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Haselböck despierta el bicho

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Miércoles 21 de septiembre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII FIOCLE: Martin Haselböck (órgano). Obras de J. S. Bach, G. Ligeti, F. Liszt y M. Haselböck. Concierto inicial, en colaboración con el CNDM y su ciclo «Músicas históricas». Entrada libre.

 

Volvía a La Pulchra el director y organista vienés pero con «el bicho KLAIS» en el día del tercer aniversario de su inauguración, con un lleno presagiado por la larga cola una hora antes, y cambiando algo el programa inicial (donde estaba Wagner) para poder hacer rugir y casi renacer el impresionante órgano alemán que va tomando acento castellano, recio y brillante en cuanto le aprietan, algo que el maestro austriaco Haselböck hace como nadie.

Porque unir a Bach, Ligeti y Liszt en el mismo concierto, tras las palabras de agradecimiento iniciales de Samuel Rubio Álvarez, sobre el papel podría parecer chocante aunque la escucha corroboró lo acertado del programa.

Meine Gott Bach es perfecto siempre, comenzando con la conocida Tocata y Fuga en re menor, BWV 565, buena elección de registros y una versión muy romántica en cuanto al juego dinámico y sobre todo expresivo, acelerandos y ritardandos más allá del rubato, pletórico de sonoridades, tal vez investigando registros que aparecerían posteriormente, virtuoso y brillante más que reposado y austero, pero es partitura siempre agradecida en cualquier versión por muchos ornamentos que le añadan. Lo mismo podríamos decir de los cuatro corales del Orgelbüichlein, esta vez más plegados a lo que podría llamar interpretación tradicional, contrastante registros y prevaleciendo la melodía desde los registros buscados: intimismo reposado del BWV 639, flautados barrocos y vivos del BWV 642, vuelta a la tranquilidad de la lengüetería levemente ornamentada del BWV 641 y creciendo volúmenes con los propios registros y tempo vigoroso utilizados en el BWV 642 de factura impecable, aunque algún pasaje el pedal tomase un primer plano demasiado presente en relación a los teclados, pero nada que objetar de la visión personal de Haselböck.

Difícil encontrar a György Ligeti (1923-2006) en los conciertos de órgano, algo apuntado en el discurso previo de Rubio, y es que Volumina sacó del KLAIS sonidos de tubos nunca escuchados, aprovechando la comodidad que supone poder tener automatizados los cambios de registro alternando con los manuales, una explosión sorpresiva que levantó murmullos, dinámicas amplias conseguidas con el juego tímbrico, ambiente sonoro contrastado con el silencio pétreo de La Pulchra Leonina que parecía despertar de un letargo secular con el ballet de los tiradores movidos por un fantasma llamado tecnología como ayudante invisible pero bien trabajado, exprimiendo pedales de expresión y cambios vertiginosos en un alarde de volúmenes y texturas.

Desempolvados casi todos los tubos escuchar a Franz Liszt resultaría el puente húngaro entre los dos mundos alemán y rumano, el virtuosismo de las Variaciones «Weinen, Klagen, Sorgen Zagen» que delineaba tímbricas esculpidas en bruto por el contemporáneo con el ímpetu del abad reconvertido tras una vida licenciosa, romanticismo en estado puro lleno de convulsiones dinámicas con cambios de volúmenes abruptos pero bellos, jugando con la reverberación y resonancia catedralicia y la vuelta al origen, al otro dios de Eisenach enterrado en Leipzig y adorado mundialmente por todo melómano con el Preludio y fuga sobre B-A-C-H, la locura del teclado máximo con el respeto al Maestro, órgano en vez de piano pero igual de virtuosista añadiendo nuevas sonoridades solo antes intuidas, como el mármol de la cantera que montaña abajo toma forma como con Miguel Ángel, cual cierre del círculo orgánico.

Para concluir nada mejor que retomar las improvisaciones, siempre parte de las propias formas musicales tan del gusto de los intérpretes que parecen recuperarse de nuevo. El tema nos lo había chivado Samuel Rubio y entregada la partitura del Himno a la Virgen del Camino, Martin Haselböck fue revistiendo la melodía de armonías francesas, pasando de las manos al pedal sin perder el norte y redescubriendo registros que encajaban como anillo al dedo el juego de acordes desplegado en las distintas variaciones. Una lección de improvisación que hizo despertar al bicho para ser domado en toda su grandeza.

Buen inicio del festival en sus 33 años consecutivos y perfecto cumpleaños para esta joya fabricada en Bonn y bautizada en San Mateo de 2013, que comienza a hablar un perfecto castellano. Aún quedan muchos conciertos, variados y dentro de la Catedral de León.

Adiós verano, adiós

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Aunque climatológicamente hablando el verano finaliza por San Mateo, las vacaciones han llegado a su fin y el nuevo curso 2016-17 arranca todavía con ecos del anterior, que no está tan lejos pero parece un mundo. Musicalmente la temporada arranca este domingo con la Ópera en Oviedo y la OSPA en el foso, como es costumbre local, esta vez con el estreno en España de Mazepa (Tchaikovski), y que intentaremos contar desde aquí en la medida del bolsillo, pero sobre todo tras una escapada suiza donde hubo mucho y bueno.

Como escribía mi querido danés «Viajar es vivir» y sigue siendo de mis «adagios» que esta vez me llevaron a zonas de Suiza aún desconocidas. Si hubiera que resumir este periplo de agosto bien cabrían palabras como verde, agua, montañas, bicicletas, y por supuesto quesos, salchichas, cerveza más multiculturalidad, no mucha emigración y ésta con trabajadores en un país con moneda propia (el franco suizo) y una historia reciente de neutralidad con secretos bancarios que parecen ir rompiéndose.

Sin música en vivo suelo visitar iglesias con sus órganos, edificios emblemáticos, museos, y por supuesto disfrutar de la gastronomía autóctona además de callejear, unas veces sin rumbo fijo, mezclándose con el paisaje y el paisanaje, otras buscando sitios concretos, pero con el factor sorpresa siempre presente.

La primera parada en Zürich donde estuvimos en un apartamento a un paso de la estación de tren y al lado de uno de los mejores miradores de la zona vieja (Lindenhof), nos dejó imágenes impensables como las de su universidad, la más grande del país con un edificio que además de albergar distintos museos, tiene réplicas de griegas, romanas o egipcias, paseos por el lago, caminatas varias que nos llevaron incluso a la sede de Google, o una buena raclette en el Hotel Adler, y por supuesto dos edificios que son santo y seña de la actividad musical:

La ópera y el Tonhalle, uno a cada lado del lago y verdaderos templos de la lírica y la música sinfónica. La primera no tenía funciones esos días y la segunda acogía un encuentro de música folklórica, pero pudiendo admirar un edificio ampliado que combina épocas sin problemas.

Una de las calles que circundan la Tonhalle lleva el nombre del genio de Bonn, y no pude resistir la tentación de la foto con la placa.

De las iglesias me quedo con la reformista de Fraumünster con vidrieras de Chagall o Augusto Giacometti, tío del más famoso Alberto, y la protestante de Grossmünster, todas con conciertos de órgano programados, aunque no coincidieron con mis fechas. Tampoco está mal pasear por las zonas comerciales que albergan todas las firmas famosas de relojes, ropa o automóviles.

La segunda parada sería St. Gallen, para los músicos una parte de la historia con su famosa abadía originaria de la primera escritura musical neumática, hoy solo facsímiles, también de la cerveza, pero sobre todo con el encanto de una biblioteca barroca, y por supuesto su catedral en cuyo órgano había estado unos días antes el guipuzcoano Esteban Elizondo dentro de un ciclo habitual en cualquier templo que se precie, y la catedral barroca es parte de las giras de los mejores organistas mundiales.

Pero el verdadero «campanazo» resultó asistir en vivo a un estreno mundial el 21 de agosto desde la atalaya privilegiada del hospital y residencia geriátrica (hay que ir tomando nota), puede que acústicamente no tan bien ubicado como los miles de «peregrinos» que ocupaban las montañas cercanas, un original proyecto titulado Zusammenklang, capaz de unir tradición al hacer sonar las 118 campanas de las 29 iglesiss de la zona, con tecnología mediante dispositivos móviles que hicieron posible ejecutar la composición de la rusa Natalija Marchenkova, afincada en esta bella ciudad, y el compositor local Karl Schimke, tuba de la sinfónica de St. Gallen.

Tuve el humor de grabar el audio, al menos para recordar una experiencia única y que conociendo la complejidad del mecanismo así como todo el proyecto, solo puede darme una idea aproximada de lo que realmente sucedió. Presumir de haber estado «in situ» no tiene precio, y más por el sitio que respiraba paz y sosiego.

St. Gallen tiene unos alrededores como la reserva natural del «Wildpark Peter und Paul» desde donde se puede divisar el Lago Constanza, familias al completo y animales en cautividad, escapada cercana al centro, y un poco más lejos llegar a la zona de Ebenalp, tomar un teleférico y realizar la actividad por antonomasia de los suizos, caminar por unas montañas cuidadas y listas para ser fotografiadas como si de una postal se tratase, incluso visitando cuevas prehistóricas. Uno de los restaurantes más curiosos supone una caminata que hace pensar en los trabajadores del mismo y en llenar sus neveras, no solo de su cerveza típica, pero la experiencia es inolvidable.

La ciudad de Chur (o Coira), considerada como la más antigua de los Alpes, es acogedora, coqueta, diría que casi familiar, tan cercana como el piso que nos acogió en algo tan habitual como los Bed and Breakfast, y la Catedral de Santa María de la Asunción en lo alto, que alberga una cripta que me recordó nuestra Cámara Santa asturiana por el apostolado, así como un moderno órgano.

Pero el protagonista resultó el Bündner Kunstmuseum y su ampliación adyacente, un hermoso edificio recién estrenado el pasado mes de junio a cargo del estudio de los arquitectos Barozzi – Veiga, un tándem ítalo-gallego en Barcelona que también está ligado al danés Andersen en su Odense natal y al centro de arte gijonés, con una belleza única en su diseño, albergando una exposición de la familia Giacometti, por supuesto también Alberto, «Solo Walks» así como otros artistas ligados a esta ciudad de Chur, perfecta conjunción en línea con las obras que exhibe.

Siguiendo por esta zona la mayor parada estuvo en Sankt Moritz como cuartel general, aunque también nos llevaron esos trenes orgullo helvético hasta Tirano (Italia). La subida alpina en el más lento del mundo es impresionante: glaciares, ríos, lagos, cientos de tonos de verde a bordo del panorámico Bernina Express en un viaje de cuatro horas que merece la pena hacerse.

Y el fin del trayecto en suelo lombardo donde se paga en euros, hablamos italiano con los Alpes de otro color y sabor, visitando el Santuario della Madonna de Tirano, basílica construida en el siglo XVI en perfecto estado de conservación, con un órgano barroco del que no pude disfrutar su sonido pero sí su arquitectura.

De St. Moritz habría mucho para contar además de lo ya sabido en tiempos de la decaída jet-set, especialmente en invierno aunque el verano es radiante y con la suerte de unos días de sol increíbles. Un gran lago para caminar a cualquier hora del día bordeándolo, tiendas de lujo, terrazas y restaurantes comidas de todo el mundo, como los conciertos, variados desde la Casa de Cultura local donde el viola da gamba Paolo Pandolfo estaba impartiendo un curso con recital final de sus alumnos, al que no pude asistir, hasta el que ofrecía a precios estratosféricos el hotel más lujoso de la ciudad alpina con el reclamo de un Mozart que nunca falla.

Dicen que Asturias es la pequeña Suiza y algo hay de cierto: vacas, leche o mantequilla, también maíz, manzanas, solas o en zumo, aunque la asignatura pendiente de nuestra tierra siga siendo además de la poca publicidad, la limpieza. Un placer caminar por cualquier rincón y no encontrarte suciedad pero tampoco policía. La educación como la cultura se puede legislar, pero básicamente se hereda y refleja la sociedad e idiosincrasia que no se puede copiar ni comprar porque se hereda, supongo que como el dinero. Desconozco si la envidia es sana, y si como escribía Andersen «At rejse er at leve«, regresar nos hace añorar lo que no tenemos.

Esta región de Engadin tiene lagos, sendas y pueblos cercanos bien comunicados por autobuses, como Sils Maria y Silvaplana, la primera alberga la Casa Museo de Nietzsche, así como hoteles para celebridades que también ofertan conciertos puntualmente (alguno incluso grabado por sus vecinos de Winter and Winter), visitas obligadas antes de regresar a la capital disfrutando siempre de un paisaje de postal.

También se celebraba esos días el CSI (Concurso Internacional de Saltos) donde no encontré famosos entre el público pero tampoco jinetes o amazonas de prensa rosa, si bien al lado de la zona equina, en el llamado St. Moritz Bad, está la iglesia católica de St. Karl, con unas modernas vidrieras y ampliación de 1991, más el necesario y obligado órgano que tampoco pude escuchar, pero la querencia por el rey de los instrumentos sigue allá donde viajo.

St. Moritz nos regalaba cada día al despertarnos una vista única, la última antes de abandonar nuestro particular refugio, la comparto aquí.

La vuelta a Kloten, al lado del aeropuerto, sirvió para saborear las últimas cervezas suizas (es más cara el agua ¡quién lo diría! y no digamos la «frei» sin alcohol) y una comida italiana que parece estar presente como el idioma en una Suiza algo cara para nuestros sueldos, creo que también para los trabajadores (que cobran poco más que en España), con paisajes también para saborear, caminar, paraíso ciclista y última noche antes del retorno a la normalidad. Imposible plasmar tanto aunque el diario de viaje, siempre a mano, ocuparía mucho más espacio.
Septiembre me devolverá a la música, en vivo o grabada, pues también tiene su hueco en el blog y lo seguiremos contando tras el necesario descanso estival. Este curso 2016-17 arranca con dudas pero la esperanza nunca podemos perderla…

P. D.: A petición de Alonzo V. de Artsy.net en N.Y. dejo aquí el link a las obras de Alberto Giacometti disponibles en su web con otros enlaces interesantes incluso para educación.

Madrid, museo de músicas con guinda

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Madrid en verano es un infierno pero quedan también purgatorios y paraísos terrenales. El calor horroroso además del climatológico fue el engaño del Caravaggio en el Museo Thyssen Bornemisza, como casi siempre, donde importa hacer caja con cualquier disculpa o reclamo, y el pintor del claroscuro lo es aunque solo se exponga una décima parte arropado por muchos seguidores bajo el pomposo título de «los pintores del norte», encima prestados de su vecino de El Prado donde El Bosco sí resultó purgatorio ideal y verdadero fenómeno de masas en un «jardín infinito«, para continuar con los imperdibles Fra Angélico, Goya, Velázquez, El Greco, Ribera, Tiziano, Rafael o Rubens, entre sus joyas destacadas de siempre, sin olvidarme del asturiano Carreño de Miranda.

El Teatro Real pesenta I Puritani de Bellini para ir cerrando temporada, pero no estaba esta primera semana al alcance de cualquier bolsillo y habré de conformarme con esta «semana de la ópera» que permitirá disfrutarse gratuitamente en muy distintos lugares y formatos, quedándome con las ganas de escuchar a Javier Camarena el día de San Fermín en vivo, ya que Celso Albelo no me coincidía la fecha.

Pero como el que suscribe no da puntada sin filo, el viernes 8 y con entrada gratuita se presentaba en la Escuela Superior de Canto de la calle San Bernardo con la colaboración de la Asociación de Amigos de la ESCM el curso internacional de interpretación del repertorio vocal español de Project Canción Española dentro del amplio «Clásicos en verano«, con un concierto titulado «Granados canta a Madrid» a cargo de la directora del mismo la mezzo neoyorkina afincada en España Nan Maro Babakhanian y el pianista Emilio González Sanz donde participó como invitada la soprano Raquel del Pino, una joven promesa de 19 años que estudia guitarra en el RCSMM además de canto en el Conservatorio «Victoria de los Ángeles» y no podía hacerlo en la clausura del próximo viernes 15, que comenzó el recital con «Tres canciones»: Por una mirada un mundo, Yo no tengo quién me llore y Canto Gitano, el Granados inspirado en poemas románticos que la soprano cantó con gusto y estilo pese a la brevedad de estas partituras, con la solvencia pianística de González Sanz.

El grueso del recital lo completaron las tonadillas y las seis canciones dedicadas a María Barrientos inspiradas en el mundo goyesco del que disfruté el día anterior en El Prado  a cargo de Babakhanian más las intervenciones solistas del piano en La Campana de la tarde de «Bocetos» y el Intermedio de «Goyescas» con un sólido Emilio González Sanz demostrando el dominio de la obra del catalán, tanto sola como en el siempre agradecido acompañamiento al mejor estilo de la canción española de las vocales. La niña Inés Maro Burgos Babakhanian (2009) -que ya canta en Los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid– fue una narradora especial y excelente en la parte pianística de La maja de Goya, con un tenue acompañamiento antes de la intervención de su madre que ya tomó el mando con El majo discreto, El tralalá y el punteado y El majo tímido, tonadillas creídas y sentidas, lección para los alumnos de dicción pero sobre todo interpretación con un registro grave natural y dramático acorde a los textos, color distinto por su registro de mezzo pero igualmente bellas y con tesitura sobrada.

Otro tanto puedo decir de las tres majas dolorosas cantadas sin pausa y bien delineadas para finalizar con El mirar de la maja, Amor y odio y Callejeo, partituras que son obligadas en los estudios de canto y las grandes voces han interpretado porque son equiparables al «lied» o la «chançon» y Granados da protagonismo tanto al texto cantado como al piano desde esta visión castiza que gusta en todo el mundo, buen tándem BabakhanianGonzález Sanz en el coqueto teatro, antiguo salón de baile del Palacio Bauer, hoy «la Escuela de Lola Rodríguez Aragón«.

Mi paraíso musical nocturno en Madrid es el Café Central, otro monumento de la música en vivo que lucha por mantenerse y lo hizo toda la semana con Zenet y su banda, también llenando por 20 € sin regatear calidad ni cantidad en su regreso al local de la Plaza del Ángel.

El actor y cantante malagueño supo encontrar un estilo propio a partir de las letras de Javier Laguna y la música del guitarrista José Tabodada, un trío único.

La banda con la que comenzó semana tenía al citado José Taboada y los también habituales Manuel Machado a la trompeta y fliscorno (bugle o flügelhorn para los puristas), Öve Larsson al trombón y el batería Pedro Moisés Porro, pero hubo dos cambios que no mermaron la excelencia instrumental: el viernes se incorporó el venezolano José Vicente Muñoz que hubo de sustituir en el contrabajo a Yrvis Méndez, mientras el sábado lo hacía el pianista chileno Jorge Vera por Pepe Rivero, siendo esta función la que disfruté en compañía de familia y amigos.

Si algo caracteriza al malagueño es la elección de sus músico, siempre excelentes, afincados en España pero que no han olvidado sus raíces, lo que enriquece cada canción hasta el infinito. Qué decir del cubano Machado, verdadero poeta de la trompeta y cuarta pata para asentar el trío primigenio, de Ove, sueco formado en Dinamarca y más madrileño que el cocido, al que tengo en vinilo con multitud de formaciones siempre aportando la musicalidad ronca que esta vez también es malagueña, el venezolano Taboada cual flamenco renacido de gallegos ancestrales pasado por el Mississipi en vez del Orinoco, la guitarra que Zenet no toca, el ritmo del cubano Porro que empuja sin necesidad de fumarlo, mago en cambios de velocidad y sabor, todos sustento y confianza para los recién llegados Muñoz, solvencia y musicalidad para lo que le pongan delante, pero sobre todo la sorpresa de Vera, «llegar y triunfar» a primera vista, engrandeciéndose en cada tema, convincente y delicado, humilde desde su grandeza conformando un sexteto zenetiano a más no poder, recreando canciones grabadas para hacerlas nuevas, vestidos de gala para el cuerpo que crece al cantar con ellos, apoyado en un micrófono cual complemento de la «naturalidad» instrumental.

En los dos pases Toni Zenet desgranó temas que no pueden faltar en sus directos jugando con la voz como sólo él sabe, mandando en el ruedo, actuando, plegándose, intimando, pero sobre todo las melodías con la banda que crecían en cada intervención entre estrofas (Silencio salvaje de un Agua de Levante marinera a más no poder, Por debajo de Madrid casi chotís mediterráneo en Gata y no gato pero siempre chulesco, Un Beso de esosDientes de rata con Machado en el fliscorno y el público participando en una jam de altos vuelos, Ella era mala, o la propina última de Soñar contigo en una versión irrepetible como el resto de los temas) junto a los que ha grabado para el próximo disco «Si sucede conviene» (de nuevo con «El volcán música» más autoproducción con micromecenazgo  alcanzado en poco tiempo), Cómo será con los acordes guitarrísticos de «Pepiño» a los que se sumó el trío piano, bajo y batería antes de la descarga sabrosa del recién salido del horno Fuiste tú en un viaje desde la imaginación por cualquier océano de marineros de tierra o mares caribeños, música que crece, navega y llega a buen puerto con todos los estilos y ropajes para la voz única de Zenet, crooner por utilizar una palabra americana que intenta explicar el formato con el que actúa, pues con su banda surca no ya «Los Mares de China» sino los de la propia música para olvidarnos de etiquetas y contestar que la música de Zenet es propia porque su originalidad está en saber beber de aguas navegables desde todas las emociones.

Meditaciones vallisoletanas

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Sábado 13 de febrero, 20:00 horas. Museo Nacional de Escultura, Colegio de San Gregorio, Valladolid. Ciclo «Nada temas, dice ella». Diego Fernández Magdaleno (piano), Meditaciones. Obras de Fenton, Sardà, J. Alain, Kurtág, Joaquín Díaz, S. Bainbridge, Lully, H. Skempton, Benet Casablancas, Cruz de CastroFederico OlmedaTeresa Catalán, Francisco García Álvarez, C. Halfter, Marais, A. Grèbol y Edward Ivory. Entrada: 10 €.

Entrar en la capilla del Colegio de San Gregorio impacta por cierta austeridad unida a la comodidad de unas sillas confortables y una calefacción radiante, espacio ideal para asistir a un concierto, donde el piano, flanqueado por los primeros Duques de Lerma como magníficos orantes de Pompeo Leoni llamaban a una primera meditación de la fría tarde de sábado en Pucela.

Con el programa en la mano impresionaba ver nada menos que veinte obras de compositores variados, casi todos actuales, organizados en cuatro meditaciones, un verdadero alarde de originalidad en la composición de cada bloque con el nexo de György Kurtág (1926) en todos ellos y pinceladas históricas intercaladas entre los actuales, como notándose la faceta docente del maestro Diego Fernández Magdaleno (1971) que es capaz de preparar conciertos siempre únicos y muy trabajados en el marco ideal, como el reciente del Instituto Cervantes de París, esta vez con unas músicas para meditar no ya sobre Santa Teresa sino sobre nuestra historia, también la musical, incluso de la actualidad plegada a pie de calle.
Porque el pianista riosecano, Premio Nacional de Música 2010, un humanista de nuestro tiempo, escritor y músico, hila siempre fino y sabe engarzar verdaderas perlas buscando ofrecer momentos para meditar, un embajador de nuestros compositores vivos, equiparándolos con los eternos y los olvidados, igualando en la música categorías vanales de prioridades o gustos para defender partituras con un dominio y expresión como sólo Diego Fernández Magdaleno es capaz de interpretar. Incluso el nexo Kurtàg cuyos 90 años podemos comenzar a celebrar toda esta temporada, esperando siga regalándonos obras como las escuchadas este sábado.

«Meditación I» uniendo ingredientes aparentemente incompatibles pero cocinados en el orden perfecto para este primer pensamiento de atemporalidad, comenzando con un Veni Sancte Spiritus espiritual de George Fenton (1950), seguido por Amor y humor de Albert Sardà (1943), donde la fuerza de los sentimientos toma forma en una ejecución impactante estrenada por el propio painista vallisoletano, un breve respiro «organístico» con El niño Jesús va a la escuela de Jehan Alain (1911-1940), recuerdo infantil sobre el teclado de alguien todavía cercano desde la lejanía, el toque breve y profundo de Somos flores… (1b) de Kurtág que daaría para un tratado sobre la expresividad máxima con recursos mínimos, y la tierra común de Joaquín Díaz (1947), La rosa enflorece cual deseo de olvidar distancias cronológicas, incluso religiosas, y convertir la música atemporal en ideario vital.
«Meditación II» con aumento de tensiones y reflexiones interiores, desde las Campanas de Simons Bainbridge (1952) que resonaron pianísticas en la capilla, el recuerdo francés de J. B. Lully (1632-1687) con una Zarabanda (en transcripción de Marie Bertin) llena de sonoridades violagambistas en un piano universal que se pliega a los lenguajes sin acentos, el Versetto: Temtavit Deus Abraham breve Kurtág porque no puede condensarse más en menos, nueva Reflection 2 esta vez de Howard Skempton (1947) y el admirado Benet Casablancas (1956) Come un recitativo, compositor unido al intérprete como todos los españoles de nuestro tiempo que Diego recrea y engrandece en este segundo bloque.

«Meditación III» de la amistad y el trabajo, obras de la vida y rescate del olvido, Carlos Cruz de Castro (1941) con el Preludio IV, un Andante religioso de Federico Olmeda (1865-1909) inmenso, necesario de interpretar en un espacio desacralizado devolviéndonos autores «ninguneados» con obras capaces de firmarlas sus compañeros de Olimpo, este músico presbítero de Burgo de Osma, folklorista burgalés recuperado por el zamorano Joaquín Díaz de la primera meditación, y recreado por el pianista de Medina de Rioseco, la música de Castilla al piano; el Tiento de tantos tonos (2011) donde Teresa Catalán (1951) juega con la tecla del siglo de oro para traerla a la era digital con los mismos mimbres de antaño pasados por la óptica abierta de los compositores a los que Diego da voz, se entrega, engrandece con mimo por el sonido, matices inconmensurables y profunda reflexión con el punto de inflexión Kurtág Somos flores… (2) antes de Partiré en silencio del cántabro Francisco García Álvarez (1959), interesantísima partitura donde la evolución e involución se dan la mano, lenguaje abstracto que lleva a la pura melodía coral antes del terrible conflicto interior de una partida silenciosa hecha música cercana incomprensible solamente para los inmovilistas de espíritu, de nuevo (re)creado por un Diego Fernández Magdaleno irrepetible.
«Meditación IV» de los grandes, el culmen del concierto donde todo parece encajar del papel al piano, lo antiguo y lo nuevo, padres e hijos, atemporales e imperecederos, herencias actuales y sueños eternos, Cristóbal Halfter (1930) Contando una historia, Kurtág … flores… también las estrellas iluminando el retablo y la capilla renacentista, Marin Marais (1656-1728) La soñadora, Savall en el subconsciente colectivo de intérprete y público, hasta en el título buscado, Armand Grèbol (1958) Fantasía, compositor diría que fetiche para Fernández Magdaleno por las sinergias entre ambos, y Edward Ivory (1985) Resonancia (J. S. Bach, Quédate con nosotros Señor), la paleta de las teclas y el cuadro bachiano leído desde la juventud de un estreno cercano por el propio Diego, crisol y tamiz en el universos de las 88 teclas con un piano que sonó siempre poderoso  (pese al tamaño) e íntimo, conjunción ideal para entorno y título de un concierto irrepetible con el magisterio de Fernández Magdaleno.

Foto © Diego Fernández Magdaleno

Todavía hubo tiempo de escuchar de nuevo a Skempton Extremely quietly en un cuatro por ocho que hizo sonar las piedras.

Savall sin fronteras

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Sábado 23 de enero, 20:30 horas. Auditorio de León, XIII Ciclo de músicas históricas. Hespèrion XXI, Jordi Savall (viola de gamba y dirección): «La Europa musical: 1500-1700». Entrada: 10€. Coproducción del CNDM.

Magia universal con las violas de gamba en todas las tesituras la que trajo a León nuestro universal catalán, con siete músicos en escena capaces de romper las fronteras de una Europa ideal que recordaba el propio Savall antes de la segunda propina, compositores en otros países uniendo acentos para una música a atemporal que mueve público de todas las edades como el que llenó el auditorio de la capital hermana de la asturiana.

Un renacido Savall con la viola de gamba soprano preparó seis bloques bien hilvanados con la danza de nexo, repartidos en dos mitades:

Unas «Danzas italianas del Renacimiento veneciano» para presentar la capacidad de este Hespèrion del XXI: Lorenz Duftschmid a la viola baja más un Philippe Pierlot doblando alto y baja, casi alter ego «savalliano» a lo largo del programa, el violone de Xavier Puertas, la tenor de Sergi Casademunt al lado del maestro, completando toda la tesitura de una viola de gamba más actual que nunca, y los dos detallistas necesarios cual orfebres para preparar unos grabados musicales llenos de monocromías irisadas: Enrike Solinís con doblete tiorba y guitarra siempre complementando con punteos o rasgueos el fluir frotado, más la imprescindible percusión de un siempre maravilloso Pedro EstevanLas cuatro danzas elegidas prepararon lo que vendría después dado que aún faltaban detalles como cuidar más los finales de Pavana, Gallarda, Tedescha y Saltarello.

El segundo bloque «Elizabeth Consort Music» nos preparó a tres ingleses (Dowland, Gibbons y Brade) con verdadero acento británico que el septeto interiorizó al detalle convirtiendo el auditorio leonés en corte danzante de las islas. Maravilloso empaste de cuerda frotada con las perlas de la tiorba y la percusión vistiendo a Savall y su viola soprano de rey supremo.
Para cerrar la primera parte unas «Danzas y variaciones de España y Portugal» para seguir paseando por aquella Europa de intercambios sin fronteras como Hespèrion XXI deleitando polifonías vocales o ritmos ibéricos de Luys de Milán, Cabezón con las Diferencias sobre la Dama le demanda, Diego Ortiz y el portugués Pedro de San Lorenzo, delicioso escuchar las voces agudas de Savall y Casademunt contrapuestas a los bajos de Pierlot y Duftschmid con el soporte del violone de Puertas mientras Solinís rasgueaba la guitarra completando las excelentes pinceladas de Estevan, para ir rematando con unos Canarios para lucimiento de un Savall inspirado recorriendo todo el registro de la soprano, de arco poderoso jugando con mayores y menores cual Jam session renacentista más actual que nunca, demostrando un entendimiento con sus músicos envidiable.

Los tres bloques de la segunda parte, ya con el septeto en plena forma, nos llevaron por Francia y Alemania antes de una recapitulación europea:
«Músicas para el Rey Luis XIII» capaces de alternar intimismo y danza, «Músicas de Alemania» centradas en un Samuel Scheidt de colorido etéreo en la línea de aguafuertes y grabados bien delineados, y «Música de la Europa Barroca» haciendo convivir a Purcell, Joan Cabanilles, J. H. Schein, Dumanoir y la excelencia de la Gallarda napolitana de Antonio Valente, juegos de «pizzicatti» actuales para una música de «solo» 500 años que con Hespèrion sigue más actual que nunca, recreando sonoridades de claves y laudes celestes.

Aplausos más que merecidos que nos dejaron de propina otro bloque de cuatro danzas francesas, la segunda lengua de Savall que hace suya esta música cercana a la que el país vecino tanto le debe. Reconforta volver a escucharle feliz tras malos tiempos recientes y comprobar que su legado todavía sigue creciendo. Verdadera y merecida ovación, palabras de agradecimiento y reivindicación de una Europa sin fronteras que tristemente este siglo vuelve a levantar, antes de regalarnos unas danzas de Brade donde todo Hespèrion con Savall a la cabeza recreó sonidos célticos que los asturianos sentimos tan cercanos como este León que me ha hecho un gran regalo de cumpleaños.

La música interior de Santa Teresa

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Jueves 15 de octubre (festividad de Santa Teresa de Jesús), 21:00 horas. Catedral de León, XII Ciclo Música Históricas del CNDM, en coproducción con el XXXII Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE). Capella de Ministrers: Catherine King (mezzo), Carles Magraner (viola da gamba), Ariel Abramovich (vihuela): Mística: Paisajes sonoros del itinerario fundacional de Santa Teresa de Jesús. Obras de Juan del Enzina, anónimos, Diego PisadorLuis de Narváez, Francisco Guerrero, Miguel de Fuenllana, Antonio de Cabezón, Bartolomé Escobedo, Esteban Daza, Alonso Mudarra, Luys de MilánAdrián de MoxicaEntrada libre.

Nada mejor para comenzar esta crónica que un poema de la propia santa de Ávila en este 2015 donde se conmemora su quinto centenario:

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

La música podría ser la destinataria de tan bellas palabras juntando dos cosas tan desiguales y necesarias como música y silencio, pues el recital de este trío resultó no ya un paisaje interior sino toda una sesión de recogimiento por parte de una feligresía no toda melómana pero igualmente entregada a una meditación más allá de la mística ante los textos elegidos, cantados o instrumentales que la formación valenciana -aunque plenamente internacional- fue desgranando durante más de una hora, como si música y silencio formasen un todo para que «Nada te turbe» volviendo a la Santa precisamente en el día de su festividad.

La voz femenina más natural es la clasificada como mezzosoprano, y así resultó la británica, canto natural, por momentos íntimo pero bien proyectado, con la dificultad del idioma y la dicción clara perdida a menudo por la sonoridad catedralicia que sin embargo compensó unos instrumentos perfectamente percibidos y contrastados, la viola de gamba del solista valenciano, tan cantarina como la humana y en otros momentos grave cual cuerda masculina, más la vihuela del argentino punteando, haciendo el contracanto y solista en sus páginas propias.

Música y textos de la época de la santa en su itinerario español, música como oración sin palabras incluso por compositores también clérigos, latín o castellano antiguo, alternancias instrumentales y vocales en este paisaje sonoro que todos caminamos con respeto casi olvidado. Partituras de distintos cancioneros, formas instrumentales variadas desde villancicos y villanescas a fantasías espirituales, romances y pavanas con sus glosas emparejados con textos de Santa Teresa, bellezas y recogimiento individuales y compartidos desde el silencio interrogante del alma a cargo de este trío con larga trayectoria como Capella de Ministrers. Las notas del programa explican bien este itinerario:

«En su libro Las fundaciones, la santa de Ávila apunta en varias ocasiones la presencia de “mucha música” en sus andanzas y hechos fundacionales. Es un paisaje místico que trata de pintar el concierto de la Capella de Ministrers, que recoge ejemplos de los cancioneros de Palacio y Uppsala. Coetánea de Teresa de Jesús fue la gran música española para vihuela, pero también la gloriosa polifonía, como la de Guerrero o Escobedo de esta velada, ese canto de órgano, tan sutil como un cristal, pues “que un punto o compás que se yerre, disuena toda la música”, como afirma Santa Teresa en el Libro de la vida«.

Dejo el programa así como los textos enlazados, destacando en el terreno instrumental la marcha anónima inicial Sacris Solemnis, la Fantasía del primer tono por gesolreut (de Los seys libros del Delphin (1538) de Narváez o la otra de Mudarra para acariciar la vihuela tenue de Abramovich, las obras de nuestro genio Cabezón,  Tiento X (del Libro de Cifra Nueva) o Para quién crié yo cabellos, romance y pavana con su glosa, recreando el dúo de cuerda tímbricas corales y de tecla siempre con mimo, aunque sería con la mezzo donde alcanzaron los momentos más intensos y bien dosificados a lo largo del concierto.

Nadie mejor que el salmantino Juan del Enzina para comenzar a disfrutar del recital, pero especialmente nuestro gran polifonista Francisco Guerrero con Si tus penas no pruebo, cántico espiritual, con voz y viola primero, voz y vihuela después y ensamblando el trío en orgánico canto realzando los textos, o las últimas Adiós mi amor, instrumental original para dos vihuelas donde la cuerda realmente cantó esta canción para ministriles de Lerma, y Niño Dios d’amor herido, «Canto de cisne blanco. Oh Señor mío y Esposo mío, ya es llegada la hora tan deseada» (Sta. Teresa), incluyendo recitado por parte de Magraner (que a mitad de concierto dirigió unas palabras a un ensimismado auditorio) más la voz de mezzo casi poniendo música celestial a las canciones y villanescas espirituales.

Me emocionaron los motetes, tanto el Erravi sicut ovis a 4 del zamorano Bartolomé de Escobedo y el de Bernardino de Ribera (o Bernardino de Sahagún) Virgo prudentissima donde la polifonía resultó viva con la voz cantada con recogimiento cual rezo de la mezzo y las otras voces instrumentales en un lujo de interpretación casi coral, así como Dama, mi gran querer de Adrián de Moxica. Otro placer el villancico de Miguel de Fuenllana o el de Esteban Daza de título Dame acogida en tu hato, de nuevo voz alternando el acompañamiento entre los dos instrumentos antes de la plenitud del trío, todas las obras engarzadas al detalle, para terminar regalándonos una villanesca de Guerrero para marchar en paz. Emoción teresiana en un itinerario musical y personal desde la Pulchra Leonina, marco perfecto para este verdadero acto de fe y devoción.

Estrenos cercanos

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Sábado 10 de octubre, 20:00 horas. Teatro Municipal Bergidum, Ponferrada. Ciclo romántico«Cantando a Gil y Carrasco». Patricia Rodríguez Rico (soprano) y Manuel Alejandre Prada (piano). Obras de Alejandre, Schubert, Lortzing, Rossini, Lehár, Arrieta y Giménez. Entrada: 7,50 €.

Llevaba tiempo sin escuchar a la soprano ferrolana, muy solicitada para estrenos gracias a su poderío vocal basado en un trabajo meticuloso y versatilidad, la misma que le trajo hasta la capital de El Bierzo para regalarnos el «Tributo a Gil y Carrasco» opus 64, en homenaje al bicentario de su nacimiento, siete lieder sobre poemas de Enrique Gil y Carrasco del compositor local y pianista Manuel Alejandre Prada. No es accesorio titular esta obra de «lied» puesto que el diálogo y protagonismo de piano y voz marcan esta obra de dificultades extremas para el registro de soprano, con poemas no excesivamente musicales a los que Alejandre intenta sacar más la expresión que la lírica propiamente dicha.

Siete poemas distintos con el sello del músico berciano donde aparecen colores y atmósferas grises, duras, llevadas al discurso melódico en saltos de octavas realmente abismales, medios tonos generadores de indecisión tonal como en El Sil, agudos altísimos en pianísimo o graves profundos sin poder perderse nunca la inteligibilidad de unos textos difíciles caso de Niebla. La soprano gallega hubo de pasar por todos los registros defendiendo una partitura realmente agotadora con detalles de lirismo como en La mariposa o Una gota de rocío que cerraba este ciclo con un pianismo igualmente vertiginoso de arpegios alternando con reposos casi litúrgicos de Campana de una oración sin caer en descriptivismos literales pero sí buscando esa ambientación romántica deudora de muchos compositores volcados en poner música a textos. Obra la de Alejandre que seguramente habrá de «readaptar» al terreno vocal para voces graves o incluso para una mezzo de amplia tesitura en el agudo pueden lograr un color más adaptado a la buena idea del pianista y compositor local.

La segunda parte tras el esfuerzo de la primera, dejó la voz preparada para los dos lieder de Franz Schubert, An die Musik D. 547 y la conocidísima serenata póstuma Stänchen, D. 957 nº 4 con el piano coprotagonizando estas bellísimas perlas románticas de salón, o las arias de opereta vienesa que tan bien le van a Patricia R. Rico como las de Zar und Zimmerman de Lortzing o la balada de Vilja de La Viuda Alegre (Franz Lehár) en el mejor estilo desenfadado y lleno de melodismo que nos imaginaba a la soprano con guantes largos y trajes negros de encaje sin copa de champán pero el mismo aire pícaro de ambas.

No podía faltar entre lo germano nuestro querido bufo Rossini, del que Non si da follia maggiore de «El turco en Italia» volvió a corroborar el dominio técnico de Patricia para unas arias exigentes como las del italiano con un piano reduciendo la orquesta solo en tímbrica porque así trabajó Manuel su siempre impecable y certero acompañamiento.

Y en un recital lírico lo español nada menos que con dos grandes como Arrieta y Pensar en él de «Marina«, género grande compartiendo programa con alemanes e italianos en esta romanza operística de agilidades y hondura interpretativa para rematar con Me llaman la primorosa de «El barbero de Sevilla» de Gerónimo Giménez, la voz que ha ido ganando registro grave y mantiene los agudos de flauta tan característicos de Patricia Rodríguez Rico, no mero juego pirotécnico sino gusto vocal por cualquier página que afronte.

El recital sabatino resultó muy exigente y se volcó en cada partitura, incluyendo una propina de lujo como el conocido O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini) que gallega y leonés entendieron a uno para comunicar la emoción final a un público que no llenó el coliseo ponferradino pero disfrutaron del estreno y aún más con estos clásicos románticos.
Los medios locales reflejaron el evento y los presentes esperamos volver a escuchar aunque sea grabado, pues siempre reconforta el interés de las jóvenes generaciones de compositores españoles por nuestro patrimonio literario llevándolo al perfecto maridaje con la música como forma de difusión y conocimiento, aunque el novelista de Villafranca del Bierzo fallecido joven -casi obligatorio en su época- Enrique Gil y Carrasco (1815-1846) tenga su sitio en la historia de la literatura en este año romántico.

Ruta Bach

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La revista «Coral» que edita el Orfeón de Mieres me encargó un artículo para el número de este año, y aprovechando el periodo vacacional recordé mi «Ruta Bach» en agosto de 2007 que transcribo aquí por si alguien se anima a realizarla. De aquella aún no tenía el blog aunque conservo un diario de viaje realmente curioso y a la vuelta preparé un vídeo con fotos desde el teléfono, pero mejor este recuerdo que permanecerá siempre en mi memoria limitándome a plasmar estas impresiones después de ocho años, con los añadidos siempre habituales de los enlaces o links que enriquecen un poco más cada entrada.

Mi pasión por Bach, el llamado “Kantor de Leipzig”, llegó en mis tiempos de coralista del Orfeón de Mieres al cantar Tus pasos encomienda, una adaptación del famoso coral de La Pasión según San Mateo, la obra cumbre de la historia musical que sacara a la luz y reestrenase el gran Mendelssohn, rompiendo la tendencia de los años como estudiante de piano que hacían de Johann Sebastian uno de los “odiados” por la dificultad que muchas de sus obras, especialmente de El clave bien temperado suponían en una ardua carrera, a la que tanto debo.

Poder interpretar al órgano los corales luteranos, acompañar algunas cantatas y hasta hacer mis pinitos de jazz con la música de Bach emulando a Jacques Loussier me hicieron “ver la luz” y reconocerle como el padre de todas las músicas posteriores al barroco, aunando tradición y genialidad, siempre actual y vigente, obras redondas, maduras, completas, sin fisuras, capaces de soportar versiones de todo tipo sin perder el sello original e inimitable.
Hace unos veranos planifiqué las vacaciones con una personal «Ruta Bach» haciendo de la universitaria Leipzig nuestro cuartel general y moviéndonos en tranvías y trenes desde la ciudad que respira música por todas partes, con una excelente combinación de itinerarios y horarios así como unos precios asequibles incluso optando por trenes ICE de alta velocidad que resultan el equivalente a nuestro AVE, ese que aún seguimos esperando en Asturias, si llega algún siglo de estos.

Lógicamente no estuve en todas las ciudades que marcaron la vida de J. S. Bach (nos quedaron Lüneburg, Ohrdruf, Mühlhausen o Lübeck) pero la disculpa para conocer los lugares más emblemáticos fue más que satistactoria, sigo recordándola y ahora la comparto desde este otro “Coral”. Hasta la ciudad alemana había vuelos “low cost” desde Asturias vía Palma de Mallorca con Air Berlin, aunque actualmente han desaparecido de nuestra tierra, pero siempre nos queda Santander

Podríamos aunar con la melomanía muchas otras pasiones como la propia de viajar, siempre ligero de equipaje, la gastronómica, cervecística y por supuesto la museística, arte siempre para disfrute de todos los públicos. Dejo aquí unas pocas ciudades y periodos vitales de mein Gott (mi Dios) por si alguien gusta de una escapada parecida, aunque hoy en día sea posible viajar por “la red” sin moverse de casa.

Orígenes y juventud (1685-1703)

Eisenach (21 marzo 1685). Desde Leipzig 200 kms (aproximadamente una hora y tres cuartos).

El centro urbano es rico en edificios históricos y museos. La casa de Lutero, la casa de Bach en Frauenplan y la Plaza del Mercado con el Ayuntamiento, así como el palacio de la ciudad en el casco antiguo son algunos de los atractivos turísticos. Entre los museos más interesantes de Eisenach está el Museo Reuter-Wagner con su amplia colección sobre compositores alemanes.

En la avenida Frauenplan se encuentra la supuesta casa natal del famoso compositor con unas habitaciones y muebles que transmiten una viva idea de cómo eran la vida y vivienda de una familia burguesa de los años alrededor de 1700. La familia Bach destacó por generaciones como músicos de ciudad y organistas en Turingia. Se exponen testimonios históricos y una amplia colección de instrumentos musicales, cuyos sonidos se pueden experimentar durante una visita guiada. Del casco antiguo destacar el Mercado donde está también la iglesia parroquial de San Jorge en la que Martín Lutero predicó el 2 de mayo de 1521 a pesar de haber sido declarado proscrito por el emperador; tiene unas notables casas burguesas, el originalmente gótico tardío Ayuntamiento (1508) y el palacio barroco de la ciudad (alrededor de 1750).

También merece la pena una caminata hasta el famoso Castillo de Wartburg, en el borde noroeste de la Selva de Turingia, por encima de Eisenach, unido a la historia alemana como ningún otro castillo de Alemania puesto que Santa Isabel encontró dentro de sus muros su lugar de trabajo y Martín Lutero tradujo aquí el Nuevo Testamento. Asimismo el castillo se relaciona con las disputas de trovadores y la fiesta de las asociaciones de estudiantes. Como extraordinario monumento de la época feudal en Europa central, este castillo ha sido declarado patrimonio de la humanidad.

Organista (1703-1717)

Arnstadt -Turingia- (9 de agosto de 1703-1707): en la Iglesia de San Bonifacio (Neu Kirche ó Iglesia Nueva). Desde Leipzig 161 kms (con transbordo en Erfurt Hbf. aproximadamente hora y media).

Uno de los lugares más antiguos del país, tiene un histórico casco antiguo, el lugar conmemorativo de Bach, que acoge una amplia exposición de instrumentos y útiles del propio compositor, así como visitas guiadas de lo más didácticas. También merece visitarse el consejo de literatos y el museo palaciego con su incomparable ciudad de los títeres «Mon Plaisir», así como las ruinas del castillo.

Weimar (1708; 6 de noviembre 1717 detenido). Desde Leipzig 131 kms (aprox. 53 min).

Aunque Bach vivió dos momentos muy distintos de su vida en esta ciudad, apenas una estatua escondida le recuerda porque Goethe y Schiller acaparan casi toda la importancia, si bien tenga su propio espacio el músico Franz Liszt, con casa museo muy actualizada y en un enclave hermosísimo que nos lleva por un bosque lleno de sorpresas, el pintor Lucas Cranach y la escuela de pintura de Weimar, pues todos ellos han marcado la historia de esta ciudad que desde fines del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XIX tuvo un rol importante como centro intelectual, logrando realizar su visión de ser una moderna ciudad cultural gracias a la comunicación que existe entre su tradición y su presente. Como dijo Goethe: «¿dónde encuentra usted en un espacio tan reducido tanta cosa buena?».
La importancia histórica de esta ciudad la han convertido en patrimonio cultural de la humanidad con el nombre de «Weimar clásica«. También es patrimonio cultural de la humanidad la escuela de arte «Bauhaus» de Dessau y Weimar, fundada por Walter Gropius, quien marcó decisivamente la arquitectura del siglo XX, un conjunto de edificios con la casa «am Horn» perteneciente a una de las más hermosas obras de arquitectura en estilo Jugendstil de Alemania. Desde 1919 el lugar de fundación y acción de la escuela de arte estatal fue Weimar bajo el rectorado de Gropius, que en 1925 se mudó a Dessau desde donde sigue funcionando.

Merecen visita la casa de Goethe, que visualiza la vida y obra del consejo secreto con su biblioteca, la de Schiller, donde murió en 1805 a los 45 años y el palacio de Wittum, donde la duquesa Anna Amalia reunía a miembros de la corte interesados en la literatura, el arte y la ciencia con poetas, artistas y letrados de la región, encuentros donde llegaban numerosas visitas de cerca y lejos para socializar, intercambiar pensamientos y realizar actividades artísticas.

La Iglesia de la Ciudad (San Pedro y San Pablo) en el centro del casco antiguo se la conoce como la “Iglesia Herder” por J. G. Herder quien fuese durante 27 años el predicador de esta iglesia. Su más famoso tesoro es el tríptico, un altar en estilo Cranach, que fue construido por Lucas Cranach el viejo, en su último año de vida y fue su hijo quien lo terminó.

Destacan el Teatro Nacional Alemán y la Orquesta Estatal de Weimar. La casa en la plaza del teatro convence hasta hoy con espectáculos, óperas y bailes teatrales, y delante tiene al famoso monumento a Goethe-Schiller. Igualmente de visita obligada es la colección de arte de Weimar con sus cuatro edificios que forman el más importante grupo de museos de arte de Turingia.

Musicalmente no podemos olvidarnos de la Escuela Superior de música “Franz Liszt” con su orquesta, orquesta de cámara, coros y orquestas de jazz, proyectos de óperas y oratorios, pues esta escuela superior está presente con mucha fuerza en la vida pública de la ciudad. Para los concursos llegan jóvenes artistas de todas partes del mundo y cada tres años se realiza el Festival Liszt en Weimar, un evento importante en la vida musical de Turingia.

Köthen (1717-1723)

Köthen – Anhalt (5 de agosto 1717-1723). Desde Leipzig 70’7 km (unos tres cuartos de hora aunque casi hora y media con transbordo en Halle (la ciudad natal de su contemporáneo Händel), de la que dista 30 km.

Por ser una ciudad pequeña tiene todo el encanto de ello, el lugar donde Bach disfrutó seis años con el Príncipe Leopoldo, gran aficionado musical y admirador suyo que le liberará de la cárcel en Weimar (tras forzar demasiado obstinadamente su renuncia al duque Wilhelm Ernst) y no sólo le pagará bien sino que dispondrá de todo el tiempo para componer y hasta le pondrá una orquesta a su servicio como “kapellmeister” en una época donde escribir música instrumental le alivió de las obligaciones puntuales y siempre apremiantes que le ocuparon el resto de su vida al servicio de la iglesia luterana, si bien cada obra suya tenga el espíritu del trabajo que ennoblece, comenzando cada partitura con las iniciales SDG (“Soli Deo Gloria”, a la gloria de Dios). Las biografías siempre citan esta etapa como la más feliz de Bach. La muerte de su esposa María Bárbara le sorprende en pleno viaje musical con el príncipe y marcará el rumbo de los años venideros, volviéndose a casar en 1721 con Anna Magdalena Wilcke, 17 años más joven que él, una talentosa soprano que cantaba en la corte de Köthen con la que tuvo trece hijos.

Los jubilados en Alemania siguen trabajando en museos colaborando como conserjes y asombrándose de un asturiano en el palacio donde vivía y tocaba Bach, que gentilmente nos enseñó hasta el último rincón, disfrutando como nunca de una visita única al salón del príncipe donde se interpretaron los famosos «Conciertos de Brandemburgo» o los de clavecín, las partitas de violín solo, las suites de cello y tantas otras auténticas maravillas donde el propio compositor ejercía de solista. Conservo el pequeño busto de Mein Gott como presente del amable anciano además de la reproducción del famoso retrato del cantor a un precio irrisorio comparado con las ciudades grandes.

A su lado está el museo dedicado a Samuel Hahnemann (1755-1843), fundador de la homeopatía que la practicó en esta coqueta ciudad. En San Angus Bach también demostró su virtuosismo al órgano, sin dejar de componer fantasías, preludios, fugas y sobre todo cantatas, el grueso de su obra religiosa y oficio obligado, junto a la iglesia de St. James que es otra referencia.

De la gastronomía, a la que apenas hago referencia, todavía quedan fondas antiguas con cocina tradicional, lejos de los menús turísticos, con un trato familiar que nos recuerda la antigua Alemania oriental aunque el esfuerzo por modernizarse es encomiable en esta coqueta población, también reconstruida tras los bombardeos de 1944.

Cantor de Santo Tomás (1723-1750) Der Kantor

Leipzig (firma el 5 de mayo 1723). ¡Todo es Bach! pero también Mendelssohn, su “apóstol” con casa natal casi palaciega por fortuna familiar en un entorno idílico, y muchos más: Schumann, Clara Wieck, Wagner, hasta el noruego Grieg vivió en este Leipzig ciudad de Bach y sobre todo ciudad de música.

La plaza del antiguo ayuntamiento (Alter Rathaus) acoge actuaciones y proyecciones de la obra de “mein Gott” durante el verano: las iglesias de San Nicolás y Santo Tomás (con un coro celestial) son como el peregrinaje de todo bachiano que se precie, contrastes de luz y sombra para dos monumentos que quedan en el recuerdo, incluyendo la tumba en la que reposa desde 1950 (la de San Juan fue destruida en la SGM) con los pies hacia el altar y flores sobre una sencilla placa de bronce para 65 años de una vida muy fructífera que Leipzig sigue salvaguardando.

También el inicio del cambio democrático, la “revolución pacífica” con el director de orquesta Kurt Masur al frente, de Santo Tomás y la historia de las velas hasta las dos Gewandhauss, templos musicales con más solera que la cerveza, teatro y orquestas.

Un antiguo taller de violeros acoge el Museo de los Instrumentos Musicales que atesora una colección con más de cinco mil, el más grande de Alemania, así como el Museo Grassi que alberga uno específico de instrumentos que da para una mañana con la posibilidad de practicar en muchos de ellos y hasta de comprender como nunca el funcionamiento de un órgano, el instrumento rey del que Bach era un auténtico virtuoso. No faltan los antiguos conservatorios y bibliotecas musicales y hasta el Museo de las Artes Plásticas que alberga la famosa escultura de Beethoven realizada por Max Klinger. Por supuesto la Academia Bach, el Museo Bach o el famoso Café Zimmermann donde trabajó entre 1732 y 1741 componiendo la conocida Cantata del café.

Fuera de ruta

Por aprovechar el nudo de comunicaciones hubo dos escapadas que necesariamente debíamos realizar por la cercanía y amplia oferta cultural, aunque ocuparían espacio propio y viajes específicos, sin olvidarnos de Praga, otro destino para programar:

Dresde (”La Florencia alemana”) Desde Leipzig 112 kms (en tren apenas una hora), y Berlín (capital alemana), 194 kms (entre 50 minutos y una hora en tren).

De ambas daría para un artículo exclusivo por todo lo que no debe perderse de ellas, desde una ciudad reconstruida tras quedar totalmente devastada en la Segunda Guerra Mundial, pero que con el esfuerzo de sus vecinos y compatriotas nadie diría que fuese un solar a la vista de cómo está actualmente, y Berlín la “capital europea” de moda y metrópoli cultural) que respira historia por todas partes.

Imposible destacar ni entrar en detalles pues como melómano ambas dan para mucho, especialmente la Semperoper Dresden o las varias de Berlín (Deutsche Oper Berlin, Komische Oper, Staatsoper, Unter der Linden) sin olvidarnos de la Filarmónica, edificio emblemático y sede de la orquesta que Karajan elevase al Olimpo del que todavía no ha bajado, buscando titular en estos momentos (1). Berlín, ciudad donde te puedes cruzar por la calle con figuras internacionales de la dirección, de la interpretación instrumental y cantantes famosos.
Ambas ciudades sin estar directamente relacionadas con Bach, merecen al menos una escapada en cualquier momento. Para quienes tengan la oportunidad de viajar son un auténtico caramelo, y como decía al inicio, siempre nos queda Internet, por supuesto con música de Bach sonando de fondo.

Nota: (1) Este artículo se escribió en el mes de mayo pero a día de hoy la Filarmónica de Berlín ya eligió como titular a Kirill Petrenko como sucesor de Rattle.

 

 

 

 

 

Gran cantera valenciana

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Miércoles 4 de abril, 19:30 h. Palau de la Música de Valencia, Sala Iturbi. Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música «Perfecto García Chornet» de Carlet: Jordi Nogués Escribà (piano), Sergio Furió Gamón (director). Obras de Copland, Kander, Gershwin, Bizet, Gregson-William, Ginastera e Ippolitov-Ivanov.

Buen día para conocer el Palau musical valenciano y con gente de la tierra, estudiantes y profesionales bajo una batuta atenta a todos ellos que estuvo a la altura pedagógica de un programa variado e interesante, buscando tiempos algo más lentos de lo habituales en cierta medida lógico para una formación académica que tiene todavía mucho camino por delante.

La sección de metales y percusión afrontaron seguras la Fanfarria para un hombre común de Copland, destacando el trompeta solista.

Con el resto de la orquesta llegó el popular New York, New York de Kander, breve y en arreglo bueno aunque la cuerda quedó algo tapada por vientos y percusión.

Para cerrar la primera parte se incorporó el pianista Jordi Nogués, paisano de todos ellos para dejarnos una Rhapsody in Blue de Gershwin más bien «brown» por lo irregular en los concertantes, casi siempre por delante de la orquesta tal vez por lo apuntado de unos tempi algo lentos desde el podio, que le obligaron a retener más de lo deseado, y sus solos jugando con demasiados rubati no siempre al estilo jazzístico que emana esta obra. Tampoco técnicamente resultó un dechado aunque en conjunto arrancasen grandes ovaciones entre los familiares de turno, pero debemos reconocer el esfuerzo de todos ellos y el del solista igual para una obra muy exigente desde todos los puntos.

La segunda parte comenzó con el Carrillón de la Suite nº 1 de «L’Arlesienne» de Bizet, nuevamente corta de sonoridades en la cuerda pero excelentes viento y percusión.

Mejor los arcos en la cinematográfica Las crónicas de Narnia (Gregson-William) bien en sus partes de «colchón» para los metales y maderas -siempre bien salvo una afinación mejorable de las trompas- como en las melodías con más garra y tensión que en las anteriores obras. No estaría mal escuchar esta obra por una orquesta profesional pues es digna de figurar en programas no sólo de temática específica del séptimo arte.

Mi cercanía con «La Bolívar» ha hecho que el Malambo del ballet «Estancia» del argentino Ginastera sea incomparable. Con todo la orquesta sinfónica de Carlet con el Maestro Furió dio de sí lo que pudo en un tempo contenido que restó vivacidad, optando por la claridad en todas las secciones.

En una tierra que resulta la mejor cantera de viento, La procesión del Sardar de las «Estampas del Cáucaso» (Ippolitov-Ivanov) sonaron cual banda sinfónica bien llevada desde el podio y buen cierre de concierto.

Suspiros de España (A. Álvarez) es uno de los pasodobles más sinfónicos que hay y excelente propina con ganas por parte de todos y de las mejores dinámicas logradas en la sesión. La salva de aplausos obligó a bisar el Malambo con los vientos más «venezolanos» por coreografía y tempo más ligero que la primera vez, compensando algunas incidencias con derroche de ilusión. Enhorabuena a la percusión nuevamente en su sitio, y agradecer el trabajo de todos para traer desde Carlet a la capital los avances del curso con obras de envergadura que sonaron con el desparpajo juvenil sin olvidar el rigor que sólo el tiempo y estudio consiguen. Esta tierra valenciana sigue siendo cantera musical.

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