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Lo han puesto difícil

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Viernes 26 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 10, OSPA, Pablo González (director), Obras de Varèse, Carter y Tchaikovsky. Notas al programa de Eduardo G. Salueña (quien impartió una conferencia previa, a las 19:00 horas: La estética del contraste: abstracción, urbanismo y bucolismo en el lenguaje orquestal).

Visto lo visto sigue pareciéndome increíble que obras de casi 100 años sigan provocando malestar en parte del público y de algunos músicos de la orquesta, evidentemente no entre los intérpretes ni un director que arriesga en cada aparición y volvió a pensar qué figura perdimos pero cuánto ganó personalmente. Las Integrales (1924-25) de Varèse creo que sonaron por vez primera en Oviedo este viernes (y Avilés el día antes), lógico porque se suele programar buscando equilibrio entre «lo seguro y lo arriesgado», olvidándose que la única forma de educar en estas composiciones es precisamente escuchándolas más a menudo y la apuesta fue total por no decir «rompedora». El director carbayón llevó a los once músicos por auténticas búsquedas sonoras más allá de los ancenstrales y conservadores conceptos académicos que precisamente Varèse quería romper, pese a titular los tres movimientos como Andantino, Allegro y Lento.

El recientemente fallecido Elliot Carter puede resultar tras Varèse como ver un Kandinsky tras Max Ernst, máxime en esa Suite del ballet «El Minotauro» (1947) que resulta cinematográfica y creíble hasta en el «hilo» argumental. Sin apenas respiro la OSPA fue desgranando lo mejor de esta selección del ballet, Obertura y dos escenas de tres y siete números respectivamente de lo más variados en todos los aspectos musicales, bajo la dirección impecable e implicada del maestro carbayón, volviendo a dar confianza a los músicos que sonaron como una auténtica unidad y donde volvió a destacar el cuarteto de trompas que ya han alcanzado el mismo nivel que sus demás compañeros, con sonoridades envidiables y seguras, siempre con esa tremenda seguridad y color que parece contagia la cuerda. Incluso los timbales parecen haberse «domado» pese a recuperar la posición superior.

Lograr este éxito es labor de todos pero pienso que Pablo González ha transmitido ganas y amor por todo lo que dirige, y esta primera parte volvió a demostrar que la formación asturiana puede con cualquier repertorio sin mermar un ápice la excelencia, siendo cuestión de trabajo y convencimiento.

La Sinfonía nº 1 en Sol m., Op. 13 «Sueños de invierno» (1866) de Tchaikovsky puso tan alto el listón que resulta preocupante pensar en bajar un mínimo esta calidad. Calificativos para estas obras supongo que vienen de análisis concienzudos y comparativos con otras sinfonías (y autores), pero realmente la primera del ruso sonó grande, pletórica, redonda para esta orquesta compacta, de dinámicas apabullantes nunca estridentes, de rubati perfectamente entendidos con la batuta, de claridad lineal dibujada en cada sección y solista con la maestría equiparable de un Courbet. Volver a insistir en el necesario convencimiento más allá de la técnica, en todos exigible y demostrada. Si la recreación de «esta primera» resultó tan increiblemente buena como para intentar convencernos que es lo que gusta a la mayoría, en mi caso corrobora que hay que volcarse con todo lo bueno desde el conocimiento y el esfuerzo.

Si hacía comparaciones entre Ernst (podía haber elegido a Picasso), Kandinsky o Courbet no es cuestión de prioridades sino de ampliar horizontes y gustos. Probablemente cuanta más pintura veamos más nos gustará uno u otro, incluso ¡los tres!, lo malo es que no podamos contemplarla en directo todas las veces que quisiéramos, y menos en Oviedo. No me importa que la primera «tercera obra hoy» sonase pletórica, ahora a esperar todo lo que queda hasta final de temporada.

Delicada rotundidad

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Viernes 19 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 9: OSPA, Alexander Melnikov (piano), Pablo González (director). Obras de Beethoven y Schumann.

Volvía mi tocayo a casa y su presencia al frente de la OSPA parece inhalar nuevos vientos independientemente de las obras que dirija pues consigue de nuestra formación colores siempre nuevos así como una simbiósis que sólo unos pocos logran de los músicos.

Dos autores que nunca pueden faltar en las programaciones para solaz de melómanos y forjando el necesario «corpus» de futuros públicos que con esfuerzo se van ganando en la capital del Principado, Gijón o Avilés, como sedes de los distintos abonos.

La primera parte Beethoven abriendo con Egmont, obertura, Op. 84 (1809-1810) que no por trabajada nos deja indiferentes. Visión clara en su discurso melódico atendiendo cada detalle de ritmo, dinámicas y colorido orquestal con los silencios subrayando la trama y tiempos bien diferenciados para una formación madura que acepta sin discusión interpretaciones rigurosas como la que ofreció el director ovetense. Si la cuerda debe sonar aterciopelada o los vientos arriesgados, así responden, y todos apostaron por el vigor de esta obertura que como escribe Tania Perón Pérez en las notas al programa del número 2 de la revista trimestral (este viernes se repartí el tercero), «esta obra es un claro ejemplo en el que la historia se convierte en leyenda, la leyenda en drama, el drama en música y la música en historia». Maravilloso juego de palabras para la versión que Beethoven hace del drama de Goethe.

El Concierto para piano nº 2 en SIb M, Op 19 (1795) no es de los más escuchados en directo, pero tras la vivencia con el pianista ruso Melnikov, la concertación de González y la respuesta perfecta de la OSPA tendré que estar muy atento a su emisión por Radio Clásica para grabarla y guardarla como referente absoluto. Si hace un par de años con R. Gamba (también en el 9 de abono) titulaba «Y qué pianista» con el nº 2 de Prokofiev, el primer calificativo que me vino esta vez a la cabeza fue «rotundo», porque cada uno de los tres movimientos fue impactante en todo. El sonido del piano empastó como nunca con el de esa formación orquestal un tanto peculiar del alemán, la nitidez expositiva del solista fue prístina tanto en los concertantes como en los solos desde una escritura clásica que consigue una densidad casi inigualable. Los contrabajos sonaron redondos y potentes sin excesos, la madera se convirtió en una extensión, sino ampliación tímbrica, de una piano potente y delicado, más los metales, sobre todo las trompas, completaron unas texturas inverosímiles. Puedo decir que hubo magia sonora y volviendo a Melnikov (merece la pena escucharle en la entrevista previa en YouTube©) su fraseo e implicación desde el Allegro con brio resultaron perfectos por el entendimiento con la orquesta sabiamente llevada por Don Pablo, usando aquí la batuta para mayor claridad visual de todos que supuso una paleta amplísima de dinámicas y tempi prodigiosos. Pero lo que me impactó fue el Adagio, en la tonalidad de MIbM que siempre he mantenido como perfecta para el protagonismo melódico de las 88 teclas, lirismo equiparable a su homónimo del «Emperador» con la frescura juvenil sin complejos del primer concierto que luego resultaría segundo, simbiosis de resonancias en las cuerdas del piano ensambladas con un único color orquestal que crearon ambientes indescriptibles. Si la cadenza del primer movimiento sonó impactante, todo el segundo pareció paradisíaco. Ante este discurso y entendimiento de un diálogo obvio que Pablo González supo moderar como nadie, el Rondó: Molto allegro transmitió desde el virtuosismo intrínseco el futuro genio compositivo que vendría después, nuevo empuje de vigor y limpieza solística arropada por una orquesta unida y sin flecos capaz de lograr una versión de referencia.

El sonido y técnica de Alexander Melnikov lo disfrutamos en su propina, cristalina, sentida y nuevamente rotunda: me pareció entender y recordar desde casa Brahms el «Intermezzo» de su Fantasía Op. 116. El descanso me sirvió para seguir paladeando un pianismo cercano.

La Sinfonía nº 4 en Re m, Op. 120 (Schumann) ya va siendo hora de quitarle el «sambenito», incluso de Mahler, de lo poco orquestador que era Robert en esta revisión de 1851. El titular de la OBC ya comentaba con Fernando Zorita en YouTube la obra, pero su interpretación resultó todavía más clara y contundente superando los balances o densidades camerísticas que bien apunta el director ovetense. Logrando la continuidad de los cinco movimientos apenas interrumpidos por las «toses obligadas» algo menores de lo habitual, consiguió una interpretación no sólo equilibrada sino brillante y delicada. Todo un muestrario de buen gusto al que respondieron todas y cada una de las secciones de nuestra orquesta, el primer y contrastante Ziemlich langsam – Lebhaft, la reposada y emocionante Romanze: Ziemlich langsam, el movido y contagioso Scherzo: Lebhaft, el nuevo contrate del Etwas zurückhaltend – Langsam, y el brioso Lebhaft final, donde el idioma alemán siempre exigente pero «tranquilo» (lento o aún mejor «Langsam») consiguió desde esa concepción la pluralidad de ideas musicales convergentes en un todo compacto y nuevamente rotundo, redondo, magistrales metales otrora fustigados, timbales delicados y presentes, maderas vigorosas y la buena cuerda que en perfecta conjunción dirigida sin batuta por Pablo González sonaron con personalidad propia, identificativa y diferenciadora para una «Cuarta» impactante, reposada, paladeada hasta el último fraseo y sin prisas en el aplauso.

La semana que viene darán otro «giro de tuerca», pero las bases están asentadas en este romántico, delicado y rotundo noveno de abono.

Premio de composición OSPA 2013

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Viernes 12 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Concierto Extraordinario «Concurso Composición OSPA 2013». OSPARossen Milanov (director). Obras de Marcos Fernández Barrero (1984), Hermes Luaces Feito (1975) y Jorge Ortal Grandal (1969).
El jurado estuvo compuesto por el maestro Milanov, director titular de la OSPA, el compositor Jesús Rueda, la musicóloga María Sanhuesa, más dos músicos de la orquesta asturiana: el concertino Alexander Vasiliev y el fagotista Vicente Mascarell.

Tras la presentación a cargo del violinista segundo coprincipal Pedro Ordieres, se celebró el sorteo para el orden de interpretación de las tres obras finalistas, que paso a la difícil tarea de describir la música según las notas tomadas en la primera escucha, algo que no suelo hacer pero dado el carácter de estreno y la posibilidad de votación popular, tuve el humor de ir reflejando mis impresiones según iba escuchando, dándole un poco de forma para hacerlo más legible. Las tres composiciones utilizaron la misma plantilla orquestal con mayor o menor percusión y de duraciones similares (en torno a los 15 minutos y un poco más escuchada en último lugar) siguiendo las bases del concurso.

Diálogos del tiempo y el espacio (2012) del madrileño Hermes Luaces Feito. El arranque me trajo a la mente un estilo de marcha tipo John Williams buscando el arca perdida jugando con metales y percusiones tanto en la rítmica como en los matices, dando paso a una madera sola contrapuesta con los temple-blocks y pizzicati que redondean un ambiente roto por un crescendo retomando el pulso inicial, sincopado, recuerdos Copland, aparición del vibráfono y nuevo giro hacia el reposo añadiendo la cabaça a la percusión con un viento que hace de colchón antes de cierto oleaje creado con flautas y más percusión (bongos, timbales) siempre jugando con amplios y extremos reguladores. El uso de la trompeta con sordina prepara un largo pasaje donde se manejan tímbricas variadas en percusión, apareciendo el triángulo, cuerda fluctuante, disonancias, trémolos, más juegos dinámicos y una técnica de sustracción en el sentido de ir desapareciendo paulatinamente los instrumenots, texturas y dinámicas con notas tenidas. Lo siguiente siempre en pianos un ostinato del vibráfono y las trompas creando acordes fanfarria para recuperar el pulso y dibujos de motivos melódicos «apagados» contrapuestos al rítmico ostinati de la cuerda que tanto le gustaba a Bernstein, tomando protagonismo la caja y el fagot que irán progresando con la figuración en metales y percusión agitados frente a la calma de los oboes capaces de conseguir un «largo color» con el sustento de la cuerda, pianissimi incluso en la percusión y notas tenidas de los metales, vibráfono, cuerda en pizzicato en continuas sumas y restas de efectivos contraponiendo dinámicas bruscas y rítmicas que concluyen en un decrescendo hasta el punto final.

Trabajo de texturas y dinámicas, del tiempo y espacio musicales que preveían en el propio título desde una orquestación actual capaz de ser danzada o utilizada con imágenes. En mi «quiniela» figuraba en segunda posición aunque no obtuvo mención alguna.

Resonancias para orquesta (2012) del catalán Marcos Fernández Barrero. El inicio disonante y con sordina en cuerda, trompetas y trombones sustentando las intervenciones melódicas de oboes salpicados de marimba tejen una línea que engorda con la tuba dentro del clima opaco muy del gusto de Sostakovich, con pinceladas de flauta y oboe más juegos dinámicos que van alcanzando una densidad sonora en crescendo y súbito mf, acentuados ataques unidos a un acelerando progresivo de la cuerda en ritmo ternario marcado, jugando con la tímbrica en metales muy danzante (Bernstein nuevamente flotaba). La cuerda yace cual sustento para una rítmica clara en metales y maderas que mantienen la pulsación hasta un cambio de tempo y aire que alcanzan la zona central de la composición. Sensación de reposo en dinámicas, gotas en el viento y trémolos acelerantes con trompas y reminiscencias del «Dies Irae» con sordina y sforzandos de la cuerda contestados nuevamente por los metales. El puente pseudomelódico se romperá con la irrupción de viento y cuerda, oboes y flautas a los que se suma la marimba para lograr un ambiente cinematográfico de espectación a cargo de una cuerda con textura húngara o rusa para un final inesperado en decrescendo y «pérdida de efectivos instrumentales».

Se nota una apuesta por llevar a la orquesta la sonoridad del piano añadiendo toda la paleta instrumental en cierto modo «camuflada» y protagonismo de la percusión, con recursos variados en un lenguaje o estilo «cercano» a los años 50 del pasado siglo, especialmente la rítmica típica del lenguaje musical. Personalmente fue mi preferida y coincidí con el jurado.

Elementos vitales (2013) del cubano afincado en Vigo Jorge Ortal Grandal (1969). Un crescendo en la percusión al que se suman metales y madera sustentados por notas tenidas en la cuerda desde un compás de amalgama volvía como recurso recurrente al concierto, esa América de Lenny hasta en la textura lograda por la instrumentación donde aparecen campanas, caja, cuerda en ostinato y una especie de «motivo» que lograrán un sonido redondo sin olvidar las dinámicas a partir de unos cellos y trombón dibujando con el palo de agua que se prolonga en trompeta y trompas desembocando en un crescendo de la cuerda muy rítmica en escalas ascendentes y descendentes que generan la sensación de movimiento. Big Bang y posterior Eclosión metálica que figuran como partes y/o «elementos vitales», trueno percusivo y referencias orientalizantes de oboe y flautas seguidos por trompas siempre arropados por la cuerda y «gotas de la cortinilla» con metálicas densidades utilizadas en la banda sonora de «Memorias de África», juego de cuerda y protagonismo de violines segundos y vioas graves tras crescendos y decrescendos en ritmo cuaternario pasando los metales a intercambiar el sustento tímbrico. Una percusión caribeña o africana que firmaría Barry dará al glockenspiel y la tuba su momento de gloria cayendo en un pianisimo que devuelve la densidad sonora. Un mundo de maderas parece llegar con el breve acelerando y crescendo con un aire vivo en melodía bien escrita para la cuerda, con ritmo más marcado y repetido cual malambo por la caja mientras maderas y trompetas en picados y trémolos dan paso a una «cuerda John Williams«, siempre con el cine protagonista y referente. Se nota el oficio del compositor por la cantidad de recursos que pueden parecer facilones pero muy efectivos. Temple-blocks y metales en distintas octavas y registros, apoyados en una cuerda y apariciones rítmicas siempre dobladas por la percusión parecen preparar el Big Crunch, final casi unísono familiar y acelerando rítmico hacia un bloque que bauticé «Lawrence de Arabia» por lo solemne y piano antes de un crescendo donde la percusión romperá esa calma del desierto o incluso la estepa africana, un clarinete sobre los parches al que se suma el oboe y glissandi de trombones, violas, flauta y el efecto sumativo de los metales que parecen tocar las variaciones sobre el «Canon» de Pachelbel cual fuga final, campanas incluidas, en acumulación tímbrica y dinámica tan del gusto de Ravel en su «Bolero» o Williams en «Superman» por la familia de metales. Como si de una caída trágica la marimba y el pizzicato de los cellos retoman el sentido de canon en un Andante solemne y polirrítmico con relámpagos. Más amalgama y combinación de texturas, redobles en platillos, trompetas con sordina y el gong que acabarán en piano inesperado.

Mucho oficio en una obra «pastiche» en el sentido de mezclar de todo un poco, con orquestación académica, redonda y «populista» en el sentido de más melódica, asequible y digerible al oído no muy entrenado que prefiere referencias y puntos de apoyo antes de esforzarse por probar cosas nuevas. No me equivoqué con este comentario al resultar la obra votada por el público.

Destacar la impecable dirección del maestro Milanov y la entrega de todos los profesores de nuestra OSPA que sacaron de las tres obras probablemente más música de la que estaba escrita, aunque la presencia de los compositores en los ensayos supongo que habrá ayudado a perfilar detalles. Parte del público no esperó a conocer el veredicto y tomando las palabras del director búlgaro a la revista Scherzo del mes pasado, «Hay que conseguir que los nuevos públicos se sientan libres». Al menos su apuesta por dar a conocer obras y compositores nuevos ha tenido su fruto, aunque estemos lejos del ambiente norteamericano en el que tanto ha trabajado nuestro titular.

Una vez conocidos los ganadores del jurado y popular, aplaudimos al premiado Marcos Fernández Barrero sobre el escenario y pudimos volver a escuchar Resonancias para orquesta, que se incluirá en la programación de la próxima temporada. La segunda escucha siempre resulta más enriquecedora para todos y así sonó.

Ashkenazy también joven

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Domingo 14 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO), Daniel Hope (violín), Vladimir Ashkenazy (director). Obras de BrittenBerkeley, Mozart y Ravel.

Siempre es una gozada disfrutar de orquestas jóvenes con calidad, y la EUYO, donde ha estado mi querida violinista María Ovín, es fiel exponente de la apuesta por la cultura y educación musical desde esta Unión Europea a la que pertenecemos pero no rema en la misma dirección en unos tiempos donde los recortes no respetan nada y los patrocinios privados parecen ser la única solución, tal y como pudimos apreciar en la cara información facilitada a la entrada del concierto.

Orquesta formada por más de 140 músicos procedentes de los 27 estados miembros, seleccionados entre miles de candidatos entre 14 y 24 años, la Gira de primavera que arrancó el 30 de marzo en Interlaken (Suiza) pasa también por España estos días de abril: Barcelona, Oviedo, San Sebastián, Valencia y Alicante, con el pianista y director Vladimir Ashkenazy al frente (titular desde el año 2000 continuando la lista empezada por Abbado y Haitink, para engrosar la larga lista de grandes batutas que han pasado por la EUYO como invitadas, además de contar siempre con solistas de fama mundial, esta vez el violinista Daniel Hope en algunos de los conciertos de este tour primaveral.

En el centenario de Britten nada mejor que comenzar con «Montjuic», Suite de danzas catalanas para orquesta, en colaboración con L. Berkeley, tras el paso de ambos por Barcelona los días 18 al 25 de abril de 1936 para intervenir en el XIV Festival de Música Contemporánea, que les marcaría tanto musicalmente como para denunciar la barbarie de nuestra triste Guerra Civil, como bien recuerda Iván J. Román Busto en las notas al programa. Cuatro movimientos donde podemos reconocer melodías y ritmos cercanos: Andante maestoso un minueto, Allegro grazioso estilización de la «gavotte», Lament-Barcelona July 1936 en ritmo lento de zarabanda intercalado con alusiones a la sardana, y Allegro molto, todos ellos bien diferenciados en una interpretación brillante por efectivos pero emotiva por lo contenida, con una dirección muy peculiar del director islandés (afincado en Suiza y nacido en Rusia) que aúna lo didáctico precisamente por los gestos marcados que no dan lugar a dudas.

El Guarnieri del Gesú «ex-Lipinski» de 1742 que toca Daniel Hope es terciopelo sonoro que con una técnica prodigiosa tanto en el arco como la mano izquierda del inglés, hicieron del Concierto nº 3 «Estrasburgo» para violín K. 216 de Mozart, muy apropiado para este concierto europeo y una delicia acústica, aunque menos interpretativa. Nuevamente escuchamos una visión intimista, introspectiva en los tres movimientos, donde las cadenzas fueron las esperadas de virtuosismo pero algo carentes de más sentimiento, con una orquesta reducida y bien «domada» para esta obra por el veterano director que se limitó a marcar más que a interpretar. El sonido triunfó sobre la música en el siempre «traicionero Mozart», aunque para gustos se hicieron colores. Y la propina, promocionando el último CD de Hope, otra lección de virtuosismo con esas «Campanas» de Johann Paul von Westhoff (1656-1705) que volvió a impactar por la técnica desde una gélida interpretación como el título de diseño gastronómico: «Deconstructs Imitazione della campana».

Al menos Ravel no nos dejó indiferentes, la orquestación magistral del francés con una formación idónea nos interpretó las dos suites del ballet Dafnis y Cloe, lástima de coro para escuchar el ballet completo. La Suite nº 1 (Nocturno – Interludio – Danza guerrera) ya mostró la calidad de todas las secciones de la joven orquesta, cuerda bien ensamblada, madera cálida, metales claros y precisos, arpas puntuales y correctas, más una amplia percusión donde disfrutamos hasta de la «Máquina de viento», siendo la Suite nº 2 (Amancer – Pantomima – Danza general) aún mejor, con un protagonismo especial de la flautista solista búlgara Adriana Dyakova, quien ya bordase su intervención en la primera parte. Interpretación sin pausa de ambas suites donde Askhenazy llevó de la mano a sus chicos, jugando esta vez sí con todo el colorido de la partitura, mimando los planos sonoros y dejando los tutti algo más liberados, consiguiendo un Ravel más que digno.

La propina del británico Elgar y su Canción de la mañana (Chanson de Matin), Op. 15 nº 2 nuevamente sacó de los jóvenes músicos europeos lo mejor desde la emoción contenida y el empaste en una gran formación que sonó adulta bajo la dirección de un joven Vladimir que pese a los años sigue conjugando batuta y piano. A la salida todavía tuvo tiempo de firmar discos, aunque últimamente me estoy haciendo poco mitómano…

Marcos Fernández Barrero, Premio OSPA

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Este viernes 12 de abril tuvo lugar el Concierto Extraordinario «Concurso Composición OSPA 2013» con Rossen Milanov al frente. Marcos Fernández Barrero (1984), en el centro de la foto, fue el ganador con la obra Resonancias para orquesta (2012) mientras Jorge Ortal Grandal (1969), a la izquierda, con Elementos vitales (2013) se llevó el premio del público que votó tras escuchar las tres obras finalistas, siendo Diálogos del tiempo y el espacio (2012) de Hermes Luaces Feito (1975) la que completaba terna.

OSPA TV entrevista a los tres compositores finalistas

El jurado estuvo compuesto por el maestro Milanov, director titular de la OSPA, el compositor Jesús Rueda, la musicóloga María Sanhuesa, más dos músicos de la orquesta asturiana: el concertino Alexander Vasiliev y el fagotista Vicente Mascarell.

Aunque le dedicaré una entrada más extensa, las tres obras finalistas utilizaron la misma plantilla orquestal con mayor o menor percusión y de duraciones similares (en torno a los 15 minutos y un poco más la preferida del público) siguiendo las bases del concurso.

La obra ganadora para los expertos, Resonancias para orquesta, me resultó «cercana» a los años 50 del pasado siglo con juegos de texturas, dinámicas, cambios de tempo y pinceladas o guiños de Shostakovich a Bernstein en rítmicas de lenguaje musical muy cinematográfico sin olvidar una percusión que parece casi imprescindible en todo autor contemporáneo.

El voto popular optó por Elementos vitales, mucho oficio del cubano afincado en Vigo que construye una obra «pastiche» en el sentido de mezclar de todo un poco, ritmos caribeños, compases de amalgama, John Barry, Maurice Jarre, «Lawrence de Arabia» y «Memorias de África» sin olvidar unas variaciones canónicas Pachelbel o el «Superman» de John Williams, con orquestación académica, redonda y «populista» en el sentido de más melódica, asequible y digerible al oído no muy entrenado que prefiere referencias y puntos de apoyo antes de esforzarse por probar cosas nuevas.

De la tercera en liza, como de las anteriores, espero comentar más detalladamente cada una de ellas. Quede aquí la reseña rápida y a vuelatecla recién llegado a casa.

Creación eterna

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Viernes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa: OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), William Berger (barítono), Topi Lehtippu (tenor), Eleanor Dennis (soprano). Director: Benjamin Bayl: La Creación, Hob. XXI/2 (Franz Joseph Haydn).

Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó «el dúo» en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible:

  • El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.
  • Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto «tenorín» australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono «roxu» que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.
  • La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.
  • Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.

Rafael Banús titula sus notas al programa «Del caos a la luz» que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, «recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático«, con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió «Papá Haydn» para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral – Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón… ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible.

Este viernes, además de llorar con «Lágrimas Negras» la muerte de Bebo Valdés, de empatar «la Roja» contra Finlandia (que vuelve a aparecer en esta entrada) también había en Avilés concierto de órgano con mi querido Fernando Álvarez Menéndez dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa, pero humano es carecer de la ubicuidad. De mis próximos conciertos informaré como pueda, vía teléfono, tableta o incluso Twitter©, que la tecnología nunca está reñida con los sentimientos…

Conciertón inaugural XXXVI SMR de Avilés

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Domingo 17 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolas de Bari. Coral Avilesina (Elena Baigorri, maestra de coro), Orquesta Julián Orbón, José Mª Martinez (director). Obras de Händel, Ramón de Garay, Max Bruch y Pedro Braña.

Comenzó la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés en plena recesión económica pero nunca artística porque cuando no se tienen recursos suficientes para ofrecer figuras nacionales o internacionales, los de casa, muchos de ellos también docentes, salen más baratos y en muchos casos de igual calidad. También sirve para enseñar los frutos de tantos años de trabajo (36 la propia semana) y dar oportunidades a nuevos y jóvenes intérpretes de esta tierra mía, aunque como bien contaba al final del concierto Chema, algunos no quieren volver y otros incluso dejan de hablar a la organización… Pero esto es otro cantar.

La organista Judith Busquets fue la solista del Concierto para órgano y orquesta en SIbM, Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, bien resuelto tanto en sus intervenciones solistas como las concertadas con una orquesta bien empastada dirigida con la mano firme y clara del director allerano aunque avilesino de adopción. El orden de los tiempos pudo despistar a algunos que aplaudiendo entre ellos rompieron un poco el buen discurso interpretativo desde el Andante inicial, con algunas notas del famoso «Aleluya», el Órgano ad libitum para disfrute de la solista que utilizó todos los recursos del portativo, un Spiritoso literal en todos los músicos, desde la cuerda a la madera y metal en una fuga de las que el de Halle saca oro e inundaron «la Iglesia de Garralda» y ese Menuet final auténtica danza con protagonismos bien repartidos, aunque hubiese momentos donde el órgano, por ubicación y recursos, quedase algo tapado.

Ramón Fernando de Garay Álvarez (Avilés, 27 de enero de 1761 – Jaén, 8 de enero de 1822) fue un compositor de talla internacional contemporáneo de Mozart, Haydn o Beethoven por citar la terna clásica, prolijo en todos los estilos, aunque mayoritariamente el religioso, pero con nada menos que diez sinfonías que ya han sido grabadas hace dos años por José Luis Temes al frente de la Orquesta de Córdoba con motivo del 250 Aniversario del nacimiento del músico de Sabugo. La Orquesta del Conservatorio Julián Orbón está dando a conocer poco a poco en su propia ciudad parte de esa producción, auténtico patrimonio cultural de la tierra que no podía seguir olvidado, en parte por la inestimable colaboración de mi querida compañera y amiga Mª Luz González Peña, directora del CEDOA -Centro de Documentación y Archivos- de la SGAE (donde trabaja),  al hacer llegar estos materiales ya digitalizados a su Avilés del alma.

Chema Mtnez. recoge siempre el guante y esta vez con la Orquesta del Conservatorio avilesino, algo reforzada, nos deleitaron con la Sinfonía nº 9 en MIbM (1817) con sabor de clasicismo vienés en sus académicos cuatro movimientos y plantilla utilizada: Largo-Allegretto, Andantino, Allegro (Minué) y Rondó (Allegro) bien interpretados por una orquesta vigorosa en sonido y fiel a la partitura editada por el ICCMU que está al mismo nivel de muchos contemporáneos del compositor de Sabugo. La figura de Garay ha sido muy poco conocida hasta su reciente recuperación, gracias sobre todo a los trabajos del canónigo Raúl Arias del Valle (durante muchos años archivero de la catedral de Oviedo) y del cronista asturiano Justo Ureña junto al estudioso principal de su figura, Pedro Jiménez Cavallé, musicólogo y catedrático de la Universidad de Jaén, a quien debemos no sólo buena parte de los datos biográficos que hoy podemos ofrecer del maestro sino la revisión de su única ópera Compendio sucinto de la Revolución Española (1815) y de sus diez sinfonías. Decir que suena a Haydn o Mozart no es exagerar, y la prueba está en el triple CD para quien pueda escuchar la grabación patrocinada por la Fundación BBVA y el sello Verso.

Siguiendo con obras poco escuchadas, los solistas Iván Cuervo (clarinete) y Roberto Morales (viola) nos recrearon  el Doble concierto en Mi m, Op. 88 (1911) -originalmente para violín y viola– de Max Bruch, tan inspirado como el más famoso de violín y dominador de colores y texturas tanto en los solistas como en la orquesta. Obra exigente para todos en sus cuatro movimientos, brillaron a gran altura destacando la potente sonoridad del Rondó (Allegro) final, los excelentes pasajes solistas y la precisión en la dirección del Maestro Martínez, ajustando los tempi siempre buscando la claridad expositiva.

El otro compositor asturiano de la tarde fue Pedro Braña Martínez (Candás, 5 de febrero de 1902 – Salinas, 13 de febrero de 1995), quien durante su larga estancia en Sevilla, de la que es hijo adoptivo, acabó firmando muchas marchas procesionales para su famosa Semana Santa, destacando que tiene una calle con su nombre en el barrio de Nervión de la ciudad Hispalense, sin olvidar obras corales que aún están en los repertorios. La Misa al Sagrado Corazón de Maria tiene las partes del «ordinario» que cantó con seguridad y buen gusto la Coral Avilesina que dirige Elena Baigorri Sáenz, con el acompañamiento de una formación camerística (normalmente con órgano) bajo la siempre atenta dirección de Chema. Cuatro partes donde los textos en latín están bien repartidos entre las voces con una orquesta tejiendo contracantos o subrayando las armonías: el breve Kyrie (Andante sostenido), seguido de un trabajado Gloria (Allegro moderato – Largo – Allegro deciso) brillante en toda su escritura polifónica, un Sanctus (Andante religioso) que bebe de las fuentes clásicas y el Agnus Dei (Andante religioso) tranquilo, dibujado y subrayado por la soprano local Rosa Jorquera en sus solos, con una cuerda cual «órgano imposible» por sonoridades reforzando un bajó armónico. Del compositor candasín -también con calle en su pueblo marinero- fue también el Ave María de propina con la misma solista que puso broche de oro entre merecidísimos aplausos al concierto inaugural de una Semana de Música Religiosa que es historia asturiana todavía viva y resucitando obras desde el duro trabajo y la ilusión por compartirlas.

Calidad de casa frente a la crisis

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Arrancaba este Domingo 17 de marzo en la Iglesia de San Nicolás de Bari la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés con un programa de cinco conciertos con músicos de la tierra, pues los recortes a la cultura no hacen excepciones con la música.

Para comenzar la Orquesta Julián Orbón, la Coral Avilesina de Elena Baigorri, la organista Judith Busquets, el clarinete Iván Cuervo y el viola Roberto Morales, todos dirigidos por el incansable, luchador y excelente docente José Mª Martínez, Chema para todos los amigos, capaz de dar un concierto, del que escribiré con calma en casa, que incorporaba el Concierto para órgano y orquesta Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, la Novena Sinfonía en MIbM (1817) del avilesino Ramón de Garay, el Doble Concierto en Mi m., Op. 88 para clarinete y viola de Max Bruch y la Misa al Sagrado Corazón de María del candasín Pedro Braña. Obras poco escuchadas, dos compositores asturianos, y con mucho arte de nuestra tierra.

Destacar cómo el propio Chema Martínez pidió al final que todos apoyemos al Conservatorio Julián Orbón de Avilés porque la labor de muchos años, el estudio del alumnado durante miles de horas, el esfuerzo del profesorado y el apoyo de tantos implicados, da la posibilidad de escuchar conciertos como este de apertura de una semana con ¡36 años a sus espaldas! que algunos dirigentes miopes pueden cargarse en una legislatura. Y un pueblo sin música es un pueblo sin historia.

Desde la aldea, más.

Noche completa y vienesa

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Viernes 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 8: OSPA, Matthias Bamert (director). Obras de Schönberg, Mozart y Schubert.
Tres obras de tres compositores con Viena como nexo común y un programa tal vez «obligado por la crisis» pero al que no podemos poner pegas.

La Noche transfigurada, Op. 4 -revisión 1943- (Schönberg) es un auténtico examen para cualquier cuerda orquestal y la de la OSPA volvió a sacar sobresaliente bajo una batuta experta como la del Maestro Bamert, de gesto contenido pero preciso y conocedor de esta Verklärte Nach originalmente para sexteto de cuerdas que además consiguió esa sonoridad camerística para la sección estrella de nuestra formación. Hacía tiempo que no escuchaba con tanta limpieza y vigor los arcos, en general todos los recursos que la obra exige, brillando solistas y conjunto en una lectura clara de la partitura. Emociones contenidas y muestrario anímico hecho música a partir de un texto de Dehmel que recuerda muy bien el maestro Rogelio Álvarez Meneses en las excelentes notas al programa (número 02 de la revista trimestral de la OSPA) que incluyo como enlace en los autores del inicio. Obra aún tonal pero expresionista por lo que a «expresión de sentimientos» concierne, personalmente lo mejor del concierto, con los músicos en total empatía.

Con el trasiego necesario en escena para la siguientre obra, enmarcada en la llamada «Harmoniemusik» (de la que nos habló Rogelio Álvarez en la conferencia previa) y finalmente el descanso que no sabíamos si vendría aquí, apareció el octeto de viento que podemos contemplar en las fotos, con el maestro suizo al frente, personalmente innecesario por la formación camerística pero igualmente artífice del excelente resultado de esta Serenata nº 12 en Do m., KV. 388 (Mozart), como espoleados por la «transfiguración» anterior y demostrando nuevamente el nivel de excelencia también en la sección de viento asturiana: Ferriol y Romero, Mascarell y Falcone, Andreas y Daniel, Morató y Rosado fueron desgranando los cuatro movimientos escritos con la maestría, dificultad y precisión del genio de Salzburgo, y un Bamert sin batuta mimándolos cual coro de cámara, empastes de cañas dobles, muestrario de combinaciones de cuatro a dos, con las trompas ensambladas como una -puntualmente algo fuertes- y clarinetes buscando equipararse a los oboes en presencia, todo un juego de excelencia donde el peso recayó en Juan Ferriol que sigue asombrando por su excelencia en todas sus intervenciones. Una maravilla mozartiana descubierta por muchos aficionados y colocada entre Arnold y el bueno de Franz, aunque la música de cámara con los solistas de la OSPA debería estar en otra programación.

La Sinfonía nº 8 en Si m., D. 759 «Incompleta» (Schubert) nos devolvió la orquesta casi al completo y recuperando la «colocación vienesa» que sigue funcionando a la perfección, sobre todo en este repertorio. Si las dos obras anteriores parecieron «calentamiento» para el tutti, la interpretación que Matthias Bamert hizo de esta sinfonía en dos movimientos hizo brotar todo lo anteriormente sembrado. «Intensidad e introspección» escribe Álvarez Meneses de esta obra polémica sobre su planteamiento, inconcluso o así pensado, resultó más que suficiente para disfrutar del conocido Allegro moderato con la entrada en graves envolviendo todo y el juego orquestal posterior, y sobre todo paladear el Andante con moto, «La apoteosis del amor» cerrando sentimientos presentados en la primera parte. No tiene final buscando el «aplauso fácil», tal vez interrogante buscada en esta «noche transfigurada» pero amorosa y menguada solamente en efectivos, que no en calidad. Sonoridades claras, contrastes en su medida, volúmenes ajustados, conocimiento y convencimiento para un compositor que nunca cansa al descubrir algo nuevo si hay química entre todos.
El próximo viernes tendremos el concierto extraordinario de Semana Santa con La Creación de Haydn donde recuperaremos orquesta, Coro de la FPA y la vuelta de Benjamin Bayl, pero todo a su tiempo…

Buenos mimbres

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Jueves 7 de marzo, 20:30 h. Teatro Jovellanos, Gijón. Orquesta Clásica de Asturias, Juan Andrés Barahona (piano), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Mozart, Fauré y Sánchez Velasco. Entrada: 16€.
Cuarta temporada de una orquesta que «crece año a año en rendimiento, calidad, repertorio, profesionalidad, entrega, emoción y exigencia a una labor bien hecha», como reza en su presentación. Plantilla corta, no estable en muchos atriles, conjugando juventud y veteranía para repertorios de siempre que van abriéndose a obras más cercanas en el tiempo, incluyendo las del propio director que con trabajo concienzudo es capaz de exprimir e incluso adaptar obras para los mimbres que tiene y fabricar un cesto que resulta un éxito. Cinco violines primeros, cuatro segundos, tres violas, tres cellos, un contrabajo y un sexteto de viento formado por oboe, flauta, clarinete, fagot, trompa y trompeta para la segunda parte, cuarteto con dos trompas y dos oboes para la obra que abría velada.
El Concierto para piano y orquesta nº 12, K. 414 (385p) en LA M. de Mozart tuvo como solista al asturiano Juan Andrés Barahona, que volvió a gustarme como en anteriores interpretaciones, obra engañosamente fácil -como todo Mozart- que exige limpieza, fraseos claros, dinámicas amplias, pedales en su sitio y una perfecta concertación. Si bien la orquesta estuvo algo indecisa, diría que temerosa por momentos, la seguridad estuvo de parte del pianista que disfrutó con cada movimiento y sus correspondientes cadencias, cual sonatas en miniatura de diseños mozartianos con todo lo que ello conlleva. El Allegro brillante, poderosamente simple y en tiempo justo con buenos diálogos y solos, escalas cristalinas, legatos dialogados y con discurrir fluido; Andante lleno de lirismo tanto en la cuerda como en el piano con trinos impecables, reposo del guerrero, apoyaturas de musicalidad infinita subrayadas por el viento como un tiempo casi pastoril, alternancias solo – orquesta dialogadas y bien concertadas, cadenza delicada y final para desembocar en el Rondeau. Allegretto perfecto colofón de un concierto que Beethoven pudiera conocer resultando casi romántico en la interpretación de Barahona, cuerda y viento bien compenetrados con el solista, bien concertado desde el podio, optando por el paladeo antes que el virtuosismo, escuchando cada tema y dándole el carácter apropiado. Aplausos merecidos y propina, puede que uno de los Cuentos de la vieja abuela de Prokofiev, que ya me falla la memoria.

Un paso en el tiempo supuso las Masques et Bergamasques Op. 112 de Fauré en arreglo del director, repertorio en el que la orquesta asturiana también disfruta, puede que más exigente y curiosamente mejor llevado, siempre desde el conocimiento que Sánchez Velasco tiene de las obras que prepara al mínimo detalle, bien memorizadas y sabiendo qué quiere y puede sacar de cada sección. El arreglo de la obra no dejó los brillantes colores del título sino sutiles claroscuros, al menos eso irradió la versión del avilesino para «su» orquesta a lo largo de los cuatro movimientos, quedándome con el tercero, Gavotte: Allegro vivo precisamente por las sensaciones transmitidas para una orquesta camerística que no intentó emular la sinfónica sino ofrecer otro punto de vista del mismo cuadro.

El Divertimento nº 1 para orquesta de cámara del propio Daniel Sánchez Velasco (1972), con la misma plantilla de Fauré, es una obra bien tejida en sus tres movimientos contrastados en tempo y estilos, académico por lo tonal pero buscando armonías avanzadas sin perder nunca lo melódico y jugando con las texturas en la orquestación elegida, herencias de Shostakovich o Prokofiev tamizadas por el buen oficio del músico integral que es Daniel. Allegretto – Adagio – Scherzando es la sucesión, logrando los mejores momentos del concierto, con los músicos ya rodados y perfectamente conjuntados, más el viento que la cuerda, siempre en la disposición vienesa por la que el Maestro Daniel apuesta y que en la OSPA parecen estar descubriendo con Milanov.
Como funcionó perfectamente, la primera propina del Vals Triste de Sibelius resultó llena de sutilezas, rubati y empaste más logrado, con unos pianísimos que cortaron la respiración, rematando con La carrasquilla de Guridi que en esta versión orquestal sonó juguetona, «nada vieja» y alegre para volver a casa con el ánimo arriba.

Hay que seguir agradeciendo esfuerzos como el de la OCA con Daniel Sánchez Velasco al frente, escuela para músicos y público como necesario recorrido cultural, muestrario de obras que abarcan épocas y estilos siempre presentes. Oviedo el sábado 9 y Avilés el martes 13 podrán disfrutar de este programa.

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