Gracias a Codalario y las redes sociales me entero, y quiero compartir desde este blog, que Laura Mota Pello (Oviedo 2003), mi querida y admirada pianista, ha pasado a la final de prestigioso Aarhus International Piano Competition, en el este de mi siempre añorada Jutlandia (Dinamarca), en la Categoría A (nacidos entre el 11 de marzo de 2001 y el 10 de marzo de 2006).
Si el concierto ofrecido hace unos días en Gijón apuntaba seguridad en un repertorio impresionantemente difícil junto a ese talento innato, el trabajo bien hecho con su maestro Francisco Jaime Pantín ya ha tenido recompensa. Basta ver el plantel global y de los 10 finalistas para hacernos una idea del nivel de esta competición con una pianista que nos dará muchas alegrías. El repertorio exigido es difícil y para unos elegidos, como siempre en estos concursos internacionales, pero la madurez de esta joven cuando se sienta al piano hace tener buenas vibraciones, y estar ahí es todo un premio.
Aquí dejo incrustado el vídeo del propio canal en YouTube© que tiene el AIPC con la intervención completa de Laura Mota, todo un placer escucharla y verla:
Y como siempre hago con mis amistades musicales, #MUCHOCUCHO para la final del próximo viernes 17 cerrando la sesión a las 17:30 horas. Habrá que estar atento a internet…
Laura Mota finalista en Aarhus
15/03/2017
conciertos, música, piano, viajes AIPC, concurso, Laura Mota Pello, piano 1 comentario
Mieres celebra la semana internacional de la voz
15/03/2017
Asturias, conciertos, educación, lírica, música, piano, recital Ángel Embil, Bizet, conciertos, educación musical, Elisabeth Expósito, estreno, Granados, lírica, música, Mozart, Omar Navarro, Rossini, voz Deja un comentario
Martes 14 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «España, fuente de inspiración»: Elisabeth Expósito (soprano) y Omar Navarro (piano). Obras de Á. Émbil, O. Navarro, E. Granados, W. A. Mozart, G. Bizet y G. Rossini. Entrada: 5 €.
Aunque el día mundial de la voz se celebra el 16 de abril, todo los días debemos concienciarnos de su cuidado porque es nuestra principal herramienta de comunicación, y no digo para los muchos profesionales de ella (profesores, locutores, actores, cantantes…), por lo que no es baladí celebrar una semana de la voz en Mieres que esperemos tenga continuidad cada año, buscando todos los aspectos relacionados con un instrumento que cuando se hace musical para a convertirse en arte.
Las fechas para este 2017 coincidían con el periodo vacacional de la Semana Santa, por lo que encontrar huecos en el auditorio mierense se hacía difícil, así que serán estos días donde podamos disfrutar de varios conciertos, como así nos los presentó Elena Pérez-Herrero, una mierense de pro, cantante, profesora y coordinadora de esta semana que desde Haragei, con sede en Oviedo pero extendiéndose por toda España, continúa formando a generaciones de cantantes.
Este primer concierto nos trajo a Elisabeth Expósito y Omar Navarro que prepararon un programa titulado «España, fuente de inspiración» que daría para muchísima música, por lo que la elección se adecuó al repertorio donde no faltaron páginas líricas ni guiños a nuestra tierra, presentando cada obra dándole también ese aspecto didáctico que siempre se agradece.
Anxelinos es una añada o canción de cuna asturiana compuesta por Ángel Émbil Ecenarro (1897-1980), un guipuzcoano de Zumaia afincado en Asturias desde los diez años y asentado en Pola de Siero, quien además de crear escuela y dejarnos obras vocales para distintas formaciones, supo captar nuestro folklore como pocos, dejándonos esta delicia coral en su versión para soprano y piano.
Un placer escuchar obras nuevas, contemporáneas, más en las manos del propio compositor, Omar Navarro (Oviedo, 1983), quien además estrenaba en la versión con acompañamiento de piano Ya toda me entregué y dí, con texto de Santa Teresa de Jesús que Navarro convierte en un lied donde la voz de Elisabeth y el piano se complementan engrandeciendo desde la música las palabras de la Santa de Ávila.
Granados sigue de celebración porque su música es atemporal, y de sus Goyescas escuchamos el Intermezzo por Omar Navarro, haciéndonos recordar desde el piano la riqueza que en versión orquestal atesora esta joya, y con Elisabeth Expósito La maja y el ruiseñor, también llamadas quejas, casi continuación de las llamadas canciones de salón que tan de moda estuvieron a finales del siglo XIX, nuevo diálogo más que acompañamiento entre soprano y piano para una voz que gana quilates con el tiempo, fraseando estas páginas del catalán, completando este homenaje con la conocida Andaluza, la Danza nº 5.
El bloque final lo pondría la ópera con Sevilla siempre protagonista, desde Mozart con Don Giovanni y las arias «Vedrai, carino, se sei buonino» o «Batti, batti, o bel Masetto» con ingenuidad equívoca, o Las bodas de Fígaro y el «Venite, inginocchiatevi«, recreaciones escénicas de una Expósito que siempre ha elegido bien su repertorio, hasta la famosa «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini) con endiabladas agilidades y mucho sentimiento, sin dejar constancia de la barbaridad que suponen las reducciones orquestales para piano. No podía faltar tratándose de Sevilla la Carmen (Bizet) entre los genios de Salzburgo y Pésaro, con la versión para piano solo de Leopold Godowsky, un verdadero virtuoso para «recrear» los números de Escamillo («Toreador») y Don José («La fleur que tu m’avais jetée»), casi cantadas mentalmente en un ejercicio de vocalización interior tan importante para el estudio.
Recomiendo a quienes puedan acercarse estos días a esta celebración donde la voz tiene Música, con mayúsculas y sin etiquetas, distintos estilos y épocas para disfrutar como en casa.
Un piano en la niebla
10/03/2017
Asturias, clásica, conciertos, música, piano, sinfónica Auditorio de Oviedo, Beethoven, conciertos, Henry Cowell, Juan Pérez Floristán, Kerem Hasan, música, Oviedo Filarmonía, piano, Rachmaninov 2 comentarios
Jueves 9 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» (25 años): Juan Pérez Floristán (piano), Oviedo Filarmonía, Kerem Hasan (director). Obras de Rachmaninov y Beethoven.
Llegaba a Oviedo el pianista Juan Pérez Floristán, ganador del XVIII concurso de piano de Santander el verano de 2015, para interpretar con la Oviedo Filarmonía y el director Kerem Hasan, finalista el pasado año en el prestigioso concurso de dirección Donatella Flick, dos jóvenes que dejaron buen sabor de boca, con un Concierto para piano y orquesta nº 2 en do menor, op. 18 (S. Rachmaninov) bien pactado por ambos en cuanto a tiempos, reposados exigiendo aún más concertación, apostando por la claridad más que el puro virtuosismo. La OFil estuvo reforzada y bien equilibrada en dinámicas y presencias, aunque esta vez la cuerda, especialmente la grave (cellos y contrabajos) no sonaban con claridad, como con cierta nebulosa en los pasajes con figuras rápidas, si bien las notas largas alcanzaron el «colchón» ideal para los paisajes más melódicos dialogando con el piano. El trabajo del director inglés se notó y las cadencias del pianista sevillano fueron lo mejor del conocido «segundo de Rachmaninov» que rara es la temporada que no lo escucho en vivo. Como comentaba anteriormente, todo el concierto mantuvo tiempos tranquilos, mandando el pianista desde el I. Moderato que marca el pulso a la orquesta, reposado todo él salvo los momentos puntuales de aceleración, equilibrios algo inestables o contención en el solista, puede que buscando la fusión de ambos en las partes concertadas. El II. Adagio sostenuto dejó los mejores momentos, cuerda aterciopelada, trompas empastadas y madera bien cantada (la clarinetista mantuvo un duelo lírico realmente precioso así como el oboe) para disfrutar de esas melodías tan reconocibles y criticadas entonces como de conservadoras. El III. Allegro scherzando volvió a dejarnos esa neblina en los graves pese a sonar redondos, con metales equilibrados y percusión en su sitio donde los timbales siempre marcan encajando a la perfección con un piano que mantuvo el tipo en perfecto entendimiento con el director.
Interesante la primera propina elegida sobre un tema irlandés, The Tides of Manaunaun (Henry Cowell) que posteriormente utilizaría como primer movimiento para piano y orquesta de sus Four Irish Tales, con un lenguaje rompedor para hace cien años, «clusters», inmensos en los graves sobre los que emerge de la niebla, hoy casi omnipresente, la melodía popular, sonoridades intrigantes bien llevadas por Pérez Floristán. Merecidos aplausos y segundo regalo de los conocidos Cuadros de una exposición de Moussorgsky, el juguetón Baile de los pollitos en sus cáscaras de limpieza rítmica y melódica, tiempo valiente, tímbrica bella y excelente colofón para esta parte con piano.
La Sinfonía nº 4 en si bemol mayor, op. 60 de Beethoven está «incómoda» y aislada entre dos colosos (como son la Heróica y la Quinta) como también recuerda Luis Gago en las notas al programa (enlazadas en los autores al inicio) pero con la frescura que Hasan buscó en su versión bien estudiada y trabajada para una formación ideal en estos repertorios sinfónicos entre los periodos clásicos y románticos. Literalmente fue Robert Schumann quien calificó esta obra como «la grácil criatura griega en medio de dos gigantes germánicos», una cuarta que se ha visto injustamente relegada y no ha tenido tanto favor de orquestas y público pese a ser una joya bien estructurada apuntando palabras mayores en una progresión anímica desde la orquestación hasta los tiempos de sus cuatro movimientos.
El I. Adagio preparó el ambiente beethoveniano antes de la frescura vienesa al mejor estilo de «papá Haydn», sacando lo mejor de la OFil en el ataque del Allegro vivace con los timbales mandando, dinámicas amplias, violines muy presentes ante el empuje del viento pero la claridad duraba lo que tardaban los pasajes en semicorcheas que volvían a empañar la limpieza de este movimiento. Más equilibrado resultó el II. Adagio porque los tiempos lentos son más propicios a brillar todas las secciones y el maestro inglés se encargó de sacar a la luz los motivos con mimo y precisión, balances logrados antes del III. Allegro vivace – Trío. Un poco meno allegro, encaje de bolillos para todas las orquestas y directores, diálogo entre secciones, contestaciones jugando con los matices y la evolución de tiempos dentro del mismo movimiento, todo marcado perfectamente por un Hasan de gesto claro, minucioso, un orfebre para este juguete plenamente beethoveniano aunque desde mi modesta opinión no sonó con la precisión que se transmitiía visualmente. El IV. Allegro ma non troppo puso el broche final con las mayores exigencias de una partitura endiablada que apostó por un aire arriesgado poniendo de manifiesto las «carencias» apuntadas en la orquesta y el rigor por parte del joven director inglés al que habrá que seguir de cerca. Final de una velada con un piano entre la niebla, la que parece planear en el futuro local ovetense ante los aguafiestas de políticos que siguen miopes en cuanto a la oferta musical que la capital lleva años manteniendo con calidad y rigor a la que siguen axfisiando poco a poco…
Díaz-Jerez, enólogo de Albéniz
09/03/2017
Asturias, conciertos, música, piano, recital Albéniz, conciertos, Gustavo Díaz-Jerez, música, piano, Teatro Jovellanos 3 comentarios
Miércoles 8 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica de Gijón, año 109, concierto nº 1.586. Gustavo Díaz-Jerez (piano): Iberia (Albéniz).
Es difícil personalizar y aportar novedades a la Biblia del piano que es la Suite «Iberia» de Albéniz, el verdadero testamento del compositor catalán y obra que no todos se atreven hasta entrada la plena madurez e incluso a la que muchos vuelven con la visión que da el tiempo, como con los vinos.
Todos tenemos «nuestras iberias» de referencia en vinilo o redigitalizadas cual añadas especiales y grandes reservas, entre las que atesoro Alicia de Larrocha, Guillermo González, Rafael Orozco, Esteban Sánchez o más recientemente Luis Fernando Pérez o Rosa Torres Pardo, incluso algunos directos pero más con piezas sueltas que al completo (tengo que revisar mi archivo para recordar cuándo fue la última vez).
El compositor y pianista tinerfeño Gustavo Díaz-Jerez (1970) será otro enólogo musical que pasará a engrosar mi lista de grandes intérpretes de Iberia, con un DVD novedoso en los medios utilizados (el primero rodado en alta definición) y tras registrarla hace ocho o nueve años en CD, esta vez pasándola por su tierra para darle un cuerpo distinto a unos viñedos canarios que rezuman musicalidad. El propio intérprete hablaba de este DVD comentando que «cuenta como grandes alicientes con las imágenes «de máxima calidad» y con planos poco habituales como los cenitales en que se aprecia en toda su magnitud las enormes dificultades técnicas que entraña para cualquier pianista salir vivo de los saltos, cruces de manos y sucesiones de acordes ‘imposibles’ que ideó Albéniz». Las doce impresiones en cuatro libros suponen la universalización del pianismo español y su escucha casi obligatoria para todo melómano además del examen permanente de todos los que se enfrentan a tan magna obra, y disfrutar del DVD todo un placer.
Pero el directo siempre es diferente y lo degustado en Gijón, abriendo las taquillas al público (la entrada a 20 €) en una excelente iniciativa de la Sociedad Filarmónica gijonesa, pasará a los anales porque pocos pianistas se atreven a afrontar Iberia completa en vivo, organizando los cuatro cuadernos casi como una carta de las Bodegas Albéniz expandiendo viñedos musicales por la piel de toro y que las distintas variedades de uva con el enólogo Díaz-Jerez pudiesen ofrecernos doce tipos de vinos jóvenes, frutados, reservas, excelencias e incluso el cava catalán con la receta francesa del gigante de Campodrón (Girona) para brindarnos una cata increíble.
El primer cuaderno con «Evocación», «El Puerto» y «El Corpus Christi en Sevilla» parecieron ofrecernos los vinos dulces de Jerez o la manzanilla de Sanlúcar bien presentados, vinos jóvenes y aromáticos ideales para abrir boca en cualquier estación del año, como calentando boca a medida que pasábamos de una provincia a otra.
Colocar el cuarto a continuación supuso mejorar el paladar, «Málaga», «Jerez» y «Eritaña» como si de un Pedro Ximénez seco pusiese el néctar hecho sol de la capital en el piano de Gustavo, brillo y profundidad, a continuación un Palo Cortado de alta graduación y generoso, color caoba brillante como los sonidos tamizados por Albéniz, antes de repos(t)ar en la famosa venta sevillana donde el vino se convierte en licor, verdadero y potente una vez abiertas las papilas auditivas, sacando toda la graduación sonora de un piano lleno de matices y la técnica al servicio de una partitura con muchos secretos por desvelar. Un placer el fraseo, el rubato en su sitio sin amaneramientos y la búsqueda del color en cada nota con un manejo de los pedales capaz de brillar en todas las tonalidades.
Tras el primer viaje por el sur y la parada necesaria, la segunda parte colocó los cuadernos centrales en el descubrimiento de nuevos olores, el enólogo del piano jugando con variedades propias, el toque personal de Gustavo Díaz-Jerez porque hasta el apellido tiene nombre vinícola. «Rondeña», «Almería» y «Triana» suenan al pronunciarlos y en el piano del tinerfeño con la hondura del flamenco tan unido al vino. Vinos de Ronda con denominación de origen Málaga, serranía abrupta y blana como la de Albéniz, pero llamados tranquilos y a partir de uvas francesas, el aroma de esta rondeña. Viajando hacia el levante por la costa llena de recovecos hasta Almería encontramos viñas en pleno desierto, y Gustavo Díaz-Jerez logra un vino espectacular como el choque climático, sabor propio con acento francés, el silencio como pidiendo otro trago que rompa en boca desde la profundidad musical. Y no se puede nadie olvidar de volver a Triana para disfrutar olores en el ambiente y en la copa, servida con azahar y naranjos, el ritmo y la magia sevillana en el mapa sonoro de Albéniz, creciendo en las manos del canario.
Plentamente metidos en ambiente, público, intérprete y obra remataríamos con el tercer cuaderno, «El Albaicín» granadino, cuestas llevaderas contemplando y respirando cante jondo, romero y taconeo percusivo además de la vista impresionante de Sierra Nevada, sinfonía de color y sabor, saber vivir esta página tan brillantemente escrita e interpretada por Díaz-Jerez (que como Albéniz sabe aunar lo francés con lo catalán) que el público rompió en aplausos antes de comenzar «El Polo», madurez compositiva de exigencia máxima para florecer entre tantas notas la hondura y amargura desde la distancia de un catalán que supo entender lo español sin tópicos, al igual que nuestro pianista volviendo a despertar pasiones entre los veteranos que siguen sintiendo estos conciertos como en el salón de casa. Y finalmente «Lavapiés«, habanera gaditana de ida y vuelta, el ritmo interior, las pausas, los contrastes sonoros de luces y sombras, colores de uva de la cepa a la mesa, limpieza con brillo en una verdadera lección de gusto interpretativo creciendo a lo largo de las doce imágenes sonoras, visuales, mentales con todos los sentidos.
De regalo y para brindar con las mismas Bodegas Albéniz nada mejor que un cava catalán también con aires de habanera como el Tango del que Gustavo Díaz-Jerez nos decía que tiene menos notas pero igual hondura, la aparente sencillez de la belleza.
Bohemia capital Bilbao (4)
07/03/2017
clásica, conciertos, música, piano, recital, viajes conciertos, Dvorak, Janacek, Judith Jáuregui, música, Nadège Rochat, piano, viajes 2 comentarios
Sábado 4 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 28, Sala A-3. Nadège Rochat (violonchelo), Judith Jáuregui (piano). Obras de A. Dvořák. y L. Janáček. Entrada: 6 €.
Verdadero descubrimiento de obras e intérpretes, especialmente la chelista francosuiza Nadège Rochat que debutaba en España con la donostiarra Judith Jáuregui, una pianista a la que sigo hace años y habitual en estas ediciones de «Musika-Música» tan solvente de solista como acompañante o con orquesta, en un repertorio donde se comparte magia a partes iguales, investigando, grabando y trabajando duro para seguir asentándose entre la larga lista de intérpretes internacionales.
L. Janácek: Pohadka – Fairy Tale, verdadero cuento de hadas por fuerza y vigor, inspirada en el poema del ruso Zhukovsky «El cuento del zar Berdyev» está cargado de ese mundo de fantasía de nuestra infancia y las dos intérpretes hicieron sonora una historia compuesta tras la pérdida de la segunda hija del compositor unido al rechazo de sus óperas, otra vida de película para un músico incomprendido que desde el dolor es capaz de escribir partituras tan mágicas como este dúo para cello y piano.
A. Dvořák: Lasst mich allein opus 82, B.157 y Silent Woods opus 68 nº 5, obras «liederísticas» por sus melodías tan cantábiles de tiempo lento o medio retomando aires sosegados para hacer emerger temas vocales desde el chelo, la música de salón donde Rochat emociona dialogando con el piano de Jáuregui, dos páginas con historia propia contadas por ellas mismas incluso en las notas al programa para las cuatro obras elegidas: «… en pocos días hubo de componer el Rondó en sol menor, arreglar dos de sus Danzas Eslavas y terminar también el arreglo de «Silent Woods», original del ciclo para piano a cuatro manos «From the Bohemian Forest». Las cuatro obras dejan percibir cuán y cómo se sentía Dvořák escribiendo para el cello como instrumento solista, la tesitura es alta y las cualidades líricas del instrumento están explotadas al máximo. El arreglo del lied Lasst mich allein no pertenece al autor pero es de gran interés ya que su melodía inspiró el Adagio del Concierto en si menor, pieza clave del repertorio para cello». Si la elección del repertorio supone un hallazgo, la interpretación fue sorpresivamente emocionante.
Tras una breve pausa volvía Judith Jáuregui en solitario para otro descubrimiento de Janáček, En la niebla, rememorando el estilo evolucionado de Chopin a Debussy (también lo recogen las notas que dejo al final del párrafo), el virtuosismo más el impresionismo de salón conjugando técnica y pasión en un idioma que se afianzará a lo largo del siglo XX e incluso me recordaba por momentos al mejor Albéniz parisino. «En la niebla da muestra de la catarsis en la que se encontraba (…) y evidencia cómo de la melancolía y la falta de autoestima nace una de sus obras más importantes, un ciclo en cuatro movimientos escrito en tonalidades «nebulosas» en las que encontramos la influencia del impresionismo de Debussy». Si la pianista donostiarra nos ha dejado hace poco su «éXtasis» espero que Janáček sea la siguiente grabación en su propio sello discográfico (Berlimusic), apostando por la belleza del dolor.
Para cerrar la mañana otras dos obras de Dvořák, el Rondó en sol menor opus 94, eslavo y moldavo, virtuoso con un entendimiento digno de alabar en ambas intérpretes que cantaron esta página con tanto sabor, pero sobre todo las dos Danzas eslavas opus 46, B. 172, «Polka» y «Furiant» tocadas independientemente con verdadero sabor y perfección, especialmente la última conocida en la versión orquestal, donde piano y cello sonaron sinfónicamente camerísticos.
Un dúo donde el violonchelo de Nadège Rochat resultó cálido y presente, humano y cercano, además de bello (del que ya escribí en el prefacio de estas notas), y el piano de Judith Jáuregui todo un lujo solo y compartiendo pentagramas.
Marzo comienza en Bilbao
06/03/2017
clásica, conciertos, coros, música, piano, recital, sinfónica, viajes Ainhoa Zubillaga, conciertos, David Menéndez, Dvorak, Hermine Haselböck, Isabel Villanueva, Janacek, Judith Jáuregui, Mahler, Mª José Montiel, música, Nadège Rochat, OSPA, Perry So, viajes 4 comentarios
La fiesta de la música que supone el macroevento o Festival «Musika-Música» organizado por la Fundación Bilbao 700 en el Palacio Euskalduna durante cuatro días es cita obligada para todo melómano que se precie y siempre que puedo acudo, pasando previamente por esa taquilla virtual donde además de realizar las gestiones y poner nosotros tiempo y papel, se nos cobran 0,90 € por ello, independientemente del precio (ya grabado con el abusivo 21% de IVA), por lo que mis 10 entradas por duplicado (hay que viajar siempre en compañía) les han supuesto 18€ de ganancia extra. Mejor no enfadarme pero por lo menos lo reflejo aquí. Los precios iban este año de los 12€ (auditorio) a los 4€, aunque normalmente abundan los de 6€ en las salas pequeñas, pero siempre hay actividades gratuitas una vez dentro del Euskalduna. La cafetería tiene «precios vascos» si bien alrededor hay oferta para todos los gustos y bolsillos. Como suele ser habitual, abundante presencia de turistas franceses por cercanía y disponibilidad, pero también de distintos puntos de nuestra geografía además de la excelente tradición musical vasca en general y bilbaina en particular, moviendo cada espectáculo verdaderas riadas de aficionados y familias de los estudiantes que dieron la talla como verdaderos profesionales.
Este año la «maratón musical» estuvo dedicado a la Bohemia, con todo lo que me supondrá escribir correctamente los nombres, aunque seguro que elegiré la opción «occidentalizada», agrupando a cuatro compositores clave de esa zona: Gustav Mahler, Antonín Dvořák, Leoš Jánaček y Bedřich Smetana, participando 850 músicos en 75 conciertos y actividades como conferencias, encuentros con músicos o firmas de discos (este año «los del triángulo verde» pusieron su stand, supongo que con remordimiento al comprobar que en sus establecimientos la llamada música clásica sigue menguando en oferta), sin olvidar todo el personal del Euskalduna además de afinadores donde volví a encontrarme con mi querido Jesús Ángel Arévalo, habitual desde las primeras ediciones, al que veo más en Bilbao que en Oviedo.
Y si los números son de impacto, saber que hubo más de 30.000 espectadores, colocados carteles de completo en muchos conciertos (solo estaban numerados los del Auditorio) además de la oportunidad que tienen las formaciones de distintos conservatorios de actuar y asistir en vivo a muchos de los espectáculos ofertados, es toda una alegría y un oasis a tres horas de mi casa.
Para Bilbao supone seguir siendo capital cultural con todo el impacto económico que supone (hoteles llenos, bares, cafeterías, museos…) y el gasto revirtiendo en ingresos, pese a que los políticos solo vean números fríos y se plieguen a ¿órdenes europeas? de recortar, normalmente en cultura… No podemos esperar de nuestros dirigentes algo más de cultura pero podrían pasarse por estos eventos y comprobar en primera persona o a pie de escenario todo lo que se mueve, la vida fuera de los despachos, y especialmente sembrar para la gente joven pues el futuro para ellos no es precisamente halagüeño como sigan gobernando así… Pero mejor no sigo que me enfado y la fiesta continúa.
A la vista de semejante despliegue cuesta organizar nuestro «menú a la carta», que en mi caso siguió unos criterios: Mahler porque además de gustarme especialmente, escuchar en tan breve lapso de tiempo cuatro sinfonías (1ª, 2ª, 4ª -se ofertaba también en Oviedo- y 5ª) además de los Kindertotenlieder, la «Canción de la Tierra» o las «Canciones del Caminante» son de por sí un hito, teniendo que «rechazar» varios Dvorak de referencia pero también cercanos en la amplia oferta asturiana (toco madera porque los recortes se anuncian como ¡ahorro!). Mi apuesta suele ser sinfónica, no solo apoyando a la OSPA (que ofreció tres conciertos) sino viendo el estado de otras formaciones nacionales pero también de esa Bohemia en la llamada Europa del Este, pero busco siempre un hueco para la música de cámara porque resulta la mejor escuela de compositores y público antes de las obras sinfónicas, encontrando algunas joyas que iremos comentando desde aquí. Dejo mi particular planning para que se hagan una idea, sumando la novedad de solaparse conciertos cuando en otras ediciones no coincidían y uno podía desechar menos (el bolsillo también mandaba).
La rapidez de twitter me permitió ir comentando sobre la marcha mis conciertos y algunas fotos, con la etiqueta (hastag dicen los «nativos digitales») #MusikaMúsica2017, incluso interactuando con algunos de los intérpretes y hasta avanzando noticias de última hora. Todos los detalles los iré colocando en este blog con el título «Bohemia capital Bilbao» que dan más juego, si bien tuve el humor de cargar con una libreta e ir anotando detalles para las distintas entradas, que la memoria no es la de mis años mozos y hay mucho para contar.
Así que sin prisa pero sin pausa, subiremos detallados mis eventos de esta edición que básicamente puedo resumir en:
–Mahler, siempre un seguro aunque el listón esté inalcanzable, pero cuyas obras superan interpretaciones «simplemente» notables; Dvořák más allá de sus sinfonías, la conjunción del oficio y la tradición en todos los campos; y un poco de Jánaček que siempre es mucho, esperando deje de ser una «rareza» en las programaciones, tanto sinfónicas como camerísticas, verdaderas joyas para disfrutar.
-Festival vocal pero sobre todo de mezzos, lógico con tanto Mahler (también me gustan con barítono, sobre todo en recital) y además con la cancelación para la «Resurrección» de Mª José Montiel (había levantado expectativas entre el público tras la inauguración del festival el jueves) me permitió disfrutar por partida doble a la donostiarra Ainhoa Zubillaga (en principio solo «la tenía» para el Stabat Mater dominical con lo que supone afrontar La Segunda de Mahler en estas circunstancias), calidad en todas las voces, algunas jóvenes, otras todavía formándose, varias con la agenda no tan completa como quisieran en esta España nuestra cada vez más empobrecida musicalmente (aunque sigamos exportando talento), pero especialmente el «descubrimiento» de la austriaca Hermine Haselböck en los Lieder eines fahrenden Gesellen con una orquesta (la Jánaček Philharmonic Orchestra Ostrava) y director (Heiko Mathias Förster) ideales para ese concierto.
-La constatación del nivel de unos solistas de talla internacional como la violista pamplonica Isabel Villanueva y la pianista donostiarra Judith Jáuregui que además nos trajo la presentación en España de la cellista francosuiza Nadège Rochat con un «Ex-Vatican Stradivarius» de 1703 prestado por la Academia de las Artes de Florencia bello en presencia y sonido capaz de emocionarnos en las manos de esta joven intérprete que le hace realmente cantar.
-De los asturianos citar al barítono David Menéndez en el buen cuarteto solista del Stabat Mater de Dvořák, además con «nuestra» OSPA, más los «primos hermanos» de la Sociedad Coral de Bilbao y un Perry So al frente que marcó diferencias. Los tres conciertos fueron exigentes, duros y muy trabajados por el chino que transmite no solo alegría sino profesionalidad, seguridad y por tanto calidad a la Orquesta del Principado que brilló con luz propia.
Quedan muchas entregas con fotos, detalles, mis comentarios de la agenda (no es La libreta colorá pero hace las veces) más una semana con piano, orquestas, distintas épocas para seguir este mes de marzo bastante completo antes de la Semana Santa. Y como en los viejos seriales radiofónicos, continuará…
Laura Mota, juegos de piano
23/02/2017
Asturias, clásica, conciertos, música, piano, recital Bach, Beethoven, Chopin, conciertos, Debussy, Gijón, Granados, Laura Mota Pello, Liszt, música, Nielsen, piano, Teatro Jovellanos 1 comentario
Miércoles 22 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Año 109, concierto 1585: Laura Mota Pello, piano. Obras de Bach, Beethoven, Nielsen, Liszt, Debussy y Chopin.
Llevo tiempo siguiendo a Laura Mota, que aunque joven (nacida en 2003) tiene ya una larga carrera como concertista y prosigue sus estudios de Secundaria mientras el piano ocupa mucho de su tiempo con el maestro Francisco Jaime Pantín que ha sabido encauzar el talento de la pianista ovetense. Y es que sigue maravillándome su crecimiento en todos los sentidos, su talento y capacidad de trabajo para afrontar unos repertorios que músicos consagrados no se atreverían a tocar y menos en un mismo concierto. La centenaria filarmónica gijonesa apuesta por los jóvenes intérpretes y el Jovellanos es una pasarela de talento que abrirá la taquilla para los siguientes, además de la captación de socios sin los cuales la permanencia de estas sociedades viendo los tijeretazos de los regidores, está siempre pendiente de un hilo. De agradecer las notas al programa «Música para piano, de Bach al siglo XX» de Miguel Rodríguez Fernández-Bustillo para seguir culturizando desde el conocimiento.
Con echar un vistazo al programa que encabeza esta entrada, ya podemos darnos una idea de la complejidad no ya técnica sino de profundización en cada obra y autor sin ningún complejo. Abrir concierto con la sexta Suite francesa de Bach es todo un reto que superó con una claridad diáfana en los tiempos y el sonido, pureza teclística, brillantez y aplomo. Las ocho danzas contrapuestas lo fueron en fraseo, sentido del ritmo, limpieza melódica, contrapeso en ambas manos sacando siempre a la luz las notas precisas sin menoscabo de todo el ornamento que «el kantor de Leipzig» vuelva en estas composiciones alejado de la iglesia durante su feliz y corta etapa en Cöthen.
La segunda «B» de la música es Beethoven cuyas sonatas para piano suponen el «corpus» de todo intérprete y la conocida Appasionata uno de los pilares, pues el salto estilístico del clasicismo al romanticismo se aprecia sobremanera en los tres movimientos además del propio título. Laura Mota posee la frescura adolescente y el arrojo para dotar una obra de claroscuros en cuadros luminosos sin sacrificar sombras, nuevamente optando por la limpieza de trazo en vez de fuerza descontrolada. Con una gama dinámica suficiente, un pedal siempre en su sitio y digitaciones claras que no apuran los tempi nos dan la posibilidad de escuchar todas las notas nuevamente con el balance preciso incluso en el segundo movimiento mucho más denso y tortuoso para hacer sonar lo deseado, salvado no ya sin problemas sino aportando una madurez interpretativa que parece imposible al observar quién está tocando.
Para continuar esta barbaridad de repertorio, otros cuatro autores a cual más exigente, desde el danés Nielsen y el francés Debussy sin olvidarnos de los auténticos virtuosos románticos Liszt y Chopin. En castellano bagatela es una cosa de poca importancia y valor, por lo que la forma musical pueda parecer nimia, sinónimo de ágil y corta en duración con estructura ABA más coda final, pero las de Nielsen condensan mucho conocimiento técnico y cercanía con sus «compañeros de programa», el recorrido interior tras el físico, virtuosismo para un peregrinaje tan duro como el de Liszt, esos Juegos de agua del tercer año o el viaje secreto de Debussy a La isla feliz impresionista e impresionante en la interpretación de Laura Mota antes del adiós definitivo a la Varsovia querida por parte de Chopin.
Este viaje desde la etapa adolescente de la propia intérprete desde la aún cercana infancia hasta la plena madurez que parece todavía lejana, donde Nielsen resultó, pese a los aplausos interrumpiendo, pequeñas páginas sonoras distintas y unitarias, coloridas y sentidas, breves frescos sonoros antes del increíble Liszt que, como el título, resultó nuevamente cristalino, acuoso y se me permite, femenino por belleza, delicadeza e inteligencia, nada al azar, ambiente etéreo que salpica la inocencia del momento. Y el francés Debussy como perfecto complemento histórico, parisino adelantado a su época y conocedor de las anteriores, igualmente viajero como todos los grandes artistas que en su escritura trasciende la descripción para plasmar instantes breves. Laura Mota se mueve con seguridad y aplomo en un discurrir por el teclado casi mágico, indescriptible, brillante, concentrado a la par que bello.
Pero el remate por excelencia es Chopin, el virtuoso y tortuoso cuya Polonia le acompañaría incluso hasta el más allá, haciendo de sus polonesas la quintaesencia de todos los pianistas. El Andante spianato seguido de la Gran Polonesa op. 22 no es fuego de artificio sino poso vital de largas trayectorias, y Laura Mota con 14 años parece haber estado siempre en el piano, profundidad y emoción, sonido potente sin aparente esfuerzo, dinámicas recogidas plenamente románticas, otro acento para el idioma de los viajeros sin más descripciones, el Andante casi como un nocturno y la polonesa llena de vigor. Asombro del que nunca salgo ante cada concierto de esta joven ovetense que está excepcionalmente dotada para comunicar desde el piano en todos los repertorios. El público tendrá sus preferencias, ella supongo que también, pero afronta épocas y autores con desparpajo y aplomo desde una apertura de miras que le permite empaparse de todo, asistir a los conciertos de pianistas como Sokolov con devoción y hacer suyas las sabias enseñanzas de quienes tienen el privilegio de contar con ella como una alumna única e irrepetible.
Y si todo lo anterior parecía poco, la propina de Granados y su Allegro de Concierto, op. 46 que me recuerda siempre a la añorada Alicia de Larrocha en estas mismas edades, virtuosismo de aire francés como el Chopin anterior en un nuevo fogonazo de talento, frescura y música a raudales con poso adulto. Para quien no la haya escuchado en vivo busquen su agenda para no perderse el próximo concierto.
Planeta Sokolov
15/02/2017
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Martes 14 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Grigory Sokolov, piano. Obras de Mozart y Beethoven. Notas al programa de F. Jaime Pantín.
Cada concierto de Sokolov en Oviedo, y van muchos, como en Madrid (20 años de presencia frente a los 25 de estas Jornadas) o en el resto del mundo, es único, irrepetible, con liturgia propia como la luz tenue unido al movimiento de la caja escénica para acercarnos la presencia total, su salida apurada hacia el piano que se convierte en el verdadero protagonista, y arrancar sin más demora ni necesidad de concentración. No importa la tormenta de toses (ya es otra plaga similar a la de los móviles) entre movimientos porque este 14 de febrero era «San Sokolov» y teníamos claro que en el programa habría tres partes: Mozart, Beethoven y «la fiesta». Recordando a Pérez de Arteaga en sus comentarios durante los Conciertos de Año Nuevo antes del esperado Danubio, todos los seguidores del pianista ruso, desde Guinea Papúa hasta Vladivostok, de Ushuaia a Gilleleje o de Pernambuco hasta Pénjamo saben que el concierto no finaliza donde indica el programa. Tras casi tres horas, rondando las once de la noche y «obligándome a posponer» esta entrada (y dejarme muchas cosas en el tintero por la necesidad de dormir y madrugar), con seis propinas que resultaron como siempre otro recital extra donde pasar revista, una vez «despachado» lo previsto, a tantos otros compositores con los que Don Gregorio se deleita con igual placer y magisterio: Schumann, Chopin, Schubert, Rameau o Debussy.
Con Grigory Lipmanovich Sokolov (San Petersburgo, 18 de abril de 1950) no hay rankings, es único, diría que de otro planeta e incluso galáctico aunque este término tenga hoy en día connotación futbolística. No es el mejor sino directamente Sokolov, y nunca defrauda. Las obras elegidas no pudieron estar mejor comentadas que por un intérprete y docente del piano, que dejo arriba enlazadas, porque en manos del ruso tienen todo el sentido del mundo. Del «sonido Sokolov» habría para una tesis doctoral porque tampoco es de este mundo y su presentación en el programa de mano lo describe mejor que nadie: «La naturaleza única de la música modelada en el instante presente es fundamental para comprender toda la belleza expresiva y la honestidad del arte de Grigory Sokolov. Las interpretaciones poéticas del pianista ruso, que cobran vida con intensidad mística, surgen de un profundo conocimiento de las obras en su vasto repertorio». Parece humanamente imposible que alcance distinto timbre en cada mano, en notas sueltas, el ambiente que flota con el pedal derecho pisado donde se perciben todas con la presencia precisa y preciosa. No es su técnica estratosférica sino magia capaz de transportarnos a la música primigenia. La primera parte comenzaba con la llamada «sonata semplice» que todos los pianistas hemos machacado pero solamente Sokolov hace sonar verdaderamente «fácil» por luminosa, genialmente infantil y además (re)interpretando «la doble barra con los dos puntos» porque nunca es repetición sino el doble de arte sonoro. Las ornamentaciones, apoyaturas, los trinos ornitológicos además de antológicos, el fraseo, las dinámicas, el rubato impecable, la elección de los tiempo… todo lo que uno se pueda imaginar de esta sonata para piano y mucho más, indescriptible. Pero no quería aplausos que rompieran el Mozart preparado, los dos mundos que Jaime Pantín describe y Sokolov hace esencia pianística, el de Salzburgo sonando como el de Bonn, como traduciendo pensamientos o historia, uniendo fantasía y sonata para una interpretación beethoveniana de Mozart. Me pregunto, como algún otro al descanso, si había algo de histrionismo en afrontarlo de esa manera pero no tenemos a los compositores para sacarnos de dudas. Tras escuchar las Köechel 475 y 457 seguidas con toda la congruencia (el profesor Pantín nos recuerda que «constituye una tradición que se ha perpetuado a partir de su publicación simultánea en 1785») y numerología casi masónica puede que así las escuchase el digno sucesor y genio alemán muertos ambos en aquella Viena capital musical para sus homónimas al piano, dando el paso estilístico del Clasicismo al Romanticismo, porque este Mozart sokoloviano resonaría con luces y sombras, tormentas y calma, dos esferas más que mundos o incluso firmamentos. Nunca nos dejará indiferentes porque sus aportaciones serán discutibles pero la música desde el piano parece otra y sigue conmocionándonos: fuerza pasional y delicadeza íntima, el tiempo flexible moldeado con precisión, espiritualidad conmovedora flotando en el ambiente, libertad total en la escritura y la interpretación desde un rigor asombroso…
Supongo que el descanso era necesario pero podría haberse unido con el «último Mozart» y encontrar la globalidad Sokolov de estas jornadas con el piano protagonista, aún más grandioso en solitario cuando es este ruso quien lo toca. No es ya la conocida escuela rusa en todos los instrumentos, irrepetible porque la historia es otra aunque todavía podamos seguir gozando de sus frutos, sino el «Planeta Sokolov» donde Beethoven siempre brillará cual Venus en otro sistema solar. Las sonatas 27 y 32 también enlazadas, obras de referencia cuya magnitud al unirlas se hace exorbitante, explicando incluso el ideal beethoveniano de las propias anotaciones de la opus 90 y la rareza de solo dos movimientos: «con vitalidad y completo sentimiento y expresividad» para el primero y «no demasiado rápido y cantable» el segundo, textualmente tocado como solo el ruso es capaz, los conflictos interiores con el mejor traductor posible en estos tiempos y corroborado en todo el «programa programático» que unía a los dos residentes vieneses bebiendo de la misma fuente, el mismo idioma y distinto acento perfectamente entendible, los trinos mozartianos elevados a la enésima potencia para firmar ese final de las contradicciones escritas y tocadas, la respuesta a los interrogantes de quien suscribe tras escuchar a Sokolov. Insondable, sin palabras para los simples melómanos y otro concierto histórico en Oviedo, capital del piano.
Claro que en San Valentín y por San Sokolov quedaban regalos para dar y tomar, ninguno de compromiso sino con fondo, comenzando por el Momento Musical nº 1 en Do mayor de Schubert, saboreando cada nota y cada silencio, salva de aplausos y tras pensárselo sentado en el austero taburete el Chopin del Nocturno en Si mayor op. 32 nº 1 cristalino, íntimo, belleza en estado puro, aplausos sinceros y el siguiente nocturno de la serie, op. 32 nº 2 aún más brillante, el piano de salón dentro del Auditorio, el virtuoso sencillo y profundo. Ya se me olvidó la siguiente, creo que Rameau al que el ruso le da aires del padre Soler o Scarlatti evocando un clavecín imposible por la ejecución y sonido magistral inigualable, sin perder la calma en penumbra con el público entregado. Pero todavía quedaba el Schumann amado de la Arabesque en Do mayor, op. 18 que me recordó a otro genial pianista ruso y la Canope, juguete casi acuático del libro segundo de preludios escritos por el francés Debussy, pintura impresionista para cerrar una «tercera parte» impresionante, finalizando en un silencio respetuoso que engrandeció aún más un concierto único para asombro de su repertorio inmenso y su inabarcable e incomparable genialidad, todos agradecidamente atónitos, desde quienes debutaban con Sokolov en escena a los impacientes de pie al lado de la puerta mirando incrédulos el reloj, también a las futuras generaciones de concertistas que abrían los ojos con devoción… a todo un auditorio embrujado por el irrepetible Sokolov.
III. Rondo. Allegretto.
III. Allegro assai.
P. D.: Ramón Avello en El Comercio del día 15 de febrero; Andrea G. Torres en La Nueva España del día 15 de febrero, y mejor no comentar lo de «tocar de memoria»…
La web de Carmen Yepes
31/01/2017
educación, música, piano Carmen Yepes, educación musical, internet, música, piano 2 comentarios
Mis seguidores del blog conocen muchas de mis «debilidades» y la pianista asturiana Carmen Yepes es una de ellas, quien por fin tiene una buena página web para darse a conocer en las redes, lo que en estos tiempos es más importante que los representantes y los propios «contratadores», normalmente poco buscadores de talentos y más bien acomodados (me gusta decir adocenados) con algunas agencias que parecen aligerarles su trabajo…
Afincada hace años en Madrid, compagina la docencia con sus conciertos, algo que en nuestra tierra es imposible a la vista de una legislación autonómica tan absurda que impide desarrollar ambas actividades expulsando del sistema a unos profesores que precisamente atraen alumnado de toda España por su principal faceta que es la de hacer música. Del CONSMUPA y la convocatoria de nuevas plazas de catedrático mejor no hablamos porque daría para mucho (dejo algunos enlaces por aquí), y es que los políticos parecen no querer dejarse asesorar por los que realmente conocen el tema, algo nada nuevo y así nos va a todos los docentes…
En su web, que se actualiza regularmente, podemos disfrutar de varias grabaciones de audio realmente memorables, de las que presumo haber asistido, así como algunos vídeos, pero puedo asegurar a quien todavía no la haya escuchado que en vivo es aún mejor.
Trabajadora desde siempre, su repertorio (también disponible en la página) es apabullante, variado en épocas y estilos que sigue creciendo. Con un sonido cuidado al detalle y una personalidad que coge quilates entrando ya en su plena madurez, como solista puede alcanzar momentos sublimes y con orquesta, incluso banda sinfónica, es poseedora de una fuerza que le proporciona una gama dinámica amplísima en todo repertorio. Evidentemente por su larga trayectoria docente es una pianista de lujo para la música de cámara más allá del mal llamado «pianista acompañante», pues su musicalidad innata desde sus inicios es versátil dependiendo del instrumento o grupo con quien comparta velada, además de una seguridad y aplomo que agradecen los músicos que cuentan con ella.
Aunque hace tiempo que no actúa en su tierra natal, pero seguimos esperando escucharla en nuestras Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», en algunos conciertos de las distintas filarmónicas (cada vez con menos presupuesto y sobreviviendo a duras penas) o los variados ciclos veraniegos, porque Yepes es la gran representante de una generación de intérpretes que no paran y donde Francisco Jaime Pantín sigue siendo un referente docente para todos ellos.
Carmen Yepes, siempre en permanente formación como excelente profesional, está realizando su tesis doctoral… pero mejor visitar y navegar por su página web para descubrir música desde lo profundo compartida al fin en internet, el mundo sin fronteras donde la globalización no la puede parar nadie.




















































