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Tesoros españoles de ultramar

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Crítica para La Nueva España del sábado 24 de marzo, con links y fotos propias:

Jueves 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: V Primavera Barroca: Eugenia Boix (soprano), Guillermo Turina (violonchelo) , Tomoko Matsuoka (clave).

El violonchelista Guillermo Turina, apellido musical donde los haya (hijo de José Luis y nieto de Joaquín) combina su pasión investigadora con su carrera de intérprete, aunando en conciertos como este segundo de la primavera barroca ovetense ambas facetas, redescubriendo a tres violonchelistas italianos que pasaron por España como Antonio Caldara (1670-1736), Francesco Supriani (1678-1753) y Giacomo Facco (1676-1753), e interpretándolos en vivo además de haberlos grabado en el sello Cobra con sus compañeros en el escenario: la soprano aragonesa Eugenia Boix y la clavecinista japonesa Tomoko Matsuoka, el CD último “Master of Kings” que se agotó a la salida del concierto y firmaron amablemente los tres.

El imperio español donde no se ponía el sol, llevó nuestra música al nuevo mundo y muchos archivos catedralicios atesoran partituras por descubrir, patrimonio catedralicio conservado en Guatemala, Perú o México, virreinatos y no colonias que presumían de interpretar las mismas músicas que la corte madrileña. Así se van recuperando obras que al grabarse y todavía mejor tocarse en directo, son verdaderos estrenos de los llamados tiempos modernos. También nuestras bibliotecas y catedrales guardan aún obras que con mucho trabajo, tiempo y dinero podrían seguir ampliando y enriqueciendo nuestro patrimonio. En esta labor de recuperaciones el Centro Nacional de Difusión Musical tiene mucha “culpa”, siendo igualmente responsable de ciclos donde Oviedo continúa por quinto año barroco y primaveral.

El segundo de los conciertos titulado “Il martirio nella corte. Música sacra y profana para violonchelo, soprano y continuo en las cortes españolas de principios del s. XVIII” pasó revista a esos tres “Italianos por España” como escribía el sevillano Pablo J. Vayón en las notas al programa, una pequeña muestra tanto instrumental (sonatas) como vocal (cantatas) de barroco en estado puro, siempre con contrastes además de ornamentos, el cello sonando cual barítono con clave, contestando o complementando ambos a la soprano en recitativos y arias, alternando movimientos lentos y rápidos, sin palabras pero fraseando, cantando cual otro instrumento sumándose textos italianos y españoles.

La selección del oratorio El martirio de Santa Catalina de Caldara fueron cuatro arias con sus recitativos previos, recuperado por Turina, demostrando cómo hacer mucho con poco cuando hay calidad y musicalidad a raudales: violonchelo, clave y voz, la de Eugenia Boix, conocida en Asturias donde cantó y grabó “Crudo Amor” con Carlos Mena y Forma Antiqva, una soprano a la que sigo desde sus inicios, que va ganando en corporeidad sin perder ese poderío de Monzón, con recitativos claros “bien dichos” y arropados por un dúo ideal, más las arias de afectos, agilidades virtuosas y poso dramático, “amorosa” o rápida, matizada y cómoda en estos repertorios, igual de contrapuestos que la sonata siguiente a dúo Turina-Matsuoka, elegantes y eficientes, redondez del chelo, cristal tallado del clave.

De Giacomo Facco (Venecia, 1676-Madrid, 1753) habría para una película. Violonchelista famoso, estando en el Virreinato de la Sicilia española se vino con Spínola a la corte de Felipe V, aunque su destino inicial era Lisboa, que ocuparía Scarlatti dejando la plaza de Madrid. Facco ejercería como profesor de los infantes y violinista, al sobrar cellistas en palacio, siendo hoy uno de los olvidados o desconocidos pese al reconocimiento en la Europa del momento.

En Oviedo pudimos escuchar al hispanoitaliano cerrando ambas partes, primero una Sonata de cuatro movimientos para disfrute de instrumental con el virtuosismo lógico de esa época dorada, especialmente en los movimientos pares rápidos (Allegro y Presto), más tres cantatas breves de lo más convencionales con su introducción instrumental y arias da capo: ¡Oh, que brillar de aurora tan luciente!, la única religiosa reducida a recitativo y aria con el dúo obligado, más las dos finales profanas y siempre con recitativo y aria en ambas por pares: Perché vedi ch’io t’amo italiana, Quando en el Oriente, española, bien vocalizadas por Boix con el ropaje a medida de Turina rematado por Matsuoka, optimización de recursos en tiempos de crisis.

La propina la última aria de Clori pur troppo bella, también de Facco, todas las cantatas que evolucionaron cual óperas en miniatura para dos voces: soprano y chelo perfectamente entendidas por el trío.

De Francesco Supriani, otro “descubrimiento” de Turina, escuchamos abriendo la segunda parte su cantata Chi m’invola da te, mio beltesoro de idéntica estructura a las de Facco, y una Sinfonía, sonata o “balleti” podría haber llamado esta forma que busca ese virtuosismo que el trío Turina-Boix-Matsuoka derrochó para un público nuevamente encantado que ocupó tres cuartas partes de la sala de cámara.

Celebrando los 333 de Bach en Avilés

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Miércoles 21 de marzo, 20:15 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA). Josep Mª Mas i Bonet (órgano). «Música para la Pasión»: obras de Bach, Brahms, Liszt, Franck y Messiaen.

Entramos en la recta final de la cuadragésimo primera SMRA​ en el día del 333 aniversario de Bach, que no podía faltar en un concierto titulado «Música para la Pasión» y con el veterano organista de Centelles (Barcelona) Josep Maria Mas i Bonet, que fue de menos a más en este penúltimo concierto con el órgano de Acitores nuevamente increíble en sonoridades todavía por descubrir, maestría de un intérprete de largo recorrido y obras de gran enjundia.

Comenzó el catalán con la Fantasía en do menor, BWV 562 del kantor, continuando con el Coral De profundis clamavi ad te, de la Cantata BWV 68 y la Fantasía y fuga en do menor, BWV 537, austeras como el propio Bach hubiera deseado, registros sobrios sobre el segundo teclado y el pedal, limpieza de líneas, técnicamente impecable y gustándose sobre todo en la última de las tres partituras de nuestro dios.
En línea similar discurrió Brahms como no podía ser menos al «revisar» al padre de las músicas con el Preludio coral Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen  (Querido Jesús, qué culpa has cometido), comedido en su grandeza, homenaje romántico al barroco en el instrumento rey, el órgano de Santo Tomás avilesino en manos y pies de Mas i Bonet, de nuevo maestro con poso al afrontar este muestrario con referencias a la Pasión de Cristo.

Pero llegaría Liszt y rompería el fuego abriendo horizontes sonoros con la Oda fúnebre, muerte esperanzadora, luminosa sin perder dramatismo, registros mucho más variados, la expresión en los pedales que comenzaba a emanar grandeza sonora en distintas dinámicas.
El momento cumbre personalmente llegó con Cesar Franck y su Coral nº 1 en mi mayor, auténtico caleidoscopio sonoro en un Acitores camaleónico que parecía emular los Cavaillé-Coll del romanticismo pleno con variedad tímbrica y transiciones de un teclado a otro delicadas con sabor francés y verdadero «savoir faire» elegante, brillante, variado, jugoso, para la última explosión final del organista catalán.

Olivier Messiaen siempre supone un tributo bachiano y Les Ténèbres su música para esta pasión con truenos y tinieblas de dolor en ese lienzo orgánico antes de la feliz La Résurrection du Christ con el organista catalán siempre cercano a Francia en todo. Paleta barroca con trazo abstracto bien interpretado y exprimiendo el Acitores cada vez más asombroso cuando se le exige, y los cinco autores de este miércoles supusieron otra prueba de un órgano válido para repasar la historia de la música para él escrita.

No podía haber sido mejor cumpleaños de Mein Gott quien decía​
«La música es una armonía agradable para el honor de Dios y de los placeres permitidos del alma«, armonías las alemanas y placeres inmejorables los franceses, pues Mas i Bonet se mostró en el órgano avilesino tan francés como Franck y Messiaen.
La agenda me impide asistir al último concierto del viernes 23 con el grupo de cámara santanderino Ars Poliphonica que además estrena espacio en la Iglesia de los Padres Franciscanos (Parroquia de San Antonio), acústica ideal para un programa que va de Dunstable y Gombert hasta Drake o Vince Clarke titulado «Dilecte Mi» a cargo de este grupo de voces graves.

Bach siempre misericordioso

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Martes 20 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Pablo Taboada Jiménez, órgano. Obras de J. S. Bach, C. Franck y O. Messiaen.

Mein Gott Bach todopoderoso y también misericordioso perdonó ofensas pasadas y nos trajo al profesor catalán Pablo Taboada en el tercero de los conciertos programados con un repertorio potente donde estaba el trío de compositores ideales para todo organista que se precie: Bach, Franck y Messiaen cerrando el círculo, tres épocas y estilos con exigencias distintas que el órgano Acitores de Sabugo sigue respondiendo como un grande.

El Preludio y fuga en do menor, BWV 546 calentó tubos, dedos y acústica en un templo no tan lleno como nos gustaría, pues el público es el mejor premio y recompensa para el esfuerzo de Chema Martínez y los suyos. Todavía sin el poso ni el pulso deseado aunque buscando registros adecuados, mejores en la fuga pausada, algo pesante pero marcando todo, usando un pedal discreto igual de virtuoso que los teclados manuales, nunca enturbiando los temas principales, Taboada abrió la espita bachiana antes de continuar con dos corales.

An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, de los dieciocho Corales de Leipzig y Erbarm dich mein, o Herre Gott, BWV 721, ambos de sonidos básicos casi «de libro» donde la melodía luterana sonó con una lengüetería clara de tímbrica sobresaliente mientras el pedalero seguía en un segundo plano con las apariciones puntuales, aguantando los tubos sin ningún ronquido.

El romanticismo de Cesar Franck le va como anillo al dedo al Acitores que ya tiene acento propio, castellano recio con sabor a salitre, rico en registros con los que Taboada acertó, desde reminiscencias al popular armonio hasta los flautados potentes, subiendo intensidades de volumen y emociones, jugando con el trémolo puntual y el pedal de expresión algo tímido en recorrido aunque dejándonos uno de sus tres corales para órgano, Deuxieme Choral en si mineur muy logrado de dinámicas al que le pediría un poco más de «arrebato» acorde con el estilo (del) francés.

Sin abandonar el país vecino y con la misma espiritualidad que el kantor de Santo Tomás (de Leipzig, no avilesino), Messiaen supone cerrar el círculo de Bach, virtuoso no ya en ejecución sino en la búsqueda de los sonidos adecuados, la atmósfera del texto inspirador con la tímbrica complementaria, y así entendió mi tocayo la Apparition de l’église éternelle con el Acitores pletórico, tubería acoplada con el exigente Olivier, de amplias dinámicas y registros inéditos completando una velada que fue calentando a medida que la música se acercaba a nuestro tiempo sin perder el respeto a los orígenes. Todo es mejorable, pero el maestro Mas Bonet estaba al lado ayudando y tomando nota para su concierto del miércoles donde al trío de ases de hoy se sumarán Brahms y Liszt en una verdadera fiesta sonora del órgano astur-palentino bajo el sugerente título «Música para la Pasión».

La veteranía es un grado y los años dan el poso necesario no solo para la interpretación sino para la recreación de unas partituras siempre únicas y distintas según el órgano, el día, la temperatura… y el ánimo tanto del ejecutante como del oyente. Ya lo contaremos desde aquí mientras los organizadores de la SMRA siguen subiendo temas al Canal de YouTube©.

Fagioli d’Oro trae la primavera

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Martes 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM) y Ayuntamiento de Oviedo, V Primavera Barroca, Haendel Arias, Franco Fagioli (contratenor), Il Pomo d’Oro. Precio abono ciclo (butacas no numeradas): 84 € (73,50 € para abonados a otros ciclos).

El Barroco no pasa de moda, aumenta su demanda, no suele defraudar, es cómodo de escuchar, no cansa… comentarios habituales que escucho y corroboro. Apostar por un ciclo o festival monográfico siempre es arriesgado pero conociendo el panorama actual y comprobando que Asturias tiene un público incondicional que apoya y presume de nuestros intérpretes en este periodo o estilo que triunfan allá donde van (mientras aquí les echan), era previsible hace cinco años una Primavera Barroca en Oviedo con el CNDM apoyando y sumándose Conservatorio y Universidad a esta oferta que incluye conferencias para estudiantes y aficionados que se ha consolidado, dejando la sala de cámara pequeña otro año más, con cola media hora antes buscando una buena localidad (no están numeradas) sobre todo cuando nos traen figuras de la talla del contratenor Franco Fagioli y la agrupación Il Pomo d’Oro, conocida de otras actuaciones en la capital asturiana.

Comentaba en mi reseña para La Nueva España que «Fagioli logra la apoteosis con Haendel«, calidad vocal, entrega escénica, técnica asombrosa con fiatos larguísimos y el ropaje a medida de un sexteto de cuerda liderado por Stefano Rossi de concertino más el clave primoroso y preciosista de Federica Bianchi, quinteto sin viola en las obras instrumentales que no solo ayudan al descanso vocal sino también a disfrutar de otras páginas delicadas complemento de la selección de arias del genio alemán, perfectamente comentadas en el programa por mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón.

Estuve estos días hablando a mis alumnos de Farinelli y otros castrati famosos como Senesino o Caffarelli proyectando en clase la película donde se reflejaba perfectamente esta Europa del XVIII con el poderío escénico de unas voces «contra natura». El número de marzo de Scherzo dedica portada y entrevista al contratenor argentino afincando en Madrid Franco Fagioli que merece la pena leerse porque explica mucho de este proyecto y obras elegidas, diciendo «buscar la verdad en escena desde el momento único de la interpretación y su más absoluta honestidad». Así fue esta velada Haendel escuchada con la misma pasión y devoción derrochadas por Fagioli con Il Pomo d’Oro, con un cierre inédito en Oviedo al cantar y bien afinado todos la segunda propina Lascia ch’io pianga a coro, tras la primera con otra aria de Serse.

Del programa que dejo aquí escaneado el Allegro inicial de la Sinfonía en si mayor HWV 338 aunque para fagot, cuerdas y bajo continuo se entiende que por la plantilla solamente de cuerda que los «pomodoros» presentaron en esta primavera adelantada resultó un arreglo para el quinteto (la viola solamente se sumaría a las partes vocales), y las arias por pares en la primera parte, por lo cual Cara sposa, amante cara / Venti, turbini, presta (de «Rinaldo») no fue el cierre sino Mi lusinga il dolce affetto (de «Alcina»). Destacable cómo reinó el silencio antes de algunas de ellas facilitando la «transformación previa» de Fagioli en Bertarido, Oreste, Rinaldo y otros héroes de las óperas de Haendel, la que no hubo en los finales con esas inexplicables prisas por aplaudir primero, impidiendo degustar los segundos que flotan en el aire tras la última nota. Deberían observar al cantante lo que tarda en recuperarse antes de agradecer las palmas y vítores, por otra parte más que merecidos.

Sin necesidad de clasificar esta voz que se definía hace años falsetista, diríamos que posee el registro de alto y las agilidades de los llamados sopranistas, por lo que Fagioli puede afrontar cualquier personaje (afectos sería más correcto) de estas óperas y dotarlo de color propio, organizando el programa para alternar y jugar arias reposadas, dramatizadas frente a las virtuosas y un acompañamiento ideal en dinámicas y calidades, distinto al grabado pero más cercano en todo y por todo. Impresionante su registro grave y los pasos de registro con naturalidad desde la técnica y el buen gusto que mostró de principio a fin, propinas incluidas.

Ramón Avello en El Comercio titulaba «De la furia desatada al lamento conmovedor» para explicar esos cambios de roles e interpretación. Ver al público vehemente en el aplauso, volcado con los músicos en cada una de estas obras inmortales y sumado al final inédito coreando con Franco cual último éxito de los «principales» corrobora que el Barroco goza de buena salud, no es tan caro como lo sinfónico, vende discos, se firman autógrafos y es apto para todas las edades. En Oviedo también la ópera comienza a apostar lentamente por títulos barrocos sabedores del «tirón» que siempre tiene, más cuando se cuenta con voces de calidad.

Bienvenida adelantada de la primavera un martes y 13 sin supersticiones.

Mieres suena en Oviedo

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Domingo 11 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Banda de Música «Ciudad de Oviedo»: Conciertos de Invierno. Banda de Música de Mieres, Antonio Cánovas (director); Banda de Música «Ciudad de Oviedo», Francisco Vigil (director).

La música de banda sigue teniendo un público fiel además de ser no solo cimiento de melómanos sino el laboratorio de compositores actuales que encuentran las sonoridades específicas en estas formaciones, también cantera de instrumentistas y afición para una juventud no siempre visibilizada en unos tiempos donde los estudios no reglados parecen olvidados. Mi aplauso y admiración al sacrificio de horas y horas de ensayos en casa más los conjuntos para poder disfrutar de conciertos como este dominical que sigue llenando cada mes el auditorio de la capital.

Quienes me leen conocen mis raíces de melómano con la Banda de Mieres a la que escucho cuando puedo y de la que me declaro incondicional desde su renacer gracias a la la Asociación Mierense de Amigos de la Música allá en 1991, un año para no olvidarme al ser el de mi boda así como el de la fundación de la OSPA. Con el murciano Antonio Cánovas Moreno (Totana, 1979) «nuestra banda» no solo se ha consolidado y rejuvenecido sino que conocedor del excelente material humano y musical con que cuenta va aumentando las exigencias poco a poco afrontando repertorios impensables hace poco y con una calidad pareja a la banda anfitriona que invitó a la mierense a este ciclo de conciertos invernales, abriendo la velada (dejo a continuación el programa inicial que he retocado para la foto de portada y dejarlo en el orden correcto).

En un año pero especialmente desde Santa Cecilia la evolución de la Banda de Música de Mieres sigue imparable y escucharla en el auditorio con un programa casi sinfónico no solo me llenó de satisfacción y orgullo sino de felicidad por el repertorio elegido y su profesionalidad en la interpretación disfrutando de una acústica perfecta para las obras y autores elegidos.
No puede faltar nunca un pasodoble en un concierto de banda, apostando por el nuevo repertorio que avanza en lenguaje y texturas sin perder nunca el origen bailable. El Torico de la Cuerda (2002) de Luis Serrano Alarcón (Valencia, 1972) es una muestra de ello y encargo del Ayuntamiento de Chiva, dejando enlazadas en todos los títulos algunas interpretaciones aunque por otras formaciones distintas a las de este domingo por no perder mi afán didáctico en compartir y dar a conocer lo que tocan nuestras bandas hoy, aquí escritura de un músico valenciano cuya procedencia ya puede darnos idea de lo que supone a nivel musical y más en una carrera internacional que comienza a recoger sus frutos.

La generación de compositores españoles actuales dominan la técnica compositiva y todo tipo de instrumentaciones sean sinfónicas, camerísticas o corales. Hace dos años y con motivo de la exposición Aqva de «Las Edades del Hombre» descubrí al toresano David Rivas (1982) al que pude saludar en persona al finalizar este concierto, presente para disfrutar con La ruta del Cid (2017), cuatro movimientos aplaudidos cada uno al no figurar en el programa: «1. El inicio de una leyenda; 2. El deber de un guerrero, luchar por su señor; 3. Nostalgia. Jimena en su corazón; 4. Fiesta final: El Cid llega a Valencia«. Música épica sin necesidad de imágenes aunque funcione cual banda sonora (eso es un «Poema Sinfónico»), con despliegue de percusiones variadas y utilizando un teclado electrónico emulando el arpa para suplir ésta, sin desmerecer por sonido, intención y limpieza, sumándole las voces de los propios instrumentistas cual coro u otro instrumento engrandeciendo tímbricas incluso con gritos de guerra enarbolando maderas y metales, sin faltar un clarinetista haciendo de narrador en el primer número. Me impresionó la amplia gama dinámica de los mierenses tanto en los delicados pasajes cantabile de flautas y clarinetes como en los poderosos de los metales y la precisión para los exigentes cambios rítmicos y de compás perfectamente indicados y llevados por el Maestro Cánovas. El compositor subió a dar su plácet a la banda mierense y a su director recogiendo los aplausos merecidos de un público fiel y entendido que disfrutó con esta composición del zamorano.

A continuación una verdadera banda sonora, Alatriste de la que el compositor murciano Roque Baños (Jumilla, 1968) adaptó esta Suite que la Banda de Música de Mieres interpretó en Oviedo, una prueba de fuego más donde junto al teclado con sonido de arpa se unió una guitarra española (recordando el Aranjuez de Rodrigo) que dieron algún problema de afinación al estar amplificados y que hizo se notara más, al igual que cuando entró el sonido de órgano, lo que no empañó una interpretación de altura sinfónica donde brillaron todas las secciones y solistas, queriendo destacar además de los «habituales» clarinete, trompeta o flauta al trío femenino de trompas, de sonido compacto, aterciopelado y valiente.
Y de propina otro de los compositores actuales que mejor escribe para banda (todavía resuena en mi cabeza el Libertadores): el alicantino Oscar Navarro (Novelda, 1981) con el pasodoble Andrés Contrabandista donde Don Antonio apenas necesitó dirigir demostrando el duro trabajo previo de ensayos, dejando sonar a sus músicos para escucharse unos a otros haciendo música de calidad sinfónica con menos medios de los deseados pero toneladas de ilusión. Lo dicho, orgulloso de la banda de mi pueblo.

El maestro Francisco Vigil Sampedro volvía un año después de su «jubilación» al frente de la Banda de Música «Ciudad de Oviedo» en una segunda parte igual de exigente y poderosa que la primera por obras y autores seleccionados, menos actuales pero dignos de escucharse cuando hay plantilla para ello y la banda carbayona la tiene desde su fundación en 1992, contando con varios profesionales.
Así la obertura Tantaluqualen (1868) del austrohúngaro Franz Von Suppé (1819-1895) recordándome cuánta música sinfónica se adaptó para las bandas siendo nuestras primeras tomas de contacto en vivo con repertorios inalcanzables.

Más cercana en el tiempo la composición The idol of the flies (2008) del suizo Franco Cesarini (1961) que tiene de subtítulo «A Tone Poem after Jane Rice, Op. 13» de lenguaje actual en cuanto a investigador de texturas y empleo de amplia percusión casi necesaria pero con toques académicos y buena instrumentación para bandas, que la capitalina interpretó segura bajo la sabia batuta del Maestro Vigil. En la onda de bandas sonoras de la primera parte mierense, esta partitura inspirada en la historia de un niño huérfano que tiraniza su entorno e invoca repetidamente un «ídolo de las moscas» como símbolo de su poder, y con eso él realmente llama al diablo, cuyo nombre traducido por Beelzebub es «El ídolo de las moscas», Cesarini no cuenta la trama exacta de la historia truculenta sino que reproduce su atmósfera densa y sombría.
La Suite op. 66 The crown of India (1911-12) del inglés Sir Edward Elgar (1857-1934) en los cinco movimientos seleccionados por el compositor volvía el mundo de las orquestas sinfónicas «recreado» desde las bandas sinfónicas (las nuestras sin cuerda), a mayor gloria del imperio con la música ensalzando el poderío no exento de exotismo, y donde los saxofones cantan mejor que los cellos, destacando los solos del clarinete y concertino Isidoro Otero y del mierense Juan Flores al saxo alto.

No podíamos marchar sin propina y además un pasodoble, Guadix del vasco Primitivo Azpiazu (Zumárraga, 1912-1990), la forma española por antonomasia, paso doble inigualable que estas formaciones tienen la obligación de mantener, mejor cuando tenemos composiciones de tanta calidad como las elegidas para este tarde de domingo, dos generaciones que mantienen viva la música de banda.

Lienzo sonoro busca pintor

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Viernes 9 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Los colores de la orquesta«, abono 8 OSPA, Leila Josefowicz (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Bernstein, Zimmermann y Prokofiev.

La OSPA devolviendo la visita de enero a la Real Filharmonia de Galicia (y ausente esta edición 2018 de «Musika Música» en el Euskalduna de Bilbao), llegaba de Santiago donde interpretaría el día anterior este octavo de abono todavía con Milanov al frente (ya lleva cinco años), para rendir homenaje al gran Leonard Bernstein (1918-1990) en su centenario, pero también al menos conocido Bernrd Alois Zimmermann (1918-1970) y completando velada una página del gran sinfonismo, viernes ruso de Prokofiev con su quinta (mantengo mi teoría musical de «no hay quinta mala» parafraseando el refranero). Pero incluso podrían haber celebrado el 8M dado que la solista invitada, Leila Josefowicz(Toronto, 20 octubre 1977) de origen polaco y afincada en Nueva York, encabeza una lista de grandes violinistas engrosando otra aún mayor de mujeres triunfando en el mundo musical.

La música de Lenny sigue sonando actual, nuestra, ágil, luminosa, «made in USA» que siempre presumió de este músico integral. Su Divertimento para orquesta (1980) es puro espectáculo sinfónico, algo que Milanov conoce bien en su trabajo al otro lado del charco y le funciona, aunque en la vieja Europa los gustos sean otros, si se me apura más «conservadores». Las notas al programa de Miriam Perandones (enlazadas al inicio en cada compositor) explican perfectamente el programa elegido comenzando con la partitura escrita para el centenario de la Orquesta Sinfónica de Boston. Ocho danzas que combinan la historia musical yanqui, herencias y adopciones con el impulso rítmico tan característico de Bernstein plasmando virtuosismo a todas las secciones orquestales de las que la OSPA puede presumir, aunque las dificultades estén en poder ser fieles a la partitura sin claridad gestual en la tarima (la batuta por momentos tan baja parecía reflejar oscuras intenciones). Prefiero cerrar los ojos antes de mirar al podio porque casi nunca coincide con lo escuchado, máxime en compases de amalgama y polirritmias nunca marcadas que dan el sello típico de estas músicas capaces de unir tradición y modernidad.
Lujo nuestros instrumentistas aunque pienso innecesaria la puesta en escena imitando las bandas de jazz donde los solistas se ponen en pie, finalizando todos la octava Marcha «The BSO Forever» que incluso bisaron (algo raro en la OSPA) cual banda sinfónica. Colorido musical de Broadway, de esos cafés en blanquirojo con café recalentado, patatas fritas, batidos de fresa y hamburguesas. La importancia del detalle que hace cambiar el menú según cómo y dónde se sirva…

 

Impresionante el Concierto para violín (1950) de Zimmermann con Leila Josefowicz de solista. Me quedé con las ganas de disfrutarla en «Los Conciertos del Auditorio» allá por febrero de 2009 con la Orquesta Sinfónica de Islandia que la crisis truncó anulando la gira prevista. Ocho después y como si el destino quisiera pagarnos deudas pendientes, por fin venía a la capital asturiana. Escucharla en la entrevista para OSPATV hablar de este concierto para violín de Zimmermann nos hace entender la pasión por la música de nuestro tiempo, «actual» y agradeciendo se programe siempre que sea posible, siendo esta violinista auténtica activista en estrenos en ella pensados. Su sonido, entrega y pasión engrandecen este concierto de forma clásica pero rompedor en el momento de su escritura etiquetada de vanguardia aunque este no lo sea, estética neoclásica como su propia vida en cierto modo paralela a la de Bernstein, con tantas interrogantes y dudas místicas, filosóficas, vitales incluso en ambos, ritmo cual motor humano desde el origen pero con el poso europeo del alemán. Los títulos de cada movimiento parecen dejar sobre la mesa sus intenciones así como la opción elegida: Sonata el primero, más allá de la propia forma o el origen del «sonare», el segundo Fantasía  por emociones y distintas fuentes inspiradoras tanto en el violín como en la orquesta, exuberancia por doquier que tampoco necesita mayores gestos (la ampulosidad está en los pentagramas) con un virtuosismo impactante hasta el Rondó final, verdadero colorido musical, evocador del jazz con una marimba poniendo pinceladas en el sitio preciso, recuerdos de películas americanas cuyas mejores bandas prepararon los compositores europeos, nuevos paralelismos de dos compositores nacidos hace 100 años bien entendidos por estas generaciones donde la formación marca diferencias, y la OSPA con Leila resultó el mejor lienzo en busca de pintor.
La propina el final de Lachen verlernt (Essa Pekka Salonen) de reminiscencias primaverales en la Polonia natal, de la música judía, aires de Armenia, explosión tímbrica de virtuosismo ya desde sus años como niña prodigio pero asentado desde la madurez de la vida, pura belleza con dolor y color.

Aunque estemos en el 2018 se mantienen las recetas de los conciertos: apertura más o menos contemporánea, un concierto solista y segunda parte con el mundo sinfónico. Prokofiev como gran orquestador augura espectáculo cuando hay calidad, y su Sinfonía nº5 en si bemol mayor, op. 100 (1944) remató un concierto lleno de color y calor por parte de una formación capaz de expresar todo lo que la partitura esconde, ceñirse al estilo y seguir las dinámicas marcadas, más claras que pulsación, entradas o cambios de tempo. Desconozco si el hilo conductor buscado para este programa era el número 100 y Bernstein  aunque se titulase «Los colores de la orquesta», pues el acierto fue pleno y el americano comentaba de esta quinta, como bien recoge la profesora Perandones en sus notas: «… una de las mejores sátiras de Haydn, incluso afirmó que fue la única obra que, al oírla, le hizo estallar en carcajadas por la incongruencia entre la formalidad del siglo XVIII y la modernidad del lenguaje del siglo XX«. Prueba superada por los músicos aunque resultara en cierto modo monocromática y no sobre el rojo pasión sino más bien en toda la paleta de ocres pese a la riqueza de esta sinfonía rica en efectivos (abundante percusión y piano) que se lucieron sin necesitar ponerse en pie. Destacar el protagonismo del viento, siempre excelente, y especialmente los metales buscando esa épica que supone afrontar conciertos como el de este viernes.
Por lo menos Perry So, al que bauticé «pintor de sonidos», nos traerá el Stabat Mater de Dvorak que pude disfrutar el año pasado en Bilbao.

Y lo raro de una propina en los conciertos de abono por parte de la OSPA, bisando a Bernstein el In memoriam para mayor gloria de Milanov, The OSPA Forever y «That’s all folks«. El propio Lenny y su sentido del humor que no nos falte…

​ Gardiner reivindica a Schumann con la LSO

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Jueves 8 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio,London Symphony Orchestra (LSO), Sir John Eliot Gardiner (director). Obras de Schumann.

Reseña para La Nueva España del 9 de marzo ampliada con «links» y fotos propias, además de añadir negritas o cambiar entrecomillados por cursivas:
La London Symphony Orchestra (LSO) y Sir John Eliot Gardiner trajeron a Oviedo el romanticismo puro reivindicando al Schumann sinfónico con las dos sinfonías sin nombre más la obertura Genoveva, su única ópera, obras de madurez animado por su esposa Clara y el amigo Brahms en un regreso esperado por todos.
Obertura más sinfónica que operística para abrir con delicados contrastes, fantasía y lirismo que el director británico llevó con su particular claridad de gestos bien entendidos por una orquesta rendida a sus órdenes, tocando de pie salvo las excepciones lógicas con algún espectador preguntándose la causa, tradición viva de Sir John.
Gardiner tiene grabada la integral de las sinfonías de Schumann con su Orchestre Révolutionnaire et Romantique para la serie Archiv del sello amarillo a finales de los 90, revividas ahora con la LSO en gira europea con Oviedo nuevamente en el mapa, escuchando las pares en orden cronológico, la Sinfonía nº 4 en re menor (primera versión de 1841) y la Sinfonía nº 2 en do mayor (1846).
La cuarta sonó germánica y romántica en cuatro movimientos sin pausa, enlazados y evitando las temidas toses, bien contrastados por un Maestro con mayúsculas aclamado por el respetable y sacando color a los claroscuros de sus compatriotas: magia de la Romanza, poderoso el Scherzo y pura explosión en el Largo. Finale: Allegro vivace con esos cambios de tempo logrando la expresividad tan decimonónica aún perdurable y funcionando desde una interpretación impecable por parte de los londinenses que dejaron el pabellón por todo lo alto a la espera de la segunda, parte y sinfonía.
Y tras el descanso llegaría la bellísima e inquietante segunda de movimientos separados, apareciendo las toses en «tutti» como olvidándose de su anterior visita, también plagada de contratiempos, luces y sombras (la sinfonía), con el Scherzo ubicado antes del maravilloso y expresivo Adagio finalizando con el vibrante Allegro molto vivace, bisado el último minuto final tras las aclamaciones y vítores para el «Gran Gardiner», romanticismo británico en lenguaje instrumental limpio y poderoso, elegancia de principio a fin con Sir John graduando emociones, dinámicas, velocidades y hasta aplausos y catarros. Excelencia en el trato y el concierto con LSO reivindicando al Schumann sinfónico.

«El romanticismo no es cuestión de rareza ni búsquedas de formas sorprendentes. Su cualidad esencial es que permite al músico ser también poeta». Robert Schumann a Clara Wieck aún solteros.

Mi comentario previo al concierto en LNE del jueves 8:

Mozart, escuela de voces

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Viernes 2 de marzo, 21:00 horas – Domingo 4 de marzo, 19:00 horas. Teatro Cervantes, Málaga: XXIX temporada lírica: Così fan tutte ossia la scuola degli amanti, K. 588 (Mozart). Berna Perles (soprano), Carol García (mezzo), Pablo García López (tenor), Damián del Castillo (barítono), Enric Martínez-Castignani (barítono) y Beatriz Díaz (soprano); José Miguel Román (clave); director de escena: Curro Carreres; Coro de Ópera de Málaga (Salvador Vázquez, director), Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Director: Manuel Hernández-Silva. Entrada platea: 60€ + 2,50€ gastos de gestión (¡por la compra on line!).

Muertes cercanas y sentidas, Gustavo Tambascio recordado en el programa por el escenógrafo Curro Carreres en esta reposición malagueña de 2010, y por megafonía el mismo viernes a Jesús López-Cobos que siempre confesó su admiración por «El Così de Mozart«, de nuevo por curiosidades de la vida reemitido por La2 de TVE en su horario «hard time», apostando por la ópera y la cultura en general, de una a cuatro de la madrugada en la producción de Haneke para el Real madrileño de hace cinco años.

El Maestro Hernández Silva además de mozartiano de pro, desde su llegada a Málaga ha apostado por voces que con el tiempo vamos encontrándonos y escuchando en distintos coliseos, así que más allá de recitales y música sinfónico coral esta vez tocaba hacer ópera.

El elenco de este Così parecía tenerlo claro, no ya por las seis voces específicas en cada rol sino por ese «descubrimiento» de José Miguel Román al clave al que considero el séptimo personaje por la excelencia en todas y cada una de sus intervenciones (el trabajo previo con el maestro venezolano me lo imagino largo y detallista), una OFM sonando a cámara con dinámicas casi siempre contenidas favoreciendo toda la acción sobre el escenario, un coro fuera de él ubicado en las bolsas laterales del primer piso en esa búsqueda de dinámicas y colores vocales, más una puesta en escena sin descontextualizar, Nápoles de 1790 con su vestuario elegante y decorados palaciegos, más leves guiños ampliando espacio con entradas y salidas por el patio de butacas sumados a una figuración que redondeó esta «Escuela de los amantes» aplaudida, equilibrada, con todo vendido para las dos funciones.

El genio de Salzburgo siempre resulta equívoco por la aparente sencillez y facilidad de sus obras, las óperas no escapan a dicha sensación y las exigencias son verdadera trampa para cada intérprete. La obertura tardó en arrancar un engranaje instrumental que Hernández Silva manejaría con autoridad y precisión de relojero. De «su» sexteto vocal para esta «ópera matemática», simétrica por las apariciones, elegidas por color y dramatismo para una producción cien por cien clásica, comenzar destacando la generosidad de la soprano Beatriz Díaz aceptando esta Despina que resultó el motor de la representación, un personaje que actúa como revulsivo del resto no solo por comicidad (médico y notario dignos de las grandes voces) sino por calidad, brillando en sus arias, empastando los dúos, sumando enteros en los concertantes (mágico el sexteto) y dando una lección en sus recitativos convincentes, suponiendo el pegamento para el resto de compañeros, elevando el nivel global desde su complicidad y aplomo con los compañeros. Enric Martínez-Castignani como Don Alfonso estuvo correcto vocalmente, puede que algo más opaco de lo esperado adoleciendo una actuación de viejo (que no lo es) maquinador, creerse este personaje con muchas aristas que como barítono no explotó, al menos en la primera función.

De las parejas dobles protagonistas comenzar con Damián del Castillo, barítono excelente y convincente Guglielmo, enorme en escena cantando y actuando, equilibrado por el Ferrando de Pablo García López mozartiano puro en emisión y dicción, casi sobreactuado en lo cómico pero hondo en interpretación, ganando cuerpo en los graves siendo ya un tenor al que seguir. Su Aura amorosa literal y digna de bisarse cortó la respiración al público malagueño que esta vez resultó excesivamente educado.

Ellas, las que finalmente acaban dándonos la lección a nosotros, Berna Perles fue la Fiordiligi malagueña a la que pesó más de lo deseado ser local, pienso que algo nerviosa para un papel exigente al que fue tomándole el pulso a medida que la función avanzaba, con una emisión más oscura que en otras ocasiones y agilidades no del todo limpias.

La Dorabella de Carol García también ganó de escena en escena, una mezzo de emisión clara aunque con cierto vibrato que puede llevar a calar y hasta ensuciar algunas intervenciones, pero resuelta, convencida y cerrando un sexteto homogéneo, bien dibujado vocalmente para todo un juego de equilibrios mozartianos donde Hernández Silva volvió a demostrar conocimiento y pasión por Mozart transmitido a todos.

Los eternos cantores de Viena

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Crítica para La Nueva España publicada el martes 27 añadiendo «links», fotos propias y cambiando la tipografía eliminando comillas para utilizar negrita y cursiva:

La música sigue poniendo a Oviedo en el mapa musical y este domingo sería última parada de los Niños Cantores de Viena, el coro más famoso del mundo tras una gira española de diez días recorriendo Granada, Bilbao, Zaragoza, Valladolid, Madrid y Burgos. Sus orígenes se remontan al siglo XIII y tal como los conocemos desde el siglo XV con Maximiliano de Habsburgo, reconstruyéndose en 1921 tras la caída del Imperio austrohúngaro. Integrado actualmente por 100 coristas entre 10 y 14 años divididos en cuatro grupos corales para poder dar los 300 conciertos de media anuales, arribando a la capital asturiana con 23 efectivos más el brasileño Luiz de Godoy (que trabaja además con el coro de la Konzerthaus de Viena y la Academia de Coros de la Wienner Staatsoper) al piano y dirigiendo, además de presentarnos en un castellano correcto las distintas obras, con alguna alteración y omisión sobre el programa previsto.

El auditorio estaba al completo con público de todas las edades donde no podían faltar nuestros “Niños cantores de Covadonga”, la Escolanía con su director Jorge de la Vega tomando buena nota de todo sabedores que ellos también son historia viva.

Los Niños Cantores de Viena, una de las «más consolidadas» tradiciones musicales europeas, a lo largo de los siglos han sido numerosos los músicos que han trabajado para esta institución, se han iniciado musicalmente en ella o han dedicado obras: Isaac, Mozart, Caldara, Salieri, Bruckner, Haydn o Schubert entre tantos otros, ampliando un repertorio que abarca todas las épocas y estilos. Para esta gira se centraron en un “viaje coral europeo” como comentó al inicio Luiz de Godoy.

Acallando murmullos arrancaron desde el patio de butacas, bajaron por ambas escaleras y se colocaron sobre el escenario interrumpidos cada etapa por aplausos con el canon a 3 voces O Virgo splendens de nuestro Llibre Vermell de Monserrat (s. XIII) antes de ir saltando autores y épocas para combinar en escena las 23 voces blancas a ambos lados del piano, alternando acompañamiento y canto “a capella”, puro, siempre en perfecto entendimiento con el maestro brasileño, también prodigio quien adaptó el handeliano Piangerò la sorte mía con dos solistas marca Casa Viena o el Gloria in excelsis de Vivaldi desde un piano-orquesta de toque propio y demasiado rápido. En algunas obras se les notó cansados, no por algunos solistas en ambas cuerdas (tienen un tiple increíble que brilló en tres de los cantos rusos) sino por un piano forte sin contemplaciones como en El café de Chinitas recogido por García Lorca, con atrezzo de taza y periódico al que se iba sumando un solista hasta los cuatro finales totalmente tapados por el brasileño, de espaldas a ellos.

Simpática lección coral infantil el “Contrapunto bestial”, verdadero festín animal de Banchieri (ca. 1568-1634), bien las Cuatro canciones rusas K28 de Stravinsky sin piano, sentidos los cantos religiosos del motete Cantate Domino (Buxtehude), Ave Verum Corpus (Poulenc), Salve Regina (Fux) y la casi póstuma Pequeña cantata alemana K619 (Mozart) en adaptación del austriaco Gerald Wirth (1965), autor igualmente de Carmina Austriaca –de similitud con los de Orff– en reducción pianística más percusión variada a cargo de cinco de los niños para la selección ofrecida, ya descansados para afrontar una segunda parte más variada y agradecida.

Momentos mágicos como el Gloria de Britten a ellos dedicado con un piano más discreto, el Die Kapelle del antiguo cantor Schumann y los cantos populares de Armenia (dispersos todos por el escenario aumentando sensación dinámica), Serbia (dos primeras de lujo) o Estiria, en Austria, sumándonos con las palmas, siempre mejor solos aunque con piano ayuda en afinación y presencia, dando un ropaje global, también menos trajín entre cuerdas (12+11), favoreciendo empaste y mayor claridad de emisión.

Para estos vieneses famosos no podía faltar algo de sus paisanos los Strauss, cuya popularidad máxima alcanzan el día de Año Nuevo (2012 y 2016 con Mariss Jansons para recordar los recientes), aquí piano en vez de orquesta con excelentes arreglos del citado Wirth: el conocido Vals del Emperador (Johann Strauss II), la polka En viaje de Vacaciones (Josef Strauss) y la ¿inesperada? propina de El Danubio Azul que levantó al público de las butacas, palmeando todos esa polka rápida con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte español.

Viena y sus eternos cantores

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Reseña para La Nueva España publicada el lunes 26:

Los Cantores hacen historia

El coro infantil vienés, dirigido por Godoy, asombró en el Auditorio, repleto de público de todas las edades, con un concierto en el que recorrió distintos tiempos y lugares

Pablo Siana | 26.02.2018 | 17:52

Cuando una institución musical tiene tras de sí tanta historia y por la que han pasado muchos de los compositores que conforman su repertorio, es lógica la admiración y respeto hacia ella. Los Niños Cantores han cantado desde el siglo XIII siendo Maximiliano I quien los llevaría a la capital en 1498. Actualmente el coro lo forman 100 cantantes entre los 9 y 14 años, divididos en cuatro coros que dan casi 300 conciertos al año, llegando uno de 23 efectivos a Oviedo, con el brasileño Luiz de Godoy como maestro de coro y pianista, otro prodigio infantil al frente de esta excelencia vocal, finalizando una gira que denotó cierto cansancio en estos niños únicos, disciplinados y sacrificados.Y asombraron a un auditorio de todas las edades, con presencia de la Escolanía de Covadonga, y sin localidades libres cantando la historia coral universal de todos los tiempos y lugares.
Desde el inicial canon “O Virgo splendens” del Llibre Vermell de Montserrat (siglo XIII) que pasearon por las butacas al escenario, hasta obras de su compatriota G. Wirth (1965), arreglista y compositor de los «Carmina Austriaca», dos números recordando los de Orff, pasando por los folclores serbio, español de “El café de chinitas» recogido por Lorca , atrezzo incluido con suma de cuatro solistas imperceptibles con el piano, hasta el armenio donde los vieneses sí mostraron su excelencia, niños que solo crecen para la música. Godoy dirigió y acompañó con soltura además de presentar este viaje coral europeo.
Se ha dicho que cada cantor de Viena es un solista que convierte su cuerpo en un instrumento de sonido lírico, transparente, único e inspirador de los mismos compositores que agrandan su repertorio, Britten de lo mejor cantado con piano, Mozart, Schumann ideal “a capella” y tantos como este domingo pudimos disfrutar sin olvidar a la Saga Strauss de Emperador y las propinas del Danubio y polka palmeada con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte.

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