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Un borroso Dutoit

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Lunes 6 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Royal Philharmonic Orchestra (RPO), Adolfo Gutiérrez Arenas (cello), Charles Dutoit (director). Obras de Mendelssohn, Saint-Saëns y Mahler.

Una orquesta de renombre con director de fama mundial y la «Titán» de Mahler eran más que suficientes para llenar el auditorio, aunque al final el público y un servidor parezcan tener opiniones distintas. Tampoco las notas al programa me aportaron nada esta vez, quedándome un sabor amargo por ese regusto de sentir que las giras de «bolos» no me encajan en un ciclo de la calidad del carbayón.

La Sinfonía nº 1 «Titán» en RE M. (Mahler) en la versión de Dutoit resultó como él quiso porque evidentemente optó por la suya propia a lo que la RPO respondió con más errores de los esperados en una formación con la trayectoria de la británica, seguramente éxito de ventas en cuanto la grabe, pero no la compraré para mi colección. El suizo arrancó el Langsam, schleppend como desenfocado, y pensé en un desajuste inicial, pero la evolución fue a brochazos y con una paleta de colores algo distinta e incluso exagerada. El Scherzo siguió en la misma línea, como bocetos de posibles versiones definitivas sin apostar por ninguna, pues había demasiadas direcciones a lo largo del movimiento, incluso pareció optar por una gama de grises por amplia que fuese. La Marcha fúnebre Trauermarsch resultó evidentemente «solemne y medida» (Feierlich und gemessen), aunque pareció olvidar el «sin retardarse» (zu schleppen) con una agógica desigual desde el arranque inicial, que fue un poco la tónica global. Además había momentos donde ni siquiera consiguió transmitir una idea unívoca sino demasiadas opciones sin optar por ninguna, demasiados bocetos pero nada acabado. La orquesta es poderosa, densa, pero Dutoit pareció apostar por sonoridades al límite que desvirtuaron esta primera de Mahler, creo que excesivamente expresionista, aunque para gustos, los de Dutoit. Stürmisch bewegest resultó más «agitado» que «tempestuoso» pese al despliegue sonoro del último movimiento que siempre impresiona a nivel visual pero nuevamente alejado de mi concepción del sinfonismo «inicial» de Mahler donde Titán pareció más la marca de pinturas que el dios griego. Atronadores aplausos para una primera que no recordaré entre las muchas escuchadas en directo.

La primera parte comenzaba con la Obertura «Las Hébridas», Op. 26 (Mendelssohn) que resultó correcta en sonoridades y planos, ofreciendo un tiempo algo reposado aunque sin el brillo que toda la RPO posee sin perder nunca ese «sonido británico» que la caracteriza.

El Concierto nº 1 para violonchelo y orquesta en La m., Op. 33 (Saint-Saëns) quedó descafeinado en la interpretación de un Adolfo Gutiérrez Arenas al que pareció pesarle orquesta y director, versión más confrontada que concertada donde la masa sonora se apoderó por momentos del discurso melódico en el solista, sólo salvable en los graves, con una batuta «a lo suyo» en esos tres movimientos ejecutados sin pausa, con un inicio incluso titubeante y carente de la decisión necesaria. Faltó la emoción de otras tardes hasta en la propina (la «Zarabanda» de la Suite nº 5 de Bach), aunque tendrá el orgullo de este acompañamiento «de lujo» para el curriculo de un cellista cercano a nuestra tierra, pero que, como los buenos toreros, no tuvo su tarde, y no todas las ganaderías de renombre dan días de gloria, que le esperan con toda seguridad: el arte musical corre por sus venas…

Mahler siempre

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Sábado 1 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio del Kursaal, 73 Quincena Musical de San Sebastián. Orquesta Sinfónica de Bamberg, director: Jonathan Nott. Gustav Mahler: Sinfonía no. 6 en La m. «Trágica». Entrada: 55€ (+ 0,85€ de gestión).
Un verano feliz pero con cierto aire premonitorio de tragedia que no parece reflejar la realidad del momento… y aunque pueda ser autobiográfico es realmente lo que Mahler afronta en esta sinfonía bautizada como «trágica» que mi admirado Pérez de Arteaga considera una de las cimas creativas y para mí una cumbre con distintos accesos todos difíciles.

La Sinfónica de Bamberg ya la escuché varias veces (en vivo, registros y radios aún más) siendo Nott siempre un seguro de calidad con su orquesta, con Mahler piedra de toque que está grabando al completo. La interpretación donostiarra optó por el Scherzo en segundo lugar y la eliminación del tercer golpe de martillo, es decir que la versión fue la primigenia del propio Mahler, que luego cambiaría. De estos «detalles» ya han escrito plumas doctas y no insistiré aunque siempre me resulta una versión más habitual (invito a que lo intenten con un CD en este orden si tienen la otra versión). La orquesta alemana suena perfecta tanto en conjunto como sección a sección, y cuenta con unos solistas seguros en cada intervención, con un Nott que saca de ella toda una paleta pletórica de timbres desde un minucioso trabajo sonoro que comienza con una colocación vienesa con las ocho trompas a su derecha tras una fila que arranca en trompetas hasta la tuba, logrando una equilibrada estructura donde sumamos unos metales aterciopelados, nunca estridentes ni en los tutti, dinámicas amplias perfectamente acopladas a una partitura que como apuntaba al salir, tiene mucho que tocar (por todos y cada uno), mucho que dirigir (el británico con Mahler da gusto verle) y mucho que escuchar, resultando un auténtico placer reconocer las distintas melodías que conforman el todo mahleriano en sus cuatro movimientos, lo único clásico en una obra no romántica sino atemporal, aún más viviéndola desde la fila 7 y con un público que es la envidia del que suscribe: ni un ruido, ni una tos, silencio sepulcral casi místico que siempre ayuda a esta comunión entre música,
intérpretes y receptores.
Si la dirección resultó pulcra, dominadora de todo, por momentos impactante (hasta se le cayó la batuta y las dos manos seguían «dibujando la música»), la respuesta orquestal fue consecuente, destacando el concertino, así como los solistas en general, especialmente el trompa y la oboe, sin olvidarme una percusión cuadrada y artista hasta en detalles que enriquecen globalmente esta Sexta mahleriana, caso de cencerros, campanas, escobillas y el esperado mazo, dobles timbales, cuatro platillazos exactos y en su sitio pudiendo seguir así con todas sus intervenciones. La formación tiene tal calidad y sonoridad que la distinguiré entre las mejores en la actualidad, lo que corrobora sus continuas actuaciones fuera de su sede, algunas incluso costeándose los gastos caso de esta donostiarra, como pude leer en algún sitio que no recuerdo.
Del amplio catálogo dinámico de cada movimiento siempre ajustado, románticamente alemanes en el mejor sentido de precisión y respuesta al director, desde el Allegro energico, ma non troppo literal, melodía de Alma y con alma, ese Scherzo: Wuchtig que no repite motivos «pero sugiere malicia, picardía» (como dice mi querido Fernando Toledo), y sobre todo poderío orquestal, el Andante moderato considerado por tantos malherianos una de las páginas más bellas (yo no puedo quedarme sólo con esta) para llegar al Finale que resulta una montaña rusa de emociones sin fin, demoledor y trágico destino que evita el tercer golpe que le abatiría como a un árbol según el propio Mahler, para atisbar la fortaleza de un roble al que ni los incendios veraniegos pueden matar aunque dejen un paisaje desolador.
Septiembre marca un punto de inflexión en nuestras vidas, al menos en España, y como tantas veces, Mahler sigue más presente que nunca, otra vez desde San Sebastián.
Sólo pido poder seguir peregrinando hasta Zurriola cada Quincena.

San Sebastián y Mahler

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Segunda escapada a Donosti con Mahler como disculpa, esta vez la Sexta con J. Nott al frente de la Sinfónica de Bamberg. Mucho que tocar, dirigir y escuchar con una Trágica de dos martillazos para el recuerdo. Desde Siana entraremos en detalles.

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Color y sentimiento

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Viernes 11 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 12 OSPA, Amanda Roocroft (soprano), Kynan Johns (director). Obras de Thomas Adès (1971), Alban Berg (1885-1935) y Gustav Mahler (1860-1911).

Encontrarse un programa donde Mahler sea el más antiguo no es habitual; seguir apostando por estrenos siempre un riesgo que comienza a normalizarse; recuperar un director que dejó buen sabor de boca de agradecer, y traer de nuevo a una soprano británica -cuya «Jenufa» de 2005 es recordada en Oviedo- para poner su arte al servicio de la poesía hecha música ya aventuraba un viernes totalmente distinto al pasado. Y la lírica germana superó con creces a la española gracias a compositores de primera y una orquesta que parecía distinta en una semana. Mejor, creo que en el abono nº 11 nos la cambiaron.

El maestro Johns volvió a agradarme, mandando y haciéndose notar en todo el concierto sin gestos para la galería. El estreno en España de las Danzas de «Empolvando su rostro» (Powder Her Face), la polémica ópera de Thomas Adès, nos devolvió lo mejor de nuestra formación en una especie de trailer americano con mucho regusto porteño (Piazzolla revivido) en esta suite sinfónica de 2007 del propio compositor inglés, pero también deudor del Berg que superaría esta primera escucha. Orquestación rica, rítmicas potentes, melodías encadenadas y muchos guiños cercanos a la farsa, paralelismos con la Lulú que apunta Alex Ross aunque esta vez la voz callase. Curioso escuchar las danzas de esta ópera cuando las dos obras siguientes contarían con la soprano Amanda Roocroft que redondearía una actuación completísima.

Alban Berg sigue provocando en parte del público cierto rechazo, supongo que traducido a toses y comentarios en voz baja, pero las «Siete canciones tempranas o de juventud» (Sieben frühe Lieder) de los años 1905-1908 son de lo más escuchado cien años después aunque bocado para paladares abiertos de espíritu. Los siete poemas elegidos son de por sí joyas literarias y microcosmos expresivos, con orquestaciones sutiles y la soprano recreando melodías imposibles para textos profundos (¡qué distinto todo del Neruda pasado!). Será predisposición o ganas de cerrar pronto la herida, pero desde el primer Nacht con letra de Hauptmann quedé cautivado, teniendo el detalle de dejar las luces de la sala encendidas para poder seguir texto y traducción, si bien contemplar la interpretación de Amanda era suficiente para captar el sentido, «Brillan las luces en la silenciosa noche». Schilflied juncos murmurantes y al pie de la letra: «Y entonces me parece que oigo el dulce sonido de tu voz», la cálida de Roocroft arropada por una orquesta que volvió a brillar y con Kynan Johns sin cortarse en dinámicas, trayéndonos el ruiseñor (Die Nachtigall) a la noche ovetense sin jaula, y «coronado de sueños» (Traumgekrönt) de Rilke, nueva ¿coincidencia? literaria en el lied más sentimental de todos, voz e instrumentos con la cuerda resucitada, letra y música fundidos, «Y entonces llegaste a mi para robarme el alma». Pasión como el rojo vestido de Amanda, destellos de sol otoñal «En la habitación» (Im Zimmer) sin perder sentimientos encadenados de los dos últimos, Liebesode ¡Oda al amor! «proporcionándonos sueños maravillosos» y feliz conclusión en Sommertage, poema que explica todo el sentimiento «Calla ahora la palabra, cuando imagen tras imagen viene hacia tí y te llena por completo». Berg, sus poemas preferidos y la bella voz protagonista sabiamente arropada por una orquesta que resultó amante perfecta.

Desandando el tiempo aunque lo bueno siempre sea atemporal, llegaba Mahler, su tiempo de ahora en esta Sinfonía nº 4 en SOL M., naturaleza pura desde el primer sonido, paleta completa de colores, dinámicas que parecían olvidadas, trazos claros desde la batuta australiana con una lectura poética y ceñida a las indicaciones de cada movimiento. Por fin la orquesta en su esplendor, solistas y coprincipales, todas y cada una de las secciones, delicadas, claras, potentes, redondas, disciplinadas, sobre todo compacta… y sin prisas: «Lento sin apresurar» (Bedächtig, nich eilen), qué difícil concepción inicial para resultar tan fácil escucharla; «En movimiento cómodo, sin precipitación» (In gemächlicher Bewegung), pudiendo paladear todas y cada una de las entretejidas melodías en el plano exacto, solistas impecables, gustándose, transmitiendo, dejándose llevar por gestos claros y precisos, atentos. El éxtasis alcanzado «Con mucha tranquilidad» (Ruhevoll): Poco adagio, Mahler en estado puro, montaña rusa sentimental, doliente y pletórica, cielo e infierno en cada sección, compás a compás, remontando y rematando, ¡qué más pedir!…

Pues Sehr behaglich, «Muy cómodo» y la reaparición de blanco de Doña Amanda cantando «La vida celestial» (Das himmlische Leben), la fuente inagotable mahleriana (auténtico cuerno de juventud «Des Knaben Wunderhonr»), el lied orquestal donde nada está al azar, naturaleza y santoral, que reflejando la traducción de Rafael Banús -autor también de las notas al programa- resultó perfecta conclusión del concierto, nudo en la garganta y lágrimas en mi rostro, voz y sentimiento para Gustavo, «no existe música en la tierra que pueda compararse con la nuestra… Son excelentes músicos de corte… Todo despierta alegría».

Purgatorio y paraíso en una semana, Amanda ángel femenino, Kynan cual San Jorge y un dragón que no soltó fuego sino color y sentimiento.

Más no puedo pedir. No hay antes ni después, sólo Mahler que nunca me falla…

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