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Felices 20 años de La Castalia

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Sábado 26 de marzo, 20:00 horas. Gala Lírica «La Castalia», XX Aniversario: Oviedo Filarmonía, Isabel Rubio (directora), Alejandro Roy (tenor invitado), Olena Sloia (soprano), Vanessa del Riego (soprano), María Heres (mezzo). Entrada libre.

La Castalia del siglo XXI sigue los pasos de aquella de 1873 con más fuerza y apoyando desde nuestra tierra el talento lírico, celebrando una gala lírica de altura que colmó las expectativas, un auditorio lleno que hacía cola una hora antes del comienzo, para reafirmar que Oviedo sigue siendo capital musical y las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, tributo a dos generaciones de cantantes y compositores, la segunda labor de esta asociación que preside Begoña García-Tamargo con el mismo entusiasmo que sus discípulas.

Los que peinamos canas disfrutamos viendo la evolución de estas voces a las que conozco desde sus inicios, desde nuestro gran Alejandro Roy, invitado de lujo con sus paisanas Vanessa del Riego y María Heres, más el feliz encuentro con la ucraniana Olena Sloia, comprobar el talento de «las dos G» de la composición actual en Asturias, Guillermo Martínez (1983) y Gabriel Ordás (1999), la madurez de la directora murciana Isabel Rubio llamada a seguir comandando grandes orquestas, y por supuesto la Oviedo Filarmonía que si siempre es solvente, en estos repertorios aún más.

El programa lo dejo aquí encima detallado y paso a comentarlo globalmente: Primera parte operística donde el estreno de la obertura Homenaje a La Castalia de Ordás no pudo ser mejor inicio, aires empujando una apertura de forma clásica, digna de este aniversario que Isabel Rubio llevó al detalle para una sonoridad muy aterciopelada digna de las grandes formas orquestales.

Y abriendo la siguiente parte el segundo estreno de la tarde, Corona de azahar de Martínez, el intermezzo de su ópera «Bodas de Sangre» con aire hispano a más no poder, el mejor tributo a los grandes como Falla, Granados o Turina digna de ser coreografiada por el Ballet Nacional, impresionante instrumentación y excelente interpretación de OFil con Rubio dominadora de todos los recursos utilizados en esta maravilla que espero disfrutar completa en algún coliseo lírico como el que se convirtió el auditorio ovetense en este feliz cumpleaños. Apoyar estos estrenos con el talento de dos compositores que ya tienen su hueco en la SGAE, bien representada por otra asturiana como Mª Luz González Peña, igual de orgullosa de comprobar el talento de nuestra tierra.

De Alejandro Roy insistir en su excelente momento vocal, el aria de «Romeo y Julieta» (Gounod) Ah lève-toi, soleil poderosa y sentida, la romanza No puede ser de «La tabernera del puerto» (Sorozábal) en la mejor línea de canto con gusto y maestría, ambas concertadas a placer por Isabel Rubio, y la propina que siempre pone la carne de gallina cantada por el tenor gijonés, su Cavaradossi que se despide de la vida en «Tosca» (Puccini), uno de los roles que más triunfos le está dando y atravesando la mejor edad para afrontarlo. Gratitud hacia La Castalia que hizo llegar obligando a subir al escenario a Begoña G. Tamargo, y gratitud de un público rendido al mejor tenor asturiano de todos los tiempos.

Otra excelente voz la soprano Olena Sloia, con un Caro nome de «Rigoletto» (Verdi) ideal para su color y emisión, impresionante la actuación completísima de una página tan difícil como el Glitter an Be Gay de «Candide» (Bernstein) y dos romanzas bien cantadas, perlas vocales con un gusto y afinación ideales junto a la orquesta detrás que no bajó el volumen y la arropó con las mejores galas que sacó con buen hacer Rubio, la Canción del Ruiseñor de «Doña Francisquita» (Vives) y Me llaman la primorosa de «El Barbero de Sevilla» (Giménez). Sabiendo el triste momento por el que pasa su tierra, la ucraniana dio lo mejor y el público lo agradeció con grandes aplausos solidarios con su país y premiando la entrega de Olena.

Y las alumnas aventajadas de La Castalia, que van forjando su carrera, la soprano Vanessa del Riego y la mezzo María Heres, voces perfectas para sus dos dúos, el conocido dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) y el de las majas de «El barberillo de Lavapiés» (Barbieri), empaste y trabajo con piano que la orquesta engrandeció haciéndolas disfrutar aún más. La propina de Mozart redondeó este dúo «marca de la casa», el Prenderò quel brunettino del «Cossì», bien de tempo por parte de Rubio y la OFil completando el repertorio y entendimiento de todas ellas, en femenino plural.

De las arias y romanzas, Del Riego cantó Con onor muore de «Madama Butterfly» (Puccini), con una orquesta más fuerte que en el foso lo que no le impidió seguir emocionándonos en este rol, mientras Heres llevó el mayor peso de la velada, dos arias de «La Favorita» de Donizetti, y «Samson y Dalila» (Saint-Säens) muy trabajadas que con orquesta siempre ganan, especialmente su Mon coeur s’ouvre à ta voix, y otro tanto con sus romanzas de «La Malquerida» (Penella) o «Los claveles» (Serrano), un repertorio que va tomando cuerpo y terminará ampliando en una carrera bien encaminada con muchas horas de estudio.

Siempre hay que destacar la Oviedo Filarmonía que como decía anteriormente, es un seguro de calidad en todas sus secciones, y como orquesta de foso tanto ópera como zarzuela están en los atriles desde sus inicios. La línea ascendente es clara y ya tiene su propia personalidad ganada con las aportaciones de batutas de todas las generaciones.

Volver a tener al frente a Isabel Rubio le dio a esta gala no ya la precisión y gesto de la murciana, un portento de la batuta, también la pasión que transmite y una  concertadora que también va formándose a la sombra del trabajo como asistente en muchas producciones (Oviedo entre ellas). El mundo de las bandas de música es una cantera tanto para instrumentistas como para esta generación joven de directoras que comienzan a encontrar su merecido protagonismo y Rubio es una de ellas.

Esperando que La Castalia no desfallezca y encuentre el apoyo necesario para continuar esta labor impagable, centenares de cursos y actividades para seguir formando y apoyando el talento con mucho trabajo a lo largo de estas dos décadas. Como dice el tango «veinte años no es nada» pero el esfuerzo se nota y los frutos podemos compartirlos y disfrutarlos en este Oviedo que sigue siendo «La Viena española» y la mejor aspirante a capital cultural.

Medalla de oro para la ópera ovetense

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Oviedo, 22 de marzo de 2022

Palabras del presidente de la Ópera de Oviedo, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, ante la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad de Oviedo

“Estamos enormemente contentos y agradecidos con la noticia. Es el mejor de los estímulos para seguir trabajando y para dar lo mejor de nosotros mismos. 

Este reconocimiento supone además un enorme espaldarazo al trabajo realizado durante los dos últimos años, tras dos de las temporadas más intensas y difíciles que la Ópera de Oviedo ha afrontado, y una enorme motivación en la organización y celebración de los 75 años de ciclo ininterrumpido en Oviedo, efeméride que estamos preparando con muchísima ilusión.

Estamos felices y muy orgullosos, y quereos hacer extensivo este gran galardón a todas las personas que nos han precedido trabajando por el ciclo lírico ovetense y que lo han situado en el lugar que ahora ocupa. Siempre están en nuestra memoria y en momentos como este queremos recordar y reconocer su gran labor y entrega. También pertenece a los excelentes y apasionados trabajadores de la Fundación y a nuestro equipo técnico en el Teatro Campoamor, liderados por el director de la Ópera de Oviedo, Celestino Varela; a los artistas y creativos que vienen año a año, y, por supuesto, al público, que siempre nos respalda y que es la mejor afición que puede soñar cualquier teatro y cualquiere ciudad. Son ellos, nuestros socios y abonados, los auténticos artífices del proyecto que hoy desarrolla nuestra temporada y de su trascendencia.  

Gracias a tres de nuestros pilares básicos, las orquestas, la OFIL y a la OSPA, y al coro titular Intermezzo. Y gracias siempre a nuestros mecenas, nuestros patrocinadores y a las instituciones públicas que nos respaldan, muy especialmente al Ayuntamiento de Oviedo, que hoy nos premia con su cariño y que siempre ha sido nuestro mayor soporte. 

La concesión supone una alegría, y también una gran responsabilidad para el futuro. Queremos que nuestra ópera siga creciendo, y con ella uno de los grandes activos de Oviedo y de toda Asturias.

Queremos que los ovetenses se sigan sintiendo orgullosos de su patrimonio musical y no les vamos a fallar”.

El Ayuntamiento otorga la Medalla de Oviedo, en su categoría de oro, a la Fundación Ópera de Oviedo

La concesión de esta distinción ha sido aprobada por unanimidad en la Comisión de Honores y Distinciones, que se ha celebrado esta mañana en el Consistorio ovetense

La Comisión de Honores y Distinciones del Ayuntamiento de Oviedo, celebrada la mañana de este martes 22 de marzo, ha aprobado, por unanimidad, conceder la Medalla de la Ciudad, en su categoría de Oro, a la Fundación Ópera de Oviedo. 


Se resalta que la Fundación Ópera de Oviedo no solo se encarga de promover y difundir la cultura y los acontecimientos líricos, sino que, con su potencialidad estratégica y su valor patrimonial, tiene una enorme repercusión económica y turística, que implica un alto valor añadido, no solo para Oviedo, sino para toda la región. Se ha convertido en el estandarte en Asturias de la economía naranja, basada en el potencial económico de las ideas creativas y de los bienes culturales, y un ejemplo del éxito en la colaboración público/privada. Se destaca, además, que ha contribuido a continuar con la tradición operística de la ciudad, cuya temporada está próxima a cumplir su 75 aniversario, contribuyendo de una manera muy importante a configurar el distintivo de Oviedo como una de las grandes capitales y referentes mundiales de la música, a elevar el prestigio y trascendencia cultural de nuestra ciudad, con todo el significado de crecimiento, desarrollo y riqueza social que ello comporta, y a proteger y consolidar uno de nuestros principales recursos culturales, turísticos y económicos, generador de empleo y sinergias.

Entre los méritos destacados se recoge que la Ópera de Oviedo fue un claro ejemplo de cómo gestionar una situación tremendamente compleja de forma eficaz y segura durante la pandemia de la Covid-19 para su afición y equipo profesional, adaptándose a la permanente oscilación de los aforos, aumentando el número de funciones y readaptando la disposición del público en el teatro.

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El sueño de Purcell

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Jueves 17 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: La reina de las hadas (“The Fairy Queen”), Z. 629 (H. Purcell). Vox Luminis (cantantes y orquesta), Lionel Meunier (director artístico).

Reseña para Opera World del viernes 18, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías, y tipografía cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Llevo tiempo diciendo que Oviedo es la Viena española por su variada y amplísima oferta musical, pues además de dos temporadas estables de ópera (la segunda española) y zarzuela (tras Madrid), no faltan las ya veteranas Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” por donde han pasado todas las figuras mundiales a lo largo de 30 años, o los Conciertos del Auditorio, variada programación con solistas, orquestas y directores de lujo, que tienen la capital asturiana como parada obligada en sus giras, cuando no cita única. Sumemos la “Primavera Barroca” que comenzó el pasado martes su novena edición, el contar con dos orquestas sinfónicas: la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias –OSPA– igualmente con temporada regular de abono, y Oviedo Filarmonía, versátil tanto en el foso como sobre el escenario afrontando repertorios de lo más diverso. A todo ello debemos añadir el retorno del ciclo de Jazz, SACO (Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo), sumándose el recién nacido CIMCO (Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo). Hay para todos los públicos resultando un verdadero motor económico tanto por los muchos empleos directos que generan, como para todo el tejido turístico y cultural de esta tierra que siempre ha sido melómana, hospitalaria y, como suelo decir a menudo, omnívora musicalmente.

Los Conciertos del Auditorio en días concretos resultan una intersección de ofertas, ofreciéndonos tanto recitales líricos como óperas en versión concierto incluso del barroco, caso del reciente Giulio Cesare in Eggito de Händel a cargo de Forma Antiqva el pasado sábado, un verdadero placer cercano a las cuatro horas, y este jueves nada menos que La reina de las hadas de Purcell, con Lionel Meunier al frente de Vox Luminis en una producción dramatizada, apostando por esta “mascarada inglesa” que atrajo al auditorio ovetense un público variado aunque con menor entrada de la que se merecía, tal vez frenado por la larga duración (más allá de las tres horas, con alguna deserción en la pausa) pero que agradece estas óperas no siempre con espacio en la programación del Teatro Campoamor.

Ambiente nocturno, penumbra, leds en los atriles, misterioso como debe ser para recrear este sueño veraniego de hadas, con la actriz catalana Silvia Bel regalándonos unos bellísimos textos escritos “ex profeso” para la representación e insertos en cada momento preciso, acordes con la acción a desarrollar, especialmente emotivo el del cuarto acto con las cuatro estaciones lunares de toda mujer, declamando con su voz sensual, ayudando también en una dramaturgia muy lograda por la escenografía de Lauwers (cambiando el frontal de su atril) y los vídeos de Melo Cossta que “iluminaron” la música de Purcell para una variada historia mágica shakesperiana, destacando la sutileza y elegancia con la que se trató cada escena, semejando por momentos sombras chinescas y animaciones increíblemente logradas caso de los distintos animales en sus apareamientos, delicadas y tan poéticas como los textos que se tradujeron con sobretítulos.

Toda la dramatización de esta “semiópera” inglesa rebosó elegancia y buen gusto, refinamiento musical en todo y todos. El orgánico instrumental de Vox Luminis (cinco secciones de cuerda, flautas, oboes y trompetas a dos, timbales, percusión más el continuo) vistió de esplendor la época en sus 59 números, brillando en los instrumentales incluso afinando, con dos auténticas “Hornpipe” o un continuo de lujo (laúd y tiorba alternando con guitarras barrocas) comandado desde el órgano y clave por Anthony Romaniuk, verdadero director de orquesta mientras Meunier, en la cuerda de bajos, también se sumaba como flauta de pico en alguno de ellos, pero siempre “controlando” sus 16 voces en unos coros impecables por empaste, presencia, afinación, escena suficiente (entrando y saliendo o cantando sentados) para mantener esa calidad global, pero especialmente los distintos solistas, capaces de hipnotizarnos con distintos roles y variedad tímbrica en cada cuerda.

Momentos brillantes y efectistas como el Eco del segundo acto escuchando al coro sonando por ambos lados fuera de escena y los instrumentos tan delicados como las voces. Destacables los dúos masculinos del tercer acto con Mopsa (David Feldmann) y Corydon (Lorant Najbauer) junto al maravilloso A Thousand, Thousand ways we’ll find de Hugo Hymas con Sebastian Myrus (qué gran invierno del acto IV, Next Winter comes) y el Coro.

En las voces femeninas imponentes las seis sopranos pero sobre todo Zsuzsi Töth en sus tres roles: perfecta, intensa O let me weep! e inmensa, destacando también en su quinto acto con el trío de las dos mujeres, junto a Anabela Baric, y el Hymen del bajo Marcus Farnsworth, otra voz de las que brillaron con luz propia en esta noche mágica.

Trabajo impecable de Meunier y Vox Luminis por el equilibrio vocal e instrumental, con una sabia elección para formar este coro de solistas, auténtica exquisitez con diferente y variado colorido de cada cuerda en sus intervenciones solistas, distintas arias que cada uno interpretó en el amplio sentido de la palabra, desde los números cómicos a los plenamente oníricos, muy sentidos y que la orquesta subrayó en todo momento.

Una escapada musical cual tránsito del bullicio urbano a la oscuridad del bosque en la necesaria conexión con la madre naturaleza con Purcell y estos intérpretes especiales y especializados. Alternar en esta gira “King Arthur” y “Fairy Queen” con todo este elenco es buena prueba del enorme trabajo previo que se nota por el encaje al detalle de partituras tan complejas como esta, en edición de Clifford Bartlett, aunque para muchos el rey de la ópera barroca inglesa siga siendo Haendel.

Ficha:

Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo, jueves 17 de marzo de 2022, 20:00 horas. Conciertos de Auditorio: La reina de las hadas (“The Fairy Queen”), Z. 629. Semiópera con prólogo y cinco actos, versión dramatizada. Música: Henry Purcell. Libreto anónimo basado en El Sueño de una noche de verano de W. Shakespeare.
Nueva producción de Vox Luminis, coproducción Concertgebouw Brugge.

Vox Luminis (cantantes y orquesta); director artístico: Lionel Meunier; narradora: Silvia Bel; dramaturgia y textos: Isaline Claeys; escenografía: Emilie Lauwers; video: Mário Melo Costa; diseño e iluminación: David Carney; técnico en escena: Stefaan Deldaele;
concertino: Tuomo Suni. Traducción textos de la narración: Valeria Gaillard, Joan Sellent Arus y Agustín García Calvo.

Sopranos: Anabela Baric (“Come let us leave” / “Ye gentle spirits of the air” / Juno / 2ª mujer); Zsuzsi Tóth (Ninfa / “The plaint” / 1ª mujer);
Caroline Weynants (Misterio / “If love’s a sweet passion” / “Thus Happy and Free”); Viola Blache (2ª hada / Noche / Primavera); Amelia Berridge (1ª hada / Asistente).
Altos: Alexander Chance (Verano / Secreto / “Let the fife and the clarions”); Jan Kullman (“May the God of wit inspire” / “Let the fife and the clarions”); David Feldmann (Mopsa) / Helene Erben.

Tenores: Hugo Hymas (“Come all ye songsters of the sky” / “A thousand ways we’ll find” / Autumn); Jacob Lawrence (“May the God of wit inspire” / Phoebus); Florian Sievers (“Thus the gloomy world at first began to shine” / “Yes, Xansi”); Olivier Berten.

Bajos: Marcus Farnsworth (“Come let us leave” / Sueño / Hymen); Sebastian Myrus (“May the God of wit inspire” / “A thousand ways we’ll find” / Invierno); Lorant Najbauer (Poeta borracho / Corydon); Lionel Meunier.

Heres más que una promesa

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Lunes 28 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 4 del año 2022, 2.029 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. María Heres Peláez (mezzo), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de: Schubert, Mahler, Hugo Wolf, Milhaud, Granados, Donizetti, Saint-Säens, Penella y J. Serrano.

Siempre es interesante acudir a un recital de lírica en una voz tan auténtica como la de mezzo y aún más si es María Heres a quien sigo desde sus inicios en este difícil mundo del canto. La juventud y el trabajo tienen su premio, y debutar en esta histórica sociedad ovetense es uno de ellos. Con su pianista de cabecera, Mario A. Blanco nos trajeron un muestrario de lo que la mezzo pixueta está estudiando mientras amplía repertorio buscando siempre el más apropiado a su voz, que va ganando cuerpo en un torrente de volumen controlado con la técnica, tanteando tanto las llamadas «canciones de concierto» (lied, chanson y canción española) en los tres idiomas, como arias de ópera y romanzas de zarzuela, profundizando en el carácter que todas estas obras esconden.

La primera parte transitó por textos alemanes de GoetheLos elfos» de Schubert), Ruckert (Mahler y su Liebst du um Schönhelt) y Morike (Verborgenheit de Wolf) musicados por tres figuras del lied que exigen una dramatización propia con el piano realzando unas letras, no siempre bien vocalizadas, estando la mezzo asturiana cómoda en las tres pero sin la visión y poso que sólo los años pueden dar a estas partituras.

Mucho más cómoda con el francés de Milhaud y sus Trois Chanson de Négresse, que sigue trabajándolas porque le van muy bien además de aplaudidas una a una para esta «mujer de negro», jovial en «Mon Histoire», más lírica en «Abandonée» y sentida «Sans feu ni lieu», mejor conexión poética con el país vecino y un piano que lleva en volandas a la voz.

Igualmente aplaudidas cada una de las tres canciones de La maja dolorosa de Granados, exigentes en tesitura pero que los crecientes graves de Heres alcanzaron con seguridad y el piano mimándola. Habrá que seguir trabajando la vocalización pero «Ay, majo de mi vida» está en el camino correcto.

Breve descanso para coger fuerzas pues vendrían dos arias de ópera donde María Heres brilló con luz propia, tanto en la Leonora de Fia dunque vero? O Mio Fernando («La Favorita» de Donizetti) donde el piano orquestal debe sufrir como sólo los maestros repetidores saben, y la Dalila de Mon coeur s’ouvre á ta voix de Saint-Saëns, ese canto de amor a Sansón que sintió en este rol al que le va tomando el pulso en cada recital.

De nuestra zarzuela otros dos números de fuste, «La Malquerida» de Penella y su romanza Él va a venir que protagoniza la mezzo de voz poderosa y doliente, dramatización entregada, y Qué te importa que no venga («Los Claveles») del maestro Serrano, perfecto cierre a este recital de la cantante de Oviñana, cómoda vocalmente, emocionada por el apoyo de un público fiel y el piano siempre.

Tras agradecer tanto a la propia sociedad como al RIDEA y La Castalia que tanto han supuesto en el apoyo musical de los jóvenes talentos asturianos, también en el de María Heres en su incipiente carrera, y especialmente a su maestra Begoña G. Tamargo, alma mater de la pronto veinteañera asociación cultural que toma el relevo a la decimonónica de la capital asturiana, dos regalos: La tarántula, el popular Zapateado de «La tempranica» (Giménez), y la bellísima Pampamapa de Guastavino que la mezzo bordó en casa, siempre con el esforzado Mario Álvarez Blanco al piano, su «mano derecha» necesaria con quien tanto ha trabajado y auténtico pilar para este estreno en la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

Quedamos con las ganas de celebrar en apenas un mes la Gala Lírica del XX Aniversario de La Castalia en el Auditorio, donde estarán dos de sus alumnas destacadas, que ya no son promesas sino realidades, Janeth Zúñiga y la propia María Heres, otro peldaño más compartir escenario con el tenor asturiano Alejandro Roy y cantar con una orquesta como Oviedo Filarmonía que estará dirigida por Isabel Rubio y donde podremos escuchar dos estrenos de Guillermo Martínez y Gabriel Ordás, igualmente muy ligados a «La Castalia del siglo XXI«, esperando poder seguir contándolo desde aquí.

Cuando triunfa la escena

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Jueves 27 de enero de 2022, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo, LXXIV Temporada de Ópera de Oviedo: Adriana Lecouvreur (Cilea).
Reseña para Opera World del domingo 30, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

La 74ª temporada ovetense, con fechas recolocadas por el pandémico COVID, cierra con una ópera rescatada tras muchos sin disfrutarla en el Campoamor como es Adriana Lecouvreur, la más popular de Francesco Cilea estrenada nada menos que por Caruso y recordando al Aragall de 1982, esta vez con Alejandro Roy estrenando su rol de Maurizio, primer asturiano en debutar en el MET, más el “reclamo” de la aclamada Ermonela Jaho como protagonista, tras su anterior Butterfly de la temporada pasada, y un elenco español con muchos conocidos de la afición asturiana como Nancy Fabiola Herrera o Luis Cansino, un cuarteto vocal de altura que fue creciendo a lo largo de los cuatro actos.

Cuidada y bellísima escenografía de Rosetta Cucchi donde la evolución del drama corrió pareja a los cambios de época en cada acto, y al momento vocal de los protagonistas, el recurso del teatro dentro del teatro que resultó efectista sin romper la trama. A destacar un tercero coral en el amplio sentido de la palabra, que contó además del duelo femenino con la belleza plástica del acróbata Davide Riminucci y la bailarina Luisa Baldinetti mientras se proyectaban unos vídeos homenaje al cine de los felices 20, pero especialmente el último ambientado en el París de los 70, impactante de emociones, buen gusto y originalidad donde se cierran los dos temas sobre los que gravita toda la ópera: el teatro y el amor bajo los focos, iluminación que siempre subrayó los momentos de intensidad emocional.
El teatro con sus actores, la obra de Cilea con una música pura, bella, exigente para las voces muy entregadas a sus papeles donde el triunfo del amor puro de Michonnet fue el verdadero triunfador y dominador de la escena, un Luis Cansino pleno y convincente desde su primera intervención hasta rematar un final lleno de emoción con Ermonela Lecouvreur, simbiosis total de Jaho con la Adriana que ya ha hecho suya pese a incorporarla recientemente a su repertorio. La entrega de la soprano albanesa es innegable, como su capacidad para comunicar con el público en cada aparición, declamando una Fedra en el tercer acto digna de las grandes de la escena, y una voz que fue ganando enteros a lo largo de la función, mimando los pianos y explotando sin esfuerzo su amplia tesitura. Su personaje, con un vestuario colorido de diva, culmina en la sencillez y simbolismo del negro setentero del séptimo arte, desde la “l’umile ancella” al esperado y trágico final “Poveri fiori” que arrancó los únicos aplausos tras el aria que no aparecieron en el resto, sensibilidad y buen hacer de la soprano albanesa que sigue triunfando en nuestros escenarios.
La antagonista Nancy Fabiola Herrera mantuvo el nivel homogéneo de los protagonistas, puro lirismo en su aria del segundo “Acerba voluttà” y el dramatismo necesario de su pugna por el amor de Maurizio, con dúos bien empastados en color además del buen gusto de la mezzo canaria. Será debilidad por las “malas de la película” pero tan necesarias para que brille más el amor en escena.
Alejandro Roy debutaba en su rol de Maurizio que, como el resto, fue ganando confianza a lo largo de la función. La fuerza característica del tenor asturiano es idónea en el llamado verismo, aunque puede traicionarle por momentos en los agudos a media voz, pero el tiempo acabará puliendo esos detalles a medida que se haga cada vez más con esta partitura exigente de principio a fin, situándole oculto en la escena final ya pletórico vocalmente, evolución temporal en vestuario hasta la luminosidad de la oscuridad sobre las tablas.
El cuarteto protagonista estuvo bien arropado por la Oviedo Filarmonía, dueña del foso y madurando con los años, esta vez bajo la dirección de un Daniele Callegari que supo sacar el refinamiento orquestal de Cilea sin miramientos a las voces, exprimiendo el dramatismo a todos los intérpretes, con destacables intervenciones de los primeros atriles, colorida el arpa de Miriam del Río, y sentido el violín de Marina Gurdzhiya.
Y la ópera necesita de más voces, los mal llamados secundarios que, como en el cine, dan sentido y aportan la necesaria unidad dramática, manteniendo un nivel muy homogéneo en cada personaje cantado, destacando el abate de Josep Fadó, el Príncipe de Felipe Bou o las “mademoiselles” Cristina Toledo y Marifé Nogales, la misma línea ascendente de toda la representación. El Coro Intermezzo que dirige Pablo Moras redondeó todo el elenco vocal que nos dejó una primera Adriana muy interesante, seguramente mejorando en las cuatro funciones restantes que pondrán punto final a la profesionalidad e intenso trabajo de todo el equipo de la Ópera de Oviedo, asentándose todos en esta maravillosa y poco habitual ópera de Cilea que esperemos no pasen tantos años en reponerla. Está demostrado que no hace falta salir de nuestra tierra para tener todos los elementos necesarios que la ópera necesita en esta vida que es puro teatro.
Ficha:
Teatro Campoamor de Oviedo, jueves 27 de enero de 2022, 19:30 horas. Adriana Lecouvreur. Maurizio, Alejandro Roy. Príncipe de Bouillon, Felipe Bou. Abate di Chazeuil, Josep Fadó. Michonnet, Luis Cansino. Quinault, Carlos Daza. Poisson, Albert Casals. Adriana Lecouvreur, Ermonela Jaho. Princesa de Bouillon, Nancy Fabiola Herrera. Mademoiselle Jouvenot, Cristina Toledo. Mademoiselle Dangeville, Marifé Nogales. Dirección musical, Daniele Callegari. Orquesta Oviedo Filarmonía. Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo). Dirección del coro, Pablo Moras. Dirección de escena Rosetta Cucchi. Diseño de escenografía, Tiziano Santi. Diseño de vestuario, Claudia Pernigotti. Diseño de iluminación, Daniele Naldi. Coreografía, Luisa Baldinetti. Diseñador de vídeo, Roberto Recchia. Acróbata, Davide Riminucci. Coproducción de la Ópera de Oviedo, Teatro Comunale di Bologna y Sidney Opera House.

Trío solidario y asturiano

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Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Tres Tenores Tres

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Jueves 16 de septiembre de 2021, 21:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe: SAN MATEO 2021, GALA LÍRICA DE GRANDES TENORES BAG (BROS-ANDUAGA-GANDÍA). José Bros, Antonio Gandía y Xabier Anduaga, Oviedo Filarmonía, Jaume Santonja (director).
Entrada butaca: 28€.

Espectáculo vocal nocturno en el gran coso ovetense con tres espadas que hubieron de torear auténticos morlacos de distintas ganaderías líricas con mayor y menor cuerpo, tres figuras de tres generaciones, bien arropados por una Oviedo Filarmonía veterana en estas lides y con el maestro de ceremonias el valenciano Santonja Espinos que iniciaría el «paseíllo» antes de la aparición de los diestros en el orden del cartel mateín con un ejemplar de la gran casta verdiana.

Una voz y tres timbres, de colores variados y épocas distintas con momentos cumbres que los buenos aficionados asturianos recuerdan de la otra plaza lírica, repertorio para todas las edades que haría cuajar distintas faenas para un público entregado que les haría salir por la puerta, grande independientemente de los trofeos alcanzados otorgados por el respetable sin que la presidencia del alcalde y parte de la corporación en el palco se opusiesen.

Tres estilos y tres formas de entender esta fiesta “tenoril” comenzando por el maestro catalán Bros, con mando en plaza, querido y admirado, bien asentado en el ruedo dando un recital de buen gusto, arrimándose con la distancia justa para no salir corneado, gustándose en todas los estilos, cómodo y aseado. Al final del festejo tomaría la palabra para agradecer sus 30 años de carrera donde Oviedo siempre ha estado apoyándole y la lleva en el corazón, como otras figuras mundiales.

Tomaría la alternativa el joven donostiarra Xabier Anduaga, torero de principio a fin, arriesgando para gustar y gustarse, estilista de excelente recorrido y volumen en los primeros, algo más tapado en lo hispano y faena de aliño con los italianos. Belleza y elegancia prometedora que augura éxitos en las grades plazas internacionales porque hay buena materia prima y de escuela tradicional, con buenos maestros donde inspirarse.

Completaba la terna el alicantino Antonio Gandía, complemento ideal e intermedio equilibrado, contenido, con algún susto ante el volumen nunca contenido por Santonja, dejando la bravura de las partituras que mostrasen el peligro. Entregado de principio a fin, aunque menos ovacionado que sus compañeros, tuvo una serie de naturales sentidos llenos de buen gusto más que para la galería, pero no lo suficiente para levantar los oles del graderío central totalmente opuesto a lo que sería el llamado “Tendido 7”. Son tres estilos distintos, que no distantes, para apreciar colores, continuidad en la línea siempre plena de musicalidad en el caso del maestro Gandía.

Hubo susto en el graderío bajo por un desmayo al iniciarse la segunda parte del festejo, que hizo volver a comenzar su faena a un Anduaga que no perdió la compostura.
La vuelta al ruedo al alimón nos dejó otra faena compartida para un toreo de salón con tres «sobreros» Amapola de Lacalle, Júrame de María Grever, y Granada de Agustín Lara, excelente trapío que los diestros alternaron en la línea de su lidia individual emulando el espectáculo de otros tres tenores del finiquitado siglo XX que apostaron por estadios de fútbol y un marketing que este nuevo trío de nuestro siglo XXI le da el lavado de imagen y la cercanía de los tiempos que corren pues la pandemia ha trastocado todo, pero Oviedo sigue siendo capital musical, «La Viena del norte» español.

La presidencia y el respetable tras los tres regalos fuera del programa, pidieron volver a sacar de chiqueros el indultado Moreno Torroba cual brindis por el triunfo y la gratitud del Bros Maestro abriendo las puertas grandes para una salida ordenada de un público aún recordando pases para el recuerdo. Casi parezco un currista que se conformase con un natural, una verónica o un par en todo lo alto aunque fallase en la suerte máxima. Curiosos paralelismos del Arte de Cúchares y Euterpe mal vistos hoy en día. Por lo menos espero no se prohíba lo que no gusta, pues nadie está libre de pecar…

PROGRAMA (cual ÓRDEN DE LIDIA y diestros)

* Obertura de «La forza del destino», G. Verdi.

* “Il lamento de Federico», de «L’arlesiana», F. Cilea. (José Bros).

* Una furtiva lagrima de «L’elisir d’amore», G. Donizetti. (Xabier Anduaga).

*  Pourquoi me réveiller, de «Werther», J. Massenet. (Antonio Gandía)

* Quando le sere al placido, de «Luisa Miller», G. Verdi. (José Bros).

* A mes amis, de «La fille du règiment», G. Donizetti. (Xabier Anduaga).

* M’appari tutt’amor, de «Marta», F. von Flotow. (Antonio Gandía).

* Donna non vidi mai, de «Manon Lescaut», G. Puccini. (José Bros).

* La donna è mobile, de «Rigoletto», G. Verdi. (Xabier Anduaga).

* L’amour, l’amour…Ah lève-toi soleil, de «Romeo et Juliette», Ch. Gounod (Antonio Gandía).

Pausa (sin bocadillo que Oviedo no es Iruña)

* Por el humo, de «Doña Francisquita», A. Vives. (Xabier Anduaga).

* De este apacible rincón de Madrid , de «Luisa Fernanda», F. Moreno Torroba. (Antonio Gandia).

* No puede ser, de «La tabernera del puerto», P. Sorozábal (José Bros).

* “La danza”, G. Rossini. (Xabier Anduaga).

* «L’alba separa dalla luce l’ombra”, F. P. Tosti. (Antonio Gandía).

* “Musica proibita”, S. Gastaldon. (José Bros).

* “A Vucchella”, F. P. Tosti. (Xabier Anduaga).

* “Mattinata”, R. Leoncavallo. (Antonio Gandía).

* “Non ti scordar di me”, E. De Curtis. (José Bros).

Estrenos matutinos

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Domingo 15 de agosto, 12:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, «El jardín de la música»: María Heres (mezzosoprano), Mario Álvarez (piano). Obras de: Schubert, Wolf, Fauré, García Abril, Guastavino, G. Ordás, Gounod, Sait-Saëns, J. Serrano y G. Giménez. Entrada libre (previa reserva telemática).

Enredando con los refranes, «a mal tiempo buena música» y aunque el orbayu carbayón obligó a cambiar los jardines del museo por el patio de columnas, continúa la programación de la capital asturiana dentro de su ciclo «Oviedo, Origen del Camino» y no podíamos faltar esta mañana llena de emociones por asistir a otro estreno de mi admirado Gabriel Ordás pero sobre todo al debut en solitario de la querida María Heres a quien sigo desde sus comienzos, la «Cantera de La Castalia» que sigue demostrando el talento asturiano con estos ejemplos a modo de pequeña muestra. Ahí estaban muchos de los compañeros de María y sus orgullosas profesoras con Begoña G. Tamargo disfrutando y «sufriendo» como sólo las maestras de canto saben, recogiendo sus enseñanzas de la mejor forma posible: un concierto. El público completó el aforo, aún más reducido por las medidas ante el Covid y respondió con merecidas ovaciones a cada página, premios para unos intérpretes que hicieron las delicias en horario siempre difícil para los recitales, habiéndose aclimatado como el entrenamiento de los deportistas en competición.

Programa de altura en este debut de la mezzo pixueta donde hubo de todo: la llamada canción de concierto, ópera y zarzuela, con un Mario Álvarez impecable en cada página, pianista coprotagonista en las primeras canciones, virtuoso en las obras de Ordás, que merecen capítulo aparte, y la orquesta lírica con esas reducciones orquestales al piano que parecen imposibles y sólo los grandes profesionales como él saben afrontar. Siempre mimando la voz, entendimiento obligado y entregado con María Heres, brillando con luz propia desde un plano compañero y privilegiado de compartir estos estrenos desde su posición.

Con puntualidad británica sonaría Erlkönig de Schubert para despertar emociones desde las primeras notas del piano y el poderío de María Heres, el lied alemán tan bien trabajado y sentido, al igual que Verborgenheit (H. Wolf) en la línea de expresividad y entrega musical a la poesía, piano y voz protagonizando dos páginas alemanas que muestran la evolución de la forma y la de la mezzo a lo largo de estos años.

Si el lied es prueba de fuego para los cantantes, la chanson francesa examina la dicción siempre complicada para todos los cantantes no parlantes, pero el trabajo en los idiomas es parte importantísima en la formación lírica, y María Heres es una alumna sobresaliente, dejándonos dos ejemplos de belleza indescriptible en escritura y ejecución: Tristesse (Fauré) y À Chloris (R. Hahn), el piano que viste a medida la voz y la melodía dramatizada de dos poesías que la música eleva a obras de arte como las que rodeaban el escenario.

Continuaría la lección de idiomas con dos tributos, al recién desaparecido García Abril, ligado igualmente a «La Castalia» con su Camiño longo (de las «Canciones Xacobeas«) en este año especial, y el grandísimo Guastavino cuya Pampamapa puso la piel de gallina por la entrega interpretativa, el piano rítmico y único del argentino con la voz poderosa e íntima, Álvarez y Heres en tándem campeón con una de las primeras cimas de la mañana, y que bisarían al final.

Excelente primer bloque con obras elegidas a la perfección para una voz que enamora, potente y nunca estridente, afinada y bien colocada, técnica para dominar cada partitura con una musicalidad innata, más un color homogéneo en toda su amplia tesitura como demostraría más adelante.

El «intermedio» pianístico siempre necesario en los recitales, sirvió para gozar con las músicas de Gabriel Ordás (1999), quien explicaría previamente el germen de ellas, el estreno de «Consonancias» y sus Transparencias, preciosismo cargado de virtuosismo al que Mario Álvarez dio vida, proceso creativo de pintor musical, bocetos que van delineando formas y coloreando con su característica paleta compositiva que bebe de tantas fuentes de inspiración, casi tantas como la ejecución y escucha de esta obra preciosista.

Vendrían después cinco de las «MiniMiniaturas» que así tituló Ordás estas instantáneas pianísticas de corta duración y grandeza en escritura, delineadas con trazo firme, sonoridades del piano bien logradas por Álvarez, reflejos diarios en tiempos de pandemia, Unicornio onírico de raíz astur, Etéreo el contacto del piano con el aire, Montaña de cimas y valles tan poderosas como las notas, Starship auténticamente galáctico y Amor sin más, todas paisajes interiores, juguetes de un talento desbordante y aparente facilidad que esconden complejidades interpretativas solventadas con la profesionalidad y arte de Mario Álvarez.

Y si la llamada canción de concierto es exigente para la voz, no digamos las arias y romanzas siguientes,  primero ópera francesa que para María Heres supone su «aria de confort» por dominio escénico, lingüístico e interpretativo más la orquesta pianística del maestro Álvarez: Faites-lui mes aveux de «Fausto» (Gounod) y sobre todo Mon coeur s’ouvre à ta voix de «Samson et Dalila» (Saint-Saëns), dramatismo concentrado, sentimiento a borbotones, expresión total de un aria que ya es suya, intensidad emocional y vocal con «el piano imposible» que sólo un repertorista conocedor puede amoldar al concierto.

Defendiendo nuestra zarzuela, con la calidad y dignidad que tiene, interpretada sin complejos, con gracejo y poderío, dos pequeñas muestras muy grandes de nuestro género, ¿Qué te importa que no venga? de «Los Claveles» (J. Serrano), total control de la escena para una mezzo ya madura, asentada, dominadora de la situación, entregada, y la alegría desbordante de La tarántula, el famoso Zapateado de «La tempranica» (G. Giménez), verdadero trabalenguas vocal y rompededos pianístico que Heres y Álvarez interpretaron con una frescura digna de elogio tras todo lo que llevaban hasta ese momento.

Comentaba anteriormente que la ópera francesa es ideal para el color vocal de María Heres, y así lo demostró en su propina con la famosa Habanera de «Carmen» (Bizet), profesionalidad a raudales, musicalidad desbocada para esta Mujer con mayusculas libre, enamorada y entregada, la gitana en el cuerpo de la asturiana, amor y entrega por la música con una voz privilegiada que continúa su formación dando pequeños pasos que en su profesión la llevarán a las alturas.

Ovaciones cerradas, emociones variadas en familia, compañeros, profesores, amigos, melómanos, y el bis de Guastavino pusieron este regalo de María en nuestros corazones para estos estrenos matutinos que dejarían despejado un día prometedor.

ENHORABUENA.

Aprendiendo sobre las tablas

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Lunes 26 de julio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala Principal, La Castalia: Concierto de Clausura del VI Taller Internacional de ópera y zarzuela. Entrada gratuita.

Dice el refrán «muriendo y aprendiendo» sin entender de estaciones, vacaciones ni edades. La asociación cultural La Castalia lleva casi 20 años formando voces desde Oviedo como aquella de 1871 con Víctor Sáenz dirigiéndola, antecedente del actual Conservatorio de Música, y que en 2002 con la profesora de canto Begoña García-Tamargo renacería cual ave fénix para continuar una tarea docente de perfeccionamiento y promoción de los cantantes líricos formados en Asturias sin olvidarse de impulsar la creación musical de nuestra tierra, verdadera cantera de talento recogido tras una larga historia de todo tipo de actividades vocales e instrumentales sembradas en los teatros y sociedades filarmónicas de la región.

Es un placer ver el crecimiento de la propia asociación y del nivel que se alcanza en cada curso y taller a lo largo del año, voces jóvenes que comienzan junto a veteranas siempre en formación, comprobar cada concierto final cómo progresan las promesas, el avance de las maduras que no tiene fin, el retorno de profesionales que quieren actualizar y perfeccionar nuevos repertorios o pulir los ya estudiados.

El claustro va ampliando áreas siempre en pos de la mejor formación lírica que va más allá del canto o la fonética, con el tándem Begoña García-Tamargo y Ana Cristina Tolívar desde los inicios. Dos pianistas de repertorio con larga trayectoria en el acompañamiento como Mario Álvarez y Yelyzaveta Tomchuk, sumando para este nuevo taller la escena lírica con Arantxa Atutxa, el análisis musical con Mª José Collazos, la fisioterapia con Mario Bueno y el último fichaje de Priscilla Ortiz en expresión corporal. Experiencia profesional que da el conocimiento real y verdadero para volcarlo con un alumnado mayoritariamente femenino donde conjugar juventud y veteranía, madurez precoz junto a la evolución por el camino correcto, con un repertorio de altura llevado a la escena, con vestuario y el mínimo atrezzo suficiente, al que se sumó la actriz Marina Cañada, para pisar las tablas de un auditorio que siempre impone en su gran sala tras el ensayo del día anterior.

Citar las voces por tesituras: las sopranos María FernándezCarmen G. CalviñoLucía G. CasanuevaAndrea MosteiroVanessa del Riego y Beatriz Vázquez, las mezzos María HeresAndrea Rey y Eugenia Ugarte, el joven contratenor Mikel Malda y el tenor Juan Carlos Santos, que nos deleitaron durante dos horas dando lo mejor de ellos, con mejores o peores resultados pero con el esfuerzo del trabajo bien hecho, nervios contenidos o desatados que el directo examina y ayuda a corregir, bien arropados desde el piano por Mario y Yelyzaveta con esas reducciones orquestales que parecen imposibles de tocar, atentos a las voces eligiendo el repertorio adecuado para cada una de ellas, no solo arias o romanzas, también dúos y hasta haciendo coros, sin desfallecer para tantas partituras, tan distintas y tan exigentes como la parte vocal.

Imposible desmenuzar el programa que como se puede comprobar arriba, abarcó épocas, idiomas y estilos siempre buscando lo mejor de cada voz. Importantes los dúos para empastar, cantar y escuchar, como los conocidísimos Pur ti miro de «L’incoronazione di Poppea» (Monteverdi) y la Barcarola de «Los cuentos de Hoffmann» (Offenbach), disfrutando de la danza de Priscilla Ortiz sumada a la escena, que creció como Mikel Malda a pasos agigantados.

Arias completas como Parto, parto de «La Clemenza di Tito» (Mozart) donde Andrea Rey se mostró segura y convincente al igual que en su empastada Malika del Dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) con María Fernández, o una Carmen Calviño volcada con la muy comprometida O rendetemi la speme… Qui la voce de «I Puritani» (Bellini) que ya siente como suya pese a su juventud.

Interesantes los números de «La flauta mágica» (Mozart) para una Lucía Casanueva de Reina de la Noche aún con mucho recorrido pero valiente en su aria, junto a tres genios curtidas y adaptadas en sus roles «secundarios»  y el breve Tamino de Juan Carlos Santos con la reina reconvertida y más contenida como Pamina.

Destacar de la ópera la escena y aria de «Suor Angelica» (Puccini) con dos realidades maduras en perfecto entendimiento y entrega, Vanessa del Riego que nos puso el corazón en un puño y María Heres, una Zía Principessa a la altura dramática esperada que ojalá podamos disfrutarla en la Temporada de Ópera por estar aún inédita en el Campoamor.

No se olvidó la zarzuela, igual o más exigente que la ópera, con otro título inédito en Oviedo como «El gorro frigio» (M. Nieto) donde pudimos disfrutar tanto las partes habladas, siempre endiabladas de memorizar, proyectar y convencer, como de cantar, las escenas V y VIII con el García de Juan Carlos Santos simpático y completo en sus intervenciones, Lucía Casanueva (la bailarina) y Andrea Mosteiro (el Trompeta). Rescatada en Madrid «Cecilia Valdés» (G. Roig) escuchamos de esta zarzuela cubana la salida de la protagonista con el coro (de alumnos) y Beatriz Vázquez mejor Cecilia que mi querida y ensangrentada Lucía (bravo por Mario Álvarez haciendo toda la orquesta y donde la flauta encajó magistral con la soprano).

Un número siempre agradecido es el dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella), unas mañanitas bien empastadas de Andrea Mosteiro y Andrea Rey con coro de lujo, que bisarían todos, público incluido, y el cierre de concierto de «La Malquerida» del mismo compositor, donde la romanza Él va a venir de María Heres, bebiendo de la Bernarda vivida en Oviedo, y con el excelente acompañamiento de Yelyzaveta Tomchuk puso el broche por todo lo alto de esta mezzo completa que va haciéndose su sitio en el Campoamor con papeles menores que esta vez resultaron palabras mayores, profesionalidad, entrega, trabajo y pasión, la receta para triunfar y todo un ejemplo a seguir.

Desde mi fila 15 pude escuchar todas las voces bien proyectadas, técnica diaria que nunca toma vacaciones, distintos estados anímicos, partituras bien elegidas y defendidas con toda la ilusión para disfrute de un público que con todas las medidas de prevención sigue demostrando que «La Cultura es Segura», y amando la lírica en la capital del Principado, apoyando las voces de hoy mañana porque Oviedo merece la «Capitalidad Musical» de esta Viena del norte español.

Por la puerta grande

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Jueves 24 de junio, 20 horas. Teatro Campoamor, XXVIII Festival Lírico, Oviedo: El Gato Montés. Ópera popular española en tres actos y cinco cuadros, música y libreto Manuel Penella (Estrenada en el Teatro Principal de Valencia, el 22 de febrero de 1917). Entrada butaca: 46 €.

Concluyendo curso escolar y temporada lírica carbayona, este jueves festividad de San Juan en Mieres, salía por la puerta grande esta ópera nuestra, un «gato» verdaderamente atigrado donde los registros graves triunfaron en esta representación llena de amor, pasión, violencia y muerte, con una dirección de escena a cargo de Raúl Vázquez verdaderamente bella, sin tópicos, conocedor de todos los recursos en sus muchos años de oficio, bien rodeado por una «cuadrilla» de altura, desde la escenografía (Carlos Santos) a la iluminación (Eduardo Bravo) pasando por el vestuario (Massimo Carlotto) y la coreografía (Alberto Ferrero), un círculo perfecto con todos los simbolismos, casi como darle la vuelta de género al bolero de «querer a dos hombres a la vez y no estar loca».

El maestro de espadas Lucas Macías presidió un espectáculo donde con la Oviedo Filarmonía dejó el festejo en lo más alto, la música del maestro Penella engrandecida por la adaptación orquestal del  «apoderado» Israel López Estelche, jugando con una tímbrica ideal para este verismo atemporal capaz de convertir el arpa en guitarra española y los metales en banda sinfónica para ese pasodoble universal con el título de la propia ópera, el peso de los registros graves con unos violonchelos o unas trompas dignos de dar la vuelta al ruedo.

Los miembros de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo que dirige Pablo Moras no fueron meros subalternos sino coprotagonistas de esta velada, dentro y fuera de la arena, figurantes cantantes junto al cuerpo de baile, y donde pudimos disfrutar de la Loliya de María Heres que ya pide paso en estos papeles o Víctor Urdialez entre los peones, una cantera vocal ovetense que de nuevo trajo al ruedo al Coro infantil de la Escuela de Música Divertimento (Rosa Argüello Iglesias, Nerea Fernández Amor, Guillermo Fernández Rubio, Rodrigo Méndez de la Fuente y Carlota de Miguel Busta), unos gitanillos que ya han tomado la alternativa escénica y coral en esta Fiesta tan nuestra.

Y todo un cartel de primeros espadas con Juanillo, el Gato Montés de Àngel Òdena verdadero triunfador de la tarde por poderío vocal y escénico, dominio total y barítono ideal convertido en bandolero héroe más que villano, vencedor en mano a mano con el torero Rafael Ruiz, el Macareno encarnado por un Gillen Munguía (de faena aseada y de aliño) «por el amor de una mujer», Soleá Nicola Beller Carbone convincente, creciendo en cada «tercio», entregada y querida como otra hija de esa inmensa madre, la Frasquita de Marina Pardo siempre atinada, con el destino bien leído y cantado de la Gitana Sandra Ferrández, embrujándonos para redondear ese círculo mágico de mezzos donde no quiero olvidarme de la «cuadrilla» perfectamente asentada y al quite desde «los medios» como el Hormigón de Fernando Campero y con todas las bendiciones del Padre Antón, Francisco Crespo, ensamblados para afrontar cada «mihura» de este Penella inspirado.

Por finalizar estas rápidas líneas o crónica de última hora, pues este viernes es aún lectivo, con el coso del Campoamor aplaudiendo la fiesta, pidiendo la vuelta al ruedo para todos y salida por la puerta grande (escalonada y con distancia de seguridad), ya con ganas de la próxima «feria lírica asturiana» que es este festival ovetense plenamente consolidado y cercano a los treinta años, creciendo como su orquesta y titular desde un foso  con mucha historia musical.

El propio Raúl Vázquez en el programa «digital» nos orientaba sobre su visión de esta partitura auténticamente verista y española, inspiraciones pictóricas y literarias para algo tan nuestro como la historia musicada de Penella totalmente exportable en la producción de un festival lírico que apuesta por renovar nuestro patrimonio y manteniendo en estos tiempos difíciles la actividad en un teatro que ha sabido aguantar como pocos la Pandemia, salvando puestos de trabajo, afición y demostrando, por si aún quedaban dudas, que la cultura es segura… y necesaria.

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