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Sensaciones con la experiencia Milanov

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Viernes 15 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 6: OSPA, Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Wagner, Schumann y Beethoven.

Tras la conferencia previa de Alejandro G. Villalibre (autor de las notas al programa que están enlazadas en los autores de arriba) sobre «El legado de la Pastoral de Beethoven» que ponía el punto final en Wagner, sería como si su bicentenario retornase a Milanov y la OSPA al ciclo de abono con un programa que, en palabras del propio Villalibre citando al genio de Bonn, resultaría «más expresión del sentimiento que pintura sonora» pero nada distanciado de lo romántico en ninguna de las tres obras.

La primera sensación antes de comenzar fue la disposición elegida por el maestro búlgaro totalmente vienesa: contrabajos atrás, violines enfrentados, trompetas al lado de los fagots, timbales a la derecha (la foto de Marta Barbón que abre la entrada es perfecta para verla). Búsqueda de nuevas sonoridades más que vuelta a concepciones históricas aunque las obras fuesen adecuadas para esa colocación, y es un hecho que creo marcaría todo el concierto.

Del Sifgrido wagneriano escucharíamos «Murmullos del bosque», WWV 86c del Acto II, como si la madre naturaleza fuese protagonista de una velada climatológicamente primaveral pese a los gélidos días anteriores del «febrerillo loco». La formación asturiana vuelve por sus fueros dando un paso más en la búsqueda de la excelencia, pues la calidad está más que demostrada. Texturas y dinámicas amplias donde todas las secciones brillaron escuchándose y descubriéndose en la nueva colocación. Puede que la acústica del auditorio no sea perfecta para ellos pero el maestro búlgaro consiguió en este aperitivo un Wagner más cercano desde una orquestación casi íntima por momentos pese a la plantilla utilizada, lo que corrobora el mimo con el que Milanov llevó la obra, sin descuidar nunca los planos sonoros.

El joven violonchelista Pablo Ferrández (Madrid, 1991) parecía predestinado a la música hasta en el nombre, por lo que no es de extrañar su precocidad en el instrumento. Esta semana recibía en Oviedo la noticia de un nuevo premio, recién llegado de un concierto con el pianista Luis del Valle donde también estaba Schumann. El Concierto para violonchelo en La m., Op. 129 lo debutaba con nosotros y su interpretación resultó impactante por el poso, musicalidad y sonido de su Andrea Castagneri de 1733. Impecable de técnica logró recrearse en una partitura sin desmayos siempre bien concertada por Milanov y la OSPA que fueron alternando buen gusto con el solista, respetándose desde la escucha interior y plegados a las indicaciones de la batuta. El regalo de El cant dels ocells fue más que un agradecimiento desde la profundidad musical de una página cargada de simbolismos que el madrileño ya ha interiorizado. Pablo Ferrández se suma a la lista generacional de grandes violonchelistas españoles que triunfan por todo el mundo, y en Oviedo estamos disfrutándolos a (casi) todos.

Y llegaría el Beethoven de la Sinfonía nº 6 en FA M., Op. 68 «Pastoral», la vuelta al origen del programa y el posterior legado que contaba Villalibre en la conferencia previa. La «Experiencia Milanov» comienza a palparse y sus primeras palabras ya toman forma.

La orquesta asturiana ya ha tocado muchas esta sinfonía en sus 22 años de historia, pero la versión ofrecida por Milanov en Gijón y Oviedo son de las que no dejan indiferente. La colocación ya comentada mostró esos pasajes muchas veces ocultos (tapados) de los violines segundos, y por fin conseguí escuchar la ansiada «pegada» en los contrabajos, envolviendo desde el fondo toda la obra. Incluso los timbales ayudaron a encontrar el color orquestal apropiado, no sé si para el Auditorio pero evidentemente la apuesta del maestro titular por la disposición vienesa resultó un éxito para mí. Pero sobremanera los tempi elegidos. Habrá polémica siempre positiva, opiniones encontradas sobre las indicaciones metronómicas que Beethoven utilizó para precisar la velocidad elegida, menos subjetivas que un Allegro ma non troppo, pero volviendo a su propia búsqueda de «más expresión del sentimiento que pintura sonora» la Sexta resultó pastoril en cuanto a sentimientos, remanso, deleite en cada pasaje, disfrute en cada intervención solista con una madera realmente inspirada y unos bronces empastados como nunca, alcanzando cotas de entendimiento entre ellos que solamente estos años de «matrimonio» (los mismos que yo) consiguen. La Escena junto al arroyo: andante molto mosso continuó en la línea de tranquilidad expositiva, con una cuerda redonda en cuanto a la sensación de globalidad conseguida por la colocación e interpretación de toda ella, al igual que la Animada reunión de los campesinos: Allegro con toques casi de romería primaveral asturiana, ímpetu sonoro siempre controlado. Incluso el Trueno y tempestad: Allegro nos dejó una tormenta sin excesos, más veraniega que invernal con dinámicas nunca exageradas, bucólicamente sentimental, silencios subrayando la bravura, precisión y respeto a la partitura, reminiscencias del Don Giovanni mozartiano premonitor. Y si de sensaciones hablamos, Sentimientos de benevolencia y agradecimiento hacia la Divinidad después de la Tempestad: Allegretto, colofón unificador en cuanto a la interpretación de Milanov con «nuestra» OSPA, emoción contenida para muchos, explosión de luz para la mayoría.

Mi comentario final es que se está logrando entender a Milanov, incluso comienzan a creérselo, y la transmisión emocional desde el escenario al público la notamos todos. El maestro no volverá hasta abril (y fuera de abono) pero la orquesta repite la próxima semana con Perry So… y espero contarlo desde aquí. Las sensaciones han sido positivas y mi salida del concierto pletórica en el ánimo. Oviedo y Mieres aún siguen celebrando los carnavales.

Conlon uno de los grandes

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Domingo 10 de febrero, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, James Conlon (director). Obras de Dvorak y Shostakovich.

Aunque el frío resultase gélido y el programa viniese de climas casi polares en estas fechas, la orquesta berlinesa (DSO Berlin) con Conlon al frente, arrancando su «Spain Tour», hizo saltar chispas en el auditorio ovetense en el horario dominical que sigue despistando a parte del público.

La siempre agradecida Sinfonía nº 9 (5) «del Nuevo Mundo» en Mi m., Op. 95 (Dvorak) no por muy escuchada deja de sorprender y poner a prueba toda orquesta y director que la interprete, y está claro que lo escuchado en Oviedo es oro de todos los quilates posibles. Con una formación alemana de cantidad, donde «el tamaño importa» (con 8 contrabajos hagan el cálculo de la plantilla) y calidad en todas sus secciones, con solistas excepcionales, más un director que sabe delinear cada motivo, atento al color, jugando con dinámicas completas en su amplio espectro, mimando cada plano, sacando los tempi adecuados y mandando como sólo los grandes saben, la versión de Conlon fue perfecta de principio a fin. Desde el Adagio–Allegro molto se presentía emoción en cada nota, en empaste divino parte a parte bien dibujada por la batuta de Conlon; el Largo rezumó lirismo por todas partes desde el inicial y orgánico metal con redoble de timbal hasta el solo de corno inglés, con una cuerda de sustento único hasta la alegría y alborozo del final de este segundo movimiento; el Scherzo: Molto vivace una auténtica delicia sonora, captando todo si perder el detalle, conjugando unas dinámicas que posibilitaron una audición completísima, y atacando sin pausa el Allegro con fuoco, sacando chispas que decía al principio, porque si la cuerda (permutando cellos y violas) es auténtico terciopelo, las maderas un tratado de ornitología y los «bronces» todo un órgano sinfónico, añadamos la percusión en su sitio y obtendremos el fuego capaz de derretir los oídos más exigentes. Realmente nos dejó sin palabras.

Con el poderío orquestal aún más aumentado (arpas, celesta, clarinete bajo, contrafagot, maderas y metales duplicados y percusión de quitar el hipo) para Shostakovich, la Suite Orquestal de «Lady Macbeth en Mtsensk», Op. 29 en el arreglo del propio Conlon de esta llamada ópera maldita, hizo removerse al público en las butacas con auténticas hormigas en el estómago, pasando de la cumbre al abismo, contrastes abismales y montaña rusa en cada uno de los doce números de esta auténtica revisión orquestal que como dice Arturo Reverter en las notas al programa, recreación que … nos lleva a introducirnos en una obra «enigmática y paradójica, que habla en un lenguaje que, simultáneamente, revela y oscurece, conciesa y deniega, se equivoca y acierta, acusa y, finamente, olvida».

Seguramente la crítica del Pravda de «caos en vez de música» podríamos retitularla como «caos hecho música», expresionismo puro y duro, arrebatador y místico, todo con una orquesta capaz de plasmar en música todo este dramatismo casi litúrgico donde el arreglista y director ha sabido traducir al único lenguaje universal, olvidándonos del texto originario pero sin perder de vista a la Katerina Ismailova protagonista como si de un poema sinfónico volviésemos a esta shakesperiana del distrito de Mtsensk. Explosiones y emociones que volvieron a bisar en el «Gefährliche Spannung» poniendo este concierto en otro nivel de calidad difícil de superar donde el Shostakovich y sobre todo Conlon fueron los protagonistas.

Un Grenzing en Pola de Siero

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Viernes 8 de febrero, 19:00 horas. Parroquia de San Pedro
(Pola de Siero). Concierto inaugural del nuevo órgano de Grenzing. Juan de la Rubia Romero. Obras de Händel, Bach, Kerll, Pierné, Vierne y Juan de la Rubia.

La villa asturiana, famosa por sus fiestas y tradición coral donde Don Ángel Émbil Ezenarro se afincó y dejó una huella que todavía perdura, también pasa desde el viernes carnavalesco al llamado circuito organístico con un instrumento fabricado en los talleres del organero alemán afincado en Barcelona Gerhard Grenzing, contando con la presencia de su hijo Daniel para el evento. Y de esas tierras vino Juan de la Rubia, el titular de la Sagrada Familia de Barcelona para ser quien estrenase un órgano del que avancé algunas características en la entrada rápida desde los dispositivos móviles (también fotos y programa escaneado). Las posibilidades de un instrumento adecuado al entorno y la liturgia pero también para conciertos, son suficientes (no llega a los 1.000 tubos), con un sistema de registración situado encima del organista (ver foto más abajo) que facilita rápidamente la elección adecuada normalmente sin ayudante. Y el repertorio elegido por el instrumentista valenciano dejó buena muestra de la capacidad del nuevo órgano, más «cómodo» en el Barroco que en el Romanticismo pero igualmente válido sin magnificencias y adaptado a una acústica que ayuda a disfrutar los plenos sin molestar nunca al oyente.

Tras todo el cerenominal religioso de la Bendición, incluyendo el Bendita la Reina (Himno Oficial de Covadonga) de Ignacio Busca de Sagastizábal a cargo del coro parroquial y el Coro Ángel Émbil dirigidos por Maite Martínez Émbil, nieta de Don Ángel, hacia las 8 de la tarde comenzaba el concierto propiamente dicho con «La llegada de la Reina de Saba» –The arrival of the Queen of Sheba– de Händel perteneciente al oratorio Solomon, en un arreglo para órgano agradecido en cuanto a los registros elegidos, jugando con los de trompeta real de 8′ y flautados, bien apoyados en un pedal presente pero sin tapar las líneas melódicas. No podía faltar en el estreno J. S. Bach con tres obras que sonaron perfectas en el nuevo instrumento, con dos preludios Corales Liebster Jesu, wir sind hier, BWV 731, un remanso de meditación musical, y Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645, con la archiconocida Toccata y fuga en Re m., BWV 565, en medio, algo corta de volúmenes y bien ornamentada por De la Rubia, «saboreando» la fuga y haciéndola «correr» con maestría, adaptadas las tres a los registros y sacándole todo el partido posible a las obras de «El Kantor de Leipzig«, sin prisas y haciendo cantar los corales luteranos en los teclados y pedalier.

Continuaría el Capriccio sopra il cucu (J. K. Kerll), socorrido en muchos conciertos para jugar con los sonidos del pájaro y en registros de 4′ que encajaron como anillo al dedo, cerrando el grupo de obras barrocas.

Las dos obran siguientes, ya metidos en el llamado órgano romántico, también son bastante habituales en los conciertos de órgano: la Cantilène Op. 29 nº 2 (G. Pierné) de lirismo intrínseco y registraciones con trémolo, con cierto regusto a Debussy, más el Carillon de Westminster (L. Vierne) perteneciente a las «Piezas de fantasía», Op. 54, la más aplaudida por los presentes por la gran gama dinámica y tímbrica utilizada por Juan de la Rubia que vovió a encontrar los planos sonoros adecuados para ambas además de un virtuosismo siempre al servicio de la obra, esta vez ayudado en los cambios por el que será titular del órgano poleso Emilio Huerta Villanueva.

Y para cerrar nada mejor que las improvisaciones, algo habitual en todos los organistas en el quehacer litúrgico e histórico desde sus orígenes, entregándole a Juan de la Rubia la melodía de la Danza Prima (que utilizase Nuberu en aquél «Qué probe quedó’l ríu Güerna» del tema Al home de la unidá, Xuanín que Emilio tantas veces tocó con el dúo entreguino), recreando en el propio estilo romántico una interpretación llena de buen hacer, despliegue del arsenal sonoro y respeto a la partitura, algo siempre de agradecer. La propina no podía ser otra que nuevamente Bach, la «Fuga» de la Toccata, Preludio y Fuga en DO M., BWV 564, pues suena perfecto en el nuevo órgano. Una alegría saber que hay cosas que vivirán más años que todos los presentes…

Por último reflejar que el domingo tuvo lugar ya la primera liturgia y posterior concierto a cargo del organista titular y de Fernando Álvarez del Santuario de Covadonga, con nueva participación de los coros del viernes, pues todo instrumento debe estar vivo y funcionar a diario supondrá una mejor vida ¡para todos!.

El romanticismo de Carmen Yepes

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Miércoles 6 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Año 105 (Concierto 1.538): Carmen Yepes, piano. Obras de Schubert, Beethoven, Schumann y Chopin.

Nada más finalizar el concierto titulaba mi entrada rápida «Trabajadora y honesta» para referirme a la pianista asturiana que volvía a su tierra con otro programa duro, difícil, poco habitual en conjunto pero con el que se siente muy a gusto, y eso se nota al escucharla. Si su magisterio en el clasicismo está más que demostrado, el Romanticismo puro lo afronta con la serenidad y el poso de una carrera bien cimentada en el estudio riguroso fiel a la partitura pero entendiendo la interpretación como tal, no robar nada de lo escrito pero dándole el toque personal de la experiencia vital, ese «llenar la mochila» que no siempre va unido a la juventud sino a pasiones difíciles de medir. Decir que actualmente Carmen tiene ya un largo recorrido y madurez musical es entender las obras elegidas. A mis alumnos tal como nos explicaba a nosotros el catedrático de arte Carlos Cid Priego, intento definirles el romanticismo como «La huida» en todas sus expresiones, metafóricas y reales. En el caso del repertorio de este miércoles, la huida es interior y compartida con nosotros, un viaje espiritual desde las vísceras musicales a nuestro oído profundo, el que nos hace rememorar.

La tonalidad de Do menor marcó la primera parte como presentación anímica que pese a lo que nos contaron de ella, no siempre supone tristeza sino más bien hondura, y así comenzaba el Impromptu D. 899 en Do m. (Schubert), ese pianismo delicado, claro, bien fraseado, que dará paso a una emotividad desde sonoridades redondas en el perfectamente afinado y ajustado Steinway© del Jovellanos. Obra bien asimilada en su interpretación llena de pinceladas limpias y gama dinámica amplia.

La Sonata nº 32, Op. 11 en Do m. (Beethoven) daría para un tratado en sí misma, la última del genio de Bonn, desde el Maestoso inicial afrontado con todo lo escrtito: dobles puntillos, fusas en la izquierda, sforzandi… y aquí está la honestidad de la intérprete capaz de hacernos escucharlo todo. Tras esta carta de presentación en el inicio de esta peculiar sonata, con una fuerza vital impresionante, el Allegro con brio ed appassionato, optó Carmen Yepes por jugar literalmente con todas las indicaciones de la partitura (merecería la pena haberla ido siguiendo según la escuchaba), sin excesos en el tempi y prefiriendo los contrastes claroscuros en dinámica y velocidades, un volcán visual en el papel y pletórico en las manos de la pianista mierense nacida en Oviedo. Y el segundo movimiento, esa Arietta: Adagio molto, semplice e cantabile, literal en todo menos en lo de simple, testamento vital beethoveniano y lección de poso en Carmen, cambios perfectos de compás (¡qué difícil es captar un 6/16 o un 12/32!) bien marcados sin perfer ni un ápice la línea musical, ese infinito cantarín que finalizará con los trinos cristalinos como el registro agudo elegido por el compositor en nueva catarata hacia un abismo que no cae sino que eleva el vuelo en un pianissimo final. Impresionante interpretación para una obra más que exigente.

Otros dos grandes para la segunda parte empezando por esas cuatro piezas nocturnas muy apropiadas para una noche fría y lluviosa en la capital de la Costa Verde pero con un público cálido y ganado en la primera parte, Nachstücke Op. 23 (Schumann), contrastes anímicos desde el Mehr langsam, oft zurückhaltend, como unos pasos dubitativos lentos pero «sin frenarse», ataques precisos que irán reafirmando pasiones en Markirt und lebhaft, realmente «animado», brillante, saltarín, nuevas luces bien atacadas de sonoridad precisa y uso del pedal siempre ajustado. Mit großer Lebhaftigkeit supuso otra bocanada de aire fresco, ligereza, y Einfach, frugal, sencillo y simple solamente en el título, más que el último bocado de estos cuatro dulces musicales bien cocinados por Carmen Yepes.

Y entre los románticos por excelencia nada menos que Chopin y dos exponentes de obras de técnica exigente, virtuosa, llenas de lirismo, delicadeza, pero también fuerza y vigor con el toque íntimo siempre presente, la Balada Op. 23 en Sol m., todo un muestrario de sentimientos hechos música, dificultades técnicas sobradamente solventadas para afrontar y disfrutar una versión personal con gusto, rubati nada exagerados, volviendo a asombrarme la fuerza tanto física como interior que Carmen Yepes vuelca en este repertorio, capaz de unos contrastes tan bien adecuados a el repertorio del XIX, y para rematar con la Polonesa – Fantasía Op. 61 en LAb M., perfecto colofón como el de la primera parte, aquí testamento chopiniano en cuanto a reunir en esta obra todo su vagaje formal, auténtica fantasía más que polonesa para un recital pleno, intenso, con el que también disfrutarán en Málaga y Marbella, luz del sur donde siempre vuelve, ahora desde Madrid, tras su breve estancia en esa tierra que todavía la adora.

De regalo tras las duras emociones del concierto, la ingenuidad infantil de las «Escenas de niños» del genio catalán Mompou, Jeunes filles au jardín, un desfogue que resulta otra joya en la interpretación de mi admirada Carmen Yepes. Un lujo tenerla en Madrid donde ejerce la docencia desde 2010 sin olvidar su carrera profesional como gran intérprete. Espero poder escucharla pronto, y del concierto en el Auditori de Barcelona dirigida por Brotons (con quien ya colaboró en dos ocasiones) y concierto de Tchaikovski, sería cuestión de otra escapada…

Trabajadora y honesta

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El concierto de Carmen Yepes este miércoles en el Teatro Jovellanos para la Sociedad Filarmónica de Gijón fue como indico en el título, el de una intérprete trabajadora y honesta con la música. Programa de calado romántico con Schubert (Impromptu D899), Beethoven (Sonata 32), Schumann (Naschtücke) y Chopin (Balada Op. 23 nº 1 y Polonesa – Fantasía OP. 61) duro, exigente, dándolo todo con esa musicalidad que magnetiza a quien la escucha. Mompou y sus Jeunes filles au jardin fue el regalo fresco para tanta dureza hecha arte pianísitico. Desde casa y con tiempo, más…

Fuego que no quema

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Viernes 1 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Rudolf Buchbinder (piano), David Menéndez (barítono), Coro Universitario de Oviedo (director: Joaquín Valdeón), Joven Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Ángel Émbil), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de G. Fauré (1845-1924), G. Gershwin (1898-1937), Ildebrando Pizzetti (1880-1968) e I. Stravinski (1882-1971).

Programa variopinto con música más cercana a nuestro tiempo y donde el protagonismo estuvo compartido entre el magisterio pianístico y el vocal de mi tierra.

Cual pastillas para arrancar la chimenea Le Pas Espagnol de «Dolly Suite para orquesta», Op. 56 (Fauré) originalmente para piano a cuatro manos en orquestación de Henry Rabaud, breve y agradecido número con la orquesta preparándose para el más puro estilo newyorker.

El Concierto para piano y orquesta en Fa (Gershwin) aún bebe del lenguaje de su «hermana azul» aunque resulte más académico sin perder un ápice el genuino sabor americano pese a que «el Rachmaninov de Broadway» presente la estructura tripartira con pasajes pianísticos realmente hermosos. El fraseo claro y la limpieza de Buchbinder siempre atento a un Conti con quien se entendió a la perfección mantuvieron ese difícil equilibrio entre el swing y el rubato, disfrutando todos de los Allegro extremos y recreándose en el central Adagio – Andante con moto en el más caldeado ambiente con humo de los clubs de jazz. Agradecer esta obra poco programada aunque del amplio repertorio que domina ésta de Don Jorge sea casi una bandeja de carbayones de Camilo de Blas.

Y evidentemente un concierto enmarcado en El Piano, el intérprete austríaco no podía marcharse sin más a pesar del excelente «concierto americano», por lo que nos regaló una auténtica perla de virtuosismo, limpieza, ritmo vienés y música de piano en estado puro con la paráfrasis sobre «El murciélago» de J. Strauss titulada Soirée de Vienne, Op. 56 (A. Grünfeld) que rubricaba el título de las Jornadas y nos dejaba con ganas de más.

La segunda parte vendría con más fuego que (me) da juego a la colaboración de dos coros jóvenes y con talento como los dirigidos por Valdeón y Émbil, hoy dos coralistas más, capaces de sonar empastados como si llevasen juntos años y logrado olvidar la descompensación entre voces graves y blancas en una obra breve de apenas 12 minutos pero muy exigente para todo el elenco de casa, incluyendo al barítono David Menéndez que sigue mostrando poderío y gusto en cualquier repertorio que le echen. La Sinfonía del fuego (Pizzetti) para barítono, coro y orquesta que Luis Suñén describe a la perfección en las notas al programa, es la invocación a Moloch de la banda sonora en vivo para la película muda Cabiria (1914) dirigida por Giovanni Pastrone y efectos especiales del español Segundo de Chomón, «género filmográfico» que Conti domina y se encarga de traernos con su orquesta, alcanzando niveles de madurez y complicidad con su titular, esta vez con el coprotagonismo vocal de solista y coros, todos en su sitio, vibrando y avivando un fuego que no les quemó. Ojalá los organizadores continúen apostando por formaciones y solistas de la tierra, cuyo nivel no tiene nada que envidiar a muchos de fuera con renombre.

Para acabar esta especie de danza prima invernal y cinematográfica alrededor de las llamas musicales, El pájaro de fuego (versión 1919) de Stravinski para corroborar el excelente momento de la Oviedo Filarmonía en todas sus secciones y solistas en esta música de ballet que Conti llevó de memoria, conocedor de partitura y músicos para transmitir en los cuatro números la calidad de esta formación. Interpretación brillante, solos emocionantes de Miljin, Cadenas, Giménez, Bronte y demás, cuerda que va puliendo una sonoridad propia muy firme y delicada, sin olvidarme de la percusión, consiguiendo sacar adelante un programa peligrosamente inflamable controlando chispas y llamaradas con el «Jefe de Bomberos» Don Marzio responsable de un cálido concierto en una tarde noche fría y lluviosa que siempre es de agradecer.

Derbies en Don Carlo

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Este miércoles acudí a la Casa de Cultura de Mieres para seguir la retransmisión desde el Campoamor de Don Carlo (Verdi). 23 personas hasta el descanso que dudaron entre el Madrid-Barça de copa o esta nueva gozada verdiana con titanes y empates al igual que en el fútbol. Además de la OSPA con Corrado Rovaris que prepararon un terreno de juego perfecto, mi clasificación quedó:

1º Ainhoa Arteta y Juan Jesús Rodríguez como Isabel de Valois y Rodrigo realmente sembrados, artistas y en un momento vocal inmejorables que crecen en cada función. El reinado Arteta tendrá largo recorrido y JJ Rodrigo afrontará con seguridad roles como éste.

2º ex-equo Alex Penda y Felipe Bou, Princesa de Éboli y Felipe II contrastes dramáticos con registros graves difíciles de encontrar, enamorándonos de Alexandrina Pendatchanska ya en el Ensayo General.

3º Steffano Secco en el rol principal, y el Coro de la Ópera que dirige Patxi Aizpiri, algo desiguales en color o tempo, pero dignos de podio, en especial las damas.

El resto del elenco adecuado y colaborando a un equilibrio difícil para una obra como este Don Carlo tan exigente, debiendo citar a Luiz-Ottavio Faria como Inquisidor.

Volver a destacar la elegancia en vestuario y atrezzo. Mejorable nuevamente la realización que nos ofreció TeleCable que comenté puntualmente desde mi Twitter.

No es igual el directo que la retransmisión y tampoco tenemos los medios del MET, pero este Año Verdi no ha hecho más que empezar…

Confluyendo emociones

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Martes 29 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo, Año 107, Concierto 2 del año 2013 (1.884 de la Sociedad). Dúo Adolfo Gutiérrez Arenas (chelo), Judith Jáuregui (piano). Obras de Beethoven, Schumann, Bloch y Brahms.

Duelo de titanes eran las primeras palabras en mi twitter© al finalizar la primera parte donde Beethoven y su Sonata Op. 102 nº 1 abrían la velada y Bach dejaba su sitio al Adagio y Allegro Op. 70 de Schumann. Un poco más reposado desde el móvil titulaba «Solistas en dúo» alabando un encuentro de dos artistas que tienen química por separado, tanto el asturiano nacido en Munich con genética musical en sus venas, como la joven e internacional donostiarra, y que juntos suman uno en el siempre difícil mundo de la música de cámara donde además de conjugarlo con carreras en solitario o con orquesta, grabaciones más la agitada vida de estos artistas, poder reencontrarse en un programa como el ofrecido en la Filarmónica carbayona es siempre un placer.

La sonata de Beethoven resultó poderosa y cálida en ese lenguaje propio del alemán que encontró en el dúo reflejo estilístico y pasional. Por su parte el Schumann camerístico resume a la perfección sus obras sinfónicas que ambos intérpretes dominan y conocen, haciendo confluir ambas visiones en este dúo impagable por la versión ofrecida, romántica pero contenida, musicalidad a flor de piel y emoción en los dos movimientos.

Para la segunda parte una auténtica joya de engarce preciosista From Jewish Life (Bloch) que vuelve a recordar la humanidad del cello en su registro, capaz de remover la fibra sensible de todos por su cercanía a la voz, orando (Prayer), suplicando (Supplication) y cantando (Jewish song) con el subrayado delicado del piano y donde toda la tradición judía se hizo música en esta hermosísima partitura.

El cierre nada menos que la dura y siempre única Sonata Op. 38 (Brahms), exigente para ambos intérpretes capaces de diabluras técnicas sin perder una musicalidad innata en ambos, entendimiento hasta en las emociones de los tres tiempos, un Allegro no troppo bien trazado, Allegro quasi menuetto en diálogos sin palabras y ese Allegro final apoteósico cual espectáculo de fuegos artificiales.

Si la chispa encendió pasiones, el arreglo de la Meditation de la ópera «Thaïs» (Massenet) pondría el sosiego y remanso de un concierto donde este nuevo encuentro Judith – Adolfo colmó las espectativas de todos. Que este nuevo maridaje musical se mantenga muchos años ya que las carreras de ambos con sus respectivos instrumentos seguirán dándonos todavía más alegrías.

Don Carlo dejará huella en Oviedo

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Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.

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Músicos asturianos por el mundo

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En esta tierra mía podemos presumir de muchas cosas aunque a veces nos llamen «grandones», pero los datos no mienten y así Oviedo tiene una actividad musical que ya quisieran otras ciudades mayores, afición más que centenaria pero también cantera de intérpretes en todos los campos, a los que siempre recuerdo desde aquí e incluso les mando para sus actuaciones un carro con «MUCHO CUCHO®» que resulta más nuestro que la socorrida MUCHA MIERDA históricamente de caballo y referida al éxito de público en los estrenos por la abundancia de carruajes. Los italianos prefieren In bocca al lupo (la boca del lobo) aunque en ella me meto yo solo más de una vez, pero es lo que tiene esto de teclear sin más límite que el del momento.

El director de orquesta carbayón Pablo González Bernardo, titular de la OBC «cruzaba el charco» y dirigía el fin de semana pasado a la Dallas Symphony Orchestra añadiendo nuevos hitos a un currículum que no para de crecer, siempre uniendo calidad y éxito, con un programa donde estaban la Obertura Carnaval Op. 92 de Dvorak, Tchaikovsky y su concierto de violín con Nicola Benedetti de solista más «La Primera» de Brahms (que le escuché en Barcelona hace un año) y la crítica no pudo ser mejor. Tendremos el placer de reencontrarnos con la OSPA en el mes de abril con otros dos autores que domina a la perfección: Beethoven y Schumann. Siempre vuelve a casa y con una agenda como la suya es de agradecer.

Y si hace nada comentaba que los langreanos Forma Antiqva actuarán el sábado 8 de junio en el Festival Händel de Halle con un programa que avanzarán en el VII Ciclo Febrero Lírico del Teatro Real Coliseo Carlos III (El Escorial) donde estará María Espada, me llegaba la noticia de la retransmisión este domingo 20 de enero a las 12 del mediodía por el canal de música antigua de la BBC (The Early Music Show, BBC3) de dos piezas del «Concerto Zapico» grabadas en vivo durante el concierto que ofrecieron el pasado mes de julio en el Festival de Música Antigua de Praga: las Folias gallegas de Santiago de Murcia y el Fandango de Domenico Scarlatti (también en el disco «Concerto Zapico» de 2010 para el sello alemán winter&winter del que son artistas exclusivos) que también escuché este martes en Gijón, autor el italiano que sonará junto al alemán en su casa natal. El programa de la BBC3 es el más importante de música antigua de la radiodifusión inglesa y se emite todos los sábados y domingos al mediodía. Se turnan en la presentación Lucie Skeaping y Catherine Bott, soprano especializada en interpretación histórica, que es quien ha escogido los fragmentos del trío asturiano para su programa del domingo. Para quien no pueda seguirlo en vivo, lo tienen una semana en el archivo de la propia web británica.

Del avilesino y ex-alumno Roberto Álvarez flauta y piccolo en la Singapore Symphony Orchestra, aún le debo un comentario al CD «La noche» con la arpista Katryna Tan con música de nuestro siglo donde no sólo hace patria sino que ha grabado obras de compositores asturianos de ahora como Fernando Agüeria, Jorge Muñiz o Miguel Prida por citar sólo tres, y que fue portada de la revista RITMO. Delicia sonora de interpretación, ambientes y escritura para un dúo poco habitual que rompe etiquetas.

Que me sigan llamando grandón pero poder exportar músicos asturianos al mundo me llena de orgullo y son los mejores embajadores de mi tierra con un producto que los gobernantes parecen olvidar: CULTURA. ¿Cuándo se enterarán estos desWERTgonzados? 

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