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Sir John impuso el silencio con la música

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Domingo 26 de octubre, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Ann Hallenberg (mezzo), Orquesta Revolucionaria y Romántica, Sir John Eliot Gardiner (director). Obras de Beethoven y Berlioz.

Es triste que la megafonía tenga que avisar al «respetable» cómo comportarse o amenazar en nombre del señor director que de persistir la mala educación se vería obligado a detener el concierto. También es triste y hace sentir vergüenza ajena, que solo «por las malas» y a base de imperativos, todo funcione como debería, dado que la incultura, falta de civismo o directamente grosería de parte del público lleva tiempo siendo preocupante. No es ahora el momento de detenernos en esta cuestión, pero me hace interrogarme por las causas de esta situación, así como no llenar el auditorio cuando programa e intérpretes pasarán a la historia musical local, con un horario dominical más europeo y hasta una climatología benigna, casi veraniega cuando esperan los santos a la vuelta de la esquina.

Atesoro grabaciones que con el tiempo resultan joyas, y así guardo la integral de las sinfonías de Beethoven que ya tienen 20 años con los mismos intérpretes de este concierto único e irrepetible, incluso la primera aproximación a Berlioz, sin olvidarse de Brahms. No están tan distantes pero sí (re)posados y los oídos cada vez más hechos a estas sonoridades de las que Sir John y esta orquesta, más romántica que revolucionaria tras sus bodas de plata, nos ofrecieron con el directo siempre único y la interpretación de las dos «B» que resultaron literalmente «BBB» no ya de muy buenas sino de magistrales.
La Obertura Leonore nº 2, op. 72a de Beethoven nos dejó con el alma en un puño desde el primer acorde, con unos silencios, rotos por la «legión revientaconciertos», sobrecogedores, realmente preparatorios de una acción que la música del sordo genial prepara en cada nota para su Fidelio. Instrumentos originales, colocación, sonoridades cuidadas al detalle y la sabiduría de la batuta del maestro con una orquesta entregada, atenta, tocando todo lo escrito pero plegada a cada gesto de su líder. El solo de trompeta desde el segundo piso redondeó una Leonora magistral como Beethoven probablemente la hubiese querido escuchar.
Les nuits d’étè, op. 7 (Berlioz) con esta formación son seis delicias para voz (tenor o mezzo) y piano con los poemas de Gautier que orquestadas por un dominador como el francés e interpretadas desde el buen gusto tanto por la mezzo sueca como desde el sonido aterciopelado de «la orquesta de Gardiner», resultaron íntimas, dulces sin almibarismos, contrastadas y románticas de trazo fino. Ann Hallenberg en esta gira forma parte de un trío que completan según calendario y disponibilidades Susan Graham y Anna Caterina Antonacci, tal vez más apropiadas para esta obra temprana del francés que la sueca, pero su musicalidad, correcta emisión, grave débil pero consistente y ausencia de estridencias, siendo arropada en cada uno de los poemas por una orquesta cual guante para su voz, nos dieron una versión más que aseada de esta maravillosa partitura, especialmente en Le spectre de la rose y L’ile inconnue.
El aviso amenazante por megafonía tras el escándalo de ruidos, toses, portazos y demás durante la primera parte, surtió el efecto deseado y cual liturgia profana en total silencio, pudimos escuchar la Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67, «la Quinta de Beethoven» con todo el poder musical de transportarnos al momento de su estreno en tarde otoñal tras «noches de verano» antes del descanso, violines en pie, metales también durante sus intervenciones siempre ajustadas. No es cuestión de descubrir cualidades de intérpretes o de una obra maestra, pero desde el inicio Gardiner marca las diferencias: Allegro con brio, el tiempo justo, casi metronómico leyendo todo, marcando todo, manejando dinámicas y agógica con el magisterio reconocido y una orquesta plegada, disciplinada, esforzada en responder a cada llamada desde el podio. Poder escuchar todas las notas escritas por Beethoven en el plano justo es casi milagroso en directo pero funcionó y de qué manera.
El Andante con moto dibujó el rigor con la esquisitez del mando bien entendido, matices extremos sin perder compostura ni unidad sonora, la lectura al pie de la letra con las duraciones exactas de cada figura, de cada silencio, los crescendo, ataques, fraseos, equilibrio entre las secciones. Otra maravilla.
Un poco de aire y afinación fueron aprovechados por algún desconsiderado que se atrevió a toser aunque «mezzoforte» antes de afrontar los dos movimientos que quedaban. El Scherzo nunca lo volveremos a escuchar igual, creador de intrigas en una cuerda presente nada hiriente, pasajes delineados a la perfección, la transición al Allegro con maderas nobles y la aparición brillante de un «tutti» como nunca en el final, todo medido pero exhuberante en calidades sonoras, ambicioso de principio a fin, destacando hasta el «piccolo» de madera colocada la intérprete atrás y arriba con los trombones para no sobrevolar en su tesitura y frecuencias ni un ápice por encima del resto, discreción sonora sin perdernos ni una nota. Músicos humanos, alguna nota falsa (normal en instrumentos naturales) e incluso alguna entrada mínimamente fuera de sitio, pero que nunca empañaron una visión de conjunto que Gardiner entiende desde hace muchos años, más con esta orquesta adaptada a repertorios clásicos y románticos que todavía nos dará alegrías y nuevas grabaciones.

Cuando el concierto es sagrado, los silencios son tan importantes como la propia música, y solamente Gardiner cual máxima pontífice, logró alcanzar el milagro interpretativo. Otro hito para Oviedo y su auditorio.

Ensayando para los reyes

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Miércoles 22 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo, XXIII Concierto Premios Príncipe de Asturias, ensayo general. W. A. Mozart: Réquiem en re menor, K. 626. Ainhoa Arteta (soprano), Maite Arruabarrena (mezzo), Luis Dámaso (tenor), José Antonio López (barítono-bajo), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), OSPA, Rossen Milanov (director). Entrada libre previa recogida de invitación.

Veintitrés años de conciertos para una semana donde Oviedo se viste de gala para entregar sus galardones más internacionales, pero donde la crisis se nota también. Atrás quedaron las semanas de música con el patrocinio de unas perdidas cajas de ahorros y sus obras sociales, reeconvertidas en bancos que no suelen entender la música como inversión, con figuras internacionales y obras para recordar.

Para este 2014 la FPA ha programado el siempre bello, emocionante y exigente Réquiem de Mozart a cuyo ensayo general acudió público variado que llenó el auditorio aunque desconociendo probablemente qué es un ensayo, donde los solistas no suelen darlo todo (enhorabuena para los que sí), se cronometran y ajustan últimos detalles de protocolo, para finalmente retocar o dar esas anotaciones necesarias que desemboquen en un concierto lo mejor posible.

Con la plantilla al completo y en pie se comenzó con el Himno nacional de España que el maestro Milanov aún no parece dominar, siendo imperdonables desajustes hasta en los platillazos. Menos mal que no se tiene en cuenta para la crítica la ejecución (nunca más literal) del himno patrio, sin letra aunque el coro permaneció en escena preparado para la siguiente.

Reubicados y con la plantilla mozartiana para su obra póstuma comenzó titubeante el Requiem aeternam, primero orquesta y después un coro que se adapta a lo que le pidan, y personalmente me congratula porque creo que les faltó más confianza con el director, aunque solventaron la papeleta con una profesionalidad de la que siempre hacen gala. El trabajo de años con Pepu al frente se nota, logrando una formación moldeable, rigurosa y precisa, con una gama dinámica sobresaliente en todas las cuerdas, aportando seguridad. Hasta el Confutatis no hubo comunicación ni interpretación, demasiado silábico y marcado todo, faltando más legato y expresividad, mayor contraste entre orquesta y coro, que no tienen porqué sonar iguales, el contraste es una de las grandezas de esta obra del prodigio de Salzburgo. El Lacrimosa resultó de lo mejor, realmente emocionante y a punto de saltársenos las lágrimas porque la sal apareció por fin. Y con el Sanctus ya parecieron entenderse todos mejor (bien el fugado), si bien eran las voces quienes acababan encontrando la pulsación poco precisa del maestro búlgaro que no parece encontrarse cómodo con estos repertorios, debiendo percatarse que los coristas deben tener siempre claro el tempo y las entradas, algo difícil con la gestualidad del titular. Conocer la obra como este coro siempre ayuda y fueron realmente quienes mantuvieron el tipo. Mis felicitaciones para ellos.

Del cuarteto solista siempre destacar a Ainhoa Arteta, una figura internacional cercana, volcada durante todo el ensayo, incluso en las repeticiones posteriores, cuya voz siempre es un placer degustar con Mozart. Otro tanto de José Antonio López, potencia, claridad de emisión y musicalidad en todas sus intervenciones, convenciendo en el Tuba mirum de inicio a final, bien secundado por Luis Dámaso que cumplió y empastó con sus compañeros, línea de canto hermosa perfectamente adaptada a la partitura; pues el director no pareció pedirles nada especial, por otra parte difícil en una obra tan conocida y cantada. Una pena Maite Arruabarrena que «dejó cojo el banco» y siempre oscurecida, poco volumen, tapada en la mayoría de sus intervenciones, de registro grave inaudible (y esta vez estaba en la fila siete) dejando el medio y agudo justo para poder apreciarla. Supongo que en el concierto será otra cosa, aunque a la vista de los mimbres no sé qué cesto saldrá. Tampoco se contagió de la entrega de sus compañeros, aunque repito que un ensayo general suele ser así.

La orquesta tiene a Mozart en sus genes, siendo capaz de lo mejor y lo peor, incluso de combinarlo en una misma obra. Por lo menos el director corrigió al final detalles que son casi de manual, de los que los profesores tomaron nota. Pienso que sigue faltando más precisión en el podio, no es solamente el discurso musical o los matices, que están siempre pero que sin una pulsación clara (haya o no rubati) es inexistente el encaje necesario, por otra parte más difícil en los ritardandi que sí entienden a la primera. La preocupación por el color sigue vigente, colocaciones incluso de los solistas entre coro y orquesta, eligiendo timbales de bronce o trompetas de llaves, pero la línea no debe sacrificarse en pos del color, menos en el Clasicismo. Felicitar esta vez a los trombones, especialmente en los solos, capaces de transmitir esa sensación orgánica que todo el Requiem respira.

Final con Asturias patria querida y mismas sensaciones, tapado por un público que no mantiene pulso con el escenario y acaba «mandando», populismo mal entendido nuevamente para un himno que, hace tiempo ya comenté, se le viste de solemnidad con una orquestación para estos momentos.

Después vinieron las correcciones puntuales con parte del público interrumpiendo al salir en plena labor directorial. Del técnico de sonido preparando la microfonía mientras sonaba Mozart mejor ni opino porque denota falta de prudencia, algo parecido a los fotógrafos cuyos clic enturbian y rompen un ambiente necesariamente de concentración. Hubo tiempo para enchufar antes del inicio, y ajustar niveles sin tanta molestia para todos, incluso la visual.

El jueves es el día, Felipe y Letizia estuvieron como príncipes y vuelven como reyes, aunque todos sabemos que la melómana es Doña Sofía. El concierto no llega a la hora y Mozart gusta a todos, incluso a los entendidos…

Distintos, no distantes

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Viernes 17 de octubre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Sabina Puértolas (soprano), Mª José Suárez (mezzo), Roger Padullés (tenor), Christopher Robertson (barítono), Coro «El León de Oro» (director: Marco A. García de Paz), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (Director). Obras de Bach y Schönberg.

Comienza la temporada de los Conciertos del Auditorio con dos mundos totalmente distintos en un mismo universo sonoro, dos obras opuestas, «amor sacro y amor profano» que titula Juan Manuel Viana sus notas al programa, dos visiones distintas pero no distantes pero capaces de mostrar la versatilidad de una orquesta que sigue ganando en calidades bajo la dirección de su titular, y disfrutar de nuevo con el mejor coro asturiano capaz de cantar «a capella» o con orquesta siendo su sonoridad la de un instrumento más sin renunciar a sus señas de identidad: la búsqueda de la perfección desde un arduo y meticuloso trabajo que les ha llevado a triunfar incluso en Londres y todavía nos seguirán dando muchas alegrías.

El Magnificat en re mayor, BWV 243 (J. S. Bach) representa un despliegue sonoro y catálogo de emociones en sus doce números bien contrapuestos como joya barroca que es y cántico de la iglesia católica donde el genio nacido en Eisenach logra exprimir los textos en latín como si de su lengua vernácula se tratase. Una orquesta reducida y colocada para la ocasión (con el continuo de Sergei Bezrodni), cuatro solistas aseados y un coro valiente, convencido desde la primera intervención, siempre con las intensidades adecuadas, presencia y musicalidad en una formación que sigue renovando voces sin perder un ápice una sonoridad y estilo propio. Conviene recordar la dificultad técnica de esta obra cuya virtud está en parecer sencilla, y los tres números corales finales así sonaron, desde el potente fugado del Fecit potentiam hasta el Gloria Patri en momentos celestiales.

Me sorprendió la actitud corporal de Sabina Puértolas por una gestualidad a la que no estamos acostumbrados en estas obras. siempre más recogida incluso en la posición para sujetar la partitura, pero su voz y gusto superaron presencia en el Et exsultavit y continuaron en Quia respexit, cumpliendo sobradamente (con su «Micaela» madrileña aún en el subconsciente). El barítono Robertson, estadounidense afincado en Bilbao, cantó con el continuo su Quia fecit algo corto en el grave -parece difícil encontrar bajos cantantes, recurriendo a barítonos cuyo color de voz nunca es igual- aunque suficientemente. Del tenor catalán especialista en estos repertorios, me gustó cómo empastó con la mezzo asturiana en Et misericordia pero su Deposuit quedó algo mermado en volúmenes buscando asegurar afinaciones desde unas dinámicas menos arriesgadas, con una voz agradable y bien colocada. De mi querida Mª José Suárez siempre hay que destacar su profesionalidad y saber estar, sin excesos vocales en el citado dúo y bien en su Esurientes, fluido para esa ternura del texto latino. Finalmente la orquesta sin ser especialista ni dotarse de instrumentos para la ocasión, desde una sonoridad cercana al barroco pero con cierto romanticismo en cuanto a la intención por parte de todos, estuvo siempre acertada, un trío de trompetas sin complejos, los timbales mandando y con los ritardandi perfectos, maderas de tímbricas recogidas, y una cuerda siempre con el «vibrato» adecuado dando una textura homogénea para una obra tan bien concebida. Conti mimó cada número y se le vio cómodo tanto con los solistas como con un coro que muchas batutas quisieran tener enfrente, redondeando una interpretación bachiana no memorable pero si honrada en sus planteamientos y ejecución.

El salto espacio-temporal resultaría impensable tras la primera parte, no por los estilos, que también, sino por la búsqueda de sonoridades, y es que el Pelleas und Melisande, op. 5 (Schönberg) puso sobre el escenario una gran formación sinfónica (con muchos refuerzos) para un poema sinfónico exigente, vibrante, en cuatro secciones sin pausa, cercanas, emocionantes, disfrutando con cada tema en intervenciones solistas personales y de calidad, empaste, dinámicas extremas perfectamente logradas por Marzio Conti, versátil como su orquesta, capaz de afrontar en un mismo concierto dos mundos distintos pero no distantes, al gusto de todo buen melómano, extremos que se tocan, el «padre de todas las músicas» y el compositor vienés que revolucionaría la escritura musical desde la investigación y el conocimiento de los orígenes, el contrapunto como «madre de la composición», esponsales musicales para este inicio de temporada de grandes conciertos en la capital del Principado.  Obra compleja la del vienés basada en el drama de Maeterlinck que la Oviedo Filarmonía llevó fiel a su espíritu, sigue creciendo fuera del foso, aunque resulte un espejismo la plantilla desplegada para esta apertura, pero el florentino es capaz de liderar proyectos arriesgados como el de este luminoso viernes otoñal.

El próximo domingo 26 a las 19:00 horas nos espera otra celebración con Sir John Eliot Gardiner y su Orquesta Revolucionaria y Romántica no Bach o Monteverdi sino un Beethoven que seguro pondrá el listón muy alto, y un Berlioz en medio corroborando esta leyenda de distintos, no distantes…

Premios Codalario, por muchos años

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El pasado sábado 11 de octubre tuvo lugar en el auditorio del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM), «La Sede», el acto de entrega de los II Premios Codalario, la revista de música clásica, así como la presentación del Anuario 2014 que pudimos adquirir al finalizar el evento regado con buen vino de Rioja etiquetado para la ocasión, así como una exquisita cecina de León.

A las 20:30 h. daba comienzo el acto en sí con presencia del director de Codalario y del consejo de redacción así como varios colaboradores y de Sergio Portela Campos, polifacético artista además de escultor y autor de estas «Musas», premios expresamente diseñados para «Codalario», este portal web que sigue creciendo y dando también el paso al papel con unos anuarios de cuidadísima edición y calidad que desde este segundo número incluye publicidad.

Musas de Sergio Portela (foto de Fernando Frade)

También fue de agradecer la presencia de todos los galardonados, dando mayor empaque a un acontecimiento que llenó el auditorio de melómanos, amigos y familiares de los homenajeados así como autoridades, intérpretes y distintos invitados que se acercaron a un edificio con mucha vida e historia, restaurado con estilo y sabor como no podía ser menos por parte de los propios arquitectos, disfrutando todos de una velada que finalizó con truenos y relámpagos incapaces de estropear la alegre noche en el barrio de Chueca entre charlas, pequeños corrillos, recuerdos y comentarios sobre presente, pasado y futuro cercano.

Abría el acto José Antonio Granero, decano del COAM explicando un poco qué es «La Sede» y la Fundación Arquitectura que también cumple dos años, edificio y espacio abierto al arte, por supuesto a la música que está presente en su propia singladura.

Aurelio M. Seco prosiguió con palabras de agradecimiento para los galardonados por el enorme esfuerzo de asistir a esta gala. También recordó el éxito del Anuario 2013 esperando que el presentado hoy no se quede a la zaga. Y por supuesto el otro triunfo, la web «Codalario», todo un referente de la crítica actual, seria e independiente, portal que también tiene tarifa Premium así como la de promoción de artistas.
No olvidó citar el peligro que la LOMCE tiene para la asignatura de «Música», conocedor de ello en primera persona como profesor de instituto, o la extinción de algunas orquestas con la disculpa de la crisis. «Codalario» apostará por la creación contemporánea que parece olvidada en programaciones y publicaciones, teniendo un sentido recuerdo a los que se han ido en este último año.

Tomó el relevo en el micrófono Gonzalo Lahoz, subdirector y auténtico motor de «Codalario», que comentó que la publicidad del anuario aparece también desde la honestidad y calidad de la propia revista desde sus inicios, antes de dar paso a un vídeo con parte de los protagonistas del anuario 2014, antes del breve recital de Marta Espinós al piano, alumna en Dallas del maestro Achúcarro.

La alicantina interpretó tres Preludios -los números 6, 8 y 7– de Mompou, bien explicados antes de la interpretación, con el número 6 guiño al zurdo Achúcarro escrito «para la mano izquierda», o el nº 7 «Palmier d’etoiles», palmera de estrellas de fuegos artificiales para la celebración de hoy. Dedicado al maestro bilbaíno, Marta nos dejó una exquisita interpretación de la no siempre reconocida música íntima del compositor catalán.

Finalmente Alejandro Martínez daría paso a la ceremonia de entrega de los premios, con proyección de imágenes y una breve historia de cada uno de ellos, así como los agradecimientos de cada premiado, que recogieron su Musa, la estatuilla del galardón, posando para los fotógrafos y contarnos anécdotas siempre enriquecedoras.

El mejor artista de 2014, Celso Albelo, llegado directamente de Viena donde está haciendo Roberto Devereux, mejor cantante que orador aunque siempre cercano y sencillo, como las auténticas figuras, dedicó galardón a familia, amigos, seguidores y también a su «hermana» Desirée Rancatore, presente entre el público.

Miguel Ángel Marín, gestor y responsable del área musical de la Fundación Juan March además de agradecer el galardón a la mejor entidad musical, aprovechó para publicitar y contarnos la larga trayectoria de una institución privada con todo lo que ello conlleva así como los fondos musicales que atesora y los nuevos proyectos como el iniciado de la ópera de cámara.

Josetxu Obregón como cabeza visible de La Ritirata, cuyo cuarteto casi al completo en la sala (sólo faltó por compromiso profesional Miren Zeberio) nos ha dejado una grabación de la integral de los cuartetos de Arriaga para el sello «Glosa» realmente única, novedosa en todos los planteamientos, y que ha obtenido justamente el premio al mejor producto musical, elogió a Codalario y su labor entre otros piropos siempre merecidos para todo el equipo. El vídeo nos presentó un breve making of del CD.

Finalmente Joaquín Achúcarro y su premio especial a toda una carrera que todavía continúa dando muchas alegrías, siendo Oviedo afortunada de tenerlo habitualmente. Toda una vida la del bilbaíno con su compromiso ético de siempre para una lista interminable de autores, orquestas y directores con los que ha interpretado a los grandes sin olvidarse nunca de los españoles, siendo un gran embajador de lo nuestro. Y por supuesto la labor docente, de la que Marta Espinós es buen ejemplo, contándonos esa cercanía con su alumnado, o la forma de afrontar una obra desde ese «ser vivo» que es el piano, haciendo el simil pictórico de un mismo paisaje con varios pintores dando lugar a cuadros todos distintos para un mismo modelo. También dio las gracias a Emma Jiménez, su mujer, colega y compañera fiel, apoyo desde siempre.

Si en los distintos discursos música y gratitud estuvieron siempre presentes, la calidad humana y editorial para un proyecto hecho realidad en el que todos somos testigos de haber nacido para quedarse muchos años, estuvieron también presentes.

Los premios son una prueba de acierto por parte del equipo humano de «Codalario» en esta singladura larga que ya tiene un arranque claro y certero. Toca ahora leerlo con deleite y archivarlo entre las publicaciones que se guardan como colección, esperando el siguiente.

Con todos los sentidos

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Sábado 4 de octubre, 23:00 horas.  Noche Blanca 2014: Campo de San Francisco, Oviedo. «Zapico a la carta. Música y comida improvisada. Forma Antiqva celebra 15 años». Aarón Zapico (clave), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca y archilaúd), Pedro Martino (chef de «Naguar«. Obras de Caldara, Händel, Kapsperger, José de Nebra, Purcell, D. Scarlatti y otros.

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En las antiguas instalaciones de la Escuela de Hostelería, conocida popularmente como el «Pavo Real» los hermanos Zapico quisieron celebrar sus 15 años con un concierto a la carta y música para todos los sentidos, donde el público elegía obra asociada a unos ingredientes que el cocinero Pedro Martino del afamado Restaurante «Naguar», preparaba mientras sonaban tres obras por sorteo, que los agraciados degustarían después el plato resultante ante la imposibilidad de invitarnos a todos.

Propuesta original para un evento que en el caso citado no estaba muy iluminado aunque la gente acudió de más a menos, mucho público en los dos primeros «platos», con duraciones nunca superiores a los 15 minutos para dar tiempo al cocinero, y menguando a medida que avanzaba la noche.

La carta resultó una auténtica caja de sorpresas, hubo «platos» que no salieron (curiosamente faltaron pan y huevos) más algunos que el azar hizo repetir aunque nunca sean iguales en cocina musical y gastronómica. Como recordaba entre plato y plato, funcionaba parecido a los primeros reproductores de CDs que tenían la posibilidad «Randomize» o «Shuffle» donde alterando el orden original resultaba una escucha totalmente distinta que en este caso afectaba a los propios intérpretes. Claro que Forma Antiqva en su genuina formación son capaces de realizar todas las combinaciones posibles de los mismos ingredientes para conseguir resultados siempre increíbles, tal es el dominio de las obras y el entendimiento más que fraternal entre los hermanos Zapico. Del «artista fogonero» faltó catar los productos, todos a la vista, pero el listón lo tuvo alto y era hipnotizante verle cocinar sobre la marcha en un espectáculo muy europeo por fusión, entorno y horario noctámbulo.

Tras explicar el proceso y en un ambiente festivo, casi familiar, proyectando imágenes de estos años, con amigos de los langreanos en ellas pero también entre el público, músicos de distintas formaciones y curiosos que se apuntan a todo a pesar de una noche fría y lluviosa, los regalos fueron saliendo al escenario. Primeros ingredientes Händel y su Ritorna, oh caro dolce mio tesoro asociado a una chuleta de vacuno que tenía una pinta increíble, combinada con chocolate, el Fandango de D. Scarlatti, y productos de la mar, las Diferencias sobre las folías, combinación de mar y montaña en la cocina con el toque dulce, y los manjares Zapico de su repertorio en estado puro. Un entrante realmente potente, sutil, maridaje de elementos de la tierra universales en olor, sabor (para quien lo probó), vista y oído, imposible evadirse con el chisporroteo de la sartén como si de un instrumento más se tratase… y el tacto siempre metafórico.
El siguiente plato a preparar también chocolate que se desechó para no repetir, setas de temporada con el Bayle del Gran Duque, hongos asturianos también universales como la carne que parece omnipresente y las hortalizas, crudas o preparadas, Quella Clizia innamorata (A. Caldara) con los toques personales de los distintos chefs, el culinario y los musicales, sumándose siempre plantas de la Passacaglia de Kapsperger que no pueden faltar  como el perejil de Arguiñano. Preparación y presentación de lujo, las cuerdas templadas, fraseos claros como cada ingrediente, ornamentaciones que engrandecen sabores para paladear con el oído.
Otro pase ya en la medianoche, con frío afuera y calor en el interior del «pavo», el chocolate goloso del siempre rico Fandango scarlattiano que puedes tomar solo o mojando, cítricos de nuevo con Kapsperger y las improvisaciones sobre Chaconas, más los quesos de la Xácara, maridaje casi imposible en la cocina y cercano en la tarima, maravillando la preparación y evolución de cada ingrediente musical para conformar un plato único.
El final trajo frutos secos de Purcell y su Chaconne: dance for the Chinese, unas grasas con oliva virgen, tuétano o cañamina que decimos en Asturias con ese impresionante arreglo para dúo de tiorba y archilaúd para A Dios, prenda de mi amor (J. de Nebra) antes de completar con más carne de vacuno astur para Händel, todo universal por supranacional, muestra que además de necesitar productos de primera, que siempre lo son, la cocina puede rematar o estropear la materia prima. Nuestros protagonistas representan la seguridad desde la especialidad y el conocimiento de ingredientes, preparación, presentación y placer final, música para todo los sentidos en otra apuesta por acercar el arte a todos los públicos desde la calidad y seriedad nunca reñida con la informalidad y originalidad de la oferta nocturna gastromusical.
Feliz cumpleaños a la familia Zapico, porque parece que fue ayer pero «quince años tiene mi amor» donde la trayectoria es impresionante y el futuro alentador luchando contra los elementos desde Asturias al mundo, y con la música por montera, regalándoles mi lema bloguero.

Buenos deseos pero incertidumbre

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Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA, Abono 1, Javier Perianes (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Mozart, Grieg y Chaikovski (notas al programa de Ramón G. Avello en los links de los compositores).

Arranca la temporada 2014-2015 de la orquesta de todos los asturianos, primero en Gijón y a continuación Oviedo, con la Consejera de Educación, Cultura y Deporte de testigo, el búlgaro Milanov en el podio titular y el onubense Javier Perianes pianista solista que siempre aporta esos detalles que resultan diferenciadores para un programa conservador equilibrando conocido y olvidado.

Mozart es siempre traicionero porque su música es agradecida, terapéuticamente positiva pero exigente de principio a fin. La selección de la suite del ballet de Idomeneo K. 367 se redujo a dos números de los cinco, la Chaconne y el Pas à deux, con los que la OSPA pareció dar el primer aviso de que aún falta rodaje, como si de un coche fuera de punto y funcionando con tres cilindros se tratase: las secciones aunque ensambladas todavía desajustadas y el conjunto aún más (aunque los solistas siguen siendo de seguridad pasmosa), con pasajes poco claros que hacían irreconocible el sonido del motor. Desconozco si la mecánica era fruto de la conducción de Milanov o directamente la necesidad de lubricar pistones, pero no hubo entendimiento, indecisiones en entradas, dinámicas sólo en papel, y había muchas, sin ensamblarse para dejar esa sensación de tirones continuos.

El plenamente romántico Concierto para piano en la menor, op. 16 de Grieg pareció ir tomando el punto a la marcha, pero sólo la magia de Javier Perianes sacó a flote la belleza de una partitura que todos conocen. Faltó unificar el discurso entre solista y director, el instrumento piano con el instrumento orquesta, de nuevo indecisiones en las caídas entre ambos. Cierto que hay momentos donde es imposible no emocionarse y donde las intervenciones de todos llegan solas a lo más profundo, pero faltó química. El aire ligero del primer movimiento Allegro molto moderato resultó más cómodo para el piano frente al Adagio preciso para todos con claridad de líneas exhibida por un Perianes de gamas dinámicas conseguidas y que pareció contagiar a sus compañeros más que al maestro. El Allegro moderato molto e marcato volvió a evidenciar las carencias apuntadas, la orquesta detrás frente al poderío del andaluz en cada cadencia con su impronta interpretativa y la contestación en otro idioma con unos rubati mal entendidos o transmitidos por el director y matices poco cuidados por todos, lo que impidió una mejor interpretación global.

El Nocturno en do sostenido menor, Op. póstumo de Chopin fue la propina que reivindicó la calidad y calidez del pianismo de Javier Perianes en un momento de su carrera que sigue en ascenso y todavía queda recorrido, demostración de lo que Grieg pudo haber sido y no fue.

La Sinfonía nº 2 en do menor, op. 17 «Pequeña Rusia» de Chaikovski no es que se programe tanto como las tres últimas del ruso pese a ser la más cercana al alma de su pueblo por los motivos usados y una orquestación que recuerda a sus correligionarios. Con alguna cara nueva y refuerzos puntuales, la formación asturiana fue entrando en calor pese a los aires nórdicos del concierto, el cuarto cilindro al fin arrancó y el motor retomó el sonido potente al que nos tiene acostumbrados, aunque sólo en el cuarto movimiento, con un Milanov que nunca pisó a fondo aunque se dejó llevar por una partitura con demasiadas curvas tomadas casi por los atajos. Sin hacer paralelismos, está pasándome como con Alonso y Ferrari, deseo siempre lo mejor pero parece que tampoco ganará su tercer mundial, aunque los anteriores ya están en la historia. La temporada es larga, hay paréntesis «obligados» y los conductores deberán conocer y entrenar más con el coche. Los invitados previstos son de primera, pero el maridaje y entendimiento entre todos será necesario para el éxito total, ya que los parciales hacen que parte del público marche al descanso, como si una vez conocida la «pole» el resultado de la carrera volviese a deparar el resultado no deseado.

Entrevista de Javier Neira a Javier Perianes en LNE:

Pocos celos sin pasión

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Otello (Verdi). LXVII Temporada de Ópera de Oviedo. Miércoles 17 de septiembre, 20:00 horas, Casa de la Cultura de Mieres, proyección en directo desde el Teatro Campoamor. Entrada libre. Sábado 20 de septiembre, 20:00 horas, Teatro Campoamor. Entrada última hora: 15 €. Producción de la Ópera de Oviedo. Reparto: Robert Dean Smith (Otello), Juan Jesús Rodríguez (Jago), Maria Luigia Borsi (Desdémona), Mireia Pintó (Emilia), Vicenç Esteve (Cassio), Manuel de Diego (Roderigo), Stefano Palatchi (Ludovico), Damián del Castillo (Montano / Un heraldo). Dirección de escena: Bruno Berger-Gorski. Escenografía y vestuario: Barbara Bloch. Iluminación: Alfonso Malanda. Asistente a la dirección musical: Julio César Picos. Asistente a la dirección de escena: Raúl Vázquez. Coro de la Ópera de Oviedo (director: Patxi Aizpiri). Orquesta Oviedo Filarmonía. Director musial: Yves Abel.

El comunicador Patxi Poncela nos contaba media hora antes de la última representación del primer título que debíamos seguir al nutricionista verdiano y haber comenzado por Rigoletto, pues este Otello, que parece debería haberse titulado Jago, realmente era duro de roer. Sumemos unas voces protagonistas desiguales, una escenografía cutre de cartón piedra y desconchados premonitorios de lo que vendría después, un vestuario pobre y una puesta en escena de las llamadas modernas que nada aportan al entendimiento de la obra por los no iniciados (a mí me servía con cerrar los ojos, aunque mi visión en anfiteatro me hacía perder la piscina – cuadrilátero – cama de arena) hacen imposible degustar un plato que requiere el equilibrio justo aderezado con el gusto durante la cocción y «emplatamiento».

Acudía el miércoles a la proyección en pantalla gigante (sigue suspendiendo la realización y el sonido que llegó por un sólo canal) dentro de la apuesta mierense por acercar la ópera al pueblo, con la ventaja de primeros planos imposibles en el teatro y comprobar la gestualidad de los protagonistas así como una idea global del reparto. Tristemente el directo de la cuarta y última representación fue como la Ley de Murphy donde «todo lo que puede empeorar, empeorará». Parecía el tonto que acudía todos los días a la película del oeste esperando que el vaquero no entrase en la cantina sabedor que todos los días le daban una paliza.

La propia ópera de Verdi como nos recordaba el radiofonista gijonés nada es lo que parece. La divina Callas insistía en que lo importante es el último acto porque es finamente el que recordamos y levanta todo lo anterior. En Oviedo abucheos y pitos para un Otello nada creíble en ningún aspecto: no es moro, las rastas en el cogote parecieron ubicarle su voz en dicha zona y la angustia cada vez que cantaba era contagiada al público temeroso que no llegase al agudo, siempre apretado, descolocado y gritado.

Dean Smith no tiene color ni sabor para este rol que tiene mucha enjundia (qué distinto de su Tristán o el concertístico Sigmund también en Oviedo), lástima que por momentos en la media voz parecía tomar el camino correcto, pero finalmente recogió la tempestad que no descampó hasta el final. Y del personaje irreconocible, arrodillado más de la cuenta, pintado a lo Braveheart, celos supuestos e incapaz de enamorar y mucho menos convertir a una piadosa mujer cristiana. Una pena no se hubiese suicidado antes y evitásemos la injusta muerte de Desdémona.

«La Borsi» al menos puso el gusto en el canto, la credibilidad de un personaje dificilísimo de crear y cantar, perdonándole incluso el quiebro en el final de la bellísima aria del sauce (el miércoles no lo tuvo) tras crear un ambiente en el teatro de los que permiten cortar el aire. Mi enhorabuena por la pasión y entrega que mantuvo la italiana.

Triunfó Jago, «el malo de la película» interpretado por un Juan Jesús Rodríguez poderoso pero que deberá cuidarse de papeles como éste que pueden mermar su futuro. Casi impecable en su línea de canto faltando gusto en el fraseo al apostar por una dramatización sólo de volúmenes en vez de crear un personaje que actoralmente dominó y venció al resto del elenco.

La Emilia de Mirela Pintó fue de menos a más, tapada literalmente en el cuarteto ubicándola atrás, mejor en el concertante del tercer acto y final en su punto. Ya tenía ganas de volver a escucharla en escena tras el concierto con la OSPA de hace cinco años.

Seguro y en su línea la breve intervención de Lodovico Palatchi, siendo capaz de escuchársele dentro de los truenos y relámpagos vocales. Más discreto el Cassio de Vicenç Esteve que a la vista del conjunto alcanzó el aprobado rapado.

Capítulo aparte merece el «coro de Aizpiri» comprometido de principio a fin, luchando contra los elementos, algo retrasado al inicio o fuera de escena (lógico) pero asentándose todos volviendo a demostrar una profesionalidad y entrega plausible. Era difícil no gritar ante la masa sonora verdiana siempre desbocada, pero consiguieron equilibrar parte del desastre.

La Oviedo Filarmonía afrontaba una partitura con mucho que tocar pero sin mando desde el podio, pues el Maestro Abel no logró amarrar los caballos, desbocados continuamente, olvidando que también había canto en escena (qué distinto del que dirigió a la OSPA hace dos años). Los músicos en foso se limitaron a cumplir órdenes y faltó la química así como degustar lo que es una concertación que en Verdi es siempre exigente, sobre todo en este Otello casi wagneriano con permiso del respetable.

Al menos no tuve que gastar mucho dinero y las entradas baratas funcionan porque daba gusto ver casi todo ocupado, lástima que muchos comiesen este Otello convencidos que estaba al punto. Este restaurante merece platos mejor cocinados y servidos como se debe.

Celebraciones con música, por supuesto

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Viernes 19 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Celebración Cruz Roja Española 150 Aniversario. OSPA, Coro de la Fundación P. de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), director: Óliver Díaz. Obras de Bizet, Verdi y Wagner. Entrada por invitación.

Día de fiesta en Oviedo este 19 de septiembre desde hace años conocido como el «Día de América en Asturias» y celebración en este 2014 con Cruz Roja de su 150 aniversario (diez menos en mi tierra) que convocó en el auditorio carbayón a socios, colaboradores, personal técnico y voluntarios para festejar un cumpleaños con conocidos coros de ópera a cargo de dos formaciones asturianas tan solidarias como la propia Cruz Roja, y el maestro Díaz al frente de ambas, haciendo que el lema de esta ONG «cada vez más cerca de las personas» lo extendiésemos a la música.

Primero el vídeo y los discursos habituales de estos eventos donde no se pierde el protocolo, con la presencia y presentación del conocido periodista asturiano Juan Ramón Lucas que fue dando paso a las intervenciones de Agustín Iglesias Caunedo, alcalde de la capital, Esther Díaz, consejera de Bienestar Social y exalcaldesa langreana, y Celia Fernández, presidenta de Cruz Roja de Asturias.

Público no habitual de conciertos pero que disfrutó con la selección musical operística como no podía ser menos en la capital lírica, que está estrenando su LXVII temporada precisamente con Verdi, emparejado con Wagner al igual que en sus aniversarios todavía recientes, aunque fue Bizet y la Suite nº 1 de Carmen la que abría concierto. Independientemente de los aplausos entre números, las conocidas melodías de esta ópera tan española fueron bien «cantadas» por una OSPA y los distintos solistas bien llevados por el asturiano Óliver Díaz, algo sobreactuado gestualmente pero que contagia a todos ímpetu y gusto por las páginas líricas. Con trazo grueso y pocas sutilezas fueron sonando las hermosísimas melodías de Bizet, falto de esa unidad puede que rota ante las interrupciones de un público no muy conocedor de las normas de cortesía habituales aunque mucho más educado mientras la música sonaba, sin toses ni ruidos no deseados.

Verdi salió más centrado y homogéneo, la obertura de Nabucco prepararía este título que resultaría protagonista de la noche, dando entrada al coro cantando el «Patria oppressa» del cuarto acto de Macbeth antes del archiconocido coro de esclavos «Va pensiero» que se bisaría con participación de todos, aunque desconozco la causa de no situarlo tras su obertura. Todavía quedaba otro famoso coro, el «Vedi le Fosche» de Il Trovatore, en ambos un coro afinado, seguro en volúmenes medios y fuertes pero nuevamente corto en los graves aunque menos por la propia escritura vocal de estos conocidos fragmentos verdianos. La orquesta también quedó algo descompensada en el equilibrio entre familias, unos cellos nunca presentes o unos metales con colores no siempre homogéneos. Con todo el coro y la fragua estuvieron bien forjados por Óliver Díaz antes del último Wagner.

Foto © Marta Barbón – OSPA

En la temporada musical asturiana que comienza con paso firme, el coro dirigido por José Esteban Gª Miranda será coprotagonista en marzo nada menos que con la Orquesta del Teatro Mariinski y Valeri Gergiev al frente precisamente con Wagner (primer acto de La Walkiria y segundo de Parsifal), por lo que Los maestros cantores de Nüremberg resultaron un aperitivo para ellos, la Obertura sacó lo mejor de nuestra OSPA entregada al maestro Díaz, y la joya del «Wach auf!… Ehrt Eure deutschen Meister» el mejor colofón para esta formación coral que logró en alemán la sutileza que faltó en italiano, concertación y equilibrio para una partitura enorme.

Difícil era un regalo final optando por repetir o bisar el ya comentado «Va pensiero» participativo, tarareado, con letras inventadas tipo «Va pa’ Siero, camín de Noreña…» o ceñido al papel en algunos coralistas y músicos que compartían emociones, conocedores del simbolismo de un número coral que en Italia sigue siendo himno vigente (también en un 150 aniversario) del que carecemos en España (tal vez buceando alguna zarzuela), aunque los tiempos vayan paralelos. Tras Wagner no habría más pero el poder de comunicación y persuasión de Óliver Díaz hicieron posible el guiño popular de celebrar ideales como los de la homenajeada Cruz Roja con música de ópera.

Aún me quedaba bajar hasta la Plaza de la Catedral a disfrutar con Vuelta Abajo y Los Sabandeños, pero es otro cantar, igualmente irrepetible… la razón de escribir antes de comer y no después de cenar, aunque ya sabe quien me lee, sigue y conoce el menú de este omnívoro musical.

Prensa del sábado 20:

 

Ofrenda Bruggen de La Tempestad

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Jueves 14 de agosto, 22:00 horas. 63 Festival Internacional de Santander, Ciclo «Marcos históricos»: Santillana del Mar, Claustro de la Colegiata de Santa Juliana. La Tempestad: 1747: «Una ofrenda musical». Música de cámara para Federico II de Prusia. Obras de C. Ph. E. Bach y J. S. Bach. Entrada: 6 €.

Festivales de verano como forma de turismo cultural y en uno de los más asentados de España que sale de la propia capital cántabra para llegar a lugares con historia como es Santillana del Mar. La formación con sede en Murcia fundada en el año 2000, liderada por la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y dedicada a la música antigua, acudía como cuarteto para un concierto dedicado a la memoria de Frans Bruggen, fallecido el día anterior y uno de los padres de estas músicas que nunca pasan de moda, siendo las que están captando más público joven, con colas dos horas antes para adquirir unas localidades en la propia colegiata (desconozco la imposibilidad de hacerlo en internet o cajeros) con un programa muy trabajado.

Con la Ofrenda musical en torno al rey músico de Prusia, como el recordado Bruggen, fue Guillermo Peñalver al traveso quien ejercería de monarca junto al violín de Pablo Prieto y el continuo del cello Guillermo Turina más el clave de la citada Silvia Márquez, abriendo velada nocturna con la Sonata a trío en si menor Wq. 143 (H. 567) para flauta de Carl Philipp Emanuel Bach en tres movimientos (Allegro – Adagio – Presto) bien contrastados e interpretados por el cuarteto, perfecto preámbulo y referente antes de afrontar la gran obra del concierto del padre Bach:

«Una ofrenda musical«, Eine musikalische Opfer BWV 1079, densa, dura, llena de historia partiendo del tema de Federico II que el rey Bach recrearía con dos fugas a tres y seis voces (casi nada), diversos cánones y la sonata final para flauta travesera, violín y bajo continuo, «despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema» como la propia profesora Silvia Márquez Chulilla escribe en el programa del concierto, no solo declaración de intentaciones para una interpretación emocionada de principio a fin sólo «rota» por las campanadas de media y completas las once de la noche además del pertinaz teléfono móvil femenino que sigue mostrando su mala educación en cualquier lugar, primero al finalizar el Ricercar a 3 inicial a cargo del clave solo, con sonoridades rotundas en el grave y delicadas en el agudo (no pude fijarme en el modelo) antes de comenzar los cánones sobre el tema regio en las distintas combinaciones instrumentales para solaz y virtuosismo de los músicos: dúos de Cancrizans para violín y chelo, cambiado por el clave en Violin in unissono, el trío con la flauta del Per motum contrarium o el lento per Augmentatione, contrario Motu del cuarteto, segunda y eterna melodía telefónica. Chelo y violín per Tonos con las campanadas de las 22:30 horas y la impresionante Fuga canonica in Epidiapente, cuarteto en estado puro para ir armando la estructura académica compositiva e interpretativa, violín clave, chelo y finalmente la flauta, sin precipitaciones, paladeando la matemática musical.

Tras semejante torbellino los «pianissimi» del Canon perpetuus super Thema Regium despojados del clave prepararon el rápido octavo número Canon perpetuus en «tutti», arcos amplios, respiraciones ajustadas a las frases y nuevamente el clave presente siempre y protagonista en su sitio.

Aún quedaba la recta final: Quaerendo invenietis con el Canon a 2 del clave, esforzandos y amplia gama dinámica en el Canon a 4 y el Ricercar a 6 con el clave solo de Silvia plagado de musicalidad en cada voz, virtuosismo en tecla que engaña al oido cual laud con plectro por las tímbricas encontradas, antes de la Sonata Sopr’Il Sogetto Reale a Traversa, Violino e Continuo que cerraba esta ofrenda y homenajes varios, del propio Bach, de La Tempestad a Bruggen, como repartidos en cada movimiento:

Largo, Allegro, once campanadas sumándose al festín, Andante y Allegro, disfrute por y para todos, emociones que trajeron como propina el bis de uno de los cánones finalizados en do. Marcos históricos para músicas históricas desde la atemporalidad y el rigor incluso de las noches de verano.

Pasiones y afectos de Forma Antiqva

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Martes 15 de julio, 20:00 horas. XVII Festival Música Antigua, Gijón: Centro de Cultura Antiguo Instituto. «Crudo Amor«. Pasiones y afectos en la voz de Agostino Steffani (1654-1728), Forma Antiqva: María Eugenia Boix (soprano), Carlos Mena (alto), Ruth Verona (chelo), Pablo Zapico (guitarra barroca), Daniel Zapico (tiorba), Aarón Zapico (clave y dirección).

Éxito total en la tercera jornada del festival gijonés tanto por la entrada, nuevamente aforo completo incluso en la planta primera con abundante público de pie, como por el programa donde Forma Antiqva estrenaba su último proyecto, Crudo amor, una excelente selección de cantatas de cámara para soprano, contratenor y bajo continuo del recuperado Steffani, todo un personaje capaz de protagonizar novelas y quién sabe si películas, un encargo del Festival «Ludwigsburger Schlossfestpiele» alemán para la formación asturiana que sigue viajando y triunfando allá donde va. Gijón ha sido como su punto de partida a lo largo de muchos años y el afecto es mutuo, algo que se notó desde la primera nota. Además la formación para este programa era igualmente capaz de llenar el antiguo Instituto Jovellanos, con los hermanos Zapico más Ruth casi «cuarta hermana», y dos voces de referencia: el contratenor alto Carlos Mena de reconocida fama mundial, inmenso en un registro como el suyo donde la musicalidad está presente siempre, y la soprano Mª Eugenia Boix a la que he visto crecer musicalmente en cada concierto cerca o directamente en nuestra tierra, demostrando este martes un momento espléndido, que comentaremos más adelante, con un grave más equilibrado, un centro y agudos hermosos en presencia y una vocalización más clara, sumándose a la plantilla de Forma Antiqva donde las voces femeninas siempre han brillado a gran altura.

Apuntaba la recuperación de Agostino Steffani en estos tiempos gracias a artistas y grabaciones mediáticas donde no ha faltado la novela oportuna para que muchos melómanos descubriesen a este polifacético personaje, aunque me consta que los hermanos Zapico llevaban más tiempo en este proyecto, por lo que no se han apuntado a modas sino que la tendencia les ha venido bien para programar la hermosísima música de Steffani, comentando a la salida que va a suceder algo parecido a Salieri tras la película «Amadeus». Bienvenidas sean estas hornadas de fama para poder disfrutar de partituras que dormían el sueño eterno hasta que alguien las resucita. En el caso de Forma Antiqva no solo han seleccionado a la perfección para la plantilla del momento sino que han realizado edición propia para tres de las seis cantatas escuchadas: todo un placer comprobar el detalle de cada interpretación, solos oportunos de cada instrumento, dúos elegidos según la pasión textual y vocal, tutti en la medida exacta, planos sonoros bien diferenciados, doblando partes cantadas, completándolas, coprotagonizando solos y duetos, alternancias de soprano y alto con los instrumentos propicios siempre desde la labor musicológica de los Zapico que continúan asombrando con un magisterio en este periodo musical adaptado siempre a las necesidades.

Entrando ya en las seis cantatas elegidas, textos italianos del sempiterno tema amoroso con sus pasiones y afectos (también en el sentido musical de la teoría) reflejados en cada palabra, en cada párrafo donde el inicial titula cada una de ellas y donde la música complementa una letra de por sí plena: Begl’i occhim oh Dio, no più abría concierto, cuatro números perfectamente combinados vocal e instrumentalmente, comenzando a dúo para alternar solo de alto (Clori mia), de soprano (Se la tua gelosia) y cerrar nuevamente a duo. Primera alegría comprobar el perfecto empaste vocal de dos colores conocidos en solitario que combinaron perfectos en sus dos dúos, tras demostrar sus capacidades solísticas en unas arias siempre difíciles.

Dimmi, dimmi, Cupido en edición de Forma Antiqva, volvía a jugar con los mimbres elegidos en nueva combinación y mayor riqueza emocional: solo de Mena, dúo (Son’erede dei tormenti) pleno en calor y color, solo de Boix (Ah, che quei piendi oh Dio) carnoso en todo el registro, y dúo (Non bastava al Dio d’Amore) final corroborando las sensaciones de la primera cantata: juego emocional desde la dicción, emisión y color con la orfebrería instrumental ahora complemento y después compañera, todo desde esta versión propia que enriquece un de por sí bello original.

Podría repetir lo mismo para Occhi, perché piangete? en cuanto a edición hecha a medida, pero la sorpresa y la teatralidad van de la mano en estos «proyectos Zapico», por lo que el inicio solo con la guitarra de Pablo suponía apostar por colores y afectos, también efectos, siguiendo el clave de Aarón antes del lento que comienza cantando Mª Eugenia y continúa Carlos antes del tutti, matemática musical combinatoria ceñida a las expresiones italianas donde cada intervención instrumental parece subrayar palabras y responder preguntas, como la tiorba de Daniel y el cello de Ruth ante las palabras de soprano y alto. Las indicaciones de los tres movimientos (Lento: Occhi, perché piangete?, Allegro: Stolto e ben chi vi crede, y Lento: Dal nostro planto amaro) solo indicativas puesto que cada uno de ellos fluctúa en su microcosmos para buscar la terminación rápida mucho más adecuada anímicamente.

La cuarta cantata que da título al concierto, Crudo Amor, consta de seis movimientos difíciles todos ellos, jugando con todos los elementos barrocos del contraste y pasión textual corroborada en cada instrumento. Así comenzaban las voces a duo con emparejamientos instrumentales igualmente complejos, continuando el recitativo del alto Come nel mar d’Amore como si de una ópera en miniatura se tratase seguido del endiablado arioso bien ejecutado por Carlos Mena Egualmente mi nega opuesto al tranquilo recitativo La stella ch’a me splende y aria Oh, toglimi la speme de Mª Eugenia Boix con el acompañamiento de clave, hermosos y con unas agilidades para degustar antes del dueto final a tutti caminar antes de correr como las propias líneas de canto rotas tras la calma, especialmente al cantar «Speme lusingare» con la guitarra rasgueando cual folia inconclusa y sorpresiva. Tensiones bien resueltas por parte de todos, haciendo que lo difícil parezca fácil en cada intervención y sobre todo con la sensación de grupo compacto, de idea compartida donde todos reman en la misma dirección.

Aún quedaba mucho todavía en este drama musical que eran las cantatas, y así Sol negl’i occhi arrancaba con un solo de cello a cargo de Ruth «Zapico» casi bachiano, fraseado como la posterior tiorba de Daniel llevando casi de la mano a soprano y después alto, juegos amorosos desde la música como el solo Filli, filli crudele de soprano con cello y clave de pureza barroca previo al contrastante de alto Ma, se nel tuo bel viso con tiorba y guitarra sumándose el cello en una catarata de agilidades dificilísimas para todos, especialmente para unas voces siempre completando tesitura en ambos extremos para concluir en el dueto final Chi vedesse la beltá con todos en «tempo giusto» y volúmenes apropiados desde un ensamble y empastes globales dignos de admiración. Sabiduría interpretativa y técnica por parte de todos y cada uno de estos músicos que se volcaban en cada cantata sin tiempo para el desaliento.

La última Placidissime catene, también en edición de Forma Antiqva, remataría un programa estructurado al detalle para cada uno de los seis músicos de la formación, alternancias vocales e instrumentales jugando y buscando el color adecuado, el plano perfecto incluso en los tutti, respirando en la parte del compás precisa, fraseos estudiados al detalle que redondearon un programa perfecto en cada cantata, muy aplaudidas por un público tan pasional y afectuoso como el título elegido.

Y la propina permitió disfrutar con todos ellos desde la calidad y belleza de toda la música escuchada, aunque esta vez Monteverdi, primero el cuarteto y después ambas voces entrando entre bastidores para cantar el dúo de amor final de L’incoronazione di Poppea, última degustación de Poppea y Nerón, Pur ti miro, pur ti godo… Boix y Mena en perfecta unión con el acompañamiento nuevamente a la altura del reparto vocal y coprotagonistas siempre con este barroco en el que Forma Antiqva siguen sorprendiendo y los alemanes sacarán provecho de ello…

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