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Una nacional internacional

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 4 b). Conciertos sinfónicos.

Domingo 22 de junio, 22:00 horas. Palacio de Carlos V. Orquesta Nacional de España, María Dueñas (violín), Andrés Orozco-Estrada (director). Obras de Lalo y Berlioz.  Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Cuarto día de mi festival tras la sesión matutina en un concierto muy esperado que agotó todas las localidades, algo de esperar no solo por el programa y el regreso a Granada de la Orquesta Nacional de España (ONE) sino por la violinista María Dueñas quien me asombró desde la primera vez que la escuché, ganando en madurez y hondura en la siguiente visita al Auditorio de Oviedo, para ser hoy una de las figuras emergentes en el panorama internacional, esta noche disfrutándola en su casa.

La web del festival presentaba este concierto dominical y palaciego:

Española fantástica
Después de su sonada participación en el Festival de 2020, la joven granadina María Dueñas vuelve al Palacio de Carlos V convertida ya en una auténtica figura internacional del violín, contrato incluido con Deutsche Grammophon, el mítico sello alemán. Esta vez lo hará junto a la Orquesta Nacional de España que será dirigida para la ocasión por el colombiano Andrés Orozco-Estrada, actual titular de la Orquesta Sinfónica de la RAI, que nunca antes había participado en el Festival. El programa es netamente francés, pues Dueñas tocará como solista la Sinfonía española de Édouard Lalo, una obra virtuosística habitual del repertorio más querido por aficionados e intérpretes, que se estrenó hace justo 150 años, y la Sinfonía fantástica de Hector Berlioz, un auténtico monumento orquestal que se adelantó a su tiempo.

Y no pudo ser mejor en una noche calurosa, donde María Dueñas verdaderamente fue dueña y señora en ese concierto que Lalo llamó Symphonie espagnole y en cinco movimientos (parte del público amagó con aplausos al finalizar el tercero).

El violín de la granadina es un placer para el oido, la proyección en el palacio que desde mi posición perdía algo en los graves pero conmoviendo por su limpieza en los pasajes virtuosos, un arco prodigioso y una orquesta en estado óptimo con un  magistral Andrés Orozco-Estrada (Medellín, 14 de diciembre de 1977), gestualidad total: corporal, facial, mano izquierda sutil y la batuta dibujando, anticipando lo justo para acoplar y concertar a la perfección con «la dueña».

Destaco las notas al programa de mi admirado musicógrafo Luis Suñén que titula «Dos aspectos de la gran música francesa», sobre este híbrido entre sinfonía y concierto tan original para su momento a finales del XIX:

«(…) Apoyado por la Société nationale de musique, fundada en 1871 por Romain Bussine y Camille Saint-Saëns, fue, sin embargo, su colaboración con el violinista navarro Pablo de Sarasate lo que más contribuyó a su triunfo ante el público y a su fama póstuma. Sarasate estrenó su Concierto para violín en 1874 y la Sinfonía española, que escucharemos hoy, en 1875 con la Orquesta Pasdeloup.

La Sinfonía española responde en parte a la idea que de nuestro país tenían los músicos franceses de la época, más como de postal que verdaderamente honda, puesta de manifiesto en el uso de ritmos como la habanera, la giga –a la española– o el tango andaluz. Al mismo tiempo, hay en ella algo del concierto romántico alemán y todo se funde en una propuesta de un virtuosismo extremo. Como afirmaba un crítico inglés, «su atractiva fachada esconde un campo de minas para el solista».

De la ONE impresionantes todas las secciones en una gran plantilla para las mismas obras (que llevarán a Alemania el día 27 en el Festival de Música de Rheingau), con Miguel Colom de concertino. Empaque y empaste, jugosa en las dinámicas, plegados a Orozco-Estrada que no perdía detalle con la respuesta inmediata de los profesores y profesoras que integran «nuestra orquesta» y donde se aprecia un relevo generacional confluyendo veteranía y juventud. Los días trabajando en «el Falla» se notaron en este Lalo con Dueñas (y aún más en el Berlioz posterior), aire flamenco que la granadina lleva en las venas, lo festivo junto a lo melancólico, la rítmica juguetona compartida por todos para otro éxito de los intérpretes.

El público rendido a María, que «jugaba en casa», y una propina con orquesta, con aires o estilo británico pero del noruego Johan Halvorsen (1864-1935), su Le Chant de la  Veslemøy (de la suite «Mosaique IV») que la granadina suele llevar en solitario pero que al completo levantó al palacio con una interpretación intimista, sentida, bien arropada por la ONE y Orozco-Estrada para degustar un violín que ya está haciendo historia.

La sorpresa tras las ovaciones vendría al quedarse al lado del arpa y hacer un dúo  con ella en arreglo propio del himno extraoficial, Granada de asombro sonoro en la esquina izquierda con Coline-Marie Orliac, la magia femenina plural del diálogo virtuoso, melódico, cercano y sentido de esta granadina internacional con todo el público en pie aclamándola con unas ovaciones que retumbaron en todo  el Palacio.

Tras un largo descanso llegaría el segundo plato fuerte de la noche con Orozco-Estrada y una ONE textualmente «Fantástica», que nos dejarían un Berlioz impresionante y difícil de poner en palabras. Solistas impecables, arpas cristalinas, los efectos del oboe o las campanas en el primer piso, para una partitura gigantesca. Vuelvo a las notas al programa del «gallego» Luis Suñén que la analiza:

«La Sinfonía fantástica de Hector Berlioz –a la vez un revolucionario y un heredero confeso de Gluck y Spontini, de Beethoven y Weber– se estrenó en París el 5 de diciembre de 1830. Su protagonista, ese “artista” del subtítulo, ha fumado una buena dosis de opio mientras piensa en un amor imposible, probablemente el de Berlioz por la actriz Harriet Smithson. En el arranque, Ensueños y pasiones, aparece ya la idea fija –l’idée fixe–, reconocible de inmediato, y que representa a la mujer –naturalmente– ideal. Primero se escucha sola y luego integrada en la orquesta. Abre El baile un vals ensoñador que hace el papel de Scherzo, con un episodio central en el que reaparece la idea fija. La Escena en el campo se inicia con un diálogo con su punto de misterio entre los caramillos de dos pastores. Se habla de la influencia de la Pastoral de Beethoven, más en el espíritu que en la letra en todo caso. Lo más interesante es cómo la idea fija va, como sucedía en el primer movimiento, integrándose en el crecimiento orquestal. Volverán los pastores con anunciadora tormenta al fondo para cerrar el movimiento. Metales y percusión nos conducen hacia la Marcha al cadalso. El condenado es el artista, quien sueña que ha matado a su amada y va a ser ajusticiado, de ahí la transformación de los sueños en una pesadilla. Reaparece la idea fija que es rota abruptamente por la caída de la guillotina. Gritos, desgarros, truenos: es el Sueño de una noche de sabbat. El amante ejecutado asiste a su propio funeral. Por eso escuchamos, igualmente deformados, la idea fija y el Dies irae mientras las brujas bailan alrededor del difunto y llega el clímax tras un pletórico crescendo».

Magistral cómo llevó el director colombiano cada capítulo sonoro, magnetismo en el podio, mando total de respuesta sinfónica precisa, dinámicas extremas donde los pianissimi delicados cortaban el aire, con una pertinaz tos senil antes del Baile que detuvo más de lo necesario su comienzo y provocando risas generalizadas que no empañaron un vals con aire vienés de agógica bien entendida. Momentos de hechizo en el duelo pastoral de oboe antes de Marchar al cadalso donde enviar a la sufrida señora, y el apoteósico final de aquelarre tímbrico y dinámico con los tutti en fff afinados desde la percusión a los bronces, pero brillo global con Orozco-Estrada dueño y señor.

Dejo para concluir nuevamente a Don Luis y finalizar esta entrada:

«El día del estreno hubo quien criticó la obra por vulgar y quien atisbó en ella la música del porvenir. Hoy nos sigue asombrando mientras, en efecto, vemos hasta dónde llegó su influencia –pensemos en Mahler, por ejemplo– y la escuchamos sabiendo ya –como intuía al fin Berlioz– que sus notas hablan por sí solas, más allá de su (im)posible argumento».

PROGRAMA

I
Édouard Lalo (1823-1892):
Symphonie espagnole, en re menor, op. 21 (para violín y orquesta. 1874)
I. Allegro non troppo
II. Scherzando. Allegro molto
III. Intermezzo. Allegro non troppo
IV. Andante
V. Rondo. Allegro
II
Hector Berlioz (1803-1869):
Symphonie fantastique: épisode de la vie d’un artiste, op. 14 (1830)
I. Rêveries, Passions (Sueños – Pasiones)
II. Un bal (Un baile)
III. Scène aux champs (Escena en los campos)
IV. Marche au supplice (Marcha al cadalso)
V. Songe d’une nuit du sabbat (Sueño de una noche de sabbat)

Cantando a Padre y Madre

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 4). Conciertos matinales.

Domingo 22 de junio, 12:30 horas. Crucero del Hospital Real. Numen Ensemble, Héctor Eliel Márquez (director). Obras de Falla, Victoria, Rachmaninov, Juan Alfonso García, Duruflé y Stravinsky. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Cuarto día de mi festival con sesión matinal, coral «a capella» y un programa variado donde se volvía a homenajear a Juan-Alfonso García que sigue siendo  y sonando actual, con obras interesantes que Helena Martínez Díaz en las notas al programa titula «Diálogo entre música y palabra» (que iré intercalando a lo largo de esta entrada) donde no faltó un estreno del compositor y organista catedralicio. De este tributo musical, la web del festival dice:

«Homenaje a Juan-Alfonso García
Este homenaje del conjunto coral Numen Ensemble se articula en dos partes bien relacionadas entre sí: la primera reúne piezas sobre dos de las oraciones más populares del orbe cristiano, el Ave María y el Padre Nuestro, desde Victoria a Rajmáninov, Falla, Stravinsky y Duruflé. Sobre un motivo del Ave María de Victoria escribieron además Falla su Invocatio ad individuam trinitatem, que abre el recital, y Juan-Alfonso García su Letrilla al Niño Jesús. Con esta pieza arranca la segunda sección del concierto que incluye obras del homenajeado, el compositor nacido en Extremadura pero avecindado en Granada desde los once años de edad. Se podrá escuchar El corazón de la materia, sobre un texto de Teilhard de Chardin, que es estreno absoluto, y otras piezas sobre poemas de los poetas granadinos Elena Martín Vivaldi, Federico García Lorca y Antonio Carvajal».

Numen Ensemble (creado en febrero de 2011) es un coro de cámara con larga trayectoria y distintos repertorios, que se presentaba con 16 voces dirigidas por el también compositor Héctor Eliel Márquez, y aunque en el programa de mano aparecían cuatro por cuerda, se presentaron con 10 voces blancas y 6 graves, lo que en cierto modo descompensó el balance y color, aunque en general sonó empastado, afinado y moviéndose muy bien en el repertorio de García, de quien Helena Martínez relata que fue una «figura clave en la música española de la segunda mitad del siglo XX, en conmemoración de los diez años de su fallecimiento. Organista titular de la Catedral de Granada durante más de cincuenta años, perteneció a esa «inmensa minoría» –como él mismo se definía– que pudo dedicarse a la profesión que había sentido y escogido: la música y el sacerdocio. Su formación estuvo guiada por Valentín Ruiz-Aznar, maestro de Capilla de la Catedral de Granada, quien le transmitió un ideal musical arraigado en la tradición polifónica religiosa española de Tomás Luis de Victoria y el contrapunto de Johann Sebastian Bach. Nacido en Extremadura, pero avecindado en Granada, Juan-Alfonso García estuvo profundamente ligado a la ciudad y su ambiente intelectual y artístico, en estrecha relación con músicos y escritores, desde donde configuró su estilo compositivo más vanguardista».

En Granada y con un programa que unía música y poesía así como las dos oraciones universales del Ave María y el Padre Nuestro, nadie mejor que Falla para comenzar el concierto con la Invocatio ad Individuam Trinitatem (1935) e ir calentando las voces, y continuar con el conocido Ave Maria atribuido al Padre Victoria, renacimiento inspirador matizado e interpretado diferenciando dinámicamente y en «tactus» la segunda parte del Sancta Maria, Mater Dei donde las cuerdas agudas sobresalieron más de lo esperado pero siempre atentas al maestro granadino Márquez (13 abril de 1979).

Del Ave Maria renacentista pasamos a la tradición ortodoxa con Rachmaninov y su Bogoroditse Devo de 1915 (contenido en sus Vísperas, op. 37), esfuerzo de los bajos por sustentar esta catedral coral, con la que llegaríamos al de Juan-Alfonso García de quien Helena Martínez cita: «En 1939 Falla dejó constancia de la autoría «compartida» de esta pieza en el borrador de una carta dirigida a María de Cardona, dado a conocer por Juan-Alfonso García en 1976: «La invocación propiamente tal es mía, mientras el Amén es de Victoria». (…) Continuamos esta tradición musical con un Ave Maria (1975) del mismo Juan-Alfonso, escrito para cuarteto solista y coro a cuatro y seis voces mixtas». Interesante optar en colocar al cuarteto solista al fondo y el coro a seis voces mixtas sobre el estrado, muy efectista en esta obra que mantiene el sabor contemporáneo tan del gusto de los actuales coros jóvenes que apuestan por repertorios agradecidos como este del clérigo pacense que se haría granadino.

Si ayer en la mañana sonaba Duruflé en el órgano del Santuario del Perpetuo Socorro, en esta dominical sonaba el Notre Père, op. 14  (1977) bien ubicado en el progama y donde el Numen Ensemble volvió a mostrarse incómodo en las notas agudas de emisión abierta que hacían perder un empaste demostrado en la oración anterior, dos oraciones que vertebraban este concierto donde sonarían ambas con el Stravinsky ortodoxo pero en latín: Pater Noster (1926) y después Ave Maria (1934), dos de las primeras obras religiosas del ruso, con el coro reubicado y logrando homogeneidad de color más una afinación digna de destacar, así como la buena emisión en los melismas.

Y personalmente llegaría la mejor parte con las obras de Juan-Alfonso García que Helena Martínez Díaz desgrana y analiza en sus notas:

«La Letrilla al Niño Jesús (1979), basada en un poema de San Juan de la Cruz, retoma el motivo del Amen de Victoria y da paso a la segunda parte del programa, centrada íntegramente en la obra de Juan-Alfonso García, en la que se entrelaza espiritualidad, poesía y la ciudad de Granada, elementos esenciales en su producción musical. A continuación, se presenta El corazón de la materia (2002), sobre un texto del sacerdote y filósofo Pierre Teilhard de Chardin, que es estreno absoluto. La poesía intimista de Elena Martín Vivaldi se traduce en Amarillos (1978), una trilogía que explora atmósferas cambiantes y disonancias que ilustran a modo de madrigalismo los versos de la poeta. Le siguen los Seis caprichos (1986) sobre textos de Federico García Lorca, donde descubrimos a un Juan-Alfonso más vanguardista y rítmico, especialmente en piezas como Guitarra, Crótalo y Pita, hasta llegar a Cruz, que recuerda un coral bachiano. El concierto culmina con Cada vez que una mano se me ofrece (1979), sobre un poema de Antonio Carvajal, cierre de un homenaje que es también un diálogo profundo entre música y palabra».

Buenas solistas la soprano y contralto (mezzo), vocalización de unos textos que figuran en la web y que se debían haber añadido en el programa para comprobar qué bien entendió Juan-Alfonso la lírica coral, feliz unión de textos que su música engrandece. Digno destacar el estreno de El corazón de la materia ¡23 años después de su composición!, aplaudir a Héctor Eliel Márquez el haberla traído a la Granada amada por el extremeño, y donde Numen Ensemble al fin mostró  toda su calidad. Los Amarillos fueron interpretados con los mismos  calificativos de «plenitud», «encendida» (que bisarían al final bajados de la tarima) y «serena», pero sobremanera los Seis caprichos (1986) a 4-8 voces mixtas que son muy actuales, variados, encontrando técnicas que utilizan los «nuevos» compositores tan programados por las agrupaciones jóvenes (de las amateur no comento su estado vocal ni la media de edad), con un Crótalo y una Pita rítmicos,  jugosos, bien encajados, antes de ese coral final que es Cruz, homenaje a «dios Bach» por parte del Padre García.

Y Cada vez que una mano se me ofrece (1979) citar parte del texto del granadino Antonio Carvajal (Albolote, 1943) que Juan-Alfonso eleva a lírica con su música coral:

Cada vez que una mano se me ofrece / tiemblo de sombras, a su luz me entrego, / y su luz una espiga en mi alma acrece, / casi de ausencia perseguido y ciego, / abro mi mano y tiendo hacia esa mano / leve la espina. Luego, qué sosiego. / Alas la espiga tiene en cada grano.

PROGRAMA

Manuel de Falla (1876-1946):
Invocatio ad individuam trinitatem (1935)

Jacobus Gallus / Valentinus Judex (atrib. T. L. de Victoria):
Ave Maria

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):
Bogoroditse Devo (de Vsenoshchnoe bdenie, op. 37. 1915)

Juan-Alfonso García (1935-2015):
Ave Maria (1975)

Maurice Duruflé (1902-1986):
Notre Père, op. 14 (1977)

Igor Stravinsky (1882-1971):
Pater Noster (1926)
Ave Maria (1934)

Juan-Alfonso García:
Letrilla al Niño Jesús (1979)
El corazón de la materia (2002) *
Serena de Amarillos (1978)
Seis caprichos (1986)
Cada vez que una mano se me ofrece (1979)

* Estreno absoluto

Desde Monte-Carlo con amor

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 3 bis). Danza.

Sábado 22 de junio, 22:30 horas. Teatro del Generalife: Les Ballets de Monte-Carlo, Jean-Christophe Maillot. Serguéi Prokófiev: Romeo y Julieta, ballet en tres actos basado en la obra de William Shakespeare. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

En anteriores ediciones no solía escaparme a los espectáculos de ballet, que son pareja indisoluble de este Festival (Música y Danza), en parte por coincidir con conciertos sinfónicos o de cámara, y sin que sirva de disculpa. por no estar en mi lista de preferencias pese a haber disfrutado en Oviedo de grandes compañías (Alicia Alonso Martha Graham…) ya desde mis tiempos de universitario y contando con descuentos estudiantiles.

Pero en esta septuagésima edición, primera bajo la dirección del maestro veneciano y medio granadino Paolo Pinamonti, en la programación no se solapan citas, por lo que ir hasta el Generalife y disfrutar del Prokofiev bailado por los ballets de Montecarlo (con mi amada Carolina de benefactora, siendo ya Princesa de Hannover), era una experiencia más que añadir a mi calendario diario, al que se sumarían otras circunstancias.

Imposible relatar o transmitir lo vivido este sábado 21 de junio, aunque las imágenes que acompañan esta entrada, de otro artista como Fermín Rodríguez Ferminius, fotógrafo oficial que en estos años sumo a mis amistades granadinas, pueden ser el fiel reflejo de la belleza de este drama bailado que siempre sigue vigente.

Y nada mejor prepararsw leyendo la presentación en la web, más las notas al programa de Cristina Marinero. Vamos con la primera:

«Cuando, queriendo hacer el bien, se provoca la tragedia
Lleva más de treinta años al frente de la compañía monegasca, desde que la Princesa Carolina le nombrara su director en 1993. Jean-Christophe Maillot ha seguido fiel en estas décadas a su estilo neoclásico-moderno para ofrecer los grandes títulos del repertorio con los Ballets de Monte-Carlo. En su nueva visita a Granada presenta su aplaudida versión coreográfica de Romeo y Julieta, para la que pone el foco del drama sobre el Hermano Laurent. El coreógrafo subraya que el fraile quiso hacer el bien, pero con sus decisiones acaba provocando la tragedia. Maillot utiliza para ello todo el despliegue técnico y dramático de la danza clásica, sobre la bella partitura de Prokófiev, con sus bailarines vestidos con exquisita elegancia por Jérôme Kaplan».

Mi Real Oviedo se jugaba el ascenso a la primera división de La Liga (contra el Mirandés), tras 24 años y no estaba pendiente de unos ballets que solo veía y escuchaba por la oreja que me dejaba libre el auricular durante la retransmisión de la RTPA, pero las imágenes y la música de Prokofiev grabada y bien ecualizada, me hacía pensar lo bueno que sería tener una orquesta en vivo acompañando estos Capuletos y Montescos que con una escena sencilla pero «resultona», sumando una iluminación casi mágica, un vestuario «de película» y un cuerpo de baile espectacular, llenaban de magnetismo una historia conocida donde no hace falta saber idiomas porque la danza siempre se entiende (y mucho público de otras nacionalidades lo corroboró) en este teatro al aire libre (lleno) en un marco único como es El Generalife, difícil de igualar.

Mi «compañera» en Ópera World y crítica especialista en danza, escribe lo siguiente:

«Danza neoclásica para la más famosa tragedia de Shakespeare

Cuando ya sobrepasa las tres décadas al frente de la compañía monegasca, Jean-Christophe Maillot es en uno de los directores de danza más veteranos de Europa y prácticamente del mundo. Granada ha sido testigo de sus avances, ya que Maillot y los Ballets de Monte-Carlo se han convertido en buenos amigos de su Festival Internacional de Música y Danza, con varias visitas al Teatro del Generalife, entre ellas para la histórica 69ª edición, en julio de 2020, desarrollada con éxito en plena pandemia.

Arropado siempre por su benefactora, la Princesa Carolina, desde su llegada al frente de la institución en 1993, el director francés ha ido modelando a los Ballets de Monte-Carlo hacia una personalidad propia con sus coreografías neoclásicas-modernas para ofrecer, sobre todo, y lo que más fama le ha otorgado, los grandes títulos del repertorio de la danza académica a través de su prisma creativo.

Para ello, cuenta con cincuenta y un bailarines –entre ellos tres españoles, Lucía Alfaro Córcoles, Álvaro Prieto y Alejandro Moya Vaquero–, elenco cada vez más internacional, si bien priman también los educados en la Académie Princesse Grace, la famosa escuela de ballet del principado, nombrada en honor a Gracia de Mónaco.

El título que ofrecen este año los Ballets de Monte-Carlo, Romeo y Julieta, es ya un clásico de finales del siglo XX. Se trata del gran éxito de Jean-Christophe Maillot desde que lo realizara para la compañía en sus primeras temporadas como responsable máximo. Creado sobre la espectacular, emocionante, vibrante e inolvidable partitura de Serguéi Prokófiev, este ballet sobrepasa ya las 260 actuaciones por todo el mundo y está incluido, desde su estreno en 1996, en el repertorio de otras siete compañías. Su visita al Festival con este emblemático ballet llega cuando están en los prolegómenos de celebrar el 30º aniversario de su estreno en 2026.

Con su personal estilo neoclásico-moderno, musicalidad en el movimiento y minimalismo absoluto en escenografía y vestuario, Maillot apunta el foco del drama de Shakespeare hacia el Hermano Laurent, a quien acude Julieta buscando consejo por su amor prohibido hacia Romeo. El coreógrafo subraya que el fraile quiso hacer el bien con sus acciones, pero acaba provocando el mal.

Se distancia con este punto de vista, por tanto, de las rivalidades familiares tan encarnecidas como núcleo de la tragedia. Porque Maillot no interpreta la historia como un conflicto social o una lucha centrada en un código de honor, sino como un drama fortuito que causa la muerte de los jóvenes, más preocupados por sus sentimientos de amor adolescente, que por los del odio.

En la puesta en escena utiliza una fórmula cercana a lo cinematográfico, con flash-backs del Hermano Laurent, movimientos a cámara lenta y dibujando su coreografía en diagonales, sin que los bailarines bailen frente al público, al igual que los actores en una película no miran a los espectadores de la sala a través de la pantalla.

Maillot utiliza todo el despliegue técnico y dramático de la danza clásica trufado de su personal simbiosis con movimientos contemporáneos. Sus bailarines están vestidos con exquisita elegancia por Jérôme Kaplan, quien comenzó a diseñar para ballet en la época de este Romeo y Julieta; el espacio escénico es obra de su estrecho colaborador Ernest Pignon-Ernest, diseñador de la inmensa mayoría de sus creaciones, como lo es desde hace años el responsable de la genial iluminación, el también escenógrafo Dominique Drillot».

Más de dos horas espectaculares en todos los sentidos por iluminación, vestuario, puesta en escena, con la mezcla bien entendida del baile clásico y el contemporáneo, siempre universal, llevando los personajes de Shakespeare desde el lenguaje más universal que es el corporal, disfrutando de primeras figuras siempre bien acompañadas de todo un cuerpo de baile verdaderamente magnífico.

Maravillosa la pareja protagonista, Katrin Schrader como Julieta y el Romeo de Jérôme Tisserand, aunque como bien nos informamos, el Hermano Laurent, a quien acude Julieta buscando consejo por su amor prohibido hacia Romeo, comparte una escena plena en todos los sentidos.

Llegaba la jora mágica de la una de la madrugada donde el público salía feliz, parte al ambigú y otros a los microbuses que nos dejarían en el centro de la capital nazarí en mi tercer día de festival que recordaré el resto de mi vida por todo lo que rodeó el drama de Shakespeare con la música de Prokofiev bailado por una compañía internacional donde se hace difícil destacar cualidades y calidades, limitándome al menos a dejar sus nombres al final de esta entrada y casi viendo amanecer.

Y este domingo, mi cuarto día de festival,  otro programa doble que espero seguir contando…

PROGRAMA

Serguéi Prokófiev: Romeo y Julieta
Ballet en tres actos basado en la obra de William Shakespeare

Coreografía: Jean-Christophe Maillot

Escenografía: Ernest Pignon-Ernest

Vestuario: Jérôme Kaplan

Iluminación: Dominique Drillot

Primera representación: 23 de diciembre de 1996, en la Sala Garnier de l’Ópera de Monte-Carlo.

ELENCO:

Julieta: Katrin Schrader – Romeo: Jérôme Tisserand – Fray Lorenzo: Jaat Benoot – Los dos acólitos: Cristian Oliveri y Christian Tworzyanski.

Lady Capuleto: Marianna Barabas – La nodriza: Gaêlle Riou – Teobaldo: Simone Tribuna – Mercucho: Michaël Grünecker – Benvolio: Lukas Simonetto – Paris: Lennart Radtke – Rosalinda: Candela Ebbesen.

Los Montesco: Ashley Krauhaus, Kathryn McDonald, Anissa Bruley, Ekaterina Mamrenko, Emma Knowlson, Alexandre Joaquim, Kizuki Matsuyama, Kozam Radouant, Roger Neves.

Los Capuleto: Lucía Alfaro Córcoles, Elena Marzano, Sooyeon Yi, Emilee Blake, Artjom Maksakov, Alejandro Moya Vaquero, Riccardo Mambelli – Ige Cornelis.

Tanto monta, monta tanto

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 3). Conciertos matinales.

Sábado 21 de junio, 12:00 horas. Santuario del Perpetuo Socorro: Michel y Yasuko Bouvard, órgano. Juan-Alfonso García y la Nueva Música en Granada. Fotos  de las RRSS, propias y ©Fermín Rodríguez.

El patrimonio de órganos en la provincia de Granada se está manteniendo gracias al empeño de muchos instrumentistas que los mantienen respirando, reparando y manteniendo, y en el Festival no faltan los conciertos en sus distintas ubicaciones, siendo la primera vez que se incorporaba al mismo el órgano romántico de 1913 construido por Pedro Ghys Gillemin, con Juan María Pedrero o Paco Alonso Suárez preservando esta joya que en esta primera mañana de verano (aunque climatológicamente vayan muchas más) se comportó como un campeón gracias al matrimonio Bouvard que eligieron un programa variado de unos 50 minutos donde sacar todo el partido al llamado «rey de los instrumentos».

Tanto las notas al programa de Pablo Cepeda como la web del Festival nos presentaban e ilustraban sobre este concierto y sus intérpretes:

«A dos, tres y cuatro manos
Extraordinariamente singular el recital que ofrecerá el matrimonio Bouvard. En el órgano del Perpetuo Socorro, un instrumento fabricado por Pedro Ghys a principios del siglo XX, Michel Bouvard y su esposa, Yasuko Uyama, harán un programa variadísimo por más de cuatro siglos de música, en el que se alternarán en la tribuna, pero también tocarán juntos, con algunas piezas a 4 manos y otras a 3, especialidades muy poco vistas en el órgano. De Charpentier (el famoso Preludio que sirvió de sintonía a Eurovisión) a Juan-Alfonso García o Jean Bouvard, abuelo del organista, el recital recoge música de grandes compositores no especialmente asociados con el instrumento (Mozart, Schumann) y otra de algunos de sus más eximios representantes, como César Franck o Maurice Duruflé. Una oportunidad para sumergirse en territorios desconocidos».

Con puntualidad británica comenzaba a sonar triunfante el famoso Preludio, del Te Deum H. 146, a tres manos, de Charpentier, solemne y asociado al himno de una casi lejana Europa televisiva que cada vez está peor, aunque la música del francés siga siendo marcial y del más puro barroco, con unos registros tan bien elegidos como la interpretación que sonó pletórica.

Del genio de Salzburgo toda su música es un regalo, y con apenas 20 años compuso el Divertimento en si bemol mayor, K 240 tan refinado como melancólico que escribe mi tocayo vasco. La transcripción para órgano a cuatro manos a cargo de «Los Bouvard» fue un prodigio de ejecución y tímbrica, todo un catálogo sonoro en los cuatro movimientos, donde el Menuetto-Trío invitaba a mover los pies y el Allegro final parecía «original» del joven Mozart aún al servicio de Colloredo.

Proseguiría este viaje organístico y cronológico hasta Schumann con su Estudio en forma de canon para piano-pédelier, op. 56, nº 4 con Yasuko Uyama Bouvard, del que Cepeda escribe:

«El 24 de abril de 1845, Clara Schumann anotó en su diario que recibieron un pedalero para colocar bajo el piano y practicar así la interpretación del órgano, lo que inspiró a Robert Schumann a componer los Estudios en forma de canon, op. 56. En ellos, y particularmente en el nº 4, el compositor alemán muestra su capacidad de expresión dentro de los márgenes de la escritura imitativa en canon».

La sonoridad del Ghys (casi un nombre de cadena nórdica) inundó el santuario con un pedalero claro y combinaciones de registros en los dos teclados sumándose el pedal de expresión que engrandece aún más un instrumento perfecto para este repertorio. Y no podía proseguir mejor que con Franck a cargo de Michel Bouvard. Su Coral nº 3 en la menor (1890) es el testamento musical del compositor por una escritura  perfecta y unos registros sutiles que este órgano granadino tiene. Si los flautados y violones del órgano mayor nos remontan a los corales de Bach, las voces celestes y humanas (8′) del recitativo expresivo ayudaron a seguir auditivamente las cuatro voces con un Adagio de trompeta redondo y vertical bien ensamblado por el organista francés, donde la elección de los registros es tan importante para una interpretación completa, y la del organista de la iglesia de Santa Clotilde, dotada de un Cavaillé-Coll magnífico, hubiese disfrutado en este Ghys del Perpetuo Socorro.

Aún quedaba programa por delante, y del abuelo de Michel, Jean Bouvard (a su vez alumno de Louis Vierne), las Variaciones sobre un villancico de La Bresse fueron otro muestrario de registros que se incluyen como título de las cinco variaciones, flautas, trompeta, cromormo más la vuelta al tema y ese final pleno donde Yasuko Bouvard sacó todos los tesoros tímbricos de El Ghys, aires navideños más allá del calendario litúrgico con el más puro clasicismo francés, para tomar el relevo su pareja en el merecido recuerdo al organista catedralicio granadino Juan-Alfonso García, fallecido hace diez años, con su Veritas de terra orta est (de «Cuatro piezas para órgano»). El pacense García en estado puro (no el sinfónico de la noche anterior), registros desde la cercanía sonora que recuerda al humilde armonio hasta unas lengüetas con el trémolo perfecto que transmitieron otra meditación navideña en estos maitines post-Corpus.

Y qué mejor elección que Duruflé para «traer» Saint-Etienne-du-Mont hasta el bello Santuario de Granada, con dos obras de altura para concluir una mañana cual regalo de Reyes del Preludio sobre el Introito de la Epifanía, op. 13, y el
Coral variado sobre «Veni Creator», op. 4 en otro despliegue de registros y virtuosismo donde escuchar todo lo escrito en los pentagramas con total limpieza y una acústica ideal. Una sesión matinal de recogimiento y agradecimiento a los organeros y organistas que insuflan vida al rey de los instrumentos.

PROGRAMA

Marc-Antoine Charpentier (1643-1704)
Preludio, de Te Deum H. 146 (a tres manos. 1688-98)

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Divertimento en si bemol mayor, K 240 (1776. Transcripción para órgano a cuatro manos)

Robert Schumann (1810-1856)
Estudio en forma de canon para piano-pédelier, op. 56, nº 4 (1845)

César Franck (1822-1890)
Coral nº 3 en la menor (1890)

Jean Bouvard (1905-1996)
Variaciones sobre un villancico de La Bresse (1969):

Thème

Duo de flûtes en canon

Basse et dessus de trompette

Récit de tierce en taille ou de cromorne

Thème en majeur

Plein jeu

Juan-Alfonso García (1935-2015)
Veritas de terra orta est
(de Cuatro piezas para órgano, 1959)

Maurice Duruflé (1902-1986)
Preludio sobre el Introito de la Epifanía, op. 13 (1960)
Coral variado sobre «Veni Creator», op. 4 (1931)

Aniversarios en Palacio

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 2): Conciertos Sinfónicos.

Viernes 20 de junio, 22:00 horas. Palacio de Carlos V. Orquesta Ciudad de Granada, Jean-Efflam Bavouzet (piano), Cristina Faus (mezzo), Juanjo Mena (director). Obras de Falla, Ravel y Juan-Alfonso García. «En el 150 aniversario del nacimiento de Maurice Ravel y Ricardo Viñes, y el centenario del estreno en París de El amor brujo de Manuel de Falla». Fotos  de las RRSS, propias y  de ©Fermín Rodríguez.

Así presentaba este concierto la página web del festival:

Ravel, Viñes y Falla de aniversarios
Falla y Ravel coincidieron en el París de 1900. El Festival los reúne en el 150 aniversario del nacimiento de Ravel y el centenario del estreno en París de la versión para ballet de El amor brujo. El nombre de Ricardo Viñes, pianista por excelencia de aquel entorno y amigo de los dos músicos, se une a la efeméride pues nació el mismo año que Ravel e introdujo a Manuel de Falla en el ambiente musical francés a su llegada en 1907, además de ser dedicatario de Noches en los jardines de España. El pianista francés Bavouzet y Juanjo Mena ofrecerán en este concierto dos de las obras para piano y orquesta fundamentales no sólo de sus autores, sino de todo el siglo: las Noches de Falla y el Concierto en sol de Ravel. Además, este programa los une también en torno a la danza: La Valse supuso la ruptura de Ravel con Diáguilev, quien se negó a estrenar la obra con sus Ballets rusos, mientras El amor brujo fue convertido en ballet y presentado en París. Entre ambos, se escuchará Epiclesis II, una orquestación de Juan-Alfonso García de su obra original para órgano «compuesta en el centenario del nacimiento de Manuel de Falla y a él dedicada», estrenada en la Catedral de Granada en 2009.

Interesante recordar a Ricardo Viñes que sería ya instalado en París un virtuoso del piano y gran defensor entre otros de Falla y Ravel, por lo que la celebración estaba bien armada aunque los 150 años no comenzarían bien. Un tarde de truenos y relámpagos con lluvia intermitente parecía aguar la fiesta, y cambiar la ubicación palaciega al auditorio no era nada fácil por estar ocupado por la ONE preparando el concierto de domingo. Las previsiones meteorológicas marcaban las 21:00 como despejado y a las 20:42 llegaba un aviso por las RRSS que se retrasaba el inicio a las 22:30 horas, abriéndose las puertas una hora antes, pero aún con dudas no sería hasta las 22:45 cuando tras las disculpas del director del festival Paolo Pinamonti comenzaría un concierto largo, denso y con una conexión entre Granada y París que pondría a prueba a intérpretes y público, pues el orden del programa y su duración nos llevaría hasta la una de la madrugada.

Si hay emociones únicas, escuchar a Falla en La Alhambra tan cerca de su Carmen de la Antequeruela es para recordar y comenzar con el El amor brujo en su versión de 1925 hacía que 100 años después parecía traernos el pasado al presente. La Orquesta Ciudad de Granada (OCG) no podía fallar en el compositor «de casa» y con el director alavés Juanjo Mena (Vitoria-Gasteiz, 21 de septiembre de 1965) al frente presagiaba un buen arranque de concierto, contando como solista con la mezzo de Benissanó, Cristina Faus cual «cantaora», de registros graves casi para contralto (aunque sigo teniendo de referencia a Carmen Linares pero especialmente a Rocío Jurado). Una interpretación con el toque gitano donde la voz de la valenciana casi natural se llenó de la hondura interpretativa que une folklore y lírica, iluminando sus solos con el fuego fatuo siempre arropada por una orquesta donde el alavés supo controlar las dinámicas, con tiempos exigentes y distintas respuestas.

Pausa para colocar el piano en el centro antes del muy esperado pianista francés Jean-Efflam Bavouzet (Lannion, 17 de octubre de 1962) que sería lo mejor de la noche, con la elegancia y técnica ideal tanto para el Falla de la segunda parte como para el extraordinario concierto de Ravel. El compositor vasco-francés vuelca en este concierto el lenguaje de jazz que inspirará a Gershwin, el inicio de un siglo XX  que marcará otro hito en la historia de la música. Maravillosos los tres movimientos con un Bavouzet impecable, atento al maestro Mena que concertó y mandó en una OCG algo desigual pero entregada, luminosa por momentos donde las emociones estuvieron en el Adagio assai con ese piano protagonista, el francés pintor de detalles para quien Ravel es uno de sus predilectos, y un Presto arriesgado y trepidante que pondría a prueba a todos los intérpretes.

Tras la pausa, al menos se dejó el piano sin mover para un homenaje a otro enamorado de Granada, el pacense Juan-Alfonso García (1935-2015) que además de organista de la catedral de Granada,  fue canónigo emérito, comisario de este Festival Internacional de Música de Granada, y maestro de compositores como Francisco Guerrero, Manuel Hidalgo o José María Sánchez-Verdú, tan ligados a la capital nazarí. En las notas al programa del doctor Ortega Basagoiti, nos explica la obra de García que abría la segunda parte: «compuso una trilogía para órgano bajo el título de Epiclesis, el término que designa la parte de la liturgia dedicada a la invocación del Espíritu Santo. Guerrero orquestaría después Epiclesis I, y el propio García haría lo propio en 1997, revisada posteriormente en 2009, con Epiclesis II, subtitulada Plegaria. En un programa en el que tan presente está Falla, es desde luego oportuno recordar la figura de García, no solo por su doble papel como compositor y pasado comisario del Festival, sino por su admiración hacia el compositor gaditano, a quien dedicó su Epiclesis. Así lo expresaba García, recordando el carácter de invocación que tiene el título, en una entrevista con Eva Santamaría: «Yo heredé de mi maestro [Ruiz-Aznar] el afecto hacia Manuel de Falla. Él ha dado lugar a que seamos y le dediqué una obra, Epiclesis, que es la invocación del espíritu sobre una persona»». De  García recuerdo lejanamente su oratorio Cántico espiritual con la OSPA en tiempos de Jesse Levine allá por 1993, pero esta Epiclesis II, en orquestación del propio autor sobre la original para órgano de 2009, me hubiera gustado más con los registros del catedralicio o los muchos instrumentos que Granada atesora, pero no soy quien para contrariar al propio compositor. Mejor «obertura» inicial y reconocido homenaje que tendrá en otras obras de este 74 Festival, y trabajo de Mena con la OCG que serviría como puesta a punto para lo que quedaba.

Falla con Bavouzet fue el complemento ideal de estos aires franceses, dos conciertos de piano en una misma velada, el Ravel desenfadado de los felices años 20 y el Falla de los inicios, el apoyo de Viñes a quien iría dedicado, y todo un modelo a seguir, novedoso titulándolo Noches en los jardines de España donde los tres movimientos son estampas y jardines que pudimos disfrutar en su entorno y con una buena versión de Bavouzet y Mena nuevamente mostrando el feliz y necesario entendimiento con los aires franceses que el talento del pianista le imprimió cual «segundo Viñes» un siglo después. Un Generalife luminoso, una danza lejana donde la OCG ayudó a ese clima de «impresiones sinfónicas» con el piano perfilando la exuberancia antes de la fiesta gitana del Corpus más granadino que cordobés, el recuerdo del cante inicial y el buen entender que los franceses han tenido del flamenco.

Nueva pausa para retirar el piano y quedándonos con ganas de una propina de Falla o de Ravel pero faltaba aún La Valse, una obra que le queda todavía «grande» a una OCG que ha mejorado y agradecerle la valentía de afrontar un programa tan denso y exigente. El esfuerzo de Juanjo Mena en sacar lo mejor de «la orquesta de casa» fue inmenso y a lo largo de una noche mágica por las obras pudimos apreciar una cuerda compacta con dos arpas impecables; la madera también tuvo pasajes inspirados. En cambio las dinámicas no siempre tuvieron el balance ideal de las secciones donde la acústica palaciega puede ser engañosa. Hubiese acortado el programa con esta «Balsa» más que Valse y un García que sonará a lo largo del festival, pero está claro que el movimiento se demuestra andando y trabajar grandes repertorios es la forma de seguir creciendo, más con maestros como el vitoriano.

PROGRAMA

I

Manuel de Falla (1876-1946)
El amor brujo (versión de 1925)
Maurice Ravel (1875-1937)
Concierto para piano en sol mayor (1928-31)

II

Juan-Alfonso García (1935-2015)
Epiclesis II (orquestación del propio autor sobre original para órgano. 2009)
Manuel de Falla
Noches en los jardines de España (para piano y orquesta. 1909-16)
Maurice Ravel
La Valse (1919-20)

En el 150 aniversario del nacimiento de Maurice Ravel y Ricardo Viñes, y el centenario del estreno en París de El amor brujo de Manuel de Falla.

Bandas en el FEX

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Martes 17 de junio, 74 Festival Internacional de Música y Danza de Granada. 22 FEX (Festival Extensión).

Ya en capilla para asistir al 74 Festival de Granada (mi tercero consecutivo) y en plena celebración del Corpus con la propia Feria de la capital nazarí, me encontraría con el conocido como «extensión» del mismo, el llamado FEX, con música en la calle y otros recintos poco convencionales que llevan la música del histórico festival de verano de la capital andaluza de a otros lugares y públicos no habituales, aunque también me topé con varios acérrimos.

Al comenzar mi paseo vespertino, a las 20 horas en Puerta Real, y una hora más tarde en Bib-Rambla escucharía a FEGRABAND, una fanfarria de la Federación Granadina de Bandas de Música con una plantilla joven muy buen ensamblada (4 trompetas / 3 trombones / 2 trompas / 1 bombardino / 1 tuba) que desde el balcón del NH Collection estaban tocando arreglos para esta formación (que también se la llama «Brass Band»), y así escuché fragmentos de Carmen (Bizet), Carros de fuego (Vangelis), Marcha triunfal de “Aida” (Verdi) o la marcha En busca del arca perdida de “Indiana Jones” (John Williams) sorprendiendo a los muchos turistas que soportaban los 38º gracias a la buena música con un impagable trabajo de los voluntarios del Festival repartiendo los folletos con la programación. Mucha gente parada y aplaudiendo esta joven formación dirigida por Fernando Gómez Morgollón, auténtica cantera de talento para las bandas de música, patrimonio que debemos mantener.

En Bib-Rambla cambiarían alguna de las obras y con parte del público que les seguía cual «flautistas de Hamelin», comenzando con la Fanfarria olímpica (J. Williams), el Brindis de “La Traviata” (Verdi), más Verdi y su Marcha triunfal de “Aida” y nada mejor que John Williams  casi «en busca de la sombra perdida», verdadero pistoletazo de salida del 74 Festival de Música de Granada.

No faltó a las citas el actual director del Festival Paolo Pinamonti que, como un servidor, seguiría periplo hasta la Plaza de las Pasiegas con el incomparable fondo de la Catedral de Granada para disfrutar del concierto de la Banda Municipal de Musica de Granada bajo la dirección del maestro  y compositor de Santa Fé Ángel López Carreño y un programa exigente con obras de Shostakovich, Copland y Reed.

Ni una silla libre aunque se irían vaciando porque algunos curiosos no podían (o no querían escucharlo completo), y unas interpretaciones verdaderamente encomiables con una acústica al aire libre que ayudó a disfrutar de obras comprometidas para una gran formación en un repertorio diría que de banda sinfónica aunque no haya cuerda grave en la plantilla, contando con unos arreglos muy trabajados. Bravo por la clarinete y concertino, pero también los diferentes solistas de oboe, trompeta, saxo tenor… más un cuarteto de percusión solvente (bravo las láminas), mandando y siguiendo en cada momento al maestro López Carreño  que dirigiría de memoria la hora larga de un programa titulado «Influencias de ida y vuelta entre el este y el oeste».

Buen y solemne arranque con Shostakovich, siempre reconocible, poniendo a prueba todos los efectivos de la banda granadina (excelencia de clarinete solista), después un viaje transatlántico con el Copland más festivo, percusiones tan protagonistas como el resto de secciones (bien el trompeta solista «ad libitum»), ricas dinámicas, buen empaste en metales, encajes rítmicos muy conseguidos, para cerrar concierto con las difíciles Danzas Armenias del prolífico estadounidense Alfred Reed, tan características por sus ritmos compuestos y amalgamados, bien marcados y resueltos por los músicos granadinos, con unos episodios donde disfrutar de cada sección y sus primeros atriles más una amplísima gama dinámica apreciable por la acústica pétrea de la plaza, con parte del público aplaudiendo donde quiso pero totalmente respetable aunque rompiese  la unidad narrativa que el director granadino intentó siempre y alcanzó con una excelente banda.

Una previa calurosa que llegaría hasta la cálida noche granadina, aún con bailes y sevillanas de feria, buen ambiente festivo antes del Jueves de Corpus con una Misa que contaremos desde aquí…

PROGRAMA

Dmitri Shostakovich (1906-1975):

Obertura Festiva

Aaron Copland (1900-1990):

El Salón México

Alfred Reed (1921-2005):

Danzas armenias:

1ª parte:

El albaricoquero – El canto de la perdiz – ¡Eh, mi Nazan! – El monte Alagyaz – ¡Vamos, vamos!

2ª parte:

1. Ven, brisa (La súplica del campesino) – 2. Khoomar (Danza nupcial) – 3. Cantos de Lorri

Maratoniano Perianes

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Sábado 14 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: MARATÓN BEETHOVEN – OSPAFEST (2). OSPA, Javier Perianes (piano y dirección). Entrada: butaca: 15 €.

Finalizada la temporada de abono de la OSPA, aún quedaba algún extraordinario más, y volvía a la capital asturiana el onubense y colaborador artístico Javier Perianes (Nerva, 1978) con una «Maratón Beethoven«, nada menos que los cinco conciertos para piano del genio de Bonn, que también llevará al Auditorio Nacional de Música de Madrid dentro de una semana, el próximo día 21 de junio para celebrar el «Día Europeo de la Música» junto a la Orquesta de la Comunitat Valenciana en el programa «¡Solo Música!» que organiza el Centro Nacional de Difusión Musical  en coproducción con el Palau de Les Arts de Valencia.

Si este pasado jueves se enfrentaba a los tres centrales (que me perdí al coincidir con la Marina del Campoamor, este sábado llegaban los dos extremos cual alfa y omega de este reto físico y mental que en Madrid afrontará el mismo día (verdadera maratón): el Concierto para piano nº 1 en do mayor, op. 15 y el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador”.

En palabras del propio Perianes (para la revista Scherzo) comenta: “En una diminuta misiva que Beethoven envió a un íntimo amigo, el diplomático Heinrich von Struve, fechada en Viena el 17 de septiembre de 1795 y desconocida hasta 2012, puede leerse: “¿Cuándo llegará el tiempo en que haya únicamente seres humanos? Es posible que solo veamos llegar ese dichoso momento en unos pocos lugares. Pero no lo veremos acaecer en todas partes. Pasarán siglos antes de que eso suceda”. Tocar la música del compositor alemán supone, para mí, contribuir humildemente a la llegada de ese “dichoso momento” que él tanto ansiaba. Y hacerlo por medio de sus cinco Conciertos para piano, que requieren un entendimiento pleno entre el solista y todos los instrumentistas (…) es un privilegio que estoy feliz de compartir con el público en el Día Europeo de la Música”, y los asturianos estos días previos a la cita madrileña.

Los dos conciertos de este sábado nos muestran al Beethoven joven aún «mozartiano» y el maduro, casi como un príncipe que termina emperador manteniendo toda su personalidad. Y Perianes así afrontó ambos, juvenil y maduro, debiendo asumir la dirección de la OSPA (se anunció por megafonía la ausencia del titular, al igual que el concierto anterior) donde Aitor Hevia volvía de concertino invitado para una complicidad necesaria, pues no siempre «enmudece» el piano para encajar solista y orquesta en momentos puntuales de auténtica complejidad.

El de Nerva arrancó el Concierto para piano nº 1 en do mayor, op. 15 (dedicado a Anna Luisa Barbara Fürstin Odescalchi) con aplomo, el Allegro con brio literal pero controlando el tempo para no caer en excesos pues toda maratón debe dosificar el esfuerzo, aquí pleno de vigor y marcialidad donde los balances con la orquesta resultaron dignos de mención, pudiendo disfrutar de un piano limpio, cristalino en los arpegios, un virtuosismo nunca exagerado con diálogos bien entendidos por toda la orquesta en un lenguaje deudor de Mozart y Haydn (que el onubense tan bien conoce) pero con las abruptas modulaciones «marca Beethoven» y una  primera cadenza reposada. El Largo (en  la bemol mayor) se erigió principesco, de lirismo casi vocal, con ornamentos bien dibujados por un pianista al que llevo años llamando «el Sorolla del piano» ante la luminosidad que alcanza desde una técnica perfecta sin necesidad de «volver al trazo inicial». Perianes contagió el sosiego de este movimiento a la orquesta, con el clarinete de Daniel Velasco delicioso de fraseo y sonido. El tercer y último movimiento (Rondo. Allegro scherzando) retoma la tonalidad inicial en compás de 2/4 y forma rondó con siete partes (ABACABA), fórmula habitual en el tercer movimiento de los conciertos clásicos. Un piano imponente en el tema principal marcando el devenir que repite la orquesta con un entendimiento y encaje donde Hevia sería primordial por la dificultad que tiene este rondó lleno de síncopas y fraseos irregulares. Trinos limpios, cruce de manos impecable y dos cadenzas diseñadas con el espíritu audaz y pícaro del genio de Bonn con un Perianes integrado en la sonoridad global del solista. Dinámicas ricas antes de esa melodía imperceptible aunque presente «como queriendo escabullirse del escenario sin ser visto» y la orquesta finalizando el movimiento con la contundencia donde Czerny (que fue alumno de Beethoven) recomendaba que el director esperase todo lo posible antes de desatar el fortissimo. Con respeto y escucha por parte de todos, Perianes remarcó el final vitalista en esta primera etapa sabatina.

Sin apenas respiro e incorporándose al mismo orgánico la segunda flauta, entraba «El Emperador» como se conoce el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73, la tonalidad «heroica» con toda la grandeza de este quinto y último concierto para piano, tras el sitio de Viena por el ejército de Napoleón. Así el 11 de mayo se activó la artillería francesa y la casa de Beethoven se encontraba peligrosamente cerca de la línea de fuego por lo que aquellos que no podían -o no querían- salir de casa buscaban refugio bajo tierra y Beethoven lo encontró en el sótano de la casa de su hermano. Tras cesar el bombardeo y la rendición de las fuerzas austriacas, el compositor describió «una ciudad llena sólo de tambores, cañones, hombres marchando y miseria de todo tipo», abandonando la ciudad para escribir este «emperador entre los conciertos». Con la firma del Tratado de Viena en octubre de 1809, la vida en la ciudad de la música volvió a una aparente normalidad pero sin la oportunidad de presentar el nuevo concierto hasta dos años después tras el estreno en Leipzig, contando con Czerny de solista al estar el compositor ya demasiado sordo (aunque había interpretado la parte solista en sus cuatro conciertos anteriores).

La OSPA comandada por Hevia entendió este quinto como una globalidad sinfónica donde Perianes reinaba en el trono confiado en la respuesta de sus huestes. Potente y grandioso arranque del Allegro, cromatismos y arpegios cristalinos, agógica bien entendida, alternancias protagónicas entre solista y orquesta, con el segundo tema tenue, etéreo, evanescente, pura seda. De los tiempos lentos está claro que el segundo movimiento del «Emperador» es uno de los sublimes del alemán. El empaque y sonoridad aterciopelada de todas las secciones nos devolvió a una orquesta en plenitud cerrando temporada, cuerdas en sordina dibujando ese tema de incomparable belleza, cellos contestando, contrabajos cimentando, mientras el piano de Perianes respondía con silenciosos tresillos descendentes, logrando una sutil tensión desde el delicado equilibrio entre maderas, cuerdas y piano, con la música desvaneciéndose llena de una ternura única. Bien la nota sostenida de la trompa para que el piano introdujese suave y todavía andante el tema del Rondó final en compás de 6/8, sin excesos en el tempo, «rápido pero no demasiado». Exuberancia por parte de todos, optimismo interpretativo, gloria sinfónica y un manto de armiño pianístico sobre un gran ropaje sinfónico con toda la fuerza para este final maratoniano que no tuvo la merecida respuesta de público (incomprensible toda la temporada) aunque los presentes disfrutamos nuevamente del príncipe Perianes coronado emperador con la OSPA.

PROGRAMA:

Concierto para piano nº 1 en do mayor, op. 15 (1798-1800):

I. Allegro con brio – II. Largo – III. Rondo. Allegro scherzando

Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” (1809-1810):

I. Allegro– II. Adagio un poco mosso [-attacca-]  – III. Rondo. Allegro ma non troppo

Oviedo adora a Marina

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Jueves 12 de junio de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «Marina», ópera en tres actos con música de Emilio Arrieta y libreto de Francisco Campodrón y Miguel Ramos Carrión (1848-1915) basado en el texto de la opéra -comique La Veillée (1831), de Paul Duport y Amable Villain de Saint-Hilaire. Fotos de Alfonso Suárez y propias.

(Crítica para OperaWorld del viernes 13, con fotos de Alfonso Suárez, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

Inmejorable cierre de temporada del trigésimo segundo Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, lírica pura porque «Marina» fue primero zarzuela pero después ópera gracias a un Emilio Arrieta que supo estar en el lugar exacto en el momento justo, aunque también por un Enrico Tamberlick, el tenor más famoso del momento que luchó junto al compositor navarro para poder estrenarla en el Teatro Real aún “italiano” tras el éxito de «Ildegonda» en 1849 -con libreto de Temistocle Solera en la lengua de Dante- y al fin poder cantar en español (tras los añadidos de Ramos Carrión) para convertirse en la primera “ópera en español” representada en el coliseo de la Plaza de Oriente dos décadas después de aquella primera que seguimos sin poder verla representada sobre las tablas (solo una versión de concierto en 2004 llevada al disco por RTVE). Al menos esta emblemática y casi eterna «Marina» tras la edición crítica de nuestro mejor tándem Cortizo-Sobrino se ha podido escuchar como en su estreno de 1871, íntegra, al igual que en la calle Jovellanos madrileña el pasado octubre, y con un elenco de altura para seguir reivindicando nuestro patrimonio musical, que nunca será suficiente a la vista de tantos grandes títulos que siguen cogiendo polvo incluso en archivos tan “poco musicales” e incluso difícilmente accesibles a los musicólogos como pueda ser el del Museo Nacional de Artes Escénicas de Almagro.

«Marina» ha sonado en todas las casas de mi generación, por la radio o en vinilo, números que se hicieron populares y “cantables” hasta para una parte del público ovetense sentado a mi lado (Vetusta sigue en el siglo XXI), habiendo pasado por las tablas del coliseo carbayón tanto en la versión primigenia como en la propia temporada de ópera, siendo un éxito seguro en taquilla, pidiendo a voces una tercera función pero exigiendo siempre la misma calidad que esta producción que volvió a llenar y hacernos disfrutar.

Nuevamente una función redonda por parte de todo el equipo que en el Campoamor funciona como una experimentada y gran familia donde todos se sienten “en casa”, pues se han subido muchas veces a estas tablas, y el trabajo concienzudo logra siempre el éxito, incluso en esta joya del compositor de Puente de la Reina donde lo flojo del libreto nunca podrá borrar la inspiradísima vena melódica, capaz de conjugar un romántico lenguaje belcantista, cercano a Donizetti pero también a Verdi o Rossini, con elementos de nuestro folklore, muchos de los que hicieron España parada obligada en aquellos primeros viajeros, escritores e ilustradores de la segunda mitad del siglo XIX.

El mejor ejemplo de belcanto es todo el papel de la protagonista Marina, sin duda uno de los más difíciles de cantar e interpretar que lleva al límite la voz (la de todos pero especialmente la de soprano ya desde su primera aria Pensar en él). Y nadie como Sabina Puértolas que así lo definió en la rueda de prensa previa, para encarnarlo en esta primera función y cautivarnos. Su momento vocal es espléndido, ha ganado en el registro grave sin perder color ni volumen, una proyección perfecta llena de matices y musicalidad, un empaste con sus compañeros ideal (el dúo Magnífico buque con Roque), siempre presente en los concertantes, más una interpretación de esta “adolescente” que convence con los gestos y enamora con su voz. Madurez escénica con una técnica que engrandece esta protagonista de Arrieta (de quien ha grabado también parte de sus canciones en “Los cisnes de Palacio”), fortaleza en la parte navarrica y los avatares de un hijo en la “edad del pavo” de quien ha tomado no la inseguridad sino toda la expresividad y estados emocionales para bordar esta Marina. Su “mezza voce” es prodigiosa (bellísima su romanza ¡Oh grato bien querido!), su dicción perfecta y cada aria de la “embajadora de la mierensía” fue muy aplaudida, de agudos prístinos, claros, seguros, especialmente en la recuperada aria final Iris de amor y de bonanza cual Lucía a duo con la flauta (brava Mercedes Schmidt) exigente, virtuosa y explosiva.

Todas las voces tiene ya una primera intervención arriesgada, pero nadie pecó de cobarde como expertos marineros. Así, estuvo muy acertado el trío masculino, que gira en torno a Marina, por los diferentes colores vocales, expresividad y entrega. El capitán crevillentino Antonio Gandía conoce bien este Jorge y estuvo valiente, buen alumno del maestro Kraus que sigue siendo el modelo para este rol (incluso en el ornamento tan de Donizzeti en la famosa aria Costa la de Levante… con la que se presenta en escena), agudos no muy abiertos y bien colocados. Iría creciendo en confianza hasta el popular brindis que abre el tercer acto, correcto y empastado en sus dúos y tríos, para llevar a buen puerto el hermoso dúo Por Dios, tu pena cese con la protagonista.

El asturiano David Menéndez debutaba un Roque apabullante de principio a fin. Vocalmente su timbre es carnoso en toda la extensión, poderoso y brillante pero también muy expresivo con unas tablas que hacen siempre creíbles sus papeles. El cuarteto Seca tus lágrimas (nº 8) sería verdiano a más no poder por empaste y color de todos, otro tanto en el dúo con Marina Magnífico buque o el terceto Ya estamos a bordo, pero impresionaría especialmente en sus seguidillas (La luz abrasadora) tanto en lo vocal como por una interpretación “embriagadora” donde lucir su vis cómica y voz en toda su amplitud al igual que melódico y sentido el tango con el coro Dichoso aquel que tiene la casa a flote.

El contramaestre malagueño Luis López Navarro encarnó un completo Pascual, un bajo auténtico pero musical en cada intervención, rotundo por registro y “cantabile” en el primer dúo con Marina (¡Niégame que es tu amante!), nada «tosco y rudo trabajador…» sino pura lírica y lleno en el octavo número del cuarteto, para rematar una gran interpretación con la escena junto a Marina y Jorge (¡Ella! ¡Prudencia!).

Breves pero manteniendo el nivel de calidad el bilbaíno capitán y marinero “medio asturiano” José Manuel Díaz ya desde su primera escena Felices días con Marina, o la Teresa ovetense María Zapata, así como Seve Cimadevilla, componente del coro.

Y el coro titular que prepara San Emeterio, voces aficionadas pero imprescindibles en el Festival, aquí con protagonismo de principio a fin. Escénicamente siempre acertados (aunque para la complicada sardana resultase casi una danza prima mezclada ¿con un rigodón?), las voces blancas bien afinadas con los pescadores iniciales, encajando bien la escena marinera que cierra el primer acto, algo más “tensos” en la primera escena del segundo (con el arpa brillante y presente de José Antonio Domené que proseguiría en la romanza de Marina), para llegar bien curtidos para el brindis y matizados en el tango con Roque.

En el foso el asturiano Óliver Díaz volvió a demostrar su amplia experiencia en los repertorios belcantistas y el profundo, además de minucioso, conocimiento de «Marina» (con la que debutó en Gijón el ya lejano verano de 2003 para dirigirlo diez años más tarde en Madrid, y Oviedo al siguiente), exigiendo y “apretando” a todos hasta el límite pero mimando todas las voces, ayudándolas, consiguiendo sacar un balance orquestal apropiado para una plantilla mayor que en la versión de zarzuela, con la titular Oviedo Filarmonía que en sus manos rinde al máximo, con excelentes preludios (el del tercer acto de lo más “italiano”), buenos solistas y contagiando la confianza necesaria para un resultado global más que notable. No figuraba en el programa de mano, pero bien y presente (sonó algo amplificada) la breve intervención de pulso y púa desde la bolsa escénica en las seguidillas de Roque.

La puesta en escena de Bárbara Lluch volvió a ser visualmente atractiva, sencilla pero efectiva con la escenografía de Daniel Bianco, ayudando a las voces a base de escaleras y pasarela superior donde ir colocándose para proyectarse sin problemas, aunque haya cierto “horror vacui” por los muchos figurantes (también bailarines) que plásticamente resultan correctos pero por momentos abigarrados, deambulando sin mucho sentido. Espectaculares las videoproyecciones de Pedro Chamizo con unos cielos y Mediterráneo cambiantes para subrayar cada escena y la siempre acertada iluminación de Albert Faura. El vestuario de Clara Peluffo muy de la época en “los señoritos y señoritas” que no lo son para el ambiente marinero de astillero, playa y puerto, con unas rederas algo “floreadas” aunque el resto resultó más creíble y apropiado a todos los personajes.

Oviedo adora a Marina y toda la lírica, el Arrieta como mejor broche para un curso variado que sigue haciendo las delicias de tantos melómanos venidos de toda la geografía para comenzar a reivindicar la capitalidad cultural europea para 2031. Aún queda tiempo pero la historia se sigue escribiendo y la música en Asturias forma parte de su identidad.

FICHA:

Jueves 12 de junio de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «Marina», ópera en tres actos con música de Emilio Arrieta (Puente de la Reina, 1821 -Madrid, 1894) y libreto de Francisco Campodrón (1816-1870) y Miguel Ramos Carrión (1848-1915) basado en el texto de la opéra -comique La Veillée (1831), de Paul Duport y Amable Villain de Saint-Hilaire.

Estrenada como zarzuela en el Teatro del Circo, el 21 de septiembre de 1855.

Estrenada como ópera en el Teatro Real, el 16 de marzo de 1871.

Edición crítica de María Encina Cortizo.

Ediciones Iberautor, Promociones Culturales SRL Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2005 (2ª edición)

Nueva producción del Teatro de la Zarzuela (2024).

FICHA ARTÍSTICA

Dirección musical: Óliver Díaz – Dirección de escena: Bárbara Lluch – Asistente de la dirección de escena: Paula Castellano – Escenografía: Daniel Bianco – Vestuario: Clara Peluffo – Iluminación: Albert Faura Bravo – Ayudante de iluminación: David Hortelano – Movimiento escénico: Mercè Grané – Diseño de videoproyecciones: Pedro Chamizo.

REPARTO

Marina (huérfana): Sabina Puértoles – Jorge (capitán): Antonio Gandía – Roque (contramaestre): David Menéndez – Pascual (propietario del astillero): Luis López Navarro – Alberto (capitán): José Manuel Díaz – Teresa (amiga de Marina): María Zapata – Un marinero y una voz: Seve Cimadevilla (componente de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”).

FIGURANTES

Alberto Arcos, Claudia Agüero, Emilio Vega, Joana Quesada, Lucas García, Lucrecia Sánchez, Maite Menéndez, Olimpia Oyonarte, Oscar Fresneda, Paco Celdrán.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

Director de coro: José Manuel San Emeterio

Vidas de artista

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Viernes 6 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 15 OSPA: Sinfonía fantástica. Nuno Coelho (director). Obras de Messiaen, Coll y Berlioz.

Finalizaba la temporada de abono de la OSPA con un programa «potente» y tres obras de compositores cercanos en el tiempo en apenas un siglo rompedor con el denominador común en cuanto a creencias, historias, imágenes, pero especialmente sus propias vidas de artistas. También suponía la despedida de Francisco Coll (Valencia, 1985) como colaborador artístico residente estas tres últimas temporadas, y que a partir del próximo curso «se nos va» a la OSCyL antes de proseguir estrenos en Europa y EEUU de su concierto para piano con Kirill Gerstein.

En el encuentro previo junto al maestro Coelho, el artista valenciano nos comentaría cómo es esta «nueva» Lilith que ha crecido desde su estreno en 2022, la escuchada en Oviedo en abril pasado (de ahí mi duda al figurar como estreno, verdaderamente una revisión de este 2025), sus orígenes recordándonos la adolescencia donde encontró a esta «mujer fatal» en aquellos manga de sus amistades en el instituto, el profundizar con la Lilith primera esposa de Adán en los textos hebreos, su personalidad poliédrica, y que como a todo artista le seguiría rondando la cabeza, la esperada evolución hacia un poema sinfónico, bien enlazado con la «fantástica» que cerraba el concierto, «ballet sin coreografía» que no llegó a convertirse en ópera.

Esta obra en tres secciones y cinco movimientos, de aquella «Lilith nocturna» se quedaría reducida en duración en vez de convertirse en el movimiento central al que agregar los otros dos extremos, pero la duración para completarla no debería llegar a 40 minutos, «público o programadores probablemente no la soportarían» como él mismo nos contaba, el primer contrapunto de inspiración en la polifonía de Victoria, el incorporar un vals que no es habitual ni «bien visto» en los compositores actuales… . También su forma de concebir estas pinturas sonoras, pues en el valenciano su proceso compositivo va unido siempre a las imágenes, y con otras obras suyas he llegado a relacionarlo con la sinestesia pero también en su trabajo por capas, aunque en la escucha los oyentes vemos el proceso de la creación que dura lo mismo que la interpretación, siendo el director con la orquesta quien lleva todo el peso en plasmarla.

En el programa de mano el propio compositor nos describirá a Lilith, y su lectura previa (que dejo a continuación) nos ayudó a comprender y entender mejor al otro pintor, Nuno Coelho que fue coloreando los cinco cuadros cargados de calificativos: sensuales, terroríficos, seductores, tortuosos (ángeles como mosquitos), laberínticos, burlones, histéricos… en un espectacular lienzo en blanco que fue la gran orquesta «musculada» para esta clausura y nuevamente comandada por Aitor Hevia, plenamente identificada con la escritura y estilo de Coll, con una nutrida y exigente percusión donde hay dos pianos (uno afinado un cuarto de tono más alto), arpa y un orgánico que fue la mejor paleta tímbrica para estos coloridos «episodios»:

«El primer movimiento, un expresivo adagio, evoca el deseo y el miedo al mismo tiempo: celebra una unión de opuestos. Lilith habita en las ruinas tras abandonar a Adán; de estos vestigios surge la polifonía de inspiración renacentista, sus líneas afiladas y con la claridad del veneno.

El segundo movimiento se divide en dos partes. Tres ángeles describe un tortuoso laberinto en el que un batallón de tres serafines busca a la fugitiva Lilith. «Vals de la huida» es trágico y grotesco, rozando la histeria.

El tercer movimiento también tiene dos secciones. En hebreo, Lilith (Leilit) también significa «nocturna»; «Nocturna» explora este aspecto de su naturaleza. Musicalmente hablando, es un estudio del volumen, manipulando el espacio y el timbre como si se tratara de una escultura sonora. En «Euphoria», Lilith llega a la ciudad moderna y participa en una orgía salvaje, mientras las masas se dejan arrastrar por su fuerza seductora».

Excelente reescritura que pasó de un cuadro a este monumento sinfónico de Coll donde la OSPA brilló en todas las secciones y un Coelho afrontando un reto más. En abril de 2024 escribía de aquella Lilith  sinónimo de Nocturna que «parte de imágenes que a menudo pinta tras finalizarla y normalmente no retoca con el tiempo pues el momento es único (…) también hay elementos de misterio, bosques mágicos y tenebrosos (cerca de su ciudad), nieblas y densidad, aquí sonoro, también con paralelismos pictóricos en busca de texturas además de colores. La partitura tomada como instrucciones para armar los muebles de la famosa multinacional sueca que cada director monta con los elementos sinfónicos, y que en el caso de sus obras tampoco son iguales de un día para otro precisamente porque la vida es un fluir distinto cada día», ahora este mural alcanzaría dimensiones «fantásticas».

La ordenación de las tres obras pienso ha sido igualmente acertada, con el titular explicándolas antes de arrancar. También nos hizo pensar en las imágenes de Messiaen y Las ofrendas olvidadas (1930) de un entonces joven francés recién graduado, el creyente que pinta tres lienzos casi de «meditaciones sinfónicas» como las denomina la musicóloga Julia Martínez Lombó que reflejan las verdades teológicas de la fe católica: La Cruz, El Pecado y La Eucaristía. Las notas al programa analizan esta obra de juventud, «se estructura en tres episodios: Arranca con un movimiento muy lento y melancólico, una lamentación de las cuerdas que describe el sacrificio de Cristo en la cruz. Continúa con un breve episodio agitado, agresivo, desesperado y robusto, una carrera al abismo en la que destacan los fuertes acentos finales, armónicos en glissando y las llamadas de las trompetas. Concluye con la promesa de la salvación de la Eucaristía, un movimiento extremadamente lento, con una melodía enunciada por los violines sobre un manto de acordes en pianísimo». Misma paleta para otro paisaje sonoro que ayudó a preparar oídos y músicas posteriores, una OSPA cómoda en estos repertorios cercanos y poco transitados que Coelho sabe afrontar dando seguridad gracias a un trabajo minucioso de dinámicas, balances y texturas, con violines segundos protagonistas, velocidades bien encajadas por la orquesta hasta lograr el final aterciopelado.

Y nada mejor que clausurar la temporada con otro gran orquestador y francés como Berlioz, enlazando con Coll, Episodio de la vida de un artista, sueños de un joven músico, en este caso recurriendo al opio tras un desamor, y también en cinco movimientos o episodios, una Sinfonía fantástica que siempre emociona.

Misma formación con plantilla enorme para este poema sinfónico que pone a prueba cualquier orquesta, y la OSPA superó con sobresaliente este examen final de temporada en todas sus secciones y solistas. Bien empastada, nuevamente de amplísimas dinámicas y juego del maestro portuense con la agógica donde mimar cada «cuadro», detalles de calidad como el dúo del corno inglés con el oboe fuera del escenario (también las campanas), sueños y pasiones iniciales, un baile casi vienés (contrapesando el de Coll), una marcha al cadalso impresionante para llegar a un aquelarre goyesco donde los metales brillaron como nunca pero sin tapar nunca a una orquesta que llegó a junio en plena forma.

Aún quedan tres extraordinarios fuera de abono, coincidiendo dos con la zarzuela, pero que intentaré al menos despedirme con uno antes de las vacaciones bien merecidas para la orquesta asturiana, a la que deseo todo lo mejor para la próxima temporada y que se despejen dudas, se cubran plazas y continúen ofreciéndonos conciertos como este.

PROGRAMA:

OLIVIER MESSIAEN (1908 – 1992):

Las ofrendas olvidadas

FRANCISCO COLL (1985 – )

Lilith:

I. Contrapunto erótico (Adagio molto espressivo) / II. Three Angels (Allegro energico con spirito) – Vals de la huida (Presto radiant)  / III. Nocturna (Largo elastico e drammatico – Euphoria (Festoso con brio)

(*) Estreno mundial co-comisionado por la OSPA y la Toronto Symphony Orchestra (TSO).

HECTOR BERLIOZ (1803 – 1869):

Sinfonía fantástica, op. 14:

I. Sueños – Pasiones
II. El baile
III. Escena campestre
IV. Marcha al cadalso
V. Sueño de una noche de sabbat

La cúpula mágica

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Domingo 1 de junio, 12:00 horas. Centro Niemeyer, Avilés: Suena la cúpula. Ignacio Prego (clave): Las Suites Francesas de J. S. Bach. Obras de Bach, Purcell y Froberger. Entrada: 7 €.Para abrir este nuevo mes de mi curso musical me escapaba hasta el ágora avilesina en una nublada mañana de domingo donde disfrutar un concierto muy especial por el programa, el intérprete y especialmente para volver a asombrarme con la acústica tan especial de la cúpula semiesférica en este desaprovechado espacio que nos regaló el brasileño Oscar Niemeyer (1907-2012) a los asturianos tras el premio recibido allá por 1989 y todo lo que supuso para La Villa del Adelantado (con sus luces y sombras más políticas que artísticas).

El clavecinista madrileño Ignacio Prego llegaba a Avilés con su clave de 2016, copia de un Ruckers Colmar holandés de 1624, fabricado en Sabiñán -comarca de Calatayud, Zaragoza- por Tito Grijnen) tras el vivaldiano 1700 gijonés con las tres últimas suites francesas de Bach emparentándolas con Purcell y Froberger. La elección no era gratuita porque sin ahondar en el calificativo que Johann Nikolaus Forkel pone en  la primera biografía de Bach publicada en 1802 donde habla del le bon goùt, «el buen gusto francés» contraponiéndolas a las  suites «grandes» que serían las llamadas Suites Inglesas, pues hay poca evidencia estilística que merezca esas etiquetas más allá de la presencia de los nombres de los movimientos, por otra parte comunes en lo que hoy conocemos como suite, un conjunto, que en mis tiempos de profesor me servía para explicar varias estancias, platos o incluso unas maletas para estos viajes únicos…

Y la magia sonora brotó con la primera Allemande, de la Suite nº 4 en mi bemol mayor, BWV 815: contraste total entre lo minimalista de este peculiar escenario por sus formas, volúmenes, saturación de la luz y especialmente la reverberación del sonido. Contrastes también en cada danza de las suites, procedencias, aires, escritura e incluso el lenguaje en la escritura para el clave de tres compositores donde Purcell y Froberger parecen «menores» ante la magnitud de Meinn Gott. y estas suites compuestas -o al menos revisadas y agrupadas- entre 1720 y 1730 (entonces feliz en Köthen) siguen demostrándonos la genialidad del padre de todas las músicas. Los cambios de registros en el «Titus Magníficus» de Prego iban pintando de colores cada número o danza (que así me gusta describirlas), como iluminando la bellísima decoración de la tapa armónica con el virtuosismo de la Courante, la  emoción de la Sarabande, la alegría de la Gavotte, el peso y poso del Air, el bailarín y elegante Menuet o la impactante Gigue que me sigue transportando  los aires de gaitas. Todas las danzas creaban ambientes y dibujaban un estilo plenamente barroco en la sobriedad brasileña desde la sutileza y el refinamiento bachiano en las manos de Prego.

Con los mismos pinceles y paisaje, otra visión: la de Purcell y los cuatro números de su primera suite, la tonalidad ya asentada de sol donde cada elección en la armadura refleja aún la herencia modal renacentista, pues la física sonora hace distinta la escala-modo en la escritura, la base de esta paleta del inglés con regusto a virginal, leves intensidades para contrapesar la carga cromática en un clave siempre asombroso y todavía más en las manos del madrileño.

De nuevo el contraste en tamaño y color, en aires y escalas musicales en la sexta suite francesa bachiana, en mi mayor, más compleja, exigente técnicamente para disfrutar del contrapunto alemán siempre único, la matemática sonora hecha música por El Kantor en un clave poderoso en el grave, cristalino en los agudos y ampliando la gama tímbrica de las ocho danzas jugando con unos fraseos bien delineados por Prego.

La Partita nº 2 en re menor de Froberger resultaba otro marco y paisaje buscando un tamaño casi de miniatura e igual de detallista con las cuatro danzas, cómo utilizar las mismas danzas desde una oscuridad que permita seguir distinguiendo las formas. Y el clave de Prego supo encontrar el «buen gusto» inicial y hasta la sonoridad del laúd, simplemente restando cantidad a los mismos ingredientes, el chef alemán cocinando en Francia cual inspiración previa a la universalización sonora final.

El plato fuerte y final volvería con el «Master Bach» y la quinta suite que agranda, adereza, enriquece los platos bien servidos con el mismo sol mayor del inglés pero la complejidad del pleno barroco con todos los ingredientes y acompañamientos servidos en lujosa bandeja aderezada con las ornamentaciones que no hacen perder ningún sabor sonoro. Ignacio Prego nos cocinó esta luminosa quinta, emocionante, personal tras una cascada de contrates que rematan siempre en la Gigue final virtuosa y mágica, sonidos que transmiten unos aromas y sabores únicos servidos por todas las estrellas gastronómicas de este «cocinero del clave». En la presentación del madrileño, su discográfica apuntaba que «consigue el equilibrio perfecto en su interpretación de las suites francesas de Bach al revelarnos con claridad y luminosidad toda la arquitectura interna, la prodigiosa construcción de estas piezas, con su contrapunto imitativo y su característica armonía, y a la vez le aporta frescura y elegancia con su maravilloso sentido para la ornamentación». Me sumo a los calificativos de emocionante, elegante, con una clara dirección musical, llena de matices expresivos y con tempi maravillosamente bien juzgados….

Aún quedaba el postre, el regalo de Purcell y su Ground en do menor Z. 221 para seguir manteniendo la uniformidad y universalidad de este conjunto de platos con nombres de bailes, especias de todas las nacionalidades combinadas y cocinadas a fuego lento pero servidas al detalle con todo el mimo y rigor de una de las figuras españolas más universales en el panorama musical de Les Goúts Réunis «desde  1724» como rezan las grandes casas de comida en sus fachadas. Y en El Niemeyer este menú resultó una exquisitez para los elegidos.

PROGRAMA

J. S. Bach (1685-1750):

Suite Francesa nº 4 en mi bemol mayor, BWV 815:

Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte – Air – Menuet- Gigue

Henry Purcell (1659-1695):

Suite nº 1 en sol, Z. 660:

Prelude – Allemande – Courante – Minuet

J. S. Bach:

Suite Francesa nº 6 en mi mayor, BWV 817:

Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte – Air – Menuet polonais – Bourrée – Gigue

Johann J. Froberger (1616-1667):

Partita nº 2 en re menor, FbWV 602:

Allemande – Courante – Sarabande – Gigue

J. S. Bach (1685-1750):

Suite Francesa nº 5 en sol mayor, BWV 816:

Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte – Bourrée – Loure – Gigue

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