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Maestro querido

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Lunes 22 de septiembre, 11:30 horas. Sala de cámara del Auditorio «Príncipe Felipe». I Festival de Piano «Joaquín Achúcarro». Clase magistral. Entrada libre. Fotos propias, de Pablo Piquero y de Fernando Agüeria.

Aún recuerdo mi primer concierto en la Sociedad Filarmónica de Oviedo en 1971 cuando era un estudiante de piano y mi recordado tío Paco me hizo socio para aprender de primera mano con los pianistas que venían a Asturias (Mieres, Gijón pero especialmente Oviedo). Y Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1 de noviembre de 1932) me haría conocer lo sacrificado y a la vez único del instrumento que marcaría el resto de mi vida.

Tiempo después sabría que ha sido el intérprete que más veces ha actuado en el teatro de la calla Mendizábal, y a quien la centenaria sociedad ovetense le otorgaría la medalla de oro en 2013 de manos del siempre recordado doctor Jaime Álvarez-Buylla, un «hermano» para el vizcaíno a quien siempre acogió en su casa.

Así he ido disfrutándole siempre que he podido, por lo que este primer lunes de otoño no podía perderme esta nueva visita a «su» Oviedo pero no para escucharle tocar el piano sino impartiendo unas clases magistrales, siempre en compañía de su querida esposa Emma Jiménez, otra gran pianista con quien llegó a ofrecer conciertos a 4 manos (yo no llegué a escucharles) y que renunció a una carrera más que prometedora para apoyar la de Joaquín, mimarlo, estar siempre a su lado, atenta a todo y hasta tener que avisarle a las 13:45 que había sobrepasado con creces el tiempo previsto de 30 minutos para los cuatro alumnos del CONSMUPA (Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias).

Maravillosos estos cuatro jóvenes pianistas -en la foto superior- a quienes El Maestro (así con mayúsculas) iría aconsejando, mimando, llevándoles por aspectos más allá de la técnica, siempre necesaria, hurgando en las obras que cada uno traían cual lección bien aprendida, a las que poder seguir descubriendo detalles, los que toda una vida siguen apareciendo, algo que el bilbaíno sabe como pocos tras una longeva trayectoria.

Mejor que comentar cada lujo de las enseñanzas individualizadas a los cuatro elegidos, pongo las fotos con cada uno de ellos sin entrar en las obras elegidas, y sin sonido porque esta vez «una imagen vale más que mil palabras» (las encontrarán más adelante y no son mías):

Primero Manuel Argos que elegiría a Cécile Chaminade.

Después Héctor del Río con Brahms, uno de los «mejor transitados» por Achúcarro, todo un referente incluso para los melómanos que compartimos esta clase.

Pasadas las 12:3o horas llegaría Laura Puente y un Mozart siempre traicionero por la engañosa facilidad, nada de porcelana, comparando al genio de Salzburgo con «el sordo de Bonn» o el polaco de espíritu francés si no se interpreta correctamente.

Finalizaría con Juan Vicente Cabo y un Scriabin que siempre «dará problemas» por mucho estudio que haya detrás, y lo había además de talento aunque los años irán asentando.

Analizar los ataques, el fraseo, las acentuaciones, el pedal, el «rubato» bien entendido y hasta la digitación que resulta todo un mundo, así iríamos escuchando a Don Joaquín con los oídos muy abiertos, pues finalmente somos alumnos a lo largo de nuestra vida.

Maravillosas palabras del Maestro refiriéndose a “La jaula de las cinco líneas y las líneas de compás” para poder abrir la puerta más allá de lo escrito en el pentagrama: conocer, indagar, vivir cada día como algo nuevo ante obras que nunca resultan iguales. Y los ejemplos prácticos, primero desde el lado izquierdo, después levantándose, sentándose, tocando, cambiando de posición como siempre he recordado a todos mis profesores y profesoras, a nuestra derecha.

Chus Neira en el diario «La Nueva España» -donde suelo colaborar puntualmente y también reflejo en este blog- le realizó una entrevista el pasado 14 de septiembre donde Achúcarro confesaba: «No di ningún concierto en el que no hubiera un momento de pánico absoluto», sintiéndose como un explorador que ha recorrido un camino difícil y que sus discípulos (más de 100 en su Fundación de Dallas) están empezando: «Como explorador, conozco algunos senderos y atajos, y los comparto», y así fue esta enriquecedora e instructiva mañana de lunes, festivo en Oviedo.

De los que ya han triunfado escucharé a Lucille Chung y Alessio Bax, dos conocidos en Asturias que inauguran el festival en tres conciertos, esperando reflejarlos desde aquí. Y de los que comienzan, mejor transcribo el excelente reportaje de Neira en la web del diario antes del primer concierto (que incluye fotos de Irma Collín) permitiéndome poner mi habitual tipografía y color:

Tocar las teclas del piano como si pasaras el polvo o atacarlo con la fuerza de quien pretende mandar el Steinway© contra la pared, pensar que Mozart no es sagrado, entender que detrás del acorde que queda sonando en la última cadencia de uno de los Intermezzi de Brahms está el rugido de las olas del mar o la muerte. Intentar invertir el orden lógico de los acentos y probrar a cambiar los ritmos. Jugar y aprender. Así, como un maestro inquieto, con la curiosidad del niño, la paciencia del anciano y el mejor de los ánimos, siempre divertido e inquieto, Joaquín Achúcarro, leyenda viva del piano, se sentó ayer con cuatro chavales del Conservatorio Superior de Música de Asturias en la sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe en una clase magistral y pública que hizo las delicias de todos.

La sesión de dos horas, media hora por cada alumno, sirvió para inaugurar este lunes la primera edición del festival que lleva su nombre en Oviedo ya que incluiría, ya por la tarde, el concierto de su discípula Lucille Chung. Pero la mañana, pasaron por el piano los estudiantes de cuarto curso Juan Vicente Cabo, Laura Puente y Héctor del Río y el de tercero Jose Manuel Argos. Llevaron las obras que están preparando para compartirlas con el maestro y escuchar sus indicaciones, composiciones de Cécile Chaminade, Brahms, Mozart y Scriabin. Achúcarro, siempre sonriente y paciente, se sentó al lado de cada uno de ellos, les dejó tocar y fue aconsejándoles abandonar sus rutinas y explorar otras posibilidades. En muchos casos, admitió, pueden parecer cosas simples, pero a él le llevó mucho tiempo descubrirlas y ahora se las ofrece a los alumnos como el explorador que ya ha llegado a esos atajos. Insistió a casi todos, por ejemplo, en la necesidad de combinar otros ataques distintos en el piano e incluso a buscar otra posición en la muñeca. Chopin, justificó cuando pedía que elevaran más la banqueta, “tocaba prácticamente de pie, según las representaciones que tenemos de la época”.

El primero en sentarse con el maestro fue Jose Manuel Argos, con “Otoño”, de Cécile Chaminade. Achúcarro le dejó interpretar la pieza hasta el final y luego fue introduciendo matices en el tempo. Le aconsejó alargar unos ritardandos para tener un arco de dinámicas más amplio en determinadas frases. Incapaz de estarse quieto, en una forma envidiable a sus 92 años, a los pocos minutos Achúcarro ya estaba de pie, chasqueando los dedos para marcarle el ritmo a Argos.

A él ya le habló sobre las forma de atacar con impulso hacia delante el piano sirviéndose del pulgar. “Son movimientos que hay que trabajar hasta que sean instintivos”, le recomendó. Aunque el maestro siempre mantuvo una posición muy tolerante:; “El último que tiene que decidir cómo se hace es usted; esto solo es un recurso y a vosotros os sobra energía a vuestra edad para probar todas estas cosas”.

Juan Vicente Cabo trajo los números 1 y 2 de los “Intermezzi” de Brahms, Op. 117, canción de cuna que Achúcarro invitó a tocar de forma decidida, con el ritmo necesario para que se duerma un niño. Otra vez de pie, el profesor se entusiasmaba cada vez que sugería alguna novedad en la ejecución y los alumnos lograban llevarla a cabo. “¡Ole, ole!”, les jaleaba como si fuera una faena taurina. Pero también se mostró comprensivo. Son obras que estos alumnos llevan tocando mucho tiempo y cuando Achúcarro les pide que hagan un pianísimo donde antes era forte y viceversa, sabe de la dificultad: “Da miedo hacer eso, lo sé, porque no es lo que te han enseñado”.

Regaló entre medias algunas reflexiones generales, como cuando explicó que los ritmos ternarios son, en realidad, todos distintos. “Un vals, una mazurca, una siciliana o una jota, todo es ¾, pero cualquier vienés sabe lo que es un vals y un maño una jota”. “La jaula son esas cinco líneas horizontales y esas dos verticales”, resumió refiriéndose al compás en un pentagrama, “y ahí está la lucha”.

También recomendó ejercicios. Como el de las seis intensidades, consistente en atacar una nota e ir incrementando el volumen hasta llegar al fortísimo, para luego desandar ese camino, desde la nota pulsada con toda la fuerza posible, “con cuatro dedos si hace falta”, hasta ese sonido apenas perceptible, que aparece cuando se pulsa “como si estuvieras quitando el polvo”.

Otra alumna, Laura Puente, trajo a uno de los más grandes, a Mozart, la Sonata no. 13 en Si bemol, y Achúcarro citó las palabras de Alfred Brendel en “Advertencias de un intérprete de Mozart a sí mismo», que dicen que Mozart “no está hecho de porcelana, ni de mármol, ni de azúcar, no es el Mozart del no me toques, sentimental, ni el niño de las flores”. “A lo mejor es una blasfemia”, le dijo a Laura Puente, pero ayuda pensar que lo que vas a tocar de Mozart es de Beethoven, o de Chopin. La joven intérprete confesaría después que los consejos de Achúcarro le habían servido de mucho: “Te hace sentir muy segura y confiada y te ofrece una perspectiva que te ayuda a comprender todo; en vez de media hora es como si hubiera sido un mes de clase. Llevo un año y no conseguía cambiar la idea que tenía sobre el segundo movimiento, y gracias a él lo he interiorizado”.

El último turno de las clases “discipulares”, como las llama el maestro quitándose importancia, fueron para Héctor del Río, con una impresionante interpretación del estudio “Patético” de Scriabin, op. 8 no. 12. Achúcarro admiró las capacidades del intérprete y trató de sacarlo de su zona de confort, buscando otras posibilidades para mejorar la ejecución de una obra muy compleja técnicamente: “Te sobran facultades, y por eso no te puedo perdonar”, le diría varias veces antes de pedirle que practicase nuevos movimientos de muñeca para ganar en agilidad y precisión: “Y esto, luego, un domingo por la tarde lo puedes hacer cien, mil veces. Y luego el lunes también”.

Habría seguido Achúcarro pegado a la banqueta junto a sus alumnos de Oviedo, metiendo la mano para explicarles cómo se hace, descubriéndoles estrategias insospechadas para buscar nuevas sonoridades, pero era tarde y su mujer, la también pianista Elena, se aproximó al escenario y le llamó la atención: “¡Joaquín, que son menos cuarto!”. Unos minutos más, todo sonrisa, Achúcarro posó para las fotos y firmó las partituras de sus nuevos pupilos de Oviedo. “Diga lo que te diga, aunque sea en la dirección contraria de lo que estás trabajando, te está hablando la historia del piano. Y hay que tenerlo en cuenta. Se vino a disfrutar y se disfrutó”, resumía Héctor del Río.

Solo añadir al talante del Maestro que bromeaba cuando alguna de sus indicaciones resultaban como había explicado, ponía la mano para «cobrar» imaginariamente o devolverlo como «premio» a unas clases que todos los muchos presentes disfrutamos. Casi 93 años de vitalidad y magisterio compartido donde el tiempo no contaba.

¡¡GRACIAS MAESTRO!!

 

Cendoya y el legado pianístico de Ponce

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Ponce: Complete Piano Works, Vol. 4. Álvaro Cendoya (piano). GRAND PIANO RECORDS, GP916 / LC 05537.

El 17 de abril del pasado año estuve en el Teatro Jovellanos gijonés para escuchar al pianista vasco de madre iraní Álvaro Cendoya Shishine-Kahal (San Sebastián, 1960), dentro de la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón donde pude disfrutar de varias obras de Manuel María Ponce (1882-1948), una de las figuras más fecundas y apreciadas en la vida musical de México que abarcó la mayoría de los géneros, como bien explicaba el profesor Cendoya en sus notas al programa, y cuya integral para piano del mexicano está llevando al disco en el sello Naxos, siempre de agradecer el poder recuperar estas páginas donde conjuga la escritura clásica de un virtuoso con la popular o «indigenista mexicana».

En tiempo vacacional nunca viene mal volver a leer artículos guardados y seguir escuchando buena música, bien en mi formato habitual del CD cuando estoy en casa, como desde las muchas listas que aparecen en plataformas como Spotify©, gratis con anuncios, o de pago si se prefiere evitarlos o querer reproducirlos en cualquier momento, y mejor aún en el llamado «Streaming» como la presentación del mismo en YouTube©.

En mi cadena llevo días escuchando el volumen 4 de la integral de Ponce del profesor donostiarra grabado en el auditorio de «su casa» en Musikene (San Sebastián) el 24 de marzo de 2024 en un maravilloso  y nunca bien valorado Bösendorfer Concert Grand 280VC, hoy casi pieza de museo ante el empuje y fama de otros fabricantes de pianos, siendo el productor e ingeniero de sonido Juanan Ros y el profesor Paolo Mello como editor, con una toma de sonido clara y limpia, que poniendo el volumen al máximo tal parece que estuviese tocando en el salón de mi casa, constatando que se grabó en un solo día y «de un tirón».

Veinticinco cortes donde volver a revivir algunas de las partituras escuchadas en Gijón llenas de esa feliz unión entre lo clásico y lo popular, si bien aquélla siempre ha bebido de ésta, el mestizaje del trasvase oceánico con músicas de ida y vuelta.

Obras y cortes:

01. Romanza de amor (1914).

02. Rapsodia Mexicana I (1911); 03. Rapsodia Mexicana II (1912).

04. Arrulladora (1935).

05. Dos danzas: nº 1, Mexicana, Danza romántica (ca. 1916).

06. El riego (1908)*.

07. Mazurka nº 16 in B flat minor (1910); 08. Mazurka nº 17 in E minor (1913); 09. Mazurka nº 18 (27) in E minor (1917).

10. Melodía (c. 1895-99) -version for piano-.

11. Intermezzo (nº 3) (GLOSARIO ÍNTIMO: IX. Alma Triste (pub. 1921).

12-25. Trozos románticos (c. 1907-11):

12-13: Cuaderno I: nº1 Barcaroletta; nº2 Cuando viene la primavera.

14-15: Cuaderno II: nº 3 Souvenir; nº 4 Malinconia.

16-17: Cuaderno III: nº5 Quimera; nº6 Su primera mirada.

18-19: Cuaderno IV: nº7 Berceuse; nº8 A toi.

20-21: Cuaderno V: nº9 Deseo; nº10 Hoja de álbum.

22-23: Cuaderno VI: nº11 Petit prélude; nº12 Jeunesse.

24-25: Cuaderno VII: nº13 Página de álbum; nº14 Scherzino.

(*) Primera grabación mundial

Sin entrar al detalle con cada una de las piezas, bien analizadas por Paolo Mello en el libreto del que dejo copia y del que tomaré algunas frases, paso a reflejar mis sensaciones tras varias escuchas.

El disco se abre con Romanza de amor (1914),  pieza expresiva y conmovedora plenamente romántica dedicada «A Clema» (Clementina Muriel) prometida de Ponce con quien llegaría a casarse tres años más tarde.

Foto en la contraportada del libreto

Continúa el CD con dos de sus rapsodias mexicanas fruto de las recopilaciones que Ponce realizó de los cantos populares, y así la número 1 se basa en dos motivos contrastantes del conocido baile Jarabe tapatío, mientras que la segunda se construye a partir de la popular canción de cumpleaños Las mañanitas, trabajadas en forma de variaciones, con una interpretación magistral del maestro Cendoya.

La Arrulladora la escribe en 1935 tras volver de París y con cierto aire modernista, utilizando nuevamente una canción popular mexicana y tan del gusto de la llamada «música de salón», una pieza ideal como propina, verdadero regalo para cualquier público amante del piano.

Prosigue el aire romántico en las siguientes dos danzas, melodías sensibles y con un toque de añoranza como las describe Mello junto al auténtico sabor de la «danza mexicana de salón». El Riego es el nombre de un balneario en Tehuacán y que da nombre a esta pieza que Ponce transcribió de memoria y sin piano, con un lenguaje distinto a las anteriores por un ambiente de incertidumbre que en las notas la relaciona tras la estancia de compositor en Venecia, y que reescribiría tras esa estancia más relajante de vuelta a su tierra.

También comentaba en este blog tras el concierto (arriba una foto de mismo) las 25 mazurcas que se conservan del compositor, muy chopinianas y virtuosas. Las de este volumen están en los cortes 7 al 9: la número 16 en si bemol menor (1910), 17 en mi menor (1913) y la 18 (1917) en esa misma tonalidad. Plenamente románticas sin perder nunca esa esencia popular mexicana, no en vano se habla de «Nacionalismo musical», que supongo costaría elegir para poderlas incluir en esta integral de Ponce. Expresividad en una forma rondó, lirismo y exuberancia que Cendoya transmite en estas tres con «una nostálgica evocación decimonónica».

La pieza Melodía no está fechada aunque puede ser de finales del XIX cuando Ponce era organista en Aguascalientes, y el manuscrito indica «para piano o armonio», con un aire de coral muy apropiado para el templo de San Diego.

De sus intermezzos, el número 3 (del Glosario Íntimo, IX. «Alma triste», publicado en 1921) está en la tonalidad  de re bemol, siendo una de las preferidas en los recitales del compositor mexicano, «deudor» del virtuoso Ignaz Moscheles, y que el donostiarra interpreta desde su magisterio y profundo conocimiento de estas páginas, no tan populares como las que escribió para guitarra pero que son un verdadero legado pianístico, aún mayor en las manos de Cendoya.

Los Trozos románticos son una colección de 14 piezas publicadas en 1912 con títulos que aluden a distintas formas musicales, a sentimientos, a momentos determinados y a recuerdos particulares de Ponce, donde apreciar las influencias de los compositores románticos europeos del siglo XIX, y dedicados a sus alumnas y personas relacionadas con el mundo musical mexicano. Elegantes, frescas, sencillas pero llenas de musicalidad e intimismo, más allá de páginas de estudio como ya había compuesto el siempre recordado Chopin, siendo el último corte un Scherzino que cierra ciclo y grabación.

El libreto hace notar que para estas grabaciones se consultaron los manuscritos autógrafos del compositor y las primeras ediciones, fuentes ubicadas en el «Archivo Manuel M. Ponce» que está custodiado en la Facultad de Música de la UNAM, en un ímprobo trabajo por parte del profesor y pianista donostiarra que no solo nos ha dejado grabado este inmenso legado del compositor mexicano, sino que también forma parte de sus conciertos, aportando un repertorio siempre agradecido en vivo, aunque los discos nos permitan paladearlos al detalle, y sirva esta entrada para dejar constancia de ello.

Achúcarro vuelve a Oviedo

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LA FUNDACIÓN MUNICIPAL DE CULTURA INAUGURARÁ EN SEPTIEMBRE EL I FESTIVAL DE PIANO “JOAQUÍN ACHÚCARRO” CON DOS INTÉRPRETES DE RENOMBRE INTERNACIONAL

Este viernes 1 de agosto me llegaba la siguiente nota de prensa de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento. de Oviedo, a la que añado enlaces y fotos:

La Fundación Municipal de Cultura (FMC) ovetense pone en marcha una nueva iniciativa ligada a la disciplina pianística que se estrenará en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo el próximo mes de septiembre. La Sala de cámara del Auditorio acogerá los días 22, 23 y 24 a las 19:30 horas el I Festival de Piano “Joaquín Achúcarro”, una nueva cita con la música clásica ligada a la Fundación Southern Methodist University, con sede en Dallas (EE.UU.), que lleva el nombre del prestigioso maestro.Esta primera edición contará con la participación de dos destacados artistas internacionales: Alessio Bax y Lucille Chung, pianistas que forman parte de la Fundación Achúcarro y reconocidos por su brillante trayectoria internacional.

El festival incluirá una clase magistral impartida por Joaquín Achúcarro a estudiantes de música y pianistas en formación, reforzando el carácter pedagógico de esta iniciativa.

La programación abarcará un amplio repertorio que va desde Bach, Schumann, Liszt, Rachmaninoff y Chopin hasta Ligeti, Debussy o Piazzolla, con interpretaciones tanto solistas como a dúo.

“El Maestro Achúcarro es una de la figuras indispensables en la historia del piano, una figura ya legendaria, indisolublemente unida a Oviedo, desde que actuara por primera vez en la Sociedad Filarmónica en 1953”, apunta el presidente de la FMC de Oviedo, David Álvarez, quién quiso agradecer la implicación personal e  inestimable en la organización del Festival, de Dña. Janet Kafka, fundadora, presidenta y alma mater de la Fundación Joaquín Achúcarro, creada para ayudar a los pianistas que acababan sus estudios con Achúcarro en su cátedra de Dallas y empezaban su carrera internacional como intérpretes.

“Este nuevo festival bajo el nombre de Joaquín Achúcarro prestigia y refrenda el compromiso cultural y musical de Oviedo, ahora que estamos en la carrera por ser Capital Europea de la Cultura, siguiendo por la senda de la excelencia, buscando nuevos públicos y generando las condiciones para el encuentro y diálogo entre público e intérpretes”, finaliza el concejal.

Los abonos estarán disponibles desde mañana sábado 2 de agosto hasta el 4 de septiembre en los canales habituales: entradas.oviedo.es y en las taquillas del Teatro Campoamor (recordando que cierra sábados y domingos de este mes de agosto). El abono completo para los tres conciertos tendrá un coste de 36 € (estudiantes: 28,80 €), promoviendo así la fidelización del público y el acceso a experiencias artísticas de primer nivel.

Las entradas sueltas saldrán a la venta el 5 de septiembre con un precio general de 15 €, y un descuento del 20 % para estudiantes (12 €).

El festival cuenta con el apoyo inestimable de la Fundación Joaquín Achúcarro y la colaboración especial de la Fundación Reny-Picot, reafirmando la alianza entre cultura y mecenazgo empresarial.

JOAQUÍN ACHÚCARRO:

«Tengo esa alegría interna, secreta, tan difícil de explicar, que el Primer Festival que lleva mi nombre sea en Oviedo y lo estrenen mis chicos.

Oviedo fue uno de mis primeros contratos profesionales cuando yo era poco más que un guaje. Momentos de la vida que no se olvidan nunca. Fue el Concierto en re menor de Mozart con Ángel (Angelín) Muñiz Toca. Y después, cada vez que venía a Oviedo (y han sido muchas) había una anticipación de días felices. Y lo eran. Y ahora ver que he servido para algo.

La «prole» de Joaquín Achúcarro anda por el mundo llevando nuestro aforismo: Todos tenemos un límite… pero no sabemos cuál es. A trabajar para buscarlo.

Gracias Oviedo. Gracias Asturias (que también es Mi Patria Querida)”.

Personalmente siempre será una alegría enorme escuchar al maestro bilbaíno y socio de honor de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, del que siempre guardo los programas de mis dos primeros conciertos donde le disfruté (el que encabeza esta entrada y sobre estas líneas). Después vendrían muchos más y el reconocimiento que la revista Codalario© le rindió en Madrid el 11 de octubre de 2014.

La Vetusta clariniana por La Castalia

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Martes 29 de julio, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, «La Castalia en Vetusta: Un paseo lírico a través de «La Regenta» en su 140 aniversario».

Con el ovetense Teatro Filarmónica registrando un lleno digno de destacar, llegaba la I Edición «Ópera-Studio» que organizaba la Asociación «La Castalia» heredera de la que se fundó en el siglo XIX, presidida por Begoña García-Tamargo, con un muy trabajado espectáculo escénico-vocal a cargo de un elenco joven de artistas, muchos ya iniciada su carrera profesional, con la dirección de escena del donostiarra Íñigo Santacana.

Ya dejé reflejada aquí la presentación de este espectáculo que contó con el pianista Juan Carlos Martín junto a las voces femenias de Vilma Ramírez (soprano), Noive Solar (soprano), María Heres (mezzo), más las masculinas de Aitor Garitano (tenor) y Ángel Simón (barítono) junto a Laura Iglesias (actriz). Celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» de Clarín, esta puesta en escena estuvo centrada en la creación lírico literaria con fragmentos de las óperas y zarzuelas citadas por Leopoldo Alas, con gran relevancia de ambos géneros en muchos capítulos, pero armando una trama de algunas de las obras citadas con su relación directa a la la época donde parecen coincidir con las representaciones donde «La Castalia» del siglo XIX participaría activamente en el Oviedo que Clarín convertiría en Vetusta, y que como indicaba el pasado miércoles Íñigo Santacana, la dramaturgia y la selección de los extractos más representativos de «La Regenta» se ubica en 1890 ensayando aquella decimonónica «La Castalia» los propios personajes clarinianos más una actriz que es la propia Ana Ozores con el conflicto al aparecer en medio e intentar integrarla en el montaje, con un diálogo que sigue poniendo a la sociedad frente a los bulos en nuestros días.

Resultó muy logrado lo meta-teatral con los dos planos que comentaba el pasado miécoles Santacana: el de los personajes reales de la primitiva Sociedad La Castalia (Clementina Bertrand, Lola García, Luisa Bontel, Álvaro Olay, Víctor Sáenz…) ensayando las obras, más el ficticio de Ana Ozores en un juego de los personajes de la novela universal de Clarín con los reales, contando con un atrezzo más que suficiente, un elegante vestuario de época donde no faltaron los peinados de entonces y las joyas, más una luminotecnia austera pero suficiente y realzando la acción sin pausa a cargo de Eduardo Espina.

Era difícil elegir  tantas de las obras citadas en «La Regenta» donde aparecen citas diez óperas y cinco zarzuelas, fiel reflejo no ya de la afición del zamorano hijo adoptivo de Oviedo, sino el conocimiento de la lírica tan bien hilvanada en el propio argumento de la mejor novela de nuestra historia local. Tanto Mª Luz González Peña, siempre colaborando con «La Castalia» desde el archivo de la SGAE, ayudando con los materiales utilizados, como los musicólogos de la Universidad de Oviedo, los doctores Mª Encina Cortizo  y Ramón Sobrino, pareja de indispensables por el conocimiento en la materia y su inestimable apoyo a «La Castalia del siglo XXI». Hilar las doce páginas fue todo un acierto desde la escena de un ensayo que fue toda una función lírica con las cinco voces participantes más la actriz.

 

A continuación dejo reflejados los números seleccionados para el espectáculo, con los cantantes así como sus respectivos personajes, otra difícil elección pero perfectamente acomodada a las partes cantadas que dieron la unidad argumental:

La soprano cubana Vilma Ramírez en los roles de Clementina Bertrand y de Ana Ozores, la también soprano  y. santanderina Noive Solar como Lola García y Petra, la mezzo asturiana María Heres como Luisa Montiel, el tenor donostiarra Aitor Garitano como Álvaro Olay y Álvaro Mesía, más el barítono venezolano Ángel Simón con el triple papel de Víctor Sáenz, Víctor Quintanar y el magistral Fermín de Pas.

Se abría la función casi como un cuadro con el dúo «Tardi si fa… Dammi il tuo viso« del Fausto de Gounod cantado por Vilma Ramírez como Margarita, y Aitor Garitano, buena pareja escénica y vocal, primer guiño a la ópera francesa tan del gusto de Clarín traducida a la lengua de Dante como era la costumbre de aquella Vetusta tan italiana como la actual, aunque siempre abierta a otras «modas».

Segunda cita clariniana en La Sonámbula de Bellini que “canta” Paco Vegallana y sobre las tablas Ángel Simón recreando con potencia y gusto el aria» Vi raviviso», siempre con el piano «orquestal» de Juan Carlos Martín en feliz entendimiento con todas las voces tras días de duro trabajo con ellas.

Y proseguiría la función con El barbero de Sevilla rossiniano donde Aitor Garitano «armado» con un laúd cantaría «Se il mio nome» con un color muy apropiado para su Lindoro bien contestado por una Rosina siempre acertada a cargo de María Heres, a quien Lola (o Petra) le tapa la boca antes de finalizar para así enlazar con el siguiente número, enlazado con los diálogos y cambios de posición en el escenario donde todas las voces están presentes.

Muy interesante poder escuchar el cómico terceto «Cuidado no os haga daño» de la zarzuela de Gaztambide Los magyares, ya en el repertorio de aquella Castalia del XIX, esta vez más actual que nunca con Simón, Solar y Garitano verdaderamente simpáticos, dominio escénico en una partitura recuperada para esta Vetusta de nuestro tiempo que sigue teniendo «sus esforzados cantantes» además de excelentes actores.

En Oviedo no puede faltar Verdi y tampoco en «La Regenta», para disfrutar de la joven pero veterana María Heres, dominadora de principio a fin con el aria «Re dell’abisso, affrettati!» (Un ballo in maschera) impactante vocal y escénicamente, ya en plenitud vocal a quien he visto crecer.

Y volvería la zarzuela con dos páginas muy distintas por desigual fama, aunque Clarín y «La Castalia» han recuperado: la poquísima escuchada Beltrán y la Pompadour (de José Casares en arreglo de Teo Montero del Rey) con el dúo Solar-Garitano «Hacéis bien; yo, la Marquesa», más esa joya que es El Juramento de Gaztambide con el dúo «Es el desdén acero de doble filo» interpretado por Ramírez y Simón. Bien ubicados y seleccionados ambos dúos y la combinación de voces distintas por color y tesitura, muy ensayadas y trabajadas con los finales conjuntados y el piano impecable de Juan Carlos Martín.

Y si las dos voces masculinas mostraron sus cualidades en sus anteriores dúos, en solitario nos dejarían dos arias que, como en las zarzuelas elegidas, también han gozado de distinta fama aunque Clarín las conocía en sus escapadas a la capital de España: Poliuto (Donizetti) con un entregado Ángel Simón «Decio, signor del mondo» más el «Spirto gentil» de La Favorita (Donizetti) donde Aitor Garitano cantó con gusto esta página referente de todo tenor que sólo el tiempo logra madurar hasta hacerla propia.

Los enlaces de las obras seleccionadas fueron haciéndose con unos diálogos muy estudiados e hilvanados para comprobar que la técnica vocal es igual de necesaria cuando se habla, así como lo que supone memorizar y hacer creíbles unos textos que además jugaban con los personajes de Clarín, incorporándose la actriz Laura Iglesias que curiosamente se la escuchó menos que a los cantantes.

Había que volver a Verdi para ir acabando el espectáculo pero no podía faltar Meyerbeer y algún fragmento de Los Hugonotes por ser la ópera que inauguraría en. 1892 el Teatro Campoamor, al que además sería el propio Clarín quien propondría el nombre, y para este espectáculo elegirían el dúo «O ciel, dove vai tu?… Lasciami partir» a cargo de Vilma Rodríguez y Aitor Garitano como al principio de la función en este segundo guiño a la ópera francesa cantada en italiano, pareja convincente en lo vocal y en la escena, bien elegidos para estos dúos.

El final verdiano estaba acorde con los gustos de Leopoldo Alas. Si Víctor  Quintanar recordaba a un tenor de Valladolid comparándolo con Gayarre, también cita el famoso cuarteto «Bella figlia dell’amore» de Rigoletto, donde comprobar la unión de colores y volúmenes de los cuatro elegidos: María Heres potente y musical como nadie, Noive Solar de agudos claros, Aitor Garitano más esforzado, y Ángel Simón cómodo por tesitura, con una dramaturgia que desembocaría en La Traviata como la referencia al «amor de padre», la orquesta plena al piano, y la conocidísima, además de actual en estos días, aria final «Prendi, quest’è l’immagine» a cargo de una convincente Vilma Ramírez con muerte en escena y fundido en negro.

Un aplauso para todo el enorme equipo que trajo a nuestro siglo La Castalia, la música que Clarín cita en «La Regenta» con más ópera que zarzuela (entonces «asociada al ridículo o la ruina moral»), pero recuperándola gracias a unos musicólogos formados en la excelencia que siguen sacando de los cajones tanta música olvidada, y el trabajo previo de todos ellos, sumando los diez días en conjunto para poner en pie este espectáculo donde el público disfrutó de la calidad con pocos medios pero muy bien utilizados (otro logro), y la entrega unida a la pasión por la lírica que tantos compartimos en la Vetusta de nuestros días.

#LaRegenta140

La Castalia de nuestro tiempo

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Miércoles 23 de julio, 20:00 horas. Club La Nueva España: Conferencia-presentación «La Regenta y el Teatro Lírico». En torno al espectáculo «La Castalia en Vetusta».

Como aperitivo a la I Edición Ópera-Studio que se celebrará el próximo martes 29 de julio a las 20 horas en el Teatro Filarmónica, con entrada libre hasta completar aforo, esta tarde teníamos la presentación y posterior conferencia sobre el espectáculo que organiza la Asociación «La Castalia» heredera de la que se fundó en el siglo XIX, presidida por Begoña García-Tamargo, quien haría de presentadora, el director de escena Íñigo Santacana más la doctora Ana Cristina Tolívar, bisnieta de Clarín y toda una autoridad en Leopoldo Alas, que nos expondría la relación de su bisabuelo con la lírica en Oviedo reflejada en su obra maestra «La Regenta» que ahora cumple 140 años de su publicación.

La profesora y directora artística García-Tamargo comenzaría adelantándonos esta nueva apuesta de «La Castalia», por vez primera en el formato de «Ópera-Studio» centrada en la creación lírico literaria con fragmentos de las óperas y zarzuelas citadas por Clarín, con gran relevancia de ambos géneros en muchos capítulos. No faltaron los agradecimientos a todas las instituciones que colaboran, Ayuntamiento de Oviedo desde distintas concejalías, al diario La Nueva España, al Centro RETO por participar de manera altruista en toda la escenografía, a los artistas participantes (dejo al final copia con sus nombres), a Mª Luz González Peña, siempre colaborando con «La Castalia» desde el archivo de la SGAE por su ayuda con los materiales utilizados, y a los musicólogos de la Universidad de Oviedo los doctores Mª Encina Cortizo  y Ramón Sobrino, pareja de indispensables por el conocimiento en la materia y su inestimable apoyo a «La Castalia del siglo XXI».

A continuación realizaría la presentación de los dos conferenciantes y sus currículum, tanto el de la doctora Ana Cristina Tolívar Alas como del director de escena donostiarra Íñigo Santacana.

Sería Ana Cristina quien profundizaría en su conferencia sobre La Regenta y el teatro lírico. Comenzaría el 19 de abril de 1868 citando cómo Clarín escribe en el periódico sobre música tras escuchar una Norma en el ovetense Teatro de El Fontán (hoy Biblioteca de Asturias), su paso por Madrid y los sucesivos viajes entre Oviedo y la capital de España. Anécdotas como la carta que en 1868 escribe a Bretón y su proyecto de una ópera española que Don Leopoldo no veía claro, especialmente por la politización a la que podría verse abocada. No faltarán sus críticas varias de las representaciones a las que acudirá desde niño y su admiración por Wagner, pues la música siempre tiene protagonismo en su obra, con preferencias por los compositores germanos y un buen conocedor de Eduard Hanslick.

De su bisabuelo recordará la amistad con el músico Anselmo González del Valle, quien probablemente le iniciaría en la música, aunque sería Víctor Sáenz, fundador de «La Castalia» y una familia muy musical, sobre todo su aventajada alumna, y que sería mujer de Clarín, Onofre García-Argüelles, a quien el escritor solía rogarle con frecuencia que cantase una romanza que al mismo tiempo interpretaba al piano. Para los curiosos y estudiosos, la profesora Tolívar Alas tiene en el nº 23 de Los Cuadernos del Norte (1984) un excelente trabajo titulado «La música en «La Regenta»» así como el titulado «Clarín y el teatro lírico» que se puede consultar en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Ya centrándose en las referencias musicales de «La Regenta» la filóloga nos hablaría de un Paseo por una sinfonía llamada Vetusta con citas varias a obras de otros compositores como Martínez Burgos, la ópera de Marisa Manchado y Amelia Valcárcel, o directamente las que cita el propio Clarín, caso del Stabat Mater de Rossini, que le sirve para criticar la teatralización de las obras religiosas y cuya música va a producir en Ana Ozores la decisión de desfilar como penitente el día de Viernes Santo (citando fragmentos de los capítulos XXV y XXVI).

De las obras citadas por Leopoldo Alas y su relación con la época parecen coincidir con representaciones donde La Castalia participaría activamente en el Oviedo que Clarín convertiría en Vetusta. Primero las dos óperas, Norma y La Favorita con sus famosas arias («Casta diva» y «Spirto gentil»), paralelismo de castidad y carnalidad con citas varias en «La Regenta» y sus personajes. De La favorita  cita al tenor ovetense Lorenzo Abruñedo con Víctor Sáenz al piano, pero también El barbero de Sevilla y el paralelismo entre Rosina y Ana Ozores que cita Fermín de Pas por despertarse con unos gritos, así como Víctor Quintanar y su obsesión por la ópera identificándose con Don Bártolo.

Interesante la citas clarinianas de La Favorita y La Sonámbula que “canta” Paco Vegallana, la ópera francesa con el Fausto de Gounod, y hasta La dama de las camelias en que se inspira Verdi para La Traviata con una gaita «tocando» el famoso brindis. De su amor por Donizetti tampoco falta el aria «Decio, signor del mondo» de Poliuto, y hasta Meyerbeer con Los Hugonotes (ópera que inaugurará el Teatro Campoamor al que Clarín propone el nombre). Víctor  Quintanar recuerda en la novela a un tenor de Valladolid comparándolo con Gayarre o la cita al famoso cuarteto de Rigoletto y «La donna è mobile» que aparece también. Hay una cita de 1883 a la compañía madrileña “Los bufos” que estuvieron en Oviedo y más citas de La Traviata como la referencia al «amor de padre». Los títulos y textos se cantan en italiano como era costumbre de la época de Clarín.

Y si la ópera aparece con frecuencia, también la zarzuela: Marina y El dominó azul (Arrieta), El relámpago (Barbieri) o Los magyares (Gaztambide), todas en el repertorio de aquella Castalia decimonónica «con sus esforzados cantantes», así como dos páginas que merecen destacarse por haber caído en el olvido: La isla de San Balandrán (Oudrid) y Beltrán y la Pompadour (José Casares). De todas formas en «La Regenta» aparece más ópera que zarzuela, entonces «asociada al ridículo o la ruina moral». Finalizaría la doctora Tolívar Alas dando las gracias a los musicólogos que colaboraron en la documentación aunque imposible escucharlas todas en el espectáculo pero siendo una selección ajustada.

Finalmente Íñigo Santacana nos hablaría de la sinopsis, la dramaturgia y la selección de los extractos más representativos de «La Regenta» donde la zarzuela también aparece con muchos títulos no representados, y contar con la experta Ana Cristina Tolívar resultó fundamental en el montaje. El espectáculo está ubicado en 1890 ensayando en La Castalia los temas de «La Regenta» con una actriz que es la propia Ana Ozores (sin citarla), con el el conflicto al aparecer en medio e intentar integrarla en el montaje. Lo meta-teatral logra dar dos planos: los personajes reales de la primitiva Sociedad La Castalia (Clementina Bertrand, Lola García, Luisa Bontel, Álvaro Olay, Víctor Sáenz) ensayando las obras, más el ficticio de Ana Ozores en un juego de los personajes de la novela universal de Clarín y los reales. Hay otro nivel con el  dúo de Fausto (Gounod) y Margarita ligados a la novela y sus propios personajes. El trabajo ha supuesto todo un reto vocal e interpretativo pues no salen nunca de escena y deben saber cuándo pasar de un plano a otro. Al final en el coloquio le preguntarían por las luces, que estarán a cargo de Eduardo Espina (del Centro Niemeyer de Avilés), tan importantes en toda producción y en este caso «muy poéticas».

Begoña García-Tamargo remarcaría que esta producción es especial entre otras cosas por darse y vivirse en Oviedo, convencida que pasará a la historia, con un duro trabajo de ocho horas diarias y todas las dificultades técnicas, destacando el enorme esfuerzo del pianista Juan Carlos Martín con todas las voces, muchas ya conocidas de anteriores cursos y algunas haciendo ya carrera profesional, a saber: Vilma Ramírez (soprano), Noive Solar (soprano), María Heres (mezzo), Aitor Garitano (tenor), Ángel Simón (barítono) y Laura Iglesias (actriz).

Las puertas del Teatro Filarmónica se abrirán el próximo martes 29 de julio a las 19;30 horas y pide no asustarse por la larga cola habitual, pues el aforo de 700 butacas es suficiente para poder disfrutarlo todos quienes acudan al mismo.

Finalmente remarcará que el vestuario y los muebles de la época darán mayor credibilidad a un espectáculo que mantiene el mismo espíritu de La Castalia del XIX en el XXI. Avanza igualmente que el 25 de octubre habrá otro espectáculo (ópera de cámara con ballet, coro, cuarteto de cuerda…) que se presentará en su momento, y a propósito del citado Stabat Mater de Rossini recuerda que será la inauguración de la próxima temporada de los Conciertos del Auditorio que recomienda a todo el público que llenó el Club LNE.

#LaRegenta140

Avanzando la próxima temporada

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Viernes, 18 de julio, 12:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, presentación de los ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni».
La Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo acogió la mañana del viernes la presentación de la 27ª temporada de los Conciertos del Auditorio y las Jornadas de Piano Luis G.Iberni (van 34 años y pioneras en España, siendo después copiadas a lo largo y ancho de la geografía nacional), que se desarrollarán del 29 de octubre de 2025 al 4 de junio de 2026, ofreciendo 18 actuaciones de los mejores artistas nacionales e internacionales: Zubin Mehta, Yuja Wang, William Christie, Jakub Orlinski o Pinchas Zukerman, entre otros muchos artistas, que actuarán en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana, en una edición donde la orquesta del ciclo, Oviedo Filarmonía, lo abrirá y cerrará. Esta nueva temporada tendrá una clara vocación europea dentro de la carrera que protagoniza Oviedo para convertirse en Capital Europea de la Cultura 2031 en sana pugna con Granada o Jerez.

La presentación de esta nueva edición estuvo encabezada por el concejal de Cultura y presidente de la Fundación Municipal de Cultura David Álvarez, y también han intervenido la presidenta de la Fundación Musical «Ciudad de Oviedo» Pilar Rubiera, su director artístico Cosme Marina, y el subdirector del diario La Nueva España el toledano Francisco García Alonso, contando además con la actuación en directo del Trío Nacedo compuesto por Lidia Sierra (violín), Inés Moreno (viola) y Clara Muñoz (violonchelo) que interpretaron al inicio el tercer movimiento de uno de los tríos de Conrado del Campo, para finalizar el acto con el trío de la ovetense Raquel Rodríguez, presente en la sala, «En la Música», obra que ya tiene 18 años y resultó ganadora en 2007 del II Concurso “Evaristo Fernández Blanco” organizado por el Festival de Música Española de León  en su XX edición, como explicó la propia compositora antes de la interpretación, muy aplaudida por los presentes.

Tras el vídeo con el diseño de Juan Jareño, original y de altísima calidad al igual que el programa del ciclo en papel couché, irían tomando sucesivamente la palabra. En la primera intervención, el melómano edil indicaría que «este ciclo representa un compromiso firme con la excelencia artística y con la difusión de un patrimonio musical que, siglos después de haber sido concebido, continúa emocionando, inspirando y elevando el espíritu. La música clásica no es solamente una herencia cultural: es una forma de diálogo profundo entre épocas, entre sensibilidades, y entre generaciones».

En palabras de David Álvarez «Oviedo, ciudad con una sólida tradición musical, demuestra un año más su apuesta por la cultura y por la música como vehículo de enriquecimiento colectivo. En este marco, presentamos un programa que reúne a intérpretes de reconocido prestigio, así como a jóvenes talentos que encarnan el futuro del panorama internacional». Además, el presidente de la FMC destaca las participaciones de Oviedo Filarmonía (OFIL), orquesta residente del ciclo y eje fundamental en nuestro panorama cultural y musical, o el coro El León de Oro, habituales en estas temporadas.

Álvarez ha resaltado, como novedad, la puesta en marcha de Off Conciertos, «esa forma diferente y desenfadada, de acércanos a las propuesta principales, en definitiva la música clásica. Lo hacemos mediante una serie de actividades que van desde la presencia de instrumentistas de OFIL en los Centros Sociales (siguiendo con nuestra política de acercamiento de la cultura a todo el concejo), el proyecto Música y enigma, de la mano de la pedagoga Sofia Martinez Villar, que tan buen resultado obtuvo la pasada temporada, una iniciativa de divulgación musical dirigida a estudiantes y al público general, que tiene como objetivo atraer otro tipo de público a los conciertos de música clásica y presentar este género musical desde una perspectiva diferente, mediante un ensayo divulgativo y un concierto guiado protagonizado, en el mes de diciembre, por OFIL». También, el programa pedagógico UBUNTU «que en esta edición tiene como temática principal la lucha contra el bullying, gracias la capacidad de convertir la música, el teatro y la danza en una herramienta de transformación personal y colectiva».

La presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Pilar Rubiera, explicaría que la orquesta Oviedo Filarmonía ofrecerá un total de 4 conciertos, entre ellos el de apertura y cierre de la temporada.

David Álvarez volvería a reivindicar la #Capitalidad2031 (con la presencia de Rodolfo Sánchez), la enhorabuena al patrono y profesor Emilio Casares por su último galardón (Premio Guido Adler de la Sociedad de Musicología), el agradecimiento a la Fundación EDP (con la presencia de Juan García-Ovies), al periódico La Nueva España y el recuerdo al ciclo que comenzó allá por los años 90 en el marco de la Universidad de Oviedo, habiendo tomado el relevo el propio ayuntamiento ovetense.

Por su parte, García Alonso subrayaría que estos ciclos «nos consolidan en el ámbito de la música contribuyendo a mantener un altísimo nivel de calidad, con grandes nombres de artistas internacionales pero también jóvenes promesas que nos permiten aspirar, con pleno derecho, a conquistar el título de Capital Europea de la Cultura».

Álvarez daría paso finalmente a Cosme Marina quien resaltaría esta candidatura que «cuenta con una base sólida en múltiples ámbitos, uno de ellos el musical, que ha ubicado a la ciudad como una de las grandes ciudades culturales europeas tal y como demuestra la continuidad centenaria de la actividad musical durante siglos (…) Dentro de este proceso adquieren especial relevancia los dos buques insignia de la actividad musical de la ciudad: los Conciertos del Auditorio y las Jornadas de Piano Luis G. Iberni, ya que ambos configuran una temporada anual consolidada como referencia en el norte de España por la calidad de sus propuestas. Además, esta edición focaliza su mirada en Europa que atesora una historia de mestizaje que, desde el periodo barroco forma parte del ADN musical del continente».

Marina que lleva al frente desde los inicios del actual ciclo, detallaría la temporada 25-26 girando en torno a Europa, como figura en el cuaderno de presentación, destacando que se mantienen las óperas en concierto que tanto éxito llevan cosechando, esta temporada dos de Handel: «Giulio Cesare» el 17 de febrero con Il Pomo d’Oro y el contratenor Jakub J. Orliński junto a Sabine Devieilhe en los papeles protagonistas, más «Ariodante» el 31 de mayo a cargo de La Cetra de Marcon cantando Kožená.

Una de las citas más esperadas será el regreso (19 de febrero) de Zubin Mehta en una pequeña gira de despedida por su 90 cumpleaños en sus ciudades de referencia donde Oviedo vuelve a estar en el mapa junto a Madrid y Barcelona, y nada menos que con la West-Eastern Divan Orchestra -fundada en 1999 por el binomio Said y Barenboim, premio de la FPA a la Concordia 2002– en estos tiempos convulsos donde sólo la música puede hacer convivir dos pueblos enfrentados.

Más regresos a la capital asturiana serán el de Pinchas Zukerman con su Sinfonia Varsovia (1 de marzo), la mezzo Emily D’Angelo (21 de mayo) tras su recordado cierre de temporada 21-22, la Orquesta del Festival de Budapest con Iván Fischer (28 de mayo) que tan buen sabor de boca me acaba de dejar en Granada, o el cellista Steven Isserlis esta vez junto al finlandés Pietari Inkinen a la batuta de la OFIL (4 de junio), o recuperando la cancelada de William Christie con Les Art Florissants que han hecho hueco para disfrutarles el 6 de noviembre.

Desde 1992 en que arrancaron en el Teatro Campoamor las «Jornadas de Piano» gracias  al siempre recordado Luis Gracia Iberni, siguen siendo referente nacional e internacional por donde han pasado los más importantes intérpretes, y que han sobrevivido por su cartel inigualable, manteniendo a Oviedo en primera línea. Esta temporada 2025-26 vendrán dos «huracanes» como los calificó Cosme Marina: el 15 de enero Yuja Wang con lo nada habitual de interpretar dos conciertos en el mismo programa (nº2 de Chopin y el de Ligeti) nada menos que con la Mahler Chamber Orchestra, más el canadiense Jan Lisiecki (7 de marzo) en un variado y atractivo programa.

Muy esperado igualmente el húngaro Dénes Várjon (8 de abril) donde no faltará su Bartok que está alcanzando un enorme éxito allá donde lo interpreta.

Se puede consultar toda la programación en el siguiente enlace: :https://www.oviedo.es/documents/25041/2686429/CA+Y+JP+-+TEMPORADA+2025-2026.pdf/f1d15a27-b867-4050-90c8-ca7eb33afe0f.

El concejal David Álvarez despediría la rueda de prensa agradeciendo a todos su presencia, el apoyo y especialmente el del público  y abonados por su fidelidad a lo largo de estos años, que mantienen a Oviedo en el mapa de los grandes conciertos.

Los abonos conjuntos están ya a la venta y pueden adquirirse en la taquilla del Teatro Campoamor hasta el próximo 9 de septiembre en su horario habitual. Los abonos independientes (tanto el de los Conciertos del Auditorio como el de las Jornadas Piano) se venderán del 11 de septiembre al 2 de octubre, mientras que el abono Firmamento Lírico se podrá adquirir del 4 al 16 de octubre. Las localidades sueltas saldrán a la venta el día 18 de octubre, recordando que la Fundación Municipal de Cultura está adscrita al Bono Cultural Joven del Principado de Asturias.

Último día con una mañana de homenajes

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 25 a). Música de cámara.

Domingo 13 de julio, 12:30 horas: Solistas de la Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Lluïsa Espigolé (piano), Annette Schönmüller (mezzo), Nacho de Paz (director). Obras de Stravinsky, F. Guerrero, Boulez, Ravel, García Román y Berio. «Juan-Alfonso García y la Nueva Música en Granada». Fotos , propias y ©Fermín Rodríguez.

Último día de Festival con un concierto matutino repleto de homenajes a los nacimientos del «medio vasco» Maurice Ravel (150 años) más Boulez y el italiano Luciano Berio en su centenario, sin olvidarse de la llamada Nueva Música en Granada y los «herederos» de Juan-Alfonso García con obras de Francisco Guerrero y un estreno de García Román, presente en un abarrotado crucero del Hospital Real granadino.

La web nos presentaba esta matiné con las siguientes palabras:

Aniversarios y homenajes
Uno de los más importantes directores españoles vinculados a la creación actual, Nacho de Paz, se pone al frente de un conjunto de solistas de la OCG, la pianista Lluïsa Espigolé y la mezzo alemana Annette Schönmüller, todos especialistas en contemporánea, para acercarse a músicas del último siglo y recorrer algunas de las celebraciones del Festival: los 150 años de Ravel, aquí con una delicia para arpa y conjunto de 1905; los 100 años de Luciano Berio, representado por una de sus creaciones más populares, las Folk Songs y los 100 años de Pierre Boulez, con sus fascinantes miniaturas para piano Douze notations, testimonio sonoro de su época. Además, un estreno de José García Román, Camino blanco y sin término, que no estará solo como miembro de la escuela granadina de composición ya que se ha programado también el Concierto de cámara de Guerrero. Todo se abre con el Stravinsky serial de las Tres canciones sobre Shakespeare.

Iré intecarlando las notas al programa de Stefano Russomano, que titula Un menú de homenajes y aniversarios con mis impresiones en otro orden al del novelista, ensayista y crítico musical.

El asturiano Nacho de Paz (Oviedo, 1974) se ponía al frente de unos excelente músicos para presentar un programa bien organizado donde ir alternando distintos ensambles con el piano impecable, docto, bien tratado y mejor interpretado de la catalana Lluïsa Espigolé que iría enhebrando y engarzando unas perlas como los Six encores de Berio y las Douze notations (1945) de Boulez.

El amor a las estructuras caracteriza la obra de Pierre Boulez (100 años del nacimiento): estructuras entendidas no como simple andamiaje, sino como revelación del pensamiento a través de los sonidos. Esta línea cartesiana y racional se combina en el veinteañero Boulez con el descubrimiento de la dodecafonía. Ahí surgen las tempranas Douze notations para piano, ciclo de miniaturas en las que la magia del número doce, con sus espejos y permutaciones, se mezcla con la frescura de un temperamento juvenil e intenso.

En una época en la que el furor vanguardista aupaba todo tiempo de excomuniones y exclusiones, Luciano Berio (100 años de su nacimiento) propició en muchas de sus piezas el encuentro crítico entre lenguajes (…) También los Six Encores constituyen, dentro de su brevedad, una reflexión y reinterpretación de gestos, figuras y sonoridades ligadas a la historia del piano.

En un estrado más amplio para cobijar todo el orgánico dispuesto para la ocasión, se abría esta matinal de domingo con Stravinsky y sus Three songs of William Shakespeare para mezzo, flauta, clarinete y viola, donde la cantante alemana Annette Schönmüller se presentó con una alergia al polen de esta tierra (también al asturiano) que no sólo mermó esta primera obra sino que finalmente y con un tremendo disgusto, hubo de cancelar la última obra que además era el eje de todo el programa. Una pena comprobar el estado anímico de la mezzo que con tanta ilusión había preparado sus dos intervenciones, estando dispuesta incluso a cantar en esas condiciones, pero tras el aviso de Paolo Pinamonti el público entendió y respetó una decisión que nunca se quiere tomar. Le deseo desde aquí la pronta recuperación de una espléndida cantante que desconsolada no pudo mostrar sus cualidades.

Abren el programa las Tres canciones de William Shakespeare de Stravinsky, pertenecientes a su etapa serial, donde un halo de sobriedad se impone con respecto al colorismo encendido y a la ferocidad rítmica de su período ruso, o a la ironía cortante y juguetona de su fase neoclásica. Apoyada en una tímbrica exquisita y cristalina (flauta, clarinete y viola) claramente influida por Anton Webern, la poesía de Shakespeare se envuelve en un halo intemporal al mismo tiempo que la música plasma con inmediata evidencia la imagen del sonido de las campanas (en Full fadom five) y la del canto del cuco (en When dasies pied).

La participación de los solistas de flauta, clarinete y viola (de la OCG) bien llevados por De Paz en este Stravinsky, nos mostraron una calidad de sonido y empaste que volveríamos a disfrutar en el resto del programa.

También discípulo de Juan-Alfonso García fue Francisco Guerrero, aquí representado por una obra en ciertos aspectos atípica dentro de su catálogo, el Concierto de cámara. Si el lenguaje guerreriano suele caracterizarse por una densa y compacta polifonía, la necesidad de amoldarse a una plantilla más heterogénea impulsa en este caso el desempeño solista de la flauta, que actúa en la primera parte como instrumento concertante y tiene a su cargo una extensa candencia. El resultado es una de las páginas más brillantes y luminosas del compositor.

Esta 74ª edición del festival nos ha sacado a la luz una generación de músicos granadinos en torno a Juan-Alfonso que pese a unos estilos heterogéneos, el paso de los años no debería seguir denominándoseles «vanguardias» porque su música debería ser la actual y programarse para ir educando al público en otras sonoridades. Este Concierto de cámara del jienense Guerrero con flauta, clarinete bajo y cuarteto de cuerda no solo debería programarse más a menudo, es que el juego tímbrico resulta cercano pese a los 28 años transcurridos desde su estreno. Virtuoso y casi protagonista Manuel Alejandro Recena y un empaste con el clarinete bajo de Israel Matesanz más el cuarteto de cuerda cómplice de sus compañeros, sacaron con la dirección de Nacho de Paz una interpretación seria, profunda y luminosa en una mañana dominical calurosa.

Comentaba anteriormente la alternancia entre las obras camerísticas con la pianista catalana, y llegaba el otro homenaje a Ravel:

Las efemérides de tres compositores (Ravel, Boulez, Berio), junto con el homenaje a la escuela granadina de composición, conforman en buena medida el variado mosaico sonoro de este programa. Los 150 años del nacimiento de Maurice Ravel justifican la presencia de su díptico Introduction et Allegro, una página de carácter demostrativo –surgió como encargo de la casa Erard para poner de relieve las posibilidades del arpa cromática– donde el autor cumple a rajatabla el objetivo sin renunciar a las cualidades intrínsecas de su música: finísima sensibilidad tímbrica, elegancia en el tratamiento armónico y claridad en el trazado formal.

Escuchar a Ravel es delicioso porque en toda su amplia producción el color y estilo ya son propios y sus instrumentaciones originales que el tiempo sigue teniendo de referente. En esta Introduction et allegro  (1905) sería protagonista el arpa solista de Daniela Iolkicheva, el sonido mágico y angelical, etéreo y la mejor publicidad para la marca que la encargó, como bien explica Russomano, juegos tímbricos de armónicos, efectos de glissandi, arpegios (palabra derivada precisamente del propio instrumento) y un verdadero catálogo de musicalidad francesa con el ropaje de flauta, clarinete y el cuarteto de cuerda, con De Paz controlando los balances y dejando fluir esta pequeña joya del vasco-español.

El presente programa homenajea al compositor granadino José García Román con el estreno de Camino blanco y sin término, que tiene como punto de partida melodías y armonías encriptadas extraídas de la pieza para órgano In Memoriam de su maestro Juan-Alfonso García. Inspirado en versos de León Felipe, este tríptico encierra, en palabras del autor, la aspiración a una «blancura infinita»: un camino blanco y sin término «acompañado de la música de una fluida acequia. Y la brisa. Sí, la brisa».

El estreno de García Román fue lo mejor de la velada, obra, como me comentaba el propio compositor al final del concierto, autodedicada, con «su» León Felipe y que baja toda la verticalidad de Juan-Alfonso a una horizontalidad con su firma para un ensamble que serviría también para el finalmente cancelado Berio. Si los solistas de la OCG ya demostraron un excelente empaque sonoro, añadir a dos percusionistas con un amplísimo «set» convirtió este Camino blanco infinito  en un derroche instrumental con flauta (y flautín) más clarinete (y clarinete bajo) , sincronía y ajuste de Nacho de Paz, defensor de esta partitura de la que estaré al tanto cuando salga a las ondas de Radio Clásica, que grabó para su posterior emisión, y supongo editarán los muchos espacios entre cada obra, por lo que suponía de recolocar a los intérpretes, aunque temo que las toses servirán de «fiel testigo» de un directo vivido y disfrutado en primera persona, rodeado de unas páginas musicales de nuestro tiempo que se deben promocionar, porque no solo de «los clásicos» viven los aficionados y el menú debe incorporar nuevos sabores, educar el paladar con estas experiencias muy necesarias en estos tiempos.

INTÉRPRETES:

Nacho de Paz (director) – Lluïsa Espigolé (piano) –  Annette Schönmüller (mezzo) – Manuel Alejandro Recena (flauta) – Israel Matesanz (clarinete) – Daniela Iolkicheva (arpa) – Noelia Arco y Jaume Esteve (percusiones) – Peter Biely y Birgit Kolar (violines) – Hanna Nisonen (viola) – Arnaud Dupont (violonchelo)

PROGRAMA:

Igor Stravinsky (1882-1971)

Three songs of William Shakespeare (mezzosoprano, flauta, clarinete y viola, 1953)

Musick to heare

Full fadom five

When dasies pied

Luciano Berio (1925-2003)

De Six encores (piano):

I. Brin (1991)

II. Leaf (1990)

III. Wasserklavier (1965)

Francisco Guerrero Marín (1951-1997)

Concierto de cámara (flauta, clarinete bajo y cuarteto de cuerda, 1977)

Pierre Boulez (1925-2016)

De Douze notations (piano, 1945)

I. Fantasque – Modéré

II. Très vif

III. Assez lent

IV. Rythmique

V. Doux et improvisé

VI. Rapide

Maurice Ravel (1875-1937)

Introduction et allegro (arpa solista, flauta, clarinete y cuarteto de cuerda, 1905)

Luciano Berio:

De Six encores:

IV. Erdenklavier (1969)

V. Luftklavier (1985)

VI. Feuerklavier (1989)

José García Román (1945):

Camino blanco y sin término * (flauta, clarinete, dos percusionistas y cuarteto de cuerda, 2025)

I. Desnudo y vacío el corazón

II. Nieve altanera

III. El bordón solo

Pierre Boulez:

De Douze notations:

VII. Hiératique

VIII. Modéré jusqu’à très vif

IX. Lointain – Calme

X. Mécanique et très sec

XI. Scintillant

XII. Lent – Puissant et âpre

Luciano Berio (1925-2003):

Folk Songs (mezzosoprano, flauta, clarinete, dos percusionistas, arpa, viola y violonchelo, 1964)

* Estreno absoluto

En el 150 aniversario del nacimiento de Maurice Ravel y el centenario del nacimiento de Pierre Boulez y Luciano Berio

Pájaros nocturnos

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 19). Recitales.

Lunes 7 de julio, 22:00 horas. Patio de los Arrayanes. Pierre-Laurent Aimard, piano. Olivier Messiaen: Catálogo de aves (Catalogue d’Oiseaux). Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Como bien presentaba la web, este día de San Fermín sería El día de los pájaros:

Pierre-Laurent Aimard (Lyon, 1957) es, entre las grandes estrellas del piano, uno de los artistas que en el último medio siglo más atención ha prestado a los repertorios contemporáneos, comprometiéndose a menudo con proyectos especiales. Este lo es: un viaje único a través del Catalogue d’Oiseaux de Olivier Messiaen, obra monumental inspirada en los cantos de las aves que el genial compositor francés escribió entre 1956 y 1958 y dedicó a la pianista Yvonne Loriod, que sería desde 1961 su segunda esposa y que fue profesora de Aimard en el Conservatorio de París. En un formato excepcional, el pianista lionés interpretará las trece piezas de este ciclo en cuatro recitales, repartidos de la mañana a la noche por otros tantos lugares emblemáticos de la colina de la Ahambra. Y como colofón, antes del último recital en el Patio de los Arrayanes, el conocido naturalista madrileño Joaquín Araújo ofrecerá una conferencia sobre las aves y las sonatas del bosque.

Al pianista lionés tuve el placer de escucharlo hace diez años en Oviedo con un monográfico dedicado a Bach nada menos que con ¡el primer cuaderno al completo! de El clave bien temperado, por lo que al ver programado este monográfico ornitológico de Messiaen (Aviñón, 1908 – Clichy, 1992) que ya grabase en 2018, y recordando que además fue su maestro, en cierto modo no me sorprendió del todo (la duración total ronda las dos horas y tres cuartos), si bien la novedad radicaba en hacerlo durante cuatro sesiones el mismo día con cuatro escenarios distintos de la Alhambra, siendo el último precedido de una conferencia del naturalista y escritor Joaquín Araújo (sus intervenciones radiofónicas además de su archivo sonoro, como el de Messiaen, ha sido único) en el Palacio de Carlos V. Por cuestiones de aforo y horarios, tan solo pude asistir al de la noche en el Patio de los Arrayanes, que siempre es especial  y mi preferido de los recintos históricos del festival granadino. En todo Catalogue el compositor llega a emplear las vocalizaciones de 77 aves, organizando esta monumental obra en 13 cuadernos o cahiers, repartidos, a su vez, en 7 libros, más quiero añadir otra curiosidad: «la clasificación de los trece cuadernos en cada uno de estos siete libros proyecta un planteamiento bastante original, pues conforma un patrón numérico en forma de palíndromo (3-1-2-1-2-1-3). Tanto los números 1, 2 y 3, como el total de cuadernos (13) y el número de libros (7) son números primos», tal y como explica Gregorio Benítez en la web de la revista Melómano.

Como estoy rodeado de excelentes críticos, a algunos les leeré cuando publiquen para hacerme una idea de cómo fueron estos «Pájaros monumentales» aunque también en la tertulia posterior comentamos un mínimo avance del resultado y de este último compartido, con las fotos de ©Fermín Rodríguez que son las ilustraciones perfectas de los conciertos de este lunes.

Toda una experiencia como la vivida por Luis Gago que explica y relata en sus extensas notas al programa:

Y ¿hasta qué punto plasmó Messiaen con precisión los cantos de pájaros que llevó luego a los pentagramas? Él mismo aventuró una respuesta en 1959: «Todo es preciso: las melodías y ritmos del solista, los de sus vecinos, el contrapunto entre los dos, las respuestas, conjuntos y momentos de silencio, así como la correspondencia entre la canción y el momento del día. Los pájaros por sí solos son grandes artistas. ¡Son ellos quienes son los verdaderos compositores de estas piezas! Si en ocasiones decae la calidad musical, ello se debe a que el compositor, afuera en el campo, ha salido torpemente de su escondite o ha provocado un ruido perturbador al moverse con sus pies sobre la gravilla, al pasar una página o al tronchar una rama seca».

Quienes me conocen saben que soy noctámbulo por naturaleza, y poder escuchar la elección de Pierre-Laurent Aimard () para cerrar este «maratón Messiaen» parecía relatar mi propia historia con dos números del Livre 3, el V. La Chouette Hulotte (El cárabo. Strix aluco) y el VI. L’Alouette Lulu (La alondra totoví. Lullula arborea), y finalmente el VII. La Rousserolle effarvate (El carricero común. Acrocephalus scirpaceus) del del Livre 4.

Escuchar El cárabo me llevó a la pareja que anidaron muchos años en el bajo-cubierta de mi casa en Siana, el planeo desde el castaño al atardecer y los ruidos que escuchaba en el techo de la habitación hasta poder asomarme y verles sobre el calderín, hasta el día en que se colaron por la chimenea y mi primo David los devolvió a su guarida tras camuflarse debajo de las lámparas del salón y del despacho. Así sentí este número quinto que describe el lado más aterrador de la noche a través del curioso empleo de procedimientos seriales destinados a evocar la oscuridad, el miedo y la tenebrosa soledad de un bosque habitado por los aullidos de estas rapaces nocturnas como «mi» cárabo, el búho chico o el mochuelo.

Si la partitura de Messiaen es increíble, la interpretación de Aimard recrea por línea directa todo el lenguaje de su compatriota: el piano creando atmósferas que el estanque de los Arrayanes decoraba cual «video mapping» en el Palacio de Comares, manejo de todos los matices cuidados cual acuarelas para reflejar en el instante cada color, un piano cristalino como el agua y evocador de vuelos, noches de incertidumbre y la elegancia del planeo del cárabo.

La alondra totoví revoloteó, se posó, el piano trinaba en una sonoridad aguda controlada con una técnica y expresión únicas, el ritmo libre de un vuelo cantaba mientras los graves resonaban poderosos para «observar» con el oído una vegetación mecida por una breve brisa que solo Aimard puede plasmar con la hondura, conocimiento y expresividad escrita por Messiaen, y dos aviones sobrevolando como alondras tecnológicas de un tiempo eterno. Si el canto de esta alondra está constituido por una estrofa larga, que comienza de manera relativamente lenta, pero avanza con rapidez, acelerándose y haciéndose progresivamente más grave, el piano recreó lo capturado en la partitura por el «ornitólogo».

Y llegaba el enorme nocturno final con el carricero común, una estampa sonora de este pájaro hermoso, de tonos pardos uniformes y canto agradable, que busca las principales zonas húmedas del litoral y de los valles fluviales de la Península Ibérica y Baleares, ocupando formaciones de vegetación palustre, «visibilizándolos» en la música de Messiaen y su mejor intérprete, casi transmutación del carricero, un migrador transahariano que visita nuestro país y esta noche comía los insectos que el piano «capturaba». Casi treinta minutos donde degustar un piano colorido, rotundo, descriptivo, capaz de silenciar la noche con un aleteo en el agudo que nos hacía buscar en el cielo granadino si era un pájaro o la música quien protagonizaba esta noche nazarí.

Pierre-Laurent Aimard el mejor naturalista al piano, concentrado, entregado, mago del sonido, impecable ejecución y un intérprete que traduce al compositor como nadie en la actualidad.

Otro de los conciertos para recordar de esta 74ª edición que ya entra en su última semana, e iré contando puntualmente desde aquí.

PROGRAMA COMPLETO:

10:00: Fundación Rodríguez-Acosta

Pierre-Laurent Aimard, piano (1)

Olivier Messiaen (1908-1992)
Catalogue d’Oiseaux (Catálogo de aves. 1956-1958)

IV. Le Traquet stapazin

IX. Le Bourcarle

XII. Le Traquet rieur

12:30: Iglesia de Santa María de la Alhambra

Pierre-Laurent Aimard, piano (2)

Olivier Messiaen
Catalogue d’Oiseaux

XI. La Buse variable

VIII. L’Alouette Calandrelle

II. Le Loriot

III. Le Merle bleu

19:00: Parador de Granada

Pierre-Laurent Aimard, piano (3)

Olivier Messiaen
Catalogue d’Oiseaux

I. Le Chocard des Alpes

X. Le Merle de roche

XIII. Le Courlis cendré

20:30: Palacio de Carlos V

Encuentro con Joaquín Araújo (naturalista y escritor)

22:00: Patio de los Arrayanes

Pierre-Laurent Aimard, piano (y 4)

Olivier Messiaen
Catalogue d’Oiseaux

V. La Chouette Hulotte

VI. L’Alouette Lulu

VII. La Rousserolle Effarvate

Granada en el alma

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 10 a). Conciertos matinales.

Sábado 28 de junio, 12:30 horas. Crucero del Hospital Real. Pilar Alva-Martín (soprano), Stefano Arena (piano). Obras de Juan-Alfonso, Falla y Turina. Ciclo Juan-Alfonso y la Nueva Música en Granada. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Llego a mi décimo día de festival y como cada fin de semana con sesión doble, que además sigue descubriéndome mucho de Juan-Alfonso García más allá de su obra coral y lo poco sinfónico escuchado hasta estos días.

La web del Festival nos presentaba este recital matinal que unía en Granada mucha música con un programa muy bien hilvanado en letra, música y una evolución de estilos compositivos con el nexo andaluz de las tres figuras elegidas para este recital:

Poesía y música desde Andalucía
Dentro del ciclo dedicado a la Nueva Música en Granada, este recital comienza con una serie de canciones de su inspirador, Juan-Alfonso García, el maestro extremeño que llegó de niño a Granada, donde se hizo como músico. Sus canciones, incluido un estreno absoluto, no han podido caer en mejor garganta, la de Pilar Alva-Martín, que es su sobrina-nieta. La soprano granadina lleva años trabajando en este repertorio con el pianista Stefano Arena, y aquí coloca a García junto a dos grandes de la música española de principios del siglo XX: primero, el Falla folclorista de Tus ojillos negros y la Andaluza (para piano solo), pero también el afrancesado de las Tres melodías y el muy emotivo de las Oración de las madres y El pan de Ronda; después, el Turina del a la vez dramático y jondo Poema en forma de canciones, ciclo a partir de textos de Ramón de Campoamor.

Las notas al programa que firma el doctor Reynaldo Fernández Manzano (Granada, 19 de enero de 1959) con el título de Caleidoscopio de sonidos las iré alternando con el perfil del homenajeado y el análisis de las obras, aunque no siempre en ese orden.

Contar con la soprano granadina Pilar Alva-Martín, sobrina-nieta del compositor añadía ese plus de beber directamente de las fuentes (dejo su entrevista para PlateaMagazine©), y además con un pianista excepcional como el venezolano-italiano Stefano Arena, también compositor, que mostró su exquisitez tanto en solitario como en los lieder donde no es acompañar sino compartir con cada cantante una música tan unida a la palabra que resulta lírica en estado puro. Fernández Manzano nos la presenta al final de sus notas:

La soprano Pilar Alva-Martín, sobrina nieta de Juan-Alfonso y estudiosa de su obra, junto al pianista y compositor Stefano Arena, están comprometidos con la difusión internacional de este legado. Su profundo conocimiento de los lieder de Juan Alfonso –tema de su trabajo fin de grado en el Conservatorio Superior de Música de Granada– aporta una interpretación llena de sensibilidad.

Un programa sólidamente estructurado, un caleidoscopio de sonidos que traza un sendero de pinceladas por la música andaluza del siglo XX.

Del compositor pacense emigrado a Granada, el humanista Fernández Manzano le presenta, escribe y describe:

Este año el Festival dedica un apartado especial a la Nueva Música en Granada, centrado en la figura de Juan-Alfonso García, con actividades que incluyen una exposición monográfica en el Museo Casa de los Tiros, conferencias y conciertos.

Juan-Alfonso García (Los Santos de Maimona, 4 de agosto de 1935 – Granada, 17 de mayo de 2015) fue un destacado compositor y organista, considerado maestro y alma de la llamada Escuela granadina de compositores. Llegó a Granada a los once años y se ordenó sacerdote en 1958. Para él la música era espiritualidad, conciencia estética y destilación del pensamiento sonoro.

Impulsor incansable de la vida cultural granadina, su labor se extendió desde la Cátedra Manuel de Falla de la Universidad de Granada hasta el Festival Internacional de Música y Danza –del que fue comisario–, pasando por la Real Academia de Bellas Artes. Entre sus discípulos más notables figuran nombres como Francisco Guerrero Marín, José García Román, Manuel Hidalgo y José María Sánchez-Verdú.

Juan-Alfonso García valoró la profunda influencia de su maestro, Valentín RuizAznar, de quien heredó la pasión por el lied como «expresión íntima y refinada del arte musical». Ruiz-Aznar fue, a su vez –gracias a su amistad con Falla–, el vínculo y puente hacia Juan-Alfonso, quien siempre lo tuvo como referente estético.

En 1992, publicó Ocho “lieder” para canto y piano, donde dejó constancia de su conexión con la poesía: «El poema es quien elige y manda. Vas leyendo… Y, de pronto, un poema te llama, te sale al encuentro, te descubre sus más íntimas resonancias». Entre los poetas a los que musicalizó destacan Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Luis Rosales, Gerardo Rosales, Juan Gutiérrez Padial y Rafael Guillén.

Obtuvo numerosos galardones, como el Premio Manuel de Falla de la Junta de Andalucía, la Medalla de Oro de Granada, el Premio Aldaba de la Casa de los Tiros, la Medalla de Honor del Instituto de Academias de Andalucía y la Medalla de Honor del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, entre otros.

Tras las revoluciones musicales del siglo XX –Stravinsky, Schoenberg y el movimiento futurista–, algunos autores siguieron la senda de las vanguardias, mientras otros buscaron su propio camino. Así, el intimismo y la mirada al Siglo de Oro en la segunda etapa de Falla, la paleta colorista de Turina, el misticismo de Messiaen, el eclecticismo de Shostakóvich, el magisterio de Manuel Castillo en Sevilla o de Juan-Alfonso García en Granada. Juan-Alfonso, músico de gran cualidad melódica, buscó una mirada contemporánea y un espíritu de esencialidad, donde cada nota y cada acorde fueron meditados con rigor estético.

La exposición en el Museo-Casa de los Tiros, comisionada por el propio Fernández Manzano y las sobrinas del compositor, la visité el pasado miércoles y volveré para volver a disfrutar de tanto en ella recogido como de un documental de 90′ que no me dio tiempo a visualizar completo ante tanto que contemplar y escuchar. El recital comenzaba con los ocho lieder escritos entre 1966 y 1977 tan actuales pese a los casi 60 años transcurridos desde su composición. Juan-Alfonso decía que «El poema es quien elige y manda. Vas leyendo… Y, de pronto, un poema te llama, te sale al encuentro, te descubre sus más íntimas resonancias». De estilo por entonces calificado de «vanguardista», aborda la musicalización de cada poema con un conocimiento perfecto de la voz solista que debe vocalizar correctamente para no perder nada del texto, sumándole un piano exigente que comparte disonancias y efectos, guiños al expresionismo con la herencia romántica de la poesía hecha música. Fueron la verdadera dramatización de unos escritores hondos en los textos que inspiraron al maestro Díaz.

El tándem Pilar Alva-Martín y Stefano Arena se notó  muy compenetrado, un dúo especializado
en música vocal del siglo XX, con un enfoque particular en el repertorio español como así lo demostraron esta mañana de sábado, con un trabajo de años en Suiza -donde pudieron disfrutar antes que en Granada de este ciclo de Juan-Alfonso– que se notó en todo el programa. La soprano granadina es una verdadera artista que expresó y actuó en cada «microrrelato»: gestualidad completa, vocal y escénica, con un atrezzo sencillo de una silla, un colorido mantón y la mantilla negra (en el machadiano Cuando murió su amada) utilizados puntualmente, cantando dentro de la caja acústica del piano totalmente abierta para unas resonancias increíbles, e incluso deambulando por el pasillo central del crucero en el (re)estreno de Gritando su dolor verdaderamente emocionante (con la partitura en pequeño interactuando cual breviario), o el clavel rojo, como su vestido (que lanzaría tras la Séguidille de Falla) con el piano cómplice llenando de pinceladas sonoras las distintas melodías. Escuchar estas canciones, más el estreno granadino ha sido una experiencia única y el mejor homenaje que se puede hacer diez años después de su muerte a un músico que hizo vida, carrera y escuela en esta Granada tan inspiradora para tantos artistas.

El programa incluye obras poco conocidas, como las de Falla sobre textos de Cristóbal de Castro, María Lejárraga, el folclore andaluz y Théophile Gautier, así como las de Turina (op. 19), inspiradas en Ramón de Campoamor.

Interesante colocar el segundo movimiento de Tres movimientos de danza con el piano solo (Quasi allegro – Andantino – Poco più mosso) creando el puente sin pausa de Juan-Alfonso a Falla (Tus ojillos negros), la misma capital nazarí inspiradora del extremeño y el pacense con otra soberbia interpretación de Pilar Alva-Martín y el piano cristalino de Stefano Arena, quien nuevamente prepararía al piano con la Andaluza –de «Cuatro piezas españolas»– las dos bellísimas canciones de María Lejárraga, otra figura femenina que se está recuperando más allá de su «asociación» con Gregorio Martínez Sierra, defendidas y actuadas con magisterio, entrega, gusto y musicalidad a pares.

Continuaron con el Falla  poco escuchado de sus Trois mélodies en francés con letra de T. Gautier, pronunciación perfecta y sin nasalizar, palomas, chinescas y seguidillas hasta bailadas, clavel incluido, con nuestro folklore andaluz elevado a canción de concierto por el músico gaditano más universal que llevó Granada en su corazón.

Y nada mejor para rematar que el sevillano Joaquín Turina afincado en Madrid, con su Poema en forma de canciones, op. 19 (1923) con texto del asturiano Ramón de Campoamor. No se puede interpretar mejor cada número, desde el piano solo de la Dedicatoria que tiene aires de orgía, para invitar al escenario con la nota pedal de Nunca olvida, unos Cantares que firmaría mis admirados Kraus, Berganza y hasta la recordada Lorengar, sin prisas, recreándose en  el tempo y los ornamentos con un piano compañero, sombra de su pensamiento, guitarrístico, valiente y reposado. Sin miedos la penúltima y unas espectaculares Las locas por amor para finalizar un recital intenso, cercano, emocionante y muy emotivo.

Pilar Alva-Martín (interesante la entrevista de Belén Rico para el diario GranadaHoy) agradecería emocionada el apoyo de Paolo Pinamonti en este homenaje durante la septuagésimo cuarta edición del Festival, y qué mejor propina que la Nana de las «Siete canciones españolas» de Valentín Ruiz-Aznar (1902-1972), editadas en 1944 por la Universidad de Granada, otra obra poco conocida y menos escuchada de un aragonés que también fue maestro de capilla en Granada, admirador, amigo y colaborador de Falla además de maestro de Juan-Alfonso García, más la Jota con taconeo y palmas del público cerrando un círculo histórico como este recital matinal.

PROGRAMA

Juan-Alfonso García (1935-2015):

Ocho “lieder” para canto y piano:

1. Cuando murió su amada (1975. Texto: Antonio Machado)

2. Fuego y sentimiento (1969. Texto: Juan Ramón Jiménez)

3. Paisaje (1969. Texto: Federico García Lorca)

4. Aprendiendo a ser hombre (1977. Texto: Luis Rosales)

5. Río anónimo (1966. Texto: Juan Gutiérrez Padial)

6. Un hombre (1969. Texto: Gerardo Rosales)

7. Elegía a Europa (1969. Texto: Gerardo Rosales)

8. La voz de lo invisible (1976. Texto: Rafael Guillén)

Segundo movimiento de Tres movimientos de danza (1962. Piano solo):

Quasi allegro – Andantino – Poco più mosso

Manuel de Falla (1876-1946):

Tus ojillos negros, canción andaluza, de «Canciones de juventud» (1902-03. Texto: Cristóbal de Castro)

Juan-Alfonso García:

Gritando su dolor (1977. Texto: Juan Gutiérrez Padial y Gerardo Rosales) *

Manuel de Falla:

Andaluza, de Cuatro piezas españolas (1906-09. Piano solo)

Canciones de María Lejárraga (Texto: Gregorio Martínez Sierra):

Oración de las madres que tienen a sus hijos en brazos (1914)

El pan de Ronda que sabe a verdad (1915)

Trois mélodies (1909-10. Texto: Théophile Gautier):

Les Colombes

Chinoiserie

Séguidille

Joaquín Turina (1882-1949):

Poema en forma de canciones, op. 19 (1923. Texto: Ramón de Campoamor)

Dedicatoria (piano solo)

Nunca olvida

Cantares

Los dos miedos

Las locas por amor

* (Re)estreno, -solo se interpretó una vez, en Granada (1998)-

De todo lo visible e invisible

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 5). Música de cámara – Recitales.Lunes 23 de junio, 22:00 horas. Patio de los Arrayanes. Alexandre Tharaud (piano). Obras de Bach, Ravel y Dukas. Concierto homenaje a José Luis Kastiyo (1935-2024), periodista, cronista y querido amigo del Festival de Granada. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Mi quinta noche de Festival en la mágica de san Juan donde todo resultó cautivador y hechizante no solo por lo que se suele decir del «marco incomparable», que evidentemente el Patio de Comares lo es (y que «no me toquen los arrayanes» porque no entiendo la manía que tienen los visitantes en palpar unos setos únicos por lo bien podados). Llegaba el pianista francés Alexandre Tharaud con un programa un tanto curioso  por las obras elegidas pero con cierto hilo conductor en torno a la brujería por no seguir llamándole magia en este palacio nazarí de acústica increíble. La web del Festival lo presentaba así:

«La elegancia hecha pianista
Alexandre Tharaud es uno de esos pianistas que han hecho de la finura y la elegancia una forma de estar en el escenario, una manera de acercarse al hecho musical. En repertorios que exigen tanta sensibilidad en el control de la pulsación como el de los barrocos franceses, auténtica especialidad, Tharaud se crece, y por eso su Bach es esperado con expectación. Además, el que presenta en el Festival es un Bach hecho mayormente de transcripciones propias de música vocal. La experiencia se completará con un acercamiento a otro de sus terrenos preferidos, el de la música francesa del siglo XX: Ravel, de aniversario, estará presente con una de sus obras impresionistas más reconocidas, Miroirs, una suite de cinco piezas para piano que estrenó su amigo pianista Ricardo Viñes en 1906; Dukas, con ese cuento fantástico que es El aprendiz de brujo, transcrito también por el propio intérprete».

De las notas que nos dejó mi admirado Rafael Ortega Basagoiti en el programa de mano tituladas «Originales y transcripciones» iré citándolas e intercalándolas para intentar poner palabras a la noche más corta del año, con una primera parte donde volver a creer en dios Bach por todo lo visible e invisible desde un piano no solo elegante sino inmenso de dinámicas y colores, pues la primera parte comenzaría con un viento de Levante que arreciaba aunque se agradecía. Tharaud nos dejaba su apostolado bachiano con transcripciones propias verdaderamente muy logradas, porque su pulsación más un manejo del pedal muy contenido pero efectivo, es capaz de conseguir unas sonoridades delicadas y variadas donde percibir todo.

«El recital que propone Alexandre Tharaud contiene una curiosa y fascinante combinación de páginas ideadas originalmente para el teclado y transcripciones del propio Tharaud que en más de una ocasión rebasan el concepto de mera adaptación al teclado para adentrarse en un terreno que, especialmente en las páginas provenientes de oratorios, se acerca a la paráfrasis o la fantasía. La transcripción ha sido algo practicado continuamente en la historia de la música, muchas veces para familiarizarse y conocer mejor las obras de otros, como lo hacía el propio Bach con Marcello, Telemann o Vivaldi. Otras, para permitir la ejecución de una música determinada en otros instrumentos, algo también practicado por Bach».

El coro inicial de la Pasión según San Juan desgranó en el piano toda la riqueza melódica del kantor de Santo Tomás en la noche del evangelista con un atardecer amenazante que parecía trasladarnos al Gólgota, escuchando mentalmente esta súplica: «Señor, soberano nuestro… muéstranos con tu pasión, que Tú, verdadero hijo de Dios, en todas las ocasiones, y aún en la mayor humillación has sido glorificado». Sobrecogedor inicio de recital ad maiorem Bach gloriam y con la última nota resonando en el Patio de los Arrayanes, llegaba el milagro de convertir el viento en leve brisa antes de la conocida «Sicilienne» de la Sonata en mi bemol mayor para flauta, increíble poder escuchar todo lo escrito por «Mein Gott» transcrito al piano.

«Tharaud nos propone un recorrido variado, que incluye arreglos propios de algunas páginas familiares en otras transcripciones (la bella Siciliana de la Sonata para flauta y clave BWV 1031, por ejemplo, es bien conocida en el arreglo de Wilhelm Kempff), y añade algunas otras que raramente se escuchan en un instrumento de teclado, como el coro Herr, unser Herrscher, que abre la Pasión según san Juan, o la asombrosa, bellísima, que hace del aria de soprano Aus Liebe will mein Heiland sterben de ese mismo oratorio».

Alexander Tharaud sin apenas respiro atacaría cual rezo sin palabras, el aria de soprano «Por amor, por amor va a morir mi Salvador» de la Pasión según San Mateo, que se ha transcrito incluso para dos pianos y que el francés logró el tercer milagro sonoro donde escuchar la sentida voz femenina con solo el orgánico de un piano que aún no estaba inventado y que el tiempo lograría transmitir un legado universal.

«La Suite BWV 996, compuesta probablemente hacia 1715, estaba presumiblemente destinada al laúd, aunque no se descarta que estuviera pensada para ese singular instrumento, hoy olvidado, el clave-laúd o lautenwerk. Aunque sigue el modelo habitual francés de la suite en seis movimientos, Tharaud omite la Courante y cambia el orden de los movimientos, situando la Bourrée antes que la Sarabande. La Suite BWV 818a, originalmente escrita para instrumento de teclado, es una obra relativamente temprana (la primera fuente disponible es de 1722, pero la de la versión que escucharemos hoy es de c. 1740) y Schulenberg la sitúa entre las Suites inglesas y francesas. La segunda versión (818a) de esta suite que escucharemos, añade un Preludio y sustituye la Double de la Sarabande por un Menuet».

Enlazado sin pausa vendrían los seis movimientos de esta Suite desplegando una riqueza esplendorosa de matices, tiempos, ornamentos diferenciados, apoyaturas y trinos, ataques casi de clavecín con la grandiosidad del piano de cola, una Bourrée deudora del mejor Rameau en la transcripción y ejecución de su compatriota,  y una (re)interpretación de estas danzas que finalizan con la Gigue virtuosa tan cristalina como el agua de la alberca, reflejos proyectados por propia magia de la madre naturaleza según íbamos escuchándola.

Tras una mínima parada técnica para estirar las piernas, una segunda parte tan francesa e igualmente inspirada e inspieadora de dos de «Los apaches» en el 150 aniversario del nacimiento de un virtuoso pianista español defensor de nuestra música en la France capital de la modernidad, pero también de sus moradores, estrenando la siguiente obra de la noche, para lo que podría hablar de una transmutación en Alexandre Viñes y después Maurice Tharaud, un intérprete personal que mantendría el hechizo sonoro desde las 88 teclas iluminadas por el espejo acuático del Patio de los Arrayanes.

«Muchas de las obras de Ravel se han hecho populares en su paso del piano a la orquesta en lugar de hacerlo en el original pianístico. No es el caso de Miroirs, escrita en 1904 y sin duda una de sus mejores y más célebres partituras pianísticas. Estamos ante un conjunto de cinco piezas dedicadas a distintos miembros del colectivo artístico denominado «Los apaches», del que Ravel y Viñes formaban parte. Música que se mueve entre la ensoñación y la evocación, sugerente en la atmósfera agitada, pero delicadamente crepuscular de Noctuelles. Más tranquila la melancólica, no exenta de algún eco amargo, Oiseaux tristes, dedicada al mencionado Viñes, que además estrenó la obra. Seductora y evocadora Une barque sur l’océan, la página más larga de la serie, en la que la traducción sonora de las olas no puede ser más hermosa. El carácter español luce en la brillante y muy exigente (la más difícil de las cinco) Alborada del gracioso, la pieza quizá más sinfónica, que más tarde sería orquestada brillantemente por el propio Ravel. Hipnótica, en fin, la recreación tímbrica de las campanas parisinas en La vallée des cloches».

Cinco pinturas coloridas donde los propios títulos eran ensoñaciones: un nocturno verídico seguido de unos pájaros tristes que al volar acallaron los que suelen anidar cerca, un barco que surcaba el Cantábrico de Ciboure y San Juan de Luz, la algarabía sinfónica en el piano antes del toque de campanas que anunciaban poco a poco el final de esta oración francesa con el reverendo Tharaud.

Y si hubo magia toda la noche de san Juan, El mago Tharaud convirtió y transformó toda la paleta orquestal a un piano arrebatador, embrujado no por el aprendiz sino por este Merlín francés, brujería sonora para creer escuchar hasta un contrafagot al pie del palacio.

«El aprendiz de brujo es, sin lugar a duda, la obra más conocida de Paul Dukas. Lo es con buen motivo, porque es página de gran colorido y capacidad evocadora. Concebida originalmente en 1897 como poema sinfónico sobre una balada de Goethe (Der Zauberlehrling), es un ejemplo muy claro de música programática, un scherzo con cuatro motivos con los que Dukas (y luego Disney en Fantasía), cuenta la historia de un aprendiz que, sin permiso, hechiza una escoba para que le ayude a cargar agua. El propio Dukas arregló poco después la partitura para dúo de pianistas, y posteriormente Lucien Garban, Victor Staub y ahora, Alexandre Tharaud, han realizado sus propios arreglos para piano solo».

Si Walt Disney hizo de Micky Mouse un torpe aprendiz, Tharaud convirtió en pura fantasía esta transcripción, que como bien escribía el doctor Ortega, «rebasan el concepto de mera adaptación al teclado para adentrarse en un terreno que (…) se acerca a la paráfrasis o la fantasía».

Nadie esperaría que tras Bach, Ravel y Dukas sonasen canciones de Edith Piaf, pero Tharaud es ecléctico, libre, pianista sin etiquetas amante de la música de su país y capaz de homenajear no solo a Ravel y Viñes, también a «La Môme Piaf», con dos maravillas que quien no conociese el original bien podrían parecer debussyanas por los arreglos, pero igualmente jazzísticas desde la capital de un género que es tan clásico para mi generación enemiga de clasificaciones, y como para Tharaud otro «omnívoro musical». Primero el Hymne à l’amour emotivo, introspectivo y elegante frente al explosivo y alegre Padam, padam, un piano francés que canta y hace cantar sin palabras en la mágica noche de san Juan.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Coro «Herr, unser Herrscher», de la Pasión según san Juan, BWV 245 (1724) *

Sicilienne, de la Sonata en mi bemol mayor para flauta, BWV 1031 (1730-34) *

Suite en la menor, BWV 818a (c. 1740):

Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Menuet – Gigue

Aria «Aus Liebe will mein Heiland sterben», de la Pasión según San Mateo *

Suite en mi menor para laúd, BWV 996 (1708-17): *

Prélude – Allemande – Bourrée – Sarabande – Gigue

Maurice Ravel (1875-1937)
Miroirs (1904-05): **

Noctuelles – Oiseaux tristes – Une barque sur l’océan – Alborada del gracioso – La vallée des cloches

Paul Dukas (1865-1935):
L’apprenti sorcier (1897) *

* Transcripciones de Alexandre Tharaud
** En el 150 aniversario del nacimiento de Maurice Ravel y Ricardo Viñes

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