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La voluntad de Bach en Cuaresma

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Lunes 17 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Bach Collegium Japan, Joanne Lunn (soprano), Clint van der Linde (alto), Gerd Türk (tenor), Peter Kooji (bajo), Masaaki Suzuki (director). Obras de J. S Bach.

No cansaré nunca de «Bach, Mein Gott», del que escucharemos también en este mismo auditorio sus dos pasiones. Atrás han quedado las interpretaciones románticas de grandes formaciones para volver a los orígenes en Leipzig, algo que el maestro Suzuki y su «colegio» llevan por el libro. Tres cantatas y una misa donde los cuatro solistas invitados se integraron en el coro, dando el paso al frente cuando correspondía, más una formación instrumental de primera para gozar sin pecado de la palabra de Dios, textos originales y traducidos en el programa, con la música del Kantor desde un conocimiento directorial que transmite a intérpretes y aficionados.

Las notas de la profesora Miriam Perandones se titulaban con palabras del propio Johann Sebastian: «La música nos ha sido ordenada por el espíritu de Dios» que podemos parafrasear cambiando por «el espíritu de Bach» que flotó en el auditorio cual templo luterano en Cuaresma.

Primera parte con la Cantata Alles nur nachGottes Willen, BWV 72 (Todo sea según la voluntad de Dios) desde la oscura introspección, donde los solistas estuvieron desiguales, despuntando algo más la soprano inglesa (bien en estos repertorios) que el contratenor sudafricano, al que en su anterior visita a Oviedo hace cinco años achaqué los mismos problemas de poco volumen en el registro grave, así como un color característico de ese registro alto menos frecuente que los contratenores más sopranistas pero cercano al original del Leipzig bachiano. El coro siempre perfecto de color, empaste y afinación, equilibrio exacto con los instrumentos.

Para la Cantata Mit Fried und Freud ichfahr dahin, BWV 125 (En paz y alegría me iré) pudimos disfrutar de la flauta (con Kyomi Suga) que también dominase el Kantor, y donde los solistas vocales masculinos resultaron más coristas de lujo que propiamente figuras, más en el dúo acompañados por los dos violines solistas (Terakado y Yamaguchi), cello (Balssa) y órgano (Masato Suzuki), pues de intimismo volvieron a quedar algo oscuros en los graves con un texto que habla de la luz que llena toda la tierra con poderosas palabras que resonaron más bien poco. El recitativo anterior contó con el barítono más que bajo (no hay coro tal y como figuraba en el programa) encareciendo una cuerda auténticamente en crisis, salvo honrosas excepciones, pero más en la música sacra que en escena. El alto al menos se portó en su aria y recitativo antes de volver a disfrutar del coral final «Él es la salvación…» antes de la pausa (descanso no eterno).

La Cantata Bekennen will ich seinen Namen, BWV 200 (Proclamaré mi fe en su nombre) nos cambió en el órgano al Suzuki Masato por el maestro Suzuki Massaki, con los dos violines y el cello acompañando el aria del alto, auténtico acto de fe que resultó más luminoso pese a la precariedad de medios utilizada por Bach pero perfecto preámbulo para la Misa luterana en Sol mayor
BWV 236
, breve por utilizar solamente el Kyrie y el Gloria pero donde el griego primero y el latín después consiguen contagiar la musicalidad eterna del texto a un compositor cercano a Dios. El coro siempre perfecto, el aria de bajo (Te damos gracias) con cuerda y continuo mejor que en las cantatas, pletórico el duetto soprano-alto del «Domine Deus» con el acompañamiento de cuerda, órgano y (contra)fagot, aceptable el aria del tenor con continuo y oboe para tocar el cielo coral «con el Espíritu Santo en la gloria de Dios-Bach» por siempre Amén.

Felicidad venida de Japón con refuerzos internacionales para esta música universal en un concierto del espíritu capaz de acallar «tisis y toses» aunque la hora actúe cual resorte en ciertas posaderas de mal asiento. Desconozco si el «padre Bach» lo perdonará eternamente…

Jornada Michael Nyman

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Sábado 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», Michael Nyman, Michael Nyman Band, Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Michael Nyman.

Protagonismo total de Michael Nyman dentro de las llamadas jornadas de piano, supongo que por el título de la película que más famoso ha hecho al músico británico, puede que por tener nada menos que dos pianos de cola en el escenario del auditorio carbayón, pero evidentemente metido a calzador siendo más válido el otro ciclo de conciertos, y todo porque las etiquetas nunca son buenas y dan lugar a equívocos.

Particularmente me gusta Nyman desde hace décadas cuando Ramón Trecet lo ponía en su programa «Diálogos» y por ser el complemento perfecto de las excelentes y personales películas de Peter Greenaway que no faltaron en este concierto, con pocas sorpresas en un estilo que él mismo bautizó como minimalismo, más como técnica compositiva que por la extensión de sus obras. Por cierto tener a la OvFi y Conti, auténticos todoterrenos colaborando en este concierto es todo un lujo para el propio Nyman, aunque la amplificación de todos unida a los cuidados efectos de sonido (revers y delays varios) dieron una dimensión supongo que impensable para muchos de los presentes.

El orden del programa se alteró mínimamente pero personalmente estuvo más acorde con lo global. Comenzó solo Nyman y su banda algo reducida (sin viola, trompa ni trompeta) pero igual de eficaz en la consecución de la sonoridad típica del británico, repasando algunos temas famosos: Chasing Sheep (sintonía radiofónica hace años y perteneciente a la película «El contrato del dibujante»), algo desajustada por parte de la banda a la que le costaba seguir el ritmo del piano, An Eye for Optical Theory del documental de 2008 «Man on Wire» con esos contrastes entre el viento -saxo barítono y soprano antes de la adición en cuanto a suma del resto de la banda-, y cuatro de las siete danzas acuáticas: 1, 2 «Stroking», 4 y 8 «Synchronizing» de las citadas Water Dances con ese sello inimitable, clásico en las lentas y supongo que excesivamente repetitivo para parte del público en las rápidas, casi rock&roll final, alternancia de tiempos y texturas que son el recetario Nyman donde la amplificación y efectos consiguen impactar al oyente, incluso sin las siempre complementarias imágenes para las que estas músicas fueron compuestas, nuevamente Greenaway y «Making a Splash».

El estreno en España de la Sinfonía nº 6 «Ahae», inspirada en el fotógrafo coreano, puso al compositor al frente de la Oviedo Filarmonía con el pianista Patxi Aizpiri cual solista aunque le tocó suplir al propio Nyman, que por cierto es poco pianista pero peor director, si bien tratándose de una obra suya nada que exigirle. Cuatro movimientos contrastados en la más pura receta sinfónica para una plantilla digamos clásica salvo una percusión sin timbales con marimba, vibráfono y tambores. El primer movimiento de aire rápido con recuerdos de «western», un segundo lento de mayor lirismo aunque siempre desde la técnica compositiva de Nyman, un interesante tercer movimiento rápido en ternario marcado por la primera aparición de los parches en un ostinato rítmico de negra dos corcheas negra que evoluciona a un lento cuaternario con las placas dando más colorido aún, todo ello repetido, para finalizar con un llamemos Vivace en compás a siete, amalgamas que le encantan al compositor británico, para finalizar acelerando.

La segunda parte complementó perfectamente la primera tocando todos juntos (salvo el alter ego Nyman Aizpiri) con la dirección de Marzio Conti en MGV (Musique à Grande Vitesse), música para el TGV francés -a gran velocidad, casi implorando por nuestro AVE astur que no llegará ni a gorrión si es que alguna vez hay vías por el túnel ducha- donde el compositor reclamó como intérprete su partitura al bajista eléctrico Martin Elliott, banda integrada y en «diálogos» con la OvFi en total arrebato sonoro y anímico de media hora, repitiendo como «bis» la parte de cierta épica más allá del toque de tambores. Excelente la labor directorial del maestro titular que no sólo marcó entradas sino también matices que no resultan sólo de añadir o quitar instrumentos como el propio compositor hace, técnica medieval que casi siempre funciona, sino en dar el gusto interpretativo que el director italiano dejó claro engrandeciendo una partitura simplemente agradecida, por no llamarla comercial en estos ambientes. Este marzo todavía nos deparará mucha más música: la que gusta y la que no gusta, porque realmente es lo que hay…

Receta Milanov: BB de lo bueno

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Viernes 14 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «En la gran tradición alemana», Concierto de abono nº 8, OSPA, Suyoen Kim (violín), Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Beethoven y Brahms.

El titular Milanov volvía al podio con un programa ya rodado en la maratón bilbaína que es «Musika-Música«, este año dedicada precisamente a las dos B del octavo de abono, y con dos solistas que ya dirigiese en el Auditorio la temporada pasada: la violinista alemana Kim y el cellista madrileño Ferrández, ambos con excelente sabor de boca según mis anotaciones y recuerdos sonoros.

El cocinero búlgaro preparó un menú clásico de encargo en cuanto a ingredientes pero cocinado y condimentado con los toques que logran sutiles diferencias. La elaboración de los ensayos y ejecuciones consiguieron una velada digna de las «3 Bes» conocidas como «Bueno, Bonito y Barato» aunque no resulten calificativos precisamente apropiados para la música, pero jugar con las tres b de los grandes compositores (se sumó Bach en la propina cual sorbete entre las dos partes clásicas en que siguen organizándose los conciertos), sirve incluso para titular entrada en el Blog.

De aperitivo el genio de Bonn: Leonora, Obertura nº 3, op. 72 (Beethoven), para ir calentando motores y percibiendo los ingredientes de primera mano, en su punto de temperatura sin mucho colorido, cual grabados del otro sordo genial como búsqueda de materiales y logrando maestría incluso en «pequeñas obras». Inseguridades puntuales en entradas pero líneas maestras claras.

Los siguientes platos provenían de Hamburgo, menú musical germano en tanto que servido en Viena aunque cocinado por Milanov en nuestros fogones.

El Concierto para violín, violonchelo y orquesta en la menor, op. 102 (Brahms), el «doble concierto» es todo un reto por los difíciles ingredientes que ligaron perfectamente para una salsa contundente al ser de por sí más caros que el azafrán: nada menos que dos Stradivarius en el mismo plato: el rotundo cello de Pablo Ferrández equilibrado con el sutil violín de Suyoen Kim, diálogos de emociones tomados en pequeños bocados o dentro de una soberbia salsa OSPA que funcionó más que como guarnición ingrediente necesario para alcanzar el paladar buscado por Milanov, perfecto concertador de sabores musicales que esta vez buscó colorido en la paleta orquestal delineando ancho con un pincel fino para alcanzar este primer Brahms realmente carnoso. Merecidos y abundantes aplausos para los solistas que nos regalaron esa Invención nº4, BWV 775 de Bach adaptada a dúo funcionando como pausa antes del cierre hamburgués.

La Sinfonía nº 1 en do menor, op. 68 es un plato conocido que puede resultar honesto, pasarse o quedarse corto cual siete y medio, pero precisamente por exigente Milanov fue cocinándolo con mimo, maestría y sazonando con detalles. Optó por sobresaltos que fueron ganándome: el inicio más que Un poco sostenuto resultó «retenuto» por la lentitud que parecía remover con cuchara de madera antes de sorprender con el Allegro. Nuevamente la colocación vienesa, la ubicación para proporcionarnos esa espacialidad adecuada a esta enorme obra sinfónica permitió saborear cada bocado. El Andante sostenuto pareció ir engordando la salsa jugando con sutiles cambios de tempi que sacaron a flote detalles impercectibles en una cocción más rápida. No sé si esta grasa es buena para el colesterol pero está claro que «La Primera de Brahms» cocinada por Milanov iba con poso y nada ligera, sólo Un poco allegretto e grazioso daría el toque «light» con alguna incertidumbre metálica siempre compensada por la madera segura y «redonda» sin enturbiar el placentero resultado global. Y es que cocinando e ir sirviendo cada movimiento en distintos platos permitió reconocer la grandiosidad de esta generosa sinfonía -daba gusto ver y escuchar el «pizzicati acelerando»- que desemboca placenteramente en ese cuarto movimiento auténtico microcosmos de emociones, sabores, reminiscencias, deudas y originalidad que en el tratamiento del mejor Rossen permitió redescubrir las papilas gustativas. Adagio para retomar la visión, Più andante para masticar y degustar, más la conclusión del Allegro non troppo, ma con brio, final de un manjar diríamos de toma pan y moja. No siempre lo cocido y conocido podemos redescubrirlo, más este primer Brahms Milanov cocinado con tiempo puso sobre el mantel lo mejor de nuestra despensa musical sin sensación de empacho y con ganas de repetir.

Gratitud lírica

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Domingo 9 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Concierto Benéfico Asociación Parkinson Asturias: Ana Nebot (soprano), Simón Orfila (barítono), Mario Bernardo (piano). Obras de Obradors, García Abril, Mompou, Hahn, Tosti, Mozart, Puccini, Bellini, Rossini y Donizetti. Entrada: 15€.

Siempre resulta de agradecer el esfuerzo de asociaciones en defensa de enfermedades máxime en tiempos donde nuevamente la sociedad va por delante de sus gobernantes no ya en el terreno solidario sino en el del bienestar, lucha en la que no podemos bajar la guardia, y ayudar económicamente sigue siendo prioritario. Si la forma de recaudar fondos y concienciarnos a todos de enfermedades que parecen curadas o en retroceso (craso error cuando los recortes llegan incluso a la investigación) es con la música, muy bien, lenguaje universal y directo. Si es con la lírica en una ciudad como Oviedo, el éxito está casi asegurado. Sumemos contar con gente de casa, de nacimiento o adopción, y entonces el (casi) lleno de la sala de cámara -404 localidades según me apuntaron fuentes bien informadas- era previsible.

El pianista gijonés Mario Bernardo domina repertorios tanto específicos de canciones (su Tosti con Pixán lo tengo en mi memoria) como los siempre poco agradecidos operísticos donde las reducciones orquestales son demasiadas veces imposibles. Atento a los cantantes, arropándoles y transmitiendo seguridad en cada obra resultó el apoyo perfecto para este recital en casa.

Mi querida soprano ovetense Ana Nebot sigue trabajando y ganando cuerpo a una voz de timbre algo metálico pero capaz de enamorar tanto en la canción española -poco agradecida para soprano las elegidas- como la francesa (hermosísima A Chloris de Hahn, que incluso nos explicó esa inspiración pictórica), más cercana a su estilo y color, sin olvidarse de unas difíciles arias de ópera buscadas para la ocasión, quedándome sobre todo con su Mozart en los dúos con el asturiano adoptado desde Alayor, Simón Orfila.

Aún fresco en nuestras retinas visuales y auditivas su Leporello, todavía más redondo «el catálogo» con piano, el Don Giovanni de La ci darem la mano confirma un momento vocal álgido del barítono bajo menorquín, con un entendimiento escénico y musical con Ana Nebot en este dúo y en último Quanto amore del elisir donizettiano. Primero nos deleitó con las canciones en catalán (siempre enorme Mompou y el Damunt…) y el mencionado Tosti de L’ultima canzone y Vorrei morire que siguen conmoviendo en cualquier tesitura. La calumnia del barbero de Rossini comienza a ser referencia en el repertorio del menorquín que encontró hueco en su apretadísima agenda para volver a su segunda casa y participar desinteresadamente con sus compañeros en este recital emotivo por muchas razones.

La propina de «Las mañanitas» de Don Gil de Alcalá (Penella) reconvirtió a Orfila en mezzo y a todos los asistentes en coro cumpliendo fielmente el «canta y no llores». Gracias por estos regalos musicales y solidarios.

Soledad superlativa

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Sábado 8 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Grigory Sokolov. Obras de Chopin.

Nueva visita de San Sokolov a Oviedo en plena gira o vorágine musical, y todos como en misa, es decir las habituales toses y móviles entre la parroquia madura con prisa para cenar cual campanas programadas, y todos esperando propinas que finalmente resultan una tercera parte: esta vez seis que nos llevaron hasta las once menos cuarto de la noche y porque encendieron las luces, por lo que podemos decir que Sokolov nunca defrauda y sigue siendo un grande entre los pianistas.

Monográfico dedicado al llamado «poeta del piano«, ese Chopin (al que el programa más que inmortalizar «eterniza» hasta 1949) cual «soledad sonora» que desde la isla interpretativa del escenario -colocada la caja escénica para estos eventos- y poética igualmente del pianista ruso, con una técnica capaz de emocionar incluso desde la Sonata nº 3 en si menor, op. 58 cuyos cuatro movimientos supusieron una suma de intenciones individuales que conformaron la obra mayor, descubriendo cómo una sola nota emerge e inunda toda una sala siempre desde el «sonido Sokolov«. Parece imposible la gama dinámica capaz de salir de un piano para asombro de primerizos y confirmación agnóstica, pero sobremanera la limpieza de los sonidos desde esa independencia solitaria y sumativa que nos redescubrieron la última sonata chopiniana.

Para la segunda parte una selección de 10 mazurkas en distintas modalidades y tempos, menos virtuosísticas que la tercera sonata pero todas interiorizadas desde las inmensas soledades de Sokolov, su mundo ajeno al de los mortales que adoramos y admiramos cada nuevo milagro sonoro, microcosmos nacionalistas internacionalizados, únicos y enlazados, silencios rotos por la ignominia y la ignorancia de un público vetusto (en todo el sentido de la palabra), por el descaro del inculto al que el santo ruso patrono de teclistas vivos es ajeno, burbuja pianística en blanco y negro, ceremonial en primera persona compartido con los mortales que parecemos molestarle por momentos. Desfile de aires variados pero solitarios, tristemente adecuados a un estado anímico que contagia inexorablemente a quien quiera comulgarlos, la lenta mazurka inicial Op. 68 nº2, los allegro (Op. 68 nº3, op. 30 nº3) contenidos, diría que minimizados, incluso los vivace (Op. 30 nº2 y op. 50 nº1) más vivos y lumínicos que veloces, ligeros siempre volviendo a la redondez y plenitud de una sola nota emergiendo de los acordes, pedales manteniendo el poderío, dominio de un sonido solitario al que acompañan y suman después desde la suprema soledad acústica y el dominio apabullante de una técnica que emociona al ponerse al servicio de un Chopin más íntimo e individualista que nunca, el «Chopin Sokolov» que volvió para quedarse.

La tercera parte nuevamente completa, mucho más que seis propinas porque resultaron no ya (in)esperadas y sorpresivas por parte del gran ruso sino todo un nuevo programa ampliación del monográfico, de aires chopinianos para nuevos pecados del solitario y triste Grigory sólo comprensible desde la inmensidad del piano para acallar conciencias y espíritus indómitos. El gran Sokolov y su liturgia siempre impactante desde su soledad superlativa.

Juramento para arrancar temporada

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Jueves 27 de febrero, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXI Festival de Teatro Lírico Español. El Juramento (Joaquín Gaztambide); Sabina Puértolas (María), Carmen González ( La Baronesa), Gabriel Bermúdez (El Marqués), David Menéndez (Don Carlos), Xabier Ribera-Vall (El Conde), Javier Galán (Peralta), Manuel de Diego (Sebastián); Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (director: Rubén Díez), Oviedo Filarmonía, Dirección Musical: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección de escena. Emilio Sagi; Vestuario: Jesús del Pozo. Edición crítica: Ramón Sobrino. Precio entrada Principal: 26€ más 1€ de gestión.

Buen arranque de esta vigésimoprimera temporada de zarzuela que apuesta por obras poco programadas (salvo la «Marina«) de elencos y puestas en escena equilibradas. El Juramento de Gaztambide venía al Campoamor con el mismo reparto y producción del reestreno madrileño en noviembre de 2012 excepto El Conde, y rodada también en Pamplona, lo que suponía una apuesta sobre seguro como así resultó.

Con una partitura desigual aunque exigente en los papeles protagonistas (momentos a capella, romanzas, dúos y concertantes de registros extremos, cambios rítmicos y mucho texto hablado), la «firma Sagi» elegante en todo -como el vestuario de Jesús del Pozo– y sobre todo la magistral lección de dirección del granadino Gómez Martínez fueron los pilares en los que las voces se apoyaron, comenzando con el coro que cumplió en cada intervención, vocal y escénicamente, destacando las voces graves en el difícil arranque del tercer acto.
Las protagonistas femeninas brillaron con luz propia, especialmente Sabina Puértolas que ha ganado registro grave manteniendo ese timbre de calidad y calidez, con proyección y emisión potente en el sobreagudo final del primer acto, personaje el de María que se deja querer, frente a una Carmen González algo sobreactuada en lo vocal pero dándolo todo en los textos hablados para una auténtica recreación de la baronesa.
Aseado el elenco masculino de timbres poco diferenciados en los barítonos, donde el marqués Bermúdez estuvo desigual, con una línea de canto algo plana aunque segura; más que correctos Peralta Galán y Sebastián de Diego, buena actuación del conde Xabier pero sobre todo el nuevo triunfo del asturiano David Menéndez, papel breve pero muy agradecido el de Don Carlos, desde un timbre contundente que llega a todos los rincones del teatro, incluso en los pianos, manteniendo una musicalidad siempre enorme y cautivadora para cantar la hermosísima romanza «Esta es la misma ventana» que el público aplaudió largo y tendido. Momento dulce de nuestro barítono en un rol que lleva cantándolo años y ha hecho totalmente suyo.

Volver a destacar la dirección magistral de Miguel Ángel Gómez Martínez, dirigiendo de memoria y atento a las voces, ayudándolas en todo momento -algo que las nuevas generaciones parecen olvidar-, mandando en una orquesta ovetense que en el foso no suena igual que en los conciertos pero cumplidora sin reparos en todas sus secciones para esta partitura engañosa para el profano y llena de momentos de gran tensión dramática como el propio preludio, transmitiendo desde la batuta todo el saber del gran maestro andaluz.

Quedan dos representaciones más y en abril volverán otro par de títulos poco programados antes de la clausura en junio con el esperado Curro Vargas.

Sábado saga Sorozábal

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En la historia hay apellidos que son como una marca, más en música donde familias a lo largo de generaciones han mantenido su oficio de fabricantes, intérpretes o compositores, siendo especialmente famosa la familia Bach.

De larga familia musical este sábado 1 de marzo a las 19:00 horas tendrá lugar un concierto de música barroca y renacentista en el Salón de Actos de la Casa de la Música de Mieres con el siguiente

PROGRAMA

Giovanni Paolo Cima: Sonata per il violino. Irene Sorozábal Moreno (flauta de pico) – Nerea Sorozábal Moreno (violonchelo).

J. S Bach: Suite nº 3 en do mayor BWV 1009 para cello solo (Preludio-Allemanda-Sarabanda-Giga). Nerea Sorozábal (violonchelo).

J. S Bach: Partita en do menor para flauta sola BWV 1013 (Allemanda-Courante-Sarabanda-Bourée). Irene Sorozábal (flauta de pico).

Gabriel Fauré: Sicilienne y Romance para cello y piano. Nerea Sorozábal (violonchelo) – Ángel Álvarez Rodríguez (piano).

Pietro Castrucci: Sonata para flauta y bajo (Adagio-Allegro-Adagio-Allegro). Irene Sorozábal (flauta de pico) – Ángel Álvarez Rodríguez (piano).

Anonymus: Chominciamiento di goia (flauta y cello). Irene Sorozábal (flauta de pico) – Nerea Sorozábal (violonchelo).

La curiosidad que quiero reflejar se refiere no ya a la participación del pianista asturiano Ángel Álvarez Rodríguez sino, sobre todo, al protagonismo de dos hermanas de apellido Sorozábal, cual saga o familia donde la música se lleva en los genes: Irene Sorozábal Moreno, flauta de pico, y Nerea Sorozábal Moreno, violoncello, con la responsabilidad que conlleva siempre mantener esa tradición, aunque la trayectoria de ambas sigue dejando muy alta esa genealogía musical.

Nerea e Irene son hijas, nietas y bisnietas de músicos. Su abuelo fue Pablo Sorozábal Serrano (Madrid, 1934- 2007), escritor, traductor y músico: Cantos de Amor y Paz, Cantos de Amor y Lucha, la ópera La tierra roja, así como obras corales y de cámara; también es autor del «Himno de la Comunidad Autónoma de Madrid» con letra de Agustín García Calvo; con su padre el aún más famoso Pablo Sorozábal Mariezcurrena, compuso la música de la zarzuela Las de Caín (estrenada en 1958), basada en una comedia de 1908 escrita por los hermanos Álvarez Quintero y llevada también al cine en 1959.

Sus bisabuelos la cantante Enriqueta Serrano y el gran Pablo Sorozábal Mariezcurrena (Donosti 1897 – Madrid 1988) compositor de la legendaria ópera Juán José y autor de algunas de  las zarzuelas más importantes de nuestro país (Katiuska, La del manojo de rosas, La tabernera del puerto, Black el Payaso, …) entre otras muchas composiciones, sin olvidarnos de canciones poderosas y populares como Maite o la música de un clásico de nuestro cine “Marcelino, pan y vino”.

Irene Sorozábal Moreno (Madrid, 1996) cursa 6º curso de Grado Profesional en el Centro Integrado de Música “Padre Antonio Soler” de San Lorenzo de El Escorial, donde ha recibido clases de flauta de pico con los profesores Fernando Paz y Pepa Megina. A lo largo estos años ha asistido a clases magistrales con Paul Leenhouts, Eric Boosgraaf, Bárbara Sela y Guillermo Peñalver. Junto a su trío del conservatorio ha ganado el concurso “Open Recorder Days” en Amsterdam en el año 2012. Irene está interesada en el canto y además de pertenecer  al coro de la JORCAM entre los años 2011 y 2013, ha recibido clases de canto con Lola Bosom y Bridget Clark. Junto con su hermana Nerea formó el «Dúo Irenea» con el que ha tocado durante todos sus estudios en el conservatorio y los años 2011 y 2013 en el Festival de Música de Piantón (Vegadeo, Asturias).

Nerea Sorozábal Moreno (Madrid, 1994) desde muy pequeña comienza a interesarse por la música y en especial en violoncello, instrumento que aprende con Clara Terán. En el año 2001 es admitida en el Centro Integrado de Música “Padre Antonio Soler” de San Lorenzo de El Escorial y allí empieza a estudiar con la profesora Victoria Méndez y Dimitri Furnadjiev. Al inicio del grado medio completa su formación oficial en el conservatorio con Arantza López y María de Macedo y comienza a asistir a clases magistrales con entre otros Asier Polo, Suzana Stefanovic, Gary Hoffmann, Lluis Claret, Leonardo Luckert y Peter Bruns. En el año 2008 es admitida en la joven Orquesta Iuventas, de la cual es miembro activo durante tres años y toca el Concierto en Do Mayor de F. J. Haydn como solista. Más o menos paralelamente comienza su compromiso con la JORCAM, orquesta de la que será miembro hasta el 2012. En junio de ese 2012 acaba el Grado Profesional con Matrícula de Honor en violoncello y música de cámara, cerrando sus años de estudiante en El Escorial actuando como solista del Triple Concierto de Beethoven bajo la batuta de Giuseppe Mancini. Sus estudios superiores continúan en la Musikhochschule “Felix Mendelssohn Bartholdy” en Leipzig (Alemania) en la clase del violoncellista Peter Bruns. Actualmente cursa el 2º año de «Bachelor» en dicho conservatorio y toca un violoncello francés Goviot prestado por Christian Schneider. Durante el presente curso 2013-14 Nerea es becaria de la Fundación Alexander von Humboldt. Junto a su hermana Irene formó el “Dúo Irenea” con el que han tocado en dos ediciones del Festival de Música de Piantón en Asturias.

Un concierto muy recomendable para este primer sábado de marzo en mi pueblo natal no ya por las obras programadas, variadas y agradables para todos los públicos, sino por la personalidad de esta saga Sorozábal que continúa siendo sinónimo de música. Enhorabuena a los rectores del Conservatorio de Música de Mieres por su esfuerzo y trabajo en plena lucha por mantener la música en nuestro sistema educativo y como oferta cultural para todos en tiempos poco propicios (según los gobernantes) donde la crisis parece ser de valores más que económica.

PODCAST de «La música de la casa»

Placeres eternos e irrepetibles

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Viernes 21 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: concierto de abono 7, OSPA, Ning Feng (violín), Joana Carneiro (directora). Obras de Adams, Shostakovich y Beethoven.

Algunos seguidores del blog han escrito comentando mis entradas como demasiado optimistas la mayoría de las veces y muy parciales (siempre cierto por personales) dado que apenas asistía a conciertos malos. Aquí viene mi innecesaria defensa, pues hace años que Oviedo es referencia para melómanos aunque no siempre tenga la resonancia mediática que se merece, algo que puedo asegurar es objetivo y no me cansaré de repetir y reflejar. Para una región como la nuestra de apenas un millón de habitantes, concentrados en el centro y en plena crisis industrial, minera, nacional… que la musical siga estando en primera línea con todo tipo de sacrificios pienso que debería tener más eco en un país que se está rompiendo por culpa de unos dirigentes incultos y egoístas.

En una semana beethoveniana está bien escuchar otras formaciones orquestales con directores no titulares, siempre en el irrepetible directo para comprobar y comparar, inevitable por otra parte pese a la losa que supone haber degustado exquisiteces irrepetibles. Sigo presumiendo de asturiano melómano con un vagaje musical repleto de figuras mundiales que han pasado por la capital del Principado e incluso de otras que el tiempo acabó convirtiendo en tales, habiendo sido Oviedo su debut o trampolín. Compartir estos placeres irrepetibles los hace aún mayores, y este tercer viernes de febrero ha sido uno de ellos.

Esta semana se ponía al frente de nuestra OSPA la directora portuguesa Joana Carneiro, que afrontó un programa titulado «Beethoven eterno» y en sus notas Hertha Gallego de Torres calificaba de «sentido del ritmo», ampliado aún más hasta «apoteósis del ritmo» que escribía mi amigo Ramón Avello en El Comercio para cada obra: reiterativo, obsesivo y demoniaco, y apoteósis de la danza.

De los compositores contemporáneos, John Adams (1947) está entre los preferidos del público, y estos días está en Madrid donde tiene «carta blanca«. De su ópera Nixon en China emerge con protagonismo propio The Chairman Dances: Foxtrot para orquesta (1985) que ponen a prueba formación y dirección sinfónica como en Oviedo, y con buena nota para todos: la maestra portuguesa con ideas muy claras, precisión, claridad en el gesto y dominio de la partitura, más unos músicos que se nota trabajaron duro para superar todas las dificultades de esta partitura con múltiples cambios de compás, ritmo, tiempos y dinámicas, exigente en empastes y de estilo minimalista que puede caer en lo monótono de no mediar la riqueza interpretativa, destacando la sección de percusión siempre segura junto al piano, en esa importancia rítmica deudora de tantos otros compositores que el propio Adams reconoce.

Palabras mayores el Concierto nº 1 para violín en la menor, op. 77 (antes op. 99) de Shostakovich con el virtuoso Ning Feng y un Stradivarius «MacMillan» (1721) afrontando una de las obras más importantes del ruso. El violinista chino optó por una interpretación introspectiva que la directora lusa supo e hizo acompañar en la misma línea, cuatro movimientos que son cual suite incluso en los títulos: el Nocturne transmite dolor desde la densidad orquestal y el lamento solista; el Scherzo auténtica «broma» de buen gusto plagada de polirritmias y efectos tímbricos en y para todos, con una orquesta atenta y entregada (destacar sólo un arpa pero siempre referencia), contagiada del vigor de solista y dirección, algo exagerada pero tal vez necesaria, segundo movimiento calificado por el gran Oistrach que estrenó la obra de «demoníaco y espinoso», siéndolo Feng literalmente; Passacaglia de la hondura sinfónica a que nos tiene acostumbrado el compositor ruso, exigente para todas las secciones que nuevamente estuvieron a la altura de la obra y el solista volviendo a impactarnos desde una interpretación diría que volcánica por el proceso emocional, para finalmente llegar a la chispeante Burlesca que desencajó a más de uno con la intermedia larga cadenza capaz de acallar las siempre incómodas toses desde una interiorización de dolor y angustia que salía a borbotones inundando de desbordante emoción el auditorio, la montaña rusa musical que suelo utilizar metafóricamente para este tipo de grandes conciertos.

Sin menospreciar a una orquesta que se comportó y la buena concertación de la señora Carneiro, lo del virtuoso chino es para recordar y así lo entendimos todos. La versión que nos regaló -como el día antes en Avilés- de Recuerdos de la Alhambra de Tárrega espero volver a escucharla cuando Radio Clásica emita el concierto, visionar y repetir, con un arco inigualable, capaz de recrear los trémolos guitarrísticos y la melodía en esa joya de violín. Silencio de emoción y otro regalo «caprichoso» del demonio oriental de Paganini el endiablado. Eternidad infernal y placeres nada pecaminosos.

Beethoven siempre eterno y apoteosis de la danza con esta explosión de la Sinfonía nº 7 en la mayor, op 92, una de esas sinfonías que no deben faltar en cada temporada porque siempre resultan distintas según la batuta al frente, y la portuguesa sacó lo bueno de la OSPA, puede que por la elección del tempi correcto en cada movimiento, algo que todos los musicólogos y estudiosos reconocen como parte importante para acertar con el carácter de las obras del genio de Bonn. Aplaudir cómo la «maestrina Carneiro« pareció ganarse a los músicos en las obras de la primera parte para poder disfrutar más en la segunda, aunque siga preguntándome porqué mantener el esquema de concierto cuando este viernes podría haber sido al revés y dejarnos al chino como cierre, aunque es probable que no hubiera marchado regalándonos aún más propinas.

Como balance apuntar en el DEBE menor autocomplacencia para algunos atriles en obras que por muy tocadas parecen «olvidar» son tan exigentes como las nuevas, y la interpretación va más allá del pentagrama. En el HABER la autoexigencia de mantener calidades sonoras alcanzadas no ya en «la séptima» sino en todo este séptimo de abono. De momento saldo positivo, pero hay que aumentarlo, no sólo mantenerlo…

Furlanetto sigue regalando ópera

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Lunes 10 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Boris Godunov (Mussorgski) versión concierto. Ferruccio Furlanetto (bajo), Anastasia Kalagina (soprano), Garry Magee (barítono), Ain Anger (bajo) y más solistas del Teatro Mariinski, Orchestre National du Capitole de Toulouse, Orfeón Donostiarra (director: Sainz Alfaro), Tugan Sokhiev (director).

En mis años jóvenes acudí a un «Boris Godunov» que pese a su grandiosidad tan solo recuerdo haberme dormido. Corría el año 1986 dentro de la duodécima edición de aquellos festivales internacionales de música y danza de Asturias organizados por la Universidad, sucediendo las primeras Semanas con mi profe Casares en cabeza, y distintas colaboraciones más patrocinios que eran todo un lujo entonces, relevo tomado por el malogrado Luis G. Iberni, y sirven para seguir presumiendo de tradición en la capital del Principado. Los programas de cada festival siguen siendo como reliquias por sus cortas tiradas, de los que conservo algunos con artículos que aún son referentes amén de información que tendré que ordenar algún día (de momento siguen en cajas y archivadores).

Esta vez aguanté despierto las dos horas y cuarto sin descanso gracias a un elenco completo, poderoso, equilibrado, comandado por el maestro Sokhiev, donde el protagonista total resultó el veterano Ferruccio Furlanetto, otro habitual en Oviedo en los años 70 pero que conserva no ya magisterio o cátedra sino un registro de bajo que ya quisieran muchos cantantes actuales. Resultó el más convincente para una ópera en concierto que, con la ayuda de los sobretítulos en español y la profesionalidad de todos, salió más redonda y creíble que algunas del Campoamor, lo que corrobora mi conocida apuesta por la música y las voces antes de nada (serán los años que no perdonan).

Catorce solistas del nivel escuchado no se encuentran fácilmente y menos para esta obra en la versión original (1869) de Don Modesto. Distintas presencias y protagonismos para un reparto impresionante, especialmente en voces graves aunque el tenor John Graham Hall como príncipe Chuiski (o Shuiski, que ya sabemos los problemas con el cirílico) se quedó un escalón por debajo frente a un Anger (Pimen) al que tendré que seguir de cerca. De las féminas la Xenia (ó Yenia) de la soprano Kalagina aunque secundaria me gustó su color vocal, más el de la mezzo Svetlana Lifar como el zarevich Fiodor.

Por supuesto «El Donostiarra» sigue siendo el coro ideal para estas producciones sinfónico-corales y que el director Sokhiev buscó «ex profeso» para ensamblar junto a la orquesta de la que es titular (las campanas fuera de escena repicaron incluso de más), todo un espectáculo dentro de estos conciertos y como propina a la recién finalizada temporada de ópera.

En el Baluarte pamplonés también disfrutaron del evento el sábado, compartiendo y corroborando todo lo escrito en «Beckmesser» por Jose M. Irurzun.

Felicitar a los organizadores por un excelente y grueso programa de mano que además de biografías y notas al programa del doctor González Villalilbre, incluye el libreto en castellano con las siete escenas.

Canciones y poemas con Hampson

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Sábado 8 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Thomas Hampson (barítono), Amsterdam Sinfonietta, Candida Thompson (concertino). Obras de Schönberg, Brahms, Barber, H. Wolf y Schubert.

Regresaba uno de los grandes a la capital asturiana aunque no llenó el auditorio, lástima porque el barítono estadounidense nos dejó en el 2011 un gratísimo homenaje mahleriano. Esta vez cambiaba piano por una joven orquesta de cuerda que fue protagonista plena y auténtica delicia interpretativa en Verklärte Nacht, op. 4 (Schönberg), una «Noche transfigurada» de 1917 revisada en 1943, enmarcada dentro de un programa titulado «Canciones y poemas» con textos más las respectivas traducciones en las notas al programa de Alberto González Lapuente. Nos dejaron encendidas las luces de la sala para poder disfrutar del maridaje letra música al que no es ajeno Schönberg al incorporarnos el poema homónimo de Richard Dehmel para ir entrando en materia. Impresionante sonoridad y sentimiento por parte de este «ensemble» de volúmenes casi sinfónicos con la concertino Candida Thompson al frente, aunque presumen de no tener director titular, que a la vista de lo escuchado no parece necesario cuando además se viene en larga gira europea (Oviedo era última parada española antes de volar a Lisboa) con un programa más que trabajado. Parte del público sigue considerando a Don Arnoldo demasiado moderno, no callaba ni dejaba de toser en el inicio, pero la interpretación de los holandeses no pudo sonar más romántica ni redonda, romanza sin palabras o poesía hecha música, antes de dar paso al protagonista.

Brahms elige para sus Vier ernste Gesänge, op. 121 «Cuatro canciones serias» con textos bíblicos, del Eclesiastés y una Carta a los corintios de San Pablo, protagonistas musicales luteranos de temática mortal (¡cómo resuena en alemán la palabra muerte, «Tod«!) antes de la encíclica más esperanzadora del converso, por lo que Hampson cantó esa oscuridad brahmsiana reforzada con el estreno de esta versión para orquesta de cuerda de David Matthews, que tras la transfiguración inicial puedo decir que nos dejó el corazón en un puño.
Menos mal que la segunda parte alternarían poemas variados a los que la música engrandece, más aún en la voz de un barítono universal capaz de emocionar tanto en la ópera como en el lied, donde cada canción es un microclima sentimental. «La playa de Dover» de Matthew Arnold musicada por Samuel Barber en Dover Beach, op. 3 en nuevo estreno de la versión para barítono y orquesta de cuerda de Marijn van Prooijen todavía rezuma sombras más que luces aunque Hampson saca brillo a todo lo que canta, esta vez en su inglés natal.

Los dos maestros del lied serían protagonistas hasta el final: Hugo Wolf resultó el contrapunto de alegría intercalado con el profundo Schubert, donde los textos casi los entendemos escuchando cómo los recrean Hampson y la Amsterdam Sinfonietta, que nos volvía a dejar una joya instrumental del primero, la Serenata italiana en sol mayor («Italienische Serenade») en arreglo del ya citado Prooijen, antes del Fußreise («Viaje a pie»), el número 10 de los «Mörike-Lieder» que Matthews engrandece en estos arreglos o intervenciones que llaman algunos, pues manteniendo la pureza de la escritura pianística la ensalza en tímbricas y dinámicas increíbles, también para Schubert y su Memnon D541 op. 6 nº 1 con texto de Mayhofer que Thomas Hampson sazonó al punto desde su poderío y gusto, imposible sin los ingredientes holandeses.

Luces y sombras, canciones y poemas, Mörike y Goethe, Wolf «En una caminata» (lied nº15 Auf einer Wanderung) y Schubert «Secreto»(Geheimes op. 14, nº 2) antes de cuadrar un círculo austrogermano total con la alegría del cuento musicado por Wolf Der Rattenfänger («El cazador de ratas«), barítono que lleva de la mano a la orquesta, que recrea con su enorme presencia cada palabra, y esos arreglos mágicos dando mayor rango expresivo al lied vienés, al igual que las dos propinas (en Madrid llegó a cuatro): Anakreons Grab de Wolf, donde el propio barítono recordaba su anterior visita a Oviedo hace algo más de dos años antes de volver a regalarnos el Mahler de los Wunderhorn en arreglos igualmente de Matthews, aunque este sábado quedó algo más frío que en el año del aniversario. Lástima porque la calidad del conjunto se merecía más aplausos y éxito, pero «para gustos, colores», esta vez no brilló el arco iris.

Dedicado a quienes no pudieron estar en Oviedo, dejo aquí incrustado el concierto de Amsterdam, mismo programa para todo el Tour europeo, con propinas y todo:

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