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La música se hizo luz con Guillou

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Sábado 21 de septiembre de 2013, 21:00 horas. Catedral de León: Concierto inaugural del nuevo órgano construído por la Factoría Klais. Organista: Jean Guillou; obras de Cabanilles, Bach, Guillou y Moussorgski.

En la música, como en la vida, paciencia y perseverancia deben regir nuestro devenir aunque conlleva sacrificio, desesperanza, desánimo… y todo compensa si podemos ver realmente conseguido aquéllo por lo que tanto se ha luchado.

El organista Adolfo Gutiérrez Viejo comenzaba hace treinta años la organización de un festival internacional para el instrumento rey en su Pulchra Leonina tal vez inspirado en el Leipzig de Bach y buscando hacer llegar al público la importancia de la música más allá del culto. Claro que el instrumento de Organería Española no era el más adecuado para transmitir un amor compartido por muchos en una sociedad de provincias. Con todo, el festival fue trayendo en el inicio otoñal leonés a los mejores intérpretes, Jean Guillou entre ellos, de un órgano que nunca rendía como deseáramos. La dirección del festival pasaría a otro organista, Samuel Rubio, continuando la ardua labor de conseguir fondos para un órgano nuevo acorde con la Catedral más luminosa y bella de España. Negociaciones que llevarían en 2009 a prometer (la firma después) un instrumento nuevo que se estrenaría en la XXX edición.

Como seguidor del Festival lo fui igualmente de las vicisitudes a través de internet (prensa incluida también en la red dando puntual información) del desmontaje del viejo y adquisición del nuevo órgano fabricado en la factoría Klais en Bonn, con fotos, llegada, montaje, sus primeras notas y ¡al fin pude escuchar en vivo! en la festividad de San Mateo que marcará un nuevo hito para León, la cultura, y especialmente el órgano.

La fiesta comenzó a las cinco de la tarde con un encuentro de las agrupaciones y bandas de la Semana Santa leonesa en la propia plaza, pendones y hasta las dulzainas de la Escuela Municipal de Música. Para horror de los británicos y muchos de los presentes, la cola inicial se fue duplicando, triplicando y no digamos de caraduras que se hacen «los longuis» charlando y poniéndose delante de uno con todo el descaro. Se hablaba de 4.000 personas… lógicamente las autoridades, enchufados y clero tenían otra entrada con invitación y asiento asegurado (1.000 más a la vista de mis cuentas), mientras que al abrirse las puertas a las 20:30 las carreras y codazos para entrar me recordaban todo menos un concierto de órgano.

No hubo control ninguno para el público de a pie y pasé a «acomodarme» en una de las sillas laterales al pie de los tubos de uno de los coros, lo que pudo cambiar mi escucha global aunque no las primeras impresiones. Durante la espera pensé en el dicho «Espectáculo gratis cueste lo que cueste» y cómo no suele resultar, con lo poco que costaría cobrar 2€ (como el programa completo del Festival), ayudar al mantenimiento del instrumento que se estrenaba, y hasta evitar la «vergüenza ajena» que supuso el viaje más la larga cola de pie mientras sonaban tres horas de música procesional que no es lo más reconfortante para mi espíritu en estas fechas.

Toda inauguración y celebración lleva implícitos discursos de agradecimiento y loas, eso sí, sin mencionar costes (dicen que es de mala educación), críticas o aportaciones varias, comenzando por el deán catedralicio Eduardo Prieto, Phillip Klais, bisnieto del fundador de la factoría constructora del nuevo órgano, hablando en un castellano más que aceptable, y cómo no, Samuel Rubio como director del festival totalmente emocionado y con voz entrecortada. Curiosidad que me tocó explicar a mi vecina de localidad, el histórico pago al organero consistente en 300 litros de vino que es lo que llevaría el tubo más largo construído, evidentemente «mermado» en una botella «Magnum» de Palacio de Canedo de las bodegas del berciano «Prada a tope«.

A las 21:26 h arrancaba el concierto del veterano maestro francés Jean Guillou (Angers, 1930), con proyección bien realizada en varias pantallas gigantes repartidas estratégicamente en todo el templo -pero no sincronizada imagen y sonido- con el Tiento de 6º tono (Juan Bautista Cabanilles), todo un detalle abrir con música española. A él se debe la concepción y creación de este órgano (junto al diseño de Paco Chamorro Pascual), que en el tiento no sonó como esperaríamos pero fue tomando vida una sonoridad luminosa como las vidrieras de la catedral. Algún registro gimió pero todo estaba en marcha.

Si bien los dedos y pies del gran organista de San Eustaquio no son los de años atrás, su mente sigue joven y afrontó de memoria el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532 (Bach) que sirvió para hacernos una idea de las posibilidades del nuevo instrumento de acento alemán que acabará hablando cualquier idioma. Obra comprometida para manos y pies, con un preludio exigente en fraseos claros pero en especial la fuga, siendo envidiable el respeto a cada nota pero sobre todo la elección de registros que fue la de un auténtico Maestro, aunque como apuntaba al inicio, mi colocación no era la más adecuada (como ejemplo digamos que era tener descompensado el balance y escuchaba más un canal que otro, pero también tiene la ventaja de apreciar el fraseo siempre complicado de la mano izquierda). Queda aquí la copia no ya del programa sino de la disposición y tubería del órgano de Klais que con Bach alcanzó su doctorado, como era de esperar.

Otro regalo fue el estreno en España de Säya, el pájaro azul (L’Oiseau bleu, Op. 50), inspirado en un tema popular coreano, del propio Guillou, órgano contemporáneo heredero directo de Messiaen que pasó de las sonoridades y armonías barrocas a toda una exhibición de matices y registros para una hermosísima composición cual poema musical degustada en el siempre irrepetible directo, y la segunda interpretada con partitura, fiel incluso a sí mismo. No se podía pedir más al maestro francés, dándolo todo en su obra, instrumento e interpretación.

La explosión de luz y color vino con la transcripción del propio Guillou de los conocidos Cuadros de una exposición (Moussosrgski) que hicieron vibrar todo, cuerpo y alma, auténtico despliegue sonoro que convirtió esta partitura en «Música para una inauguración», todo un museo de registros al que el propio Guillou tiene acostumbrado a sus seguidores, no importa que los dedos, pies o incluso alguna combinación no funcionasen a la perfección. Cada «paseo» era una delicia distinta, un muestrario de la capacidad del tándem órgano-organista, perfecta simbiosis y recreación de la orquestación raveliana. Imposible describir la búsqueda de líneas y colores en el nuevo instrumento catedralicio que resultó todo un éxito al comprobar el perfecto funcionamiento de esta inversión para muchos años.

El remate tenía que ser una improvisación en la que Guillou es uno de los redescubridores y maestro de las nuevas generaciones. Cristóbal Halfter le entregó una breve melodía muy del estilo de ambos, que tras ser expuesta con una registración plenamente acorde al lenguaje del español, deambuló por derroteros actuales en las variaciones siempre buscando climas y clímax sonoros en los cinco teclados más el pedalero. Un incunable que seguro se grabó para la posteridad y partitura autógrafa dedicada que se llevó como presente de un concierto único, o lo que es lo mismo, otro estreno de genio.

A las 22:40 el obispo Julián López Martín tomaba la palabra para agradecer lo escuchado y vivido, recordando a Francisco de Salinas (también el propio Adolfo G. Viejo en el programa del festival:

«El aire se serena
y llena de hermosura y luz no usada
Salinas, cuando suena
la música estremada
por vuestra sabia mano gobernada»

y buscando misma etimología en culto, cultura y agricultura (como amor por la naturaleza) para que el genial Guillou también mostrase su gratitud a todos los que hicieron posible el órgano, pasando uno a uno los maestros organeros para volver a los teclados y regalarnos la Badinerie de Bach seguida de una Victory Song que clausuraba al filo de las once de la noche un acontecimiento vivido en primera persona y no podía ni quería perderme por nada del mundo.

El domingo 22 toma el relevo mi admirado lujanés (¿o luganés?) Adolfo Gutiérrez Viejo que también clausurará este XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León el 20 de octubre en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano con el siempre inmenso Franck más el estreno de Vitrales sonoros de Don Adolfo en «el esperado», o si se me permite la licencia del nuevo «bicho» (que así llama mi amigo Paolo Zaccheti al del Duomo de Milán).

De bien nacidos es ser agradecidos, y él tiene más que merecido ser protagonista de un acontencimiento que lleva treinta años funcionando.

Un realejo que puede con todo

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Miércoles 28 de agosto, 19:00 horas. V Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano Realejo (siglo XVIII) de la Real Colegiata de San Fernando: Izumi Kando. Obras de J. P. Sweelink, Theodor Grünberger, Bernardo Storace, Félix Antonio Máximo López Crespo, J. H. Knecht, J. S. Bach y J. Kaspar (von) Kerll.

Cierre de ciclo en Covadonga con unas palabras iniciales del señor abad como resumen de este nuevo verano organístico del que han gozado peregrinos, visitantes y aficionados, disfrutando nuevamente del magisterio de la organista japonesa afincada hace dos décadas en Barcelona, esta vez en el restaurado realejo de la Colegiata del siglo XVII que pudo con un repertorio variado donde no faltó música renacentista, barroca y clásica pero tampoco un «ragtime» de propina que volvió a demostrar la universalidad del lenguaje musical y lo bien que se portó un «renacido» instrumento de casi tres siglos para todo tipo de obras cuando la interpretación es impecable en la búsqueda de universos impensables para muchos puristas.

Del domingo anterior y por rigor musicológico volvíamos a escuchar el Ballo del granduca de Sweelink, menos poderoso que en el órgano de Acitores pero igualmente bello al disfrutarlo en su contexto sonoro. Misma obra por la misma intérprete pero nuevos colores y siempre descubriendo matices.

Otro tanto podemos decir de Daphne, obra anónima del siglo XVII llena de vericuetos en su escritura y con buenas elecciones de registros.

El Offertorium de la Orgelmissa (Grünberger) resultó menos organístico pese a su concepción original como tal, brillante en su escritura para el momento en que debe ejecutarse pero que en el contexto de concierto tiene giros más sonatísticos que litúrgicos.

Volvimos a la historia pareja al realejo con Storace y su Ballo della Battaglia, trompetería efectista de «batalla» así llamada por estar en posición horizontal, para recrear no ya la forma sino el propio nombre, quién sabe si inspiradora de nuestro «Sitio de Zaragoza«, de Beethoven y la homónima de Vitoria e incluso de Tchaikovsky. Lo cierto es que además del virtuosismo el despliegue de registros resultó plenamente guerrero.

Desconocía la Sonata nº 4 en sol menor del compositor y organista de la Capilla Real en tiempos de Carlos III Félix Antonio Máximo López (inmortalizado por el pintor Vicente López), en estilo clásico vienés cercano al pianoforte pero bien adaptado al órgano portátil que lleva varios cientos años en el mismo lugar, del que Izumi supo delinear melodías en ambas manos aprovechando los registros partidos que engrandecen obras «minoritarias«, otro plus de la intérprete en la búsqueda de obras adaptadas y adaptables al instrumento de turno.

Contemporáneo al anterior es el Thema mit vier Veranderunger (Tema con cuatro variaciones) de Justin Heinrich Knecht que sí parecía más apropiado al instrumento restaurado y nuevamente brillante en ejecución y sonoridades en registro partido, flautados cortos con bajoncillo.

Un guiño a Bach y su conocida Badinerie de la Suite nº 2 BWV 1067 en una adaptación donde la flauta es protagonista en un registro agudo para la mano derecha articulado cual soplo humano y no mecánico mientras la izquierda rellena casi con un «violone» imperceptible dejando las armonías orquestales reducidas a la mínima expresión en este arreglo que rendía culto al kantor.

Para cerrar concierto volvíamos a los orígenes con otra Battaglia (Johann Kaspar Kerll) en todo su esplendor. No voy a descubrir la técnica y musicalidad de Kando que volvió a brillar en esta forma tan del gusto de los siglos XVII y XVIII cual muestrario de las capacidades instrumentales y de escritura para un virtuosismo interpretativo. Parecen increíbles todas las combinaciones sonoras en un instrumento pequeño que se engrandece con obras para él pensadas y que tuvieron recompensa en los muchos y merecidos aplausos de un público que casi llena la Colegiata.

La sorpresa vino con un Ragtime de Gunther Martin Goettsche, al puro estilo Scott Joplin y los felices años 20 que nos transportaron en el tiempo y el espacio, con timbres de music-hall y sonrisas cómplices para un concierto «desde el corazón» como bien decía el abad al principio del concierto, final de ciclo y verano asturiano para un otoño lleno como los colores de nuestra tierra que igualmente compartió la organista japonesa, siempre bienvenida.

Gracias a todos por compartir tanto y seguir teniendo fe también en la música, lenguaje universal capaz de conmover como ningún otro.

Repaso histórico de Izumi Kando

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La organista de Osaka afincada en Barcelona volvía a nuestra Asturias de la mano de «su descubridor» para los aficionados asturianos y nuevamente en un órgano de Acitores que dio más guerra de la esperada por esos duendes que suelen aparecer en los momentos más inesperados (teclas que se quedan, registros anulados de golpe…) aunque su profesionalidad y templanza evitaron males mayores.
El programa de Kando, penúltimo del ciclo, siempre difícil como suele ser habitual en ella, arrancó en el Renacimiento con Ballo del granduca (Sweelink), música modal de tecla que desde la tubería ofrece grandes y variadas combinaciones, estallando en una trompetería digna de los instrumentos de su época que el órgano mayor recreó como si tuviese más edad.
No puede faltar el barroco y menos Bach en un concierto para el que «el kantor» estaba siempre inspirado, y pese a los citados «males menores» escuchamos dos obras muy conocidas, la Tocata y Fuga en re menor, BWV 565 muy apasionada, casi arrebatadora, con combinaciones sonoras de intensidades y timbres más ajustadas en la fuga, una vez solventados los problemas técnicos, y el «Air» de la Suite nº 3 en re mayor, BWV 1068 que nos supo a poco, una de las que mejor soportan la versión en órgano por la riqueza tímbrica orquestal traída a los tubos y de la que tengo una versión en vinilo dentro de aquellas colecciones del «Reader’s Digest» a cargo de Virgil Fox en el órgano de la Riverside Church que sonó muchas veces en mi plato.
Y con esa inspiración el intérprete y compositor franco-libanés Naji Hakim (1955), alumno de Langlais y sucesor de Messiaen en la Trinidad parisina hasta 2008, compone Bach’orama, Fantasía para órgano sobre temas de Bach, una obra maestra que no oculta referencias directas a las dos obras escuchadas anteriormente y otras que pasadas por el conocimiento del instrumento resultan más que una fantasía todo un homenaje de Hakim a «mein Gott», virtuosismo en manos y pies con una sabia elección de registros en una interpretación por parte de la japonesa que fue de lo mejor del concierto.
Los arreglos o adaptaciones no siempre tienen el resultado apetecido, y aunque Fauré siempre es una delicia, su Aprè un rève originalmente para voz y piano, incluso cello y piano pero versioneada para multitud de combinaciones, no soporta tan bien su paso al órgano, más que nada por la escritura de la mano izquierda que fielmente interpretada parece empapizar los flautados. Con todo la registración y armonía de esta maravillosa canción sonaron muy bien en el órgano de Covadonga.
Para cerrar, dos obras muy distintas, la novísima Rapsodia alla latina (2009) del compositor y organista alemán Hans-Andrè Stamm (1958) que con un lenguaje digamos académico en tanto que prima la melodía con armonías tradicionales, hace desfilar motivos sudamericanos con reminiscencias de tango o «tico-tico» desde una amplísima paleta tímbrica que Izumi Kando realmente bordó en el órgano mayor de la Basílica. Obra difícil de ejecución y muy agradecida para el público que premió con merecidos aplausos esta original visión germana de las músicas latinoamericanas. Y la Sortie en mi bemol mayor (Lefébure-Wely) como auténtica «salida» o cierre de concierto, nuevo derroche técnico e interpretativo para una obra deudora tanto de los Cavaillé-Coll como de formas y haceres anteriores, idóneo punto y final al breve repaso histórico que Kando ofreció en el instrumento de referencia que la Basílica de Covadonga tiene. Aires de tiovivo, de órganos portátiles o de cine, mezcla de aromas germanos y yanquis desde una alegría contagiosa en melodías y ritmos, colofón de otro domingo musical en la cuna de la Reconquista.
Nuevamente gracias al Cabildo, al abad por su convencimiento en el ciclo, a Chema que tiene una agenda mejor que la de muchos representantes y es capaz de convencer a sus amistades organísticas para que sigan acudiendo a nuestra tierra en tiempos difíciles para la música, y lógicamente a la organista japonesa por el excelente concierto ofrecido.
Todavía nos queda este miércoles el último del ciclo pero en el restaurado Realejo de la Colegiata, y será otra historia que contaremos si Dios quiere y el tiempo no lo impide.

Otro alemán en Covadonga

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Domingo 18 de agosto, 17:00 horas. V Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano mayor de la Basílica: Heinrich Walther. Obras de Bach, Usandizaga, Mozart y Guridi.

«El alemán de Corao» (Roberto Frasinelli) está ligado a la propia historia de Covadonga y creo que desde este penúltimo domingo de agosto debemos sumar al organista Heinrich Walther que volvía a nuestra tierra para seguir sentando cátedra en los instrumentos del taller de Federico Acitores. Le escuché hace dos años en el nuevo de Santo Tomás con motivo de la Semana de Música Religiosa de Avilés, y en 2010 en el de la Iglesia de San Francisco de Oviedo dentro del defenestrado Festival de Órgano Cajastur que la podadora se llevó sin reparar en daños pese a los esfuerzos de mi querido Chema, durante ¡23 años!. Al menos Covadonga sigue siendo lugar de peregrinación también para los amantes del instrumento rey para paliar desaguisados y los cinco veranos esperamos sigan en años venideros. Al menos el Abad Don Juan José Tuñón es melómano y defensor de la cultura, algo a tener en cuenta…

Si entonces me cautivó el magisterio de Herr Walther al servicio de las obras elegidas, con una técnica impecable que permite disfrutar las melodías siempre presentes desde un manejo perfecto de los registros, esta vez redescubriendo juntos no ya la sonoridad del gran instrumento de la cuna de España sino también a compositores españoles en un recital hispanogermano donde Usandizaga y Guridi compartieron programa con Bach y Mozart. Buen cuarteto y obras muy distintas que Walther desgranó con un abanico sonoro realmente admirable, y que Federico disfrutó a su lado, siempre pendiente de «sus criaturas».

El Preludio y Fuga en mi menor, BWV 548 (J. S. Bach) jugó con teclados y pedalero arrancando potencia en los momentos justos sin perder de vista el siempre difícil arte del «kantor», con una fuga impactante en todo su desarrollo y conclusión.

La Pieza Sinfónica Op. 25 (J. M. Usandizaga) en tres partes -Introducción, Cantabile y  Final- convirtió el órgano en orquesta sinfónica para una obra enorme en todos los sentidos (recuperada por el maestro donostiarra Esteban Elizondo), registros inverosímiles en combinaciones que hicieron resplandecer una partitura con muchas referencias, desde el sencillo armonio hasta el órgano romántico francés, registros Cavaillé-Coll impensables y tan ajustados a la escritura del vasco.

Mozart siempre es un hueso duro de roer y la Fantasía en fa menor, KV 608 vuelve a corroborar no ya el genio del compositor sino el extraordinario conocimiento de todos los instrumentos, incluyendo el órgano, al desarrollar una obra en dos movimientos, Allegro y Andante, con su inimitable estilo desde sonoridades casi sinfónicas y técnica deudora del piano pero amoldada al órgano mecánico, como cabe esperar del de Salzburgo, trinos límpidos, armonías plenas, desarrollos temáticos llenos de luz y giros subrayados por cada cambio de registro. No me extraña que sea una partitura «habitual» cuando instrumento e instrumentista responden, y Walther en Covadonga lo bordó (como en la grabación en CD).

Para cerrar las Variaciones sobre un tema vasco, 1948 (Jesús Guridi) supusieron un colofón exigente, obra con regusto nacionalista más allá del txistu en zorztico y técnicamente dura como todas las compuestas con esta técnica de la variación, por otra parte perfecta para manejar combinaciones ricas en tímbrica y dinámicas, siempre manteniéndose el tema original «Itxasoan laino dago» (Hay niebla en el mar) en las nueve «apariciones» que se enriquecieron en los dedos del intérprete alemán haciendo respirar salitre en la hoy soleada montaña mítica asturiana.

Supongo que además del gusto por estas obras españoles que acabará llevando por todo el mundo sumará el poderío que el órgano de Covadonga es capaz de derrochar desde un sonido asturiano recio y redondo que se adapta a cualquier época interpretativa, y el público de la Basílica se contagió de este otro alemán que acabaremos «adoptando», al menos musicalmente.

Cierre de Oro

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Sábado 13 de julio, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: «Deutsche Polyphonie: el lenguaje eterno del alma». Coro El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Javier Utrabo (violone), Alfonso Sebastián (órgano). Obras de Orlando di Lasso, Heinrich Schütz y J. S. Bach. Entrada: 12€.

Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».

LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa «más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.

El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».

El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.

La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.

Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches Magnificat SWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.

Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.

Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.

Requiem por Alfonso II El Casto

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Jueves 21 de marzo, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Actos conmemorativos del 1171 aniversario de la muerte del Rey Alfonso II El Casto, concierto Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez Fernández (órgano), Miguel Ángel Campos Galán (director). Misa de Requiem (1843) de Hilarión Eslava.

Fiel cita anual y musical para recordar al Rey Casto con curiosidades como el coro protagonista que hace un alto en la zarzuela del casto José para homenajear al rey astur en un Requiem poco escuchado de un compositor español que todos los que hemos estudiado música conocemos más por su labor docente que compositiva, y esta vez una obra que escuchaba por primera vez en directo, volviendo a clamar por la recuperación o activación de nuestro patrimonio, agradeciendo la sabia elección.

En plena época de podadora económica, que se nota sobremanera en la cultura en general y la música en particular, la crisis parece más política que artística, pues sirve para apostar por lo de casa sin perder calidad y como dice el refrán, agudizando el ingenio.

La Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» es una formación coral asturiana con muchos años a sus espaldas (fundada en 1970 con Luis Gutiérrez Arias) y larga tradición recuperando incluso obras del propio archivo catedralicio desde los tiempos del Maestro Alfredo de la Roza y Benito Lauret. En la actualidad y bajo la experta dirección desde 2002 de Miguel Ángel Campos nos ofrecieron en una fría tarde primaveral esta maravilla del compositor navarro con el acompañamiento del avilesino Rubén Díez Fernández, compositor, arreglista, director coral y orquestal, pianista, organista… ¡músico completo!, en un instrumento de los llamados «litúrgicos», aunque hubiese preferido uno portativo, pues la electrónica no siempre hace buena pareja con la música coral y sobre todo con la acústica de la Catedral. Conocedor y concertador bien formado, compartió protagonismo con el coro ovetense, preocupándose siempre de la correcta elección de registros y volumen hasta en el intento de «tirar» de las voces, oficio y profesionalidad en esta «orquesta reducida» que llevó por buen camino.

No vamos a analizar la enorme calidad de una obra encajada perfectamente en el evento, aunque se quedase corta en duración e intención al faltarle la Eucaristía, con el oficio de Don Hilarión. Exigente en todos sus números, el coro estuvo por momentos en la cuerda floja y al límite de la afinación, calando levemente en alguna parte, así como la sensación de ir detrás del órgano (que no a la inversa a la vista del gesto directorial), estando más cómodo en las breves intervenciones a capella, pero totalmente entregado interpretativamente, dando muestras de una musicalidad a prueba de repertorio, con buena gama dinámica y el «pero» de la precisión con el diapasón.

Sobre el acompañamiento, no sólo armónico y de «relleno» (para reforzar una buena cuerda de bajos ya potente de por sí) sino con protagonismo en las partes introductorias e interludios con sentido orquestal, que el pedal de volumen y los registros utilizados apoyaron en todo momento el peso vocal, algo desequilibrado en número, y por consiguiente volumen, de las voces blancas, no siempre bien empastadas con unos tenores algo desiguales, que se adelantaron más de una vez, preocupándose en sonar sin tapar, conocedor del papel de todos en cada parte del «ordinario».

Mejorable el color y emisión globales de esta formación pero comprendiendo el trabajo acumulado y el brusco paso de «La Corte del Faraón» a este Requiem donde la única coincidencia fue «El Casto«. Al menos bisaron un Sanctus que resultó de lo mejor de este concierto. Y «vuelta a Egipto» tras un compromiso bien resuelto globalmente.

Feliz nacimiento en Eisenach

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Adolfo G. Viejo y joven de espíritu

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Miércoles 20 de marzo, 20:00 horas. XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Recital Bach, Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).

Un monumento al trabajo como el propio Bach se merece el leonés afincado en Asturias Adolfo G. Viejo capaz de seguir en activo para seguir dando a conocer al público la magnificencia de la obra organística del Kantor de Leipzig. No creo saber los años de estudio y práctica que supone haber tocado la integral de Bach en distintos órganos de la geografía europea.

En Avilés afrontó un programa valiente para un instrumento nuevo que no domina aunque contase con la inestimable ayuda de Chema. Y la dificultad de las obras elegidas estriba, como en todo Bach, en la exactitud de cada nota y figura con el registro adecuado para evitar un empacho de semicorcheas con hipo si se me permite la comparación. En este sentido resultado mejor los Corales (BWV 645, tocado de memoria, y BWV 688 sobre todo) que la Passacaglia y fuga en Do m. BWV 582 donde tuve la sensación de conducir con niebla nocturna sin luz al final del trayecto iniciado con plena confianza.

Obras como la Fantasía y fuga en Sol m. BWV 542 piden claridad de registros que no hubo, quedando desde abajo todo embarullado y con sensación caótica que dista mucho de lo buscado en la consola por Johann Sebastian Viejo: «la música es un diálogo de Dios consigo mismo antes de la creación del mundo» (Goethe sobre Bach). Lo mismo en la traicionera Fuga en Re m. BWV 529 del Primer movimiento de la Sonata para violín solo en Sol m. Pero el maestro valiente dejó la conocida Toccata y fuga en Re m. BWV 565 para el final con el ímpetu de juventud y todo el poderío Acitores, acertando en sonoridades y aires arriesgados porque la cobardía no existe para los músicos.

Felicitar al Maestro Adolfo por una vida dedicada a hacer felices a los demás desde la docencia, interpretación y composición. Pocos a su edad pueden mirar para atrás y ver tanto recorrido. Escucharle en Avilés no sólo era un tributo obligado sino otro signo más de generosidad que muchos de los presentes premiamos con nuestros aplausos sentidos en el corazón.

Un dúo poco escuchado

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sto. Tomás de Cantorbery: Juan Pedro Romero Nieto (oboe), Rubén Díez García (órgano). Obras de Bach, Telemann, Buxtehude, Händel y Guillaume Gabriel Nivers.

Segundo concierto de la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés nuevamente con artistas de casa de reconocido prestigio, el primero profesor en el conservatorio avilesino y de la OSPA, el segundo compaginando su labor pastoral con la organística, con todo el sacrificio que conlleva. Y esta vez no hablaremos de crisis porque el dúo oboe-órgano no es habitual escucharlo en vivo y de ambos instrumentos tenemos unos músicos de primera en Asturias capaces de un concierto impresionante no solo por lo novedoso del formato: alternando obras y arreglos que supusieron todo un colorido tímbrico por el sonido tan peculiar de la doble caña en un instrumento siempre importantísimo en la orquesta a lo largo de su historia, pero que en el repertorio barroco toma aún más protagonismo si cabe.

Comenzaba en solitario Rubén Díez con una obra de calado como es el Praeludium et Fuge BWV 532 (Bach) por exigencia, virtuosismo en manos y pies, combinación de pedales a teclado, manos separadas y sobre todo poder lograr ese crescendo progresivo a lo largo de esta maravillosa obra del Cantor. Cada concierto del praviano es siempre un placer al comprobar su estudio riguroso tanto de las partituras como de los registros siempre distintos y apropiados dependiendo del instrumento que tenga delante, y el nuevo de Acitores puede dar sonoridades adaptadas al estilo, esta vez puramente barroco.

La Sonata a-moll TWV 41 (Telemann) fue el primer dúo, contrastes en sus cuatro movimientos donde el oboe envolvió el templo avilesino bien arropado por unos registros que empastaron a la perfección y un dúo compenetrado con entradas siempre a tempo: la lenta y recogida Siciliana, el rápido Spirituoso, con pasajes fuertes sin estridencias, el lirismo puro del Andante y el Vivace potente de sonoridad y velocidades bien resuelto por ambos intérpretes.

La Ciacona en minor, Bux WV 160 (Buxtehude) es una obra delicada, reposada, donde la elección de una registración tenue en teclados y pedalier nos trajo nuevas y recogidas tímbricas para una partitura más difícil de lo que su escucha pueda parecer. Nuevo reto conseguido por el Maestro Díez.

El arreglo para este dúo del Adagio del «Osteroratorium» BWV 249 (Bach) le da un protagonismo casi vocal al oboe, capaz de unos reguladores que el órgano barroco no tenía pero sí todo el repertorio para viento, y siendo un número lento el placer de escuchar los fraseos de Juan Pedro Romero resulta una oración interior sin palabras. Otro tanto sucede con el arreglo del conocidísimo Largo de «Xerxes» (Händel), el aria «Ombra mai fu» tantas veces cantada que en la versión instrumental cobra nueva dimensión.

El último escalón para órgano solo es el Kyrie de la «Messe du 2ene ton» (G. Nivers), cinco movimientos de auténtico magisterio por el despliegue en la búsqueda de registros adaptados a cada uno de ellos, dificultades técnicas e interpretativas bien resueltas por el intérprete praviano, gustándome sobremanera el «Recit de Cromhome» central.

El cierre del concierto vendría a dúo que interpretó el Trío sonata nº 3 en Re m., BWV 527 (Bach), para mí con problemas variados en sus tres movimientos (Andante – Adagio e dolce – Vivace) porque el órgano quedó opaco frente al poderío de las frecuencias del oboe, no se logró el empaste de las anteriores obras (cierto que los tiempos lentos son más agradecidos) y la reverberación tampoco ayudó (1). Pese a todo una nueva demostración de virtuosismo para una forma que Bach trabajó durante toda su vida en combinaciones varias, siendo ésta probablemente la menos lograda, aunque el magisterio y belleza de toda la producción bachiana soporta mezclas y el paso del tiempo como nadie. El próximo concierto del miércoles 20 será TODO BACH en el mismo órgano de Federico Acitores con Adolfo Gutiérrez Viejo.

P.D.: Esta vez esperé a publicar el Blog sabedor de la subida al Canal en YouTube© de la Semana con el concierto de este lunes, dejando en cada obra el enlace o link.
(1) En el vídeo grabado directamente en el coro, la sonoridad resulta mucho mejor que abajo.

Un Grenzing en Pola de Siero

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Viernes 8 de febrero, 19:00 horas. Parroquia de San Pedro
(Pola de Siero). Concierto inaugural del nuevo órgano de Grenzing. Juan de la Rubia Romero. Obras de Händel, Bach, Kerll, Pierné, Vierne y Juan de la Rubia.

La villa asturiana, famosa por sus fiestas y tradición coral donde Don Ángel Émbil Ezenarro se afincó y dejó una huella que todavía perdura, también pasa desde el viernes carnavalesco al llamado circuito organístico con un instrumento fabricado en los talleres del organero alemán afincado en Barcelona Gerhard Grenzing, contando con la presencia de su hijo Daniel para el evento. Y de esas tierras vino Juan de la Rubia, el titular de la Sagrada Familia de Barcelona para ser quien estrenase un órgano del que avancé algunas características en la entrada rápida desde los dispositivos móviles (también fotos y programa escaneado). Las posibilidades de un instrumento adecuado al entorno y la liturgia pero también para conciertos, son suficientes (no llega a los 1.000 tubos), con un sistema de registración situado encima del organista (ver foto más abajo) que facilita rápidamente la elección adecuada normalmente sin ayudante. Y el repertorio elegido por el instrumentista valenciano dejó buena muestra de la capacidad del nuevo órgano, más «cómodo» en el Barroco que en el Romanticismo pero igualmente válido sin magnificencias y adaptado a una acústica que ayuda a disfrutar los plenos sin molestar nunca al oyente.

Tras todo el cerenominal religioso de la Bendición, incluyendo el Bendita la Reina (Himno Oficial de Covadonga) de Ignacio Busca de Sagastizábal a cargo del coro parroquial y el Coro Ángel Émbil dirigidos por Maite Martínez Émbil, nieta de Don Ángel, hacia las 8 de la tarde comenzaba el concierto propiamente dicho con «La llegada de la Reina de Saba» –The arrival of the Queen of Sheba– de Händel perteneciente al oratorio Solomon, en un arreglo para órgano agradecido en cuanto a los registros elegidos, jugando con los de trompeta real de 8′ y flautados, bien apoyados en un pedal presente pero sin tapar las líneas melódicas. No podía faltar en el estreno J. S. Bach con tres obras que sonaron perfectas en el nuevo instrumento, con dos preludios Corales Liebster Jesu, wir sind hier, BWV 731, un remanso de meditación musical, y Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645, con la archiconocida Toccata y fuga en Re m., BWV 565, en medio, algo corta de volúmenes y bien ornamentada por De la Rubia, «saboreando» la fuga y haciéndola «correr» con maestría, adaptadas las tres a los registros y sacándole todo el partido posible a las obras de «El Kantor de Leipzig«, sin prisas y haciendo cantar los corales luteranos en los teclados y pedalier.

Continuaría el Capriccio sopra il cucu (J. K. Kerll), socorrido en muchos conciertos para jugar con los sonidos del pájaro y en registros de 4′ que encajaron como anillo al dedo, cerrando el grupo de obras barrocas.

Las dos obran siguientes, ya metidos en el llamado órgano romántico, también son bastante habituales en los conciertos de órgano: la Cantilène Op. 29 nº 2 (G. Pierné) de lirismo intrínseco y registraciones con trémolo, con cierto regusto a Debussy, más el Carillon de Westminster (L. Vierne) perteneciente a las «Piezas de fantasía», Op. 54, la más aplaudida por los presentes por la gran gama dinámica y tímbrica utilizada por Juan de la Rubia que vovió a encontrar los planos sonoros adecuados para ambas además de un virtuosismo siempre al servicio de la obra, esta vez ayudado en los cambios por el que será titular del órgano poleso Emilio Huerta Villanueva.

Y para cerrar nada mejor que las improvisaciones, algo habitual en todos los organistas en el quehacer litúrgico e histórico desde sus orígenes, entregándole a Juan de la Rubia la melodía de la Danza Prima (que utilizase Nuberu en aquél «Qué probe quedó’l ríu Güerna» del tema Al home de la unidá, Xuanín que Emilio tantas veces tocó con el dúo entreguino), recreando en el propio estilo romántico una interpretación llena de buen hacer, despliegue del arsenal sonoro y respeto a la partitura, algo siempre de agradecer. La propina no podía ser otra que nuevamente Bach, la «Fuga» de la Toccata, Preludio y Fuga en DO M., BWV 564, pues suena perfecto en el nuevo órgano. Una alegría saber que hay cosas que vivirán más años que todos los presentes…

Por último reflejar que el domingo tuvo lugar ya la primera liturgia y posterior concierto a cargo del organista titular y de Fernando Álvarez del Santuario de Covadonga, con nueva participación de los coros del viernes, pues todo instrumento debe estar vivo y funcionar a diario supondrá una mejor vida ¡para todos!.

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