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La cercana lejanía argentina

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«Argentina Songs». Soledad Cardoso (soprano), Quimey Urquiaga (piano). Ibs classical. ISBN: 8 436597 700405.

Una verdadera «Gala de la canción de cámara argentina» grabada en el granadino Auditorio Manuel de Falla los días 7 al 9 de agosto de 2021, con una excelente toma de sonido de Cheluis Salmerón y la producción de Paco Moya para este sello español que literalmente nos transporta a ese auditorio con tan buenos recuerdos, disco que se publicó el pasado año con dos intérpretes de esa querida tierra hermana: la soprano Soledad Cardoso (Santa Fé, 1975) y la pianista Quimey Urquiaga (Bahía Blanca, La Plata, 1989), que reúnen música y literatura de cinco compositores con obras vocales donde los versos elegidos ya son de por sí maravillosos.

En la llamada «Canción de concierto», la música eleva la literatura a un plano superior, y desde esta misma visión también se comparte el protagonismo entre voz y piano. Si además quienes interpretan estas veintisiete canciones las llevan en sus genes con todo el acento de su tierra, unido a una larga trayectoria profesional, estamos ante un amplísimo repertorio «nuevo» para muchos, entre los que me incluyo, abarcando desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la década de los años 60 del siglo pasado, cien años de obras variadas, unas nacidas en torno al Centenario de la Revolución de Mayo junto a otras con la herencia del rico folclore sudamericano que directa o indirectamente subyace en todas y cada una de ellas, pues los músicos llenan sus alforjas de lo cercano que engrandecen al llevarlo a las salas de concierto. Así es el ambiente y emoción que respira este disco.

Comienza sonando el compositor más conocido a este lado del Atlántico, el santafesino Carlos Guastavino (1912-2000) con cuatro canciones de la primera parte de la década de 1940, tres de ellas con textos de la chilena y Premio Nobel de Literatura en 1945 Gabriela Mistral no tan conocidas como otras más popularizadas, pero igual de universales: El vaso, Riqueza y Piececitos poseen la sensibilidad propia de cada poema y la riqueza melódica con que las dota el compositor, uniendo fronteras sudamericanas desde una visión social con los poemas elegidos. La soprano afincada en Barcelona Soledad Cardoso les imprime toda la emoción que con el piano de Quimey Urquiaga en perfecta sintonía nos amplía a los melómanos estas maravillosas canciones con la hondura poética de la escritora chilena, registros graves muy redondos, medios equilibrados y agudos timbrados.

Otro tanto sucede con las siguientes, maravilloso reflejo del auge que en los años 60 alcanzaría este folclore a nivel mundial con distintos solistas y agrupaciones, que Guastavino destila para la voz con el piano, siempre exigente porque comparte el protagonismo en un tándem inseparable. Anhelo (texto de Domingo Zerpa), reposado, respirado, el piano siempre acertado, las Noches de Santa Fé (poesía de Isaac «Guiche» Aizenberg), verdadera delicia de canto a la tierra natal, donde la emoción se hace música en la voz de la soprano argentina con el impecable piano de su compatriota en rítmica conjunción santafesina, y después Mi viña de Chapanay (letra de León Bernarós), que mantienen los ritmos cercanos para muchos, como la cueca de Cuyo en la Mendoza tierra vinícola. La métrica tan rica de los textos que la música realza aún más, la sencillez formal con la carga emocional de Guastavino tanto para la voz, limpia en todo el registro, como para el piano rico en el acompañamiento. Geografía de sentimientos poéticos con los que la música interpretada por estas dos mujeres ahonda en cada estrofa, cadencia de esa lejana y tan cercana tierra.

Desde aquí, todo un descubrimiento de música argentina con distintos compositores. Primero Gilardo Gilardi (San Fernando, 25 mayo de 1889 – Buenos Aires, 16 enero 1963), enmarcado en la llamada «Generación del 80», que escribe su ciclo Trece canciones argentinas sobre textos de Leopoldo Lugones, los cortes 7 al 19 donde cada título ya indica la intención de esa feliz unión literaria y protagonismo compartido entre voz y piano, el «lied argentino» sin complejos, rebosante del sabor desde la tierra hermana. Quiero destacar el interesante el libreto con todas las letras, también traducidas al inglés, con la introducción de la profesora de la Universidad de Buenos Aires Silvina Luz Mansilla, poniéndonos al día con estos artistas que deberíamos conocer un poco a este lado del Atlántico, más siendo la música el mejor medio para ello. De Leopoldo Lugones escribe la docente que fue protagonista de la llamada época de «fervor patriótico por las conmemoraciones de la década de 1910», y los trece poemas proceden de su Romancero (1924). De nuevo los ritmos del altiplano, de Chile a Perú o Bolivia, que mi generación descubriese con los «míticos» Calchakis, Cafrune, Yupanqui, Quilapayún o Chalchaleros, junto a tantos emigrados a Europa (recuerdo igualmente a Inti-Illimani o Claudina y Alberto Gambino entre muchos más) durante aquellos duros años de dictaduras, con paradas en la Madre Patria estrenando democracia o en el París que siempre les acogió con los brazos abiertos. Vidalitas, zambas, chacareras… Gilardi y Lugones nos cuenta la profesora Mansilla que compartieron amistad, aficiones y paseos por el Botánico de la capital porteña. También la propia rítmica que las poesías contienen, Trece lieder estrenados a fines de los años 20 e inicios de los 30 (el quinto y el último) aunque todo el conjunto no se publicaría hasta finales de los 60, qe parece fue la causa de su escasa difusión, y que el dúo Cardoso-Quimey está llevando en sus conciertos. Agradecerles a ambas esta parte de recuperación del ciclo al completo, con títulos tan sugerentes y evocadores («Lied de…») como hermosos al interpretarse: I. Del pájaro y la muerte, piano como lienzo donde plasmar ese pájaro de la soprano; II. De la estrella marina, el Atlántico reposado a dúo; III. Del tesoro escondido y escucharlo para descubrirlo en un diálogo tan bien escrito como interpretado, pleno de ritmo y potencia; IV. Del amor verdadero, lirismo y delicadeza; V. De los ojos amados, remanso en cada frase, tesituras delicadas, dulce enamoramiento musical; X; VI. De las manos amigas al piano delicado vistiendo con perlas un canto que la soprano delinea con agudos limpios como la propia escritura; VII. Del viento y de la fuente, otro remanso para degustar el paralelismo entre voz y piano, fuente y viento cristalinos; VIII. De la boca florida, un ramillete grácil a dúo de reminiscencias goyescas emigradas a la tierra de los gauchos; IX. De la gracia triunfante que derrochan las intérpretes en este noveno «lied»; X. De la ciencia de amar y del buen hacer musical; XI. Del misterio gentil desvelado  musicalmente tras una chopiniana introducción que con ritmo contagioso canta la soprano ya con el aire propio; XII. De la eterna ventura que supone esta penúltima canción del ciclo, y XIII. Del secreto dichoso convertido en música, pausada y sentida por este dúo. Hermoso color vocal de Soledad Cardoso con esa entonación suya de fraseos que realzan cada poema cantando música de su tierra con el piano compatriota y cómplice.

Del mismo Gilardi dos canciones más: la Danza irregular de la famosa Alfonsina Storni, la poetisa fallecida trágicamente en 1938 (cuyo final nos lo describió en 1969 el porteño Félix Luna y musicó a ritmo de zamba otro santafesino, Ariel Ramírez, cantándolo como nadie «La Negra» tucumana), más la Canción de cuna india, una vidala del noroeste argentino con letra de Ana Serrano Redonnet para reponerse del impulso previo, adormecer el ánimo manteniendo el espíritu intimista de este hermoso «arrorró».

Si el disco respira Santa Fé por todas partes, algo que se palpa en cada canción, estas últimas completan este acercamiento al recuperado maestro de San Fernando (provincia de Buenos Aires), que curiosamente firmaba sus partituras con RIP (no sólo que descansaran en paz sino su lema: Resistir, Insistir, Persistir).

El disco prosigue con la compositora Lía Cimaglia Espinosa (Buenos Aires, 30 de agosto 1906 – 1 de noviembre 1998), destacada pianista de quien Arthur Rubinstein dijo una vez que «(…) posee un verdadero temperamento de artista y de pianista; es decir, tiene el fuego sagrado que comunica al auditorio todas sus emociones musicales». Así se refleja en el acompañamiento de las dos composiciones: Balada (con texto de Susana Calandrelli), melodía vocal de largos fraseos bien resueltos y ese ropaje pianístico; después el Botoncito, poema infantil de Gabriela Mistral, un referente para los niños sudamericanos, de los hijos de tantos emigrados como las propias intérpretes, y como alguien escribió, «sólo apta para corazones sensibles». Soledad y Quimey nos acunan y llevan a la infancia con esta nana universal sintiendo y cantando a su tierra desde Cataluña, feliz punto de encuentro de estas dos artistas que parecían predestinadas para hacernos llegar estas melodías de su tierra.

Otros dos «descubrimientos» para quien suscribe: Emilio Antonio Dublanc (La Plata, 1911 – Buenos Aires, 1990), de la llamada «Generación del 39 en Argentina», con Tres canciones de Soledad (y textos de la gualeguaychuense Hortensia Margarita Raffo publicadas en 1950: Por eso, Mi sueño y ¿Por qué?dedicadas a Brígida de López Buchardo, breves y profundas tanto en el canto como en un piano de graves rotundos con la última dejándonos un interrogante abierto que sólo se responde musicalmente.

Y por último el turinés, emigrado como tantos italianos a Argentina, Arturo Luzzatti (1875-1959), que trabajase en el Conservatorio Nacional y dirigiría la orquesta del Teatro Colón -que compuso el famoso «Himno a San Martín«-, cerrando el disco con Coplas (Rafael Jijena Sánchez), aires de Tucumán con paisajes de Catamarca en un compositor que bebió el folklore cual mate musical y el dúo Cardoso-Urquiaga nos dejan todo el sabor de su tierra en ese final por todo lo alto.

Mi gratitud por este documento sonoro que disfrutaré largamente, a ser posible en esa cercana lejanía argentina.

Recuperando la figura de Jesús González Alonso

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La Colección «René de Coupaud» está recuperando nuestro patrimonio musical asturiano con grabaciones que son auténticas joyas documentales y documentadas, y poco a poco van apareciendo con mucho trabajo nuevos títulos (hasta ahora uno cada dos años). Primero fue el CD doble dedicado a «Tres misas de gaita. Entre la tradición y la conservación del patrimonio asturiano» donde mi memoria retrocedió muchos años hasta San Marcelo en Cornellana con el siempre recordado Lolo. El segundo volumen sería un CD con DVD dedicado al malogrado teclista «Berto Turulla. Una mirada moderna a la música popular de Asturias», que de nuevo me llevaría a otro viaje temporal, a mis años de juventud cuando los teclistas escuchábamos sus intervenciones y envidiábamos su arsenal de sintetizadores en todas las formaciones con las que estuvo.

El pasado día 9 de enero tuvo lugar en el Antiguo Instituto Jovellanos de su Gijón natal la presentación del volumen 3 «Jesús González Alonso. Ecos de un pianista gijonés en la Escuela Superior de Música de Viena«, donde al fin pude hacerme con la música grabada de este gran pianista que marcaría mis estudios de piano tras escucharle en Oviedo cuando ganó en 1971 el Concurso de Casa Viena, y posteriormente en Mieres con el programa que dejo a continuación, donde interpretaría este repertorio que dominaba como pocos y le llevó hasta Helsinki, Frankfurt, Hamburgo, Viena y posteriormente a San Sebastián donde moriría prematuramente con solo 41 años en el mejor momento de su carrera profesional y docente.

A Jesús González Alonso (Gijón, 1946 – San Sebastián, 1988), el ayuntamiento de su ciudad a título póstumo en 1990 al menos le ha dado una calle a tan ilustre gijonés. En la presentación del Libro-Disco se contó con la presencia de su hermana Blanca (guardiana de su legado) junto a Manuel Ángel Vallina, concejal de cultura del Ayuntamiento de Gijón, y Eduardo G. Salueña, verdadero hacedor de este proyecto y digno «heredero» de nuestro querido René, así como Miguel Barrero, director de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón, y José Ramón Méndez Menéndez, uno de sus alumnos que siguen teniéndole como referente, también emigrado, y que es el organizador y director del festival internacional de piano que lleva el nombre del maestro gijonés desde 2011.

Con amplia difusión en los medios de comunicación asturianos, de los que dejo algunas capturas de pantalla aquí, al fin pude hacerme con la música grabada del gran pianista, alumno en sus inicios gijoneses de Enrique Truán (otro gran docente a los que seguirían Cubiles, Carrá y tantos), que marcaría mis estudios de piano tras escucharle en Oviedo cuando ganó en 1971 el Concurso de Casa Viena que se celebraba en el antiguo Conservatorio de la calle Rosal a principios de septiembre (aunque ya por aquel entonces acumulaba muchos premios), coincidiendo con mis fiestas de San Mateo en casa de los abuelos, y posteriormente en Mieres el 28 de febrero de 1972, donde iba pertrechado de una grabadora de casete (que borraba para el siguiente concierto tras horas de escucha como alguna vez le comenté a otro querido maestro gijonés de la misma generación que Jesús González) con el programa que dejo a continuación:

Recuperar su música grabada (gratitud al sello Zweitausendeins© para quien grabó estas músicas en formato analógico, remasterizadas por Fernando Oyágüez Reyes) es un auténtico disfrute además de un «viaje al pasado»; sumemos el libro que acompaña este tercer volumen, con fotos del archivo de su hermana (que también ilustran esta entrada) y textos de Sheila Martínez Díez con los del citado José Ramón Méndez, completa no ya mis recuerdos sino la necesaria historia bien documentada del malogrado pianista gijonés.

Poder volver a escucharle con Mussorgsky y Gershwin (grabados en 1979) sigue siendo toda una referencia por su interpretación y sonoridad. Otro tanto de los autores españoles (1982): Albéniz (qué pena no tener su Iberia completa), Esplá o Granados, convirtiéndole en una de los embajadores de nuestra música; y de auténtico regalo la digitalización de la Sonata 50 de Haydn (custodiada en cinta de bobina por su hermana), corroborando el magisterio en todos los estilos y épocas del piano que atesoraba el gran Jesús González Alonso. Las fotos son recuerdos imperecederos, pero además poder escucharle en el extracto de su entrevista para el programa «Música Ficta» de Radio Gijón (24/04/1981) con Avelino Alonso nos deja su voz y amplia visión musical.

Desconozco si desde Gijón tendremos más volúmenes ni a quien se dedicarán, pero verdaderamente los tres actuales son ya tesoros que guardo en formato físico, pues el de la memoria continúa para siempre y las emociones siguen a flor de piel, más con Jesús González Alonso. Lo bueno de cumplir años es seguir llenando esta mochila de la vida.

Mi felicitación al Taller de Músicos de Gijón con Eduardo al frente no solo por este regalo más allá de lo personal, y por supuesto al Ayuntamiento de Gijón por apoyar esta colección imprescindible para melómanos «omnívoros» donde este tercer volumen rescata del inmerecido olvido a mi siempre admirado Jesús González Alonso.

De NY a OV

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Viernes 20 de enero, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo Jazz. Moisés P. Sánchez 4tet: Dedication II. Entrada butaca: 8 €.

Un conocido slogan llevado a pegatinas y todo tipo de merchandising ponía «I❤️NY» que este viernes de Jazz podría cambiarse por  «I❤️OV» siendo Oviedo un pequeño New York con la música del Cuarteto de Moisés P. Sánchez (Madrid, 1979) que presentaban 13 años después de su Dedication la segunda parte tras una grabación donde junto al pianista madrileño también estuvieron el contrabajo de Antonio «Toño» Miguel (Zaragoza) y el saxo tenor de Javier Vercher (Madrid, 1978), más la batería de Borja Barrueta (Getxo, 1975) que para esta gira patrocinada por el CNDM (donde es artista residente) y la posterior grabación cuentan con la joven Naima Acuña (Londres, 1988) quien con ese nombre tan coltraniano por sus padres de Pontevedra, estaba predestinada al jazz y nos sorprendió gratamente en este concierto. Este regreso hecho música de NY a OV con el Moisés P. Sánchez 4TET pareció la banda sonora de Williams B. Arrensberg, el viajero o emigrante cercano del siempre recordado Úrculo, vista a la Catedral y maletas llenas de sentimientos.

En poco tiempo Moisés P. Sánchez volvía a Asturias, pero si en Gijón nos acercó a Bach, en esta «Dedicatoria» nos trajo la música y el músico (como bien nos explicó el propio pianista a un Teatro Filarmónica lleno hasta la bandera recordando a Philip Glass), el disfrute para todos y la profesión no ya de intérprete sino también como compositor de unos temas muy trabajados y variados en inspiración y escritura, llenos de matices, cambios de ritmos, estilos y enfoques siempre ricos en las exposiciones pero todavía más en las improvisaciones, ese «cocer» las melodías en vivo, el directo irrepetible y grandioso para un concierto que tocaba este cuarteto tras la presentación en Madrid.

Arrancando con una Dedication trece años después nos pondría en ambiente Moisés con P de Picasso, el pintor universal del piano capaz de sonar como Jarret o Evans, McCoy Tyner junto a Mehldau o Corea, e incluso toques de Chano con Camilo, músicas atlánticas caribeñas pero con sello propio, «Moisés P punto» dominador de todos los lenguajes desde el suyo, excelente dibujante, académico azul y rosa, colorista, cubista y gigantista por equipararlo con el malagueño universal del que este años se cumplen los 50 años de su muerte. Y la paleta del trío se engrandece con un saxo tenor de paleta tan grande como la del maestro,  Javier Vercher jugando con la caña para engrandecer cada tema, evocaciones de Coleman Hawkins y John Coltrane, de Benny Carter y Ben Wester, Dester Gordon, Lester Young y Charlie Parker, pero incluso nuestro Iturralde, tantos maestros donde el saxofonista madrileño, como su paisano y amigo pianista, han bebido. Cada tema e improvisación de Sánchez con la réplica sonora de Vercher. Y la sección rítmica increíble, rotunda, clara y precisa, creativa del contrabajo del seguro Toño Miguel más una batería de Naima Acuña que con un set no muy grande logró una tímbrica hermosa, baquetas, escobillas, mazas o manos, unos platillos más allá de lo ambiental y sobre todo un toque de caja luminoso, clamorosamente colorido, imprescindible incluso en los silencios.

En esta dedicatoria nueva desfilamos por Pennsylvania con el hotel, hoy desaparecido, del mismo nombre en el 401 de la 7ª Avenida de Manhattan, justo enfrente de la estación Pennsylvania Station y el Madison Square Garden, cercano al estudio de grabación donde Moisés esperaba al ayudante de sonido que no aparecía. Recuerdos de angustias previas y felicidad final tras unos tiempos de juventud que hoy son el poso a una vida con el piano protagonista siempre, el jazzman que transita por estados de ánimo, imágenes llevadas a los pentagramas casi papiros o periódicos del día a día. Otro tanto de Melancolía necesaria para disfrutar del cuarteto, ambientes, atmósferas, el plato cocinado por los cuatro donde cada solo, cada combinación tímbrica nos llevaría por tantos mundos que conviven en la música por excelencia del siglo XX, ya interiorizada sin etiquetas en el actual. Obras que funcionan como suites, unidas por un músico que disfruta y contagia su música, polirritmias, acordes melódicos, exuberancia sonora y todos los calificativos que mi tocayo Pablo Sanz nos deja en las notas al programa.

Seguirían los estrenos, y Dedication II como reflejo de los trece años que llenan la mochila, mucho trabajo y menos pelo, el estudio por tantos estilos y compositores, de Shostakovich a Gershwin pasando por Beethoven (su próximo acercamiento), Europa y el Caribe aterrizando en los EEUU que tanto han influido en la historia, la musical incluida. Introducción libre, efectista, evolución bebop, tributo «clásico» a Chopin o Rachmaninov (otro de aniversarios) y el siempre insustituible Waltz for Debby del «dios Evans» sonando en esta dedicatoria segunda.

Y entre dioses no podía faltar «el Monje«, The Monk con una intro de Naima portentosa, poderosa, seguida por un Javier heterodoxo, el sustento de Toño y el vuelo por el universo de las 88 teclas pero sacando color al blanco y negro, banda sonora sentimental, sonido expansivo muy bien amplificado por los técnicos de la casa. La iluminación la pondría el 4TET de Moisés.

Para cerrar programa otra «locura» del músico y compositor transversal (como así le han definido), Dodecatónico, con intervenciones de sus tres músicos impresionantes para una partitura compleja por sus motivos dodecafónicos, polirritmias, matices extremos y las genialidades del directo que dejaron atónito a un público tan variopinto como la música del Cuarteto y el empuje de la gallegolondinense.

De propina Nobody knows what’s behind (Nadie sabe lo que hay detrás), títulos en inglés como Naima y el origen primigenio para esta segunda parte que también es buena contradiciendo el dicho, impregnada en mi memoria del mejor Bach y el recuerda de su Cantata 147, alegría de los hombres de buena voluntad tocados por el eterno y universal lenguaje de la música.

Los tríos de José Castel una joya en disco

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José Castel (177-1807): String Trios. Concerto 1700. Daniel Pinteño. Ref. 170005.

Cada vez se hace más necesario reconocer el enorme trabajo de la Musicología en España desde aquellos ya lejanos años 80 en que la Universidad de Oviedo con Emilio Casares pondría la primera piedra de una labor que el tiempo ha ido dando sus frutos expandiendo al resto de universidades españolas varias generaciones de investigadores, sacando a la luz tantas obras y compositores nuestros que la desidia de los gestores a lo largo de los siglos habían llenado de complejos y olvidos en archivos donde «dormían el sueño de los justos«. El grado en Historia y Ciencias de la Música ha venido para quedarse.

El camino no es fácil aunque los frutos vayan llegando poco a poco. Encontrar autores y obras interesantes, seguir la pista, tirar del hilo, investigar en múltiples ubicaciones y fuentes, encontrar las partituras, estudiarlas a fondo, transcribirlas y hacerlas sonar, no siempre se da en el clavo o la diana ni tan siquiera supone alcanzar el objetivo buscado, aunque «nunca el tiempo es perdido». Si además del esfuerzo, el (re)descubrimiento alcanza no ya la publicación, labor musicológica siempre necesaria para la difusión, sino también la grabación de esas obras y, mejor aún, la interpretación en vivo, desde un historicismo deseado y bien entendido, entonces podemos decir que el premio se ha conseguido.

La simbiosis necesaria entre la Musicología y los intérpretes se ha conseguido y ambas van actualmente de la mano; la Asociación Ars Hispana con los musicólogos Raúl Angulo Díaz y Antoni Pons Seguí al frente, lleva desde 2007 sacando a la luz grandes tesoros de nuestro patrimonio musical, y del que Concerto 1700, fundado hace siete años por el violinista malagueño Daniel Pinteño, un ensemble especializado en el repertorio hispano de los siglos XVII y XVIII, está llevando al disco, últimamente el mallorquín Literes, el «madrileño» Brunetti (otra joya) y ahora el navarro José Castell (Tudela, 1737-1807), con la primera grabación en tiempos modernos de la integral de sus tríos de cuerda en una edición muy cuidada y original hasta en el diseño, del que dejo aquí varias imágenes del libreto que acompaña este disco compacto.

Como bien explica el editor de esta nueva joya de nuestro patrimonio, Raúl Angulo, en las notas del CD (traducidas también al inglés, francés y alemán), «Por fortuna, ya se va dejando atrás la imagen de la música española del siglo XVIII como un páramo que poco puede ofrecer de interés al oyente actual. Este oscuro cuadro se ha pintado a partir de un insuficiente conocimiento, además de algunos prejuicios firmemente arraigados sobre el «siglo de las luces» en España, que ha sido juzgado por unos como extranjerizante y sin personalidad, y por otros como un proyecto sin vigor y fracasado. En los últimos años, tanto intérpretes como estudiosos están aunando sus esfuerzos para dibujar una imagen más positiva de la música de este período». Primer toque de atención para quitarse por fin ese complejo de inferioridad que el tiempo y un concienzudo trabajo musicológico ha demostrado ser infundado en todos los géneros no solo escénicos o religiosos, también en el instrumental, camerístico como el que nos ocupa, y sinfónico. Segundo aviso el de aunar esfuerzos entre intérprete y estudiosos de este repertorio que cambie la mala imagen de la música en tiempos ilustrados.

De los compositores cuya obra merecía salir del olvido es precisamente José Castel, nacido en Tudela (Navarra) en noviembre de 1737, de formación «típica» en un maestro de capilla español del llamado Antiguo Régimen: versátil compositor que cultivó los principales géneros musicales de su época, desde música litúrgica (con composiciones sacras que comprenden misas, salmos, misereres y lamentaciones, además de cantadas y villancicos), quizá lo menos estudiado de su producción como bien señala el doctor Angulo, aunque en su época disfrutaron de gran aprecio -como se desprende del hecho de que estén ampliamente diseminadas por diversos archivos españoles y americanos- hasta música escénica y sinfónica. Su vida, igualmente plena, podemos seguirla en el libreto de Raúl Angulo que acompaña el disco, aportando datos contrastados por estar documentados con rigor.

François Lesure, musicólogo francés especialista en la historia de la edición musical parisina (pues la española del momento dejaba mucho que desear), dató hacia 1785 la impresión de estos seis «tríos para dos violines y bajo» a cargo de Jean-Pierre de Roullede, yerno de Louis-Balthazard de La Chevardière, quien ya editase diez años antes los seis dúos para dos violines del propio Castel, fecha que se puede dar por buena, al menos de manera aproximada. El único ejemplar que se conoce se custodia en la Biblioteca Nacional de Francia, todo ello documentado por Raúl Angulo, y dedicado al ilustre navarro Manuel Vicente Murgutio, otro interesante personaje ilustrado que desde diferentes sociedades impulsaría las artes y las ciencias, favoreciendo la práctica de la música y la danza con las academias filarmónicas de entonces donde disfrutar de conciertos de profesionales y aficionados competentes, lugares que seguramente acogieron estos tríos de Castel.

Era práctica habitual en las colecciones de música de cámara impresas en la época, como explica el profesor Angulo, escribirlos en tonalidades mayores, por lo que Castel escribió cinco de sus tríos en en modo mayor, y uno solo, el cuarto, en modo menor. Todos tienen gran variedad formal y estilística, propia de un compositor muy versado en diferentes géneros de música desde un Madrid «Villa y Corte» que tenía una importancia vital en su época con la música instrumental a nivel europeo, que por entonces era sinónimo de mundial.

La grabación se ordena numéricamente, los seis tríos para dos violines y bajo, con la dirección de Daniel Pinteño que ha trabajado en este nuevo disco de Concerto 1700 con los violines del propio Pinteño y Fumico Morie más el violonchelo de Ester Domingo. Magnífica toma de sonido realizada por Federico Prieto en la Basílica Pontificia de San Miguel (Madrid) en noviembre del pasado año, con el apoyo de la Comunidad de Madrid, y una excelente interpretación de estos seis tríos que nos dejan un José Castel original, con mucho oficio en el desarrollo temático nunca ceñido a las «fórmulas» de alternancia rápido-lento-rápido o tripartitas.

Como muestra dejo detallados los cortes de cada trío y sus movimientos, con tonalidades cargadas de simbolismos, aires remarcados bien descritos e interpretados «al pie de la letra», juegos instrumentales y tempi siempre variados de caracteres universales sin perder la esencia española y el conocimiento de las «modas» del momento, con breves comentarios personales a la interpretación de Concerto 1700.

01-03: Trío I en si bemol mayor: Allegro spiritoso; Larghetto; Menuetto (Allegretto) – Trío. Académico y luminoso de clásico con un minueto que nos hace viajar a los salones del Reino.

04-05: Trío II en fa mayor: Larghetto-Allegro; Menuetto (Andantino) – Trío. Dos movimientos, el primero profundo, bien desarrollado con el lento preparando el ataque del rápido en un enfoque casi «teatral» y un segundo ocupado de nuevo por un minueto delicioso con los tres intérpretes sonando magistrales, escrito con elegancia y ritmo bailable.

06-08: Trío III en mi bemol mayor: Allegretto Gratioso; Larghetto; Allegro. Arranque ligero de amplias dinámicas, ataques precisos, el peso del grave soportando dos violines majestuosos y limpios, con un lirismo de sonoridad preciosista en el lento, aún con regusto del barroco, rematando en el rápido de «tempo giusto», el balance del trío con el empaste unificado de una formación que late a la misma velocidad.

09-12: Trío IV en sol menor: Allegretto Gratioso; Andante Largo; Rondeau (Allegretto); Menuetto (Andantino) – Trío. El único de los seis en modo menor, que le da un aroma diría que más vienés que francés, aportando una escritura madura digna de cualquier palacio europeo donde el trío se convertía no solo en la formación camerística por excelencia sino en todo un banco de pruebas a pequeña escala, casi preparatorio del repertorio sinfónico, y así lo entienden Concerto 1700 en estos cuatro movimientos, otra aportación, mejor que rareza del formato, que permite desarrollar el talento del compositor navarro. Interesante el segundo movimiento y nuevamente un delicioso minueto, que en una «escucha ciega» nadie reconocería al tudelano.

13-15: Trío V en la mayor: Allegro; Despacio; Menuetto (Andantino) – Trío. Personalmente otro agradable descubrimiento, aromas de la mejor música de cámara española en los buenos tiempos de la Ilustración española, con un sonido hispano en el que escribieron sus contemporáneos de más renombre pero con igual calidad por no decir superior.

16-18: Trío VI en mi mayor: Cantabile; Allegro; Menuetto (Allegretto) – Trío. Un inicio exactamente  «cantable» a cargo del primer violín, el apoyo grave del cello y el juego con el segundo violín en una escritura original y hasta audaz para los finales del XVIII si queremos compararlo con obras de la misma época en la Europa que avanzaba en todos los terrenos. Otro tanto del movimiento central rápido, con crescendi que acabarán siendo la revolución desde Manheim a partir de 1720 así como la desaparición del bajo continuo y la independización de la cuerda, algo que el tudelano Castel ya parecía tener claro unos pocos años antes.

Lirismo pleno en cada instrumento, sonoridades cuidadas, equilibrios bien balanceados, unidad desde el trío verdaderamente bien entendido y por tanto otra joya de la música camerística de nuestro siglo XVIII que debemos escuchar varias veces para disfrutar tanta calidad poniendo en su lugar a José Castel a cargo de Concerto 1700.

Como cierra el propio comentario del disco «En definitiva, esta primera grabación de los tríos para dos violines y bajo de José Castel nos pone ante la figura de un compositor de gran inventiva y versatilidad, del que cabe esperar gratas sorpresas en el futuro».

Sancta Ovetensis, el esplendor catedralicio de su música

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Jueves 20 de octubre, 18:00 horas. Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias: Presentación del CD Sancta Ovetensis de Forma Antiqva.
Nada mejor que el Museo de Bellas Artes de Asturias para presentar el último trabajo de los asturianos Forma Antiqva con su sello alemán donde el directo del 21 de agosto de 2021 se pudo llevar al disco como el mayor tributo y legado a nuestro patrimonio inmaterial de una catedral Origen del Camino de Santiago que sigue en cierro modo «callada» pese a ser un auténtico pozo sin fondo en cuanto a toda la música que su archivo esconde y necesita darle voz.
Presidiendo el cuadro de la catedral que pintase el ferrolano Genaro Pérez Villaamil (1807-1854) en 1837 durante su primer viaje a nuestra tierra, hoy en este museo de los asturianos gracias a la donación en 2017  del mecenas Plácido Arango, ante un numeroso público donde estaba el Presidente del Principado Adrián Barbón al frente de autoridades autonómicas y locales, personalidades de la vida cultural y musical, directivos, docentes, amistades y familia de los protagonistas del día, se sentaban a la mesa los artífices de esta grabación: la doctora María Sanhuesa y el director de Forma Antiqva, Aarón Zapico, junto al director del museo Alfonso Palacio y el Director  General de Cultura y Patrimonio Pablo León Gasalla.
Todos tuvieron su momento, desde el del apoyo institucional al museo que sigue colaborando con la formación asturiana y cuyo cuadro, portada del CD, pudimos contemplar bien analizado por Alfonso Palacio (también en el libreto del disco), pero incidiendo en la doctora Sanhuesa sin cuyo empeño no hubiésemos «descubierto» estas joyas, que tal como nos contó, Joaquín Lázaro (Aliaga -Teruel- 1746 / Mondoñedo -Lugo- 1786) la encontró a ella, historias personales que muchos conocemos sin olvidarnos de las dificultades en su trabajo, la defensa de un patrimonio como el musical del que la Catedral del Salvador se ha ido despojando durante siglos, y por supuesto Aarón Zapico quien no solo desgranó desde su propia experiencia lo que le supuso encontrar estas joyas del turolense a su paso por Oviedo, contactar con María Sanhuesa (sus notas en el disco son de por sí un documento musicológico) para hacer sonar estas obras catedralicias y llevarlas al disco, esperando todos no sea meta sino puerta abierta a la recuperación de nuestro patrimonio, que llegará a todo el mundo no sólo desde esta grabación discográfica sino también al directo, salas de concierto o conservatorios con el trabajo que supone «armar» estas partituras que bien se han encargado en desempolvar y nunca mejor dicho «darles voz» estos asturianos.
El disco recoge lo escuchado precisamente en la «Sancta Ovetensis» en agosto del pasado año con los mismos intérpretes y el «plus técnico» de una grabación muy cuidada, siendo Aarón Zapico quien explicaría la concepción de esta grabación como un  tríptico:
-Seis obras vocales a cargo de la soprano Jone Martínez, un verdadero descubrimiento por su dicción, color de voz y gusto. Las aria da capo siguiendo la moda de su época, muy trabajadas y estudiadas en una maravillosa interpretación arropada por una formación plegada no al lucimiento, que también, sino a vestir unas melodías que suenan avanzadas para una Oviedo pujante en el panorama español del siglo XVIII.
-Las músicas instrumentales para unas procesiones como las del cuadro de Pérez Villaamil, Semana Santa o Corpus, capaces de realzar en el entorno catedralicio unas ceremonias donde la elección del organístico suena desde a banda de música a los instrumentos de la propia capilla.
-Y cerrando tríptico el llamado «Infierno» tras la luminosidad del resto, pues así se puede llamar el Concierto en sol mayor para violín, un ejemplo escaso en la España del XVIII, verdadero triunfo de la musicología como bien lo definió el maestro Aarón, del trabajo de recomposición que supone organizar las particellas, con un Jorge Jiménez «entregado a la causa», una orquesta de su época con sonoridad muy especial por los instrumentos que precisamente faltan, dejando como bien decía el mayor de los Zapico un “hueco” tímbrico que le da ese carácter especial a este endiablado concierto, sin olvidarse del continuo donde los tres hermanos llevan toda su vida y en esta grabación «tirando la casa por la ventana» con el órgano de Javier Núñez.
Pero nada mejor que disfrutar del disco para rememorar el directo in situ y seguir sumando datos que la presentación nos hizo llegar. Podemos presumir de nuestra música y sus embajadores, desde la ardua y no siempre reconocida labor del musicólogo, hasta los intérpretes. Si además se deja constancia en un sello internacional a cargo precisamente de quienes han iluminado las mudas partituras, al menos la aportación  por pequeña que parezca, es todo un logro. El apoyo de todas las partes implicadas (Consejería de Cultura, Ayuntamiento de Oviedo, Oviedo Origen del Camino, Cabildo de la Catedral de Oviedo), el propio sello alemán que apoya todo lo que Forma Antiqva les propone (por algo será) , y por supuesto el de los gestores que apuestan por llevar estos proyectos al público, es más necesario que nunca para ir poniendo en valor (odio la expresión pero está justificada) tanto tesoro escondido.
CD Forma Antiqva: Sancta Ovetensis. Winter&Winter, Ref. nº 910 283-2, 2.022. Obras del Archivo de la Catedral de Oviedo: Joaquín Lázaro y anónimos.
Forma Antiqva:
Aarón Zapico [director] – Jone Martínez [soprano] – Jorge Jiménez [concertino y violín solista]. Víctor Martínez, José Vélez, Cecilia Clares, Roldán Bernabé, Daniel Pinteño, José Manuel Navarro, Pablo Prieto, Roger Junyent, Belén Sancho [violines] – Ruth Verona, Ester Domingo [cellos] – Jorge Muñoz [contrabajo] – Javier Núñez [órgano] – Pablo Zapico [archilaúd] – Daniel Zapico [tiorba] – Gerard Serrano, Pepe Reche [trompas] – Antonio Campillo, Liza Patrón [flautas traversos].
 Grabado en la Sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe (Oviedo) en agosto de 2021. ©2022.

Más allá de Beethoven

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“The Ninth Wave, Ode to Nature”, Soundart after Ludwig van (Beethoven). Dedicado a Christophe Desjardins (1962-2020). Music Edition Winter&Winter, Neue Klang Kunst. N° 910 268-2. CD, 2022.

La música después de Beethoven es siempre un reto y el propio Stefan Winter escribe y dirige un espectáculo con la música del japonés Fumio Yasuda (Tokio, 1953), nuevo trabajo del sello Winter&Winter grabado en vivo los días 17 y 18 de diciembre de 2020 bajo la dirección musical del asturiano Aarón Zapico al frente de un grupo de músicos con nueve obras organizadas en una trilogía de tres colores (azul, verde y rojo) tituladas: Infinite Blue, Deep Green y Red Zone, tres partes preparadas para interaccionar con pinturas en vivo, danza y sonidos con la naturaleza verdadera protagonista e inspiradora, bella y trágica.

Imágenes reflejadas en los cuerpos (las fotografías están en el CD) igualmente etiquetados junto a cada obra, que se inspira en la tragedia de la Isla de Lampedusa del 3 de octubre de 2013 y toda una serie de referencias que van desde el propio Himno de Europa (la Oda a la Alegría), recuerdos de la propia novena del sordo genial, el famoso cuadro de Gericault La balsa de la medusa y hasta «La Divina Comedia» de Dante.

Interesante la elección del grupo instrumental con piano a cuatro manos (las hermanas Ferhan & Ferzan Önder), dos
violas (Kelvin Hawthorne y Klaus-Peter Werani), clarinete (Joachim Badenhorst) y clarinete bajo (Gareth Davis), todos ellos bajo la dirección del mayor de los Hermanos Zapico con una toma de sonido verdaderamente excelente para un directo, tal como nos tiene acostumbrados el sello alemán. En YouTube© se puede ver la “performance” que tuvo lugar en Munich al día siguiente de la grabación discográfica el 19 de diciembre de 2020, dedicado al fallecido violista francés Christophe Desjardins en febrero de ese año horrible para todos.

La música de Yasuda, con efectos sonoros variados e impactantes sigue la línea del sello alemán Winter&Winter de inspirarse en obras clásicas (como comenzaron con Las Cuatro Estaciones de Forma Antiqva junto a Uri Caine), aquí toda una una recreación de obras más allá del último movimiento de “La Novena” sin necesidad de narrador o diálogos, simplemente el arte sonoro para toda una experiencia de escucha.

Así encontramos la Cantata op. 112, “Mar en calma y viaje feliz” (Meeresstille und Glückliche Fahrt), titulada “Water an Air”, la Sonata para piano nº 30, op. 109, “Afterlife”, interesante recreación a cuatro manos, o el Cuarteto de Cuerda nº 14 op. 131 junto a la Gran Fuga op. 134, “Seafoam”, conformando Infinite Blue, con las imágenes “Creation”, “Finiteness” y “Beauty”.

El Coro de Prisioneros de Fidelio, “Forest”, el segundo movimiento de “La Quinta”, “Wandering”, y “Under the Waterfall” con el Benedictus de la Missa Solemnes, op. 123 para Deep Green, con bailarines que proyectan “Forlornness”, “Escape” y “Search” de nuevo con esa combinación instrumental y de efectos de sonido no ya novedosas sino impactantes.

Finalmente Red Zone donde vislumbramos el segundo movimiento de “La Séptima” con el sugerente título “At the Bank of River Styx”, de nuevo el Coro de Prisioneros de Fidelio, “Red Rain”, una delicia de recreación, y concluyendo con “The Great Wave”, la Oda a la alegría de “La Novena” y el poder del rojo con “Powerlessness”, “Hatred” y “Desolation”.

Tríptico musical evocador e inspirador de por sí, que con la puesta en escena hace aún más impresionante este acercamiento desde nuestros días a la música después de Ludwig.

Una Colombina del siglo XXI

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«COLOMBINA». Music for the Dukes of Medina Sidonia. ACCADEMIA DEL PIACERE, FAHMI ALQHAI.

Sello Deutsche Harmonia Mundi / Sony Music. Referencia: 1 96587 24762 1.
Grabado en la Iglesia del Convento de San Pedro de Alcántara (Colegio Mayor La Luz), Sevilla, 9 al 11 de diciembre de 2021. ©2022. Ingeniero de grabación: Félix Vázquez & Rami Alqhai.
El día 15 de junio se presentaba la nueva grabación de los sevillanos Accademia del Piacere con Fahmi Alqhai al frente, esta vez gracias a una Beca Leonardo 2020, recuperando quince de las 95 obras que recoge el famoso «Cancionero de la Colombina», una colección de los «hits» del Duque de Medina Sidonia en el siglo XV, mayormente obras profanas (salvo doce religiosas), canciones, villancicos, romances, ensaladas, las formas musicales verdaderos éxitos del momento recuperados por los Alqhai y finalmente llevados al disco así como en las plataformas digitales.
Este manuscrito con la música de la llamada «Era del Descubrimiento» que gracias a Hernando Colón, segundo hijo del almirante, adquiriéndolo en 1534 y tras pasar por vicisitudes dignas de una película, se ha conservado en la Biblioteca Colombina de la Catedral de Sevilla, la patria de los hermanos Alqhai que siguen dándonos joyas como las de este último disco que sonará por toda Europa (como siempre más que en casa).
Partituras bien conservadas y caligrafiadas, documentos que reflejan la existencia por entonces del primer «Consort de violas de gamba» propio, según los trabajos de la musicóloga Lucía Gómez Fernández y vinculado con el Palacio de los Duques de Medina Sidonia, a las que los nuevos aires de la mal llamada interpretación historicista, le dan un toque de actualidad sin perder la esencia. Para leer con detenimiento sus notas en inglés, alemán y español, junto a las letras, son una auténtica aportación a la musicología española.
La Accademia del Piacere cumple 20 años y para esta grabación se presente con los siguientes intérpretes: en la parte vocal Alena Dantcheva (soprano), Gabriel Díaz (contratenor), Ariel Hernández (tenor), Jesús García Aréjula (barítono) y Javier Cuevas (bajo). Y en la instrumental los habituales encabezados por Rami Alqhai (viola de gamba, vihuela de arco), Johanna Rose (viola de gamba, vihuela de arco), Carles Blanch (vihuela, vihuela de mano), Marta Graziolino (arpa), Javier Núñez (órgano positivo), Pedro Estevan (percusión), Jacobo Díaz Giráldez (chirimía), David García (sacabuche), Luis Castillo (bajón), todos bajo la dirección de Fahmi Alqhai que también toca la viola quintón.
Con la mayoría de autores anónimos, es maravilloso cómo afrontan el inicio (Praeludium «La Spagna») en una progresión tímbrica desde el órgano, el repique de campanas y la aparición de todos con las violas de gamba y la masa vocal en una auténtica banda sonora de «La Sevilla renacentista» digna de una superproducción norteamericana, delicias de esta agrupación con unos intérpretes de lujo, al igual que el final de disco (Postludium «La Spagna»: otro género de contrapunto), dos cortes que ya de por sí marcan la línea de esta agrupación.
Incluso la recreación del Interludium ‘Ave Maris Stella’ de Jacob Obrecht (1457/8-1505), con un coro empastado y equilibrado en timbres y balances, bien subrayado por el órgano y esa «ambientación monástica» tributo al canto gregoriano que da ese punto de inmersión auditiva; el maridaje y buen entendimiento entre Javier Nuñez (1973) y Fami Alqhai (1976) tras su juventud con Savall y Hesperion, desde la madurez con la misma ilusión que en sus inicios, la frescura y hasta el atrevimiento que por entonces probablemente estaría mal visto. La visión de los sevillanos puede parecer arriesgada pero siempre han apostado por ello y los resultados están para juzgarlos, personalmente totalmente actuales desde el rigor con la fuente original y la creatividad en este repertorio que sería como «los principales del siglo XV» desde la improvisación que mejor la define y le imbuye ese aire de actualidad.
La evolución en la interpretación de estas obras del Renacimiento son como limpiar de polvo y recuperar el color original, cambiando muchas teorías artísticas. Cabe recordar que la música que se conserva en la biblioteca hispalense es como un esqueleto sobre el que ir añadiendo músculo y después darle vida. Son canciones generalmente estróficas con melodías y contrapuntos sencillos que van tomando cuerpo en cada interpretación de «los académicos del placer».
Obras renacentistas que aúnan las influencias de su época (italianas, franco flamencas, borgoñonas, castellanas) combinando aires cortesanos y tradicionales, temas amorosos, burlones pero también devotos, nuestra polifonía española de oro antes incluso de los músicos que traería Felipe el Hermoso.
Cerremos los ojos y escuchemos cómo sería una velada en el Palacio Ducal. Entre los anónimos: Salve Sancta Parens, Commo no le andaré yo, el conocido Propiñán de Melyor, con introducción medieval y la percusión que empuja esta página no por escuchada siempre nueva en la versión instrumental de los «académidos», de nuevo combinando tímbricas para evitar la monotonía; Muy crueles bozes dan, recuerdos castellanos en la línea los villancicos de Enzina que los «alumnos» han heredado del «Maestro» pudiendo escuchar solas las voces elegidas con una rica instrumentación con cambios rítmicos en un contrapunto claro y preciso; A los maytines era, con un solo inicial del tenor al que sigue la vihuela rítmica y una percusión engrandeciendo la siguiente polifonía vocal contrapuntística en equilibrio global replicado instrumentalmente por sacabuche y bajón explicativos de la gran riqueza melódica de estas páginas independientemente sean profanas o religiosas, en parte como Que bonito niño chiquito, solo la letra nos da las pistas porque la música resplandece siempre; plenamente hispano ese Niña y viña, villanesca e hispalense por el aire, ritmo y vestimenta elegida para esta ocasión.
Excelente elección de cada aparición instrumental que subraya un conjunto vocal perfecto para un repertorio transitado con una calidad digna de destacarse.
También tenemos compositores como Juan de Urrede (ca. 1430 – después de 1482) y su Nunca fue pena mayor,  el arpa polifónica mejor aún que la guitarra o la vihuela por el color que aporta, la solista femenina sobrevolando y el «ensemble de violas» completando este lienzo sonoro; Triana (Quien vos dio tal señorío), viento y cuerda polifónicos de altura casi organística por la riqueza tímbrica sumándose un coro rotundo pero delicado redondeando esta versión fresca; Joan Ambrosio Dalza (fl. 1508con Calbidi Castigliano, Enrique (fl. 1460-1480) y la instrumental Pues con sobra de tristura, más que pintura un tapiz sonoro, la percusión detallista que da profundidad, los pizzicatti rememorando la cuerda punteada; o el sevillano Juan de Triana (ca. 1460 – 1494) ligado al Ducado de los Medina Sidonia, su Con temor bivo ojos tristes, arpa y viola en feliz conjunción, colchón sobre el que canta el arco respirando el aire de su barrio antes de la soprano solista con un color de voz nunca hiriente, aterciopelado y compitiendo en belleza con «el otro canto de la viola», siguiendo una estrofa del «ensemble» con el arpa que consigue la alternancia perfecta para una nobleza educada en la exquisitez que se traspasa al oyente del disco.
Este verano no voy a muchos conciertos pero es la mejor época para disfrutar de la música grabada, verdaderos regalos que uno puede llevarse para cualquier momento.

Juan Durán en femenino plural

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JUAN DURÁN: «(di)Versos Femeninos». NURIA LORENZO, mezzo; ALEJO AMOEDO, piano. Sello RDC; referencia MG-2201.

El compositor Juan Durán Alonso (Vigo, 19/09/1960) de amplio y variado catálogo, miembro de la denominada «Generación de la apertura» y fundador de la Asociación Gallega de Compositores en 1987, encuentra en la poesía un camino propio en lo que podríamos llamar el «lied actual», voz y piano donde la música engrandece unos textos siempre bien elegidos, aunque en esta última grabación no vengan incluidos (sí en el programa del pasado 8 de mayo de 2021 en Homenaje a las víctimas del Covid celebrado en Nigrán, donde interpretaron las obras aquí grabadas), con dos intérpretes también pontevedreses.
En un formato poco habitual, este disco grabado en el Auditorio Municipal Carmen Estévez de Vilalba (Lugo) el 6 de junio de 2021, recoge diez canciones de seis poetisas (hoy parece que se debe escribir poetas) musicadas con anterioridad y ahora en la voz de la mezzo Nuria Lorenzo con el piano de Alejo Amoedo, un dúo de larga trayectoria para unas partituras de protagonismo compartido como así se debe entender, conocedor Durán del registro vocal y color de una cantante poderosa en timbre, carnoso, de buena dicción, microdramas sentidos en su escritura global. Sumemos un pianista perfecto complemento musical y subrayando el ambiente de cada poema, sugiriendo, remando en la misma dirección de presencia justa y equilibrada con la voz en todas sus diversas expresiones. El resultado es otra aportación de Durán a un repertorio que crece y donde los compositores actuales encuentran el vehículo idóneo para dar a conocer este formato de salón, ideal en las salas camerísticas.
Cada una de las obras están perfectamente analizadas en la parte musical por el siempre docto y ameno Arturo Reverter, otro pontevedrés de pro para redondear una grabación que bien podría llevar la etiqueta de «Galicia calidade«. Me limitaré a esbozar mis impresiones de cada uno de los diez cortes, destacando la calidad de la toma de sonido amén de los propios intérpretes, y el universo poético de Juan Durán, nuevamente acertado en la fusión poesía y música, lírica en estado puro y cercano con este dúo vigués.
1. Julia Uceda (Sevilla, 1925): Antígona. La poesía de la andaluza es música en cada verso y el compositor vigués evoca aires románticos cual aria de fuerza en la voz rotunda de Nuria y el piano apasionado de Alejo.
2. Alfonsa de la Torre (Cuéllar, Segovia, 1915-1993: Engrandecí con lágrimas, nostalgia preparada al teclado y continuada con unos fraseos vocales de los versos, creciendo en intensidades contenidas, jugando con la métrica tan musical como los propios pentagramas con un final perdiéndose.
3. Alfonsina Storni (Capriasca, Argentina, 1892-1938): Versos a la tristeza de Buenos Aires, la saudade o mejor «morriña» desde ambos lados del Atlántico, el hermanamiento del emigrante sentido desde Galicia con los aires del tango universal que la voz grave y profunda de la mezzo interpreta arropada por un piano muy bien tratado, dibujando y vistiendo de salón de baile esa tristeza intrínseca de la siempre recordada Alfonsina.
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885), «Tríptico rosaliano«: 4. Cada noite eu chorando pensaba; 5. Tecín soya a miña tea; 6. Lúa descolorida, con explicación en vídeo del compositor, así como la interpretación por Nuria y Alejo, la expresión del pueblo gallego, tradición y canción como las cantigas a modo de «lied gallego». La primera acunando los versos desde el piano que hasta en los silencios subraya ese sentimiento de tristeza. Poder pasar del andar al bailar lo consigue la siguiente, el piano abre el paso calmado que prosigue la voz casi de puntillas, amplios escalones desgarrados desde el canto casi imperceptible que crece en intensidad emocional y aire hasta esa danza culminando sentimientos hechos música. Para concluir, la delicadeza iniciada desde el teclado que prepara una melodía fraseada con esos versos de la gran Rosalía aún más etéreos con los arpegios del piano realzando la voz cuidada además de matizada con gusto y un color propio.
7. Marica Campo (Val do Mao, O Incio, Lugo, 1948): Baixei ao teu amor. Un torbellino de emociones plasmadas tanto en el poema como la propia escritura musical, un inicio pianístico brillante preludio de la aparición vocal que toma vuelo, nostalgias gallegas, cambios de tempo ayudando a reflejar un amor atemporal. Un piano digno de sonar solo que en este caso la voz completa estas palabras tan musicales e introvertidas como esta séptima canción del disco.
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile,1889-1957), «Tres poemas de amor y ausencia«: 8. Vergüenza; 9. Ausencia; 10. Balada. Cierre poético también con la magia del tres, primero rítmico y animado, melodía casi de bolero con piano, diálogo vocal e instrumental bien entendido. Otro ambiente presenta el segundo poema, protagonismo de Alejo en solitario desde una introducción íntima, casi recordándonos a Schumann, después Nuria casi recitando sobre unos pocos acordes en rubato, paréntesis que reflejan esa ausencia rellenada con versos que animan el desarrollo en intensidad siempre contenida por parte de los dos intérpretes. Para cerrar ciclo y disco una balada, «es una forma de expresar el canto cortesano del final de la Edad Media en Europa, que aparece en el siglo XIV. La poesía es disociada de la música, pero la musicalidad es creada en la escritura misma del poema»; con esta definición de la socorrida Wikipedia© entiende Durán el poema de la chilena, contratiempos sudamericanos, melodía brillante con acompañamiento muy apropiado y también en solitario, aires de danza que empujan la canción hasta un final luminoso.
Un disco para escuchar y leer esos (di)versos que Juan Durán vuelve a engrandecer y nos han dejado  grabado para guardar esta pareja de largo recorrido y experiencia: la mezzo Nuria Lorenzo, ideal en color y tesitura además de sentimiento, con el pianista Alejo Amoedo, solvente en las partes solas y riguroso en la vestimenta necesaria de la voz. Y muy recomendable el directo donde poder disfrutar de esta nueva aportación a nuestra «canción de concierto».
P.D. La foto de portada es de Xoan Piñón; el técnico de sonido Pablo Barreiro y el diseño de Antonio Cid.

Un torbellino asturiano desde Singapur

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El flautista avilesino Roberto Álvarez, afincado en Singapur hace años, amplía su discografía mientras mantiene su frenética actividad tanto orquestal como docente, siempre bien rodeado de excelentes músicos y compañeros, ayudando a promocionar obras de compositores de nuestro tiempo tras el trabajo anterior dedicado a Francesco Molino (I Molinisti) en compañía del guitarrista Kevin Loh para su sello habitual Centaur.

La pandemia no supuso un parón para «mis músicos«, y qué mejor oportunidad para proseguir con sus enormes ganas de legarnos composiciones para flauta y piano ahora con la ucraniana Kseniia Vokhmianina esta vez para un sello que también apuesta por valores actuales como es Odradek Records con el sugerente título de «El torbellino interior» (The Whirlwind Within).

Tanto las obras como los autores aparecen perfectamente reflejados en un CD muy bien presentado y con los textos en inglés, alemán y español, para un mercado físico que se mantiene, además de la proyección que suponen las plataformas digitales y las redes sociales, hoy verdaderas cartas de presentación para músicos y compositores ante unos gustos cambiantes que optan por lo inmediato en pugna con esta música que necesita su tiempo para degustarla.

Con todo, este «torbellino» de CD, presentado recientemente, es una excelente amalgama de estilos y compositores, música muy bien escrita para ambos instrumentos, la flauta de Roberto y el piano de Kesniia. Siete obras de siete compositores de nuestro tiempo, de mi generación, especialmente el admirado y muy querido maestro Gonzalo Casielles Camblor (1931-2020), todo un referente asturiano como intérprete, compositor y maestro al que Roberto homenajea de la mejor forma posible con El vals de la fortuna, curiosa obra que el propio profesor comentaba «era algo compuesto sobre la marcha, tan sencilla que creía no valía nada» transformando el gordo de la navidad de 1981 (23786) en notas, desarrollando esta preciosa pieza que su discípulo rescató y en agosto de 2014 le solicitó una copia enviándole un arreglo para flauta y piano que se estrenaría al mes siguiente. Gracias por la recuperación y sacar del olvido la música de Casielles con la calidad interpretativa de su alumno aventajado.

Igualmente de interesante la obra del también avilesino Daniel Sánchez Velasco (1972) cuyas tres Dance Preludes (2020) emanan asturianía universal escritas con la frescura del director, compositor y clarinete de la OSPA, perfecto encaje de los solistas, con diálogos bien entendidos, dominio de las cualidades en cada instrumento explotadas con virtuosismo, magisterio y belleza que estos intérpretes elevan a la quinta esencia de la música «hecha en Asturias» para todo el mundo.

La catalana Elisenda Fábregas (1955) afincada y formada en EEUU, firma una Sonata nº 1 para flauta y piano (1995) en cuatro movimientos «clásicos»( I. Allegro; II. Largo; . III. Allegretto scherzando; IV. Allegro molto con brio) tratando los instrumentos en igualdad, música espiritual como describe la propia compositora elogiando la interpretación del dúo, que la grabación nos permite corroborar, motivos y emotivos, aires impresionistas exigentes en técnica que estos virtuosos la hacen cercana y llena de calidad.

También utiliza la forma sonata desde nuestro tiempo el inglés James Rae (1957) y su Sonatina para flauta y  piano (2007) en tres movimientos que representan la concepción transfronteriza de lenguaje actual desde un clarinetista que conoce bien «la madera» (I. Aquarelle; II. Nocturne; III. Fire dance), música sin etiquetas por el ambiente creado, giros de jazz enlazando con mi siempre admirado Claude Bolling (1930-2020), otro de los grandes impulsores de la flauta en todos los estilos sin perder la esencia sonora ni su amplísima paleta, como así nos lo han grabado esta pareja astur-ucraniana desde Singapur para todo el orbe melómano.

Se suma a la forma sonata desde el lenguaje actual el británico Mike Mower (1958), compositor, flautista y saxofonista además de músico de estudio, que ha compuesto para la Big Band de la BBC o la Orquesta de Jazz de la capital sueca, ahora con su Sonata nº 3 for flute and piano (2003), cuatripartita con sus movimientos titulados evocando fenómenos geológicos (I. Moraine; II. Escapment; III. Plateau; IV. Scree), el lenguaje de Mower con el que tanto Álvarez como Vokhmianina se encuentran en su salsa, enérgicos, compenetrados y haciendo atemporal una música de nuestro siglo.

El compositor e ingeniero mexicano José Elizondo (1972), alumno de Harvard, compone su Limoncello (2018) lleno de dolor y ritmo, su particular homenaje italiano, exigente para el dúo pues les pide «ser tierno pero no abiertamente dulce, fluido don arrebatos ocasionales brillantes y espontáneos pero no caprichoso, sereno pero ni triste ni melancólico», y los artistas lo consiguen desde un equilibrio elegante, pacifico, creando unas imágenes que tras leer los textos son pura musicoterapia.

Del bonaerense Pablo Aguirre (1967), tres ejemplos en su terreno, pues se ha especializado en esta formación de dúo flauta y piano, con la fusión de lo tradicional y lo clásico que hoy impera en las obras contemporáneas. Tres números que parecen conformar estas estampas emocionales: La fuga (1997), Distancias (2002) y Pasión ensordecedora (1991), aires argentinos bien entendidos y agradecidos, ritmos que contagian sin «milongas», música camerística escrita magistralmente como heredera del irrepetible Piazzolla, e interpretada desde el conocimiento de estos artistas que ejercen como tales en todas sus facetas.

Gracias a Roberto por estos regalos que tengo en un lugar especial y cercano de mi fonoteca, con el cariño de un profesor al que sus buenos alumnos siguen recordando desde los tiempos de pupitre, pizarra y mucha música de todas las épocas y estilos. Al menos lo sembrado se recoger y disfruta.

Esencia desde un «tayuelu»

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Lunes 27 de junio, 19:30 horas. Club de Prensa de La Nueva España, Oviedo. Presentación del CD Esencia, Silvia Torres (soprano), Alfredo Morán (guitarra), Fernando Malva (músico, técnico de sonido).

En asturiano un «tayuelu» es una banqueta de tres patas con más estabilidad que un taburete de cuatro y perfecto para definir la base de un CD que se presentaba ayer lunes con verdadera «esencia«, lo más importante y característico de una cosa según la RAE. Un disco que esconde muchas historias que nos explicaron tanto la cantante Silvia Torres (nacida argentina pero asturiana de siempre) como el arreglista  de los diez temas que han quedado registrados en esta pequeña obra de arte, el turonés Alfredo Morán, más Fernando Malva, no sólo excelente técnico de sonido, también músico, que completan todos juntos un trabajo mimado, con más de un año detrás de ensayos, adaptación, preparación, elección de los temas, colaboración entre ellos y finalmente la esperada grabación en los estudios «La Nozal» que se convirtieron en el mejor refugio donde destilar cada canción que Silvia hace suya, Alfredo tejió a su medida y Fernando cocinó, buena comparación y maridaje de música y fogones para dejarnos un menú degustación con toda la calma de estas músicas atemporales que están tan bien compuestas y adaptadas que soportarán modas, estilos y épocas.

Muy interesante las explicaciones de mi admirado Alfredo Morán sobre el trabajo del arreglista, su lúcido comentario de lo que debe ser un músico (más allá de tres meses de shows televisivos, ofertando uno de cirugía y preguntando quién se atrevería a operarse con semejantes «figuras» mediáticas), las incomprensiones sólo entendidas por las familias, verdaderos cimientos donde asentar no sólo taburetes sino todo el mobiliario y perfumes de esta profesión a menudo ingrata pero necesaria además de vital para tantos. La música sentida y vivida por este tayuelu con mucha esencia que nos dejaron en vivo una pequeña muestra del talento y sentimiento, cantante, guitarra y técnico «in situ» para comprobar de primer mano cómo son las tres patas necesarias en este equilibrio.

Comenzaron con La flor de la canela, no ya de Chabuca Granda sino de la Silvia Grande, la voz natural a la que se llega con muchos años de estudio con la maestra Elena Pérez Herrero, auténtico ejemplo a seguir en estos tiempos cambiantes, pues dio el primer paso que ahora sigue la discípula aventajada.

Impresionante siempre José Alfredo Jiménez y su Deja que salga la luna, que en el disco tiene el acordeón de Fernando y en vivo sólo con la guitarra del «otro Alfredo» sonó cercano y en casa, con los coros finales de un público de casa, cantarines y amantes de la buena música que no quisieron faltar a esta presentación en sociedad de este trabajo de Silvia Torres.

No está en el disco Gardel pero sí para escuchar su tango renovado por Alfredo, Volver que se vista en cualquier época siempre luce, más en la voz de Silvia en una pasarela que esperamos tenga muchas galas veraniegas en esta «era del Covid».

Y sobre la marcha, ante el clamor del público con la pareja de músicos animados, qué mejor para cerrar que un blues donde Alfredo se mueve como pez en el agua y la voz de Silvia encaja su musicalidad, sumando las palmas bien «encajadas» de unos amigos tunantes como Orson, dedicatario de este trabajo junto a toda la familia Pérez-Torres, un Blue Christmas que nos adelantó las navidades a junio porque climatológicamente Asturias es más frío que Río o Copacabana.

Del CD, todo él recomendable, sigo repitiendo en la bandeja dos «clásicos»: Las hojas muertas verdadero perfume francés con ese acordeón que nos transporta a orillas del Sena, la batería elegante, la guitarra de «El Django de Urbiés» y la preciosa voz de Silvia; Chloris de Reynaldo Hahn es otra joya de la «chanson» que luce con todos los vestidos, y con la alta costura de Morán, la belleza vocal de Silvia es para disfrutarla en modo bucle sonando en mi cadena, cercana, sentida, emocionada.

Por supuesto O Holy Night de Adam tiene todo el poso clásico, la frescura del arreglo y lo eterno de la música bien compuesta con la mejor interpretación.

La música siguió sonando en torno a unas viandas, vinos, cervezas, amigos, familia, celebrando este «recién llegado» a la familia de Luis y Silvia. Gracias a todos por compartir tanta belleza y sentimientos.

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