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La historia al fin cantada

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Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

 
Reseña para La Nueva España del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), recortes de prensa y tipografía cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Estreno mundial para las Bodas de Platino de la ópera ovetense con esta dama universal de Alejandro Casona contada al fin por Luis Vázquez del Fresno, y cantada por un elenco bien elegido en color y tesitura sobre esa escena de Emilio Sagi que entiende como pocos el “teatro cantado”.
Todo un equipo desde Asturias al mundo, como así la sintió desde el exilio argentino Casona para redondear este regalo de cumpleaños apostando por esta obra esperada tras toda una vida musical como la del gijonés Vázquez del Fresno, escrita desde un estilo propio con una madurez musical envidiable, exigente para todos los intérpretes por los registros extremos, agudos al límite y graves difíciles de escuchar, pero con el objetivo cumplido de cantar esta historia de todos conocida donde texto y música se suman para una acción lenta como la espera peregrina.
Campoamor de gala con presencia de autoridades y cargos públicos, de artistas en las butacas compartiendo emociones con familiares de Casona y Luis, junto a la siempre entendida y fiel afición que atesora mucha experiencia lírica labrada desde aquel 1947, todos llenando este domingo histórico pleno en ilusión y esperanza.
Grandes actores pero sobre todo actrices: solistas y coro, cantando al amor y la muerte, sintiendo esa lucha vital, con una OSPA subrayando magistralmente los textos y llenando la acción sin palabras contando con una amplia plantilla de calidad contrastada en un intermedio muy aplaudido, orquesta colorida además de segura desde el foso, bajo la dirección concienzuda del avilesino Rubén Díez, detallista, atento, mimando las voces en una escena tan nuestra y atemporal como nuestro ovetense Sagi junto a Daniel Bianco sumando la extraordinaria iluminación de Albert Faura que resaltó y encumbró esta ópera de difícil asimilación para muchos de los presentes pero plena de simbolismos y colores (como los siete robles en memoria de los mineros muertos, hijos de Telva).
Destacable el trabajo e implicación de todo el elenco vocal, desde esta Asturias universal, de adopción o nacimiento, transmitiendo la magia lírica, personajes reconocibles hasta en los nombres, reales y ficticios.
Interesante contar con el contratenor Mikel Uskola como Peregrina, gran acierto del compositor (quien pensó originalmente en Carlos Mena) en un rol complicado, algo opaco en el grave (como casi todas las voces), omnipresente y exigente pero también emotivo, especialmente en el conjunto con los tres niños: Dorina, Ruth González, la más protagonista, junto a Falín y Andrés, Gabriel Orrego e Irene Gutiérrez (bravo por esas voces de la Escuela Divertimento).
Impecable el abuelo de David Lagares rotundo y emocionante junto a la Telva de Marina Pinchuk defendiendo su papel con calidad y calidez.
Poderío escénico de la madre Sandra Ferrández, vocalmente exigente (para todos) y la pareja de sufridos enamorados, Adela y Martín, en las bellas voces de Beatriz Díaz siempre entregada y completa en su actuación, junto a Santiago Vidal capaz de completar registros contradictorios bien resueltos en cada intervención, con dúo cargado de emociones además de buen empaste.
Breves papeles pero necesarios los de Quico por Juan Noval-Moro claro e incisivo además de sobrado en volumen, y la Angélica de Carmen Solís resolutiva, plena, desgarradora y volcada en intensidad.
Más otra ovación para el Coro “Intermezzo” de Pablo Moras, solvente fuera de escena, flotando y contestando la acción, e impresionante como pueblo en la mágica noche de San Juan, danza prima incluida.
Éxito en este esperado estreno con mujeres protagonistas para las bodas de platino de nuestra ópera carbayona más universal que nunca desde la Asturias mágica y atemporal.

La música en el Camino de los Derechos Humanos

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Jueves 1 de septiembre, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Isabel Pérez Dobarro (piano), Devorah Sasha (cantante).
Se presentaba en la capital asturiana, Origen del Camino de Santiago, el Proyecto de la Fundación ISHR con sede en Miami, «»Ruta de los Derechos Humanos» en el Camino Primitivo» con la intención de escuchar a la pianista Isabel Pérez Dobarro y el estreno mundial de Perfect World, obra compuesta por el malogrado italovenezolano Pablo Manavello (Treviso 1950-Miami 2016) inspirado en los Derechos Humanos (DDHH) a cargo de la cantante caraqueña afincada en Miami Devorah Sasha (1957), pero ya se sabe que estos eventos donde confluyen muchos intereses y agradecimientos, ocupa más la parte protocolaria que la musical, siendo realmente el broche del acto que pese a todo resultó interesante aunque excesivamente largo.

Con algo de retraso sobre la hora prevista, se visionó un vídeo previo con Devorah Devo Sasha y Elizabeth Sánchez Vegas, hablando del camino primitivo y su experiencia, de los DDHH más necesarios que nunca en estos tiempos de guerras, su fundación International Solidarity for Human Rights (ISHR) de la que son directora y presidenta respectivamente, que como apuntarían antes de que sonase la música, un sueño que arrancaría en 2015 y al fin pudieron lograr este primero de septiembre siete años después.

Antes de la presentación y bienvenida a parte del equipo directivo y comentando la marca «Oviedo Origen del Camino«. No faltó al acto el mierense universal Padre Ángel, aplaudido por una sala llena, y que ayer celebraba los 60 años de su propia Fundación que arrancaría con el «otro Ángel», Silva, desde aquella Cruz de los Ángeles que no ha parado de sumar alas.
Hubo momento para recordar al rey asturiano Alfonso II El Casto, auténtico fundador de este camino a Santiago hace doce siglos y llegarían los discursos, primero Alfredo García Quintana, concejal de turismo del Ayuntamiento de Oviedo, ante la ausencia del alcalde Canteli, sumándose a esta presentación dando la bienvenida a los alcaldes y concejales, asturianos y gallegos por donde transcurre este Camino Primitivo, autoridades varias y las empresas implicadas además del público que llenó la sala de cámara. Nada menos que 30 placas de Eladio de Mora con cada uno de los DDHH en ese Camino y además en esta ciudad de melómanos la presentación mundial del Himno con su intérprete y después el piano de la pianista gallega Isabel Pérez Dobarro (Santiago de Compostela, 1992).
Continuaría Elizabeth Sánchez Vegas como presidenta de ISHR animando a todos a ser “voceros” de su proyecto y divulgación, a continuación el artista Eladio de Mora con los respectivos agradecimientos a la presidenta de ISHR y su granito de arena al proyecto inspirado en el propio camino, explicando los motivos en bronce de las treinta placas con una estrella, la concha de peregrino rodeando la leyenda «»Camino de los Derechos Humanos» donde figura cada uno de los 30 artículos en inglés y español.

Benjamin Alba Menéndez, empresario y peregrino, contaría sus experiencias junto a su esposa desde el Hotel Palacio de Merás en Tineo convertido en albergue de peregrinos y con la placa número 7 («Tengo derecho a ser igual ante la ley»).

Begoña Panea de la plataforma WhereIs celebrando los 10 años de su empresa y hoy logrando al fin esta presentación tras el parón de la pandemia con agradecimientos a todos los presentes y leyendo cada alcalde de los municipios por los que transcurre este peregrinaje dentro de la Asociación de Empresarios del Camino Primitivo.

No podía faltar la autoridad autonómica pertinente, esta vez José Antonio Garmón Fidalgo, director general de gobernanza pública, transparencia, participación ciudadana y agenda 2030 (menudo cargo) glosando el origen del camino, los DDHH, la declaración de la ONU o las dos placas en Oviedo.
Y tras cuarenta y cinco minutos al fin llegaría la esperada parte musical. Isabel Pérez Dobarro nos hablaría de lo interesante de este evento y del camino como compostelana y música, activista en el amplio sentido de la palabra, hablándonos con su soltura habitual, algo que siempre se agradece en EEUU y comentando el desarrollo musical de su programa del que habló en Harvard, de la conexión musical desde el Códice Calixtino y el público asistente a su conferencia en la prestigiosa universidad yanqui, tantas nacionalidades distintas que habían hecho precisamente ese camino, mostrando todo su apoyo a la iniciativa por lo que supone.
Su viaje musical internacional lo centraría como es habitual en su larga trayectoria concertística (estuvo hace once años en Gijón como alumna del asturiano José Ramón Méndez que la llevaría a los EEUU y el pasado año dando un concierto para su Filarmónica), recuperando a compositoras olvidadas tras indagar en ellas cual arqueóloga del piano. Un placer escuchar su selección que comenzaría con dos francesas poco conocidas: Mel Bonis (1858-1937), apoyada por César Franck en el Conservatorio de París y amiga de Debussy, con su Preludio op. 10, y Hélène de Montgeroult (1764-1836), de estilo clásico pero obras ambas de virtuosismo y fuerza, reflejo del lenguaje de la época en que vivieron y dignas de escucharse junto a los habituales caballeros, pues es hora de reivindicar el acallado talento femenino en la historia de la música.
La tercera compositora en «descubrir» nos pidió primero adivinarla, y tras escuchar ese «aire chopiniano» nos contaría quién fue la polaca María Szymanowska (1789-1831), casada con Josef Szymanowski, tras su Nocturno en si bemol mayor anterior al propio Chopin del que se considera su precursora, y que triunfaría en San Petersburgo como la primera pianista de la Corte Imperial Rusa donde moriría.
Otra francesa de «inspiración polaca» pero más cercana, la pequeña de la familia de Manuel García, Pauline Viardot de la que su Mazurca volvió a demostrar la calidad de esta cantante y compositora en la interpretación de Isabel Pérez Dobarro, una de las pocas triunfadoras en vida que está por fin siendo habitual en los programas, siendo la gallega su mejor embajadora en América.
Si este camino de derechos y arte, de música y meditación que une Asturias y Galicia, nada mejor que otras dos obras de nuestro tiempo, primero del cántabro afincado en nuestra tierra Israel Lopez Estelche y una de sus Plegarias al piano una verdadera exquisitez en las manos de la compostelana, para seguir con su paisana Carme Rodriguez, una página encargada a ella, Alalá das paisaxes verticais, maravillosamente interpretada por Isabel.
Para concluir una obra también actual del tinerfeño Juan Antonio Simarro, Cuatro acordes para expresarme, apostando tanto por las compositoras de antaño como por obras actuales, disfrutando y haciendo disfrutar con todas, y ya pasadas las nueve de la noche antes del esperado estreno.
El himno compuesto por el tristemente desaparecido Pablo Manavello, hoy en otra dimensión pero presente con su música, pregrabada pero con la voz en vivo de Devorah Sasha, cantada en inglés y el recitado en español, seis años para un sueño cumplido al fin, la defensa de los DDHH por esta venezolana comprometida y el himno Perfect World, la voz sentida con una música muy del gusto estadounidense.
Y el colofón sorpresa del ovetense coro femenino astur-venezolano de la Asociación Sociocultural AVAO dirigido por Daniel Josué Lugo Añaez, cantando nuestro himno asturiano con el público en pie. Me hubiese gustado más música y menos discurso pero el evento así estaba programado.

Arriondas sinfónico

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Jueves 28 de julio, 21:30 horas. Plaza Venancio Pando de Arriondas: «ARRIONDAS SINFÓNICO», Carmen Yepes (piano), Vanessa del Riego Ledo (soprano), Bárbara Fuentes (mezzo), Laura Rodríguez Armas (contralto),
Adrián Begega (tenor), Gaspar Braña (tenor), Jorge Trillo Valeiro (bajo), Coral Polifónica de Arriondas, Orquesta Clásica de Arriondas, Sergio Vazquez (director). Obras de Bellini, Bizet, Guillermo Martínez y Beethoven.
Es muy loable programar conciertos al aire libre en verano y más en el oriente asturiano donde la capital parraguesa se convierte en un destino turístico internacional. De hecho esta noche de temperatura agradable y buscada por los enemigos del calor, fueron muchos los aficionados que acudieron a este Arriondas musical que tuvo varios inconvenientes pero ilusión a raudales.
La plaza donde se encuentra el famoso cañón que da la salida al Descenso Internacional de Sella tiene cafeterías con su bullicio veraniego y niños jugando, la cercanía de un concurrido mercado más la carretera con tráfico, por lo que evidentemente la acústica natural no propicia el mejor sonido para un concierto como el que ofrecía el Excelentísimo Ayuntamiento de Parres y el Principado de Asturias con la siempre necesaria colaboración de alguna entidad financiera, en este caso la Caja Rural de Asturias que se mantiene en cabeza tras la desaparición o huída de otras que no hace mucho eran sponsors habituales. Por ello la empresa gijonesa PRONORTE fue la encargada de iluminar y amplificar un tipo de música de por sí difícil, haciendo engañosos los planos de sonido, el volumen de las voces e incluso el color vocal de cada una de ellas, y no digamos en el caso del piano cuyos graves no sonaron contundentes sumándose la ausencia de luz para la solista asturiana que hubo de luchar no ya con Beethoven sino contra todos los elementos, pues en la prueba de sonido previa aún había luz natural. Añadamos mosquitos y algo de brisa por lo que los músicos hubieron de recordar las antiguas pinzas de la ropa que no faltaban en ninguna romería asturiana.
En la parte vocal por un lado solistas casi todos conocidos a los que citaré posteriormente, más la Coral Polifónica de Arriondas en la impresionante fantasía del sordo genial, evidentemente reforzada por coralistas y aficionados que no quisieron perderse poder cantar una de las obras que Beethoven utilizaría como «banco de pruebas» de su pionera novena sinfonía. Y la Orquesta Clásica de Arriondas que debutase en este marco en 2019 antes que el maldito covid quebrase una continuidad necesaria que se ha logrado mantener contra viento y marea, con instrumentistas jóvenes que gracias a formaciones como esta, también reforzados por algún «veterano», consiguen adquirir experiencia para futuros proyectos a los que en la actualidad no pueden acceder de no ser por las mal llamadas «orquestas de bolos», por otra parte muy normales en el mundo musical. Todo un concierto ilusionante dirigido por el maestro Sergio Vázquez Castañón (Oviedo 1990), alma mater de estos conciertos parragueses, a quien no hay más que aplaudir.
Con casi media hora de retraso y tras las palabras de Emilio García Longo, Alcalde de Parres, fue Ángel Lueje Corral el encargado no ya de presentar cada obra sino de comentarla al público, que llenó la plaza, y compartir su pasión y conocimiento con todos los presentes.
La primera parte comenzaría con dos escenas operísticas: primero el dúo Ah! Crudel d’onor raggioni…
de «I Capuleti e i Montecchi» de Vincenzo Bellini
, en las voces de Julieta Vanessa del Riego y Romeo Bárbara Fuentes, donde la comentada amplificación impide cualquier comentario más allá de la profesionalidad de ambas así como el buen hacer de la madera, y después Pres des remparts de Seville
de «Carmen» de Bizet
,  de nuevo Bárbara en el papel protagonista de la gitana sevillana con la breve intervención del Don José a cargo de Adrián Begega, conocido por sus intervenciones en distintos cursos de canto en Asturias, aplicando otro tanto sobre la amplificación. En ambos dúos la orquesta tampoco sonó como hubiésemos querido aunque el maestro Vázquez concertó siempre atento a los solistas.
A quienes me conocen y leen saben de mi admiración por Guillermo Martínez, con una capacidad  creativa que abarca todos los géneros y estilos desde la cercana Covadonga, hoy también presente en varias partes interpretativas y de público, así como haber estrenado parte de su amplia producción en estos conciertos en Arriondas. De su Serenade «Pprincipio e maggio»
para mezzo-soprano y orquesta, la versión original con para voz y piano se escuchó precisamente en este mismo marco y con la mezzo Bárbara Fuentes acompañada por María Cueva, pudiendo escucharla gracias a La Castalia a la que Guillermo Martínez siempre ha sido uno de sus pilares y disfrutado siempre que he podido, esta última en noviembre pasado con Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, que este jueves se estrenaba en su arreglo sinfónico, engrandeciendo aún más ese homenaje de Guillermo para el centenario del gran Caruso. Contar de nuevo con la voz de la mezzo Bárbara Fuentes (que llevó casi todo el protagonismo del concierto) era un seguro de interpretación que las razones antes apuntadas evitaron un mayor disfrute de mi admirado escolano.
Y para la segunda parte, con la necesaria pausa para la incorporación de todos, nada menos que la Fantasía coral en do menor para piano, solistas, coro y orquesta, Op. 80 (Beethoven) que estrenase el propio compositor al piano, esta vez con mi querida Carmen Yepes, a la que pude escuchar esta misma obra en el Teatro Monumental de Madrid hace ya ocho años, en mejores condiciones para esta partitura donde el piano comienza verdaderamente fantástico, pleno y lleno de matices, para incorporarse la orquesta con melodías de «emperador» antes de ese final con el sexteto solista y el enorme coro revestido de una orquesta poderosa.
Lástima no poder escucharla en toda su magnitud aunque la generosidad y entrega de todos siempre sean de aplaudir. De hecho se bisó esta parte final majestuosa donde al menos los técnicos de sonido pudieron encontrar mejor equilibrio y todos los intérpretes parecieron saber que estaban ante un evento irrepetible.

Hay talento musical en Asturias

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Viernes 17 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Hecho en Asturias: OSPA, Beatriz Díaz (soprano), Jorge Monte de Fez (trompa), Alejandro Viana (violonchelo), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (director de coro: José Esteban García Miranda), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Tchaikovsky, Mozart y Manuel Fernández Avello. Entrada butaca: 5 €.

Penúltimo concierto de la OSPA tras finalizar la temporada de abono repitiendo la apuesta por lo Fecho n’Asturies del año pasado también con la dirección de Daniel Sanchez Velasco y trayéndonos al auditorio ovetense a tres solistas más un estreno absoluto, la apuesta por el talento de esta tierra nuestra. Se sigue a la espera de un concertino por lo que volvía como invitado Benjamin Ziervogel. Preocupante la poca asistencia de público pese a lo económico de las entradas, y eso que los propios intérpretes ya mueven aficionados no habituales en otros conciertos, pero alguien tendrá que hacer una profunda reflexión sobre el éxodo de seguidores que no hubo en otras ofertas musicales de la capital en esta temporada que va tocando punto final.

Tras una presentación por parte de Sánchez Velasco, el concierto comenzaba con Tchaikovsky y sus Variaciones sobre un tema rococó, op. 33, TH 57 (Moderato assai, quasi Andante – Tema: Moderato semplice; Var. I: Tempo della Thema; Var. II: Tempo della Thema; Var. III: Andante sostenuto; Var. IV: Andante grazioso; Var. V: Allegro moderato; Var. VI: Andante; Var. VII; Coda: Allegro vivo) con el último ganador del Concurso Internacional de Llanes 2018, el madrileño Alejandro Viana (1996), a quien la pandemia impidió el premio de ofrecerlo entonces pero quedando saldada la deuda este viernes. Buena interpretación y sonido en esta página maravillosa del compositor ruso, limpio y claro en las variaciones rápidas y cantabile en las lentas, bien interiorizada la obra con una OSPA adaptada en dinámicas y buen balance con el solista como mantuvo Sánchez Velasco a lo largo de toda la obra.

Uno de nuestros solistas de prestigio, a quien disfrutamos por dos veces en este auditorio (2014 y 2016) con la Filarmónica della Scala, es el trompista ovetense Jorge Monte de Fez (1986) que nos brindaría el conocido Concierto para trompa nº4 en mi bemol mayor, K. 495 (I. Allegro maestoso: II. Romanza: Andante cantabile; III. Rondó: Allegro vivace) de Mozart, partitura de referencia en el instrumento del que Monte de Fez brindó un sonido compacto, aterciopelado, bien templado y hasta bello, especialmente en el popular rondó final, con una cadenza en el primer movimiento verdaderamente espectacular. De nuevo la OSPA arropó con corrección y gusto al solista, Sánchez Velasco concertando a la perfección, permitiendo no ya el lucimiento de la trompa sino también el necesario equilibrio de volúmenes, contenidos y en su sitio.

Tras la pausa llegaría el esperado estreno absoluto del valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), su cantata Señaldades para solista, coro y orquesta, una obra que en cierto modo ampliaba su «Álbum de Canciones» de 2010 para soprano y piano también con la allerana Beatriz Díaz, sobre versos de Juan Mª Acebal, Pín de Pría y Fernán-Coronas. Evidentemente orquestar va más allá, y añadir un coro le da enjundia a ese intento de cantata profana sobre referencias melódicas a nuestro folklore,  especialmente las rítmicas donde no pueden faltar las vaqueiras y añadas.

Con doce números, Señaldades (en asturiano «sentimientos que produce la separación de la persona o cosa querida») tiene una obertura e interludio instrumentales, con los primeros números pares donde interviene la voz solista y después en los impares, alternando con un gran coro conformado en esta ocasión por 42 mujeres y 27 hombres, de orquestación potente en efectivos con abundante viento y percusión más un piano evocador de las canciones primigenias. Ante tal despliegue, evidentemente no se pueden equilibrar volúmenes entre soprano y orquesta pese a los buenos intentos de Sánchez Velasco, incluso «partiendo» la cuerda en algunos números. Tampoco la tesitura para la que está escrita favorece el lucimiento ni siquiera el del coro pese a los efectivos que La Fundación dirigida por mi querido Pepu (hoy sumándose a los tenores) ya con muchas ganas de volver a escena y sin mascarillas. No se les escuchó muy cómodos en ninguna de las cuerdas aunque tengan momentos de «bravura» que al menos sirvieron para desencorsetarse para recuperar el estado de forma coral.

Probablemente la fórmula funcionase mejor reduciendo efectivos hasta una formación más camerística donde ni en los «pianos» pudimos disfrutar, pues la cantata tiene buenos mimbres pero se fue de tamaño. Una lástima que nos impidió disfrutar más de este estreno. Los números de que consta son:

I. Obertura; II. Durme nenu; III. Dende la mesma ventana; IV. Carril vieya; V. La sardinera; VI. Interludio; VII. Coidosura; VIII. La fonte de fascura; IX. Augua de la fonte; X. La nuiche; XI.  Cantar y más cantar; XII. Epílogo.

Sí funcionaron mejor las partes instrumentales pero una lástima el resto, desde la añada del segundo tapada por la orquesta, algo mejor la vaqueira con el coro en el número siguiente, interesante el cambio de lento a rápido del cuarto, y preocupante el undécimo de tempo medio pero con registros extremos y demasiado grave para la soprano asturiana que defendió y se entregó con todo el esfuerzo vocal para esta complicada interpretación de la cantata del compositor valdesano que subió a felicitar al equipo y recoger los aplausos del público. Supongo que en la grabación los técnicos de sonido consigan el balance necesario que siempre mejora el directo, pero queda el sabor agridulce de lo que pudo haber sido y no fue.

Con este concierto, desigual como toda la temporada, me despido de este irregular y extraño curso escolar, esperando que el próximo mejore todo.

Compositora de palabras

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Jueves 16 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo. XXIX Festival de Teatro Lírico Español: María Moliner (Antoni Parera Fons, libreto de Lucía Vilanova). Ópera documental en dos actos y diez escenas. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 13 de abril de 2016. Producción del Teatro de la Zarzuela.

Reseña para Opera World del viernes 17 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías, y tipografía cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admtir.

Último título del Festival de Teatro Lírico ovetense con la esperada ópera documental «María Moliner» del manacorí Antoni Parera Fons y la ovetense Lucía Vilanova, estrenada al cumplirse los 50 años de la publicación del diccionario de la lexicógrafa aragonesa, obra encargada por el Teatro de la Zarzuela madrileño cuya producción llegaba a “La Viena española” manteniendo a María José Montiel de protagonista y la dirección musical de Víctor Pablo Pérez con la escenografía de Paco Azorín, verdadero ideólogo de esta magna obra recuperada al fin para Oviedo que el Covid nos la quitó hace dos años.

Siempre difícil poner música a las palabras y más hacer del “Moliner” un argumento, no cual “guía telefónica” que algunos críticos escribieron en su premiere, pero el tándem Parera-Vilanova ha logrado llevar a las tablas una historia cercana y poco conocida, documentada y necesaria, mezclando lo onírico y lo histórico entre 1951 y 1977 que van saltando en un viaje temporal que marcará la propia vida de la lexicógrafa mañica, antes y después de “el diccionario”, el amor por las palabras que comparten los propios autores, parafraseando el grabado de Goya: El sueño de las palabras engendra música.

Destino, exilio, tiempo y silencio. Escenificadas, pronunciadas, cantadas, tomando vida junto a personajes reales y soñados: el ansiado Sillón B de la RAE que finalmente ocuparía nuestro asturiano de adopción Emilio Alarcos (recordado como noticia y del que se cumple ahora su centenario), Almanaque triple cantando el santoral y contando los días, los que faltan y los pasados desde la publicación del «Diccionario de uso del español», verdadero nexo y narrador. Las amigas, académicas y aspirantes, pasadas, pensadas y presentes, compañeras de María. Su enfermo marido Fernando o ella misma hasta el Alzheimer silencioso siempre incomprendido que vemos la va llevando a un triste final. Importantes también la oscura dama del SEU, el agobiado linotipista de la editorial Gredos, muchos personajes breves pero imprescindibles en esta biografía musical. También los objetos forman parte de esta historia: el teléfono, los libros o la fiel máquina de escribir, compañera de aventura vital para las fichas (esparcidas, volando, proyectadas) o las cartas escritas. Suma de palabras que con la música conforman un argumento documentado. Todo ello en un entorno bien creado por las proyecciones y estructuras de escaleras o estanterías que generan espacios dinámicos donde seguir disfrutando una escena diáfana y clara como las ideas de María, la increíble filóloga y bibliotecaria que dedicaría su existencia al otro “hijo”, casi obsesivo, tras una República que la recluyó en tan ardua tarea también narrada en esta musical biografía.

Protagonistas las palabras que la propia Doña María Moliner definía como “conjunto de letras o sonidos que forman la menor unidad de lenguaje con significado”. Destino, tiempo, exilio y silencio, cuatro momentos de esta historia dramatizada, cuatro palabras escritas, iluminadas, contadas y cantadas, verdaderas protagonistas de esta ópera actual con la perfecta unión de texto y música a cargo de Lucía y Antoni. Auténtico documento sonoro y visual donde hasta algunas telas se llenan de letras que forman palabras, la acción y narración que bien idease la añorada María Araújo a quien el Covid se llevó prematuramente.

Y por supuesto la música que subraya y engrandece este diccionario biográfico y escénico. La madrileña María José Montiel, protagonista omnipresente de la aragonesa en un papel hecho a su medida, la voz natural de mezzo unida a una auténtica actriz imbuida en un rol que debe combinar realidad y ficción sin perder credibilidad en ningún momento, viviendo cada escena. Esta compositora de palabras focaliza la narración desde un lenguaje expresionista muy difícil que la mezzo resuelve con la misma fuerza que su homónima Moliner, el envejecimiento a lo largo de las diez escenas dramatizadas magistralmente. Montiel es Doña María, destino escrito, tiempo implacable, exilio interior y silencio sonoro que nos encoge con su papel, impensable sin ella.

El protagonismo compartido estuvo en el Almanaque por partida triple con los asturianos Juan Noval-Moro y Abraham García junto al boriquén César Méndez (con su acento caribeño). Ubicándolos a lo largo de la obra en distintas partes del teatro no sólo dieron mayor dinamismo a la acción, sino que empastaron tanto juntos como separados. Un acierto este trío dentro de la trama, pudiendo lucir sus registros y buena escena.

Por peso en la obra hay que destacar igualmente al barítono madrileño César San Martín en el papel de marido de María Moliner, con ese color vocal propio y bello en perfecta fusión con la mezzo, dúos sentidos y bien cantados, evolución del personaje y cantante en los dos actos.

La soprano valenciana Amparo Navarro cantó doble papel: inspectora del SEU en el primer acto y Carmen Conde, primera académica de la RAE, otro acierto en la elección de las protagonistas femeninas, que con menor presencia pero igual de comprometidas dieron tanto el toque humorístico que no puede faltar: la ovetense Ana Nebot, la cántabra Marina Pardo y la valenciana Marina Rodríguez Cusí. Cómico también el linotipista Goyanes del tinerfeño Fernando Campero que crece en la obra junto a la omnipresente Doña María, el tiempo implacable, la locura de su trabajo y la exigencia de la lexicógrafa aragonesa sus conversaciones desde el respeto mutuo que contagiaría el canto de ambos. Anecdóticos pero igual de necesarios la escena de la RAE con la calidad del barítono jienense Damián del Castillo como Sillón B en una sesión masculina llena de crítica.

Imposible citar individualmente al resto del gran elenco para el que Parera y Vilanova escriben, exigente de entrega y profesionalidad, actores y actrices, ellas sobre todo como unas “secundarias” que se empoderan para redondear este maravilloso documento histórico tan bien armado por Paco Azorín. Mención especial para la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que dirige San Emeterio, uno más en escena y fuera, espléndidos cantantes con movimiento escénico en una partitura difícil que resolvieron sin problemas de afinación ni de volumen, al fin sin mascarillas y completando una función plena por calidad y emoción donde el silencio final sonó como nunca.

Subrayando cada escena e igualmente al nivel esperado, el maestro burgalés Víctor Pablo Pérez muy querido en Asturias donde arrancaría su ya consolidada carrera. Director musical desde el estreno y conocedor de todos los secretos de esta partitura de Antoni Parera, al frente de la orquesta titular, una Oviedo Filarmonía equilibrada de efectivos donde no faltaron el piano (bravo por María Cueva), la celesta (con el virtuoso Sergei Bezrodni), un sintetizador (Lisa Tomchuk) y hasta un acordeón final (Sara Pérez) en el patio de butacas. Pasajes atemporales, ricos en tímbricas, recreaciones casi históricas, academicismo y vanguardias de la mano en una escritura actual con un nivel operístico de alto voltaje.

Excelente y emocionante drama en música para documentar la vida de esta compositora de palabras que fue María Moliner, con una calidad global difícil de alcanzar en todos los ámbitos. Tras disfrutarse en Madrid y Palma, Oviedo ya figura en la historia de esta ópera que cierra por todo lo alto esta vigesimonovena edición del festival carbayón, apostando por estrenos gracias a un equipo de altura, magnífico capital humano en todas las vertientes necesarias para armar esta producción que recordaremos mucho tiempo en la capital del Principado, con una excelente entrada en el histórico Campoamor, testigo de la lírica asturiana desde tiempos inmemoriales, reinventándose y remontando el vuelo, contando con la presencia de los autores muy ovacionados y reflejo del éxito encabezado por Doña María (Moliner y Montiel).
Mañana sábado será la segunda función de este consolidado Festival de Teatro Lírico en “La Viena española” que en 2023 cumplirá 30 años.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, jueves 16 de junio de 2022, 20:00 horas. XXIX Festival de Teatro Lírico Español: “María Moliner” (Antoni Parera Fons), libreto de Lucía Vilanova. Ópera documental en dos actos y diez escenas. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 13 de abril de 2016. Producción del Teatro de la Zarzuela.

Reparto:

MARÍA MOLINER: María José Montiel; FERNANDO RAMÓN Y FERRANDO: César San Martín; INSPECTORA DEL SEU / CARMEN CONDE: Amparo Navarro; GOYANES: Fernando Campero; SILLÓN B DE LA RAE: Damián del Castillo; EMILIA PARDO BAZÁN: Ana Nebot; ISIDRA GUZMÁN Y DE LA CERDA: Marina Pardo; GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANDEDA; Marina Rodríguez Cusí; ALMANAQUE: Juan Noval-Moro, César Méndez, Abraham García; CABALLEROS OSCUROS: Lorenzo Roal, José Purón; VOCES ACUSADORAS: María Fernández, Eugenia Ugarte; ELENCO: Iris Alonso, Ana Madera, Mireia Martínez, Paula Mata, Tamara Norniella, Graciela Peña, Lucía Prada, Ana Santos, Laura Ubach, Ana Vara, David Blanco, Diego Ross.
DIRECCIÓN MUSICAL: Víctor Pablo Pérez; DIRECCIÓN DE ESCENA Y ESCENOGRAFÍA: Paco Azorín; AYUDANTE DIRECCIÓN DE ESCENA: Alex Larumbe; ILUMINACIÓN: Pedro Yagüe; AYUDANTE DE ILUMINACIÓN: Enrique Chueca; VESTUARIO: María Araujo; REPOSICIÓN DE VESTUARIO: Juan Sebastián Domínguez; DISEÑO DE VÍDEO: Pedro Chamizo; MOVIMIENTO ESCÉNICO: Carlos Martos de la Vega.

OVIEDO FILARMONÍA, Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (dirección: José Manuel San Emeterio).

Con acentu asturianu

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Jueves 5 de mayo, 20:00 horas. Concierto de les Lletres Asturianes: OSPA, Héctor Corpus (violín), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Juan Méndez Varas, Raquel Rodríguez y D. Sánchez Velasco. Entrada gratuita.

Concierto dentro de la «Selmana de les Lletres Asturianes» que este año están dedicadas al músico y dibujante Igor Medio con el título de «El carbón y l’arena«, con un homenaje el día anterior en su Gijón natal a cargo de Felpeyu, el grupo del malogrado Igor, más otras formaciones de folk donde el gijonés despuntó aportando aire fresco e innovación que todavía sigue vigente a pesar de los dieciséis años de su accidente junto a su compañero Carlos Redondo.

La OSPA presentaba bajo la dirección de Daniel Sánchez un programa con música de tres asturianos en plena madurez vital y compositiva, con amplio bagaje, mucho oficio y horas de sembrar en «sus mochilas» bandas sonoras y conciertos que dejan en cada uno distintos acentos para un mismo lenguaje sinfónico, el más universal de todos desde esta tierra asturiana que también es variada y rica.

Tres compositores que merecen escucharse más pues sus creaciones tienen calidad, melodías definidas, armonías reconocibles, instrumentaciones orquestales poderosas, auténticas bandas sonoras de nuestra generación y la siguiente, que gustan a todos los públicos por sentirlas cercanas. Las notas al programa (enlazadas arriba en obras) de un compositor como Israel López Estelche, asturiano de adopción, ayudaron a entender las tres obras elegidas, al igual que las palabras previas del propio Daniel Sánchez, pero la propia música que emana de los pentagramas sirve para que cada uno ponga sus imágenes y referencias históricas de las que los tres compositores han bebido y siguen acumulando.

Abría el programa Tribute to Richard Estes (2018) de Juan Méndez Varas (1970), la inspiración en este genial pintor hiperrealista en la línea de nuestro Antonio López, a la que la partitura pone sonido a la admiración no ya por el color de un cuadro sino también la poesía siempre evocadora, página sinfónica de aires norteamericanos tanto de los «clásicos» como del jazz que es la verdadera música popular del siglo XX heredada de los EEUU. Así entiende Méndez este tributo donde los ritmos y armonías se fusionan sin olvidarse de las raíces españolas para una mezcla riquísima, vital, enérgica y brillante sacando Daniel Sánchez de sus compañeros de la OSPA unas sonoridades amplias, matizadas, perfecto entendimiento para una obra llamada a seguir sonando.

Las mujeres compositoras están ganando el protagonismo que la historia les ha quitado, una generación de jóvenes preparadas, formadas con los grandes pedagogos sin fronteras, y aportando gran cantidad de obras para orquesta que comienzan a sonar. Es el caso de la ovetense Raquel Rodríguez (1980), de quien ya he podido escuchar varias obras sinfónicas y estrenos con la Oviedo Filarmonía en noviembre de 2019 y marzo de 2021, así como su estreno camerístico del 1 de noviembre pasado. Para este concierto sonaría su Córdoba en el sueño (2011) encargo tras obtener el premio del I Concurso de Composición Antón García Abril, un auténtico poema sinfónico que recrea la historia de la capital del califato desde la propia música en cinco movimientos que transitan imágenes casi documentales: I. Aires godos, II. En aguas bélicas, III. …surge Córdoba, IV. Aromas, y V. Final, un despliegue de instrumentación muy acertado, melodías que se entrecruzan como describiendo las callejas que confluyen en torno a la mezquita, batallas con metales y percusión potente o cantos de las tres culturas (cristiana, judía y árabe) para disfrutar de una viola cual canto de muecín sefardí o un arpa bíblica vestida por una OSPA de nuevo entregada, de balances adecuados en cada movimiento, sonidos reconocibles y una instrumentación bellísima para esta obra de «juventud» de una Raquel Rodríguez que evoluciona sin perder su esencia académica heredada de sus maestros y maestras a ambos lados del Atlántico.

Y llegaría el estreno del «Violin concerto», Concierto para violín y orquesta (2021) del propio Daniel Sánchez Velasco (1972) un encargo de su compañero en la OSPA Héctor Corpus, en palabras del compositor y director «un traje a medida» compuesto siguiendo la forma clásica en tres movimientos alternando rápido-lento-rápido (I. Allegro solemne, II. Andante, III. Allegro feroce) pero con mucha tradición del siglo XX. Además del lucimiento del solista, con una afinación perfecta, un sonido pulcro y la musicalidad innata puesta al servicio de lo escrito, pasajes vertiginosos y momentos delicadamente cantados, la orquestación del compositor avilesino evoca una paleta amplia, de Shostakovich a Bernstein, de Prokofiev a Rota, ritmos vivaces y cambiantes, aires caribeños y hasta filipinos de homenaje al destinatario, mares surcados por melodías bellísimas, cadencias asombrosas y la total entrega de solista y orquesta a la música de sus dos compañeros, disfrutando, sonando impecables, rotundos y delicados, hoy con Eva Meliskova de concertino, lucimiento de todas y cada una de las secciones así como los primeros atriles, con el lujo añadido de dirigirla el propio compositor.

Un concierto digno de programarse en las grandes orquestas y con solistas de fama mundial, que tanto Corpus como la OSPA demostraron la calidad y vigencia de la buena música, escrita desde el conocimiento y la experiencia, emocionando a un público feliz de escuchar páginas como las de este concierto extraordinario en todos los sentidos.

De nuevo una lástima que no hubiese un lleno en el auditorio pese a la entrada gratuita, debiendo hacer pensar a los gestores en líneas para captar los oyentes del futuro. Apostar por programas actuales de calidad, fáciles de escuchar, tienen que publicitarse mucho más y acercar a todas las edades hasta el auditorio de esta ciudad que es «La Viena Española» por su amplia oferta musical, siendo la OSPA probablemente la que menor aforo convoque, supongo que por unos años «sin rumbo» que espero se reconduzca por el bien de esta orquesta de todos los asturianos con mucha esperanza puesta en su nuevo titular, el portugués Nuno Coelho. Seguro que alguna de las tres obras escuchadas este jueves volverán a sonar en las próximas temporadas.

Felices 20 años de La Castalia

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Sábado 26 de marzo, 20:00 horas. Gala Lírica «La Castalia», XX Aniversario: Oviedo Filarmonía, Isabel Rubio (directora), Alejandro Roy (tenor invitado), Olena Sloia (soprano), Vanessa del Riego (soprano), María Heres (mezzo). Entrada libre.

La Castalia del siglo XXI sigue los pasos de aquella de 1873 con más fuerza y apoyando desde nuestra tierra el talento lírico, celebrando una gala lírica de altura que colmó las expectativas, un auditorio lleno que hacía cola una hora antes del comienzo, para reafirmar que Oviedo sigue siendo capital musical y las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, tributo a dos generaciones de cantantes y compositores, la segunda labor de esta asociación que preside Begoña García-Tamargo con el mismo entusiasmo que sus discípulas.

Los que peinamos canas disfrutamos viendo la evolución de estas voces a las que conozco desde sus inicios, desde nuestro gran Alejandro Roy, invitado de lujo con sus paisanas Vanessa del Riego y María Heres, más el feliz encuentro con la ucraniana Olena Sloia, comprobar el talento de «las dos G» de la composición actual en Asturias, Guillermo Martínez (1983) y Gabriel Ordás (1999), la madurez de la directora murciana Isabel Rubio llamada a seguir comandando grandes orquestas, y por supuesto la Oviedo Filarmonía que si siempre es solvente, en estos repertorios aún más.

El programa lo dejo aquí encima detallado y paso a comentarlo globalmente: Primera parte operística donde el estreno de la obertura Homenaje a La Castalia de Ordás no pudo ser mejor inicio, aires empujando una apertura de forma clásica, digna de este aniversario que Isabel Rubio llevó al detalle para una sonoridad muy aterciopelada digna de las grandes formas orquestales.

Y abriendo la siguiente parte el segundo estreno de la tarde, Corona de azahar de Martínez, el intermezzo de su ópera «Bodas de Sangre» con aire hispano a más no poder, el mejor tributo a los grandes como Falla, Granados o Turina digna de ser coreografiada por el Ballet Nacional, impresionante instrumentación y excelente interpretación de OFil con Rubio dominadora de todos los recursos utilizados en esta maravilla que espero disfrutar completa en algún coliseo lírico como el que se convirtió el auditorio ovetense en este feliz cumpleaños. Apoyar estos estrenos con el talento de dos compositores que ya tienen su hueco en la SGAE, bien representada por otra asturiana como Mª Luz González Peña, igual de orgullosa de comprobar el talento de nuestra tierra.

De Alejandro Roy insistir en su excelente momento vocal, el aria de «Romeo y Julieta» (Gounod) Ah lève-toi, soleil poderosa y sentida, la romanza No puede ser de «La tabernera del puerto» (Sorozábal) en la mejor línea de canto con gusto y maestría, ambas concertadas a placer por Isabel Rubio, y la propina que siempre pone la carne de gallina cantada por el tenor gijonés, su Cavaradossi que se despide de la vida en «Tosca» (Puccini), uno de los roles que más triunfos le está dando y atravesando la mejor edad para afrontarlo. Gratitud hacia La Castalia que hizo llegar obligando a subir al escenario a Begoña G. Tamargo, y gratitud de un público rendido al mejor tenor asturiano de todos los tiempos.

Otra excelente voz la soprano Olena Sloia, con un Caro nome de «Rigoletto» (Verdi) ideal para su color y emisión, impresionante la actuación completísima de una página tan difícil como el Glitter an Be Gay de «Candide» (Bernstein) y dos romanzas bien cantadas, perlas vocales con un gusto y afinación ideales junto a la orquesta detrás que no bajó el volumen y la arropó con las mejores galas que sacó con buen hacer Rubio, la Canción del Ruiseñor de «Doña Francisquita» (Vives) y Me llaman la primorosa de «El Barbero de Sevilla» (Giménez). Sabiendo el triste momento por el que pasa su tierra, la ucraniana dio lo mejor y el público lo agradeció con grandes aplausos solidarios con su país y premiando la entrega de Olena.

Y las alumnas aventajadas de La Castalia, que van forjando su carrera, la soprano Vanessa del Riego y la mezzo María Heres, voces perfectas para sus dos dúos, el conocido dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) y el de las majas de «El barberillo de Lavapiés» (Barbieri), empaste y trabajo con piano que la orquesta engrandeció haciéndolas disfrutar aún más. La propina de Mozart redondeó este dúo «marca de la casa», el Prenderò quel brunettino del «Cossì», bien de tempo por parte de Rubio y la OFil completando el repertorio y entendimiento de todas ellas, en femenino plural.

De las arias y romanzas, Del Riego cantó Con onor muore de «Madama Butterfly» (Puccini), con una orquesta más fuerte que en el foso lo que no le impidió seguir emocionándonos en este rol, mientras Heres llevó el mayor peso de la velada, dos arias de «La Favorita» de Donizetti, y «Samson y Dalila» (Saint-Säens) muy trabajadas que con orquesta siempre ganan, especialmente su Mon coeur s’ouvre à ta voix, y otro tanto con sus romanzas de «La Malquerida» (Penella) o «Los claveles» (Serrano), un repertorio que va tomando cuerpo y terminará ampliando en una carrera bien encaminada con muchas horas de estudio.

Siempre hay que destacar la Oviedo Filarmonía que como decía anteriormente, es un seguro de calidad en todas sus secciones, y como orquesta de foso tanto ópera como zarzuela están en los atriles desde sus inicios. La línea ascendente es clara y ya tiene su propia personalidad ganada con las aportaciones de batutas de todas las generaciones.

Volver a tener al frente a Isabel Rubio le dio a esta gala no ya la precisión y gesto de la murciana, un portento de la batuta, también la pasión que transmite y una  concertadora que también va formándose a la sombra del trabajo como asistente en muchas producciones (Oviedo entre ellas). El mundo de las bandas de música es una cantera tanto para instrumentistas como para esta generación joven de directoras que comienzan a encontrar su merecido protagonismo y Rubio es una de ellas.

Esperando que La Castalia no desfallezca y encuentre el apoyo necesario para continuar esta labor impagable, centenares de cursos y actividades para seguir formando y apoyando el talento con mucho trabajo a lo largo de estas dos décadas. Como dice el tango «veinte años no es nada» pero el esfuerzo se nota y los frutos podemos compartirlos y disfrutarlos en este Oviedo que sigue siendo «La Viena española» y la mejor aspirante a capital cultural.

Siempre el cine

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Sábado 19 de marzo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: SACO, Blancanieves (Pablo Berger). Proyección con su BSO en vivo: Oviedo Filarmonía, Juan Gómez «Chicuelo» (guitarra flamenca), Anna Colom (cantaora), Ivan Alcalá, Diego Gómez (palmas), Alfonso de Vilallonga (piano, acordeón, ukelele), Anthony Gabriele (director). Entrada butaca: 12 €.

Oviedo llegó a tener más de diez salas de cine en los buenos momentos, con una afición que se iría perdiendo y una oferta limitada a los «multicines» que en su momento parecían resultar una oferta interesante pero acabaron cerrando para irse a los llamados parques comerciales. Pero mi generación se formó en el llamado «séptimo arte» en aquel Palladium denominado «de arte y ensayo» con la propia universidad facilitando descuentos a sus estudiantes y poder degustar las obras maestras en versión original…

La sociedad  ha ido experimentado los lógicos y profundos cambios, especialmente con la llegada de la TDT o las plataformas digitales que nos permiten tener cine «a la carta» sin movernos de casa, pero yo soy como Aute cantando aquello de «Cine, cine». Tuve la suerte de celebrar su centenario ambientando al piano algunas películas, acontecimientos en el recuerdo que son parte de otra historia; pasados los años se recuperó la música en vivo durante las proyecciones, que alcanzarían el punto álgido cuando comenzamos a disfrutar versiones sinfónicas en el auditorio y otros recintos, y en esta línea se está moviendo SACO que alcanza su octava edición y que como regalo del «día del padre» llenó el Campoamor para todos los públicos con una joya española.

De esta película muda en blanco y negro, una Blancanieves peculiar, rompedora, con un reparto de grandes figuras, la música es aún más necesaria que nunca y la belleza de ambas irrepetible en vivo aunque siga disfrutando de ella en CD.

Dejo aquí las indicaciones del programa:

Versión libre, de carácter gótico, del popular cuento de los hermanos Grimm, ambientada en España durante los años 20. Blancanieves es Carmen, una bella joven con una infancia atormentada por su terrible madrastra Encarna. Huyendo de su pasado, Carmen emprenderá un apasionante viaje acompañada por sus nuevos amigos: una troupe de enanos toreros. La película de Berger es uno de los grandes éxitos del cine español de las últimas dos décadas, con más de medio centenar de galardones, incluidos diez premios Goya (uno de los cabezones fue para el compositor Alfonso de Vilallonga).

Y sobre la música de Alfonso de Vilallonga:

La banda sonora atesora música orquestal al uso, piezas jazzísticas, música de cámara, flamenco, pasodobles… Para De Vilallonga, es una banda sonora única en su carrera que el público de SACO disfrutará en directo en el Campoamor, con Oviedo Filarmonía, dirigida por el maestro Anthony Gabriele. A la orquesta se unirán el guitarrista Juan Gómez ‘Chicuelo’ , la cantaora Anna Colom, los palmeros, Ivan Alcalá y Diego Gómez, además del propio compositor al piano, el ukelele y el acordeón.

No me cansaré de destacar el momento por el que atraviesa Oviedo Filarmonía, camaleónica porque versátil es poco, capaz de estar en el foso en ópera y zarzuela, acompañando a figuras de folk o pop, pero ofreciéndonos igualmente una Quinta de Beethoven luminosa, y este sábado con Anthony Gabriele dirigiendo esta banda sonora en un estreno maravilloso donde el propio compositor Alfonso de Vilallonga, presentado por el musicólogo Alejandro G. Villalibre (doctor con su tesis sobre otro grande del celuloide musical como José Nieto), estaría tocando su música. apoyado por un cuadro flamenco con Chicuelo (ya presente en la versión grabada) y Anna Colom (en vez de Sllvia Pérez Cruz) poniendo su importante participación en esta película que nos hizo volver a pedir más cine de verdad, del eterno y en pantalla grande.

Poco que añadir a esta genial Blancanieves como película de Berger, y mucho a la música de Vilallonga, maravillosa desde que arranca con la propia orquesta afinando. Partitura imponente toda ella que interpretada en vivo alcanza el clímax con un encaje perfecto con la fotogramas y un argumento  tratado con toda la elegancia que la música subraya hasta los títulos de crédito donde, como siempre, el público  no nos dejó completarla con Vilallonga al piano al romper en aplausos.

Números musicales con entidad propia, la música diegética y extradiegética como verdadera lección cinematográfica, pasodobles toreros y épica de circo romano, flamenco con «pellizco» de un cuadro con cante jondo y toque impecable, intimismo camerístico del compositor o un serrucho muy circense elevado aquí a mágico cotidiáfono, sumándose el chelo de Gabriel Ureña auténtico quejío. Y la orquesta poniendo el color complementario a un artístico blanco y negro, brillando en todo momento, «sonando de cine», con dinámicas poderosas e imperceptibles, solos de oscar musical al mando de un Gabriele «tras el atril» ordenando «¡acción! y artífice milagroso para el mejor espectáculo de mi mundo.

De regalo un sentido número flamenco con un cuadro capaz de hacer de Oviedo un barrio trianero sobre los últimos títulos.

Intérpretes del CD: Brussels Philharmonic Orchestra. Director: Robert Groslot.
Juan Gómez «Chicuelo», guitarra flamenca (cortes 7, 8, 13, 23) – Isaac Vigueras «El Rubio», percusión y palmas (cortes 7, 8, 13) – Silvia Pérez Cruz, voz (cortes 8, 13, 24) – Manuel Martínez del Freno, cello (corte 28) – Dani Espasa, piano (corte 29).

Pintando sentimientos musicales

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Viernes 18 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII OSPA Matías el Pintor: Alba Ventura (piano), Jordi Francés (director). Obras de E. Soutullo, Prokofiev y Hindemith.

Continuamos con un año pandémico, imprevisible, trágico por lo que está sucediendo en Ucrania, y donde todo parece ir a peor, pues la reciente huelga del transporte por carretera iniciada el pasado lunes nos afecta en todo y también a la música, impidiendo que se celebrase ayer este mismo concierto en Gijón (logística instrumental), que siempre se nota en Oviedo. Al menos resultó positivo ver cómo se ha podido renovar el convenio con el CONSMUPA para que varios de sus estudiantes se sumen a los efectivos de la OSPA.

En lo relativo a este séptimo de abono pocas cosas nuevas pues seguimos esperando director titular y concertino, aunque este viernes Marina Gurdzhiya, violinista de Oviedo Filarmonía, sería la invitada. Al menos la teníamos cerca. Y del programa organizado como hace lustros o décadas: estreno, concierto con solista y sinfonía, que algún día podría replantearse el orden para ir adecuándonos a los «tiempos modernos». Con todo pude disfrutar de principio a fin en un concierto casi pictórico, dominando todas las técnicas y estilos, con distintas superficies sobre las que plasmar las notas musicales como colores materiales.

Del compositor vasco Eduardo Soutullo (Bilbao, 1968) es estrenaba en Asturias Alén, obra ganadora del X Premio de Composición AEOS -Asociación Española de Orquestas Sinfónicas- de la Fundación BBVA. Compositor muy valorado dentro y  fuera de nuestras fronteras, que asistió entre el público supongo feliz porque tanto Jordi Francés como la OSPA pudieron reflejar la magia que esta obra guarda. A Portalén o Porta do Alén en galego significa «Puerta del más allá», un lugar mágico y mitológico de la tierra vecina que se relaciona con la obra del premiado compositor, colores sobre arpillera, con texturas variadas, sonoridades nada habituales cual brochazos sin perfilar en un cuadro al que bien pudieran servir de banda sonora ambientando este céltico «Stonehelm pontevedrés».

Tenía ganas de escuchar en vivo a la pianista catalana Alba Ventura (1978), y no defraudó su Concierto para piano nº 3 en do mayor, op. 26 de Sergei Prokofiev (1891-1953). Obra complicada que podría llamarse «Cuaderno de pintor» pues sus tres movimientos (I. Andante – Allegro; II. Tema y variaciones. Andantino; III. Allegro, ma non troppo ) suenan como un muestrario de la evolución del compositor ruso en la misma obra: cambios de ritmos, recurrencias a sus ballets con Jordi Francés casi bailarín y concertando perfectamente las complejas entradas orquestales. Una auténtica exposición de formas y colores donde en el Allegro Ventura fue delineando primero con delicadeza, después coloreando con fuerza cada aparición; mientras tanto las variaciones del segundo parecían acuarelas con tinta china que pasando las hojas de este particular cuaderno concertístico, tomarían geometrías y pinceladas más gruesas, intensas antes del último gran lienzo, sin pincel ni brocha, directamente sobre descomunal superficie en blanco y negro del piano, mujer sobre fondo neutro pintada en todo tipo de superficies que la OSPA iba generando con un Francés evitando salirse del marco para completar el resto de un auténtico mural musical.

Brillante interpretación esta de la pianista catalana que, para dar continuidad al colorido «tercero de Prokofiev«, nos regalaría la novena de las 10 Piezas de «Romeo & Julieta», Op. 75, Danza de las chicas con lirios, interiorizada, matizada y sacando del piano una paleta aún mayor si cabe desde su intimismo  preclaro, limpio, fresco, compartido con un público que, pese a completarse con los «indemnizados gijoneses», sigue siendo cada vez menos. Una lástima que se esté perdiendo.

Y en la segunda parte tocaba sinfonía, al menos de las que conviene programar cada cierto tiempo: la potente Sinfonía «Matías, el pintor» de Paul Hindemith (1895-1963). Bien analizada en las notas al programa del pianista, organista y musicólogo jienense Álvaro Flores Cotelo. que dejo enlazadas al inicio  de esta entrada (en obras) y con los seis refuerzos del CONSMUPA más algunos coprincipales de plantilla actuando hoy de solistas, el director alicantino volvió «a sacar petróleo» de nuestra OSPA, continuó su personal taller pictórico casi como homenaje al propio Matthias Grünewald a lo largo de los tres intensos y poderosos movimientos (I. Engelskonzert; II. Die Grablegung; III. Versuchung des heiligen Antonius). Una obra que parece seguir vigente en plena tercera década del tercer milenio, cual castigo de obligarnos a repetir la historia aunque la conozcamos. El clima de represión artística que se estaba viviendo en Alemania en los años 30 del siglo pasado, que no pasó por alto el gobierno nazi para quien Hindemith, pese a ser de uno de los creadores más jóvenes e internacionales del momento, no dudó en condenar su obra como «música degenerada». Tantos artistas censurados también en nuestros días, confundiendo al pueblo con sus dirigentes, degeneración que está en las mentes de los sátrapas y quienes les sustentan. Francés llevó el color y dolor de cada «pintura musical» escrita en 1934, exprimiendo toda la paleta del compositor alemán: el primer Concierto de los ángeles levantando el vuelo con una cuerda capaz de dibujar terciopelo y arpillera, maderas brillando y metales de seda y tapiz, percusión dándole el cuerpo y presencia, planos sonoros muy trabajados y equilibrados; el posterior Entierro del renacentista Grünewald remarcaría los claroscuros y el dolor, música para nuestros sentimientos actuales; finalizando con Las Tentaciones de San Antonio en este retablo de Isenheim (1512-16) casi daliniano por expresionista y adelantado a su época, donde la OSPA mostró en su mejor versión y visión, tal vez con «el trazo» entrenado tras el esfuerzo alpino, que Francés llevó firme y seguro.

La primavera es el reinicio anual, ciclo natural lleno de esperanza y vida, que esperemos alcance a todas las artes y seres humanos. Su color es único y la sinestesia nos hace mezclar los sentidos como en este concierto pictórico.

Festejando con el Ateneo Musical de Mieres

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Sábado 20 de noviembre, 20:00 horas. Salón de Actos del Recinto Ferial de Mieres, Concierto de Santa Cecilia: Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres, Antonio Cánovas Moreno (director). Obras de Manuel Morales, Naf Fernández, José Vicente Fernández y David Rivas. Entrada gratuita.

Santa Cecilia,  nuestra patrona, nada mejor que celebrarla con música, además de regalarnos tres estrenos de esta Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres que cumple tres años desde su presentación en 2018, y a la que la Pandemia no le ha quitado ilusión, esfuerzo ni trabajo, mucho para mantener el nivel de calidad y apuesta por repertorios y compositores de nuestro tiempo.

En su lugar de ensayo, a la espera de retomar el Auditorio Teodoro Cuesta si el Covid lo permite, nada menos que 65 músicos con el maestro Cánovas al frente, volvía a festejar a a su patrona en el concierto más especial del año, con un programa muy completo, exigente, arrancando con el pasodoble Las Arenas del valenciano Manuel Morales Martínez, aire mediterráneo que homenajea la hostelería de La Malvarrosa a la que nos transportó la Banda Sinfónica, pasodoble potente para abrir boca (y oídos).

Llegarían dos estrenos absolutos, en la línea habitual de un Ateneo Musical de Mieres que sigue apostando por la nueva generación de compositores, hombres y mujeres, desde sus inicios. Dos obras difíciles con instrumentaciones actuales que no pierden la esencia de la formación para la que están escritas, la banda sinfónica que engrandece sonoridades y son verdaderas bandas sonoras de su tiempo:

Vortex de Naf Fernández puso a prueba cada una de las secciones de la banda, partitura rica en matices y texturas, rítmicamente poderosa y auténtica vorágine tímbrica que Antonio Cánovas desgranó al detalle con la respuesta exacta de unos músicos entregados.

Leuca (Isla de las Serpientes) de José Vicente Fernández completaría el doblete de estrenos absolutos en la fiesta de los músicos, obra premiada en los Global Music Awards con la medalla de plata que se escuchó al fin (ese es el objetivo), siendo Mieres la que figurará en la biografía propia y del Ateneo. Magnífica composición de esta banda sonora, casi un poema sinfónico, de lenguaje musical cercano a todos los públicos, que explota al máximo la plantilla instrumental, efectista, momentos grandilocuentes frente a otros más íntimos, en un despliegue sonoro emocionante que arrancó la gran ovación del auditorio con una interpretación de nuevo «milimetrada» por parte del director murciano asentado en nuestra tierra, con un trabajo meticuloso bien solventado por la banda.

Al fin se podía escuchar en Asturias, celebrando el aniversario histórico de los 450 años de la histórica batalla, Lepanto del toresano David Rivas, vinculado al Ateneo desde el primer concierto al dedicarle un pasodoble que resulta la auténtica presentación y seña de identidad de esta Banda Sinfónica. Auténtica explosión musical para una celebración, partitura exigente y una interpretación total en sus cuatro números, el tercero capaz de convertir el salón de actos en un claustro conventual con varios músicos entonando un gregoriano bien imbricado en el discurrir musical de esta suite, y cierre con Marcha Triunfal poniendo el mejor broche para un sábado de celebraciones por todo lo alto.

Los tres compositores presentes en el concierto, fueron agasajados por la asociación y el ayuntamiento  local, además de largamente ovacionados, agradeciéndoles su excelente aportación al patrimonio bandístico nacional que la Banda Sinfónica del Ateneo de Mieres bajo la batuta de Antonio Cánovas presentó a su público, con Alberto Cienfuegos «Michel» al micrófono, más allá de la presentación todo un animador de la escena musical asturiana e incondicional de este Ateneo al que le queda mucho fuelle… el día 5 de diciembre habrá homenaje a otra patrona, Santa Bárbara. Desde aquí lo contaremos, y las redes sociales también dejarán constancia de estos eventos.

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