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Una medalla de oro para la ópera en Oviedo

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El lunes 26 de septiembre a las 12 horas tuvo lugar la entrega de la medalla de oro de la capital asturiana a la Fundación Ópera de Oviedo en el marco del histórico Teatro Campoamor, verdadero templo de la lírica española inaugurado hace 130 años y que desde hace 75 años mantiene la segunda temporada de ópera más antigua por detrás del Liceo barcelonés.

Mientras sonaban las «Escenas asturianas» del siempre recordado Benito Lauret a cargo de la Oviedo Filarmonía dirigida por Lara Diloy, iban acomodándose en el teatro autoridades civiles, militares, artística, docentes, mecenas, colaboradores, abonados y público que no querían perder esta matiné donde una de las señas de identidad de la capital del Principado acogía un acto emotivo para muchos que consideramos este coliseo como nuestra segunda casa. No pude dejar de recordar a mi abuelo Pachín con quien acudía en 1971 a mi debut operístico desde «gallinero» con un «Andrea Chenier» cantado por Pedro Lavirgen, el inicio de una pasión que me acompaña desde entonces. También a mis tíos Paco (presente desde otro Paraíso) y Mari Luz (que continúa asistiendo desde su juventud), y cómo no, a músicos conocidos que estuvieron en ese foso (César San Narciso, Rafael Veses, Carlos Luzuriaga, Alfonso Ordieres), a los actuales, a los aficionados que tanto me enseñaron en las tertulias de los descansos,  (especialmente a Octavio Núñez o Lalo) o la afición mierense de los Enrique Álvarez, Cienfuegos, Ocio y tantos más, hoy «presentes» en el escenario representados por Luis Álvarez «Payares» -también cantor en coros y hasta comprimario- a quien reconocí nada más levantarse el telón junto a un elenco con los imprescindibles que forman esta familia lírica: artistas, empleados de la Fundación, escritores, críticos, mecenas y abonados.
Comenzaba el primer acto con la obertura de la Manon (Massenet), título que abría la temporada de 1948, con Lara Diloy, asistente de la dirección musical de la temporada, al mando de una Oviedo Filarmonía imprescindible en el foso antes de que la mezzo carbayona María José Suárez y la soprano allerana Beatriz Díaz presentasen sobre las tablas la representación en escena.
Si las voces femeninas hacían la presentación, subirían cual tenor y barítono Alfredo Canteli, alcalde de Oviedo, y Juan Carlos Rodríguez Ovejero, presidente de la Fundación Ópera de Oviedo, ocupando las butacas en el centro mientras en un lateral cual atrezzo se veía la medalla y el pergamino.
Continuaría esta parte protocolaria con la lectura a cargo del secretario municipal del acta de concesión  del máximo galardón del consistorio ovetense, otorgada por unanimidad de todos los grupos políticos, lo que en estos tiempos marca un hito que sólo la lírica es capaz de aunar sentimientos y reconocimientos.
Nadie mejor que otro ovetense de genes operísticos, como Emilio Sagi, para hacer llegar en vídeo no solo el saluda sino el lógico razonamiento de esta muy merecida medalla, dando comienzo al propio ceremonial de entrega de tan alta distinción.
Discurso de Rodríguez Ovejero que no se olvidó de sus predecesores Jaime Martínez o Luis Álvarez Bartolomé (sus viudas recibieron el cariñoso aplauso de todos los presentes), de la historia operística ovetense, de esta temporada que celebra las bodas de platino (o mejor de brillante), agradecimientos varios, reflejar lo que supuso para ellos la temporada pandémica, un verdadero reto del que salieron airosos, y doy fe de ello, de la apuesta por títulos nuevos, y por todo lo nuestro desde los ámbitos más variados, así como recordarnos que la ópera en Oviedo es un verdadero motor económico por el que todos deberemos apostar y potenciar.
El «aria final» estuvo a cargo del alcalde, quien incidió en lo anteriormente expuesto por el presidente, de nuevo el reconocimiento a la temporada pandémica y titánica con 11 representaciones de dos títulos que han sido reconocidas en todo el mundo, haciendo una petición casi obligada a su amiga Berta Piñán (así se refirió a la Consejera de Cultura) de más apoyo económico para mantener la ópera de Oviedo y potenciarla, algo que todos entendemos y compartimos desde hace lustros, pues como en educación, la ópera no es un gasto sino una inversión. Pienso que de nuevo sigue siendo el verdadero motor que consigue unificar ideologías e intenciones.
Caería el telón y vendría el segundo acto ya plenamente lírico, como debe ser, sonando impresionante el Intermezzo de «Cavalleria Rusticana» (Mascagni), a cargo de la orquesta integrada en la Fundación Musical Ciudad de Oviedo que comparte y alterna foso desde su fundación con la OSPA, momentos nuevamente para el recuerdo a las temporadas mateínas «hermanadas» con la bilbaína, aquella Muñiz Toca reforzada con los vizcaínos (algunos se quedaron en Oviedo) para en doce días ofrecer una temporada donde cantarían todas las estrellas operísticas del momento (sólo faltó «La Callas»).
En las tablas de nuevo «La Suárez» pasaría a presentarnos la parte más esperada, la musical. Primero «La Bohème» (Puccini) que es el título más representado, y el aria de MimìDonde lieta usci a cargo de Beatriz Díaz, quien al fin debutará este rol en Alicante (aunque figura erróneamente como Beatriz Martínez) para junio de 2023 alcanzando uno de sus sueños como tantas grandes sopranos que han sido «Mussetta con alma de Mimì«. Maravillosa interpretación de nuestra cantante más internacional a quien escucharla siempre es un placer y más sobre las tablas con la orquesta en el foso para darnos una lección de entrega, gusto y emociones.
Si «La Díaz» es la voz de Puccini me envió a la temporada de 1975 con una Freni que me enamoraría poniendo la piel de gallina en ese mismo rol, y que también sería maestra de la allerana, el vídeo recopilatorio de los 75 años parecía mi película personal en el Campoamor, la propia italiana, títulos que sigo recordando y las apuestas de Golijov, la impresionante Diálogo de Carmelitas o la reciente Dama del Alba, auténticos regalos para mi vida melómana que desde hace 14 años reflejo por escrito en mis blogs, desde el primitivo de Blogger© al actual en WordPress©.
Y si Puccini es de los más queridos en Oviedo, Verdi es el más cantado en la ópera ovetense. Muchos recuerdos y emociones con el tenor gijonés Alejandro Roy, a quien conozco desde sus tiempos de estudiante, quien nos brindaría el aria La vita è inferno de «La forza del destino», un derroche vocal, poderoso, dominador de la escena con otro ejemplo para la historia: la pasión juvenil que alcanza el sueño de convertirse en nuestro tenor asturiano de referencia por los mejores teatros del mundo. Voces asturianas hoy representadas por esta pareja, y que acudían a la ópera del Campoamor para encauzar su vida profesional a este mundo único y apasionante. De la larga lista histórica, Díaz y Roy son dos de las voces actuales que siguen triunfando más allá del Pajares.
La hoy presentadora Mª José Suárez nos contaría la historia de la OFIL y su también merecido reconocimiento a su labor, para rematar Beatriz Díaz estos agradecimientos resumidos con tres palabras: Oviedo, Música y Cultura, sin olvidarse de todo el personal del Teatro Campoamor que bien conocen desde dentro, para que sonase con todos en pie y unos solistas únicos el Asturias Patria Querida.
La fiesta continuaría a las 13:30 en las afueras del teatro donde la lluvia no impidió la asistencia de numeroso público para escuchar las nuevas voces líricas, hoy en el Coro Intermezzo, el tenor mierense Gaspar Braña y Marta Arias con el piano Ella Esipovich cantándonos un dúo y arias del rey de la opereta Lehar o la Rusalka de Dvorak
Mañana de reivindicaciones, homenajes y muchas emociones que la ópera logra como nada en este Oviedo capital cultural que seguiré llamando «La Viena española».

Ampliando el repertorio coral asturiano

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Jueves 22 de septiembre, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Presentación de Lluna d’abril, «12 pieces corales» de Carlos Rubiera. Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», José Manuel San Emeterio (director), María Alvarez Santiago (acordeón). Entrada libre.

Se presentaba en el Teatro Filarmónica de Oviedo el último trabajo de José Carlos Rubiera Tuya (Caldones, 2 de febrero de 1956), para todos Carlos Rubiera, un álbum de partituras con doce piezas corales suyas que ha contado con el apoyo tanto de la Dirección General de Política Llingüística como de la Academia de la Llingua Asturiana (ALLA), que lo publica con el número 16 de su colección «Collecha Asoleyada«, un paso adelante del polifacético músico gijonés que con el título de Lluna d’abril se atreve con obras nuevas propias o adaptadas para seguir ampliando el repertorio coral.

Tras los discursos (en asturiano, pues se trataba de un acto «Fechu en Asturies») primero de Xosé Ramón Iglesias Cueva, secretario de la ALLA, y de Antón García Fernández, director general de política lingüística, el propio compositor comenzaría haciendo una breve presentación de esta aportación suya con letras en asturiano, criticando el asturiano amestau (la mezcla de asturiano y castellano que cohabita en nuestra tierra) de muchas otras obras populares. En el prólogo (o antoxana) el propio Carlos Rubiera escribe: «abúltame que n’Asturies nun andamos sobraos de repertoriu coral propiu; a pesar de ser la nuestra una comunidá con una llarga tradición d’agrupaciones corales populares y onde la xente yera (más de lo que ye) aficionao a cantar. Ye verdá qu’hai un repertoriu coral asturianu prestosu pa la xente y valoratible dende’l puntu de vista musical. Pero, too hai que dicilo, nel sen poéticu y llingüísticu, na música coral asturiana hai poco onde escoyer si se quier llevar pel mundu alantre con “arguyu de pais”», que también lo leería dejando claras sus intenciones y antes de dar paso a la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo« con su director José Manuel San Emeterio que cantarían ocho de las 13 partituras (el título dice 12 cantares pero La Capitana figura como bien explicó el propio Rubiera, en versión doble), trabajadas con el cariño que se necesita para un coro que va renovándose poco a poco en plantilla pero también en su repertorio.

El concierto comenzaría con dos canciones del oriente astur (Ribadesella y Llanes) para 4 voces «a capella»:
La Ponte que pasa el Sella y Virgen de Guía, melodías propias, que en versión coral, especialmente la segunda, toman otro rumbo al que nos tiene acostumbrado el cantautor gijonés.

Seguiría presentando Carlos Rubiera las siguientes obras: primero un Ave María profano que intenta remarcar tanto el empoderamiento femenino como la figura de La Deva o diosa astur antes del enfoque católico de la mujer como madre de dios.

A continuación Cuando pienso, una adaptación (como ya hiciese al español la cretense Nana Mouskouri) pero al asturiano del famoso coro de esclavos del «Nabucco» verdiano, el famoso Va Pensiero que ya estaba publicada «En Clave de Lluna» (2019), habitualmente con acompañamiento de piano y que ahora rehizo para cuatro voces y acordeón, con María Alvarez Santiago fiel al «original» y todo lo que supone un instrumento capaz de respirar con las voces cual órgano o armonio, consiguiendo crescendi imposibles en un piano, con un coro algo desajustado aunque mejorarían al bisarlo como regalo.

Tras la emoción confesada tras este canto de libertad por el mismo Rubiera, continuaría comentándonos que de las doce obras, la mitad son habaneras, narrándonos el origen de esta forma y de la emigración tan nuestra a Cuba, haciendo de este género algo no solo del norte de Peñas al Golfo de Vizcaya sino también del Mediterráneo, canciones con mucha tradición en nuestras formaciones pero donde faltaba cantarlas en asturiano, recordando la suya (desde 1987), La Capitana que no suele faltar en muchas fiestas desconociendo muchos que es suya la autoría pese a ser considerada, y lo es, una habanera asturiana popular. Explicaría que le ha dado otro sentido desde una estrofa popular que él mismo hizo crecer, y que al menos ya queda documentada «oficialmente», escrita coralmente con el acordeón que le da todo el sabor marinero, escrita con dos versiones: a 5 voces en la tonalidad de sol mayor, más exigente en los agudos, y otra más cantabile a 4  voces en re mayor. Esta tarde sonaría junto a otras tres, comenzando con De Candás a Torrevieja, un viaje musical del Cantábrico a la capital de las habaneras, Americanu del pote, la crítica a los emigrantes que no fueron indianos ni tampoco ricos, con la crítica necesaria, «coña marinera», y el inconfundible espíritu habanero para finalizar igualmente crítico con Rey del pantalán, en cierto modo los llamados «toreros de salón» trasladados a los marineros de tierra firme que presumen sin salpicarse de salitre (y nada que ver con el emérito navegante).

Y finalmente llegaría a capella la versión «difícil» de la más popular de sus habaneras, La Capitana que ahora llega a «Generala» con una adaptación exigente en la tesitura más aguda (quedó algo gritada) pero engrandecida para la habitual «de chigre». Quedaría sin escucharse, aunque la citase, otra como
Van pa La Habana. No pude tener las partituras y los títulos están tomados en el teléfono según iba presentándolas Carlos Rubiera.

Tras las palabras de despedida del director del coro y los aplausos merecidos, repetirían con Verdi al que también en las sidrerías adaptamos al asturiano («Va pa Siero, camín de Noreña…») que escuchando Cuando pienso adquiere el mismo hipnotismo hímnico del risorgimento italiano trasladado a una Asturias que también necesita renacer. La cultura es la mejor arma, «quien canta su mal espanta» y los coros el mejor ejército armado con nuevas partituras que Carlos Rubiera sabe de su alcance sin más deseos que actualizar la munición «fecha en Asturies». Por finalizar en nuestra llingua: Nun ye momentu de falar, meyor cantar.

Asturias ópera universal

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Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos, recortes de prensa y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) lleva media vida, con su ópera «La dama del alba» de la que los primeros esbozos datan de finales de los 80 (aunque fechada entre 1991 y 2003), que al fin se ha estrenado este domingo once de septiembre para inaugurar las Bodas de Platino de la Temporada de Ópera de Oviedo. Mi admirado Luis ha sido y sigue siendo no solo un docente y pianista de referencia sino también uno de nuestros compositores más activos y relevantes del panorama musical desde hace más de medio siglo, con repertorio y obras que abarcan prácticamente todos los géneros y estilos, desde la adaptación y asimilación de material folclórico hasta la música indeterminada. El libreto, también suyo, inspirado en la obra de teatro homónima del escritor asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965), es un drama rural escrito en 1944 durante su exilio bonaerense y estrenado en la capital argentina el 3 de noviembre de ese año, nada menos que por Margarita Xirgu junto a Alberto Closas, Susana Canales y Amelia de la Torre, verdaderas figuras en la memoria de muchos de mi generación.
La obra teatral comienza «En un lugar de las Asturias de España. Sin tiempo» dejando claras las intenciones de Casona y del propio Vázquez del Fresno: el dónde para configurar un espacio dentro del imaginario colectivo pero no el cuándo que apenas importa, en cualquiera de nuestras «aldeas» pues Asturias siempre es inspiradora desde el exilio, sea físico o interior, con la lucha del amor como fuerza más poderosa que la muerte entre el vigor de la naturaleza que todo lo invade, energía y música vital contra el dolor y la acechanza de la parca seductora que no pierde vigencia en este “Paraíso Natural” además de atemporal, bien llevado a la escena por otro asturiano universal como Emilio Sagi en tándem con Daniel Bianco más la iluminación de Albert Faura, un auténtico acierto que encumbra este teatro cantado, conjunción de lo real y lo onírico en un bosque de robles otoñales y estivales, todo un éxito que arrancó grandes ovaciones.
La música del compositor no solo realza la prosa poética del dramaturgo de Cangas de Narcea, eliminando escenas y diálogos pero manteniendo lo esencial, siempre respetando los textos a base de motivos reconocibles y pegadizos cual leit motiv o idea fija desde sus años de formación parisina, evocando las notas de la melodía asturiana “sal a bailar buena moza” que encajan perfectamente en la letra que Casona pone en boca de sus personajes, también la orquesta, de plantilla amplia con gran percusión e incluyendo también piano, arpa o saxofón y hasta efectos sonoros, forma parte de la propia acción completando momentos de tensión o remanso con un estilo propio que bebe de todo tipo de recursos donde no falta un toque cinematográfico de musical. En este sentido la OSPA fue tan protagonista como las voces para una partitura realmente compleja y muy exigente para todos, especialmente para todo el elenco vocal que apenas tenía referencias, con tesituras extremas donde los graves no siempre resultaron suficientemente audibles pero que el maestro avilesino Rubén Díez siempre intentó mantener el equilibrio entre foso y escena, volcado en este estreno que puso a prueba cada intervención, destacando la obertura y un hermoso interludio del segundo acto muy aplaudido, que marcaba el cambio del invierno al verano tras las siete lunas.
De la parte vocal quiero comenzar destacando al coro titular dirigido por Pablo Moras, con mucha participación fuera de escena que supone un hándicap, contestando la acción como flotando, pero solventado con éxito y mucho ensayo previo, y no digamos su presencia protagonista como aldeanos en la Noche de San Juan o al final de la obra verdaderamente emocionante. Voces muy trabajadas y homogéneas junto a una escena que redondeó este estreno.
También importante el papel que desempeñan los niños: Ruth González como Dorina, con más protagonismo y un color natural perfecto para su rol, más Andrés y Falín cantados por Irene Gutiérrez y Gabriel Orrego de la Escuela «Divertimento», verdadera cantera infantil con una profesionalidad digna de admiración (aportando los dos repartos).
Lo más destacable de la ópera es el papel de la omnipresente muerte, “La Peregrina” que Vázquez del Fresno escribe para contratenor, una voz sugerente para la ambigüedad, de una carga dramática reflejada en su partitura con la que Mikel Uskola hubo de luchar toda la obra, especialmente en los graves poco audibles, pero compensado por los momentos de ternura como la escena con los niños. Inconmensurable su trabajo y entrega pese a su juventud, que se cura con los años, y la voz también.
Son los personajes femeninos sobre los que pivota el grueso de la acción aunque los masculinos sean el contrapunto necesario, elegidos todos en tesituras “clásicas” pero también por los distintos colores, comenzando por el abuelo de David Lagares con un peso escénico y vocal importante que el bajo onubense defendió con solvencia y buen cuerpo, el breve y efectivo Quico del tenor asturiano Juan Noval-Moro con volumen más que suficiente, y el complejo Martín del tenor uruguayo Santiago Vidal que fue de menos a más como su personaje, destacando su dúo con Adela de la escena undécima.
Las mujeres de aldea, duras, matriarcas, también tuvieron que bregar con registros no siempre cómodos y líneas de canto exigentes, luchadoras como sus personajes, comenzando con dos mezzos: la sufrida Telva de la bielorrusa y asturiana de adopción Marina Pinchuk que pasa del dolor por la pérdida de sus siete hijos en la mina (escenificados por robles) a la emoción con los niños o la complicidad con el ama y con Adela, bien reflejado en sus intervenciones; la apenada, esperanzada y finalmente convencida aunque dolorosa madre de Sandra Ferrández, papel menos agradecido pero lleno de matices con momentos de calidad y complicidad en sus dúos.
Y quedan las sopranos: Beatriz Díaz, la más internacional de las nuestras, encarnó a una Adela de tesituras extremas y no siempre agradecidas, poderosa en los agudos, pianos sobrecogedores, gusto en la escena con los niños, entrega total en el dúo con Martín y una línea de canto segura pese a unos graves demasiado exigentes, explotando su ya conocido potencial sobre escena; breve pero igualmente entregada e intensa la Angélica de la pacense Carmen Solís, desgarradora, plena de intensidad vocal y emocional, con color parecido a quien Martín la supliría en su corazón, otro acierto en la elección del elenco.
Estreno esperado de casi tres horas, con una primera parte algo lenta, como la espera de la parca que ahuyentó a parte del público, y la luminosa segunda donde fuimos reconociendo los motivos para llegar al final por todo lo alto con el Campoamor, de gala para este regalo de cumpleaños, aplaudiendo largamente esta ópera de nuestro tiempo y a todos los que hicieron posible esta “Dama de Luis” con un compositor feliz de ver cumplido un sueño. Y mi felicitación para la ópera ovetense por seguir programando obras actuales en la temporada de los 75 años.
El martes 13 asistiré, si nada lo impide, a la segunda función para escuchar y volver a disfrutar con esta obra de mi tiempo por voces de hoy para el futuro.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 11 de septiembre de 2022, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: Estreno mundial “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno con libreto inspirado en la obra de teatro homónima de Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Reparto:
PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: David Lagares; TELVA: Marina Pinchuk; MADRE: Sandra Ferrández; ADELA: Beatriz Díaz; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: Carmen Solís; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Irene Gutiérrez*; FALÍN: Gabriel Orrego*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); *Escuela de Música “Divertimento”.

La historia al fin cantada

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Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

 
Reseña para La Nueva España del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), recortes de prensa y tipografía cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Estreno mundial para las Bodas de Platino de la ópera ovetense con esta dama universal de Alejandro Casona contada al fin por Luis Vázquez del Fresno, y cantada por un elenco bien elegido en color y tesitura sobre esa escena de Emilio Sagi que entiende como pocos el “teatro cantado”.
Todo un equipo desde Asturias al mundo, como así la sintió desde el exilio argentino Casona para redondear este regalo de cumpleaños apostando por esta obra esperada tras toda una vida musical como la del gijonés Vázquez del Fresno, escrita desde un estilo propio con una madurez musical envidiable, exigente para todos los intérpretes por los registros extremos, agudos al límite y graves difíciles de escuchar, pero con el objetivo cumplido de cantar esta historia de todos conocida donde texto y música se suman para una acción lenta como la espera peregrina.
Campoamor de gala con presencia de autoridades y cargos públicos, de artistas en las butacas compartiendo emociones con familiares de Casona y Luis, junto a la siempre entendida y fiel afición que atesora mucha experiencia lírica labrada desde aquel 1947, todos llenando este domingo histórico pleno en ilusión y esperanza.
Grandes actores pero sobre todo actrices: solistas y coro, cantando al amor y la muerte, sintiendo esa lucha vital, con una OSPA subrayando magistralmente los textos y llenando la acción sin palabras contando con una amplia plantilla de calidad contrastada en un intermedio muy aplaudido, orquesta colorida además de segura desde el foso, bajo la dirección concienzuda del avilesino Rubén Díez, detallista, atento, mimando las voces en una escena tan nuestra y atemporal como nuestro ovetense Sagi junto a Daniel Bianco sumando la extraordinaria iluminación de Albert Faura que resaltó y encumbró esta ópera de difícil asimilación para muchos de los presentes pero plena de simbolismos y colores (como los siete robles en memoria de los mineros muertos, hijos de Telva).
Destacable el trabajo e implicación de todo el elenco vocal, desde esta Asturias universal, de adopción o nacimiento, transmitiendo la magia lírica, personajes reconocibles hasta en los nombres, reales y ficticios.
Interesante contar con el contratenor Mikel Uskola como Peregrina, gran acierto del compositor (quien pensó originalmente en Carlos Mena) en un rol complicado, algo opaco en el grave (como casi todas las voces), omnipresente y exigente pero también emotivo, especialmente en el conjunto con los tres niños: Dorina, Ruth González, la más protagonista, junto a Falín y Andrés, Gabriel Orrego e Irene Gutiérrez (bravo por esas voces de la Escuela Divertimento).
Impecable el abuelo de David Lagares rotundo y emocionante junto a la Telva de Marina Pinchuk defendiendo su papel con calidad y calidez.
Poderío escénico de la madre Sandra Ferrández, vocalmente exigente (para todos) y la pareja de sufridos enamorados, Adela y Martín, en las bellas voces de Beatriz Díaz siempre entregada y completa en su actuación, junto a Santiago Vidal capaz de completar registros contradictorios bien resueltos en cada intervención, con dúo cargado de emociones además de buen empaste.
Breves papeles pero necesarios los de Quico por Juan Noval-Moro claro e incisivo además de sobrado en volumen, y la Angélica de Carmen Solís resolutiva, plena, desgarradora y volcada en intensidad.
Más otra ovación para el Coro “Intermezzo” de Pablo Moras, solvente fuera de escena, flotando y contestando la acción, e impresionante como pueblo en la mágica noche de San Juan, danza prima incluida.
Éxito en este esperado estreno con mujeres protagonistas para las bodas de platino de nuestra ópera carbayona más universal que nunca desde la Asturias mágica y atemporal.

Sigue el verano musical con «orbayu»

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Viernes 2 de septiembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: OFIL Contigo, Conciertos de Verano. Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (oboe), Júlia Gállego (flauta), José Vicente Castelló (trompa), Guilhaume Santana (fagot), Lucas Macías (director). Obras de Schubert y Mozart. Entrada libre.

Podemos hacer un refrán que diga «A mal tiempo buena música» y como la canícula asturiana es fresca y suele tener de compañero al orbayu, estos conciertos de verano, que más parecen mateínos ante la cercanía de las fiestas de la capital, cambió este viernes su ubicación en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo por el siempre mejor por todo auditorio: aforo, comodidad, acústica… Y nada mejor que comenzar con un programa ameno de la orquesta carbayona con su titular Lucas Macías al frente, quien antes de comenzar dio las “gracias por el amor y el apoyo que nos dais” en un patio de butacas lleno para este primer programa del ciclo de la OFIL Contigo en verano que se repetirá el lunes 5, en la temporada de la programación de Cultura Oviedo.

En este primer concierto con público variopinto se interpretó la tercera sinfonía de Franz Schubert, acompañada de Mozart y su sinfonía concertante con un cuarteto solista unido por la amistad de muchos años y el amor musical con el onubense titular de la formación liderando desde el oboe.

La Sinfonía nº 3 en re mayor, D. 200 (1815) de Franz Schubert es luminosa de principio a fin con cuatro movimientos (I Adagio maestoso – Allegro con brio; II Allegretto; III Menuetto: Vivace – Trio; IV Presto vivace) que nos recuerdan en este Schubert de solo 18 años tanto a Mozart como a Beeethoven, incluso, y especialmente en el primer movimiento, con aires de obertura cómica rossiniana. La orquesta ovetense permutando violas y cellos más los tres contrabajos con tarima para reforzar un poco la sonoridad, sacó músculo desde una tímbrica clara, rotunda, aires muy del gusto de Macías, pudiendo disfrutar de unos solistas de viento sólidos y con muchas tablas en repertorios como el del vienés, destacando la clarinete y el oboe, siempre bien arropados por una cuerda (comandada por Marina Gurdzhiya) cada vez mejor en empaste y precisión. Interesante la visión del titular en el gran repertorio sinfónico (habitualmente memorizado), permitiendo escuchar cada motivo melódico muy presente, las contestaciones, jugando con las dinámicas a las que su orquesta responde sin fisuras. El Menuetto mantuvo la línea de claridad y concisión, para triunfar en el último y «arriesgado» final. Si la tarde era gris, la luz se hizo con esta «tercera».

Sin pausa llegaría la Sinfonía concertante para flauta, oboe, trompa, fagot y orquesta en mi bemol mayor,  K. 297b de W. A. Mozart,  con todo lo que supone su controvertida autoría e intrahistoria. Sea o no del genio de Salzburgo es una maravillosa partitura para un cuarteto de solitas amigos y así la entendieron Lucas Macías (oboe), Júlia Gállego (flauta), José Vicente Castelló (trompa) y Guilhaume Santana (fagot) en sus tres movimientos (Allegro – Adagio – Andante con variazioni) con la OFIL «sonando a foso» pues tiene mucho de operístico este cuarteto de viento, sobre todo el movimiento central donde poder disfrutar de cada uno de los solistas: la expresividad y sonido penetrante del oboe; la fluidez de la flauta (en otras versiones sería un clarinete) con una amplia gama de agilidades aunque un volumen algo menor que el resto, las elegantes agilidades de la trompa en el registro agudo al alcance de pocos solistas, y las muchas funciones del fagot como línea de bajo o de tenor así como un virtuosismo impresionante. Calidad suprema y entendimiento entre todos, alegría desbordante en cada intervención solista y un buen logrado balance de cada uno de ellos aunque la trompa la escuchásemos «hacia atrás», pero equilibrando los volúmenes incluso con las dos de la propia orquesta. Aromas escénicos de Mozart para preparar los 75 años de la Ópera de Oviedo que arrancará el domingo 11 con un estreno mundial.

La química entre orquesta y titular (en esta obra más solista) se notó en todo momento y es una alegría enorme comprobar el acierto en su elección, así como el crecimiento en calidad de esta filarmónica carbayona que además de su ya contrastada versatilidad se la nota feliz sobre las tablas del auditorio. El lunes segunda entrega probablemente en el recinto previsto para este «verano con orbayu» y mucha música de la buena.

La música en el Camino de los Derechos Humanos

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Jueves 1 de septiembre, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Isabel Pérez Dobarro (piano), Devorah Sasha (cantante).
Se presentaba en la capital asturiana, Origen del Camino de Santiago, el Proyecto de la Fundación ISHR con sede en Miami, «»Ruta de los Derechos Humanos» en el Camino Primitivo» con la intención de escuchar a la pianista Isabel Pérez Dobarro y el estreno mundial de Perfect World, obra compuesta por el malogrado italovenezolano Pablo Manavello (Treviso 1950-Miami 2016) inspirado en los Derechos Humanos (DDHH) a cargo de la cantante caraqueña afincada en Miami Devorah Sasha (1957), pero ya se sabe que estos eventos donde confluyen muchos intereses y agradecimientos, ocupa más la parte protocolaria que la musical, siendo realmente el broche del acto que pese a todo resultó interesante aunque excesivamente largo.

Con algo de retraso sobre la hora prevista, se visionó un vídeo previo con Devorah Devo Sasha y Elizabeth Sánchez Vegas, hablando del camino primitivo y su experiencia, de los DDHH más necesarios que nunca en estos tiempos de guerras, su fundación International Solidarity for Human Rights (ISHR) de la que son directora y presidenta respectivamente, que como apuntarían antes de que sonase la música, un sueño que arrancaría en 2015 y al fin pudieron lograr este primero de septiembre siete años después.

Antes de la presentación y bienvenida a parte del equipo directivo y comentando la marca «Oviedo Origen del Camino«. No faltó al acto el mierense universal Padre Ángel, aplaudido por una sala llena, y que ayer celebraba los 60 años de su propia Fundación que arrancaría con el «otro Ángel», Silva, desde aquella Cruz de los Ángeles que no ha parado de sumar alas.
Hubo momento para recordar al rey asturiano Alfonso II El Casto, auténtico fundador de este camino a Santiago hace doce siglos y llegarían los discursos, primero Alfredo García Quintana, concejal de turismo del Ayuntamiento de Oviedo, ante la ausencia del alcalde Canteli, sumándose a esta presentación dando la bienvenida a los alcaldes y concejales, asturianos y gallegos por donde transcurre este Camino Primitivo, autoridades varias y las empresas implicadas además del público que llenó la sala de cámara. Nada menos que 30 placas de Eladio de Mora con cada uno de los DDHH en ese Camino y además en esta ciudad de melómanos la presentación mundial del Himno con su intérprete y después el piano de la pianista gallega Isabel Pérez Dobarro (Santiago de Compostela, 1992).
Continuaría Elizabeth Sánchez Vegas como presidenta de ISHR animando a todos a ser “voceros” de su proyecto y divulgación, a continuación el artista Eladio de Mora con los respectivos agradecimientos a la presidenta de ISHR y su granito de arena al proyecto inspirado en el propio camino, explicando los motivos en bronce de las treinta placas con una estrella, la concha de peregrino rodeando la leyenda «»Camino de los Derechos Humanos» donde figura cada uno de los 30 artículos en inglés y español.

Benjamin Alba Menéndez, empresario y peregrino, contaría sus experiencias junto a su esposa desde el Hotel Palacio de Merás en Tineo convertido en albergue de peregrinos y con la placa número 7 («Tengo derecho a ser igual ante la ley»).

Begoña Panea de la plataforma WhereIs celebrando los 10 años de su empresa y hoy logrando al fin esta presentación tras el parón de la pandemia con agradecimientos a todos los presentes y leyendo cada alcalde de los municipios por los que transcurre este peregrinaje dentro de la Asociación de Empresarios del Camino Primitivo.

No podía faltar la autoridad autonómica pertinente, esta vez José Antonio Garmón Fidalgo, director general de gobernanza pública, transparencia, participación ciudadana y agenda 2030 (menudo cargo) glosando el origen del camino, los DDHH, la declaración de la ONU o las dos placas en Oviedo.
Y tras cuarenta y cinco minutos al fin llegaría la esperada parte musical. Isabel Pérez Dobarro nos hablaría de lo interesante de este evento y del camino como compostelana y música, activista en el amplio sentido de la palabra, hablándonos con su soltura habitual, algo que siempre se agradece en EEUU y comentando el desarrollo musical de su programa del que habló en Harvard, de la conexión musical desde el Códice Calixtino y el público asistente a su conferencia en la prestigiosa universidad yanqui, tantas nacionalidades distintas que habían hecho precisamente ese camino, mostrando todo su apoyo a la iniciativa por lo que supone.
Su viaje musical internacional lo centraría como es habitual en su larga trayectoria concertística (estuvo hace once años en Gijón como alumna del asturiano José Ramón Méndez que la llevaría a los EEUU y el pasado año dando un concierto para su Filarmónica), recuperando a compositoras olvidadas tras indagar en ellas cual arqueóloga del piano. Un placer escuchar su selección que comenzaría con dos francesas poco conocidas: Mel Bonis (1858-1937), apoyada por César Franck en el Conservatorio de París y amiga de Debussy, con su Preludio op. 10, y Hélène de Montgeroult (1764-1836), de estilo clásico pero obras ambas de virtuosismo y fuerza, reflejo del lenguaje de la época en que vivieron y dignas de escucharse junto a los habituales caballeros, pues es hora de reivindicar el acallado talento femenino en la historia de la música.
La tercera compositora en «descubrir» nos pidió primero adivinarla, y tras escuchar ese «aire chopiniano» nos contaría quién fue la polaca María Szymanowska (1789-1831), casada con Josef Szymanowski, tras su Nocturno en si bemol mayor anterior al propio Chopin del que se considera su precursora, y que triunfaría en San Petersburgo como la primera pianista de la Corte Imperial Rusa donde moriría.
Otra francesa de «inspiración polaca» pero más cercana, la pequeña de la familia de Manuel GarcíaPauline Viardot de la que su Mazurca volvió a demostrar la calidad de esta cantante y compositora en la interpretación de Isabel Pérez Dobarro, una de las pocas triunfadoras en vida que está por fin siendo habitual en los programas, siendo la gallega su mejor embajadora en América.
Si este camino de derechos y arte, de música y meditación que une Asturias y Galicia, nada mejor que otras dos obras de nuestro tiempo, primero del cántabro afincado en nuestra tierra Israel Lopez Estelche y una de sus Plegarias al piano una verdadera exquisitez en las manos de la compostelana, para seguir con su paisana Carme Rodriguez, una página encargada a ella, Alalá das paisaxes verticais, maravillosamente interpretada por Isabel.
Para concluir una obra también actual del tinerfeño Juan Antonio Simarro, Cuatro acordes para expresarme, apostando tanto por las compositoras de antaño como por obras actuales, disfrutando y haciendo disfrutar con todas, y ya pasadas las nueve de la noche antes del esperado estreno.
El himno compuesto por el tristemente desaparecido Pablo Manavello, hoy en otra dimensión pero presente con su música, pregrabada pero con la voz en vivo de Devorah Sasha, cantada en inglés y el recitado en español, seis años para un sueño cumplido al fin, la defensa de los DDHH por esta venezolana comprometida y el himno Perfect World, la voz sentida con una música muy del gusto estadounidense.
Y el colofón sorpresa del ovetense coro femenino astur-venezolano de la Asociación Sociocultural AVAO dirigido por Daniel Josué Lugo Añaez, cantando nuestro himno asturiano con el público en pie. Me hubiese gustado más música y menos discurso pero el evento así estaba programado.

ComienzOS PAra ilusionar

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Este primero de agosto se presentaba la nueva temporada 2022-23 de la OSPA en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo con la asistencia de la Consejera de Cultura, Política Llingüística y Turismo Berta Piñán, la gerente Ana Mateo, parte del Consejo Rector y sobre todo del esperado titular para los próximos tres años: el portugués Nuno Coelho (Porto, 1989), director titular y artístico que con su cercanía desgranó lo que todos tenemos ganas de disfrutar a partir del 14 octubre en Oviedo (un día antes en Gijón).

Las tres líneas maestras o piedras angulares, como figuran en el dossier de prensa que nos hizo llegar la responsable de comunicación Marta Barbón, fueron comentadas tanto por el maestro como por la gerente y básicamente serán:

El programa «Colaboradores artísticos», el evento multidisciplinar «OSPA Fest» y el proyecto «OSPA participativa», tres hitos para una temporada titulada Nuevos comienzos, con una mezcla de continuidad e innovación, pues en todo comienzo es imposible partir de cero y lo que funciona debe mantenerse.

Habrá 15 conciertos de abono en Oviedo, 11 en Gijón, 10 conciertos extraordinarios (como el de los Premios FPA, Noche de Difuntos, Noche San Xuan, Lletres asturianes o Semana Santa…), la participación en dos títulos de los cinco títulos de la 75 temporada de Ópera de Oviedo (el esperado estreno de La dama del alba del gijonés Luis Vázquez del Fresno y Hamlet de Ch. L. Ambroise Thomas), dos conciertos de cámara, dos conciertos escolares (recuperando al fin el consolidado LinkUp! que la pandemia interrumpió abruptamente) y por supuesto el contacto con el Principado de Asturias en los ciclos «OSPA de cerca» y «Camín» que lleva la orquesta de todos por pueblos y lugares emblemáticos de nuestra geografía.

No es necesario ahondar en las anteriores visitas de Nuno Coelho a la OSPA que siempre han dejado un excelente sabor de boca a todos, tanto aficionados como músicos de nuestra formación, por lo que la ilusión y esperanza para las próximas temporadas reina en el ambiente, demostrado en la presentación con numerosos abonados que recibimos la invitación para el evento. De los llamados «colaboradores artísticos» hasta 2025 una nómina de conocidos y queridos artistas, desde el Cuarteto Quiroga, tanto camerístico como en los primeros atriles (auténtica novedad enriquecedora), Javier Perianes o el siempre bienvenido Roman Simović, pasando por la violista Sara Ferrández (que tan buen sabor de boca nos dejó), la mezzo Fleur Barron (a quien no pude escuchar en el Hansel & Gretel) con unas buenas ideas para conjugar músicas oriente-occidente, y especialmente el compositor valenciano Francisco Coll. Casi todos enviaron unos videos de saludo transmitiendo tanto la especial vinculación con el maestro Coelho como con la OSPA, contagiándonos esta ilusión para las tres temporadas donde el repertorio será amplio, desde el barroco hasta los imprescindibles R. Strauss o Mahler (seguiré esperando algún día una Octava en Asturias).

Interesantes para mí dos propuestas: la «OSPA Fest» con dos semanas de conciertos en torno al 23 de abril con las efemérides de Cervantes y Shakespeare que tanta literatura musical llevan paralelas (Gerhard, Ravel, Ibert, Telemann, Dvorak, Prokofiev…) y la «OSPA participativa» para el Concierto de Semana Santa donde volveremos a escuchar el Requiem de Verdi con el Coro de la FPA (histórico el de su director honorífico López Cobos sumándose el Orfeón Donostiarra allá por octubre de 2005, con grabación para RTVE) que contará con Adriana González (soprano), Silvia Tró (mezzo), Matthew Rose (bajo) sumándose amateurs tanto alumnos del CONSMUPA (que continúa la colaboración mutua) y distintos coralistas de nuestro Principado, todos bajo la dirección de Nuno Coelho, un privilegio para todos poder interpretar tan maravillosa obra que aúna la mejor música sacra con el espíritu operístico asturiano.

Y dentro de las habituales invitaciones a directores y solistas volveremos a tener en el podio a Pablo González, Carlos Mena, Álvaro Albiach o el finlandés Ari Rasilainen (que siempre ha hecho sonar muy bien a la OSPA) sin olvidarse del talento femenino cada vez mayor, con Eli Chan, Ruth Reinhardt, Lorenza Borrani o Anna Rakitina. Otros nombres propios, conocidos y por descubrir, desde los pianistas Luis Fernando Pérez, Alessio Bax, los cellistas Pablo Ferrández o Daniel Müller-Schott pasando por la pianista Yeol Eum Son, la violinista Alena Baeva o el percusionista Dominique Vleeshouwers.

No pueden faltar las giras, desde las asturianas de verano con Daniel Sánchez Velasco de nuevo a la batuta apostando por los «músicos de la casa» (al igual que el oboe de Juan Ferriol en el tercero de abono), o la visita a Covadonga en el 1300 aniversario, hasta la presencia en el FIS estrenando dos obras encargadas por nuestros vecinos santanderinos: Omne vivum ex viva de Beatriz Arzamendi y Farewell, la despedida de las almas de Israel López Estelche en su tierra, pasando por el gran escaparate de «Musika Música» en el Euskalduna bilbaino o el intercambio gallego en La Coruña, con la OSG el 20 de mayo de 2023 en Oviedo bajo la dirección de Antonello Manacorda y la violinista Liza Freschtman. También repetirá para celebrar los 75 años de mi paisano Víctor Manuel con el Coro de la FPA en la Laboral de Gijón (23 al 25 de septiembre) y el WiZink de Madrid (21 de diciembre) bajo la dirección de Joan Albert Amargós que fue llevado al disco en 1999.

Tras 31 años de «matrimonio musical» con la OSPA, incluyendo mi «cese temporal de convivencia» en 2017, espero esta nueva etapa con la misma ilusión de entonces aunque jubilado de la enseñanza, por lo que me perderé el LinkUp! que fue una de las grandes apuestas del anterior titular y que me perderé con el nuevo estado civil, tocando madera para que los años convulsos que llevamos no vuelvan y podamos mantener esta relación de años.

La ilusión nunca se pierde, el maestro Coelho viene a mantener la llama que nunca debió extinguirse, esperando se cubra al fin la vacante de concertino (el espíritu Vasiliev sigue vivo) y poder ampliar la plantilla básicamente en la cuerda si los dirigentes llegan a convencerse que la cultura no es gato sino inversión además de un derecho constitucional. Aprender de los errores pasados y no tropezar en la misma piedra es uno de mis anhelos tanto personales como para «mi OSPA» querida. Salud para poder contarlo desde aquí, esperando no perderme (casi) ninguno de estos acontecimientos en una agenda personal que se llena más que en mis años docentes pero donde la música es vida.

Arriondas sinfónico

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Jueves 28 de julio, 21:30 horas. Plaza Venancio Pando de Arriondas: «ARRIONDAS SINFÓNICO», Carmen Yepes (piano), Vanessa del Riego Ledo (soprano), Bárbara Fuentes (mezzo), Laura Rodríguez Armas (contralto),
Adrián Begega (tenor), Gaspar Braña (tenor), Jorge Trillo Valeiro (bajo), Coral Polifónica de Arriondas, Orquesta Clásica de Arriondas, Sergio Vazquez (director). Obras de Bellini, Bizet, Guillermo Martínez y Beethoven.
Es muy loable programar conciertos al aire libre en verano y más en el oriente asturiano donde la capital parraguesa se convierte en un destino turístico internacional. De hecho esta noche de temperatura agradable y buscada por los enemigos del calor, fueron muchos los aficionados que acudieron a este Arriondas musical que tuvo varios inconvenientes pero ilusión a raudales.
La plaza donde se encuentra el famoso cañón que da la salida al Descenso Internacional de Sella tiene cafeterías con su bullicio veraniego y niños jugando, la cercanía de un concurrido mercado más la carretera con tráfico, por lo que evidentemente la acústica natural no propicia el mejor sonido para un concierto como el que ofrecía el Excelentísimo Ayuntamiento de Parres y el Principado de Asturias con la siempre necesaria colaboración de alguna entidad financiera, en este caso la Caja Rural de Asturias que se mantiene en cabeza tras la desaparición o huída de otras que no hace mucho eran sponsors habituales. Por ello la empresa gijonesa PRONORTE fue la encargada de iluminar y amplificar un tipo de música de por sí difícil, haciendo engañosos los planos de sonido, el volumen de las voces e incluso el color vocal de cada una de ellas, y no digamos en el caso del piano cuyos graves no sonaron contundentes sumándose la ausencia de luz para la solista asturiana que hubo de luchar no ya con Beethoven sino contra todos los elementos, pues en la prueba de sonido previa aún había luz natural. Añadamos mosquitos y algo de brisa por lo que los músicos hubieron de recordar las antiguas pinzas de la ropa que no faltaban en ninguna romería asturiana.
En la parte vocal por un lado solistas casi todos conocidos a los que citaré posteriormente, más la Coral Polifónica de Arriondas en la impresionante fantasía del sordo genial, evidentemente reforzada por coralistas y aficionados que no quisieron perderse poder cantar una de las obras que Beethoven utilizaría como «banco de pruebas» de su pionera novena sinfonía. Y la Orquesta Clásica de Arriondas que debutase en este marco en 2019 antes que el maldito covid quebrase una continuidad necesaria que se ha logrado mantener contra viento y marea, con instrumentistas jóvenes que gracias a formaciones como esta, también reforzados por algún «veterano», consiguen adquirir experiencia para futuros proyectos a los que en la actualidad no pueden acceder de no ser por las mal llamadas «orquestas de bolos», por otra parte muy normales en el mundo musical. Todo un concierto ilusionante dirigido por el maestro Sergio Vázquez Castañón (Oviedo 1990), alma mater de estos conciertos parragueses, a quien no hay más que aplaudir.
Con casi media hora de retraso y tras las palabras de Emilio García Longo, Alcalde de Parres, fue Ángel Lueje Corral el encargado no ya de presentar cada obra sino de comentarla al público, que llenó la plaza, y compartir su pasión y conocimiento con todos los presentes.
La primera parte comenzaría con dos escenas operísticas: primero el dúo Ah! Crudel d’onor raggioni…
de «I Capuleti e i Montecchi» de Vincenzo Bellini
, en las voces de Julieta Vanessa del Riego y Romeo Bárbara Fuentes, donde la comentada amplificación impide cualquier comentario más allá de la profesionalidad de ambas así como el buen hacer de la madera, y después Pres des remparts de Seville
de «Carmen» de Bizet
,  de nuevo Bárbara en el papel protagonista de la gitana sevillana con la breve intervención del Don José a cargo de Adrián Begega, conocido por sus intervenciones en distintos cursos de canto en Asturias, aplicando otro tanto sobre la amplificación. En ambos dúos la orquesta tampoco sonó como hubiésemos querido aunque el maestro Vázquez concertó siempre atento a los solistas.
A quienes me conocen y leen saben de mi admiración por Guillermo Martínez, con una capacidad  creativa que abarca todos los géneros y estilos desde la cercana Covadonga, hoy también presente en varias partes interpretativas y de público, así como haber estrenado parte de su amplia producción en estos conciertos en Arriondas. De su Serenade «Pprincipio e maggio»
para mezzo-soprano y orquesta, la versión original con para voz y piano se escuchó precisamente en este mismo marco y con la mezzo Bárbara Fuentes acompañada por María Cueva, pudiendo escucharla gracias a La Castalia a la que Guillermo Martínez siempre ha sido uno de sus pilares y disfrutado siempre que he podido, esta última en noviembre pasado con Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, que este jueves se estrenaba en su arreglo sinfónico, engrandeciendo aún más ese homenaje de Guillermo para el centenario del gran Caruso. Contar de nuevo con la voz de la mezzo Bárbara Fuentes (que llevó casi todo el protagonismo del concierto) era un seguro de interpretación que las razones antes apuntadas evitaron un mayor disfrute de mi admirado escolano.
Y para la segunda parte, con la necesaria pausa para la incorporación de todos, nada menos que la Fantasía coral en do menor para piano, solistas, coro y orquesta, Op. 80 (Beethoven) que estrenase el propio compositor al piano, esta vez con mi querida Carmen Yepes, a la que pude escuchar esta misma obra en el Teatro Monumental de Madrid hace ya ocho años, en mejores condiciones para esta partitura donde el piano comienza verdaderamente fantástico, pleno y lleno de matices, para incorporarse la orquesta con melodías de «emperador» antes de ese final con el sexteto solista y el enorme coro revestido de una orquesta poderosa.
Lástima no poder escucharla en toda su magnitud aunque la generosidad y entrega de todos siempre sean de aplaudir. De hecho se bisó esta parte final majestuosa donde al menos los técnicos de sonido pudieron encontrar mejor equilibrio y todos los intérpretes parecieron saber que estaban ante un evento irrepetible.

Juventud divino tesoro musical

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Jueves 13 de julio, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo: JONDE encuentro III/2022. Elisabeth Leonskaja (piano), Pablo González (director). Obras de Beethoven y Mahler. Entrada libre.

Tercera y última parada en esta gira de la JONDE tras el trabajo previo del tercer encuentro anual y el objetivo final del concierto, con el director ovetense Pablo González Bernardo (1975) esta vez en casa, con el patrocinio del INAEM y el propio Ayuntamiento de Oviedo.

Programa de altura con dos colosos y un mundo sinfónico para disfrutar todos, primero Beethoven y su Concierto para piano nº 4 en sol mayor, op. 58 nada menos que con la eternamente joven Elisabeth Leonskaja (Tifilis, 1945) para comprobar cómo debe acompañarse al piano y si es con un excelente concertador como Pablo González, inmejorable prueba de fuego. La pianista georgiana siempre sorprende y más con el paso de los años, mandando y escuchando, enseñando en cada compás desde el inicio en solitario del I. Allegro Moderato que marcaría el tempo e intención para una JONDE perfectamente encajada con la dama del piano. Cada solo era digno de grabarse, las cadencias un verdadero lujo, el II. Andante con moto de sutileza y musicalidad en cada nota, perfecta transición del clasicismo al romanticismo igualmente entendida tanto por Leonskaja como por el maestro González, complice de solista y orquesta, llevándolos de la mano antes del III. Rondó. Vivace, otra lección de entendimiento, pues la rusa jugó con el tempo y la JONDE respondió guiada por el carbayón con un verdadero empuje juvenil, tres generaciones haciendo música juntos, disfrutándola, sintiéndola, primor de atemporalidad cuando se unen la experiencia del piano, la ductilidad de una orquesta madura pese a la media de edad y el incansable ímpetu desde el podio, contagiando gusto y saber hacer en unos encuentros que son la verdadera selección de los futuros atriles ya preparados para dar el salto a «la absoluta», esta vez con invitados de Italia, Rumanía y Portugal fruto del intercambio MusXchange de la Federación Europea de Jóvenes Orquestas Nacionales (ENFYO).

La maestra Leonskaja dejó su última lección en solitario manteniendo el mejor Beethoven del tercer movimiento (Allegretto) de su Sonata nº 17 en re menor,  op. 31 nº 2 «La Tempestad», la magia del piano, el fraseo, las dinámicas, la pureza de una tormenta juvenil por esta rusa afincada en Austria que sigue asombrando por su entrega y magisterio compartido, prolongación casi obligada tras el «cuarto» que marcó no ya estilo sino historia.

Puedo decir que hoy en día el mejor director mahleriano español es Pablo González, por lo que no era nada raro su trabajo con los 94 músicos de la JONDE en la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, op. 55 del genio bohemio, una obra de hace 110 años que sigue impactando cuando se la escucha con todo detalle y el amor del director asturiano por Mahler. No podía perderme otra oportunidad de comprobar no ya la sabiduría del ovetense en este compositor sino esa faceta pedagógica de transmitir la pasión a una formación que no perdió detalle para un sobresaliente de esta «Quinta» para recordar, tras estos encuentros donde cada sección trabajó con los mejores profesores y Santiago de Compostela fue el primer «examen» antes del final ovetense que logró una excelente entrada de público (haciendo larga y ordenada cola 45 minutos antes del inicio). Hace años que podemos presumir de una juventud muy preparada y en música seguimos exportando talento. La convivencia y trabajo duro para estos conciertos dio su fruto: 61 músicos de cuerda con el arpa, 29 de viento y 5 percusionistas sonaron como adultos en cada uno de los cinco movimientos de esta sinfonía llena de emociones que trascienden los pentagramas, auténtica montaña  rusa que va pidiendo en cada familia orquestal una entrega ciega al podio, algo que Pablo González logró desde el primer movimiento que comenzaba con un solo del trompeta solista dejándole «gustarse». El equilibrio de dinámicas perfectamente balanceadas, los cambios de tempo, todo lo que Mahler dejó escrito fue dibujado al detalle por González con respuesta impecable de toda una JONDE adulta. No hubo duda ninguna en los solistas, con un septeto de trompas para «fichar al completo», todo el metal redondo de sonoridades según las exigencias desde el podio, la madera ensamblada igualmente con primeros atriles dúctiles y precisos, la percusión toda a una crecida en el momento oportuno, pero sobremanera la cuerda. Un acierto la colocación enfrentando violines, con cellos y violas enfrente de la tarima más los contrabajos atrás a la izquierda y el arpa en el opuesto.

Puede que el Adagietto esté sobrevalorado pero es emocionante siempre y cómo sonó en esa cuerda mimada por González tardaré tiempo en olvidarlo. Y eso que el Scherzo ya apuntó maneras con un trompa solista listo para entrar en cualquier «grande» sumando la calidad en la respuesta global de cada sección a los aires vieneses con matices para dar y tomar. El Rondó-Finale: Allegro giocoso resultó la guinda a este pastel nunca empalagoso y totalmente juvenil, contagioso, emocionante, firmado por una JONDE madura llevada por un Pablo González que crece exponencialmente en cada concierto y más con «nuestro» Mahler.

No son habituales los regalos sinfónicos y parte del público estaba más atento al reloj que a lo que se avecinaba, perdiéndose dos propinas de distinta enjundia. Tras la exhibición de la cuerda nada mejor que el conocido «Intermezzo» de Cavalleria Rusticana (Mascagni) que subió aún más la nota mahleriana con el conocimiento y confianza que siempre confirió el maestro González.

El fin de fiesta español llegaría con un curioso y animado arreglo del conocido pasodoble Amparito Roca (Teixidó) sinfónico, no bandístico ni de pulso y púa, que pondría el adecuado además de animado punto final a esta «mini gira» tras dos semanas de intenso y duro trabajo con un equipo capitaneado por Pablo González que continuarán en sus casas cada uno de estos músicos de la JONDE (las mujeres siguen dominando) para seguir creciendo profesional y humanamente, pues mal no hay donde la música suena.

Dejo a continuación toda la plantilla y el excelente equipo académico de este tercer encuentro:

Alexander Bader, flautas y clarinetes; Guilhaume Santana, oboes y fagotes; Kalervo Kulmala, trompa; Reinhold Friedrich, trompeta; Hans Nickel, tuba; Marianne Ten Voorde, arpa; Rainer Seegers, percusión; Gjorgi Dimcevski, violines I;  Jennifer Moreau, violines II; David Quiggle, viola; Troels Svane, violoncello; Mihai Ichim, contrabajo.

Esencia desde un «tayuelu»

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Lunes 27 de junio, 19:30 horas. Club de Prensa de La Nueva España, Oviedo. Presentación del CD Esencia, Silvia Torres (soprano), Alfredo Morán (guitarra), Fernando Malva (músico, técnico de sonido).

En asturiano un «tayuelu» es una banqueta de tres patas con más estabilidad que un taburete de cuatro y perfecto para definir la base de un CD que se presentaba ayer lunes con verdadera «esencia«, lo más importante y característico de una cosa según la RAE. Un disco que esconde muchas historias que nos explicaron tanto la cantante Silvia Torres (nacida argentina pero asturiana de siempre) como el arreglista  de los diez temas que han quedado registrados en esta pequeña obra de arte, el turonés Alfredo Morán, más Fernando Malva, no sólo excelente técnico de sonido, también músico, que completan todos juntos un trabajo mimado, con más de un año detrás de ensayos, adaptación, preparación, elección de los temas, colaboración entre ellos y finalmente la esperada grabación en los estudios «La Nozal» que se convirtieron en el mejor refugio donde destilar cada canción que Silvia hace suya, Alfredo tejió a su medida y Fernando cocinó, buena comparación y maridaje de música y fogones para dejarnos un menú degustación con toda la calma de estas músicas atemporales que están tan bien compuestas y adaptadas que soportarán modas, estilos y épocas.

Muy interesante las explicaciones de mi admirado Alfredo Morán sobre el trabajo del arreglista, su lúcido comentario de lo que debe ser un músico (más allá de tres meses de shows televisivos, ofertando uno de cirugía y preguntando quién se atrevería a operarse con semejantes «figuras» mediáticas), las incomprensiones sólo entendidas por las familias, verdaderos cimientos donde asentar no sólo taburetes sino todo el mobiliario y perfumes de esta profesión a menudo ingrata pero necesaria además de vital para tantos. La música sentida y vivida por este tayuelu con mucha esencia que nos dejaron en vivo una pequeña muestra del talento y sentimiento, cantante, guitarra y técnico «in situ» para comprobar de primer mano cómo son las tres patas necesarias en este equilibrio.

Comenzaron con La flor de la canela, no ya de Chabuca Granda sino de la Silvia Grande, la voz natural a la que se llega con muchos años de estudio con la maestra Elena Pérez Herrero, auténtico ejemplo a seguir en estos tiempos cambiantes, pues dio el primer paso que ahora sigue la discípula aventajada.

Impresionante siempre José Alfredo Jiménez y su Deja que salga la luna, que en el disco tiene el acordeón de Fernando y en vivo sólo con la guitarra del «otro Alfredo» sonó cercano y en casa, con los coros finales de un público de casa, cantarines y amantes de la buena música que no quisieron faltar a esta presentación en sociedad de este trabajo de Silvia Torres.

No está en el disco Gardel pero sí para escuchar su tango renovado por Alfredo, Volver que se vista en cualquier época siempre luce, más en la voz de Silvia en una pasarela que esperamos tenga muchas galas veraniegas en esta «era del Covid».

Y sobre la marcha, ante el clamor del público con la pareja de músicos animados, qué mejor para cerrar que un blues donde Alfredo se mueve como pez en el agua y la voz de Silvia encaja su musicalidad, sumando las palmas bien «encajadas» de unos amigos tunantes como Orson, dedicatario de este trabajo junto a toda la familia Pérez-Torres, un Blue Christmas que nos adelantó las navidades a junio porque climatológicamente Asturias es más frío que Río o Copacabana.

Del CD, todo él recomendable, sigo repitiendo en la bandeja dos «clásicos»: Las hojas muertas verdadero perfume francés con ese acordeón que nos transporta a orillas del Sena, la batería elegante, la guitarra de «El Django de Urbiés» y la preciosa voz de Silvia; Chloris de Reynaldo Hahn es otra joya de la «chanson» que luce con todos los vestidos, y con la alta costura de Morán, la belleza vocal de Silvia es para disfrutarla en modo bucle sonando en mi cadena, cercana, sentida, emocionada.

Por supuesto O Holy Night de Adam tiene todo el poso clásico, la frescura del arreglo y lo eterno de la música bien compuesta con la mejor interpretación.

La música siguió sonando en torno a unas viandas, vinos, cervezas, amigos, familia, celebrando este «recién llegado» a la familia de Luis y Silvia. Gracias a todos por compartir tanta belleza y sentimientos.

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