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Y mucha incomprensión

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Jueves 31 de octubre, 20:00 horas. Concierto Social, Historia de un soldado (Stravinsky). Siete instrumentistas de la OSPA, internas del Módulo 10 del Centro Penitenciario de Villabona, Gustavo Moral (dirección de escena), Óliver Díaz (dirección musical). Entrada gratuita con invitación.

La OSPA se está abriendo a la sociedad asturiana y con el ciclo «Música y guerra. Una historia de superación» la realidad se trasladó a la cárcel asturiana el miércoles para devolver a las reclusas del módulo 10 un poco de libertad haciéndolas partícipes y coprotagonistas con un septeto de la OSPA formado por Héctor Corpus (violín), Joshua Kuhl (contrabajo), Christian Brandhofer (trombón), John Falcone (fagot), Andreas Weisgerber (clarinete), Maarten van Weverwijk (corneta) y Rafael Casanova (percusión) con la dirección del maestro Díaz, de una historia atemporal, todo un espectáculo ideado por el musicólogo, profesor y animador Gustavo Moral con textos actualizados al castellano del original en francés del suizo Charles F. Ramuz encargado y utilizado por Stravinsky para esta historia, así como la puesta en escena sencilla que pudimos ver proyectada en la pantalla gigante al día siguiente, dado que sólo pudieron acudir las tres narradoras por cuestiones obvias.

Agradecer el esfuerzo por editar el vídeo de los ensayos y la actuación del día antes en el salón de la propia cárcel para comprender en su totalidad esta genial idea de llevar la música a todas partes sintiéndola en primera persona y compartirla en el auditorio ovetense. Me gustaría abrir la mente, o al menos hacer pensar, a parte de un público indignado (y creo algo ignorante) por esta Histoire du Soldat, un espectáculo donde la calidad musical increíble del septeto es cierto que no fue pareja a la narración, olvidando que se trataba de un concierto social, labor que seguramente desconocen y pensaban estar ante una interpretación como la de 1962 que atesoro en CD con el gran Peter Ustinov o Jean Cocteau como diablo y lector junto al soldado y la princesa, dirigidos por Igor Markevitch al frente de unos músicos que puedo decir con seguridad, mejoraron los «siete magníficos de la OSPA», uniendo la calidez y calidad humana que no tienen comparativa alguna.

El esfuerzo de las tres narradoras fue enorme, nervios lógicos ante un auditorio lleno que siempre impone, y la experiencia indescriptible para todos. Actualizar el texto a un español cercano comenzando con el guiño asturiano «Desde Mieres a Avilés, un soldado va a su hogar…» supone la premisa de la propia historia como bien escribe Gustavo en las notas al programa: «(…) nace desde el ahorro y con la intención de ser asequible a cualquier espectador, sin olvidarse de los habitantes de los pueblos más humildes (…) pieza para ser «leída, tocada y bailada» (…) con un narrador que es la pieza angular de toda la obra (…) como un poema sinfónico pero como poema explícito y sin orquesta sinfónica».

Historia en dos partes y nueve números musicales, tres escenas con soldado, diablo y lector femeninas dando lo mejor de ellas y  la música maestra de Stravinsky con todo tipo de influencias para una formación pensada hasta en su disposición, con momentos realmente mágicos bien llevados por Óliver Díaz para una pieza atemporal y tristemente vigente porque mientras hay guerra también tendremos soldados con sus historias, alternancia de momentos de alegría y tristeza como la vida misma hechos música y palabra, en la cárcel y en el auditorio, pactos con el diablo y final moralizante: «No se puede tener lo de hoy y lo de ayer, no se puede a la vez ser quien se ha sido y quien se es. Hay que escoger. La felicidad ha de ser una. No puedes tener el sol… y la luna a la vez».

Cada vez que sonaba la Marche du soldat era una delicia, y sobre todo momentos álgidos como el pequeño, después gran coral que resultaron de un lirismo y delicadeza a cargo de los músicos de nuestra orquesta capaces de emocionar y acallar a un público más respetuoso que en otros conciertos. La Marche triomphale du diable supuso el colofón perfecto para un final real como los tiempos que corren, victoria del mal sobre el bien obligados a pactar por una vida donde la riqueza no es nada.

Al menos me queda lo espiritual, lo inmaterial, el placer de seguir disfrutando de la música, y mi felicidad fue la de un último día de octubre escogiendo un concierto que me deja la alegría artística con el regusto argumental, real para otra historia de superación, con pena por seguir comprobando que todavía existe mucha incomprensión… incluso para la obra de Stravinsky noventa y cinco años después de su estreno.

Wagner se impone a Verdi en el clásico ovetense

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Sábado 26 de octubre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Emily Magge (soprano), Klaus Florian Vogt (tenor), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Gala Lírica bicentenario Verdi – Wagner.

El mismo día que el clásico futbolístico Barcelona – Madrid daba comienzo el Ciclo «Conciertos del Auditorio» con este emparejamiento que tiene paralelismos musicales, no en vano la capital de España, como la de Asturias, siempre han sido verdianas en contraposición a Barcelona o Gijón, más wagnerianas, y el Camp Nou como el Auditorio disfrutó del vencedor en todos los sentidos, disputas aparte que siempre las hubo, hay y habrá.

Como si de una crónica de balompié se tratase, podría hacer la de este concierto teniendo en cuenta que el resultado ha sido el mismo, 2 a 1 en tanto que a Wagner le hemos escuchado por partida doble esta semana, incluso repetido pero siempre distinto. Y si la hinchada carbayona es operísticamente italiana, merengue incluso, la del auditorio reconoció el dominio alemán.

Las figuras invitadas se desenvolvieron mejor en la «Bundesliga» que en el «Calcio», no en vano están reconocidos como cantantes wagnerianos y así resultó, con dos partes bien diferenciadas donde no siempre dominar es suficiente para vencer, planificando el evento en la habitual sucesión de oberturas o preludios entre arias y dúos, repartiendo tiempos y sacrificios.

Verdi jugó cómo en la primera parte aunque sin convencer nunca. La obertura de I vespri siciliani quedó algo desequilibrada entre un ataque de metales dominando la defensa de cuerda, que fue corrigiéndose a lo largo de los 50 minutos, dinámicas y tiempos que fueron de menos a más tal como los planteó la batuta titular.

Emily Magge hizo su primera aparición como Leonora con el aria «Pace, pace mio Dio« de La forza del destino, sobrada escénicamente con un color vocal carnoso en todos los registros, excelente proyección y bien arropada por el maestro concertador Conti, con mejor tino en la obertura de Atilla antes de la salida de Klaus Florian Vogt como Rodolfo en el aria «Quando le sere al placido» de Luisa Miller, quien me dio la sensación de estar en el puesto equivocado, frío, nada convincente a pesar de su capacidad, aún menor tras escuchar la obertura, esta vez después, que la Oviedo Filarmonía sintió como propia en estos repertorios de foso que dominan con el florentino al frente. La mejor jugada de pizarra era Otello y el dúo con Desdémona «Già nella note densa» que la amada cantó mucho más cómoda, casi provocando la muerte del moro de Venecia en un cambio de argumento ante lo poco convincente de un dueto que debería habernos respigado, como los cellos, en vez de mordernos la lengua, dejándonos con la esperanza de la segunda parte y el dominio vocal de la soprano americana sobre el tenor alemán.

Wagner planteó el arranque con su baza Elisabeth – Magge en «Dich, teure Halle» (Tannhäuser), cambio radical para un mismo color pero de sentimiento mayor, dominio del espacio y el texto de cabo a rabo, seguido por la conocida Cabalgata de las valquirias que la Oviedo Filarmonía interpretó como un ataque de película y poderío sonoro en esa Die Walküre plenamente germana. Y al fin Vogt salió «enchufado», borrando errores italianos, regateando y corroborando a la prensa especializada y sintiendo los colores patrios para convencernos como Siegmund en «Winterstürme wichen dem Wonnemond«, un heldentenor wagneriano en toda regla aunque con mucho recorrido en su carrera.

Lohengrin volvía al mismo campo pero con otro equipo y entrenador, demostrando lo importante de implicarse a pesar de diferencias de plantilla o presupuestos. Y es que los preludios del primer y tercer acto que nos interpretó la OvFi con Conti resultaron convincentes, compensando tensión y fuerza en un par de preludios que sonaron realmente bien, más wagnerianos que verdianos como cambiándose las tornas, secciones equilibradas dominadas por un planteamiento del director sin complejos. En medio el hermoso dúo de Elsa y Lohengrin «Atmest du nicht mit mir die süßen Düfte?» funcionó como el «tiki-taka blaugrana«, empastado, alternando protagonismo bien apoyado orquestalmente, mimados en los planos por Conti sin renunciar a las dinámicas originales, convincente, jugada maestra y lo mejor del partido, perdón concierto aunque siga prefiriendo tenores más dramáticos, y supongo que Magee también. Y se ampliaría el resultado con Vogt recreando «In fernem Land» convenciendo a un público que reconoció la posición natural del germano, rematando un dominio en su terreno que compensó el casi calentamiento de la primera parte justificando su presencia como titular.

En el tiempo adicional y sin tensiones, propinas repartidas de «bundesopera», Vogt cantando de Lehar su «Dein ist mein ganzes Herz» (de «El país de las sonrisas»), Magee de Carousell antes de recortar distancias nada menos que con el «Tonight« de West Side Story (Bernstein), María Magge y Tony Vogt emulando a Kiri y Carreras con Conti y OvFi de felices compañeros para quitar el mal sabor de boca a los verdianos y recortar diferencias wagnerianas, maquillando un resultado esperado antes de entrar. Algunos se quejarán de robos, fueras de juego o malos planteamientos, pero no podrán quitarnos un arranque de ciclo optimista viendo el calendario de la temporada.

Ensayando Wagner para el anual

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Miércoles 23 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo, Ensayo general del XXII Concierto Premios Príncipe de Asturias: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), director: Jonas Alber. Obras de Wagner. Entrada gratuita con invitación previa.

Otro año más que la FPA prepara el «concierto de los premios» aunque los recortes también se han notado teniendo que tirar de lo de casa, salvo el maestro alemán invitado y conocido como «mago del sonido» tal y como pudimos comprobar en este ensayo, con todo lo que supone, aunque hubiese algún despistado a mi alrededor que no entendía la razón de repetir pasajes o las explicaciones que la soprano del coro Rosa Álvarez traducía para sus compañeros.

Estamos aún en el año del 200 aniversario del nacimiento de Richard Wagner y el programa buscó páginas conocidas para el gran público, no necesariamente wagneriano, de coros y preludios, con una orquesta algo reforzada para el homenajeado aunque todavía corta en cuerda (y así nos quedaremos a la vista de la tijera cultural), y un coro con mayoría de voces blancas sobre graves, y éstas a medio gas, supongo que guardando fuerzas para el concierto, porque el programa es realmente duro.

Además del protocolo obligado con los respectivos himnos de España y Asturias que abren y cierran concierto, la obertura de Tannhäuser pareció algo adormecida, aunque el director alemán se encargaría de limar detalles. El Coro de caballeros y damas «Freudig begrüssen wir die edle Halle» puso en pie a una agrupación vocal algo descompensada, afinada, con buena pronunciación pero dubitativa en alguna entrada, inseguro aún más en el Coro de los viejos peregrinos del acto III «Beglückt darf nun dich, o Heimat» que sacó a flote esa carencia de efectivos para un coro que requeriría casi el doble, y no era cuestión de aumentar volumen, menos aún en un ensayo. El efecto de colocar tres trompetas en un palco hizo desencajar ligeramente las entradas, aunque al repetir el pasaje resultó mucho mejor.

De Lohengrin escuchamos el Preludio del acto I que nos devolvió nuestra cuerda de primera bien respaldada por el resto de familias, tal vez planos en presencia pero inmensos en dinámicas, corrigiendo detalles de planos y fraseos el maestro Alber. La conocida marcha nupcial del tercer acto «Treulich geführt ziehet dahin» pareció más cómoda de lo que realmente es, con las voces blancas seguras y de emisión perfecta, luminosas y a la vez etéreas (como recuerda las notas del programa de este miércoles, supongo que de María Sanhuesa como las notas del programa «oficial») así como la orquesta en su nivel habitual de calidad, metales presentes y poderosos sin exageraciones, calidad aún mayor en el Preludio que va antes de la marcha que aquí se programó después, lo que no entiendo mucho porque finaliza precisamente cuando aparece la melodía más famosa de Wagner.

Y para cerrar este pequeño gran muestrario wagneriano Los maestros cantores de Nüremberg con el preludio que la orquesta asturiana ejecutó con más convicción, más apropiado para abrir concierto que cerrarlo,  y los coros del acto III, escena quinta «Wach auf, es nahet gen den Tag» realmente exigentes, y el final «Ehrt eure deutschen Meister«, cual himnos no ya de homenaje al compositor sino al «arte de los maestros cantores y el valor de las tradiciones», siendo los conciertos de la fundación una más dentro de la vida musical asturiana.

Interesante ensayo para desenredar la madeja del programa, que tan solo sirve para sacar ideas generales y ver cómo trabaja el maestro Alber con nuestra orquesta y coro en el siempre difícil Wagner. Espero con más ganas el War Requiem de Britten también centenario, con los mismos músicos de hoy más distintos solistas y el titular Milanov al frente. Será el 22 de noviembre.

Mieres de Traviata

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Martes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de La Traviata (Verdi).
Un año después volvía a Mieres la ópera, eso sí, televisada, y nada menos que en el 200 Centenario de Verdi con una entrada como sólo esta obra inmortal es capaz de convocar.

Vuelvo a repetir las carencias de una emisión como las anteriores, que esta vez podrán compartir los cientos de personas que se dieron cita en La Escandalera de la capital, donde ni la iluminación está prevista para la televisión, la realización sigue dejando mucho que desear aunque haya mejorado, y el sonido logra el milagro de las voces tapando a la orquesta (!). Supongo que la falta de medios y algo más de conocimiento técnico no sean impedimento para continuar con esta experiencia que hace llegar la ópera a un público no habitual pero al que también debemos educar con calidad.

Las críticas profesionales tras la primera función coinciden con mi opinión técnica, aunque tras las consideraciones iniciales, quiero dejar unas pinceladas de cosecha propia.

Con un decorado casi minimalista a base de espejos – cristales, Susana Gómez es perfecta para la solución económica entre los grandes montajes inalcanzables por presupuesto y espacio escénico, y las versiones en concierto que no deben venderse como ópera en el sentido estricto. Sofá y mesa de despacho (diseño escenográfico de Antonio López), así como una pequeña mesa de juego como único Mobiliario, unido a un vestuario años 50 (de Gabriela Salaverri) completan la coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.

Foto de Codalario

Ópera atemporal donde las haya, el reparto resultó equilibrado en su totalidad, lo que es de por sí digno de mención, aunque la protagonista total haya sido Aylin Pérez que fue capaz de cantar y captar toda la evolución de su personaje de Violeta aunque sin camelias y transformada en una pelirroja Gilda Valery, color vocal perfecto para un rol que le está dando muchas alegrías. El Alfredo de Aquiles Machado resultó convincente en sus conocidas arias, delicado en los dúos y con ligeras carencias que no empañan la globalidad, completada por el Giorgio Germont de Gabriele Viviani, otro tanto que «su hijo», bien actoralmente aunque con una pequeña desafinación en la conocida «Di Provenza», puede que fruto del micrófono tan cercano y la orquesta «hundida en el foso», un trío sobre el que se asienta sin cojear esta maravillosa ópera.
Destacar la buena dirección musical de Carlo Montanaro capaz de dar su toque ya desde la obertura, jugar con los tempi de una Oviedo Filarmonía que no pude degustar como seguramente sonó en el teatro, y sobre todo cómo concertó con las voces, respirando con ellas y eligiendo siempre el aire que reclamaban los protagonistas, que lo son siempre.

No quiero olvidarme del Coro que dirige Patxi Azpiri, auténtica delicia escénica y vocal (nuevamente ellas mejor que ellos) con una profesionalidad que el tiempo ha ido asentando.

Los siempre difíciles secundarios cumplieron en sus intervenciones, desde la Flora de la asturiana María José Suárez, seguridad y aplomo, la delicada Annina de Marta Ubieta, siguiendo con Jon Plazaola (Gastone), Carlos Daza (Douphol), el Marqués José Manuel Díaz y el Grenvil de David Sánchez, junto a los «comprimarios» Gonzalo Quirós y Bruno Prieto (del propio coro) en sus breves apariciones como Giuseppe y Commissionario.

El público mierense disfrutó sobre todo hasta el descanso tras hora y media de un tirón, quedando todavía el último acto donde Violeta es «abducida por la luz» tras enamorar al respetable esta Ailyn Pérez como auténtica diva de esta segunda función que sonó en medio Asturias como merecido homenaje a Pepe Verdi. Agradecer estas iniciativas aunque tengan todos los peros que queramos y algunos sigan recordando el año 1958 de La Callas con Kraus, siempre Don Alfredo, en Lisboa… Ay! ¡si hubiesen tenido los medios técnicos de hoy en día…!

La belleza del dolor

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Viernes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 1: OSPA, Adolfo Gutiérrez Arenas (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Marcos Fernández Barrero, Shostakovich y Rachmaninov.

Ya tenía ganas de retomar el pulso de nuestra orquesta tras el rodaje en foso más el extraordinario Réquiem de Verdi en Covadonga, con el estreno de la temporada regular que llevaba por título «Rusia esencial» aunque bien podríamos rebautizarlo como «OSPA esencial» al unirse intenciones cual guía o catálogo de intenciones, a saber:

El titular Milanov, un solista invitado de calidad que además «es de casa», más un programa donde conviven obras de nuestro tiempo, los grandes e imprescindibles conciertos más el atemporal mundo sinfónico, habitual para redondear una larga, emotiva y dura jornada que conjuga situaciones personales dolorosas pero donde siempre aflora la belleza, el arte hecho música desde la profundidad interior.

Escuchaba por tercera vez Resonancias para orquesta (2012) de Marcos Fernández Barrero, obra ganadora del Concurso de Composición OSPA 2013, siempre necesario el poso para degustar, y no me defraudó tras leer mis anotaciones del estreno y las notas del programa, donde pudimos repetir y llegar ahora como el refrán «a la tercera va la vencida». Si la obra en su momento era merecedora del premio, hoy se me quedó pequeña al escucharla entre gigantes e incluso descontextualizada dentro del título programado por no ser «rusa» (aunque en mi primera audición me recordase a Shostakovich) pero sí «esencial» en cuanto al aroma o esencia figurando dentro de la «normalidad» que supone aparecer entre dos obras maestras. Supongo que el compositor catalán con orígenes asturianos, nuevamente en la sala, disfrutó más que nadie de esta (re)interpretación que la OSPA hizo grande, pues esta temporada 2013-14 podremos llamarla como de plena madurez para la formación, así como del asentamiento de Milanov en la titularidad, con ideas siempre claras desde su toma de posesión, manteniendo la colocación vienesa que nos dará muchas alegrías a lo largo del curso musical y con algunos fichajes que no pasarán desapercibidos. Podría decir que la obra de Fernández Barrero no desentonó en absoluto dentro de la globalidad dolorosa por emociones, texturas y climas otoñales como el asturiano que esas resonancias pudieron reflejar.

Mi admirado cellista Adolfo Gutiérrez Arenas volvía a «nuestro» Oviedo con otra cima interpretativa tras sus anteriores «ochomiles» y en compañía de auténticos amigos para esta nueva aventura sinfónica: el Concierto para violonchelo nº1 en mi bemol mayor, Op. 107 (1959) de Dmitri Shostakovich. Si su Saint-Saëns con Dutoit no le pude equiparar al intimismo con Judith Jáuregui, una delicadeza inolvidable, al menos volvía en «la cordada» con esta orquesta que camina a su paso como con Elgar, auténtico Everest solístico lleno de hondura y sombras, el Shostakovich más duro y terrible donde no existe atisbo de luz en ninguno de sus movimientos pero que Adolfo G. Arenas hizo bello de inicio a fin, bien concertado por un Milanov atento y condolente para compartir sufrimiento hecho arte desde todas las secciones orquestales aunque la trompa del maestro Morató influyó y mucho en embellecer el dolor. La incuestionable levedad del ser del Allegretto, la profundidad del Moderato, la soledad de la Candeza que robó hasta el silencio de un público perezoso en respirar por no asifixiarse, y la cima del abismo del Allegro con moto que sacude hasta el último aliento. El bello dolor existencial sin autocomplacencia ni sadismos, no hay placer sin él, dos caras de la misma moneda que Shostakovich explora y explota en un cello humano e individual con la orquesta reflejo global y coral, dolor compartido que parece menor en sufrimiento y mayor en belleza. Indescriptible esa ascensión al abismo que aún subió muchos metros con ese lento como marcha fúnebre de la Suite nº 3, op. 87 para cello sólo de Britten, «ethos y pathos» desde la admiración y recuerdo del centenario del británico pero también a Rostropovich y Shostakovich, placeres dolorosos o viceversa desde la belleza magistral del arte musical en la vivencia compartida por Adolfo Gutiérrez Arenas, inconmensurable.

Tras coger aire al descanso por la angustia antes vivida, la Sinfonía nº 2 en mi menor, Op. 27 de Rachmaninov supuso un remanso de tensión interior pese a recoger emociones del compositor ruso ya musicalizadas en otras obras, angustias amorosas que siempre me parecieron en el segundo de piano donde la cuerda tiene el mismo toque lírico que en esta segunda sinfonía. Madurez orquestal y claridad expositiva de un Milanov que con su peculiar estilo va sonsacando colores para un lienzo total lleno de luz sin perder el tenebrismo que parecía flotar en este viernes otoñal asturiano inigualable por los perfiles claros, delineados sin brumas, emociones de belleza anhelada e inaprensible tras el lúcido y luminoso verano. Fortaleza orquestal en el Allegro molto puramente «rachmaninoviano» (¡vaya calificativo!), el Adagio que puede traducir a música la difícil descripción del título (belleza del dolor) con una formación perfectamente ensamblada y confiada, gustándose melódicamente una cuerda con nombre propio, para en el Allegro vivace remontar la cima con paso firme, ágil sin tropezones, y contemplar desde arriba ese paisaje único, ascenso seguro, controlado pero desfondados tras un esfuerzo que sólo tiene la recompensa de una belleza dolorosa. Interpretación y satisfacción, así sentí este arranque de temporada que solamente acaba de comenzar.

Sinfónico reinvindicativo

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Lunes 23 de septiembre, 19:00 horas. Plaza de la Gesta, Oviedo: Concierto Simultáneo. Organiza AMPOS (asociación de músicos profesionales de orquestas sinfónicas). Músicos de la OSPA y Oviedo Filarmonía, Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Rossini, Mozart, G. Giménez, Luis Cobos y Benito Lauret.

Con una plaza llena en tarde de calor veraniego y humano pese al recién estrenado otoño que esperemos no resulte premonitorio, Oviedo capital musical de la que hace gala desde muchas décadas, también se sumó a esta reivindicación que es un clamor a la vista de la podadora que los gobernantes usan sin miramientos y mucha incultura amén de soberbia.

Las dos orquestas asturianas de mayor solera bajo la dirección del maestro Sánchez Velasco se hicieron escuchar con lo que saben, con La Música para todos, unidos en esta queja que no parará. No más recortes culturales ni educativos, todos queremos que la música ocupe el lugar que una sociedad como la nuestra se merece, música en la formación de melómanos, aficionados y profesionales, orquestas públicas que además de dar trabajo ofrecen su magisterio a toda la sociedad. Quitemos la venda de la ignorancia a unos políticos que sólo miran de otros países «de nuestro entorno» lo pasajero olvidando lo que realmente perdura.

Francisco Revert tomó la palabra haciendo la presentación de rigor, con multitud de agradecimientos y comenzar a las siete de la tarde este «concierto simultáneo» con la obertura de La Gazza Ladra (Rossini), una forma de llamar ladrones inteligentemente a los responsables de los desaguisados culturales que padecemos. El primer movimiento (Molto Allegro) de la Sinfonía 40 en sol menor, KV 550 de Mozart reflejó la grandeza musical y el enorme esfuerzo que requiere su interpretación para que el público disfrute, mientras los dirigentes políticos creen que no dar conciertos una vez finalizada la temporada les permite hacer contratos temporales, desconocimiento total de la profesión de músico cuyo horario es permanente y en vacaciones también se trabaja.

Jorge Martínez «Ilegal» leyó el manifiesto conjunto con pinceladas propias de su verborrea provocativa y hoy más crítico, cítrico e incisivo que nunca.

El conocido intermedio de La Boda de Luis Alonso (Giménez) es para pensar lo difícil que resulta ser músico en España, todo un sainete, y parece que volverán los duros tiempos de postguerra y bohemia donde pasaban hambre músicos y maestros de escuela.

La aportación o tributo «comercial» lo puso Todos Somos Música (de Luis Cobos) más que un slogan todo un sentimiento compartido que ya presentase en marzo pasado volviendo a utilizarse casi como himno de la propia AMPOS con ecos «peliculeros».

Gustavo Fernández Buey también tomó la palabra y nos contó el extra al programa conjunto: el toque asturiano de Benito Lauret y sus Escenas Asturianas, un Maestro de Cartagena que vivió y sintió nuestra tierra, dirigiendo la antigua Orquesta Sinfónica de Asturias o la Capilla Polifónica, impartió clases de composición y dirección en el Conservatorio pero sobre todo supo entender nuestra música popular y hacerla sinfónica, perfecto cierre de concierto con ese Pericote llanisco enlazado con nuestro himno en una joya musical que es seña de identidad sinfónica.

Excelente el trabajo del maestro Daniel S. Velasco con una selección orquestal que unida como sólo la música puede, recreó y compartió su trabajo con niños y viejos, aficionados y peatones… a pie de calle, en una plaza que debería llamarse «Plaza de la música» pues la gesta que conmemora debería borrarse del callejero junto con tantas referencias a un pasado cuya sombra planea de nuevo.

Tarantella sinfónica y más

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Miércoles 18 de septiembre, 21:30 horas. Plaza de la Catedral de Oviedo, Tamburi del Vesuvio, Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director).

No importa el «orbayu» cuando uno lo pasa muy bien, y de nuevo felicitar al Maestro Conti por sus arriesgadas apuestas, esta vez con música de su tierra y unos músicos napolitanos encabezados por Nando Citarella, que canta (y encanta con un excelente y sentido Non ti scordar di me de De Curtis), anima, baila, lleva la percusión y hasta recordó anécdotas históricas como el enfrentamiento Saboya – Borbón antes de la reunificación italiana), con su formación de instrumentos tradicionales realmente interesantes y cercanos a nuestra tierra, una cantante de voz natural  con registros increíbles, y hasta una bailarina que completó el cuadro en un auténtico volcán de calidad, casi todas con el respaldo de nuestra OvFi «todoterreno», aunque amplificada (con lo malo que tiene), en un concierto emotivo para algunos y entretenido para el público que al finalizar todavía continuó en medio de la plaza bailando con estos artistas italianos que transmiten alegría con su música tradicional, meridional y cercana en todos los sentidos.

Incluyo directamente la crítica de Javier Neira para LNE del día siguiente, pues a las horas que llegué a casa, tras quedarme también a la actuación de mis amigos de Vuelta abajo, no era plan escribir, y menos cuando el profesional lo hace «por mí» (y mejor, Gracias Javier), dejando algunas fotos mías para el recuerdo:

La Catedral, la pequeña Italia
El maestro italiano Marzio Conti, al frente de «Oviedo Filarmonía» y «Tamburi del Vesuvio» trajo las tarantelas de su país a las fiestas ovetenses e hizo bailar bajo los paraguas

Javier NEIRA

El maestro Marzio Conti puso a la plaza de la Catedral a bailar tarantelas napolitanas al frente de su orquesta «Oviedo Filarmonía» y con la participación del grupo «Tamburi del Vesuvio». La música consiguió transformar la ovetense plaza de la Catedral en una pequeña Italia, una fiesta con reminiscencias de «El padrino» en la que sólo faltaban para completar la escena Sofía Loren o Marcello mastroianni. La alegría de la música italiana traída a Oviedo por el director de la orquesta ovetense obligó al público a quedarse a disfrutar, pese a la lluvia que empezó a caer, al principio con timidez, poco después de los primeros sones del concierto.
La actuación arrancó a las nueve y media de la noche con «Reveille toi» y después continuó con «Tarantella di Piedigrotta» mientras el público seguía el vertiginoso y contagioso ritmo mediterráneo que supera, en frenesí incluido, al sirtaki. Conti, italiano a fin de cuentas y siempre derrochando gracia y buen hacer, explicó las características de la música tradicional de su país entre pieza y pieza, poniendo el acento en las tarantelas, que son sin duda la representación de los sones más profundos del alma latina.
La velada incluyó la presentación de instrumentos tradicionales, como la zanfona, el fliscaletto o la percusión siciliana tradicional, encabezada por la tamorra.
El cantante Nando Citarella, un destacado artista en el género, encabezó a «Tamburi del Vesuvio» y el cuadro se completó con una bailarina para redoblar el efecto costumbrista, desenfadado y participativo.
En sucesivos tramos, en los que intercalaba explicaciones, Conti ofreció al público «Palummella zompa e vola», «Marechiara», «Valzer di Antoniuccio», «Pollino e a San Miche», «Magna Mater», «Non ti scordar di me», «Friscalettata», «Suite Costiera all’Avvocata» y «Naninella». Un baño de música peculiar, distinta a la que suele escucharse en la plaza de la catedral durante San Mateo, que contó por primera vez con la orquesta de Oviedo en primera línea de fuego. La catedral, con Conti, parecía ayer la pequeña Italia.

Del recital «sabandeño» de Vuelta Abajo destacar el alto nivel alcanzado por unos aficionados capaces de sonar como profesionales, abundando temas de su último trabajo, con «menos marcha» de la esperada, habiendo sido más apropiado escucharlos en un teatro o recinto cerrado, incluso con el público sentado, pero «la peña» agradeció el trabajo y cantamos abajo tanto como arriba. Hora y media de música e historias contadas y cantadas, Joaquín «Pupú» de maestro de ceremonias y la dirección musical de Javier Sabonis.

Lo dicho, altas horas y vuelta a la aldea que el día siguiente era laborable con madrugón. Todo por la música… ¡y los amigos!

Gratitud musical

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Domingo 15 de septiembre, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Concierto-Homenaje a José Ramón Hevia. Cuarteto Quiroga, Aitor Hevia (vioín), David Hevia (violín), Olga Semushina (piano), Orquesta antiguos alumnos Arché. Obras de Haydn, Shostakovich y Mozart.

Me alegra asistir a homenajes en vida en una tierra donde siempre es difícil ser profeta. Violinista, cuartetista, profesor… el maestro ovetense José Ramón Hevia tuvo este domingo el orgullo de comprobar cómo lo sembrado tiene su fruto, no ya en su propia casa, con sus hijos David y Aitor siguiendo el camino de su padre (en todos los sentidos) sino escuchando a sus antiguos alumnos, hoy también profesores, que le ofrecieron no ya el agradecimiento hecho música sino también la gratitud al Maestro en el amplio sentido de la palabra. Sala a rebosar con su alumnado de siempre, amigos, compañeros y aficionados que no quisieron perderse este emotivo concierto.

Tras las primeras palabras de David, emoción como hijo y violinista con citas orgullosas y merecidas, el Cuarteto Quiroga, al que el propio José Ramón hacía referencia al final del concierto como nacido en los Cursos de Llanes que también (y tan bien) organiza -reafirmado en la Escuela Reina Sofía donde concidieron- fue el encargado de abrir la velada, siendo ya una referencia a nivel internacional por su calidad en cualquier repertorio.

El Cuarteto Op. 29 nº 4 en re mayor, Hob. III: 34 (Nº 4) es habitual en el programa de este cuarteto formado por Aitor Hevia y Cibrán Sierra (violines), Josep Puchades (viola) y Helena Poggio (cello), maravilla de escritura e interpretación donde todos los integrantes necesitan un mismo palpitar, lo que lograron desde el Allegro di molto inicial, afinación impecable, virtuosismo de Aitor bien arropado por sus tres compañeros, emoción contenida llena de musicalidad en el Un poco adagio e affettuoso, magisterio técnico e interpretativo en el siempre difícil Menuet alla Zingarese que Cibrán ejecutó cual continuación natural de Aitor, sin olvidar las intervenciones de una Helena cuidadosa en el timbre y cuarteto homogéneo en sonoridades y estilo para ese Presto e scherzando final que resultó una auténtica delicia sonora. La música de cámara en estado puro y ubicación idónea para un público entregado.

Shostakovich y las Cinco piezas para dos violines y piano (en arreglo de Levon Atovmyan) resultaron lo más emotivo y agradecido de una celebración plena. Con el piano de Olga Semushina (conocida de los seguidores de la OSPA) siempre atenta y complemento perfecto, los hermanos David y Aitor encontraron la mejor manera de decir «gracias papá» como si de una lección se tratase cada una de las maravillas del ruso: Prelude, Gavotte, Elegy, Waltz y Polka en un auténtico derroche de gusto, precisión, musicalidad, complicidad y entendimiento genético más allá de la propia partitura que «la Atapina» arropó con el magisterio y solvencia habituales a unos Hevia dos en uno.

El siempre engañoso Mozart y su Divertimento en fa mayor, KV 138 reunió a muchos de los antiguos alumnos de la Orquesta Arché fundada y dirigida por José Ramón Hevia, con el propio Cuarteto Quiroga en los atriles y compartiendo dirección. Tres movimientos (Allegro, Andante, Presto) que sonaron realmente clásicos, limpios, ajustados en tempi y con el ímpetu juvenil habitual de una formación para la ocasión a la que los años han madurado sin perder la frescura inculcada por el Maestro.

Mateo Luces, en nombre de sus antiguos alumnos, le hizo entrega de una placa que ocupará un lugar preferente en la casa de JR al lado de tantos galardones que ha ido recibiendo en su larga trayectoria.

Y uno que también peina canas le recuerda en aquella OSA (Orquesta Sinfónica de Asturias) de Víctor Pablo que sentó los cimientos de una ya consolidada OSPA. Porque Hevia es Maestro en el amplio sentido de la palabra, transmitiendo allá donde va su amor por La Música, sembrando incluso en aquellos terrenos tan poco propicios pero que la paciencia y perseverancia han demostrado una vez más que la esperanza es lo último que se pierde. Los homenajes y reconocimientos en vida deberían ser más normales porque nos sirven para seguir reivindicando el papel de la Cultura, algo que debemos contagiar como ha hecho el Maestro Hevia.

GRACIAS MAESTRO.

Duro para el bolsillo melómano

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Antes se hablaba de «la cuesta de enero» pero en plena crisis y como escuchaba hace poco a una sufrida madre pagando libros de texto ¡de segunda mano!, todo el año es una cuesta sin fin, y ríanse ustedes del Angliru.

Supongo que debemos estar todos parecidos porque sube todo menos los sueldos, y en este mes de septiembre me toca pasar por la taquilla del Campoamor (¡menos mal que no tengo hijos ni hipoteca!) para pagar mis dos abonos habituales, tras ir quitándome muchos otros (Sociedad Filarmónica, Ópera de Oviedo de la que fui «pionero» en el abono de la segunda función -ahora hay incluso cinco-, Festival Lírico, Zarzuela…) y es que el sueldo de profe no da para tanto, teniendo uno que priorizar, amén de cortar salidas a otros conciertos cercanos (aunque sean en coche con sus peajes y subidas de gas-oil), vacaciones más cortas y en casa, con un cinturón cada vez más apretado que tendremos que cambiar por tirantes ante la ausencia de más agujeros.

No me voy a quejar del desembolso de 664€, aunque sigue siendo una barbaridad, pues en la capital del Principado los precios sigue siendo más bajos que en el resto de España (y doy fe de ello) pese a coincidir muchos programas y artistas en gira por la piel de toro, en parte porque la PPodadora cultural no está tan a flor de piel como en otras plazas, manteniendo Asturias subvenciones (¡qué no falten!) y patrocinadores (¡un monumento a ellos!) a la espera del tan largamente prometido «mecenazgo cultural«, y con protesta musical sinfónica el próximo día 23 de septiembre. Incluso se nos permitía pagar en veces para hacer más llevadero el susto, que comparado con abonos de equipos de fútbol y dividiendo el importe total entre los partidos, a la larga resulta incluso rentable: tienes siempre la misma butaca y asegurados los encuentros importantes sin que nos castiguen con un «día del club» donde tienes que volver a pasar por taquilla. Bendito dinero de plástico que permite a uno reorganizar la maltrecha economía doméstica.
Agradecer a mi querida OSPA, además de 22 años de «matrimonio», que para esta temporada sólo haya subido 50 céntimos, pues si el Gobierno saca pecho por unos pocos parados menos, tenemos que ser como el anuncio aquél del «granito a granito». Así pues 200€ el abono en butaca no es tan caro para los 14 conciertos de la temporada, segunda del búlgaro Rossen Milanov al frente y con programación en la línea de seguir con repertorios de siempre (la Militar de Haydn, Segunda de Schumann, una Séptima de Beethoven o Mahler con su Quinta cerrando temporada) junto a estrenos (el Concierto para guitarra de Leshnoff) y obras menos programadas (de Pärt o Benet Casablancas), atendiendo naturalmente los centenarios de Wagner, Verdi y Britten, del que destacaré el War Requiem del 22 de noviembre con los Coros de la FPA, dentro de una programación bien pergeñada con el lema «Música y guerra» (vuelve a colaborar la Universidad) a la que se sumará la continuidad de los grandes ballets (Pájaro, Lago y Cenicienta el 15 de noviembre), con directores conocidos (vuelven Lockington, Benjamin Bayl o Perry So entre otros) y solistas de primera (Manuel Barrueco, Kirill Gerstein, Renaud Capuçon o Daniel Müller-Schott entre otros). También destaca la decidida apuesta didáctica del maestro Milanov con el segundo año del programa «Link Up» que creemos y queremos repita el éxito anterior de «La orquesta se mueve», este año probablemente «La orquesta canta». Espero seguir contando cada uno de los programas y agradeciendo las lecturas. Habrá alguna novedad más como el programa «Avanti«.
Evidentemente nos quedaremos «huérfanos» de OSPA los títulos en el foso de la Ópera de Oviedo donde vuelve mi «candidato favorito» Guillermo García Calvo nuevamente con Wagner, pero seguiremos con la esperanza de la Primitiva, las transmisiones televisivas gratuitas o esperaremos las entradas de «última hora» que resultan más llevaderas. A los programas extraordinarios espero asistir también aunque «el principesco» siempre inaccesible para el vulgo deba conformarme con el ensayo general, perdiéndome el Réquiem verdiano en Covadonga del próximo 28 de septiembre por compromisos ineludibles fuera de Asturias.
Reflejar la campaña abierta de micromecenazgo y beneficios con el «Club OSPA» que va desde 75€ en el formato «Andante» a los 500€ del «Vivace», incluyendo invitación a un acontecimiento especial ofrecido por el Maestro Milanov. Todo sea por captar fondos ¡de quien los tenga!.
A la vista de mis gastos y por proponer, me postulo abriendo la campaña «Adopte a un melómano» que asegura comentarios en su Blog, Twitter, Facebook, Instagram y lo que haga falta…
Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» y los «Conciertos del Auditorio» que organiza el Ayuntamiento de Oviedo se llevan el grueso del gasto, abono conjunto de 434€ para 20 conciertos dan una media de 27,10€ para cada uno, lo que resulta ¡barato! comprobando algunas figuras y precios para localidades sueltas. Queda como «Día del Club» el de la O. S. de la Radio de Baviera con mi idolatrado Dudamel al frente el 7 de abril de 2014, cual partido de Champions en que los socios tenemos precio especial de 30€ en nuestra misma localidad.
Ahí está el total de los 664€ porque las matemáticas no fallan, claro que el plantel lo merece y voy con pinceladas: Eugeny Kissin, Maria João Pires, «San Sokolov«, Horacio Lavandera o Javier Perianes con el Cuarteto Quiroga para los aficionados de las 88teclas, Gidon Kremer, Suzuki con el Bach Collegium Japan, Kent Nagano al frente de «su» Sinfónica de Montreal, Esa-Pekka Salonen con la Filarmónica de la Scala (esperando acuda a la cita) o Ton Koopman y sus 35 años al frente de la Amsterdam Baroque Orchestra para los sinfónicos completos, sin olvidarnos los amantes de la lírica de Elina Garança e inseparable consorte llanito Karel Mark Chichon, y el enorme, en todos los sentidos, Thomas Hampson, dos regresos a Oviedo que seguramente llenarán el auditorio (otra razón para el abono), sin olvidarnos otro taquillero como Michael Nyman, sólo para hacerse una ligera idea y donde también tendremos otras figuras nacionales e internacionales que harían prolijo el relato aunque quiera reflejar la unión de dos formaciones que me tienen ganado hace años: Forma Antiqva y El León de Oro el 31 de marzo con una «Pasión según San Juan» de Bach que espero como agua de mayo en Cuaresma. Conti y la OvFi tampoco faltarán en varios conciertos, completando un abono en primera división.
Quedan también algunas entradas sueltas ya adquiridas para la ópera carbayona donde no puedo faltar al Don Pasquale (19 de noviembre, 2ª función) que cantará mi querida Beatriz Díaz (62€ en Anfiteatro) o un Don Giovanni joven con mi admirado tenor cordobés Pablo García López… pero aún toca esperar.

En septiembre no tendré mucho directo aunque siempre hay discos y DVDs por refrescar e incluso comentar. Aquí seguiremos al pie del teclado…

Y cierre de película

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Viernes 30 de agosto, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Festival de Verano «Oviedo es Música». Judith Jáuregui (piano), Oviedo Filarmonía, César Álvarez (director). Obras de Sungji Hong, Beethoven y Tchaikovsky. Entrada butaca: 15,50€ (con gastos de emisión).

Cerramos ciclo y vacaciones veraniegas aunque la música nunca se toma descansos en nuestras vidas, y nada menos que con un concierto de los que salimos felices por lo escuchado y vivido, realmente de película.

Para empezar, un estreno absoluto de la ganadora del IV Concurso Magistralia de Creación Musical para Mujeres Compositoras, la Obertura Operatic Breaches de la surcoreana Sungji Hong (1973). La OvFi sigue creciendo en todas su secciones, y además de la versatilidad para los repertorios suma una madurez que se nota desde hace tiempo, esta vez bajo la batuta de César Álvarez que sacó de la orquesta toda una paleta tímbrica (destacando los solos de marimba y xilófono) y emocional que esconde la partitura de la compositora coreana, una línea que crece y decrece en dinámicas, texturas, rítmicas, en cierto modo música cinematográfica sin imágenes y clímax sinfónico para una plantilla que lo dio todo, interpretación que la autora presente en la sala, también agradeció.

La pianista donostiarra, con una agenda muy completa en estos tiempos, volvía por tercera vez a Oviedo, en esta ocasión con el Concierto nº 1 en do mayor, Op. 15 para piano y orquesta de Beethoven. Da gusto escuchar las obras concertantes cuando hay un total entendimiento entre batuta y solista, arrancando el Allegro con brio sin excesos en «tempo» que permitieron una primera entrada del piano degustando ese estilo aún clásico pero plenamente beethoveniano, con la estructura de solos, orquesta y concertantes en perfecto equilibrio y la cadencia final delicadamente arrebatadora en los dedos de una Judith que rebosa musicalidad. El Largo rezumó dulzura poética y limpieza en todos los intérpretes, con un director siempre pendiente de la solista, lo que siempre ayuda, sonoridades bien trabajadas en el piano siempre bien arropadas por la orquesta, para sin pausa atacar el Rondo Allegro scherzando que marcaría todo el devenir del movimiento final, escuchándose y contestándose todos, ligeros rubati bien resueltos por una batuta atenta y precisa para un acompañamiento que iba más allá, consiguiendo una verdadera concertación para esta interpretación del «primero de Beethoven» que ya apunta lo que culminará con el «Emperador». Excelente versión del triunvirato Jáuregui-Álvarez-OvFi.

Y si la propia pianista tras los agradecimientos nos hablaba de un viaje, también emocional sin duda, nos hizo un regalo de altura y talla interpretativa que tiene grabado en su CD «Para Alicia«, Granada de Albéniz en un acercamiento y homenaje a la gran Alicia de Larrocha, escapada romántica a una página cual ventana abierta a visiones muy personales que Judith Jáuregui compartió con todos nosotros. Nuevo derroche de musicalidad para esta obra que ya ha interiorizado y siempre suena distinta desde su visión.

Imaginando la película «Cisne negro» escuché la Suite Op. 20 del conocido ballet «El lago de los cisnes» (Tchaikovsky) en una interpretación para paladear auditivamente de principio a fin y reconocer tanto el excelente trabajo del maestro Álvarez como de todas las secciones orquestales, con una cuerda algo corta en plantilla pero que dio de sí para compensar la masa sonora de metales, y unos solistas de lujo, en especial el concertino Andrei Mijlin con el magistral solo del «paso a dos» que arrancó unos merecidos aplausos en mitad de la suite por su genialidad y arte, así como el protagonismo del oboe Jorge Bronte en las conocidas melodías o la siempre impecable arpa de Danuta Wojnar. Cada uno de los números fueron cuadros perfectamente pintados desde una dirección que dejó su impronta a la formación carbayona. Bien y emocionante el conocido Vals, equilibrado y con identidad propia, las danzas de los cisnes y la española o la Mazurka del acto III, sin olvidar la escena final apoteósica y realmente «agitada» donde como ya apunté, el poderío de percusión y viento no aplastó a una cuerda realmente superando el máximo exigible, logrando una interpretación global y turbulenta realmente de película.

La propina, siempre difícil después de Tchaikovsky como decía el maestro Álvarez, sí resultó cinematográfica pudiendo escuchar el tema principal de «Quemado por el sol» (1994, N. Mikhalkhov) del compositor ruso Edward Artémiev (1937), una delicia de partitura donde pudimos apreciar el talento de Gabriel Ureña al chelo, antes de su «escapada vienesa», con un solo en la línea de sus interpretaciones, melancolía y buen gusto, así como el contrapunto de corno inglés de Javier Pérez, un cierre de película para un verano que es simplemente un punto y seguido musical.

Al final pude saludar de nuevo a «la rubia», siempre a gusto en Oviedo y un placer para los que la seguimos desde sus inicios. Septiembre es sinónimo de inicio de curso y «cuesta» para los bolsillos al pasar por taquilla para un 2013-14 que se augura duro pero de excelencias musicales, esperando seguir contándolas desde aquí y continuar compartiendo impresiones personales.

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