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Amor a la primera nota

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Domingo 12 de octubre de 2025, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. Charles Gounod (1818-1893): «Roméo et Juliette». Coproducción de la Ópera de Oviedo y ABAO. Fotos de Iván Martínez y propias.

(Crítica para Ópera World del lunes 13, con el añadido de los siempre enriquecedores links, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar ni quedan igual, más el añadido de mis fotos)

Segunda función y segundo título de la septuagésimo octava temporada ovetense con «Roméo et Juliétte» de Charles Gounod, heredera de la grand opéra a la manera de Meyerbeer y de un bel canto francés donde la emoción se derrama con elegancia. Un argumento anterior a Shakespeare, pero inmortalizado por él, ese “amor sin desarrollo, pero eterno de dos jóvenes que mueren muy jóvenes”, como recordaba la doctora María Sanhuesa en la conferencia previa del pasado 8 de octubre, como también en el libreto donde recoge sus lúcidas observaciones: “Son un mero proyecto. No llegan a vivir, pero en su truncamiento encuentran su eternidad”.

Y con ese destino tan bellamente fatal, Gounod compuso una partitura llena de melancolía y dulzura, donde cada dúo amoroso es un eco de lo que pudo haber sido. La doctora Sanhuesa habló del “hechizo de Italia”, de su influjo irresistible, ese país y sus pasiones desbordadas, sus balcones y su catolicismo trágico que empapan la ópera. “No hay neutralidad ante Verona y sus amantes -afirmó-, porque todos reconocemos en ellos el anhelo de un amor sin concesiones, aunque sea breve como una vida interrumpida”.

Oviedo echaba de menos este título, ausente desde las funciones de 1983 y 2002 -con Ainhoa Arteta y un joven Rolando Villazón–, de las que queda una grabación en vivo del sello RTVE tan rara como fallida.

La directora de escena italiana Giorgia Guerra escribe que su propuesta busca “maximizar las atmósferas emocionales” de todos los protagonistas. Lo logra con el apoyo de las videoproyecciones narrativas de Davide Giannoni y Francesca Pasquinucci -bellas las animaciones sincronizadas en la ruptura de las arcadas góticas del baile-, un vestuario de época (de Lorena Marin) que distingue a las familias por color, y un espacio escénico único: un cubo atemporal con un monolito central que se transforma simbólicamente en cada acto (balcón, iglesia, habitación, cripta). Minimalismo eficaz, siempre al servicio de las voces.

Y desde el primer acorde de la obertura se sintió el flechazo: ‘amor a la primera nota’. La Oviedo Filarmonía, poderosa y empastada, brilló bajo la dirección de la francesa Audrey Saint-Gil, que repetía en el foso tras su memorable «Hamlet» de hace tres años. Su lectura fue clara, lírica, de pulso firme, apoyando sin invadir y cuidando los clímax orquestales que Gounod reserva con mimo para su partitura.

Con la buena escena y la dirección musical aseguradas, el reparto redondeó el éxito ante un Teatro Campoamor casi lleno en la tarde de “El Pilar”, con un público entregado que premió las arias más célebres y, sobre todo, al Coro Intermezzo, dirigido por Pablo Moras, que fue coprotagonista tanto en la acción dramática como en los pasajes corales: afinado, rotundo incluso fuera de escena, con un sonido amplio y redondo, especialmente en las voces graves.

El dúo protagonista fue puro magnetismo: debutante en Oviedo la soprano mexicana Génesis Moreno (formada en Venezuela) y el tenor jerezano Ismael Jordi. Ella, luminosa desde el primer acto, ofreció una Julieta fresca, segura y de voz radiante, dueña de un “Je veux vivre” que enamoró a todas las butacas, y de un estremecedor “Dieu! quel frisson” antes de la boda frustrada con Pâris (Sebastià Peris). El andaluz de canto elegante y sincero, fue creciendo hasta firmar un inspirado “Lève-toi, soleil”, recibido con una gran ovación. Los dúos sonaron empastados, medidos y sentidos, especialmente el delicioso “Nuit d’Hyménée!” con el monolito o cubo elevándose del suelo, auténtica química entre la pareja protagonista.

Entre los secundarios, todos encontraron su momento sin excepción. La mezzo ucraniana Olga Syniakova (Stéphano) volvió a conquistar Oviedo con su gracia y seguridad; Sandra Pastrana (Gertrude) ofreció buen fraseo, aunque algo eclipsada por la intensidad de su Julieta. Entre los barítonos, el bilbaíno José Manuel Díaz (Grégorio) demostró solvencia, calidad y calidez; el francés Régis Mengus firmó un espléndido Mercutio que no merecía morir; y el catalán Enric Martínez-Castignani, como Capulet, equilibró voz y presencia escénica con gran naturalidad en el rol de padre de Julieta. El Hermano Laurent del bajo-barítono onubense  David Lagares fue rotundo, cada vez más sólido sobre las tablas carbayonas que lleva pisando desde sus inicios.

Completaron el reparto Carlos Cosías (Tybalt), Emmanuel Faraldo (Benvolio) y Juan Laborería (Duque de Verona), todos en un nivel homogéneo que sumó al conjunto.

Una ópera de final conocido y siempre trágico, cerrada con un guiño escénico: los amantes sepultados bajo el túmulo, bañados por una luz cenital, despidiéndose entre veneno y acero. Una imagen perfecta para esta música maravillosa de Gounod, interpretada con las cuatro patas sobre las que toda ópera debe sostenerse: escena, orquesta, voces y dirección musical.

FICHA:

Domingo 12 de octubre de 2025, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. Charles Gounod (1818-1893): «Roméo et Juliétte», ópera en un prólogo y cinco actos, con libreto de Jules Barbier y Michel Carré, basado en la tragedia “Romeo and Juliet” (1596) de William Shakespeare. Estrenada en el Théâtre-Lyrique de París, el 27 de abril de 1867. Coproducción de la Ópera de Oviedo y ABAO.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Audrey Saint-Gil – Dirección de escena: Giorgia Guerra – Diseño de escenografía: Federica Parolini – Diseño de vestuario: Lorena Marin – Diseño de iluminación: Fiammetta Baldiserri – Videoproyecciones: Imaginarium Studio (Davide Giannoni y Francesca Pasquinucci) – Figurinista repositora: Anna Penazzo – Iluminadora repositora: Giulia Bandera – Dirección del coro: Pablo Moras – Maestros repetidores: Edward Liddall, Mario Álvarez.

REPARTO:

Juliette: Génesis Moreno (soprano) – Stéphano: Olga Syniakova (mezzo) – Gertrude: Sandra Pastrana (mezzo) – Roméo: Ismael Jordi (tenor) – Tybalt: Carlos Cosías (tenor) – Benvolio: Emmanuel Faraldo (tenor) – Mercutio: Régis Mengus (barítono) – Pâris: Sebastià Peris (barítono) – Grégorio: José Manuel Díaz (barítono) – Capulet: Enric Martínez-Castignani (barítono) – Hermano Laurent: David Lagares (bajo-barítono) – El duque de Verona: Juan Laborería (barítono).

Orquesta Oviedo Filarmonía

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo)

CaminOS PAralelos

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Viernes 10 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 1 “SCHUBERT SINFÓNICO”, inauguración de la temporada 2025-26 OSPA, Nicolas Altstaedt (violonchelo), Nuno Coelho (director). Obras de Walton y Schubert. 19:15 horas: «Encuentro con Nuno Coelho y Oriol Roch», Sala de conferencias nº 1 (3ª planta).

En un Oviedo que he bautizado hace tiempo como «La Viena Española», este segundo viernes de octubre tenía dos opciones musicales, que siempre restan en vez de sumar: el segundo título de la LXXVIII Temporada de Ópera con «Roméo et Juliette» (Charles Gounod), y el inicio de la temporada 25-26 de nuestra OSPA, con la que llevo «casado» desde 1991 -mismo año de mis nupcias-, así que siempre presumo que la orquesta asturiana discurre paralela a mi matrimonio, razón más que suficiente para no perderme esta inauguración, de la que me consta  el dilema de muchos abonados a ambas temporadas, que algunos adelantaron al día antes en Gijón, aunque yo cambié mi función operística para la segunda función del domingo, que contaré también desde aquí.

Como ha sido habitual en años anteriores, antes del concierto se tiene un encuentro con los protagonistas que disfrutaremos posteriormente, cambiando ahora de la Sala de Cámara, que resultaba inhóspita por la poca afluencia de aficionados, para optar por la más acogedora sala de conferencias nº1 que podemos encontrar al salir del ascensor a la izquierda. Siempre es interesante estar en este «acercamiento», más aún cuando escuchábamos a Oriol Roch, nuevo gerente, quien expondría su «línea de trabajo» donde intentar ganar público joven (abriendo los ensayos) además de acercar todavía más la orquesta de todos los asturianos, pero también en mantener a los ya veteranos que vamos cumpliendo años juntos aunque con menos pelo y/o peinando canas. Y por supuesto sin faltarnos las siempre acertadas pinceladas de Nuno Coelho sobre las obras que escucharíamos en este primer abono (lo repetiría al inicio de la segunda parte para los «ausentes»), esta vez dos obras «grandes» no muy habituales en los programas que personalmente agradezco se oferten.

El cellista Nicolas Altstaedt (Heildeberg, 1982) es uno de los grandes intérpretes al que ya pudimos escuchar con Oviedo Filarmonía (en 2019 y 2021 también dirigiéndola), y que en estas dos temporadas será uno de los colaboradores artísticos, siguiendo la buena línea emprendida hace años por la OSPA para traer y atraer talento, hacer crecer su oferta además del enriquecimiento que suponen estos grandes intérpretes tanto para la orquesta como por la implicación que alcanzan con el público sin olvidarnos de la repercusión a nivel mediático.

Dos partes bien diferencias en este estreno de temporada, primero el Concierto para violonchelo del inglés Walton, que Altstaedt tiene en su amplio repertorio, siendo uno de los intérpretes más versátiles en cuanto a su amplio «catálogo», y La Grande de Schubert, un calificativo ideal para esta sinfonía del compositor vienés que no pudo escuchar en vida y supone un homenaje a su paralelismo y admiración con el Beethoven que rompería moldes.

Nuno Coelho ya está asentado en la OSPA desde hace tres años (felizmente renovado otras dos temporadas), la complicidad con los músicos es total, tendiendo en estos años a una economía gestual sin perder nunca las necesarias indicaciones para clarificar lo trabajado previamente, el repertorio sabe elegirlo y estudiarlo al detalle, y con los solistas siempre acierta en concertar ideas, tempi, pero sobre todo la búsqueda de la belleza global sin egoísmos, dejando brillar a todos desde el pleno respeto y conocimiento de cada obra sobre el atril. Y para este arranque nos trajo un programa exigente y luminoso junto al violonchelista Nicolas Altstaedt, confirmando el excelente estado artístico de una OSPA robusta en todas sus secciones y su apuesta por una programación equilibrada entre el repertorio clásico y el siglo XX, contando para este primer abono de concertino con la polaca Joanna Wronko.

El concierto se abrió con el Concierto para violonchelo (1956) en tres movimientos (I. Moderato / II. Allegro appassionato / III. Lento; Allegro molto) del británico Sir William Walton (1902-1983), obra de lirismo contenido y escritura refinada escrito para Gregor Piatigorsky, que sigue siendo una de las páginas más singulares del repertorio del siglo XX, especialmente el  virtuoso movimiento central. Altstaedt lo abordó con un sonido limpio y su habitual intensidad expresiva con su Nicolás Lupot (París 1821) prestado por la Deutsche Stifung Musikleben. Lejos del dramatismo romántico, el discurso de este concierto se articula entre la introspección y la ironía, con un lenguaje que equilibra la sensualidad armónica con la elegancia formal que el músico alemán ofreció desde una lectura intensamente poética: sonido terso y flexible, virtuosismo al servicio de lo escrito con un arco riquísimo, matices y tímbrica rica, sabiendo extraer de la partitura toda la melancolía británica, especialmente en el Lento, de atmósfera suspendida. En los pasajes virtuosísticos del segundo y apasionado Allegro y en el Allegro molto final, combinando fuerza y ligereza con una naturalidad admirable, en diálogo constante con una OSPA refinada, grande, bien ensamblada en todas las secciones (no faltó la percusión siempre colorista junto a la celesta, más el arpa) además de atenta al detalle modelada por Coelho con precisión casi camerística y unos balances admirables.

La versatilidad de Nicolas Altstaedt quedó más que reafirmada con una propina de «mein Gott» quitando la pica del cello, cambiando el arco (no fueron necesarias las cuerdas de tripa) y llenando el auditorio ovetense con la Sarabande de la Suite nº 1 en sol, BWV 1007, que nuestro «apóstol» Pau Casals se desayunaba cada día, un sorbete antes de la segunda parte que solo sería para el franco alemán un aperitivo, pues me consta interpretará las seis en un mismo concierto, pero esto será otra historia…

Tras el intermedio, la Sinfonía nº 9 en do mayor, “La Grande” D. 944 de Schubert sonó con con idéntica solidez, energía y claridad estructural en sus cuatro movimientos (I. Andante – Allegro, ma non troppo / II. Andante con moto / III. Scherzo: Allegro vivace / IV. Allegro vivace): dirección clara, tempi ágiles y una orquesta en plenitud sonora, brillante en los metales y equilibrada en las cuerdas. Coelho optó por una lectura vigorosa pero sin excesos, destacando el impulso rítmico del Scherzo y el luminoso equilibrio de la cuerda con los metales (especialmente los trombones), empastados, sutiles y poderosos cuando se les pedía, pero manteniendo el balance ideal de esta luminosa y optimista sinfonía. La OSPA respondió con precisión y entusiasmo, especialmente en los pasajes contrapuntísticos del último movimiento, resueltos con una madurez sonora que revela el gran trabajo acumulado entre director y orquesta, más paralelismos que siguen discurriendo en este esperanzador inicio de curso musical.

El auditorio ovetense vivió así este comienzo de temporada sinfónica pleno de musicalidad y optimismo, con un público escaso (habrá que trabajar mucho para recuperarlo) que celebraría largamente a los protagonistas.

PROGRAMA:

WILLIAM WALTON (1902 – 1983)

Concierto para violonchelo:

I. Moderato / II. Allegro appassionato / III. Lento; Allegro molto

*****

FRANZ SCHUBERT (1797 – 1828)

Sinfonía nº 9 en do mayor, “La Grande”, D. 944:

I. Andante – Allegro, ma non troppo / II. Andante con moto / III. Scherzo: Allegro vivace / IV. Allegro vivace.

Menú degustación del LDO

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Domingo 5 de octubre, 19:00 horas. Palacio de Revillagigedo, Gijón. El León de Oro (LDO): «Menú degustación». Presentación de la temporada 2025-26.

(Reseña escrita desde el teléfono para La Nueva España del lunes 6 con fotos gentileza de Adela Sánchez y propias, tipografía que el papel no siempre soporta, más el añadido de los enlaces –links– siempre enriquecedores)

El Proyecto El León de Oro (LDO) presentaba su temporada 25-26 con cuatro de sus formaciones, “El León de Oro”, “Aurum”, “Ferrum” y “Lithos”, tras las intervenciones de Jorge Suárez García (Alcalde de Gozón), Luis Rodríguez-Ovejero (Presidente de Satec) y de los directores artísticos del Proyecto LDO, Marco Antonio García de Paz y Elena Rosso. Todos ellos resaltaron la trayectoria envidiable, la implicación de muchas mujeres, personas e instituciones, más que un proyecto o familia ese árbol con raíces, un tronco recio y las ramas de cada agrupación, el árbol que representa la imagen de la temporada.

Jesús Gavito Feliz

Siempre es un placer ver avanzar y crecer esta familia coral que cumplirá 30 años,  escuchando sus formaciones en un “Menú degustación” donde abrir boca, mejor los oídos, con una selección de las obras que llenarán otra temporada siempre de altura para seguir colocando en el mapa musical nuestro Principado de Asturias.

Como aperitivo actuaría el joven coro “Lithos” dirigido por Jesús Gavito pues “Los peques” aún comienzan el curso escolar, están creciendo y sus voces también, la forma mantener y hacer crecer una cantera ejemplo a seguir, con música de Dan Forrest y Jakub Neske. Maravilloso espejo donde reflejar esta juventud entregada, disciplinada y futuro asegurado de talento demostrado como bien nos contó el maestro Gavito al finalizar su estreno.

Después llegaría el primer plato con las voces blancas de Elena Rosso, el muy galardonado “Aurum” que tiene próximas varias citas fuera de Asturias y tres solistas “Bajo el sauce” (Sandra Álvarez, Carlota Iglesias y María Peñalver) -en la foto inferior de derecha a izquierda-,

que reflejan la altísima calidad vocal de esta formación femenina en las páginas de Jacobo Gallus, Micklos Kocsar y Stephen Collins.

Otro plato potente con las voces graves de “Ferrum”, que están afianzándose por nuestra geografía con un repertorio siempre exigente donde no faltarían obras de Pärt, ubicados para envolvernos con su sonoridad rotunda, Busto (compositor muy unido al coro) en euskera lleno de emociones, más la obra para ellos compuesta y dedicada por Gavito, un docente auténtico referente coral a nivel internacional, además de miembro del LDO desde sus inicios junto al “cocinero jefe” Marco A. García de Paz, leyenda coral en latín, inspirada en la forja de la espada de Pelayo, oro, hierro y piedra también en honor de estas tres formaciones.

Y un surtido de postres variados de alta cocina coral, dentro del menú gijonés, llegaría con “El León de Oro” al completo, cuatro páginas verdaderamente exquisitas con un repertorio siempre bien buscado y mejor servido desde su interpretación: el “Agnus Dei” del Réquiem de Pizzetti, que escucharemos en la Catedral de Oviedo, junto a la polifonía actual, cercana, exigente y monumental de los Pärt, Whitacre y Trotta,

María Peñalver y Maïlis Velasco

partituras al alcance de muy pocos coros que gracias el esfuerzo ímprobo del tándem Marco-Elena vuelven a marcar otro hito fruto de un trabajo no siempre reconocido, alcanzando la madurez y consolidación definitiva de esta aventura coral que nació en Luanco y hoy es referencia nacional e internacional siempre con nuevas iniciativas que buscan ampliar la aportación a nuestra comunidad.

El chupito fuera del menú, Si la nieve resbala (2013) de Julio Domínguez, presente en el concierto, para quedarnos con buen sabor y ganas del siguiente banquete coral de LDO.

Excelente inauguración de otro curso musical, sabrosa degustación con el compromiso renovado en seguir haciendo de la música un espacio de encuentro, participación y orgullo compartido.

Maestría y emoción al piano

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Miércoles 24 de septiembre, 19:30 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. I Festival de Piano Joaquín Achúcarro: Alessio Bax. Obras de Bach, Rachmaninoff, Chopin y Ravel. Abono: 36€.

El I Festival de Piano Joaquín Achúcarro se despidió por todo lo alto con la actuación de Alessio Bax, alumno predilecto y casi “hijo adoptivo” del maestro bilbaíno (aún siendo adolescente como nos contó antes del concierto Don Joaquín cuando ya descubrió su talento), hoy auténtica figura internacional. Tras el dúo ofrecido el día anterior junto a su esposa Lucille Chung, el pianista italiano regresó en solitario para un recital que conjugó tradición, virtuosismo y sensibilidad, en la que fue última parada antes de su inminente gira por Japón con esta escala en Oviedo, de nuevo capital del piano.

El programa, concebido como un arco estilístico es fiel reflejo del enorme trabajo que ejerce Achúcarro desde su fundación  en Dallas, estilos variados que él mismo transitó, este miércoles abarcando tres siglos, arrancando con Bach, “padre de todas las músicas”. El Preludio y fuga en do sostenido menor BWV 849 del primer volumen de “El Clave Bien Temperado”, auténtico catecismo pianístico, fue más allá del ejercicio diario que todo músico necesita y puede odiar en sus inicios porque solo los años consiguen su comprensión, el compañero de toda la vida con el que “abrir boca y calentar motores”, lo que serviría de pórtico sobrio y luminoso por parte de Alessio, con una fuga cristalina antes de sumergirse en el Concierto en re menor BWV 974, transcripción y estudio bachiano del escrito para oboe por Alessandro Marcello, tres movimientos académicamente contrastados pero donde “Mein Gott” ornamenta sin perder unas melodías que muchos asociamos a tantas películas que usaron la música del veneciano. Aquí, Bax desplegó un fraseo fluido y orquestal, resaltando tanto la claridad barroca como la profundidad emocional de la relectura bachiana, verdadera recreación que solo El Kantor de Santo Tomás pudo elevar a ese nivel que la hizo suya.

El gran bloque de la primera parte, y centro de la segunda, estaría dedicado a Rachmaninoff, primero con sus mastodónticas “Variaciones sobre un tema de Corelli”, op. 42. Si el Liszt a cuatro manos del día anterior era muestra de virtuosismo al alcance de unas manos gigantescas, con el ruso sería similar por sus exigencias, obra bien elegida y enlazada por la inspiración en el barroco italiano tras “dios Bach” en todo un muestrario melódico, agógico y ornamental del ruso emigrado a EEUU, quien también explotaría en sus cuatro conciertos para piano y las escritas sobre un tema de Paganini, casi un quinto con otro nombre. Bax abordó esta obra con su poderío técnico y coherencia estructural, pasando de la intimidad casi improvisatoria a la brillantez apoteósica, riqueza de dinámicas, pedales siempre “remando a favor” sin ensuciar nada de lo escrito en un derroche de buen hacer muy aplaudido por un público que volvió a responder a esta cita ya ineludible. En medio de la segunda parte, la “Vocalise”, op. 34 nº 14 aportó un momento de conmovedora sencillez cual respiro tras el titánico despliegue anterior y pausa emocional ubicada entre dos arquitecturas monumentales.

Se abría una segunda parte con el Chopin imprescindible en cualquier festival pianístico y tentación para todo intérprete. La Balada nº 4 en fa menor, op. 52 fue una lección de arquitectura musical, pasión y dolor equilibrados con la elegancia italiana del rubato siempre necesario en el polaco, desde una lectura muy matizada además de profunda, conjugando potencia y contención, fraseos cristalinos, y la hondura interpretativa que solo con muchos años de trabajo se alcanza, y Alessio Bax nos lo demostró.

El cierre le correspondió a Ravel con La Valse, un poema coreográfico orquestal que el propio compositor transcribió para piano convertida por Bax en un torbellino sonoro (Ravel lo calificó de “torbellino fantástico y fatal”) lleno de colores donde, recordando las clases de Achúcarro el pasado lunes, no era un vals de Año Nuevo de los Strauss vieneses de que un mundo que se dirigía a la barbarie sino las olas del Cantábrico que parecieron agitarse desde el teclado en blanco y negro, todo el Golfo de Vizcaya reflejado en un piano que sonó como si la marea musical fuese a cuatro manos ante el despliegue tímbrico y virtuoso de un italiano que navega por todos los mares.

El público, nuevamente entregado, celebró con entusiasmo esta actuación de Alessio Bax, al que recordamos hace dos años con la OSPA, dirigida por la alemana Ruth Reinhardt, precisamente con un espléndido tercer concierto de Rachmaninoff.

Como regalo final y si se me permite compararlo con las cuatro manos del martes, Bax ofreció con su mano izquierda el delicado “Preludio” op. 9 nº 1 para esa mano de Scriabin, siempre los rusos con escuela y estilo propio para una despedida refinada que cerró con broche de oro un festival que desde ya reclama continuidad. Más que un homenaje, el ciclo ovetense ha sido una celebración del piano como escuela de talento y herencia viva del maestro Achúcarro que no se perdió ninguno de los tres conciertos y se mantiene joven, activo y sabio, pues como recordó Juan Coloma -vicepresidente de la Fundación Reny Picot-  en la presentación antes de cederle la palabra a Don Joaquín, éste encarna la propia definición de la palabra Maestro: “Dicho de una persona o de una obra: de mérito relevante entre las de su clase”.

Alessio Bax clausura el Festival Achúcarro

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Miércoles 24 de septiembre, 19:30 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. I Festival de Piano Joaquín Achúcarro: Alessio Bax. Obras de Bach, Rachmaninoff, Chopin y Ravel. Abono: 36€.

(Reseña escrita desde el teléfono para La Nueva España del jueves 25 con fotos propias, tipografía que el papel no siempre soporta, más el añadido de los enlaces –links– siempre enriquecedores)

Cierre por todo lo alto de un exitoso primer festival de piano que lleva el nombre del Maestro Achúcarro con dos de sus talentosos alumnos ya consagrados como figuras internacionales y que nos los presentó antes de cada concierto, este miércoles el italiano Alessio Bax tras el dúo del día anterior con su esposa Lucille Chung en este Oviedo parada obligada antes de volar a Japón.

Otro programa a la altura del nuevo festival ovetense para todos los públicos, desde el dios Bach, “padre de todas las músicas” hasta dos hitos del piano como Chopin y Rachmaninoff para concluir con el vascofrancés Ravel y celebrar el 150 aniversario de su nacimiento en Ciboure.

Verdadera celebración pianística la de Alessio Bax, “calentando dedos” con el Preludio y fuga nº 4 de “El Clave Bien Temperado”, más ese cinematográfico Concierto de oboe de Alessandro Marcello que “Mein Gott” transcribió y Bax reinterpretó sus tres movimientos en plenitud sonora.

Si el lunes Chung nos hizo una paráfrasis verdiana de Liszt, este miércoles otro virtuoso de manos gigantes como Rachmaninoff con sus “Variaciones sobre un Tema de Corelli”, más magia barroca de cine enlazada por el último romántico que fue el ruso, con el pianista italiano desplegando talento y musicalidad, la técnica al servicio de lo escrito para cerrar y centrar la segunda parte con una Vocalise conmovedora tras el “mastodonte”.

Chopin no puede faltar cuando hablamos del piano y la Balada nº 4 es un monumento donde Bax volcó la pasión, dolor y vigor en una elegante versión plena de matices.

Ravel como el mejor colofón con la orquesta pianística y aires del Cantábrico, olas de mar chicha a galerna y un magnífico Alessio Bax del que su Maestro ya nos “previno” y no defraudó.

Qué mejor, además de refinado, regalo para despedirse: tras las cuatro manos en compañía del martes, solo la mano izquierda del Preludio de Scriabin. Escuela de talentos de este “hijo adoptivo” del bilbaíno medio carbayón.

Maestro querido

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Lunes 22 de septiembre, 11:30 horas. Sala de cámara del Auditorio «Príncipe Felipe». I Festival de Piano «Joaquín Achúcarro». Clase magistral. Entrada libre. Fotos propias, de Pablo Piquero y de Fernando Agüeria.

Aún recuerdo mi primer concierto en la Sociedad Filarmónica de Oviedo en 1971 cuando era un estudiante de piano y mi recordado tío Paco me hizo socio para aprender de primera mano con los pianistas que venían a Asturias (Mieres, Gijón pero especialmente Oviedo). Y Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1 de noviembre de 1932) me haría conocer lo sacrificado y a la vez único del instrumento que marcaría el resto de mi vida.

Tiempo después sabría que ha sido el intérprete que más veces ha actuado en el teatro de la calla Mendizábal, y a quien la centenaria sociedad ovetense le otorgaría la medalla de oro en 2013 de manos del siempre recordado doctor Jaime Álvarez-Buylla, un «hermano» para el vizcaíno a quien siempre acogió en su casa.

Así he ido disfrutándole siempre que he podido, por lo que este primer lunes de otoño no podía perderme esta nueva visita a «su» Oviedo pero no para escucharle tocar el piano sino impartiendo unas clases magistrales, siempre en compañía de su querida esposa Emma Jiménez, otra gran pianista con quien llegó a ofrecer conciertos a 4 manos (yo no llegué a escucharles) y que renunció a una carrera más que prometedora para apoyar la de Joaquín, mimarlo, estar siempre a su lado, atenta a todo y hasta tener que avisarle a las 13:45 que había sobrepasado con creces el tiempo previsto de 30 minutos para los cuatro alumnos del CONSMUPA (Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias).

Maravillosos estos cuatro jóvenes pianistas -en la foto superior- a quienes El Maestro (así con mayúsculas) iría aconsejando, mimando, llevándoles por aspectos más allá de la técnica, siempre necesaria, hurgando en las obras que cada uno traían cual lección bien aprendida, a las que poder seguir descubriendo detalles, los que toda una vida siguen apareciendo, algo que el bilbaíno sabe como pocos tras una longeva trayectoria.

Mejor que comentar cada lujo de las enseñanzas individualizadas a los cuatro elegidos, pongo las fotos con cada uno de ellos sin entrar en las obras elegidas, y sin sonido porque esta vez «una imagen vale más que mil palabras» (las encontrarán más adelante y no son mías):

Primero Manuel Argos que elegiría a Cécile Chaminade.

Después Héctor del Río con Brahms, uno de los «mejor transitados» por Achúcarro, todo un referente incluso para los melómanos que compartimos esta clase.

Pasadas las 12:3o horas llegaría Laura Puente y un Mozart siempre traicionero por la engañosa facilidad, nada de porcelana, comparando al genio de Salzburgo con «el sordo de Bonn» o el polaco de espíritu francés si no se interpreta correctamente.

Finalizaría con Juan Vicente Cabo y un Scriabin que siempre «dará problemas» por mucho estudio que haya detrás, y lo había además de talento aunque los años irán asentando.

Analizar los ataques, el fraseo, las acentuaciones, el pedal, el «rubato» bien entendido y hasta la digitación que resulta todo un mundo, así iríamos escuchando a Don Joaquín con los oídos muy abiertos, pues finalmente somos alumnos a lo largo de nuestra vida.

Maravillosas palabras del Maestro refiriéndose a “La jaula de las cinco líneas y las líneas de compás” para poder abrir la puerta más allá de lo escrito en el pentagrama: conocer, indagar, vivir cada día como algo nuevo ante obras que nunca resultan iguales. Y los ejemplos prácticos, primero desde el lado izquierdo, después levantándose, sentándose, tocando, cambiando de posición como siempre he recordado a todos mis profesores y profesoras, a nuestra derecha.

Chus Neira en el diario «La Nueva España» -donde suelo colaborar puntualmente y también reflejo en este blog- le realizó una entrevista el pasado 14 de septiembre donde Achúcarro confesaba: «No di ningún concierto en el que no hubiera un momento de pánico absoluto», sintiéndose como un explorador que ha recorrido un camino difícil y que sus discípulos (más de 100 en su Fundación de Dallas) están empezando: «Como explorador, conozco algunos senderos y atajos, y los comparto», y así fue esta enriquecedora e instructiva mañana de lunes, festivo en Oviedo.

De los que ya han triunfado escucharé a Lucille Chung y Alessio Bax, dos conocidos en Asturias que inauguran el festival en tres conciertos, esperando reflejarlos desde aquí. Y de los que comienzan, mejor transcribo el excelente reportaje de Neira en la web del diario antes del primer concierto (que incluye fotos de Irma Collín) permitiéndome poner mi habitual tipografía y color:

Tocar las teclas del piano como si pasaras el polvo o atacarlo con la fuerza de quien pretende mandar el Steinway© contra la pared, pensar que Mozart no es sagrado, entender que detrás del acorde que queda sonando en la última cadencia de uno de los Intermezzi de Brahms está el rugido de las olas del mar o la muerte. Intentar invertir el orden lógico de los acentos y probrar a cambiar los ritmos. Jugar y aprender. Así, como un maestro inquieto, con la curiosidad del niño, la paciencia del anciano y el mejor de los ánimos, siempre divertido e inquieto, Joaquín Achúcarro, leyenda viva del piano, se sentó ayer con cuatro chavales del Conservatorio Superior de Música de Asturias en la sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe en una clase magistral y pública que hizo las delicias de todos.

La sesión de dos horas, media hora por cada alumno, sirvió para inaugurar este lunes la primera edición del festival que lleva su nombre en Oviedo ya que incluiría, ya por la tarde, el concierto de su discípula Lucille Chung. Pero la mañana, pasaron por el piano los estudiantes de cuarto curso Juan Vicente Cabo, Laura Puente y Héctor del Río y el de tercero Jose Manuel Argos. Llevaron las obras que están preparando para compartirlas con el maestro y escuchar sus indicaciones, composiciones de Cécile Chaminade, Brahms, Mozart y Scriabin. Achúcarro, siempre sonriente y paciente, se sentó al lado de cada uno de ellos, les dejó tocar y fue aconsejándoles abandonar sus rutinas y explorar otras posibilidades. En muchos casos, admitió, pueden parecer cosas simples, pero a él le llevó mucho tiempo descubrirlas y ahora se las ofrece a los alumnos como el explorador que ya ha llegado a esos atajos. Insistió a casi todos, por ejemplo, en la necesidad de combinar otros ataques distintos en el piano e incluso a buscar otra posición en la muñeca. Chopin, justificó cuando pedía que elevaran más la banqueta, “tocaba prácticamente de pie, según las representaciones que tenemos de la época”.

El primero en sentarse con el maestro fue Jose Manuel Argos, con “Otoño”, de Cécile Chaminade. Achúcarro le dejó interpretar la pieza hasta el final y luego fue introduciendo matices en el tempo. Le aconsejó alargar unos ritardandos para tener un arco de dinámicas más amplio en determinadas frases. Incapaz de estarse quieto, en una forma envidiable a sus 92 años, a los pocos minutos Achúcarro ya estaba de pie, chasqueando los dedos para marcarle el ritmo a Argos.

A él ya le habló sobre las forma de atacar con impulso hacia delante el piano sirviéndose del pulgar. “Son movimientos que hay que trabajar hasta que sean instintivos”, le recomendó. Aunque el maestro siempre mantuvo una posición muy tolerante:; “El último que tiene que decidir cómo se hace es usted; esto solo es un recurso y a vosotros os sobra energía a vuestra edad para probar todas estas cosas”.

Juan Vicente Cabo trajo los números 1 y 2 de los “Intermezzi” de Brahms, Op. 117, canción de cuna que Achúcarro invitó a tocar de forma decidida, con el ritmo necesario para que se duerma un niño. Otra vez de pie, el profesor se entusiasmaba cada vez que sugería alguna novedad en la ejecución y los alumnos lograban llevarla a cabo. “¡Ole, ole!”, les jaleaba como si fuera una faena taurina. Pero también se mostró comprensivo. Son obras que estos alumnos llevan tocando mucho tiempo y cuando Achúcarro les pide que hagan un pianísimo donde antes era forte y viceversa, sabe de la dificultad: “Da miedo hacer eso, lo sé, porque no es lo que te han enseñado”.

Regaló entre medias algunas reflexiones generales, como cuando explicó que los ritmos ternarios son, en realidad, todos distintos. “Un vals, una mazurca, una siciliana o una jota, todo es ¾, pero cualquier vienés sabe lo que es un vals y un maño una jota”. “La jaula son esas cinco líneas horizontales y esas dos verticales”, resumió refiriéndose al compás en un pentagrama, “y ahí está la lucha”.

También recomendó ejercicios. Como el de las seis intensidades, consistente en atacar una nota e ir incrementando el volumen hasta llegar al fortísimo, para luego desandar ese camino, desde la nota pulsada con toda la fuerza posible, “con cuatro dedos si hace falta”, hasta ese sonido apenas perceptible, que aparece cuando se pulsa “como si estuvieras quitando el polvo”.

Otra alumna, Laura Puente, trajo a uno de los más grandes, a Mozart, la Sonata no. 13 en Si bemol, y Achúcarro citó las palabras de Alfred Brendel en “Advertencias de un intérprete de Mozart a sí mismo», que dicen que Mozart “no está hecho de porcelana, ni de mármol, ni de azúcar, no es el Mozart del no me toques, sentimental, ni el niño de las flores”. “A lo mejor es una blasfemia”, le dijo a Laura Puente, pero ayuda pensar que lo que vas a tocar de Mozart es de Beethoven, o de Chopin. La joven intérprete confesaría después que los consejos de Achúcarro le habían servido de mucho: “Te hace sentir muy segura y confiada y te ofrece una perspectiva que te ayuda a comprender todo; en vez de media hora es como si hubiera sido un mes de clase. Llevo un año y no conseguía cambiar la idea que tenía sobre el segundo movimiento, y gracias a él lo he interiorizado”.

El último turno de las clases “discipulares”, como las llama el maestro quitándose importancia, fueron para Héctor del Río, con una impresionante interpretación del estudio “Patético” de Scriabin, op. 8 no. 12. Achúcarro admiró las capacidades del intérprete y trató de sacarlo de su zona de confort, buscando otras posibilidades para mejorar la ejecución de una obra muy compleja técnicamente: “Te sobran facultades, y por eso no te puedo perdonar”, le diría varias veces antes de pedirle que practicase nuevos movimientos de muñeca para ganar en agilidad y precisión: “Y esto, luego, un domingo por la tarde lo puedes hacer cien, mil veces. Y luego el lunes también”.

Habría seguido Achúcarro pegado a la banqueta junto a sus alumnos de Oviedo, metiendo la mano para explicarles cómo se hace, descubriéndoles estrategias insospechadas para buscar nuevas sonoridades, pero era tarde y su mujer, la también pianista Elena, se aproximó al escenario y le llamó la atención: “¡Joaquín, que son menos cuarto!”. Unos minutos más, todo sonrisa, Achúcarro posó para las fotos y firmó las partituras de sus nuevos pupilos de Oviedo. “Diga lo que te diga, aunque sea en la dirección contraria de lo que estás trabajando, te está hablando la historia del piano. Y hay que tenerlo en cuenta. Se vino a disfrutar y se disfrutó”, resumía Héctor del Río.

Solo añadir al talante del Maestro que bromeaba cuando alguna de sus indicaciones resultaban como había explicado, ponía la mano para «cobrar» imaginariamente o devolverlo como «premio» a unas clases que todos los muchos presentes disfrutamos. Casi 93 años de vitalidad y magisterio compartido donde el tiempo no contaba.

¡¡GRACIAS MAESTRO!!

 

Espíritu CIMCO

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Jueves 18 de septiembre, 19:30 horas: Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. IV Ciclo CIMCO: Trío Arbós (con Olimpia Oyonarte, baile): “Figuras de aire y fuego”. Obras de J. Turina, E. Granados y Jesús Torres. Entrada: 10 €.

(Crítica para La Nueva España del sábado 20 de septiembre, con fotos propias, tipografía que el papel no siempre soporta, más el añadido de los enlaces –links– siempre enriquecedores)

Cuando algo funciona se debe mantener, y el Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO) llega ya a su cuarta edición dirigido por Cristina Gestido, quien también presentaría este primero de los cuatro conciertos mensuales programados hasta diciembre con figuras reconocidas y conjugando diversas disciplinas artísticas que suponen otra apuesta sobre seguro de la Concejalía de Cultura ovetense para la candidatura a Capitalidad Cultural 2031, en pugna con otras ciudades españolas, personalmente manteniendo mi calificativo de “La Viena Española” por su oferta musical en comparación a su población y extensión, nuevamente en una sala de cámara ideal para estos formatos cercanos.

Este primer concierto nos traía al reconocido “Trío Arbós” (Premio Nacional de Música 2013) con un programa de tres autores españoles y épocas distintas pero siempre actuales, buen reflejo y tarjeta de presentación de este trío con larga y afamada trayectoria a nivel internacional, más de una treintena de grabaciones, recuperaciones de nuestro patrimonio musical y estrenos a ellos dedicados.

El granadino Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969), fundador en diciembre de 1996 del trío, eligió el nombre como homenaje al madrileño Enrique Fernández Arbós (1863-1939), una figura mítica de nuestra música en su faceta de violinista, director y compositor. Garvayo es pianista, catedrático de Música de Cámara del Conservatorio de Madrid y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, además de investigador y poeta, que además nos brindaría una excelente y documentada charla de introducción a las obras y compositores, todos españoles aunque de épocas distintas pero siempre actuales, reflejo y tarjeta de presentación de este trío con una amplia trayectoria a nivel internacional, más de una treintena de grabaciones, muchas recuperaciones de nuestro patrimonio musical y estrenos a ellos dedicados, como así fue este primer CIMCO del año.

Por el trío, siempre liderado por Garvayo, ha pasado un granado elenco de músicos que actualmente lo forman Ferdinando Trematore (violín) y José Miguel Gómez (chelo) junto al piano de Garvayo. Comenzarían con el sevillano Joaquín Turina (1882-1949) de quien han grabado su integral, y el Trío nº 2 en si menor, op. 76 (1932) mostró su lenguaje propio reflejado en esta obra que recuerda motivos de su “Sinfonía Sevillana” tras su paso por París y donde lo andaluz no se queda en lo folklórico. El “Trío Arbós” conoce a la perfección la partitura y el entendimiento, sentimiento y musicalidad permitieron disfrutar de una interpretación jugosa y cercana en los tres movimientos.

Del Trío en do mayor, op. 50 (1895) de Enrique Granados  (1867-1916), Garvayo es el “causante” de poder escucharla a partir del manuscrito original. Estudioso de su correspondencia y obra, esta partitura, escrita en una pensión madrileña, esperaba ser la “recomendación musical” para obtener una cátedra nunca lograda (curiosidades siempre interesantes narradas por el motrileño), siendo estrenada por el propio Granados al piano, Julio Francés al violín y el chelo de un joven estudiante en Madrid, Pau Casals, pero mutilada en su primera edición, que gracias al trabajo del granadino se puede escuchar “de primera mano”, tal y como la concibió el ilerdense, además de estar disponible la publicación de forma abierta, acceso libre y gratuito en la web del trío. Obra que compagina esta forma romántica centroeuropea pero respirando un lenguaje netamente español de estructura formal compleja, muy tardorromántica e inspirada del carácter personal y poético del compositor  catalán que el “Trío Arbós” interpretó de forma magistral, latiendo todos con el mismo pulso, conjugando protagonismos con una sonoridad clara, equilibrada y precisa donde disfrutar de una obra eternamente joven.

Y en este tránsito cronológico hispano del siglo XIX al actual, el compositor aragonés Jesús Torres (Zaragoza, 1965) aceptó la invitación del “Trío Arbós” a distintos músicos de nuestro tiempo para escribirles un trío donde el flamenco fuese inspiración sin ninguna indicación concreta. Así les regaló la “Malagueña ausente” (2016), espectacular en todo. Partiendo del ritmo primigenio de un palo muy nuestro, perfectamente marcado por el trío, se iría ausentando con un doble sentido: obra dedicada a su madre, que padece Alzheimer, y “huyendo” del flamenco aunque se sienta y respire. Para ello la “asturiana” Olimpia Oyonarte puso su alma granadina en una coreografía que partía desde el pasillo central con la danza española más contemporánea y académica. Sentida, bella visualmente vestido crema elegante, deambulando perdida como la mente enferma para lograr el “pellizco”, pausas, gestos, después palmas y pies en perfecta sincronización del aire tradicional con el trío que sintió suyo este regalo musical  de Torres, enmarcado en la tradición de sus predecesores  en la tarde de este jueves mateín, la música española internacional, lo popular más clásico y que tan buena música nos sigue dejando como seña identitaria universal.

Este primer concierto del CIMCO resultó un buen aperitivo a lo que aún queda hasta diciembre, el buen hacer con mejores ideas desde una buena programación y el respaldo de públicos habituales pero también nuevos.

Arranca el cuarto CIMCO

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Jueves 18 de septiembre, 19:30 horas: Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. IV Ciclo CIMCO: Trío Arbós (con Olimpia Oyonarte, baile): “Figuras de aire y fuego”. Obras de J. Turina, E. Granados y Jesús Torres. Entrada: 10 €.

El Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO), que dirige y además presentó Cristina Gestido, inauguraba su cuarta edición -donde se ofrecerá un concierto mensual hasta diciembre- en otra apuesta musical pero también educativa y creativa donde la danza tiene su hueco, aunando diversas disciplinas artísticas con programas muy bien armados que cuentan con músicos de renombre actuando en la sala de cámara del auditorio ovetense, el espacio ideal para esta música de cámara por acústica y aforo.

En este primer concierto llegaba el “Trío Arbós”, Premio Nacional de Música 2013 con su pianista y fundador, el catedrático motrileño y además académico Juan Carlos Garvayo que nos daría una pequeña “MasterClass” sobre el programa de música española que escuchamos: obras de Turina (Trío nº 2 en si menor, op. 76), Granados (Trío en do mayor, op. 50) y Jesús Torres (“Malagueña ausente”) donde la granadina afincada en Asturias Olimpia Oyonarte pondría la danza española como complemento a esta obra del compositor zaragozano a la “memoria ausente” de su madre que padece Alzheimer.

El “Trío Arbós” fundado en diciembre 1996 eligió su nombre como homenaje al madrileño Enrique Fernández Arbós (1863-1939), una figura mítica de nuestra música en su faceta de violinista, director y compositor. En los 29 años de trayectoria El Arbós ha grabado más de treinta discos donde la música española es su tarjeta de presentación, recuperando mucho de nuestro patrimonio, y cientos de estrenos, con alguno de ellos vivido en primera persona desde Granada, de obras escritas especialmente para ellos.

Actualmente junto al piano de Garvayo el trío lo forman Ferdinando Trematore al violín y José Miguel Gómez al chelo. Con una importante y destacada trayectoria internacional, Oviedo sigue en el mapa como “La Viena española” y candidata a la capitalidad cultural 2031 al escuchar al “Trío Arbós”.

Turina abría la tarde y marcó el paso a seguir de una formación que late con el mismo pulso y sentimiento (tienen grabada su integral).

Con Granados, otra recuperación a cargo del trío, se demostró los años que llevan juntos interpretando estas obras que son fieles recreaciones de nuestro patrimonio con el sello ya inconfundible del compositor catalán en una interpretación impecable.

El mejor remate sería la espectacular obra de Torres y su “malagueña muy presente” compuesta para ellos con el baile sentido, vivido, plástico, bello y actual de Olimpia Oyonarte plenamente integrada con la música en vivo del Arbós para captar esos aires de flamenco universal con calidad atemporal, todo un espectáculo único e irrepetible, verdadera seña de identidad en esta fusión “interdisciplinar” del CIMCO.

Arranca otro curso musical

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Septiembre es el mes de «la vuelta al cole», y en música supone también arrancar un nuevo curso, el 2025-26 lleno de ilusión, que en mi caso suele estar centrado entre Oviedo -con tan amplia oferta que me ha llevado a bautizarla como «La Viena Española»- y Gijón, aunque haga escapadas puntuales a otras ciudades que desde mi condición de jubilado desde hace tres años ya me puedo permitir sin consultar el calendario escolar.

Este viernes 12 de septiembre comienza la LXXVIII Temporada de Ópera ovetense con un título que supone su primera representación en el Teatro Campoamor: Hänsel und Gretel (1893) de Engelbert Humperdinck (1854-1921), a menudo catalogada como ópera de hadas (Märchenspiel) mejor que ópera infantil, aunque así se ha entendido a lo largo de tanto tiempo, incluso con traducciones a distintos idiomas de este cuento muy popular no solo en Alemania sino en todos los países nórdicos, siendo una ópera que no suele faltar por navidades y que además se estrenó en Weimar un  23 de diciembre de 1893 dirigida por un joven Richard Strauss, y casi un año después por Mahler en Hamburgo (25 de septiembre de 1894), por lo que debía refrescar el oído y prepararme para este estreno en la capital asturiana.

De mi discoteca saqué y llevo días escuchando una de mis joyas, considerada como una de las grabaciones clásicas imprescindibles (1971): la de Kurt Eichhorn dirigiendo a Anna Moffo y Helen Donath en los papeles de los hermanos o el padre de Fischer Dieskau entre otros, considerada como «una de las mejores grabaciones de la era estéreo, con ambiente claro y vocales evocadoras. Cristalina y poderosa destaca Christa Ludwig como La Bruja con un papel lleno de matices: comicidad e intimidación en perfecta mezcla, incluso con vívida caracterización vocal (risas, gruñidos) según MusicWeb Internationalclassicalcandor.blogspot.com, además de admirada por su profundidad dramática en este papel donde La Ludwig está insuperable.

Y la Ópera de Oviedo iniciaba este martes su ciclo de conferencias previo a los títulos programados en el Club de Prensa LNE, esta vez a cargo de la catedrática de Filología Inglesa de la Universidad de Oviedo Socorro Suárez Lafuente (Gijón, 1951), ya jubilada, que fue presentada por Adolfo Domingo, director de Publicaciones de Ópera de Oviedo.

El título ya nos puso claro que no deben faltar los cuentos en nuestra vida: «Hansel y Gretel: entre un mendrugo y un mazapán». Un placer escucharla decirnos que «contar cuentos a los niños siempre ha conllevado simplificar un mundo profundamente contradictorio», así Hänsel und Gretel refleja pobreza, hambre y valentía aunque el libreto de Adelheide Wette, la hermana de Humperdinck, endulza el libreto homónimo de los Hermanos Grimm con algunas variaciones: «Los padres no actúan por maldad, sino por necesidad, y eso introduce una crítica social aún vigente; en la vida real no hay héroes puros ni villanos absolutos, solo personas con motivaciones complejas. Pero para que los niños lo entiendan, hay que simplificar», remarcó la profesora.

Si Richard Strauss y Mahler dirigieron sus estrenos, en el asturiano tendremos al ovetense Pablo González, quien en una entrevista para LNE del pasado 30 de agosto comentaba: «Me quedé de piedra cuando supe que esta ópera nunca se había representado en Oviedo, estoy seguro de que, una vez que se estrene, volverá regularmente», añadiendo que «es un tesoro que va a fascinar en Oviedo», que contará con la escenografía del avilesino Raúl Vázquez (1982) al que «nacieron en en Bilbao» o el Coro Infantil Divertimento, verdaderos ángeles dirigidos por Cristina Langa, para enamorarnos a todos.

Socorro Suárez destacó que las numerosas vertientes del análisis crítico-literario de la obra, desde la teoría feminista, la psicología o la ecocrítica: «No se puede pedir más a una narración: niños que enfrentan la muerte, mujeres que encarnan tanto la crueldad como la valentía, un bosque que es al mismo tiempo amenaza y rito de paso, y una música que recoge la tradición del folclore alemán». Y el dulce que para la infancia es tentación y también deseo de algo que no estaba al alcance de los niños pobres, la casa de chocolate o mazapán, las galletas o incluso el fuego (purificador o infernal) así como las moralejas en unas narraciones que hoy no serían políticamente correctas.

Tampoco le faltó comentar versiones o recopilaciones de estos cuentos populares tras la transmisión oral al papel ya en el siglo XVIII, sin olvidarse de las recopilaciones españolas: desde las famosísimas de Saturnino Calleja (incluso fue muy famosa la frase «Tienes más cuento que Calleja«), Cecilia Böhl de Faber (que firmaba como Fernán Caballero) o el Padre Luis de Coloma con El ratoncito Pérez para el niño desdentado de su primer diente, el futuro Alfonso XIII. Y en un cuento (más aún en la ópera), el relato no es solo una aventura infantil sino el reflejo brutal de la pobreza, del abandono, del hambre y del miedo,  también de la valentía: «Gretel es valiente, no solo sobrevive, sino que toma la decisión de matar a la bruja para salvar a su hermano. En un contexto donde los niños sufren las consecuencias del conflicto entre el bien y el mal, se convierten también en los portadores de la esperanza», resaltó la profesora.

Y si la ópera es subir mi telón musical, aún queda por delante otra increíble temporada: el 27º ciclo «Conciertos del Auditorio»  y 34º de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» del 29 de octubre de 2025 al 4 de junio de 2026, presentados en julio, la Temporada de Abono de la OSPA, ya con el nuevo gerente Oriol Roch Izard generando enormes expectativas para estos próximos años.

En el caso de la orquesta de todos los asturianos, el aperitivo será precisamente la ópera de Humperdinck, más 16 programas para los abonados en el Auditorio, a los que sumar los conciertos extraordinarios (en Semana Santa tendremos la Misa Nelson de Haydn), escolares, familiares, teniendo repertorio variado con nombres como Ian Bostridge, François Leleux, Bezhod Abduraimov, Vadym Kholodenko, Antje Weithaas, Shunske Sato, Javier Comesaña, Matthias Höfs, entre otros, tres nuevos artistas colaboradores (el violonchelista Nicolas Altstaedt, la flautista Clara Andrada y el pianista gijonés Martín García García), reivindicando siempre el talento asturiano con directores invitados como Pablo González, Óliver Díaz y Marco Antonio García de Paz, además de estrenos de compositores de la tierra como Jorge Muñiz, Gonzalo Martínez y Guillermo Martínez (1).

No quiero olvidarme de otro Ciclo CIMCO a partir del 18 de septiembre, con un concierto mensual hasta Navidad, o el Primer Festival de Piano «Joaquín Achúcarro», que ya dejé reflejo en este blog en su presentación, los próximos días 22, 23 y 24 de septiembre para poner bien alto este primer mes del curso escolar.

Por aquí seguiremos para reflejar toda la música que disfruto.

(1): Este jueves 11 me llegó por correo (cosas de vivir en una aldea) la programación de la OSPA que dejo a continuación:

Cendoya y el legado pianístico de Ponce

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Ponce: Complete Piano Works, Vol. 4. Álvaro Cendoya (piano). GRAND PIANO RECORDS, GP916 / LC 05537.

El 17 de abril del pasado año estuve en el Teatro Jovellanos gijonés para escuchar al pianista vasco de madre iraní Álvaro Cendoya Shishine-Kahal (San Sebastián, 1960), dentro de la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón donde pude disfrutar de varias obras de Manuel María Ponce (1882-1948), una de las figuras más fecundas y apreciadas en la vida musical de México que abarcó la mayoría de los géneros, como bien explicaba el profesor Cendoya en sus notas al programa, y cuya integral para piano del mexicano está llevando al disco en el sello Naxos, siempre de agradecer el poder recuperar estas páginas donde conjuga la escritura clásica de un virtuoso con la popular o «indigenista mexicana».

En tiempo vacacional nunca viene mal volver a leer artículos guardados y seguir escuchando buena música, bien en mi formato habitual del CD cuando estoy en casa, como desde las muchas listas que aparecen en plataformas como Spotify©, gratis con anuncios, o de pago si se prefiere evitarlos o querer reproducirlos en cualquier momento, y mejor aún en el llamado «Streaming» como la presentación del mismo en YouTube©.

En mi cadena llevo días escuchando el volumen 4 de la integral de Ponce del profesor donostiarra grabado en el auditorio de «su casa» en Musikene (San Sebastián) el 24 de marzo de 2024 en un maravilloso  y nunca bien valorado Bösendorfer Concert Grand 280VC, hoy casi pieza de museo ante el empuje y fama de otros fabricantes de pianos, siendo el productor e ingeniero de sonido Juanan Ros y el profesor Paolo Mello como editor, con una toma de sonido clara y limpia, que poniendo el volumen al máximo tal parece que estuviese tocando en el salón de mi casa, constatando que se grabó en un solo día y «de un tirón».

Veinticinco cortes donde volver a revivir algunas de las partituras escuchadas en Gijón llenas de esa feliz unión entre lo clásico y lo popular, si bien aquélla siempre ha bebido de ésta, el mestizaje del trasvase oceánico con músicas de ida y vuelta.

Obras y cortes:

01. Romanza de amor (1914).

02. Rapsodia Mexicana I (1911); 03. Rapsodia Mexicana II (1912).

04. Arrulladora (1935).

05. Dos danzas: nº 1, Mexicana, Danza romántica (ca. 1916).

06. El riego (1908)*.

07. Mazurka nº 16 in B flat minor (1910); 08. Mazurka nº 17 in E minor (1913); 09. Mazurka nº 18 (27) in E minor (1917).

10. Melodía (c. 1895-99) -version for piano-.

11. Intermezzo (nº 3) (GLOSARIO ÍNTIMO: IX. Alma Triste (pub. 1921).

12-25. Trozos románticos (c. 1907-11):

12-13: Cuaderno I: nº1 Barcaroletta; nº2 Cuando viene la primavera.

14-15: Cuaderno II: nº 3 Souvenir; nº 4 Malinconia.

16-17: Cuaderno III: nº5 Quimera; nº6 Su primera mirada.

18-19: Cuaderno IV: nº7 Berceuse; nº8 A toi.

20-21: Cuaderno V: nº9 Deseo; nº10 Hoja de álbum.

22-23: Cuaderno VI: nº11 Petit prélude; nº12 Jeunesse.

24-25: Cuaderno VII: nº13 Página de álbum; nº14 Scherzino.

(*) Primera grabación mundial

Sin entrar al detalle con cada una de las piezas, bien analizadas por Paolo Mello en el libreto del que dejo copia y del que tomaré algunas frases, paso a reflejar mis sensaciones tras varias escuchas.

El disco se abre con Romanza de amor (1914),  pieza expresiva y conmovedora plenamente romántica dedicada «A Clema» (Clementina Muriel) prometida de Ponce con quien llegaría a casarse tres años más tarde.

Foto en la contraportada del libreto

Continúa el CD con dos de sus rapsodias mexicanas fruto de las recopilaciones que Ponce realizó de los cantos populares, y así la número 1 se basa en dos motivos contrastantes del conocido baile Jarabe tapatío, mientras que la segunda se construye a partir de la popular canción de cumpleaños Las mañanitas, trabajadas en forma de variaciones, con una interpretación magistral del maestro Cendoya.

La Arrulladora la escribe en 1935 tras volver de París y con cierto aire modernista, utilizando nuevamente una canción popular mexicana y tan del gusto de la llamada «música de salón», una pieza ideal como propina, verdadero regalo para cualquier público amante del piano.

Prosigue el aire romántico en las siguientes dos danzas, melodías sensibles y con un toque de añoranza como las describe Mello junto al auténtico sabor de la «danza mexicana de salón». El Riego es el nombre de un balneario en Tehuacán y que da nombre a esta pieza que Ponce transcribió de memoria y sin piano, con un lenguaje distinto a las anteriores por un ambiente de incertidumbre que en las notas la relaciona tras la estancia de compositor en Venecia, y que reescribiría tras esa estancia más relajante de vuelta a su tierra.

También comentaba en este blog tras el concierto (arriba una foto de mismo) las 25 mazurcas que se conservan del compositor, muy chopinianas y virtuosas. Las de este volumen están en los cortes 7 al 9: la número 16 en si bemol menor (1910), 17 en mi menor (1913) y la 18 (1917) en esa misma tonalidad. Plenamente románticas sin perder nunca esa esencia popular mexicana, no en vano se habla de «Nacionalismo musical», que supongo costaría elegir para poderlas incluir en esta integral de Ponce. Expresividad en una forma rondó, lirismo y exuberancia que Cendoya transmite en estas tres con «una nostálgica evocación decimonónica».

La pieza Melodía no está fechada aunque puede ser de finales del XIX cuando Ponce era organista en Aguascalientes, y el manuscrito indica «para piano o armonio», con un aire de coral muy apropiado para el templo de San Diego.

De sus intermezzos, el número 3 (del Glosario Íntimo, IX. «Alma triste», publicado en 1921) está en la tonalidad  de re bemol, siendo una de las preferidas en los recitales del compositor mexicano, «deudor» del virtuoso Ignaz Moscheles, y que el donostiarra interpreta desde su magisterio y profundo conocimiento de estas páginas, no tan populares como las que escribió para guitarra pero que son un verdadero legado pianístico, aún mayor en las manos de Cendoya.

Los Trozos románticos son una colección de 14 piezas publicadas en 1912 con títulos que aluden a distintas formas musicales, a sentimientos, a momentos determinados y a recuerdos particulares de Ponce, donde apreciar las influencias de los compositores románticos europeos del siglo XIX, y dedicados a sus alumnas y personas relacionadas con el mundo musical mexicano. Elegantes, frescas, sencillas pero llenas de musicalidad e intimismo, más allá de páginas de estudio como ya había compuesto el siempre recordado Chopin, siendo el último corte un Scherzino que cierra ciclo y grabación.

El libreto hace notar que para estas grabaciones se consultaron los manuscritos autógrafos del compositor y las primeras ediciones, fuentes ubicadas en el «Archivo Manuel M. Ponce» que está custodiado en la Facultad de Música de la UNAM, en un ímprobo trabajo por parte del profesor y pianista donostiarra que no solo nos ha dejado grabado este inmenso legado del compositor mexicano, sino que también forma parte de sus conciertos, aportando un repertorio siempre agradecido en vivo, aunque los discos nos permitan paladearlos al detalle, y sirva esta entrada para dejar constancia de ello.

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