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Páginas grandiosas

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Viernes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «El mundo de ayer II», Abono 8 OSPA, Maximilian von Pfeil (chelo), Pablo González (director). Obras de Richard Strauss y Mahler.

Ser testigo de la evolución de un artista o una formación es un privilegio solo da la edad. La OSPA lleva 26 años aunque procede de la anterior Orquesta Sinfónica de Asturias, y puedo presumir de haber crecido casi con ambas. Al ovetense Pablo González Bernardo (1975) le sigo desde su infancia como estudiante de flauta y su salto al podio en este músico integral que se ha hecho un nombre propio en el siempre difícil mundo de la dirección orquestal, habiendo sido testigo incluso de la feliz titularidad en la ciudad condal. El reencuentro siempre es fructífero (jueves en Gijón y viernes Oviedo), más cuando director y orquesta están en un momento adulto, de madurez personal y profesional que propicia tanto ópera como conciertos grandiosos en cuanto a las obras elegidas y su interpretación, en el amplio sentido de la palabra.

No es políticamente correcto hablar del Arte de Cúchares en estos tiempos que corren, pero el octavo de abono (orquestal, claro) resultó como encerrarse con tres miuras en solitario dada su leyenda de dificultad, peligro, bravura pero también sabedores que un triunfo supone «salir por la puerta grande» y entrar en la historia. Pablo Gonzaléz y la OSPA (ver la entrevista en el canal OSPA TV) se enfrentaron con dos grandes sinfonistas como Richard Strauss y Gustav Mahler que están presentes en su propia vida y siempre reaparecen con el enfoque que el momento de su interpretación supone, distinto y enriquecedor a partes iguales.

Los llamados poemas sinfónicos de R. Strauss son páginas capaces de examinar a cualquier orquesta y director que la lleven a cabo por su magnitud, cimas de la orquestación por las plantillas exigidas y la densidad que encierran Don Quijote, op. 35 es mucho más que fuente de inspiración en la mejor obra de la literatura universal y escrita por el español Miguel de Cervantes. Tener de solistas dos atriles de la propia orquesta asturiana (también entrevistados en OSPA TV) como Maximilian von Pfeil en el rol de Alonso de Quijano y el viola Vicente Alamá como Sancho demuestran la calidad de los músicos que conforman esta OSPA del siglo XXI, el equilibrio de dos personajes protagonistas necesarios para comprender la obra (tanto literaria como musical). El desarrollo está perfectamente explicado en las notas al programa (que dejo enlazadas al principio en los compositores) de Gloria Araceli Rodríguez quien previamente dio una conferencia sobre «Los poemas sinfónicos de Richard Strauss: de la descripción sonora a la expresividad musical».
La interpretación dirigida por González fue un verdadero relato sonoro lleno de sutilezas en cada variación, ambientes descritos en la partitura que trascienden la genialidad cervantina desde nuestra propia imaginación, escenas donde los primeros atriles volvieron a brillar como sus dos compañeros hoy solistas, escuchándose, contestándose, disfrutando de esta obra de madura juventud totalmente interiorizada por todos. Un placer disfrutar de las dinámicas amplias, explosivas en el momento justo, íntimas saliendo de la locura y valorando una sonoridad plena que explica a la perfección un concepto algo etéreo como la textura orquestal, que en manos del ovetense con la orquesta asturiana resultaron claros y luminosos en este «Quijote de Strauss«.

La propina de von Pfeil (un número de la Música para niños, op. 65 de Prokofiev en arreglo de Piatigorsky) volvió a corroborar el virtuosismo de este chelista alemán sacando del instrumento sonidos más allá de la propia melodía en una bella página solista que cautivó a un público tristemente no muy numeroso en el auditorio.
Pero quedaba una segunda parte aún más potente si cabe, primero el Mahler de la Sinfonía nº10 en fa sostenido mayor, «Incompleta» (1910) en su único primer movimiento acabado, «Andante-Adagio» como «conclusión» de unos días donde el bohemio ha ocupado buena parte de mis conciertos. No entraré en las posteriores versiones que intentaron completar una sinfonía sobre la que de nuevo planeó la «maldición«.

Quienes me leen saben que llevo años pidiendo una octava asturiana «de Los Mil» precisamente con Pablo en la dirección porque no solo es un mahleriano convencido sino por su capacidad para afrontar obras de esta envergadura. La versión con la OSPA demuestra que Mahler es como un amuleto para el director carbayón y la orquesta lo entiende a la perfección. Comenzando más lento de lo esperado, como en mis referencias guardadas, con unas violas compactas, arrancaba esta estremecedora página que veríamos crecer desde el buen gusto y la empatía necesarias, el terciopelo de una cuerda que sigue enamorando, unos metales (esencialmente las trompas) asentados desde la seguridad con unas sordinas nunca empañadas sino buscando la tímbrica deseada, y un Pablo González dirigiendo desde la confianza, capaz de dejar fluir la música en las manos de estos músicos para quienes el reto es seguir manteniendo ese nivel de calidad más que demostrada, crescendi vibrantes y brillantes de emoción contenida, paladeando las secciones como pocas veces en Mahler, esa densidad sonora acunando una muerte no por esperada indeseada llegando a ese final cortando la respiración. Una versión (con)sentida por estos intérpretes haciendo de vehículos ideales para una partitura con mucha historia… ¡Bravo!.

Y del poema sinfónico Muerte y transfiguración, op. 24 (R. Strauss) que en Oviedo ya hemos escuchado, también a la OSPA afrontándola en varias ocasiones, la interpretación con Pablo González es para guardar (grabada para Radio Clásica y esperando su emisión), rubricando otro Strauss de referencia en casa. Dominio absoluto de la partitura para lograr esa riqueza sonora conseguida con un empaste por parte de los músicos que permitió escuchar cada detalle, la fusión de cada sección con la otra en los fraseos sin cesuras, el gran instrumento orquestal que Strauss llevó a la cumbre y no me canso de escuchar, los cambios de registro en la cuerda como una sola, la conjunción de registros graves en tuba, contrabajos y contrafagot, el feliz encuentro de madera y cuerda, así cada uno de los cuatro movimientos que pasan de la oscuridad a la luz con el poder creador de la muerte, al igual que en Mahler, cuatro etapas de la vida que es muerte desde el primer momento pero siempre arrebatadoras. Las dinámicas amplias sin opulencias, con unos pianissimi increíbles y los tutti nunca ensordecedores, destacando especialmente el balance perfecto desde un sonido redondo, con una cuerda ya «engrasada» en el adagio mahleriano capaz de sonar tensamente aterciopelada y presente (intervención sentida de Vasiliev) de contrabajos poderosos, con una percusión sinónimo de seguridad, más unos metales que nuevamente estuvieron como diría un andaluz «sembraos» fueron engrandenciendo esta página sublime. Parece increíble mantener tanto tiempo (el que está escrito) esa nota en la trompeta sin perder calidad ni calidez, sujetar los matices como hace Pablo González, jugar con los tempi ajustados siempre a la partitura, y plantear una «transfiguración» en una orquesta que funciona siempre desde el trabajo y claridad en la dirección. Bilbao ha dado confianza a nuestros músicos y tener esta temporada a Pablo como «director colaborador» pienso que seguirá haciendo grande a esta orquesta de todos los asturianos.

Boleros y especialmente coplas

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Jueves 16 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «Tardes de Coplas… y Boleros»: Chus Serrano (voz) y Marcos Suárez (piano). Entrada: 5 €.

Continúa la semana de la voz con un artista integral como Chus Serrano, actor, cantante y logopeda, reuniendo tres facetas plenamente ligadas a esta celebración musical, y esta tarde con boleros y coplas que todos tenemos en nuestra memoria, microrrelatos donde además de cantar unos textos que son «puro teatro» también se deben escenificar, hacer creíbles. 

Como bien me comentaba Elena Pérez-Herrero, coordinadora de esta semana y maestra de canto de muchos de los participantes, hubiéramos necesitado un Astor Piazzolla para nuestra copla que la elevase al sitio que merece como hizo el argentino con el tango.
No abundan buenas partituras y menos arreglos para piano de estas «pequeñas» piezas de nuestra vida, lo sé por experiencia, apenas la melodía y los acordes (siempre pensando en la guitarra) que ni siquiera están todos ni bien… con un poco de suerte algunos arreglos para aquellas orquestinas donde el guión de piano servía para eso, guiar unas armonías que como el tiempo, también han evolucionado, y no hablemos de las editoriales de partituras, casi siempre aprovechando las presentadas en «Autores» (la SGAE) donde solo se exige melodía y bajo «cifrado», que además tienen poca venta ante el pirateo de las redes donde todo es gratis… y así nos luce el pelo.

Recordaba escuchando esta velada que registró la mejor entrada hasta el momento, cómo estos géneros han sido un poco el Guadiana, la música de nuestra infancia que algunos grandes intérpretes la han sacado del olvido volviendo a ponerla de moda, aunque sea atemporal, y siempre nos pasa que seguimos sin saber venderlo. Luis Miguel o Alejandro Fernández han colocado el bolero en la memoria de su generación, retomando la historia de la mexicana María Grever ¡discípula de Debussy! que llegó a escribir un libro titulado «Aprenda Ud. español por medio de la música» tan influyente en los años 40 y 50 en EE.UU. donde Mario LanzaFrank Sinatra y especialmente Nat King Cole, Dean Martin tenían el mismo acento para aquellos temas que pusieron nuestro idioma de moda, también José Feliciano, actualizado y renovado con una rusa: «El idioma es música«. Y es que el bolero no pasa de moda, es mestizaje, sigue generando mucha y buena literatura, documentada, porque es un poco la banda sonora de nuestras vidas además de la mejor promoción del español.
También han coqueteado con el bolero desde Gloria EstefanTamara o Alejandro Sanz, Los Sabandeños, los leoneses Café Quijano e incluso los dos Davides «triunfitos» Bisbal y Bustamante, amén de nuestro cubano Antonio Machín o unos incombustibles Los Panchos que seguimos asociando al bolero, incluso un dúo irrepetible entre Tete Montoliú y Mayte Martín, aunque para mí el maestro siga siendo Armando Manzanero.

Y en la copla tengo que mencionar a nuestro añorado Carlos Cano otro grande de la copla recuperada, sin olvidarme de Martirio que le da a todos los palos su impronta personal (también al bolero como Miguel Poveda) e incluso el asturiano Joaquín Pixán que la elevó también al campo sinfónico. Muy importante la labor de los arreglistas para vestir correctamente estos cuerpos protagonistas de auténticos dramas (y aprovecho para recordar que significa escenificación o teatralización, con dramas cómicos y trágicos aunque parezca que solo sean tales éstos) y sobre todo darle el estilo o aire de dos géneros tan especiales y eternos como el bolero o la copla, de los que Serrano fue contándonos cada historia.

Un placer escuchar la voz fresca, natural, sin amaneramientos de un Chus Serrano que destila arte desde el momento de pisar el escenario, incluso su apellido respira aire propio. No imita a nadie sino que hace suyo cada tema, el bolero y sobre todo la copla, los adornos sinceros e innatos, como el movimiento de las manos en los bailarines, buscando unas tonalidades perfectas para un color de voz espontáneo aunque muy trabajado. Marcos Suárez tuvo que hacer lo que buenamente pudo, con distintos resultados pero siempre respetando al cantante, desnudez en su momento para comprobar que no se necesitan aditivos cuando se canta desde el corazón, aunque deseando encuentren los arreglos que se merecen estos temas inmortales.
Una docena de temas que como suelo hacer, dejo con los enlaces a algunas versiones disponibles en la red y ¡cómo no! unas letras (enlazadas en los autores) que debemos entender en su momento, porque en estos tiempos que corren muchos de ellos estarían metidos en pleitos por machistas, acosadores o incitadores… Tristemente se olvidan de la historia, y el bolero como la copla no pueden cambiarla pero si seguir recordándola para no repetirla.

Cada uno tenemos nuestras versiones pero todas irrepetibles y menos en directo. De regalo Chus Serrano nos dejó el deseo de conocer GRANADA (Agustín Lara) desde la sencillez y convencimiento de una voz propia no solo para el bolero o la copla…

La voz cruzando el océano

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Miércoles 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «Transatlántico»: José Miguel Llata (voz) y Marta Gutiérrez (piano). Obras de Giulio Caccini (1550-1618), A. Scarlatti (1660-1725), Ch. Gounod (1818-1893), C. Saint-Saëns (1836-1921), Roger Quilter (1877-1953), L. Bernstein (1918-1990), S. Barber (1910-1981), Geoffrey Wright (1912-2010), Manuel Ponce (1882-1948), F. Obradors (1897-1945), Joaquín Turina (1882-1949), F. Paolo Tosti (1846-1916) y Antón García Abril (1933). Entrada: 5 €.

Segundo concierto tras el del martes con más público en esta semana de la voz, esta vez masculina y seleccionando páginas vocales de ida y vuelta en un viaje variado como describen el el programa que dejo aquí (también se nos brindaron las letras traducidas así como la presentación de las dos «etapas»: el Orient-Express de Venecia a Le Havre, cruzar a Southampton y embarcarnos en un crucero tipo «Titanic» que casi se hunde antes de Nueva York, con vuelta haciendo escala en Veracruz, Cádiz, Barcelona y Nápoles cruzando el charco con el sobrecargo Llata y la capitán Gutiérrez.

Con todo el respeto que me merecen todos aquellos que se suben a un escenario, sean estudiantes, aficionados o profesionales, esta tarde el viaje no fue todo lo plácido que aventuraba el mapa pese a navegar por mares conocidos aunque traicioneros. A José Miguel Llata no me atrevo a llamarle tenor porque su color para el repertorio elegido no siembre se adaptó. En Venecia hizo agua porque Amarilli mia bella (Caccini) o Le Violette de la ópera «Pirro e Demetrio» (A. Scarlatti) exigen unas agilidades para no caerse además de sentir unas páginas que creo deben tener otra expresión.
Está bien sacar del olvido páginas poco escuchadas como Venise (Gounod) o Soireé en mer (Saint-Saëns) porque en el hilo argumental del recorrido geográfico y musical están bien ubicadas, pero la variedad rítmica o tonal también hay que transmitirla, más allá de la partitura, sin importarme que el original esté escrito para una voz u otra.
Mejor y más cómodo en el repertorio británico por gusto y «cercanía» como las dos páginas de Roger Quilter (Now Sleeps The Crimson Petal y Music, When Soft Voices Die) que van mejor al estilo de Llata aunque el piano de Gutiérrez también debería darle un aire más allá del propio acompañamiento. Difícil pese al título de Simple Song (de la Misa de Bernstein) por la afinación y un piano cercano al jazz, nuevamente más sentido que interpretado, para ir calentando «en tierra» con Solitary Hotel (Barber) con texto de Joyce, de difíciles armonías, y esa nana Transatlantic Lullaby del británico G. Wright ambientando la cubierta del barco, un estilo más adecuado a la voz del cántabro afincado en Asturias que además pareció sentirse cómodo o así lo percibí, aunque la dicción no siempre fue correcta.

Había mucho que cantar en la segunda parte tras una mínima pausa para un atraque rápido, obras de enjundia y poderío que requieren mucho recorrido por parte de los dos intérpretes, saliendo a flote por la propia música aunque estilísticamente hubo reparos por quien suscribe. Las referencias de cada una de las partituras son demasiado exigentes y no puedo evitarlas, aunque Llata y Gutiérrez pusieron a toda máquina su vuelta a casa. Lejos de tí (Ponce) una de las más bellas melodías mejicanas escritas, la Saeta en forma de Salve a la VIrgen de Turina con letra de los Hermanos Quintero cual lied andaluz junto al catalán donde piano y voz se equiparan en la sentida Del cabello más sutil (Obradors) nuevamente con el listón muy alto aunque aplaudo la valentía interpretativa, para cerrar con el gran Tosti y dos napolitanas que solo necesitarían una mandolina o un acordeón para viajar también mentalmente: Malia más Il pescatore canta, antes de la propina española de Antón García Abril con el hermoso tema asturiano No te pares a mio puerta, de pianismo exquisito para una melodía tan nuestra que el turolense ha hecho internacional como tantas otras, captando a la perfección la riqueza de nuestro folklore para llevarla a la sala de conciertos.

No tuve que usar chaleco salvavidas porque en el Mediterráneo y el Cantábrico hubo calma chicha pese a la amenaza de tormenta. La música vocal sigue de celebración y cuando está tan bien escrita merece la pena un periplo como el elegido por Llata y Gutiérrez, porque el riesgo forma parte de la aventura y llegamos sanos a buen puerto. Mañana tomamos otros aires con coplas y boleros

Mieres celebra la semana internacional de la voz

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Martes 14 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «España, fuente de inspiración»: Elisabeth Expósito (soprano) y Omar Navarro (piano). Obras de Á. Émbil, O. Navarro, E. Granados, W. A. Mozart, G. Bizet y G. Rossini. Entrada: 5 €.

Aunque el día mundial de la voz se celebra el 16 de abril, todo los días debemos concienciarnos de su cuidado porque es nuestra principal herramienta de comunicación, y no digo para los muchos profesionales de ella (profesores, locutores, actores, cantantes…), por lo que no es baladí celebrar una semana de la voz en Mieres que esperemos tenga continuidad cada año, buscando todos los aspectos relacionados con un instrumento que cuando se hace musical para a convertirse en arte.
Las fechas para este 2017 coincidían con el periodo vacacional de la Semana Santa, por lo que encontrar huecos en el auditorio mierense se hacía difícil, así que serán estos días donde podamos disfrutar de varios conciertos, como así nos los presentó Elena Pérez-Herrero, una mierense de pro, cantante, profesora y coordinadora de esta semana que desde Haragei, con sede en Oviedo pero extendiéndose por toda España, continúa formando a generaciones de cantantes.

Este primer concierto nos trajo a Elisabeth Expósito y Omar Navarro que prepararon un programa titulado «España, fuente de inspiración» que daría para muchísima música, por lo que la elección se adecuó al repertorio donde no faltaron páginas líricas ni guiños a nuestra tierra, presentando cada obra dándole también ese aspecto didáctico que siempre se agradece.

Anxelinos es una añada o canción de cuna asturiana compuesta por Ángel Émbil Ecenarro (1897-1980), un guipuzcoano de Zumaia afincado en Asturias desde los diez años y asentado en Pola de Siero, quien además de crear escuela y dejarnos obras vocales para distintas formaciones, supo captar nuestro folklore como pocos, dejándonos esta delicia coral en su versión para soprano y piano.

Un placer escuchar obras nuevas, contemporáneas, más en las manos del propio compositor, Omar Navarro (Oviedo, 1983), quien además estrenaba en la versión con acompañamiento de piano Ya toda me entregué y dí,  con texto de Santa Teresa de Jesús que Navarro convierte en un lied donde la voz de Elisabeth y el piano se complementan engrandeciendo desde la música las palabras de la Santa de Ávila.

Granados sigue de celebración porque su música es atemporal, y de sus Goyescas escuchamos el Intermezzo por Omar Navarro, haciéndonos recordar desde el piano la riqueza que en versión orquestal atesora esta joya, y con Elisabeth Expósito La maja y el ruiseñor, también llamadas quejas, casi continuación de las llamadas canciones de salón que tan de moda estuvieron a finales del siglo XIX, nuevo diálogo más que acompañamiento entre soprano y piano para una voz que gana quilates con el tiempo, fraseando estas páginas del catalán, completando este homenaje con la conocida Andaluza, la Danza nº 5.

El bloque final lo pondría la ópera con Sevilla siempre protagonista, desde Mozart con Don Giovanni y las arias «Vedrai, carino, se sei buonino» o «Batti, batti, o bel Masetto» con ingenuidad equívoca, o Las bodas de Fígaro y el «Venite, inginocchiatevi«, recreaciones escénicas de una Expósito que siempre ha elegido bien su repertorio, hasta la famosa «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini) con endiabladas agilidades y mucho sentimiento, sin dejar constancia de la barbaridad que suponen las reducciones orquestales para piano. No podía faltar tratándose de Sevilla la Carmen (Bizet) entre los genios de Salzburgo y Pésaro, con la versión para piano solo de Leopold Godowsky, un verdadero virtuoso para «recrear» los números de Escamillo («Toreador») y Don José («La fleur que tu m’avais jetée»), casi cantadas mentalmente en un ejercicio de vocalización interior tan importante para el estudio.
Recomiendo a quienes puedan acercarse estos días a esta celebración donde la voz tiene Música, con mayúsculas y sin etiquetas, distintos estilos y épocas para disfrutar como en casa.

Un piano en la niebla

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Jueves 9 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» (25 años): Juan Pérez Floristán (piano), Oviedo Filarmonía, Kerem Hasan (director). Obras de Rachmaninov Beethoven.

Llegaba a Oviedo el pianista Juan Pérez Floristán, ganador del XVIII concurso de piano de Santander el verano de 2015, para interpretar con la Oviedo Filarmonía y el director Kerem Hasan, finalista el pasado año en el prestigioso concurso de dirección Donatella Flick, dos jóvenes que dejaron buen sabor de boca, con un Concierto para piano y orquesta nº 2 en do menor, op. 18 (S. Rachmaninov) bien pactado por ambos en cuanto a tiempos, reposados exigiendo aún más concertación, apostando por la claridad más que el puro virtuosismo. La OFil estuvo reforzada y bien equilibrada en dinámicas y presencias, aunque esta vez la cuerda, especialmente la grave (cellos y contrabajos) no sonaban con claridad, como con cierta nebulosa en los pasajes con figuras rápidas, si bien las notas largas alcanzaron el «colchón» ideal para los paisajes más melódicos dialogando con el piano. El trabajo del director inglés se notó y las cadencias del pianista sevillano fueron lo mejor del conocido «segundo de Rachmaninov» que rara es la temporada que no lo escucho en vivo. Como comentaba anteriormente, todo el concierto mantuvo tiempos tranquilos, mandando el pianista desde el I. Moderato que marca el pulso a la orquesta, reposado todo él salvo los momentos puntuales de aceleración, equilibrios algo inestables o contención en el solista, puede que buscando la fusión de ambos en las partes concertadas. El II. Adagio sostenuto dejó los mejores momentos, cuerda aterciopelada, trompas empastadas y madera bien cantada (la clarinetista mantuvo un duelo lírico realmente precioso así como el oboe) para disfrutar de esas melodías tan reconocibles y criticadas entonces como de conservadoras. El III. Allegro scherzando volvió a dejarnos esa neblina en los graves pese a sonar redondos, con metales equilibrados y percusión en su sitio donde los timbales siempre marcan encajando a la perfección con un piano que mantuvo el tipo en perfecto entendimiento con el director.

Interesante la primera propina elegida sobre un tema irlandés, The Tides of Manaunaun (Henry Cowell) que posteriormente utilizaría como primer movimiento para piano y orquesta de sus Four Irish Tales, con un lenguaje rompedor para hace cien años, «clusters», inmensos en los graves sobre los que emerge de la niebla, hoy casi omnipresente, la melodía popular, sonoridades intrigantes bien llevadas por Pérez Floristán. Merecidos aplausos y segundo regalo de los conocidos Cuadros de una exposición de Moussorgsky, el juguetón Baile de los pollitos en sus cáscaras de limpieza rítmica y melódica, tiempo valiente, tímbrica bella y excelente colofón para esta parte con piano.

La Sinfonía nº 4 en si bemol mayor, op. 60 de Beethoven está «incómoda» y aislada entre dos colosos (como son la Heróica y la Quinta) como también recuerda Luis Gago en las notas al programa (enlazadas en los autores al inicio) pero con la frescura que Hasan buscó en su versión bien estudiada y trabajada para una formación ideal en estos repertorios sinfónicos entre los periodos clásicos y románticos. Literalmente fue Robert Schumann quien calificó esta obra como «la grácil criatura griega en medio de dos gigantes germánicos», una cuarta que se ha visto injustamente relegada y no ha tenido tanto favor de orquestas y público pese a ser una joya bien estructurada apuntando palabras mayores en una progresión anímica desde la orquestación hasta los tiempos de sus cuatro movimientos.

El I. Adagio preparó el ambiente beethoveniano antes de la frescura vienesa al mejor estilo de «papá Haydn», sacando lo mejor de la OFil en el ataque del Allegro vivace con los timbales mandando, dinámicas amplias, violines muy presentes ante el empuje del viento pero la claridad duraba lo que tardaban los pasajes en semicorcheas que volvían a empañar la limpieza de este movimiento. Más equilibrado resultó el II. Adagio porque los tiempos lentos son más propicios a brillar todas las secciones y el maestro inglés se encargó de sacar a la luz los motivos con mimo y precisión, balances logrados antes del III. Allegro vivace – Trío. Un poco meno allegro, encaje de bolillos para todas las orquestas y directores, diálogo entre secciones, contestaciones jugando con los matices y la evolución de tiempos dentro del mismo movimiento, todo marcado perfectamente por un Hasan de gesto claro, minucioso, un orfebre para este juguete plenamente beethoveniano aunque desde mi modesta opinión no sonó con la precisión que se transmitiía visualmente. El IV. Allegro ma non troppo puso el broche final con las mayores exigencias de una partitura endiablada que apostó por un aire arriesgado poniendo de manifiesto las «carencias» apuntadas en la orquesta y el rigor por parte del joven director inglés al que habrá que seguir de cerca. Final de una velada con un piano entre la niebla, la que parece planear en el futuro local ovetense ante los aguafiestas de políticos que siguen miopes en cuanto a la oferta musical que la capital lleva años manteniendo con calidad y rigor a la que siguen axfisiando poco a poco…

Díaz-Jerez, enólogo de Albéniz

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Miércoles 8 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica de Gijón, año 109, concierto nº 1.586. Gustavo Díaz-Jerez (piano): Iberia (Albéniz).
Es difícil personalizar y aportar novedades a la Biblia del piano que es la Suite «Iberia» de Albéniz, el verdadero testamento del compositor catalán y obra que no todos se atreven hasta entrada la plena madurez e incluso a la que muchos vuelven con la visión que da el tiempo, como con los vinos.

Todos tenemos «nuestras iberias» de referencia en vinilo o redigitalizadas cual añadas especiales y grandes reservas, entre las que atesoro Alicia de Larrocha, Guillermo González, Rafael Orozco, Esteban Sánchez o más recientemente  Luis Fernando Pérez Rosa Torres Pardo, incluso algunos directos pero más con piezas sueltas que al completo (tengo que revisar mi archivo para recordar cuándo fue la última vez).
El compositor y pianista tinerfeño Gustavo Díaz-Jerez (1970) será otro enólogo musical que pasará a engrosar mi lista de grandes intérpretes de Iberia, con un DVD novedoso en los medios utilizados (el primero rodado en alta definición) y tras registrarla hace ocho o nueve años en CD, esta vez pasándola por su tierra para darle un cuerpo distinto a unos viñedos canarios que rezuman musicalidad. El propio intérprete hablaba de este DVD comentando que «cuenta como grandes alicientes con las imágenes «de máxima calidad» y con planos poco habituales como los cenitales en que se aprecia en toda su magnitud las enormes dificultades técnicas que entraña para cualquier pianista salir vivo de los saltos, cruces de manos y sucesiones de acordes ‘imposibles’ que ideó Albéniz». Las doce impresiones en cuatro libros suponen la universalización del pianismo español y su escucha casi obligatoria para todo melómano además del examen permanente de todos los que se enfrentan a tan magna obra, y disfrutar del DVD todo un placer.

Pero el directo siempre es diferente y lo degustado en Gijón, abriendo las taquillas al público (la entrada a 20 €) en una excelente iniciativa de la Sociedad Filarmónica gijonesa, pasará a los anales porque pocos pianistas se atreven a afrontar Iberia completa en vivo, organizando los cuatro cuadernos casi como una carta de las Bodegas Albéniz expandiendo viñedos musicales por la piel de toro y que las distintas variedades de uva con el enólogo Díaz-Jerez pudiesen ofrecernos doce tipos de vinos jóvenes, frutados, reservas, excelencias e incluso el cava catalán con la receta francesa del gigante de Campodrón (Girona) para brindarnos una cata increíble.
El primer cuaderno con «Evocación», «El Puerto» y «El Corpus Christi en Sevilla» parecieron ofrecernos los vinos dulces de Jerez o la manzanilla de Sanlúcar bien presentados, vinos jóvenes y aromáticos ideales para abrir boca en cualquier estación del año, como calentando boca a medida que pasábamos de una provincia a otra.
Colocar el cuarto a continuación supuso mejorar el paladar, «Málaga», «Jerez» y «Eritaña» como si de un Pedro Ximénez seco pusiese el néctar hecho sol de la capital en el piano de Gustavo, brillo y profundidad, a continuación un Palo Cortado de alta graduación y generoso, color caoba brillante como los sonidos tamizados por Albéniz, antes de repos(t)ar en la famosa venta sevillana donde el vino se convierte en licor, verdadero y potente una vez abiertas las papilas auditivas, sacando toda la graduación sonora de un piano lleno de matices y la técnica al servicio de una partitura con muchos secretos por desvelar. Un placer el fraseo, el rubato en su sitio sin amaneramientos y la búsqueda del color en cada nota con un manejo de los pedales capaz de brillar en todas las tonalidades.

Tras el primer viaje por el sur y la parada necesaria, la segunda parte colocó los cuadernos centrales en el descubrimiento de nuevos olores, el enólogo del piano jugando con variedades propias, el toque personal de Gustavo Díaz-Jerez porque hasta el apellido tiene nombre vinícola. «Rondeña», «Almería» y «Triana» suenan al pronunciarlos y en el piano del tinerfeño con la hondura del flamenco tan unido al vino. Vinos de Ronda con denominación de origen Málaga, serranía abrupta y blana como la de Albéniz, pero llamados tranquilos y a partir de uvas francesas, el aroma de esta rondeña. Viajando hacia el levante por la costa llena de recovecos hasta Almería encontramos viñas en pleno desierto, y Gustavo Díaz-Jerez logra un vino espectacular como el choque climático, sabor propio con acento francés, el silencio como pidiendo otro trago que rompa en boca desde la profundidad musical. Y no se puede nadie olvidar de volver a Triana para disfrutar olores en el ambiente y en la copa, servida con azahar y naranjos, el ritmo y la magia sevillana en el mapa sonoro de Albéniz, creciendo en las manos del canario.
Plentamente metidos en ambiente, público, intérprete y obra remataríamos con el tercer cuaderno, «El Albaicín» granadino, cuestas llevaderas contemplando y respirando cante jondo, romero y taconeo percusivo además de la vista impresionante de Sierra Nevada, sinfonía de color y sabor, saber vivir esta página tan brillantemente escrita e interpretada por Díaz-Jerez (que como Albéniz sabe aunar lo francés con lo catalán) que el público rompió en aplausos antes de comenzar «El Polo», madurez compositiva de exigencia máxima para florecer entre tantas notas la hondura y amargura desde la distancia de un catalán que supo entender lo español sin tópicos, al igual que nuestro pianista volviendo a despertar pasiones entre los veteranos que siguen sintiendo estos conciertos como en el salón de casa. Y finalmente «Lavapiés«, habanera gaditana de ida y vuelta, el ritmo interior, las pausas, los contrastes sonoros de luces y sombras, colores de uva de la cepa a la mesa, limpieza con brillo en una verdadera lección de gusto interpretativo creciendo a lo largo de las doce imágenes sonoras, visuales, mentales con todos los sentidos.

De regalo y para brindar con las mismas Bodegas Albéniz nada mejor que un cava catalán también con aires de habanera como el Tango del que Gustavo Díaz-Jerez nos decía que tiene menos notas pero igual hondura, la aparente sencillez de la belleza.

La emoción como plena inclusión

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Viernes 24 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Mosaico de Sonidos«. OSPA, Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Obras de E. Aragón, J. Falcone, B. Lauret y M. Mussorgski. Entrada libre previa invitación (agotadas desde semanas antes).

Escribir del proyecto «Mosaico de sonidos» ya lo han hecho mejor que yo, por lo que transcribo y completo lo ya escrito por otros:

La obra que interpretaron la OSPA y la OFIL, dirigidas por Óliver Díaz, y que abrió el concierto, fue La flor más grande del mundo (2007), una partitura compuesta por Emilio Aragón sobre texto de José Saramago, sobre la que los participantes estuvieron meses trabajando con los propios músicos de la orquesta y con sus preparadores y monitores. Patrocinada por la AEOS (Asociación Española de Orquestas Españolas) que preside la gerente de la OSPA, Ana Mateo, y la Fundación BBVA.
La intención de los responsables del proyecto es que no sea un concierto extraordinario, sino que se incluya dentro de la temporada de abono de las orquestas, para que cobre fuerza la iniciativa de integración de personas con discapacidad en la sociedad actual. «No hemos querido que se trate de un concierto extraordinario. La integración social y la visibilidad de estas personas y sus capacidades se logran mejor en un concierto ordinario», apuntó Mikel Cañada, coordinador del proyecto y que lo presenta en el número de febrero de la revista Scherzo.

Meses de duro trabajo que arrancaron en 2015 a lo largo de toda la geografía española con los profesores de las orquestas, con discapacitados plenamente capaces de integrarse e interrelacionarse con la música no ya como terapia sino como verdadero cauce de sentimientos que transmitieron a un auditorio lleno hasta la bandera don familias, amigos, docentes, músicos, melómanos y no iniciados en el mundo sinfónico disfrutando todos juntos de un concierto especial, inclusivo e irrepetible como todos los espectáculos en directo que alcanzan el premio de la esperada cima tras el esfuerzo de tantas y tantas jornadas, esperando repetir y volver a explorar unas sendas ya conocidas.

«Plena inclusión» como proyecto en el que se ha implicado la AEOS para devolvernos a la sociedad lo que tanto les damos en palabras de Ana Mateo, y realmente con creces a la vista del éxito y sobre todo la emoción. Unir en el escenario a las dos orquestas de nuestro Principado, la autonómica y la capitalina, bajo la dirección de Óliver Díaz es ya un acontecimiento (creo que para finales de junio repetirán con la Resurrección de Mahler, esperando ver algún día una de Los Mil asturianos). Implicarse en este mosaico de emociones es un premio no ya solidario o educativo sino un hito que debe repetirse como el cuento para niños de todas las edades de Saramago hecho realidad. El concierto comenzó con la proyección de un corto de Ángeles Muñiz donde se mostraba parte del trabajo previo.

El relato por parte de los actores, músicos y voluntarios fue desgranando una historia con un final de apoteosis emotiva, «La flor más grande del mundo» donde en vez de deshojarla crecía, protegía y abría deseos de los participantes, totalmente suscritos por todos los presentes, presentándose y pidiendo sonrisas, lágrimas, vida a fin de cuentas, con la música de Emilio Aragón (artista integral) nacida para el corto del mismo título pero donde las imágenes fueron otras aunque igualmente emotivas, y la banda sonora esta vez asturiana de alma y corazón. Ambientes sonoros creados por la gran orquesta para la ocasión y los chicos, coreografías, cotidiáfonos, pinceladas de música de nuestra tierra como ese A coger el trébole (2017) de John Falcone (uno de los asturianos implicados en el proyecto junto a otros que figuran en el programa que he dejado escaneado), fragmentos de las Escenas asturianas (1976) del siempre recordado Benito Lauret, pasando por un gaitero para abrir espectáculo y cerrar como en las grandes ocasiones con nuestro himno que fuimos incapaces de cantar juntos ante el cúmulo de sentimientos que te cortan la respiración, poniendo la carne de gallina por el esfuerzo y valentía de enfrentarse a este concierto, pero sobre todo cuando el maestro Óliver Díaz cedió batuta y frac a Iván Vázquez para finalizar esta «flor» desde el podio mientras Díaz se unía al relato verbal (dicción tan buena como la dirección) como uno más, todos juntos para la verdadera y PLENA INCLUSIÓN unida a la emoción. Si la música es imprescindible en esta vida, este cuento con final feliz no tiene palabras porque son irrepetibles como los sentimientos.

La parte sinfónica tras tantas emociones, la ocuparon los Cuadros de una exposición (1874) de Mussorgski interpretados por miembros de las dos orquestas cambiando algunas posiciones y concertino (Vasiliev en la primera y Miljnic en la segunda) para una plantilla ideal donde lo que más agradecimos fue la cuerda (calcular desde los ocho contrabajos el total) para alcanzar el equilibrio deseado en partituras como esta orquestada por Ravel desde el original pianístico del ruso, una maravilla ver y escuchar cada número con una gama dinámica espectacular y un entendimiento nuevamente de «plena inclusión» de unos músicos que sumaron calidades para responder perfectamente a la dirección de Óliver Díaz a quien ambas formaciones sinfónicas conocen bien, uniendo los atriles principales para regalarnos unas estampas igual de emocionantes que la primera parte.

Especialmente brillantes los ambientes sonoros alcanzados con variedad de dinámicas y tiempos, sonoridades íntimas y explosivas con intervenciones solistas de gran calidad. Me quedo con el clima de El viejo castillo, la claridad del «ballet de los polluelos» en una cuerda que parecía llevar junta muchos años, el crecimiento emotivo de las Catacumbas y la salida triunfal por La gran puerta de Kiev que puedo decir resultó como otro gran castillo de fuegos artificiales para una fiesta de inclusión en unos tiempos donde la exclusión quiere imponerse, volviendo a demostrar que la música como único lenguaje universal, consigue lo impensable desde lo más profundo del ser humano: la sensibilidad que debemos regarla como «la flor más grande del mundo».

Laura Mota, juegos de piano

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Miércoles 22 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Año 109, concierto 1585: Laura Mota Pello, piano. Obras de Bach, Beethoven, Nielsen, Liszt, Debussy y Chopin.

PROGRAMA
Primera Parte:
J. S. Bach (1685-1750): Suite francesa nº 6 en mi mayor BWV 817 (Allemande, Courante, Zarabanda, Gavota, Polonesa, Bourre, Minuetto y Giga)
L. van Beethoven (1770-1827): Sonata para piano nº 23 en fa menor op. 57 “Appassionata” (1804-06): I. Allegro assai. II. Andante con moto. III. Allegro ma non troppo.
Segunda Parte:
Franz Liszt (1811-1886): Juegos de agua en la Villa de Este.
Claude Debussy (1862-1918): L’isle joyeuse (1904).
Frederic Chopin (1810-1849): Andante Spianato y Gran Polonesa op. 22.

Llevo tiempo siguiendo a Laura Mota, que aunque joven (nacida en 2003) tiene ya una larga carrera como concertista y prosigue sus estudios de Secundaria mientras el piano ocupa mucho de su tiempo con el maestro Francisco Jaime Pantín que ha sabido encauzar el talento de la pianista ovetense. Y es que sigue maravillándome su crecimiento en todos los sentidos, su talento y capacidad de trabajo para afrontar unos repertorios que músicos consagrados no se atreverían a tocar y menos en un mismo concierto. La centenaria filarmónica gijonesa apuesta por los jóvenes intérpretes y el Jovellanos es una pasarela de talento que abrirá la taquilla para los siguientes, además de la captación de socios sin los cuales la permanencia de estas sociedades viendo los tijeretazos de los regidores, está siempre pendiente de un hilo. De agradecer las notas al programa «Música para piano, de Bach al siglo XX» de Miguel Rodríguez Fernández-Bustillo para seguir culturizando desde el conocimiento.

Con echar un vistazo al programa que encabeza esta entrada, ya podemos darnos una idea de la complejidad no ya técnica sino de profundización en cada obra y autor sin ningún complejo. Abrir concierto con la sexta Suite francesa de Bach es todo un reto que superó con una claridad diáfana en los tiempos y el sonido, pureza teclística, brillantez y aplomo. Las ocho danzas contrapuestas lo fueron en fraseo, sentido del ritmo, limpieza melódica, contrapeso en ambas manos sacando siempre a la luz las notas precisas sin menoscabo de todo el ornamento que «el kantor de Leipzig» vuelva en estas composiciones alejado de la iglesia durante su feliz y corta etapa en Cöthen.
La segunda «B» de la música es Beethoven cuyas sonatas para piano suponen el «corpus» de todo intérprete y la conocida Appasionata uno de los pilares, pues el salto estilístico del clasicismo al romanticismo se aprecia sobremanera en los tres movimientos además del propio título. Laura Mota posee la frescura adolescente y el arrojo para dotar una obra de claroscuros en cuadros luminosos sin sacrificar sombras, nuevamente optando por la limpieza de trazo en vez de fuerza descontrolada. Con una gama dinámica suficiente, un pedal siempre en su sitio y digitaciones claras que no apuran los tempi nos dan la posibilidad de escuchar todas las notas nuevamente con el balance preciso incluso en el segundo movimiento mucho más denso y tortuoso para hacer sonar lo deseado, salvado no ya sin problemas sino aportando una madurez interpretativa que parece imposible al observar quién está tocando.
Para continuar esta barbaridad de repertorio, otros cuatro autores a cual más exigente, desde el danés Nielsen y el francés Debussy sin olvidarnos de los auténticos virtuosos románticos Liszt y Chopin. En castellano bagatela es una cosa de poca importancia y valor, por lo que la forma musical pueda parecer nimia, sinónimo de ágil y corta en duración con estructura ABA más coda final, pero las de Nielsen condensan mucho conocimiento técnico y cercanía con sus «compañeros de programa», el recorrido interior tras el físico, virtuosismo para un peregrinaje tan duro como el de Liszt, esos Juegos de agua del tercer año o el viaje secreto de Debussy La isla feliz impresionista e impresionante en la interpretación de Laura Mota antes del adiós definitivo a la Varsovia querida por parte de Chopin.

Este viaje desde la etapa adolescente de la propia intérprete desde la aún cercana infancia hasta la plena madurez que parece todavía lejana, donde Nielsen resultó, pese a los aplausos interrumpiendo, pequeñas páginas sonoras distintas y unitarias, coloridas y sentidas, breves frescos sonoros antes del increíble Liszt que, como el título, resultó nuevamente cristalino, acuoso y se me permite, femenino por belleza, delicadeza e inteligencia, nada al azar, ambiente etéreo que salpica la inocencia del momento. Y el francés Debussy como perfecto complemento histórico, parisino adelantado a su época y conocedor de las anteriores, igualmente viajero como todos los grandes artistas que en su escritura trasciende la descripción para plasmar instantes breves. Laura Mota se mueve con seguridad y aplomo en un discurrir por el teclado casi mágico, indescriptible, brillante, concentrado a la par que bello.
Pero el remate por excelencia es Chopin, el virtuoso y tortuoso cuya Polonia le acompañaría incluso hasta el más allá, haciendo de sus polonesas la quintaesencia de todos los pianistas. El Andante spianato seguido de la Gran Polonesa op. 22 no es fuego de artificio sino poso vital de largas trayectorias, y Laura Mota con 14 años parece haber estado siempre en el piano, profundidad y emoción, sonido potente sin aparente esfuerzo, dinámicas recogidas plenamente románticas, otro acento para el idioma de los viajeros sin más descripciones, el Andante casi como un nocturno y la polonesa llena de vigor. Asombro del que nunca salgo ante cada concierto de esta joven ovetense que está excepcionalmente dotada para comunicar desde el piano en todos los repertorios. El público tendrá sus preferencias, ella supongo que también, pero afronta épocas y autores con desparpajo y aplomo desde una apertura de miras que le permite empaparse de todo, asistir a los conciertos de pianistas como Sokolov con devoción y hacer suyas las sabias enseñanzas de quienes tienen el privilegio de contar con ella como una alumna única e irrepetible.

Y si todo lo anterior parecía poco, la propina de Granados y su Allegro de Concierto, op. 46 que me recuerda siempre a la añorada Alicia de Larrocha en estas mismas edades, virtuosismo de aire francés como el Chopin anterior en un nuevo fogonazo de talento, frescura y música a raudales con poso adulto. Para quien no la haya escuchado en vivo busquen su agenda para no perderse el próximo concierto.

Don Alfredo de la Roza, siempre

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Martes 21 de febrero, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra «Alfredo de la Roza». Mesa redonda en torno a Don Alfredo.
Doce años largos que mi querido Alfredo nos dejaba pero que su Escolanía San Salvador sigue manteniendo vivo en el recuerdo, no ya con este ciclo que lleva su nombre sino en el día a día y esperando que octubre sea el mes donde Oviedo tenga en su callejero a Alfredo de la Roza Campo (Santa Marina de Cuclillos, Siero, 5 de diciembre de 1925 – Oviedo, 31 de octubre de 2004).

José Luis, Sandúa, Ovín y Chema

Como novedad de la duodécima edición del ciclo se han incorporado las conferencias, una más académica sobre la Schola Cantorum del Seminario ovetense y esta mesa redonda que congregó a cuatro amigos, alumnos y compañeros en charla amigable, aunque muchísismos de los que asistimos también recordamos muchas de las anécdotas que fueron surgiendo desde la mesa. Ahí estaban José Luis Alonso Tuñón, párroco de San Isidoro que acogió a la Escolanía cuando la «desterraron» de la Catedral donde Alfredo era «Maestro de Capilla» pero sin ella, alumno y con los años amigo, pues el Maestro cercano acaba siendo amigo una vez pasada la dualidad docente-discente; José María Hevia, Chema para todos, sacerdote además de cantor y compañero quien supo aprender a entender los Salmos desde la música no ya escrita sino sentida mucho antes de rezarlos, también dando el paso casi lógico tratándose siempre de Alfredo. José Manuel Ovín De La Vega, otro componente de aquella increíble Schola, docente que «liberaba el dolor» de Alfredo al encargarse de los que por aquí decimos «de oreya dura» en el Seminario, incluso obligándoles a desfilar para comprobar que por lo menos ritmo tenían, anécdota recordada por José Luis, seguidor de esa escuela de dirección coral que Don Alfredo fue regando, impulsor también de los años dorados de una FECORA donde los cuadernos corales eran manuscritos dignos de imprenta, y tantas aventuras codo a codo. Y mi paisano Joaquín Sandúa, de escolano en Covadonga al Seminario de Oviedo bajo la tutela de Don Alfredo, compañero de andanzas en el Ochote Principado, también con amistades comunes, primero en la Escolanía San Salvador (a la que «recomendó» la nueva y actual sede tras el «destierro catedralicio») y sobre todo durante aquellos brillantes años de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» con Benito Lauret desempolvando el archivo catedralicio, llevándolo al disco y realizando giras con una formación vocal realmente excelente en aquellos años.

Habría para muchas más mesas con Alfredo en el recuerdo, Don Alfredo como le llamaban en el ochote (que tranquilizaba al director y no a la inversa), su humildad, él lo llamaba antidivismo militante, como una de las cualidades más mencionadas, alumno muchos años de aquellos cursos de dirección coral en Cervera (Lérida) porque ser autodidacta también necesitaba reciclar e incluso tener una titulación que ni siquiera recogió: los viajes en su Lambretta y sotana que no eran lo mejor para recorrer monumentos que iba «descubriendo» por aquella geografía de los años cincuenta, con su otra pasión por el Arte y la Historia contada desde sus vivencias, porque los datos ya estaban en los libros. También el tertuliano en los conciertos del Campoamor o el Auditorio (como recordaba Ovín y aún pude disfrutarlo en muchos descansos), el amor y respeto por todo tipo de música, su afición por la tecnología atesorando grabaciones de su idolatrada «Radio 2» (hoy Radio Clásica), su participación siempre de buen educador ambientando el Seminario con música y fútbol los domingos… fotógrafo, cinéfilo, y todo lo novedoso para un hombre de mente abierta en unos tiempos difícil que con él no parecían tanto. Ciertamente Don Alfredo fue único, y apenas se habló del compositor y transcriptor de tanta música, aunque mi admirado Ángel Medina lo hace como nadie en su blog. Surgió una anécdota sobre una «Salve a 8 voces» que ni siquiera recordaba haber escrito y compuesta tras una estancia en Montserrat que le inspiró para poder ofrecerla en Covadonga con la Escolanía y la Schola del Seminario en una proeza coral por entonces (inicio de los años 50), como nos recordó «Sandu».

También tengo mis anécdotas con Alfredo, algunas salieron a la luz pero quiero recordar la gracia que le hacían mis (malas) imitaciones de Chico Marx al piano durante los cursos de dirección coral de Covadonga allá por los inicios de los 80, o sus carcajadas con Les Luthiers, porque Alfredo siempre respetó «La Música», sin etiquetas, pidiendo «los finales piano» aunque tuviese que finalizar con Axuntábense más para regocijo canoro que directorial. Sandúa decía que seguía esperando encontrárselo de nuevo, y es que si «La muerte no es el final«, el recuerdo y la escuela de vida que Alfredo de la Roza nos dejó a tantas generaciones, siempre seguirá vivo.
El viernes «su» Escolanía cerrará esta duodécima edición aunque no estaré para contarlo, pero me consta que tengo su permiso porque la integración social con la música que supone el proyecto Mosaico de Sonidos redime cualquier pecado.

¡Gracias amigo!

La Ortodoxia rusa

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Viernes 17 de febrero, 20:30 horas. San Isidoro el Real, Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra Alfredo de la Roza. Doros: «Música Ortodoxa de la Catedral de San Basilio, Moscú».
DorosVruyr Ananikyan, tenor – Aleksandr Gorbatov, tenor – Aleksandr Kamyshintcev, barítono – Konstantin Senchenko, bajo-barítono – Bekseit Ryspaev, bajo.

El ciclo que homenajea a Don Alfredo de la Roza ha cambiado noviembre por febrero pero sigue contando con el apoyo popular volviendo a registrarse un lleno histórico ocupando totalmente el templo desde media hora antes del concierto del quinteto vocal Doros.

Dos partes de música coral rusa de distintas épocas y estilos pero cercanos al oído por tratarse de obras bien armonizadas diría que académicas, para mostrarnos la calidad de los componentes tanto individualmente, con solos de los cuatro, especialmente presente el barítono Aleksandr Kamyshintcev (mientras el bajo Ryspaev lo haría en la segunda de las propinas) bien situados en el programa, como del quinteto capaz de cantar imprimiendo emoción y calidad llena de excelencias, amplios reguladores, matices variados, emisión clara y cuantos calificativos vocales queramos añadir.

La gama de dinámicas bien trabajada según la partitura dejaba pianísimos impactantes perfectamente audibles en una iglesia de acústica apropiada y los fortísimos modulados sin perder nunca un sonido compacto, afinado, con un bajo profundo verdadero sustento de las variadas obras ofrecidas por los moscovitas, profesionales de la música y embajadores de sus compositores, muchos desconocidos pero con tanto oficio como sus intérpretes.

Armonizaciones para un quinteto de voces graves que destacaron la religiosidad de melodías y textos (sin traducir pero avanzados por los títulos de salmos y plegarias ortodoxas) salpicados por otras populares desde la sacralidad como los Doce ladrones, una balada rusa que aquí en Asturias se ha conocido por agrupaciones similares desde el Peregrino de la noche (Jaroff). Repaso histórico de obras anónimas junto a compositores desde el barroco de Deletsky, el clasicismo del italiano Sárti, Bortnyantsky o Degtyaréff, a la plenitud coral del XIX con Arkhangelski y el más cercano siglo XX con Khristov también famoso cantante búlgaro, o Tchesnokoff, el más presente dentro del programa, todos buenos conocedores de los recursos vocales al servicio del culto, la herencia europea con toques tradicionales rusos desde la tonalidad occidental para melodías que siguen sonando cercanas pese a la distancia geográfica.

Como decía, unos solistas de hermoso timbre y grandes recursos bien arropados por el cuarteto para obras de herencia occidental en cuanto a su composición, y quintetos de empaque que gustaron al respetable, sonido increíble que cerrando los ojos presumía mayor número de componentes, verdaderos profesionales del canto coral.

Tras agradecer la acogida, tres propinas con dos populares y una armonización del conocido Ave María de Schubert en latín, nuevamente permitieron disfrutar de la voz solista de Gorbatov, uno de los dos tenores, el más matizado y con timbre ideal para lo sacro, finalizando a las diez de la noche este segundo concierto del ciclo antes de la clausura el próximo viernes con la Escolanía San Salvador organizadora de esta cita imperdible con mucho apoyo popular, que este año incorpora conferencias y mesas redondas sobre la figura del querido y siempre recordado Don Alfredo.

PROGRAMA:
PRIMERA PARTE
El canto de los Querubines (Serbia)
Canto sobre la Natividad de Cristo
Aleksandr Arkhangelski (1846-1924)
Salmo 20
Dmitri Bortnyantsky (1751-1825)
Mi alma pecadora (Poesía sacra del norte de Rusia)
Glorificación de Dios (Salmo)
Nikolay Deletsky (1630-1681)
En tu Reino de la bienaventuranza
Bóris Khristov (1914-1993)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Señor, escucha mi plegaria
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
El Señor está elevado
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Amor santo
Georgy Svirìdoff
SEGUNDA PARTE
Concierto de Navidad
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Nuestro Padre
Nikolay Kèdroff, padre
¿Por qué me has abandonado?
Georgy Rùtoff
Canto consagrado al icono de la Virgen de Kazan
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
La cena
Aleksandr Lvoff
Canto de Pascua
Giuseppe Sárti (1729-1802)
Doce ladrones (Balada rusa sacra)
En memoria eterna del justo
Nikolay Kedróff, hijo
Veré los rápidos del río (Canción popular rusa)
arr, Victor Popov.

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