Virginia Martínez) junto al coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” y Oviedo Filarmonía (OFIL), ambas formaciones titulares de este Festival de Teatro Lírico Español ovetense que sigue llenando el Teatro Campoamor.

Un público cada vez más joven, que ha subido los abonados, compartiéndolo con los ya veteranos, por lo que se debería intentar recuperar más funciones (últimamente solo dos) pues ya no hay más restricciones – solo económicas- y el éxito ante esta demanda debe atenderse para mantener una afición que viene a Oviedo desde distintos puntos de la geografía, recordando que la música también vende, y bien cuando hay calidad como en la capital asturiana.

Juan Echanove, director teatral de la obra, señala en el programa madrileño que “es una producción espectacular” volcándose para elaborar un discurso en el que Goya está en el centro, «porque el pintor está, por un lado, en el mundo de los reformistas, pero también en el cerrado mundo de la Corte borbónica, en el incesante trasiego popular madrileño y en el populista mundo de la tauromaquia». Goya está en todos estos entornos, pero siempre desde la contemplación crítica. Y las dos Españas siguen vigentes hoy en día desde la “pintura musical” de Barbieri con la ficción histórica de Picón -la realidad siempre la supera- brillando los tres actos de este “ruedo ibérico” como bien lo explica Echanove en este acercamiento a nuestra lírica con verdad y humor alrededor del “cabezón” de Fuendetodos. Aunque los giros de la plataforma se intentasen tapar con castañuelas, por momentos chirrió un poco, pero en general una excelente propuesta global con excelente video-escena de Álvaro Luna a la que sumar el vestuario de Ana Garay y la coreografía de Marina Barrero, brillando con la iluminación de Gómez Cornejo.

De Barbieri, a quien su biógrafo Emilio Casares llama “anarquista intelectual”, daría para muchas páginas y el perfil del compositor lo equipara a los grandes románticos de la segunda mitad del XIX y en cierto modo fundador de nuestro Nacionalismo, poniendo en la balanza “Pan y Toros” -nada menos que con 299 representaciones en su momento- junto a “El barberillo de Lavapiés” al nivel de su admirado Rossini, de Wagner y hasta de Verdi (a quien nunca perdonó no le contestase en su primera visita a Madrid), siendo más operística esta que nos ocupa, por cercana a la ópera cómica francesa en aquella Europa que Asenjo Barbieri conoció de primera mano desde sus múltiples facetas (musicólogo, bibliófilo, compositor o director) como buen humanista y millonario.

Mantener todo el grueso vocal de Madrid supuso tener mucho avanzado y trabajado, especialmente en los diálogos para actores que cantan y unas voces que actúan, por lo que la calidad global en los personajes principales, todos bien definidos por Barbieri, se pudo apreciar desde que se levantase el telón. Los dos mundos contrapuestos tan nuestros y actuales en esta ficción histórica, lo que el profesor Casares, editor de esta partitura denomina tres líneas o estratos: a) Europeo o neutro, con un lenguaje internacional y símbolos reconocibles como La Marsellesa; b) Hispano culto y religioso, dúos, tríos, cuartetos, concertantes o coro; y c) Hispano popular, donde no faltó la rondalla, el pueblo y hasta la tauromaquia (de faltar que sea el pan, pues se parafraseó a Juvenal que escribía hace dos mil años panem et circenses). De todo ello y más habló en la primera de las conferencias para “La Castalia” -entroncadas este quinto año con el XXX Festival- celebrada en el ovetense Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) el día antes.

Auténtica acción escénica sin descanso en este “ruedo ibérico” del Goya-Echanove, bailarines y figurantes dando color y calor, pese a alguna castañuela fuera de ritmo, musicalmente algo desequilibrada toda la función con algunos desajustes entre foso y escenario pese a los intentos de la maestra Martínez. Por ello quedó deslucido en parte el coro titular de la Capilla Polifónica aunque escénicamente cumplieron, y mejor en los coros de mujeres con el Abate y los hombre cortesanos, todos del tercer acto que fue dándoles confianza.

Oviedo Filarmonía se mantuvo al buen nivel habitual pese a los comentados desajustes, pero con buenas dinámicas, especialmente en la conocida marcha y coro de La Manolería Al son de las guitarras y seguidillas donde se hubiese necesitado una rondalla más nutrida para conseguir el balance ideal, más dos buenas introducciones instrumentales abriendo cada parte de la representación. El trabajo de Virginia Martínez se notó por la atención al detalle, incluso blandiendo el abanico rojo ayudando al “coro en el coso”, pero no alcanzó la concertación ideal que hubiese redondeado un espectáculo de más enjundia para este Barbieri grande.

Del amplio reparto, que suele ser un hándicap para programar este «Pan y Toros», así como los muchos diálogos que obligan a un esfuerzo interpretativo mayor, sumándole el “no parar” con tantos concertantes, entradas y salidas de escenas, puso a prueba todos y cada uno de los personajes, siendo aplaudida en cada aparición, triunfadora de la noche la mezzo Cristina Faus como princesa de Luzán que demostró su buen momento: proyección perfecta, matices con mucho gusto, empaste con sus compañeros (la romanza del escapulario con “El Capitán Quiza” lo mejor de la noche, y hasta todos los concertantes, aplaudiendo incluso antes de finalizar, caso del número 10-B que cerraba el segundo acto), y musicalidad a raudales, sin olvidar unos diálogos de dicción perfecta.

Yolanda Auyanet mantuvo el tipo como Doña Pepita aunque más cómoda en los agudos que permitieron escucharla en los concertantes. Personaje enfrentado a la Princesa, el público tomó partido por la corona. Borja Quiza, sin descanso ovetense tras su Don Carlo operístico, sigue demostrando una enorme capacidad para estos roles que exigen cantar y actuar, si bien la voz ha perdido algo de frescura y limpieza en los agudos, pero mantiene una escena imponente además de la proyección suficiente para los muchos concertantes de Barbieri.

El Corregidor de Pedro Mari Sánchez fue a la inversa: un gran actor que lleva toda la vida sobre las tablas y además canta, aunque no lo suficiente para un reparto tan lírico como este, pero la zarzuela siempre ha tenido estos roles, si bien el celebrado compositor madrileño exige más de lo previsto en esta “zarzuela grande”. En el caso del Abate Enrique Viana los años no perdonan la voz aunque mantenga un fiato y volumen increíbles, pero su vibrato en los agudos no compensa una actuación más contenida de lo que en él es habitual, destacando su contradanza del segundo acto con el coro de mujeres.

Buena faena de los tres espadas, de los relatos a los “astados” exigentes: grande el Pepe-Hillo de Carlos Daza, que supo a poco su excelente intervención; digno de vuelta al ruedo el Costillares del mierense Abraham García en su canción Por lo dulce las damas jolín (nº 7-B) completado por el Romero de Pablo Gálvez, verdadera torería cantada la de don Francisco Asenjo, sumándose a los cortesanos del final, para ampliar la presencia vocal de todo el coro.

No defraudó el Goya de José Julián Frontal en sus muchas intervenciones, un artista polifacético que canta y actúa, desgranando un rol que parece escrito para él.
Breves y necesarios los demás personajes en una actuación que si les llamásemos cuadrilla por “el arte de Cúchares” sería de aliño, cumpliendo sobradamente La Tirana de la ovetense Mª José Suárez, también gran actriz, La Duquesa gijonesa Bárbara Fuentes o el General mallorquín Pablo López. Interesante la aportación de otro polifacético de la escena como Alberto Frías, El Santero, y bien los “ciegos” de excelente proyección hablada (especialmente Sandro Cordero) aunque no suficiente entre tantos cantantes. Aún más breve la aparición de Javier Blanco (El del pecado mortal) que obligado a cantar al fondo de la caja escénica no permitió disfrutar de su voz en toda su expresión. Y el esperado Jovellanos de César Sánchez con gran presencia pero algo opaca, tal vez por el frío.

Merecido homenaje en el bicentenario de Francisco Asenjo Barbieri con una propuesta escénica interesante, documentada, agradecida visual y musicalmente (bellísima la escena 10-A de la procesión enmarcable en el “estrato” Hispano culto y religioso), algo desigual pero que en la segunda función seguro sonará más equilibrada una vez estrenada este frío jueves 23F.

Ficha:

Teatro Campoamor (Oviedo), jueves 23 de febrero de 2023, 20:00 horas. XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Pan y Toros», zarzuela en tres actos. Música de Francisco Asenjo Barbieri y libreto de José Picón. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela el 22 de diciembre de 1864. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del bicentenario del nacimiento de Francisco Asenjo Barbieri (1823-2023). Edición crítica de Emilio Casares y Xavier de Paz (Ediciones Iberautor Promociones Culturales, SRL) / Instituto Complutense de Ciencias Musicales ICCMU, 2001).

Reparto:

DOÑA PEPITA: Yolanda Auyanet –LA PRINCESA DE LUZÁN: Cristina Faus – EL CAPITÁN PEÑARANDA: Borja Quiza – LA TIRANA: María José Suárez – GOYA: José Julián Frontal – LA DUQUESA: Bárbara Fuentes – EL ABATE CIRUELA: Enrique Viana – EL CORREGIDOR QUIÑONES: Pedro María Sánchez – PEPE-HILLO: Carlos Daza – PEDRO ROMERO: Pablo Gálvez – COSTILLARES: Abraham García – EL GENERAL: Pablo López – EL SANTERO: Alberto Frías – JOVELLANOS: César Sánchez – LA MADRE CIEGA: Lara Chaves – EL PADRE CIEGO: Sandro Cordero – EL NIÑO: Julen Alba – EL DEL PECADO MORTAL: Javier Blanco – EL MOZO DE CUERDA: Alberto Pérez – VENDEDORES: Marina Acuña, Dalia Alonso, María Fernández, Dolores Sánchez, Eugenia Ugarte, Fernando López, Lorenzo Roal – BAILARINES – FIGURANTES: Alberto Aymar, Julia Cano, Davicarome, Teresa Garzón, Sonia Libre, Úrsula Mercado, Inés Narváez-Arrospide, Karel H. Neniger, Esther Ruiz, Gonzalo Simón, Fernando Trujillo.
DIRECCIÓN MUSICAL: Virginia Martínez – DIRECCIÓN DE ESCENA: Juan Echanove – ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: Ana Garay – ILUMINACIÓN: Juan Gómez Cornejo (AAI) – COREOGRAFÍA: Manuela Barrero – VÍDEO ESCENA: Álvaro Luna.

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, coro residente del Festival de Teatro Lírico Español (dirección del coro: José Manuel San Emeterio Álvarez), Rondalla: quinteto de la “Orquesta Langreana de Plectro” (directora: Seila González).

Cantares de “La Vía de la Plata”

Deja un comentario

Miércoles 8 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica (Oviedo), Sociedad Filarmónica de Oviedo: Año 117, Concierto 3 del año 2023, 2.046 de la Sociedad. Cantares de la Vía de la Plata, María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de Guridi, Gerhard, Granados, Obradors y García Abril.
Critica para Ópera World del jueves 9 de febrero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La llamada “Canción de concierto” española no tiene nada que envidiar a la alemana, francesa, británica o italiana, alcanzando en muchos compositores niveles muy exigentes que pueden ser la causa de su no mayor difusión, aunque forman parte de los estudios de canto conformando una base de repertorio que debe tenerse siempre cerca. En nuestros días continúa escribiéndose para voz y piano en esta línea que toma todos los estilos posibles, con la inspiración en la canción popular, el folclore real pero también el imaginado hecho viaje musical.
Y los conciertos de canciones españolas no pueden faltar en nuestras centenarias sociedades filarmónicas entre las que se encuentra Oviedo, que ofrecía este miércoles un programa desde Andalucía hasta Asturias, composiciones escritas por españoles, vascos, catalanes o aragoneses porque así de rico es nuestro patrimonio, lo popular desde el Renacimiento hasta el pasado siglo con la visión del exilio, interior o real.
La soprano ovetense María Zapata, tras su éxito como Elvira en el “Ernani” que cerraba la 75ª temporada de ópera ovetense, cambiaba la escena por la “música de salón” y subía con el pianista Aurelio Viribay al Teatro Filarmónica para hacernos viajar por la Ruta de la Plata, tan fructífera en intercambios, idas y vueltas históricas a las que la música nunca ha sido ajena, y así nos lo demostró este dúo de larga trayectoria en estos repertorios.
Para comenzar las Seis canciones castellanas de Jesús Guridi (1886-1961), vitoriano como el maestro Viribay, inspiradas en tierras abulenses y escritas para la película “La malquerida” como nos explicó el pianista y catedrático de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Exigentes por su amplio registro vocal, la más conocida es “No quiero tus avellanas” pero escucharlas todas supone no ya un regalo sino todo un esfuerzo, cambios de ritmo y aires, riqueza de la tierra cercana con melodismo popular y “armonías francesas” sin perder la esencia. Así las interpretaron a dúo con protagonismo compartido, voz poderosa y sentida con piano más que mero acompañante, una de las características de la canción española.
Uno de nuestros grandes compositores a rescatar de un olvido histórico es el tarraconense Robert Gerhard (1896-1970), nacido en Valls, hijo de padre suizo y madre francesa, exiliado tras la Guerra Civil a Inglaterra (como nuestro Torner) donde desarrollaría su carrera. Sus cuatro canciones tradicionales andaluzas, tituladas “Cante jondo”, son verdaderas joyas (Rondeña, Boleras sevillanas, Malagueña y Zapateado), inspiración universal desde esos ritmos tan típicos que con la música del catalán alcanzan un cénit que finaliza en el complicado zapateado para la soprano y el pianista, el remate “jondo” de esta primera parte.
María Zapata no olvida la ópera, continúa estudiando roles, y en este viaje musical pudimos escuchar del ilerdense Enrique Granados (1867-1915) La maja y el ruiseñor también conocida como Quejas, de su ópera “Goyescas” compuesta en el exilio parisino con material previo de la suite de seis piezas para piano, esta vez escuchando la más popular y famosa de ellas convertida en aria, versión con soprano y piano, fascinante el diálogo rapsódico con el ruiseñor, la maja Rosario en este drama de celos entre su amante Fernando y Paquiro que la desea. Delicadeza vocal, expresividad, buena dicción más el piano “orquestal” de Aurelio Viribay, una lección lírica que como dice la letra “¡Misterio es el cantar…”.
El barcelonés Fernando Obradors (1897-1945) fue un gran compositor, director de orquesta y pianista, que escribió muchas obras para voz y piano como buen conocedor de todos los recursos a utilizar, nieto e hijo de pianistas y casado con una cantante, estudiando como tantos otros en París que dará la visión “clásica” a lo popular, destacando la musicalización de La casada infiel: romance gitano de Lorca. Igual de inspiradas son sus tres volúmenes de las Canciones clásicas españolas (1921-1941), con un estilo nacionalista en boga pero con su particular e inimitable estilo. Zapata y Viribay eligieron tres de ellas, “Consejo” (Cervantes), la maravillosa “Del cabello más sutil” y “El Vito”, voz que se eleva por encima de lo popular y piano virtuoso como era de esperar de Obradors, cuyo archivo musical se conserva en la Sociedad Filarmónica de Las Palmas que lo adquirió tras el fallecimiento del compositor.
Y para llegar al fin del viaje, la visión del turolense Antón García Abril (1933-2021), otra víctima el Covid, sobre Canciones asturianas, catorce melodías conocidas por populares pero también inspiradas en nuestro rico folclore sin perder su propio lenguaje musical y resistiendo los dictados de las modas a las que el maestro García Abril combatió con un domino de la melodía en todas sus composiciones, que el cine o la televisión ayudaron a popularizar en gran parte. Originalmente escritas por encargo del tenor asturiano Joaquín Pixán que las grabaría en 1984 junto a la Orquesta Filarmónica de Londres dirigida por el toresano Jesús López Cobos, el propio compositor haría el arreglo para voz y piano (también grabado por Pixán junto a Rosa Torres Pardo en 2007 publicado dos años más tarde) que en muchos conciertos del tenor cangués contó con el pianista Mario Bernardo, y éste revisó con permiso del compositor una versión para viola y piano con Cristina Gestido, llevando y ampliando estas “canciones de concierto” siempre enriquecidas desde la versión original cantada con textos del poeta langreano José León Delestal. Difícil elegir entre todas ellas, el dúo Zapata-Viribay optó por la popular Ella lloraba por mí a partir de la tonada “Cuando salí de Cabrales” que ya recogiese Eduardo Martínez Torner (Oviedo, 1888 – Londres, 1955) en su “Cancionero de la lírica asturiana” (1920) siendo habitual la interpretase al piano en sus conferencias, o Juan Hidalgo en el “Cancionero de Asturias” (1973). Excelente modelo de orquestación para un folclore tan rico como el asturiano, una melodía bien cantada y sentida, arropada por un piano hermoso y complejo desde su aparente sencillez, más dos originales del propio García Abril con letra de León Delestal: El canto del urogallo, cantada y sentida por ambos, cerrando con Madre Asturias que da título a las grabaciones y es mucho más que un homenaje a los emigrantes lejos de la “tierrina”, más emoción por la soprano asturiana desde Madrid, enorme, heroica y exigente para los dos intérpretes, aún más en esta “reducción orquestal” que difícilmente iguala el original pero que el vitoriano defendiendo esta asturiana del turolense volcaría toda su experiencia y magisterio sobre las 88 teclas en estos repertorios españoles, colofón en casa de una música siempre cercana y no suficientemente escuchada, menos en vivo.
María Zapata nos regalaría la conocida romanza de la criolla Cecilia Valdés, homónima de la zarzuela cubana estrenada en 1932, compuesta por Gonzalo Roig (1890-1970), españoles en La Habana donde tantos asturianos emigraron. Cómoda en este rol y con el seguro Aurelio Viribay desde el piano “llevándola de la mano” en los cambios de ritmo tan típicos de esta obra de la lírica hispana, que ya la escuchase en el Museo Arqueológico ovetense dentro de su ciclo veraniego en 2019 por estos mismos intérpretes. Un buen viaje musical con nuestra canción de concierto universal.
Ficha:
Teatro Filarmónica (Oviedo), miércoles 8 de febrero de 2023, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo: Año 117, Concierto 3 del año 2023, 2.046 de la Sociedad. María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). “Cantares de la Vía de la Plata”, obras de Guridi Gerhard, Granados, Obradors y García Abril.

Acercando el canto lírico

1 comentario

Sábado 4 de febrero, 20:00 h. Auditorio «Teodoro Cuesta» (Mieres): “¿Cómo se canta Ópera? Curiosidades del canto lírico” por Abraham García (bajo-barítono), Verena Menéndez (piano), Dalia Alonso (poetisa). Entrada libre.

El mierense Abraham García lleva años buscándose un hueco en el difícil mundo de la lírica, y como tantos otros, su vida ha estado más centrada en Italia que en casa, hablando como todos nosotros pero ya con acento italiano. Poco a poco van saliendo papeles secundarios, primer paso para los grandes roles líricos que aún le esperan, y ya ha debutado en el Campoamor, donde volverá los próximos  23 y 25  abriendo el XXX Festival Lírico de Oviedo.

Para un público variopinto y de todas las edades, con mucho humor y totalmente didáctico, Abraham fue explicando desde los tipos de voces hasta las tripas de la Scala milanesa, no solo la escena, el foso o la platea sino todos los pasos que encierra el montaje de una ópera, vestuario, zapateros, maquillaje, utillaje… Anécdotas varias, explicaciones del papel que juegan los agentes artísticos o los críticos, por supuesto los directores de orquesta, las correcciones e incluso algunos datos técnicos, todo bien medido y explicado, sentándose al piano como Elton John (y mejor que el mediático Ramón Gener, otro barítono pero el catalán truncado cambiándose a «divulgador musical»). Incluso no faltaron los ejemplos musicales, con la poetisa Dalia contando y traduciendo las partituras a cantar que desde el piano completaría Verena.

Hubo tiempo para aclarar dudas, contestar preguntas y cerrar esta charla concierto de unos 80 minutos, con un formato muy válido y exportable que daría para muchas más «clases», complemento de los talleres que ha dado en el Conservatorio de Mieres. Está bien conocer las exigencias del buen canto, la preparación, todo el trabajo vocal y por supuesto el escénico, buscando convencer desde la voz, lo que se comprobó en los tres ejemplos elegidos.

De ópera pudimos escucharle primero la canzonetta –con mandolino al piano- Deh vieni alla finestra del «Don Giovanni» (Mozart), un papel que le va perfecto al barítono mierense.

Otro tanto el Colline de «La Boheme» (Puccini), con el aria Vecchia zimarra perptechado con la «chamarra» e intetando combatir el frío exterior, explicando la escena junto al lecho de muerte de Mimì.

Y el último ejemplo cantado por cercanía en el tiempo, defendiendo nuestra zarzuela (tan difícil como la ópera), aprovechando su presencia en el próximo «Pan y toros» (Barbieri), la canción popular «El perulillo» (Por lo dulce las damas) medio en caló del torero Costillares, e imaginándonos a Abraham vestido de rosa y oro para una faena, esta vez vocal.

Si nada lo impide estaremos en el Campoamor para seguir comprobando la evolución del «mierense con voz grave».

 

 

 

 

 

 

Tres décadas del Festival de Teatro Lírico de Oviedo

Deja un comentario

El Festival de Teatro Lírico de Oviedo cumple tres décadas

El ciclo de este año incluye cuatro títulos más la Gala Lírica. Arrancará en febrero, con la zarzuela de José Picón, “Pan y toros”, Los abonos salen a la venta mañana miércoles, día 21.

El presidente de la Fundación Municipal de Cultura, José Luis Costillas, ha presentado esta mañana próxima temporada del Festival Lírico de Oviedo, “nuestro querido festival de Zarzuela, con una efeméride muy especial este año, ya que se cumplen 30 años del Festival de Zarzuela de Oviedo, uno de las pocas temporadas estables de este género en toda España, junto con, por supuesto, el teatro de la Zarzuela de Madrid”. Le han acompañado Cosme Marina González, Director artístico del Festival; María Ablanedo, Vicepresidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo; Dolores Sánchez García-Conde, jefa de coro de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo y Gonzalo Martínez Peón, Director de La Nueva España.
Costillas ha agradecido la colaboración de todos ellos y ha detallado que “serán un total de cuatro títulos más la Gala Lírica los que pasarán por las tablas del teatro Campoamor, con una excelente selección a cargo de la dirección musical, que sigue acercando este género a los aficionados ovetenses y asturianos. Arrancará la temporada en febrero, con la Zarzuela de José Picón “Pan y toros”, un clásico del género que se estrenó a mediados del XIX en el teatro de la Zarzuela de Madrid. La orquesta Oviedo Filarmonía pondrá música a este primer título de la temporada y también contaremos con la colaboración del coro de la Capilla Polifónica. Y cabe destacar el nombre del que es el director de escena de esta nueva producción del teatro de la Zarzuela con la que estrenamos la trigésima …. Un hombre al que estamos acostumbrados a ver encima del escenario o en la pantalla, que es el actor Juan Echanove, que también desarrolla esta faceta artística al frente de la escenografía”.
Le sucederá, en el mes de marzo, “la Gala Lírica a cargo de los intérpretes Sabina Puértolas e Ismael Jordi, con la OFIL y la dirección de Lucas Macías«. En abril, el título “La Dolores”, con música y libreto de Tomás Bretón, otro clásico que contará con la dirección escénica de Amelia Ochandiano. También con música de la OFIL, en este caso, bajo la dirección de Oliver Díaz, y con el coro de la Capilla Polifónica”, ha subrayado el responsable municipal de Cultura.
El tercer título de la temporada: “Entre Sevilla y Triana”, llegará a finales de mayo, “una co-producción que se realiza en colaboración entre cuatro destacados teatros de nuestro país, el Arriaga de Bilbao, el de la Maestranza de Sevilla, los teatros del Canal de Madrid y, cómo no, nuestro Campoamor. El cuarto de los títulos de la temporada de Zarzuela llegará a finales de junio, y será la comedia “El Caserío”, con la dirección musical de Lucas Macías, también coproducción entre el Campoamor y el Arriaga. El director musical se extenderá ahora en los detalles de esta selección, pero desde la Fundación Municipal de Cultura queremos destacar el orgullo que nos produce el haber sido capaces de mantener una temporada estable que ya sopla 30 velas, con una fiel afición y nuevos devotos cada año. Números que no hacen más que engrandecer el enorme repertorio musical que ofrece la ciudad de Oviedo a sus habitantes y a los que nos visitan, que son muchos y lo hacen, muchas veces atraídos por la extensa oferta cultural de la capital del Principado”.
Costillas también ha adelantado que “los abonos se pondrán a la venta mañana miércoles 21, tanto los abonos del Festival como las localidades para la Gala Lírica, por los cauces habituales. Y que, como siempre me gusta recordar, es una excelente excusa para regalar cultura por Navidad y contribuir así al tejido empresarial que constituye la gran familia de la cultura de nuestra ciudad”. Y ha cerrado su intervención con ¡una mención especial al premio que conocíamos ayer concedido por la entidad Ópera XXI, el Premio a la Mejor Iniciativa, Intérprete, Dirección o Producción de Repertorio Lírico Español, que ha recaído en el Festival de Teatro Lírico Español, en nuestra Temporada de Zarzuela, así que finalizamos el año con muy buenas noticias. Enhorabuena a los responsables. El año pasado se lo llevó la Ópera de Oviedo. La lírica goza de muy buena salud en nuestra ciudad”.
Gonzalo Martínez Peón, ha destacado que “tres décadas y el premio de ayer de Ópera XXI evidencian el ‘milagro musical de Oviedo’, No hay ciudad en España con una programación musical tan importante y tan intensa. Gracias a la FMC, a la Ópera y a todas las entidades que hacen posible esta programación y como no, al gran apoyo ciudadano. Felicidades por estos 30 años y por el Premio de Ópera XXI”.
María Ablanedo también se ha referido al Premio de Ópera XXI que “nos da un espaldarazo nacional para que este festival siga creciendo y se siga manteniendo. Muchos de los que ya no están con nosotros lo celebrarían por todo lo alto. La zarzuela es una joya del patrimonio musical de este país. En Oviedo somos únicos, con Madrid, en potenciar este género. Tenemos el deber de cuidarlo, seguir inyectando dinero para fortalecerlo porque el Campoamor es el teatro de los ovetenses pero también de todos los asturianos”.
Dolores Sánchez García-Conde ha subrayado “el esfuerzo incansable de la Fundación Municipal de Cultura y del Ayuntamiento de Oviedo en mantener esta Temporada, la segunda más importante de España y del mundo. Es un orgullo para la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo compartir escenario. Regalemos zarzuela. Feliz Navidad y que el año que viene venga cargado de buena música”.
El director musical de la temporada del Festival Lírico, Cosme Marina, ha indicado que “la lírica española es mucho más extensa que la zarzuela es un universo de géneros que convierten a España, junto con Italia, en el país con mayor número de obra lírica escrita”. Este Festival “incluye mucho más que zarzuela (…) uno de los escasísimos géneros españoles. Para nosotros el Premio de Ópera XXI es un respaldo a un trabajo colectivo”.
La XXX edición se ha pensado “como una fiesta en la que se ha hecho lírica española de gran calidad”. El número de asistentes a la edición del año pasado fue de 10.000.
TRAILER «Pan y toros»:
TÍTULOS Y FECHAS:
“PAN Y TOROS”, jueves 23 y sábado 25 de febrero.
“LA DOLORES”, jueves 27 y sábado 29 de abril.
“ENTRE SEVILLA Y TRIANA”, jueves 25 y sábado 27 de mayo.
“EL CASERÍO”, jueves 22 y sábado 24 de junio.
Gala Lírica de Sabina Puértolas e Ismael Jordi y Oviedo Filarmonía bajo la dirección de Lucas Macías, viernes 31 de marzo.

Enlace con más información y entradas.

Y que cumplan muchos más

2 comentarios

Viernes 16 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela. Entrada butaca: 20 €.

Crítica para Ópera World del sábado 17 de diciembre con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Dos figuras de la lírica muy queridas en Asturias se unían para celebrar una carrera que sigue al alza con el paso de los años, cumpliendo treinta desde su debut el tenor barcelonés José Bros y veinte la soprano allerana Beatriz Díaz, dos cantantes que han compartido escena varias veces y volvían este viernes, casi navideño, al Teatro Campoamor (75 años de la Temporada de Ópera de Oviedo,) donde tantas noches hemos disfrutado con sus triunfos, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL) dirigida por el ovetense Óliver Díaz.

El programa habitual en este tipo de recitales se organizó con ópera y zarzuela en dos partes junto a oberturas e intermedios que sirven para descansar las voces sin perder coherencia con las obras elegidas, entrelazando arias y dúos de calado, más romanzas de nuestro gran género para que Bros y Díaz repasasen sus mejores momentos sobre las tablas.

Tener a la Oviedo Filarmonía bajo la batuta de Óliver Díaz es asegurar calidad y buen entendimiento, una orquesta que también va cumpliendo años y creciendo por igual encima del escenario que desde el foso, como en esta gala aprovechando la escena de “Hamlet”, volviendo a demostrar en las páginas instrumentales una sonoridad corpórea y una musicalidad para la lírica realmente destacable, especialmente en el Intermedio de Manon Lescaut (Puccini) donde sigue emocionando no sólo por conocido sino por lo bien interpretado que estuvo, además de la poco escuchada obertura de La Princese jaune, op. 30 (Saint-Saëns), y otro tanto con las páginas de zarzuela, desde el bellísimo “Intermedio” de La pícara molinera (Luna) abriendo la segunda parte, al menos escuchado y bellísimo de La montería (Guerrero), género donde el maestro Díaz es un referente y verdadera autoridad, reafirmando el buen entendimiento y la química entre formación y director.

En las arias y dúos además de disfrutar con las voces de Bros y “La Díaz”, la orquesta de la capital estuvo siempre al servicio de ellas, con “el Díaz” ovetense sacando lo mejor de lo músicos, mimando cada pasaje, degustando unas partituras que son oro molido, especialmente Puccini y Massenet, y que con la OFil “abajo” nos permitió escuchar al dúo en su vocalidad total “arriba”.

De las arias operísticas José Bros nos dejó dos con su entrega total como “un obrero de la lírica” -así se define el catalán- y la conocida profesionalidad a lo largo de toda su longeva carrera, este viernes con algún problema añadido, puede que alguna afección sobrevenida ante el frío de diciembre que siempre provoca alguna flema o “telilla”, amén de sus cambios de color buscando la expresividad, casi cincelando cada nota, mejorando en el fuerte de unos agudos aún poderosos, que fue solventando a lo largo de la gala, páginas que ha llevado por medio mundo, siendo Oviedo una de las paradas obligadas: la conocida “Una furtiva lagrima” de L´elisir d’amore (Donizetti) del Nemorino todavía frío abriendo velada y “Pourquoi me réveiller”, de Werther (Massenet) con el que siempre viene a mi memoria Alfredo Kraus, flojo pero sentido y aplaudido.

La asturiana Beatriz Díaz, en un momento vocal pleno, se mostró cómoda en escena donde es envidiable cómo afronta cada personaje, eligiendo para comenzar “Ebben? Ne andrò lontana” de La Wally (Catalani), bellísima línea de canto llena de matices, y la esperada “Mi chiamano Mimì” de La Bohème (Puccini) que tras años como Musetta por fin debutará como protagonista el próximo año en Alicante, un rol que no me cansaré de repetir parece escrito a su medida, jugando con los registros, filados “marca de la casa”, emoción y carne de gallina en esta página que nuestra soprano ha hecho suya totalmente.

En esta parte operística, dos de los dúos donde admirar la suma de entendimiento y buen gusto de esta pareja felizmente arropada por la orquesta bajo la batuta clara y precisa del maestro ovetense: “Suzel!… Come si è fatta pallida” de L´amico Fritz (Mascagni), la misma donde coincidieron por primera vez en noviembre de 2002, que con el paso de los años alcanza la madurez necesaria para afrontarla en su plenitud, pura escena donde un Fritz comedido no brilló tanto como la dominadora Suzel, más la emocionante escena de Saint-Sulpice de Manon (Massenet), maravilloso dúo que de nuevo con “La Díaz” asombró de principio a fin, la juventud ya madura para esta Manon francesa hoy allerana (con)venciendo al Des Grieux barcelonés.

Nuestra zarzuela necesita voces como las de este viernes para ponerla en el mismo lugar que “la hermana mayor”, y así pudimos comprobarlo en la segunda parte con las dos romanzas de soprano “Qué feliz mi vida fuera” de La labradora (Magenti) y “Tres horas antes del día” de La marchenera (Moreno Torroba) no lo suficientemente escuchadas pero que Beatriz Díaz cantó con su impresionante técnica y musicalidad, la misma que hace poco llevó a Sao Paulo (Brasil) en una gala puramente española, estilo y salero inconfundibles, gracejo y buen cantar, junto a las más conocidas de tenor “Por el humo se sabe” de Doña Francisquita (Vives) y “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) donde José Bros superó los problemas iniciales mostrándose cómodo en el registro medio y más pleno en los agudos, agradeciendo su entrega en unas partituras donde siempre sobrevuela en mi recuerdo “el tenor” (entiéndase Don Alfredo Kraus Trujillo).

Y otros dos dúos de altura para redondear las intervenciones en solitario, primero “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives), Fernando Bros y Francisquita Díaz en dramaturgia pura antes de la sorpresa previa al último número. Proyectando un vídeo que recogía los mejores momentos en el coliseo lírico de la capital asturiana de esta pareja, especial el “Elisir” de ambos (2017), o los Puccini únicos de la allerana: Liù (2012) más la inolvidable Butterfly (2020) que emocionó a todos, incluyendo al que suscribe por haberlos vivido con ellos.

Palabras de agradecimiento a “las melodías de Oviedo” como rezaba el último fotograma, Bros siempre querido y entregado en el escenario, Díaz reconociendo estar en casa recogiendo el cariño del público sin el que nada tendría sentido. Secando lágrimas y tragando saliva, al fin el mejor cierre con el conocido “Torero quiero ser” de El gato montés (Penella), Juanillo rematando faena, Soleá con mantón de verónica, Bros bravo, Díaz cautivadora y la música torera de la OFil con el mayoral Díaz en el arte de la doma, que no rejoneo, para completar un cuadro final soberbio.

Y si el regalo fueron las propias voces, aún nos darían el suyo: Bros El último romántico (Soutullo y Vert) con “bella enamorada” rematando esta gala de menos a más, tras la Beatriz Díaz rescatando de su amplio repertorio la canción andaluza de El dúo de la africana (Fernández Caballero), que sigue ganando con los años, y el mejor colofón con la Jota “No cantes más la Africana”, dúo de aniversario con dos carreras que tras diez años de distancia volvían a unir sus caminos en este punto de encuentro lírico que es el Teatro Campoamor, esperando como finaliza la canción que no se interpretó “…Y que cumplan muchos más”.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, viernes 16 de diciembre de 2022, 20:00 horas. GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela.

Programa:

Primera parte

Obertura de La Princesse jaune, op. 30 (C. Saint-Saëns). “Una furtiva lagrima”, de L´elisir d`amore (G. Donizetti).
“Ebben? Ne andrò lontana”, de La Wally (A. Catalani).
“Suzel!… Come si è fatta pallida”, de L´amico Fritz, (P. Mascagni).
Intermedio de Manon Lescaut (G. Puccini).
“Mi chiamano Mimì”, de La Bohème (G. Puccini).
“Pourquoi me réveiller”, de Werther (J. Massenet).
Escena de Saint-Sulpice, de Manon (J. Massenet).

Segunda parte

Intermedio de La pícara molinera (P. Luna).
“Qué feliz mi vida fuera”, de La labradora (L. Magenti).
“Por el humo se sabe”, de Doña Francisquita (A. Vives).
“Le van a oír”, de Doña Francisquita (A. Vives).
Intermedio de La montería (J. Guerrero).
“No puede ser”, de La tabernera del puerto (P. Sorozábal).
“Tres horas antes del día”, de La marchenera (F. M. Torroba).
“Torero quiero ser”, de El gato montés (M. Penella).

Preparándonos para María Moliner

Deja un comentario

Jueves 9 de junio, 19:15 horas. Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo: Encuentro en torno a la ópera «María Moliner». Presentadora: Miriam Perandones; María Sanhuesa (profesora titular de Musicología), Antoni Parera Fons (compositor), Lucía Vilanova (libretista).

El vicerrectorado de Extensión Universitaria organizó este jueves un encuentro con el compositor y la libretista de «María Moliner», la ópera documental que cerrará el vigesimonoveno Festival de Teatro Lírico Español en el Teatro Campoamor (con dos representaciones los días 16 y 18) con la producción del Teatro de la Zarzuela, estrenada el 13 de abril de 2016 para conmemorar los 50 años del diccionario de la  lexicógrafa y bibliotecaria zaragozana cuya vida estuvo volcada en una obra que sigue siendo referente.
La doctora Sanhuesa se encargó de ponernos en situación, pues asistió al estreno en la capital, y fue desmenuzándonos los dos actos con sus cinco escenas cada uno, más prólogo y final, con fotos de los ensayos y representaciones en el teatro de la calle Jovellanos madrileña, antes de dar paso a Lucía Vilanova (Oviedo, 1961) para que nos contase por dónde empezó este libreto y la continua colaboración con  Antoni Parera Fons (Manacor, 1943), con su idea casi minimalista a partir de un final que enlazará con el inicio.
Así pudimos hilvanar con los autores vivos, un privilegio al alcance de pocos, distintas ideas sobre lo que disfrutaremos la próxima semana, una ópera documental actual de libreto que supone una verdadera tormenta de palabras donde el ritmo es fundamental. El propio Parera se reconoció «devoto de las palabras» y que su obra es un relato natural en «prosa desestructurada» donde la música habla y hasta una máquina de escribir es también protagonista.
Interesante  el personaje del Sillón B (que en Madrid cantó el gran Juan Pons) tan atrayente que seguiría presente en el acto, los saltos en el tiempo donde se juega con lo onírico o los personajes de los almanaques, un tenor y dos barítonos, una idea de Paco Azorín, la tercera «pata de este banco» para ir recordando no ya los días que se llevan o faltan para acabar un año sino los del diccionario (antes y después). Tres años de duro trabajo previo estructurando esta ópera donde el lenguaje es el protagonista absoluto.
Muy interesantes comentarios como «el amor por las palabras» o que el diccionario es un protagonista más, fueron contestados por los autores en distintas intervenciones.
En el Campoamor tendremos un elenco nuevo, pues del estreno solo estarán la mezzo Mª José Montiel, la auténtica «creadora» de esta María Moliner, que como el propio compositor mallorquín explicó, ha hecho suyo, reconociendo ser uno de sus mejores roles, y la dirección musical de Victor Pablo Pérez.
Con muchas ganas de asistir a este último título del XXIX Festival de Teatro Lírico Español ovetense.

Clausura de «Champions»

4 comentarios

Sábado 28 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Olga Kulchynska (soprano), Emily D’Angelo (mezzosoprano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Arias y dúos de ópera.

Tras la cancelación por enfermedad de la directora Yue Bao, Vincenzo Milletarì (1990) se puso al mando de la gala lírica con la que este sábado se clausuraba la temporada de los Conciertos del Auditorio con dos voces muy interesantes como la soprano ucraniana Olga Kulchynska (1990) y la mezzo canadiense Emily D’Angelo (1994) que nos dejaron una velada de altura para un público entusiasmado. No olvidemos que Oviedo, «La Viena española», es especialmente amante de la ópera, y si en el foso la OFil es seguro de calidad, en escena, con un director italiano muy gesticulante pero siempre claro, teniendo que «adoptar» un programa ya definido, estaba claro que la despedida era de «Champions» como muchos madridistas presentes, incluso algún móvil sonando siempre en los peores momentos.

Gala lírica organizada con arias de ambas voces, dúos y oberturas para cada inicio, ópera mayoritaria pero también zarzuela como era de esperar en una ganadora del Francisco Viñas de 2015 y otra de Operalia en 2018, con páginas conocidas que las cantantes tienen ya muy trabajadas tanto en recitales como sobre las tablas, lo que aseguraba un éxito previo corroborado a lo largo de una velada que fue de menos a más.

Las obertura de La gazza ladra (Rossini) a pesar de las siempre vulnerables trompas que remontarían vuelo posteriormente, puso a prueba las agilidades y limpieza de una orquesta a la que vendrían bien más violines pues el resto estuvo bien compensado con el acierto de poner tarima a los contrabajos para conseguir una sonoridad más rotunda.

Aunque el barroco no sea el fuerte de la orquesta ovetense, estuvo bien comenzar con Claudio Monteverdi y el dúo Pur ti miro de «L’incoronazione di Poppea» para comprobar que las dos voces femeninas empastaban a la perfección aunque la soprano parecía volar más alto que la mezzo (ya estamos más habituados a los contratenores) con unos volúmenes algo tapados pero de estilo correctamente cantado por ambas.

Mozart siempre tiene el engaño de su aparente facilidad escondiendo auténticas arias de exigencias vocales verdaderamente exigentes. Del «Così fan tutte» primero escuchamos a Olga Kulchynska un Come scoglio brillantemente interpretado con unos graves poderosos desde un color bello unido a una técnica prodigiosa, y otro tanto del dúo Prenderò quel brunettino con Emily D’Angelo de nuevo más musical y una línea de canto idealmente homogénea.

Salto a la Francia hoy capital futbolística con tres páginas que no pueden faltar, primero y alternando el orden del programa, una musicalmente agradecida canadiense y su Mon coeur s’ouvre a ta voix de «Sanson y Dalila«, una joya de Saint-Saëns a la que los volúmenes orquestales no impidieron escuchar una línea de canto muy sentida con la excelencia de la madera y un arpa brillante, a lo largo de la gala, de Danuta Wojnar. Después Gounod de su «Faust» el aria de las joyas, O Dieu! Que de bijoux para todo el lucimiento de la soprano ucraniana que pese a no estar «mimada» por Vincenzo Milletarì, más preocupado de encajar que de matizar, mostró su gusto y poderío vocal.

Y nada mejor para cerrar esta primera parte que el famoso dúo de «Los cuentos de Hoffmann» de Offenbach, la Barcarola con apariciones enfrentadas de las cantantes convergiendo en el centro,  orquesta inspirada y bien llevada por el italiano, voces con diferentes volúmenes no ya por tesitura, pero de empaste correcto pese a un color similar en ambas de tesituras tan distintas. Lo bisarían al final del concierto.

Tras el descanso la OFil sacaría lo mejor de su versatilidad con la Polonesa de «Eugene Onegin», sinfonismo de altura del gran Tchaikovski para una ópera no muy representada, tempo exigente al que respondieron todas las secciones antes de dejarnos lo mejor del bel canto como son «I Capuleti e I Montecchi» de Bellini que la canadiense pero especialmente la ucraniana, tienen en su repertorio, cambio de vestuario y más interpretación que en la primera parte, comenzando con el aria de mezzo Ascolta! Se Romeo t’uccise un figlio que D’Angelo «destroyer» masculinizada recreó con fuerza y gusto antes del recitativo y aria Eccomi…oh quante volte, personalmente lo mejor de la gala, con el trompa solista perfecto y una Olga Kulchynska que hizo poner la carne de gallina al respetable, filados, proyección, afinación y dominio completo del rol.

No se quedó atrás el dúo Si, fuggire, a noi non resta disfrutando de estas voces jóvenes que ya están triunfando en los más afamados teatros mundiales, más equilibrio de volúmenes y mejor balance orquestal para esta ópera que tengo entre mis referentes.

Y otra aria para disfrutar, más aún en la voz de «la Kulchynska», la bellísima Canción a la luna de «Rusalka» (Dvorák) con una orquesta perfecta, el arpa tan divina como la ucraniana, más un Milletarì cada vez más cómodo con todo, el punto álgido de esta gala.

La presencia de la zarzuela vendría con «La D’Angelo» que bordaría la romanza de «El barquillero» (Chapí) tan poco escuchada, Cuando está tan hondo, con una pronunciación muy trabajada y muy adecuada elección para esta voz de mezzo con agudos y medios potentes que sumados a la musicalidad y entrega de la que dio muestra a lo largo de este recital, remataría el programa antes de las dos propinas.

Tras bisar la Barcarola, las dos cantantes compartieron Chapí con la conocida romanza de «Las hijas del Zebedeo», donde sin entrar en triunfadoras y con un tempo muy ágil, la mezzo canadiense demostró una tesitura ideal para ella frente a la comodidad vocal y de amplio registro de la soprano ucraniana, con un duelo de ornamentos «ad libitum».

Buen cierre en un Oviedo lírico por naturaleza con dos jóvenes cantantes a las que no debemos perder el rastro porque son las voces de este siglo que ya piden paso.

Aprendiendo con experiencias y recuerdos

1 comentario

La muy manida frase «parece que fue ayer» siempre viene bien, especialmente cuando vamos cumpliendo años y los recuerdos de tiempos lejanos se acercan por momentos. Así hemos llegado al IV Ciclo de Conferencias del RIDEA y La Castalia que este año versaron sobre «De la ilustración a la actualidad: 260 años de lírica en España», conferencias de un mayo siempre musical y con oradores que me han hecho recorrer tres generaciones en cinco años, comenzando allá por 2018 con los homenaje a Gayarre o Granados, el 2019 de escenarios y géneros líricos, o el 2021 (tras «robarnos» el 2020) de «Patrimonio lírico hispano» que continuarían hoy citando a Fray Luis de León: «Como decíamos ayer».
Sería mi querida musicóloga María Sanhuesa, miembro correspondiente del RIDEA, la encargada de abrir ciclo el pasado día 3 con su conferencia «Lírica y voz en la obra de Gaspar Melchor de Jovellanos» que me perdería pero se puede disfrutar en el propio canal de YouTube© del Real Instituto (a la espera de que suban las otras dos que sí comento desde aquí como apuntes de un incansable alumno).

El siguiente martes, día 10, sería el compositor y organista Guillermo Martínez quien compartiría sus vivencias «De niño cantor a compositor: impronta y esencia de mi música lírica», el paso por la Escolanía de Covadonga (77 años cumple este septiembre) de 1994 a 1998, su primer curso con 10 años narrándonos experiencias organizadas en un capítulo por cada año (ilustrado con una audición significativa) y citando al filósofo y ensayista norteamericano del s. XIX Henry David Thoreau: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido” (Walden, La vida en los bosques).

1994 comenzaría recordando a Pergolesi, las audiciones de los sábados, el transcurrir diario, los conciertos en Valencia, los encuentros con FECORA, clases, anécdotas como la visita a Covadonga de Alfredo Kraus, las vivencias con otros escolanos como el hoy famoso tenor Jorge Norton, los exámenes libres en Oviedo con Purita de la Riva, el imperecedero D. Alfredo de la Roza y por supuesto la Novena a la Santina como culmen de su primer curso. Escuchar su No llores paloma mía por el LDO me sirvió para comprobar cuántos recuerdos comunes nos trae la música.

En 1995 sería Silos otra experiencia imperecedera, el concurso de voces blancas que convocaba FECORA, músicas del cangués Ramon Prada, la construcción de los órganos nuevos de Acitores en Covadonga, el positivo prestado mientras se montaban y poder escuchar sus propias obras en ellos, más audiciones de los sábados con Murray Perahia y los conciertos de piano de Mozart, Bartok y el Microcosmos, el deseado verano y su primera misa con más obras de violín, audiciones del barroco italiano o las sinfonías de Mendelssohn por él analizadas, los nacionalismos y su segunda Novena. Una palabra: «belleza», escuchando su  Fantasía “Virgen con niño y San Juanito” (para mezzo y piano), rehecha con orquesta que sería la que nos pondría.
El año 1996 comenzaría citando el aforismo de Heráclito que decía «nadie puede bañarse dos veces en un mismo río, porque aunque aparentemente el río es el mismo, sus elementos, su cauce, el agua que corre por él, han cambiado», el cambio como constante de la vida ya que ésta representa una constante transformación del río que nunca es el mismo. Sus estudios y lecturas de Historia de la música, Zamacois, Amat… el Manual de Solfeo LAZ, una biografía de Mozart… siempre la importancia de los libros. Y musicalmente obras con formas más audaces y fijándose en la orquestación. Sus propias sonatinas o valses… ya con 12 años pero con la composición claramente consolidada, contando con un ensemble instrumental que crece con sus escolanos, conciertos con y sin coro, más el concierto de los Niños cantores de Viena en Oviedo que sería otro recuerdo compartido de aquel 96, la pequeña opereta vienesa que le abriría otro género, que dejaría para el final pero escuchando a Beatriz Díaz cantando su Maharajá.
1997 sería su cuarto año, asentando conocimiento y composición, libros de ensayos, armonía en todos los tratados que tenía a mano y aumentando sus obras compilando todo lo hecho más un curso de clarinete y los órganos ya armados, siendo suplente de organista en un oficio donde el estudio y trabajo con Fernando Álvarez en los dos «juguetes» nuevos aceleraría el trabajar improvisaciones. Escuchamos un fragmento de la Cantata “El sueño eterno”.
1998 sería el último año en Covadonga pero siempre permanecerá en él, la finalización de la ESO y los estudios de música en Oviedo, reglados y no, alternando la composición y el canto con la preparación de un CD ya con orquesta ampliada y Leoncio Diéguez instrumentando, del que Guillermo tomaba nota como alumno aventajado. Más recuerdos compartidos como la inauguración del Auditorio y el estreno de Jorge Muñiz para la ocasión. Su vocación ya consolidada y la primera eclosión. Última audición del Intermezzo “Corona de azahar” para su ópera Bodas de sangre que escuchamos en el concierto de los «20 años de La Castalia», ópera ya acabada pero sin estrenar aún.
Para un músico y lector empedernido, nada mejor que cerrar con una cita de Borges y sus Poemas del  alma totalmente actual: «En el Oriente se encendió esta guerra / cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra». Hora y media de aquellos años 90 revividos con un fenómeno como Guillermo Martínez.
Y este 25 de mayo convertiría el salón de actos del RIDEA en un aula de mi cercana Facultad de la Plaza Feijóo 40 años atrás, compartiendo «pupitre» incluso con compañeros de entonces: otra clase de Emilio Casares, «La ópera española en el siglo XX: el final del camino«, la continuación de la escuchada el «curso pasado«, que se quedó y arrancaría esta vez desde 1890 hasta el cierre del Teatro Real en 1925, donde hubo hasta 125 óperas en aquellos finales de siglo, casi todas «muy buenas» y con 55 estrenos, pero sin llegar al pasado siglo porque hablar de música y escucharla no se puede calcular.
La ópera española auténtica, entendiéndola desde el «Nacionalismo de las esencias«, sería el objeto de esta conferencia maestra, centrándose en los wagnerianos y Cataluña, pero manteniendo las líneas verdianas y el verismo.
Historias como la lucha contra el Teatro Real construido para representar ópera francesa y nada española, Chapí luchador y el eclecticismo como explicación al estilo precisamente por faltar dónde representarse. Referencias a la fuerza del Nacionalismo que bien explica Artola y sirve para la ópera española, comenzando con Felipe Pedrell y Los Pirineos, que fijará el método en tres ejes: desarrollo sinfónico, músicas e históricas propias y el lied como canción del pueblo y nada de cantar en italiano. Así nos recordó el Orientalismo / Andalucismo que levantó críticas por una gitana protagonista cuando Cataluña «debía mirar a Alemania»  Sí se parte del leitmotiv wagneriano pero más allá porque la literatura del momento uniría los dos mundos: ópera con prólogo y 3 actos, 7 horas reducidas a 4 por el propio Pedrell, y basado en los hechos históricos del sur de Occitania y el Reino de Aragón como la Cataluña soñada. Parece actual y hasta nos contaría la anécdota de sus entrevistas con Jordi Pujol tras pedirle el prólogo, que sí escribiría, esperando un estreno en un Liceu lleno de políticos, que como algo habitual no asistieron y refleja cómo tratan la cultura, y especialmente la música. Escuchamos tres audios con el bardo contempla los Pirineos dando gracias a Dios por crearlos, el coro inmenso (nuestros coros de ópera son únicos y comparables a los rusos) de todos los protagonistas que contesta con cita del Tanhausser y finalmente el Lamento del Conde de Foix por la pérdida de la patria desde el Stabat Mater dolorosa gregoriano. No se estrenaría hasta 10 años después por considerar el Marqués de Comillas un ataque a la iglesia, pero las páginas para voz y piano llegaron a media Europa.
De nuevo el Verismo en la esencia, el que describe la realidad y como respuesta italiana al naturalismo francés, que entra en España por los grandes escritores y el nuevo drama español que llenará los libretos. Interesantísimo el periodo de 1895-1910 con La Dolores de Bretón, que batiría récords en Madrid y Barcelona por las 33 y 133 funciones seguidas respectivamente,
escuchando el famoso «Dúo de amor«, y cómo la obra gira en torno a una jota.
El Circo Paris sería el escenario ideal y una compañía estable con estrenos (aún pendientes en el día de hoy), por donde pasarían el Curro Vargas de Chapí, que sí conocemos y disfrutamos en Oviedo, o Maria del Pilar (rescatada como muchas más en el madrileño Teatro de la Zarzuela) de G. Giménez, poniéndonos el audio con el aria de Valentín, viendo cómo no se pierde nunca la melodía.
Y aparecerá Granados, de orquesta casi wagneriana pero con música española o Albéniz y su inglesa Henry Clifford, por supuesto con influencia de Bretón pero también de Wagner como buen catalán. Entonces si no hacías ópera no triunfabas, y así compondrá The Magic Opal («destrozada» hace poco en Madrid), la citada Henry Clifford (escuchando un dúo), Pepita Jiménez, y Merlín.
Muchos aún en el tintero pero no podía olvidarse de Amadeo Vives, discípulo de Pedrell, con su ópera Artús en el Bellas Artes más el cambio que supondrá Euda d’Euricah, brujas catalas y la influencia de R. Strauss a quien acompañará en sus viajes, todo un intelectual, crítico, escritor, que le habla a Falla de Debussy, para darnos idea de quién era el músico catalán. Y el «descubrimiento» de Salvador Giner, valenciano con su obra por descubrir, comentando con su sorna el profesor Casares el coste de cada butaca en Les Arts que daría para pagar el viaje en AVE a Madrid y escuchar sus 6 óperas increíbles, por cierto legadas a la asociación valenciana El Micalet, donde se han conseguido 3.200 fotos de ellas para un estudio que ya tiene preparado el prolífico catedrático emérito. Giner adora a Verdi, Meyerbeer y Saint-Säens, escuchamos un fragmento del trío de L’Indovina (La adivina) escrita en italiano, pero sobre todo citar y recordar Sagunto y El soñador, histórica la primera y en castellano, que desde 1912 no se representa (nos pondría un audio del dúo al piano).
No parecía correr el reloj de clase y siempre quedan  anécdotas por contar como la de 1902 cuando Alfonso XIII es proclamado rey con la representación de Don Giovanni en el Teatro Real y la crítica de Don Ruperto. Al menos encargaría al millonario Price su teatro para 2.000 personas, e invitaría a escribir óperas como su Circe, Farinelli de Bretón…
(escuchando un fragmento del inicio tormentoso de la primera, estrenada hace poco, muy walkiriana), y por supuesto Margarita la tornera que cerrará época.
Nueva anécdota de C. Halffter charlando con Casares sobre la famosa frase de Conrado del Campo: “la solución está en Chapí”, y el asombro de los invitados alemanes “¡esto es nuevo!”.
Falta hablarnos de qué pasaba en Cataluña, con E. Morera, y Jaume Paíssa, otro amigo de R. Strauss. Gala placidia revisada por Udaeta, Marianela otra recuperada, ambientada en Asturias y esperando verla en Oviedo, con reminiscencias de Schönberg.
Quedaba citar La Celestina (1902) de Pedrell, cuyo «estreno» mundial será en octubre, aprovechando para agradecer al Teatro de las Zarzuela de Madrid con Daniel Bianco y Emilio Sagi que hayan recuperado tanto patrimonio en tiempo récord.
De la ópera en Euskadi, de menor calidad que las ya citadas, creo que la dejaremos para el próximo curso, pues más de 100 minutos ya parecían mucho para el alumnado que no cumplimos años tan bien como el profesor Casares, excusando a los que «faltaron» com su sobrino o el siempre recordado David Ruiz.

Ucrania dos años después

Deja un comentario

Jueves 12 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXIX Festival de Teatro Lírico Español: Katiuska (Pablo Sorozábal). Ainhoa Arteta, Àngel Òdena, Martín Nusspaumer, David Rubiera, Milagros Martín, Juan Noval-Moro, Enrique Baquerizo, Amelia Font. Oviedo Filarmonía, Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, Jaume Santonja (director musical).

Reseña para Opera World del viernes 24 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías y de Alfonso Suárez / Cultura OVD, y tipografía cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
En dos años el mundo ha cambiado de forma vertiginosa. La pandemia de 2020 se llevó por delante una “Katiuska” muy esperada en Oviedo, Ainhoa Arteta entraba en una complicada etapa de su vida cancelando actuaciones, el volcán de La Palma estaría en erupción casi tres meses en un no lejano 2021, y por si fuera poco, Putin invadía Ucrania el 24 de febrero pasado. No es un argumento ideal, la realidad supera siempre la ficción, pero la primera opereta del maestro donostiarra parece más actual que hace 91 años, recomendando la lectura de «El teatro musical de Pablo Sorozábal (1897-1988): Música, contexto y significado» de Mario Lerena (Arte Textos 4, Universidad del País Vasco), donde en el capítulo 2.2.1.2. «Un despegue fulgurante: el triunfo de Katiuska» se narra con todo lujo de detalles esta obra escénica que forma parte de nuestra memoria musical, sobre todo para los que peinamos canas y escuchamos cientos de veces tanto en vinilo (conservo la grabación con el Coro de Cantores del maestro Perera, la Orquesta de Conciertos de Madrid dirigida por el propio compositor y los siempre únicos Pilar Lorengar, Alfredo Kraus o Renato Cesari), como en casete o CD, y ya en los tiempos actuales desde todas las plataformas a nuestra disposición, incluyendo YouTube© con la misma producción representada en Madrid el mes de octubre de 2018 cuando nadie preveía esta postpandemia tan dura y convulsa.
La “Katiuska de Sagi” sigue siendo vistosa pese al plano inclinado (como en la “Maruxa de Paco Azorín» que disfrutamos en Oviedo hace ahora tres años) pues no ayuda a la mejor actuación posible sobre el escenario y hasta podría haber algún percance, incluyendo las ruinas delanteras, solventado por la gran profesionalidad de todos los que subieron al escenario. Sumemos la escenografía del hoy director del Teatro de la Zarzuela Daniel Bianco, el elegante vestuario de Pepa Ojanguren (repuesto por Susana de Dios), o la iluminación siempre acertada de Eduardo Bravo en esta coproducción española triunfadora allá donde va.
Todo el elenco en general estuvo bien y muy equilibrado, comenzando con un Àngel Ódena protagonista total, como en su día Marcos Redondo, que fue creciendo de principio a fin pese a tener que comenzar con la siempre exigente romanza Calor de nido casi en frío, para ganar enteros, volumen y presencia a lo largo de los dos actos, destacando sobremanera en el dúo Somos dos barcas con Ainhoa Arteta. Pedro el Comisario tarraconense se ha hecho totalmente con el personaje y lo transmite con plena autoridad vocal, siendo el triunfador de la tarde.
La soprano tolosarra, auténtica princesa lírica vestida para la ocasión volvía a pisar las tablas con todos los miedos y precauciones, ganas y entrega sin estar en su mejor momento vocal, pero el público asturiano la adora y no solo le perdona todo, sino que le agradeció su presencia en el Campoamor. La emoción se palpó en cada romanza, Vivía sola con mi abuelita y sobremanera Noche hermosa, la musicalidad y buen gusto siempre presente, aunque en los concertantes no pudiese mantener su presencia vocal, pero todo un logro haber cantado esta “Katiuska” que servirá para continuar este renacimiento de nuestra Ainhoa querida y admirada en tantos años de carrera, donde Oviedo siempre ha estado presente. Le deseamos todo lo mejor en estos duros tiempos que corren y besar las tablas al final de la representación es un acto de fe en ella misma.
Mención aparte para la gran dama de la zarzuela, la veterana Milagros Martín más joven que nunca, derrochando talento, voz, gracia, escena, una declamación perfecta y el fox-trot impresionantemente bien bailado, A París me voy en la buena compañía del asturiano Juan Noval Moro y la réplica de la otra pareja de altura, Amelia Font con David Rubiera, que hicieron las delicias igualmente con el cuarteto y vals ¡Rusita, rusa divina!. Aunque los diálogos se hayan cortado, algo habitual hoy en día, ya no se habla de tiples o tenores cómicos, tampoco de actores y actrices cantantes, al fin tenemos cantantes que son grandes actores, y su participación en la opereta de mi tocayo, redondearon el equilibrado elenco, sin olvidarme de otro “imprescindible” como Enrique Baquerizo, el Amadeo Pich catalán que logró más de una carcajada en esta tragicomedia donde las katiuskas también tuvieron su propia coreografía.
Cerrando el elenco vocal, el tenor uruguayo Martín Nusspaumer que ya apuntase maneras en aquella “Tabernera” de 2018, defendió su Príncipe con ganas en unos concertantes siempre difíciles en donde su bello color (demostrado al menos en su romanza del primer acto Es delicada flor), quedó algo corto en volumen.
El coro y orquesta titulares subrayaron el nivel de la opereta con un Jaume Santonja sin concesiones vocales y manteniendo unos tiempos algo más lentos de lo habitual, lo que vendría bien a los solistas. De la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (que dirige José Manuel San Emeterio) las voces graves comenzaron la función algo excesivos frente a las blancas más comedidas, todos al fin sin mascarillas, para ir ganando en empaste, siendo verdaderamente rotundos como campesinos y soldados. De Oviedo Filarmonía agradecer la inclusión de dos mandolinas para emular las balalaikas rusas, generando una tímbrica propia y especial, los buenos balances logrados por el director valenciano donde tampoco faltaron los saxofones y el piano, más las intervenciones del arpa, con una plantilla ideal que desde el foso sonó siempre bien armada, matizada y disciplinada.
El sábado será la segunda función de este consolidado Festival de Teatro Lírico en “La Viena española” que finalizará con la ópera «María Moliner» de Antoni Parera el próximo mes de junio que espero contar también desde aquí, más una gala lírica que me perderé por causas mayores, donde estarán Carlos Álvarez, Jorge de León y Rocío Ignacio bajo la batuta de Lucas Macías que vuelve al frente de su orquesta.
Ficha: Teatro Campoamor, Oviedo, jueves 12 de mayo de 2022, 20:00 horas. XXIX Festival de Teatro Lírico Español: “Katiuska” (Pablo Sorozábal), libreto de Emilio González del Castillo y Manuel Martí Alonso. Estrenada en el Teatro Victoria de Barcelona el 27 de enero de 1931, y en el Teatro Rialto de Madrid el 11 de mayo de 1932. Producción del Teatro Arriaga de Bilbao, coproducida por el Teatro Campoamor de Oviedo, el Teatro Calderón de Valladolid y el Teatro Español de Madrid. Edición de Pablo Sorozábal Gómez. Instituto Complutense de Ciencias Musicales / Sociedad General de Autores y Editores (Madrid, 2008).
Reparto: KATIUSKA, PROTEGIDA DEL PRÍNCIPE SERGIO: Ainhoa Arteta; PEDRO STAKOF, COMISARIO DEL SÓVIET: Àngel Òdena; SERGIO, PRÍNCIPE PRÓXIMO A LA FAMILIA IMPERIAL: Martín Nusspaumer; BRUNO BRUNOVICH, CORONEL DEL EJÉRCITO ZARISTA: David Rubiera; OLGA, JOVEN NOVIA DE BONI: Milagros Martín; BONI, ANTIGUO ASISTENTE DEL CORONEL: Juan Noval-Moro; AMADEO PICH, VIAJANTE VENDEDOR DE MEDIAS: Enrique Baquerizo; TATIANA, TÍA DE BONI Y DUEÑA DE LA POSADA: Amelia Font.
DIRECCIÓN MUSICAL: Jaume Santonja; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; AYUDANTE DE DIRECCIÓN DE ESCENA: Javier Ulacia; ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; VESTUARIO: Pepa Ojanguren; REPOSICIÓN DE VESTUARIO: Susana de Dios; ILUMINACIÓN: Eduardo Bravo; AYUDANTE DE ILUMINACIÓN: David Hortelano; COREOGRAFÍA: Nuria Castejón.
Oviedo Filarmonía, Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (dirección: José Manuel San Emeterio).

Older Entries Newer Entries