Inicio

Y al séptimo descansó

3 comentarios

Domingo 13 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Sandrine Piau (soprano), Hugo Hymas (tenor), Alex Rosen (bajo), Les Arts Florissants, William Christie (director). Haydn: La Creación, Hob. XXI:2 (1798).

Domingo de fiesta tras una semana musical increíble, frío en la calle a pesar de las fechas y calor en el auditorio para recibir al Maestro William Christie con su formación (coro de 27 voces incluido) y un joven trío de solistas donde destacaría especialmente el barítono-bajo británico, para interpretarnos el maravillo oratorio de Haydn Die Schöpfung (La Creación), que mi admirado Ramón Sobrino disecciona y explica en las notas al programa. Hubiera sido de agradecer incorporar los textos aunque tuvimos la traducción en sobretítulos que nos iba guiando y ayudando a comprender y comprobar el paralelismo entre música y palabra, descripciones instrumentales casi literales subrayando la importancia del texto, cantado en alemán como en esta versión (aunque también en inglés), a partir de unos textos de un desconocido Mr. Lidley basado en el Génesis con interpolaciones de El paraíso perdido de Milton, homenaje subyacente al Händel londinense tras el regreso a Viena de «Papá Haydn«.

No voy a descubrir a la formación del maestro norteamericano nacionalizado francés en sus casi 40 años de historia y casi el centenar de grabaciones, que sigue preparando y descubriendo músicos tanto en Francia como en la Juilliard School de Nueva York con la idea de ir renovando desde dentro, plantar para recoger, unir dos mundos, promocionar nuestra música barroca y clásica en el país más ávido de ella. Coro y orquesta con instrumentos de época donde los problemas de afinación fueron este domingo más de los deseados, especialmente en las maderas (las flautas debían tener otro diapasón) mucho más que en los metales, con el primer violín Hiro Kurosaki (al que descubrí con La Ritirata) comandando una amplia formación ideal para este oratorio y con un bajo continuo homogéneo formado por chelo, contrabajo y fortepiano (Marie Van Rhijn).

Organizando los 32 números musicales en tres partes (14+12+6), la primera nos dejó en el día cuarto, para retomar el quinto tras el descanso. Tras la solemne obertura La representación del caos fueron apareciendo los diferentes capítulos creativos en cada día, con los arcángeles Gabriel (soprano), Uriel (tenor) y Rafael (barítono) alternando recitativos acompañados, arias y coros. Christie sigue siendo referente con su formación, destacando en todo momento un coro bien equilibrado en sus cuerdas, de volumen suficiente para los tutti y delicado cuando así lo exigía la partitura, coro celestial o pueblo que canta «Aleluya» y «Amen». Vibrantes literalmente en el nº 11 “Stimmt auf die Saiten” (¡Tomad las liras y haced vibrar sus cuerdas!), vigorosos en los finales del día quinto (nº 19), de la segunda parte (nº 26) y en el último “Singt dem Herren alle Stimmen” (¡Que todas las voces canten al Señor!).
De la orquesta los apuntados problemas de afinación que no restaron calidad global, siempre atentos al maestro que marca todo con todo, manos, cuerpo, pies, hombros… buscando la respuesta adecuada. Mejor la cuerda y los metales naturales, problemas en la madera y algún golpe de timbal fuera de lugar para demostrar que son humanos y el directo no tiene trampa. El maestro mimó al trío solista y dejó libertad al bajo continuo en los recitativos marcando lo mínimo, más preparando que entrando, para volcarse con una partitura que recrea cual sumo hacedor musical.

De los jóvenes solistas un auténtico descubrimiento de William Christie con Juilliard415 el bajo, o mejor barítono-bajo, Alex Rosen como un convincente Rafael, pues las notas graves eran las de un barítono de amplia tesitura, poderoso en el agudo y algo corto de volumen en las más graves pero con excelente proyección, interpretando los textos como exige un oratorio, y un color hermoso que empastó a la perfección con la soprano, especialmente en el último dúo como Adán y Eva, nº 29 y 30 (“Holde Gattin, dir zur Seite”, ¡Amada esposa! A tu lado). Tomo nota para seguir su trayectoria, que de no torcerse seguro le dará largo recorrido.

Un escalón inferior el tenor británico Hugo Hymas, corto de volumen al que se «comieron» en los tríos o cuando cantaba con el coro, pero con esa forma tan inglesa en emisión, fraseo, bonito color y buena dicción. Su Uriel sonó más como evangelista bachiano que como arcángel, demasiado contenido y asegurando afinaciones más que disfrutar con su papel, si bien los recitativos resultaron encajados.

La soprano francesa Sandrine Piau no decepcionó ni como Gabriel, con unas arias hermosas para lucirse (nº 5 “Mit Staunen sieht das Wunderwerk”, La hueste de los bienaventurados, o la nº 9 “Nun beut die Flur das frische Grün”, Ahora los campos presentan un fresco manto) ni tampoco como Eva en la parte final a dúo con Adán. Domina el repertorio barroco por técnica y voz, expresa bien los textos, sus recitativos son creíbles y acertados, las arias bien cantadas y los concertantes perfectamente empastados con el coro, pero sobre todo con el barítono americano.
Añadir para el último cuarteto a una mezzo del coro que se sumó a los solistas (nº 32 “Singt dem Herren alle Stimmen“, ¡Que todas las voces canten al Señor!) para el apoteósico final.

Una semana de ensueño esta mía que arrancaba el jueves barroco y terminaba este domingo casi con las palabras de Eva y Adán que podría dedicar a la música:

Junto a ti aumenta cada gozo,
junto a ti disfruto doblemente,
junto a ti la vida es alegría.
¡Que todo a ti esté consagrado!

Séptimo día de esta creación, verdadera recreación con estas formación francesa que solo para en Oviedo («La Viena del Norte) y Barcelona, otro tanto a favor de la oferta musical en la capital asturiana con mucho donde elegir y donde la llamada «música culta» es referente mundial, por si alguien lo dudase.

Esencias de mujer

2 comentarios

Sábado 12 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», Maria João Pires (piano), Orchestre de París, Daniel Harding (director). Obras de Beethoven y Brahms.

Maria João Pires dice adiós a los escenarios y comenzó su despedida en Oviedo, nuevamente «La Viena del Norte», con la mejor clausura posible de estas jornadas de piano que llevan el nombre de Luis G. Iberni, seguro que feliz y orgulloso allá donde esté.
Lleno para seguir haciendo historia en esta nueva visita a la capital del Principado (tercera de las cinco programadas) en compañía de la Orquesta de París con otro que repetía en el Auditorio, el excelente director británico Daniel Harding tras hacerlo en 2012 con la Mahler Chamber Orchestra (en otro programa donde Beethoven y Brahms también fueron protagonistas) y 2014 al frente de la Filarmonica della Scala cerrando aquella temporada. La tercera visita por tanto de dos grandes que se van, «la Pires» de los conciertos y Harding de la dirección (rumores sin confirmar) en un concierto memorable, emocionante, magistral al conjugarse todos los elementos para hacerlo grande y siempre irrepetible.

El Concierto para piano y orquesta nº 3 en do menor, op. 37 de Beethoven supongo consensuado con la portuguesa (estaba previsto el Emperador) puesto que orquesta y director ya lo han interpretado recientemente mientras La Pires lo tiene hace tiempo «en dedos», necesario y habitual para una mozartiana como ella este tercero que resulta ideal por el tránsito entre dos estilos (clásico y romántico) que domina como pocos intérpretes.

El inglés Harding siempre claro en gesto e ideas controlando una orquesta perfecta para concertar con la lusa Pires, frágil y menuda de apariencia pero mandando sin esfuerzo, tal es el grado de magisterio sentada al piano. Un recorrido vital en los tres movimientos, el Allegro con brio literal, primero las amplias credenciales orquestales, casi sinfónicas, a continuación el piano marcando ideas, fusionando todo en un fluir natural con una concertación cuidada de equilibrio, planos y dinámicas al servicio de la solista siempre presente, clara en la exposición, arpegios verdaderas perlas, cromatismos impecables, trinos de ensueño, fuerza arrebatadora y delicadeza angelical, el espíritu de Beethoven imbuyendo esta joya de partitura. El Largo íntimo, meditativo, noctámbulo, solitario antes de la orquesta refinada sumando emociones y recuerdo al mejor Mozart, los silencios luminosos, delicadeza instrumental incluso en las trompas, con poso en el grave y diálogos de sabios, siempre el piano sobrevolando diáfano… y finalmente el Rondó: Allegro, aires de danza, alegría frente al dramatismo, luz venciendo sombras, el foco sobre Pires abriéndose pletórica con una orquestación diáfana, encajando los ritardando, «cayendo» siempre a tiempo, la perfección con un Harding respetuoso y nunca sumiso a la leyenda portuguesa.

Un Beethoven para el recuerdo y no podía haber otro para el regalo, cercano al Largo anterior el Adagio Cantabile, segundo movimiento de la Sonata nº 8, op. 13 «Patética», elección de la calma tras la tempestad, volver a la luz tenue y madura cual reflexión pianística de compositor e intérprete, propina nada habitual como tampoco lo es ella, Maria João Pires, una grande que tiene su sitio en el olimpo de las 88 teclas y pudimos volver a disfrutarla en su plenitud. Larga vida y felicidad en esta nueva etapa que emprende y gracias por tanto como nos ha dado.

La Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90 de Brahms desplegaba toda la plantilla de los parisinos, un ejército sonoro por efectivos que el mariscal Harding, titular desde hace dos años y parece que con tensiones porque en todas las familias suele haber discrepancias, llevaría con mano firme los cuatro movimientos, bien contrastados, flexibilidad romántica reteniendo los tiempos para así disfrutar de la sonoridad orquestal en todas sus secciones, perfectas todas ellas (un espectáculo por momentos observar al clarinete principal «pugnando con sus vecinos»), sinfonía que jugó entre la claridad de los temas y el ímpetu en los desarrollos, sobre todo en los movimientos extremos frente a la sensualidad y delicadeza del conocido Poco allegretto que mis amistades recuerdan en sus versiones para el cine y hasta en «recreaciones pop» como la de Los Sonor. La Orquesta de París y Harding nos dejaron una tercera muy especial que me recordó, salvando las distancias, la de Bernstein con los vieneses.

Y el regalo orquestal, muy del gusto de Lenny y con reminiscencias del pianístico adagio, el bellísimo «Nimrod«, noveno número de las Variaciones Enigma (Elgar), calmado, casi con igual inspiración que el «patético» y hermoso de Beethoven, delicadeza en una cuerda poderosa emergiendo desde lo más hondo y el viento casi susurrando dentro de una orquesta «in crescendo» entregada a Harding con melodías que emocionan en un sábado cargado de recuerdos, «Libre pero feliz«.

Más noches de cuento

1 comentario

Viernes 11 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y literatura III», abono 12 OSPA, Pablo Sáinz Villegas (guitarra), Jaime Martín (director). Obras de Kodaly, Rodrigo y Rimsky-Korsakóv.

Érase una vez una princesa asturiana que fue creciendo sana y robusta hacia una madurez plena, hermosa, tras haber enviudado y divorciado varias veces, algo normal en tiempos modernos, uniéndola de nuevo con un noble cocinero búlgaro tras dos años de búsqueda donde la felicidad parecía brillar en un reino sin prisas. Entonces desfilaban por palacio pretendientes con futuro, algunos ideales pero poco raudos para evitar el compromiso en otras cortes, así que la elección del centroeuropeo nos dejó algo inquietos. Al principio parecían quererse tras el breve noviazgo, pero faltó la química que nunca hubo del todo, las recetas nuevas nunca compensaban la cocina tradicional que solía desgraciar cuando entraba en la cocina, así que la desgana pareció apoderarse de él atendiendo otros fogones, así que en las obligadas ausencias cada visita de invitados a la casa eran una verdadera fiesta que hacían olvidar los malos tragos, los sinsabores y hasta las pesadillas con las que solía despertarse nuestra amada princesa. La última alegría vendría con la segunda visita de un conde de la vecina Cantabria y la primera de un famoso juglar riojano emigrado a ultramar, que hizo las delicias de todos los asistentes, dado el cariño y mimo hacia la princesa así como el buen entendimiento entre el noble y el joven para con la anfitriona, dejándonos otra noche para el recuerdo intentando alejar la vuelta a casa del marido…

El cuento está incompleto para no extenderme y con el final por escribir. El duodécimo programa de abono volvía con el matrimonio entre música y literatura, básicamente por esos cuentos de las mil y una noches que me hicieron tontear al inicio de esta entrada como otro escritor, aunque este género nos siga dando joyas literarias y trascienda lo infantil pese a la mala prensa que el oficio de «cuentista» ha tenido.
No quiero chismes llamados cuentos ni mentiras adobadas de «pseudoverdad», mejor retomar el carácter didáctico que siempre ha tenido esta literatura, donde los recuerdos tanto de infancia escuchando como adultos contándolos enlazan con la idea musical de cuento, del verbo contar, narrar, que por tradición y transmisión nunca suenan igual ni los sentimos igual.
Tres obras conocidas por un público que retornaba a las buenas entradas en la sala, donde el director Jaime Martín cual narrador de historias volvía a transmitirnos su talento igual o mejor que hace dos años, contando con otro Pablo para la historia de la música, Sáinz Villegas (Logroño, 1977), un guitarrista español que triunfa en el país de las oportunidades (de momento) llevando con humildad su guitarra a los desfavorecidos con la misma entrega que a espectantes melómanos de todo el mundo y a las escuelas donde se debe sembrar para recoger en un futuro siempre incierto con todo el amor y dedicación, ideal conjunción de invitados para que nuestra OSPA brillase, disfrutase y nos hiciese felices a todos como en el final de (casi) todos los cuentos.

Las Danzas de Galanta (Zoltan Kodaly) son como el fondo de armario de nuestra OSPA y normalmente sinónimo de éxito por la brillantez de su música que hace lucirse tanto a nuestros habituales solistas como a los distintos directores que disfrutan con la formación asturiana. El maestro santanderino volvía a demostrar no solo talento sino empatía y respeto por la partitura con unos intérpretes a los que dejó fluir (impresionante el clarinete de Andreas Weisgerber), contagiando alegría y emoción para estas páginas zíngaras en el recuerdo infantil del compositor húngaro, donde el ritmo impulsó una sucesión de bailes llenos de color a lo largo de las cinco danzas enlazadas. Maravilloso el sonido logrado, de nuevo la cuerda tersa, presente incluso en los graves (por fin) y la madera primorosa.

La mejor imagen de nuestro país sigue siendo la guitarra que creció de vihuela y morisca hasta ser directamente española, gracias a tantos compositores que escribieron para ella, especialmente Boccherini por elevarla otro peldaño, si bien tardaría demasiado tiempo en recuperar el papel «culto» pese a la amplia literatura a ella dedicada, dejándola en manos flamencas e incluso populares sin mayores aspiraciones artísticas, decantándose por lo lúdico además de accesible. Todavía en nuestros días la guitarra española sigue asociada a los gitanos, autodidactas increíbles, y sobre todo a la auténtica leyenda del siempre recordado e irrepetible Paco de Lucía. El espaldarazo como instrumento de concierto con orquesta lo darían, con distintas circunstancias políticas, Salvador Bacarisse (Madrid 1898 – París 1963) y Joaquín Rodrigo (Sagunto 1901- Madrid 1999), siempre unidos a intérpretes de reconocido prestigio como Narciso Yepes o Andrés Segovia que darían popularidad y galones a nuestro instrumento por antonomasia, así como a las muchas y hermosas páginas a ellos dedicadas, sin olvidarnos que el algecireño aprendió a leer música para poder interpretar con toda la fidelidad a Falla y al propio Rodrigo.

Pablo Sáinz Villegas ha tomado el relevo de los grandes y su interpretación de la Fantasía para un gentilhombre (1954) de Rodrigo alcanza la plenitud interpretativa esta vez con la OSPA y un Jaime Martín concertador excelente, dejando fluir la música, haciendo escucharse unos a otros, con una guitarra sin necesidad de amplificación pero con una claridad y armónicos ideales, fundida sin competir con la orquesta, felices encuentros entre trompeta con sordina y piccolo, junto a una limpieza en la ejecución que consiguió momentos mágicos de silencio, tan necesario para el disfrute como el propio sonido. Los dedos del riojano son espectáculo en sí, punteando, rasgueando, subiendo y bajando el mástil, percutiendo sobre el golpeador… Si en la entrevista para OSPATV nos encandiló, su guitarra enamora desde el primer acorde. Asombrosa la proyección a toda la sala sinfónica y ejemplar la comunión con maestro y orquesta. Gaspar Sanz elevado al firmamento sinfónico del siglo XX por dos nobles como el valenciano Marqués de Aranjuez y su destinatario jienense Marqués de Salobreña, otro cuento universal, «gentil», con mucha historia española donde la música siempre ha estado presente.
No solo virtuosismo sino arte sonoro en estado puro con la propina de la Gran Jota de Concierto de Francisco Tárrega, dejándonos boquiabiertos al comprobar todo el arsenal de una guitarra en las manos de Pablo interpretando esta música popular fuente de inspiración de tantos compositores, y que uno de los mayores enamorados de nuestro instrumento puso al alcance de pocos por las exigencias técnicas, algo que hace fácil lo difícil al escuchar a Sáinz Villegas.

Agradecido por una semana de eficiente y cordial trabajo con nuestra orquesta como con el maestro vecino, aún nos dejaría otro regalo hermanando pueblos con la música, Asturias (Albéniz) leyenda o relato casi flamenco que un catalán dedica a nuestra tierra interpretado por este tocayo mío riojano y universal.

Las mil y una noches de cuentos y conciertos, los sueños personales reales e irreales que la música provoca, esta vez Rimsky-Korsakov y su famosa Scheherezade, op. 35 que corroboró un concierto de magia, de ensueño sin trampas, cuatro movimientos para disfrute de público e intérpretes, la química por lo conocido unida a una interpretación de altura para una orquesta madura, 27 años que se notan para lo bueno y lo malo, Jaime Martín apostando por lo positivo, llevándola con gesto claro, preciso, benevolente, recreándose Vasiliev como en sus mejor juventud, aunque los años no pasen en balde, y con el arpa de Miriam del Río, realmente toda la plantilla colorida y brillante, la cuerda nuevamente enorme, presente y precisa, tensa y tersa, todos gustándose y disfrutando (bravo los percusionistas), cada solista disfrutando con sus pasajes, las secciones empastadas y todas a una haciendo surgir la magia del conjunto, más en una obra tan rica en orquestación como esta del ruso, contagiando la luminosidad que echamos de menos cuando se pasa de cocción o falta la implicación desde el podio. El Maestro Martín nos brindó un completísimo concierto convencido y convenciendo, es verdad que las obras elegidas ayudan, pero recrearlas para hacerlas lucir como nuevas es la magia interpretativa. Un mismo cuento narrado de distintas formas permite descubrir matices, recovecos, momentos imperceptibles en otras ocasiones que como niño inocente nos permite reconocer lo desconocido. Hay que reivindicar el repertorio de siempre pero desde la calidad e implicación narrativa, actores y espectadores conviviendo en la alegría de un espectáculo siempre único.

La próxima semana nuestra OSPA afronta por sexto año el proyecto Link Up, «La orquesta rock» pero no se dejen llevar por el título engañoso, sembrar para recoger desde el Carnegie Hall siendo los primeros en disfrutarlo fuera de los Estados Unidos. De nuevo estará Ana Hernández Sanchiz con cantantes conocidos y estrenándose entre nosotros la directora Irene Gómez-Calado, que espero contarles como «profe» con mis alumnos un año más…

Grados de madurez

2 comentarios

Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Jorge Luis Prats (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Omar Navarro, P. I. Chaikovski y J. Brahms.

Tenía varios títulos para esta entrada como «Joven madurez», «Madurez juvenil», «Juventud y madurez», mezclando sustantivo y adjetivo para encontrar la forma de explicar este concierto sabatino con un frío exterior contrapuesto al calor e ímpetu de la velada, decantándome por los distintos «Grados de madurez».
De la madurez en general tengo que hablar para comenzar diciendo que la orquesta capitalina, la Oviedo Filarmonía (OFil) que sigue sin titular, está en esa plenitud alcanzada con el tiempo, siendo las «escapadas de la zarzuela» como un estímulo, saltar del foso al escenario en busca de calidades, más con los refuerzos del CONSMUPA que ayudaron a redondear sonoridad pese a contar de nuevo con solo cuatro contrabajos aunque la tarima sirvió de amplificador; sumemos a Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino -Huelva-, 1978), oboísta triunfal en distintas orquestas de renombre mundial y ahora director joven pero ya maduro, recientemente nombrado principal director asistente de la ópera parisina, al que le pronto le saldrán más novias a la vista de sus éxitos al comprobar cómo hizo sonar de madura a la OFil.

Madurez juvenil la del «debutante» Jorge Luis Prats (Camagüey, 1956) en Oviedo, un cubano optimista que parece triunfar algo tarde (sus biografías ponen 2007 como año del despegue internacional) y del que escriben que «sus interpretaciones se basan en los sentimientos y rechazan la teoría«, si bien preferiría ambas cosas. Estoy bastante de acuerdo con «su poderosa pulsación, ataques certeros y fulmíneos, magnífico juego dinámico y su digitación» aunque lo matizaré más adelante, destacando un ímpetu casi adolescente, con todo lo que ello conlleva, contrastando con su voluminosa presencia.

La joven madurez le corresponde al pianista, compositor y director Omar Navarro (Oviedo, 1983) de quien pudimos disfrutar el estreno absoluto de Nocturno para orquesta, con el que se abría el concierto. Su coetáneo Daniel Moro Vallina explica bien en las notas al programa el influjo de la noche no solo en esta partitura, diciendo que «no se trata de un guiño al impresionismo, con su recreación de atmósferas, sino de una reflexión sobre cómo un mismo espacio cambia si se contempla desde diferentes ángulos«, aunque personalmente me evocó esa atmósfera francesa tanto de Debussy como de Ravel en la orquestación (con arpa y celesta), en las líneas melódicas o en el propio armazón de este nocturno sinfónico. Dedicado a los músicos de la orquesta que con Macías alcanzaron unas texturas claras y precisas pese a los cambios de tiempo que encajaron sin problemas, gracias a la implicación de director y orquesta en esta obra nueva que suena atemporalmente conocida, será por ese carácter noctámbulo que muchos compartimos, esperando tenga largo recorrido porque la partitura y su autor lo merecen.

El popular Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor, op. 23 (Chaikovski) admite enfoques para todos los gustos, aunque el de Prats con la OFil y Macías no me convenció mucho, puede que por falta de claridad, excesivo ímpetu en el solista (que no es el de hace diez años), dificultades de concertación ante un rubato por momentos exagerado, si bien no puedo negarle al cubano de padres españoles su pasión algo desmesurada para esta joya de concierto con cierto poso más que reposo, porque como dice el refrán «el que tuvo retuvo«.

La poderosa pulsación no llevó pareja la exactitud en los ataques, sus dinámicas exageradas lo fueron de principio a fin, siendo más agradecidas en el Andantino semplice, con un pedal que ensució más de lo debido aunque hubiese pasajes con aciertos tímbricos, más por el balance instrumental desde el podio que por limpieza en el teclado. Domar este ímpetu juvenil a ciertas edades desde un podio respetuoso se tornó arduo, gustándome más el sonido orquestal que el pianístico, interpretado con pasión por el pianista y atención por una orquesta que intentó plegarse al solista.

Lo mejor tras el Chaikovski previo fueron las cuatro propinas de verdadero sabor latino, de nuevo por entrega más que por virtuosismo. Él mismo en una entrevista hace dos años y medio para El País decía: «yo soy un músico de la calle, pero me encanta decirlo porque, la verdad, todos a quienes admiro lo fueron. Y las raíces de toda la música que consideramos clásica, de Bach a Schubert, son populares«. Y popular en intención y tradición comenzó con su paisano Ernesto Lecuona y la conocida Siempre está en mi corazón que yo descubriese de crío cantada por Alfredo Kraus, al piano todo sentimiento, ambiente nocturno de club en la Florida del exilio, la música folclórica de ida y vuelta, sin etiquetas y directa a lo más íntimo. Ritmo innato llevando lo popular hasta la sala de conciertos como Lecuona con sus Danzas cubanas o las homónimas de Ignacio Cervantes que también están en su repertorio, caso de Los delirios de Rosita, El velorio, La negra también bailaba, más la última y breve Mazurka también de Lecuona, juego con un dedo en glissandi uniendo folclore y humor en el repertorio donde mejor se mueve este juvenil cubano maduro.

Para la segunda parte Brahms y su Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73 donde Macías sacó lo mejor de la OFil, unos violines tersos y claros, las violas con su momentos álgidos cantando varias notas de la famosa «canción de cuna» en el Allegro non troppo, los cellos con Ureña marcándose un solo también de lo más lírico, cuatro contrabajos dándolo todo en presencia y claridad, las maderas bien empastadas con intervenciones dignas de admiración y hasta los metales redondos, afinados, sin olvidarme de los timbales mandando con su precisión habitual. Los tiempos elegidos casi metronómicos en las indicaciones, sin demasía, como el Adagio non troppo sin decaer, el Allegretto grazioso (quasi Andantino) perfecto en los planos, y el potente y último Allegro con Spirito coronando una segunda de Brahms digna de las orquestas y directores grandes, y la de Oviedo lo fue este último sábado de abril.

Educando desde el Romanticismo

Deja un comentario

Viernes 27 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Inspiración III, abono 11 OSPA, Peter Pearse (piccolo), Cristóbal Soler (director). Obras de Schumann, Stephenson y Schubert.

Este viernes se recuperaban los encuentros con el compositor una hora antes del concierto, siendo esta vez Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) quien mantendría junto a Ana Mateo y los pocos afortunados presentes en la sala de cámara, unos diálogos sobre su vida, herencia musical desde la infancia, mayor por el lado materno, sus años de estudiante en Gijón, Madrid o París, la larga carrera de pianista, su tarea docente como catedrático en el CONSMUPA asturiano, y el siempre compositor rompedor en su momento, conocedor de las llamadas vanguardias en primera línea que no hubo de abrazar sino simplemente estudiarlas para tener un lenguaje propio que como la propia vida, tiene distintos momentos. El maestro gijonés es «compositor invitado» esta temporada, pudiendo escuchar en diciembre la suite Florilegio del alba de su ópera La Dama del Alba que todos esperamos escuchar en vida, contándonos una primicia: el contratenor Carlos Mena ya tiene su partitura para ser «La peregrina» pues su voz de contralto es perfecta para el personaje, con más de cuatro mil compases escritos donde solo pidió al compositor cambiar dos notas… lógica de quien conoce la voz humana y escribe como músico.

Para el undécimo de abono tendríamos de nuevo a Don Luis (al que conocí en su faceta de pianista y compositor en la Filarmónica de Mieres allá por los inicios de los años 70) con la «Primera serie orquestal» del Álbum de la Juventud, op. 68 (selección) de Schumann, de la que también nos habló contándonos la peripecia que relata el autor de las notas al programa Ramón Avello en El Comercio de la partitura original que dirigiese Benito Lauret a la Orquesta de Cámara de Asturias (después OSA, Orquesta Sinfónica de Asturias con Víctor Pablo Pérez, predecesora de la actual OSPA), quemándose en un enero de 1979 fatídico los bajos del Campoamor con instrumentos y parte del archivo de la orquesta, entre otros papeles, la partitura original y las ‘particellas’ de esta obra de Vázquez del Fresno, cual fuego purificador, pues el autor a partir de una grabación casera en cassette (como lo hacía yo con él en Mieres) rehizo la orquestación con la visión y oficio que dan los años y la experiencia.

La obra de Schumann dirigida por Cristóbal Soler (debutando con la OSPA aunque conocido en el foso del Campoamor en la temporada de zarzuela) sería la que abriría velada, selección de esta obra de piano de la que el maestro Vázquez del Fresno contó su acercamiento en París tras arduo trabajo con el Dante de Liszt, y cómo su profesora le dijo la dificultad que entrañaba esta aparente obra didáctica, música pura más allá de los títulos, así que el orquestarla vendría tanto de oficio y conocimiento de la partitura como del espíritu docente en tanto que resulta ideal para su interpretación por parte de orquestas de conservatorio como el propio Vázquez del Fresno comentaba en la conferencia. Nueve números, breves, bien elegidos y orquestados que «engrasan» tanto a la formación en plantilla habitual como a las secciones que tienen todas su protagonismo, con exigencias que desde el podio hacen predominar unas u otras en auténtico trabajo de orfebre, un «piano sinfónico» posibilitando distintas dinámicas y planos imposibles en las teclas pero soñadas y sonadas en la orquesta del director valenciano, múltiples colores de la composición original que un músico global como el gijonés ha llevado a lograr lo imposible, en el mismo camino que Rueda con Albéniz por citar a un contemporáneo suyo que también la OSPA ha interpretado. El público que acudió en mayor número que anteriores conciertos, aplaudió la «revisión» de estas piezas obligando a salir y saludar al profesor Vázquez del Fresno.

Peter Pearse es el flautín de la orquesta (entrevistado en OSPA TV) y buen representante de la calidad de todos sus solistas, a los que se les da la oportunidad de dar el paso al frente para un concierto con ellos, caso del Concertino para piccolo, cuerda y clave (1979) del inglés Allan Stepheson (1949), obra y solista que derrochan amabilidad, simpatía, carácter afable y gracejo, casi un juguete lleno de humor y delicadeza con cuerda de casa y clavecinista también conocida en un verdadero transporte al pasado barroco «revisitado» más que revisado, maravilloso comprobar la belleza sonora del instrumento más pequeño de la orquesta cuando se escribe y ejecuta con la maestría del undécimo de abono. Guiños de humor a obra y compañeros desde el Allegro amabile, recuerdos clásicos con aires de pavana francesa del hermoso Molto lento y la virtuosa última Marcha: Allegretto. Impresionante la sección de cuerda de la OSPA junto al «contrapunto» del clave de Silvia Márquez redondeando una obra de nuestro tiempo con aromas académicos y regustos románticos.
No digamos la propina de Bach y su Badinerie de la Suite nº 2 (aún fresca en el oído) en octava aguda y ornamentada con el gusto y pureza sin estridencias de un flautín de cuento junto a una OSPA aún más de cámara, ideal con el Maestro Soler que la llevó con claridad y dominio. Ramo de flores de Myra Pearse para su esposo y colega junto a todo el cariño de un público y compañeros de la orquesta que le aplaudieron largamente.

El siempre necesario de escuchar Franz Schubert ocuparía toda la segunda parte, de nuevo con la plantilla habitual de la orquesta asturiana y el invitado maestro Soler (entrevistado en OSPA TV) llevándola literalmente de la mano, delicadeza y firmeza, primero con Rosamunda: obertura, D. 644 de ideas claras en discurso, tiempos y sonoridades, para leernos a continuación el maestro valenciano la carta de Franz a su hermano Ferdinand al inicio de su enfermedad, cuya muerte le llegaría en plena composición de la Sinfonía nº 8 en si menor, D. 759 “Inacabada”, una escucha que nos dejó con la sensación de plenitud y gratitud, todo en su sitio interpretado con naturalidad fluyendo en todos. Y es que no pueden faltarnos los grandes sinfonistas a lo largo de la temporada, son nuestra memoria colectiva y casi obligados para toda formación orquestal, más cuando se les hace trabajar con seriedad, disfrutando del sonido claro y preciso de cada familia orquestal en el punto adecuado, con la búsqueda y elección de la tímbrica justa con las dinámicas y balances deseados.

La obertura del ballet ayudó a «completar» este Schubert vienés con unos matices capaces de acallar toses y disfrutar «pianissimi» emocionantes, brillando especialmente el oboe de Juan Pedro Romero, el clarinete de Andreas Weisgerber, el trío de trombones y de nuevo esa cuerda «marca de la casa» donde los violonchelos pusieron la voz a la conocida melodía de «la inacabada», paso del clasicismo al romanticismo que nunca muere cuando se le interpreta como este viernes.

Pidiendo PaSO

Deja un comentario

Viernes 20 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y literatura II», abono 10 OSPA, Mario Gas (narrador), Perry So (director). Obras de Sibelius y Wagner.

Cada concierto de la OSPA con nuestro «colaborador artístico» por no llamarlo director invitado de esta temporada es una satisfacción para el poco público que comienza a preocuparme aunque podría dar algunas causas. Este décimo programa de abono, «Música y literatura II», nos traía dos obras que Perry So explicaba a Fernando Zorita en OSPATV perfectamente y nos refleja el trabajo meticuloso y detallista junto a la pasión que contagia a todos, maneras de pensar y sentir la música desde un profundo conocimiento de ella, dos mundos sinfónicos desde su visión personal y con esa gran orquesta asturiana deseada cuya ampliación se llevó la tijera económica. Gracias a la colaboración con el CONSMUPA pudimos tener una formación con los mínimos refuerzos habituales y doce estudiantes para dos partituras inmensas poco escuchadas. Los músicos comienzan a jubilarse y los jóvenes piden paso, la renovación debe planificarse con tiempo para mantener la calidad alcanzada por una OSPA a la que debemos exigirle siempre lo mejor. Este viernes pudimos comprobar cambios puntuales en los atriles realmente esperanzadores. Lástima no haber tenido tres o cuatro contrabajos más porque el resultado global todavía hubiera subido enteros y la ausencia de RNE que graba normalmente los conciertos en el Auditorio.

La Tempestad, op. 109 (Sibelius) se presentaba en una selección del propio director con quince (de los 34 números) que conforman las dos suites, en un orden personal con la narración de los textos de la obra de Shakespeare traducida al castellano por Ángel Luis Pujalte en la voz de Mario Gas, interpretación que completaría esta música con «visión literaria» bien explicada por Hertha Gallego de Torres en las notas al programa (enlazadas arriba en el compositor) cuya ecualización fue mejorando a lo largo de la obra aunque pillase por sorpresa alguna vez a los responsables del sonido, actor pero sobre todo artista muy ligado a distintas producciones que explican la buena dinámica y entendimiento con la partitura del maestro So.
Orquestación poderosa en todas las secciones para ir poniendo imágenes a esta banda sonora del finlandés inevitablemente romántica cargada de contrastes anímicos, rítmicos, dinámicos, con recuerdos casi folklóricos de la cercana Rusia en distintas danzas para esta festiva singladura por los mares personales. Maravilloso comprobar la calidad de todos los solistas, unas secciones compactas y los planos a flote con buen rumbo bajo capitaneados con mano firme, clara, precisa y  con mando en plaza del maestro. Tras la tempestad inicial vino la calma, momentos de mar como un plato y de oleaje sonoro con calma chicha, no por quietud sino de meditación y remanso en la turbulencia de la propia vida traducida a música sin texto y textos sin música antes de la confluencia. Como la letra del epílogo «vuestro aliento hincha mis velas o fracasará mi idea, que fue agradar. Sin dominio sobre espíritus o hechizos, me vencerá el desaliento si no me alivia algún rezo tan sentido que emocione al cielo y excuse errores«, verdadera ímpetu siempre controlado agradando sin desaliento alguno emocionando a cielo y tierra esta interpretación de este Sibelius rarísimamente escuchado en vivo que completa a más habitual sinfónico todavía por descubrir.

Plenamente romántico y con historia marinera el mito de Tristán e Iseo, surcando de Grecia al universo wagneriano, la música pura de Tristán e Isolda (Wagner) en esta suite arreglada por el holandés Henk de Vileger (1953) en 1994 nos permitió degustar sin cantantes la impresionante construcción del genio alemán en esta «música sin palabras» en siete números de intensidades y emociones graduadas teatralmente reconociendo esa música inimitable. Personalmente creo que Guillermo García Calvo ha ido haciendo a la OSPA más wagneriana, emergiendo del foso del Campoamor al escenario del Auditorio, subiendo por el Campo de San Francisco hasta la colina húmeda para desnudar la palabra y disfrutar la música en estado puro. Con Héctor Corpus de concertino las calidades instrumentales no cesaron nunca, trompas conjuntadas de sonido ateciopelado, trombones y tuba de textura organística en catedral aérea, arpa en el plano adecuado, timbales seguros, madera de color empastado, cuerda dulce o tensa adaptándose al discurrir dramático, Perry So preciso, batuta rectilínea y enérgica cual estilete y mano izquierda atenuando cualquier mínimo exceso que pudiera enturbiar esta historia de amor mitológica.

Conjunto sólido, eficaz, con músculo y delicadeza sumándole unos solistas de lujo como el clarinete bajo de Daniel Sánchez Velasco, la viola de María Moros cuya colocación este viernes permutadas con los violonchelos nos impidió degustar aún más su sonoridad, pero sobre todos el corno inglés de Juan Pedro Romero capaz de enamorarnos en solitario desde el segundo piso y llegar a tiempo para esa escena final de Isoldes Liebestod, una muerte como final argumental romántico y perfecto en un concierto esperado que no decepcionó.

Mieres escuchando la voz en el musical

Deja un comentario

Martes 17 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La Voz en el Musical. Con las voces de Silvia I. Fraga, Cristóbal Blanco Fernández, Carla P. Fraga, Aisha F. Romero, Marcos Suárez Fernández (piano). Entrada: 5 €.

Segunda jornada de la semana dedicada a la voz con un recital dedicado al musical, en plural si se quiere, musicales de Broadway o Londres que se han llevado al cine ayudando a su difusión y popularidad. Poco público como en el día anterior pese al debut de Aisha, una joven mierense que promete, sumándose una saga familiar como Silvia con su hija Carla compartiendo escenario aunque no temas. Dos jóvenes promesas debutantes que cantan con esa naturalidad y espontaneidad únicas por su edad, preparándose para una carrera que el tiempo dirá si la disfrutarán como aficionadas o profesionales pero comenzando ya esta andadura. Completaría el escenario un veterano como Cristóbal Blanco que en este repertorio se mueve como pez en el agua por voz y escena, mientras al piano volvía Marcos Suárez quien este martes tenía no ya la responsabilidad de acompañar sino de tocar unas obras cuyas partituras son meros guiones que no ayudan a completar las armonías y ritmos de una orquesta ligera original, así como su «obligación» de mimar a las voces, especialmente las más jóvenes, para llevarlas por el camino seguro. La experiencia es un grado y los llamados pianistas repertoristas deben trabajar épocas y estilos tan dispares como el del lunes o este dedicado al musical, tan difícil y exigente que también ellos acaban especializándose, por lo que mucho ánimo a Marcos que es un «todoterreno».

Leves cambios en el programa y casi todos los temas presentados por los intérpretes e incluso traducidos al respetable por ser inglés el idioma de este género con un público fiel en todo el mundo, ganándole terreno incluso a otros, con Madrid sumándose hace años a las capitales donde triunfa el musical.

Le tocó romper fuego a  Silvia I. Fraga con el bellísimo tema de «Los Miserables» I dream a dream (Claude Michel Schönberg), soñar un sueño para continuar con la canción irlandesa You Raise Me Up del noruego R. Løvland y que popularizase el grupo Il Divo, voz trabajando registros y colores que le queda encontrar aunque esté en el camino y las manos correctas.

Cristóbal Blanco nos dio la bienvenida con la música de Kander y Ebb para el «Cabaret» en tres idiomas: francés, inglés Welcome y Willkommen alemán invitándonos y contagiándonos de la música entreguerras popularizada en la película de Liza Minelli, continuando con el melódico She de Charles Aznavour usado en «Notting Hill», con un piano algo «perdido».

Para las más jóvenes se utilizó un micro discreto que ayudó a disfrutar primero de Carla P. Fraga cantando Smile de Charles Chaplin, jovencísima, con ese sentimiento natural y sin miedos sabiendo esperar al piano, respirar y afinar en pleno aprendizaje, y otro tanto en Cry me a river (Arthur Hamilton), dominando el inglés y templando con el piano.

No se quedó atrás Aisha F. Romero, aún más joven cantándonos el famoso Edelweiss (Rodgers/Hammerstein) de «Sonrisas y lágrimas», mala traducción del inglés «The Sound of Music» (El sonido de la música), musical de referencia para muchas generaciones, también para Aisha, aún de voz pequeña que crecerá con los años y el estudio pero sin complejos sobre el escenario, y aún mejor el Ave María (Michael Lorenc) con esa naturalidad infantil inimitable que espero mantenga hasta el cambio fisiológico porque la espontaneidad junto a la musicalidad no deben perderse en el canto.

Retomando la pareja de adultos nos iríamos al «Moulin Rouge» primero con Silvia
y One Day I’ll Fly Away (Sample / Jennings) imaginándonos en la película a Nicole Kidman con algún desafine que el piano no pudo subsanar, y Cristóbal el tema de Elton John que aparecía también en ese musical Your Song en su onda de convencer al cantar sin copiar ni imitar, sacando unos agudos propios que dieron el sello personal.

De lo mejor del recital y con ese punto canalla del que avisó y le va genial pese al piano inseguro que le faltó la misma onda espectacular casi histriónica, Cristóbal se marcó el tema de Herodes del «Jesus Christ Superstar» (A. Lloyd Weber / Tim Rice) realmente espectacular, entendiendo como nadie qué es un musical, ópera rock, teatro cantado y dominador de la escena, además del idioma de Shakespeare pudiendo haber elegido la versión española.

Otro de los musicales que tiene verdaderas joyas para las voces como es habitual en Andrew Lloyd Weber e igualmente llevado a la gran pantalla, «El Fantasma de la ópera» nos permitió escuchar el dúo All I Ask of You con buen color y empaste entre ambos antes de que

Silvia nos interpretase Wishing You Were Somehow Here Again, esa conversación de la protagonista en el cementerio con la tumba de su padre, bien en general aunque le falte esa seguridad y naturalidad que el tiempo y estudio consiguen pero bien asentanda aunque nuevamente el piano por escritura no ayude. Seguiría Cristóbal con The Music of the Night solvente en escena y canto con un registro grave hermoso y más natural a veces que sus agudos, con este tema que le va perfecto por intimismo, estilo y gusto. Cerrando esta selección la protagonista del musical Christine en la voz de Silvia cantaría Think of Me con ese guiño final operístico y exigente técnicamente que muestra las dificultades que esconde el musical cuando se quiere hacer honesto y con calidad, sin artificios y desde el respeto a la música.

El colofón nada menos que con The Quest, la búsqueda del sueño imposible, perteneciente al musical «Man of La Mancha«, El Hombre de la Mancha que en España cantasen José Sacristán con Paloma San Basilio (y en el cine Peter O’Toole y Sofía Loren), excelente elección y casi ideario de lo que supone trabajar la voz, estudiar canto y adaptarse a los diferentes estilos con técnicas distintas pero que dominándolas pueden dar a los intérpretes satisfacciones en todos ellos para conseguir emocionarse y emocionarnos.

Mieres por una tarde fue capital musical y del Musical. Mañana las voces serán femeninas y corales…

Amen este Viernes de Dolores

Deja un comentario

Viernes 23 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario OSPA, Mª José Moreno (soprano), Ana Ibarra (mezzo), Pablo Bemsch (tenor), David Menéndez (barítono), Sociedad Coral de Bilbao (Enrique Azurza, director), Perry So (director): Dvorak: Stabat Mater, op. 58.

Viernes de Dolores, anterior al Domingo de Ramos e inicio de la Semana de Pasión, perfecto para programar en este concierto extraordinario, en todos los sentidos, el Stabat Mater de Antonin Dvorak (1841-1904). Aclarando algunas dudas sobre el texto latino para la fiesta de los Siete Dolores de la Virgen al que el músico checo decide ponerle música, texto atribuido al jurista y hermano lego de la orden franciscana Jacopone da Todi (1230-1306) no es correcto puesto que vivió en el siglo XIII. Inspirado directamente en el Evangelio de San Juan es justo comentar que​ la «Fiesta de los Siete Dolores» se conmemora por la Iglesia de occidente dos veces al año: este viernes de la semana de Pasión que llamamos «Viernes de Dolores», y también el 15 de septiembre. La primera de estas conmemoraciones se instituyó en Colonia y otras partes de Europa en el siglo XV, llamándose por entonces «Memoria de los Sufrimientos y Penas de la Santísima Virgen María», y dedicado especialmente a los sufrimientos de Nuestra Señora en el curso de la Pasión. La festividad, ya con el nombre de los Siete Dolores, se extendió por toda la Iglesia occidental en 1727, por lo que el texto latino no fue compuesto para dicha fiesta al ser del siglo XVIII como tal, así que Dvorak conocería la fiesta pero Jacopone da Todi no. Gracias a mi «hermanina Rosa» por sus sabias matizaciones. Y de los textos latinos incluidos en la revista nº 19 de la OSPA donde su portada es precisamente Perry So, reflejar que aparece también la versión castellana rimada de Lope de Vegaque durante algún tiempo fue aceptada por la Iglesia española como traducción oficial del texto.

Entrando ya en la parte musical decir que esta temporada el colaborador artístico de la OSPA es Perry So, director con el que nuestra orquesta siempre ha funcionado por la confianza que demuestra, el trabajo riguroso, la claridad y especialmente la energía contagiosa. El sonido que alcanzan con el director chino es aterciopelado sin perder presencia ni tensión en la cuerda, con la madera dando el «bouquet» y los metales siempre seguros y confiados, sin olvidarme de los timbales hoy en un lateral por la colocación del coro, o el órgano en el otro, echando de menos en el auditorio asturiano un órgano como el de su homónimo bilbaino por no pedir el de Madrid. En la edición del pasado año del macro festival “Musika Música” que se celebra todo un fin de semana en el Palacio Euskalduna, pude disfrutar de este mismo concierto dentro de la temática Bohemia, con un elenco casi idéntico al de este Viernes de Dolores: So al frente de la OSPA junto a la Coral de Bilbao y el barítono asturiano David Menéndez, aunque esta vez escoltado por la soprano Mª José Moreno (aunque en la Web de la orquesta figurase Isabel Rey), la mezzosoprano Ana Ibarra y el tenor argentino Pablo Bemsch. Los «dolores» se tornaron placer por el resultado global.

El cuarteto solista me pareció buena elección por solvencia, empaste y en las distintas intervenciones tanto con el coro en el número inicial, ellos cuatro y las partes solistas así como los dúos verdaderamente emocionantes, destacando especialmente ellas, conocidas hace tiempo, con una Moreno poderosa y el Inflammatus de Ibarra divino. Nuestro paisano Menéndez es un barítono que saca brillo al papel original de bajo aunque los graves estén pero no alcanzan el color ni la pegada de una cuerda donde escasean voces, por lo que la opción de barítonos sigue siendo socorrida y en el caso de David seguro en los potentes agudos a los que la cuerda más grave no atacan con la comodidad del asturiano. Mi tocayo argentino Bemsch, fue la parte «más débil» del cuarteto pero dando el difícil equilibrio nunca fácil al conjunto, insistiendo en el acierto.
La centenaria Sociedad Coral de Bilbao que ahora dirige Enrique Azurza, mantiene ese sonido de los coros vascos aunque más por número que por calidad, algo mermada por una media de edad alta en las voces graves y algo más joven en las blancas, lo que no empaña en absoluto el esfuerzo y preparación de esta maravillosa obra donde ellos llevan el peso del pueblo.
Personalmente me quedo con esos placeres que va dando el tiempo, y si en Bilbao presumía de asturianía por nuestra orquesta y barítono, con baja de titular cubierta por un So entonces inconmensurable, comprobar que lo ya hecho funciona me presta, como decimos aquí, todavía más. Dando tiempo de ensayo y otra actuación el día anterior en Gijón es normal conseguir el merecido éxito con el público en pie, todavía mayor que el referido en la capital vizcaína. Reposar la partitura y retomarla de nuevo dio al Stabat Mater el poso necesario a todos: orquesta, coro y solistas más este director que engaña por su apariencia frágil pero siempre con las ideas claras y los gestos precisos, redondeado este obra de Dvorak donde el dolor personal y biográfico, como escribe Juan Manuel Viana en las notas al programa, encuentra la esperanza en la belleza. Me gusta jugar con las palabras y cambiar el acento de lo último cantado: amen.

Mi reseña en La Nueva España del sábado 24 y la crítica el domingo 25.

Mieres suena en Oviedo

2 comentarios

Domingo 11 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Banda de Música «Ciudad de Oviedo»: Conciertos de Invierno. Banda de Música de Mieres, Antonio Cánovas (director); Banda de Música «Ciudad de Oviedo», Francisco Vigil (director).

La música de banda sigue teniendo un público fiel además de ser no solo cimiento de melómanos sino el laboratorio de compositores actuales que encuentran las sonoridades específicas en estas formaciones, también cantera de instrumentistas y afición para una juventud no siempre visibilizada en unos tiempos donde los estudios no reglados parecen olvidados. Mi aplauso y admiración al sacrificio de horas y horas de ensayos en casa más los conjuntos para poder disfrutar de conciertos como este dominical que sigue llenando cada mes el auditorio de la capital.

Quienes me leen conocen mis raíces de melómano con la Banda de Mieres a la que escucho cuando puedo y de la que me declaro incondicional desde su renacer gracias a la la Asociación Mierense de Amigos de la Música allá en 1991, un año para no olvidarme al ser el de mi boda así como el de la fundación de la OSPA. Con el murciano Antonio Cánovas Moreno (Totana, 1979) «nuestra banda» no solo se ha consolidado y rejuvenecido sino que conocedor del excelente material humano y musical con que cuenta va aumentando las exigencias poco a poco afrontando repertorios impensables hace poco y con una calidad pareja a la banda anfitriona que invitó a la mierense a este ciclo de conciertos invernales, abriendo la velada (dejo a continuación el programa inicial que he retocado para la foto de portada y dejarlo en el orden correcto).

En un año pero especialmente desde Santa Cecilia la evolución de la Banda de Música de Mieres sigue imparable y escucharla en el auditorio con un programa casi sinfónico no solo me llenó de satisfacción y orgullo sino de felicidad por el repertorio elegido y su profesionalidad en la interpretación disfrutando de una acústica perfecta para las obras y autores elegidos.
No puede faltar nunca un pasodoble en un concierto de banda, apostando por el nuevo repertorio que avanza en lenguaje y texturas sin perder nunca el origen bailable. El Torico de la Cuerda (2002) de Luis Serrano Alarcón (Valencia, 1972) es una muestra de ello y encargo del Ayuntamiento de Chiva, dejando enlazadas en todos los títulos algunas interpretaciones aunque por otras formaciones distintas a las de este domingo por no perder mi afán didáctico en compartir y dar a conocer lo que tocan nuestras bandas hoy, aquí escritura de un músico valenciano cuya procedencia ya puede darnos idea de lo que supone a nivel musical y más en una carrera internacional que comienza a recoger sus frutos.

La generación de compositores españoles actuales dominan la técnica compositiva y todo tipo de instrumentaciones sean sinfónicas, camerísticas o corales. Hace dos años y con motivo de la exposición Aqva de «Las Edades del Hombre» descubrí al toresano David Rivas (1982) al que pude saludar en persona al finalizar este concierto, presente para disfrutar con La ruta del Cid (2017), cuatro movimientos aplaudidos cada uno al no figurar en el programa: «1. El inicio de una leyenda; 2. El deber de un guerrero, luchar por su señor; 3. Nostalgia. Jimena en su corazón; 4. Fiesta final: El Cid llega a Valencia«. Música épica sin necesidad de imágenes aunque funcione cual banda sonora (eso es un «Poema Sinfónico»), con despliegue de percusiones variadas y utilizando un teclado electrónico emulando el arpa para suplir ésta, sin desmerecer por sonido, intención y limpieza, sumándole las voces de los propios instrumentistas cual coro u otro instrumento engrandeciendo tímbricas incluso con gritos de guerra enarbolando maderas y metales, sin faltar un clarinetista haciendo de narrador en el primer número. Me impresionó la amplia gama dinámica de los mierenses tanto en los delicados pasajes cantabile de flautas y clarinetes como en los poderosos de los metales y la precisión para los exigentes cambios rítmicos y de compás perfectamente indicados y llevados por el Maestro Cánovas. El compositor subió a dar su plácet a la banda mierense y a su director recogiendo los aplausos merecidos de un público fiel y entendido que disfrutó con esta composición del zamorano.

A continuación una verdadera banda sonora, Alatriste de la que el compositor murciano Roque Baños (Jumilla, 1968) adaptó esta Suite que la Banda de Música de Mieres interpretó en Oviedo, una prueba de fuego más donde junto al teclado con sonido de arpa se unió una guitarra española (recordando el Aranjuez de Rodrigo) que dieron algún problema de afinación al estar amplificados y que hizo se notara más, al igual que cuando entró el sonido de órgano, lo que no empañó una interpretación de altura sinfónica donde brillaron todas las secciones y solistas, queriendo destacar además de los «habituales» clarinete, trompeta o flauta al trío femenino de trompas, de sonido compacto, aterciopelado y valiente.
Y de propina otro de los compositores actuales que mejor escribe para banda (todavía resuena en mi cabeza el Libertadores): el alicantino Oscar Navarro (Novelda, 1981) con el pasodoble Andrés Contrabandista donde Don Antonio apenas necesitó dirigir demostrando el duro trabajo previo de ensayos, dejando sonar a sus músicos para escucharse unos a otros haciendo música de calidad sinfónica con menos medios de los deseados pero toneladas de ilusión. Lo dicho, orgulloso de la banda de mi pueblo.

El maestro Francisco Vigil Sampedro volvía un año después de su «jubilación» al frente de la Banda de Música «Ciudad de Oviedo» en una segunda parte igual de exigente y poderosa que la primera por obras y autores seleccionados, menos actuales pero dignos de escucharse cuando hay plantilla para ello y la banda carbayona la tiene desde su fundación en 1992, contando con varios profesionales.
Así la obertura Tantaluqualen (1868) del austrohúngaro Franz Von Suppé (1819-1895) recordándome cuánta música sinfónica se adaptó para las bandas siendo nuestras primeras tomas de contacto en vivo con repertorios inalcanzables.

Más cercana en el tiempo la composición The idol of the flies (2008) del suizo Franco Cesarini (1961) que tiene de subtítulo «A Tone Poem after Jane Rice, Op. 13» de lenguaje actual en cuanto a investigador de texturas y empleo de amplia percusión casi necesaria pero con toques académicos y buena instrumentación para bandas, que la capitalina interpretó segura bajo la sabia batuta del Maestro Vigil. En la onda de bandas sonoras de la primera parte mierense, esta partitura inspirada en la historia de un niño huérfano que tiraniza su entorno e invoca repetidamente un «ídolo de las moscas» como símbolo de su poder, y con eso él realmente llama al diablo, cuyo nombre traducido por Beelzebub es «El ídolo de las moscas», Cesarini no cuenta la trama exacta de la historia truculenta sino que reproduce su atmósfera densa y sombría.
La Suite op. 66 The crown of India (1911-12) del inglés Sir Edward Elgar (1857-1934) en los cinco movimientos seleccionados por el compositor volvía el mundo de las orquestas sinfónicas «recreado» desde las bandas sinfónicas (las nuestras sin cuerda), a mayor gloria del imperio con la música ensalzando el poderío no exento de exotismo, y donde los saxofones cantan mejor que los cellos, destacando los solos del clarinete y concertino Isidoro Otero y del mierense Juan Flores al saxo alto.

No podíamos marchar sin propina y además un pasodoble, Guadix del vasco Primitivo Azpiazu (Zumárraga, 1912-1990), la forma española por antonomasia, paso doble inigualable que estas formaciones tienen la obligación de mantener, mejor cuando tenemos composiciones de tanta calidad como las elegidas para este tarde de domingo, dos generaciones que mantienen viva la música de banda.

Lienzo sonoro busca pintor

1 comentario

Viernes 9 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Los colores de la orquesta«, abono 8 OSPA, Leila Josefowicz (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Bernstein, Zimmermann y Prokofiev.

La OSPA devolviendo la visita de enero a la Real Filharmonia de Galicia (y ausente esta edición 2018 de «Musika Música» en el Euskalduna de Bilbao), llegaba de Santiago donde interpretaría el día anterior este octavo de abono todavía con Milanov al frente (ya lleva cinco años), para rendir homenaje al gran Leonard Bernstein (1918-1990) en su centenario, pero también al menos conocido Bernrd Alois Zimmermann (1918-1970) y completando velada una página del gran sinfonismo, viernes ruso de Prokofiev con su quinta (mantengo mi teoría musical de «no hay quinta mala» parafraseando el refranero). Pero incluso podrían haber celebrado el 8M dado que la solista invitada, Leila Josefowicz(Toronto, 20 octubre 1977) de origen polaco y afincada en Nueva York, encabeza una lista de grandes violinistas engrosando otra aún mayor de mujeres triunfando en el mundo musical.

La música de Lenny sigue sonando actual, nuestra, ágil, luminosa, «made in USA» que siempre presumió de este músico integral. Su Divertimento para orquesta (1980) es puro espectáculo sinfónico, algo que Milanov conoce bien en su trabajo al otro lado del charco y le funciona, aunque en la vieja Europa los gustos sean otros, si se me apura más «conservadores». Las notas al programa de Miriam Perandones (enlazadas al inicio en cada compositor) explican perfectamente el programa elegido comenzando con la partitura escrita para el centenario de la Orquesta Sinfónica de Boston. Ocho danzas que combinan la historia musical yanqui, herencias y adopciones con el impulso rítmico tan característico de Bernstein plasmando virtuosismo a todas las secciones orquestales de las que la OSPA puede presumir, aunque las dificultades estén en poder ser fieles a la partitura sin claridad gestual en la tarima (la batuta por momentos tan baja parecía reflejar oscuras intenciones). Prefiero cerrar los ojos antes de mirar al podio porque casi nunca coincide con lo escuchado, máxime en compases de amalgama y polirritmias nunca marcadas que dan el sello típico de estas músicas capaces de unir tradición y modernidad.
Lujo nuestros instrumentistas aunque pienso innecesaria la puesta en escena imitando las bandas de jazz donde los solistas se ponen en pie, finalizando todos la octava Marcha «The BSO Forever» que incluso bisaron (algo raro en la OSPA) cual banda sinfónica. Colorido musical de Broadway, de esos cafés en blanquirojo con café recalentado, patatas fritas, batidos de fresa y hamburguesas. La importancia del detalle que hace cambiar el menú según cómo y dónde se sirva…

 

Impresionante el Concierto para violín (1950) de Zimmermann con Leila Josefowicz de solista. Me quedé con las ganas de disfrutarla en «Los Conciertos del Auditorio» allá por febrero de 2009 con la Orquesta Sinfónica de Islandia que la crisis truncó anulando la gira prevista. Ocho después y como si el destino quisiera pagarnos deudas pendientes, por fin venía a la capital asturiana. Escucharla en la entrevista para OSPATV hablar de este concierto para violín de Zimmermann nos hace entender la pasión por la música de nuestro tiempo, «actual» y agradeciendo se programe siempre que sea posible, siendo esta violinista auténtica activista en estrenos en ella pensados. Su sonido, entrega y pasión engrandecen este concierto de forma clásica pero rompedor en el momento de su escritura etiquetada de vanguardia aunque este no lo sea, estética neoclásica como su propia vida en cierto modo paralela a la de Bernstein, con tantas interrogantes y dudas místicas, filosóficas, vitales incluso en ambos, ritmo cual motor humano desde el origen pero con el poso europeo del alemán. Los títulos de cada movimiento parecen dejar sobre la mesa sus intenciones así como la opción elegida: Sonata el primero, más allá de la propia forma o el origen del «sonare», el segundo Fantasía  por emociones y distintas fuentes inspiradoras tanto en el violín como en la orquesta, exuberancia por doquier que tampoco necesita mayores gestos (la ampulosidad está en los pentagramas) con un virtuosismo impactante hasta el Rondó final, verdadero colorido musical, evocador del jazz con una marimba poniendo pinceladas en el sitio preciso, recuerdos de películas americanas cuyas mejores bandas prepararon los compositores europeos, nuevos paralelismos de dos compositores nacidos hace 100 años bien entendidos por estas generaciones donde la formación marca diferencias, y la OSPA con Leila resultó el mejor lienzo en busca de pintor.
La propina el final de Lachen verlernt (Essa Pekka Salonen) de reminiscencias primaverales en la Polonia natal, de la música judía, aires de Armenia, explosión tímbrica de virtuosismo ya desde sus años como niña prodigio pero asentado desde la madurez de la vida, pura belleza con dolor y color.

Aunque estemos en el 2018 se mantienen las recetas de los conciertos: apertura más o menos contemporánea, un concierto solista y segunda parte con el mundo sinfónico. Prokofiev como gran orquestador augura espectáculo cuando hay calidad, y su Sinfonía nº5 en si bemol mayor, op. 100 (1944) remató un concierto lleno de color y calor por parte de una formación capaz de expresar todo lo que la partitura esconde, ceñirse al estilo y seguir las dinámicas marcadas, más claras que pulsación, entradas o cambios de tempo. Desconozco si el hilo conductor buscado para este programa era el número 100 y Bernstein  aunque se titulase «Los colores de la orquesta», pues el acierto fue pleno y el americano comentaba de esta quinta, como bien recoge la profesora Perandones en sus notas: «… una de las mejores sátiras de Haydn, incluso afirmó que fue la única obra que, al oírla, le hizo estallar en carcajadas por la incongruencia entre la formalidad del siglo XVIII y la modernidad del lenguaje del siglo XX«. Prueba superada por los músicos aunque resultara en cierto modo monocromática y no sobre el rojo pasión sino más bien en toda la paleta de ocres pese a la riqueza de esta sinfonía rica en efectivos (abundante percusión y piano) que se lucieron sin necesitar ponerse en pie. Destacar el protagonismo del viento, siempre excelente, y especialmente los metales buscando esa épica que supone afrontar conciertos como el de este viernes.
Por lo menos Perry So, al que bauticé «pintor de sonidos», nos traerá el Stabat Mater de Dvorak que pude disfrutar el año pasado en Bilbao.

Y lo raro de una propina en los conciertos de abono por parte de la OSPA, bisando a Bernstein el In memoriam para mayor gloria de Milanov, The OSPA Forever y «That’s all folks«. El propio Lenny y su sentido del humor que no nos falte…

Older Entries Newer Entries