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Milanov nos hace danzar

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Sábado 24 de noviembre, 20:30 horas. Sala Argenta, Palacio de Festivales de Cantabria, Santander.  «Les ballets russes de Diaghilev»: Ginesa Ortega (cantaora), OSPA, Rossen Milanov (director); obras de Stravinsky y Falla.
Volvía Milanov al frente de la OSPA con un programa dedicado a dos músicas asociadas a la danza que Diaghilev promovió y coreografió para sus ballets rusos, llevadas al disco en Oviedo por estos intérpretes en los dos días anteriores, aunque Santander evitase las tensiones de una grabación que quedará para la posteridad con la suma del esfuerzo y cansancio del viaje hasta la capital cántabra y posterior retorno a casa.

No es habitual escuchar en concierto versiones completas de músicas para ballet, pero el titular de la OSPA tiene cierto renombre en este mundo del ballet y se preocupó en programar dos de los ballets rusos estrenados en nuestra vieja Europa, los de Falla y Stravinsky, más que antítesis complementarios tras la admiración del español por el ruso en un París ombligo del mundo.

Las notas al programa local de Ricardo Hontañón reflejan que «Petrouchka» (Stravinsky, revisión de 1947) es «un pelele… que exaspera la paciencia de la orquesta», siempre rompedor en los pasajes que Diaguilev vió perfectos para el polichinela danzante, cuatro partes donde cada sección orquestal en conjunto y desde sus solistas, tendrá que pasar de lo grotesco a lo popular, del conjunto a la individualidad con exigencias muy duras. Milanov buscó todos los colores posibles para su orquesta, obra poliédrica con continuos cambios de rítmica, intensidades, tímbricas muy cuidadas, duras pero con aristas redondeadas, dúos y tríos camerísticos excelentes contrapuestos a tutti densos pero definidos. «La fiesta del martes de carnaval» abría y cerraba el espectacular tránsito del día a la noche carnal, las carnestolendas del desenfreno antes de la cuaresma en pleno noviembre cálido, con alguna ligera pifia fruto de labios muy machacados que no desentonó dentro del ambiente festivo, o mínimos desajustes finales en las entradas a tempo de la cuerda grave cual cojera polichinela desapercibida por la mayoría. Plantilla reforzada pero homogénea, solistas de primera en cada sección, sin olvidar celesta, piano y arpa ineludibles por protagonismos bien ejecutados, amén de la percusión acertadísima en dinámicas.

Manuel de Falla nos toca de cerca y parece que esté en nuestros genes. Escuchar el ballet completo «El sombrero de tres picos» es raro, habitualmente nos quedamos con algunas danzas sueltas, pero escuchar las intervenciones de la cantaora elegida, Ginesa Ortega, fiel al espíritu del cordobés enamorado de su tierra y su folklore, una exquisitez que tendremos en el disco. Abrir cada parte con el «quejío» puro de una voz entrenada en un Falla purista (como el de «El amor brujo») es de agradecerle al responsable/s de la elección de solista y obra, versión cuidada al detalle, rica en sus dos partes, una primera que funciona como un «trailer» contenido de la segunda, delicadeza y suspense antes del desenfreno sin perder equilibrio por el que Milanov apostó. Velocidades pensadas para bailarlas sin tropezones, escucharlas casi masticándose, deleitarnos con cada intervención solista, todas y cada una de ellas que enamoraron al público cántabro, y «abriendo boca» siempre la Ginesa.
Me escapaba a tierra vecina para no perderme este concierto esperado desde que lo leí en la programación general de la OSPA, más sabiendo de su destino final en CD (aunque siempre defienda el directo como irrepetible). El viaje mereció la pena.

Foto: © Marta Barbón / OSPA

Magia y heroismo

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Viernes 16 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 4 OSPA, Suyoen Kim (violín), Gilbert Varga (director). Obras de Beethoven y Dvorak.
Concierto que nos dejó huella con un repertorio calificado en cierto modo de «heróico» como escribe en las notas al programa Asier Vallejo Ugarte (enlazadas en los nombres de los compositores) lo que siempre se agradece, en especial cuando confluyen un conductor serio, riguroso, y una solista joven e impactante que debutaba en España sustituyendo a otro joven prodigio como Kristóf Baráti, aunque creo que todos ganamos con el cambio por esta alemana de origen coreano que es Suyoen Kim, 24 años pero con una trayectoria que ha unido esa técnica oriental con el vigor germano bien tamizado por la escuela rusa. Mis queridos daneses la bautizaron hace nueve años en el diario Jyllands-Posten (el de las caricaturas de Mahoma) como «nueva estrella mundial», y no se equivocaron.

El Concierto para violín en RE M., Op. 61 (Beethoven) compuesto en 1806 es una de esas joyas universales de la literatura musical que la propia Kim tiene en su repertorio hace años, ahora más maduro, pletórico, romántico, de sonoridades potentes en ese Stradivarius «exCroall» de 1684 patrocinado por Portigon AG (Baráti hubiese traído el «Lady Harmsworth» de 1703), con una orquesta que sonó como nunca, todo un bloque bien ensamblado y unificado con el rigor del maestro Varga, planos sonoros en su sitio ¡hasta los de Mr. Prentice!, medidas exactas, tal como están escritas, acompañamiento delicado, un dúo de trompas de terciopelo, sacando de todas y cada una de las secciones de la OSPA una identidad que ojalá no se pierda, con muchos atriles jóvenes en esta primera parte, gustándose, escuchándose, disfrutando con violinista y director, compartido por el respetable. El inicio de los timbales y la larga introducción orquestal del Allegro ma non troppo

lograron la magia (siempre en lucha herórica con un ejército de toses sincopadas que va en aumento) desde el primer instante, incisivo, potente, sinfónico, y la aparición del violín de Suyoen Kim auténtica seda, musicalidad en cada arco, en cada trino, dobles cuerdas imposibles y una cadencia impactante. El Larghetto resultó cautivador, nuevamente mágico en intimidad compartida por solista y orquesta con el maestro atento a todos los detalles, sin perder nunca la vista en la protagonista, incluyendo el arranque seguro del Rondó: Allegro, enérgico, dinámico, con el tempo giusto y humorístico… rigor y vigor que apuntaba como primeros calificativos al finalizar el concierto. Magia orquestal donde tengo que destacar el dúo del violín con Mascarell en la línea de empaste y musicalidad de esta maravilla concertística, y el fraseo con los cellos realmente de filigrana sonora bien llevado por Varga.

Varias salidas tras los aplausos de un público entregado a la interpretación de la germanocoreana también agradecida a sus compañeros en este viaje heróico todavía dejó una propina «Little bird», pajarillo de nuestro tiempo en alarde técnico sin perder un ápice la misma delicada fuerza demostrada en el concierto beethoveniano.

La Sinfonía nº 7 en Re m., op. 70 (Dvorak) continuaría en cierto modo el heroismo y admiración por el genio de Bonn, tamizada por el de Hamburgo, con una amplia plantilla, la habitual con algún refuerzo, obra memorizada e interiorizada por el maestro inglés, hijo y alumno del violinista húngaro Tibor Varga (1921-2003), lo que permitió una lección de cómo dirigir esta obra sacando nuevamente lo mejor de la orquesta asturiana. La sombra amenazante de los graves con que arranca el Allegro maestoso fue ganando en dramatismo, cuerda hiriente sin chirriar, maderas a dos pero todas a una, metales potentes, timbales en su sitio, momentos líricos en violines y flautas, remanso en el Poco adagio, sin perder la melancólica tristeza con un clarinete idílico de Andreas en su intervención, y Varga dibujando cada detalle, atento a cada matiz, dinámicas bien cuidadas sin perder rotundidad, casi organístico. El Scherzo: Vivace sincopado, casi danzante cual vals brillante devolvió una oscuridad sin tragedias, interiorizada para concluir con el Finale: Allegro titánico, broche de oro para una sinfonía continuadora de la magia que flotó en el ambiente, luces y sombras con triunfo sonoro gracias a la simbiosis musical conseguida por un director con música en sus genes. Grabado por Radio Clásica tendremos que estar atentos a la programación para rememorar un día mágico.

Me perderé la vuelta de Milanov con un programa «Diaghilev» que me llama, pero en la Ópera del Campoamor Beatriz Díaz como Liù ejerce un magnetismo único… aunque Santander está cerca para un sábado de un noviembre cargadísimo.

Emoción, elegancia y precisión

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Viernes 9 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 3 OSPA, Alexander Vasiliev (violín), David Lockington (director). Obras de Sawyers, Glazunov y Mendelssohn. Fotos: ©Marta Barbón-OSPA.

Los viernes de noviembre están cargados de música y la elección se hace difícil, pero este era especial y no tuve dudas: volvía David Lockington como flamante director invitado de nuestra OSPA, una de mis opciones a la titularidad, y el querido Alexander Vasiliev daba nuevamente el paso al frente, de concertino a solista, en una obra que conoce desde las fuentes.

Para abrir boca otro estreno en España con la OSPA y Lockington (el jueves en Avilés) de Philip Sawyers y The Gale of Life (El vendaval de la vida), premonitorio, obra muy cinematográfica con reminiscencias y tributos varios a John Williams o Berlioz, compuesta para abrir veladas en una perfecta y agradecida orquestación para una formación que esta tarde venía con ganas y el maestro británico que volvía a comandar en repertorio de nuestro tiempo. Protagonismo del metal que respondió sin fisuras pero con todas las familias precisas en una partitura bien explicada en las notas al programa de Juan Manuel Viana.

Vasiliev es «el primero de la clase», El Maestro, mucho más que el concertino o jefe, es la referencia de la orquesta desde su fundación como tal en 1991. La llegada a Asturias de Los Virtuosos de Moscú y todo su «entorno» supuso un punto de inflexión en la vida cultural asturiana, la semilla rusa se plantaría en nuestra tierra… desembarcó con la maleta cargada de ilusión y magisterio que ha ido transmitiendo a todos. VasilievEs ya un asturiano con raíces que no olvida su tierra y mucho menos cuando se trata de la música. El Concierto para violín en Lam, Op. 82 (Glazunov) va unido a su biografía y ya lo interpretó hace años con sus compañeros. Esta vez, con un Lockington siempre elegante y excelente concertador y conocedor de la orquesta asturiana, demostró que los años pasan para bien: madurez, profundidad interpretativa, poso y la técnica asombrosa que «hace hablar» a la prolongación de sus extremidades superiores, su violín. Emoción antes, durante y después, flores merecidas de la familia de sangre (el primero su nieto asturiano) con toda la admiración y respeto de compañeros y público. Glazunov no será de los grandes pero este concierto ocupa su sitio en la historia, más en la interpretación de Alexander, al que espero darle personalmente la enhorabuena.

La segunda parte trajo, además del molesto intermedio entre movimientos de la fanfarria de toses arrítmicas que va en aumento ¡y aún no llegó el invierno! o la impertinente señora con el papel del caramelo subrayando cada pianísimo, una de esas obras que ni deben faltar en las programaciones porque bien interpretadas son sustento de afición y profesión, la Sinfonía nº 4 en LA M, Op. 90 «Italiana» (Mendelssohn), inmensa, precisa, romántica sin exageraciones, clara en el diseño de Lockington, por el que crece mi admiración en cada concierto (felizmente le tendremos puntualmente), sacando de la orquesta esa calidad que atesoran todos y cada uno de sus músicos, una plantilla equilibrada, bien ensamblada, empastada, acertada en todas las secciones que fue asentándose desde un inicial y titubeante Allegro vivace para un Andante con moto más encajado, incluso pletórico por emotividad (desconozco la causa de mi recuerdo a Granados en este movimiento), Con moto moderato melancólico y límpido, cuerda y viento en simbiosis, líneas melódicas claras para impactarnos con el último Saltarello: Presto que desde la precisión gestual, elegancia y sabiduría del maestro británico afincado en EE.UU. logró enardecernos con esta joya sinfónica sonando como en las mejores orquestas, las flautas Pearse como una, cuerda a una incisiva desde el terciopelo, madera siempre de lujo y metal majestuoso… Aplausos muy merecidos para un concierto que tenía todas las de ganar y no defraudó.

Música del Régimen

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Jueves 25 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, XXI Concierto Premios Príncipe de Asturias. Coros de la Fundación Príncipe de Asturias, OSPA, Sergey Romanovsky (tenor), Alexander Vinogradov (bajo), Rossen Milanov (director). Obras de Richard Strauss y Dmitri Shostakovich. Entrada con invitación.

Si el ensayo del día anterior prometía, abriéndolo al público en general que abarrotó el Auditorio, la actuación corroboró las buenas impresiones con la Sala Polivalente para la grandes ocasiones, y el concierto anual para los Príncipes de Asturias es una de ellas, con público variopinto que disfruta con el evento independientemente de lo que se programe, y con las incomodidades conocidas de protocolo y seguridad que todos soportamos con estoicismo y educación, músicos y director incluidos.

Para abrir boca tras el obligado himno nacional algo «tibio», una historieta hecha música, Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, Op. 28 (R. Strauss) muy bien llevada por una orquesta que esta vez sonó vigorosa y clara, con las dinámicas a las que nos tienen acostumbrados en una obra cuya orquestación exige una amplia plantilla que reforzada para ella rindió como en los conciertos de primera, y Milanov pudo sacarle partido a todos los episodios dramatizados con el protagonismo de los distintos solistas que, salvo pequeños detalles tristemente repetitivos, brillaron como ellos saben hacer, desde los clarinetes y toda la madera hasta la percusión con una cuerda nuevamente centrada y con graves poderosos.

Y llegaba la obra esperada, esa grandiosa cantata -algunos hablan de oratorio- tan del régimen stalinista que es El Canto de los Bosques, Op. 81 del bueno (!) de Shostakovich, compuesta por encargo en 1949 con todos los tics esperados y el excelente oficio de Dmitri que sacó toda la artillería pesada, fanfarria final también, donde los coros personifiquen al pueblo soviético, esta vez más asturiano y protagonista que nunca, con permiso de Vinogradov.

Como hecho histórico local, los tres coros de la FPA unidos para la ocasión, desde los chiquitines que aparecieron al final, pasando por el infantil, ambos dirigidos por Natalia Ruisánchez, el Joven Coro de José Ángel Émbil y el de adultos de José Esteban Gª Miranda, auténtica población coral de todas las edades que cumplieron en todos sus números, afinando, empastando, con matices difíciles ante una mastodóntica orquesta «también de régimen» con el general Milanov al mando y dos oficiales de rango, el narrador moscovita Vinogradov que lleva casi todo el peso con ese timbre casi genético de bajo ruso potente (todo un lujo contar con él) de proyección clara hasta el anfiteatro y recreándose cual militar temeroso de destino en gulag, y el subordinado Romanovsky, tenor que sigue prometiendo aunque se ganó graduación en ese Gloria final que exige darlo todo tras los seis números anteriores.

El pueblo siempre sufridor se mantuvo protagonista, Cuando terminó la guerra era esperanzador y bien guiado por el «mariscal», Visitamos a nuestro país de bosques de difíciles intervenciones por cambios de ritmo y compás exigiendo registros altos, largos y matizados bien mantenidos, El recuerdo de las cosas pasadas siguió esa reforestación muy ecológica en nuestros días aunque mejor no preguntar a quienes les tocó hacerla, dura también musicalmente, tomando el relevo al pie de la letra Los pioneros plantas los bosques de los infantiles que aseguran el futuro coral en auténtico paralelismo con la narración musical como en Los integrantes de la Liga Joven Comunista avanzan ¿qué pensarían los ilustres invitados del número? ante una seguridad y aplomo pese al buen paso exigido por Rossen el general. Claro que Un paseo por el futuro dio la tranquilidad y momentos exquisitos de coro y tenor, con la orquesta en «descanso» aunque estaba cargando toda la pólvora para ese final tan del Régimen, búsqueda de aplauso fácil aunque bien merecido del Gloria con todo el ejército musical de un día otoñal que augura momentos complicados socialmente (al menos ni hubo gaitas destempladas antes ni después) donde también necesitamos unirnos a esta exhaltación de ánimo entre camaradas, calando el mensaje grandioso cual terapia musical. Bien por todos y prosigo mi semana musical, ya que CajAstur dejó la suya en el «Concierto de los Premios» (mejor del día antes), todos sabemos la causa.

Para cerrar, otro himno, el nuestro que sigue sonándome «aldeanu» aunque sea el que tenemos por decisión de los gobernantes (ninguno músico entre ellos, ni siquiera para consultar), donde los pequeños salieron a primera fila para regocijo del respetable y colofón del evento.

Eso sí, lleno hasta la lámpara, entrada previa de cámaras de televisión y fotógrafos con flashes cual fuegos de artificio y toda la corte ¡en un programa muy del régimen! a la que se unirá el mundo periodístico con amplia paleta de colores que convierten a Oviedo en capital mundial por un día y portada de telediarios de todo el espectro mediático. La música sigue siendo perfecta acompañante aunque otros la entendamos como la verdadera protagonista.

Buen general

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Ensayo general para el Concierto de los Premios Príncipe de Asturias este Jueves 25 de octubre. Todos los Coros de la FPA, OSPA, Sergey Romanovsky y Alexander Vinogradov (con fans hasta en Japón, lo que no es de extrañar), y la dirección de Milanov deleitaron a un auditorio lleno con El Canto de los bosques, Op. 81 (Shostakovich) tras Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, Op 28 (R. Strauss) que ya presagiaban algo bueno. No faltó el Himno Nacional de España para entrar ni el «Asturias Patria Querida» con los peques en primera fila que pondrá el punto y final. Pero el ensayo siguió a pesar de la desbandada general poco educada, olvidando qué es un ensayo, pero ellos se lo perdieron, aunque fuese gratis. Mañana ya será todo distinto por lo visto y oído, MUCHO MEJOR.

Las correcciones surtieron efecto, el coro afrontará la dureza de una partitura agradecida para el conjunto y menos para ellos, con el Maestro Milanov puntualizando muy acertadamente lo que quiere de nuestra orquesta en un concierto extraordinario al que acudiremos algunos melómanos que corroboraremos el trabajo de este general…

No funcionó

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Viernes 12 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto nº 2 de abono: OSPA, Michelle Johnson (soprano), Margaret Mezzacappa (mezzo), Adam Frandsen (tenor), Luis Ledesma (barítono), Coro Lírico de Cantabria, Coro El León de Oro, Rossen Milanov (director). Novena sinfonía de Beethoven.

Qué difícil afrontar una obra tan conocida como la Sinfonía nº 9 en Re m., Op. 125 «Coral» de Beethoven con algo nuevo que aportar, tanto para los intérpretes como para el público. Esta vez, pese a la ilusión previa, nada funcionó. No puedo caer en populismos ni decir que la música de Beethoven triunfa siempre porque precisamente faltó «hacer música», escucharse unos a otros, disfrutarla y contagiarnos. Desde el arranque del Allegro ma no troppo, un poco maestoso ya flotaba cierto temor en el ambiente, indecisión en las entradas, inseguridad, sin pegada en los graves, como una bruma que impedía captar los muchos detalles de un cuadro sinfónico único, más brochazos (y timbalazos) que pinceladas para un fresco brillante que parecía empañado. Era un «querer y no poder» al que le faltaba emoción y limpieza.

El Molto vivace parecía arrancar con otro espíritu pero de nuevo se contagió de cierta melancólica indiferencia, tiempo contenido, partes inconexas, falta de un discurso único, sumas de partes que no lograban el todo. Detalles sin continuidad con altibajos en un «querer y no poder», trompas que no cuajaban, madera por libre, cuerda sin tensión, timbales demasiado fuertes… sin vigor ni rigor.

Parecía que el Adagio molto e cantabile nos redimiría, pero fue otro espejismo. Aquello no funcionaba, esbozos sin cuajar para un movimiento lento que favorecía saborear cada compás pero que el maestro Milanov parecía no tener claro su discurso musical. Las líneas melódicas, las intervenciones solistas, todo seguía con una neblina que impedía arribar a buen puerto. Todos esperando el ansiado Presto final, roto por la aparición de los cuatro solistas que con los aplausos parecían comenzar otra obra en vez de continuar una ascensión ya de por sí tortuosa.

Ni siquiera el tempo elegido logró contagiar algo de este último movimiento que debería suponer esa «Oda a la alegría», hoy tornada en tristeza a la vista de los resultados a pesar de las excelentes notas al programa de mi admirada Hertha Gallego de Torres. La entrada del barítono mexicano prometía por su color vocal, excelente, vigoroso, pero nuevamente quedó en soplo sin continuidad. El coro nunca transmitió confianza ni pegada, juntar dos no hace uno y las concepciones vocales son totalmente distintas, dando como resultado un «simple» entonar olvidando calidad y calidez en la emisión aunque hubiese momentos válidos, pero tampoco funcionó. Si el empaste y color vocal es cuestión de años, es imposible lograrlo en una semana, más el idioma de Schiller y Goethe que requiere mucho tiempo tampoco resultó inteligible, aunque me consta que el LDO lo domina.

La soprano norteamericana, siendo la destacada, cumplió sin emocionar, como su compatriota la mezzo de Ohio, y el tenor danés de color vocal perfecto para el rol, llegó a ser «engullido» por un coro algo desbocado y demasiado apretado en los agudos, parte forzado por dinámicas nunca ajustadas. El cuarteto solista empastó sin más, faltando otra vez la musicalidad, el escucharse todos un poco. Y es que como escribía «en caliente», las partes no lograron hacer un todo, faltó la visión unitaria, el conjunto, el discurrir fluido que esta sinfonía requiere, entenderla globalmente y no sumas individualizadas.

Desconozco el trabajo previo de todos así como lo que buscaba el maestro Milanov en esta versión, pero personalmente me dejó no ya indiferente sino algo cabreado. Beethoven nunca es fácil y requiere algo más, puede que lo que faltó este viernes en Oviedo. Seré raro, especial o vaya Vd. a saber, pero esta vez NO FUNCIONÓ casi nada.

VÍDEO: © OSPA en YouTube®:

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VolvemOS PAra bien

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Viernes 28 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 1, inauguración de la temporada 2012-13, OSPA, Jean-Efflam Bavouzet (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Rimsky-Korsakov, Prokofiev y Debussy. Todos teníamos «mono» de OSPA y las ganas de comenzar la primera temporada con el maestro Milanov de titular. Los titulares de prensa previos ya apuntaban bien y la entrada con «orbayu» no impidió saludar a tantos conocidos, amigos, músicos, encantados del reencuentro esperado. El programa elegido tenía muchos guiños y el pianista invitado un lujo para una ciudad que disfruta con los mejores y hasta tiene unas jornadas propias. La aplaudida salida del maestro búlgaro fue mayor tras la lectura de sus primeras palabras en un castellano más que correcto, cumpliendo su promesa de hablar español para su llegada. Incluso dio las gracias a la gerente Ana Mateo por su trabajo constante, y al Gobierno del Principado por seguir apostando por nuestra mejor embajadora, así como a la Consejera de Educación, Cultura y Deporte mi colega de profesión Ana González Rodríguez. Hasta nos invitó a brindar al descanso con una copa de vino de las Bodegas OSCA, patrocinadora del concierto, que animó un descanso algo más prolongado de lo habitual.

Y sin más arrancó la música con ese Capricho español, Op. 34 de Rimsky-Korsakov, la primera obra sinfónica asturiana y compuesta por un ruso, como bien recuerda Ramón G. Avello en las notas al programa que enlazo en los títulos y figuran en el número 1 de la Revista Trimestral enviada a los abonados (se vende a 2€ en el propio Auditorio aunque se repartía una hoja más que suficiente para seguir el concierto, una forma de ahorro que ya aplaudí y comenté). Los cinco movimientos suponen un examen para toda la plantilla (hoy reforzada) tras el merecido descanso veraniego (esta vez sin las visitas que patrocinaba la antigua Caja de -Ahorros inexistentes- de Asturias, ahora un banco en espera de rescate), y el compromiso en el foso con el Werther del Campoamor. La primera prueba para comprobar cómo se entendían Maestro y músicos: prueba superada, con Vasiliev marcando profesionalidad y el resto sin quedarse a la zaga (muy bien Andreas y demás solistas). Tiempos bien contrastados, con tranquilidad para degustar las melodías asturianas (también la «gitana» del cuarto número), sonoridades nunca estrepitosas, el empaste total siempre deseado (incluyendo unos metales que cada vez están más acoplados), los rubati justos y bien entendidos, con pocas concesiones a la galería en una obra que esta orquesta siente casi como propia desde la Alborada (muchos años de sintonía en Asturias del programa homónimo en Radio Nacional del fallecido Modesto G. Cobas) al Fandango Asturiano.

El francés Jean-Efflam Bavouzet nos brindó un Concierto para piano nº 1 en RE b M, Op. 10 de Prokofiev para recordar (de hecho lo grabó Radio Clásica para su posterior emisión en diferido). Obra dura para todas las partes, Milanov concertó a la perfección con el solista, lo que ya es un triunfo, mimando una paleta orquestal no muy clara pero que así está escrita para goce de admiradores y toses de detractores. Y la propina tenía que ser Debussy, preparando la segunda parte en este homenaje en su centenario, y más teniendo un intérprete que ha grabado la integral de su compatriota: el noveno preludio de su primer libro Serenade interrompueauténtica delicia sonora, rítmica, de aire hispano que voló por todo el auditorio flotando sus aromas rememorando mis primeros conciertos en el Filarmónica. Tras el vino del descanso, que me tomé afuera mientras fumaba mi cigarrillo, la segunda parte mantuvo el perfume francés con aromas españoles, primero rusos y ahora galos.

La Fantasía para piano y orquesta consiguió nuevas sonoridades no ya pianísticas desde su protagonismo, sino orquestales, auténtico impresionismo que mantiene la pincelada pero mezcla la paleta en el aire. Nueva lección de concertación y cohesión sonora en sus tres movimientos que sin perder lirismo consiguieron llenar de color una obra no muy escuchada que contó con uno de los mejores intérpretes actuales perfectamente arropado por nuestra OSPA con Milanov al frente. Para cerrar este concierto de aire español, la Iberia (Imágenes) equiparable a la pianística de Albéniz con el buen hacer orquestador de Debussy, deudor de algunos compatriotas pero magistral en su recreación. Inspirado hasta en los títulos, Por las calles y los caminos como ideario para toda la temporada, Los perfumes de la noche delicados y aromatizados con buen vino, y La mañana de un día de fiesta, pues así entendimos muchos este concierto inaugural. Fiesta de la música desde una pasión que el Maestro Milanov va a compartir con todos… esperando sean muchos años. Pese a la premura por llegar a casa (pasaban quince minutos de las diez de la noche), mi comentario rápido fue «Ésto promete», y el próximo concierto el Día del Pilar nada menos que con La NovenaBeethovende …

P. D.: Críticas de Ramón Avello en El Comercio y Javier Neira en LNE, así como de Aurelio M. Seco en su Web «Codalario«.

Experiencia Milanov

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Ya he sacado mi abono de la OSPA, ilusionado ante una temporada que promete ya desde los prolegómenos.
Me consta que la crisis nos pasará factura a todos, y la cultura, en especial la musical (con orquestas que desaparecen) ha sido de las primeras donde se metió la tijera; de hecho la «caída» de la Obra Cultural de la Caja (de Ahorros) de Asturias ya nos privó de la gira de verano con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, y la aportación a nuestra orquesta asturiana desconozco si bajó o directamente desaparecerá, como sucederá igualmente con el Festival de Órgano CajAstur (había llegado a la XXIII edición).
Al menos el precio del abono completo es el mismo que el año pasado, 199,50€ en butaca, lo que siempre agradezco tras el «varapalo» (404,00€) del Ciclo del Auditorio (Conciertos y Jornadas de Piano) y las óperas fuera de abono que también me llevan otro pico (56€) de un sueldo cada vez más menguado…
Pero no quería perderme Turandot con mi querida Liù Beatriz Díaz (ya la disfrutaron en Bilbao) o la siempre emblemática Lucia de Lammermoor con Sabina Puértolas (en el primer reparto está Mariola Cantarero). No descarto poder escuchar alguna otra pero el bolsillo no estira más, las localidades baratas se agotan y las navidades no tendrán paga extra. La OSPA estará en el foso, privándonos como abonados de otros conciertos (es parte de la subvención regional) y obligándonos a pasar por taquilla en el Campoamor.
Septiembre para muchos es el inicio del curso académico, y pendiente del pasado el concierto de Krystian Zimerman para el viernes 14 la puesta de largo con Rossen Milanov será el viernes 28.

A destacar, dentro del obligado ahorro, la publicación trimestral con los programas, intérpretes y comentarios, evitando el despilfarro en programas que acababan, supongo, en el contenedor de papel. Los ejemplares sueltos se venderán a 2€ y espero que en los conciertos repartan una cuartilla con el programa, más que nada para los no abonados y no cargar con la «revista» los habituales. La idea me parece muy buena y ya había organismos que hacían algo parecido, hoja suelta del programa y libretos de pago, caso de la propia Ópera ovetense.
También quiero destacar la sabia elección de programas y formas de pago (siguen los bloques temáticos con obras de siempre alternando con otras menos habituales y algún estreno que otro), los solistas de primera como el violinista Kristof Barati, el trompista Stephan Dohr o el pianista Alexander Melnikov entre otros, así como invitados ya conocidos como David Lockington o Perry So,  mientras «los de casa» también tendrán un hueco, volviendo mi querido Pablo González a la batuta, los solistas Vasiliev o Brandhofer, y en especial mi idolatrado coro «El León de Oro» que cantará una Novena de Beethoven ya lejana en mis directos, el día 12 de octubre apoyado por el Lírico de Cantabria.
La campaña publicitaria de la temporada se encuentra por muchas «piruletas» carbayonas con el slogan Experiencia Milanov. Viviremos una temporada donde la gran novedad será convertirnos en la primera institución europea y de la comunidad hispanohablante colaboradora del Carnegie Hall con su exitoso programa Link Up / Conéctate, de la que iremos desgranando desde aquí las aportaciones en la educación musical para estudiantes de 9 a 13 años, implicación directa del maestro búlgaro que siempre apuntó al aspecto didáctico como creación del público del mañana, algo que el Wert del ramo parece no tener en cuenta para la «vuelta a los 60s» donde la Música, como la Plástica, eran consideradas «marías», aunque la otra María religiosa permanezca en la Enseñanza Pública y parece volver la separación por sexos con dinero de todos los contribuyentes. Pero esto es otro cantar.

Voy contando los días para el comienzo de mi actividad habitual donde la música es parte de mi vida, profesión y vocación de la que puedo presumir en estos tiempos. Prometo seguir compartiéndolo desde aquí (ya van a cumplirse cuatro años tecleando).

Mahler siempre

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Sábado 1 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio del Kursaal, 73 Quincena Musical de San Sebastián. Orquesta Sinfónica de Bamberg, director: Jonathan Nott. Gustav Mahler: Sinfonía no. 6 en La m. «Trágica». Entrada: 55€ (+ 0,85€ de gestión).
Un verano feliz pero con cierto aire premonitorio de tragedia que no parece reflejar la realidad del momento… y aunque pueda ser autobiográfico es realmente lo que Mahler afronta en esta sinfonía bautizada como «trágica» que mi admirado Pérez de Arteaga considera una de las cimas creativas y para mí una cumbre con distintos accesos todos difíciles.

La Sinfónica de Bamberg ya la escuché varias veces (en vivo, registros y radios aún más) siendo Nott siempre un seguro de calidad con su orquesta, con Mahler piedra de toque que está grabando al completo. La interpretación donostiarra optó por el Scherzo en segundo lugar y la eliminación del tercer golpe de martillo, es decir que la versión fue la primigenia del propio Mahler, que luego cambiaría. De estos «detalles» ya han escrito plumas doctas y no insistiré aunque siempre me resulta una versión más habitual (invito a que lo intenten con un CD en este orden si tienen la otra versión). La orquesta alemana suena perfecta tanto en conjunto como sección a sección, y cuenta con unos solistas seguros en cada intervención, con un Nott que saca de ella toda una paleta pletórica de timbres desde un minucioso trabajo sonoro que comienza con una colocación vienesa con las ocho trompas a su derecha tras una fila que arranca en trompetas hasta la tuba, logrando una equilibrada estructura donde sumamos unos metales aterciopelados, nunca estridentes ni en los tutti, dinámicas amplias perfectamente acopladas a una partitura que como apuntaba al salir, tiene mucho que tocar (por todos y cada uno), mucho que dirigir (el británico con Mahler da gusto verle) y mucho que escuchar, resultando un auténtico placer reconocer las distintas melodías que conforman el todo mahleriano en sus cuatro movimientos, lo único clásico en una obra no romántica sino atemporal, aún más viviéndola desde la fila 7 y con un público que es la envidia del que suscribe: ni un ruido, ni una tos, silencio sepulcral casi místico que siempre ayuda a esta comunión entre música,
intérpretes y receptores.
Si la dirección resultó pulcra, dominadora de todo, por momentos impactante (hasta se le cayó la batuta y las dos manos seguían «dibujando la música»), la respuesta orquestal fue consecuente, destacando el concertino, así como los solistas en general, especialmente el trompa y la oboe, sin olvidarme una percusión cuadrada y artista hasta en detalles que enriquecen globalmente esta Sexta mahleriana, caso de cencerros, campanas, escobillas y el esperado mazo, dobles timbales, cuatro platillazos exactos y en su sitio pudiendo seguir así con todas sus intervenciones. La formación tiene tal calidad y sonoridad que la distinguiré entre las mejores en la actualidad, lo que corrobora sus continuas actuaciones fuera de su sede, algunas incluso costeándose los gastos caso de esta donostiarra, como pude leer en algún sitio que no recuerdo.
Del amplio catálogo dinámico de cada movimiento siempre ajustado, románticamente alemanes en el mejor sentido de precisión y respuesta al director, desde el Allegro energico, ma non troppo literal, melodía de Alma y con alma, ese Scherzo: Wuchtig que no repite motivos «pero sugiere malicia, picardía» (como dice mi querido Fernando Toledo), y sobre todo poderío orquestal, el Andante moderato considerado por tantos malherianos una de las páginas más bellas (yo no puedo quedarme sólo con esta) para llegar al Finale que resulta una montaña rusa de emociones sin fin, demoledor y trágico destino que evita el tercer golpe que le abatiría como a un árbol según el propio Mahler, para atisbar la fortaleza de un roble al que ni los incendios veraniegos pueden matar aunque dejen un paisaje desolador.
Septiembre marca un punto de inflexión en nuestras vidas, al menos en España, y como tantas veces, Mahler sigue más presente que nunca, otra vez desde San Sebastián.
Sólo pido poder seguir peregrinando hasta Zurriola cada Quincena.

San Sebastián y Mahler

1 comentario

Segunda escapada a Donosti con Mahler como disculpa, esta vez la Sexta con J. Nott al frente de la Sinfónica de Bamberg. Mucho que tocar, dirigir y escuchar con una Trágica de dos martillazos para el recuerdo. Desde Siana entraremos en detalles.

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