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Ruta Bach

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La revista «Coral» que edita el Orfeón de Mieres me encargó un artículo para el número de este año, y aprovechando el periodo vacacional recordé mi «Ruta Bach» en agosto de 2007 que transcribo aquí por si alguien se anima a realizarla. De aquella aún no tenía el blog aunque conservo un diario de viaje realmente curioso y a la vuelta preparé un vídeo con fotos desde el teléfono, pero mejor este recuerdo que permanecerá siempre en mi memoria limitándome a plasmar estas impresiones después de ocho años, con los añadidos siempre habituales de los enlaces o links que enriquecen un poco más cada entrada.

Mi pasión por Bach, el llamado “Kantor de Leipzig”, llegó en mis tiempos de coralista del Orfeón de Mieres al cantar Tus pasos encomienda, una adaptación del famoso coral de La Pasión según San Mateo, la obra cumbre de la historia musical que sacara a la luz y reestrenase el gran Mendelssohn, rompiendo la tendencia de los años como estudiante de piano que hacían de Johann Sebastian uno de los “odiados” por la dificultad que muchas de sus obras, especialmente de El clave bien temperado suponían en una ardua carrera, a la que tanto debo.

Poder interpretar al órgano los corales luteranos, acompañar algunas cantatas y hasta hacer mis pinitos de jazz con la música de Bach emulando a Jacques Loussier me hicieron “ver la luz” y reconocerle como el padre de todas las músicas posteriores al barroco, aunando tradición y genialidad, siempre actual y vigente, obras redondas, maduras, completas, sin fisuras, capaces de soportar versiones de todo tipo sin perder el sello original e inimitable.
Hace unos veranos planifiqué las vacaciones con una personal «Ruta Bach» haciendo de la universitaria Leipzig nuestro cuartel general y moviéndonos en tranvías y trenes desde la ciudad que respira música por todas partes, con una excelente combinación de itinerarios y horarios así como unos precios asequibles incluso optando por trenes ICE de alta velocidad que resultan el equivalente a nuestro AVE, ese que aún seguimos esperando en Asturias, si llega algún siglo de estos.

Lógicamente no estuve en todas las ciudades que marcaron la vida de J. S. Bach (nos quedaron Lüneburg, Ohrdruf, Mühlhausen o Lübeck) pero la disculpa para conocer los lugares más emblemáticos fue más que satistactoria, sigo recordándola y ahora la comparto desde este otro “Coral”. Hasta la ciudad alemana había vuelos “low cost” desde Asturias vía Palma de Mallorca con Air Berlin, aunque actualmente han desaparecido de nuestra tierra, pero siempre nos queda Santander…

Podríamos aunar con la melomanía muchas otras pasiones como la propia de viajar, siempre ligero de equipaje, la gastronómica, cervecística y por supuesto la museística, arte siempre para disfrute de todos los públicos. Dejo aquí unas pocas ciudades y periodos vitales de mein Gott (mi Dios) por si alguien gusta de una escapada parecida, aunque hoy en día sea posible viajar por “la red” sin moverse de casa.

Orígenes y juventud (1685-1703)

Eisenach (21 marzo 1685). Desde Leipzig 200 kms (aproximadamente una hora y tres cuartos).

El centro urbano es rico en edificios históricos y museos. La casa de Lutero, la casa de Bach en Frauenplan y la Plaza del Mercado con el Ayuntamiento, así como el palacio de la ciudad en el casco antiguo son algunos de los atractivos turísticos. Entre los museos más interesantes de Eisenach está el Museo Reuter-Wagner con su amplia colección sobre compositores alemanes.

En la avenida Frauenplan se encuentra la supuesta casa natal del famoso compositor con unas habitaciones y muebles que transmiten una viva idea de cómo eran la vida y vivienda de una familia burguesa de los años alrededor de 1700. La familia Bach destacó por generaciones como músicos de ciudad y organistas en Turingia. Se exponen testimonios históricos y una amplia colección de instrumentos musicales, cuyos sonidos se pueden experimentar durante una visita guiada. Del casco antiguo destacar el Mercado donde está también la iglesia parroquial de San Jorge en la que Martín Lutero predicó el 2 de mayo de 1521 a pesar de haber sido declarado proscrito por el emperador; tiene unas notables casas burguesas, el originalmente gótico tardío Ayuntamiento (1508) y el palacio barroco de la ciudad (alrededor de 1750).

También merece la pena una caminata hasta el famoso Castillo de Wartburg, en el borde noroeste de la Selva de Turingia, por encima de Eisenach, unido a la historia alemana como ningún otro castillo de Alemania puesto que Santa Isabel encontró dentro de sus muros su lugar de trabajo y Martín Lutero tradujo aquí el Nuevo Testamento. Asimismo el castillo se relaciona con las disputas de trovadores y la fiesta de las asociaciones de estudiantes. Como extraordinario monumento de la época feudal en Europa central, este castillo ha sido declarado patrimonio de la humanidad.

Organista (1703-1717)

Arnstadt -Turingia- (9 de agosto de 1703-1707): en la Iglesia de San Bonifacio (Neu Kirche ó Iglesia Nueva). Desde Leipzig 161 kms (con transbordo en Erfurt Hbf. aproximadamente hora y media).

Uno de los lugares más antiguos del país, tiene un histórico casco antiguo, el lugar conmemorativo de Bach, que acoge una amplia exposición de instrumentos y útiles del propio compositor, así como visitas guiadas de lo más didácticas. También merece visitarse el consejo de literatos y el museo palaciego con su incomparable ciudad de los títeres «Mon Plaisir», así como las ruinas del castillo.

Weimar (1708; 6 de noviembre 1717 detenido). Desde Leipzig 131 kms (aprox. 53 min).

Aunque Bach vivió dos momentos muy distintos de su vida en esta ciudad, apenas una estatua escondida le recuerda porque Goethe y Schiller acaparan casi toda la importancia, si bien tenga su propio espacio el músico Franz Liszt, con casa museo muy actualizada y en un enclave hermosísimo que nos lleva por un bosque lleno de sorpresas, el pintor Lucas Cranach y la escuela de pintura de Weimar, pues todos ellos han marcado la historia de esta ciudad que desde fines del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XIX tuvo un rol importante como centro intelectual, logrando realizar su visión de ser una moderna ciudad cultural gracias a la comunicación que existe entre su tradición y su presente. Como dijo Goethe: «¿dónde encuentra usted en un espacio tan reducido tanta cosa buena?».
La importancia histórica de esta ciudad la han convertido en patrimonio cultural de la humanidad con el nombre de «Weimar clásica«. También es patrimonio cultural de la humanidad la escuela de arte «Bauhaus» de Dessau y Weimar, fundada por Walter Gropius, quien marcó decisivamente la arquitectura del siglo XX, un conjunto de edificios con la casa «am Horn» perteneciente a una de las más hermosas obras de arquitectura en estilo Jugendstil de Alemania. Desde 1919 el lugar de fundación y acción de la escuela de arte estatal fue Weimar bajo el rectorado de Gropius, que en 1925 se mudó a Dessau desde donde sigue funcionando.

Merecen visita la casa de Goethe, que visualiza la vida y obra del consejo secreto con su biblioteca, la de Schiller, donde murió en 1805 a los 45 años y el palacio de Wittum, donde la duquesa Anna Amalia reunía a miembros de la corte interesados en la literatura, el arte y la ciencia con poetas, artistas y letrados de la región, encuentros donde llegaban numerosas visitas de cerca y lejos para socializar, intercambiar pensamientos y realizar actividades artísticas.

La Iglesia de la Ciudad (San Pedro y San Pablo) en el centro del casco antiguo se la conoce como la “Iglesia Herder” por J. G. Herder quien fuese durante 27 años el predicador de esta iglesia. Su más famoso tesoro es el tríptico, un altar en estilo Cranach, que fue construido por Lucas Cranach el viejo, en su último año de vida y fue su hijo quien lo terminó.

Destacan el Teatro Nacional Alemán y la Orquesta Estatal de Weimar. La casa en la plaza del teatro convence hasta hoy con espectáculos, óperas y bailes teatrales, y delante tiene al famoso monumento a Goethe-Schiller. Igualmente de visita obligada es la colección de arte de Weimar con sus cuatro edificios que forman el más importante grupo de museos de arte de Turingia.

Musicalmente no podemos olvidarnos de la Escuela Superior de música “Franz Liszt” con su orquesta, orquesta de cámara, coros y orquestas de jazz, proyectos de óperas y oratorios, pues esta escuela superior está presente con mucha fuerza en la vida pública de la ciudad. Para los concursos llegan jóvenes artistas de todas partes del mundo y cada tres años se realiza el Festival Liszt en Weimar, un evento importante en la vida musical de Turingia.

Köthen (1717-1723)

Köthen – Anhalt (5 de agosto 1717-1723). Desde Leipzig 70’7 km (unos tres cuartos de hora aunque casi hora y media con transbordo en Halle (la ciudad natal de su contemporáneo Händel), de la que dista 30 km.

Por ser una ciudad pequeña tiene todo el encanto de ello, el lugar donde Bach disfrutó seis años con el Príncipe Leopoldo, gran aficionado musical y admirador suyo que le liberará de la cárcel en Weimar (tras forzar demasiado obstinadamente su renuncia al duque Wilhelm Ernst) y no sólo le pagará bien sino que dispondrá de todo el tiempo para componer y hasta le pondrá una orquesta a su servicio como “kapellmeister” en una época donde escribir música instrumental le alivió de las obligaciones puntuales y siempre apremiantes que le ocuparon el resto de su vida al servicio de la iglesia luterana, si bien cada obra suya tenga el espíritu del trabajo que ennoblece, comenzando cada partitura con las iniciales SDG (“Soli Deo Gloria”, a la gloria de Dios). Las biografías siempre citan esta etapa como la más feliz de Bach. La muerte de su esposa María Bárbara le sorprende en pleno viaje musical con el príncipe y marcará el rumbo de los años venideros, volviéndose a casar en 1721 con Anna Magdalena Wilcke, 17 años más joven que él, una talentosa soprano que cantaba en la corte de Köthen con la que tuvo trece hijos.

Los jubilados en Alemania siguen trabajando en museos colaborando como conserjes y asombrándose de un asturiano en el palacio donde vivía y tocaba Bach, que gentilmente nos enseñó hasta el último rincón, disfrutando como nunca de una visita única al salón del príncipe donde se interpretaron los famosos «Conciertos de Brandemburgo» o los de clavecín, las partitas de violín solo, las suites de cello y tantas otras auténticas maravillas donde el propio compositor ejercía de solista. Conservo el pequeño busto de Mein Gott como presente del amable anciano además de la reproducción del famoso retrato del cantor a un precio irrisorio comparado con las ciudades grandes.

A su lado está el museo dedicado a Samuel Hahnemann (1755-1843), fundador de la homeopatía que la practicó en esta coqueta ciudad. En San Angus Bach también demostró su virtuosismo al órgano, sin dejar de componer fantasías, preludios, fugas y sobre todo cantatas, el grueso de su obra religiosa y oficio obligado, junto a la iglesia de St. James que es otra referencia.

De la gastronomía, a la que apenas hago referencia, todavía quedan fondas antiguas con cocina tradicional, lejos de los menús turísticos, con un trato familiar que nos recuerda la antigua Alemania oriental aunque el esfuerzo por modernizarse es encomiable en esta coqueta población, también reconstruida tras los bombardeos de 1944.

Cantor de Santo Tomás (1723-1750) Der Kantor

Leipzig (firma el 5 de mayo 1723). ¡Todo es Bach! pero también Mendelssohn, su “apóstol” con casa natal casi palaciega por fortuna familiar en un entorno idílico, y muchos más: Schumann, Clara Wieck, Wagner, hasta el noruego Grieg vivió en este Leipzig ciudad de Bach y sobre todo ciudad de música.

La plaza del antiguo ayuntamiento (Alter Rathaus) acoge actuaciones y proyecciones de la obra de “mein Gott” durante el verano: las iglesias de San Nicolás y Santo Tomás (con un coro celestial) son como el peregrinaje de todo bachiano que se precie, contrastes de luz y sombra para dos monumentos que quedan en el recuerdo, incluyendo la tumba en la que reposa desde 1950 (la de San Juan fue destruida en la SGM) con los pies hacia el altar y flores sobre una sencilla placa de bronce para 65 años de una vida muy fructífera que Leipzig sigue salvaguardando.

También el inicio del cambio democrático, la “revolución pacífica” con el director de orquesta Kurt Masur al frente, de Santo Tomás y la historia de las velas hasta las dos Gewandhauss, templos musicales con más solera que la cerveza, teatro y orquestas.

Un antiguo taller de violeros acoge el Museo de los Instrumentos Musicales que atesora una colección con más de cinco mil, el más grande de Alemania, así como el Museo Grassi que alberga uno específico de instrumentos que da para una mañana con la posibilidad de practicar en muchos de ellos y hasta de comprender como nunca el funcionamiento de un órgano, el instrumento rey del que Bach era un auténtico virtuoso. No faltan los antiguos conservatorios y bibliotecas musicales y hasta el Museo de las Artes Plásticas que alberga la famosa escultura de Beethoven realizada por Max Klinger. Por supuesto la Academia Bach, el Museo Bach o el famoso Café Zimmermann donde trabajó entre 1732 y 1741 componiendo la conocida Cantata del café.

Fuera de ruta

Por aprovechar el nudo de comunicaciones hubo dos escapadas que necesariamente debíamos realizar por la cercanía y amplia oferta cultural, aunque ocuparían espacio propio y viajes específicos, sin olvidarnos de Praga, otro destino para programar:

Dresde (”La Florencia alemana”) Desde Leipzig 112 kms (en tren apenas una hora), y Berlín (capital alemana), 194 kms (entre 50 minutos y una hora en tren).

De ambas daría para un artículo exclusivo por todo lo que no debe perderse de ellas, desde una ciudad reconstruida tras quedar totalmente devastada en la Segunda Guerra Mundial, pero que con el esfuerzo de sus vecinos y compatriotas nadie diría que fuese un solar a la vista de cómo está actualmente, y Berlín la “capital europea” de moda y metrópoli cultural) que respira historia por todas partes.

Imposible destacar ni entrar en detalles pues como melómano ambas dan para mucho, especialmente la Semperoper Dresden o las varias de Berlín (Deutsche Oper Berlin, Komische Oper, Staatsoper, Unter der Linden) sin olvidarnos de la Filarmónica, edificio emblemático y sede de la orquesta que Karajan elevase al Olimpo del que todavía no ha bajado, buscando titular en estos momentos (1). Berlín, ciudad donde te puedes cruzar por la calle con figuras internacionales de la dirección, de la interpretación instrumental y cantantes famosos.
Ambas ciudades sin estar directamente relacionadas con Bach, merecen al menos una escapada en cualquier momento. Para quienes tengan la oportunidad de viajar son un auténtico caramelo, y como decía al inicio, siempre nos queda Internet, por supuesto con música de Bach sonando de fondo.

Nota: (1) Este artículo se escribió en el mes de mayo pero a día de hoy la Filarmónica de Berlín ya eligió como titular a Kirill Petrenko como sucesor de Rattle.

 

 

 

 

 

Granito mierense en el estreno

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Domingo 21 de junio, 20:00 horas. Teatro de la Laboral, Gijón. Concierto inaugural de la Orquesta Filarmónica de Asturias (OFA), Antonio Ribera Soler (director). Obras de Beethoven, Schubert, Rossini, Verdi y Juan Carlos Casimiro. Entrada: 16 €.

Comienza el verano en el Día europeo de la música y nada menos que con el estreno de una nueva orquesta con epicentro en el Conservatorio de Música y Danza gijonés, siendo el profesor de clarinete y director Antonio Ribera Soler su primer titular, continuando una formación por y para jóvenes que no pueden seguir esperando más oportunidades, dando forma a un proyecto con distintos apoyos que para su bautizo quiso programar una muestra de su potencial: sinfonismo, ópera y música asturiana de compositores actuales, contando con invitados de distintas localidades que no podían faltar a esta puesta de largo.

Mi primera queja será para la acústica que no ayudó para apreciar al detalle los valores que atesora una formación que respira música por todas partes. Hace 42 años podía escuchar en este mismo teatro precisamente una «Quinta de Beethoven» con la Orquesta Nacional de Eespaña y el recordado maestro Frühbeck al frente en un concierto de los que se quedan grabados a fuego en mi memoria musical, en un recinto que presumía de tener una sonoridad única, tristemente perdida con una remodelación muy cómoda a la vista y traseros pero cargándose uno de los valores que atesoraba esta sala. No es posible que una masa sonora como la que Casimiro presenta en sus obras quede apagada, amortiguada y casi con sordina para unos tutti que deberían inundar y poner los pelos de punta. De los metales no digamos lo poco presentes que se escucharon no ya por estar en el mismo plano que el resto sino precisamente por unos materiales constructivos y una caja escénica que se comen literalmente el volumen. Lástima de trabajo que no obtuvo la misma respuesta arriba que abajo, aunque ya no tenga remedio. Esperemos otros entornos mejores para disfrutar con una orquesta cuyo ímpetu juvenil no llegó a las butacas como hubiésemos deseado todos.

Siempre aplaudiré proyectos como este local de la Asociación Cultural Gijón Sinfónica en colaboración con otros conservatorios y sociedades filarmónicas asturianas, esperando tenga más suerte y visión que otras formaciones desaparecidas o casi en extinción por políticas miopes o falta de apoyos varios (Orquesta Sinfónica de Gijón, JOSPA, Sabugo Filarmonía u Orquesta Clásica de Asturias por recordar las más cercanas), agradeciendo igualmente el esfuerzo por poner sobre la escena a cinco formaciones corales donde no faltó la aportación mierense con el Coro de la Escuela de Música de Mieres que dirige mi admirada Reyes Duarte incluso con dos mierenses más: Eduardo López Fernández de concertino en la recién nacida OFA y el «adoptado» Fulgencio Argüelles, autor de los textos de la Loa de Casimiro. Las palabras iniciales del promotor gijonés Aquiles G. Tuero, autopresentándose, o de Ángeles Miranda, presidenta de la AMPA del Conservatorio de Gijón, fueron los deseos y buenas intenciones que todos intentaremos apoyar como público, dejando para posteriores encuentros las opiniones musicales más exigentes.

Arrancar concierto con el «Allegro con brio» de la Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67 de Beethoven ponía alto el listón para todos, ese inicio traicionero donde el director debe transmitir empuje y seguridad ante una todavía insegura y nerviosa orquesta. El «Allegro Moderato» de la Sinfonía nº 8 en si menor, D. 759 «Incompleta» (Schubert) sería el escalón siguiente dentro del sinfonismo vienés con aires marineros, ya asentándose los músicos siempre llevados y casi «amarrados» de las manos (ambas) por el docente y maestro valenciano que siempre supo dar confianza a sus antiguos alumnos, respuestas convincentes a la vista que como ya apunté, no llegaron en igual medida al patio de butacas.

La obertura de Guillermo Tell (Rossini) permitió el lucimiento de Guillermo López Cañal al cello, bien secundado por Ignacio Alonso Canteli antes de un final donde percusión, maderas y metales no alcanzaron el volumen deseado pero intuyendo un esfuerzo enorme por parte de todas las secciones que siempre sonaron afinadas.

Tras el descanso volvería la ópera, esta vez de Verdi con la profundidad de La forza del destino cuya obertura resulta exigente para cualquier orquesta, y no digamos el conocidísimo «Ah, for’è lui… sempre libera» de La traviata con la soprano Inmaculada Laín a la que sí pudimos apreciar presente en volumen pero desafinada tras el silencio antes de la «cabaletta», agilidades no siempre claras y un timbre desigual buscando más las notas que una auténtica recreación de la Violeta. Pesan mucho las referencias de esta endiablada aria donde clarinete y oboe suplieron un Alfredo que yo cantaba mentalmente con la voz de Kraus… (incluso Pavarotti). Concertación correcta del maestro Ribera para una orquesta que nunca tapó a la soprano.

El final contaba con dos obras del madrileño con vínculos asturianos Juan Carlos Casimiro Pinto (1961) que pusieron sobre el escenario a la gaitera Andrea Joglar, al lado del arpa, la citada Inmaculada Laín (que participó en la grabación del CD «Asturias paraíso natural» del compositor) y a cinco formaciones corales: Coro de voces mixtas del Conservatorio de Gijón y Coral de Granda, ambas dirigidas por Policarpo Muñiz Santurio, Coro Más que Jazz con la directora Adriana Cristina García, la Coral Polifónica de Llanera con Carlos Esteban al frente y el ya citado coro mierense, en la Loa, para gaita, coro y orquesta más el Panegírico para gaita, coro y orquesta. De nuevo quedamos con ganas de apreciar ese poderío vocal e instrumental en unas partituras bien escritas, reconocibles sobre todo con las variaciones sobre nuestro Asturias patria querida con orquestación muy completa, incluso la propina del Sunday de Stephen Sondheim con letra en español adaptada al evento y redondeando una velada donde no faltó como regalo a cada asistente la litografía de Marcos Tamargo «El motivo del destino» con el texto que dejo a continuación.

Tendremos que seguir de cerca a la OFA y seguir asistiendo a sus conciertos, hay mimbres de calidad y la versatilidad en cualquier repertorio ha quedado demostrada a pesar del recinto. La juventud tiene la palabra y debemos defenderla de los ataques furibundos de unos dirigentes que no parecen apostar mucho por la cultura, menos aún por la música. Iniciativas privadas con apoyos públicos parecen ser el futuro a medio y largo plazo a la espera de un IVA cultural más europeo y una necesaria Ley del Mecenazgo que siempre se queda en proyecto incumplido. Para muchos de nosotros cada día es de la música pero este 21 de junio de 2015 va unido a este nacimiento de una criatura que tenemos que ver crecer sana y bien alimentada.

OSPA fin de curso

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Viernes 5 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: abono 14 OSPA, Ning Feng (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Fernando Buide del Real, Ravel, Sarasate, Waxman y Brahms.

Finaliza la temporada de abono de nuestra OSPA y como los alumnos llega el momento del último examen aunque las valoraciones de los resultados siempre se hacen después. En el penúltimo quedaron sabores agridulces y el esfuerzo final elevó la nota global pero no me resisto a la coletilla que digo a mis alumnos: «podíais haber rendido más».

Programa interesante que arrancaba con el estreno asturiano de Fragmentos del Satiricón (2013) del gallego Fernando Buide del Real (1980), obra ganadora del VII Premio de Composición AEOS-Fundación BBVA bien comentada por Israel López Estelche en las notas al programa (enlaces al inicio en los autores), quien también conoce las mieles del triunfo y donde el premio importante, además del económico, es poder escuchar la partitura interpretar por las orquestas que conforman la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS) de la que nuestras orquestas OSPA y OFIL son miembros.

El propio compositor también la comentaba en el canal «OSPA Sinfónica» de YouTube© que presenta el violinista Fernando Zorita, por lo que me limitaré a las impresiones de la primera escucha, agradeciendo siempre mezclar repertorios de ayer y de siempre puesto que es el mejor legado cultural, poder abrir mentes y sobre todo horizontes, tanto a músicas como públicos, educar como tarea inherente a toda actividad pública y objetivo que tarda generaciones en alcanzarse. El Satiricón de Petronio como «disculpa» para una obra sinfónica abierta, juegos tímbricos que trabaja con sutileza el músico gallego e intervenciones solistas agradecidas para crear momentos contrastados de emociones, tensiones no siempre resueltas, melodías diluidas en texturas orquestales muy logradas que demuestran el conocimiento de la paleta y la técnica compositiva, sin necesidad de recurrir a paralelismos con bandas sinfónicas (que podemos encontrarlos) puesto que la obra funciona sola y es de escucha fácil. Milanov trabajó bien el sonido y los balances para convencer en un repertorio donde se muestra cómodo, algo que se le nota.

Pero la auténtica estrella fue el violinista chino Ning Feng y «El MacMillan», un Stradivarius de 1721 de préstamo privado, que volvía con la OSPA, esta vez con tres obras para lucimiento de virtuosos que bordó haciendo brotar música en cada momento, aflorando de nuevo las dificultades que el titular tiene en concertar adecuadamente, notándosele incluso con prisa por arrancarlas, esperando trabaje este apartado para el próximo curso.

Cuidado con los músicos orientales formados y asentados en Occidente porque las leyendas urbanas se derrumban en muchos casos, y Feng es un claro ejemplo de la grandeza interpretativa en obras que exigen una técnica estratosférica, casi sobrehumana por no decir diabólica, pero donde la musicalidad y gusto hacen olvidar el grado de dificultad de las obras interpretadas para convertirlas en maravillas sonoras. La rapsodia «Tzigane» para violín y orquesta (Ravel) es un claro ejemplo, con el solo inicial del Lento quasi cadenza que ya erizó la piel por la sonoridad del joven músico chino afincado en Berlín, creciendo en el Allegro pese a la rémora de una orquesta perfecta de presencia y equilibrio, como el gran compositor francés la trabaja, hasta el Meno vivo, grandioso literalmente hablando, luces desde todos los ángulos y sombras en el fondo, aires gitanos de la Europa del Este que traspasan fronteras y son ya universalmente atemporales.

De nuestro Sarasate podemos sentirnos orgullosos, no ya como un genio del violín sino también con composiciones de altura como sus Danzas españolas, de las que en versión orquestal pudimos escuchar la Romanza andaluza, op. 22 nº 1, maravillosa interpretación de Ning Feng sintiendo y transmitiendo el espíritu del navarro como si por sus venas corriese sangre española, impresionando la delicadeza, el fraseo, la tensión contenida con un manejo del arco sedoso, aparentemente sencillo unido al difícil virtuosismo «fácil», culmen musical al que todos aspiran y pocos alcanzan. Lástima de mayor comunicación y entendimiento, puede que también más tiempo de ensayo entre todos porque la propina, obra fuera de programa además de regalo, esos Aires gitanos, op. 20, si se quiere «Aires bohemios» (que son como un avance del disco que grabarán en breve todos ellos) que resultaron nuevamente brillantes y prolongación raveliana en concepción e interpretación global, esperando se ajuste para lograr un registro sonoro de los que se guarden mucho tiempo. El discurso musical de Ning Feng en el inicio resultó impecable, melodía hirientemente delicada, zíngaro universal con colchón orquestal, un cantabile dramático de belleza sin par, «czarda de Sarasate» virtuosísticamente emocionante, sublime en cada recurso técnico, contestado por esa trompeta con sordina completando el cuadro naturalista que desemboca en rápido desparpajo con una vertiginosa cascada de fuego como si la «pólvora musical» también la manejase el violinista chino tras la lenta preparación previa, al fin acompañada por una OSPA inspirada y contagiada del ímpetu oriental para esta partitura tan universalmente española.

Y entre Sarasate otra joya violinística como la Fantasía sobre «Carmen» de Franz Waxman, casi de película para insistir en la matrícula de honor del solista chino más un notable para la formación asturiana que no muestra fisuras en ninguna sección. El líder no llegó al suficiente, mismos problemas sin resolver y bajando la calificación global que hubiese sido altísima de cumplir con las expectativas. Creo que muchos del público intentamos empujar un poco, alguno hasta con el paraguas (dedicaré en otra entrada una lección útil para su ubicación correcta y evitar percusiones no escritas) para encajar las recreaciones que de cada número de esta ópera -que conocemos de memoria- hace el virtuoso Waxman mimando y engrandeciendo a Bizet, como también hiciese Sarasate, redondeando unos aires gitanos con este violinista chino.

La Sinfonía nº 4 en mi menor, op. 98 (Brahms) serviría para subir nota ya que superadas las dificultades previas del último test, Milanov se esmeró en defender este testamento del hamburgués sacando lo mejor de la orquesta, sonido cuidado en cada sección, cuerda tensa y clara para una emotividad cargada sin exageraciones, madera siempre brillante (donde Julio Sánchez Antuña suplió a nuestro querido Andreas), metales contenidos y percusión precisa, planos bien definidos, balances exactos delineando cuatro movimientos personalmente poco resposados, puede que contagiado aún del ímpetu chino y mal consejero para el siempre profundo Brahms. Cuatro movimientos para dejar en el lugar que corresponde una temporada con altibajos, porque la sinfónica asturiana tiene calidad más que sobrada, la renovación de su plantilla está en el buen camino sin perder identidad propia, los refuerzos siempre solventes y trabajo más que contrastado a lo largo del tiempo.

La «cuarta de Brahms» corroboró la grandeza de una partitura que contagia y nos llena de satisfacción a todos los melómanos, un Allegro non troppo para saborear la cuerda en su punto, equilibrios asentados con el viento, tensión contenida en la tonalidad menor y presencia dominadora. El Andante moderato transición a mayor sin perder sello alemán y orquestación elegante que Milanov se encargó de subrayar adecuadamente reteniendo el «tempo», trompas seguras, maderas majestuosas de melodías infinitas. La alegría del modo mayor en el Allegro giocoso transmitida y sentida con un aire más liviano extendido como la propia duración de este tercer movimiento, mostrando unas dinámicas amplias que la batuta marcó siempre, llamadas de atención en unos metales presentes de sonoridad muy trabajada, dibujos de una cuerda fortalecida que estrenaba concertino y ayudante, madera empastada y convincente como es habitual, y percusión detallista. Aumentando en tiempo y expresión llegaría el Allegro energico e passionato más segundo que primero aunque suficiente para un notable que redondeó la nota media, majestuoso y casi trágico cierre sinfónico del irrepetible Brahms, angustias musicales en la expresión contenida por todas las secciones al mando de un Milanov seguro y al fin convencido, convincente aunque no pleno. Salvado y redimido por la grandiosidad de esta partitura que siempre es bien recibida por todos.

Los responsables políticos seguramente desconozcan todo lo que supone programar una temporada, por otra parte ya pergeñada como es lógico y necesario para el próximo curso académico, así que espero poder seguir contando y disfrutando con esta orquesta seña de identidad de nuestra Asturias que lleva la cultura más allá de nuestras fronteras. El avance para los 25 años, nuestras bodas de plata, vuelve a ser esperanzador sin olvidar el proyecto social y la misión educativa emprendida hace tres años, aunque todavía me quede realizar el balance final de junio. Es mi trabajo como docente que también intento traer aquí como no podía ser menos.

Bach deconstruyendo a Soler

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Miércoles 20 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo. «Primavera barroca«: Galdós Ensemble, Iván Martín (piano y dirección). Diálogos Norte-Sur, obras de Antonio Soler y J. S. Bach.

Media entrada en el penúltimo concierto del ciclo primaveral con difícil elección ante la coincidencia para los «leónigans» en el Conservatorio, aunque prima mi abono ya pagado y la siempre única experiencia de escuchar en vivo a Bach, esta vez compartiendo cartel con el Padre Soler, difícil combate y más ante la presencia en el programa de un pianista con ensemble propio desde 2011. Debate hay y para mucho pero me centraré en lo escuchado. Prometo escribir en breve sobre versiones y gustos variados de los llamados clásicos, algo así como la deconstrucción de los cocineros actuales que a partir de los platos de siempre los presentan distintos. Probablemente Bach sea quien mejor soporte todo tipo de (re)construcciones y (re)interpretaciones, algo que llevo probando más de cuarenta años, en parte porque sigue siendo el padre de todas las músicas, le llamo «Mein Gott» y la historia en vez de antes y después de J.C. debería hacerse con J.S. Bach.

Esto viene a colación de la interpretación que el excelente pianista Iván Martín hace con su peculiar formación, esta vez un sexteto (*) que mezcla un violín barroco y un laúd (el programa pone tiorba) con el resto de instrumentos tradicionales en afinación actual de 442 Hz (incluso en el descanso estuvimos «tres locos» disertando sobre la evolución del diapasón desde los 430 a los 438) y para dos grandes compositores que curiosamente descubrí al piano aunque no fuese nunca el destinatario inicial. La belleza de estas partituras excede criterios historicistas e incluso personales, y su escucha desde la libertad de prejuicios me permite saborearla y apreciarla con todos los peros que se quieran.

Pudimos paladear al Iván Martín pianista en la Sonata nº 48 en do menor (ca. 1772) de Soler, con un sonido muy cuidado, claro, potente y cristalino a partir de una pulsación precisa y un empleo del pedal siempre prudente y en su sitio, las sonatas de Soler en estado de gracia que al piano se engrandecen sin perder un ápice de calidad ni sello propio, reminiscencias o influencias italianas de Domenico Scarlatti o Boccherini sin olvidar a José de Nebra en un Madrid que respiraba música por doquier. Las notas al programa tituladas «Bach y el fraile» hacen referencia a esto. Está claro que el estudio de la obra del «pater» por parte del músico canario le permite ahondar y sacar a flote muchos de los entresijos que esconden las partituras del compositor catalán educado en la Escolanía de Montserrat y afincado en el Monasterio de El Escorial, como podríamos apreciar en los dos quintetos con teclado posteriores.

El Concierto para teclado en re menor, BWV 1059 (Bach) se nos presentaba como recuperación histórica y estreno en España, con la historia también explicada en las notas al programa que adjunto a esta entrada, nueve compases tomados de una de las dos sinfonías de la Cantata BWV 35, ya trabajadas por ejemplo por Ton Koopman utilizando una formación más «al uso» con órgano, o el recordado Gustav Leonhardt con su consort, aunque el galdosiano con el piano de Martín ofrezca una paleta totalmente distinta y sin oboe, en la línea de mi admirado Glenn Gould pero camerístico con cuerda frotada salvo el citado laúd, en vez de orquestal. Problemas puntuales de afinación y balance en los violines y «excesiva» presencia del piano (sin tapa acústica) en momentos, si bien la opción sea tan válida como otra, destacando siempre la claridad expositiva de Iván Martín en el Allegro, la pureza melódica del Largo con el contrapunto de un laúd que contrapesaba color y timbres globales, y un vertiginoso Presto (se dice que el único de Bach) para indicar ese punto de rapidez y duración nunca enturbiada en el sexteto y presente siempre el solista que dirige sin problemas desde el piano.

Después de Bach se hacía difícil escuchar el Quinteto con teclado nº 3 en sol mayor (1766) del fraile Soler, cinco movimientos desiguales y como un catálogo de estilos anteriores que nada tienen con Bach y sí con un preclasicismo debido a la elección del piano como teclado. El Largo es hermoso y nuevamente el toque de laúd compensa el colorido global. Bien contrapuestos los tiempos, contrastes entre solista y quinteto más uno, con peso en los graves y algo opacos los agudos.

Tras el descanso el Quinteto con teclado nº 4 en la menor (1766) recobró un poco la presencia de cada instrumento, cuatro movimientos donde las variaciones del Minuetto final dejaron los mejores momentos de Soler, especialmente un dúo viola-chello bien ensamblado entretiendo registros en ambos como si de uno sólo se tratase, o una Sheila Gómez que por fin brilló en su solo, ahora equilibrado en dinámicas. Los rasgueos del laúd también ayudaron a colorear una partitura más bien monócroma aunque llena de contrastes, pues no sólo de lienzos están los museos llenos.

Claro que siempre vence y convence Bach, sobre todo con el conocido Concierto para teclado en re menor, BWV 1052 (1734) que Martín recreo de memoria perfectamente arropado por un quinteto con laúd que presentó una versión nuevamente bien trabajada en el piano, buscando sonoridades opuestas desde unos fuertes casi sinfónicos a unos pianísimos íntimos con un ataque y pedal siempre escrupulosos en la dinámica, así como los finales de cada uno de los tres movimientos según la receta vivaldiana. El «ripieno» laudístico en el Adagio puso el fiel de la balanza tímbrica con el piano desde un fraseo hermosísimo lleno de ornamentos cristalinos con un cello y contrabajos redondeando presencias sonoras.

El regalo ese maravilloso Largo del Concierto nº 5 en fa mayor BWV 1056 o si se prefiere, el del 1059 de la primera parte, que al piano con los pizzicati y rasgueo del laúd resultó «gouldiano» a más no poder, no en vano Iván Martín puede presumir de este acercamiento a Bach desde el amor y respeto a su música, como haría Bussoni aunque en otro estrato.

Lo dicho, escribiremos sobre las deconstrucciones y versiones de Bach no aptas para todos los paladares. Las de esta «Primavera Barroca» saltaron la tradición para servir el mejor producto posible en otro formato.

(*) Galdós Ensemble: Sheila Gómez, violín barroco – José Manuel Fuentes, violín – Jokin Urtasun, viola – Juan Pablo Alemán, violonchelo – Joaquín Clemente, contrabajo – Carlos Oramas, laúd.

Link Up: enganchadOS PAra siempre

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Tercer año que la OSPA nos trae «Link Up», un proyecto del Weill Music Institute del Carnegie Hall de Nueva York, una experiencia única dentro de la docencia musical en Asturias que implica alumnado de 1º de Primaria a 2º de Secundaria, este año más de 5.000 chavales de todo el Principado que durante una hora compartieron concierto con Rossen Milanov y nuestra orquesta. Moves, Sing y ahora Rocks, siempre entendiendo el concepto más allá de la mera traducción del inglés.

Muchas emociones antes, durante y después. Antes porque los materiales que editan los norteamericanos, actualizados y traducidos al español (porque también en EE.UU. hablan nuestro idioma aunque la música sea un lenguaje universal) son excelentes y válidos para cualquier nivel, adaptándolos según las necesidades y con criterios abiertos sin olvidar el propio proceso de autoevaluación, cuadernos que fueron repartidos ¡a cada alumno! más una guía didáctica para los profesores. Todo llegó como un regalo de Reyes tras las vacaciones, y desde entonces la clase de música se transformó en «Link Up».

A lo largo de casi cuatro meses hemos podido trabajar con nuestros alumnos todos los elementos que intervienen no ya en la escucha sino desde la práctica como todo el lenguaje musical, el ritmo, la lectura, la flauta dulce, el movimiento, la improvisación, incluso los idiomas… Cada año un repertorio distinto donde sólo repite el «himno Link Up», el Come to play (Cabannis) que es todo un boom, y para este 2015 un plantel variado de compositores, alguno relacionado con la mítica sala neoyorkina como Tchaikovsky, al que algunos creían todavía vivo.

Cada año más sesiones en el Auditorio de Oviedo, esta vez cinco sesiones para poder cumplir la demanda, miércoles 6 a las 12:00, más jueves 7 y viernes 8 con pases a las 10:30 y 12:00. Los músicos de la OSPA con Rossen Milanov que nos ha regalado este proyecto por él trabajado al otro lado del charco, volcados con este proyecto y de nuevo Gustavo Moral de maestro de ceremonias (quien también se reunión con los profesores implicados en diciembre y marzo), alma mater, guía durante el concierto, consejero antes, colaborador y defensor de este «Link Up» que une, «conecta» o aún mejor «engáncha» a la Música, así en mayúsculas. Y por supuesto el trío de solistas que completan un espectáculo más allá de lo que podemos entender por concierto: las sopranos Sonia de Munck y Elena Ramos más el tenor Julio Morales.

Pasatiempos musicales proyectados en la gran pantalla sobre el escenario mientras van ocupando sus localidades «profes y nenos» en una organización impresionante de recursos humanos, debiendo felicitar a tantos implicados: Policía Local, Protección Civil y todo el personal del Auditorio, aunque seguro que me olvido de algunos. Claro que el concierto ya arrancaba en el bus, ensayando los últimos pasajes, repasando letras, todos «enganchados», hasta un servidor con su camiseta «ad hoc».

Llega la hora de la verdad, afinación completada y Ven a tocar con todos participando, cantando, tocando flauta dulce o los instrumentos que estudian estos alumnos (flauta travesera, trompa, clarinete, violín… incluso gaita) porque así funciona «Link Up«. Los solistas y los alumnos conformando todos una gran orquesta y las primeras emociones tras el largo camino hasta aquí.

Sin entrar en el orden real, también hubo momentos de escucha muy trabajados en las aulas, Marte de «Los Planetas» de Holst, casi Star Wars, y sobre todo ese fogoso último movimiento de la Sinfonía nº 4 en fa menor, op. 36 de Tchaikovky para una OSPA con Milanov increíblemente inspirada en todas las secciones, una cuerda precisa y presente, una percusión impactante, una madera en su punto álgido y unos metales inspirados, también presentándose cada familia al alumnado, que las conoce e incluso también a algunos músicos.

De las obras trabajadas destacar In C de Terry Riley por lo que supone de improvisación a partir de nueve patrones, vocales, con flauta e incluso rítmicamente. Especial el O Fortuna de la conocida «Carmina Burana» (Orff), con la primera estrofa repetida pero igualmente efectiva, de respigarse al escucharlo cantado (por los pasillos del Instituto era mejor que «Los 40») y tocado por todos, aunque el empuje multitudinario iba por delante del tempo algo «retraído» que marcaba Milanov.

Y no digamos nada del famoso Bolero (Ravel), no previsto en N.Y. pero sí en Oviedo, incluso una letra adaptada siempre buscando elegir la opción individual. Orgullo tener una alumna capaz de tocar en la travesera todo, más allá de lo escrito, casi como la admirada Myra Pearse, uniéndose los compañeros y todo el auditorio en las partes indicadas, ostinato melódico, rítmico y hasta una coreografía al uso montada el último mes para no perder la presencia del movimiento (siempre marcado por el espacio de la butaca) de los dos anteriores proyectos. Por supuesto protagonismo de toda la orquesta y mención especial para Christian Brandhofer que se habrá «hartado» de tantos boleros…

El tiempo pasó volando y nada mejor que terminar como empezamos, Ven a tocar, ven a cantar, solistas entre el público también intérprete, orquesta cargándose las pilas, Milanov disfrutando y Gustavo en un sin parar, y así ¡tres días! que resultarán impagables por lo que ha supuesto para todos.

La vuelta al cole, al insti, otra fiesta, un disfrute y experiencia única, algunos estuvieron en los tres proyectos, otros en los últimos, algunos se estrenaban, todos compartieron emociones, vivencias, y además seguimos con la música a todas partes, queda curso y el trabajo bien hecho tiene recompensa. Felicidades a todo el alumnado asturiano y sobre todo gracias a todos los que han hecho posible que sigamos «LinkeUpeándonos». Esperamos ya el 2016 para volver a empezar… como la película oscarizada o el famoso tema de Cole Porter.

Frescura inflamada

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Jueves 7 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo. «Primavera barroca«: Ángeles y demonios: Valentina Varriale (soprano), I Turchini, Antonio Florio (director). Obras de Leonardo Vinci, Pietro Marchitelli, Leonardo Leo, Domenico Sarro, Niccolò Piccini y Nicola Fiorenza.

Tras ligeros chubascos la primavera barroca ovetense con la colaboración del CNDM volvió a florecer este jueves de la mano del maestro Antonio Florio al frente de I Turchini con un programa donde brilló con luz propia la soprano Valentina Varriale, todo un descubrimiento del profesor de Bari que continúa sacándonos a la luz no ya el repertorio del barroco napolitano sino versiones limpias, contrastadas, con una formación pura de cuerda que funciona a la perfección con Alessandro Ciccolini de concertino con otros cinco violines más un instrumento por cuerda donde no faltó el clave de Patrizia Varone, complemento ideal de cuerda percutida redondeando un continuo presente, auténtico cimiento tímbrico para un sonido global siempre poderoso, limpio, con ligeros problemas de afinación por este calor húmedo asturiano aunque consiguiendo siempre convencer.

El concierto, sin pausa, estuvo centrado en arias de la ópera belcantista barroca que la soprano napolitana bordó desde una voz con cuerpo, potencia y gusto a partes iguales, expresividad máxima con una dicción y técnica espectaculares que le abrirán muchas puertas. Vinci como Piccinni tienen nombre propio y la elección de las arias estuvo muy acertada para comprobar la vigencia de un repertorio cada vez más presente, fresco y agradecido para el gran público, que esta vez volvió a responder en la sala de cámara con madera crujiente en espera de reparación. El aria de «L’Alidoro» (Leonardo Leo) no desentonó al lado de sus «hermanas mayores» siendo un lujo Son Regina e son amante de «Didone abbandonata» (Piccini)  y las dos del «Artaserse» (Vinci), esplendor vocal, pasión inflamada, auténticos ángeles y demonios que titulaba el programa con una Varone pletórica de matices, agilidades de vértigo siempre precisas y arropada por una cuerda al mando de un Florio dominador absoluto de las partituras.

Las intervenciones instrumentales brillaron igualmente en el Concerto grosso en la menor (Marchitelli) donde el clave es más que relleno y percusión armónica, cinco movimientos de extraordinaria inventiva melódica en auténtica fórmula barroca, la movida Sinfonía de «Ginevra principessa di Scozia» (Sarro) y especialmente la Sonata para violín y cuerda en la menor (Fiorenza) con Ciccolini maestro y director junto a un instrumento por cuerda en virtuosismo y presencia de todos los músicos para una innovadora sonata barroca llena de pasiones, Nápoles como Sevilla con la luz del sur y el estilo contagioso e inimitablemente italiano.

Para cerrar una canzonetta napolitana anónima contemporánea de las figuras, enlace con la tradición bufa y la inspiración popular, «Lu cardillo«, en compás ternario contagioso y una instrumentación «callejera» con el clave cual mandolina, pizzicati guitarristicos, contrapunto del violín y devolvernos a «La Varriale» popular, animada, entregada, pletórica e incluso pícara, inyección de optimismo donde el contraste estuvo siempre presente.

La propina otro juguete popular para volver a disfrutar de la soprano napolitana en un tema de amor y traición, la vida misma hecha música y elevada al altar del belcanto nacido en las cálidas calles de la Italia meridional, en otros tiempos españolas, con quien tantos parecidos tenemos. Quedan dos sesiones primaverales con músicos nacionales y repertorio internacional, pero la carga de energía de estas músicas cantadas por Valentina Varriale con Florio e I Turchini nos han devuelto calor y color.

Talento, tenacidad y trabajo

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Miércoles 29 de abril, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1.566: Gabriel Ureña (violonchelo), Sofiya Kagan (piano). Obras de Beethoven, Schumann y Brahms.

Exportamos talento desde España, que al menos recuperamos cuando nos visitan, jóvenes músicos preparados que con trabajo durante toda la vida que han elegido, ese que no se ve pero se aprecia cuando les escuchamos, a base de tenacidad y con todo el apoyo de los seres queridos, deciden marchar a continuar una formación con sus ídolos.

Incorformista, trabajador y tenaz, así como mucho talento desde niño son algunos de los muchos calificativos que podría dedicar a Gabriel Ureña (Avilés, 1989), el chelista principal más joven de España que con 19 años ya estaba en la Oviedo Filarmonía. Desde ese atril continuó cada día una formación que nunca termina, la semilla de los Virtuosos de Moscú prendió rápido en este avilesino y siguió disfrutando desde el chelo con grandes directores, voces de ópera que triunfan en todo el mundo, escuchado a inconmensurables solistas hasta que decidió seguir a Natalia Gutman hasta Viena donde reside en la actualidad, contactando con una de sus pianistas, la joven moscovita Sofiya Kagan (Moscú, 1982) con la que vuelve a su tierra para tocar en las sociedades filarmónicas de Gijón y Oviedo, mostrando sus avances y descubriéndonos una colega que como él, también tiene una dilatada trayectoria pese a la juventud, madurez que las tres «T» alcanzan independientemente de los años: talento, tenacidad y trabajo.

El programa que nos trajeron a Gijón es para dejar exhausto a cualquier intérprete, tres obras de tres grandes, romanticismo en estado puro espalda con espalda, compartiendo dificultades y grandezas entre piano y chelo, jugar y conjugar unas partituras exigentes para los dos intérpretes, protagonismo compartido, templar y contemplar la riqueza musical reducida a la música de cámara en estado puro, el dúo ideal para los compositores capaces de experimentar en formato cercano unas obras mayores «per se» con toda la grandeza exportable al mundo sinfónico.

La Sonata nº 3 en la mayor, op. 69 (Beethoven) de 1808 es una auténtica delicia para el aficionado de las filarmónicas e imprescindible para los seguidores del genio de Bonn, obra con todos los detalles personales del compositor alemán que también emigró a Viena. El Allegro, ma non troppo me recordó el de la Sonata para violín y piano nº 1 en re mayor por motivos y hechura, inicio del cello solo pero posterior alternancia entre los solistas, pasajes conjuntos, el siempre necesario desarrollo lleno de adornos para lucimiento técnico sin olvidar la musicalidad que subyace en cada pasaje, y el derroche de claroscuros, tensiones resueltas que el dúo entendió a la perfección. El Scherzo, allegro molto central una broma musical tal como Beethoven las entiende, carácter burlesco desde un jugueteo que tiene el silencio plenamente integrado para sorprendernos con esa alegría que la plenitud creativa le daba. También el dúo entendió a la perfección el espíritu en un auténtico coqueteo entre piano y cello que desemboca en el Adagio cantabile – allegro vivace, remanso equívoco antes de la catarata expresiva final en una sonata pletórica en partitura y virtuosa ejecución.

La Fantasie-Stücke op. 73 (Schumann) nos traslada en el tiempo cuarenta y un años, es de 1849 y toda una vida musical, el cello como barítono cantando con el piano tres lieder sin palabras, originalmente para clarinete, aunque ese paralelismo de timbres consiga hacer cantar cada cuerda en perfecta simbiosis con el piano, el género romántico donde Schumann también dejó huella, con un tratamiento instrumental casi sinfónico por el juego de timbres que logra sacar de los dos instrumentos, Zart un mit Ausbruck, dúo en estado puro, melodía al cello sudoroso y vibrante con el piano meciendo la poesía en estado puro, «arrebato de ternura», Lebhaft leicht diálogo entre los protagonistas, «vivaz o liviano», fraseos articulados en el mismo idioma, tensiones siempre resueltas tras cada silencio por breve que sea, con un arco por parte de Gabriel expresivo a más no poder, y Rasch und mit Feur, auténtico «disparo con fuego», arrebatos musicales por parte de ambos intérpretes, encajando los unísonos, contestándose una conversación de entrega mutua, como si estos jóvenes llevasen tocando juntos toda su vida, corta e intensa en un final encajado por ambos a la perfección. Placeres musicales del gran Robert.

Sin apenas respiro el último paso, casi otros cuarenta años y larga vida romántica contra corriente, el año 1886 de la Sonata nº 2 en fa mayor, op. 99 (Brahms), la madurez de la forma en el mismo formato de dúo, nuevos caminos y más expresividad si cabe, cuatro movimientos que van más allá sin olvidar la raíz, avance vital para 80 años que en el siglo XIX darían para una auténtica (r)evolución, optando por mantener tradición desde la modernidad pero sobre todo el respeto por los mayores. Así se entiende esta sonata y así la interpretaron Ureña-Kagan, diálogos chispeantes donde las semicorcheas sonaron claras y precisas, alternancias y uniones desde un empaste y entendimiento musical de auténticos creadores que respetan y conocen todo el camino previo, enfrentados a una partitura dura de ejecución, de estudio y de interpretación en el amplio sentido de la palabra, leer entre líneas, sacar a flote motivos escondidos en una masa donde nada sobra en cada capítulo, esos registros graves en el cello, los pizzicati del segundo movimiento cargados de emoción contenida, el piano en octavas ligeras junto a las dobles cuerdas del cello, especialmente en el movimiento final, redondeando sonoridades, relatos independientes que forman un todo en esta obra de madurez personal, compositiva e interpretativa. Una maravilla poder disfrutarla desde esta juventud que derrocha ganas.

Si hay una obra asociada especialmente y desde siempre al chelo es El cisne de «El carnaval de los animales» (Saint-Saëns), una delicadeza en el chelo de Gabriel con un acompañamiento pianístico sin sensación de reducir orquesta con una Sofiya perfecta vestimenta para una música danzada imaginariamente por una primera figura del ballet. España sigue siendo tierra de violonchelistas, con una generación que ha tomado el relevo de los grandes para deleite melómano. Así nos sentimos con esta propina, bailando como un regalo que agradecimos con salva de aplausos más que merecida para un concierto profundo que transmitió energía desde la juventud madura de dos intérpretes con mucho talento. La tenacidad y el trabajo van de la mano.

Pascua juvenil

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Martes 28 de abril, 20:00 horas. Iglesia Mayor de San Pedro Apóstol, Gijón: Concierto de Pascua. Sinfonietta Concertante, Gaspar Muñiz Álvarez (director). Obras de Haydn y Beethoven.

Mis seguidores, que aumentan y agradezco sus visitas, conocen mi faceta de docente y el apoyo incondicional a la música que se hace en y desde Asturias, por lo que este martes no podía faltar a esta cita en la capital de la Costa Verde donde mi admirado párroco de Colunga se ponía al frente de la Sinfonietta Concertante ovetense que también se da a conocer fuera de su sede. Formación con músicos de orquesta que viven su pasión y afición, también forjando un destino que nunca saben dónde aguarda pero que cubre el espacio entre la finalización de los estudios y un trabajo en el horizonte, trabajando con compañerismo, disciplina de ensayo semanal, siempre con el estudio personal, con un ideario claro que enseñan en su web y se traduce en «la colaboración sistemática y habitual de profesionales de nivel nacional, de cantantes, profesores, directores y gestores, que procuran dotar a los miembros de esta orquesta de una formación complementaria a la recibida en los ciclos institucionales reglados.

Nuestra apuesta radica en ofrecer algo distinto y complementario que no está reñido con las demás facetas educativas ni con las demás instituciones musicales del Principado, sino que -más bien- se preocupa de fomentar aquellas características que todo músico que desee formar parte de la vida orquestal pueda necesitar».

Así lo entienden y trabajar dos partituras tan emparentadas aunque distintas era su carta de presentación en el templo gijonés que se llenó con público variopinto que aplaudió cada movimiento como si de obras individuales se tratase, algo que pese a la advertencia previa del párroco Don Javier Gómez Cuesta no tuvieron en cuenta. Tampoco debemos dar importancia a un detalle que no está escrito, era costumbre antiguamente y siempre tiene la razón quien decide premiar lo que le gusta.

Haydn como padre de la sinfonía clásica y Beethoven como digno alumno y heredero, a pesar de los roces e insatisfacciones, forman un tándem similar al de orquesta y director, maestro y pupilos en continua formación, avanzando, creciendo juntos con el bien común de la música sinfónica.

La Sinfonía nº 104 «London», Hb I/104 de «papá Haydn» fue la última compuesta por el creador de una forma que será la dominante desde entonces. Cuatro movimientos como receta a seguir, con el Adagio-Allegro inicial para ir centrando obra e intérpretes, asentando y arrancando aunque algo costreñidos, apagados, un Andante para degustar de una plantilla percfectamente adaptada a la obra, un Menuetto: Allegro que dibuja ritmos y aires en lucimiento compartido por todos los atriles, y el Finale: Spirituoso al que faltó un poco más de empuje. La batuta del maestro Muñiz no logró conectar perfectamente con los alumnos, aunque se ciñeron todos al papel, echando de menos la chispa e imaginación que esta partitura tiene. Como si la posterior evolución del alumno descubriese al profesor, al bisar este último movimiento donde el propio Don Gaspar hizo el paralelismo «pescadores de Gijón y Londón» así como ese aroma de gaita hermana con roncón que Haydn conoció en la capital británica, resultó más cercana y vivida que en la primera ejecución. Sabemos de la necesidad de mano izquierda en el amplio sentido de la palabra y algo más de batuta hiriente donde la pulsación o tempo no siempre deben mandar, pero todos se aplicaron en cumplir los objetivos, Don Gaspar Muñiz también alumno del recordado Don Alfredo de la Roza.

El alumno aventajado empezaba su singladura orquestal nada menos que con la Sinfonía nº 1, op. 21, el Beethoven capaz de dar el paso adelante en la forma clásica apuntando maneras como ya reconociese el propio profesor (no le perdáis de vista dijo Haydn), y el director maestro soltó la batuta para una mejor comunicación con los alumnos, aprendiendo todos en el mismo camino andado. El Adagio molto – Allegro con brio pareció un coral cantado, no en vano la referencia escolana siempre estará presente, esforzándose todos por unos fraseos claros y con una agógica no muy forzada que pudiese mantener la legibilidad de un texto sin palabras, el Andante cantabile con moto mantuvo el tipo, disfrutando sobremanera de las maderas, el Menuetto: Allegro molto e vivace de nuevo contuvo velocidades en pos de la claridad melódica, aunque la gestualidad no parecía corresponderse con la escucha, y el Finale: Adagio – Allegro molto e vivace sacó a flote el potencial de una joven orquesta que en estos repertorios encontrará no ya el abecé sinfónico sino la tierra sembrada para absorver todo lo que se plante porque el abono es bueno. En este aprendizaje mutuo llegará la confianza que traerá dominio y placer por encima de las preocupaciones por sonar, algo que ya han alcanzado. Afianzarse, seguir ensayando por secciones, exigirse en los detalles, afinaciones y escucha global, contar con una mano amiga que no sólo guíe sino enseñe desde el conocimiento de la obra a ejecutar, y sobre todo transmitir una seguridad necesaria para despojarse del agarrotamiento que solo con tiempo y estudio se alcanza.

Seguiremos de cerca a esta generación que deberá luchar para mantener la música como una necesidad y un bien común al que no queremos ni debemos renunciar. Ganas, capacidad e ilusión en la búsqueda de la inalcanzable perfección no les falta, siendo estos conciertos la mejor prueba de fuego y un escalón hacia un destino desconocido que hace grande el propio camino. Concierto como vía y expresión de Pascua juvenil.

Desconozco el filósofo autor de esta frase, pero quiero dejarla como perfecto cierre a este comentario: «no es el discípulo más que el maestro ni al contrario; una vez instruido todo discípulo puede llegar a ser un nuevo maestro, solamente necesitará hacer su camino«.

Requiem de fuerza

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Domingo 26 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Angela Meade (soprano), Marianne Cornetti (mezzo), Vittorio Grigolo (tenor), Carlo Malinverno (bajo), Orfeón Donostiarra (José Antonio Sainz Alfaro, director), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Verdi: Messa da Requiem.

Auténtica despliegue sonoro el derrochado durante este último domingo de abril por todos los músicos intervinientes en el «operístico» réquiem verdiano. Uniendo fuerzas con nuestros vecinos donostiarras más un cuarteto vocal poco conocido pero equilibrado, incluso en color vocal, Marzio Conti volvió a liderar un auténtico espectáculo con el que se siente realmente cómodo, y eso que la partitura del genio de Le Roncole está repleta de momentos íntimos, a capella para coro, para solistas, frente a los más impactantes, debiendo alternar ambos desde un difícil equilibrio.

Pablo Meléndez-Haddad en sus notas al programa comenta al final de las mismas que «tanto la parte orquestal como la vocal -sin olvidar la que recae en los solistas-, posee un tratamiento propio de la madurez del genio verdiano, que no escatima en efectos y deja la puerta abierta a la inventiva del director que relee la obra, ofreciendo posibilidades que van desde la extroversión más pura, teatral y manierista, hasta la introspección propia de una obra religiosa, carácter, este último, por el que optan pocas batutas, ya que esta misa se reclina más en la espiritualidad que en la religión«.

Y quedaba poner el punto medio aunque balanceado hacia la explosión. Porque por ello optó el titular de la Oviedo Filarmonía que algo reforzada pareció olvidarse de los graves, quedando extenuados los contrabajos ante la catarata sonora demostrada por sus compañeros en todas las secciones.

Del Donostiarra sólo caben felicitaciones, volviendo a demostrar su excelencia en toda la gama de matices, afinación y presencia. Los fortísimos siempre en su sitio (cada Dies Irae un placer) y presentes pese a una orquesta que nunca quitó «f» de la partitura para aminorar volúmenes (impactando en el Sanctus), y los pianísimos tan delicados y bien pronunciados que nadie pensaría estar ante 90 voces en la escena. La formación de Sáinz Alfaro tiene más que banquillo de repuesto para seguir liderando estos repertorios con el perfecto relevo generacional llevado como sólo ellos llevan haciendo durante muchos lustros. Por echar de menos algunos bajos más, que siguen escaseando en nuestros coros, incluso los norteños, todavía necesarios en número para estas grandes obras sinfónico corales.

De la orquesta en general bien, pese a detalles mejorables como una más escrupulosa afinación en la cuerda (los violonchelos sobre todo), dominada como Conti nos tiene acostumbrados, y aplausos para los refuerzos que necesarios para este Requiem no desentonaron con sus compañeros de atril.

El cuarteto solista ya prometía desde su primera intervención, pese a alguna indecisión puntual, aunque estuvo dominado por el tenor Vittorio Grigolo con un volumen y color realmente asombroso, puede que exagerado en detrimento de sus tres compañeros, con una musicalidad «manierista» dejándonos un Ingemisco bello. Sus contrastes dinámicos agradecidos y una media voz que no pierde uniformidad tímbrica, difícil en estos momentos, pidiendo paso entre los tenores italianos del momento, pienso que fue el triunfador de la noche.

Me encantó la mezzo Marianne Cornetti en todas sus intervenciones, voz bellísima, equilibrada, de graves claros, dicción perfecta, pero sobre todo por su línea de canto puramente verdiana, lirismo en cada solo y dúo, sin diluirse en los cuartetos manteniendo ese nivel de principio a fin.

La soprano Angela Meade tuvo que enfrentarse a la «ingratitud» de una versión tan poderosa que obligó a pequeños tics que pueden deslucir la visión global, con un «vibrato» algo exagerado por momentos aunque una potencia sin perder afinación para aplaudir y un fiato impresionante. Los «pianísimos» detallistas aunque en algún ataque cortados y abusando a veces de un portamento como buscando la nota correcta. El papel más difícil y exigente del cuarteto, hay que alabar su entrega con todos los pros y contras, agradecer el darlo todo con los riesgos asumidos y brillando con luz propia.

Ante los otros tres solistas, el bajo Carlo Malinverno no desentonó pero estuvo un escalón por debajo. Color hermoso en el medio y agudo, volumen algo corto, su canto como en el Tuba mirum o el Confutatis es ideal con menos presencia orquestal, algo que en esta partitura es imposible obviar. En los cuartetos empastó y ayudó a un color homogéneo pero creo que le queda grande para su edad, sabiendo que con los años ganará en empaque. No desentonó en un Requiem difícil de encontrar cuatro voces que no cojeen, primando el resultado global que antiguamente se calificaba como aseado y yo prefiero llamar honesto.

Retomando las notas de Pablo Meléndez-Haddad, «este testamento musical de un agnóstico es un canto al alma humana que ha sobrevivido intacto a más de un siglo de existencia«. Y aunque las toses son peores que en las misas de doce, no ya por la media de edad sino por la total falta de educación cívica, la genialidad operística de Verdi sigue presente incluso en una misa para su difunto amigo Manzoni alcanzando la grandeza y pasión en una ira de Dios musical a más no poder hasta liberarnos con la soprano arropada por coro y orquesta en un hilo de tensión hacia una luz cegadora, no sabemos si eterna, totalmente operística desde el recitativo.

Conti como pez en el agua volvió a anotarse un logro con un compatriota suyo. No será el mejor Requiem de Verdi que haya pasado por el auditorio ovetense pero marchamos con las pilas cargadas ante una inyección sonora que levanta los ánimos aunque la lluvia parezcan lágrimas que no nos abandonan.

Abril en París

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Viernes 24 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 11 OSPA, Eldar Nebolsin (piano), Ramón Tebar (director). Obras de Debussy, Ravel y Liszt.

Tengo en mi particular debe una escapada parisina, la capital francesa que bien vale una misa, una cena, un concierto, una ópera… Al menos con la música también podemos viajar sin movernos de la butaca, y este undécimo de abono repiraba como el título del libro o de la película aunque con argumento propio, casi sin necesidad de referencias para disfrute de la música en estado puro.

El París de Nijinsky y Diáguilev que tan bien nos comentó en la conferencia previa la siempre interesante María Sanhuesa (autora también de las notas al programa que dejo enlazadas en los compositores al inicio) nos sirvió para un primer viaje con Debussy en el vuelo OSPA tripulado por el «comandante» valenciano Ramón Tebar, Preludio a la siesta de un fauno donde la «sobrecargo» flauta de Myra Pearse abría una tarde de altos vuelos.

Si la partitura del francés era difícil de coreografiar y ni siquiera le gustó mucho la puesta en escena del genial y especial bailarín ruso, siendo como recordaba la musicóloga un «preludio» al poema de Mallarmé, la interpretación de la orquesta asturiana con Tebar resultó una delicia para abrir este concierto que mantiene en lo más alto el nivel de nuestra formación. Con una orquestación ideal y siguiendo con las músicas de ballet que tan buenos resultados están dando a la OSPA, la ambientación fue más allá del llamado impresionismo musical. El cuidado por el sonido que buscó el internacional director español tuvo respuesta inmediata por parte de todos los músicos, una cuerda clara y luminosa, incluyendo las arpas, más una madera ideal en texturas que permite pasar de la flauta al oboe como si de instrumento ideal se tratara, arropadas por el cuarteto de trompas y la tenue percusión tan cuidada en posición y hasta tamaño de los platillos. Gusto por el detalle cercano que de lejos permite disfrutar del conjunto, más impresionante que impresionista. Las veladuras y arabescos, los «jaspeados» sonoros a los que hizo referencia la doctora Sanhuesa alcanzaron momentos de una belleza tan arrebatadora como el propio fauno sin interrogantes en cuanto a la certeza de lo escuchado, sueño hecho realidad sonora, apertura ideal para una velada reconfortante.

Sin apenas tiempo para aterrizar, recordaba el París de Gershwin y las reminiscencias del jazz no ya en su famosa Rapsody in blue sino también en el Concierto en Fa, esta vez cambiado por Ravel y su Concierto para piano en sol mayor con mi admirado y querido Eldar Nebolsin de solista que volvía a la capital asturiana. En Debussy ya apreciamos el mimo de Tebar en la búsqueda de sonoridades, pero con el pianista ruso afincado en nuestro país apreciamos colores y texturas, ambientes cercanos en espacio y tiempo, frescura por un concierto que sólo unos pocos como el pianista ruso pueden recrear. Es un placer ver el equilibrio entre solista y orquesta, un balanceo tenue para pasar del protagonismo total a integrarse como un instrumento más en el tejido orquestal que Ravel domina de principio a fin, swing que respira esta obra plenamente actual y Nebolsin recrea desde un trabajo meticuloso de articulación. El Allegramente rítmico, rapsodia vasca, percusiva, juguetona, siempre limpia y exigente para todos como el Presto final de vértigo, dos colosos tímbricos y convincentes, auténticos guardianes de ese remanso del Adagio assai, arrancando Nebolsin en solitario, íntimo, delicado, musicalidad a borbotones, técnica desbordante, sonidos cuidados en cada nota (aunque el Steinway esté algo desajustado y requiera una revisión profunda), emociones a flor de piel que se engrandecieron con el corno inglés de Juan Pedro Romero para deleitarnos con una página bella a más no poder, acunada por una cuerda sedosa, etérea, más francesa y actual que nunca. Impresionante el entendimiento entre podio (también pianista y concertador de primera con larga experiencia operística), solista (de amplia formación también camerística) y orquesta (en un momento dulce donde cada batuta parece descubrir facetas nuevas), escuchándose, disfrutando, compartiendo cada compás, ensimismados por un sonido pulcro, elegante y de ensueño. Partitura en la que se estrenaba Eldar y seguro le dará muchísimas alegrías, más aún que el de «la mano izquierda» porque ha encontrado el momento personal de hacerlo suyo.

Todavía quedaba la propina en solitario de Eldar Nebolsin, más Ravel con una Pavana para una infanta difunta para atesorar en la memoria, todo el poso interpretativo de este fenomenal pianista tan cercano y sincero en cada nota, engrandeciendo de mutuo acuerdo partitura e interpretación, una dualidad única desde la naturalidad con la que nos regaló esta música que convirtió Paris en un sueño musical.

Franz Liszt también triunfó en París como virtuoso del piano aunque para este viernes de perfumes franceses fue la Sinfonía Fausto la que sonaría en la segunda parte en la versión sin coros, más alemana de Goethe y Weimar, aunque la OSPA con Tebar nos hizo pensar que eran prescindibles. Obra colosal en instrumentación, dificultades técnicas para todos los atriles, auténtica diablura orquestal en tres movimientos donde literatura y música vuelven a emparejarse aunque la majestuosidad resultase inaprensible por el derroche de intensidades, dramatismos, colores, contrastes… Sin apenas respiro para nadie, solo las siempre inoportunas toses rompieron una unidad buscada por el apasionado director valenciano, de gestualidad ampulosa pero clara, vibrante, marcando todo con energía contagiada a una orquesta que crece como nunca, más de una hora de Fausto, Margarita y Mefistófeles donde todos tuvieron protagonismo, Romero ahora de principal oboe, los metales erguidos en presencia espoleada en el momento justo, percusión precisa y esmerada en ayudar a seguir ampliando paleta sonora, más una cuerda (con arpa) convincente, diabólica, casi al límite, portentosa, vigorosa, cuartetos camerísticos y tutti apoteósicos, cellos fundidos con contrabajos, destacando especialmente María Moros con su solo de viola para enamorar, plantilla convincente por lo convencida para una obra que tardaremos en escuchar precisamente por el esfuerzo, que de nuevo mereció la pena. Se me hace imposible que con tan pocos ensayos (el jueves ya hicieron este programa en Avilés) el resultado final fuese tan alto. Por supuesto que Ramón Tebar capitaneó este «Vuelo OSPA nº 11 y destino París» con muchas horas a sus espaldas y dominando la aeronave, pues las condiciones metereológicamente previstas no eran favorables, en sentido metafórico, mas la respuesta alcanzada seguramente no la esperaría ni el mejor piloto. Personalmente y tras los últimos viajes como pasajero en este avión, yo sí, sin sobresaltos y disfrutando nuevamente de la experiencia. No sé cuándo saldaré mi deuda con la capital francesa, pero mi «Abril en Oviedo» está dando réditos musicales que no pueden menguar. Felicidades a todos.

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