Inicio

Un idilio lírico ovetense

Deja un comentario

Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

(Crítica para Ópera World del viernes 8 de noviembre, esta vez con pocos links por problemas de tiempo, y fotos propias)

Es bueno cumplir años para recordar mis vivencias líricas, y nada mejor que seguir celebrando a G. Puccini (1858-1924) con dos voces que ya he disfrutado y además realizando una gira europea homenajeando al genio de Lucca con paradas en España, donde no falta Oviedo: la soprano estadounidense Sondra Radvanovśky (Berwyn – Illinois, 1969), premio lírico a la mejor cantante femenina de ópera en la séptima edición de los Premios Líricos con Gala en el Teatro Campoamor (2012), tras una exitosa “Norma” semiescenificada en diciembre de 2011 (no podría volver a Oviedo para el Réquiem verdiano), aunque volvería a escucharla en Perelada allá por agosto de 2013 con la misma ópera de Bellini, y el tenor polaco Piotr Beczala (Czechowice-Dziedzice, 1966) quien ya cantase dos veces en el auditorio ovetense, primero con Oviedo Filarmonía (OFil) en abril de 2017 -entonces dirigida por Marzio Conti y cuatro años después en un recital con piano (junto a Sarah Tysman), por lo que el inexorable paso del tiempo también ayuda a calibrar la evolución de los intérpretes y los sentimientos de los muchos melómanos llegados de todo el norte de España que llenaron el Auditorio.

Si algo tiene Puccini es su capacidad de emocionar y estaba claro porque no defrauda nunca y más con esta “gala del centenario” ocupada por sus arias y dúos más conocidos con dos de las mejores voces del panorama lírico internacional en un momento de madurez que les ha dotado de unos graves más corpóreos sin perder una técnica impoluta y el volumen más que suficiente para “sobreponerse a la tentación sinfónica” de las dinámicas orquestales a las que también sucumbió la OFil con Lucas Macías, respirando con ellas pero sin bajar potencia. Pero tanto Sondra como Piotr supieron comunicar, enamorar, brillar juntos y por separado desde un buen entendimiento con el podio, unido a una admiración de todos que se notó en cada momento, aunque faltó algo de la magia del irrepetible último operista del pasado siglo.

El dominio orquestal del homenajeado ya se notó en su debut juvenil Preludio sinfónico en la mayor, op. 1, para atemperar una OFil que sonaría con la larga experiencia del foso aunque el escenario aún la haga crecer más. A lo largo de la gala pudimos disfrutar de sus primeros atriles, especialmente los de cuerda (Mijlin, Menéndez y Ureña más el arpa de Domené) y el clarinete de Allué, pero toda ella brilló en cada página, enamorados de las dos voces que si en la primera parte fueron subiendo enteros, para la segunda lo dieron todo con el público rendido olvidándose de ligeros resfriados en un tiempo otoñal que no ayuda (tampoco a las toses inoportunas aunque casi preferibles a los tarareos cercanos).

Primer bloque con «Manon Lescaut» que abriría, como siempre impecable de frac, Piotr Beczala y el aria de Des Grieux “Donna non vidi mai” transitando los registros extremos, para seguir la protagonista, vestida de negro, Sondra Radvanovśky “Sola, perduta, abbandonata”, mucho más que un calentamiento vocal desde el ardor, con dominio técnico (agudos aún tirantes) y caudaloso volumen en una lección de dramaturgia bien entendida por ambos, antes del Intermezzo de una OFil contagiada de la misma belleza, en el orden habitual de alternar arias con intermedios instrumentales.

De «Tosca» el tenor polaco nos dejó las dos arias más populares: “Recondita armonia” y “E lucevan le stelle” (el Adiós a la vida) espléndidas, bien fraseadas, sobre todo la segunda, mejor concertadas por Macías y contestadas por los solistas antes citados, con el color y timbre que mantiene Beczala de siempre, además de una declamación perfecta, mientras la soprano estadounidense nos convenció entre ambas con la que podríamos llamar el aria propiamente dicha  «con su introducción en arioso, su exposición, su sección media y su repetición» (como bien la describe el maestro Arturo Reverter en sus notas al programa):“Vissi d’arte, vissi d’amore”, una interpretación de impacto por su entrega, escena, fiato, crescendos epatantes, agudos con fuerzas sin perder la interiorización de Tosca, y volviendo a demostrarnos que Radvanovśky es una pucciniana de primera, antes de finalizar con el dúo semiescenificado “Mario! Mario! Son qui!”, temperamental, química total e idilio vocal con Floria enamorando y dominando a un Mario más contenido en todos los aspectos, desde una dramaturgia y línea de canto espléndida por parte de ambos. No echamos de menos al “malo de Scarpia» porque ellos ya llenaron la escena dejándonos con ganas de seguir disfrutándolos tras el descanso, necesario ante el empuje orquestal que no minaría el volumen de estas dos voces.

Puede ser que «La bohème» sea la ópera de Puccini que más veces haya escuchado, tanto en vivo como grabadas, y la emoción me puede más que los detalles, pero las dos arias y el dúo volvieron a dejarme un par de lágrimas aunque no las cantasen juntos sobre el escenario: “Che gelida manina” de Beczala muy fluido el legato, elegante y más allá del optativo pero “esperado” Do de pecho, y “Sì, mi chiamano Mimì” de Radvanovśky (con otro vestido más colorido para la segunda parte) que ya no es tan lírica con el paso del tiempo pero sigue igualmente dominadora de los reguladores y el idioma de Dante, aunque me queda siempre el recuerdo de Kraus y Freni, más “O soave fanciulla” incluyendo la salida de escena para este final del primer acto arrebatador y efusivo con el agudo unísono que al menos nos dejaron escuchar casi con veneración antes de la aclamación. El polaco parecía algo cansado pero sigue defendiendo su Rodolfo con poderío, elegancia y buen gusto, mientras la estadounidense juega con cada fraseo y matices que con los años ha ganado graves mientras mantiene los filados junto a la orquesta sin quedar nunca tapada. Hay momentos “de paso” algo más ásperos pero sigue siendo única recreando esta Mimì aunque en el dúo el idilio vocal sería más de Sondra que de Piotr.

Nuevo intermedio orquestal para no aminorar el clima de la OFil con su titular, el Intermezzo “La Tregenda» de «Le Villi», la escritura única del Puccini grandioso, antes del potente final que vendría a continuación con «Turadot», una Radvanovśky ahora perfecta por su edad, color, volumen y dominio en la exigente “In questa reggia” que desde el estatismo del personaje pudo incluso gesticular y luchar con el poderío instrumental donde Macías nunca bajó las dinámicas sabedor de la potente vocalidad de esta soprano que se entrega en cada aria, y así fue especialmente en los grandes intervalos y saltos de registro (Mai nessun m’avrà) apasionados, exaltados pero también emotivos de la terrible princesa. Y no podía faltar Calaf con “Nessun dorma” de un Beczala agotado pero con la emisión suficiente sin necesidad de aguantar hasta la extenuación el si natural agudo del tercer ¡Vincerò! con una orquesta con más pulmón que el tenor.

El esfuerzo tanto vocal como interpretativo nos robó de «Madama Butterfly» el aria del segundo acto “Un bel dì vedremo” como nos indicó la propia Sondra, pero no faltaría el último dúo del primero con partitura en el atril tras una gala que supone mucho más trabajo que toda una ópera, y Puccini exige a todas las voces. Buen rubato por parte de todos con Mijlin acariciando desde el violín ese Vogliatemi bene de Cio-Cio San, antes de las tres propinas, cara a la galería por populares, donde para mí sobraba el aria “Amor ti vieta” de «Fedora» (Giordano) aunque la traen en el segundo programa de esta gira, y el brindis de «La Traviata» con palmas y baile incluido de la pareja, quedándome mejor con el querido papito de «Gianni Schicchi», un inspirado Puccini que ha escrito como nadie para las sopranos y “La Radvanovśky” lo sabe… dice el refrán que “quiten tuvo retuvo”, siendo la auténtica triunfadora de este homenaje junto a un paternaire como Beczala que sigue teniendo esa voz clara y elegante, dos voces consolidadas en lo alto del panorama lírico mundial desde hace años.

FICHA:

Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

PROGRAMA

Primera parte:

Preludio sinfónico en la mayor, op. 1

Manon Lescaut

«Donna non vidi mai»

«Sola, perduta, abbandonata»

Intermezzo

Tosca

«Recondita armonia»
«Vissi d’arte, vissi d’amore»
«E lucevan le stelle»

«Mario! Mario! Son qui!»

Segunda parte:

La bohème

«Che gelida manina»

«Sì, mi chiamano Mimì»

«O soave fanciulla»

Le Villi

Intermezzo «La Tregenda»

Turandot

«In questa reggia»

«Nessun dorma»

Madama Butterfly

Dúo final del Acto I

Un “Dido y Eneas” desde Versalles a Oviedo

1 comentario

Sábado 26 de octubre de 2024, 19:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. Henry Purcell (1659-1695): «Dido and Aeneas» (Z 626, 1689). Sonya Yoncheva (soprano), Ana Vieira Leite  (soprano), Halidou Nombre  (barítono), Attila Varga-Tóth (tenor), Pauline Gaillard (soprano), Yara Kasti (soprano), Arnaud Gluck (contratenor), Lili Aymonino (soprano), Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles, Stefan Plewniak (violín y director).

(Crítica para Ópera World del domingo 27, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre se puede adaptar, y fotos de las RRSS y propias)

Se inauguraba la 26ª temporada de los “Conciertos del Auditorio” de Oviedo en un horario que despistó a los habituales (19:00 horas también los sábados además de domingos y festivos) con una ópera en concierto dentro de una amplia y variada programación desde el área de cultura del ayuntamiento ovetense, donde la lírica nunca falta y las versiones semi-escenificadas, como en el caso de muchas otras obras en el “Príncipe Felipe”, siempre han dado buen resultado para un público aficionado a todo el género vocal, y que sigue poniendo la capital asturiana en el mapa musical, esta vez para disfrutar del «Dido y Eneas» de Purcell tras su paso francés por el propio Castillo de Versalles (con producción escénica de Cécile Roussat y Julien Lubek), Lyon y Toulousse o las españolas de Madrid este pasado jueves 24 en el Auditorio Nacional y este último sábado de octubre en Oviedo.

En esta producción no echamos de menos la escena, pues hubo buena interacción entre los artistas para intentar desechar ese concepto de “ópera en concierto” y verdadera alegría para todo melómano con casi lleno en el auditorio carbayón, por otra parte esperable por la presencia de la mediática y aclamada soprano búlgara Sonya Yoncheva (Plovdiv, 1981) tras su aparición el martes pasado en el programa de TVE “La revuelta” de David Broncano que ha llenado redes sociales y páginas de todo tipo, dando una publicidad al evento que no tiene precio.

Considerada una obra maestra absoluta de la ópera barroca inglesa del conocido como “el Orfeo británico”, Purcell despliega en ella todo su arte de lo maravilloso y lo trágico entre lamentos desgarradores y risas malignas donde “La Yoncheva” interpreta este papel emblemático de seducción y despecho como es Dido, dentro de un vasto repertorio donde el barroco también tiene su lugar junto a los papeles icónicos de soprano ¡y hasta Mahler!, que la han llevado a triunfar por todo el mundo. Ella fue la verdadera diva (de riguroso luto) que acaparó el éxito de un espectáculo barroco algo desigual con el violinista y director polaco Stefan Plewniak al frente del Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles, mucho mejor que el variado elenco vocal, todos especializados en este periodo histórico.

                                                  Foto©Impacta, Madrid

La búlgara se encontró cómoda en su papel regio con una vocalidad espléndida, de bellísimo color, con cuerpo en todo el registro y una tesitura que le va muy bien pese a cierta homogeneidad interpretativa que le quitó mayor variedad en este rol de la reina Dido, siendo el conocido lamento When I’m laid in earth donde sí emocionó por su buen hacer canoro aunque hubiese esperado más “carne en el asador” para esta página que lo pide. Bien empastada en sus dúos y notándose muy por encima de sus compañeros de reparto, dominadora de la escena y “devorando” a un Eneas que no logró enamorar.

Ana Vieira Leite como Belinda decepcionó un poco por su poca proyección ante una orquesta camerística, aunque no podamos reprocharle su musicalidad y bello color, pero tan solo pudimos “disfrutarla” en la segunda escena palaciega (See, Madam, see where). Y cierto fracaso el de Halidou Nombre como Eneas, de fluctuante afinación que se hacía más notable en los fortes donde su vibrato le traicionó más de una vez. Con un timbre ideal y volumen más que suficiente, hubo momentos donde no logró encontrar el tono, aunque al menos cuando lo logró sí demostró su calidad y presencia escénica, pero podríamos haber cambiado el final ante lo escuchado.

En la balanza positiva sí nos embrujó Pauline Gaillard por registro homogéneo, agudos bien proyectados además de un buen empaste pese a lo similar en el color con Yara Kasti a quien superó en volumen y escena, apareciendo por el patio de butacas hasta situarse sobre el escenario. Breve pero muy bien desde la balconada superior izquierda el contratenor Arnaud Gluck como un espíritu (Stay, Prince and hear great Jove’s command) tras salirse del coro para dejarnos una grata impresión con una potencia ayudada por la ubicación en su diálogo con Eneas. Tampoco estuvo mal la soprano Lili Aymonino tanto en su dúo con Belinda, y peor hechicera pero mejor marinero (tercer acto) el tenor Attila Varga-Tóth, de voz rotunda y excelente emisión.

Mención aparte y sobresaliente el coro, once voces -más el contratenor- siempre suficientes, presentes, matizadas, afinadas, ya desde los tres números del primer acto (When monarchs unite, Cupid only throws the dart y To the hills and the vales), unas risas bien marcadas y mejor cantadas en el segundo (realmente un deleite Harm’s our delight and mischief all our skill) de esos marineros que me hicieron recordar al Britten inspirado en su compatriota tres siglos después. El último Great minds against themselves conspire junto al último dardo de Cupido sonó a coral luterano por presencia, gusto y matización exquisita.

La orquesta de plantilla ideal para este Purcell, me gustó en todas las secciones y especialmente los números entre escenas (de obras como “The old Bachelor”, “El Rey Arturo” o “Timon of Athens”), con el propio Stefan Plewniak dirigiendo con el violín y marcando todo con una gestualidad casi danzante, quedándome con un continuo bien armado, especialmente el arpa y las dos tiorbas de Jonathan Zehnder y Léa Masson (también a la guitarra barroca improvisando el inicio del “Asturias” de Albéniz antes de la escena de palacio) junto a la percusión detallista con finas pinceladas y buena tormenta. Una formación de quilates que junto al coro brillarían con luz propia en esta ópera (y hasta en las propinas).

Y es que como buenos “chauvinistas», intentaron animar al personal como si de un grupo rockero se tratase, con todas las voces en primera línea para “hacer el indio” con Rameau, un bello Tendre amour donde el reparto se unió pero estropeando la belleza de los palaciegos versallescos, y una poco galante por excesivamente “salvaje” (gritada y con palmas fuera de lugar) Forêts paisibles, bosques nada pacíficos que ni dejaron ni hicieron disfrutar de todos los intérpretes, salvo el entusiasta y entregado Stefan Plewniak.

FICHA:

Sábado 26 de octubre de 2024, 19:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. Henry Purcell (1659-1695): «Dido and Aeneas» (Z 626, 1689). Ópera en tres actos, libreto de Nahum Tate (1652-1715) basado en el libro V de la «Eneida» de Virgilio.

FICHA ARTÍSTICA:

Dido, reina de Cartago: Sonya Yoncheva (soprano) – Belinda, dama de la reina: Ana Vieira Leite (soprano) – Aeneas, héroe troyano: Halidou Nombre* (barítono) – La hechicera / Un marinero: Attila Varga-Tóth* (tenor) – Primera bruja: Pauline Gaillard* (soprano) – Segunda bruja: Yara Kasti (soprano) – Un espíritu: Arnaud Gluck (contratenor) – Segunda mujer: Lili Aymonino (soprano)

*Miembros de la Academia de la Ópera Real

Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles

Stefan Plewniak (Director).

Orquesta de la Ópera Real de Versalles:

Violines I

Ludmila Piestrak – Raphaël Aubry – Nikita Budnetskiy

Violines II

Roberto Rutkauskas – Sophie Dutoit – Reynier Guerrero

Violas

Alexandra Brown – Wojtek Witek

Violas de gamba

Hyérine Lassalle* – Layal Ramadan*

Violonchelo

Jean Lou Loger

Contrabajo

Nathanaël Malnoury

Oboe y flauta

Michaela Hrabankova

Flauta

Victoire Felloneau

Fagot

Robin Billet

Percusión

Dominique Lacomblez

Tiorbas

Léa Masson – Jonathan Zehnder*

Clave/Órgano

Cécile Chartrain – Simon Kalinowski*

Arpa

Flora Papadopoulos

Preparación del coro

Chloé de Guineano

Coro de la Ópera Real de Versalles:

Sopranos

Sarah Charles* – Cécile Granger – Anne-Laure Hulin – Fanny Valentin

Mezzosopranos

Marion Harache – Mathilde Legrand

Tenores

Edouard Hazebrouck – Cyril Tassin

Bajos

Lucas Bacro – Nicolas Certenais – Samuel Guibal*

*Miembros de la Academia de la Ópera Real

El Barbero crea afición para todas las edades

Deja un comentario

Sábado 19 de octubre de 2024, 17:30 y 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «El barbero de Sevilla». Versión para la infancia de Maite García Heres. Compañía musical infantil «La Federica», residente de la Ópera de Oviedo.

(Crítica para Ópera World del domingo 20, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre se puede adaptar, y fotos propias más las de Néstor Fernández para Ópera de Oviedo)

Cerrando el segundo título de la 77ª temporada de ópera ovetense llegaba este sábado la adaptación de la directora Maite García Heres al frente de la compañía musical infantil “La Federica” que ella dirige en este proyecto cuyo título de “infantil” lo es por los intérpretes y por ser el público destinatario aunque de todas las edades y llenado las dos funciones con precios 6€ a 15€ que encandiló a pequeños y mayores.

Y es que la adaptación de su directora con unos textos bien traducidos con los mínimos cambios necesarios pero fieles al italiano, añadiendo partes habladas que mejoraron la comprensión argumental para todo el público, junto a la impecable adaptación musical de Adrián Arechavala, capaz de mantener toda la música imprescindible del barbero rossiniano, cortando la longitud de los números sin perder la esencia, compartiendo arias entre solistas y coro, casi todas voces blancas capaces de abordar desde su color y tesitura natural cada personaje (el asesoramiento vocal de Iván Carriedo y Andrea Gutiérrez es impagable), así como una formación instrumental ideal -un ensemble propio que detallo en la ficha- para esta ópera camerística con mucho futuro, dejándonos un espectáculo que entusiasmó a un público nuevo que repetirá (así lo comentaban al final de cada función) y asombró a los habituales que pudieron comprobar que hay no solo afición en Asturias sino una verdadera cantera lírica que esperemos no se pierde según vayan cumpliendo años.

Con una escenografía “cercana” a la propia producción de “El Barbero de Oviedo” pero más sencilla (de Carmen Fernández González), donde el coro y todo el elenco son un bloque implicado de principio a fin, moviéndose, actuando y cantando como verdaderos profesionales, sumándole el vestuario de Susana de Dios que resultó maravilloso sin obviedades (me gustó su concepto de Tuna sin necesidad del negro y las cintas de colores) más la siempre buena iluminación de Roberto Lorenzo Martín (la escena de “la tormenta” mejoró la del “otro Barbero”), dando como resultado final una producción donde todo el equipo merece reseñarse, y lo dejo en la Ficha final.

La famosa obertura ya nos centró la acción, introduciendo partes cantadas cual mezcla entre “The King Singers” y “La Trinca” en versión asturiana y calidad lírica, con charangas y murgas que venían del Carnaval de Ciudad Rodrigo hasta Sevilla, con un conde salmantino a cargo de Teresa Rodríguez García de Albéniz que triunfó de principio a fin en sus desdobles del Lindoro rondador, un Alonso marinero borracho de agua dulce, el tunante maestro de canto y por supuesto un conde que cantó maravilloso, pudiendo escuchar esa voz natural tan educada además de una escena adulta que hace increíble una profesionalidad digna de mayores junto a una musicalidad que hace creer en un futuro esperanzador.

Y no digamos encontrar, ver y escuchar a Jorge Martínez Ferreño, un Fígaro de conveniente “acento andaluz”, adolescente con su propia voz cantando el “Factótum” plenamente creíble, un peluquero de ahora con hechuras de siempre. Otro tanto del Bartolo de Daniel Villar Álvarez con timbre y color casi traspasada “la muda” por cuerpo, pero tan buen actor como cantante que no desperdició sus arias para disfrutar lo bien asimilado que tenían todos sus roles. Sumar en estos registros a un simpatiquísimo Basilio de Manuel Cañas Avello, cuya “calumnia” en su tesitura natural me hizo repensar el original, tanto por la dicción en castellano como su entonación que fue otra de las agradables sorpresas de esta tarde, niños que encandilan ya sobre las tablas con un aplomo envidiable.

A todos nos enamoró la Rosina de Elena Fernández McLean, vocalmente impecable, fiel a la partitura despojada de ornamentos pero con los suyos propios tan necesarios, una voz “adulta” porque en las mujeres ya queda definido su color, escénicamente arrolladora y empastando en los dúos y concertantes cual mezzo internacional. La comicidad de Berta, Adriana Cañas Avello, nos soltó más de una carcajada, pero además cantó al mismo nivel que sus compañeros, los mal llamados secundarios sin los que la ópera no sería igual, y menos en las bufas. Tampoco quiero olvidarme del Fiorello de María Baragaño Apesteguía, asombrándome a partes iguales su escena y su canto, o la Policía de Sara Montoto del Fueyo que nos hizo cambiar el Ambrogio mudo por una actriz que declama y se mueve como si hubiese nacido sobre las tablas de nuestro templo lírico.

El “grueso” coral no solo llenó la escena, también bailaron (gracias Olimpia Oyonarte) con los paraguas de auténtico musical americano, impresionantes las criadas por desparpajo, simpáticas las peluqueras, más el coro de tunos y policías que dotaron a esta producción de una calidad, entrega, buen hacer y trabajo digno de matrícula de honor.

Si los “más mayores” son el soporte además de ejemplo y ayuda a los “grandes pequeños”, de todos ellos Maite García Heres ha sacado lo mejor, una ardua tarea de tiempo y sacrificios con el premio de este barbero para niños de 6 a 106 años que deberían disfrutar más allá de nuestra tierra. El trabajo bien hecho lo merece, el objetivo de crear afición se ha conseguido y habrá más títulos desde la Ópera de Oviedo pero que necesita todo el apoyo de instituciones, mecenas y patrocinadores pues el reconocimiento de los que ya peinamos canas lo tiene.

FICHA:

Sábado 19 de octubre de 2024, 17:30 y 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «El barbero de Sevilla». Versión para la infancia de Maite García Heres. Compañía musical infantil «La Federica», residente de la Ópera de Oviedo.

FICHA TÉCNICA:

Dirección y adaptación: Maite García Heres – Adaptación musical: Adrián Arechavala Díez – Asistente de dirección: Deva Jiménez García – Escenografía: Carmen Fernández González – Regiduría: Alba Delgado Arronte – Coreografía: Olimpia Oyonarte Martos – Dirección y diseño de luces: Rafael Echeverez Villanueva – – Sonidista: Roberto Lorenzo Martín – Vestuario: Susana de Dios – Asesoramiento vocal: Iván Carriedo Martín, Andrea Gutiérrez D’Soignie – Asesoramiento teatral: Arancha Fernández Ramos.

REPARTO:

El conde de Almaviva: Teresa Rodríguez García de AlbénizBartolo: Daniel Villar ÁlvarezRosina: Elena Fernández McLeanFigaro: Jorge Martínez FerreñoBasilio: Manuel Cañas AvelloFiorello: María Baragaño ApesteguíaCriadas: Cayetana Martínez Fernández, Carlota Pelegrín Santiago, Ángela Remis Mieres, Paula Suárez NaharroBerta: Adriana Cañas AvelloPolicía: Sara Montoto del FueyoTunos y policías: Emma Ceán Martínez, Alba Delgado Arronte, Álvaro Díaz Cid, Ángel Eneko García de Con, Lola García Grueso, Deva Jiménez García, Adrián Santín Fernández, Julia Viñuela GarcíaPeluqueras: María García Canellada, Olaya Pelegrín Santiago.

Músicos: Adrián Arechavala Díez, Jorge Díaz Seijo, Iria Rodríguez González, Mercedes Schmidt Inglés, Marcos Suárez Fernández, Sofía Trueba Fraile.

Otro barbero en Oviedo

Deja un comentario

Sábado 5 de octubre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «Il barbiere di Siviglia».

(Borrador de mi Crítica para Ópera World del lunes 7 con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre se puede adaptar, y fotos de Iván Martínez)

Segundo título de la septuagésimo séptima temporada ovetense con «El barbero de Sevilla» considerada por público y crítica como una de las cumbres del arte cómico del gran Rossini y de toda la ópera bufa, ya no solo por su música única y de calidad suprema, también por el texto de Beaumarchais que el libreto de Sterbini respeta, algo nada habitual entonces. Un título siempre agradecido en la capital asturiana donde se ha representado desde 1892 hasta dieciséis veces, recordando personalmente 1973 con un reparto donde estaban Ernesto Palacio, el gran Enzo Dara, la asturiana Fefi Arregui, Vicente Sardinero y el irrepetible Paolo Montarsolo. Este 2024 además de programar cinco funciones (donde no faltará el “viernes joven” con el segundo reparto) se incluirán dos representaciones más para el día 19 (con pases a las 17:30 y 19:30) en una cuidadísima versión de Maite García Heres y la Compañía musical infantil “La Federica” (residente de la Ópera de Oviedo) titulada «El barbero de Sevilla para la infancia», para un público de 9 a 99 años que espero podamos disfrutar igualmente.

Y es que “El barbero” no falla al hacernos un poco más felices estos tiempos grises, porque Rossini entendió la ópera como su propia vida, apurándola al principio para disfrutarla en su vejez. Este barbero de Oviedo no resultó como hubiésemos querido pese a contar con todos los elementos para triunfar, pues los desajustes entre foso y escena fueron muchos, especialmente en los siempre difíciles concertantes solventados como bien se pudieron para convertir los dos actos en un “totum revolutum” que tornó en disparate el propio argumento, incluyendo una figuración que ayudó a ese “horror vacui” sólo explicable en el interludio de la tormenta del segundo acto donde no faltaron los paraguas, para una escena por otra parte sencilla y siguiendo las pautas de Rita Consentino de “humor e ironía para una crítica social” como bien explica en el libro de este título, y que contagiaron el momento actual de cierto descontrol donde lo importante como se suele decir era encajar inicio y final para dejar que el resto rodase por sí solo, manteniendo la comicidad que no faltó nunca aunque hubiese momentos de sobreactuación por parte de todos, salvando el personaje mudo del criado Ambrogio con Aarón Martín cual Buster Keaton casi omnipresente.

La famosísima obertura pintaba bien con Oviedo Filarmonía compacta y matizada para levantar el telón y contemplar las cuatro cajas de embalajes con distintos tamaños y etiquetas de esta producción propia que irían albergando todas las escenas: el balcón de Rosina, la casa de Bartolo o la barbería de Fígaro, todo sencillo pero efectista más un vestuario de Gabriela Hilario que como la producción que llega al teatro, ha ido incorporando de todo, pero a partir de ahí llegaría el resto.

La escena primera de Fiorello y Almaviva para la serenata traía al coro vestido de bailaores con sombrero cordobés, pues bien podría haberse pensado en una rondalla o mejor una tuna, aún vigente en pleno siglo XXI que hubiese dado más “realismo” y hasta colorido, bien siempre vocalmente el Coro Intermezzo (mejor aún como soldados), comprobando el buen estado vocal del barítono zaragozano Isaac Galán en los mal llamados secundarios y el timbre peculiar del tenor maltés Nico Darmanin con sus “desdoblamientos” algo desiguales: mejor como Lindoro o el soldado borracho que su Alonso desencajado en exceso (Pace e gioia sia con voi),

y la primera aparición de Karina Demurova desde el balcón con un ligero desafine (las alturas no suelen ser buenas para el oído), interesante la elección de la mezzo rusa para una Rosina enorme en todos los aspectos: por su color vocal en los agudos que difería en el registro grave aunque de volumen suficiente ante un foso que no ayudaba precisamente a las voces, desde la conocida Una voce poco fa de la escena segunda, bien ornamentada y el clave-arpa en el foso que resultó el mejor hilo conductor para toda la ópera más allá de los recitativos, siendo lo mejor a nivel instrumental escuchar una guitarra perfecta (Manuel Paz en el foso) que aún lo sería más en las manos del mexicano Germán Olvera, el barbero protagonista de escena prodigiosa ya desde su salida de la caja-barbería, vocalidad perfecta aunque dubitativo y agudos algo cortados en el Largo al factótum que finalmente solventó con su volumen poderoso, más el control necesario en el resto de sus intervenciones, de menos a más con los problemas citados de desajustes en los concertantes, donde la maestra Lucía Marín no encontró el equilibrio ni tempi para que todo fluyese cómodo dentro de las enormes dificultades que Rossini vertió en su partitura, textos rapidísimos de agilidades complicadas y exigentes empastes.

Siguiente aparición el “Bártolo” del barítono asturiano David Menéndez que con los años gana en registro grave sin ser bajo con la bis cómica del personaje que le permite recrearlo, tal vez sobreactuado, especialmente en los conjuntos, pero plenamente interiorizado este rol que irá afianzando en esta etapa madura.

De lo más completo del elenco vocal estuvo el rol de Berta con la soprano asturiana Yolanda Montoussé que tendría su momento álgido en el aria Il vecchiotto cerca moglie tras una interrupción por un imprevisto sanitario que movilizó a los muchos y verdaderos doctores entre el público, retomando tras quince minutos la acción con temple, una comicidad desde su primera aparición en la escena segunda, unos concertantes bien empastados con sus compañeros y el excelente gusto de su aria final reposada. Esperaba más del Basilio de un Fernando Latorre muy querido en Oviedo, pero a su “calumnia” le faltó peso, poso y entendimiento con la dirección musical.

Había mimbres musicales, vocales y actorales, para un “barbiere di caulitá” que con estar entretenido porque Rossini no defrauda, merecía más complicidad en este sábado lluvioso de chubasqueros formando parte del vestuario de “El barbero de Oviedo” que sin perder comicidad o ironía le faltó más musicalidad y entendimiento, algo que esperamos se alcance en las próximas funciones.

FICHA:

Sábado 5 de octubre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «Il barbiere di Siviglia». Libreto de Cesare Sterbini, basado en la comedia “Le Barbier de Séville ou La précaution inutile” de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais (1775) y en el libreto de Giuseppe Petrosellini para “Il barbiere di Siviglia” de Giovanni Paisiello (1782). Comedia en dos actos.

Estrenada en el Teatro Argentina de Roma el 20 de febrero de 1816. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Lucía Marín – Dirección de escena: Rita Cosentino – Diseño de escenografía: David Pizarro – Diseño de vestuario: Gabriela Hilario – Diseño de iluminación: David Bofarull – Coreografía: Cristina Arias – Dirección del coro: Pablo Moras.

REPARTO:

El conde de Almaviva: Nico DarmaninBartolo: David MenéndezRosina: Karina DemurovaFigaro: Germán OlveraBasilio: Fernando LatorreFiorello: Isaac GalánAmbrogio: Aarón MartínBerta: Yolanda MontousséUn oficial: Francisco SierraUn notario: Eduardo Pintado.

Orquesta Oviedo Filarmonía – Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo).

Gambito de dama

Deja un comentario

Sábado 7 de septiembre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gaetano Donizetti (1797-1848): «Anna Bolena».

(Crítica para Ópera World del domingo 8 de septiembre, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre se puede adaptar, y fotos propias, de Iván Martínez y de las RRSS)

Excelente apertura de la septuagésimo séptima temporada ovetense con la primera ópera de la llamada «Trilogía de las reinas» de Donizetti, esperando completarla en la próxima. Y eso que «Anna Bolena» solo se ha representado en el Campoamor en 1984 (con Cecilia Gasdia en el rol de la reina inglesa, siéndolo la muy querida Ana María Sánchez en 2000-2001). Esta de 2024 coronaría a Sabina Puértolas, considerada asturiana de adopción hace años, como la figura central de una “partida de ajedrez” de donde tomo mi título del llamado ‘gambito de dama’ por ser una de las aperturas más antiguas del juego de las 64 casillas, eje escénico donde transcurre esta producción propia de la Ópera de Oviedo ideada por Emilio López.

Todos los melómanos conocen lo que supone el llamado belcanto y Donizetti será uno de los reyes de este estilo compositivo romántico tan exigente para todos: orquesta, coro y voces que transitan por los extremos de sus tesituras y donde las heroínas del compositor bergamasco ‘expiraban bajo una lluvia de trinos, arpegios, escalas, saltos y notas agudas’ como escribe Harold C. Schoenberg en Los grandes compositores. Lo que nadie puede negar es el protagonismo que tienen todos sus personajes, incluyendo la orquesta y coro, con todo tipo de combinaciones más allá de las esperadas arias: dúos, tríos, cuartetos o concertantes, momentos para brillar a lo largo del drama aunque las heroínas sigan reinando. Por ello encontrar un elenco capaz de afrontar estas difíciles partituras es ya de por sí un reto, acertar un triunfo y que todo funcione a la perfección un éxito, por lo que hay que felicitarse en este primer sábado de septiembre, víspera del Día de Asturias, ante una efeméride operística que se recordará mucho tiempo.

El planteamiento de esta partida en el tablero musical resultó equilibrado desde todas las partes, ya desde la gran obertura, esa apertura ‘gambito de dama’ donde el maestro Iván López-Reynoso sacaría de la Oviedo Filarmonía una sonoridad compacta, clara, precisa y segura de esta formación que (le) conoce bien como director principal invitado, apareciendo una antescena con proyecciones e iluminación de Alfonso Malanda que auguraba lo mejor de este primer título en una especie de trailer (“teaser” lo llaman ahora). La aparición del coro de caballeros, peones simbolizando al pueblo tan protagonista de la trama, vestido por Naiara Beistegui moderno en concepto pero totalmente creíble para la época del rey inglés, empastados, sin excesos de movimientos en la escena ideada por Carmen Castañón, preparando la primera gran jugada con la mezzo Maite Beaumont, una Giovanna Seymour inmensa, poderosamente dulce, enamorando como su personaje y jugando como alfil el papel que abría todo un desarrollo de emociones a lo largo de tres horas. El primer pulso con la otra navarra, aquí la soprano y reina Sabina Puértolas demostrando lo bien elegidos ambos colores y voces, como el propio vestuario que Bolena presentaba con una capa bordada en su espalda la ficha de cabeza, una pieza que tomaría cuerpo (como el resto) y daría mucho juego en un duelo al que irían sumándose todas las demás para desarrollar ese juego de Poder y Monarquía como lo planteó Emilio López.

Sin entrar en muchos detalles, al menos destacar que ambas protagonistas nos dejarían el maravilloso dúo “Sul so capo aggravi un Dio” como buena muestra de la altura de sus voces, siendo el debut en el rol regio de nuestra embajadora de la mierensía, una actuación la de Sabina Puértolas, casi omnipresente, donde el esfuerzo físico de su papel es digno de resaltar, técnicamente irreprochable pero aún más su entrega, capacidad dramática jugando con todos los colores de su personaje, buen gusto, musicalidad, en toda una larga partida de movimientos vocales arriesgados, agudos estratosféricos y graves rotundos para convertirla en heroína coronada. Estoy seguro que según vaya rodándola le dará muchas alegrías, pues lo ha interiorizado desde la primera nota, estando vocal y vitalmente preparada para este gran papel.

Prosiguiendo con el orden de aparición en escena, otra voz femenina que triunfó en el papel masculino del músico Smeton fue Marifé Nogales que mantiene un estado vocal impoluto para una trayectoria siempre de calidad, registro grave claro y agudos llenos de ornamentos bien solventados como su rol de arpista (bellísimo sonido e intervención de José Antonio Domené en el foso), mostrando su calidad junto a las damas del coro, más peones necesarios para esta partida operística, sin blancas ni negras, de azules suaves con la misma calidez de sus voces blancas y encaje perfecto desde el inicio de la función, igualmente creciendo en toda ella junto a los hombres ayudados siempre por la colocación en escena y el volumen suficiente en todas las dinámicas, pues el foso mantuvo toda la gama de matices que escribió un joven Donizzetti. El Coro Intermezzo que dirige Pablo Moras sigue siendo sinónimo de calidad en la ópera ovetense.

Siguiente aparición la de Enrico VIII con el bajo italiano Nicola Ulivieri, debutante en Oviedo (sustituyendo esta misma semana a Javier Castañeda que sufriría un proceso catarral severo), reinaría desde su tesitura potente, de empaque y color regio para esta pieza del ajedrez con poco movimiento pero gigantesca implicación. Buen empaste con sus “parternaires” femeninas, volumen suficiente en los tutti para encarnar al rey de las seis esposas capaz de manchar sus manos de sangre y castigar a dos esposas a morir en el patíbulo acusadas de infidelidad.

Dos torres para dos Lores, lord Rochefort y lord Riccardo Percy, el barítono Carlos Daza que gana con los años en cuerpo y alma, junto al tenor John Osborn, aclamado desde su primer aria, una voz que nos recuerda la de nuestros años jóvenes: valiente, amplia, de agudos bien proyectados. Completando el tablero el caballo, Sir Hervey del tenor Moisés Marín que como su papel, daría mucho más juego en el final de la partida.

Dos actos de duraciones similares pero como en el juego del ajedrez darían un primero de desarrollo y el segundo de remate, movimientos vocales para disfrutar con este Donizzeti que pondría toda la carne en el asador, exigente tanto para las piezas protagonistas como los peones, y si la escena, vestuario e iluminación fueron sobrios, elegantes, donde los cuatro prismas van creando cada cuadro y escena siempre apoyados y engrandecidos por las proyecciones, las voces mantuvieron esa elegancia en el canto, la sobriedad sobre las tablas y la entrega de todos. Dando la unidad y confianza desde el foso a la orquesta (también en el final a la banda fuera de escena), el maestro mexicano trabajó a fondo esta «Anna Bolena» para sacar la riqueza tímbrica de cada sección, lucirse los primeros atriles, y ayudando siempre a las voces (nunca olvida su otra faceta de cantante), respirando con ellas, marcando al coro pendiente del encaje perfecto y el equilibrio dinámico, lo que ayudó a redondear esta ópera inaugural de la casi octogenaria temporada carbayona con la buena entrada habitual de las primeras funciones que cuentan con los abonados más veteranos, premiando con largas ovaciones especialmente a la pareja de los enamorados condenados: la Reina Sabina y Lord Osborn.

FICHA:

Sábado 7 de septiembre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gaetano Donizetti (1797-1848): «Anna Bolena». Libreto de Felice Romani, inspirado en los dramas “Enrico VIII” de Ippolito Pindemonte (1816), a partir de una obra de Marie-Joseph Chénier (1791), y en “Anna Bolena” de Alessandro Pepoli (1788). Tragedia lírica en dos actos.

Estrenada en el Teatro Carcano de Milán el 26 de diciembre de 1830. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Iván López-Reynoso – Dirección de escena: Emilio López – Dirección de escenografía: Carmen Castañón – Diseño de vestuario: Naiara Beistegui – Diseño de iluminación: Alfonso Malanda – Dirección del coro: Pablo Moras.

REPARTO:

Enrico VIII: Nicola UlivieriAnna Bolena: Sabina PuértolasGiovanna Seymour: Maite BeaumontLord Rochefort: Carlos DazaLord Riccardo Percy: John OsbornSmeton: Marifé NogalesSir Hervey: Moisés Marín.

Orquesta Oviedo Filarmonía – Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo).

La necesaria formación lírica

1 comentario

Viernes 26 de julio, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: La Castalia, Concierto Escenificado de Clausura del IX Taller Internacional de Ópera y Zarzuela. Entrada libre. Páginas de ópera y zarzuela.

Oviedo es por historia capital de la lírica y hace tiempo que exportamos asturianos al amplio panorama escénico, también en el vocal. La Castalia continúa su inagotable labor docente de potenciar y perfeccionar nuevos talentos desde hace 22 años y que en este último viernes de julio clausuraba el noveno taller lírico con un concierto escenificado que desde una hora antes congregaba una enorme cola desde la calle Mendizábal bordeando la de San Francisco para llenar este «coliseo musical carbayón», siempre ávidos de escuchar páginas muy conocidas de óperas y zarzuelas para un público que demuestra su amor por la lírica y las ganas de seguir manteniendo esta capitalidad musical en la que seguiré llamando «La Viena Española».

Hay que comenzar citando al profesorado de La Castalia que durante diez días han hecho trabajar a unas voces jóvenes con mayor o menor experiencia pero dándolo todo sobre las tablas como si de un examen final se tratase y donde aplicar lo aprendido en este IX TALLER INTERNACIONAL DE ÓPERA Y ZARZUELA, siempre en este julio que para los cantantes nunca son vacaciones.

PROFESORADO: Begoña García-Tamargo (Canto), Susana Gómez (Escena Lírica), Mario Álvarez (Repertorio), Sonia Suero (Repertorio), Ana Cristina Tolívar (Fonética), Borja Roces (Expresión Corporal), Priscila Ortiz (Movimiento Escénico), Mario Bueno (Fisioterapia).

Bajo la dirección artística de Begoña García-Tamargo, con los pianistas Mario Álvarez y Sonia Suero, que se fueron turnando en el concierto con mucho que tocar y acompañar, la dramaturgia y dirección escénica de Susana Gómez para que la actuación fuese lo más completa, pues no sólo cantar sino moverse en escena, interiorizar los personajes, hacer creíble cada personaje y cada cuadro elegido son parte fundamental, y con dos presentadores verdaderos actores como Ana Cristina Tolívar y José Tolívar Pueyo, perfectos hilos conductores de estas historias musicales como bien nos lo fueron contando. Así iban saliendo las distintas voces con mayor y menor protagonismo, así como experiencia, arrancando la mezzo italiana Melania Marchese con Mario Álvarez y la conocida aria Che farò senza Euridice del «Orfeo y Eurídice» de Gluck rompiendo el hielo y dándole a este taller el carácter de internacionalidad con este alumnado procedente de Catania y reclutado por la directora tras sus clases magistrales en el Conservatorio «Vincenzo Bellini» de la capital siciliana a donde acude como invitada la profesora ovetense desde hace años.

Del alumnado, alguno ya conocido de talleres y cursos anteriores, citar la docena de cantantes comenzando por las sopranos Silvia Llera, Ángeles Rojas, Lourdes Simón, Analy Velásquez más Noive Solar; las mezzos María Heres y la antes citada Melania Marchese; el contratenor Mikel Malda; el tenor Daniel Vargas, más los barítonos Ángel Simón y el siciliano Francesco Zanghi, que nos ofrecieron una pequeña muestra con variadas páginas de distintas óperas y zarzuelas sin olvidarnos del periodo barroco que cada vez pide más protagonismo, tres siglos de historia lírica en noventa minutos donde un sillón o una mesa fueran suficiente atrezzo con unas luces adecuadas y los cambios de vestuario acordes a cada número elegido.

Impagable el dúo actoral de «los Tolívar» que consiguieron darle unidad al variado repertorio presentado en este espectáculo, importante la elección correcta del mismo para cada voz y donde aplicar las intensas enseñanzas de un taller para un alumnado que nunca dejará de perfeccionarse.

Imposible detallar cada intervención, aunque dejo a continuación el programa, pero sí me gustaría destacar algunas opiniones personales.

El enorme trabajo del barítono Ángel Simón en sus cuatro participaciones capaz de pasar de los mozartianos dúo Cinque, dieci… de «Las bodas de Fígaro» junto a Martina Scuto, o el sexteto de «Così fan tutte» al dúo con María Heres de «El barberillo de Lavapiés» (Asenjo Barbieri) hasta la poco escuchada aria È una cosa incredibile de la ópera de de Nino Rota «Il Capello di Paglia di Firenze», mostrando no ya su adaptación vocal a estos roles sino una escena apabullante y una técnica que sigue perfeccionando y ya promete mayores protagonismos en los coliseos.

De mi querida María Heres, también con mucho protagonismo en esyter concierto, comentar su dominio total y completísimo en la romanza ¿Qué te importa que no venga?  de «Los claveles» (Serrano), el excelente dúo con Ángel Simón, la zarzuela que siempre agradece voces como la de nuestra mezzo pixueta, sin olvidarme del buen empaste en el cuarteto Niñas que a vender flores de «Los diamantes de la corona» (Asenjo Barbieri) y ver cómo sigue ampliando repertorio con esa Carmen de Bizet echándose las cartas que predicen su trágico destino en el aria Voyons, que j’essaie à mon tour… Carreau! Pique!.

Mikel Malda continúa su aprendizaje en la siempre difícil tesitura de contratenor, lo que limita parte de su repertorio, pero soltándose en escena, empastando bien y con una juventud prometedora.

La soprano venezolana Ángeles Rojas triunfó con la Turandot de In questa reggia (Puccini), rol ideal a su color y presencia (con sus compañeros fuera de escena en un bello coro), aunque no pueda decir lo mismo en la canción andaluza de «El dúo de la africana» (Fernández Caballero) que seguramente irá puliendo, insistiendo en lo importante que es la correcta elección del repertorio.

Del alumnado italiano que aún está en los inicios de sus carreras y siguen su proceso de crecer con arias conocidas en su lengua, esperar que sus voces vayan tomando cuerpo, agradeciéndoles el esfuerzo y trabajo demostrado en este taller que les ayudará en este difícil camino de la lírica.

Impagable el siempre poco agradecido papel de los pianistas, el veterano Mario Álvarez que conoce como pocos este repertorio y es un habitual de La Castalia, más la incorporación de Sonia Suero que también irá rodándose en este difícil terreno de los llamados repertoristas, aprender a respirar con las voces y tener que «hacer de orquesta» con 88 teclas.

Agradecer la elección para el final del simpatiquísimo coro de doctores de «El rey que rabió» (Chapí) con libreto del asturiano Vital Aza (junto al zamorano Miguel Ramos Carrión), la clara apuesta por nuestro patrimonio lírico que supuso el mejor broche en este final de julio para un equipo vocal que no sabrá lo que son las vacaciones en su largo camino, pero para quienes la formación y el aplauso del público siempre compensan el enorme trabajo.

Como siempre mi reconocimiento a la labor de la infatigable y luchadora Begoña García-Tamargo, comandando un equipo de profesionales que encabeza esta Castalia de nuestro tiempo apostando por Oviedo como centro formativo y escaparate lírico desde donde poder despegar las carreras de intérpretes y compositores en busca de unas carreras donde la calidad siempre debiera prevalecer.

Ópera para Madagascar

Deja un comentario

Jueves 16 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Gala Lírica Pro MadagascarJuan Jesús Rodríguez (barítono), Anna Cabrera (soprano), Marcos Suárez (piano). Arias, dúos y romanzas de zarzuela y ópera. Entrada: 10€.

La ONG “Ópera sin fronteras” y la Fundación «Agua de coco» llegaban a Oviedo para presentar un proyecto multidisciplinar, transversal, pedagógico y sobre todo solidario, porque la música lo puede todo, llegar a estrenar en Madagascar su primera ópera con un elenco de allí como después contarían los responsables, «El sueño de Nirina», con libreto de la asturiana Lucía Vilanova , con quien contactaron en el Campoamor tras el estreno de «María Moliner», y música de Juan Antonio Simarro, dos figuras conocidas en nuestra tierra, y además en malgache. Una bendita locura que cuenta entre otros apoyos, nunca suficientes, de la Fundación Ópera de Oviedo, siempre dispuesta a colaborar con estas iniciativas solidarias de cooperación social, siendo su director, el avilesino Celestino Varela, el primero en tomar la palabra presentando el evento.

Paco Azorín como presidente y fundador junto al coreógrafo Carlos Martos De la Vega de la ONG “Ópera sin fronteras” comentarían a dúo quiénes son y cuales son sus objetivos, desde el propósito de hacer llegar la ópera a todos aquellos colectivos que tradicionalmente han sido excluidos de ella, con el fin de visibilizar sus conflictos a través del hecho escénico.

Entienden la ópera como un instrumento de transformación social, no como un elemento de entretenimiento sólo al alcance de unos pocos.
La ópera, como arte integrador, en la que convergen la música, la danza, el teatro y las artes plásticas, es el vehículo idóneo para situar en el centro de la creación a los colectivos más desfavorecidos y ayudarles así, a solucionar sus conflictos, desde sus primeros contactos allá por 2019 en Mérida y después Sevilla con «Sansón y Dalila», el contacto en Badajoz con otra ONG («PIE, Plena Inclusión Extremadura») de enfermedades raras entre muchas más, y lo terapéutico que ha sido la ópera, al año siguiente el proyecto didáctico «El monstruo en el laberinto» (de Jonathan Dove) en el Liceu barcelonés para niños en peligro de exclusión, o el triste 2022 a raíz de la guerra de Ucrania (que aún continúa) dentro de cultura de emergencia en Madrid para integrar a los primeros refugiados en un montaje de «La Odisea» con la Escuela Municipal de Arte Dramático para edades comprendidas entre 7 y 21 años.

Con la proyección de un vídeo con la génesis del proyecto de esta ONG que contarían Paco y Carlos, se centrarían en este continuarían primer proyecto en Madagascar que lleva como título «Madagasikara» con la ONG “Agua de coco” sumándose que lleva años allá, y con distintas fases que movilizan a 300 personas entre 6 y 20 años enseñándoles  música y dándoles instrumentos, por lo que el objetivo o fase final será hacer una ópera participativa y la primera en el idioma malgache, que espera nestrenar en Toliara el próximo 6 de septiembre de 2025 en el centro multidisciplinar CASEL.

Tras la proyección del segundo vídeo, presentarían al compositor Juan Antonio Simarro, que ya hacía sus pinitos «en africano» de crío y también de adulto, explicándonos la génesis tras libreto de Lucía Vilanova primero en francés y la posterior traducción al malgache, proyectándonos las letras y avanzando al piano algunas melodías.

De las muchas ayudas para esta primera ópera de Madagascar, ya con la colaboración entre otros del Teatro Real, del Festival de Perelada o la Ópera de Oviedo, aunque siguen buscando apoyo económico, en otro vídeo nos enseñarían el «Container Solidario» lleno de escenografías, vestuario, atrezzo, decorados o incluso luces viejas, material donado por distintos teatros que las almacenaban «caducadas» pero que serán «tecnología punta» en esta isla que sigue sufriendo, y donde ya embarcó camino del estreno en septiembre, que se espera traerlo a Europa en 2026. De ella vino a vivir a Córdoba un músico tradicional como es Kilema que participaría codo con codo junto al compositor. Después entre el piano de Marcos Suárez y el propio Simarro al djembé nos invitaron a cantar una de las melodías, verdaderamente imposible en malgache pero dándonos idea de cómo sonará en las voces protagonistas del estreno.

Y finalmente comenzaría la gala lírica y solidaria ayudando a recaudar fondos, que nunca son suficientes para un proyecto de esta envergadura, con la actuación del barítono Juan Jesús Rodríguez (Cartaya, 1969), la soprano ruso-cubana Anna Cabrera Eliseeva (Moscú, 1997) que sustituyó a última hora a Graciela Moncloa, con todo lo que supuso cambiar más de medio programa del inicialmente previsto, y el pianista asturiano Marcos Suárez (La Felguera, 1992) que hubo de lidiar contra estos imprevistos con la profesionalidad y experiencia que va acumulando en sus años de docente y repertorista.

Del barítono cartayero solo caben elogios por su entrega humana y musical, con la romanza «Ya mis horas felices» del Germán en «La del Soto del Parral», o el aria «Nemico della patria» del Gerard en «Andrea Chenier» que levantaron los bravos de un público que le sigue fielmente en Oviedo, e incluso de fuera de nuestra tierra. Su poderío vocal, buen gusto, escena, dicción y musicalidad son parte de las muchas cualidades que tiene, por lo que en estas dos obras el acompañamiento «orquestal» al piano de Marcos Suárez no necesitó más que disfrutar con el andaluz.

Me encantó la soprano Anna Cabrera, con varios premios desde su llegada a Madrid en 2016, quien eligió para esta gala la conocida «Petenera» de «La marchenera» y la aún más famosa aria «Caro nome», una Gilda sobrada de matices, agilidades, musicalidad y fraseos, bien acompañada por un Marcos que «las tiene en dedos» aunque la premura de los cambios nunca es buena, pero las tablas de ambos permitieron disfrutar de esta voz en crecimiento y triunfando paulatinamente.

Con estos solistas los dúos no podían fallar, aunque no los programados, pero igualmente de calidad y empaste, el mozartiano «La ci darem la mano» primero, enamoramiento a primera vista del Don Juan onubense y la Zerlina ya madrileña, coqueteo a dúo plenamente creíble con el piano bien encajado.

Y si ambos solistas dominan Verdi, el andaluz más que conocido, la rusa demostrado en el «Caro nome», nada mejor para cerrar que el conmovedor dúo «Piangi, fanciulla, piangi» de padre e hija, Rigoletto y Gilda en este dramático dúo escenificado con los intérpretes entregados, poderosos y dolientes, empaste ideal aunque afinación algo al límite y un piano a primera vista que nos privó de mayor satisfacción global para dos voces muy aplaudidas en esta gala.

Aún quedaba un mensaje en vídeo de la madrina de honor de la ONG, «nuestra» María José Montiel que con su homónima Moliner abrió puertas y dio esperanza a este proyecto. Finalmente la lectura del texto que canta Nirina la protagonista, ópera terapéutica, solidaria y un hito en Madagascar que esperemos disfrutar en Oviedo.

PROGRAMA:

Reveriano SOUTULLO (1880-1932) y Juan VERT
(1890-1931):

LA DEL SOTO DEL PARRAL: «Ya mis horas felices»

Federico MORENO TORROBA (1891-1982):

LA MARCHENERA, La Petenera

Umberto GIORDANO (1867-1948)

ANDREA CHÉNIER: «Nemico della patria»

Giuseppe VERDI (1813-1901)

RIGOLETTO, aria de Gilda «Caro nome»

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791)

DON GIOVANNI, dúo «La ci darem la mano»

Giuseppe VERDI:

RIGOLETTO, dúo «Piangi, fanciulla, piangi»

Prensa:

La música enferma del Tristán

3 comentarios

Sabado 16 de marzo, 20:00 horas. 25 años de «Los Conciertos del Auditorio», Oviedo: Wagner: Tristan und Isolde (acto II en versión de concierto)Daniela Köhler, soprano (Isolda) – Corby Welch, tenor (Tristán) – Dorottya Láng, mezzosoprano (Brangäne) – Miklós Sebestyén, bajo (Rey Marke) – Juan Noval-Moro, tenor (Kurwenal / Melot), Düsseldorfer SymphonikerÁdám Fischer (director).

Las óperas en concierto no suelen funcionar, principalmente porque las voces por buenas que sean deben luchar con una orquesta detrás y no en el foso, más aún cuando se trata de Wagner y sus descomunales huestes sinfónicas que ni siquiera caben en nuestro Campoamor (lo que es una de las razones de su poca presencia en la temporada ovetense). Este sábado el ejército sinfónico alemán llegaba de Dusseldorf con su titular desde 2015 el gran Ádám Fischer (Budapest, 1949) a la batuta en una gira con parada en «La Viena Española» en la que hubiese preferido el programa de Haydn y Mahler antes que este segundo acto del Tristán al que Eduard Hanslick proclamó como «música enferma».

Si el musicólogo y crítico austríaco fue un defensor del arte puro, con la ópera entendida como el propio Wagner definió «obra de arte total» (Gesamtkunstwerk), la versión de concierto no funciona. La Düsseldorfer Symphoniker es una de las orquestas sinfónicas legendarias que venía mastodóntica (a partir de 8 contrabajos ya se imaginan la plantilla total, arpa incluida) y tan mahleriana como wagneriana con un Fischer al que aún recuerdo en 2013 con «La Pires» y sigue siendo uno de los grandes, con toda la música en una cabeza privilegiada como demostró este sábado. Pero el elenco vocal no puede gritar en una lucha de volúmenes, sólo salvada en los momentos escritos en piano, perdiéndose matices y toda la vehemencia que esta ópera exige. Sumemos que parte de los cantantes necesitaron partitura, otro  inconveniente que leyendo las notas al programa del musicólogo y crítico Alberto González Lapuente se entenderá mi razonamiento tras repasar al quinteto vocal.

Quiero comenzar por el tenor asturiano Juan Noval-Moro en los breves pero intensos Kurwenal y Melot, bien de volumen y color donde el grave ha ganado peso, seguro desde su primera aparición junto al rey Marke. Cosas de la historia lírica carbayona: en el Tristán de 2011 cantó otro asturiano como Jorge Rodríguez Norton en el rol de marinero y el tiempo le ha llevado a Bayreuth. Espero que el polesu siga con su trayectoria internacional donde parece más valorado que en su tierra.

Destacar personalmente al bajo-barítono húngaro Miklós Sebestyén que tiene una voz rotunda, redonda, de emisión perfecta y el único que mantuvo algo de escena, como el asturiano sin necesitar partitura, cómodo como Marke, melódico y expresivo sobreponiéndose sin problemas al tutti con el que finaliza su intervención del segundo acto.

Otra voz que me encantó fue la joven mezzo Dorottya Láng, otra voz  húngara que promete, aunque el lastre de la partitura le impidió brillar en su dúo inicial con Isolda, mejorando casi fuera de escena en la puerta izquierda con una proyección más amplia y sin la lucha fratricida por volúmenes. Un color ideal para esta Brangäne que deberá interiorizar para llevarla sobre las tablas si quiere seguir carrera en el templo wagneriano.

Faltó más musicalidad y entrega al Tristán del tenor norteamericano Corby Welch, un heldentenor algo «mermado» escénicamente por la atadura de la «necesaria» partitura delante, citando ahora a González Lapuente: «todo aquello que, en el dúo de amor, lleva a los dos amantes a fundirse en una entidad distinta, en una fogosidad que lleva a una pasión más supera la mera atracción, la del verdadero amor, la de la íntima armonía de las almas, la de esa unidad de los cuerpos que se confunde en un solo aliento, paradójicamente, en ‘un sentimiento químicamente puro’». No hubo contacto físico ni abrazos con Isolda, divorciados más que enamorados y separados con una línea de canto muy igual, gritando para intentar hacerse oír aunque afinado, pero no se puede tener al ejército detrás y cantar cómodo, así como morir más de una invisible lanza que de la esperada estocada.

Evidentemente la alemana Daniela Köhler demostró ser una soprano dramática ideal para su Isolda y en general para un Wagner que lleva interpretando apenas hace unos años atrás. Al menos intentó «dramatizar» y moverse en escena, con una potencia canora que por momentos recordaba la imagen tan wagneriana y distorsionada de las walkirias gritando para sobreponerse a la orquesta. El registro es amplio y homogéneo de color, con unos graves portentosos, un buen empaste tanto con Brangäne como con Tristán, pero que ni cerrando los ojos conseguí encontrar la química necesaria. Está claro que es una Isolda para las tablas pero faltó la emoción para creérmela.

Por supuesto que la Düsseldorfer Symphoniker es un «pedazo de orquesta» en todos los sentidos. La calidad de todas las secciones es impresionante, una cuerda capaz de unos pianissimi increíbles y mantener la presencia en los tutti «a toda pastilla» de unos metales seguros (hasta las trompas fuera de escena) y rotundos junto a una madera prodigiosa (despecialmente el clarinete bajo y la oboe), y un Ádám Fischer portentoso marcando todas las entradas, manejando una memoria juvenil y el talento de la madurez de un maestro entregado no ya a la lírica (donde sigue siendo referente) sino a las causas humanitarias como reflejaba en una entrevista para La Nueva España«La música en estos tiempos es un refugio, quiero despertar de la pesadilla de la guerra». Su amor por el de Leipzig es innegable («El mensaje de Wagner es universal para todas las generaciones: el deseo loco y la ambición por el dinero y el poder son veneno») y Fischer sacó de su orquesta todo lo mejor, la «oscuridad más clara» por Wagner imaginada, pero no puedo decir que en Oviedo mimase las voces: no hubo «la noche que se funde con el agua» en los canales del Palazzo Ca’ Vendramin Calergi del barrio o sestiere de Canareggio, hoy curiosamente Casino y Museo Wagner. Qué distinto hubiera sido la «Quinta de Mahler» con los de Düsseldorf y la Muerte en Venecia, pero al menos el dúo de amor de Tristán sigue provocando la misma emoción que la ciudad donde el propio compositor moría un 13 de febrero de 1883…

Camarena como en casa

2 comentarios

Crítica para Ópera World del domingo 28 con los añadidos de fotos propias, más links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

El ciclo ovetense de “Los Conciertos del Auditorio” celebra junto a la Oviedo Filarmonía su vigésimo quinto aniversario, con una presencia en este año donde no faltan las galas líricas, y este sábado regresaba a la capital asturiana el tenor mexicano Javier Camarena (1976) en un recital muy esperado por los muchos melómanos llegados de toda la geografía que agotaron el papel y donde el gran Tosti estuvo presente pues está presentando su último trabajo discográfico junto al pianista cubano Ángel Rodríguez, aunque esta vez con los arreglos orquestales de Gonzalo Romeu que han sido una “primicia” que podemos tomar como regalo de las Bodas de Plata en la que sigo llamando “La Viena Española” por su amplia oferta musical, que unida a la Capital Gastronómica de este año (como bien recordó el xalapeño) deberíamos reclamar también su “Capitalidad Musical”. Dedicatoria desde megafonía para nuestro querido Fernando Rodríguez Perez ‘Fernando Lluarca’, trabajador del auditorio y melómano, que nos dejó repentinamente hace cuatro días pero al que siempre tendremos presente.

Con todo vendido Javier Camarena se sintió como en casa, bien recibido, cercano, comunicativo en todo momento, empatizando con todos arriba y abajo del escenario, demostrando su pasión en todo lo que afrontó pese a no estar completamente bien debido a una flema que le daría problemas hasta el último agudo de la segunda propina que nos quitó a todos esa angustia por lo que supone escuchar sus agudos siempre “al límite”, pero volviendo a poner en pie al auditorio tras una velada dura donde el mexicano repasó sus mejores roles, sin olvidarse de la querida zarzuela en esta ciudad tan lírica, en una etapa donde irá abandonando parte del repertorio que le encumbró entre los grandes tenores y buscando nuevos caminos para su voz.
De nuevo Oviedo Filarmonía (OFil) con su titular Lucas Macías en esta nueva gala, donde al menos se mimó algo más al cantante, demostrando en las oberturas su buen momento tras un Zampa algo precipitado que sirvió para calentar, un excepcional Rossini que nos “robaría” los recuerdos cinematográficos de una ópera conocida por esta obertura, sirviendo además para lo mejor de la “Gala Camarena”, y sobre todo el popular Intermedio de La leyenda del beso donde pudimos comprobar la excelente gama dinámica de la formación ovetense que bien podría haber servido de test sonoro para todo el recital, con sonoridades impecables, una cuerda madura (con el arpa nuevamente de Domené siempre de agradecer) empastada, las maderas muy “cantabiles” con especial presencia de Inés Allué al clarinete, unos metales correctos y la percusión con altibajos por una desigual matización que no empañó para nada la seguridad que da tener en Vetusta esta orquesta sinónimo de lírica en todas sus variantes.
Oviedo y Camarena quedaron unidos desde su primera gala en noviembre de 2017 también con Oviedo Filarmonía pero con López-Reynoso a la batuta, un verdadero “flechazo” que seguiría hace cuatro años con su pianista de cabecera Ángel Rodríguez en un programa muy similar al de este último sábado de enero. Pero volver a escucharle con orquesta, incluso sea detrás suyo y no en el foso, siempre son palabras mayores, más en las arias de la primera parte cantadas en francés, donde la nasalización (sumada a la incómoda “telilla”) no ayudó a disparar la voz, aunque con los años el mexicano haya ganado en recursos, con ese registro medio y “mezza voce” característicos del tenor que son cual tarjeta de visita. Así, el Romeo de Gounod fue la ya exigente carta de presentación en frío, mimado por la OFil, o el Lalo de Le roi d’Ys donde mostrar su gusto por el ‘legato’ y el respeto al texto que ha caracterizado desde siempre a Javier Camarena.
Tras unas palabras donde volvió a ganarse el público recordando el paréntesis que supuso la pandemia y volver a cantar, emocionado, dos arias que pese a lo antes comentado, serían el mejor Camarena de la velada por su entrega: dominio, madurez y emoción. Primero la endiablada aria de Ramiro del segundo acto de La Cenerentola que exige un estado físico atlético por los ornamentos, sin faltarle ninguno, el rol que le abrió el MET hace diez años, hoy más corpóreo y tirante en el agudo pero igual de entregado, con el final poderoso y fidedigno hasta en la duración. Para cerrar la primera parte el Tonio de La fille du régiment, ese aria del primer acto cual verdadera dedicatoria a tantos amigos hoy presentes, no solo por los famosos “nueve dos” que en la ópera suenan casi sin calentar pero este sábado estaban bien situados en el programa. Camarena los atacó “a pecho descubierto”, limpio, impetuoso, con la orquesta perfecta en volumen, que si Rossini le preparó el instrumento, con el bergamasco alcanzó la cima de un Everest vocal que probablemente no vuelva a escalar a su edad.
Para la segunda parte aún quedaba un último Verdi que el mexicano domina, transmite y encandila: la cavatina «La mia letizia…» de Oronte en el acto II de I lombardi alla prima crociata, Lucas Macías llevando de la mano a Camarena ayudando al fraseo y ‘rubati’ hasta el último ataque al agudo corriendo el riesgo pero dándolo, pues valentía y entrega nunca le faltan al tenor.
Cómodo con la lengua de Dante vendrían las tres últimas páginas antes de la zarzuela: una “Danza” de Rossini muy personal en el arreglo y agógica elegida para el mismo, personalmente alejada de mi referente Alfredo Kraus (omnipresente en esta gala por el repertorio), con la picardía del veterano y la complicidad desde el podio, no siempre fácil de ajustar y encajar, más los dos Tosti que presentaría por el último disco, estrenando en Oviedo los arreglos de Gonzalo Romeu perfectos para esta gala, disfrutando de una orquestación actual pensada para realzar aún más la voz. «Chitarra abruzzese» dedicada a Caruso sonó desde el respeto idiomático, el melodismo del de Ortona y la fuerza necesaria para no perder volumen desde la matización intrínseca a esta partitura, y después despuntando la luna del «Marechiare», otra instrumentación “ideale” para Tosti en la voz de Camarena, encajando mejor en la segunda estrofa (la única con la ayuda de la partitura en tablet) pero dejándonos la media voz que la orquesta respetaría para disfrutar el color del mexicano.
Dos romanzas de zarzuela serían el cierre oficial donde el tenor mexicano defiende nuestro género por excelencia, en el que muchas otras voces han dejado su impronta y Camarena las conoce sumándose a tantas versiones: primero el Juan Luis de El huésped del Sevillano con la mujer de perfil agareno que el mexicano tornó azteca por los ornamentos, y después “no pudo ser” el buen Leandro de La tabernera del puerto pese al esfuerzo en los agudos, la exquisita vocalización y una OFil plegada al tenor. Agradecerle que siga incorporando zarzuela en sus recitales porque la quiere y canta con pasión y rigor, aunque el timbre y proyección no sean lo mejor para esta lírica tan exigente o más que la ópera, sumándole todo lo que llevaba cantado a estas alturas de la gala.
Los dos regalos sí fueron adecuados para el Camarena actual, de nuevo con arreglos de Gonzalo Romeu que si se llevan al disco con el balance adecuado a la voz, serán un triunfo por atemporales aunque en la mal llamada música ligera: “El día que me quieras” (Gardel / Le Pera), tango traído casi al bolero, jugando con “tempi”, matices y adaptando la melodía al registro (echando de menos un recitado del puente instrumental como hizo Rosa María Mateo con Los Sabandeños), y “Contigo en la distancia” (César Portillo de la Luz), uno de los mejores boleros de la historia donde las voces mexicanas siempre han encontrado intérpretes de referencia y Camarena también lo ha hecho suyo gracias a una instrumentación que no solo engrandece el tema (flauta, trompa, bongoes y cuerda le dan el toque sinfónico) sino que ayuda a sobresalir la voz y el buen gusto de este tenor feliz en Asturias, disfrutando de la buena mesa y luchando con las inoportunas flemas que sólo en la penúltima nota, deteniéndose para limpiarla tosiendo antes del último agudo, consiguió quitársela mostrando su agudo portentoso, penetrante y al fin claro. Estaba en el momento vocal de “Begin the beguine” pero el punto final ya quedaba puesto.
FICHA:
Sábado 27 de enero de 2024, 20:00 horas. Auditorio “Príncipe Felipe” de Oviedo, Los Conciertos del Auditorio (25 aniversario): Javier Camarena (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director).
PROGRAMA:
Ferdinand Hérold (1791-1833): Obertura de Zampa.
Charles Gounod (1818-1893): «L’amour… Ah, lève-toi, soleil» (de Roméo et Juliette).
Édouard Lalo (1823-1892): «Puisqu’on ne peut fléchir… Vainement ma bien aimée» (de Le roi d’Ys).
Gaetano Donizetti (1797-1848): «Un ange, une femme inconnue…» (de La favorite).
Gioachino Rossini (1792-1868): Obertura de La gazza ladra.
Gioachino Rossini: «Si, ritrovarla iu giuro…», de La cenerentola.
G. Donizetti: «Ah! Mes amis, quel jour de fête!» (de La fille du régiment).
Giuseppe Verdi (1813-1901): Obertura de Luisa Miller.
Giuseppe Verdi:«La mia letizia infondere» (de I lombardi alla prima crociata).
G. Rossini: «La danza» (Arr. Ángel Rodríguez).
Francesco Paolo Tosti (1846-1916): «Chitarra abruzzese» (Arr. Gonzalo Romeu).
Francesco Paolo Tosti: «Marechiare» (Arr. Gonzalo Romeu).
Reveriano Soutullo (1880-1933) y Juan Vert (1890-1931): Intermedio de La leyenda del beso.
Jacinto Guerrero (1895-1951): «Mujer de los ojos negros» (de El huésped del Sevillano).
Pablo Sorozábal (1897-1988): «No puede ser» (de La tabernera del puerto).

Wagner ya no es una cosa rara en Oviedo

2 comentarios

Jueves 25 de enero de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, 76ª Temporada Ópera de Oviedo: «Lohengrin» (1850), música y libreto de Richard Wagner.

Crítica para Ópera World del viernes 26 con los añadidos de fotos de las RRSS y propias, más links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

La septuagésimo sexta temporada de la ópera ovetense llega a su fin con un esperado «Lohengrin» que sólo se representaría en 1897 y 1908 nada menos que con Francisco Viñas, y en 1949, versiones en italiano y español, debiendo esperar a recuperarlo en su versión original con una pobre producción de la Ópera del Teatro Nacional de Ostrava, que recuerdo como si fuese ayer de mis años de estudiante aquel 8 de mayo de 1983 en el IX Festival de Música de Asturias, conmemorando el centenario del Richard Wagner, algo que de por sí ya era “histórico” frente al reducto más puro del italianismo en que se convirtió Oviedo como ya por entonces reflejaba el profesor Casares en el libro del festival citado, recordando también a Bercelius, seudónimo del insigne poeta ovetense Ángel González quien en el periódico “La Voz de Asturias” escribía tras la reposición de 1949: «Una ópera de Wagner en Oviedo es cosa rara. No sé qué milagro o qué extraña casualidad hizo que se llegara a representar», y así ha sido hasta nuestros días. Al menos Don Ricardo en el siglo XXI ha vuelto al Campoamor más que en los dos siglos anteriores, si bien su música no dejó de sonar en nuestra tierra en sociedades filarmónicas, orquestas, coros e incluso bandas (“la música en postales” como las llamaba Adolfo Salazar), amén de una versión en concierto de 2008 en el Auditorio Príncipe Felipe (con Robert Dean Smith, Nancy Gustafson, Petra Lang y Hans Joachim Ketelsen).

Y es que Wagner ha estado presente más allá de Barcelona y Madrid, incluso trayendo la “rivalidad” con Verdi a Gijón y Oviedo, debiendo citar en la capital a un wagneriano de pro como Anselmo González del Valle, auténtico valedor de la música del alemán (como de Liszt), sin olvidar que Asturias siempre ha estado abierta a las corriente musicales europeas, al menos hasta la guerra civil como lo demuestran las estadísticas desde la década de los ochenta del siglo XIX. Bienvenido de nuevo este «Lohengrin» de nuestra época, que es el mejor epílogo de temporada con la esperanza de no esperar tantos años.

En un anfiteatro griego atemporal y abstracto se desarrolla esta historia del caballero del Santo Grial con la dirección escénica de Guillermo Anaya y la escenografía de Pablo Menor, simple, pura y “abrumadora” para mover a 193 personas del universo de Wagner, la obra de arte total (Gesamtkunstwerk) que siempre es exigente para todos pero nunca deja indiferente, haciendo partícipe de la acción a un público no muy entusiasmado pero que premió el esfuerzo global, con un vestuario de Raquel Porter huyendo de tópicos pero sobrio dentro una gama de colorido oscuro, contrapuesto al blanco y negro de la tragedia, con clara inspiración en el ‘art nouveau’ de referencias igualmente griegas.

Mucha filosofía clásica pero también de los contemporáneos de Wagner, unido a la psicología por la que transcurren tanto los protagonistas como el coro, trágico como los griegos, testigo y cómplice, lo público (conjuntos) frente a lo privado (de los dúos) a lo largo de casi cuatro horas de acción -con dos descansos- para armar este drama que fluye como la propia narración en alemán, llena de pasiones y conflictos de lo divino a lo humano. Así sentimos a las dos parejas principales contrapuestas, que fueron creciendo a lo largo de los tres actos y seguramente continúen en las tres funciones restantes.

La magia arrancó con el hermosísimo preludio inicial donde la OSPA mostró sus mejores cartas bien jugadas por un wagneriano reconocido como el maestro Christoph Gedschold (que ya dirigiese ‘El Ocaso’ de 2019), dibujando claramente los leitmotiven que cantarían los protagonistas, más el del tercer acto verdaderamente grandioso, de sonoridad clara en todo momento (incluso en las trompetas fuera de escena), dinámicas amplias, juegos tímbricos, primeros atriles impecables y la orquesta suficiente para este monumento operístico.

Impresionante el Coro Lohengrin Global Atac, el titular Coro Intermezzo reforzado para la ocasión: 68 voces más los cuatro pajes, maravillosas de afinación y presencia las siete voces de Divertimento, preparadas por Cristina Langa, verdadera cantera coral asturiana, que ayudaron a alcanzar una verdadera catarsis griega con el espectador. Momentos íntimos frente a los poderosos, especialmente los nobles y el pueblo de Brabante desde su primera intervención, al igual que graves y blancas por separado; también seguros y presentes los cuatro nobles “partiquinos” (Javier Blanco, Andoni Martínez, Francisco Sierra y Sergey Zavalin), sin olvidarnos de la famosa “marcha nupcial” que en la repetición fuera de escena costó algo más encajar con el foso, pero donde la colocación del coro, casi por cuerdas, unido al estatismo escénico tan de drama griego, pienso que lo agradecieron para poder impactar vocalmente, y donde el miedo a la masa orquestal hizo subir más decibelios de la cuenta aunque siempre insuflan emoción sonora al drama, sin perder nunca el empaste, el buen gusto y una emisión clara.

En el reparto una buena suma de voces conocidas y debutantes en la temporada ovetense. De las primeras el barítono gallego Borja Quiza nos dejó un correcto y poderoso heraldo del rey, la Ortrud de la soprano suiza Stéphanie Müther fue creciendo vocal y escénicamente, con un excelente segundo acto junto a Telramund. Y me quedo con la soprano donostiarra Miren Urbieta-Vega que triunfó y brilló en esta Elsa que debutaba en Oviedo: muy trabajada vocalmente, bien dramatizada a lo largo de toda la ópera, con esa evolución psicológica desde el miedo inicial a la esperanza, el “duelo” con Ortrud, o la escena del tálamo con Lohengrin, brillando su voz de emisión siempre clara en todo el extenso registro, tanto en los necesarios fortes como en unos pianos delicados y amplios matices probablemente en un rol no puramente wagneriano pero que le viene como anillo al dedo, siendo la verdadera triunfadora.

Entre los debutantes, un correcto rey Heinrich del bajo Insung Sim, con buen volumen en el agudo y grave corto pero redondo; un excelente y homogéneo Simon Neal como Friedrich von Telramund en toda la partitura, de color bien diferenciado entre el barítono irlandés y el gallego, dejando para el final al australiano, afincado en Irlanda del Norte, Samuel Sakker como Lohengrin. Esperaba más del protagonista que defendió su papel con afinación y escena, volumen suficiente pero no plenamente “heldentenor” aunque el color redondo sí se asemeje a los tenores dramáticos que antes llamábamos abaritonados. Sus agudos no siempre sonaron claros, reconociéndole el esfuerzo en la afinación correcta, siendo los mejores momentos aquellos más “emotivos” como el dúo con Elsa, y espero que los años redondeen una voz aún poco wagneriana.

Si tanto el vestuario como la escena mostraron sobriedad y efectividad, siempre apoyada en la iluminación adecuada de Ioan Aníbal López, a nivel vocal el elenco fue muy equilibrado, con el coro impactante, la orquesta en su línea de seguridad en el foso para estas partituras tan densas, y un Gedschold dominador del Wagner que siempre nos hace reflexionar sobre la condición humana, que no da descanso, y poder disfrutar de estas experiencias únicas que suponen las óperas de Don Ricardo. Este «Lohengrin» tan esperado no decepcionó y al fin podemos decir que en Oviedo ya no es una cosa rara escuchar sus óperas.

FICHA:

Jueves 25 de enero de 2024, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: «Lohengrin» (1850), música y libreto de Richard Wagner. Ópera romántica en tres actos estrenada en el Hoftheater de Weimar el 28 de agosto de 1850. Coproducción de la Ópera de Oviedo y el Auditorio de Tenerife.

FICHA ARTÍSTICA:

Heinrich der Vogler: Insung Sim – Lohengrin: Samuel Sakker – Elsa von Brabant: Miren Urbieta-Vega – Friedrich von Telramund: Simon Neal – Ortrud: Stéphanie Müther – Heraldo del rey: Borja Quiza – Nobles de Brabante: Javier Blanco Blanco, Andoni Martínez Barañano, Francisco Sierra Fernández, Sergey Zavalin – Cuatro pajes: María Alonso Sentíes, Aitana Carnicero Peinado, Carolina Cortijo Busta, Carla Gutiérrez Fernández, Irene Gutiérrez Fernández, Alberto Pardo López, Lola Villa Suárez.

Dirección musical: Christoph Gedschold – Dirección de escena: Guillermo Amaya – Diseño de escenografía: Pablo Menor – Diseño de vestuario: Raquel Porter – Diseño de iluminación: Ion Aníbal López.

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) – Coro Lohengrin Global Atac (Coro Intermezzo) – Escuela de Música Divertimento.

PRENSA PREVIA:

Older Entries Newer Entries