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Trabajadora y honesta

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El concierto de Carmen Yepes este miércoles en el Teatro Jovellanos para la Sociedad Filarmónica de Gijón fue como indico en el título, el de una intérprete trabajadora y honesta con la música. Programa de calado romántico con Schubert (Impromptu D899), Beethoven (Sonata 32), Schumann (Naschtücke) y Chopin (Balada Op. 23 nº 1 y Polonesa – Fantasía OP. 61) duro, exigente, dándolo todo con esa musicalidad que magnetiza a quien la escucha. Mompou y sus Jeunes filles au jardin fue el regalo fresco para tanta dureza hecha arte pianísitico. Desde casa y con tiempo, más…

Más que un regalo musical de Reyes

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Sábado 5 de enero, 22:00 horas. Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. Concierto de Reyes: Beatriz Díaz (soprano), Real Filharmonía de Galicia, Manuel Hernández Silva (director). Obras de Mozart, Haydn y Schubert. Entrada: 15€.

«Noche mágica» titulaba a la salida de un concierto en horario nada habitual pero que tuvo una excelente entrada en la Sala Ángel Brage de acústica perfecta. La orquesta gallega es la excelencia musical en todas sus secciones y perfecta para el programa elegido. El maestro venezolano pergeñó una selección del clasicismo vienés que domina como nadie, transmitiendo todo su conocimiento a los profesores que funcionaron como el gran instrumento que es la orquesta cuando al frente se pone un director de la talla y carisma de Manuel Hernández Silva, quien además comentó cada obra con el humor y gracejo suyos haciendo gala de su vertiente pedagógica. El premio del roscón de Reyes fue la soprano asturiana Beatriz Díaz con unas arias operísticas nuevas pero ya plenamente integradas en una voz que ha ganado cuerpo en el registro grave y le abren un abanico de roles que eran impensables no hace mucho, unido a su teatralidad inconmensurable viviendo cada papel sobre el escenario, contagiando su saber estar y cantar a todos, algo que el director supo ver y sacar a flote.

El concierto comenzaba con la obertura de La Clemenza di Tito, KV 621 (Mozart) que sonó impecable en una orquesta dúctil y de sonoridad cristalina, conducida con gusto y dominio.

Papá Haydn nos trajo dos arias de la ópera jocosa La vera costanza, Hob. 28/8 para disfrutar de Beatriz Díaz en estado puro, verdadera constancia la suya: «Non s’innalza, non stride sdegnosa», la mandamás y metomentodo Baronesa Irene, papel de amplia gama dinámica y de tesitura perfectamente solventado por la allerana, y «Con un tenero sospiro» de la pescadora Rosina, dulzura y buen hacer global, metamorfósis total para dos interpretaciones casi antagónicas como bien explico el maestro Hernández Silva antes de escucharlas. Grandes ovaciones en esta primera aparición vocal lógicas por el resultado global, orquesta en su sitio y protagonismo vocal.

El «Menuetto» de la Sinfonía nº 3 en RE M, D. 200 (Schubert) sonó puramente vienés, «prevals» bien explicado por la acentuación de la tercera parte que los profesores de la Filharmonía bordaron al responder en total comunión con la batuta, entendimiento como si el maestro venezolano llevase con ellos toda la vida.

Y volvía el gran Mozart de Le Nozze di Figaro, KV 492, primero la Obertura «de disco», todas las notas dibujadas y escuchadas en una cuerda de lujo y un viento siempre claro, el preludio de esa ópera única en la historia lírica que más allá del libreto de Da Ponte la música del de Salzburgo ilumina. En el aria «Giunse alfin il momento» la orquesta fue un acompañamiento soñado para el gusto en grado sumo que derrochó Beatriz Díaz (alumna aventajada de La Freni) desde el recitativo, deleitando con unos pianissimi siempre presentes y arropados por la musicalidad de una orquesta de lujo funcionando como un único instrumento tocado por la batuta de Hernández Silva. Todo un descubrimiento esta Rosina «Condesa de Boo» que el público valoró con atronadores aplausos y varias salidas de la soprano para saludar.

Quedaba todavía la Sinfonía nº 35 en REM, KV 385 «Haffner» interpretada como nunca antes había escuchado en vivo, posible por la simbiosis de director y orquesta en una obra tan interiorizada por el venezolano quasi vienés (sus 20 años de residencia en la capital austriaca se notan siempre) que los cuatro movimientos fueron auténticas delicias, fuego, amor y rapidez máxima posible que el propio Mozart dejó anotado en la partitura estrenada en Salzburgo como bien nos contó el maestro: desde el Allegro con spirito, fogoso sin perder nunca ímpetu y abanico de dinámicas; el Andante auténtica declaración amorosa hecha música sinfónica, delicadeza en cada plano sonoro, en cada acento, en cada matiz, en cada intervención instrumental y sobre todo en cada gesto del director; un Menuetto sublime de paladeo en todo su desarrollo, incluyendo el trío; y ese Finale. Presto tan rápido y preclaro que sólo una orquesta con el virtuosismo unido a la calidad de la orquesta gallega es capaz, y Hernández Silva logró que lo diesen todo. Realmente apoteósica.

La noche mágica todavía nos depararía el «premio» de los roscones de reyes al volver Beatriz Díaz para regalarnos «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini), sorpresa y nueva lección interpretativa donde las cadenzas y rubati jugosos de esta nueva Rosina fueron engarzados con el oro directorial de Manuel al mando del instrumento sinfónico atento y respetuoso, escuchándose todos en ese juego musical que resultó esta joya cantada por la asturiana. El público rendido, nueva salva de aplausos y  BraBoos de izquierda a derecha del patio de butacas, un aria conocida y recreada que surgió por sorpresa añadiendo un nuevo papel en el amplio repertorio de nuestra adorada Beatriz Díaz.

La cuerda de la RFG soltó arcos y con el humor que solo la maestría de los grandes logran sacar de los profesores, cerraron la Noche Mágica con una Pizzicato Polka de los hermanos Johann y Josef Strauss que igualó las mejores de Año Nuevo por lo jugosa en matices, calderones, cambios de tempi… ¡Tan sólo faltó el triángulo para hacerla insuperable!

Imposible comenzar 2013 mejor. Gracias a la orquesta, a Beatriz y a mi admirado y querido Manolín… Esta vez llevé «MUCHO CUCHO®» personalmente y el regalo imperecedero.

Nina Stemme ¡placeres suecos!

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Sábado 15 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo, «El Amor, la Esperanza y el Destino»: Nina Stemme (soprano), Orquesta de Cámara de Suecia, Thomas Dausgaard (director). Obras de Beethoven, Grieg, Sibelius, Wagner, Ravel, Weill, Brahms, Berlioz, Schubert, Elgar y R. Strauss.

Podría haber titulado «Nina Stemme sin más» como la primera impresión tras escuchar a la cantante sueca, pero evidentemente hubo mucho más, una orquesta de su país que se llama «de cámara» aunque ya quisiéramos aquí formaciones con estos efectivos, más un director danés con el podemos estar en deacuerdo con alguna interpretación, versión o incluso estilo directorial, pero que no hay dudas sobre su magisterio y comunicación entre todas las partes implicadas en esta gira ya escuchada en Bilbao y el Kursaal donostiarra el día anterior.

Llamar fríos a los nórdicos tiene que ir desterrándose del imaginario colectivo como otras tantas cosas, y tenemos muchas pruebas, musicales en nuestro caso, de la calidad unida a la calidez como con otras grandes sopranos: la ya fallecida Birgit Nilsson, la mezzo también sueca Anne Sofie von Otter o la finlandesa Karita Mattila, todavía en activo.

Nina Stemme (Estocolmo, 11 de mayo de 1963) que obtuviese en 2010 uno de los Premios Líricos Teatro Campoamor, es un ejemplo vivo de cómo hay que cantar, una diva más diosa terrenal con un programa de una hora sin interrupciones, intermedios musicales donde no abandona el escenario sino que se adereza sobre él con un toque floral trasero o un «guardapolvo» negro para ir recreando cada poema musicado (de agradecer que figurasen los textos en el programa aunque faltase luz para leerlos) y colocarse para cantar delante o detrás de la orquesta sin perder nunca una línea melódica magistral, técnica al servicio de temas tan diferentes sin ninguna estridencia y deleitándonos con cada sílaba emitida, pero sobre todo un color de voz que rompe la clasificación habitual de las voces porque cuando se canta como la sueca, sobran etiquetas, casi diría que hasta estos comentarios míos.

Y la orquesta consiguió contrastes y dinámicas sobrecogedoras, especialmente en los pianissimi, ya desde el primer acorde de la Obertura Coriolano, Op. 62 (Beethoven) con la soprano en escena para indicarnos la visión global que el título del programa tenía. Podremos buscar un hilo conductor, un argumentario a las obras y autores elegidos o simplemente disfrutarlas «de un tirón» que fue lo que hicimos (se escaparon algunos aplausos, lógicos por la emoción contenida). La versión «dausgaardiana» me resultó demasiado lineal, ceñida sin más a la partitura, olvidando todo lo que esconde detrás el genio de Bonn…

De lo que antes llamé «intermedios musicales» o mejor «puentes instrumentales», tal vez académicos y sin grandes aportaciones por parte de Dausgaard pero con una orquesta tan buena y trabajada que es capaz de seguirle siempre, me quedo con la Pavana para una infanta difunta (Ravel) y el «Nimrod» nº 9 de las Variaciones Enigma, Op. 36 (Elgar) por el conjunto logrado, bien ubicadas en el discurrir del programa y auténticos puentes dramáticos en el devenir de las canciones.

De «la Stemme» cada tema un placer, amor, esperanza y destino nunca mejor hilados. Además de los textos traducidos, siempre es un placer leer notas al programa como las de Mª Encina Cortizo para «una selección de las mejores obras vocales y sinfónicas del repertorio romántico». Si el arreglo del director danés, como los textos de Hans Christian Andersen para la obra noruega Jeg elsker dig, nº 3 Op. 5 (Grieg) de las llamadas «Melodías del corazón», un Te amo cantado por la sueca reúne mis amados países nórdicos hechos Arte Musical, lo mismo puedo aplicar a Sibelius y Flickan kom ifrån sin älsklings möte (La chica volvió del encuentro con su amante), nº 5 Op. 37. «De la serenidad a la pasión erótica» destilada en los Wesendonck Lieder de Wagner y el nº 2 Stehe still! (Detente!) en orquestación de Felix Mottl con una orquesta delicada y sensual más «La Voz» embriagadora de Nina, que pasado el «puente raveliano» se cubrió de negro sobre rojo pasión de su intervención para «La saga de Jenny» de Lady in the Dark (K. Weill), mujer nada sombría diametralmente distinta a la reciente de Ute Lemper, aquí nos devolvía «una mujer moderna, escéptica y pragmática, alejada de las angustiadas féminas románticas», colores vocales perfectamente arropados por una cuerda de lencería que hace recordar el piano original antes de «El espectro de la rosa» nº 2 de Les Nuits d’eté (Berlioz), otra lección vocal para una melodía preciosa y dominando los idiomas desde la música. Tras la vuelta al sosiego de Elgar la concertino Katarina Andreasson y el arpa Patrizia Carciani  serían compañeras de camino para Morgen, Op. 4 (R. Strauss), «una de las obras más hermosas de toda la historia de la música» que comparto con la doctora Cortizo, y que en la voz de Nina Stemme fueron capaces de emocionarme hasta lo profundo. Imposible describir el delirio final y la propina de un lied de Brahms para ir preparándonos la segunda parte. Recordaremos a la soprano sueca muchos años.

La Sinfonía nº 1 en Do m., Op. 68 (Brahms) volvió a corroborar la calidad de una joven orquesta sueca plegada a su director en cada gesto. La sonoridad y empaque son asombrosos, seguramente en poco tiempo estará a la par de su compatriota dirigida por Dudamel, y se nota el trabajo previo porque la versión que Dausgaard brindó de «la primera» no es fácil de seguir, sobre todo en los movimientos extremos donde el danés creo que abusó del rubato conocedor de la flexibilidad de esta formación y la técnica en cada sección, especialmente la cuerda y la madera. Tengo muchas primeras en vivo realmente mejores que esta sueco-danesa. Sin entrar a comentar la disposición que descubre sonoridades nuevas (trompas a la derecha y en «su lugar» trompetas y trombones), mejor los movimientos centrales sin que me convenciese su forma de dirigir ni la visión algo distorsionada del sinfonismo brahmsiano. Lo mismo podría añadir de las dos propinas, la lenta y ese Allegro Molto de la Danza Húngara nº 1 (con un trombonista al triángulo) impecable que puso el remate a dos horas de buena música, incidiendo en mi opinión, aunque Nina Stemme fuese quien nos dejó LO MEJOR.

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Sturm und Drang: las apariencias engañan

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Lunes 5 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Christian Zacharias. Obras de Beethoven, Schubert y Schumann.

Una figura internacional para abrir las jornadas de este curso, pianista y director como dualidad única permitiendo afrontar un programa de la terna por excelencia (frente a la otra terna por indecencia: teléfonos, toses y paraguas), tres románticos con el piano como vehículo propio y tablero de diseño orquestal, colores esbozados en blanco y negro para alcanzar la paleta cromática de la gran formación. Zacharias nos dejó toda una lección de piano, excelencia desde la óptica de la reciprocidad tanto compositiva como interpretativa: la orquesta metida en el piano, y éste exportando a aquélla. Las obras elegidas, incluyendo la propina, tenían ese sello de la introspección, la lectura interior y compartida desde una engañosa sobriedad. Siempre comento lo malo de las apariencias: sencillez que esconde genialidades en los pentagramas y horas de trabajo con una técnica asombrosa al servicio de la música en los intérpretes, más en la soledad del piano. Nada al azar, todo milimetrado, dinámicas asombrosas sin el menor asomo de excesos para un romanticismo en estado puro.

La Sonata para piano nº 12 en LAbM, op. 26 (Beethoven), conocida por muchos estudiantes de piano y habitual solamente en grabaciones integrales, pero con esbozos de las grandes, lo que hizo el pianista alemán (nacido en la India en 1950) con la música de sus compatriotas y el enfoque de un gran director, sonata cual preludio de la plenitud romántica que se avecinaba y no un simple calentamiento sino un derroche de musicalidad orquestal en blanco y negro desde el Andante con variazioni claro, límpido, dinámicas increíbles desde un gesto adusto sin concesiones a la galería, igual que el Scherzo (Allegro molto), broma desde el humor germano del compositor hecho suyo por su intérprete. La Marcia funebre sulla morte d’un eroe sacaría del teclado toda el germen orquestal y emotivo, para acabar con el Allegro virtuoso y sobrio nuevamente, contención y teatralidad musical que sin apenas dilación abriría la puerta de este salón vienés en que Zacharias convirtió el auditorio ovetense (entre Zaragoza y Lisboa), con la caja escénica adaptada para la ocasión, pues los grandes pienso que agradecen un poco de «cercanía».

Seis momentos musicales D 780, Op 94 (Schubert), compañeros de viaje y destino, «Sturm und Drang», tormenta y pasión, ímpetu, pero juguetes delicados mucho más que entretenimientos u hojas de álbum tan de moda en la época. Así los entendió Zacharias, seis joyas contrastadas ejecutadas como nadie antes, interiorizadas, brillantes y melancólicas, perlas desgajadas corriendo por el suelo, recogidas con amor, vueltas al esbelto cuello hechas melodía propia. La aparente simplicidad, el gesto adusto, siguen engañando al dar una visión íntima, ida y vuelta del sinfonismo al cálido salón con el fuego vivo en la chimenea.

La terna se completaba con una de las cimas absolutas del catálogo pianístico de Schumann: Kreisleriana, op. 16, romanticismo alemán en estado puro, más pasión y tormenta pero tras los amplios ventanales, pocos grises y claridad otoñal que el pianista sintió como nadie haciéndonoslo llegar a todos los presentes. Dice Juan Manuel Viana en las notas al programa que es «una de las obras más atormentadas, enigmáticas y profundamente subjetivas de su autor», y así resultó el acercamiento del compatriota, genio alemán desde la subjetividad pero compartida, aclarando los enigmas y alcanzando la calma tras el temporal. Referencia interpretativa a partir de ahora.

El círculo debía cerrarse con Beethoven y su Sonata para piano nº 6 en FAM, Op. 10 nº2, tres movimientos que rompen la «norma» como no podía ser menos en el de Bonn, nueva bocanada de aire puro sin llegar al huracán, engañosa apariencia escrita y escuchada, con el Presto final suficiente para dejarnos más que satisfechos a pesar de la ráfaga que supuso.

Pero agradecido desde una seriedad con algunos tics, respondió con la Arabesque en DOM, Op. 18 de Schumann corroborando la total simbiósis con el de Leipzig, introspección compartida, filosofía germana como «nieve frita» que diría Gustavo Bueno, agnosticismo musical añadiría servidor, para una inicio de un ciclo que preside el piano y un intérprete que en Oviedo volvió a confirmar la sabiduría popular: las apariencias engañan.

Décimo aniversario de la ALAAK

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Martes 5 de junio, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. ALAAK, Concierto X Aniversario: Mercedes Gancedo (soprano), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de Fauré, Schubert, Debussy, Ginastera, Haendel, Donizetti, Mozart, Massenet y Gounod. Entrada: 10€.

La Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus» que preside mi amigo Carlos Abeledo celebraba su décimo aniversario con buena asistencia de público y en su línea de ofrecer oportunidades a cantantes en formación con proyección futura, y así llegó a Oviedo la joven argentina afincada en Barcelona Mercedes Gancedo acompañada del asturiano Mario Álvarez Blanco, un repertorista de la casa que cumplió con su cometido, discreto en cuanto a volúmenes pero dando la seguridad que todo cantante quiere tener tras de sí, y poco agradecido sobre todo en las obras orquestales con transcripciones no siempre pianísticas donde el «repetidor» debe sacar del teclado colores que no tiene.

De la soprano comenzar diciendo que me sorprendió su color vocal, más cercano a mezzo pese al repertorio elegido (como curiosidad comentar que muchas de ellas las canta Cecilia Bartoli, pero también mi idolatrada Netrebko, sin olvidarme de mi soprano preferida Beatriz Díaz que también actuó para la ALAAK), donde tuvo sus más y sus menos aunque siempre metida en cada papel, muy expresiva gestualmente y con detalles que supongo apuntan a una prometedora carrera que todavía está comenzando, pues quedan cosas por trabajar (realmente toda la vida) que su maestra espero sepa encauzar a partir de una mejor elección de las obras para poder dar de sí todo un potencial que no brilló en esta velada como cabría esperar.

La primera parte digamos que fue muy «académica» (y lo digo con conocimiento de causa por los años pasados como pianista acompañante del alumnado que Mª Dolores Suárez Tamargo tenía a finales de los 80 y principios de los 90) en su entorno de voz con piano donde lo francés dominó al notársela cómoda expresivamente: Ici-bas! (G. Fauré), bien para su registro y color, Nur wer die Sehnsucht kennt «Lied der Mignon» (F. Schubert), Beau soir y
C’est l’extase langoureuse (C. Debussy) como «ariettes oubliées» bien interpretadas por soprano y pianista, más la siempre hermosa Canción del árbol del olvido (A. Ginastera) cantada con el acento porteño original aunque el piano hubiese resultado más «guitarrístico» para esta vidalita… El cierra con otra preciosidad como el Après un rêve (Fauré) donde la voz «corrió» más que en las obras iniciales, llena de sentimiento y como se dice en el argot taurino, gustándose.

Para la segunda parte llegaba la lírica, dura y no siempre adaptada al color de voz de la descendiente de asturianos (ese apellido Gancedo es muy vaqueiro), nuevamente con la tendencia francesa que resultó mejor que unos «italianos» no apropiados para ella: el aria más famosa de «Rinaldo» Lascia ch’io pianga (G. F . Händel) apta a su color dramático aunque de agilidades poco limpias, Prendi, per me sei libero de «L’elisir d’amore» (G. Donizetti) que no es para ella en nada, no está cómoda ni segura, Vedrai carino de «Don Giovanni» (W. A. Mozart), nunca fácil de cantar y bien solventado, para acabar con dos arias francesas bien dichas pero poco agradecidas: Adieu, notre petite table de «Manon» (J. Massenet) mejor que O Dieu, que de bijoux! o «Aria de las Joyas» de la Magdalena de «Faust» (C. Gounod), a las que podríamos aplicarle lo dicho anteriormente. Lástima que una voz bien afinada, de emisión buena aunque algo corta todavía, y registros muy homogéneos con un grave redondo que crecerá en volumen de trabajarlo correctamente, nos cantase un repertorio que no le luce. Para remate las dos propinas elegidas volvieron a pecar de lo mismo, bien cantadas, interpretadas gestualmente pero sin convencerme del todo, la Canción de Paloma de «El barberillo de Lavapiés» (Asenjo Barbieri) y O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini).

Con todo, hay que seguir la trayectoria de esta voz aún joven (tiene 22 años) y becada en Barcelona (forma parte del Opera Estudi), desde donde espero el acierto y confianza del maestr@ de canto para enfocarla a repertorios más apropiados a una voz que promete mucho.

Emociones al piano

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© Foto: Ricardo Solis para LNE

Viernes 27 de abril, 20:30 horas. Ciclo «Música Clásica», Sala Club del «Centro Cultural Internacional Avilés» (obra de Oscar Niemeyer): Carmen Yepes, piano. Obras de Haydn, Mozart y Schubert. Entrada: 5€ (6€ en Cajeros).

Siempre es motivo de alegría el reencuentro en su tierra con mi querida Carmen Yepes (Oviedo, 1979), quien sigue alternando docencia y conciertos, esta vez en la «caverna» del Niemeyer (del espacio elegido mejor no hablo) cerrando el ciclo de música clásica -que abriese Forma Antiqva el día de San José y por donde también pasó la mierense Penélope Aboli, otra alumna de Francisco Jaime Pantín– con un programa realmente exigente y bien armado como es la tónica de todas sus apariciones en solitario, demostrando nuevamente su capacidad de embelesarnos desde un rigor y honestidad hacia las obras interpretadas conjugado con su visión siempre clara y personal para un repertorio clásico y romántico en el que se desenvuelve como nadie.

Para «calentar» nada menos que el Andante con Variaciones en Fa m., Hob. XVII/6 (Haydn), un catálogo técnico donde Yepes no se limitó al despliegue virtuoso sino que desgranó todas las variaciones con la limpieza a la que nos tiene acostumbrados, un uso del pedal siempre en su sitio, y todos los contrastes y juegos melódicos de una obra muy exigente.

Mozart es siempre agradecido para el oyente y piedra angular en los programas de la pianista asturiana, habiendo participado el pasado mes de octubre dentro de la integral de las sonatas que la Fundación Juan March organizó (sin olvidar su grabación del Concierto de la «Coronación» para piano y orquesta K. 537 con la Filharmonie Hradec Králové con Frantisek Vajnar), eligiendo esta vez la Sonata nº 15 en FA M., KV. 533, mucho más que el paso del «menor» Haydn al «mayor» Mozart en el más puro estilo clásico. La presunta facilidad de la obra contrasta con la dificultad en lograr hacernos percibir lo importante sin renunciar al resto ¡que es mucho!, resaltar la plenitud emocional que esta sonata esconde con la que Carmen Yepes volvió a enamorar en cada uno de sus tres movimientos desde una lectura ajustada como siempre y volcada en sacar a flote todas y cada una de las notas: el Allegro brillante con el tiempo justo para saborear unos fraseos y articulaciones como perlas; un Andante sentido, escuchando la medida exacta de cada figura y de nuevo los pedales en el sitio exacto para subrayar esas emociones sentidas como propias; finalmente con el Rondo. Allegretto transmitirnos esa fuerza interior descomunal que brota cual volcán sonoro en este último movimiento, ligero, claro y arrebatador, «premonitorio» del Schubert posterior.

Preparados anímicamente llegaba el último Schubert de la Sonata Póstuma D. 959 en LA M., la evolución anterior, la admiración presente por Beethoven y la proyección quasi lisztiana, derroche técnico al servicio de una partitura exigente de principio a fin, capaz de pasar del lirismo enamoradizo al dolor romántico ante una vida que se esfumaba sin ver reconocido el esfuerzo. Ejecución completa y perfecta llena de sensaciones indescriptibles, honestidad hacia la obra sonando todo en un piano capaz de dinámicas increíbles y silencios majestuosamente sobrecogedores para un público respetuoso y rendido al pianismo de Carmen Yepes.

Comentaba tras el concierto lo bien que le ha venido trabajar el repertorio de danza para alcanzar una musicalidad exacta en ese «vals» del tercer tiempo, donde cerrando los ojos casi percibía una coreografía para la sonata póstuma del bueno de Franz. En el Allegro fue capaz de resaltar la expresividad y fuerza plenamente románticas, claridad expositiva con derroche dinámico; el Andantino delicadeza y homenaje subyacente a Beethoven, musicalidad desde el tempo elegido hasta los matices; para el Scherzo. Allegro vivace. Trio. Un poco piu lento desplegar la sabiduría y trabajo de años, un recorrido por lo más recóndito del espíritu schubertiano plasmado en el teclado, poso interpretativo con juguetones planos sonoros límpidos llenos de fuerza sin perder ligereza; aún quedaba el Rondo. Allegretto, hasta el último aliento de fuerza y contención, música a raudales y sonido muy trabajado para seguir compartiendo aún más emociones. Maravilla pianística de una «póstuma» para recordar.

Y si el esfuerzo resultó casi sobrehumano, todavía tuvo fuerzas para regalarnos el Impromptu Op. 90 nº 2 para reafirmar todo lo anterior y añadir a Schubert como otra referencia en su amplio repertorio: Música y emociones en el piano de una pletórica Carmen Yepes.

Disfrutando desde la madurez

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Viernes 13 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Concierto de abono nº 9: OSPA, Patricia Kopatchinskaja (violín), Rossen Gergov (director). Obras de Berthold Goldschmidt, Bernstein y Schubert.

El cabreo al descanso era casi superior al goce de un concierto que resultó redondo desde la Conferencia previa sobre el Schubert desconocido a cargo del pianista y musicólogo mexicano Rogelio Álvarez Meneses (autor de las notas al programa) hasta la última nota de «La Trágica», y escribir en caliente me llevó directo al teléfono. Ahora, más reposado y desde casa intentaré contar el placer de la madurez bien entendida, pues la maleducada de toses, móviles, comentarios en voz baja, aperturas de bolsos rebuscando caramelos y demás colección de ruidos que impiden disfrutar un placer inigualable como es la música en directo, no tiene explicación a estas alturas de mi vida.

Mi admirado Rogelio dejó en el aire interrogantes sobre lo poco programadas o conocidas que resultan, incluso a los melómanos recalcitrantes, muchas obras de los grandes, y Schubert (1) es uno de ellos, resaltando lo arriesgado unido a la excelencia del programa a escuchar, lo que corroboro punto por punto.

El compatriota y tocayo de nuestro fichaje Milanov, Rossen Gergov fue la primera alegría de un viernes pasado por agua haciendo bueno el refrán abrileño del aguas mil. Escuchar por primera vez la Chacona sinfónica (1936) de B. Goldschmidt (1903-1996) en una OSPA tan madura y cohexionada otra delicia para el oído. La sonoridad para esta obra plena ha quedado en los archivos de Radio Clásica esperando la emitan para recrearla desde el Allegro inicial hasta la Giga siendo el Andante sostenuto central de una melancolía total que lució en todas las secciones rotunda, convincente y con una dirección que mostró una mano izquierda soberbia en el amplio sentido de la palabra.

La llegada de «la condesa descalza» sería el cénit del día aunque nuevamente el dicho se cumpliese («Hoy hace un día hermoso… verás como llega álguien y lo jode»). La Kopatchinskaja nunca deja indiferente y en vivo resultó impactante en ese banquete musical que es la Serenata para violín y orquesta de cuerda de Bernstein. Desde el Phaedrus – Pausanias los pelos se me pusieron de punta, con la cuerda asturiana nuevamente preñada de gusto e inspiración (no ya un felicitadísimo Atapin siempre artista, como Vasiliev, sino un Alama de principal exquisito), Miriam al arpa incluída, perfectamente respaldada por la excelencia de una percusión para la que Lenny escribió como nadie (2). Gergov dio una lección de concertar, tratando a la solista como se debe y sacando de la orquesta unas sonoridades nuevas. Claro que Patricia enamora con su violín, el color de cada cuerda, su técnica al servicio de la música más una pasión contagiosa capaz de llevarnos por una montaña rusa de sentimientos. Sustrayéndome al odioso acompañamiento del maduro coro insano, el Erixymathus parecía un clímax imposible de mejorar y faltaba Agathon más esa «borrachera» de Sócrates – Alcibíades sustitutiva del «cigarrilo de después».

Éxtasis tras la pasión y dos propinas increíbles como las chanclas plateadas azotadas en un rincón de la alfombra: el humor hecho arte de Crin, del compositor venezolano actual Jorge Sánchez Chiong (1969), hijo de cubano y china, más un Enescu del que ella saca fuegos artificiales y que un teléfono abortó cual coitus interruptus retomado en segundos para el final de apoteosis compartida. El puro lo fumé bajo el «orbayu» del descanso regodeándome en ese placer mezclado con dolor cual nuevo enamoramiento de La Kopatchinskaja.

Si la primera parte apostó por lo nuevo y menos conocido, la segunda en formación totalmente adaptada al Schubert de la Sinfonía nº 4 en Do m., D. 417 «Trágica» recuperaba ese mundo sinfónico con el que mi generación ha crecido de la siempre adorada Viena capital de la música. El dominio del joven maestro búlgaro se transmitió en los cuatro movimientos a una orquesta madura -todos los solistas dieron lo mejor de ellos- capaz de vestir tejanos y galas con más clase que parte del otro público maduro («trágica» su actitud repetitiva en cada concierto junto a la prisa por abandonar las butacas). Nueva lección de buen gusto interpretativo sólo al alcance de los años de convivencia que toda pareja desea. OSPA y Gergov resultaron envidiables, ímpetu juvenil y poso de sabiduría descubriéndonos cada día la belleza que nunca desaparece cuando sabemos comprenderla.

(1)  Tomo una frase de Rogelio: «si el buen gusto tuviese nombre, sería el de Schubert«.
 (2) Y otra del gran Bernstein: «La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido«.

P. D. 1: Disfrutar con la entrevista de OSPA TV a Patricia, que también enamora cuando habla…

P. D. 2: Crítica de Ramón Avello en la edición papel de El Comercio de Gijón recogida en el Facebook© de la OSPA.

P. D. 3: Genial Pepe Monteserín sobre «Crin» en LNE.

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