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Next Gen: Los jóvenes buscan su sitio

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Viernes 15 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Next Gen «Ven a tocar con la OSPA». Sara Ferrández (viola), Nuno Coelho (director). Obras de Wagner, Martinu, Telemann y Ravel. Entrada butaca: 5 €.

Nada mejor para acabar este año que ver a nuestra OSPA con alumnado de los conservatorios asturianos (dejo al final de esta entrada la lista con todos) y el titular portugués al frente dando paso a la «Next Gen», la siguiente generación de músicos que pronto estarán en muchas orquestas profesionales, incluso exportando talento que en mi época era impensable.

Me tocó recordar los 40 años de la JONDE e incluso nuestra JOSPA que no estaría mal recuperarla, pues la experiencia que supone compartir atriles con los maestros de la OSPA no sólo es indispensable para su formación, también por insuflar aire joven a la plantilla que escucha cómo los jóvenes vienen pidiendo paso. Muchos continuarán su formación fuera de Asturias, algunos se incorporarán a esa JONDE, pocos a la Joven Orquesta Europea o la Mahler, e incluso encontrarán trabajo por Europa, pues la semilla que se sembró ya hace años al fin germinó, creció y estamos recogiendo muchas cosechas de excelentes músicos de orquesta. Y este viernes con la violista  madrileña Sara Ferrández (1995), un joven talento ya desde los 3 años que ya ha encontrado su sitio internacional pero no olvida sus orígenes, aportando su saber a esta generación que en mi juventud se llamaban por un anuncio de coche JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) y esta temporada es colaboradora artística de la OSPA.

Para abrir boca y con plantilla «gigante» nada menos que la obertura de Los maestros cantores de Nüremberg (R. Wagner, 1813-1883), un orquestón comandado por Aitor Hevia de concertino invitado -un habitual de casa que siempre ayuda a cohesionar la orquesta asturiana- esta vez con Fernando Zorita a su izquierda, y Nuno Coelho llevando todo con mano firme, contagiado del impulso que emana esta inmensa página orquestal. Había que controlar las dinámicas y contener el ímpetu juvenil, la cuerda equilibrando el poderío de unos metales germánicos a más no poder, así que una inyección sonora en este inicio de concierto.

Ya con menos plantilla llegaría Sara Ferrández para ofrecernos la Rapsodia concierto para viola, H. 337 del checo Bohuslav Martinu (Polička, Bohemia, 1890 – Suiza, 1959), con dos movimientos (I. Moderato – II. Molto adagio) aplaudidos ambos por un público «familiar» que dejó una buena entrada y saborearía esta página de lucimiento de la violista y buen hacer de la OSPA con un Coelho buen concertador. Solista de sonido redondo, presente, limpio, con ese timbre tan humano y unos fraseos interiorizados e intencionados, jugando con los cambios de tempi internos manteniendo una homogeneidad tímbrica digna de mencionar. Temas populares como es habitual en las rapsodias, pero con un tratamiento solista muy cuidado por un compositor y violinista que también se enamoraría de la viola precisamente por ese timbre a caballo entre su instrumento y los chelos.

Para la segunda parte volvería Sara Ferrández con una orquesta camerística de cuerda y todo el alumnado asturiano de esta disciplina (CONSMUPA más los Conservatorios Profesionales de Oviedo, Gijón, Avilés y Mancomunidad Valle del Nalón), «solos ante el peligro» para el Concierto en sol mayor para viola y orquesta (G. Ph. Telemann, 1681-1767), todo un examen para el alumnado con el maestro Coelho llevándolos «de la mano». Magisterio de la violista con sonido cálido y expresividad en el registro grave de su David Tecchler (1730), dialogando con la joven orquesta  (donde eché de menos un clave, pero en Asturias faltan estudiantes si no hay profesorado o no se le permite compaginar docencia e interpretación) con algún problema de afinación que el tiempo corregirá, pero con la alegría de poder formar parte de una interpretación más allá de historicismos, haciendo grupo, escuchándose (bien los chelos) y compartiendo estos cuatro movimientos (I. Largo – II. Allegro – III. Andante – IV. Presto) bien marcados por el director portugués, uno de los artífices de este proyecto al que deben darle continuidad a largo plazo.

Para rematar este «Ven a tocar con la OSPA», dos maravillas de uno de los mejores orquestadores como el vascofrancés Maurice Ravel (Ciboure, 1875 – París, 1937), primero la Alborada del gracioso, después una joya como La Valse (¡al fin con dos arpas!). En ambas páginas faltó «pegada» (punch en otro argot) y probablemente más ensayos, difícil encajar tanto escrito para poder interpretarlo sacando tantas sonoridades que no todas las grandes orquestas y directores llegan a alcanzar, pero queda la buena intención y momentos puntuales para corregir.

La «Alborada» tardó en encontrar su pulsación tras el pizzicatti inicial, con la madera marcando diferencias de calidad (bravo Mascarell al fagot), metales algo contenidos y una percusión que podía haber tenido mayor presencia, aunque Coelho intentó unificar sonoridades matizando al detalle .

Y la inmensa «Valse» arrancó tímida, rubatos de difícil encaje pero bien intencionados, todas las secciones  buscando la complicidad con el podio pero como «islas» salvo nuevamente la excelente madera (bravo las flautas) y por fin toda la percusión dominadora. Una interpretación que seguramente con más tiempo hubiese resultado magnífica al contar con tan buenos mimbres, quedando en «aseada» que diría el recordado Juan Estrada  Rodríguez ‘Florestán’, pero con la ilusión de ver el escenario con una orquesta grande (ojalá sea pronto gran orquesta).

Faltaba reunir a todos los músicos en un homenaje y regalo para todos: nada menos que la Orgía de Joaquín Turina (Sevilla, 1882 – Madrid, 1949), aires sevillanos y un cante jondo de Max von Pfeil junto al oboe de Ferriol, lo mejor de esta página luminosa y fresca como la del alumnado que podrá enseñar las fotos con los maestros de la OSPA, ponerlo en su CV cara al futuro, y con un Nuno Coelho contagiando a todos la ilusión por seguir haciendo música orquestal.

Les deseo a todos unas felices y merecidas vacaciones navideñas (aunque los músicos nunca las tienen).

Universo orquestal «con forza»

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Viernes 17 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono III Subito con forza: OSPA, Roman Simovic (violín), Nuno Coelho (director). Obras de: Unsuk Chin, Béla Bartók y Mozart.

Segunda semana con el «extra vitamínico» del violinista ucraniano afincado en Londres, que esta vez no estuvo en el encuentro con los abonados a las 19:15 en la Sala de Cámara del Auditorio sino el titular portugués explicándonos el programa (que repetiría antes de arrancar el concierto).

Y quiero volver a remarcar lo bueno que supone contar con el maestro Simovic porque no solo contagia su pasión a la OSPA, a la que se la nota feliz y a pleno rendimiento, también al público (hoy volvió a haber demasiados huecos) que recibe ese ímpetu y buena química sobre el escenario. Al «cocktail  energético» debemos sumar la apuesta por tenerle nuevamente de solista en el exigente concierto de Bartók tras un estreno, al menos asturiano, de la surcoreana Unsuk Chin (Seúl, 14 de julio de 1961), otro de los proyectos que ha traído Nuno Coelho en esta su segunda temporada al frente de la OSPA. Por cierto que sigue sin cubrirse la plaza de concertino, como preguntó en el encuentro una abuela para contárselo a su nieto violinista (!), de nuevo invitando a solistas  internacionales como esta vez la austriaca Birgit Kolar que lo fue igualmente hace un año de la OFil, junto a Sabine Lohez de ayudante. Y para la segunda parte, siempre en el formato decimonónico de «Estreno-Concierto-Sinfonía» no se olvidaron de programar el «repertorio de siempre», esta vez con la última sinfonía del genio de Salzburgo.

En las notas al programa (enlazadas al principio) de Hertha Gallego de Torres), sobre la obra de la pianista y compositora Unsuk Chin -distinguida alumna de juventud de Ligeti-, y actualmente viviendo en Berlín nos cuenta que «escribió Subito con forza en 2020 en pleno confinamiento, a petición de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam para celebrar el 250 Aniversario del nacimiento de Beethoven (…) indisimulada afición por el virtuosismo, que aquí se muestra en una paleta brillante de instrumentos de percusión con un papel tan importante o más que la cuerda. Puede presumir Chin  (…) de que sus obras son muy accesibles al público que rechaza la música contemporánea, por la brillantez que obliga a exhibir a la voz, a la orquesta o a ambas». También la elección de esta obra por necesidades de plantilla como explicó la gerente en el encuentro previo. Con los «motivos» de las oberturas de Coriolano o Leonora III y el inconfundible motivo rítmico de la Quinta, el maestro Coelho la defendió con su ímpetu habitual, destacando el enorme trabajo de los percusionistas, junto al arpa y el piano pero sin menoscabar al resto de una orquesta que hoy se colocó «quasi vienesa» con los violines enfrentados y violas-chelos frente al podio. Obra interesantísima la de esta surcoreana más europea que muchos y volviendo a recordarnos que la Pandemia del Covid también trajo mucha creatividad, caso de este Subito con forza… y fuego.

Esperado el regreso de Simovic con su Stradivarius pasando del pasado Beethoven al presente Concierto para violín nº 2 (1939) de Béla Bartók, de los más importantes escritos en el siglo XX plagado de recovecos para solista y orquesta, con el portugués mostrando de nuevo su calidad como concertador en una obra exigente para todos. Sobre esta partitura que bien nos explicó por partida doble, añadir de nuevo las notas sobre el mismo (con links míos): «después de varias consultas con el eximio violinista y compositor húngaro Zoltán Székely, su dedicatario (…) había sugerido al compositor la obra poco antes de que se exiliasen ambos a Estados Unidos. Székely, miembro del famoso Cuarteto Húngaro, fue quien estrenó el Concierto como solista con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam en 1939», en este caso enlazando la misma formación con la obra de la surcoreana. Prosigue la profesora Gallego de Torres: «Ejemplo de la personal síntesis de tradición y progreso de Bártok, su estructura formal es la del concierto clásico o romántico. Sin embargo, tonalmente, bebe de la influencia dodecafónica y de las escalas modales del folklore de los Balcanes» y así lo entendieron a la perfección desde el trípode que mantiene el equilibrio perfecto: solista, orquesta y director, porque el virtuosismo de Simovic en el Allegro non troppo parece sencillo ante su sonoridad limpia, su musicalidad exquisita del bellísimo Theme and Variations: Andante tranquillo central que estuvo arropada y mimada por la OSPA, y el complicado Rondo: Allegro molto final lo entendió en sus múltiples cambios de tempi y compás un Coelho en sintonía con el mago Simovic, momentos de complicidad  con una madera contestando desde la misma intención que el Stradivarius para disfrutar de una amplísima gama dinámica que desde el podio pareció trabajar cual ingeniero de sonido manteniendo el balance y presencia exacta de cada pasaje.

Si el viernes pasado mister Simovic nos regalaba una propina a dúo con el concertino, de nuevo la sencillez y generosidad del maestro nos preparó con Max von Pfeil, principal de chelos, otra «delicatessen» del noruego Johan Halvorsen, violinista virtuoso, distinguido director de orquesta, compositor de gran cantidad de música incidental, obras orquestales y numerosas piezas para violín. En 1894, cuando trabajaba como director de orquesta en Bergen, la ciudad natal de Grieg, hizo una «extravagante» adaptación para violín y viola (hoy con chelo) de la Passacaglia de una «Suite para clavecín solo» de Handel, variaciones continuas sobre un bajo repetitivo que Halvorsen reelabora las suyas con un despliegue instrumental ampliado: dobles paradas, escalas vertiginosas, armónicos y una amplia gama de dinámicas, timbres y articulación, un impresionante dúo donde disfrutar de ambos intérpretes, compañeros unidos por estas músicas que siempre nos «descubren» el talento de los músicos de la OSPA y la cercanía de este violinista al que sigo pidiendo le pongan un piso en Oviedo pues cada estancia entre nosotros aumenta la calidad y entrega para disfrute de todos, aficionados incluidos.

Si Beethoven encandiló en el segundo de abono, en este tercero llegaba la última sinfonía de Mozart, el cierre de la trilogía compuesta en tiempo récord y sin necesidad de encargo alguno, como también nos contó el maestro de Oporto, y que no consta se estrenasen en vida del salzburgués. La sinfonía nº 41 ”Júpiter” fue escrita en el verano de 1788 en la tonalidad de do mayor de estructura clásica pero que encierra el lenguaje operístico de Don Giovanni o Cossì, música sin palabras pero con la firma inigualable. Coelho la trabajó así, pues tanto el portugés como Hertha Gallego citaron a Harnoncourt: «para Mozart lo importante siempre es el drama, el diálogo, el conflicto y su resolución (…) Lo paradójico es que esto no sólo se refiere a sus óperas sino también a su música instrumental, que siempre es dramática». De hecho los tempi elegidos no fueron extremos pero sí delineados cual canto, ayudado de nuevo por la colocación de la cuerda y la propia plantilla utilizada por Mozart, así como la elección para esta «Júpiter» de los timbales ‘clásicos’ que Mr. Prentice volvió a manejar con gusto y seguridad.

El Allegro vivace se planteó tranquilo, cual obertura luminosa de contrastes bien marcados, líneas melódicas en cuerda con maderas ideales y metales redondos. Lírico y reposado el Andante cantabile tan original y propio del Mozart maduro, acentos claros de sonoridad onírica en todas las secciones. El Minuetto: Allegretto bien marcado con las lengüetas y bisel alternando «el canto» revestidas con los bronces y abrigadas por una cuerda con identidad propia. Y el universo del Molto allegro preciosista, dbujándose claros los temas superpuestos bien delineados por el maestro Coelho sin forzar el aire, poderío de bronce y empuje sinfónico en la Viena que rompería moldes en todas las artes, escuchándose todos los músicos al detalle en esta sinfonía que nunca es igual aunque la escuchemos las veces que queramos y en los cientos de grabaciones.

Y qué mejor forma que cerrar esta entrada con los certeros versos del sevillano Luis Cernuda que nos dejó mi admirada Hertha Gallego de Torres en sus notas:

 

Si alguno alguna vez te preguntase: «la música ¿qué es?»
‘Mozart’, dirías, ‘es la música misma’

PROGRAMA:

Unsuk Chin (1961): Subito con forza.

Béla Bartók (1881-1945): Concierto para violín nº 2 (1937/1938): I. Allegro non troppo – II. Theme and Variations: Andante tranquillo – III. Rondo: Allegro molto.

W. A. Mozart (1756-1791): Sinfonía nº 41 en do mayor, K. 551, «Júpiter» (1788): I. Allegro vivace – II. Andante cantabile – III. Menuetto: Allegretto – IV. Molto allegro.

Pasión, respeto y admiración

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Viernes 10 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 2: El genio de Bonn, OSPA, Roman Simovic (violín y director). Obras de Beethoven.

Cada visita del ucraniano Roman Simovic (1981) a la OSPA es un soplo de aire fresco que contagia no solo magisterio y seguridad, también entrega y pasión musical transmitida a una orquesta entregada esta vez al genio de Bonn pero también al «leader» de la LSO con su violín Stradivarius de 1709 en una auténtica Beethoven Fest para guardar en la memoria de un público por fin más numeroso del habitual que podrá contar lo vivido este viernes en el Auditorio de Oviedo.

Y es que si hay química sobre el escenario se nota en el patio de butacas. La presencia además de Aitor Hevia como concertino y el propio Simovic ejerciendo simultáneamente de solista y director en el Concierto para violín en re mayor, op. 61 del genio de Bonn ya suponía un plus, tal y como nos contaría en el breve encuentro a las 19:15 en la sala de cámara, y digo breve porque evidentemente lo que le esperaba necesitaba ir calentando, aunque la última prueba de sonido estaba aún viviendo en los muros.
Como un auténtico líder Simovic volvió a asombrar por su valentía en los tiempos sin perder nunca el punto exacto de la formación asturiana a la que conoce como pocos y sabe exigirle sabedor de la respuesta exacta. El Allegro ma non troppo ya nos dejó un primer ataque de los timbales con el timbre perfecto y marcando un pulso vital. El sonido que consigue el maestro ucraniano de la cuerda sigue siendo ideal: aterciopelada y tersa, limpia y agresiva cuando se necesita; la madera no se queda atrás, melodías que pasan y pesan con el sustento de los arcos; y hasta los metales suenan más redondos, equilibrados. Los crescendi iluminan y arrebatan. Y las cadencias en el Stradivarius son filigrana pura, jugando con el tempo y los balances perfectos con apenas un movimiento de cabeza o un arco previo al ataque. El Larguetto de orfebrería y emoción, el Beethoven maduro y enamorado como cuenta en las notas al programa Ramón García-Avello, las variaciones bien ornamentadas sonando cristalinas y etéreas sobre una orquesta rendida al director, solista y compañero. Finalmente el Rondó: Allegro resultó una inyección de optimismo, saltarín y con humor británico del que puede presumir tras tantos años en Londres.
Admiración de todos, pasión por la música de «El coloso enamorado y danzarín« y una propina a dúo con Aitor Hevia que pondría el listón en lo más alto, dejándome sin apenas palabras que raudo anoté en mi móvil.
Pero el «non plus ultra» llegaría con la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92, que además de ser mi preferida,  consiguió emocionarnos a todos. Con los músicos de pie, trompetas y trompas juntas más Simovic en su puesto de «leader» apostó por una séptima arriesgada, pasional y luminosa. Desde un respeto total a lo escrito disfrutamos de una interpretación de alto voltaje donde la OSPA que en el concierto le escuchó con admiración y hasta fervor, no solo mantuvo la atención sino que con Simovic colocado en su puesto de concertino, resultó abducida y plegada al mando en plaza del ucraniano afincado en Londres. Dominador de balances y tempi, la llevaría de nuevo con mínimos gestos entendidos al detalle por cada sección de la orquesta asturiana, mimando una sonoridad clara en cada momento y sacando de la cuerda capitaneada codo con codo con Hevia, lo mejor de esta temporada.
En el Poco sostenuto – Vivace se escuchó todo lo escrito, matices extremos puramente románticos, ataques con bravura, maderas casi pastoriles, el cambio al Vivace impactando por intensidades y contrastes en el punto exacto, metales poderosos pero «sin bravuras» ni arrebatos, la cuerda grave rotunda, dinámicas amplias y pisando el acelerador a fondo dominando con mano y «arco firme» para que nada se escapase y encajara al milímetro. El famoso y hermosísimo Allegretto mantuvo la gama de colores detallistas, cada sección presente y bien balanceada, escuchándose y disfrutando con un tempo luminoso más rápido de lo habitual pero fresco, con el ritmo ostinato latiendo como el corazón de Simovic, minucioso en los fraseos y equilibrios, paladeando los motivos, los reguladores eternos que elevaban las pulsaciones sin aumentar la velocidad «amarrada» por unos timbales precisos y una cuerda preciosa. El Presto valiente, impecable, rompedor, explosivo, el «scherzo» verdaderamente bromista y saltarín, sorpresivo, con los tutti grandiosos, pasionales… Y con esta «descarga en vena» lógicamente el Allegro con brio sería fiel a la indicación del aire más que al metrónomo, estallidos de luz, contrastes, ataques, el empuje vertiginoso sin perder claridad en ningún momento, dinámicas brillantes, acentos marcados con precisión en una montaña rusa donde hasta los silencios sonaron y se respetaron sin nada que los perturbase.
Una OSPA entregada, volcada, disfrutando con Simovic siempre, como uno de ellos para finalizar esta séptima que volviendo a citar las notas «provoca(n) esa bacanal contagiada de alegría», público rendido, músicos también y la sencillez de un grandioso Roman al que con mi chanza pido le pongan un piso en Oviedo y un vuelo directo con Londres, pues con esta calidad y entrega todos mejoramos, crecemos y disfrutamos. Gracias Maestro.

La «siguiente generación» ya pide paso

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Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, NextGen: Concierto final de la Masterclass internacional de dirección de orquesta con Johannes Schlaefli. OSPA, Maximilian von Pfeil (cello). Obras de Verdi, Weber, Elgar, Beethoven, Brahms, Dvórak y Chaikovski. Entrada de butaca: 5 €.

La OSPA ha celebrado a lo largo de esta semana la primera masterclass de dirección con el profesor de la University of Fine Arts en Zurich (ZHdK) Johannes Schlaefli (1957) enfocado para directores profesionales y estudiantes avanzados de dirección, una feliz iniciativa del titular Nuno Coelho, que fuese alumno del afamado maestro. De las 153 candidaturas recibidas (todo un éxito de convocatoria), entre Schlaefli y Coelho optaron por 8 finalistas, cuatro de ellos españoles, que trabajaron una selección de obras elegidas por ambos maestros, trabajándolas con la orquesta durante cinco días y un tiempo de podio de aproximadamente 130 minutos. Además de las sesiones con la orquesta por la mañana, hubo sesiones de retroalimentación y clases grupales por la tarde con Johannes Schlaefli, tal y como nos comentó en el encuentro previo celebrado a las 19:15 en la sala de cámara junto a la gerente de la OSPA Ana Mateo que hizo las labores de entrevistadora, moderadora y traductora.

Las técnicas de dirección y ensayo, así como el análisis de partituras, fueron el eje central de la clase magistral, y todas las sesiones de la orquesta fueron grabadas por un equipo de grabación de video profesional disponibles para todos los participantes, con lo que supuso de ampliación de experiencias antes de llegar a este concierto final, que hasta el miércoles no se decidió qué obras iba a dirigir cada uno, trabajando todos las ocho seleccionadas. Como comentó en la conferencia, a sus alumnos de dirección en Zúrich, y esta vez en Oviedo, les recomienda tener pasión por la música y humildad tras ser preguntado por cómo saber dónde había talento, sumando el trípode que se completa con la «química» entre dos seres como resultan ser una orquesta y su director. Evidentemente con nuestro titular portugués acertó y personalmente le felicité por su «ojo docente» y magisterio musical que la experiencia aporta, y en Asturias lo sabemos, viendo además la trayectoria nacional e internacional emprendida por Nuno Coelho.

El concierto se organizó como un programa especial a la forma clásica: dos oberturas, concierto solista y una «supersinfonía» de cuatro grandes manteniendo los tiempos: Allegro, Adagio, Scherzo y Finale. Sabia elección de obras conocidas por todo aficionado que no cubrió las expectativas de esta nueva apuesta, pues la OSPA imagino el esfuerzo que habrá supuesto ensayar estas obras con ocho visiones tan personales domo los finalistas, más todas las correcciones del Maestro Schlaefli que una vez pasado el ecuador y viendo lo que mejor le iba a cada «alumno», ya se centrarían todos en una sola partitura. Por ello mi primera felicitación a todos los músicos, que sin concertino volvieron a invitar a Jordi Rodríguez Cayuelas y María Ovín de ayudante. Con  obras que todos «tienen en vena» la versatilidad, profesionalidad y cariño con que se adaptaron a los cinco directores y tres directoras es digno de reseñar. Y mención especial al principal de cellos Maximilian von Pfeil como solista en el hermoso y difícil concierto popularizado hace décadas por Jacqueline du Pré junto a su marido Daniel Barenboim, que el alemán bordó siendo la obra estrella para todos, incluyendo a su compatriota y segundo director a quien le correspondieron los dos últimos movimientos.

Dejo a continuación cómo fue el reparto de obras y directores/as, todos trabajando de memoria salvo para el concierto de Elgar como es lógico, experiencia variada en todos, para seguir comentando mis impresiones con las biografías de los ocho que se pueden comprobar en el PDF del programa de mano, añadiendo que esa hoja la cubrimos con nuestro/s «favorito/s» en una urna a la salida del concierto.

Giuseppe Verdi (1813-1901): La fuerza del destino, obertura. Dirigida por el brasileño Richard Octaviano Kogima, músico completo (también pianista y compositor) con las ideas claras como su gesto, preciso y dejándonos un colorido Verdi más sinfónico que operístico.

Carl Maria von Weber (1786-1826):
Oberón, obertura. Dirigida por el cordobés David Fernández Caravaca (1995) musicalmente pasional y de formación «germana», marcando todo con claridad y sin rigidez. Página difícil con la que se desenvolvió sin problemas.

Edward Elgar (1857-1934) Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85: Siempre es difícil «concertar» con el solista aunque Maximilian von Pfeil es músico curtido también el atril. Los dos primeros movimientos (I. Adagio moderato; II. Lento – Allegro molto) los llevó el valenciano Adrián Moscardó (1989) con una amplia trayectoria en la dirección que está finalizando en la ESMUC barcelonesa con los maestros Johan Duijck y Salvador Brotons. Se le notó trabajado el concierto aunque hubiese necesitado mejorar los balances de las distintas secciones aunque fuesen claros los tempi y el aire, «mandando» el solista, sabedores que en estos casos el entendimiento con el podio es imprescindible. La OSPA respondió a todas las indicaciones muy disciplinada. Con aplausos que rompieron la necesaria unidad de este maravilloso Elgar, subía para los dos últimos movimientos (III. Adagio; IV. Allegro – Moderato – Allegro ma non troppo – Poco più lento – Adagio) el alemán Jascha von der Goltz, que demostró su magisterio internacional y trayectoria en la batuta. También alumno de Schlaefi se notan las tablas, sin apenas necesitar la partitura, bien en la concertación y el balance, gesto claro para los movimientos más exigentes y agradecidos, excelente transición al largo cuarto tras la impecable cadenza del cello y con amplias dinámicas que engrandecieron y lograron el «trípode» con la conexión y el buen hacer entre todos.

Tras el descanso los siguientes candidatos en una «sinfonía única» donde no podían faltar dos quintas («no hay quinta mala» como siempre digo) en los movimientos extremos, y con tres directoras que no solo demostraron que estamos en el siglo del salto de la mujer al podio por su preparación bien visualizada y modelo para la «next generation»:

Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67, I. Allegro con brio. Con decisión, valiente en el tempo y sin apenas respiro en los ataques arrancaba la alemano-colombiana Anna Handler una de las páginas más conocidas del sinfonismo, siempre difícil aportar algo nuevo que en este caso fue la fluidez y el dejar que la música transmita, no siempre marcando todo. Esta directora y pianista formada en Munich es titulada en la afamada Julliard School neoyorquina desde el mes de mayo pasado, y con las ideas muy claras para esta obra, ceñida a en cuanto a las dinámicas escritas pero con el crescendo final donde se notó muy trabajado y con las «masterclass» unidas a la «docilidad» de nuestra orquesta, volvieron a emocionar en esta quinta.

Johannes Brahms (1833-1897): Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73, II. Adagio non troppo, que estuvo en las manos del madrileño-leonés Jorge Yagüe (1996) también formándose en Zúrich con el maestro Schlaefli y trabajando ya con distintas orquestas españolas y europeas. La experiencia se nota en un gesto amplio, expresivo, atento a los matices aunque, como a muchos de sus compañeros en el podio, necesita encontrar el balance adecuado saber «sacar a la luz» los motivos sin perder ningún detalle orquestal, que con tiempo lograrán todos pues hay mucho trabajo previo que tienen hecho.

Antonin Dvorak (1841-1904) Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 «Del Nuevo Mundo», III. Scherzo. Una de las sorpresas de la noche fue la valenciana Celia Llácer (1994), sin batuta y con toda la energía que este movimiento exige. Matizando sin problemas, dirigiendo con todo el cuerpo y de nuevo siguiendo las clases, con pasión, más que precisión. Se nota que lleva desde niña en el mundo musical y lo transmite nada más subirse a la tarima. Ha dirigido la JOECOM (Joven Orquesta de Colegios Mayores), trabajadora, formada en el Centro Superior Katarina Gurska con Borja Quintas y asistente de grandes maestros no podemos olvidarnos de esta joven que seguro dará mucho juego en los próximos años, demostrando cómo ha cambiado y mejorado el panorama español también en el mundo de la dirección orquestal. La OSPA rindió a tope y con la complicidad que dejó fluir esta maravillosa música fue otra de las triunfadoras del concierto.

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893): Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64, IV. Finale (Andante maestoso – Allegro vivace). Cierre por todo lo alto con la coreana Subin Kim, formada en Alemania. Claridad y precisión fueron sus rasgos aunque el tempi se «cayese» un poco antes del puente. Imposible no entregare en este final de la quinta del ruso, y aunque los metales parecieron desbocarse sin que la maestra los amarrase cortos, hubo convencimiento y pasión en esta interpretación, más brocha que pincel y comprobando que existe un mal generalizado en confundir los crescendi con los acelerando, pero el ímpetu juvenil no tiene nacionalidad y instrumento concreto, en este caso una OSPA que sonó confiada, de nuevo.

Un gran concierto de jóvenes con formato decimonónico en el programa, obras para todos los públicos, incluso para algún despistado que vino «confundido» y marchó feliz, continuar trabajando para formarse (en música nunca se acaba) y el lujo de contar con la OSPA para estas batutas que anotaremos para ver su progreso en el siempre difícil terreno de la dirección orquestal. En Oviedo han tenido una oportunidad para demostrar su valía y aprendizaje permanente con un gran maestro y la mejor orquesta a su servicio.

Excelente iniciativa en apoyo de las jóvenes «nuevas generaciones» (con PPerdón) que repetirán el próximo mes ya con Nuno Coelho al frente y dedicado a la viola con Sandra Ferrández.

Con necesidad de paz

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Miércoles 18 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo: Ensayo General del XXXI Concierto Premios Princesa de Asturias. Con cierto sabor a paz: Verity Wingate (soprano), Paul Grant (barítono), Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), OSPA, Martyn Brabbins (director). Obras de Ralph Vaughan Williams. Entrada libre con invitación.

Hacía tiempo que no escuchaba al «Coro de la Fundación» que tantos años lleva dirigiendo mi querido Pepu, y el «Concierto de los Premios» siempre es una buena ocasión para afrontar esas obras sinfónico-corales que tanto gustan a todos los públicos, lo que se confirmó con el lleno total para el ensayo general junto a una OSPA que sigue esperanzando, en un monográfico del británico Ralph Vaughan Williams (1872-1958) que además contó con un cast procedente del Reino Unido: la soprano holandesa afincada en Londres Verity Wingate, el barítono Paul Grant y el director Martyn Brabbins (13 de agosto de 1959).

Tras el protocolario «Himno Nacional» siempre impactante en versión sinfónica, comenzaría el ensayo con la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis (1909)  a cargo de la cuerda de la OSPA que contó con un octeto ubicado en el palco lateral del primer piso. Obra que está en el repertorio habitual la última vez que tengo constancia escrita hace dos años, y que este miércoles de nuevo fue impecable por la sonoridad, los tempi, el detalle minucioso  con el que Brabbins sonsacó toda la rica orquestación del compositor inglés que encontró tan bien inspiración en el folklore de su país junto a la música renacentista y barroca, de la que fue un estudioso. Ideales los contrastes entre el doble grupo de cuerda (que acudiría raudo a sus puesto en el escenario tras finalizarla) y la sonoridad a la que la orquesta de todos los asturianos nos tiene acostumbrados cuando algún maestro británico la exprime como esta vez, además todo un especialista en Vaughan-Williams.

Pese a seguir sin concertino (hoy repetía Jordi Rodríguez Cayuelas) ni ayudante (Daniel Jaime esta vez), plaza que además ha salido a concurso, la calidad que atesora la cuerda asturiana pudo disfrutarse en esta fantasía donde destacó especialmente en sus solos la viola de Vicente Alamá así como el concertino murciano, jugando con ese melodismo instrumental de clara textura polifónica junto a las imitaciones entre el tutti y el grupo camerístico. Muy aplaudida esta interpretación a la que no hubo necesidad de corregir nada en este general.

La cantata Dona nobis pacem (1936) compuesta para dos voces solistas, coro y orquesta «reúne fragmentos bíblicos con poemas de Walt Whitman, referidos a la guerra de Secesión, y con extractos del discurso que John Bright pronunció, en 1855, en la Cámara de los Comunes en contra de la guerra de Crimea y que se erige como poderosa formulación política de rechazo a
los conflictos bélicos que amenazaban la convivencia»
, como bien explica la catedrática Nieves Pascual León en las notas al programa, y que en estos tiempos, especialmente esta semana, parece necesitar más que nunca que la música tenga sabor a paz.

Cantata en seis movimientos, donde todos estuvieron a gran altura, desde la lírica Wingate con una emisión clara, muy matizada y cantando con gusto, Grant un joven barítono de timbre redondo, graves convincentes y agudos limpios, el coro en su totalidad que le permitió afrontar los tutti con volumen pero igualmente delicado en las partes «a capella», y una OSPA al completo con todas las secciones ajustadas, equilibradas en balances, todo bajo la impecable dirección del maestro Brabbbins. La instrumentación al servicio de las palabras -que pudimos seguir desde el teléfono (en modo avión, por supuesto) en la versión «on line» del programa– permitió disfrutar de combinaciones tímbricas perfectas en su escritura: el inicial «Danos la paz» ya con la primera entrada de la soprano en piano seguida por el coro y la cuerdas con forte súbitos, percusión y viento metal del segundo movimiento (“Beat!, Beat!, Drums! Blow!, Bugles!, Blow!”), la madera colorista del tercero («Reconciliation») y nuevamente la cuerda grave que junto a la percusión invocan al Ángel de la Muerte («The Angel of the Death «) en el penúltimo. Interesante la fórmula de Vaughan-Williams de combinar el latín con la lengua de Shakespeare, pues el compositor siempre adapta la melodía al texto, bien articulado por los cantantes, con toda la carga expresiva de los distintos aires y letra, con maravillosos juegos de tresillos que dan esa rítmica tan rica. Igual de matizados y expresivos los acentos y las transiciones hacia las partes corales «a capella», con la plenitud del «Glory to God» en el último movimiento («Nation shall not lift up a sword against nation») donde «la sección final irrumpe como renovada entonación de la soprano la plegaria inicial; la ausencia de acompañamiento dota de emotividad este solitario canto a la esperanza» como escribe la valenciana Pascual León.

Excelente ensayo que culminaría con el «Asturias patria querida«, himnos inicial y final que levantan al público y siempre arrancan ovaciones. Nada que objetar a una hora de música invocando una paz desde la música que tampoco debe entrar en guerras…

Sin riesgo no hay emoción

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Viernes 13 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 1: OSPA, Javier Perianes (piano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Ligeti y Bartók.

Con ilusión arrancaba este viernes al fin otoñal la segunda temporada del director portugués Nuno Coelho al frente de la OSPA y con un encuentro previo 45 minutos antes con el público en la sala de cámara, que como el propio maestro indicó, en compañía de la gerente Ana Mateo, se repetirán antes de cada abono con la presencia de los invitados, solistas y respondiendo a las dudas o aclarando las obras a escuchar, como en el caso de este primero, algo que repetiría al inicio de la segunda parte, una de las tres novedades junto a los conciertos de cámara dominicales a las 12:30 horas, que serán mensuales en esta misma sala donde poder disfrutar de los músicos de nuestra orquesta, y el Concierto de San Xuán el 21 de junio del próximo año donde sonará música de su país con Camané & Trío en el espectáculo «Fado» junto a la dupla OSPA-Coelho donde cada abonado que traiga otro nuevo se le regalarán dos entradas.

Este primer concierto, con escasa presencia de público que comienza a ser precupante, independiente de que en el Campoamor hubiese la función «joven» titulada «Viernes ópera», traía un arriesgado programa tanto por las obras como por la apuesta personal del propio director, contando en la primera parte con Javier Perianes como solista del Concierto para piano y orquesta nº 1 de Brahms (1833-1897). El regreso del onubense como colaborador de la OSPA –que sigue sin concertino, estando hoy el  murciano Jordi Rodríguez y de ayudante Fernando Zorita (no como indicaba el programa de mano, más pequeño y delgado que en temporadas anteriores)- parece no fue suficiente para llenar más butacas, una verdadera lástima porque el excelente momento por el que atraviesa el de Nerva unido al trabajo del maestro de Oporto que ya comienza a notarse en la orquesta, era un motivo más que suficiente.

Con un Maestoso poderoso en la OSPA y algo titubeante el arranque del pianista, las líneas divergentes  con unos pedales no muy claros, fueron confluyendo y caminando paralelas a medida que avanzaba este primer movimiento, casi una sinfonía por escritura y auténtico duelo de titanes que el maestro Coelho concertó a la perfección, manteniendo unas dinámicas muy equilibradas y sacando el mejor Brahms. Pero sería el Adagio la maravilla del programa donde Perianes y la OSPA mostraron una amplísima paleta de matices, pianissimi de cortar el aire con una línea melódica plena y riquísima. Más arriesgado por tempi el último Rondó: Allego non troppo que pese a «caerse alguna nota» no impidió volver a disfrutar del equilibrio dinámico entre piano y orquesta de nuevo con un total dominio de la partitura por parte del director portuense, caídas a tempo, encajes perfectos y llevando este primero de Brahms a buen puerto con todas las aristas que conlleva para los intérpretes pero que el onubense amalgamó desde su amplio bagaje con todas las referencias de Brahms a Mozart, Beethoven o la propia Clara Schumann tan excelentemente retratada en el adagio central. Una lección de piano contundente a cargo de un Perianes que saldría al descanso camino del aeropuerto asturiano para tomar un vuelo a Barcelona (donde interpretará el «Emperador» junto a la Orquesta Sinfónica del Liceu bajo la batuta de Josep Pons) con una agenda de lo más apretada que nos lo traerá de nuevo a Oviedo el 10 de mayo junto al Cuarteo Quiroga.

Aún hubo tiempo para el homenaje de Perianes a la centenaria Alicia de Larrocha con el Notturno de Grieg, el nº 4 de las «Piezas líricas», libro V, op. 54, una perla sentida, delicada, con los claroscuros «marca de la casa» que siempre me han llevado a llamarle «el Sorolla del piano«.

Arriesgada segunda parte magiar, comenzando por San Francisco Polyphony (1973-74) de György Ligeti (1923-2006), aprovechando otro centenario como el del húngaro nacionalizado austriaco, obra escrita para conmemorar el 60º aniversario de la Orquesta Sinfónica de San Francisco estrenada el 18 de enero de 1975 por el entonces titular Seiji Ozawa, con el que Haruki Murakami, Premio Princesa de Asturias de las Letras este año, conversa en su obra Música, sólo música como bien recuerda en las notas al programa Pablo Gallego. Esta obra de Ligeti no  está al alcance de cualquier orquesta ni director pues exige un control absoluto de los registros en cada sección e instrumentos, y el juego polifónico obliga a un permanente balance en el punto exacto, más allá de virtuosismos, silencios y hasta la textura sinfónica, que el húngaro teje como pocos en todas sus obras, tanto camerísticas como sinfónicas, en esa denominada «angustiosa incomodidad» de su escucha. Sin imágenes para esta «otra banda sonora» no utilizada por Kubrick pero que bien podría haberlo hecho, OSPA y Coelho apostaron por el riesgo de la dificultad para emocionar con música del pasado siglo que sigue estando demasiado ausente en el actual y que aplaudo haber programado en este #Ligeti100 del que disfruté y mucho este verano en Granada, con un final para anotar: los músicos y el director «congelados» literalmente tras el final, fotografía musical que perduró para disfrutar también del silencio en una auténtica «Atmóspher» final.

Y para rematar emociones, orquestaciones impresionantes, calidades de la mejor Hungría, trabajo minucioso de orquesta y director, así como otra «banda sonora» con imágenes terroríficas tras una primera guerra mundial, de la que seguimos sin aprender nada en estos días, la suite de El mandarín maravilloso, op. 19, Sz. 73 (1918-24) de Béla Bartók (1881-1945), «música infernal», depravación humana tan tristemente actual, caótica en expresión pero perfectamente ordenada a cargo de Coelho y una OSPA musculada de gran plantilla en donde el clarinete de Andreas Weisgerber nos subyugó y sedujo como a los vagabundos del ballet, riesgo asumido por todas las secciones a la misma altura (triples vientos, cuatro percusionistas, celesta y piano), partitura muy trabajada que nos dejó impactados y emocionados con este mandarín maravilloso que nos «robó» el final trágico de la pantomima original.

La próxima semana volverá la OSPA para el llamado «Concierto de los Premios», aunque me conformaré con el ensayo general, pero el programa (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis y Dona nobis pacem de Ralph Vaughan Williams) y el director (Martyn Brabbins) merecerá la pena para seguir comprobando el nivel ya recuperado por la orquesta de todos los asturianos.

Manon no envejece

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Domingo 10 de septiembre, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: «Manon» (1884), música de Jules Massenet; libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille, basado en la novela “Manon Lescaut” (1731) del Abate Prévost. Opéra Comique en cinco actos y seis cuadros, estrenada en la Opéra-Comique de París el 19 de enero de 1884. Producción de la Ópera de Oviedo, Teatro Municipal de Santiago de Chile y Auditorio de Tenerife.

Crítica para ÓperaWorld del lunes 11 con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

 

Con este título de Massenet se alzaba el telón un 18 de septiembre de 1948 en el Teatro Campoamor tras las obras de reconstrucción del coliseo ovetense destrozado con la Revolución del 34 y la Guerra Civil. Hace 75 años integraban el reparto de aquella función inaugural artistas como Victoria de los Ángeles, Giacinto Prandelli o Manuel Ausensi que dejaron un sabor especial según las crónicas de entonces, con un brillo especial para esta celebración. Esta Manon del 10 de septiembre de 2023 volverá a ser recordada como la función de platino ante la calidad global de la representación donde todo fue sobresaliente, emocionante y al fin redonda, sin nada que envidiar a las anteriores ocho funciones en la historia de la ópera asturiana que arrancaba desde esta efeméride la septuagésimosexta temporada. Espero que para el centenario mantenga vivo este “drama de inocencia y corrupción” como lo titula Emilio Sagi en el programa de mano editado por la Ópera de Oviedo, otro para la colección con artículos y firmas que son también legado bibliográfico.
Esta première de la “Manon de 2023” lo tuvo todo bueno, comenzando por la escena, sencilla y efectiva de Sagi y Bianco, cuatro escaleras en módulos que como un puzzle se movían y encajaban para ambientar los cinco actos y seis cuadros, moviéndose a la vista como ya hiciese el asturiano en la “Bohème alicantina” que comenté desde estas páginas. La iluminación de Bravo ayuda a recrear cada ambiente según el respeto escrupuloso del libreto (especialmente la brillante fiesta del tercer acto), reforzado por el adecuado y elegante vestuario de Pablo Núñez, que en el caso de la protagonista recordaba el traje de 1948 (actualizado en color) y que lucía la soprano navarra en los carteles y página Web de la ópera ovetense.
La partitura de Massenet es una auténtica joya, con el texto siempre claro para todos los cantantes, con las partes habladas perfectamente medidas y encajadas dentro de una orquestación esplendorosa, llena de guiños a la Francia de la Regencia (1715-1723) y todo un derroche musical donde coros, concertantes, cuartetos, dúos y arias están llenos de melodías que desde el foso se arroparon a la perfección bajo una dirección excelente del debutante Nuno Coelho al frente de una OSPA, de la que es titular hace dos años, donde brillaron todas las secciones de nuestra formación comandada esta vez por Héctor Corpus de concertino. Si ya el preludio inicial premonizaba una “ópera grande”, de sonoridad clara y precisa, el maestro portugués mimó toda la obra y escena, favoreciendo la riqueza de matices y el lucimiento de todo el reparto vocal sin excepción. Auguramos una exitosa carrera a la joven batuta que está dejando ilusionada tanto a la orquesta asturiana como a los operófilos que este domingo comprobaron el talento y detalle de un trabajo primoroso desde la dirección musical de esta festejada “Manon”.
El coro titular de la ópera ovetense (Coro Intermezzo) bajo la dirección de Pablo Moras es otra de las apuestas seguras de las últimas temporadas, y esta vez pudimos disfrutar del buen estado de forma tanto vocal como escénico: seguro en los conjuntos, incluyendo el Magnificat del tercer acto fuera de escena o el inicial coro de damas del mismo acto. Un coro compacto, convencido, entregado, afinado, poderoso y matizado así como equilibrado en número, siendo otro protagonista del éxito dominical.
La amplia figuración además de la ambientación adecuada dotó a la escena de la grandiosidad precisa en sus apariciones, moviéndose con soltura por el escenario, y especialmente destacable la presencia asturiana en los llamados comprimarios y secundarios, desde el bajo barítono mierense Abraham García como buen posadero, portero discreto y hasta crupier digno de un casino internacional, de gran presencia vocal y escénica, hasta el trío femenino de demi-mondaines Poussette, Javotte y Rosette, voces de casa con profesionalidad y carreras asentándose, simpatía y excelente empaste a cargo de la soprano ovetense Ana Nebot con dilatada trayectoria y muchas tablas, más las mezzos María Heres (de Oviñana) que va asentando sus prometedores inicios, y la gijonesa Serena Pérez, de color personal complementando estas tres “libertinas” de buen entendimiento conjunto, que contribuyeron a engrandecer cada intervención, desde un gran primer acto al pletórico cuarto en el Hòtel Transylvanie junto a Manon. Ópera asturiana que también ofrece un elenco propio para exportar con total garantía, incluyendo a la soprano del coro Elisabeth Expósito como sirvienta.
Impresionante el Conde Des Grieux de Roberto Scandiuzzi, un bajo de verdad, que no abundan, buen cantante y actor, con registro poderoso y color perfecto para este padre que recuerda el Germont verdiano (y con muchos puntos en común incluso en el argumento de esta “Manon”) en sus dos apariciones.
Llegando al cuarteto protagonista masculino es difícil encontrar unas voces tan idóneas, redondas, afinadas, actoralmente impecables y con una línea de canto precisa, sin nasalizar un francés siempre complicado, comenzando por el De Brétigny del bajo barítono mallorquín Pablo López, buen lírico equiparado y constraste idóneo del corrupto Guillot de Morfontaine del tenor granadino Moisés Marín, ambos convincentes, desenvueltos, con sus personajes bien asentados y defendidos.
Punto y aparte el barítono barcelonés Manel Esteve como Lescaut en un momento vocal perfecto, fue el verdadero tercer apoyo de los protagonistas Manon y Des Grieux, aportando toda la gama dramática de un personaje lleno de aristas que su voz y presencia le valieron una de las grandes ovaciones de esta primera función, emulando al mejor Manuel Ausensi que lo cantase hace 75 años (y repitiese en 1956) cuando toda la temporada se celebraba en torno a las fiestas locales de San Mateo tras su paso por la de Bilbao.
No vamos a descubrir a estas alturas al gran tenor tinerfeño Celso Albelo, casi un asturiano más por sus muchos vínculos de su dilatada carrera con esta región, y que debutaba en“su Oviedo” al Caballero Des Grieux. Su voz ha ganado cuerpo y potencia, la gama dinámica sigue siendo admirable y amplia, la pronunciación impecable y totalmente creíble en un rol que parecía llevase años cantándolo. Sobresaliente alumno del siempre querido y recordado Alfredo Kraus en este mismo papel allá por 1964 y 1967 en la capital del Principado, cantado incluso por Pavarotti con Mirella Freni en 1970 y ya más cercano en el tiempo y memoria personal Jaime Aragall en 1975 con Jeanette Pilou. La química necesaria entre Des Grieux y Manon cuando funciona nos deja recuerdos imperecederos, y Albelo junto a “La Puértolas” será uno de ellos. Flechazo vocal y emocional, “siempre nos quedará París”, dúo impactante de tenor y soprano, con el muy sentido segundo acto, la evolución dramática reflejada en la línea de canto, lirismo y pasión, impactante y aún mayor el acto tercero en la escena del Seminario, y rompedor el quinto que remataría esta exitosa première.
La auténtica estrella, protagonista eterna y siempre joven Manon estuvo encarnada por la soprano navarra Sabina Puértolas que volvió a enamorarnos. Casi omnipresente, encantadora, embaucadora, inocente y corrupta, elegante y decadente, siempre refinada, dominadora de la escena de principio a fin, su voz se paseó por todos los estados de ánimo del personaje. Desde el dúo con su primo Lescaut, la delicada aria a la mesita «Adieu notre petite table” del segundo acto, la conocidísima y bellísima “Profitons bien de la jeunesse” del tercer acto, lo más aplaudido del domingo, cada intervención de la navarra era un placer para el oído y la vista, emociones desde Saint-Sulpice hasta el final “Je sena une puré flamee” de la arrepentida y dual Manon para poner el broche final de una celebración que pasará a la historia de la ópera en Oviedo.
FICHA
Domingo 10 de septiembre de 2023, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: «Manon» (1884), música de Jules Massenet; libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille, basado en la novela “Manon Lescaut” (1731) del Abate Prévost. Opéra Comique en cinco actos y seis cuadros, estrenada en la Opéra-Comique de París el 19 de enero de 1884. Producción de la Ópera de Oviedo, Teatro Municipal de Santiago de Chile y Auditorio de Tenerife.
FICHA ARTÍSTICA
Manon Lescaut: Sabina Puértolas – El Caballero Des Grieux: Celso Albelo –
El Conde Des Grieux: Roberto Scandiuzzi – Lescaut: Manel Esteve – Guillot de Morfontaine: Moisés Marín – De Brétigny: Pablo López – Un Posadero, Portero, Crupier: Abraham García – Poussette: Ana Nebot – Javotte: María Heres – Rosette: Serena Pérez – Guardia jugador: Gaspar Braña – Una sirvienta: Elisabeth Expósito.
Dirección musical: Nuno Coelho – Dirección de escena: Emilio Sagi – Diseño de escenografía:
Daniel Bianco – Diseño de vestuario: Pablo Núñez – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias – Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo), dirección del coro: Pablo Moras.

El baúl sinfónico

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Viernes 16 de junio, Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo, I Festival Universitario de Música Iberoamericana (musicUO). Clausura . 19:00 horas, Conferencia de Ramón Sobrino y Tania Perón: «Soledad Bengoechea, Mª Teresa Prieto y Pedro Miguel Marqués: tres compositores que regresan a los atriles sinfónicos». 20:00 horas, Concierto: OSPA, Néstor Bayona (director). Obras de Bengoechea, Mª Teresa Prieto y Pedro Miguel Marqués.

Junio marca el final de curso, de los campeonatos donde el fútbol sigue siendo el deporte rey, pero también de las temporadas musicales antes de los esperados festivales de verano.

Igualmente llegaba a su fin este primer festival «musicUO» que ha llevado por distintos conejos asturianos a intérpretes y obras que están saliendo del «baúl de los recuerdos», desempolvándose y hasta restaurándolas gracias a una Universidad de Oviedo donde la Musicología es pionera y de su facultad salen promociones que continúan la labor incansable y no siempre reconocida de recuperar nuestro patrimonio musical.

De nuevo el doctor Ramón Sobrino nos daría una clase para hablarnos de una poco conocida compositora madrileña como Soledad Bengoechea (1849-1893), recordarnos de nuevo al mallorquín Pedro Miguel Marqués (1843-1918), más la ovetense Mª Teresa Prieto (1896-1943) de quien su máxima conocerdora e investigadora la profesora Tania Perón completarían esta clase de «extensión universitaria», preparándonos a las obras que sonarían en el concierto posterior de la OSPA.

Tengo que calificar de interesante conocer a Soledad Bengoechea y todo su entorno vital, social y musical, de biografía curiosa y con muchas obras desconocidas donde no faltaba la música de salón, y de ella el Capricho-Scherzo (1872) original para piano, una obra de apenas cinco minutos que orquestada por otra personalidad musical de su tiempo como Casimiro Espino (1845-1888), ganó en calidad gracias al oficio de este maestro y compositor con multitud de obras estrenadas por la Sociedad de Conciertos de Madrid (SCM), siendo el doctor Sobrino uno de sus «descubridores» y artífices de este reestreno en el siglo XXI. Tanto la SCM de la que en la anterior conferencia nos habló el profesor como de la Unión Artístico-Musical y los conciertos también en el verano madrileño, darían para todo un trimestre, pero al menos situamos a la compositora y uno de sus valedores musicales, sin dejarse en el tintero las contraprogramaciones y hasta los «duelos líricos» entre el citado Casimiro Espino y su «rival» Mariano Vázquez, «conflictos musicales» con otra historia para conocerla aunque sólo disfrutásemos con las pinceladas y buen humor de nuestro Ramón. De Marqués ya escuchamos el pasado 1 de junio su poema En la Alhambra que casi termina en la basura. Al menos sus cinco sinfonías están editadas y grabadas, escuchando este viernes la tercera. Diseccionadas y analizadas nos permitieron apreciar la calidad de una generación de compositores que conocían muy bien su trabajo, lo que se hacía en Europa y aportando unas obras que correrían distinta suerte, por lo que la recuperación al menos las reubica y reconoce en nuestro tiempo.

De la compositora trasterrada a México Mª Teresa Prieto (1896-1943), la profesora Perón nos la situó sin tiempo para ahondar mucho en aquel entorno familiar de Ciudad de México y su estilo, que navegaría entre dos maestros que además creyeron en sus composiciones: Manuel M. Ponce y especialmente Carlos Chavez, el mundo nacionalista tradicional del primero frente al segundo más moderno, y que además estrenaría la obra que volveríamos a escuchar en la primera parte.

La OSPA llega a junio en el mejor estado de forma aunque con algunos cambios «en la alineación titular» de principales no habituales pero igualmente sinónimo de calidad y entrega tras una temporada llena de esperanza pero sin concertino (este viernes tomando las riendas Héctor Corpus) y bajo la dirección del ilerdense Néstor Bayona, a caballo entre Berlín y Barcelona, pianista  y batuta invitada por muchas formaciones, siendo el director residente de la NOSPR (Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca), quien este viernes debutaba con la OSPA defendiendo un programa exigente.

El  Capricho-Scherzo (1872) de Bengoechea pese a ser como una miniatura sinfónica, el maestro Bayona ya marcaría su estilo personal, de gestos claros y muy expresivos, buscando el mejor balance orquestal para una música  agradable de escuchar.

Palabras mayores para la conocida Sinfonía nº1: Sinfonía Asturiana (1942-43) de Mª Teresa Prieto que sonaría por vez primera en su Oviedo natal de la mano del maestro Ángel Muñiz Toca al frente de «su» orquesta (entonces Orquesta Sinfónica Provincial de Educación y Descanso) un 30 de diciembre de 1951 en el Campoamor. Como bien nos contó la profesora Perón es una obra que recoge las enseñanzas e ideas de Ponce en cuanto a la cita directa y estilizada de temas folklóricos españoles, todos reconocibles en los movimientos extremos, (más en el primero Adagio-Allegro) del que la propia compositora dejó escrito que la comenzó a escribir llena de nostalgia y sentimientos de su Asturias natal. Mucho más interesante el Andante central en la línea de Chavez quien además le daría el empujón de ampliar la plantilla orquestal. Esta sinfonía asturiana vuelve más a menudo a los atriles y la OSPA con Bayona nos dejarían una interpretación muy luminosa, llena de matices, con todas las secciones presentes y respondiendo a las indicaciones de una batuta ágil aunque la gestualidad fuese completa y entregada.

La segunda parte la ocuparía la Sinfonía nº 3 en si menor (1876) de Pedro Miguel Marqués de las cinco que escribió. Cuatro movimientos «de escuela» (I. Andante non troppo. Allegro assai; II. Andante con moto; III. Tema con variaciones. Allegretto gracioso; IV, Allegro brillante), forma muy trabajada, aires evocadores por las múltiples referencias (más allá de las que nos adelantase mi admirado Ramón Sobrino como esa «marsellesa» del brillante final), papeles exigentes para todas las secciones que sonaron empastadas, limpias incluso en los pasajes más complicados, con unísonos rotundos, y destacando por lo original ese tercer movimiento donde las variaciones sirvieron para valorar la excelente escritura y oficio de Marqués en el destacado buen momento final de la formación asturiana a pleno rendimiento, con unas maderas nuevamente de sobresaliente.

Pese a la entrada libre, el auditorio no presentó buena entrada, y no creo sea disculpa el calor con tormenta a la salida. El programa era interesante, novedoso y con una orquesta de altura para disfrutar este viernes, pero supongo que la evaluación final de los responsables intentarán subsanar posibles errores y buscar soluciones para recuperar un público que se ha ido perdiendo y no solo por la pandemia que evidentemente dejó tocada parte de la afición. Al menos en otros entornos se ha recuperado y además con éxito. Decía nuestro siempre recordado e insustituible Vasiliev que «un pesimista es un optimista bien informado», pero sigo con muchas esperanzas para el próximo curso. Ahora toca cargar las pilas antes del otoño que siempre da el pistoletazo de salida, aunque estar jubilado me suponga no mirar el calendario.

Tiempos de guerra

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Viernes 26 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XIII OSPA, Alena Baeva (violín), Anna Rakitina (directora). «Música en tiempos de guerra»: obras de Elena Langer y Prokofiev.

Sin supersticiones llegaba el decimotercer concierto de abono de la OSPA, de nuevo con poco público que comienza a ser preocupante, con un programa donde los tiempos de guerra están presentes ayer y hoy, mujeres protagonistas desde un conflicto que continúa hace más de un año aunque parezca olvidado como es la invasión rusa de Ucrania: la violinista rusa Alena Baeva (1985) de familia musical como tantas en la antigua Unión Soviética, la propia directora Anna Rakitina (1989) otra moscovita de padre ucraniano y madre rusa, la compositora Elena Langer (1974) de quien nuestra orquesta está estrenando en Europa el Sueño de Leonora, y hasta la propina de la polaca Grażyna Bacewicz, otra nacionalidad donde los conflictos bélicos a lo largo de la historia han marcado una producción artística llena de dolor pero también de esperanza. Programa con «Música en tiempos de guerra» que continúa dividiendo familias y donde el dolor sigue siendo fuente de inspiración.

La compositora británica Elena Langer (Moscú, 8 de diciembre de 1974) está siendo reconocida por sus óperas y en diciembre de 2020 fue seleccionada por el Conservatorio de Nueva Inglaterra para componer  una obra basada en el tema de Leonora de la ópera «Fidelio» en el 250 aniversario de Beethoven. Así surge Leonora ́s dream estrenada en Boston el pasado noviembre de 2022 por la NEC Philharmonia, y que llega a Europa de la mano de la directora invitada Anna Rakitina que se escuchó ayer en Gijón y mañana en Santander. La directora moscovita, segundo premio del prestigioso «Concurso Malko» de Copenhague en 2018,  lo que la ha llevado al frente de casi todas las orquestas europeas y norteamericanas, defendió esta obra de su compatriota con la misma energía que desprende la partitura. Como explica Vera Fouter en las notas al programa y recogiendo palabras de la propia Langer, «…parte de «el aria que Florestán canta desde la mazmorra en el segundo acto de la ópera: “In des Lebens Frühlingstagen” (En la primavera de la vida), que simboliza la victoria sobre la opresión y el coraje de reivindicar la verdad ante el poder. Langer salpicó su obra de referencias a este aria, jugando ingeniosamente con algunos de sus materiales musicales: lo cita al inicio de la obra, alargándolo en el tiempo y lo deja resonar, usando instrumentos de sonoridad aguda combinados con el glockenspiel y el flexatone. Es entonces cuando la música se convierte progresivamente en “un coro imaginario de pájaros cantores».

Obra de nuestro tiempo que bebe de la gran escuela rusa en cuanto a la instrumentación potente con inmenso protagonismo de la percusión, pero dando juego a todas las secciones orquestales sin perder el sello «made in USA» tan presente. Continúan las notas diciendo la compositora que «Quería darle a toda la orquesta su momento, por eso hay muchos solos y pasajes divisi, pero en algunas ocasiones la orquesta toca al unísono, alegre y fuerte». Un homenaje a esta Leonora de nuestro tiempo que no desentonaría para nada con el ruso Prokofiev que completaría el concierto, con una orquesta de plantilla «musculada» que siguió atenta cada gesto claro y preciso de la maestra Rakitina.

La violinista Alena Baeva con el Guarnerius del Gesù «ex William Kroll» de 1738 (préstamo de un mecenas anónimo con la ayuda de J&A Beares) nos dejaría el Concierto para violín nº 1 en re mayor, op. 19 de Sergei Prokofiev (1891-1953) compuesto en el convulso año 1917 que más de cien años después  sigue siendo difícil de digerir. Sería el gran David Oistrakh quien lo definiría como «un paisaje inundado por la luz de sol» pero no es de los más agradecidos para el lucimiento del violín a pesar de su belleza, además «invirtiendo» la forma clásica al colocar el movimiento rápido enmarcado entre dos lentos (I. Andantino
II. Scherzo: Vivacissimo
III. Moderato
). Baeva lo interpretó y sintió como parte de su propia historia, sonoridad suficiente y fraseos muy interiorizados con profundidad expositiva llevando el peso del desarrollo musical en buen entendimiento con una Rakitina que concertó y exprimió cada detalle de este concierto de Prokofiev. Aires románticos en los inicios del siglo XX donde no faltará el elemento grotesco tan propio del compositor contrapuesto al lirismo de la solista, con una orquestación de aires impresionistas. La OSPA volvió a sacar «músculo» desde una cuerda compacta, comandada de nuevo por Aitor Hevia como concertino invitado, junto a madera y arpa brillantes en sus intervenciones. El scherzo central resultó lo más vistoso del concierto por ese sello característico de Prokofiev por contrastar su música llena de sensaciones e intenciones (divertida, traviesa, malévola, ingeniosa, brillante, dolorosa y optimista) que tanto el violín como la orquesta vuelcan, con ese Moderato final de preciosismo instrumental y final tranquilo, la esperanza que nos hicieron llegar desde esta conjunción astur-soviética en tiempos de guerra.

La magia del violín sólo llegaría con el Capricho Polaco (Kaprys Polski) compuesto en 1949 por Grażyna Bacewicz (1909-1969) que Baeva presentó -en inglés- como un canto de paz acorde con la «línea argumental» de este penúltimo de abono, saboreando el sonido redondo y melódico de su Guarnieri en este virtuoso y breve capricho que nos supo a poco.

Llevo varios conciertos donde asevero que «no hay quinta mala» en cuanto a las sinfonías, y este viernes escuchamos la Sinfonía nº 5 en si mayor, op. 100. De la directora rusa, el maestro Andris Nelsons ha dicho tras tenerla de asistente en la Sinfónica de Boston que «es un placer verla dirigir: sus expresiones son poderosas, pero refinadas, y provienen de una profunda musicalidad. Una de sus mayores cualidades, entre otras, es su lado humano; su sensibilidad y su profunda comprensión psicológica de nuestro trabajo», y la OSPA respondió al buen hacer de esta quinta del ruso a cargo de una Rakitina que dejó buen sabor de boca para una sinfonía con muchas aristas en sus movimientos (I. Andante II. Allegro marcato III. Adagio IV. Allegro giocoso). Frente al «juvenil» concierto de violín, esta sinfonía compuesta en 1944 durante la evacuación del compositor durante la Segunda Guerra Mundial, estrenada el 13 de enero de 1945 en Moscú, sería el retorno tras 16 años a la forma sinfónica tradicional del ruso. Sin necesidad de descripciones pero muy personal y llena de distintos estados de ánimo, con un arranque algo inseguro pero poderoso y rítmico del Andante, una percusión verdadero motor de la formación asturiana, sin perder el equilibrio con «el Prokofiev juguetón»; el segundo «scherzo» complejo por los cambios de tímbricas siempre claras aunque a veces cuesta «sujetar los bronces», pero que el podio buscó la oscuridad escrita más que el brillo, todas las secciones bien balanceadas y una cuerda clara, con una colocación (permutando violasy cellos más el uso de tarimas y los trombones con la tuba a la derecha del escenario) que siempre ayuda a diferenciar los planos sonoros. Maderas incisivas y la percusión siempre impulsando al resto; una verdadera balada el Adagio para comprobar la cohesión orquestal exigida por la directora rusa y el final grandioso del Allegro giocoso, tras el dolor de todo el concierto llegaba la esperanza, vida y alegría que Prokofiev escribe magistralmente desde un estilo propio que se interpretó con entrega, rigor y vigor por parte de todos.

Mayo va llegando a su fin y el próximo abono, penúltimo de la temporada, será el próximo viernes 2 de junio con otra mujer en el podio, Ruth Reinhardt, y el pianista italiano Alessio Bax con el tercero de Rachmaninov, Bartok y el Nocturno Sinfónico de Marcos Fernández Barrero que espero atraiga al auditorio el público que este concierto se merece.

RetOS PAra la próxima temporada

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En la sala de cámara del Auditorio de Oviedo, el viernes 28 de abril, antes del décimo concierto de abono, la OSPA presentaba el avance de su próxima temporada 2023-24 a los abonados, aún cerrándose fechas, obras e intérpretes, la segunda del portuense Nuno Coelho como titular, junto a la gerente Ana Mateo al frente del equipo técnico.

Retos y apuestas del director portugués, plenamente integrado en su orquesta y en nuestra tierra, con programas de necesaria dualidad «tradición e innovación» que abren caminos a repertorios nuevos o menos transitados junto a las «obras de siempre» que no pueden faltar, y con nombres propios reconocidos en el panorama nacional y mundial.

Septiembre marca el pistoletazo de salida del Curso 23-24, con la participación en la temporada de ópera ovetense, esta vez con el maestro portugués inaugurándola con el mismo título que abría 1947, la Manon de Massenet, más el Lohengrin de Wagner bajo la dirección de Christoph Gedschold finalizando enero de 2024.

En los conciertos de abono no faltarán solistas invitados que son habituales en la OSPA (muchos reconocidos como «colaboradores artísticos«) y aseguran calidad además de cercanía y confianza: los pianistas Javier Perianes inaugurará temporada los días 12 y 13 de octubre en Gijón y Oviedo respectivamente, que volverá en mayo con el Cuarteto Quiroga en un monográfico con los conciertos 12, 21 y 22 de Mozart, más la vuelta de Nikolay Lugansky en marzo con el regreso a la batuta de Thomas Dausgaard, Roman Simovic en su doble faceta de violinista y director, o el vitoriano Juanjo Mena. Nombres casi de la casa con repertorios que apuestan por los tradicionales, destacables además de Mozart el Beethoven de noviembre, muchos rusos presentes (Tchaikovsky, Mussorgsky, Rachmaninov, Shostakovich, Stravinsky, Gubaidulina…) y las «novedades» siempre de agradecer como Ligeti, Chin o nuestro Montsalvage.

Y de los abonos destacar de nuevo al compositor, director y colaborador artístico de la OSPA Francisco Coll, que en abril dirigirá en La Coruña antes de Oviedo un programa muy interesante incluyendo su Lilith junto a «Los Cuadros» o el Rendering de Schubert-Berio, más su Mural con Coelho a la batuta cerrando un mes de mayo que nos traerá al compositor valenciano en su faceta de pintor con una exposición única en el Auditorio. Otro compositor español que sonará esta próxima temporada será el «cinematográfico» Fernando Velázquez (Getxo, 1976) y su Concierto para dos flautas (con el matrimonio Pearse) programado para febrero de 2024 en otra colaboración del vasco con nuestra OSPA.

Igualmente se mantiene el ciclo Next Gen (la próxima generación) apostando como no puede faltar por la parte didáctica, tanto en noviembre con el concierto final de la «Masterclass Internacional de Dirección de Orquesta» con Johannes Schlaefli y solista el principal de cello Max von Pfeil para el famoso concierto de Elgar, como la vuelta de la violista Sara Ferrández junto al alumnado de ls conservatorios asturianos en diciembre. Otra seña de identidad desde hace años serán los conciertos LinkUp recuperados esta semana con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, que si nada lo impide retoman la normalidad del mes de mayo en las temporadas de la OSPA, tras un trabajo de todo un curso desde los colegios e institutos asturianos dentro de los «Conciertos educativos y familiares» que los días 16 y 17 de febrero estrenarán el espectáculo «ideado» por nuestra querida Ana Hernández Sanchiz: El compositor ha muerto (Stookey), bajo la dirección musical de Luis Toro Araya.

También continúa el ciclo denominado «OspaFest» esta próxima temporada en una apuesta por escuchar músicas orientales junto a las occidentales, dos abonos East-West en el mes de abril desde la música de cámara con la mezzo Fleur Barron, el piano de Julius Drake y la pipa de Wu Man, al sinfonismo con la misma mezzo y colaboradora artística, junto al tenor Nicky Spence dirigidos por Nuno Coelho,  estrenándose una obra de Du Yun (Kraken) en contraposición a La Canción de la tierra (Mahler), o Song of the Flaming Phoenix del compositor Fang Man junto al solista de sheng Wu Wei, dirigiendo Marzena Diakun que siempre nos ha subyugado desde el podio.

La música de cámara sigue siendo no solo la iniciación a la sinfónica sino el mejor banco de pruebas para público e intérpretes, en la sala de cámara del auditorio los domingos a la 12:30 horas, con los músicos de las distintas secciones de la OSPA en agrupaciones y repertorios ideales para esos vermuts musicales a lo largo de toda la temporada.

No faltarán tres conciertos extraordinarios: el de Semana Santa (21 y 22 de marzo) con el Coro de la FPA y otro participativo para disfrutar de Fauré (Requiem y Cantique de Jean Racine); «Les Lletres» (2 de mayo) con los asturianos Martín García y Juan Barahona al piano y los percusionistas de la OSPA Rafael Casanova y Francisco Revert, en el poquísimo escuchado pero muy agradecido Concierto para dos pianos y percusión (Bartók) bajo la dirección de Daniel Sánchez, con su propia obra Tres canciones asturianas junto al poema sinfónico Chichén Itzá de María Teresa Prieto; el 21 de junio será la noche de San Xuan con un esperado «Fado» desde la tierra de Nuno Coelho junto a Camané&Trío y la OSPA, poniendo el broche final a una temporada que promete y espero continuar esta trigesimatercera que podría llamar del asentamiento, sólo a la espera de cubrir el concertino que aún no llega.

No quiero olvidarme que Como en la actual temporada, que este sábado 20 disfrutaremos, la OSG continuará este hermanamiento sinfónico asturgallego el 4 de mayo, pero con el holandés Antony Hermus a la batuta en un esperado Prokofiev.

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