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El instrumento perfecto

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Lunes 27 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Royal Concertgebouw Orchestra, Janine Jansen (violín), Klaus Mäkelä (director). Obras de Purcell, Britten, Dowland y Schumann. Fotos propias y de Alfonso Suárez.

Cada pianista suele tener (y a menudo elegir) una marca con la que se identifica y siente más cómodo para sus conciertos, y así Steinway©, Yamaha© o Bösendorfer© son el instrumento preferido aunque normalmente tengan que «lidiar» con otros y no siempre en el estado ideal para una buena interpretación. Pese a todo tampoco todos saben sacar el máximo partido a un buen piano, y el buen ejecutante siempre hará sonar como suyo todo teclado con el que se encuentre, mientras tampoco las buenas marcas son seguro de buen concierto dependiendo quién las haga sonar.

Este paralelismo pianístico inicial lo traigo por el orquestal, recordando a Berlín, Viena o Ámsterdam, pues sus filarmónicas son como empresas que suponen tener el material con el que todo intérprete quiere construir, formando parte suya, y los directores ponerse al frente con «el instrumento perfecto». Por Oviedo han pasado esas «tres marcas» y no siempre con el mejor ejecutante de tan grandes instrumentos sinfónicos, pero tengo claro que el finlandés Klaus Mäkela (Helsinki, 17 de enero de 1996) hace sonar más que bien toda orquesta que dirige, haciéndose el deseado desde la primera  vez que trabaja con ellas y asombrando allá donde quieren «ficharlo».

Si en Granada me ganó para la causa con dos conciertos y una buena orquesta como la de París -que dicho sea de paso no está entre las «marcas famosas»- ya en Oviedo (parada entre Barcelona y Madrid) venía con la Real Orquesta del Concergebouw de Ámsterdam (RCO) de la que será su titular a partir de 2027 (simultaneándola con la de Chicago) para seguir reafirmándose como «uno de los más prometedores jóvenes directores del mundo» en el más esperado de los conciertos de esta temporada, «transformando cada debut en algo similar a un flechazo sentimental« como escribía en una entrevista de este lunes Pablo L. Rodríguez, autor de las notas al programa. El director finlandés es un intérprete de altura que, con un instrumento perfecto como la real orquesta neerlandesa (parece no es correcto decir holandesa), volvió a enamorarnos y hacer caer rendido a un auditorio al completo, sabedor de estar ante otro concierto histórico en la capital asturiana.

Este programa que traían a Oviedo (y segundo de Madrid, que no harían en Barcelona) podría calificarse de atrevido por inusual pero muy coherente al encontrarnos para la primera parte con la Marcha de la «Música para el funeral de la Reina Mary», Z. 860 de Purcell junto al Concierto para violín y orquesta, op. 15 de Britten ya con Janine Jansen (Soest, 7 de enero de 1978) preparada, pues el solo de trompetas y trombones a pares con el atabal enlazarían sin pause con el redoble de timbal que arranca el primer movimiento del concierto de violín. Y es que Britten fue devoto admirador de su compatriota Henry Purcell, al igual que un excelente intérprete de Schumann (para la segunda parte) tanto al piano como dirigiendo. El inicio de los solistas de la RCO mostró al Mäkela inteligente en dejarles mandar sin marcar, pues ya conocemos cómo trabaja el joven finlandés. Y la entrada del concierto de Britten ya resaltó las características tan personales de su arte de dirigir. Perfecto concertador atento a la solista y capaz de sacar toda la gama dinámica de la orquesta para poder disfrutar al completo la emocionante interpretación de Janine Jansen con su Stradivarius ‘Shumsky-Rode’ (1715). Todos ellos se conocen, trabajan juntos a menudo y la complejidad técnica del compositor británico no fue obstáculo para ninguno de los artistas demostrando respeto, admiración y un amor por la música común.

El sonido de la violinista de Países Bajos es increíble, llega a todos los rincones con una paleta de recursos y colores únicos, hasta en los armónicos. Su musicalidad trasciende más allá del propio instrumento, es corporal, con un arco tan increíble como su digitación estratosférica, pura emoción que transmitió en los tres movimientos, siempre perfectamente balanceados por Mäkela y una RCO ideal en sonido y empaque con la plantilla perfecta (calcular a partir de la cuerda: 14-12-1o-8-6, hoy comandada por el concertino Vesko Eschkenazy). Las indicaciones de Agitato o Animando fueron literales hasta la Cadenza previa al inicio del tercer movimiento que logró un reverencial silencio por parte de todos hasta ponernos la carne de gallina. Este triunvirato de «solista, orquesta y director» en este concierto logró engrandecer esta primera parte que dejó muy alto el listón y exhausta a la virtuosa, saliendo a saludar hasta en cinco ocasiones pero imposible regalar una propina tras el esfuerzo físico y mental de un Britten para el recuerdo.

Con la misma coherencia llegarían las obras unidas en la segunda parte: las Lachrimae antiquae de Dowland y la poco interpretada segunda de Schumann (además de continuación de la primera, pues como bien relata Luis Gago en el programa de mano para Ibermúsica, «Robert Schumann como Benjamin Britten padecieron fuertes episodios melancólicos o, en terminología más moderna, depresivos. Se acentuaron, claro, al final de la vida de uno y otro como consecuencia de la enfermedad: los trastornos mentales derivados de una antigua y muy probable infección de sífilis en el primero y severas dolencias cardíacas en el segundo, que afectaron seriamente a la movilidad de la parte derecha de su cuerpo de resultas de un infarto, lo que le impidió tocar el piano, una de sus ocupaciones predilectas, y le obligó a desplazarse en silla de ruedas»). Y estas notas las titula «Melancolías» pues nadie como Dowland puede traducir este sentimiento y el arreglo elegido para el concertino, el violín segundo, dos violas y cello de la RCO cual ensamble de violas renacentista, verdaderas lágrimas antes de la Sinfonía nº 2 en do mayor, op. 61 de Schumann dirigidas de memoria por un Mäkela que las conoce a fondo, al igual que los neerlandeses.

La gestualidad del director finlandés es propia, estilizado cuerpo cimbreante, danzante por momentos, encogido o estirado, con una mano izquierda que frasea, delinea, agita, corta o aminora, más la batuta cual varita mágica ágil, vibrante, marcando sin ofender y dibujando en el aire. Escuchar esta segunda sinfonía de Schumann (estrenada en Leipzig el 5 de noviembre de 1846) observándole dirigir es un placer visual junto al sonoro. Escrita durante los primeros síntomas del deterioro mental que según confesión del compositor  «hablaba de la resistencia del espíritu» -lo que le supuso una verdadera batalla contra su mala salud- si el programa de este concierto demuestra cohesión de principio a fin, esta segunda sinfonía también. Mi admirado tocayo la disecciona como buen profesor en las notas al programa, y puedo comentarla a partir de ellas: A través de un tema común siempre claro en la RCO, presentado en el allegro inicial por unos metales siempre nobles en un tempo «un poco più vivace», el mismo tema que volvería a sonar al final del movimiento y también del scherzo, siempre enunciado por la misma familia de instrumentos con una claridad meridiana de los neerlandeses. El scherzo va en segundo lugar en vez del habitual adagio, y jugando con las notas del nombre de Bach en alemán. Mäkelä subrayó la ternura del Schumann más lírico, apoyado primero en una cuerda increíble, donde las fusas a unísono sonaban todas a una perfectamente encajadas, más el momento estelar del oboe (recordando que Lucas Macías ocupó esa plaza). El último allegro victorioso resultó impecable, triunfante y elegante como la dirección de Mäkelä, con el movimiento del que Schumann afirmó le hizo revivir y sentirse mucho mejor de su aflicción al ponerle punto final, y así nos hicieron sentir este instrumento perfecto con el mejor intérprete del momento.

Y de regalo otra delicatesen para recordar: el Andantino del entreacto nº 3 de la «Rosamunde» D. 797 de Franz Schubert, imposible mejorar lo escuchado este último lunes de enero en Oviedo, fecha para la historia musical de «La Viena Española» que no me cansaré de repetir.

PROGRAMA:

Primera parte

Henry Purcell (1659-1695):

Marcha de la «Música para el funeral de la Reina Mary», Z. 860

Benjamin Britten (1913-1976):

Concierto para violín y orquesta, op. 15

I. Moderato con moto – Agitato – Tempo primo

II. Vivace – Animando – Largamente – Cadenza

III. Passacaglia: Andante lento (Un poco meno mosso)

Segunda parte

John Dowland (1563-1626):

Lachrimae antiquae

Robert Schumann (1810-1856):

Sinfonía n.° 2 en do mayor, op. 61

I. Sostenuto assai – Un poco più vivace – Allegro, ma non troppo

II. Scherzo: Allegro vivace

III. Adagio espressivo

IV. Allegro molto vivace

Oscuridad luminosa

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Viernes 17 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Rusia siglo XX»: abono 3 OSPA, Sir Stephan Hough (piano), Nuno Coelho (director). Obras de Grieg y Shostakovich.Regresaban los conciertos de abono de la OSPA con su titular Nuno Coelho que tenía el habitual encuentro previo con el público en la sala de cámara a las 19:15 horas, para comentar el éxito en La Coruña el día antes, dentro del intercambio con la OSG, realizar una breve semblanza de Sir Stephan Hough (Heswall, 1961) de quien espera estrenar su Concierto para piano «El mundo de ayer» (2023) aunque para este programa se haya decidido por el de Grieg , y comentándonos su amor (pasión diría yo) por Shostakovich del que nos habló de sus altibajos emocionales y personales en la Unión Soviética, de sus miedos y violencia en la escritura como forma de protesta a menudo velada o incluso con humor crítico, para diseccionarnos su décima sinfonía, estando igualmente a la espera de programar la 7ª o la 8ª (la 5ª ya la hemos disfrutado hace un año) pero sobre todas la 15ª, describiéndonos al compositor soviético como un verdadero «training» para toda orquesta y el esfuerzo casi maratoniano de sus obras por intensidad y esfuerzo que requiere de todos. En el concierto se corroboraría todo lo que el maestro portugués nos contó, con más presencia en la sala que en las dos citas anteriores, y lo mismo con un auditorio que parece recobrar aficionados.

El jueves Leif Ove Andsnes impregnó la sala principal de una atmósfera noruega con Grieg y Chopin que por la magia musical serían los compositores del pianista británico en este programa lleno de luminosa oscuridad con el Concierto para piano en la menor, op. 16 de Grieg donde pudimos comprobar la frase que no hace mucho decía su homólogo Sir András Schiff que «El piano no puede ser solo cuestión de dedos» y tras más de 40 años de carrera el polifacético y casi renacentista artista inglés demostró cómo interiorizar y hacer propia cada obra, más cuando hay el feliz entendimiento en la concertación como fue el caso, y más en una obra que lleva años interpretándola. Desde el redoble inicial de timbal y el primer acorde del Allegro molto moderato comprobamos la amplísima gama de matices en un piano siempre presente, su forma de «estirar el tempo» sin perder la pulsación y siempre encajando con la orquesta, plenamente integrada con su titular. Las cadencias de Sir Stephan Hough merecen utilizarse de ejemplo para tantos intérpretes que siguen afrontando este delicioso concierto del noruego estrenado en la capital danesa en 1869 y que combina folklore y lirismo romántico. El buen estado de la formación asturiana ayudó a disfrutar de la rítmica tan especial del haling y el springdans nórdicos jugando con la alternancia entre binario y ternario de ambas para encajar cada movimiento a la perfección con el solista. Coelho consiguió el balance ideal para poder disfrutar siempre del piano, tanto en las partes solistas como las concertantes siempre acertado con el fluir del inglés arropado por una cuerda comandada de nuevo por el asturiano Aitor Hevia. El Adagio pareció hacernos flotar a todos gracias al intimismo alcanzado entre solista y orquesta, tan «imperial» e incluso «chopiniano» desde un piano cristalino y una aterciopelada sinfónica, especialmente en maderas y cuerda grave, paladeando cada compás, cada arpegio, cada trino, preguntas y respuestas alternándose, de dinámicas contenidas antes del siempre luminoso y danzante Allegro moderato molto e marcato de aires marciales bien marcados por todos sin apresurarse, porque así está escrito, el empuje lleno de virtuosismo con esa aparente sencillez, la de la flauta casi pastoral que detiene por un momento el fluir de los nórdicos, sencillez y elegancia que transmite Sir Stephan Hough desde su madurez interpretativa.

Y en solitario pero con la misma elegancia o el famoso «a touch of class» de este caballero del piano, su Nocturno op. 9, nº 2 de Chopin fue una nueva lección de interpretación sentida, personal (sus rubati son seña de identidad), profunda, poética y limpia, como recogiendo la atmósfera del día anterior.

Para La Décima de Shostakovich, probablemente la más completa y exitosa de las quince, estrenada en 1953 tras la muerte de Stalin, nuestra OSPA sacaría todo el «músculo» y la energía que el maestro portugués transmite y contagia, exprimiendo de cada sección y sus principales lo mejor en una interpretación muy completa por parte de todos, sin excepción.

Con ese arranque oscuro de una cuerda tersa, oscura, tensionada, empastada y unida, el inmenso Moderato nos llena de dudas existenciales y de incomodidad interior desde una belleza sinfónica de sonido impecable. Como escribe Alejandro G. Villalibre en las notas al programa sobre el ruso: «desnuda su alma y como siempre muestra las debilidades y las reservas de fuerza y de grandeza que siempre le caracteriza», una compleja sencillez llena de claves por descifrar y su probable celebración encubierta de la muerte del dictador. Muchos términos para intentar describir la música del ruso: «tragedia, desesperación, terror y violencia, y dos minutos de triunfo», opresión donde las maderas van desgranando miedos y la nostalgia sentida por el clarinete contestada por el fagot que retoma la pesadilla, junto a los tutti que transmiten ese pavor a una noche luminosa que puede ser la última como nos contaba Coelho, con unos trombones corales impresionantes. El «furioso» Allegro se convierte en una auténtica efusión emocional sostenida, dúo de píccolos estridentemente contenidos pero suficientemente presentes junto al ominoso tambor militar, el uso de la marcha como ya hiciese Tchaikovsky con la sensación de terror, tiempo vivo y exigente en esta segunda parte de la «maratoniana décima«, todos a una empujados con autoridad por el mariscal Coelho antes del vals del Allegretto donde aparece la música con la representación del llamado «tema Shostakovich» (sus iniciales DSCH que son las notas en la notación alemana). Flautas y clarinetes compiten antes de la trompa solista por intervenciones seguras y matizadas para transmitir esa tragedia personal elevada a una música única. Y el Andante – Allegro final con ese extenso diálogo de los vientos solistas desde un clarinete inspiradísimo que nos adentra en la pesadilla inicial en un tiempo vertiginoso bien ejecutado. Matices extremos sin estridencias, trompeta y trombón en fructífera lid, el solo de fagot que parece disipar las sombras que han perseguido al resto de la sinfonía hasta llegar al clímax masivo con los metales y toda la orquesta en lo que se ha descrito como «una afirmación resuelta del triunfo del individuo sobre un régimen desalmado y deshumanizante». Esta vez el colectivo salió triunfante y la «maratoniana décima» llegó con una buena marca de la casa.

PROGRAMA:

EDVARD GRIEG (1843 – 1907)

Concierto para piano en la menor, op. 16

I. Allegro molto moderato

II. Adagio

III. Allegro moderato molto e marcato

DMITRI SHOSTAKOVICH (1906 – 1975)

Sinfonía nº 10 en mi menor, op. 93

I. Moderato
II. Allegro
III. Allegretto
IV. Andante – Allegro

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:

Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar la hoja del calendario a este nuevo año con rima fácil y poco educada aunque cause risa (como «caca, pedo, culo, pis»…).

Musicalmente, y a la vista de cómo sigue el mundo lleno de guerras, genocidios, odio y las tristes circunstancias de las que parecemos no aprender, solo pido mantener toda la música a ser posible en PAZ, FRATERNIDAD y AMOR como pidió Riccardo Muti el primero de año desde Viena, aunque sé que la SALUD es el mejor regalo en estos tiempos.

Sin necesidad de aniversarios (y en 2025 también tenemos varios para celebrar), como todo los años que son como mi Scalextric, pido poder escuchar en mi tierra la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas, chicos de hierro, «piedras» y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también una Escolanía -pues a la de Covadonga la han «desaparecido»- más la de San Salvador…), junto a solistas de los que tenemos un montón y ¡de primera! en nuestra querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Lola Casariego, la joven María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.

Eso sí, mantengo mi ilusión de contar con Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigiese en Barcelona cuando estuvo de titular, también finalizado su contrato con la OCRTVE, así que aprovecho para pedirles «le den una orquesta» para este 2025 y siguientes, pese a que no le falta trabajo. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues seguimos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha, y que se acierte en el nombramiento de una gerencia que la ayude a seguir creciendo con su titular portugués (¡por favor que no nos lo lleven!).

Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles muchos conciertos para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los tres hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando «desde casa», actuando solos, con otros ensembles, pero especialmente con «su formación», así como pedir que sigan grabando nuevos discos, juntos o por separado, pues siempre son el mejor regalo en cualquier día del año.

También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes y «emigrados» como Mario Bernardo o Martín García. Todos ellos, junto a Henar F. Clavel, están creciendo en todos los sentidos, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui (que será de nuevo mamá este año como el mejor y mayor regalo) o mi querida venezolana Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2025.

Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez (al menos que siga igual de fructíferoy Gabriel Ordás (en Manhattan formándose y trabajando en la distancia), pues siguen estando de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos tal como les había pedido en otras cartas. Gracias señorías…

Y por mantener la ilusión, aunque como decía mi madre «parece que te hizo la boca un fraile», continúo reclamando a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias porque acaban repitiéndolas más que el ajo.

Este año no pido nada para mis violinistas favoritos que se van haciendo mayores, pero siguen trabajando y bien: Ignacio Rodríguez sigue emigrado en Bélgica y María Ovín continúa en la OSPA, creciendo como personas y artistas… solo desearles que continúen los éxitos.

Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2025 y mucho más. Además de darle de nuevo las gracias a la soprano asturiana, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo tanto como su agenda aunque esperemos mucha más ópera y zarzuela en el Campoamor (como fue su gran protagonista de La Rosa del Azafrán), tras su esperada Mimí en Alicante y hace poco un Manojo madrileño a tope), por lo que les sigo pidiendo llevarla al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa pero debo recordarles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.

Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi recordada mamá me repetía aquello de «contra el vicio de pedir, la virtud de no dar»… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos (parece que se va logrando) sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.

A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan que existe la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que «los envíos» llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que ya son universales (🚜💩💩💩💩💩💩💩🐄).

Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia allá por junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2024 en que cumplíamos seis años (esta vez la Lotería no tocó pero sí nuestros músicos que no pararon), esperando mantengan su Banda Sinfónica y agradecerles haber hecho un buen relevo de nuestro querido Antonio Cánovas (ya en su tierra murciana y dirigiendo la Banda de Águilas) con un prometedor e ilusionado Nando Castelló. Poder mantener el mismo nivel a lo largo de estos seis años y llevar su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible con una calidad y programas que son la envidia de muchos, es un deseo que se sigue cumpliendo y nuestros «13 Reyes» estrenados en la Folixa de Mieres triunfaron en Lorient, esperando ya el 31 de mayo para volver a disfrutarlo en el Auditorio de Oviedo con los «hermanos» de la Banda de Gaites «La Laguna del Torollu» e Iñaki Santianes comandando este proyecto que se hizo realidad. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.

A propósito, si pudieran dejar la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces descansaría (no tiro fuegos artificiales por respeto a los perros…) pero ya ven que no está entre las peticiones musicales de este mi tercer curso fuera de ella. La LOMLOE o Ley Celáa sigue empeorando leyes anteriores (y recuerdo que iban ocho en 37 años) en pos de una generación de ignorantes digitales y adictos al móvil (no pienso escribir nada de la mal llamada INTELIGENCIA ARTIFICIAL que parece un oximorón), aunque mantengo la esperanza que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos. Aunque suene un tanto repipi la esperanza nunca la pierdo.

Gracias señores majos y Magos (de donde vengan utilizando el transporte que tengan (saben de sobra que los carburantes son más caros que el pienso). Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días de este 2025.

Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años

Comprensión con pasión

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Viernes 29 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA abono 2 «Arquitectura hecha música»: Anke Vondung (mezzo), Nuno Coelho (director). Obras de Schubert y Bruckner.

Tras la «Arabella» de la ópera ovetense regresaba al Auditorio nuestra OSPA y su titular con el segundo concierto de abono con un programa interesante que Nuno Coelho presentó primero en la sala de cámara manteniendo los encuentros previos, emparejando a dos compositores que Jonathan Mallada en sus notas los llama «Arquitectos de la música», en cierto modo unidos no ya por Viena sino por su lucha vital, el levantarse de los sinsabores y críticas adversas a sus obras para renacer con pasión, y con la mezzo alemana Anke Vondung sustituyendo a la colaboradora artística Fleur Barron que hubo de cancelar, esta vez con Yuri Kalnits de concertino invitado, pues seguimos sin cubrir esa plaza, y ahora también sin gerente.

El malogrado e incomprendido Schubert nos dejó alrededor de 600 lieder donde mostrar su capacidad para escribir unas melodías que muchos aficionados pueden tararear concebidas para voz y piano que formaban parte de aquellas veladas de salón en la Viena imperial conocidas precisamente como «schubertiadas». De las muchas versiones e interpretaciones me quedo con las de barítonos y mezzos por el color de voz además de los textos -incluidos y traducidos en el programa de mano- que son pura poesía musicada. Contar además con una cantante alemana es un plus por su dicción, fraseos y hasta gestualidad, como así resultó con Anke Vondung (Espira, 1972), alumna del irrepetible Fischer-Dieskau, pues aunque no sea igual cantar con orquesta por el volumen, si bien el director portugués intentó hacerla camerística en los planos sonoros, debo añadir que no todas las orquestaciones (que dejo detalladas al final de esta entrada) ayudan ni mejoran el original pianístico con quien la voz comparte el protagonismo y no un mero acompañamiento, y así los entendió el director portuense, buen concertador con la germana de voz poderosa en todo el registro.

De los cinco lieder elegidos para la ocasión (más la propina de An Sylvia) interesantes y conocidas Die Forelle D. 550 (La trucha) o la «Serenata» con una instrumentación siempre sugerente, pero sobre todo Erlkönig D. 328 (El rey de los elfos) con texto de Goethe, donde Franz Liszt «cargó las tintas» pero la mezzo alemana la llenó de todo su dramatismo en el amplio sentido de la expresión, amén del dulce regalo con texto de Shakespeare.

Si la semana pasada homenajeábamos a Bruckner en su bicentenario con su «sinfonía de estudio», esta vez manteniendo mi aforismo de que «no hay quinta mala», la OSPA afrontaría esta pétrea «catedral sonora», exigente, monumental, emocionante y muy trabajada, donde comprobar que la capacidad técnica, musicalidad y sonoridad de cada sección de la formación asturiana es un lujo del que tristemente no se disfruta como debería, pues daba pena ver medio patio de butacas vacío.

Coelho sigue creciendo desde el podio con un trabajo meticuloso, riguroso, armando este monumento bruckneriano, comunicando a la perfección todo el trabajo previo para con sus gestos «sacar petróleo» de la formación ajustada a la plantilla, jugar con los tempi sin amaneramientos, mantener el balance preciso, dejar lucirse a los primeros atriles y mantener esa sonoridad compacta que es ya seña de identidad, junto a unos silencios subyugantes que subrayaron el excelente discurso sinfónico.

Para hablar de Bruckner no podemos olvidarnos de su religiosidad y del trabajo como organista, una espiritualidad interior que sin tener melodías «reconocibles» es capaz de construir un templo sinfónico desde un contrapunto y superposiciones tímbricas más allá del poderío que tienen los metales. El siempre recordado maestro Max Valdés hablaba de «los bronces» pero hoy todo el viento fue de oro: un quinteto de trompas esmaltado, compacto, un trío de trompetas comandado por Maarten van Weverwijk con un timbre aterciopelado, los trombones y tuba verdaderos registros organísticos, más la «lengüetería» de la madera jugando con combinaciones tímbricas fabulosas en esta Quinta Sinfonía.

Sumemos la cuerda que por momentos es protagonista y en otros verdadero sustento del viento, con unos pizzicatti muy presentes, unos fraseos claros y precisos, trabajando no solo las dinámicas necesarias para mantener el plano ante el poderío te «los tubos», igual de aterciopeladas en un Adagio del último movimiento que seguramente inspiró a Mahler, el tránsito desde su maestro Bruckner en la construcción sinfónica, aunque el bohemio traerá lo celestial a lo terrenal. Enorme esfuerzo por parte de todos, entrega máxima y una versión de la que presumir ante tantas que todo melómano atesora en su discoteca esta que cerraba noviembre con el «arquitecto» Nuno Coelho y la OSPA, de la que no volveremos a disfrutar (amén del ya reiterativo «Mesías» navideño) hasta el tercero de abono en enero con el concierto de piano de Grieg más la décima de Shostakovich en otro programa que promete tras la esperada «Aida» nuevamente en la ópera ovetense.

PROGRAMA:

FRANZ SCHUBERT (1797 – 1828)

Lieder:

▪ Die Forelle (La trucha), op. 32 (D. 550) (orq. Benjamin Britten)

▪ Rosamunda, Romanza, D. 797

▪ Gruppe aus dem Tartarus (Grupo del Tártaro), D. 583 (orq. Max Reger)

▪ Ständchen (Serenata), D. 957, nº4 (orq. Jacques Offenbach)

▪ Erlkönig (El rey de los elfos), D. 328 (orq. Franz Liszt)

ANTON BRUCKNER (1824 – 1896)

Sinfonía nº5 en si bemol mayor, Cahis 7:

I. Adagio – Allegro – Langsamer

II. Adagio – Sehr langsam

III. Scherzo: Molto vivace – Trio

IV. Finale: Adagio – Allegro moderato

Espiritualidad romántica

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Un hito de la OFIL y «El León de Oro», con Marco Antonio de Paz a la batuta

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Crítica para LNE del viernes 22, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

En este 2024 que va llegando a su fin, se está conmemorando el bicentenario del nacimiento de Anton Bruckner (1824-1896), por lo que en la que seguiré llamando “La Viena Española” no podía faltar su homenaje dentro de los Conciertos del Auditorio con la orquesta titular del ciclo para interpretar la Sinfonía nº 00 en fa menor, WAB99 (1863) muy poco escuchada y que tiene como subtítulo “Sinfonía de estudio” que no pudo escuchar en vida, que hasta 1924 no se estrenaría completa, y considerada en principio la nº 1, como era habitual en el compositor, rectificaría después dejándola sin numerar, siendo editada en 1973 por Leopold Nowak. Primer acierto de este concierto.

Tener al frente al maestro Marco Antonio García de Paz por sus estudios de violín, conocedor desde el atril de la dirección y la complicidad con la OFil, el segundo acierto. Para rematar quedaba unir sapiencia y experiencia coral desde “su” coro, El León de Oro, con muchas décadas trabajando repertorio variado, donde además del propio Bruckner con distintas formaciones (como el Coro de RTVE o el Joven Coro de Andalucía), en sus programas sinfónicos ha ido labrándose una trayectoria impecable, así que el “Requiem en do menor”, op. 21 de Luigi Cherubini (1760-1842) ha sido otro hito en Oviedo del que disfrutarán hoy en Santander.

Sin ánimo de recargar con adjetivos este programa doble, globalmente fue espléndido por la elección que une lo sacro y clásico del italiano con la monumentalidad romántica del austriaco, el espíritu católico de ambas obras y autores, más allá de creencias, pues la música de los dos es emocionante, además de contar con una escritura de herencias mozartianas que las hace aún más agradecidas de escuchar, más cuando están interpretadas con conocimiento y mucho trabajo previo.

La «Studiensymphonie» de Bruckner en sus cuatro movimientos (Allegro molto vivace / Andante molto / Scherzo (Schnell) – Trio (Langsamer) / Finale. Allegro) no es ni un trabajo de clase ni un mero ejercicio académico como se la llegó a clasificar en su momento. Los amplios contrastes dinámicos, fraseos, balance entre secciones y un estilo propio de esta sinfonía “juvenil” suponen un reto que el director luanquín asumió. Con una colocación de la OFil “a la vienesa”, ya supuso un juego tímbrico muy conseguido, matices siempre equilibrados conteniendo la justa medida del poderío en los metales y con una gama de contrastes dinámicos, así como de tiempos, plenamente románticos, sin obviar los momentos clásicos tan “cantabiles” en cuerda y madera. Si algo puedo añadir es haber conseguido que la orquesta sonase como un gran coro, delineando cada fraseo y agradeciendo que se optase por esta sinfonía felizmente recuperada por un Eliahu Inbal, que ya me emocionase el pasado año en el Festival de Granada con “la séptima” dirigiendo a la JONDE. El tándem OFil-García de Paz con esta “doble cero” será otra referencia para quien suscribe.

Desde sus inicios, el LDO me cautivó por tratarse de un proyecto con sello propio que ya marcaba diferencias buscando una sonoridad cercana a la perfección coral, declarándome un “leónigan” confeso y que no le he perdido nunca el rastro en más de veinte años de andadura. Los cambios de ubicación de sus formaciones son casi señas de identidad en pro de juegos tímbricos, espaciales y adaptándose al repertorio. Para el “Réquiem en do menor” de Cherubini, compuesto entre 1815 y 1816 por encargo de Luis XVIII para estrenarse al año siguiente en el panteón real de la monarquía francesa, Marco A. García de Paz aprovechando la disposición orquestal ubicó detrás al LDO situando en el centro a bajos y tenores escoltados por sopranos y contraltos a ambos lados de los hombres, contraponiendo agudos y graves instrumentales con los vocales en una obra sin solistas, pero con las cuatro cuerdas cantando en feliz simbiosis con una orquestación “rompedora” y hasta revolucionaria del italiano venerado en la Francia borbónica, volcado en la música sacra desde 1809 para marcar el modelo de “misa de difuntos” romántica (con la herencia y recuerdo mozartiano) admirada desde Beethoven a Berlioz pasando por Schumann o Brahms. Afinación perfecta, emisión amplia, empaste, dicción latina italianizante y dinámicas extremas sustentadas por una OFil que lo mismo completaba las armonías como las “adornaba”, cantando sin palabras o convirtiendo al viento (sin las “odiadas” flautas para Cherubini) en un órgano catedralicio con trompetas naturales. Siete partes con el Introitus et Kyrye recogido, Graduale contrastado, Sequentia donde aparecería el “inicipit” gregoriano de los hombres antes del impactante Dies irae, aterrador, con el golpe de gong cual campana apocalíptica, seguido del  clásico y hermoso Lacrimosa, el complicado encaje fugado entre coro y orquesta en el Quam olim Abrahae del Ofertorio, bien llevado por el director gozoniego, con exigentes cambios de tempo como en Hostias et preces tibi sin perder la concentración pese a los apagones de algunos focos o el “pecador” e impertinente teléfono antes de un Pie Jesu que verdaderamente parecía pedir descanso eterno y piedad. Emociones transmitidas por un LDO al que no se le notan los cambios generacionales, manteniendo el “esqueleto inicial” en las cuatro cuerdas, uniendo experiencia y savia nueva en una transición natural, con el Agnus Dei et Communio feliz de esta joya sinfónico coral que García de Paz entendió desde su amplia y fructífera trayectoria, grandiosa e introspectiva como el Requiem, dejando a todo el auditorio, casi lleno, sobrecogido y feliz de haber disfrutado con una música llena de espiritualidad romántica.

Difuntos muy vivos

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Éxito coral de la OFIL y «El León de Oro» en el Auditorio

La sinfónica ovetense y la agrupación luanquina, bajo la experimentada dirección de García de Paz, ofrecen un sublime y sentido concierto

Pablo Siana

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco A. García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Reseña rápida para LNE del jueves 21, escrita desde el teléfono, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Interesante concierto “Made in Asturias” que también llegará a Santander este viernes con nuestro coro más internacional, del que me he convertido en “leónigan” y Marco Antonio Gª de Paz asumiendo esta vez la dirección total junto a la OFil, con el bagaje de muchos años trabajando desde Covadonga hasta Luanco, de Madrid hasta Andalucía y recorriendo medio mundo con su LDO. Dirigir el Réquiem  de Cherubini además de muchas emociones es un espejo donde mirarse, mas Bruckner y la Sinfonía en Fa menor “de estudio” de 1863 (sin entrar en ceros) todavía mayor reto al aunar en ambas obras no solo un compromiso con la música sacra, también una religiosidad que trasciende creencias religiosas por su magnificencia musical siempre atemporal.

Bruckner abría el concierto con la OFil capaz de transitar por programas variados y encontrándose cómoda y convincente con el maestro gozoniego al frente. La “Studiensymphonie” WAB 99 es mucho más de lo que su título sugiere en cuanto a composición, y no digamos interpretación de los cuatro movimientos. García de Paz colocó la orquesta en disposición vienesa para jugar con la tímbrica y los balances logrando contrastes muy satisfactorios en matices y tempi desde una sonoridad romántica muy “coral” en todas las secciones.

El Requiem en do menor, op. 21 de Cherubini es auténtico «progreso por volver a lo antiguo” como escribiría Verdi y una obra que Beethoven pidió para su entierro, auténtica revolución para los románticos que la tomarán como modelo de “misa de difuntos”, enlazando en parte con el organista de Linz. Obra sinfónico coral sin solistas, introspectiva y grandiosa a la vez, sobrecogedora, que solo se puede afrontar con un conocimiento profundo por parte de todos, y García de Paz lo demostró llevando a su coro verdaderamente “de la mano” optando por una colocación que a los leónigans nunca sorprende: bajos y tenores en el centro flanqueados por sopranos y altos, verdadera simbiosis de apuesta sonora que redundaría en una interpretación “de autor”, magnífica, sublime y sentida por todos.

Un idilio lírico ovetense

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Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

(Crítica para Ópera World del viernes 8 de noviembre, esta vez con pocos links por problemas de tiempo, y fotos propias)

Es bueno cumplir años para recordar mis vivencias líricas, y nada mejor que seguir celebrando a G. Puccini (1858-1924) con dos voces que ya he disfrutado y además realizando una gira europea homenajeando al genio de Lucca con paradas en España, donde no falta Oviedo: la soprano estadounidense Sondra Radvanovśky (Berwyn – Illinois, 1969), premio lírico a la mejor cantante femenina de ópera en la séptima edición de los Premios Líricos con Gala en el Teatro Campoamor (2012), tras una exitosa “Norma” semiescenificada en diciembre de 2011 (no podría volver a Oviedo para el Réquiem verdiano), aunque volvería a escucharla en Perelada allá por agosto de 2013 con la misma ópera de Bellini, y el tenor polaco Piotr Beczala (Czechowice-Dziedzice, 1966) quien ya cantase dos veces en el auditorio ovetense, primero con Oviedo Filarmonía (OFil) en abril de 2017 -entonces dirigida por Marzio Conti y cuatro años después en un recital con piano (junto a Sarah Tysman), por lo que el inexorable paso del tiempo también ayuda a calibrar la evolución de los intérpretes y los sentimientos de los muchos melómanos llegados de todo el norte de España que llenaron el Auditorio.

Si algo tiene Puccini es su capacidad de emocionar y estaba claro porque no defrauda nunca y más con esta “gala del centenario” ocupada por sus arias y dúos más conocidos con dos de las mejores voces del panorama lírico internacional en un momento de madurez que les ha dotado de unos graves más corpóreos sin perder una técnica impoluta y el volumen más que suficiente para “sobreponerse a la tentación sinfónica” de las dinámicas orquestales a las que también sucumbió la OFil con Lucas Macías, respirando con ellas pero sin bajar potencia. Pero tanto Sondra como Piotr supieron comunicar, enamorar, brillar juntos y por separado desde un buen entendimiento con el podio, unido a una admiración de todos que se notó en cada momento, aunque faltó algo de la magia del irrepetible último operista del pasado siglo.

El dominio orquestal del homenajeado ya se notó en su debut juvenil Preludio sinfónico en la mayor, op. 1, para atemperar una OFil que sonaría con la larga experiencia del foso aunque el escenario aún la haga crecer más. A lo largo de la gala pudimos disfrutar de sus primeros atriles, especialmente los de cuerda (Mijlin, Menéndez y Ureña más el arpa de Domené) y el clarinete de Allué, pero toda ella brilló en cada página, enamorados de las dos voces que si en la primera parte fueron subiendo enteros, para la segunda lo dieron todo con el público rendido olvidándose de ligeros resfriados en un tiempo otoñal que no ayuda (tampoco a las toses inoportunas aunque casi preferibles a los tarareos cercanos).

Primer bloque con «Manon Lescaut» que abriría, como siempre impecable de frac, Piotr Beczala y el aria de Des Grieux “Donna non vidi mai” transitando los registros extremos, para seguir la protagonista, vestida de negro, Sondra Radvanovśky “Sola, perduta, abbandonata”, mucho más que un calentamiento vocal desde el ardor, con dominio técnico (agudos aún tirantes) y caudaloso volumen en una lección de dramaturgia bien entendida por ambos, antes del Intermezzo de una OFil contagiada de la misma belleza, en el orden habitual de alternar arias con intermedios instrumentales.

De «Tosca» el tenor polaco nos dejó las dos arias más populares: “Recondita armonia” y “E lucevan le stelle” (el Adiós a la vida) espléndidas, bien fraseadas, sobre todo la segunda, mejor concertadas por Macías y contestadas por los solistas antes citados, con el color y timbre que mantiene Beczala de siempre, además de una declamación perfecta, mientras la soprano estadounidense nos convenció entre ambas con la que podríamos llamar el aria propiamente dicha  «con su introducción en arioso, su exposición, su sección media y su repetición» (como bien la describe el maestro Arturo Reverter en sus notas al programa):“Vissi d’arte, vissi d’amore”, una interpretación de impacto por su entrega, escena, fiato, crescendos epatantes, agudos con fuerzas sin perder la interiorización de Tosca, y volviendo a demostrarnos que Radvanovśky es una pucciniana de primera, antes de finalizar con el dúo semiescenificado “Mario! Mario! Son qui!”, temperamental, química total e idilio vocal con Floria enamorando y dominando a un Mario más contenido en todos los aspectos, desde una dramaturgia y línea de canto espléndida por parte de ambos. No echamos de menos al “malo de Scarpia» porque ellos ya llenaron la escena dejándonos con ganas de seguir disfrutándolos tras el descanso, necesario ante el empuje orquestal que no minaría el volumen de estas dos voces.

Puede ser que «La bohème» sea la ópera de Puccini que más veces haya escuchado, tanto en vivo como grabadas, y la emoción me puede más que los detalles, pero las dos arias y el dúo volvieron a dejarme un par de lágrimas aunque no las cantasen juntos sobre el escenario: “Che gelida manina” de Beczala muy fluido el legato, elegante y más allá del optativo pero “esperado” Do de pecho, y “Sì, mi chiamano Mimì” de Radvanovśky (con otro vestido más colorido para la segunda parte) que ya no es tan lírica con el paso del tiempo pero sigue igualmente dominadora de los reguladores y el idioma de Dante, aunque me queda siempre el recuerdo de Kraus y Freni, más “O soave fanciulla” incluyendo la salida de escena para este final del primer acto arrebatador y efusivo con el agudo unísono que al menos nos dejaron escuchar casi con veneración antes de la aclamación. El polaco parecía algo cansado pero sigue defendiendo su Rodolfo con poderío, elegancia y buen gusto, mientras la estadounidense juega con cada fraseo y matices que con los años ha ganado graves mientras mantiene los filados junto a la orquesta sin quedar nunca tapada. Hay momentos “de paso” algo más ásperos pero sigue siendo única recreando esta Mimì aunque en el dúo el idilio vocal sería más de Sondra que de Piotr.

Nuevo intermedio orquestal para no aminorar el clima de la OFil con su titular, el Intermezzo “La Tregenda» de «Le Villi», la escritura única del Puccini grandioso, antes del potente final que vendría a continuación con «Turadot», una Radvanovśky ahora perfecta por su edad, color, volumen y dominio en la exigente “In questa reggia” que desde el estatismo del personaje pudo incluso gesticular y luchar con el poderío instrumental donde Macías nunca bajó las dinámicas sabedor de la potente vocalidad de esta soprano que se entrega en cada aria, y así fue especialmente en los grandes intervalos y saltos de registro (Mai nessun m’avrà) apasionados, exaltados pero también emotivos de la terrible princesa. Y no podía faltar Calaf con “Nessun dorma” de un Beczala agotado pero con la emisión suficiente sin necesidad de aguantar hasta la extenuación el si natural agudo del tercer ¡Vincerò! con una orquesta con más pulmón que el tenor.

El esfuerzo tanto vocal como interpretativo nos robó de «Madama Butterfly» el aria del segundo acto “Un bel dì vedremo” como nos indicó la propia Sondra, pero no faltaría el último dúo del primero con partitura en el atril tras una gala que supone mucho más trabajo que toda una ópera, y Puccini exige a todas las voces. Buen rubato por parte de todos con Mijlin acariciando desde el violín ese Vogliatemi bene de Cio-Cio San, antes de las tres propinas, cara a la galería por populares, donde para mí sobraba el aria “Amor ti vieta” de «Fedora» (Giordano) aunque la traen en el segundo programa de esta gira, y el brindis de «La Traviata» con palmas y baile incluido de la pareja, quedándome mejor con el querido papito de «Gianni Schicchi», un inspirado Puccini que ha escrito como nadie para las sopranos y “La Radvanovśky” lo sabe… dice el refrán que “quiten tuvo retuvo”, siendo la auténtica triunfadora de este homenaje junto a un paternaire como Beczala que sigue teniendo esa voz clara y elegante, dos voces consolidadas en lo alto del panorama lírico mundial desde hace años.

FICHA:

Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

PROGRAMA

Primera parte:

Preludio sinfónico en la mayor, op. 1

Manon Lescaut

«Donna non vidi mai»

«Sola, perduta, abbandonata»

Intermezzo

Tosca

«Recondita armonia»
«Vissi d’arte, vissi d’amore»
«E lucevan le stelle»

«Mario! Mario! Son qui!»

Segunda parte:

La bohème

«Che gelida manina»

«Sì, mi chiamano Mimì»

«O soave fanciulla»

Le Villi

Intermezzo «La Tregenda»

Turandot

«In questa reggia»

«Nessun dorma»

Madama Butterfly

Dúo final del Acto I

Un trabajo «made in Asturias»

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Martes 5 de noviembre, 18:00 horas. Club de Prensa LNE, presentación del CD «Mysterium» (©2024 Eudora Records, SL).

Este martes se presentaba el nuevo disco de la pianista Noelia Rodiles (Oviedo, 1985) con la Orquesta Oviedo Filarmonía (OFil), dirigida por el maestro Lucas Macías. Además la intérprete estuvieron el director titular -y reciente «fichaje» de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla-, el compositor Manuel Martínez Burgos y Pilar Rubiera, presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, que haría de maestra de ceremonias y moderadora.

El quinto disco de la pianista «avilesina» y cuarto con el sello Eudora, contiene dos obras para piano solista y orquesta que pude disfrutar en el estreno del 24 de noviembre del pasado año, y grabadas entre el 31 de enero y el 2 de febrero de este año: la Partita nº 4 de Julián Orbón, y Cloches del maestro Martínez Burgos.

Tras unas primeras palabras de Pilar Rubiera con los agradecimientos y reconocimientos (sin olvidar la Beca Leonardo del BBVA) comenzaría con una semblanza de la artista avilesina y la presentación de la mesa, pudimos ver el vídeo con la génesis de este CD (en la propia web de Noelia Rodiles), que dejo a continuación.

La pianista formada en La Villa del Adelantado nos contaría su acercamiento a nuestro compositor Julián Orbón (Avilés, 1925 – Miami, 1991), sin dudarlo uno de los grandes desconocidos en España y cuyo archivo se conserva felizmente en Indiana (Universidad de Bloomington) donde acudió Noelia guiada primero por la curiosidad desde su conservatorio de Avilés que lleva el nombre del compositor, y después para ahondar en la producción y seguimiento para «redescubrir» esa joya que es la Partita nº 4, que tras su estreno e interpretación por medio mundo, tras su fallecimiento y del de su alumno y valedor el director Eduardo Mata, que la estrenó caería en el olvido hasta nuestros días. Menos mal que Noelia pudo revivirla primero en el concierto ya citado, y poder llevarla al disco, preservando esta obra que esperamos siga sonando; este proyecto se uniría al Cloches en un trabajo en paralelo de ambas obras llenas de misticismo, la inspiración en Victoria y su Magnum Mysterium más la de nuestra campana catedralicia, «La Wamba» de la que nos hablaría a continuación el compositor.

Manuel Martínez Burgos nos contaría cómo fue gestando Cloches desde su llegada a Oviedo -hace ya 9 años- y haber leído que la capital asturiana «sonaba a música», atmósferas como la propia sonoridad de la ciudad convertida en obra musical, uniendo sus dos ciudades anteriores (Oxford y París) para este triángulo de catedrales que se convirtieron en tres de los cinco movimientos de este concierto para piano. Destacó la implicación de todos los intérpretes con un trabajo conjunto y pausado por el tiempo transcurrido entre el estreno y la grabación en febrero, aún en la memoria reciente de los músicos pero reposado lo suficiente para lograr sacar todos los detalles que podemos disfrutar en el CD.

A continuación el titular de la OFil, Lucas Macías nos transmitiría cómo mantiene un recuerdo maravilloso tanto del estreno como de la grabación donde coincide con el compositor, destacando lo fácil que resultó trabajar con la pianista y el catedrático, pudiendo aportar ideas para redondear un trabajo difícil pero con una orquesta motivada y disfrutando todos con ambas obras.

Con la presencia de varios miembros de la propia OFil, Pilar Rubiera invitaría a Marina Gurdzhiya, ayudante de concertino desde su llegada a la capital asturiana en 2002, contándonos cómo fue el trabajo, sintiéndose orgullosa del mismo unido a las emociones tales como la confianza que le dio el maestro Macías cuando estuvo tres años cubriendo la baja del concertino Andrei Mijlin, la entrega de Noelia (sin necesidad de conocer el curriculum), y cómo pese a ser obras nuevas hubo entrega total, disfrutando de nuevo la pasada semana con el último estreno Martínez Burgos, esperando pueda grabarse igualmente.

Pilar nos hablaría de la lotería de poder tener en Oviedo a tres músicos «de aquí» (Lucas y Manuel casi reconocidos como asturianos adoptivos), yo llamo a todo este proyecto «Made in Asturias», formados fuera de nuestras fronteras para abrir un breve debate sobre qué se puede mejorar en la educación musical tan diferente a la nuestra por parte de estos tres grandes músicos: Noelia desde su trabajo docente en Zaragoza retomaría lo apuntado al inicio del encuentro por la Presidenta de la FMC ovetense, los profesores deben ser músicos en activo (algo que en España es difícil y en Asturias imposible) y así se les exige; Manuel pide más dotación a los centros de enseñanza, aquí como en otras ciudades compartidos entre los grados Profesional y Superior, además de mayor inversión y entender la  cultura como bien inmaterial; Lucas recordaría su paso en el año 2000 por la Mahler Jugendorchestre donde sólo eran seis españoles y hoy es nuestro país el que más  músicos aporta (también a la European Union Youth Orchestra), aunque muchos hayan salido tristemente de centros privados más que de los públicos, siendo un talento joven de difícil retorno a casa.

El coloquio se abriría a los presentes con el tema de la presencia de público joven en los conciertos y óperas , aunque está claro que depende de ciudades. Juan Carlos R. Ovejero preguntaba a Macías por la clave para captar público nuevo, comentando el maestro onubense cómo su padre desde el Teatro de la Maestranza sevillano le enviaba un mensaje admirado por el lleno de jóvenes en el ensayo general del «Turandot«, o cómo tener precios especiales para ellos, como también hace Granada o Tenerife, puede ser una solución.

Finalmente se comentaría la tradición coral asturiana pero que salvo honrosas excepciones las formaciones vocales están envejecidos en su mayoría, y cómo buscar la participación con orquestas como apuntaba Lucas, quien apunta como una de las soluciones la integración de la música en los centros desde edades tempranas, contándonos su propia experiencia buscando uno para sus hijos, todavía buscando encajar el transporte escolar para su nuevo destino hispalense, y optando en Sevilla por el Colegio Internacional Europa que cuenta con cuatro coros (Rosetta, Mozart, Palestrina y Brahms) dentro de sus actividades extraescolares, un ejemplo privado en el que debería mirarse la educación pública.

Un encuentro interesante que finalizaría con la firma de discos por parte de Noelia Rodiles, hoy verdadera protagonista en el Club de Prensa.

Campanas de esperanza

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Un programa atractivo y exigente marca el estreno de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»

Pablo Siana

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Jaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

(Crítica para LNE del sábado 2, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Jueves otoñal cerrando octubre para la inauguración de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» dedicada a las víctimas de la DANA y guardando un respetuoso minuto de silencio antes de comenzar el concierto con el absoluto ganador en todas las categorías del XX Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea (2022) o del 67º María Canals barcelonés entre otros muchos: el canadiense Jaeden Izik-Durko (Salmon Arm, 1999), tras su recital en solitario para la Sociedad Filarmónica de Gijón en febrero de este año, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL), y el regreso al podio del director italiano Vincenzo Milletarì (Taranto, 1990), a quien disfrutamos dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 en una excelente Gala lírica.

Para esta triste noche de difuntos que contrastaba con el ambiente juvenilmente festivo, un programa atractivo y exigente manteniendo la estructura habitual de estreno, concierto solista y gran sinfonía, para poner a prueba a la siempre versátil y cada vez más madura orquesta ovetense. El programa comenzaba con el estreno absoluto del madrileño afincado en Asturias Manuel Martínez Burgos (1970) titulada «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…», obra encargo de la AEOS en colaboración con la SGAE, inspirada en «La Regenta» de Clarín para conmemorar el 25 aniversario del Auditorio y la OFIL. Tomando como título una frase del propio Leopoldo Alas, la obra comienza con una introducción de 25 campanadas metafóricas (pienso que la cercanía de la Wamba catedralicia al CONSMUPA está en el subconsciente del catedrático) donde a la Vetusta musico-literaria va hilvanándose y sumándose las distintas secciones en tres capítulos sin interrupción coincidentes con los párrafos de la cita: I. …humanidad que viene de las tinieblas, II. y se esfuerza, incansable, III. por llegar a la luz…. La luz como símbolo del conocimiento tanto para el escritor zamorano tan asturiano ya como el doctor por la Universidad de Oxford, quien “parirá” esta obra entre 2022 y 2023 como otro hijo sinfónico que al fin vio la luz jugando con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal que nuestro catedrático domina como pocos: paleta sinfónica muy rica desde un lenguaje actual y reconocible, la sombra inicial con música abrumadora por momentos, el esfuerzo del camino lírico y melódico con una cuerda sedosa, y la esperanza final llena de fulgurantes ritmos que nos recuerdan al mejor Bernstein, colorista y optimista en su conclusión con el impactante final para lucimiento de metales y percusión de una OFIL bien llevada por Milletarì, recogiendo los grandes aplausos del público junto al propio compositor.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20 (1896), de Alexander Scriabin (1872-1915) nos permitió en sus tres movimientos corroborar las buenas sensaciones, técnica y musicalidad de Izik-Durko gracias a una excelente concertación del maestro italiano. La primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular pero aún con influencias de Chopin o Liszt, es una obra introspectiva, refinada y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: un contundente Allegro, bien balanceado, el delicado Andante central con un dúo clarinete-piano emocionante, y el enérgico Allegro moderato final, con el canadiense sabiendo equilibrar brillo y fusión junto a una OFIL siempre clara en todas sus secciones y Miletarì atento a cada detalle gracias a la buena comunicación visual y gestual.

La propina tenía que ser también de Scriabin: el Andante cantabile en fa sostenido mayor de sus “2 Poèmes”, op. 32, casi un actualizado homenaje a Horowitz, uno de los valedores de su compatriota.

Y como suelo repetir a menudo “no hay quinta mala”, porque la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (1888) de Piotr Ilich Tchaikovski (1840-1893) no solo enlaza con la esplendorosa Rusia musical y la contemporaneidad con el anterior Scriabin, sigue siendo una de las más grandes páginas orquestales para gusto de todos los públicos y verdadera prueba de fuego para los intérpretes. Representando el romanticismo último, su pura emocionalidad y melodismo fue bien captado por Miletarì que hizo “cantar” a la OFIL pasando por los estados de ánimo siempre actuales por cercanos, esta sinfonía atormentada que expresa como pocas un destino fatal pero enérgico y brillante. Es difícil aportar algo nuevo a tantas versiones de referencia, pero las sensaciones de desánimo a flor de piel hicieron que el director italiano arrancase el Andante – Allegro con anima iniciado con un pausado inicio antes de atacar con verdadera “alma” para  jugar con unos “tempi” muy contrastados y extremos, impecables los clarinetes en  el recurrente tema “del destino” que iría destilando sensaciones a lo largo de la obra. Las dinámicas también fueron amplias y manteniendo los balances en  el Andante cantabile, con alcuna licenza del maestro italiano en los “rubati” bien marcados, con el conocido y magnífico solo de trompa más una OFIL enriqueciendo la tímbrica. El Valse ligero y nostálgico sería un sólido puente antes del final explosivo, ese Finale: Andante maestoso – Allegro vivace donde la energía se transmitió con una orquesta de sonoridad compacta, madura, limpia, convencida y entregada, brillando todos sus solistas para la grandiosa conclusión que nos dejó una buena, además de personal, interpretación de esta otra “quinta joya” para un concierto esperanzador.

Izik-Durko, pianismo de altura

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El canadiense inaugura las jornadas «Luis G. Iberni» con una OFIL madura y compacta que se despidió con «La Quinta» de Chaikovski

Pablo Siana

(Reseña para LNE del viernes 1, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos de las RRSS)

Último día de octubre y a la memoria de las víctimas de la DANA tras un minuto de silencio arrancaban las Jornadas de piano «Luis G. Iberni» con el ganador del Concurso Internacional de Santander en 2022, el canadiense Jaeden Izik-Durko con la Oviedo Filarmonía, tras su recital en solitario en febrero de este año para la Sociedad Filarmónica de Gijón, y con el regreso al podio del italiano Vincenzo Milletarì (1990), quien ya estuvo dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 con una excelente Gala lírica.

La inauguración del ciclo, que organiza la Fundación Municipal de Cultura y cuenta con la colaboración de LA NUEVA ESPAÑA, ofreció un atractivo programa que comenzaba con el estreno absoluto «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…» , obra de Manuel Martínez Burgos encargo de la Asociación Española de Orquesta Sinfónicas en colaboración con la SGAE inspirada en “La Regenta” de Clarín. Obra vistosa y agradecida de escuchar, se inicia con 25 metafóricas campanadas y consiste en tres movimientos sin interrupción, en los que se juega con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20, de Alexander Scriabin en sus tres movimientos nos permitió corroborar las buenas sensaciones de Izik-Durko junto a una buena concertación del italiano en la primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular. Obra refinada, introspectiva y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: contundente el Allegro, delicado el Andante central y enérgico el Allegro moderato final, pianismo de altura bien respaldado por una OFil clara en todas sus secciones bien llevada por Miletarì y el necesario entendimiento con el solista.

En la segunda parte para enlazar con la mejor Rusia musical, la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 de Piotr Ilich Chaikovski, repitiendo que “no hay quinta mala” y siendo una de las grandiosas páginas orquestales que no pueden faltar cada temporada para poner a prueba músicos y público. Último romanticismo, melodismo en estado puro de esta página atormentada expresando el fatal destino. Emociones a flor de piel con unos tempi muy contrastados y extremos, como las dinámicas de Milletarì con una OFil madura y compacta donde brillaron sus solistas pero sobre todo la buena y personal lectura de esta joya sinfónica.

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de OviedoJaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

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