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Ashkenazy también joven

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Domingo 14 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO), Daniel Hope (violín), Vladimir Ashkenazy (director). Obras de Britten – Berkeley, Mozart y Ravel.

Siempre es una gozada disfrutar de orquestas jóvenes con calidad, y la EUYO, donde ha estado mi querida violinista María Ovín, es fiel exponente de la apuesta por la cultura y educación musical desde esta Unión Europea a la que pertenecemos pero no rema en la misma dirección en unos tiempos donde los recortes no respetan nada y los patrocinios privados parecen ser la única solución, tal y como pudimos apreciar en la cara información facilitada a la entrada del concierto.

Orquesta formada por más de 140 músicos procedentes de los 27 estados miembros, seleccionados entre miles de candidatos entre 14 y 24 años, la Gira de primavera que arrancó el 30 de marzo en Interlaken (Suiza) pasa también por España estos días de abril: Barcelona, Oviedo, San Sebastián, Valencia y Alicante, con el pianista y director Vladimir Ashkenazy al frente (titular desde el año 2000 continuando la lista empezada por Abbado y Haitink, para engrosar la larga lista de grandes batutas que han pasado por la EUYO como invitadas, además de contar siempre con solistas de fama mundial, esta vez el violinista Daniel Hope en algunos de los conciertos de este tour primaveral.

En el centenario de Britten nada mejor que comenzar con «Montjuic», Suite de danzas catalanas para orquesta, en colaboración con L. Berkeley, tras el paso de ambos por Barcelona los días 18 al 25 de abril de 1936 para intervenir en el XIV Festival de Música Contemporánea, que les marcaría tanto musicalmente como para denunciar la barbarie de nuestra triste Guerra Civil, como bien recuerda Iván J. Román Busto en las notas al programa. Cuatro movimientos donde podemos reconocer melodías y ritmos cercanos: Andante maestoso un minueto, Allegro grazioso estilización de la «gavotte», Lament-Barcelona July 1936 en ritmo lento de zarabanda intercalado con alusiones a la sardana, y Allegro molto, todos ellos bien diferenciados en una interpretación brillante por efectivos pero emotiva por lo contenida, con una dirección muy peculiar del director islandés (afincado en Suiza y nacido en Rusia) que aúna lo didáctico precisamente por los gestos marcados que no dan lugar a dudas.

El Guarnieri del Gesú «ex-Lipinski» de 1742 que toca Daniel Hope es terciopelo sonoro que con una técnica prodigiosa tanto en el arco como la mano izquierda del inglés, hicieron del Concierto nº 3 «Estrasburgo» para violín K. 216 de Mozart, muy apropiado para este concierto europeo y una delicia acústica, aunque menos interpretativa. Nuevamente escuchamos una visión intimista, introspectiva en los tres movimientos, donde las cadenzas fueron las esperadas de virtuosismo pero algo carentes de más sentimiento, con una orquesta reducida y bien «domada» para esta obra por el veterano director que se limitó a marcar más que a interpretar. El sonido triunfó sobre la música en el siempre «traicionero Mozart», aunque para gustos se hicieron colores. Y la propina, promocionando el último CD de Hope, otra lección de virtuosismo con esas «Campanas» de Johann Paul von Westhoff (1656-1705) que volvió a impactar por la técnica desde una gélida interpretación como el título de diseño gastronómico: «Deconstructs Imitazione della campana».

Al menos Ravel no nos dejó indiferentes, la orquestación magistral del francés con una formación idónea nos interpretó las dos suites del ballet Dafnis y Cloe, lástima de coro para escuchar el ballet completo. La Suite nº 1 (Nocturno – Interludio – Danza guerrera) ya mostró la calidad de todas las secciones de la joven orquesta, cuerda bien ensamblada, madera cálida, metales claros y precisos, arpas puntuales y correctas, más una amplia percusión donde disfrutamos hasta de la «Máquina de viento», siendo la Suite nº 2 (Amancer – Pantomima – Danza general) aún mejor, con un protagonismo especial de la flautista solista búlgara Adriana Dyakova, quien ya bordase su intervención en la primera parte. Interpretación sin pausa de ambas suites donde Askhenazy llevó de la mano a sus chicos, jugando esta vez sí con todo el colorido de la partitura, mimando los planos sonoros y dejando los tutti algo más liberados, consiguiendo un Ravel más que digno.

La propina del británico Elgar y su Canción de la mañana (Chanson de Matin), Op. 15 nº 2 nuevamente sacó de los jóvenes músicos europeos lo mejor desde la emoción contenida y el empaste en una gran formación que sonó adulta bajo la dirección de un joven Vladimir que pese a los años sigue conjugando batuta y piano. A la salida todavía tuvo tiempo de firmar discos, aunque últimamente me estoy haciendo poco mitómano…

Marcos Fernández Barrero, Premio OSPA

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Este viernes 12 de abril tuvo lugar el Concierto Extraordinario «Concurso Composición OSPA 2013» con Rossen Milanov al frente. Marcos Fernández Barrero (1984), en el centro de la foto, fue el ganador con la obra Resonancias para orquesta (2012) mientras Jorge Ortal Grandal (1969), a la izquierda, con Elementos vitales (2013) se llevó el premio del público que votó tras escuchar las tres obras finalistas, siendo Diálogos del tiempo y el espacio (2012) de Hermes Luaces Feito (1975) la que completaba terna.

OSPA TV entrevista a los tres compositores finalistas

El jurado estuvo compuesto por el maestro Milanov, director titular de la OSPA, el compositor Jesús Rueda, la musicóloga María Sanhuesa, más dos músicos de la orquesta asturiana: el concertino Alexander Vasiliev y el fagotista Vicente Mascarell.

Aunque le dedicaré una entrada más extensa, las tres obras finalistas utilizaron la misma plantilla orquestal con mayor o menor percusión y de duraciones similares (en torno a los 15 minutos y un poco más la preferida del público) siguiendo las bases del concurso.

La obra ganadora para los expertos, Resonancias para orquesta, me resultó «cercana» a los años 50 del pasado siglo con juegos de texturas, dinámicas, cambios de tempo y pinceladas o guiños de Shostakovich a Bernstein en rítmicas de lenguaje musical muy cinematográfico sin olvidar una percusión que parece casi imprescindible en todo autor contemporáneo.

El voto popular optó por Elementos vitales, mucho oficio del cubano afincado en Vigo que construye una obra «pastiche» en el sentido de mezclar de todo un poco, ritmos caribeños, compases de amalgama, John Barry, Maurice Jarre, «Lawrence de Arabia» y «Memorias de África» sin olvidar unas variaciones canónicas Pachelbel o el «Superman» de John Williams, con orquestación académica, redonda y «populista» en el sentido de más melódica, asequible y digerible al oído no muy entrenado que prefiere referencias y puntos de apoyo antes de esforzarse por probar cosas nuevas.

De la tercera en liza, como de las anteriores, espero comentar más detalladamente cada una de ellas. Quede aquí la reseña rápida y a vuelatecla recién llegado a casa.

Corales Mierenses del Año

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Lunes 8 de abril, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de Cultura, Mieres: Coro de Adultos de la Escuela de Música, Reyes Duarte (directora); Orfeón de Mieres, Joaquín Sandúa (director).

Se celebran estos días los 40 años de unos galardones que premian a los habitantes de mi pueblo que no solo lo llevan allá dónde van sino también muchos anónimos y solidarios vecinos o asociaciones que desde estos premios se les reconoce esa labor callada en favor de los demás.

Laudelino Rodríguez García también conocido en medios periodísticos como Tito Rogar, sigue al pie del cañón luchando por mantenerlos contra viento y marea, dando ejemplo en primera persona a estos «Mierenses del año» que a lo largo de esta semana celebra la efemérides desde diversos aspectos culturales, y lógicamente el mundo coral es tan de Mieres o más que los premios. Así dejó constancia también nuestro alcalde Aníbal Vázquez, que acudió al acto disculpándose por el leve retraso que su actividad diaria le obliga, agradeciéndole el detalle poco habitual y digno de la buena educación que lleva años en crísis…

En este reinicio escolar se subió al escenario el Coro de Adultos de la EMM, que no Coro de Mayores como refleja paupérrimamente la prensa (nada raro por otra parte), esa formación que dirige Reyes Duarte, surgida como entretenimiento para los papás y mamás de los integrantes de los coros infantiles y juveniles de la Escuela de Música de Mieres, así como estudiantes del Aula de Adultos, que con el tiempo se han aficionado trayendo otra forma de entender el canto coral desde los repertorios populares que repasaron en esta velada desde el asturiano Chalaneru, alegre como su interpretación, Blanco velero (Mª Carmen Díaz y Juan Hernando), una habanera cuyo ritmo todos llevamos en la sangre que cantantes y directora balancearon cual tripulación marinera, para volver a puerto astur con un original arreglo de la popular Soy de Verdiciu, «canción de chigre» que se hace coral y adulta, para finalizar con la conocidisíma La xana de Pin de Pría, habitual desde los inicios de esta joven formación coral. Aplausos merecidos para una labor de esfuerzo continuado que Reyes seguramente volverá a la carga en el siguiente ensayo para pulir afinaciones, empastes, matices o aire que no empañan la interpretación del coro.

La fiesta coral siguió con el Orfeón de Mieres de Sandúa a quienes hace poco escuché en su Concierto Sacro, quienes eligieron cuatro temas conocidos y con sus dificultades: La golondrina de José Pagán que ha recuperado vuelo en una interpretación sosegada y delicada, Tengo de ponete un ramu de Lauret con quien el propio Joaquín trabajó en sus años de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», pudiendo decir que es una de las versiones más fidedignas, el difícil Capricho del Padre Prieto, gijonés, tema habitual en los años 70 con Baldomero Pérez
en la dirección y vuelve a las renovadas voces de nuestra centenaria formación, para finalizar con el complicado Eli Eli (Bardós)
que tanto gustase en el citado concierto anterior aunque hoy no resultó como entonces.

Y no hay mejor cierre en una fiesta que cantar todos juntos Asturias patria querida a pleno pulmón y acabando en el agudo (algún día contaré cómo se ha desvirtuado) con lo que dábamos por inaugurada esta semana de cumpleaños de unos «Mierenses del año» que espero alcance las Bodas de Oro… ¡o de Platino! como las voces de mi Hermosa Villa.

Satisfacción a raudales

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Martes 26 de marzo, 20:00 horas. Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, Mieres. Concierto Sacro: Orfeón de Mieres, director: Joaquín Sandúa. Obras del Padre Prieto, Kodaly, Alfredo de la Roza, Bárdos, Van Berchem, J. M. Haydn, Tresch, Gabaráin y Juan A. García.

Siempre es una alegría escuchar música en mi pueblo. Mayor si se unen en un concierto tantas razones emotivas: cantaba «El Orfeón«, mi primera escuela coral; dirigía Sandúa, uno de los culpables de mi amor por el órgano, precisamente en esta Iglesia, y quien me presentó a Alfredo de la Roza en los tiempos de la Capilla Polifónica, y de quien escuchamos dos obras el día que conocíamos la noticia del Ayuntamiento de Oviedo que pondrá ¡por fin! su nombre a una calle.

En la parte musical el reencuentro con la formación coral decana de Asturias y una de las más veteranas de España, en un programa exclusivamente sacro para este Martes Santo, con la presentación de cada tema a cargo del que fuera presidente, orfeonista y colega de profesión ya jubilado Eustaquio Álvarez Hevia, palabras medidas, doctas y sinceras como en él es habitual. Obras todas sentidas, bien interpretadas bajo la dirección atenta de Sandúa, con cuerdas bien compensadas (los bajos por fin asientan el coro) que siguen trabajando la técnica y buscando la afinación correcta, algo imprescindible en toda formación, empaste ayudado por las obras y la acústica perfecta en estos recintos. Repaso siempre bueno de partituras antiguas y montaje de nuevas, destacando la del húngaro Bárdos por su enorme dificultad pero que compensó el esfuerzo.

Pongo aquí las obras interpretadas y sus autores:

–In monte Oliveti (José Ignacio Prieto)

–Stabat Mater (Zoltan Kodaly)

–Memento mei Deus (Alfredo de la Roza)

–Eli! Eli! (György Deák Bárdos)

–O Jesu Christe (Jacob / Jacquet Van Berchem)

–O Esca Viatorum (J. M. Haydn)

–Ave Maria (J. B. Tresch)

–La muerte no es el final (Cesáreo Gabaráin / armonizada por A. de la Roza)

–Señor, me cansa la vida (Juan Alfonso García / A. Machado)

No podía tener mejor inicio vacacional en casa con mis «querencias» corales y personales. La próxima parada, ya en abril, también será con la palabra hecha música en Madrid, pero aquí lo dejo sin más… Seguiremos en contacto por los medios habituales.

P. D.: La página Web del Orfeón está «hackeada» y fuera de servicio temporalmente.
Su Canal de YouTube está actualizado.

Creación eterna

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Viernes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa: OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), William Berger (barítono), Topi Lehtippu (tenor), Eleanor Dennis (soprano). Director: Benjamin Bayl: La Creación, Hob. XXI/2 (Franz Joseph Haydn).

Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó «el dúo» en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible:

  • El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.
  • Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto «tenorín» australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono «roxu» que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.
  • La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.
  • Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.

Rafael Banús titula sus notas al programa «Del caos a la luz» que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, «recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático«, con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió «Papá Haydn» para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral – Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón… ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible.

Este viernes, además de llorar con «Lágrimas Negras» la muerte de Bebo Valdés, de empatar «la Roja» contra Finlandia (que vuelve a aparecer en esta entrada) también había en Avilés concierto de órgano con mi querido Fernando Álvarez Menéndez dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa, pero humano es carecer de la ubicuidad. De mis próximos conciertos informaré como pueda, vía teléfono, tableta o incluso Twitter©, que la tecnología nunca está reñida con los sentimientos…

Requiem por Alfonso II El Casto

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Jueves 21 de marzo, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Actos conmemorativos del 1171 aniversario de la muerte del Rey Alfonso II El Casto, concierto Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez Fernández (órgano), Miguel Ángel Campos Galán (director). Misa de Requiem (1843) de Hilarión Eslava.

Fiel cita anual y musical para recordar al Rey Casto con curiosidades como el coro protagonista que hace un alto en la zarzuela del casto José para homenajear al rey astur en un Requiem poco escuchado de un compositor español que todos los que hemos estudiado música conocemos más por su labor docente que compositiva, y esta vez una obra que escuchaba por primera vez en directo, volviendo a clamar por la recuperación o activación de nuestro patrimonio, agradeciendo la sabia elección.

En plena época de podadora económica, que se nota sobremanera en la cultura en general y la música en particular, la crisis parece más política que artística, pues sirve para apostar por lo de casa sin perder calidad y como dice el refrán, agudizando el ingenio.

La Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» es una formación coral asturiana con muchos años a sus espaldas (fundada en 1970 con Luis Gutiérrez Arias) y larga tradición recuperando incluso obras del propio archivo catedralicio desde los tiempos del Maestro Alfredo de la Roza y Benito Lauret. En la actualidad y bajo la experta dirección desde 2002 de Miguel Ángel Campos nos ofrecieron en una fría tarde primaveral esta maravilla del compositor navarro con el acompañamiento del avilesino Rubén Díez Fernández, compositor, arreglista, director coral y orquestal, pianista, organista… ¡músico completo!, en un instrumento de los llamados «litúrgicos», aunque hubiese preferido uno portativo, pues la electrónica no siempre hace buena pareja con la música coral y sobre todo con la acústica de la Catedral. Conocedor y concertador bien formado, compartió protagonismo con el coro ovetense, preocupándose siempre de la correcta elección de registros y volumen hasta en el intento de «tirar» de las voces, oficio y profesionalidad en esta «orquesta reducida» que llevó por buen camino.

No vamos a analizar la enorme calidad de una obra encajada perfectamente en el evento, aunque se quedase corta en duración e intención al faltarle la Eucaristía, con el oficio de Don Hilarión. Exigente en todos sus números, el coro estuvo por momentos en la cuerda floja y al límite de la afinación, calando levemente en alguna parte, así como la sensación de ir detrás del órgano (que no a la inversa a la vista del gesto directorial), estando más cómodo en las breves intervenciones a capella, pero totalmente entregado interpretativamente, dando muestras de una musicalidad a prueba de repertorio, con buena gama dinámica y el «pero» de la precisión con el diapasón.

Sobre el acompañamiento, no sólo armónico y de «relleno» (para reforzar una buena cuerda de bajos ya potente de por sí) sino con protagonismo en las partes introductorias e interludios con sentido orquestal, que el pedal de volumen y los registros utilizados apoyaron en todo momento el peso vocal, algo desequilibrado en número, y por consiguiente volumen, de las voces blancas, no siempre bien empastadas con unos tenores algo desiguales, que se adelantaron más de una vez, preocupándose en sonar sin tapar, conocedor del papel de todos en cada parte del «ordinario».

Mejorable el color y emisión globales de esta formación pero comprendiendo el trabajo acumulado y el brusco paso de «La Corte del Faraón» a este Requiem donde la única coincidencia fue «El Casto«. Al menos bisaron un Sanctus que resultó de lo mejor de este concierto. Y «vuelta a Egipto» tras un compromiso bien resuelto globalmente.

Adolfo G. Viejo y joven de espíritu

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Miércoles 20 de marzo, 20:00 horas. XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Recital Bach, Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).

Un monumento al trabajo como el propio Bach se merece el leonés afincado en Asturias Adolfo G. Viejo capaz de seguir en activo para seguir dando a conocer al público la magnificencia de la obra organística del Kantor de Leipzig. No creo saber los años de estudio y práctica que supone haber tocado la integral de Bach en distintos órganos de la geografía europea.

En Avilés afrontó un programa valiente para un instrumento nuevo que no domina aunque contase con la inestimable ayuda de Chema. Y la dificultad de las obras elegidas estriba, como en todo Bach, en la exactitud de cada nota y figura con el registro adecuado para evitar un empacho de semicorcheas con hipo si se me permite la comparación. En este sentido resultado mejor los Corales (BWV 645, tocado de memoria, y BWV 688 sobre todo) que la Passacaglia y fuga en Do m. BWV 582 donde tuve la sensación de conducir con niebla nocturna sin luz al final del trayecto iniciado con plena confianza.

Obras como la Fantasía y fuga en Sol m. BWV 542 piden claridad de registros que no hubo, quedando desde abajo todo embarullado y con sensación caótica que dista mucho de lo buscado en la consola por Johann Sebastian Viejo: «la música es un diálogo de Dios consigo mismo antes de la creación del mundo» (Goethe sobre Bach). Lo mismo en la traicionera Fuga en Re m. BWV 529 del Primer movimiento de la Sonata para violín solo en Sol m. Pero el maestro valiente dejó la conocida Toccata y fuga en Re m. BWV 565 para el final con el ímpetu de juventud y todo el poderío Acitores, acertando en sonoridades y aires arriesgados porque la cobardía no existe para los músicos.

Felicitar al Maestro Adolfo por una vida dedicada a hacer felices a los demás desde la docencia, interpretación y composición. Pocos a su edad pueden mirar para atrás y ver tanto recorrido. Escucharle en Avilés no sólo era un tributo obligado sino otro signo más de generosidad que muchos de los presentes premiamos con nuestros aplausos sentidos en el corazón.

Un dúo poco escuchado

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sto. Tomás de Cantorbery: Juan Pedro Romero Nieto (oboe), Rubén Díez García (órgano). Obras de Bach, Telemann, Buxtehude, Händel y Guillaume Gabriel Nivers.

Segundo concierto de la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés nuevamente con artistas de casa de reconocido prestigio, el primero profesor en el conservatorio avilesino y de la OSPA, el segundo compaginando su labor pastoral con la organística, con todo el sacrificio que conlleva. Y esta vez no hablaremos de crisis porque el dúo oboe-órgano no es habitual escucharlo en vivo y de ambos instrumentos tenemos unos músicos de primera en Asturias capaces de un concierto impresionante no solo por lo novedoso del formato: alternando obras y arreglos que supusieron todo un colorido tímbrico por el sonido tan peculiar de la doble caña en un instrumento siempre importantísimo en la orquesta a lo largo de su historia, pero que en el repertorio barroco toma aún más protagonismo si cabe.

Comenzaba en solitario Rubén Díez con una obra de calado como es el Praeludium et Fuge BWV 532 (Bach) por exigencia, virtuosismo en manos y pies, combinación de pedales a teclado, manos separadas y sobre todo poder lograr ese crescendo progresivo a lo largo de esta maravillosa obra del Cantor. Cada concierto del praviano es siempre un placer al comprobar su estudio riguroso tanto de las partituras como de los registros siempre distintos y apropiados dependiendo del instrumento que tenga delante, y el nuevo de Acitores puede dar sonoridades adaptadas al estilo, esta vez puramente barroco.

La Sonata a-moll TWV 41 (Telemann) fue el primer dúo, contrastes en sus cuatro movimientos donde el oboe envolvió el templo avilesino bien arropado por unos registros que empastaron a la perfección y un dúo compenetrado con entradas siempre a tempo: la lenta y recogida Siciliana, el rápido Spirituoso, con pasajes fuertes sin estridencias, el lirismo puro del Andante y el Vivace potente de sonoridad y velocidades bien resuelto por ambos intérpretes.

La Ciacona en minor, Bux WV 160 (Buxtehude) es una obra delicada, reposada, donde la elección de una registración tenue en teclados y pedalier nos trajo nuevas y recogidas tímbricas para una partitura más difícil de lo que su escucha pueda parecer. Nuevo reto conseguido por el Maestro Díez.

El arreglo para este dúo del Adagio del «Osteroratorium» BWV 249 (Bach) le da un protagonismo casi vocal al oboe, capaz de unos reguladores que el órgano barroco no tenía pero sí todo el repertorio para viento, y siendo un número lento el placer de escuchar los fraseos de Juan Pedro Romero resulta una oración interior sin palabras. Otro tanto sucede con el arreglo del conocidísimo Largo de «Xerxes» (Händel), el aria «Ombra mai fu» tantas veces cantada que en la versión instrumental cobra nueva dimensión.

El último escalón para órgano solo es el Kyrie de la «Messe du 2ene ton» (G. Nivers), cinco movimientos de auténtico magisterio por el despliegue en la búsqueda de registros adaptados a cada uno de ellos, dificultades técnicas e interpretativas bien resueltas por el intérprete praviano, gustándome sobremanera el «Recit de Cromhome» central.

El cierre del concierto vendría a dúo que interpretó el Trío sonata nº 3 en Re m., BWV 527 (Bach), para mí con problemas variados en sus tres movimientos (Andante – Adagio e dolce – Vivace) porque el órgano quedó opaco frente al poderío de las frecuencias del oboe, no se logró el empaste de las anteriores obras (cierto que los tiempos lentos son más agradecidos) y la reverberación tampoco ayudó (1). Pese a todo una nueva demostración de virtuosismo para una forma que Bach trabajó durante toda su vida en combinaciones varias, siendo ésta probablemente la menos lograda, aunque el magisterio y belleza de toda la producción bachiana soporta mezclas y el paso del tiempo como nadie. El próximo concierto del miércoles 20 será TODO BACH en el mismo órgano de Federico Acitores con Adolfo Gutiérrez Viejo.

P.D.: Esta vez esperé a publicar el Blog sabedor de la subida al Canal en YouTube© de la Semana con el concierto de este lunes, dejando en cada obra el enlace o link.
(1) En el vídeo grabado directamente en el coro, la sonoridad resulta mucho mejor que abajo.

Conciertón inaugural XXXVI SMR de Avilés

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Domingo 17 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolas de Bari. Coral Avilesina (Elena Baigorri, maestra de coro), Orquesta Julián Orbón, José Mª Martinez (director). Obras de Händel, Ramón de Garay, Max Bruch y Pedro Braña.

Comenzó la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés en plena recesión económica pero nunca artística porque cuando no se tienen recursos suficientes para ofrecer figuras nacionales o internacionales, los de casa, muchos de ellos también docentes, salen más baratos y en muchos casos de igual calidad. También sirve para enseñar los frutos de tantos años de trabajo (36 la propia semana) y dar oportunidades a nuevos y jóvenes intérpretes de esta tierra mía, aunque como bien contaba al final del concierto Chema, algunos no quieren volver y otros incluso dejan de hablar a la organización… Pero esto es otro cantar.

La organista Judith Busquets fue la solista del Concierto para órgano y orquesta en SIbM, Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, bien resuelto tanto en sus intervenciones solistas como las concertadas con una orquesta bien empastada dirigida con la mano firme y clara del director allerano aunque avilesino de adopción. El orden de los tiempos pudo despistar a algunos que aplaudiendo entre ellos rompieron un poco el buen discurso interpretativo desde el Andante inicial, con algunas notas del famoso «Aleluya», el Órgano ad libitum para disfrute de la solista que utilizó todos los recursos del portativo, un Spiritoso literal en todos los músicos, desde la cuerda a la madera y metal en una fuga de las que el de Halle saca oro e inundaron «la Iglesia de Garralda» y ese Menuet final auténtica danza con protagonismos bien repartidos, aunque hubiese momentos donde el órgano, por ubicación y recursos, quedase algo tapado.

Ramón Fernando de Garay Álvarez (Avilés, 27 de enero de 1761 – Jaén, 8 de enero de 1822) fue un compositor de talla internacional contemporáneo de Mozart, Haydn o Beethoven por citar la terna clásica, prolijo en todos los estilos, aunque mayoritariamente el religioso, pero con nada menos que diez sinfonías que ya han sido grabadas hace dos años por José Luis Temes al frente de la Orquesta de Córdoba con motivo del 250 Aniversario del nacimiento del músico de Sabugo. La Orquesta del Conservatorio Julián Orbón está dando a conocer poco a poco en su propia ciudad parte de esa producción, auténtico patrimonio cultural de la tierra que no podía seguir olvidado, en parte por la inestimable colaboración de mi querida compañera y amiga Mª Luz González Peña, directora del CEDOA -Centro de Documentación y Archivos- de la SGAE (donde trabaja),  al hacer llegar estos materiales ya digitalizados a su Avilés del alma.

Chema Mtnez. recoge siempre el guante y esta vez con la Orquesta del Conservatorio avilesino, algo reforzada, nos deleitaron con la Sinfonía nº 9 en MIbM (1817) con sabor de clasicismo vienés en sus académicos cuatro movimientos y plantilla utilizada: Largo-Allegretto, Andantino, Allegro (Minué) y Rondó (Allegro) bien interpretados por una orquesta vigorosa en sonido y fiel a la partitura editada por el ICCMU que está al mismo nivel de muchos contemporáneos del compositor de Sabugo. La figura de Garay ha sido muy poco conocida hasta su reciente recuperación, gracias sobre todo a los trabajos del canónigo Raúl Arias del Valle (durante muchos años archivero de la catedral de Oviedo) y del cronista asturiano Justo Ureña junto al estudioso principal de su figura, Pedro Jiménez Cavallé, musicólogo y catedrático de la Universidad de Jaén, a quien debemos no sólo buena parte de los datos biográficos que hoy podemos ofrecer del maestro sino la revisión de su única ópera Compendio sucinto de la Revolución Española (1815) y de sus diez sinfonías. Decir que suena a Haydn o Mozart no es exagerar, y la prueba está en el triple CD para quien pueda escuchar la grabación patrocinada por la Fundación BBVA y el sello Verso.

Siguiendo con obras poco escuchadas, los solistas Iván Cuervo (clarinete) y Roberto Morales (viola) nos recrearon  el Doble concierto en Mi m, Op. 88 (1911) -originalmente para violín y viola– de Max Bruch, tan inspirado como el más famoso de violín y dominador de colores y texturas tanto en los solistas como en la orquesta. Obra exigente para todos en sus cuatro movimientos, brillaron a gran altura destacando la potente sonoridad del Rondó (Allegro) final, los excelentes pasajes solistas y la precisión en la dirección del Maestro Martínez, ajustando los tempi siempre buscando la claridad expositiva.

El otro compositor asturiano de la tarde fue Pedro Braña Martínez (Candás, 5 de febrero de 1902 – Salinas, 13 de febrero de 1995), quien durante su larga estancia en Sevilla, de la que es hijo adoptivo, acabó firmando muchas marchas procesionales para su famosa Semana Santa, destacando que tiene una calle con su nombre en el barrio de Nervión de la ciudad Hispalense, sin olvidar obras corales que aún están en los repertorios. La Misa al Sagrado Corazón de Maria tiene las partes del «ordinario» que cantó con seguridad y buen gusto la Coral Avilesina que dirige Elena Baigorri Sáenz, con el acompañamiento de una formación camerística (normalmente con órgano) bajo la siempre atenta dirección de Chema. Cuatro partes donde los textos en latín están bien repartidos entre las voces con una orquesta tejiendo contracantos o subrayando las armonías: el breve Kyrie (Andante sostenido), seguido de un trabajado Gloria (Allegro moderato – Largo – Allegro deciso) brillante en toda su escritura polifónica, un Sanctus (Andante religioso) que bebe de las fuentes clásicas y el Agnus Dei (Andante religioso) tranquilo, dibujado y subrayado por la soprano local Rosa Jorquera en sus solos, con una cuerda cual «órgano imposible» por sonoridades reforzando un bajó armónico. Del compositor candasín -también con calle en su pueblo marinero- fue también el Ave María de propina con la misma solista que puso broche de oro entre merecidísimos aplausos al concierto inaugural de una Semana de Música Religiosa que es historia asturiana todavía viva y resucitando obras desde el duro trabajo y la ilusión por compartirlas.

Bartoli siempre un espectáculo

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Sábado 16 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo. Agostino Steffani: «Mission«. Cecilia Bartoli (mezzo), I Barocchisti, Diego Fasolis (clave y dirección).

Las divas del siglo XXI no se parecen a las del pasado en cuanto a voces o repertorio, pero hay que reconocerles que algunas son todo un espectáculo de masas, con entradas agotadas nada más salir el anuncio del concierto, ocupando reportajes de radio y televisión, shows, páginas de periódicos generalistas y muchas hojas en la prensa especializada, vendiendo miles de CDs y DVDs, alcanzando números uno con todo un marketing detrás que sirve para acercar este apasionante mundo a espectadores que no me encuentro habitualmente.

Cecilia Bartoli lleva años como diva, aunque esté alejándose de sus primeros pasos donde asombraba con Rossini, Mozart, Salieri o Vivaldi, así como sus arias antiguas italianas. Más no sólo de la lírica viven las cantantes de ópera y las carreras no suelen aguantar el ritmo que imponen los agentes, por lo que los discos y su promoción forman parte del subsistir. Si unimos una labor investigadora capaz de sacar a la luz compositores poco habituales, incluso desconocidos para la mayoría, vestirla con los abalorios que los estudios de grabación permiten, y realizar giras mundiales, el pan de cada día está más que asegurado. A todo ello sumemos el desparpajo y buen caracter de la mezzo romana, con lo que los llenos están asegurados incluso en el propio escenario.

Tengo un montón de discografía de «La Bartoli» y varios DVDs, (casi) todos comprados, pero sus directos bajan un poco el listón, caso de esta «Mission» donde faltaba nada menos que Philippe Jaroussky (al que también pudimos disfrutar en Oviedo hace dos años) o el Coro della Radiotelevisione Svizzera, pero formación y director los mismos, destacando una dirección de Fasolis a medida de la diva, como debe ser.

La organización del recital fue la habitual en estos casos, contrastes barrocos hasta en el orden y tempi, arias a cargo de la mezzo con oberturas y danzas de varias óperas del obispo y compositor (entre muchas cosas más) veneciano, no grabadas, disfrutando de la calidad de unos intérpretes de primera, en especial la concertino Fiorenza De Donatis y las percusiones de Michael Metzler, creador de climas perfectos en el discurrir dramático, más las puntuales del trompeta Thibaud Robinne, el laúd de Michele Pasotti o el clave del propio Fasolis. Incluso se permitieron hacer coro en algún numero.

De las primeras impresiones el mismo sábado escritas desde el móvil, las mantengo en cuanto a un monográfico Steffani que puede resultar algo monótono (aunque la diva saque brillo a cada una de sus obras). Tomando frases de las notas al programa de María Sanhuesa Fonseca, Steffani «conocía a la perfección el lenguaje musical de su momento… escribió arias llenas de lirismo y de un marcado carácter «cantabile»… otras acariciadoras… números de una alegría contagiosa… alabanza a la música calmada de las esferas celestiales«. Oficio sí, emociones también, pero puntuales porque no es de «los grandes» que nunca me cansan… será que este CD lo tengo demasiado escuchado.

La Bartoli en Oviedo pudo con todo, aunque sean las arias lentas donde más me emocione con sus pianisimi y fraseos, su voz pequeña pero sentida, en especial el registro medio grave siempre carnoso que mantiene con los años (no así el agudo) pues los virtuosismos y agilidades vertiginosas en las llamadas arias «de bravura» me parecen cada vez más fuegos de artificio que cautivan al respetable, reconociendo su dificultad y dominio técnico.

Sí debemos darle las gracias por buscar repertorios «a medida», y esta vez también gratitud por su profesionalidad y entrega: dos horas de recital y ¡media hora de propinas!, para aplacar prisas del cada vez más abundante grupo de maleducados, bisando A facile vittoria con el trompetista Robinne, la otra figura de la noche, sonido y técnica asombrosos en un particular duelo que me recordó el de la película «Farinelli», incluso el guiño al Extraños en la noche de Sinatra con sabor barroco por parte de ambos.

Pero lo mejor de las propinas, Vivaldi (Sovente il sole de «Andromeda liberata«) y sobre todo Händel el Lascia la spina, cogli la rosa, y con el dúo trompeta y oboe del Amadigi di Gaula, el aria de Melissa. Es que el propio «Steffani dio el espaldarazo a un joven Hándel, al que consideró, y no sin motivo, su sucesor operístico. El talento reconoce al talento» que escribe la Dra. Sanhuesa.

Todavía aguantó la diva hasta medianoche firmando autógrafos a una larguísima legión de fans que traían sus tesoros en ofrenda terrenal (menos mal que no soy mitómano, aunque foto con ella sí me hubiera gustado tener).

Una semana barrroca que fue de la cima bachiana hasta el valle monográfico de Gregorio Piva, el alias de Agostino Steffani. Pero del «duelo de mezzos» salió vencedora La DiDonato por clase, estilo, elegancia ¡y variedad!.

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