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Beethoven limpio, Mozart dorado

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Miércoles 25 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Claire de Sévigné (soprano), Valentina Stadler (mezzo), Maciej Kwaśnikowski (tenor), George Humpreys (barítono), Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, Coro «El León de Oro» (Marco A. García de Paz, maestro de coro), Leopold Hager (director). Obras de Beethoven y Mozart.

Hace ocho años que el maestro salzburgués Leopold Hager (6 de octubre de 1935) estuvo en este auditorio asturiano con Maria João Pires y la Staatskapelle Weimar en un «concierto de disco» como titulé entonces la entrada del blog. A la pianista esperamos poder despedirnos de ella el próximo 12 de mayo (toquemos madera) y al director austríaco que respira Mozart desde su nacimiento, felicitarle de nuevo porque sigue siendo referente en la música de la llamada «Primera Escuela de Viena», siendo este último concierto otra joya para el recuerdo, más aún teniendo al coro asturiano LDO compartiendo escenario en otro hito dentro de sus veinte años de carrera para confirmarse como histórico. Las notas al programa de Iván J. Román Busto tituladas «Viena, Milán y Salzburgo«, que dejo enlazadas arriba en los autores, completan la información de este concierto para el recuerdo.

No se escucha mucho la Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 36 de Beethoven, todavía de estructura clásica y con aires mozartianos en el último Allegro molto pero con mucho del genio alemán que bebería del salzburgués y viviría en Viena esa época única, con el Scherzo sustituyendo al Menuett del tercer movimiento, jugando con las dinámicas y estirando motivos. Hager llevó a la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo con toda su sabiduría y buen hacer de memoria, siempre de gesto preciso para exprimirla desde una pureza en el desarrollo y los planos sacando a relucir las calidades de todas y cada una de las secciones en disposición vienesa como era de esperar con violines enfrentados, contrabajos a la izquierda y timbales a la derecha: cuerda corpórea, limpia, virtuosa y con poso, la madera de excelencia y empaste donde brillarían tanto oboes y fagots como clarinetes, más unos metales redondos, aterciopelados tanto en trompetas como trompas de afinación y presencia ideales. Qué placer paladear esta sinfonía compuesta en un momento crítico del sordo de Bonn sabiendo que la tercera despegaría hacia el imparable romanticismo desde la Viena del cambio de siglo que tantísimo arte atesoraría y legaría para la posteridad.

La segunda parte nos traería a Mozart, otro genio muerto en la capital austríaca con dos perlas vocales de su amplio catálogo, primero disfrutando de la soprano canadiense Claire de Sévigné en el hermosísimo motete Exultate, jubilate K 165/158a que han cantado y grabado las mejores voces de la historia, al completo y con la orquesta sonando pura, precisa, colorista, mimando las intervenciones solistas gracias al magisterio del jovial Hager, descubriéndonos voces jóvenes que enriquecerán carrera con estas páginas llenas de recovecos desde la siempre engañosa simplicidad mozartiana, agilidades de vértigo, registro grave exigente, matices endiablados que con una dirección y orquesta de altura aún resultan más fáciles. Voz ideal la soprano canadiense, contestaciones de la oboe Isabella Unterer igualmente magistrales y el ropaje perfecto de una orquesta creada para honrar al genio en cada concierto.

La Misa de Coronación para órgano, coro, solistas y orquesta en do mayor, K 317 contó con un equilibrado y joven cuarteto de solistas, la citada soprano que volvió a gustarme, más la mezzo berlinesa Stadler, el tenor polaco Kwaśnikowski de color típico para Mozart, y el barítono inglés Humpreys, de poca «pegada» en el grave (como suele pasar con estos papeles «clasificados» de bajo-barítono por los exigentes agudos) pero equilibrando el conjunto, colocados sobre una tarima a la derecha, sumándose un LDO seguro para brindarnos todos ellos una verdadera liturgia de calidades oficiada por el sumo Hager con la Mozarteum, entrega donde solo caben dos peros: la ausencia del órgano en la parte instrumental, y más confianza, incluso descaro con las dinámicas fuertes en las partes vocales (a excepción de la siempre segura cuerda de sopranos). La peculiar plantilla de esta misa brinda un colorido y textura único sumándose el papel protagonista del coro y las intervenciones del cuarteto perfectamente empastado y buscado en esta paleta tímbrica, disfrutando desde el Kyrie inicial hasta el Agnus Dei que sigue sonando a gloria (como el coro). Supongo que la experiencia de cantar con este elenco sea casi mística, la entrega por parte de todos fue total y de nuevo «los leones» pusieron el toque dorado para una misa que vuelve a coronarles en lo más alto del panorama coral tras el anterior y dificilísimo concierto a capella con música renacentista. No se necesitan más de 38 voces para tocar el cielo mozartiano vestidos con los salzburgueses conducidos por Hager para seguir ascendiendo en busca de la perfección («permanente búsqueda de la belleza sonora, experimentar la pureza de la polifonía y la comunidad que surge del canto conjunto» es su ideal). LDO con Marco Antonio García de Paz continúan demostrando su capacidad de trabajo en todos los estilos y periodos musicales, sumando muchos enteros con este Mozart de Oviedo que también llevarán a Valencia. La legión de seguidores (bautizados como leónigans) aumentará en la capital del Turia. Y sobre todo amen…

Dorado renacimiento vocal

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Domingo 15 de abril, 19:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo, V Primavera Barroca: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). #Monteverdi 4.5.0 Italia y España: La Edad de Oro. Obras de G. P. da Palestrina, C. Monteverdi y Tomas Luis de Victoria.

Continúa este ciclo ovetense por quinto año, en colaboración con el CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical) que por climatología y obras este domingo merecería llamarse «Invierno Renacentista», supongo que programado aquí por ese intercambio entre Ayuntamiento y el centro dependiente del Ministerio Educación, Cultura y Deporte cultura que también mantiene su ciclo monográfico de Monteverdi, y que siempre sea bienvenido nuestro mejor coro de la historia que tiene a Peter Phillips como Director Honorífico del que han bebido y tomado buena nota para repertorios como el que sonó en la sala de cámara.

El León de Oro (LDO) es capaz de organizar sus voces en todas las combinaciones y ubicaciones posibles en la permanente búsqueda de la belleza sonora: 19 voces blancas y 22 para Palestrina o Monteverdi para combinar en Victoria 15+14 o 17+10, posibilidades que pocos coros tienen pero que nuestros «leones» llevan trabajando desde siempre, siendo estas obras renacentistas de tres grandes polifonistas un verdadero masaje espiritual además de un esfuerzo físico y mental para cantantes e incluso público.

Como recuerda Enrique Martínez Miura en las notas al programa que dejo aquí arriba, el Concilio de Trento marcará un antes y después en la música religiosa para convertirla en «digna y clara» siendo Giovanni Perluigi Da Palestrina (1525-1594) y su Missa Papae Marcelli (1567) el modelo a seguir por todo compositor en pos de poder seguir el texto litúrgico. Tras el Laudate pueri Dominum (1572) que ya trabajasen no hace mucho, «los leones» afrontaron la difícil misa papal con la pulcritud a la que nos tienen acostumbrados, voces que mantienen tras veinte años una base sólida sobre la que la renovación es natural y hasta necesaria. El equilibrio de color y dinámicas lo logran con las combinaciones ya apuntadas, siempre buscando el mayor entendimiento del texto y la riqueza melódica y armónica de las partituras. Los cinco números del ordinario de esta «Misa del Papa Marcelo» escuchados fuera de la liturgia los seguimos como si en ella estuviésemos, creyentes o simples oyentes pero nunca pasivos, fieles seguidores convertidos en «leónigans» que crecen en cada concierto del LDO. Inmensidad coral esta partitura donde se respira paz y misticismo, el tactus lejano de la rítmica mecánica barroca que este coro conoce como pocos dándole esa ductilidad en cualquier repertorio pero la maestría en esta «Edad de Oro» de la polifonía.

Tras la solemnidad vendría el color de Claudio Monteverdi (1567-1643) considerado el primer barroco aunque las obras elegidas rezuman renacimiento madrigalesco pese al texto religioso, la música sobre todas las cosas capaz de iluminar una oración cual madrigal divino, pasar de lo terrestre a lo celestial con esa naturalidad tan única transmitida en las voces del LDO. Adoramus te Christe, SV 289 presenta homogeneidad en el color vocal y todo el juego polifónico limpio que este coro atesora desde hace más de 20 años. Cantate Domino canticum novum SV 292 a seis, es realmente luz vocal, cántico nuevo madrigalesco, de poderosos graves y etéreos agudos con el texto latino siempre preciso, claro y rítmico como estilo propio que preparará un barroco universal desde la vieja Europa con las repúblicas italianas y el mecenazgo pugnando por imponer modas y estilos. Ambas partituras serían bisadas para finalizar el concierto para regocijo de una sala completa rendida de nuevo al león.

De Tomás Luis de Victoria (1548-1610) el LDO se ha convertido en el referente coral frente a la tradición inglesa precisamente de la mano de P. Phillips, fundador de The Tallis Scholars que ha encontrado en nuestro coro la perfecta herramienta para el músico español más importante y universal del Renacimiento. Así que el Magnificat Primi Toni (1600) a ocho, y el Regina Caeli laetare (1576) volvieron a sonar únicos en estas voces, combinando y reponiendo elementos, protagonismos compartidos con la recompensa del esfuerzo titánico que ha dejado huella, cantando al abulense como pocos coros.

Otro éxito de nuestro coro esperando el siguiente en la sala principal nada menos que en los Conciertos del Auditorio del próximo miércoles 25 de abril con la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo dirigida por Leopold Hager para cantarnos la Misa de Coronación para órgano,coro, solistas y orquesta en domayor, KV 317, otro hito del LDO que espero contar desde aquí.

Carta a SS. MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto el trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados «Años Mahler» sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil» con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copióDudamel, al que le perdono todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en el recién acabado 2017 siguieron «a tope» y haciendo historia siempre volando desde casa, con nuevo disco en el horno a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capita Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith Jáuregui o Diego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz nos llegará su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre «redescubierto» Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2018 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
Por no perder la esperanza pido para los llamados «gestores culturales» que se olviden de su otra crisis, la intelectual que parece contagiosa como la gripe, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2018 y más. Además de darles las gracias e nuevo por Luca, por su vuelta y triunfo en la ópera ovetense con Elisir (el veneciano me lo bebí directamente en La Fenice), por ese nombramiento como «asturiana del mes«, esperando también lo sea de este año y que llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.

Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mapá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor y sin encontrar relevo fue lo que menos me ha gustado del pasado año (que se haya ido mi papá tampoco pero supongo que irá en el apartado de quejas y no cartas del día de hoy).
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS).

Mientras tanto espero que la palabra corrupción vaya desapareciendo de nuestra cotidianidad y que la crisis pase hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde «recortes» o «supresión» se escuche menos que «Cataluña» ¡lo qué ya es decir!, para este año 2018 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar «duros de oreja» (supongo que con el 151, los tripartitos de tonada y demás «ocurrencies de oficalidá» no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone).
A propósito, si pudieran derogar la Ley Wert (ya casi nadie se acuerda de su dorada estancia parisina tras dejarnos la música en la educación como ínfima y optativa), entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en «esta España nuestra» que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

Liturgia leónigan

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Miércoles 8 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1594: 20 años de El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Tavener, Byrd, Victoria, Pärt, Nystedt, Stanford, Rachmaninov, Arnesen y Lauridsen. Entrada no socios: 10 €.

Como todo declarado leónigan convencido, no importa peregrinar o repetir concierto porque cada uno es distinto, de nuevo Gijón esta vez teatro, otra acústica y algunas obras más que en la iglesia de La Laboral, pero toda la liturgia de una música coral religiosa que abarca 500 años para los veinte del LDO.

Repaso a parte del repertorio de esta vida coral que entra en plena madurez, lo antiguo y lo moderno en continua evolución, enseñanzas recientes del director honorífico Peter Phillips en Victoria y Pärt, puede que algo más relajados este miércoles pero igualmente entregados a unas músicas que dominan en todas las formaciones y colocaciones.

No importa la dificultad de la partitura, las disonancias casi imposibles, los dobles coros o las distintas ubicaciones en esa continua búsqueda de sonoridades allá donde van, los leónigans seguimos disfrutando. Vocalidad en estado puro, empaste, afinación, gusto por cada sílaba en latín o inglés, en ruso o castellano de acento mexicano como así lo dedicó el estonio Pärt, este coro sigue enamorando y ganando adeptos, los que no pudieron asistir a «la fiesta» del sábado y los que repetimos, porque así somos sus fieles seguidores, hooligans del LDO sin violencia, es decir leónigans.

Volvíamos a disfrutar de las obras dirigidas por P.P. pero asumiendo toda la responsabilidad Marco, de nuevo Tavener pero cambiando a Frank Martin por un muy sentido William Byrd y su Ave verum corpus «de cámara», la emoción de la religión incluso para ateos porque la belleza no tiene credo.

En la segunda parte de nuevo Standford compartiendo visiones recuperadas y asentadas como el sorprendente Inmortal Bach (Knut Nystedt) aprovechando escenario y pasillos laterales para cantar a Mein Gott «deconstruido», el Bogoroditse Devo (Rachmaninov) aún más profundo o ese «inmenso misterio» de Morten Lauridsen tras la «nueva» Even When He Is Silent (Kim André Arnesen, 1980) dominando un repertorio cercano a la propia formación con el amplio bagaje de sus compositores, que lo entienden como estos cantores sin complejos y así lo transmiten, búsqueda de la belleza coral en estado permanente de trabajo.

Interesantes las notas al programa de Miguel Rodríguez Fernández-Bustillo «Sobre el análisis musical» que dejo a continuación.

Contestando el último interrogante, con El León de Oro mis análisis son siempre emocionales, si litúrgicas son las obras, el público estuvo como en Misa (entendida también como puesta en escena) con el milagro de no escuchar toses pese a la penitencia del caramelo cercano, y escuchar al mejor coro asturiano se merece una cena allá donde pueda acudir.
Si hay dios, amén de Bach, seguro que también es musical, los leones sus voces y sus seguidores una parroquia que rogamos celebrar incluso las bodas de oro. El camino más difícil ya está superado, toca seguir disfrutando sin pereza y con toda la diligencia porque igual que el «dios cantor» escribía Soli Deo Gloria, El León de Oro canta a mayor gloria de todos, ateos incluidos ganados para esta causa mágica con la esperanza de seguir juntos este camino.

PP, leónigan de oro

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Sábado 4 de noviembre, 19:30 horas. Iglesia de La Laboral, Gijón: 20 aniversario del Coro «El León de Oro». Peques del León de Oro (PLDO), Aurum, Elena Rosso Valiña (directora); El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Peter Philips (director honorífico). Obras de Palestrina, Michael McGlynn, Julio Domínguez, Susanna Lindmark, John Tavener, Ch. V. Stanford, Frank Martin, T. L. de Victoria, F. Poulenc, Knut Nystedt, Ola Gjeilo, P. Philips y Arvo Pärt. Entrada con invitación (agotadas).

Verdadera fiesta coral de cumpleaños la vivida, sentida y compartida desde la desacralizada iglesia de «La Laboral» para seguir conmemorando veinte años, nada según el tango y toda una vida en el difícil mundo de la música, aún mayor en el mundo coral y un verdadero milagro en estos tiempos. El León de Oro es una filosofía de vida, unir personas para hacer lo que les gusta con pasión, cantar y además bien. Una familia cuyos progenitores son Marco y Elena, músicos capaces de aunar ilusiones desde el amor coral regalándonos todo un proyecto con visión de futuro.

Veinte años que me he declarado «leónigan» porque a diferencia del hooligan futbolístico, no soy violento ni agresivo sino «incondicional a muerte«, enamorado de la música que hacen estos leones. La legión de leónigans ha ido creciendo cautivados desde el primer concierto, las redes sociales otro descubrimiento incluyendo canal propio en YouTube©, los concursos, los premios internacionales, la Champions League de los coros, una trayectoria impecable que les ha permitido afrontar cualquier repertorio con la misma calidad, todo el trabajo que se desconoce pero lleva a la búsqueda de la perfección vocal. Que alguien legendario, historia viva de la música coral inglesa y mundial como Peter Phillips, PP para ir aclarando el titular, cayese rendido ante el LDO era algo inevitable y capitaneará los leónigans el resto de su vida. Este «coro de autor» como titulaba el programa y el número del pasado verano de la revista Scherzo  (agotado y que guardo como un tesoro) tiene unas señas de identidad únicas, pero verlo y sobre todo escucharlo dirigido por PP convierte en milagroso lo que se escucha, agradeciendo que aceptase la dirección honorífica de este coro apasionado mútuamente.

Este sábado nuestro LDO reunió a todos los leónigans que cabían en la iglesia de la Laboral (muchos no pudieron hacerse con una invitación, agotadas rápidamente desde muchos días antes), para compartir música y pasión además del nombramiento de Peter Phillips como Director Honorífico, quien disfrutó del concierto de principio a fin, como «leónigan de oro» pero también al frente nuevamente del LDO. La acústica del faraónico, escurialense si se prefiere, templo elíptico de Cabueñes, resultó ideal para unos coros fantásticos, reverberación cercana a los cuatro segundos pero que no emborrona el resultado vocal sino que lo engrandece aún más, a diferencia de otros conciertos instrumentales o sinfónicos, aunque alguno buscaba precisamente estos efectos.

Mi pasión por los leones puede hacer pensar que también me ciega, pero obnubilar además de nublar o confundir, también significa embelesar, fascinar y deslumbrar, como el oro puro que atesoran. Los peques PLDO de Elena son el futuro desde el presente, solo hace falta escucharles y con una calidad impensable en otros coros de la misma edad. Su Palestrina del Adoramuste Christe fue magistral, la afinación de Si la nieve resbala de Julio Domínguez milagrosa, la interpretación con cajón peruano y dramatización incluída de Song of hope (Susanna Lindmark), canción de esperanza y la línea a seguir por cualquier coro infantil y juvenil. No quiero olvidarme de Maria Matrem de McGlynn con el coro separado, peregrinando hacia Olaya Álvarez Suárez en solitario presidiendo y enamorando con su voz perfectamente arropada por sus compañeros. No quiero pasar por alto que la soprano solista cantaría con los tres coros, cambios de vestuario incluidos, y todavía repetiría intervención solista en la obra que cerraría concierto, una joya de la que este coro de oro puede presumir. La cara de satisfacción de PP, sentado delante de mí junto a los comentarios con Marco, corroboran su título de «leónigan de oro«.

A continuación Marco dirigiría al LDO con tres obras muy trabajadas (escuchadas hace poco en el Campoamor celebrando doble aniversario) a las que acústica, variadas disposiciones del coro y gusto en interpretar obras del siglo XX son una seña de identidad de los leones. As one who has slept de Tavener (1944-2013), siempre jugando con la policolaridad y ubicaciones distintas, Beati quorum via de Stanford, y especialmente el «Credo» de la Misa para doble coro de Frank Martin volvieron a enamorar a los leónigans, PP en cabeza.

Las satisfacciones últimamente vienen a cargo de Aurum, las leonas que triunfan allá donde van en el complicado mundo de los coros de voces iguales, que en el caso de las chicas, las llamadas voces blancas, aún resulta más difícil. Pero con la misma filosofía de siempre, Elena ha sido capaz de ensamblar unas voces redondas, delicadas, flexibles con los repertorios, y de una calidad que está siendo recompensada internacionalmente. De nuevo PP se rendía ante el nivel de «las chicas de rojo» (por no llamarlas «las chicas de oro») porque sus cuatro intervenciones fueron indescriptibles, desde O Regem caeli de Victoria que «firmó el propio PP» asintiendo feliz al final, Ave verum corpus de Poulenc que cerrando los ojos era británico de escuela vocal por el color tan unificado de las distintas voces, el Hosanna de Nysted poderoso y con gusto, separando del coro para envolver al público de las primeras filas (inenarrable sentir el aliento cual abrazo de las voces graves) y Northern Lights de Gjeilo, nuestras femeninas luces del norte adaptadas a cualquier época y estilo desde un trabajo vocal de altura.

Adela Sánchez fue la maestra de ceremonias presentando las diferentes partes del concierto, recordando la trayectoria de estos primeros 20 años, números abrumadores de actuaciones, obras y cantantes que han pasado por el coro (muchos presentes), compositores, músicos, docentes, antes de la parte final del concierto ya con Phillips al frente de autores y obras que domina como pocos, dirección en estado puro (Elena daba los tonos), transmisión clara y diáfana, comunicación innata por la química entre cantores y directores, milagro hecho realidad con ¡un solo ensayo! porque todo es posible con estos leones.

Descubrir al «otro» Peter Phillips (1560-1628) y su Ecce vicit Leo a 8 fue el mejor aperitivo antes de Victoria y Pärt a pares, maestros de la música coral ideales para el lucimiento del mejor coro asturiano de la historia, con todas las combinaciones de coros y voces.

Del abulense dos joyas como el Super flumina Babylonis y el Magnificat Primi toni, la chispa que saltase hace años en la Catedral de Oviedo multiplicada por la madurez de todos, y el estonio etiquetado como padre del «minimalismo sacro» pero artesano vocal desde un lenguaje actual que los leones con PP también han entendido al detalle: Virgencita dedicado a la mexicana Vírgen de Guadalupe en 2012 que bisarían al final, sentido, emocionado, dramáticos silencios rotos por las toses, herencia española bien entendida por un creyente y músico universal en interpretación magistral, más Nunc dimitis de nuevo con Olaya Álvarez de solista arrancando bravos entre unos leónigans entregados.

Vendrían las palabras de Marco (traducidas por Paco al oído de Peter), el británico agradecido en español, el regalo de un retrato a carboncillo del agradecido Director Honorífico y esa Virgencita que puso broche dorado a este cumpleaños para esta familia coral que empezó en el bar de Julio y pocos imaginarían hasta dónde iban a llegar desde Luanco.

Aún continuaría la fiesta con asturianía internacional, sidra en un lagar cercano, como el propio Phillips, cercanía de los grandes, sencillez, afabilidad desde la maestría de un leónigan de oro para siempre. Gracias Leones y veneración total con PP.

P. D.: Fotos en Facebook© de Beatriz Montes Durán (BMD Studio).
Crítica del concierto en La Nueva España por Eduardo Viñuela, y reseña en El Comercio.

Esplendor solamente vocal

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Domingo 17 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Coro «El León de Oro», Grupo Vocal KEA (director: Enrique Azurza), director: Marco Antonio García de Paz: «El esplendor de la polifonía», obras de Lasso, Victoria, Stanford, Schnittke, Holst y Martin. Entrada butaca: 14 €.

Deberíamos haber celebrado un cumpleaños de oro para conmemorar el del Teatro Campoamor pero solo refulgió el coro asturiano con veinte años «rugiendo», como sus fieles leónigans. La política cultural del ayuntamiento capitalino sigue errando en su concepción musical, manteniéndose a duras penas lo que tantos años ha costado alcanzar, eliminando por equivocadas visiones eventos que eran toda una inversión (nunca gasto) y pergeñando una pobre celebración de estos 125 años donde se mezclan óperas y zarzuelas ya previstas, con intérpretes tan dispares como Rodrigo Cuevas, Estrella Morente e India Martínez en el mismo cartel que Paco Ibáñez con Jerónimo Granda, la Real Banda de Gaitas local con la Oviedo Filarmonía o Barbara Hendricks, que con nuestro laureado coro El León de Oro (LDO), aprovechando que el Caudal pasa por Mieres y el Gafo por La Manjoya, al menos figuran dentro de la mal llamada «música culta» (mejor que clásica). Desconocer la historia del coliseo asturiano parece haberles llevado a «olvidar» los grandes nombres de la lírica o la escena que por sus tablas han pasado y engrandecido sus propias biografías, para hacer un «tótum revolútum» de estilos y públicos en una concepción de la cultura errática y fuera de lugar, confundiendo la  «Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura» frente a «Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo«, que hasta la popular y excesivamente consultada Wikipedia© explica más detalladamente.

Amén de gaitas y placa conmemorativa con asistencia de distintas autoridades locales, no se cantó «cumpleaños feliz» pero al menos los compases finales de la última función de Sigfrido y El León de Oro pusieron la música en las horas extremas del día que le correspondía soplar velas a esta longeva historia de un teatro que lleva el nombre de nuestro escritor y periodista naviego Ramón de Campoamor gracias a la sugerencia de otro ilustre, Leopoldo Alas «Clarín».
Y el programa que nuestro coro más internacional y laureado eligió para conmemorar la doble efeméride, veinte y 125 respectivamente, también buscó hacer historia y cronología de la polifonía religiosa «a capella», de Lasso a Martin sin olvidarse de nuestro universal Tomás Luis de Victoria. Difícil búsqueda que tuvo la recompensa para el numeroso público de poder disfrutar todas las excelencias de un coro «amateur» que canta como un profesional para compartir con los tolosarras de KEA una segunda parte al alcance de muy pocas formaciones corales.

La primera parte arrancó con el coro de cámara, otra de las virtudes de los «Leones de Marco» en cuanto a combinaciones posibles dentro de su plantilla, con las Lamentaciones (tertia, primi dei) a cinco voces de Orlando di Lasso (1532-1594), impecables y bien explicadas (como el resto del programa) en las notas de la doctora Diana Díaz González. Sumando efectivos y manteniendo calidad nada menos que el Regina Coeli (Tomás Luis de Victoria, 1548-1611), recogiendo lo sembrado por Peter Phillips, enamorado hace años de este coro, del que dijo «es extraordinariamente inusual encontrar un coro grande capaz de cantar música del Renacimiento
con tanta calidad»
, madurando y posando las enseñanzas para dejarnos una versión íntima, equilibrio y pureza, delicada sin excesos -no suele haberlos en «los leones»- para realzar el texto con la música en la mejor línea del abulense, también de oro como esta polifonía seguidora de Palestrina y Trento pero Contrarreforma elevada a lo sublime.

Salto en el tiempo y nuevo aumento de efectivos, coro ideal para el irlandés Charles Villiers Stanford (1852-1924) y su Beati quorum via. Sacar de nuevo obras ya trabajadas por los luanquinos supone recuperar y volver a descubrir matices y presencias, equilibrios con dinámicas increíbles desde la técnica perfecta al servicio de la música, una belleza polifónica que sigue admirando a todos los amantes de la música vocal.

Aún quedaban dos joyas cercanas en el tiempo, del soviético-alemán Alfred Schnittke (1934-1998) sus Drei geislitche Gesänge (Tres himnos sacros) a 8 voces, un despliegue buscando abrazarnos con el sonido siempre único del coro asturiano donde el derroche es emocional, muy trabajado por todas las cuerdas con exigencias solventadas sin problemas (detalles mínimos que no merece ni mencionar) y Nunc dimittis del británico Gustav Holst (1874-1934), una de las obras emblemáticas de los asturianos que siempre suenan irrepetibles dependiendo del lugar donde la canten, jugando con la acústica que en el Campoamor sigue siendo impecable como la versión del LDO.

Armar una obra para sesenta voces uniendo dos coros me recordó el reto de Sigfrido con las dos orquestas. Cuando la dirección es la correcta y el estudio detallado lleva un trabajo minucioso, los retos se alcanzan y la recompensa del éxito es la deseada. El Grupo Vocal Kea que dirige Enrique Azurza son unos profesionales que ya nos emocionaron hace años en la Semana de Música Religiosa de Avilés, compartiendo con LDO ese monumento cultural que se mantiene pese a todo(s) en la Villa del Adelantado. Compartir escuela de dirección y canto (Musikene es un referente internacional) hace fácil lo difícil, por lo que la Messe pour double choeur a capella (2004) del suizo Frank Martin (1890-1974) nos permitió escuchar en Asturias una interpretación irrepetible por lo plena, con Bach en el origen siempre exigente para todo músico, los cinco números del ordinario de una misa que como decía Marco a la prensa (que dejo al final de esta entrada), «se puede disfrutar con oídos ateos» -algún despistado intentó aplaudir entre el Kyrie y el Gloria-. El empaste y afinación de los dos coros fue encomiable, digno de destacarse para una partitura complicada, de registros extremos en todas las cuerdas, con momentos tensos resueltos con brío y aplomo, volviendo a demostrar lo necesario de un equilibro dinámico entre ellas que pocos consiguen, cambios rítmicos, juegos onomatopéyicos de gran riqueza, pinceladas de calidad e intimismo contrastadas con fortísimos nunca estridentes. Aplaudir el trabajo de los directores y coristas para alcanzar la excelencia buscada, difícil, costosa, sacrificada, cercana pero siempre agradecida. El esplendor de este doble cumpleaños no pudo ser mayor musicalmente.

Y como Bach siempre será «el padre de toda la Música», en mayúsculas para evitar errores de concepción, con el sello dorado de colocar parte del coro rodeando al público del patio de butacas, ampliando escenario y sonoridades, el regalo de Knut Nystedt (1915-2014), al que KEA me descubrió en Avilés, con su Immortal Bach, una recreación mejor que «deconstrucción» del coral Komm, süsser Tod, BWV 478 donde las disonancias y juegos dinámicos alcanzados por este tren (coral) Vasco-Asturiano llegó a la estación de Campoamor como la más cálida ceremonia musical para una efemérides a la que le faltaron otros brillos.

Enlaces:
Dos entrevistas a Marco Antonio García de Paz en la prensa regional:
Crítica de Ramón Avello en El Comercio.

Etapas vitales

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Viernes 7 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa OSPA, Clara Mouriz (mezzo), Agustín Prunell-Friend (tenor), Arttu Kataja (barítono), Pablo Ruiz (barítono), Marc Pujol (bajo), Coro «El León de Oro» (director: Marco Antonio García de Paz), Pablo González (director). Berlioz: La infancia  de Cristo, op. 25 (1850-1854).

Viernes de Dolor y etapas de la vida, que como Berlioz decía de esta obra, «ingenua y gentil», limpieza educada por unos intérpretes que no lograron llenar el Auditorio pese a la rareza de una obra poco programada y tener de nuevo en el podio al ovetense Pablo González (1975) que ha heredado de su maestro y mentor el gusto más el conocimiento de esta obra, sumándose el mejor coro asturiano de todos los tiempos con su legión de «leónigans» en aumento y manteniendo el nivel que le ha llevado a lo más alto en el mundo coral internacional.

A menudo de las casualidades surgen verdaderos inventos y descubrimientos que cambiarán la historia. Alejandro González Villalibre, autor de las notas al programa (que dejo enlazadas arriba en el compositor) y conferenciante previo relata muy bien la historia «ante la sublimación del oratorio» peculiar, compuesto por diversión como si de una obra a cuatro partes para órgano se tratase, para descubrir «un cierto aire naif, de devoción rústica en la pieza» añadiéndole la letra en francés e ir convirtiéndose en un coro de pastores despidiendo al Niño Jesús antes de la partida hacia Egipto. Añadiría una obertura más el aria de tenor que se publicó independientemente en 1852 y contando con el beneplácito de un público que le dio la espalda más de una vez. Prosiguió con «La llegada a Sais» dedicada a la Academia de Canto y a la Sociedad Coral Universitaria de Leipzig que tanto ayudaron al triunfo de «La Huída a Egipto» y completaría la trilogía con «El sueño de Herodes» para pasar a denominarse L’enfance du Christ representada como tal el 10 de diciembre de 1854 en París.

Cinco años en la vida de Berlioz contando musicalmente la infancia de Jesucristo para ser interpretados por un coro a punto de cumplir 20 años, una orquesta con 26 desde su constitución, y un director de 41 años, todos desde una madurez ideal para interpretar este oratorio tan poco escuchado organizado en tres partes, sin descanso.

Del plantel de solistas que cantan los personajes del Narrador – Centurión, San José, la Virgen María y Herodes – padre de familia, hubo de sustituirse por enfermedad al bajo-barítono Ralf Lukas por el onubense Pablo Ruiz (1985) de hermoso color -que ya cantó en Oviedo el segundo reparto de Fausto– aunque probablemente sin los graves del alemán pero resultando igualmente convincente en sus intervenciones; bien por presencia, color y potencia el bajo catalán Marc Pujol, y de las otras tres voces ya conocidas  (que enlazo en sus nombres) en otros roles ayudaron a un elenco equilibrado donde el más «flojo» fue el bajo finlandés Arttu Kataja (1979), muy bien la mezzo donostiarra Clara Mouriz y adecuado como narrador el tenor Agustín Prunell-Friend, tras el Elías de hace tres años.

La plantilla orquestal para este oratorio de Berlioz es la ideal para nuestra OSPA, hoy con Eva Meliskova de concertino, pudiendo brillar nuevamente con luz propia en todas sus secciones. Con un Pablo González que les entiende a la perfección, las sonoridades siempre estuvieron trabajadas, con poco vibrato en las referencias a Bach (que Marco y Zorita comentan amigablemente en OSPA TV), dinámicas ayudando a las intervenciones corales y solistas, incluso fuera de escena, limpieza en cada pasaje, silencios subrayando el drama y un trabajo colorista casi íntimo para una obra más gentil que ingenua, pues la aparente sencillez en la escucha esconde pasajes de orfebre orquestal como siempre fue el francés, maestro de la instrumentación como pocos. A destacar el trío de ismaelitas con las flautas del matrimonio Pearse y el arpa de José Antonio Domené con las luces apagadas solo iluminados desde el atril en uno de los momentos instrumentales más delicados de todo el concierto, así como un órgano fuera de escena acompañando a las voces angelicales perfectamente encajado con ellas y la orquesta, que no le vi salir a saludar.

Y como «leónigan» confeso, nueva demostración de calidad excelsa a cargo del coro que dirige Marco Antonio García de Paz, capaz como pocos de afrontar nuevos retos como el de esta partitura de Berlioz, 20 voces graves y 22 blancas perfectamente ensambladas, afinadas, de ataque y emisión exacta, compenetrados pese al relevo natural de una cantera envidiable que mantiene el nivel con los veteranos, pilares que dan confianza y magisterio a la siguiente generación. Aunque hubo parte del público a la que no gustó las entradas y salidas de escena de coro y solistas a lo largo de la obra, hay que reconocer que ayudaron al dinamismo y en cierto modo a «poner en escena» este oratorio berliozesco. Si la primera intervención de los hombres resultó convincente, las mujeres fuera de escena resultaron angelicales y presentes desde la buscada lejanía. En conjunto siguen siendo únicos, potentes y sensibles, con unos matices llenos de delicadeza que Pablo González aprovechó al máximo para alcanzar un final con el tenor y «El León de Oro» verdaderamente prodigioso e impactante por la «sorpresa» de comprobar que Berlioz puede acabar sin estridencias orquestales decantándose por la gentileza vocal de escritura idónea en la interpretación de este concierto extraordinario.

La música seguirá como la propia vida, madurando hacia la plenitud, tanto compositiva como interpretativa e incluso auditiva de los aficionados, pero la infancia siempre nos dejará recuerdos imborrables en nuestra etapa vital.

Carta a SS. MM.

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Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados «Años Mahler» sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»
con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria, la OCAS, nuestros coros («El León de Oro», grandes, chicas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera (Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro…) en mi querida Asturias.
Mantengo mi ilusión en tener a Pablo González (que será padre en este 2017) como director de un acontecimiento que me copió Dudamel, al que le perdono todo… incluso que mi tocayu quisiese llevarlo hasta Barcelona…
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en el recién acabado 2016 siguieron «a tope» y haciendo historia siempre desde casa con nuevo disco).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid) o Diego Fernández Magdaleno. Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, Jorge Méndez y del siempre «redescubierto» Guillermo Martínez, esperanzado de que los llamados gestores culturales se olviden de esta crisis que parece no acabar, y les den mucho trabajo… ¡No más recortes por favor!,
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis violinista favoritos Ignacio Rodríguez y María Ovín (hoy en la OSPA), para traerles mucho éxito en suss estudios fuera de Asturias y trabajo en casa, aunque yo me sumo a esos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado.
De mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan y más, sé que Vds. lo saben por ser Magos, aunque 2016 haya sido bueno en lo personal con un Luca que apunta maneras musicales…
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mis papás dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela, aunque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor no me haya gustado mucho…
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos amigos músicos que tengo repartidos por el mundo (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción vaya apareciendo menos en nuestra cotidianidad y que la crisis se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde «tijeretazo» se escuche menos que «hoja de ruta» ¡lo qué ya es decir!, para este año 17 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar «duros de oreja» (supongo que con los recortes sanitarios no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone). A propósito, si pudieran parar definitivamente la Ley Wert donde la música en la educación es algo ínfimo y optativo, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales.
Gracias a Los Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

Dorada noche blanca

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Viernes 7 de octubre, 20:30 horas. Noche Blanca 2016, Oviedo: Iglesia Santa María la Real de La Corte. Coro «El León de Oro», Marco A. García de Paz (director): «Intimate & Brilliant. El lenguaje eterno del alma», obras de Nicolas Gombert, Orlando di Lasso, Dominique Phinot, Manuel Cardoso, T. L. de Victoria, Cristóbal de Morales y G. Palestrina.

Como «leónigan» confeso tenía muchas ganas de volver a escuchar al mejor coro español de los últimos años (no me ciega la pasión), juvenilmente maduro y con una cantera o banquillo que le permite mantener sus cualidades primigenias siempre agrandadas con el duro trabajo para seguir creciendo en busca de la perfección. Hace tiempo comenté que hay un antes y un después de Peter Philips, sobre todo en el repertorio renacentista que ha enamorado a los ingleses, algo como vender nuestro queso asturiano en Suiza o Francia, porque este repertorio tiene mucha hondura además de dificultad enorme solamente al alcance de muy pocos, y nuestro coro gozoniego puede afrontarlo con la calidad británica sumándole la pasión española, tal vez la fórmula del triunfo.

Los motetes que conformaban el largo concierto (alcanzó el aforo completo y cola previa), exigen claridad en la dicción del texto latino y religioso, subrayándolo, engrandeciéndolo, no ya en las partes homofónicas sino, y especialmente, en los contrapuntos que además obligan a un color homogéneo en todas las voces, independientemente de cantar a 4, 5, 6 voces… a doble coro o en formación de cámara. El León de Oro tiene capacidad, técnica, empaste y todas las virtudes corales que son su sello propio. Sumemos el exigente y casi diabólico tactus que supone un entendimiento total con el director para alcanzar estas cotas de virtuosismo vocal por lo que no es de extrañar que P. Philips quisiera volver a trabajar con este coro un programa que repasa estilos y escuelas para llevarlo al disco el pasado mes de septiembre (que probablemente se edite en un Reino Unido en pleno «Brexit», otro hito del LDO equiparable al comentado de nuestros quesos), diez obras que el coro fundado en Luanco ha trabajado con tanta perfección que hasta el oro quedó «niquelado». El título del concierto (y del disco) expresa muy bien las dos partes, con algunas obras que ya tienen en su repertorio hace tiempo pero que con los años han adquirido el poso interpretativo tan característico de «los leones».

El Intimate lo conformaron cinco motetes luctuosos y lamentaciones de Semana Santa, hondos, expresivos y reflexivos, obras a seis voces como las del gran Orlando di Lasso al que tienen «pillado» hasta el mínimo detalle recreándose en los matices hasta el grado sumo, o el «descubrimiento» del franco-flamenco Phinot con un doble coro que volvió a demostrar la versatilidad de una formación que suena increíble en cualquier combinación y número, siempre buscando el equilibrio sonoro perfectamente reflejado en la acústica de «La Corte«. Me gustó también escuchar al portugués Cardoso porque completaba este repaso de escuelas que bebiendo de la misma forma y texto son capaces de crear obras distintas en su expresión que el LDO transmite con generosidad y magisterio, máxime en una obra a seis pletórica de luminosidad vocal.

Un breve descanso para Brilliant con nuestro «siglo de oro de la polifonía» con Lasso y Palestrina pareciendo pugnar por componer himnos marianos que las luces «ad hoc» del templo de la Plaza de Feijóo reforzaron iluminando la imagen de Nuestra Señora en la Festividad de la Virgen del Rosario, motetes cual vidrieras vocales por los contrastes perfectamente cantados en combinaciones variadas, sin cambios de color que el directo disipó cualquier duda de montaje en estudio cuando llegue el disco, juegos panorámicos de homogeneidad en emisión y empaste pero también en intención y emociones. Si los italianos juegan con el virtuosismo polifónico, Morales y Victoria resultan no ya tridentinos por obligación sino escurialienses férreos capaces de alturas y brillo propio a doble coro, fortaleza en los graves frente a la luz de las voces blancas.

Bisar el «aleluya» del Regina Coeli resultó el colofón ideal de un concierto hondo, exigente, para paladear en cada obra, confirmando que este «león» no solo ruge sino que es capaz de poner el oro a esta primera noche blanca. El sábado en el Museo de Bellas Artes, Aurum, la cantera femenina con Elena Rosso volverán a corroborar el refulgente momento vocal con un futuro asegurado a largo plazo en la gran noche cultural ovetense.

Programa:
«Intimate»
Media vita (Gombert)
Media vita (Lasso)
Lamentations (D. Phinot)
Lamentations (Cardoso)
«Brilliant»
Regina coeli (Victoria)
Regina caeli (Morales)
Regina caeli (Lasso)
Laudate pueri (Palestrina)

Bach (con)vence a Händel

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Llevaba tiempo con ganas de acercarme a las maratones musicales que la Fundación Bilbao 700 organiza el primer fin de semana de marzo en el inmenso Palacio Euskalduna, siempre con un tema común, a precios asequibles y la mayoría de conciertos en torno a la hora de duración, para poder acudir a varios y organizar cada uno su programación, este 2015 nada menos que 75 conciertos ofertados en «Musika-Música» durante 3 días de festival.

Las comunicaciones por carretera desde Asturias se han ido mejorando con el tiempo en lo que a carreteras se refiere, así que escaparse a Bilbao siempre es un placer, aprovechando efemérides familiar para unir pasiones que mis lectores conocen: música, viajes y gastronomía. Además este año había amplia representación de «la tierrina» por lo nada mejor que apoyar a los músicos de casa, pulsar la opinión de otros públicos, escuchar obras e intérpretes a los que admiro, saludar amistades y sobre todo disfrutar de la vida porque sólo tenemos ésta y no sabemos cuánto nos durará.

Sin hacer una crónica de un fin de semana donde apenas pisé el centro histórico, asistiendo a ocho conciertos desde el viernes 6 a las 18:00 horas hasta el domingo 8 a las 16:00 de los que fui subiendo las respectivas impresiones (tituladas como Toma N) que algunos llaman críticas y yo prefiero llamarlas comentarios de un musicógrafo, siempre con el permiso de Luis Suñén -a quien pude saludar en esta maratón-, me gustaría dejar aquí unas pinceladas que en el día a día se quedan fuera de las entradas.

Con el tiempo justo, hotel reservado cerca y a la búsqueda de cajeros que imprimiesen las entradas compradas desde casa pero no imprimibles para este macroevento, al no estar numerada ninguna sesión, tuve el primer «percance» con La BBK al terminarse el papel y quedarme a medias perdiendo incluso una de las de la primera jornada que tampoco solucioné en el siguiente cajero en el Zubiarte. Asustado por las colas me dirigí a la taquilla donde resolvieron sin problemas la incidencia comentándome que había un cajero exclusivo para las entradas detrás de los habituales en otras salas, pero que en la página indicando los posibles no figuraba. Con todo, amabilidad a raudales y una vez dentro nos dispusimos a disfrutar de la primera jornada.

Increíble el despliegue técnico en esta catedral de la música (la del fútbol cerca de la que también hablaré) para cinco salas nombradas con lo más representativo de los músicos a los que este año se dedicaba el concierto, Bach y Händel, sin olvidarse de los «kioskos» Collegium Musicum de Leipzig dentro del recinto y abierto donde actuaban distintas agrupaciones y alumnos de conservatorios venidos de distintos puntos, gente joven que son realmente los protagonistas de este festival. Un total de 820 artistas a los que se acredita con un «cipol» que les permite acceder a los distintos conciertos en el último momento siempre que haya entradas disponibles. Se respiraba música por todas partes, juventud cargada con sus instrumentos disfrutando de los maestros y conviviendo un fin de semana con lo más granado del panorama concertístico europeo, sino mundial. El resto del público impresionante, muchos franceses por la cercanía, seguidores, amigos y familiares de artistas, muchos melómanos locales en una capital con larga historia musical, y el personal atento a todas las incidencias.

Cada sala se vaciaba por completo, cerraba y volvía a abrirse para el siguiente concierto, con las colas correspondientes para intentar acceder a la mejor localidad, todo con una educación exquisita donde no faltarían caraduras profesionales como en todos los sitios. También se aprovechaba para charlar de lo humano y lo divino, encontrarte artistas que también fueron público, con quienes comentar conciertos, experiencias, proyectos, haciendo de la espera una tertulia irrepetible. Para quienes tenían «huecos» en su agenda, había stands de publicaciones como mi seguida Scherzo y una tienda de discos y partituras donde no faltaba un amplio surtido de los artistas programados.

Y una vez dentro del palacio con cualquier entrada, asistir al «kiosko» donde la música tampoco paraba. Los datos son impactantes: 33.800 entradas vendidas, 51 de 75 conciertos completos y la promoción de la música con Bilbao como epicentro en estos tres días. Todavía existen personas que consideran la cultura como una inversión y fuente de ingresos, desde la calidad y buen hacer. la llamada cultura naranja, el turismo cultural tan habitual en países de nuestro alrededor debería incluirse en las agendas de nuestros gestores políticos que a fin de cuentas manejan nuestros recursos pero no siempre con acierto, y menos con la disculpa de la crisis.

Por lo menos en Bilbao no se notó. El Euskalduna llegó a competir con San Mamés el sábado, dos catedrales de fútbol y música, el Athletic vencía por la mínima al Real Madrid, Bach a Händel, ambiente festivo, calles llenas, bares y restaurantes a rebosar, Bilbao soleado ofreciendo postales inimaginables en estas fechas. Toda una fiesta. La gastronomía daría para un blog específico y ya se sabe cómo se come en el norte. Por supuesto tenemos familia y amistades en «el botxo» con las que pudimos encontrarnos aunque fuese con la rapidez de una visita médica. Esta vez la música tenía la etiqueta de «full time» pero siempre volvemos.

 

De los entresijos me fui enterando por distintas fuentes, comentándome la llegada de más de veinte camiones con material, un número ingente de claves con varios afinadores profesionales que tenían siempre a punto el instrumento rey, con permiso del órgano, en este espectáculo barroco, operarios cambiando tarimas, moviendo sillas, todo cronometrado y con unas tripas no visibles pero que resultan el corazón del espectáculo, sin olvidarme de las azafatas y azafatos más todo el personal de plantilla del Euskalduna. Catorce años supongo que dan la experiencia para una organización impecable, con ligeros y perdonables incidencias que no influyeron en la nota final de sobresaliente.

Musicalmente el nivel variaría dependiendo de muchos factores, aunque no debo olvidar que algunos artistas afrontaron hasta cuatro programas distintos con todo lo que ello supone de esfuerzo físico y mental. Quienes me leen conocen mis pasiones musicales y artísticas, Bach es Mein Gott y con él disfruté de lo lindo el viernes noche con los alemanes y la «Pasión de San Juan», el domingo por la mañana al piano con la recreación de Bussoni, y el sábado con las de Stokowski, en este orden de satisfacción. Con Händel hubo más cantidad pero menos calidad, puede que mis querencias jueguen a favor del kantor.

De los intérpretes «leónigan» convencido y «en Forma», si los unimos en concierto ya se sabe dónde vamos a estar. Como curiosidad, este viernes mi señora «sufridora» se encontraba en Almería por razones profesionales, y no perdió la ocasión de asistir al concierto de Forma Antiqva en la Iglesia de Las Claras, animándola a escribir unas líneas como colaboradora desde hace 24 años en mi vida, compartiendo todas las pasiones. En Bilbao acudimos a escuchar tanto a nuestro querido LDO, a los Zapico’s con distintas formaciones, y al Zapico mayor con la OSPA, dirigiendo también Milanov el sábado, la tercera pata del «tayuelu» suficiente para sustentarse en cualquier terreno y llenarnos de pequeño orgullo patrio comprobando que la «Marca Asturias» funciona también con nuestros músicos además de la sidra o los quesos.

A otros intérpretes les sigo y escucho en Oviedo, otra capital musical que sigue en los circuitos de ellos, por lo que no podíamos faltar al concierto de Carlos Mena, a Dani Oyarzábal tanto en el continuo como de organista solista con nuestra OSPA, y sobre todo al del pianista Luis Fernando Pérez, conciertos elegidos que sabíamos no defraudan nunca. También escuchar repertorios nuevos como esa pasión de Händel que los langreanos han rescatado, desempolvado y rehecho con el buen gusto, calidad y trabajo constante en una carrera asentada tras quince años, que continúa en ascenso. Siempre un orgullo apoyar lo nuestro.

La vuelta a casa se hizo llevadera a pesar de la niebla en este Mordor del Norte, y las experiencias engrosan mi mochila de la que alguna vez sacamos y compartimos con quienes me leen.

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