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Creación eterna

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Viernes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa: OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), William Berger (barítono), Topi Lehtippu (tenor), Eleanor Dennis (soprano). Director: Benjamin Bayl: La Creación, Hob. XXI/2 (Franz Joseph Haydn).

Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó «el dúo» en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible:

  • El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.
  • Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto «tenorín» australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono «roxu» que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.
  • La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.
  • Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.

Rafael Banús titula sus notas al programa «Del caos a la luz» que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, «recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático«, con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió «Papá Haydn» para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral – Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón… ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible.

Este viernes, además de llorar con «Lágrimas Negras» la muerte de Bebo Valdés, de empatar «la Roja» contra Finlandia (que vuelve a aparecer en esta entrada) también había en Avilés concierto de órgano con mi querido Fernando Álvarez Menéndez dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa, pero humano es carecer de la ubicuidad. De mis próximos conciertos informaré como pueda, vía teléfono, tableta o incluso Twitter©, que la tecnología nunca está reñida con los sentimientos…

Conciertón inaugural XXXVI SMR de Avilés

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Domingo 17 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolas de Bari. Coral Avilesina (Elena Baigorri, maestra de coro), Orquesta Julián Orbón, José Mª Martinez (director). Obras de Händel, Ramón de Garay, Max Bruch y Pedro Braña.

Comenzó la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés en plena recesión económica pero nunca artística porque cuando no se tienen recursos suficientes para ofrecer figuras nacionales o internacionales, los de casa, muchos de ellos también docentes, salen más baratos y en muchos casos de igual calidad. También sirve para enseñar los frutos de tantos años de trabajo (36 la propia semana) y dar oportunidades a nuevos y jóvenes intérpretes de esta tierra mía, aunque como bien contaba al final del concierto Chema, algunos no quieren volver y otros incluso dejan de hablar a la organización… Pero esto es otro cantar.

La organista Judith Busquets fue la solista del Concierto para órgano y orquesta en SIbM, Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, bien resuelto tanto en sus intervenciones solistas como las concertadas con una orquesta bien empastada dirigida con la mano firme y clara del director allerano aunque avilesino de adopción. El orden de los tiempos pudo despistar a algunos que aplaudiendo entre ellos rompieron un poco el buen discurso interpretativo desde el Andante inicial, con algunas notas del famoso «Aleluya», el Órgano ad libitum para disfrute de la solista que utilizó todos los recursos del portativo, un Spiritoso literal en todos los músicos, desde la cuerda a la madera y metal en una fuga de las que el de Halle saca oro e inundaron «la Iglesia de Garralda» y ese Menuet final auténtica danza con protagonismos bien repartidos, aunque hubiese momentos donde el órgano, por ubicación y recursos, quedase algo tapado.

Ramón Fernando de Garay Álvarez (Avilés, 27 de enero de 1761 – Jaén, 8 de enero de 1822) fue un compositor de talla internacional contemporáneo de Mozart, Haydn o Beethoven por citar la terna clásica, prolijo en todos los estilos, aunque mayoritariamente el religioso, pero con nada menos que diez sinfonías que ya han sido grabadas hace dos años por José Luis Temes al frente de la Orquesta de Córdoba con motivo del 250 Aniversario del nacimiento del músico de Sabugo. La Orquesta del Conservatorio Julián Orbón está dando a conocer poco a poco en su propia ciudad parte de esa producción, auténtico patrimonio cultural de la tierra que no podía seguir olvidado, en parte por la inestimable colaboración de mi querida compañera y amiga Mª Luz González Peña, directora del CEDOA -Centro de Documentación y Archivos- de la SGAE (donde trabaja),  al hacer llegar estos materiales ya digitalizados a su Avilés del alma.

Chema Mtnez. recoge siempre el guante y esta vez con la Orquesta del Conservatorio avilesino, algo reforzada, nos deleitaron con la Sinfonía nº 9 en MIbM (1817) con sabor de clasicismo vienés en sus académicos cuatro movimientos y plantilla utilizada: Largo-Allegretto, Andantino, Allegro (Minué) y Rondó (Allegro) bien interpretados por una orquesta vigorosa en sonido y fiel a la partitura editada por el ICCMU que está al mismo nivel de muchos contemporáneos del compositor de Sabugo. La figura de Garay ha sido muy poco conocida hasta su reciente recuperación, gracias sobre todo a los trabajos del canónigo Raúl Arias del Valle (durante muchos años archivero de la catedral de Oviedo) y del cronista asturiano Justo Ureña junto al estudioso principal de su figura, Pedro Jiménez Cavallé, musicólogo y catedrático de la Universidad de Jaén, a quien debemos no sólo buena parte de los datos biográficos que hoy podemos ofrecer del maestro sino la revisión de su única ópera Compendio sucinto de la Revolución Española (1815) y de sus diez sinfonías. Decir que suena a Haydn o Mozart no es exagerar, y la prueba está en el triple CD para quien pueda escuchar la grabación patrocinada por la Fundación BBVA y el sello Verso.

Siguiendo con obras poco escuchadas, los solistas Iván Cuervo (clarinete) y Roberto Morales (viola) nos recrearon  el Doble concierto en Mi m, Op. 88 (1911) -originalmente para violín y viola– de Max Bruch, tan inspirado como el más famoso de violín y dominador de colores y texturas tanto en los solistas como en la orquesta. Obra exigente para todos en sus cuatro movimientos, brillaron a gran altura destacando la potente sonoridad del Rondó (Allegro) final, los excelentes pasajes solistas y la precisión en la dirección del Maestro Martínez, ajustando los tempi siempre buscando la claridad expositiva.

El otro compositor asturiano de la tarde fue Pedro Braña Martínez (Candás, 5 de febrero de 1902 – Salinas, 13 de febrero de 1995), quien durante su larga estancia en Sevilla, de la que es hijo adoptivo, acabó firmando muchas marchas procesionales para su famosa Semana Santa, destacando que tiene una calle con su nombre en el barrio de Nervión de la ciudad Hispalense, sin olvidar obras corales que aún están en los repertorios. La Misa al Sagrado Corazón de Maria tiene las partes del «ordinario» que cantó con seguridad y buen gusto la Coral Avilesina que dirige Elena Baigorri Sáenz, con el acompañamiento de una formación camerística (normalmente con órgano) bajo la siempre atenta dirección de Chema. Cuatro partes donde los textos en latín están bien repartidos entre las voces con una orquesta tejiendo contracantos o subrayando las armonías: el breve Kyrie (Andante sostenido), seguido de un trabajado Gloria (Allegro moderato – Largo – Allegro deciso) brillante en toda su escritura polifónica, un Sanctus (Andante religioso) que bebe de las fuentes clásicas y el Agnus Dei (Andante religioso) tranquilo, dibujado y subrayado por la soprano local Rosa Jorquera en sus solos, con una cuerda cual «órgano imposible» por sonoridades reforzando un bajó armónico. Del compositor candasín -también con calle en su pueblo marinero- fue también el Ave María de propina con la misma solista que puso broche de oro entre merecidísimos aplausos al concierto inaugural de una Semana de Música Religiosa que es historia asturiana todavía viva y resucitando obras desde el duro trabajo y la ilusión por compartirlas.

Calidad de casa frente a la crisis

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Arrancaba este Domingo 17 de marzo en la Iglesia de San Nicolás de Bari la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés con un programa de cinco conciertos con músicos de la tierra, pues los recortes a la cultura no hacen excepciones con la música.

Para comenzar la Orquesta Julián Orbón, la Coral Avilesina de Elena Baigorri, la organista Judith Busquets, el clarinete Iván Cuervo y el viola Roberto Morales, todos dirigidos por el incansable, luchador y excelente docente José Mª Martínez, Chema para todos los amigos, capaz de dar un concierto, del que escribiré con calma en casa, que incorporaba el Concierto para órgano y orquesta Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, la Novena Sinfonía en MIbM (1817) del avilesino Ramón de Garay, el Doble Concierto en Mi m., Op. 88 para clarinete y viola de Max Bruch y la Misa al Sagrado Corazón de María del candasín Pedro Braña. Obras poco escuchadas, dos compositores asturianos, y con mucho arte de nuestra tierra.

Destacar cómo el propio Chema Martínez pidió al final que todos apoyemos al Conservatorio Julián Orbón de Avilés porque la labor de muchos años, el estudio del alumnado durante miles de horas, el esfuerzo del profesorado y el apoyo de tantos implicados, da la posibilidad de escuchar conciertos como este de apertura de una semana con ¡36 años a sus espaldas! que algunos dirigentes miopes pueden cargarse en una legislatura. Y un pueblo sin música es un pueblo sin historia.

Desde la aldea, más.

Noche completa y vienesa

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Viernes 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 8: OSPA, Matthias Bamert (director). Obras de Schönberg, Mozart y Schubert.
Tres obras de tres compositores con Viena como nexo común y un programa tal vez «obligado por la crisis» pero al que no podemos poner pegas.

La Noche transfigurada, Op. 4 -revisión 1943- (Schönberg) es un auténtico examen para cualquier cuerda orquestal y la de la OSPA volvió a sacar sobresaliente bajo una batuta experta como la del Maestro Bamert, de gesto contenido pero preciso y conocedor de esta Verklärte Nach originalmente para sexteto de cuerdas que además consiguió esa sonoridad camerística para la sección estrella de nuestra formación. Hacía tiempo que no escuchaba con tanta limpieza y vigor los arcos, en general todos los recursos que la obra exige, brillando solistas y conjunto en una lectura clara de la partitura. Emociones contenidas y muestrario anímico hecho música a partir de un texto de Dehmel que recuerda muy bien el maestro Rogelio Álvarez Meneses en las excelentes notas al programa (número 02 de la revista trimestral de la OSPA) que incluyo como enlace en los autores del inicio. Obra aún tonal pero expresionista por lo que a «expresión de sentimientos» concierne, personalmente lo mejor del concierto, con los músicos en total empatía.

Con el trasiego necesario en escena para la siguientre obra, enmarcada en la llamada «Harmoniemusik» (de la que nos habló Rogelio Álvarez en la conferencia previa) y finalmente el descanso que no sabíamos si vendría aquí, apareció el octeto de viento que podemos contemplar en las fotos, con el maestro suizo al frente, personalmente innecesario por la formación camerística pero igualmente artífice del excelente resultado de esta Serenata nº 12 en Do m., KV. 388 (Mozart), como espoleados por la «transfiguración» anterior y demostrando nuevamente el nivel de excelencia también en la sección de viento asturiana: Ferriol y Romero, Mascarell y Falcone, Andreas y Daniel, Morató y Rosado fueron desgranando los cuatro movimientos escritos con la maestría, dificultad y precisión del genio de Salzburgo, y un Bamert sin batuta mimándolos cual coro de cámara, empastes de cañas dobles, muestrario de combinaciones de cuatro a dos, con las trompas ensambladas como una -puntualmente algo fuertes- y clarinetes buscando equipararse a los oboes en presencia, todo un juego de excelencia donde el peso recayó en Juan Ferriol que sigue asombrando por su excelencia en todas sus intervenciones. Una maravilla mozartiana descubierta por muchos aficionados y colocada entre Arnold y el bueno de Franz, aunque la música de cámara con los solistas de la OSPA debería estar en otra programación.

La Sinfonía nº 8 en Si m., D. 759 «Incompleta» (Schubert) nos devolvió la orquesta casi al completo y recuperando la «colocación vienesa» que sigue funcionando a la perfección, sobre todo en este repertorio. Si las dos obras anteriores parecieron «calentamiento» para el tutti, la interpretación que Matthias Bamert hizo de esta sinfonía en dos movimientos hizo brotar todo lo anteriormente sembrado. «Intensidad e introspección» escribe Álvarez Meneses de esta obra polémica sobre su planteamiento, inconcluso o así pensado, resultó más que suficiente para disfrutar del conocido Allegro moderato con la entrada en graves envolviendo todo y el juego orquestal posterior, y sobre todo paladear el Andante con moto, «La apoteosis del amor» cerrando sentimientos presentados en la primera parte. No tiene final buscando el «aplauso fácil», tal vez interrogante buscada en esta «noche transfigurada» pero amorosa y menguada solamente en efectivos, que no en calidad. Sonoridades claras, contrastes en su medida, volúmenes ajustados, conocimiento y convencimiento para un compositor que nunca cansa al descubrir algo nuevo si hay química entre todos.
El próximo viernes tendremos el concierto extraordinario de Semana Santa con La Creación de Haydn donde recuperaremos orquesta, Coro de la FPA y la vuelta de Benjamin Bayl, pero todo a su tiempo…

Buenos mimbres

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Jueves 7 de marzo, 20:30 h. Teatro Jovellanos, Gijón. Orquesta Clásica de Asturias, Juan Andrés Barahona (piano), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Mozart, Fauré y Sánchez Velasco. Entrada: 16€.
Cuarta temporada de una orquesta que «crece año a año en rendimiento, calidad, repertorio, profesionalidad, entrega, emoción y exigencia a una labor bien hecha», como reza en su presentación. Plantilla corta, no estable en muchos atriles, conjugando juventud y veteranía para repertorios de siempre que van abriéndose a obras más cercanas en el tiempo, incluyendo las del propio director que con trabajo concienzudo es capaz de exprimir e incluso adaptar obras para los mimbres que tiene y fabricar un cesto que resulta un éxito. Cinco violines primeros, cuatro segundos, tres violas, tres cellos, un contrabajo y un sexteto de viento formado por oboe, flauta, clarinete, fagot, trompa y trompeta para la segunda parte, cuarteto con dos trompas y dos oboes para la obra que abría velada.
El Concierto para piano y orquesta nº 12, K. 414 (385p) en LA M. de Mozart tuvo como solista al asturiano Juan Andrés Barahona, que volvió a gustarme como en anteriores interpretaciones, obra engañosamente fácil -como todo Mozart- que exige limpieza, fraseos claros, dinámicas amplias, pedales en su sitio y una perfecta concertación. Si bien la orquesta estuvo algo indecisa, diría que temerosa por momentos, la seguridad estuvo de parte del pianista que disfrutó con cada movimiento y sus correspondientes cadencias, cual sonatas en miniatura de diseños mozartianos con todo lo que ello conlleva. El Allegro brillante, poderosamente simple y en tiempo justo con buenos diálogos y solos, escalas cristalinas, legatos dialogados y con discurrir fluido; Andante lleno de lirismo tanto en la cuerda como en el piano con trinos impecables, reposo del guerrero, apoyaturas de musicalidad infinita subrayadas por el viento como un tiempo casi pastoril, alternancias solo – orquesta dialogadas y bien concertadas, cadenza delicada y final para desembocar en el Rondeau. Allegretto perfecto colofón de un concierto que Beethoven pudiera conocer resultando casi romántico en la interpretación de Barahona, cuerda y viento bien compenetrados con el solista, bien concertado desde el podio, optando por el paladeo antes que el virtuosismo, escuchando cada tema y dándole el carácter apropiado. Aplausos merecidos y propina, puede que uno de los Cuentos de la vieja abuela de Prokofiev, que ya me falla la memoria.

Un paso en el tiempo supuso las Masques et Bergamasques Op. 112 de Fauré en arreglo del director, repertorio en el que la orquesta asturiana también disfruta, puede que más exigente y curiosamente mejor llevado, siempre desde el conocimiento que Sánchez Velasco tiene de las obras que prepara al mínimo detalle, bien memorizadas y sabiendo qué quiere y puede sacar de cada sección. El arreglo de la obra no dejó los brillantes colores del título sino sutiles claroscuros, al menos eso irradió la versión del avilesino para «su» orquesta a lo largo de los cuatro movimientos, quedándome con el tercero, Gavotte: Allegro vivo precisamente por las sensaciones transmitidas para una orquesta camerística que no intentó emular la sinfónica sino ofrecer otro punto de vista del mismo cuadro.

El Divertimento nº 1 para orquesta de cámara del propio Daniel Sánchez Velasco (1972), con la misma plantilla de Fauré, es una obra bien tejida en sus tres movimientos contrastados en tempo y estilos, académico por lo tonal pero buscando armonías avanzadas sin perder nunca lo melódico y jugando con las texturas en la orquestación elegida, herencias de Shostakovich o Prokofiev tamizadas por el buen oficio del músico integral que es Daniel. Allegretto – Adagio – Scherzando es la sucesión, logrando los mejores momentos del concierto, con los músicos ya rodados y perfectamente conjuntados, más el viento que la cuerda, siempre en la disposición vienesa por la que el Maestro Daniel apuesta y que en la OSPA parecen estar descubriendo con Milanov.
Como funcionó perfectamente, la primera propina del Vals Triste de Sibelius resultó llena de sutilezas, rubati y empaste más logrado, con unos pianísimos que cortaron la respiración, rematando con La carrasquilla de Guridi que en esta versión orquestal sonó juguetona, «nada vieja» y alegre para volver a casa con el ánimo arriba.

Hay que seguir agradeciendo esfuerzos como el de la OCA con Daniel Sánchez Velasco al frente, escuela para músicos y público como necesario recorrido cultural, muestrario de obras que abarcan épocas y estilos siempre presentes. Oviedo el sábado 9 y Avilés el martes 13 podrán disfrutar de este programa.

Un Nevsky en cuerpo y alma

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Miércoles 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Proyección de la película de Sergei Einsenstein «Alexander Nevsky» (música de S. Prokofiev). Intérpretes: Marina Pardo (mezzosoprano), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban Gª Miranda), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Entrada libre.

Organizado por la Universidad de Oviedo y como ya hiciese con «Metrópolis» en el Campoamor en mayo pasado, esta vez en la pantalla gigante del Auditorio pudimos deleitarnos con la proyección de otra joya del Séptimo Arte, película de 1938 que no pierde con el paso del tiempo ni desmerece de las grandes producciones, en versión original con subtítulos al castellano de una calidad global impresionante en todo, máxime cuando la banda sonora original de Prokofiev pudimos escucharla en directo con unos intérpretes perfectos siempre guiados por el maestro italiano, que sigue arriesgando con propuestas que además salen bien.

Si la partitura de Prokofiev es una auténtica cantata que el Coro de la FPA dirigido por mi querido Pepu ya interpretó al menos otras dos veces que yo recuerde (guardando además una copia de la partitura), todo el entorno de este miércoles ayudó a disfrutar tanto a los músicos como al público.

En un foso «redescubierto» (que nunca antes se abrió en los muchos años del Auditorio) donde se colocó la orquesta, el coro sentado y separado en dos bloques de blancas y graves en el escenario, con atriles iluminados tenue pero suficientemente (qué bien funcionan los leds) y la caja escénica adelantada, el piano con Sergei Bezrodni a la izquierda, para coronar sobre ellos la pantalla gigante, unido a un sonido perfecto, pudimos saborear imagen y sonido como auténticos privilegiados, un público que hizo cola una hora antes y abarrotó la sala (algunos no sabían de qué iba, pero era gratis), escuchando nuevas texturas en esta disposición y ubicación global.

Casi dos horas de épica total, con una dirección perfecta en ajuste con la propia película, una orquesta que sonó «de otra forma» destacando por protagonismo los abundantes metales y percusiones, sin obviar la madera más una cuerda compacta y homogénea capaz de transmitir y subrayar el poderío escénico pergeñado por Eisenstein, y el coro empastado como nunca, cómodo, de amplias dinámicas y protagónico como pueblo a lo largo del film, sin olvidarme la breve pero emocionante intervención de la mezzo asturiana Marina Pardo, elegante, en el centro, ubicación excelente para proyectar su voz hasta el fondo del auditorio con la orquesta a sus pies, literalmente. Un Nevski en cuerpo y alma.

Enhorabuena a todos, especialmente a la Universidad y la Fundación Príncipe de Asturias, siempre con el Ayuntamiento apoyando, por seguir ofreciendo espectáculos de esta calidad y originalidad que ayudan a rescatar joyas de la historia cultural muy escasas, apuesta de futuro para unos tiempos donde los políticos parecen ir en dirección contraria.

Brandhofer y So

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Viernes 22 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 7, OSPA, Christian Brandhofer (trombón), Perry So (director). Obras de Mozart, Salvador Brotons y Sibelius.

Dos protagonistas en el séptimo de abono de nuestra orquesta: el maestro So que volvía al podio como un soplo de frescura, juventud y buen hacer, más el trombonista principal que daba el paso adelante como solista en una obra capaz de sacar de su instrumento colores y sonidos inimaginables.

La disposición vienesa se mantiene desde el anterior y el concierto lo abría la Sinfonía nº 29 en LA M., K. 201 / 186a (Mozart), plantilla y colocación «ad hoc» para esta obra de juventud donde el viento reducido a dos trompas y dos oboes que funcionaron como nos tienen acostumbrados, se impusieron a una cuerda que pudo implicarse más en esta hermosa y juvenil sinfonía, pues había motivos para el lucimiento con los tempi elegidos por el director de Hong Kong, echando de menos más claridad en los fraseos aunque se lograsen buenas dinámicas, «belleza en la sencillez» siempre traicionera. El Allegro moderato contagió la vitalidad de la batuta, mientras el Andante dejó momentos en el viento realmente hermosos y una cuerda dulce. El Minuetto devolvió la homogeneidad deseada en cuanto a la visión de conjunto, para rematar «in crescendo» el Allegro con spirito resultando como apuntaba el mismo viernes una OSPAterapia que sube el ánimo y perdona detalles mejorables aunque para muchos impercetibles.

Salvador Brotons es un director y compositor catalán del que habló Israel López Estelche en la conferencia previa («Nuevas líneas compositivas en la música española de finales del siglo XX») y autor de las notas al programa que están enlazadas en los nombres de los compositores. De su primera faceta tengo el gusto de haberle escuchado dirigir a Carmen Yepes con la Sinfónica de Vancouver, aunque la segunda, amplia y variada, tengo que conformarme con la web.

Conocedor de la materia orquestal como nadie, más aún con las bandas de música -de las que habría mucho que escribir-, alumno de Montsalvatge pero sin etiquetas por el lenguaje utilizado («amable» decía el compositor y musicólogo afincado en Oviedo), su Concierto para trombón Op. 70 (1995) explora en sus cinco movimientos sin pausa todo un universo sonoro no ya melódico -del que hay mucho- sino de búsqueda de timbres y registros únicos, juegos de sordinas capaces de lograr trampantojos sonoros en el color y expresividades extremas que requieren del solista todo el virtuosismo posible (dobles notas, trinos, frullatos, glissandos…). Christian Brandhofer se lució desde el Furioso inicial al Presto brillante final, bien concertado por So y sus compañeros que esta vez lo dieron todo para conseguir juntos una interpretación de lujo para este concierto de nuestro tiempo con mucho regusto yanqui.

Y si alguien comentaba lo cercano que estuvo a la voz humana, nada mejor que regalar la asturianada «Si quieres que te cortexe» donde el trombón habló y cantó una melodía que corre por las venas de muchos, incluyendo a nuestro Christian de Noreña. Enhorabuena por alcanzar la excelencia con Brotons.

Suelo escribir que «No hay quinta mala» y la Sinfonía nº 5 en MI b M, Op. 82 de Sibelius es una de ellas. Exigente para todos en sus tres movimientos, Perry So buscó ahondar en la complejidad tanto de dinámicas como de texturas con una labor de orfebre, detallista, mandando con gesto claro y preciso, obteniendo buena respuesta de los músicos. La interpretación fue de menos a más, con un saber hacer del director que contagia su espíritu, siendo el Allegro molto – Misterioso como lo más destacable por lo que supuso de desentrañar pasiones hechas música en una orquestación exigente que va aumentando la tensión hasta los seis acordes finales donde el silencio entre ellos lo pudimos escuchar… nueva «OSPAterapia» que casi adquirió tintes de «OSPAempatía» para un público que esta vez no respondió como en el anterior concierto. Supongo que el frío a ciertas edades deja al personal en casa.

Queda temporada por delante aunque la orquesta se vuelva Guadiana, primero por la temporada de ópera y este próximo fin de semana su participación en «Musika Musica» de Bilbao, pero la colocación elegida por el titular Milanov pienso dará muchas alegrías siempre que los músicos de nuestra formación se impliquen al cien por cien en todas las obras, algo que reconozco difícil pero no imposible. Si en el anterior les exigía excelencia porque calidad hay suficiente, en este concierto la alcanzaron por momentos.

OSPAterapia

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Auténtica sesión terapéutica la OSPA con Perry So que volvía al podio para un programa algo ecléctico pero profundo.
La 29 de Mozart es muy honda y exigente como todo lo de Wolfgi, sonó fresca pero faltó implicación para disfrutar más con una cuerda capaz de extremos interrogantes, y un viento a dos con trompas y oboes que son el toque diferencial para esta sinfonía recobrando la colocación vienesa que te descubre sonoridades nuevas.
Brotons puso énfasis con su Concierto de trombón felizmente interpretado por Christian Brandhofer que hizo hablar un instrumento unido a Glenn Miller desde mi infancia con propina a solo del astur «si quieres que te cortexe» que enamoró.
No hay quinta mala y la de Sibelius devolvió la OSPA que deseamos plegada al maestro So que logró dominar una sinfonía muy profunda. Desde Siana espero ampliar… pero el lunes, que el finde es largo y también lo compartiré si el tiempo no lo impide.

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Sensaciones con la experiencia Milanov

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Viernes 15 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 6: OSPA, Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Wagner, Schumann y Beethoven.

Tras la conferencia previa de Alejandro G. Villalibre (autor de las notas al programa que están enlazadas en los autores de arriba) sobre «El legado de la Pastoral de Beethoven» que ponía el punto final en Wagner, sería como si su bicentenario retornase a Milanov y la OSPA al ciclo de abono con un programa que, en palabras del propio Villalibre citando al genio de Bonn, resultaría «más expresión del sentimiento que pintura sonora» pero nada distanciado de lo romántico en ninguna de las tres obras.

La primera sensación antes de comenzar fue la disposición elegida por el maestro búlgaro totalmente vienesa: contrabajos atrás, violines enfrentados, trompetas al lado de los fagots, timbales a la derecha (la foto de Marta Barbón que abre la entrada es perfecta para verla). Búsqueda de nuevas sonoridades más que vuelta a concepciones históricas aunque las obras fuesen adecuadas para esa colocación, y es un hecho que creo marcaría todo el concierto.

Del Sifgrido wagneriano escucharíamos «Murmullos del bosque», WWV 86c del Acto II, como si la madre naturaleza fuese protagonista de una velada climatológicamente primaveral pese a los gélidos días anteriores del «febrerillo loco». La formación asturiana vuelve por sus fueros dando un paso más en la búsqueda de la excelencia, pues la calidad está más que demostrada. Texturas y dinámicas amplias donde todas las secciones brillaron escuchándose y descubriéndose en la nueva colocación. Puede que la acústica del auditorio no sea perfecta para ellos pero el maestro búlgaro consiguió en este aperitivo un Wagner más cercano desde una orquestación casi íntima por momentos pese a la plantilla utilizada, lo que corrobora el mimo con el que Milanov llevó la obra, sin descuidar nunca los planos sonoros.

El joven violonchelista Pablo Ferrández (Madrid, 1991) parecía predestinado a la música hasta en el nombre, por lo que no es de extrañar su precocidad en el instrumento. Esta semana recibía en Oviedo la noticia de un nuevo premio, recién llegado de un concierto con el pianista Luis del Valle donde también estaba Schumann. El Concierto para violonchelo en La m., Op. 129 lo debutaba con nosotros y su interpretación resultó impactante por el poso, musicalidad y sonido de su Andrea Castagneri de 1733. Impecable de técnica logró recrearse en una partitura sin desmayos siempre bien concertada por Milanov y la OSPA que fueron alternando buen gusto con el solista, respetándose desde la escucha interior y plegados a las indicaciones de la batuta. El regalo de El cant dels ocells fue más que un agradecimiento desde la profundidad musical de una página cargada de simbolismos que el madrileño ya ha interiorizado. Pablo Ferrández se suma a la lista generacional de grandes violonchelistas españoles que triunfan por todo el mundo, y en Oviedo estamos disfrutándolos a (casi) todos.

Y llegaría el Beethoven de la Sinfonía nº 6 en FA M., Op. 68 «Pastoral», la vuelta al origen del programa y el posterior legado que contaba Villalibre en la conferencia previa. La «Experiencia Milanov» comienza a palparse y sus primeras palabras ya toman forma.

La orquesta asturiana ya ha tocado muchas esta sinfonía en sus 22 años de historia, pero la versión ofrecida por Milanov en Gijón y Oviedo son de las que no dejan indiferente. La colocación ya comentada mostró esos pasajes muchas veces ocultos (tapados) de los violines segundos, y por fin conseguí escuchar la ansiada «pegada» en los contrabajos, envolviendo desde el fondo toda la obra. Incluso los timbales ayudaron a encontrar el color orquestal apropiado, no sé si para el Auditorio pero evidentemente la apuesta del maestro titular por la disposición vienesa resultó un éxito para mí. Pero sobremanera los tempi elegidos. Habrá polémica siempre positiva, opiniones encontradas sobre las indicaciones metronómicas que Beethoven utilizó para precisar la velocidad elegida, menos subjetivas que un Allegro ma non troppo, pero volviendo a su propia búsqueda de «más expresión del sentimiento que pintura sonora» la Sexta resultó pastoril en cuanto a sentimientos, remanso, deleite en cada pasaje, disfrute en cada intervención solista con una madera realmente inspirada y unos bronces empastados como nunca, alcanzando cotas de entendimiento entre ellos que solamente estos años de «matrimonio» (los mismos que yo) consiguen. La Escena junto al arroyo: andante molto mosso continuó en la línea de tranquilidad expositiva, con una cuerda redonda en cuanto a la sensación de globalidad conseguida por la colocación e interpretación de toda ella, al igual que la Animada reunión de los campesinos: Allegro con toques casi de romería primaveral asturiana, ímpetu sonoro siempre controlado. Incluso el Trueno y tempestad: Allegro nos dejó una tormenta sin excesos, más veraniega que invernal con dinámicas nunca exageradas, bucólicamente sentimental, silencios subrayando la bravura, precisión y respeto a la partitura, reminiscencias del Don Giovanni mozartiano premonitor. Y si de sensaciones hablamos, Sentimientos de benevolencia y agradecimiento hacia la Divinidad después de la Tempestad: Allegretto, colofón unificador en cuanto a la interpretación de Milanov con «nuestra» OSPA, emoción contenida para muchos, explosión de luz para la mayoría.

Mi comentario final es que se está logrando entender a Milanov, incluso comienzan a creérselo, y la transmisión emocional desde el escenario al público la notamos todos. El maestro no volverá hasta abril (y fuera de abono) pero la orquesta repite la próxima semana con Perry So… y espero contarlo desde aquí. Las sensaciones han sido positivas y mi salida del concierto pletórica en el ánimo. Oviedo y Mieres aún siguen celebrando los carnavales.

Conlon uno de los grandes

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Domingo 10 de febrero, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, James Conlon (director). Obras de Dvorak y Shostakovich.

Aunque el frío resultase gélido y el programa viniese de climas casi polares en estas fechas, la orquesta berlinesa (DSO Berlin) con Conlon al frente, arrancando su «Spain Tour», hizo saltar chispas en el auditorio ovetense en el horario dominical que sigue despistando a parte del público.

La siempre agradecida Sinfonía nº 9 (5) «del Nuevo Mundo» en Mi m., Op. 95 (Dvorak) no por muy escuchada deja de sorprender y poner a prueba toda orquesta y director que la interprete, y está claro que lo escuchado en Oviedo es oro de todos los quilates posibles. Con una formación alemana de cantidad, donde «el tamaño importa» (con 8 contrabajos hagan el cálculo de la plantilla) y calidad en todas sus secciones, con solistas excepcionales, más un director que sabe delinear cada motivo, atento al color, jugando con dinámicas completas en su amplio espectro, mimando cada plano, sacando los tempi adecuados y mandando como sólo los grandes saben, la versión de Conlon fue perfecta de principio a fin. Desde el Adagio–Allegro molto se presentía emoción en cada nota, en empaste divino parte a parte bien dibujada por la batuta de Conlon; el Largo rezumó lirismo por todas partes desde el inicial y orgánico metal con redoble de timbal hasta el solo de corno inglés, con una cuerda de sustento único hasta la alegría y alborozo del final de este segundo movimiento; el Scherzo: Molto vivace una auténtica delicia sonora, captando todo si perder el detalle, conjugando unas dinámicas que posibilitaron una audición completísima, y atacando sin pausa el Allegro con fuoco, sacando chispas que decía al principio, porque si la cuerda (permutando cellos y violas) es auténtico terciopelo, las maderas un tratado de ornitología y los «bronces» todo un órgano sinfónico, añadamos la percusión en su sitio y obtendremos el fuego capaz de derretir los oídos más exigentes. Realmente nos dejó sin palabras.

Con el poderío orquestal aún más aumentado (arpas, celesta, clarinete bajo, contrafagot, maderas y metales duplicados y percusión de quitar el hipo) para Shostakovich, la Suite Orquestal de «Lady Macbeth en Mtsensk», Op. 29 en el arreglo del propio Conlon de esta llamada ópera maldita, hizo removerse al público en las butacas con auténticas hormigas en el estómago, pasando de la cumbre al abismo, contrastes abismales y montaña rusa en cada uno de los doce números de esta auténtica revisión orquestal que como dice Arturo Reverter en las notas al programa, recreación que … nos lleva a introducirnos en una obra «enigmática y paradójica, que habla en un lenguaje que, simultáneamente, revela y oscurece, conciesa y deniega, se equivoca y acierta, acusa y, finamente, olvida».

Seguramente la crítica del Pravda de «caos en vez de música» podríamos retitularla como «caos hecho música», expresionismo puro y duro, arrebatador y místico, todo con una orquesta capaz de plasmar en música todo este dramatismo casi litúrgico donde el arreglista y director ha sabido traducir al único lenguaje universal, olvidándonos del texto originario pero sin perder de vista a la Katerina Ismailova protagonista como si de un poema sinfónico volviésemos a esta shakesperiana del distrito de Mtsensk. Explosiones y emociones que volvieron a bisar en el «Gefährliche Spannung» poniendo este concierto en otro nivel de calidad difícil de superar donde el Shostakovich y sobre todo Conlon fueron los protagonistas.

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