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Julio César conquista Oviedo

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Sábado 12 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. G. F. Haendel: Giulio Cesare in Egitto. Forma Antiqva, Aarón Zapico (director).

Reseña para La Nueva España del domingo 13, escrita tras el concierto desde el teléfono a las 23:50 horas, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
El público se volcó ayer en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo con el «Julio César» de Hândel en versión concierto un «tour de force» de Forma Antiqva del que los asturianos salieron triunfantes. La soprano Carolyn Sampson (una deliciosa Cleopatra de referencia), con la contralto Hilary Summers (poderosa Cornelia), la mezzo Maite Beaumont (Sesto delicado), los contratenores Christopher Lowrey (emperador vocal y pletórico) y el ucranio Konstantin Derri (cumplidor Tolomeo) más el baritono José Antonio López (rotundo Achilla), fueron los seis protagonistas de gran altura para este Giulio Cesare in Egitto (Händel) con una excelente y crecida Forma Antiqva bajo la dirección de Aarón Zapico en esta joya operística (versión concierto con todo lo que supone) tras su “victoria” en el Palau de Barcelona el pasado jueves.
Oviedo se rindió tras más de tres horas de combate (y apenas deserciones en la pausa) a este romano muy musical, compuesto por un alemán nacionalizado inglés, cantado en italiano e interpretado virtuosamente por nuestros asturianos universales que siguen haciendo historia desde su Barroco siempre fresco, brillante, actual y bien armado con formaciones de primera como la de este sábado.
Arias conocidas, con dramaturgia ponderada creciendo en el segundo acto hasta momentos ideales, además de mucho sentimiento unido al ropaje instrumental excelente, aportando todos lo mejor de este “ejército musical” con el General Zapico al mando, de final feliz en Egipto y también en Asturias, apoteósico.
P.D.: La crítica para el Lunes 14 en LNE.

Egeria y su viaje musical

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Sábado 19 de febrero, 19:30 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI), Academia de Música Antigua de Gijón: Egeria, Ad Loca Sanctum.

Gijón es desde hace años la capital de la llamada música antigua, cada vez más moderna, y tiene su público plenamente asentado en la villa marinera. Hace tiempo que mi admirado Mario Guada me descubriese en sus reportajes y críticas para Codalario a un grupo vocal femenino centrado en la investigación de la música medieval, y aún más en el periodo llamado Ars Antiqva; tras saber que Egeria venía a Asturias no podía más que tomar la Autovía Minera para disfrutar de una época poco escuchada en vivo aunque ya en mis años jóvenes de facultad me cautivasen aquellas músicas de Leonin y Perotin en la llamada Escuela de Notre Dame de París.

La conferencia previa con Lucía Martín-Maestro Verbo no solamente nos adentró en la figura de Egeria, la noble romana (gallega o berciana) del siglo IV que peregrinó a Tierra Santa documentándonos ese peregrinaje, y hasta podría afirmar que fue la primera musicóloga de la historia. También nos explicaría el itinerario que conforma cada concierto de esta formación femenina, como no podría ser menos ante el tributo a quien les da su nombre, cuatro mujeres jóvenes y preparadas, perfectamente afinadas desde un canto natural, cuatro solistas que se encuentran y comparten estas partituras con un empaste impecable, textos en latín de la propia Egeria traducidos y cercanos, un trabajo muy logrado en obras donde el fraseo encajaría a la perfección desde el latín vulgar, casi «pseudoeclesiástico» para una mujer piadosa como la española, de complicado tactus junto a los modos rítmicos escritos que encontraron acomodo también con la sencilla percusión del pandero cuadrado sin olvidarse de una delicada lira tanto para vestir la prosa como en la monodia y polifonía incipiente del Ars Antiqva, la modernidad actual de la música medieval.

El programa Ad loca Sancta es un itinerario propio de estas Egerias actuales afincadas en París, partiendo de la Galicia romana, pasando por la pura Castilla burgalesa, la Narbona de la Occitania francesa con sus trovadores y troveros, sus leyendas, la capital gala como cuna polifónica hasta cantar a la Jerusalén fin de este peregrinaje total de la noble romana al fin redescubierta y resucitada en las voces del hoy cuarteto Egeria.

El trabajo previo de búsqueda y preparación de las etapas musicales para este santo camino interior y real, emocional además de actual, parte de dos joyas hispanas no suficientemente escuchadas en vivo y que atesoran Santiago de Compostela y Burgos, saltando hasta el París siempre envidiable que cuida y presume de lo suyo, que bien se merece una misa, una cena, o un cuarteto español que como Egeria, continúa viajando y haciéndonos viajar con la música vocal.

El punto de partida será GALLAECIA y su Códice Calixtino, un «cancionero» de mediados del siglo XII del que Egeria seleccionó tres obras y autores: Ato episcopus Trecensis (ca. 1145)
Nostra phalanx, Magister Albericus archiepiscopus Bituricensis (ca. 1141)
Ad superni regis decus y Guillelmo patriarcha Iherosolimitano (ca. 1130)
Iocundetur et laetetur. Puesta en escena casi de tránsito basilical con homofonías perfectas «a capella», la música académica que podría ser popular en este punto geográfico de inicio y final desde tiempos remotos.

Segunda etapa CASTELLA, en Las Huelgas burgalés, más palacio por entonces que convento actual,  atesorando la música para su uso y disfrute más que para mostrar al peregrino. Tres anónimos que Egeria eleva y compone la banda sonora de este viaje musical propio: Eterni numinis, O gloriosa Dei genitrix y Mater, patris et filia, conductus llegados de Notre Dame y engrandeciendo este Codex de las Huelgas, otra joya hispana manuscrita antes de pasar los Pirineos donde los trovadores pondrán música a los cantos marianos entendidos como «mundanos» en la línea de las infravaloradas Cantigas de Santa María o las de Martín Códax, que no por conocidas se escuchan en su totalidad. Voces capaces de expresar el avance que supuso armar cuatro voces con un ritmo escrito, respiraciones muy trabajadas y una técnica que hace fácil lo difícil desde unos colores naturales y ricos.

Ya en PROVINTIA NARBONENSIS la música trovadoresca con sus historias, primero Peire Vidal (1150-1210)
Pois tornaz y lo que un beso supuso, después Ricardo Corazón de León (1157-1199)
Ja nus hons pris, historia y leyenda de su cautiverio pagado por su madre y no por otro trovador, pues los mitos ya funcionaban por entonces, o el Anónimo On doit la mere Dieu honorer, la lira y lírica de los juglares franceses encarnados por esta Egeria nuestra.

Otra etapa francesa de anónimos en el París luminoso del imperio romano, LUTETIA PARISORUM, músicas protagonizadas y cantadas con solos que dan el color vocal individual bien revestido de polifonías asombrosas para su época, arte «antiguo» porque así lo llamaron los siguientes autodenominados Ars Nova en contraposición, pero plenamente modernas y «rompedoras», tanto o más que interpretarlas: Iudea et Iherusalem, y Pange melos lacrimosum.

Itinerario sin pausas ni final pero con el Jerusalem que se otea en el horizonte: DUM IRET IN HIERUSALEM, dos anónimos, Iherusalem mirabilis  en latín, y el francés de Chevalier, mult estes guariz (del Codex Amplonianus), más joyas de la música latina, la de entonces sin comparaciones ni engaños, manteniendo calidades y escena, voces para disfrutar solas y en conjunto, ornamentos justos para la belleza polifónica de esta banda sonora en un viaje musical de nuestra Egeria internacional desde la Francia que sigue marcando tendencias también en la música medieval.

Una alegría comprobar la agenda de Egeria a tope en estos tiempos, ávidos de recuperaciones necesarias por musicólogas e intérpretes como estas cuatro artistas. No se quedaron cortos los elogios de Mario y plenamente satisfecho por el siempre incomparable directo, continuaré siguiendo un proyecto que tiene un recorrido aún mayor que el geográfico de la peregrina (gallega o berciana).

EGERIA:

Lucía Martín-Maestro Verbo (dirección, voz y percusión), Fabiana Sans Arcílagos (codirección, voz y percusión), Romina de la Fuente Villarroel (voz y lira), Laia Blasco López (voz).

Jaroussky cercano

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Miércoles 26 de enero, 20:00 horas. Los Conciertos del Auditorio, Oviedo: À SA GUITARE. Philippe Jaroussky (contratenor), Thibaut Garcia (guitarra). Obras de Poulenc, Giordani, Caccini, Dowland, Purcell, Mozart, Paisiello, Rossini, Matos Rodríguez, Granados, Schubert, Fauré, Barbara, Lorca, Bonfá, Reis, Ramírez y Britten.

Segundo concierto del triplete de contratenores con otro conocido de la afición como Philippe Jaroussky, esta vez con el guitarrista Thibaut Garcia, la unión de dos mundos, estilos, ambientes, casi una velada íntima para un auditorio con excelente entrada que respiró la cercanía de dos artistas con vínculos españoles en perfecta armonía, comentando los temas y su organización en distintos bloques, bromeando entre ellos y levantando algunos excesivos «bravos» que rompieron la tranquilidad y recogimiento que transmitieron tanto los artistas como la tenue iluminación y una sonorización cuidadísima, amplificación tan bien mezclada que ayudó a redondear un recital de los que llamo para «omnívoros» por la variedad.

Como si de la presentación que hacen las figuras internacionales de sus trabajos discográficos, el recital mantuvo esa estructura, la del CD homónimo al título del concierto, alternando solamente el orden,  con abundante música francesa como era de esperar, algún guiño al repertorio barroco que el contratenor lleva años defendiendo, por supuesto la música «ligera» de mi tiempo, esa que también se ha convertido en clásica, y por supuesto las intervenciones solitas del guitarrista hispanofrancés que demostró sus dotes no ya de acompañante ideal para este formato de repertorio sino un transcriptor de páginas con piano que en la guitarra toman un color casi de salón. Si la séptima cuerda, como bien escribe María Sanhuesa en las notas al programa (enlazadas arriba en obras) es la voz, este concierto, con duración más allá de noventa minutos, fue un auténtico placer para seguir situando a Oviedo como «la Viena española».

Imposible detallar las dos decenas largas de obras, incluyendo las dos propinas, pero quiero destacar el acercamiento al popular García Lorca y su Anda, jaleo con una guitarra cercana al flamenco como bien comentó el propio Thibaut, mucho más «verdadero» que la «maja» de Granados, las canciones de Poulenc, la primera dando el título a la grabación y el concierto, el siempre bello y sentido lirismo de Fauré que Jaroussky con García dejaron para el recuerdo, incluso el Britten «francés» atemporal o el más reciente Septembre de Barbara (1930-1997) porque no había «enero» que bromeó el contratenor. La mezcla de estilos en una voz que adopta y adapta cualquier canción que con la guitarra las hacen actuales y para todos los públicos. Incluso el «tributo» a los laudistas como Dowland que nuestro instrumento identitario engrandece en color y sonido.

Interesante el acercamiento sudamericano, tanto en la versionadísima Mañana de Carnaval en «brasileño» como en la argentina Alfonsina y el mar naturales y que demuestran la versatilidad de estilos tanto de los intérpretes como de estas páginas ya atemporales de las que todos tenemos nuestras referencias.

Al principio citaba el enorme trabajo de Thibaut García como solista y transcriptor, dejándonos La cumparsita uruguaya a nivel concertístico o el Xodó de Baiana (Dilermando Reis), lo popular con la calidad camerística. Pero personalmente me impactó el Schubert elegido, esos elfos (Erikönig D 328) sobre un texto de Goethe que la guitarra francesa «robó» al piano alemán y el contratenor interpretó con el dominio del siempre exigente lied que en esta interpretación demostró la excelente idea de este dúo. Interesantes igualmente las transcripciones de Giordani o Paisiello que todo estudiante de canto conoce pero que con Jaroussky alcanzan la excelencia.

Concierto original y variado como el público, satisfechos y con la amabilidad de siempre por parte de unos intérpretes cercanos siendo estrellas mundiales, sin divismos, firmando autógrafos y fotografiándose con todos, como ya hiciese hace tres años cuando el mundo era más sano y las mascarillas no robaban sonrisas.

Impagable Fagioli

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Sábado 22 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: «Naturaleza & tormentos». Franco Fagioli (contratenor), Gabetta Consort, Andrés Gabetta (violín y director). Obras de: Purcell, Vinci, Händel, Porpora, Vivaldi y Locatelli.

La capital asturiana a quien llamo hace tiempo «La Viena española» por su oferta musical amplia y variada, la misma de la que el concejal de cultura José Costillas en FITUR dice «ha quitado a la ciudad el sambenito de ciudad burguesa y aburrida en la que no pasaba nada«,  prosigue su lujo de programación con el primero de los tres conciertos dedicados a los contratenores que ahora mismo ocupan la cima de este registro, aún sorprendente para muchos.

No es cuestión de rankings pero el hispano argentino Franco Fagioli, que ya me entusiasmase en su anterior visita hace cuatro años «trayéndonos la primavera», ha dejado el listón tan alto que a punto estuve de titular esta entrada como Al filo de lo imposible pero mejor evitar confusiones con el programa de Sebastián Álvaro aunque haya retos musicales que merecen el mismo respeto. Esta vez la fusión de naturaleza y tormento fue digna de «los 14 ochomiles» demostrando de nuevo que no hay nada imposible.

El programa elegido para este tour de Barcelona a París con la parada obligada en Oviedo, está al alcance de pocos cantantes, un maratón vocal mucho más duro que toda una ópera y que exige no solo dramatizar cada personaje de las arias sino todo un esfuerzo físico que convierte a estos virtuosos en auténticos atletas del canto.

Es un placer escuchar pero también ver a Fagioli cómo respira, su gestualidad, su técnica asombrosa, sus fiatos, su perfecta dicción, su amplísimo registro donde los graves son rotundos y sus agilidades un verdadero derroche de gusto y entrega. Nada de artificio, la naturalidad del canto barroco, el auténtico bel canto de la época que instrumentaliza la voz. Y si además la arropa unos músicos como los de Andrés Gabetta al mando de este «consort», el resultado es redondo e impagable, pues hasta el violín solista cantó con la misma belleza que el contratenor argentino en Vivaldi y Locatelli.

Arias lentas y rápidas para degustar el canto legato del tucumano y corroborar la belleza de estas páginas, la genialidad de Händel, la grandeza de Vinci o el oficio del maestro Porpora. Bien organizado todo el programa que nos llevó hasta las 22:30 de la noche en un verdadero suspiro, con apenas los necesarios descansos que nos dejaron al Gabetta Consort dos conciertos vivaldianos de altura, más el de Locatelli con mi admirado Jorge Jiménez ejerciendo de concertino y la muestra de la sabia elección de los músicos por parte de su director Andrés Gabetta, no solo excelente violinista sino un perfecto concertador de esta música barroca que volvió a llenar el auditorio ovetense. De su formación también citar la impecable y bien sentida tiorba de Miguel Rincón, auténticas perlas en el continuo, y el fagot de Alessandro Nasello sobre todo en el «pastor» final de Händel así como la flauta del «ruiseñor» vinciano en feliz contestación al vocal de Fagioli.

Cada personaje, cada aria, cada intervención del contratenor logró quitarnos la respiración como si vampirizase el aire del respetable, aunque imposible apagar móviles que parecen volvernos a la post-normalidad de la pandemia. Las tres arias de Leo Vinci (1690-1730) equiparables en belleza al todopoderoso Händel de cuya Ariodante nos dejó Fagioli los momentos álgidos en un auténtico crescendo emocional incluso en el regalo Come nube de «Agripina y el triunfo del tiempo», el que detuvo este contratenor que sigue alternando escena y recital, esperando la terna completa con Jarouski y Orlinski que espero contar desde aquí, pero este frío sábado de enero con un Fagioli impagable hará difícil superarlo.

P.D.: Entrevista de este sábado en LNE:

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar cuanto antes este «bicho» del Covid que lleva ya demasiado tiempo entre nosotros y ha trastocado todas las vidas, además de llevarse muchas por delante.
Musicalmente, y a la vista de las cambiantes circunstancias, mantener toda la música posible en vivo, aunque sea con mascarillas y todas las medidas que ya hemos asimilado hasta para estar en el cole, y si puede ser con los aforos completos, aún mejor. Sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesitar aniversarios pido, como todo los años que son como mi Scalextric, poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa y también la Escolanía de Covadonga con la de San Salvador…) y nuestros solistas, de los que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista…
Eso sí, mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigió en Barcelona cuando estuvo de titular y ya que se despide de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le diesen una orquesta para este 2022 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos otro incluyendo un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados de ambos.
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, y que sigan grabando nuevos discos.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (de docente en Madrid), sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien trabajar mucho este recién estrenado e incierto 2022.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que en el año pasado y pese a todas las circunstancias, han seguido de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos.
Para La Dama del Alba de mi querido Luis Vázquez del Fresno creo que ya me escucharon el pasado 2021 con la «sorpresa» de poder estrenarla al fin este año de «los dos patitos» tras tantos lustros de ilusión. Veo que la esperanza tampoco podemos perderla.
Y por mantenerla, pido para los llamados «gestores culturales» se olviden de una crisis permanente (Covid aparte), pues la intelectual sigue tan contagiosa como la Omicron, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotero barato sino por la calidad contrastada, incluso variar de agencias de contratación… y sobre todo ¡no más recortes, cancelaciones, ni cierres!, pues saben de sobra que la Cultura es Segura.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez, emigrado a Alemania, y María Ovín en la OSPA), creciendo y cumpliendo años… solo desearles mucho éxito.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que traigan 2022 y más. Además de darle las gracias de nuevo, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo (especialmente un Mozart que pido pueda llevar a las tablas) y en mayo cruzará de nuevo el charco llevando su prodigioso talento a Brasil como verdadera embajadora de Asturias y España. Que siga creciendo su agenda aunque espere mucha más ópera en el Campoamor como protagonista (de la zarzuela no me quejaré) y le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid o el Liceu barcelonés, pues en Italia saben que es muy querida, recordándoles que en Londres, Nueva York o Viena aún no se han enterado y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que ya está bien de pedir… al menos mantenerla en Asturias.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen.
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el ya finalizado 2021. A pesar de todo (de la Lotería no les pido que toque), que mantengan su Banda Sinfónica, dirigida por Antonio Cánovas, al mismo nivel tras tres años sin pararla ni siquiera el Covid, llevando su música, además del nombre de nuestra Villa, lo más lejos posible, con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos como el de nueva normalidad. Me entristece ver que la Ley Celáa se impone y ya van demasiadas para empeorar progresivamente en pos de una generación de ignorantes digitales… A esta ya no me apunto y abandonaré cansado (por no decir asqueado).
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas de las que mejor no opinar y menos las que se han inventado como ¡estáticas! y hasta con Baltasar descolorido) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Y como siempre, que no se me olvide
Pablito, 12 años.

Feliz NaviBach

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Martes 14 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Gabrieli Consort & Players, Paul McCreesh (director). Cantatas de Navidad de J. S. Bach.

Con Bach comienza la Navidad y esta vez no con su famoso oratorio sino con una selección de cantatas de este tiempo en la interpretación de los pupilos de Paul McCreesh que hicieron parada en Oviedo, como no podía ser menos, y la mejor terapia para mi primera salida tras la obligada cuarentena del Covid que nos acabará tocando a todos con más seguridad que la lotería, incluso vacunados con las dosis pertinentes.

No importó que del cuarteto solista enfermase el tenor Jeremy Budd del que no pude anotar el sustituto, la «cantera McCreesh» está viva, voces capaces de afrontar coros y solos con la misma facilidad, empastar ocho voces a la perfección (cierto que no todas iguales en volumen), destacando sobre todos el barítono Morgan Pearse, esplendor vocal en cada intervención suya, y la soprano Rowan Price.

Como bien decía al descanso un querido amigo escolano, son atletas de la voz, la tradición de los «colleges» británicos mantenida con los siglos que marcan la diferencia. Y del ensemble instrumental podría decir otro tanto, un orgánico mínimo pero suficiente, todo encajado al detalle como no puede ser menos para la música del Dios Bach, limpieza más allá de la pulcritud, planos perfectos y solistas para quitarse el sombrero, desde el organista William Whitehead hasta el oboe de Christopher Palameta, sin olvidarse de la inicial flauta de Lisa Beznosiuk (ver PD final).

Selección ideal la navideña de Paul McCreesh, comenzando por la Cantata BWV 151 seguida del «poderío» instrumental de la Sinfonía BWV 169.

De las misas luteranas la BWV 236 en sol mayor para gozar de la genialidad del Kantor, el encaje perfecto de voces e instrumentos donde todo está en su sitio, el texto del ordinario capaz de elevar el espíritu como el del idioma de Lutero, el subrayado de las palabras por parte de unos instrumentistas entregados al maestro McCreesh.

Y la segunda parte comenzando por Vom Himmel hoch, da komm ich her BWV 701 para lucimiento del organista antes de la impresionante Cantata BWV 63 Christen ätzet diesen Tag con un cuarteto de trompetas naturales que no rindieron como hubiésemos querido pero la climatología y si complicada afinación tienen estos inconvenientes que no empañaron en absoluto el resultado final, ocho voces sonando cual gran coro, ideales «a capella» y esa «orquesta navideña» de la que Bach siempre sacó lo mejor, conocedor de los recursos de cada instrumento, en estos tiempos difíciles que como bien titula en las notas al programa Mª Encina Cortizo, ¡Dulce consuelo, Jesús ha nacido! sólo la música de «mein Gott» Bach puede elevar a Fiesta.

PD: gracias por el comentario que aclara «la flautista no fue la anunciada Lisa Beznosiuk, sino que la sustituyó la española Laura Quesada; su impresionante curriculum mereció la confianza de Paul McCreesh». Seguimos exportando talento.

Mantener la ilusión

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Domingo 14 de noviembre, 19:30 horas. Teatro Palacio Valdés, Avilés: El León de Oro, Marco A. García de Paz (director): Romería para una pasión. Obras de: Victoria, Guerrero, A. Alcaraz, J. Elberdin, A. Makor y J. Gavito.

En tiempos de Covid cantar es toda una hazaña, con mascarillas una heroicidad y mantener con el paso de los años la calidad y la ilusión, un hito. Este coro asturiano que se renueva sin fisuras, no sólo continúa su imparable actividad sino que ha conseguido crear una temporada de conciertos estable (patrocinada por SATEC) que abrían en Gijón y continuaron este domingo en La Villa del Adelantado, programas que aprovechan su amplio repertorio (siempre necesario refrescarlo) y las novedades que se agradecen, organizándolo temáticamente como en El León de Oro es costumbre.

Con el título “Romería: música para una pasión” presentaron una peregrinación coral que va más allá de lo meramente auditivo para seguir disfrutando de unas voces únicas, envidiables, empastadas siempre sin importar los efectivos, con el balance ideal y unos matices “marca de la casa”. Un auténtico viaje de los “leónigans” cual peregrinos recorriendo con el coro este itinerario pasional organizado en nueve etapas, cada una distinta, interiorizada y expresada como sólo LDO es capaz.

Maravilloso comprobar las combinaciones en escena, dobles coros, comenzando por Victoria y Guerrero que están en los genes iniciales tras el magisterio de Peter Philips, semilla que ha germinado, voces blancas con su habitual colorido angelical (Elena Rosso impecable en sus solos), y voces graves rotundas en bajos con tenores acertados (pese a su minoría).

Los compositores actuales que tienen en este coro el mejor escaparate para disfrutar de la calidad de sus partituras, Alcaraz o Elberdin junto al esloveno Makor, incorporados a un repertorio que crece como ellos, la música sacra de nuestro tiempo en las voces con futuro e interpretaciones íntimas, entregadas, perfectas en la búsqueda del ideal coral.

Y la música de la tierra, inspiradora de nuestro Jesús Gavito Feliz pero también de Domínguez o nuevamente Alcaraz, folklore de altura que lleva Asturias con su mejor coro, melodías universales con voz natural, canciones de las que presumir y exportar con este coro allá donde va.

Peregrinaje musical y éxito de Gavito con su bellísima e inspirada En toda la quintana que hubieron de bisar, con un cuarteto del coro femenino en la bolsa lateral (y la solista triunfadora) tras el baile final esta vez “sin madreñes ni guiás” porque este camino se hace al cantar.

PROGRAMA

Destino: Tomás Luis de Victoria (1548 – 1611): Regina coeli (SSABar + SATB)

Esperanza: Francisco Guerrero (1528 – 1599): Ave virgo sanctissima (SSATB)

Redención: T. L. de Victoria: Salve Regina (SSABar + SATB)

Pérdida: Albert Alcaraz (1978): Ecce quomodo moritur justus. 

Oración por las almas: Josu Elberdin (1976): Ave Maria gratia plena.

Llegada: Andrej Makor (1987): O lux beata trinitas.

Entre dos mundos: Jesús Gavito (1979): En toda la Quintana.

Fiesta: Julio Domínguez (1965): Cantos Asturianos.

Baile: Albert Alcaraz (1978): Fariñona y Marañueles.

NOTAS AL PROGRAMA

«Partimos en la etapa del destino ¡Aleluya! Oh, Regina Caeli. Somos afortunados por poder partir en esta empresa. Cuando volvamos habremos resurgido tal y como el que llevaste en tu seno resucitó. Nuestra voz firme y decidida resuena como las campanas en lo alto de la torre. Partimos.

Al segundo día el cansancio acecha nuestros huesos, pero afortunados de nosotros, vemos la luz, que, como un faro de esperanza, nos atrae y nos brinda las fuerzas llenándonos de ilusión igual que el Ave Virgo Sanctissima, una brillante perla preciosa. Es muy pronto para rendirse.

En nuestra tercera etapa de andanza recordamos aquello que nos apesadumbra y rogamos perdón a la Reina de los Cielos. Le pedimos clemencia: O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria. Ella, misericordiosa, vuelve sus ojos hacia nosotros y elimina el peso que cargamos sobre los hombros. Nos hemos redimido.

Al cuarto amanecer se empañan nuestros ojos. Ecce quomodo moritur justus: “Observen como el justo muere y nadie se da cuenta. Los hombres justos son sacados del paso y nadie presta atención”. Las pérdidas que hemos sufrido a lo largo de nuestra vida ocupan nuestros pensamientos.

En la quinta etapa abrazamos el pasado por última vez y lo dejamos ir. Rezamos una oración por aquellas almas que nos han convertido en quien somos hoy: Ave maria gratia plena. La belleza y la plenitud inundan nuestros corazones.

Al sexto día vislumbramos la luz del faro de nuestro destino. La luz bendita de la trinidad, O lux beata trinitas, desaparece el cansancio de nuestros cuerpos. Hemos llegado.

La séptima etapa transcurre entre dos mundos. No estamos solos en nuestro destino, hay muchos más devotos, y la celebración transita entre lo religioso y lo profano. Igual lo hace la música, que se oye donde un pequeño coro de ángeles nos invita a transitar entre los más mundano y lo puramente celestial.

Al abrir los ojos la octava mañana ya es de día, tras la ceremonia el pueblo y los caminantes mezclan sus historias y se reúnen para entonar unos cantos populares, Cantos asturianos. Comienza la fiesta.

La música no cesa de sonar, la fiesta ha durado todo el día. Con las campanadas de medianoche nos adentramos en nuestra última etapa. El baile. Hay algo hipnótico en tantos cuerpos moviéndose al compás, el ambiente está extasiado. Somos uno más entre la multitud. Caemos exhaustos. La romería ha concluido. Nuestra pasión… se ha incendiado».

Scaramouche, un francés en Gijón

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Miércoles 6 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto inaugural de la temporada: Forma Antiqva: Les Scaramouches (farsa, sátira, tragedia y comedia en la noche francesa). Música del barroco francés.

Forma Antiqva tiene varios equipos para competir en todas la categorías: sala, liga nacional y Champions. Este miércoles en Gijón trajo su alineación de gala capitaneada por Aarón Zapico con once artistas conocidos, figuras todas seleccionadas por el «boss» que nos hicieron pensar en el próximo derby  asturiano por los colores azul y rojo, pero finalmente resultó la tricolor francesa que sobrevoló todo un espectáculo donde la actriz Ana Villa puso en escena la dramaturgia de Natalia Huarte dando unidad a esta pantomima en la línea esperada de la formación asturiana que nunca defrauda, con ideas siempre originales que podemos disfrutar en cualquier escenario.

Importante amar y armar un programa con un hilo conductor desde el barroco francés, algo que el seleccionador  Zapico ya conoce con otro equipo, tras su último proyecto educativo junto a la OSPA (El Gato con botas), para centrarse de nuevo en el personaje de la Comedia del Arte, Scaramouche. Volver de Gijón por «la minera» escuchando por la radio el Italia-España también marcará esta entrada de lo más futbolísitica, pues los símiles taurinos parecen no sentarles bien a algunos seguidores de este blog.

La salida al terreno de juego, con un público más expectante que nunca, arrancó por la banda con una carrera en solitario del imprescindible mago de la percusión David Mayoral ambientando el primer número de las cuatro partes, francesas hasta en los títulos de cada bloque (a la una, a las dos, a las tres y ¡voilá!) para ir combinando entre todos, dando juego y color en un potente medio del campo con las flautas de Alejandro Villar y Guillermo Peñalver, reforzados con el cello de Ruth Verona (la cuarta Zapico) y el contrabajo de Jorge Muñoz doblando los laterales cual carrileros, la defensa sólida en banda con la viola de José Vélez, y la retaguardia de los tres Zapico con el mayor cual cancerbero ordenando, para dejar una delantera de dos estiletes del violín: Jorge Jiménez y Daniel Pinteño.

Un once internacional en un fluir de combinaciones tímbricas, farsa y sátira de textos delineados por Villa, pasos de la tragedia a la comedia pintada por sutiles triangulaciones arrancando desde atrás, músicos cómodos en cualquier ritmo y diseño en un escenario donde poder pasar del control Lully al «tiki taka» de Corrette, cambios de banda largos sin perder la identidad de conjunto, líneas de juego amplio pero igualmente en corto, que la maestría en cada demarcación alcanzó como equipo de Champions barroco.

Si Lully ponía la tranquilidad, Couperin sería la inspiración hispana, podemos presumir de exportarla, Leclair sería el toque sutil y Marais la esencia. Cuatro tiempos en uno, ataque y defensa balanceados en un equipo que se conoce, jugando y disfrutando, escuchándose, integrados con unos textos que fueron creciendo y cambiando en una Villa camaleónica donde el color de las chaquetas, las gafas de sol trágicas o el autodiálogo fraterno, la plegaria serena o los movimientos sencillos pasando por el palco escénico, nos hacían deambular imaginariamente (sin enfermar) por estancias insondables que la música unía como sólo ella es capaz. Banda sonora del exquisito barroco francés ejecutada con pasión y precisión por un once que enamora.

Triunfo arrollador de Forma Antiqva y excelente arranque de una prometedora temporada gijonesa cuya centenaria Sociedad Filarmónica estrena directiva joven tan ilusionada como nosotros, nos regaló una bolsa de tela con su logo para seguir llenándola de buena música. El próximo concierto será de los «históricos» y con dos grandes intérpretes de casa, que espero seguir contando desde aquí.

El arte de registrar

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Domingo 3 de octubre, 17:00 horas. Basílica de Covadonga, XIII Ciclo de Conciertos: Heinrich Walther. Obras de: Gibbons, Sweelinck, Bull, Bach, Grigny y Messiaen.

El peregrinaje a Covadonga es obligado también para los amantes del órgano de Acitores y llegaba el tercero de los conciertos de este ciclo otoñal con el alemán Heinrich Walter que es habitual en nuestra tierra y esta semana también ofreció un concierto en el Grenzing de Pola de Siero.

    

Programa de largo recorrido el del maestro Walther, desde Gibbons a Messiaen cual lección histórica del instrumento rey, sacando el máximo rendimiento al gran órgano sinfónico de Covadonga, con la inestimable ayuda de su titular Fernando Álvarez, con sabia elección de obras, ejecución impecable, unos pies que parecen levitar y la pulcritud de cada partitura que siguiéndolas en la doble pantalla permitieron disfrutar aún más de unas páginas para órgano bien engarzadas.

Si A Fancy for a double organ (Orlando Gibbons) tiene la cercanía de lo bailable, las «Diferencias» del Allein Gott in der Höh sei Ehr (J. P. Sweelinck) no pueden faltar en el renacimiento organístico que el propio Walther ha grabado, celebrando los 400 años del fallecimiento del compositor neerlandés. Y nada mejor que John Bull y su Fantasía sobre un tema de Sweelinck para cerrar este primer bloque donde los teclados del Acitores resultaron ideales para una música modal llena de matices que sin necesidad de muchos registros dieron el brillo y planos ideales.

El Preludio y fuga en mi menor, BWV 548 (J. S. Bach) da el salto al paraíso organístico barroco, y de todos los tiempos. Si el preludio resultó de una claridad expositiva con unos registros tan bien balanceados que permitieron escuchar todo lo escrito al detalle, la fuga endiablada sonó sin pecado, el pedalero acariciado, los cambios de teclado imperceptibles en un desarrollo magistral de pulsación pluscuamperfecta, y el órgano siempre único que en manos de Heinrich Walther destapa la quintaesencia de los órganos de Acitores en Asturias.

Y no por «menor» también sonó paradisíaco el Gloria de la Missa para órgano: Recit de Tierce en taille  (Nicolas de Grygny) en otra clase de combinaciones sonoras e interpretación, el magisterio organístico plenamente integrado con el entorno y oficiando cual maestro de capilla este «otro alemán» en Covadonga.

El final del concierto nada menos que Olivier Messiaen y L’Ascension du Seigneur (1934), cuatro momentos de introspección donde las sonoridades del francés siempre brillan irrepetibles en cada órgano y esta vez el de la basílica sirvió de ejemplo. Impresionante disfrutar de registros «desconocidos», campanas disonantes casi fundidas con el exterior, transiciones rápidas con el timbre apropiado (sólo quedó enganchada una nota pedal rápidamente solventada por la tracción eléctrica) y un auténtico derroche de musicalidad en manos y pies de Walther que hace de Messiaen el Bach contemporáneo y de Heinrich su mejor apóstol organístico.

Del amor que el profesor alemán siente por España y su larga tradición organísitica, especialmente  en el País Vasco, un regalo mayúsculo del Usandizaga orquestal en transcripción del propio Heinrich Walther, el Menuet de la «Suite en la mayor» (1904), como ya ha hecho con Dans la Mer, cantábrica, la escuela francesa en manos del donostiarra con el que Walther ha trabajado en tiempos de pandemia y en «La Cuna de España» hemos podido disfrutar con este regalo, una música la del vasco que el profesor alemán ha descrito que tiene «sentido de la melodía, la armonía y la perfección en la forma«, conjunto perfecto en todo este primer concierto dominical del mes antes de la clausura el próximo día 10 que también espero poder contar desde aquí.

Link al vídeo del concierto: https://youtu.be/BLr7ayJskmg

Los tres Zapico

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Viernes 1 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres. FORMA ANTIQVA: Concerto Zapico Volumen 2 (Danzas instrumentales del Barroco español e italiano). Entrada gratuita.

Vuelta a casa, a Mieres con buena música de las cuencas mineras, buenas las dos cuencas y con tres hermanos casi adoptados en la del Caudal, tres músicos internacionales que presumo de seguirles desde sus inicios por lo que la cita era imperdible.

En la historia de la música hay muchos hermanos famosos, desde los Broschi (Riccardo y Carlo «Farinelli») pasando por Nannerl y Wolfgang Mozart, Fanny y Felix Mendelssohn, no digamos la saga Bach (toda una dinastía irrepetible), sin olvidarme de apellidos ilustres dentro de la interpretación como José Miguel y Emilio Moreno, los Mena Juanjo y Carlos, pasando por pianistas como Pekinel, Labèque, Del Valle o  los mediáticos Jussen, siempre en la mal llamada «música clásica», los todo terreno Marsalis Branford y Wynton, también cinematográficos como The Blues Brothers o Los Fabulosos Baker Boys, y hasta los Cano y Urquijo en el pop, todo parejas de hermanos donde solo recuerdo que sean tres los Quijano.  Y tres, son tres los hermanos Zapico: Aarón más los gemelos Daniel y Pablo. hijos de Eloy (siempre en el origen) y Marga.  Todas fraternidades que comparten no solo la misma sangre y educación en la familia, sino que al unir afición con profesión resultan verdaderos prodigios tanto por separado como al unirse para hacer música juntos.

Los Zapico son de esa generación que apostó por estudiar instrumentos nada habituales entonces, llamados antiguos, debiendo formarse fuera de nuestras fronteras y apostando por la música barroca, donde han alcanzado fama mundial, tanto de solistas como en distintas formaciones, incluso Aarón en la dirección orquestal. Los tres docentes y con las ideas siempre claras, hacer lo que les gusta, todo un privilegio en estos tiempos. Acompañantes de lujo a los que se rifan, e integrándose en proyectos de distinta envergadura con esa marca propia que es Forma Antiqva donde ellos son el núcleo imprescindible.

Pero el auténtico disfrute resulta cuando se juntan los tres para adoptar como suya la música que habitualmente no protagonizan sino que comparten, rompen moldes, transcriben para ellos y consiguen el milagro de tres solistas en uno, todas las combinaciones posibles de solos, dúos hasta el triángulo mágico. Cada «Concerto Zapico» resulta un soplo de aire fresco, lúcido, actual, bien organizado en la selección de las obras y sobre todo un placer verles disfrutar haciendo música juntos, lo que se transmite al patio de butacas siempre con un público heterogéneo que ha encontrado en el barroco una música ligera y atemporal, guiños de jazz y pop, sencillez de estructuras que el magisterio Zapico eleva a la profundidad virtuosa de sus instrumentos:

El clave de Aarón siempre sabio de registro y ornamentos perlados auténticamente vertiginosos cuando así lo exige la obra.

La tiorba de Daniel explorando todos los registros tan grandes como el propio instrumento, bajos potentes, arpegios de ensueño y «punteos» que unen el «obligato» con la personalidad hasta en los armónicos.

Y la guitarra de Pablo, necesario equilibrio de rasgueos rítmicos y solos polifónicos de limpieza escrupulosa, con la atención casi exclusiva de los gemelos que respiran al unísono.

Solo queda unir cada punto, líneas paralelas, convergentes hasta el mejor y mínimo sustento de tres patas para el triángulo de cuerdas afrontando marionas y jácaras, tocatas y folías, aires rápidos y lentos, tonalidades mayores y menores siempre bien conjuntadas, verdadera «Fiesta Zapico» donde hasta lo asturiano les suena barroco, llevando la giraldilla de su Sama o el fandango de Leitariegos al terreno que ellos dominan como nadie. Un repertorio asentado, muy trabajado, dominado, siempre distinto en cada actuación o grabación, el poso y paso del tiempo, la madurez profesional y el entendimiento único entre  los hermanos. Goce compartido sobre el escenario y contagiado a un patio de butacas aún con todas las restricciones que el «Barroco Zapico» nos hace olvidar, volviendo a demostrar en estos tiempos de Pandemia que la cultura es segura y la música la mejor terapia. La receta «Made in  Langreo» es infalible.

Programa Concerto Zapico 2:
“Marionas” – Gaspar Sanz (ca.1640 – ca.1710)
“The old Spagnoletta” – Gilles Farnaby (ca.1563 – ca.1640)
“Grabe” – Santiago de Murcia (1673 – 1739)
“Faborita” – Anónimo (ed. Francisco Tejada, 1721)
“Passacaglia” – Giovanni Girolamo Kapsperger (ca.1580 – 1651)
“Jácaras” – Gaspar Sanz
“Toccata e Bergamasca” – Giovanni Battista Vitali (1632 – 1692)
“Españoletas” – Gaspar Sanz
“Villan di Spagna” – Giovanni Girolamo Kapsperger
“Bayle del Gran Duque” – Anónimo
“Folías Gallegas” – Santiago de Murcia
“Giraldilla de Sama de Langreo y Fandango de Leitariegos” – Tradicional asturiana
“Cumbees” – Santiago de Murcia
“Diferencias sobre las Folías” – Anónimo (ed. Antonio Martín y Coll, 1709)

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