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Bach, Messiaen y Alard

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Sábado 22 de junio, 12:30 horas. 73º Festival de Granada. Parroquia de Nuestro Salvador / Grandes intérpretes | +Bach: Benjamin Alard, órgano. Misterios de la Trinidad. Obras de Bach y Messiaen. Fotos de ©Fermín Rodríguez y propias.

En la sesión matutina de mi séptimo día de Festival tocaba subir al Salvador para volver a disfrutar  del magnífico órgano de Francisco Alonso Suárez del que me enamoré el año pasado, así que no quería faltar con el francés Benjamin Alard en su ambiente natural (sin experimentos) y con dos grandes del órgano alternándose, Bach y Messiaen en programa muy bien estructurado, ideal para un instrumento tan versátil en cualquier repertorio, estilo y época, titulado Misterios sonoros y misterios de la Trinidad que las notas al programa del también organista y profesor Pablo Cepeda relaciona con todo el simbolismo (yo añadiría magia ) del número 3, y de aquí el título de mi entrada.

Con un dominio de los registros del instrumento inaugurado en 2001 que ya se ha hecho al templo y va tomando solera, el intérprete francés iría «confrontando» a Bach con Messiaen en una lectura no ya rigurosamente académica, sino con la sonoridad apropiada para cada uno. Así abría con el Preludio en mi bemol mayor, BWV 552/1 (sin «necesidad» de fuga), majestuosidad, tutti impactantes y claridad tímbrica  en manos y pies con los tres registros bien delimitados.

Messiaen y su Subtilité des Corps Glorieux (de Les Corps Glorieux, 1939) supuso cambiar de registro en todos los sentidos, pero creando una atmósfera serenamente inestable, trompetería de dos cornetas dialogantes, espiritualidad y hasta evocación de un canto gregoriano imaginado que Alard elevó por la bóveda de Salvador cual armonio poderoso.

 

Como si quisiese continuar con el canto llano instrumental, vuelta a «dios Bach» y la Allemande de la Partita en la menor para flauta sola, BWV 1013, dos registros de flauta maravillosa, la respiración continua del fuelle organístico pero el fraseo humano, inmaterializable de ser la original que el kantor también dominaba y feliz en Köthen donde lo sacro no era obligado que Alard huyó del virtuosismo vacuo para ahondar en una sonoridad organística donde los saltos originales parecen más integrados, el aliento lo ponía el fuelle y dando unidad al orden de las obras de este concierto.

 

Adelante sin dejar de fluir la buena música y escritura organística, Les Eaux de la Grâce (de Les Corps Glorieux) que Messiaen comenta y Cepeda recoge en sus notas: «flujo incesante del simbólico río de gracia que fluye en la ciudad celestial. El extraño carácter líquido de la música tiene dos causas: polimodalidad y registración»., cuerpos resucitados y agua de gracia, metáforas granadinas que Alard buscó en un órgano capaz de sonar igual de poderoso con esta «biblia messiaenica» del siglo XX.

El instrumento fue calentando tubos, el organista dedos y llegaba un «bloque Bach» con el coral luterano «Christ unser Herr, zum Jordan kam», BWV 684, simbolismo de agua y bautismo en un maravilloso juego de manos y registros fluyendo limpios y cristalinos. A continuacion la Trío Sonata nº 2 en do menor, BWV 526, un mundo orquestal en tres tiempos (Vivace – Largo – Allegro) que Alard no solo contrapuso en aire sino en registros siempre claros de los movimientos extremos, con un equilibrio de dinámicas en los pedales fruto de una elección correcta, más un Largo donde «mein Gott» siempre nos hace cerrar los ojos y agradecer tanto a la música (y a la vida) de nuevo con un tres mágico.

 

El «misterio» de esta trinidad tomaba todo el sentido: Alard, Bach y de nuevo Messiaen, Le Mystère de la Sainte-Trinité despedía al compositor francés en las manos de su intérprete y paisano, cierre de la colección de Les Corps Glorieux y exigente para todo organista. Por medio de los timbres que el órgano de la Placeta del Abad esconde y Alard conoce, pudimos comprender lo de «Dios, Uno y Trino«, Padre en el pedal registros graves que retumban, Hijo en la voz central y Espíritu Santo en el tiple, escucha perfecta de los tres, cada uno con su registro pero con la tímbrica y frecuencias perfecta que permiten la feliz unión  o «bendita comunión» organística, estructura tripartita y simbolismo elevado al máximo que personalmente  recreaba contemplando el altar mayor…

 

Para mí y tantos otros Bach es «dios padre de todas las músicas» y hasta Trino así que con él cerraba Benjamin Alard este concierto «a 3», primero la monumental Sonata en trío nº 6 en sol mayor, BWV 530 que como en la 2 sus movimientos conjugan virtuosismo y placidez (Vivace – Lento – Allegro) con la alegría de encontrar el equilibrio siempre estable del tres, teclados de manos y pedalero, una orquesta reducida pero inmensa, con fraseos precisos, pulsación rigurosa, ornamentaciones claras y cerrar desde el principio del Preludio al final de la Fuga en mi bemol mayor, BWV 552/2, forma pura, matemática espiritual donde cada elemento va construyendo un edificio sonoro con los planos de Bach y Alard de arquitecto.

Aplausos y bravos de los muchos madrugadores, algún despistado que se sintió «santificado» en El Albaicín y un regalo que parece flotar en el Festival de Granada: unas improvisaciones de Benjamin Alard sobre el conocido De los álamos, vengo, madre, aún frescas en su mente y en la mía desde hace unos días (más de tres) pero totalmente nuevas este mediodía disfrutando con los registros, jugando y explorando un órgano con solera, seguro, afinado, bien tratado y que necesita aire diario para seguir respirando. El francés lo demostró y Paco Alonso, «padre de la criatura» mantuvo la magia del tres…


PROGRAMA

«Misterios sonoros y misterios de la Trinidad»

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Preludio en mi bemol mayor, BWV 552/1

Olivier Messiaen (1908-1992):

Subtilité des Corps Glorieux (de Les Corps Glorieux, 1939)

Johann Sebastian Bach:

Allemande de la Partita en la menor para flauta sola, BWV 1013

Olivier Messiaen:

Les Eaux de la Grâce (de Les Corps Glorieux)

Johann Sebastian Bach:

«Christ unser Herr, zum Jordan kam», BWV 684

Sonata en trío nº 2 en do menor, BWV 526:

Vivace – Largo – Allegro

Olivier Messiaen:

Le Mystère de la Sainte-Trinité (de Les Corps Glorieux)

Johann Sebastian Bach:

Sonata en trío nº 6 en sol mayor, BWV 530:

Vivace – Lento – Allegro

Fuga en mi bemol mayor, BWV 552/2

Clase de Schiff en el Colegio

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Viernes 21 de junio, 22:00 horas. 73º Festival de Granada. Colegio Mayor Santa Cruz la Real / Cantar y tañer | +Bach / Festival Joven: Orquesta Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, Marlon Mora (trompeta),
Sir András Schiff (piano y dirección). Obras de Bach, Haydn y Mendelssohn. Fotos propias y de ©Fermín Rodríguez.

La Escuela Superior de Música Reina Sofía (ESMRS) de Madrid es una cantera internacional de músicos que pronto pasarán a engrosar formaciones sinfónicas o se convertirán en la nueva generación de grandes solistas, contando con un claustro de profesores donde mirarse para seguir creciendo. Este sexto día de mi festival llegaba su orquesta con el maestro húngaro Sir András Schiff, tras su concierto en Madrid, dentro del llamado «Festival Joven» en el claustro del Colegio Mayor Santa Cruz la Real, todavía con estudiantes universitarios acabando el curso antes de las merecidas vacaciones (que por cierto los músicos nunca tienen), y un programa que supone una verdadera lección práctica de historia musical en tres de los periodos más transitados y necesarios tanto para público como los intérpretes: el Barroco de «dios Bach», el Clasicismo de «papá Haydn» y el Romanticismo de Don Félix, cerrando este círculo el pudiente compositor hamburgués que recalaría en el Leipzig del kantor.

La primera lección barroca contaría con el maestro Schiff ejerciendo de pianista y director de la Orquesta Freixenet, un «doctorado Bach» del húngaro que nos brindarían el Concierto para clave, cuerdas y bajo continuo en fa menor, BWV 1056 con una óptica nada historicista (que en mi juventud ni existía) pero fiel al estilo del alemán que además sigue siendo mi preferida y, como siempre digo, sólo «mein Gott» suena bien en todas las épocas y versiones. Maravilloso comprobar cómo Sir András desde el piano y con leves gestos fue llevando a la orquesta de la ESMRS, marcando una pulsación milimétrica desde el Allegro moderato con un sonido cristalino en el Steinway© que engrandece este concierto con todo el respeto a lo escrito en cuanto a los contrastes dinámicos, el ataque pluscuamperfecto, los ornamentos cristalinos y la cuerda de «La Freixenet» impecable, afinada, empastada, arropando y siguiendo al Maestro Schiff. El tiempo se detuvo en un Largo que me conmueve siempre desde los tiempos del «apóstol Gould», Sir András cincelando cada frase, perlando los trinos, transmutando el piano a la clave sonora de la «modernidad» con una orquesta acunada y rendida a esa música eterna, para con el ímpetu juvenil absorvido por el húngaro (ventajas de la docencia), atacar un Presto prístino, brillante, impecable, alegre e incluso juguetón incluso. El Collegium musicum de Leipzig fue Santa Cruz La Real de Granada y el primer sobresaliente.

Crecía la plantilla orquestal, se sumaba el colombiano Marlon Mora a la trompeta, y Sir András, sin tarima ni batuta -pues sus manos y cara transmiten sabiduría y conocimiento, con todo el programa de memoria inspirando confianza- arrancaba el conocido Concierto nº 17 para trompeta y orquesta de Haydn. Segunda lección que en «los apuntes» de Pablo J. Vayón «Un siglo de música alemana» entregados como programa de mano, cita: «(…) tras Bach que emplea el tipo de concierto vivaldiano (…) la estructura tripartita fue también la de los conciertos clásicos, aunque las formas en ritornello del Barroco hayan dado ya paso a las típicas formas sonata. Un buen ejemplo es este Concierto para trompeta en mi bemol mayor de Haydn, una obra tardía, ya que fue escrita en 1796 y no estrenada hasta 1800. El Concierto estaba destinado a Anton Weidinger, trompetista de la corte de Viena que hacia 1795 había inventado una trompeta de llaves en mi bemol que permitía reproducir todos los sonidos de la escala cromática en dos octavas. Haydn le escribe un Allegro de apertura en 4/4 y forma sonata, un Andante en 6/8 y un ágil y brillante Allegro de cierre en 2/4 en su forma preferida para estos tiempos, el rondó-sonata».

Los que peinamos penas aún recordamos a Maurice André y últimamente al gran Pacho Flores, así que el reto para el trompetista colombiano era grande, casi el examen final de curso, pero el trabajo bien hecho siempre tiene recompensa. El maestro Schiff fue presentando cada frase, cada motivo, con unos reguladores espectaculares y cediendo al joven Marlon su protagonismo, sin aparentes nervios para ir tomando confianza en el Allegro de sonido redondo, matizado, bien acompañado por una orquesta nuevamente cristalina y precisa, ya engrosada y engrasada con maderas, metales más timbales enriqueciendo la tímbrica del solista. Trinos claros, emisión redonda y el tempo giusto para este movimiento con una cadenza explorando los registros, dominada técnicamente y bien rematada por todos. En el Andante, cuyo inicio tiene notas del Himno de Alemania, cuerda y madera prepararon un movimiento plácido, lírico, para que el colombiano luciese un sonido aterciopelado antes de enfrentarse al siempre exigente Finale. Allegro donde Schiff no frenó, la orquesta respondió y la trompeta de Mora alcanzó con rigor militar la nota máxima en este segundo capítulo de la lección vespertina, con el beneplácito del Maestro y compañeros en el escenario. 

Y para cerrar en todo lo alto, «la Freixenet» al completo y una «Italiana» de Mendelssohn (concebida durante el Grand tour que hizo por el país transalpino entre 1830 y 1831 inspirada en la atmósfera, ritmos y colores de Italia) impecable. Un lujo observar de cerca a SirAndrás marcar todo con sus manos y su expresión facial, haciendo fácil lo difícil, confiando en este selecto alumnado, encontrando siempre la respuesta adecuada de la deliciosamente juvenil orquesta. Cuatro movimientos para examinar cada sección y primeros atriles: arranque enérgico sin titubeos ni medios tempos, directamente Allegro vivace sin contemplaciones. Dinámicas perfectas, balances en su sitio, escuchando todo lo escrito por el hamburgués impecable y «sin tachones». Majestuoso Andante con moto con los graves sustentando este edificio sinfónico, la disposición vienesa que se agradeció más que nunca con los violines enfrentados para conseguir la sonoridad y planos exactos, un viento afinado (como la leve brisa que apenas movió los papeles de los atriles), adornos dibujados con los dedos o la muñeca izquierda del Maestro en este caminar con leve parada antes del Con moto moderato moviendo, pasando los protagonismos bien consentidos en cada sección, en cada familia (bravo por las trompas y flautas), «repartiendo juego» cual profesor preguntando aparentemente de forma aleatoria pero con todo controlado antes del último esfuerzo que pide el Saltarello. Presto, apretando y exprimiendo cada dedo, cada labio, cada arco y llave, hasta las baquetas sin tropiezos, musicalidad exquisita y Matrícula de honor tras el último examen con ese gozo que supone la «tarantella» final.

El regalo como orla o birrete conjunto y Cum laude vendría con la obertura de Le nozze de Fígaro de Mozart. En los citados «apuntes» de mi admirado tocayo sevillano dice: «En el siglo XIX las sinfonías siguen el patrón formal haydniano, bien es cierto que después de la Eroica de Beethoven empiezan a expresar contenidos nuevos. Felix Mendelssohn conocía bien a Beethoven, pero su música sinfónica enlaza acaso mejor con la de los grandes clásicos, especialmente Mozart», por lo que perfecto broche fuera de «temario» tras una hora sin pausa que pasó volando con obras que todo melómano conoce de memoria pero siempre suenan distintas en el directo irrepetible.

Las calificaciones fueron justas, los aplausos merecidos para los alumnos pero todo el reconocimiento al Maestro Sir András Schiff que supo trasladar sabiduría a una orquesta madura de quienes algunas profesionales deberían escuchar para ser buen ejemplo, y no verse superadas pronto por esta generación que ocupará su lugar.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Concierto para clave, cuerdas y bajo continuo en fa menor, BWV 1056 (1738):

Allegro moderato – Largo – Presto

Joseph Haydn (1732-1809):

Concierto nº 17 para trompeta y orquesta en mi bemol mayor, HOB VIIe:1 (1796):

Allegro – Andante – Finale. Allegro

Felix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847):

Sinfonía nº 4 en la mayor, op. 90 «Italiana» (1833):

Allegro vivace – Andante con moto – Con moto moderato – Saltarello. Presto

Frío nórdico en Granada

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Jueves 20 de junio, 22:00 horas. 73º Festival de Granada. Palacio de Carlos V | Conciertos de Palacio: Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Juan Floristán (piano), Tabita Berglund (directora). Obras de Sibelius y Rajmáninov. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

El aviso de la repentina cancelación por enfermedad del esperado director finlandés Tarmo Peltokoski (Vaasa, 2000) nos llegaba el pasado lunes, pero rápidamente y con lo que supone afrontar un programa ya cerrado se contactó con la directora noruega Tabita Berglund (Trondheim, 1989), celeridad y acierto en encontrar para aceptar poder asumir semejante compromiso, otra batuta nórdica -verdadero vivero de músicos que vienen empujando- con una agenda completa, y más que una promesa como el finlandés Peltokoski (que esperemos se recupere para la clausura del Festival), toda una realidad que acumula éxitos con grandes formaciones y en las dos próximas temporadas estará al frente como principal invitado en Detroit y Dresde. Ahora queda sumar a su currículo este debut con la OCG y ser la primera mujer sobre el podio sinfónico en los 73 años del festival granadino, con un Sibelius recuperado por tantos directores bálticos capaces de descubrir nuevos matices del finlandés, compartiendo y escoltando en el programa al famoso segundo concierto de piano del ruso Rajmáninov, dos compositores cercanos en su tiempo como lo son hoy la maestra noruega y el pianista sevillano Juan Pérez Floristán (1993) precisamente juntos en un programa titulado «Jóvenes en plenitud«.

La noche fría pareció contagiar las obras y también a los intérpretes, comenzado con una Finlandia casi invernal por cierto destemple global en la OCG, opaca y del color primaveral de la tierra de Sibelius aunque la directora noruega lo marcase todo, batuta cual estilete y mano izquierda fraseando. Las siempre sobreexpuestas trompas tiritaron aunque el resto de metales diesen el calor épico de aquel julio de 1900 en Helsinki, esta vez gélido junio de 2024 en Granada.

El cinematográfico, bello y exigente segundo concierto para piano de Rachmáninov, estrenado en Moscú un año después de Finlandia, sigue siendo un referente y teniendo a Floristán era interesante cómo lo volvía a sentir tras haber ganado con él hace 9 años el Concurso de Santander. El sevillano ha madurado y su interpretación resultó en cierto modo rocosa como las piedras del Carlos V, dura y muy contrastada, mandando y mostrando buen entendimiento con la directora noruega atenta al solista, manteniendo buen balance orquestal aunque la formación local todavía no encontraría su temperatura, puede que algo descompensada la cuerda por mayor falta de efectivos en este programa, pero faltó tensión y brillo, más pegada en los graves e incluso momentos sin empastar las violas. Las maderas tampoco lucieron a excepción de un excelente oboe, y en este «segundo» el pianista sevillano llevó todo el peso desde el inicio, amplia gama dinámica ya en el Moderato inicial con gran expresividad, sin forzar los cambios de tempo y limpieza en los pasajes rápidos, aunque su mano izquierda resultase en exceso poderosa. Mucho más reposado, lírico y equilibrado el bellísimo Adagio sostenuto central, bien encajado con la orquesta antes del Allegro scherzando verdaderamente juguetón por su parte pero sin la misma respuesta que Tabita Berglund pedía con su gestualidad total, tal vez exajerada y en cierto modo contagiando un ímpetu que trajo inseguridad a la orquesta nazarí. Lo del público aplaudiendo cada movimiento comienza a ser preocupante y persistente (incluso en la Quinta) aunque no seré yo quien defienda una costumbre que los tiempos han ido cambiando (creo que para peor).

Juan Pérez Floristán agradeció su presencia en esta edición y tanta inspiración en esta mágica Granada con su Alhambra que estuvo disfrutando, por lo que el regalo fue la habanera de La Puerta del Vino tan cercana al Palacio y de un Debussy, que no la visitó pero recreó cual postal o acuarela impresionante (también impresionista) enviada por su amigo Falla, y donde el sevillano mostró el poso y buena elección de un repertorio más «liviano» sin problemas de excesos sobre la tarima, música bien interiorizada y tentación a la que debía sucumbir esta noche.

Un breve descanso que bajó la temperatura exterior pero al menos la OCG hizo el efecto térmico  inverso, algo más templada para la Quinta sinfonía de Sibelius. De ella el programa de mano titulado «Miradas, reflejos y vestigios» escrito por Justo Romero dice: «La Quinta sinfonía de Sibelius es obra de ancha gestación, cuya versión original se estrenó el 8 de diciembre de 1915 en Helsinki, el mismo día que Sibelius cumplía 50 años. De hecho, la sinfonía nació como respuesta a un encargo del Gobierno finés para conmemorar el medio siglo de vida del compositor más ilustre. Un año después, en 1916, presentó una versión revisada, que introduce sustanciales novedades, como cuenta el propio compositor en una carta fechada el 20 de mayo de 1916: «La Quinta sinfonía ha sido prácticamente compuesta otra vez […] Primer tiempo: enteramente nuevo; Segundo tiempo: reminiscencia del antiguo; Tercer tiempo: recuerda el final del primer tiempo de la antigua versión; Cuarto tiempo: los antiguos motivos, pero más enérgicos en la revisión. Todo, si se me permite decirlo, es una gradación plena de vida hasta el final. Triunfal». La versión definitiva, en tres movimientos, que refunde los dos primeros, se estrena el 24 de noviembre de 1919, con la Filarmónica de Helsinki dirigida por él mismo. Cinco meses antes, en julio, se había estrenado en Londres El sombrero de tres picos«.

Tabita Berglund infundió algo de color y calor a una obra de gran envergadura (yo digo que «no hay quinta mala»), con el Tempo molto moderato inicial empastado, una mejor madera (el fagot bien cantado) especialmente en el inicio del Andante mosso, quasi allegretto; los metales -con buenas trompetas- resultaron realmente broncíneos; finalmente una cuerda que al fin sonó tensa y presente, pero difusa, de pizzicati livianos. Sí logró la respuesta correcta en los cambios de aire así como en las dinámicas, atacando el Allegro molto algo acelerada y contagiando esa sensación, la mía que fue ella directora quien buscó esa sonoridad pero sin la claridad y luminosidad que esperábamos, optando más por la energía que por una tensión entendida desde la expresividad, dejando casi sin aliento el discurrir e impidiendo unos fraseos más diferenciados, tomando aire. Don Justo, el maestro pacense, nos recordaba que «Europa ya había escuchado las Cinco piezas para orquesta, op. 16, de Schoenberg, el Wozzeck de Berg, los ballets de Stravinsky o las músicas de Debussy y Ravel. De alguna manera, Sibelius sintió con su Quinta sinfonía la certidumbre de que el mundo iba por otros derroteros», y creo que este concierto también…

PROGRAMA

Jean Sibelius (1865-1957):

Finlandia, op. 26 (1900)

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):

Concierto para piano nº 2 en do menor, op. 18 (1900-01):

Moderato – Adagio sostenuto – Allegro scherzando

Jean Sibelius:

Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, op. 82 (1915, rev. 1916-19):

Tempo molto moderato – Andante mosso, quasi allegretto – Allegro molto

Grand Bouffe chelística

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Miércoles 19 de junio, 21:30 horas. 73º Festival de Granada. Crucero del Hospital Real | Grandes intérpretes / +Bach:
Jean-Guihen Queyras, violonchelo. Obras de Adnan Saygun, Bach y Kodály. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

La amplia oferta del festival granadino hace difícil elegir a qué concierto asistir, y en mi cuarto día entre el órgano en la Iglesia de los Santos Justo y Pastor con Bernard Foceroulle más Lamber Colson, siempre apetecible, me decanté por «Mein Gott» en el Crucero del Hospital Real (cambiado al inicialmente Patio de los Inocentes) con el chelista canadiense Jean-Guihen Queyras pues me permitía escuchar también a un para mí desconocido Ahmed Adnan Saygun (1907-1991) y el siempre agradecido Kodály en el instrumento más cercano a la voz humana.

Las notas en el libro del Festival tituladas «Bach mirando al futuro» nos cuentan que «en el Festival de 2022, el canadiense Jean-Guihen Queyras interpretó en una inolvidable matinal las suites impares para violonchelo de Bach, que preludió con piezas aforísticas de György Kurtág» y este último miércoles  primaveral volvía «por la noche al genial músico alemán con la más compleja y extensa de sus suites, la Sexta, escrita en realidad para un violonchelo piccolo de cinco cuerdas, lo que complica el acercamiento con un instrumento convencional. Y, como entonces, enfoca la música de Bach hacia el futuro del violonchelo, esta vez con dos obras del siglo XX, una, la de Kodály, bastante conocida y difundida también; la otra, estreno en España, es la de un importante compositor turco, que estudió en la Schola Cantorum de París y pasa, entre otras cosas, por ser el autor de la primera ópera turca de la historia».

Parece que el gran Pau Casals se «desayunaba» cada día una de las seis Suites del dios Bach, por lo que en principio me tomé como un aperitivo, con mucha enjundia, la Partita para violonchelo solo, op. 31 «To the Memory of Friedrich Schiller» (1955) del compositor turco que se estrenaba en España para un programa donde las notas de Enrique Martínez Miura se titulaban «Reflejos bachianos», y por tratarse de una novedad mejor las transcribo: «(…) la Partita de Saygun –acaso la música turca más conocida fuera de su país– nace de otra raíz, el folclore de Anatolia, que en noviembre de 1936 estudiaría con Bartók, cuya influencia no deja de percibirse en Saygun. Compuesta para recordar el 150 aniversario de la muerte de Schiller, la obra fue estrenada en Ankara en 1955 por Martin Bochmann. Hasta que se impuso el título actual, la página se conoció por otras denominaciones, como por ejemplo Requiem-cello Suite. La maestría de la escritura instrumental, puesta de manifiesto por todos los violonchelistas, aun en tesis doctorales dedicadas a la obra, se suma al subrayado de un tono algo pesimista, que se dice procedente de la filosofía sufí. Acordes disonantes, ritmos sincopados, ensimismamiento (Adagio, Allegretto) jalonan esta sorprendente cuanto desafiante Partita». Interesante obra en cinco movimientos reflejando el conocimiento de la forma «Partita» en pleno siglo XX donde todos los registros y técnicas del chelo se aprovechan al máximo, desde esa cuarta cuerda que resuena potente (más en el crucero y mejor que en el patio) hasta los armónicos explorando terrenos casi violinísticos donde Queyras «saca petróleo» de su instrumento (un Pietro Guarneri veneciano de 1729, puesto a su disposición por Canimex Inc. de Drummondville, Quebec, Canadá). Lo dicho, un primer plato potente de un menú que resultaría completísimo.

La Suite nº 6 de Bach si entrar en los planteamientos históricos de su exacto destino instrumental, donde hasta nuestro Adolfo Salazar ya en 1951 apuntaba a «la agilidad superior y una tesitura más aguda que un chelo normal, sobre el que la obra puede ser tocada –siempre y cuando el intérprete sea un virtuoso muy consumado–, bien que obligando a la corrección de algunos acordes», lo que no presenta dudas es el obligado dominio del instrumento y Queyras lo demostró. Toda partitura es cual guión donde el intérprete aportará su punto de vista, su trayectoria, sus experiencias y por supuesto el conocimiento, así que la partitura del kantor tiene todos los ingredientes para ser siempre distinta, sin olvidarnos de un lenguaje italiano del que Bach también tomó buena nota. El Preludio inicial enfocado con calma, la Allemande con ornamentos claros en el chelo del francés, bien «bailada» la Courante y virtuosa Sarabande (siempre recordándome a Marin Marais) con dobles, triples y hasta cuádruples cuerdas. Manteniendo ese contraste barroco las dos Gavottes me llevarían al Cantábrico con el aire de gaita francesa de la segunda antes de la última y elegante Gigue, una lectura la de Queyras visceral, sincera y honesta.

Tras una breve pausa donde ni acudir a verter aguas, llegaría lo más brillante de este concierto, la Sonata para violonchelo solo, op. 8 (1915) de Kodály dedicada a Jenő Kerpely, que la estrenaría el 7 de mayo de 1918, donde Queyras demostró su buena fama. Si Bach era el segundo plato del menú, Kodály no fue el postre sino un verdadero banquete por sí solo, original, apreciado por Béla Bartók, sonata virtuosa y explorando tímbricas que en su momento eran impensables, aunque el primer Saygun cocinó también estos ingredientes. Enrique Martínez Miura la define como «un reto para cualquier intérprete (…)  De virtuosismo radical, se recurre a un catálogo de formas de atacar las notas, invocándose un espejismo polifónico, que es inevitable remitir a Bach, aunque en Kodály, salvo excepciones, el chelo sigue un curso básicamente homofónico. Abundan los efectos tímbricos, como la imitación de instrumentos cíngaros, mas ese alarde técnico nunca perturba la línea principal. Se suma la dificultad de la scordatura, de modo que las cuerdas tercera y cuarta, sol y do, deben afinarse como fa sostenido y si bemol».

Sus tres movimientos presentan un derroche de música y el esfuerzo del chelista donde la mano izquierda  llega a posiciones imposibles y el arco entra por todas partes, energía necesaria pero también momentos pastorales y especialmente los aires zíngaros tan familiares, vitales y expresivos donde Kodály muestra la inspiración en el folklore de su Hungría antes del último Allegro molto vivace, considerado como de los pasajes más difíciles de toda la literatura para violonchelo, una rapsodia casi polifónica en las manos del «chef» Queyras con esta fusión de formas para la bellísima y generosa sonata con la que culminaba esta «Grande Bouffe» chelística, por finalizar ya mis referencias gastronómicas.

PROGRAMA

-I-

Ahmed Adnan Saygun (1907-1991):

Partita para violonchelo solo, op. 31 «To the Memory of Friedrich Schiller» (1955)*

Lento – Vivo – Adagio – Allegretto – Allegro moderato

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Suite para violonchelo nº 6 en re mayor, BWV 1012 (1717-23)

Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte I – Gavotte II – Gigue

-II-

Zoltán Kodály (1882-1967):

Sonata para violonchelo solo, op. 8 (1915)

Allegro maestoso ma appassionato – Adagio (con grand’ espressione) – Allegro molto vivace

* Estreno en España

Martha Argerich y la Compañía Antonio Gades, Medallas del Festival de Granada 2024

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En la última reunión del Consejo Rector del Festival de Granada, del pasado 21 de mayo, se acordó por unanimidad la concesión de dos Medallas de Honor, a la gran pianista argentina Martha Argerich y a la Compañía Antonio Gades.

Los galardones reconocen la relevancia artística y profesional de los artistas y su estrecha vinculación con el Festival de Granada en el que han participado en numerosas ocasiones desde la década de los 70.

Las medallas serán entregadas a la pianista Martha Argerich (Buenos Aires, 1941), por su especial relación con el Festival, en el que debutó en 1979, su enorme talento, su dedicación y servicio a la música durante más de seis décadas y su apoyo constante a los jóvenes intérpretes, ayudándolos y potenciando desde siempre sus incipientes carreras. La señora Argerich es un ser humano extraordinario y una pianista legendaria, que ha escrito su nombre con letras de oro en la historia del piano del siglo pasado y del actual. La medalla le será entregada en el descanso de su concierto en el Palacio de Carlos V, el 6 de julio.

La otra medalla será para la Compañía Antonio Gades, en el 20 aniversario de su creación, uno de los grandes puntales de la danza española y flamenca, que hace gala de la escuela definida por coreógrafo y bailarín Antonio Gades. Además, se celebrará en el Teatro del Generalife el 50 aniversario de Bodas de sangre (1974), una de las grandes coreografías del maestro alicantino, referencia en el mundo de la danza, esencia de la obra de Lorca, que consagra al flamenco como lenguaje dramático capaz de contar historias, convirtiéndose en difusor de la obra del poeta universal. La medalla será entregada en un acto que tendrá lugar en el Centro Lorca, el día 26 de junio, a las 11 horas.

Martha Argerich en el Festival

Su primera visita al Festival fue en 1979, con la Orquesta Nacional dirigida por Antoni Ros-Marbá. 41 años después, en 2020 (año de la pandemia), la pianista vuelve con un recital junto al violinista Renaud Capuçon. Su siguiente visita fue en 2022 en un concierto memorable junto a la Orchestre Philharmonique de Monte-Carlo dirigida por Chales Dutoit. En esta edición, la genial pianista argentina junto al director suizo Charles Dutoit vuelven a cruzar sus caminos en Granada, esta vez con la Orchestre de la Suisse Romande, que debuta en el Festival. Será con uno de los grandes conciertos de repertorio del siglo XIX, el de Schumann, en el que Argerich lleva décadas dejando muestras de una maestría casi insuperable.

La Compañía Antonio Gades

Es desde su creación en 2004 uno de los grandes puntales de la danza española y flamenca. Hace gala de la escuela definida por el maestro Gades, en la que predomina un lenguaje estético y depurado, arraigado en las tradiciones y la cultura del pueblo español. Dirigida artísticamente por Stella Arauzo, la Compañía Antonio Gades es la punta de lanza de la Fundación que, dirigida por su viuda Eugenia Eiriz y presidida por su hija María Esteve, mantiene viva la llama de uno de los legados más trascendentales de la danza española.

Antonio Gades (Alicante, 1936-Madrid, 2004), ha participado en el Festival con sus compañías de entonces, Ballet de Antonio Gades y Ballet Nacional Español, en cuatro ediciones. Entre sus coreografías más aclamadas interpretadas en el Festival, se destacan El amor brujo, Danza de la muerte, Danza del molinero, Jota, Caña, Ensueño, Soleá, Tango, Variaciones sobre el vito, Zapateado y fandangos, Rumba, Seguiriya, Bulerías y Farruca (en 1971); Bodas de sangre, Cantiñas, Debla, Fandangos, Bulerías, Farruca, Flamenco, Guajira, Martinete, Soleá por bulería (en 1979); Carmen (1988) y Fuenteovejuna (1995).

La Compañía de Antonio Gades, creada en 2004, ha participado en el Festival en cuatro ocasiones con las coreografías de Carmen (2007), Ainadamar (estreno en 2011), Fuego (2014) y Bodas de sangre y Suite Flamenca (2024).

Granada fue Linz

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Domingo 16 de junio, 22:00 horas. 73º Festival de Granada, Palacio de Carlos V | Conciertos de Palacio / #Bruckner200: Orquesta Sinfónica RTVE, Christoph Eschenbach (director). Obras de Mozart y Bruckner. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

Arrancaba este domingo mi segundo festival granadino al completo «desde Palacio», con la ciudad austriaca de Linz como eje vertebrador que en el programa del Festival lo titula «De Mozart a Bruckner» por las dos obras tan coherentes para un programa que empieza con Mozart y su Sinfonía nº 36, considerada de madurez (siempre increíble), llevando el topónimo como sobrenombre por estar escrita a su paso por dicha ciudad en el otoño de 1783, sumando que además esté estrechamente ligada a Anton Bruckner, de quien conmemoramos su 200 aniversario con notable presencia en Granada además de la capital austriaca transitada por tantos grandes con el lema  de esta última temporada de Antonio Moral al frente: «Viena, punto de encuentro», capitalidad musical mundial que seguiremos escuchando a lo largo de esta edición.

A la Orquesta de RTVE se le notan los últimos años de titularidad de mi paisano y tocayo Pablo González, por lo que su estado de forma es el ideal y las batutas invitadas se encuentran con una sinfónica de lo más flexible y moldeable, capaz de afrontar en igualdad de calidad al siempre necesario Mozart y al incomprendido Bruckner como reto para músicos y director, tres conciertos en su sede del Monumental madrileño, en Úbeda dentro de su festival, para finalizar en el granadino con Christoph Eschenbach (1940), maestro de amplio espectro y trayectoria más que reconocida, buen maridaje y perfecto rodaje previo a este «Concierto Linz».

La Sinfonía nº 36 en do mayor, K 425 «Linz» (1783) de Mozart con plantilla «clásica» sonó más que aseada  con un Eschenbach siempre de gesto contenido pero con una batuta que es maravilloso contemplar cómo la agita, pues deja fluir la música y los matices están escritos en la partitura, así que todas las secciones de la orquesta pudieron disfrutar interpretándola dibujada por un pincel en la derecha marcando los fraseos y la económica mano izquierda. Cuatro movimientos «de libro», reducido en el atril, con el maestro alemán logrando que todo sonase claro: un Adagio – Allegro spiritoso bien contrastado, el Poco adagio de maderas excelentes, un Menuetto impecable y el último Presto donde comprobar una cuerda nítida y conjuntada preparándose para una segunda parte donde la ORTVE sacaría todo su músculo y Eschenbach la sabiduría en ese repertorio.

De Bruckner, que estudió y pasó más de una década como organista en Linz, todo el mundo está de acuerdo que es un sinfonista esencial para entender la evolución del género que conecta a los grandes clásicos con Mahler (el festival pasado también tuvo sus programas). La Séptima, obra formalmente dedicada a Luis II de Baviera, es una de las sinfonías más populares aunque nace como homenaje a Wagner que acababa de fallecer, siendo uno de los primeros éxitos en vida del músico cuando la partitura se escuchó públicamente por primera vez  el 30 de diciembre de 1884 en Leipzig. Totalmente memorizada  por el maestro alemán y asimilada por la sinfónica de la radiotelevisión española, los cuatro movimientos se ciñeron a las indicaciones del compositor, de nuevo con economía gestual en el podio aunque algo más amplia su mano izquierda, con unos balances difíciles de conseguir ante el despliegue instrumental pero con eficacia, entrega, riqueza dinámica en todas las secciones y una interpretación impecable.

El Allegro moderato arrancó con una cuerda en pianissimi perfecta, el dibujo permanente de Eschenbach  y una disciplinada formación siempre en su plano sonoro con leves indicaciones del maestro alemán. Si la madera ya mostró sus credenciales, estaba claro que para esta séptima los metales serían parte esencial y no defraudaron ni en color, tan organístico en el compositor e Linz, ni en presencia, contenida cuando debían y sólo espoleados en el momento justo con los brazos arriba de una siempre eficaz batuta. El Adagio: Sehr feierlich und sehr langsam resultó literalmente «Muy solemne y muy lento», la espiritualidad y emoción de Bruckner pasando por todas las secciones, la cuerda manejada con las manos del pianista, con la presencia de la melodía nunca oculta por el grueso sinfónico. Impactante el siempre agradecido Scherzo: Sehr schnell, lucimiento de los bronces con la tímbrica tan especial de las tubas wagnerianas y la acústica siempre increíble del palacio imperial, con la indicación de «Muy rápido» sin dejarse notas por el camino. Maravilloso Eschenbach que transmitió energía, pasión y magisterio como así volvería para el Finale: Bewegt, doch nicht schnell, «movido, pero no rápido», increíble porque el trabajo previo se notaba y este tercer concierto parecía dar sentido al refrán español «a la tercera va la vencida», pues no hay reproche a esta séptima bruckneriana para conmemorar el segundo centenario del nacimiento de Bruckner con la veteranía y sabiduría del director alemán sacando lo mejor de una orquesta que espero mantenga el fruto plantado para futuras cosechas, muchas de ellas aún disponibles en las redes sociales, pues los horarios de emisión no son los de este en la capital nazarí, aunque tras los más de diez minutos de aplausos  de un público agradecido, por poco alcanzamos «Los conciertos de la 2».

PROGRAMA

-I-

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Sinfonía nº 36 en do mayor, K 425 «Linz» (1783):

I. Adagio – Allegro spiritoso

II. Poco adagio

III. Menuetto

IV. Presto

-II-

Anton Bruckner (1824-1896):

Sinfonía nº 7 en mi mayor, WAB 107 (1881-83):

I. Allegro moderato

II. Adagio: Sehr feierlich und sehr langsam (Muy solemne y muy lento)

III. Scherzo: Sehr schnell (Muy rápido)

IV. Finale: Bewegt, doch nicht schnell (Movido, pero no rápido)

Paolo Pinamonti, nuevo director del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

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Nota de prensa:

Tras la reunión de la Comisión técnica de valoración de candidaturas a la Dirección del Festival de Granada, celebrada ayer lunes 27 de mayo, en la que se analizaron exhaustivamente los expedientes de las 20 candidaturas  presentadas, de altísimo nivel, el Consejo Rector del Festival de Granada, reunido hoy 28 de mayo de 2024 en el Ayuntamiento de Granada, ha acordado por unanimidad designar al musicólogo, gestor cultural y director artístico italiano Paolo Pinamonti como nuevo Director del Festival, a partir del próximo 1 de agosto de 2024.

En la reunión han participado, telemática o presencialmente, miembros de todas las administraciones que conforman el Consejo Rector: Ayuntamiento de Granada, Junta de Andalucía, Ministerio de Cultura- INAEM, Diputación Provincial, Universidad de Granada y Patronato de la Alhambra y Generalife.

El Consejo Rector quiere expresar su enorme satisfacción por el interés despertado en la candidatura a la Dirección de Festival, y por haber alcanzado una decisión unánime en la designación del Sr. Pinamonti como Director, antes del comienzo de la 73 edición del Festival de Granada.

Paolo Pinamonti (Venecia, 1958) es licenciado en Filosofía en la Universidad de Venecia. Al mismo tiempo completó la carrera de Piano en el Conservatorio de Padua (1981) y tiene estudios de Composición en el Conservatorio de Venecia (1982). Actual director del Archivo Manuel de Falla de Granada es un gran especialista en la obra del compositor Manuel de Falla. Profesor de la Universidad de Venecia, ha sido director del Teatro La Fenice de Venecia, del Teatro de la Zarzuela de Madrid, del Teatro San Carlos de Lisboa y del Teatro San Carlo de Nápoles. De igual forma, ha sido director del Festival Mozart de A Coruña y del Festival de Macerata (Italia), y tiene una larga vinculación con la vida cultural española y granadina.

El Festival de Granada: de Andalucía al mundo

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EL FESTIVAL DE GRANADA SE SITÚA ENTRE LAS ENTIDADES MEJOR VALORADAS DE ESPAÑA EN 2023

Según el Observatorio de la Cultura de en su tradicional ranking de ‘Lo mejor de la Cultura de 2023’ el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, se convierte en la entidad musical más importante de Andalucía, subiendo 10 puestos en el ranking regional, tan sólo detrás de los museos Picasso y Pompidou, y el Festival de Cine Español, todos de Málaga.

Dentro del ranking nacional el festival granadino aparece en el puesto 45 de un total de 105, y se consolida como una de las cuatro instituciones más destacadas de España en el ámbito de la música clásica y la danza, tan solo detrás del Teatro Real (6) y los Teatros del Canal (32), ambos en Madrid, y el Gran Teatro del Liceu en Barcelona (38) y por delante de instituciones tan importantes como el Auditorio Nacional de Música de Madrid (79), la Quincena Musical Donostiarra (94), el Teatro de la Zarzuela (95) o el Festival de Jazz de Vitoria (102).

Asimismo, en el nuevo apartado de los ‘Festivales Imprescindibles’ de 2023’ el Festival de Granada ocupa la segunda posición, detrás del Sonar+ de Barcelona y por delante de tres importantes festivales de pop como son Primavera Sound, de nuevo en la capital catalana, Sonorama (Burgos) y Jazzaldia en San Sebastián.

En el informe completo del Observatorio de la Cultura (de la Fundación Contemporánea), podemos comprobar cómo el Festival de Granada se ha ganado no ya un prestigio cultural más allá de otras ofertas musicales de otros estilos,  también la calidad en esta provincia andaluza unida a su rico patrimonio artístico más allá de La Alhambra donde se realiza parte del festival, un imprescindible para todo melómano y posicionándose además como uno de los mejores festivales de verano del mapa europeo. Puedo dar fe tras años esperando disfrutarlo e imposible por el calendario escolar, llegaría el pasado año, esperando repetir este 2024.

Galardón para Granada

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EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA Y DANZA DE GRANADA RECIBE LA MEDALLA DE ORO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES ESCÉNICAS DE ESPAÑA, HOY LUNES 27 DE NOVIEMBRE 2023

 

La Academia de las Artes Escénicas de España entrega sus máximas distinciones a aquellos profesionales que han contribuido con su trabajo a la excelencia y la dignificación de la profesión. El Festival de Granada recibirá la Medalla de Oro 2023 en reconocimiento a su labor en la divulgación y creación artística.

 

La entrega de galardones tiene lugar hoy lunes 27 de noviembre, a las 20:30h, en una cena gala en el hotel Wellington de Madrid. La presidenta de esta institución, Cayetana Guillén-Cuervo, acompañada por Silvia Marsó y Carles Sans conducirán la entrega de Medallas de Oro y Distinciones de Honor. A esta cena de gala asistirán representantes de las principales instituciones públicas que apoyan a la Academia. El acto se puede seguir en streaming desde el canal de YouTube de la Academia, desde las 20:30h.

Este año, la Junta directiva de la Academia de las Artes Escénicas entregará las Medallas de Oro, a las siguientes instituciones: Escalante Centre Teatral (Valencia), Fira del Circ Trapezi de Reus (Tarragona), Teatro Sanpol (Madrid), Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Teatro Arriaga Antzokia (Bilbao) y Teatre del Liceu (Barcelona). 

Las distinciones de Académicos y Académicas de Honor, también decididos por la junta directiva de la asociación serán para los siguientes profesionales: Josep María Pou, Emma Vilarasau, Carlos Latre, Chevi Mudaray, Ramiro Osorio y Ana Belén. 

 

La Academia de las Artes Escénicas de España entrega estas distinciones desde su fundación en 2014 con el objetivo de reconocer y potenciar el trabajo constante y la lucha por la excelencia en todas las profesiones relacionadas con las artes escénicas.

 

Gracias por poder vivirlo en primera persona 🙏

 

https://www.youtube.com/live/Q2eD92V5m8Q?si=9y3-xKxkNbq-Hvo5

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Granada día 0

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Mañana 21 de junio comienza la 72 edición del Festival de Granada. Historia viva de nuestra música española y siempre unido al nombre de Manuel de Falla, el gaditano enamorado de la capital nazarí. Este 2023 y ya jubilado será todo un orgullo, además de enorme placer, asistir y contar desde aquí lo que me espera en un mes que será inolvidable y tal vez la envidia de todo melómano.

En mis años de estudiante con el profesor Casares, Granada y su festival ya eran algo para no perdérselo, y si además es parte de mi propia historia personal por estar casado con una psicóloga licenciada en esta universidad, era lógico que nos escapásemos a compartir recuerdos de juventud. Mi profesión docente estaba siempre marcada por el calendario escolar, lo que no impedía pasar algunos días de las vacaciones de navidad en esta  ciudad mágica, y mi primera vez en el festival fue en su edición 60 de 2011, conociendo en persona al siempre añorado «El Pérez» con quien comentar su monografía sobre Mahler que ya preparaba segunda edición ampliada, pudiendo escaparme al concierto que no podía perderme, puesto que mis admirados Forma Antiqva actuarían en el Auditorio con un programa que sería un hito en la historia de los langreanos y además la llevarían al disco «con un par», tras una de mis mejores experiencias musicales que reflejé en aquel blog que comenzaba su andadura en 2008 pero donde Granada sería el punto de inflexión.

Con motivo de los 70 años del Festival, ya peinando canas y próxima la jubilación, María del Mar Peña directora de «La oculta Granada» me pedía unas notas que de nuevo plasmé en este blog tras la mudanza con la que cambié de plataforma pero no de sentimientos, rememorando mi primera escapada al Festival (con mayúscula pues no hay otro igual). Ahí escribía hace dos años: «…toda una vida plena que espero volver a disfrutar cuando llegue mi esperada jubilación donde el calendario no será escolar sino plenamente melómano y los conciertos de junio y julio en la ciudad de La Alhambra sigan llenando mi mochila de viajes desde “Siana al mundo y con la música por montera”. Larga vida al Festival de Granada», y aquí estoy cumpliendo un sueño, como rezaba el titular de prensa «el sueño de varias noches de verano».

El 72 Festival arranca con una celebración única, el centenario de «El Retablo de Maese Pedro», una producción que la Ópera de Oviedo nos llevó al Auditorio en diciembre de 2009 enamorándonos de Hermenegildo Lanz y ahora su hijo, repitiendo ahora esta celebración nada menos que en el Palacio de Carlos V y con mi querido Aarón Zapico dirigiéndolo (en Oviedo estaba al clave) al frente de un plantel de voces conocidas y algunos de los principales atriles de la Orquesta Ciudad de Granada, que dirige Lucas Macías compartiéndola con la Oviedo Filarmonía (al final la conexión norte-sur funciona mejor que el tren o los aviones…).

Si hace 12 años tenía «la obligación» de asistir, este 2023 ya es «devoción». Imposible mejorar esta inauguración en una ciudad mágica, en un alojamiento increíble y agradecido a Antonio Moral, a Teresa del Río y a este Festival poder vivir en primera persona esta experiencia que ya forma parte de mi mochila musical y vital, pues «Falla no falla». Con un mes por delante lo difícil ha sido elegir entre tanta oferta magnífica y preparar mi estancia. Seré «Un asturiano en Granada» durante un mes, y esto no tiene precio.

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