Bohemia capital Bilbao (y 10)
13/03/2017
órgano, clásica, conciertos, coros, música, sinfónica, viajes Ainhoa Zubillaga, conciertos, David Menéndez, Dvorak, Enrique Azurza, Gustavo Peña, música, Miren Urbieta-Vega, OSPA, Perry So, Sociedad Coral de Bilbao, viajes 3 comentarios
Bohemia capital Bilbao (8)
11/03/2017
conciertos, música, sinfónica, viajes conciertos, Dvorak, Katie Stevenson, Mahler, música, OSPA, Perry So, viajes 1 comentario
Domingo 5 de marzo, 12:15 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música«. Concierto nº 47, Auditorio: Katie Stevenson (mezo), OSPA, Perry So (director). Obras de Dvořák y Mahler. Entrada: 12 €.
Segundo concierto de «mi» OSPA con So a la batuta dejándonos una sorpresa de lo más agradable con el Poema Sinfónico «La bruja del mediodía», op. 108, B. 196 de Dvořák, con una gama dinámica impresionante y toda la madera (bravo el oboe y especialmente el clarinete bajo) aportando calor y color. El maestro So transmite seguridad y calidad por lo que la respuesta de la orquesta asturiana es excepcional. Las distintas secciones suenan precisas, claras, transparentes todas ellas, de la cuerda al viento sin olvidarme de una percusión siempre en su sitio. Vuelvo a citar las notas de Mercedes Albaina para mejor comprensión de esta obra del checo: «Esta bruja del mediodía sirvió de base para la fábula versificada por el poeta checo Erben quien habiendo perdido a la mayor parte de sus hermanos siendo niño, utiliza el tema de la muerte infantil de manera recurrente en sus baladas. En ésta, la mezcla de folklore y superstición es evidente y el retrato musical que hace Dvorak del malvado personaje y del suceso de trágico final -la muerte del niño y la maldición de los padres-, es excelente: los hechizos y abracadabras se enroscan en colores tímbricos, motivos onomatopéyicos, acentos marcados y secciones donde la música contiene la respiración ante la magia y el horror. La muerte, la poesía, la brujería y la tradición, como fascinaciones románticas sublimadas en su música«. Y es que So es un brujo del sonido haciendo hechizos en los asturianos para volver a enamorar al respetable con esta partitura poco habitual ejecutada al detalle y con auténtica magia.
Y Mahler nos trajo otra mezzo para «la colección», la joven Katie Stevenson de color carnoso aunque con un vibrato algo excesivo, más allá de la expresión, que no impidió la dosis de emoción de las «Canciones a los niños muertos» (Kindertotenlieder) con un So atento a la OSPA en momento álgido como verdadera coprotagonista. La muerte ligada a la infancia es algo tristemente habitual en la vida del bohemio y tomando los versos de Rückert creará esta obra de una belleza que acongoja desde los propios textos, con la música elevando ese dramatismo desde el dominio sinfónico.
El semblante de la mezzo británica reflejaba esa angustia hecha música, el dolor como experiencia, la voz de(l) Alma, los contrastes desgarradores de luces y sombras aunque la muerte sea como decía Mahler un camino hacia la vida: «El acto de la creación está en mi tan estrechamente ligado a toda mi experiencia, que cuando mi inteligencia y mi espíritu se hallan en reposo, no puedo componer nada«. Stevenson puso sentimiento y buen gusto en cada uno de los cinco números y la OSPA el ropaje ideal con un Perry So atento a los volúmenes para no ocultar ningún detalle, con otro triunfo ante el público que dejó una buena entrada en esta sesión matutina del domingo, quedando aún a los asturianos la tarde nuevamente con Dvořák cerrando emociones de dolor elevadas al éxtasis sonoro.
Bohemia capital Bilbao (5)
08/03/2017
clásica, conciertos, música, sinfónica, viajes conciertos, Mahler, música, música clásica, OSPA, Perry So, viajes 1 comentario
Sábado 4 de marzo, 17:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 18, Auditorio. OSPA, Perry So (director). Mahler: Sinfonía nº5 en do sostenido menor. Entrada: 12 €.
Las notas al programa de Mercedes Albaina, que pondré en cursiva y fusia, describen perfectamente lo vivido y sentido en este quinto concierto para «la quinta de Mahler«, añadida a mis anotaciones que ponen textualmente:
Redescubrimiento de «mi» OSPA con un So claro, conciso, incluso valiente en los tiempos, sabedor de la respuesta. Si la cuerda es segura y la madera la respalda, todos los trompas con un Morató inspirado, fueron la guinda de esta quinta. Cada movimiento iba creciendo en emociones, seguridad y ganas de gustar que el público notó y comentó. Formación de Champions para un Mahler eterno.
Y es que Mahler compuso esta sinfonía en plenitud de «técnica y poderes» como la orquesta asturiana que hacía poco la había interpretado en Oviedo con su titular. Pero el chino So realiza un trabajo minucioso, detallado, que siempre encuentra la respuesta deseada a sus gestos perfectos, la «expresión (…) de un poder sin paralelo de la actividad de un hombre a la luz del sol, que ha alcanzado su clímax vital«. Madurez y experiencia la de este director nacido en Hong Kong pero con una trayectoria internacional creciente a la que nuestra orquesta tiene mucho que agradecer en sus múltiples visitas a la capital asturiana, porque una misma obra en tan poco espacio de tiempo iba a pasar de la noche al día. Sinfonía que habla «de vida y por tanto se presenta al oyente repleta de sensaciones significados y emoción«, tres partes bien diferenciadas en el desarrollo así como en la interpretación comandada por el maestro chino nacido en 1982. El arranque de la Trauermarsch (Marcha fúnebre) supuso el discurrir inexorable de unos músicos entregados, para en el Stürmisch bewegt alternar «potentes climax orquestales, vehementes y tempestuosos con pasajes de sugerente refinamiento«, así fue sonando esta primera parte.
La segunda comenzó con el Scherzo: Kräftig nicht zu schnell, diríamos que «vigoroso pero no demasiado rápido» y textual en la música donde el vals se hace internacional y Perry So entendió a la perfección, jugando con el tiempo y los acentos como si Viena fuese su ciudad, ese ritmo ternario tan peculiar y difícil de hacerlo entender, pero que la formación asturiana tradujo al detalle.
La última parte comienza con el evocador por cinematográfico Adagietto que la cuerda con el arpa hicieron sentir único, delicado, aterciopelo y seda vistiendo la angustia viscontiniana, existencialista y «ofrenda de amor«, pienso que hacia la partitura por parte de So desde la excelencia y seguridad del trabajo bien hecho, antes del Rondó-Finale, «alegría de apariencia simple, que da paso a un tapiz sonoro complejo y bellísimo«, casi describiendo al director porque la maestría está en hacer parecer fácil un mundo tan complejo para transmitir mucho más que sonidos bien tocados. Jugando con toda la tímbrica de una formación adulta, compacta, donde el tiempo que llevan juntos permite hacer sonar cada sección como si de un solo instrumento se tratase, sirvió para marcarse una quinta indescriptible con mis palabras, degustando el contrapunto marcado al detalle por Perry So, y citando también a Bruno Walter «unas veces apasionada, otras, salvaje, heróica, exuberante, ardiente, solmene o tierna, recorriendo la gama posible de emociones«. Siempre digo que la música refleja sensaciones, momentos y este concierto me hizo feliz por muchas razones más allá de las musicales. Corroborar el estado de la OSPA y la química con So merecieron haber invitado a unos amigos de Bilbao a este concierto y seguir presumiendo de esta «Marca Asturias». Suscribo como termina sus notas la doctora Albaina: «La Música como reflejo de la Vida. Disfruten de ambas«.
Marzo comienza en Bilbao
06/03/2017
clásica, conciertos, coros, música, piano, recital, sinfónica, viajes Ainhoa Zubillaga, conciertos, David Menéndez, Dvorak, Hermine Haselböck, Isabel Villanueva, Janacek, Judith Jáuregui, Mahler, Mª José Montiel, música, Nadège Rochat, OSPA, Perry So, viajes 4 comentarios
La fiesta de la música que supone el macroevento o Festival «Musika-Música» organizado por la Fundación Bilbao 700 en el Palacio Euskalduna durante cuatro días es cita obligada para todo melómano que se precie y siempre que puedo acudo, pasando previamente por esa taquilla virtual donde además de realizar las gestiones y poner nosotros tiempo y papel, se nos cobran 0,90 € por ello, independientemente del precio (ya grabado con el abusivo 21% de IVA), por lo que mis 10 entradas por duplicado (hay que viajar siempre en compañía) les han supuesto 18€ de ganancia extra. Mejor no enfadarme pero por lo menos lo reflejo aquí. Los precios iban este año de los 12€ (auditorio) a los 4€, aunque normalmente abundan los de 6€ en las salas pequeñas, pero siempre hay actividades gratuitas una vez dentro del Euskalduna. La cafetería tiene «precios vascos» si bien alrededor hay oferta para todos los gustos y bolsillos. Como suele ser habitual, abundante presencia de turistas franceses por cercanía y disponibilidad, pero también de distintos puntos de nuestra geografía además de la excelente tradición musical vasca en general y bilbaina en particular, moviendo cada espectáculo verdaderas riadas de aficionados y familias de los estudiantes que dieron la talla como verdaderos profesionales.
Este año la «maratón musical» estuvo dedicado a la Bohemia, con todo lo que me supondrá escribir correctamente los nombres, aunque seguro que elegiré la opción «occidentalizada», agrupando a cuatro compositores clave de esa zona: Gustav Mahler, Antonín Dvořák, Leoš Jánaček y Bedřich Smetana, participando 850 músicos en 75 conciertos y actividades como conferencias, encuentros con músicos o firmas de discos (este año «los del triángulo verde» pusieron su stand, supongo que con remordimiento al comprobar que en sus establecimientos la llamada música clásica sigue menguando en oferta), sin olvidar todo el personal del Euskalduna además de afinadores donde volví a encontrarme con mi querido Jesús Ángel Arévalo, habitual desde las primeras ediciones, al que veo más en Bilbao que en Oviedo.
Y si los números son de impacto, saber que hubo más de 30.000 espectadores, colocados carteles de completo en muchos conciertos (solo estaban numerados los del Auditorio) además de la oportunidad que tienen las formaciones de distintos conservatorios de actuar y asistir en vivo a muchos de los espectáculos ofertados, es toda una alegría y un oasis a tres horas de mi casa.
Para Bilbao supone seguir siendo capital cultural con todo el impacto económico que supone (hoteles llenos, bares, cafeterías, museos…) y el gasto revirtiendo en ingresos, pese a que los políticos solo vean números fríos y se plieguen a ¿órdenes europeas? de recortar, normalmente en cultura… No podemos esperar de nuestros dirigentes algo más de cultura pero podrían pasarse por estos eventos y comprobar en primera persona o a pie de escenario todo lo que se mueve, la vida fuera de los despachos, y especialmente sembrar para la gente joven pues el futuro para ellos no es precisamente halagüeño como sigan gobernando así… Pero mejor no sigo que me enfado y la fiesta continúa.
A la vista de semejante despliegue cuesta organizar nuestro «menú a la carta», que en mi caso siguió unos criterios: Mahler porque además de gustarme especialmente, escuchar en tan breve lapso de tiempo cuatro sinfonías (1ª, 2ª, 4ª -se ofertaba también en Oviedo- y 5ª) además de los Kindertotenlieder, la «Canción de la Tierra» o las «Canciones del Caminante» son de por sí un hito, teniendo que «rechazar» varios Dvorak de referencia pero también cercanos en la amplia oferta asturiana (toco madera porque los recortes se anuncian como ¡ahorro!). Mi apuesta suele ser sinfónica, no solo apoyando a la OSPA (que ofreció tres conciertos) sino viendo el estado de otras formaciones nacionales pero también de esa Bohemia en la llamada Europa del Este, pero busco siempre un hueco para la música de cámara porque resulta la mejor escuela de compositores y público antes de las obras sinfónicas, encontrando algunas joyas que iremos comentando desde aquí. Dejo mi particular planning para que se hagan una idea, sumando la novedad de solaparse conciertos cuando en otras ediciones no coincidían y uno podía desechar menos (el bolsillo también mandaba).
La rapidez de twitter me permitió ir comentando sobre la marcha mis conciertos y algunas fotos, con la etiqueta (hastag dicen los «nativos digitales») #MusikaMúsica2017, incluso interactuando con algunos de los intérpretes y hasta avanzando noticias de última hora. Todos los detalles los iré colocando en este blog con el título «Bohemia capital Bilbao» que dan más juego, si bien tuve el humor de cargar con una libreta e ir anotando detalles para las distintas entradas, que la memoria no es la de mis años mozos y hay mucho para contar.
Así que sin prisa pero sin pausa, subiremos detallados mis eventos de esta edición que básicamente puedo resumir en:
–Mahler, siempre un seguro aunque el listón esté inalcanzable, pero cuyas obras superan interpretaciones «simplemente» notables; Dvořák más allá de sus sinfonías, la conjunción del oficio y la tradición en todos los campos; y un poco de Jánaček que siempre es mucho, esperando deje de ser una «rareza» en las programaciones, tanto sinfónicas como camerísticas, verdaderas joyas para disfrutar.
-Festival vocal pero sobre todo de mezzos, lógico con tanto Mahler (también me gustan con barítono, sobre todo en recital) y además con la cancelación para la «Resurrección» de Mª José Montiel (había levantado expectativas entre el público tras la inauguración del festival el jueves) me permitió disfrutar por partida doble a la donostiarra Ainhoa Zubillaga (en principio solo «la tenía» para el Stabat Mater dominical con lo que supone afrontar La Segunda de Mahler en estas circunstancias), calidad en todas las voces, algunas jóvenes, otras todavía formándose, varias con la agenda no tan completa como quisieran en esta España nuestra cada vez más empobrecida musicalmente (aunque sigamos exportando talento), pero especialmente el «descubrimiento» de la austriaca Hermine Haselböck en los Lieder eines fahrenden Gesellen con una orquesta (la Jánaček Philharmonic Orchestra Ostrava) y director (Heiko Mathias Förster) ideales para ese concierto.
-La constatación del nivel de unos solistas de talla internacional como la violista pamplonica Isabel Villanueva y la pianista donostiarra Judith Jáuregui que además nos trajo la presentación en España de la cellista francosuiza Nadège Rochat con un «Ex-Vatican Stradivarius» de 1703 prestado por la Academia de las Artes de Florencia bello en presencia y sonido capaz de emocionarnos en las manos de esta joven intérprete que le hace realmente cantar.
-De los asturianos citar al barítono David Menéndez en el buen cuarteto solista del Stabat Mater de Dvořák, además con «nuestra» OSPA, más los «primos hermanos» de la Sociedad Coral de Bilbao y un Perry So al frente que marcó diferencias. Los tres conciertos fueron exigentes, duros y muy trabajados por el chino que transmite no solo alegría sino profesionalidad, seguridad y por tanto calidad a la Orquesta del Principado que brilló con luz propia.
Quedan muchas entregas con fotos, detalles, mis comentarios de la agenda (no es La libreta colorá pero hace las veces) más una semana con piano, orquestas, distintas épocas para seguir este mes de marzo bastante completo antes de la Semana Santa. Y como en los viejos seriales radiofónicos, continuará…
La emoción como plena inclusión
25/02/2017
Asturias, conciertos, música, sinfónica Benito Lauret, conciertos, Emilio Aragón, inclusión, John Falcone, música, Mussorgski, Oliver Díaz, OSPA, Oviedo Filarmonía 1 comentario
Viernes 24 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Mosaico de Sonidos«. OSPA, Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Obras de E. Aragón, J. Falcone, B. Lauret y M. Mussorgski. Entrada libre previa invitación (agotadas desde semanas antes).
Escribir del proyecto «Mosaico de sonidos» ya lo han hecho mejor que yo, por lo que transcribo y completo lo ya escrito por otros:
La obra que interpretaron la OSPA y la OFIL, dirigidas por Óliver Díaz, y que abrió el concierto, fue La flor más grande del mundo (2007), una partitura compuesta por Emilio Aragón sobre texto de José Saramago, sobre la que los participantes estuvieron meses trabajando con los propios músicos de la orquesta y con sus preparadores y monitores. Patrocinada por la AEOS (Asociación Española de Orquestas Españolas) que preside la gerente de la OSPA, Ana Mateo, y la Fundación BBVA.
La intención de los responsables del proyecto es que no sea un concierto extraordinario, sino que se incluya dentro de la temporada de abono de las orquestas, para que cobre fuerza la iniciativa de integración de personas con discapacidad en la sociedad actual. «No hemos querido que se trate de un concierto extraordinario. La integración social y la visibilidad de estas personas y sus capacidades se logran mejor en un concierto ordinario», apuntó Mikel Cañada, coordinador del proyecto y que lo presenta en el número de febrero de la revista Scherzo.
Meses de duro trabajo que arrancaron en 2015 a lo largo de toda la geografía española con los profesores de las orquestas, con discapacitados plenamente capaces de integrarse e interrelacionarse con la música no ya como terapia sino como verdadero cauce de sentimientos que transmitieron a un auditorio lleno hasta la bandera don familias, amigos, docentes, músicos, melómanos y no iniciados en el mundo sinfónico disfrutando todos juntos de un concierto especial, inclusivo e irrepetible como todos los espectáculos en directo que alcanzan el premio de la esperada cima tras el esfuerzo de tantas y tantas jornadas, esperando repetir y volver a explorar unas sendas ya conocidas.
«Plena inclusión» como proyecto en el que se ha implicado la AEOS para devolvernos a la sociedad lo que tanto les damos en palabras de Ana Mateo, y realmente con creces a la vista del éxito y sobre todo la emoción. Unir en el escenario a las dos orquestas de nuestro Principado, la autonómica y la capitalina, bajo la dirección de Óliver Díaz es ya un acontecimiento (creo que para finales de junio repetirán con la Resurrección de Mahler, esperando ver algún día una de Los Mil asturianos). Implicarse en este mosaico de emociones es un premio no ya solidario o educativo sino un hito que debe repetirse como el cuento para niños de todas las edades de Saramago hecho realidad. El concierto comenzó con la proyección de un corto de Ángeles Muñiz donde se mostraba parte del trabajo previo.
El relato por parte de los actores, músicos y voluntarios fue desgranando una historia con un final de apoteosis emotiva, «La flor más grande del mundo» donde en vez de deshojarla crecía, protegía y abría deseos de los participantes, totalmente suscritos por todos los presentes, presentándose y pidiendo sonrisas, lágrimas, vida a fin de cuentas, con la música de Emilio Aragón (artista integral) nacida para el corto del mismo título pero donde las imágenes fueron otras aunque igualmente emotivas, y la banda sonora esta vez asturiana de alma y corazón. Ambientes sonoros creados por la gran orquesta para la ocasión y los chicos, coreografías, cotidiáfonos, pinceladas de música de nuestra tierra como ese A coger el trébole (2017) de John Falcone (uno de los asturianos implicados en el proyecto junto a otros que figuran en el programa que he dejado escaneado), fragmentos de las Escenas asturianas (1976) del siempre recordado Benito Lauret, pasando por un gaitero para abrir espectáculo y cerrar como en las grandes ocasiones con nuestro himno que fuimos incapaces de cantar juntos ante el cúmulo de sentimientos que te cortan la respiración, poniendo la carne de gallina por el esfuerzo y valentía de enfrentarse a este concierto, pero sobre todo cuando el maestro Óliver Díaz cedió batuta y frac a Iván Vázquez para finalizar esta «flor» desde el podio mientras Díaz se unía al relato verbal (dicción tan buena como la dirección) como uno más, todos juntos para la verdadera y PLENA INCLUSIÓN unida a la emoción. Si la música es imprescindible en esta vida, este cuento con final feliz no tiene palabras porque son irrepetibles como los sentimientos.
La parte sinfónica tras tantas emociones, la ocuparon los Cuadros de una exposición (1874) de Mussorgski interpretados por miembros de las dos orquestas cambiando algunas posiciones y concertino (Vasiliev en la primera y Miljnic en la segunda) para una plantilla ideal donde lo que más agradecimos fue la cuerda (calcular desde los ocho contrabajos el total) para alcanzar el equilibrio deseado en partituras como esta orquestada por Ravel desde el original pianístico del ruso, una maravilla ver y escuchar cada número con una gama dinámica espectacular y un entendimiento nuevamente de «plena inclusión» de unos músicos que sumaron calidades para responder perfectamente a la dirección de Óliver Díaz a quien ambas formaciones sinfónicas conocen bien, uniendo los atriles principales para regalarnos unas estampas igual de emocionantes que la primera parte.
Especialmente brillantes los ambientes sonoros alcanzados con variedad de dinámicas y tiempos, sonoridades íntimas y explosivas con intervenciones solistas de gran calidad. Me quedo con el clima de El viejo castillo, la claridad del «ballet de los polluelos» en una cuerda que parecía llevar junta muchos años, el crecimiento emotivo de las Catacumbas y la salida triunfal por La gran puerta de Kiev que puedo decir resultó como otro gran castillo de fuegos artificiales para una fiesta de inclusión en unos tiempos donde la exclusión quiere imponerse, volviendo a demostrar que la música como único lenguaje universal, consigue lo impensable desde lo más profundo del ser humano: la sensibilidad que debemos regarla como «la flor más grande del mundo».
Lo romántico sublime
28/01/2017
Asturias, clásica, conciertos, conferencias, música, sinfónica Ari Rasilainen, Auditorio de Oviedo, Bruckner, conciertos, Edson Zampronha, Jesús Reina, Jesús Torres, música, OSPA, OSPATV, Tchaikovsky 1 comentario
Viernes 27 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 6 OSPA «Arquitectura sonora»: Jesús Reina (violín), Ari Rasilainen (director). Obras de Tchaikovski, Torres y Bruckner.
El profesor y compositor Edson Zampronha, autor de las notas al programa (enlazadas en los autores), nos preparó antes del concierto con una conferencia cercana, emotiva como su propio título «La emoción rompe los límites: la música del alto romanticismo en el final del siglo XIX» donde contagió esa pasión común por tres obras tan distintas pero unidas precisamente por el programa bautizado como arquitectura sonora y resumidas por «el sublime», con referencias filosóficas en cuanto a la subjetividad del oyente desde la oscuridad buscada de la sala hasta el viaje interior que toda escucha supone.
Regresaba nuevamente el finlandés Ari Rasilainen al frente de la OSPA y las obras elegidas nos trajeron buenos recuerdos anteriores de su estilo directorial: una batuta vigorosa, clara y precisa con una mano izquierda completa de gestos variados, atento al equilibrio de dinámicas subrayando siempre la sonoridad puntual tan distinta en las tres partituras, con una orquesta nuevamente reforzada en la cuerda permitiendo recrearse en matices extremos sin perdernos ningún plano. Y es que la calidad también va unida por momentos a la cantidad cuando se controla todo al detalle, algo que los compositores de este sexto de abono iban a permitir.
En pleno cierre de temporada operística carbayona vino muy bien elegir la Polonesa de «Eugene Onegin» (Tchaikovski), tributo local desde lo universal para optar por un aire más rápido del «habitual«, nada bailable y obligando a la cuerda expresiva y técnicamente a darlo todo, mientras la madera y sobre todo los metales, que estarían pletóricos a lo largo de la velada, nos dejaban una versión brillante pero también muy contrastada en volúmenes, claroscuros arquitectónicos que parecían preparar el resto del concierto, también en lo anímico con este explorador de emociones como fue el ruso, jugando Rasilainen con todo el material sonoro llevado a unos extremos siempre controlados.
Jesús Torres (1965), compositor invitado esta temporada (y presente en la sala), es uno de los más destacados de esta generación. Compuso su Concierto para violín y orquesta entre el 26 de agosto y el 29 de diciembre de 2011 por encargo de la Fundación BBVA y está dedicado al violinista Miguel Borrego que lo estrenó el 22/03/12 en el Teatro Monumental de Madrid con la Orquesta Sinfónica de RTVE y Kees Bakels). Analizado en el programa de mano y contado a OSPATV por el propio zaragozano en compañía del solista elegido para este abono, Jesús Reina, este malagueño con recorrido y futuro más que asegurado, afrontó el reto de una obra actual llena de guiños «clásicos» pero sin confrontación con la orquesta, una fusión de lenguajes con especial importancia de la percusión y una plantilla impresionante (3-3-3-3/4-4-3-1/3 Perc. Tim/14-12-10-8-6), para tres movimientos casi unidos en su desarrollo, Dramático, Apasionado y Estremecido, donde Torres construye un universo sonoro agradable desde unas disonancias nunca molestas y buen conocedor de la escritura sinfónica. Obra grandiosa, edificio sonoro que va elevando una partitura muy bien construida donde Rasilainen se mostró un arquitecto solvente y Reina fue perfilando al milímetro esos calificativos de música pura, la delicadeza de un sonido siempre cantabile. Pasajes realmente virtuosos, diálogos potentes con la orquesta en este solista que apuesta por músicas contemporáneas, emergiendo al final de la masa sonora con un pasaje a dobles cuerdas realmente estremecedor, exigentemente lírico para una melodía a dos voces bellísima trazando el remanso tras el poderío de los veinte minutos aproximados de duración.
La propina en línea con lo anterior, música actual con ese aire zíngaro de «violero» recordando sus orígenes populares en los famosos verdiales de su tierra natal en compañía de su padre demostró el buen momento y la musicalidad que atesora este violinista y docente malagueño.
Manteniendo la estructura todavía habitual en muchos conciertos sinfónicos de obertura breve, concierto con solista y una sinfonía histórica, llegaría el esperado y muy programado Bruckner, en cierto modo lógico tras la «moda Mahler» (también presente esta temporada de la OSPA y en Musika-Música del próximo marzo bilbaíno). El universo Bruckner permite disfrutar como pocos del impacto sinfónico siempre del agrado del público, máxime contando con una plantilla para la ocasión y un director que contagió vigor y rigor desde el podio. La Sinfonía nº 3 en re menor (1889), «Sinfonía Wagner» de connotaciones operísticas para seguir con el lirismo arquitectónico del concierto, en la edición del su discípulo Franz Schalk (de las muchas que se han publicado), manteniendo estructura «clásica» engrandece esas lentas melodías dotando de una tensión romántica a esta tercera que la OSPA y Rasilainen fueron construyendo cual catedral sonora neoclásica. Trabajando todas las combinaciones que van dando protagonismo a cada sección, disfrutamos de unos metales que me gusta llamar orgánicos por la referencia bruckneriana en el instrumento rey, no ya el trío de trompetas o de trombones más la tuba, sino un quinteto de trompas en perfecta armonía «cantando un coral» a cuatro voces rebosante de la religiosidad del alemán, en estado de gracia todos ellos (incluyendo el refuerzo «de descanso» que los entendidos comprenderán) y por supuesto una cuerda siempre presente, empastada, de amplia gama expresiva, especialmente en el arranque del segundo movimiento. Buen entendimiento con la batuta que dibujó siempre certera las trazas arquitectónicas de esta tercera potente, vigorosa pero también íntima, casi una reconstrucción (puede que del propio Schalk) del templo sonoro que crece a lo largo de los cuatro movimientos en altura emocional de dibujo sencillo y efectivo por el uso de silencios subyugantes dejando flotar el sonido, y fortísimos contrastantes además de contundentes, especialmente en los graves, y unos pizzicati redondos por lo presentes. Tal vez faltase un poco más de emoción pero nunca claridad en el juego de volúmenes ni sensibilidad en esas melodías infinitas.
Esperamos que el maestro Rasilainen vuelva en un futuro no muy lejano porque su trabajo siempre resulta del agrado de todos, aunque el patio de butacas siga con muchas vacías, perdiéndose conciertos pensados para el respetable.
Creciendo con Beethoven
21/01/2017
Asturias, clásica, conciertos, discos, música, piano, sinfónica Auditorio de Oviedo, Beethoven, conciertos, Leon McCawley, Manuel López-Gómez, música, OSPA, OSPATV, piano, Ramón G. Avello 1 comentario
Viernes 20 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 5 «Orígenes II», OSPA, Leon McCawley (piano), Manuel López-Gómez (director). Obras de Beethoven.
Más de cincuenta años creciendo con la música de Beethoven y nunca me ha fallado, desde las sonatas pianísticas, solas o con violín, los cuartetos, los conciertos para piano donde el «Emperador» sigue reinando pero sobre todo sus sinfonías que he ido ampliando en todos los formatos disponibles (a excepción del Blu Ray tras el fiasco del Laser Disc). Crecimiento vital y formación perpetua para intérpretes de todo tipo, sin olvidar a melómanos empedernidos e igualmente aficionados recién llegados. Con los años vamos descubriendo nuevos detalles, madurando, probando versiones de todo tipo, desde Karajan y su berlineses en vinilo (o cassete) antes de sus posteriores grabaciones, pasando por Bernstein hasta la integral de Harnoncourt en CD por citar tres de mis referentes en las nueve sinfonías al completo, pugnando por «tener que elegir» una cuando todas las impares se imponen (aunque La Cuarta de Solti daría para una entrada propia), imprescindibles y dependiendo del momento emotivo.
Este frío viernes de enero retomaba mi «normalidad» con un monográfico del sordo genial donde un joven director venezolano de la misma cantera que otros más mediáticos (del que fue asistente), famosos o conocidos se ponía al frente de una OSPA reforzada en la cuerda por ocho jóvenes alumnos del CONSMUPA para interpretar «La séptima» como plato fuerte, un Coriolano para abrir boca y «el tercero de piano» con un inglés que regalaría a Rachmaninov tras una limpia ejecución a la que le faltó el ímpetu juvenil que brilló y dio calor. Beethoven para crecer y seguir manteniendo el espíritu juvenil, casi vampirismo musical de aficionado transmitido desde un escenario que rebosaba ganas e ilusión recompensado por un público agradecido que volvió a llenar unas butacas preocupantemente vacías en el ya fenecido 2016.
Entrando en detalle quiero comenzar por el Concierto para piano nº 3 en do menor, op. 37 (1800-1803) con Leon McCawley de solista (las notas al programa de Ramón Avello están enlazadas en el título de cada obra). De entrada la orquesta quedó «menguada» para ajustar sonoridades en esta pugna dinámica entre unos y otro, con un Manuel López-Gómez atento al detalle, buen concertador y controlando de principio a fin estilo, dinámicas y tempo que pareció contar con una pulsación algo distinta del británico, siempre un instante adelantado en el Allegro con brio plenamente mozartiano, con algún sobresalto en un pedal que pareció buscar precisamente la bruma que se iría disipando a lo largo de los dos movimientos siguientes y tras unos solos donde pudo recrearse. El bellísimo Largo resultó pulcro desde ese solo inicial, con un trabajo sonoro en las notas sueltas cinceladas con una independencia inusitada y una orquesta etérea vistiendo el cristalino devenir pianístico, la transición del Clasicismo al Romanticismo que Beethoven parece conjugar en este tercero estallando en el Rondó: Allegro de firma propia, perfectamente encajado y dialogado, equilibrios sonoros y entendimiento de todos los intérpretes, en un concierto que fue de menos a más aunque no llegó a emocionarme. Se hizo algo de rogar McCawley antes de regalarnos «un Rachmaninov» donde pudo demostrar su sonido y técnica limpia en uno de los últimos románticos del siglo XX.
Pero el Beethoven sinfónico resultó lo mejor porque parece que el dicho «no hay quinto malo» también se aplicó en este abono que sigue rindiendo culto a los orígenes. Coriolano, obertura, op. 62 (1807) presentó una plantilla ideal de cuerda, con los jóvenes refuerzos y algunos que «descansaron» en este programa (aunque también hay maestros que se van jubilando dejando paso a la savia nueva) dando un paso al frente los principales como solistas» para conseguir esa sonoridad completa y una «disposición vienesa» más apropiada que nunca con los contrabajos detrás de los violines primeros, trompas (hoy excelentes) y trompetas (de llave) a pares flanqueando a clarinetes y fagotes, traverso de madera con los oboes más los timbales atrás a la derecha. El trabajo de Manuel López-Gómez (entrevistado en OSPATV) se notó desde el arranque, gesto claro, preciso, pulsión sin decaer en un Allegro con brio literal, explorador del sonido en todos y cada uno de los detalles y secciones con la ventaja de una partitura memorizada que le permitió volcar todo esfuerzo en la interpretación sin perderse ni una nota, ni una entrada, ni un matiz, incluso los silencios resultaron musicales. Ímpetu juvenil y dramatismo (en esa tonalidad tan «intrigante» como do menor) transmitido por una OSPA entregada.
Si la obertura puso las cartas boca arriba de los recursos e ingredientes perfectos, era de esperar que la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (1811-1812) resultase modélica por estilo, color, tiempos ajustados a la propia partitura, de la que afloraron notas a menudo oscurecidas pero que el equilibrio dinámico permitió degustar y disfrutar nuevamente desde la total concentración del director venezolano. Luminoso Poco sostenuto – Vivace con pulsión y matices amplios, protagonismos compartidos, tímbricas deslumbrantes y esa rotundidad de los graves más presentes que nunca (por ubicación, cantidad y calidad) con la limpieza de cada nota en el tiempo más movido. Emocionante el Allegretto, romanticismo sinfónico sin edulcorar, una cuerda que sonó y protagonizó uno de los momentos cumbres de la noche, violas, segundos, cellos y contrabajos hasta los primeros en un crescendo que desemboca en un tutti desgarrador sin perder nunca presencia los dos temas. Y unir el Presto con el Allegro con brio ayudó a una coherencia interpretativa por parte del maestro López-Gómez que fue secundada en todo momento por una OSPA madura, confiada, entregada, dejándonos una expléndida séptima, coloridamente cristalina y sin concesiones a la galería, el empuje que no decae, empuje jovial y juvenil, plenitud orquestal que transmite esta joya sinfónica, musicoterapia que sube los ánimos de intérpretes y el público, y así lo entendió el respetable que disfrutó agradeciendo con largos aplausos obligando al venezolano a salir varias veces.
Esperamos repita visita y tomemos nota de esta batuta porque está llamada a una larga carrera de éxitos.
La OSPA Grande con Bayl
17/12/2016
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Andreas Weisgerber, Auditorio de Oviedo, Benjamin Bayl, Julio Medaglia, música, Mozart, OSPA, OSPATV, Schubert Deja un comentario
Viernes 16 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 4 «Orígenes I»: OSPA, Andreas Weisgerber (clarinete), Benjamin Bayl (director). Obras de Schubert y Mozart.
Cada visita del maestro australiano, afincado en Berlín, Benjamin Bayl (1978), es un placer para mí. Una delicia verle trabajar y cómo hace sonar a nuestra OSPA, desde sus óperas en el foso del Campoamor (Agripina o Bodas) hasta conciertos memorables como el de noviembre de 2011 o marzo de 2013, pero especialmente el de abril de 2014 que como este cuarto de abono de nuevo unía muerte y vida. Obras de dos grandes que murieron jóvenes y compusieron al final de sus cortas vidas joyas musicales en una Viena que respiraba música por todas partes aunque no siempre fuese agradecida con los genios.
Franz Schubert (1797-1828) marcaría la calidad de este cuarto de abono, comenzando con la poco escuchada obertura del «singspiel» Die Verschworenen oder der häusliche Krieg, D. 787 para una formación ideal en número, especialmente si desde el podio se mantiene el equilibrio ideal de dinámicas y planos sonoros sin sacrificar un ápice el discurrir musical. Joaquín Valdeón, autor de las notas al programa que dejo enlazadas también en los autores, analiza a la perfección esta partitura de «Los conjurados o la guerra doméstica» compuesta entre 1822 y 1823 aunque como casi toda su producción, estrenada tras su muerte nada menos que 33 años después en Frankfurt, y de la que el pintor Von Swchwind dijo tras escucharla «¡Qué profusión de talento e instinto dramático». Digna de abrir programa Bayl la afrontó de memoria y preparando a la orquesta para un concierto emotivo que sacaría de ella todas las virtudes que no siempre apreciamos: entendimiento, sonoridad plena, riqueza de matices, balances, presencias y estilo propio para un Schubert al que todavía le seguimos redescubriendo.
Pero la excelencia vendría en la segunda parte con su Sinfonía nº 9 en do mayor, D. 944 «La Grande», tres años componiéndola y descubierta entre pilas de partituras inéditas por Schumann, estrenada parcialmente en Leipzig por Mendelssohn en 1839 y ya completa en 1850 en Viena. De nuevo Valdeón escribe la génesis e historia de esta novena que en sus clásicos cuatro movimientos supone una verdadera piedra angular del sinfonismo para todas las secciones orquestales. Bayl en busca del «sonido vienés» puro por la tímbrica, no solo por la elección de los instrumentos (trompetas de llaves, flautas de madera o timbales de cobre) sino por la propia disposición (contrabajos tras los violines, violas y chelos permutados, trombones detrás de las trompas), trabajando cada movimiento independiente a la vez que unificador en empuje, tensiones y contrastes. Una maravilla ver esa batuta dibujando las entradas, aplacando con la izquierda cualquier mínimo destello fuera de lugar, dividiendo la cuerda para equilibrar dinámicas y descansar dedos preparando la máxima tensión que permitió escuchar cada sección como una sola. Limpieza en los pasajes, fraseos conjuntados, matices extremos con una tensión única frente al terciopelo deseado. El Andante-Allegro ma non troppo dejó claras las ideas esbozadas en la obertura de la primera parte, con el solo de trompa limpio y «cantabile» antes del desarrollo del primer movimiento tejido cual encaje de bolillos, colorista y vigoroso; el Andante con moto brindó momentos de empaste ideal, pianos con ritmo de marcha y emotividad del oboe bien contestado por toda la madera, pinceladas de timbales broncíneos siempre en su sitio y la cuerda sedosa; el Scherzo: Allegro vivace toda una lección instrumental del mejor sinfonismo equiparable al Beethoven idolatrado e inalcanzable del «pobre Franz», el empuje ternario, las acentuaciones, los crescendos apreciando cada nota, los cambios de aire claramente marcados, y sobre todo el Allegro vivace que derrochó valentía, buen gusto y musicalidad por doquier, heroismo y tributo a los maestros en escritura y ejecución. Es un placer comprobar la calidad y la calidez de la OSPA cuando el maestro Bayl se pone al frente, detallista, enérgicamente sutil y enamorado de la música.
De la maestría de nuestros músicos es buena prueba el papel que se les da como solistas, esta vez el clarinete Andreas Weisgerber que nos deleitó con el Concierto para clarinete en la mayor, K. 622 de Mozart, estrenado el año de su muerte y un testamento equiparable a su trilogía sinfónica final o las últimas óperas. Bayl concerta como nadie, la plantilla resultó ideal para que Weisgerber luciese presencia en la amplia gama dinámica de esta joya, el mismo idioma motívico del Allegro inicial, la ternura casi lírica del conocidísimo Adagio que volvió a ponerme un nudo en la garganta (de la cascada de toses mejor no hablar) más la cascada virtuosamente limpia y plena de musicalidad del Rondó: Allegro, el paso al frente del solista siempre querido e inspirado arropado por sus compañeros, remando en la misma dirección para dejarnos ese clasicismo único del genio de Salzburgo, que como su compañero de programa tendría que morir joven para ser reconocido. Los largos y merecidisímos aplausos a nuestro clarinete alemán desde la creación de la OSPA en 1991 premiaron esta labor de años y la posibilidad de abordar este concierto que no pasará de moda nunca.
La propina resultó un verdadero placer, sumándose a Andreas la trompa de Morató, el fagot de Falcone, la flauta de Myra Pears y el oboe de Ferriol para Requinta Maluca, tercer movimiento de «Belle Epoque in Sud-America«, obra del brasileño Julio Medaglia que recuerda los felices años 20 con ese aire festivo y por momentos cómico que el clarinete pinta en compañía de sus amigos en un quinteto colorido de lo más agradecido. Al menos la música supone la mejor terapia en momentos de dolor y la muerte triunfa como sonora obra eterna, siempre inspiradora y aún más cuando se unen calidad, excelencia… y amistad. Gracias por este concierto que pone fin a mi año sinfónico. El Mesías del viernes 23 me pillará en tierras malagueñas aunque estaré pensando en él con m querido José Esteban G. Miranda comandando todo el conjunto, también un paso al frente de quien más ha trabajado desde el Coro de la Fundación esta página navideña que no falta en Oviedo con una OSPA para la ocasión.
Caleidoscopio en infinidad de grises
10/12/2016
Asturias, cine, conciertos, música, sinfónica cine, conciertos, Jesús Torres, José Ramón Encinar, Mª José Suárez, música, OSPA, OSPATV, Sonia de Munck 1 comentario
Viernes 9 de diciembre, 20:00 horas. Teatro de la Laboral, Gijón. Laboral Cineteca, Concierto extraordinario OSPA, Sonia de Munck (soprano), Mª José Suárez (mezzo), José Ramón Encinar (director). Jesús Torres: «Fausto. Música para la proyección de la película de Friedrich Wilhelm Murnau (1926)» (2008). Entrada: 8 € (más 1 € de gestión, todo desde casa incluyendo la impresión de la misma).
El mal llamado cine mudo siempre tuvo la música como soporte y apoyo, en directo con un piano, un dúo, una agrupación de cámara o una gran formación sinfónica. Grandes partituras orquestales se han escrito para la pantalla desde sus inicios y comienzan a recuperarse desde hace tiempo esas proyecciones con la música en vivo, incluso con nuevas bandas sonoras para películas históricas como ya hemos podido disfrutar en Asturias en repetidas ocasiones.
Y este viernes llegaba a Gijón el Faust. Eine deutsche Volkssage (Fausto. Una leyenda popular alemana) de 1926 del director alemán F. W. Murnau con música de Jesús Torres (Zaragoza, 1965), no la banda sonora sino una música paralela a la proyección, como indica el título de la partitura, superposición de ambos acontecimientos y pensada para complementarse más que subrayar la acción. El dedicatario de la misma, José Ramón Encinar junto a las voces que estrenaron la obra en Madrid, pero esta vez con nuestra OSPA en vez de la ORCAM (merece ver la entrevista en OSPATV) fueron los encargados de un excelente espectáculo sinfónico que nos devuelve lo mejor de la programación asturiana aunque sea fuera de los abonos y de los escenarios habituales, fichando como compositor residente al maño, con todo lo que supone trabajar codo con codo al creador y sus intérpretes.
El expresionismo como género artístico se concibe en toda la partitura como nueve escenas o números no siempre concidentes con la acción cinematográfica pero igualmente cargadas de emociones y ambientes sonoros desde un lenguaje atemporal con especial protagonismo de la percusión y el piano para una plantilla no muy grande donde además de metales (sin tuba), la madera presenta instrumentos extremos como flautín, clarinete bajo o contrafagot además del corno inglés, todos con intervenciones solistas y un tejido de texturas en la cuerda para ir jugando con una infinita carga de matices sobre el blanco y negro dibujando emociones, efectos avanzados para los años veinte del pasado siglo y la música por momentos contemporánea a la vez que actual, dos obras maestras discurriendo paralelas. La incorporación de la voz femenina hacia el final con la madrileña Sonia de Munck y la asturiana Mª José Suárez en perfecta simbiosis vocal de empaste, color y expresión, sin texto, amplificadas lo justo con una reverberación que ayudaba aún más a ese clima dramático en el amplio sentido de la palabra, las mismas voces que han participado en cada concierto, conforman casi una ópera visual, aportando una dimensión tan celestial como el propio triunfo del amor que ilumina pantalla y espacio sonoro.
Si percusión y viento parecen cargar con el peso, toda la cuerda (hoy con Fernando Zorita de ayudante de concertino) tejió pasajes en un caleidoscopio orgánico de variadas texturas para alcanzar dramatismo, pulsión rítmica, lirismo en los solos de Vasiliev o von Pfeil, guiños melodramáticos sin cargar tintas, dolor y amor en las dosis idóneas, todo con el dominio total de un Encinar que llevó cada fotograma sonoro de la partitura con igual exactitud que los del celuloide, dotándolo de las dinámicas precisas y el ambiente ideal pensado por un Torres que maneja la paleta sinfónica paralela a la de Murnau. Si la película sigue asombrando con la perspectiva de los años y el amor por el séptimo arte que no ha dejado de avanzar, la música no solo camina de la mano sino que puede volar independiente de la imagen aunque con ella alcance el verdadero sentido compositivo.
Las notas al programa de Álvaro Guibert son las preparadas para el estreno madrileño en el Teatro de la Zarzuela que encarga esta partitura, allá por mayo de 2009, y que se ha repetido no demasiadas veces, agradeciendo poder disfrutarla en Gijón, un placer la lectura previa y también la posterior al espectáculo que agradó a todos los presentes, toses siempre evitables, alcanzando el clímax en la explosión de parte de los parches colocados en los palcos laterales del primer piso con el redoble de caja en el escenario mientras el amor de Goethe triunfaba sobre Mefisto, el drama inmortal donde se sigue vendiendo el alma no ya por la eterna juventud sino por cosas mucho más perecederas. Torres ha sabido captar la quintaesencia y atraparla en una partitura para la que Murnau es compañero de este viaje.







































































