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Crudo Amor en casa

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La asociación «Aula de Música Antigua», organizadora entre otras muchas iniciativas del Festival “Eloy Zapico”, traerá a Langreo al conjunto Forma Antiqva recién llegado de sus conciertos por Colombia y su programa «Con afecto y armonía» contando con la soprano canaria Raquel Lojendio, gira organizada por el CNDM dependiente del INAEM, y habiendo alcanzado las cien actuaciones de su Concerto Zapico, todo un hito en el panorama de la música barroca.

©Foto CNDM

En un concierto extraordinario y de carácter solidario que tendrá lugar el domingo 11 de octubre a las 19:00 horas en el Auditorio del Conservatorio Profesional de Música Manuel F. Rodríguez “Jaurés” de Sama de Langreo y con entrada libre, el programa del concierto titulado “Crudo Amor”, se centrará en las composiciones vocales a dos voces y acompañamiento del compositor italiano Agostino Steffani, una de las figuras de más trascendencia y relevancia en la música del periodo barroco. Para este exigente y bello programa, Forma Antiqva se rodeará de dos de las mejores voces del panorama internacional: la soprano María Eugenia Boix y el contratenor Carlos Mena.

Además, estará la violonchelista Ruth Verona, a la que en alguna ocasión he bautizado como la «cuarta herrmana» con Los Zapico, los mellizos Daniel a la tiorba y Pablo a la guitarra más el hermano mayor Aarón al clave y dirección.

Este programa, estrenado en uno de los festivales más importantes de Alemania (el Ludwigsburger Schlossfestspiele), y que ya pudimos disfrutar por los mismos intérpretes en Gijón dentro del Festival de Música Antigua 2014, está siendo grabado estos días en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, sede de la formación asturiana para Winter & Winter, el prestigioso sello alemán que apostó por Forma Antiqva desde el principio, disco que será presentado en marzo de 2016, en una larga tourné que les llevará por Madrid, Oviedo, Zamora o Zaragoza.

Los langreanos no actúa en su «primera casa» de Sama desde 2012, en la Sociedad «La Montera», por lo que aprovechando la excepcionalidad del concierto, éste tendrá carácter solidario y colaborativo. Mediante donativo libre recogido al finalizar el concierto por la Asamblea de Langreo de la Cruz Roja, la asociación musical y Forma Antiqva colaborarán en la ayuda a las familias necesitadas del concejo. Ahí estaremos para contarlo.

Cine mudo pero con música

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Sábado 3 de octubre, 12:00 horas. Fundación Juan March, Madrid: Conciertos del Sábado, Ciclo «Clásicos del cine». Improvisar para películas mudas, Javier Pérez de Azpeitia (piano). Entrada gratuita.

La oferta cultural de la Fundación Juan March es encomiable y la música tiene un lugar especial en ella. Durante el mes de octubre se programa un ciclo interesantísimo y personalmente me llamaba la atención acudir a este primer concierto por mi breve relación con el tema. 1982 además del Mundial de Fútbol que tuvo sedes en Gijón y Oviedo también fue año del centenario del cine y además de un Mundial Cultural, un incondicional del séptimo arte como Isaac del Rivero tuvo la idea de hacer un ciclo de películas mudas con acompañamiento al piano en vivo en el salón de actos de la Feria de Muestras, donde tuve la suerte de participar alternando proyecciones con mi recordado Antolín de la Fuente, básicamente películas cómicas de La Pandilla, Keaton, Lloyd o el genial Charlot, pero también La salida de los obreros de la fábrica (Lumière), La casa encantada (Segundo de Chomón) como homenaje al cine español e incluso El gabinete del Doctor Caligari (Wiene), alternando cortos y largometrajes.

Mi experiencia fue increíble y sin visionados previos, pero sirvió para que años después pudiese poner música en directo a La aldea maldita de Florián Rey con el maestro Luis Miguel Ruiz de la Peña al violín en el Ateneo Jovellanos, ya preparando motivos y temas específicos adaptados al trascurrir de la acción. Como mierense repetí en el Teatro Jovellanos invitado por el director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, Boni para todos, en la proyección y recuperación de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada), un acontecimiento que aún recuerdo. Mis únicas referencias eran las «bandas sonoras» añadidas en las proyecciones, muchas con órgano, alguna actualizada como Berlín, sinfonía de una gran ciudad con música de Pegasus, y algunas con orquesta original como Alexander Nevski o Iván el terrible (Eisenstein) con música de Prokofiev, Nosferatu (Murnau) o Metropolis (Lang) incluyendo la «revisión» de Giorgio Moroder, que a lo largo del tiempo he podido revivir como espectador.

El pianista y profesor Javier Pérez de Azpeitia no solo puso la música en vivo a cuatro películas que pudimos disfrutar en pantalla grande sino que también disertó sobre el papel de la improvisación, con todo lo que ello supone, así como la subjetividad, y hasta la forma de trabajar sobre las músicas, algo de agradecer en un mundo recuperado pero no lo suficientemente difundido, por lo que este concierto era impresindible para mi.

La casa encantada (1907) de Chomón, además de una joya de efectos especiales para su época, fue la primera en desgranarse al piano por parte del maestro y hasta de pormenorizar su explicación posterior. Los guiños del piano en perfecta sincronía con la imagen, los motivos tétricos y hasta cómicos por momentos fueron la perfecta banda sonora.

El arranque de Tartüff (1925) de Murnau supuso todo un paso adelante en dificultad y extensión, música específica, original de Giuseppe Becce, y muy trabajada en sonoridades y expresión para una película adaptada o de inspiración teatral, como tantas de su época y que aún continúa pasando casi cien años después.

El toque satírico más que de humor lo puso La princesa de las ostras (1919) de Lubitsch, la música al piano del intérprete vasco el resto, perfecto, acertado en la elección de cada fragmento, variaciones sobre la Marcha Nupcial de Mendelssohn en el mejor estilo improvisatorio (y muy estudiado) y cada situación de la narrativa visual al detalle musical de ritmo infatigable como el propio fox-trot del baile nupcial. El regusto global es premio para el tándem cine-música que siempre han permanecido unidos y algunos compositores se atrevieron a ponerle música propia.

Interesante también la moda de películas inspiradas en zarzuelas, verdaderos éxitos del momento, como Curro Vargas (1923) de José Buchs donde no podían faltar motivos originales de la partitura de Chapí adaptados como el propio discurso cinematográfico, los aires de farruca o la recordada melodía «Soledad mía» del protagonista asociada a cada aparición pero sutilmente moldeada por Pérez de Azpeitia. Con un piano no puede sacarse más partido a una película donde el referente original es eso, recreado para la proyección.

Todo un clásico «de miedo» para finalizar como el Nosferatu (1922) de Murnau, cercano a las composiciones actuales como la de Sánchez Verdú sin perder la idea espacio-temporal de la época y el argumento, con la propia limitación de un instrumento que engrandece la proyección. Bravo por esta banda sonora (Hermann) en directo, única e irrepetible que se podrá volver a escuchar hasta el 4 de noviembre en los audios que la propia fundación coloca en su web, música pura desgajada de las imágenes para la que sonó pero igualmente bellas.

Exprimiendo «el bicho de León»

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Jueves 1 de octubre, 20:30 horas. Catedral de León, Festival Internacional de Órgano, «Bach en la Catedral». Kevin Bowyer (órgano), obras de J. S. Bach. Entrada gratuita.
Larga cola hora y media antes del segundo concierto de la XXXII edición del FIOCLE y continuación del ciclo programado por el CNDM con la integral para órgano de J. S. Bach, que los sábados siguientes también se puede escuchar en el Auditorio Nacional de Música de Madrid con el sugestivo título de «Bach Vermut«, esta vez con el británico Kevin Boyer que preparó un programa perfectamente estructurado y contrastado para sacar todo el partido al nuevo órgano de la Pulchra Leonina construido por Klais en Bonn y que estrenase el gran Jean Guillou hace dos años.

El organista de Glasgow no solo organizó las obras jugando con tiempos o dificultades sino que con una delicadeza en la técnica, unos ligados asombrosos y especialmente el buen gusto para registrar logró unas sonoridades del «bicho» impresionantes, jugando no ya con el efecto de los dos coros en los teclados IV y V, sino combinando los múltiples registros desde la adaptación ideal para cada motivo, coral o melodía, con pedales siempre en su sitio de presencia y color. Impresionantes los flautados, especialmente el piccolo 1′ y la lengüetería horizontal de dulzaina, solo una mínima parte de los recursos que el gran órgano catedralicio esconde y el tiempo va templando y tomando acento castellano que tan bien le va al cantor.

Nada mejor para «limpiar los tubos» que la Fuga en si menor (sobre un tema de Corelli), BWV 579 (a. 1710?) potente, redonda, sin buscar combinaciones extremas, para entrar con cuatro «Corales de Neumeister« (a. 1705?) donde alternó flautados y caracteres, siempre escuchando las melodías desde registros lo suficientemente agudos para brillar sobre otros teclados y pedalero, Wenn dich Unglück tut greifen an, BWV 1104, Christus, der ist mein Leben, BWV 1112,  Durch Adams Fall ist ganz verderbt, BWV 1101 y Was Gott tut, das ist wohlgetan, BWV 1116, alternancia celestial y terrenal de amplísima riqueza dinámica.

Al órgano se le llama el rey de los instrumentos y escuchar el Concierto en Re menor (de Antonio Vivaldi), BWV 596 (1713/14) en esta recreación bachiana resultó un prodigio de virtuosismo total en los cinco movimientos, barroco italiano con acento alemán y regusto castellano, el primero potente, el segundo Grave y sereno como El Gran Canal, la Fuga capaz de dibujar la cuerda en los tubos, el Largo e spiccato recreando una flauta hasta en el fraseo o respiraciones, y unas tiorbas desde el propio viento cual punteo para rematar con un allegro plenamente orquestal y telepatía entre el cura pelirrojo y el cantor de Leipzig.
Los aires venecianos se tornaron germanos y profundos, luteranos de inspiración propia y nuevamente contrastados, Ach Gott und Herr, BWV 714 (1715?) recio, bien delineados los temas siempre respaldados por los registros adecuados, y Ein feste Burg ist unser Gott, BWV 720 (¿?), verdadera fiesta ciudadana sin perdonar la referencia divina hecha trompetería.

El virtuosismo al servicio de la música lo puso la Fantasía con imitación en Si menor, BWV 563 (a. 1708), cascada de notas perfectamente delineadas, teclados con la sonoridad buscada al detalle y pureza hecha música de órgano.

Volvía la juventud, aunque toda la obra de Bach es madura, con otros cuatro «Corales de Neumeister» bien colocados en simetría de concierto, elegancia expositiva, equilibrio de planos y redescubrimiento de timbres del Klais, Christe, der du bist Tag und Licht, BWV 1096, Christ, der du bist der helle Tag, BWV 1120, Herr Jesu Christ, du höchstes Gut, BWV 1114 y finalmente Erhalt uns, Herr, bei deinem Wort, BWV 1103, otra verdadera lección combinatoria en todos los sentidos con el doctorado del organista inglés que desde una aparente sobriedad descargaba verdadero arte en cada coral.

Probablemente lo menos agradecido en registros resultase el Contrapunctus VIII (de «El arte de la fuga»), BWV 1080/8 (1742/49), auténtica biblia compositiva e interpretativa que en su dificultad intrínseca no dejó degustar lo suficiente una partitura puede que por un anhelo de querer comunicar el organista británico todo lo que esconde. Esta vez hubo un poco de smog inglés con «cornetos y bajones» que se disipó rápidamente con la Fantasía y fuga en La menor, BWV 561 (¿?), un remate del maestro organista de la Universidad de Glasgow que ha grabado la integral organística del alemán y volvió a demostrar su sabiduría desde una paleta sonora llena de amplísimos claroscuros, registros extremos nunca exagerados, en busca del color adecuado para exprimir «al bicho», vibrante colofón antes de una propina de Paul Halley sobre aires celtas pero muy actual, contemporánea, una música que también defiende Bowyer, con mucho de cinematográfica, aunque a Mein Gott es imposible igualarlo.

Vuelta a casa y estas líneas rápidas, dejando los links oportunos casi todos del propio intérprete británico. Las escapadas a León si son para la música de órgano siempre son un placer y encontrarse con amigos tan melómanos todavía más, aunque haya que madrugar al día siguiente.

Bandas militares y civismo

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Viernes 18 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe: Concierto de la Unidad de Música de la Guardia Real. Director: Coronel Enrique Blasco. Entrada libre con invitación.
La Guardia Real ha desplegado su operación «Asturias 2015» desde el pasado día 14 con diversos y variados actos que se vieron menguados al suspender muchos los nuevos regidores municipales en una dinámica peligrosa de escuchar sólo a una parte de los ciudadanos olvidando que gobiernan para todos, incluyendo a los que no les votaron. Hago este comentario al hilo de una controversia que ha tocado y mezclado política con sentimientos e intereses variopintos, salpicando a diversos sectores que en el caso de Mieres ha levantado ronchas. Está muy bien ser republicano, conservador, socialista, comunista o mediopensionista, pero (intentar) confundir conceptos es de incultos cuando no malinformados, incluso es antidemocrática la imposición y debilidad la cesión, más ante minorías que esgrimen banderas equivocadas. Es bueno escuchar, necesario ceder y sobre todo entender posturas contrarias a nuestras ideas por muy distantes que estén, siempre desde el respeto. Hay mucha susceptibilidad en estos tiempos revueltos y tocarla es herirla porque se salta a la mínima y prohibir no arregla las cosas, al menos habrá que dar la opción de elegir lo que gusta, por supuesto desde la legalidad, sin obligarnos a comer todos lo mismo. Tan fácil como cambiar de canal es no asistir a un evento, del tipo que sea, que no nos gusta. Lo contrario es masoquismo por no hablar de buscar las cosquillas y seguir encrespando ánimos a la caza de escándalos inexistentes que terminan desviando la atención de lo realmente necesario a lo totalmente superfluo.

La música siempre ha estado en los ejércitos desde que existen, animan al soldado, consuelan en la desgracia y hasta ganaron batallas como el famoso Tambor del Bruch. No concebimos una película de gladiadores romanos sin clarines, un duelo medieval sin timbales o los indios atacados por el 7º de Caballería sin el conocido toque de corneta, o las bandas de pífanos y tambores de la Guerra de Secesión, por poner algunos ejemplos. Es incalculable en todo el mundo la cantidad de músicos militares que una vez formados engrosan bandas de música, orquestas de baile, formaciones sinfónicas sin olvidar afamados directores de educación militar como el recordado Rafael Frühbeck de Burgos, amén de grandes compositores cuyas obras han traspasado el ámbito castrense siendo interpretadas en conciertos y no sólo en desfiles. Hoy en día los músicos militares siguen siendo necesarios y los distintos ejércitos dan trabajo a unos artistas que desde su instrumento ya saben lo que es disciplina, compañerismo, solidaridad y orgullo del trabajo bien hecho, valores necesarios para la vida, sea civil o militar.

Personalmente no he acudido a ningún acto, en mi pueblo reducidos a la mínima expresión, independientemente de gustos u obligaciones varias, pero como «melómano omnívoro» no podía perderme el concierto de la Unidad de Música de la Guardia Real en el Auditorio de Oviedo donde hubo detalles que me ofendieron como ciudadano y que comentaré más adelante. Heredera de la Banda del Real Cuerpo de Alabarderos como agrupación musical según Real Ordenanza de 6 de mayo de 1707, es historia que conviene conocer y reconocer, leyendo las notas incluidas en el programa que dejo aquí.
Han dirigido esta Unidad músicos como Bartolomé Pérez Casas o Francisco Grau Vegara. Su actual director es el Coronel Enrique Damián Blasco Cebolla (Corbera -Valencia- 1959), flautista que con 18 años ingresa por Concurso-Oposición en el Cuerpo de Músicos Militares del Ejército de Tierra, quien no ha dejado investigar recuperando patrimonio musical y continuar formándose en su larga y reconocida trayectoria como compositor y director con profesores de prestigio internacional, habiendo estado al mando de distintas bandas militares antes de ponerse al frente de esta Unidad estructurada en Banda Sinfónica, Banda de Guerra -cornetas y tambores- y Sección de Pífanos, un centenar de profesionales elegidos entre los mejores suboficiales del cuerpo de músicos militares de los tres Ejércitos. Para los que no conozcan la terminología castrense, se llama «Banda» a las agrupaciones de cornetas y tambores, las que conocimos quienes servimos obligatoriamente a la Patria, y «Música» sería el equivalente a la agrupación civil en cuanto a instrumentistas, sin cuerda, siendo el grueso de ellas el viento con muchas «familias» de clarinetes, saxofones, fliscornos, bombardinos… y percusión, añadiendo el calificativo «sinfónica» cuando incorpora violonchelos, contrabajos, incluso arpa.
En el terreno civil existen en España numerosas bandas sinfónicas de calidad contrastada con repertorio propio (incluso exportándolo) aunque complementado con adaptaciones o arreglos que no tienen nada que envidiar a su hermana. La Región Valenciana, junto a Murcia, fueron cantera para muchas de ellas dada la proliferación y calidad de sus bandas de música, dando el salto a sinfónicas de todo el mundo. Puedo decir sin temor a equivocarme que estamos ante un renacimiento y reconocimiento de las bandas de música, tanto civiles como militares, con un relevo generacional propiciado precisamente por su labor de formación y difusión cultural.

La Banda de Música Sinfónica con 70 efectivos, incluyendo tres violonchelos, dos contrabajos y seis percusionistas, llenó el auditorio hasta la bandera (no así la zona de invitados, sin entrar a buscar respuesta a ello) haciendo disfrutar a todos de esta fiesta castrense musical con un programa largo lleno de guiños locales como es costumbre en sus salidas, aunando tradición y modernidad, dos partes presentadas excelentemente por un subteniente trombón y una sargento primero contrabajo, antes de incorporarse a sus puestos y comenzar con el conocido pasodoble Oviedo de Pascual Marquina (1873-1948), militar y músico.

El propio Blasco firma el arreglo para banda de la siguientes obra, el número 5 de la «Suite Española» conocido como Leyenda o Asturias de Albéniz (1860-1909), difícil encaje del lenguaje pianístico o guitarrístico a banda, además de tener de asturiano solamente el título.

Una de las sorpresas estuvo en la obra de un grande de las bandas sonoras como Miguel Asins Arbó (Barcelona 1918 – Valencia 1996) y su Diego de Acevedo, lenguaje totalmente actual para una serie televisiva de 1966, suite casi poema sinfónico en tres movimientos: «Introducción y marcha» realmente militar, «Seguidilla» popular que no folklórica con un trompeta que supo gustar(se), y «Bailén» cargado de historia militar hecha música con mayúscula, todo el metal con todo su colorido rubricado por timbales y cajas poniendo la imagen sonora para degustar una escritura de calidad en un maestro de formación valenciana, sinónimo de música para banda, más una interpretación equilibrada que sintió esta obra como propia con la calidad de unos solistas entregados, especialmente el corno inglés.

Las Escenas Asturianas de Benito Lauret (1929-2005), también músico militar, no solo demostraron cómo entendió nuestra música el compositor y director cartagenero sino su perfecto conocimiento y dominio de la orquestación, que en la versión del coronel Blasco pecó de cierto desequilibrio en los planos sonoros y algo de retraso en parte de la percusión -pandereta y castañuelas- aunque lo mantuvo en el final que combina nuestro «Pericote» y el Himno de Asturias (que sonaría independiente en la conclusión del concierto). 

La segunda alegría de la noche fueron las Imágenes de la Armada Española de Bernardo Adam Ferrero (Algemesí, 1942), música en tres cuadros con narración (excelente el subteniente antes citado) aludiendo a la historia desde los protagonistas: Lepanto: Vísperas de la Batalla y Don Juan de Austria, Trafalgar: Muerte en el «Nepomuceno» con el heróico donostiarra Churruca más cita musical del famoso «Rule, Britannia«, y El Grupo Aeronaval de la Flota, en Marín, citando la fecha del 16 de julio de 1988, la Patrona y Jura de Bandera del entonces Príncipe Felipe de Borbón, todo en espectacular escritura para banda por parte un perfecto conocedor de los recursos de esta formación, original y tan cinematográfico como el citado Asins Arbó, que la Unidad de Música de la Guardia Real realmente bordó antes de «ordenar descanso».

La segunda parte comenzaba también con la pareja de suboficiales presentando las obras a escuchar, primera vez que escuchaba la marcha militar Al Héroe Noval del Julio César Ruiz Salamanca (Las Pedroñeras, Cuenca) otro compositor, trombonista y director castrense, homenaje al cabo asturiano con toda la carga emotiva de una música para la ocasión.
El Capricho Español (1887) de Rimski Korsakov (1844-1908) tiene mucho de nuestra tierra, con la «Alborada» o el famoso «Fandango asturiano» flanqueando la «Escena y canto gitano» uniendo Asturias y Andalucía desde la inspiración rusa, que sirvió de sintonía radiofónica en mi infancia. El arreglo de A. Courtain sirvió para mostrar todo el poderío sonoro de una formación disciplinada en todos los sentidos, de nuevo con buenos solistas aunque algo «apurados» en los pasajes rápidos del fandango, especialmente el clarinete, y algo falta de sutileza en la batuta para alcanzar planos más diferenciados entre las secciones, con metales poderosos (5 tubas entre ellos) que por momentos taparon a flautas (la solista sargento primero), oboes y corno inglés. No hay comparación con el original pero en su momento estas versiones eran las únicas posibles para conocer en vivo las grandes obras de la historia de la música, y las bandas contribuyeron, aún lo siguen haciendo, a divulgarlas entre un público que no tiene acceso a las grandes salas sinfónicas.

La fantasía descriptiva El Sitio de Zaragoza de Cristóbal Oudrid, con toques militares alternando con la jota es imprescindible en estos eventos (con un trompeta solista impresionante), en excelente arreglo del que fuese director de esta Unidad Francisco Grau, todo un «hit» que el público reclama y del que los músicos pueden estar «cansados» de tocarlo, de hecho pudieron sacar más partido aunque siempre resulte epatante su ejecución, más cuando aparece desfilando la banda de trompetas y tambores, cuatro y cuatro por las escaleras hasta el escenario, levantando a todo el público de sus butacas tras el apoteósico y esperado final.
Mención especial para otro tema con firma valenciana: Libertadores de Oscar Navarro (Novelda, 1981), es una una suite moderna en dos movimientos, “Amazonas” de aire selvático y ritmo trepidante donde la percusión toma protagonismo, sin olvidar la marimba o la cabaça, aunque también hubo momentos cantados literalmente por parte de los trompetas jugando con este lenguaje compositivo actual y cercano que me evocó en cierto modo a Ginastera, y la impresionante «Marcha de los libertadores» ampliando el efectivo de percusionistas e instrumentos, todo un espectáculo la presencia de ocho tambores (una suboficial entre ellos) saliendo por las puertas laterales del escenario y ejecutando una coreografía de las que vemos en las bandas americanas o sajonas, compartiendo baquetas y parches, uniéndose la percusión corporal en clarinetes y saxos, no muy acostumbrados a estos recursos que engrandecen la escritura para banda sinfónica que tiene en clarinetista y compositor alicantino uno de sus mejores exponentes. De nuevo el público enardecido se levantó de sus asientos tras el apoteósico final, aunque los ánimos ya estaban en alto tras la «guerra contra los franceses».

Pasaban siete minutos de las diez de la noche cuando se hizo una pausa para entregar unos galardones de agradecimiento por la acogida de la Guardia Real en Asturias y la ¿colaboración? de las instituciones, con silencios y dudas sobre la ubicación en este momento del concierto, tal vez buscando ¿evitar? una desbandada si se realizaba al finalizar, cuando aparecieron tímidamente por la puerta izquierda las autoridades, abucheo y pitos al alcalde de Oviedo Wenceslao López (PSOE), aplausos y vítores para ex-regidor local y actual delegado del gobierno Gabino de Lorenzo (PP), crítica puede que merecida enlazando con todo el «rollo» del inicio, pero pienso que fuera de lugar evidenciando unos modales y gestos peligrosos que sólo crispan y denotan falta de educación, de la que los medios de comunicación seguro sacarán «carnaza» a estos cinco minutos de sonrojo que no deberían ir en el sueldo de nuestros gobernantes aunque no lo hagan bien. De nuevo mala política en un buen concierto.

No pareció calmar sino más bien destemplar a los músicos el más actual y «autóctono» Busindre Reel de nuestro internacional José Ángel Hevia, incorporándose al final un suboficial gaitero de la propia Unidad algo tapado por el poderío de la banda con un soso arreglo del coronel Blasco que no mejoró el original cargado de un ritmo que no nos transmitió el batería, del que desconozco si será arrestado por la ejecución (musical se entiende).

El delirio llegó con el final esperado, primero el famoso pasodoble compuesto por el maestro Francisco Alonso incluido en la humorada cómico-lírica Las Corsarias (1919) con la unidad al completo y el director animando al público a cantar el conocido “banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda…” cerrando como indica el protocolo con el Himno del Principado de Asturias (desconozco autoría del arreglo para banda) y el Himno de España armonizado por Pérez Casas y revisado por Grau, dos ex directores de la Unidad de Música de la Guardia Real, con todos los presentes en pie, esta vez educadamante. Nadie ordenó romper filas pero el descanso llegó a las 22:25 horas y el bochorno tardó en irse.

P. D.: La crítica musical para La Nueva España se publicará este domingo y la pondré aquí:
CríticaLNE20SEP2015
Crítica 20 septiembre 2015

Mozart siempre fluye

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Viernes 28 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Auditorio Príncipe Felipe: Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de W. A. Mozart (1756-1791). Entrada libre.

Concierto monográfico de Mozart pudiendo escuchar su primera y última sinfonía en un recorrido diríamos que fluvial, del Salz al Danubio saltando hasta el Támesis con 24 años de distancia: la Sinfonía nº 1 en mi bemol mayor, KV 16 (1764) escrita en el barrio londinense de Chelsea con tan solo 8 años de edad pero ya con su sello inconfundible que será cual marca eterna, terrenal y universal, que se elevará hasta el universo, al planeta de luz de la Sinfonía nº 41 en do mayor, KV 551, “Júpiter” (1788), todo el firmamento sinfónico en apenas una hora de música.

Casi finalizando el festival de verano musical ovetense, la OFil volvió a llenar el auditorio ovetense para disfrutar de un único protagonista para un viaje comandado por su titular Marzio Conti totalmente volcado con su orquesta, ejerciendo de auténtico maestro de ceremonias al comenzar explicando los movimientos que no figuraban en el programa («notas a la traducción» del ruso Mijlin) y la historia del momento que organizaba las sinfonías en tres movimientos, aplaudiendo al finalizar cada uno y animando al público a hacerlo como entonces.

Conti volvió al podio realmente con las pilas cargadas, superados malos tragos anteriores y físicamente recuperado de su espalda, como un verdadero atleta tras la experiencia futbolística del pasado domingo y detallista al máximo, optando por la colocación vienesa (violines enfrentados, cellos y violas enfrente, y tres contrabajos al fondo e izquierda, pero también en la elección de trompetas de llaves o baquetas de madera para los timbales modernos, buscando sonoridades limpias y mostrándose tan conocedor del genio de Salzburgo, dirigiendo de memoria todo el programa, como de su formación, con la que se le nota cada vez más cómodo y feliz, sacándole todo su potencial aún en esta pretemporada (el día 4 de septiembre tomará la batuta el joven mejicano Iván López-Reynoso).

La Sinfonía nº 1 en mi bemol mayor, KV 16 es deudora de las compuestas por los hijos de Bach en el llamado Preclasicismo, especialmente de Carl Philipp y Johann Christian, aún tripartita en movimientos y buscando contrastes en dinámicas que Marzio optó por no llevarlas al extremo, contrastes también en juegos tímbricos que en esta primera están limitados a la cuerda más una sección de viento reducida a oboes y trompas a dos, optando por la forma sonata bien desarrollada y de breve duración. La orquesta fluyó como el río en su nacimiento, Allegro Molto algo retenido en la velocidad como queriendo hacernos disfrutar del elemento cristalino, los motivos claros donde el genio comienza a esbozar su firma única; un radiante y sinuoso Andante que parece tomar un cauce más ancho al adquirir cuerpo orquestal dibujado claramente, sobresaliendo la variada dinámica especialmente los pianísimos (siempre rotos por algún móvil no silenciado) y con pinceladas de una madera confiada y segura más las notas tenidas de las trompas, todo bien delineadas por un Conti que deja brotar la música de este río más que arroyo antes de su desembocadura, diría que a borbotones en el Presto como cascadas en la cuerda, siempre transparente, la espuma de los bronces y sorteando los empinados meandros con mano firme al timón en discurrir por un cauce dominado de memoria donde la nave filarmónica navegó sin sobresaltos.

Magia y verdadero placer saltar al infinito universo, sin respiros, el paso de la infancia viajera con parada en Londres a la imperial Viena de madura juventud, bulliciosa como su hermana ribereña Praga, cosmopolitismo bañado por el río más musical del mundo y segundo más grande de Europa, paso al Mozart pleno que corrobora genialidad y magnitud de esta forma sinfónica por excelencia, la exploración de apenas un cuarto de siglo que es vertiginosa y llevada al máximo, la Sinfonía nº 41 en do mayor, KV 551 «Júpiter» ya de cuatro movimientos, más extensos en duración y plantilla a la que se suman parejas de fagotes y trompetas más los timbales, un río navegable por mayor caudal y longitud, necesitando una embarcación adaptada a las nuevas circunstancias, exigiendo una paleta orquestal sin perder unidad ni identidad, algo que el maestro entendió desde el inicio y nuevamente sin forzar “tempi”, sabedor y conocedor de las dificultades escondidas en el discurrir no siempre plácido de esta partitura, y optando por una singladura serena, sin sobresaltos pero marcando y mandando lo necesario, destacando los grandes claroscuros, unos silencios claros ya desde el Allegro vivace inicial, casi escénico por los paralelismos operísticos, con protagonismo compartido y bien resuelto en cada sección orquestal; el Andante cantabile discurrió entre frondosa vegetación de finos contornos, con el viento favorable y remando a favor de corriente, paisaje bien pintado por la batuta italiana sobre el lienzo orquestal; el Menuetto: Allegretto pareció más un vals vienés que una danza cortesana, opción válida con un marcado ritmo ternario donde la acentuación supone un paso a uno buscando asentar sonoridades; quedaba desembocar con el Molto allegro de genial contrapunto estudiado en los planos exactos para escuchar cada «fugato», el discurrir potente siempre en el cauce sin llegar a desbordar las márgenes, esa música que fluye sin necesidad de añadidos, mínimas señales de Conti para recordar y permitir el caudal exacto antes de su remanso y amplio final en un mar estrellado, sinfonía de paz y luz tras una regata fluvial hasta la suprema divinidad romana que da nombre al quinto planeta del sistema solar, padre de dioses y hombres casi como el propio Mozart, hombre niño en la primera sinfonía, dios humano en la última, sin necesidad de atributos como águila, rayo o cetro.

Y este viernes sólo podía regalarse Mozart, como en Salzburgo o Viena, más jolgorio y vitalidad, verdadera fiesta nupcial con la obertura de Le nozze di Figaro (1786) en similar línea sinfónica, un dominador Conti transmitiendo energía para completar y dar juego a toda plantilla con la incorporación del par de clarinetes más la segunda flauta, caudal sonoro controlado en todo momento y luz nunca cegadora en un concierto alegre además de fresco con la OFil alcanzando su momento ideal para el arranque de temporada.

P.D.: Crítica en LNE del domingo 31 de agosto:

Mayúsculos Cuartetos menores

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Martes 18 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: Cuarteto Quiroga: Aitor Hevia (violín), Cibrán Sierra (violín), Josep Puchades (viola), Helena Poggio (celo). Obras de Haydn y Brahms. Entrada libre.

En su cuenta de Twitter© el Cuarteto Quiroga escribía «500pers aforo completo y una cola con cientos fuera sin escucharnos. Luego dirán q la música de cámara es minoritaria«. Qué más se puede decir del concierto probablemente más esperados de este verano carbayón, algo nunca visto en cuanto a la expectación generada desde su anuncio, porque todos sabíamos que estábamos ante un acontecimiento que triunfa allá donde va, sinónimo de éxito y además en Oviedo ¡gratis!. Porque este cuarteto se le siente como nuestro aunque sólo sea una cuarta parte, la conexión asturiana no es «madreñismo» sino auténtica sinergia desde Llanes hasta Oviedo y un placer poder deleitarse con esta cuadratura del círculo, pasar del Palacio Real al Arqueológico, un cuarteto mayúsculo, casi hercúleo, que afrontó dos obras en modo menor, dos muestras de la excelencia que «El Quiroga» domina de principio a fin, Haydn, el padre del cuarteto, y Brahms, el alumno aventajado, dos momentos, clasicismo y romanticismo, para cuatro magníficos que funcionan como unidad total.

Soy muy dado a buscar paralelismos y no cabe duda que el mejor para hoy es el piragüismo, de hecho nuestra tierra presume de olímpica y universal en este deporte, esta vez en el llamado K4, auténticos campeones individuales que comparten embarcación para remar en perfecta sincronía, respirando al unísono y alcanzando triunfos allá donde compiten, tal es el grado de perfección y entendimiento de una formación que sólo el tiempo, y llevan más de diez años juntos, es capaz de elevar a estas cotas de trabajo permanente. El gallego Cibrán Sierra ha publicado el pasado noviembre un libro titulado «El Cuarteto de Cuerda: laboratorio para una sociedad ilustrada» (Alianza Editorial), casi un manual desde el que comprender esta formación en proceso inverso, casi de retroalimentación de la práctica a la teoría, la historia que nos ayuda a entender mejor y sin olvidar que para muchos de mi generación -y anteriores- supuso el itinerario previo necesario para alcanzar cotas mayores. Así entiende, tal como (d)escribe el cuarteto la música que interpretan desde el conocimiento profundo como docentes y ejecutantes, en una una embarcación que les está llevando por todo el mundo con la calidad como bandera. Ésta es la verdadera «Marca España», un asturiano, un gallego, un valenciano y una madrileña, capaces de acallar bocas con los hechos, la música de cámara con mayúsculas, accesible, popular y embriagadora para todos, moviendo masas en pleno verano carbayón.

El Cuarteto de cuerda en sol menor op. 20 nº 3 (Hob, III. 33) de Haydn es todo un catálogo de sensaciones y el mejor inicio en el mundo camerístico por excelencia, piedra de toque con la receta sempiterna a partir de entonces de los cuatro movimientos, el banco de trabajo y «laboratorio» para experimentar, un Allegro con spirito donde las cuerdas coquetean con un sustento claro del cello, el Menuetto (Allegretto) de evocación barroca por lo danzante y verdadera maravilla polifónica, riqueza de matices posibles desde la sutil limpieza de cada integrante del cuarteto, el extenso Poco adagio de lirismo intrínseco para paladear todos los registros sumados en empaste casi paradisíaco, pianísimos que cortaban el aire (hoy sin apenas interrupciones), silencios dramáticos preparatorios de cada frase con un cello «cantabile» poderoso pero nunca hiriente, acunado por sus tres compañeros de viaje, y el Allegro molto como guinda de un manjar, evolución sin involución sonora pues escuchar perfectamente a los cuatro sin perder unidad es la aspiración de toda la música en conjunto, siendo el cuarteto la mejor manifestación de ello y el elegido auténtica «prueba del algodón».

Brahms pide, exige más como conocedor de sus antepasados y admirador de Beethoven, el Cuarteto de cuerda en do menor, op. 51 nº 1 explora sonoridades, conjuga pizzicatos y arcos, trabaja la melodía en los cuatro instrumentos, da protagonismo desde la colectividad y lo impregna de sentimientos aún más elevados, contrastes y evolución sin revolución: Allegro, tensiones marcadas, sinceridad interpretativa, respeto a cada duración, a cada momento, progresión de cuatro elementos en todas sus combinaciones, sin excesos ni decaimientos; Romanze. Poco Adagio, el más brahmsiano posible, cantabile a más no poder, romanticismo en estado puro y más que el experimento sinfónico la cercanía de lo máximo con lo mínimo, complicidades en todas y cada una de las cuerdas vibrando y cantando como una para alcanzar el timbre celestial cargado de todo el sentimiento posible; Allegretto molto moderato e comodo, el mundo en miniatura, la mínima expresión para el mayor placer, la línea eterna en los extremos dinámicos sin perder plasticidad ni belleza, música cada vez más actual y cercana, conjugando punteo y arco en feliz mezcla tímbrica, para alcanzar el Allegro final que nos sumerge en la angustia, tortuoso, grave, profundo, punzante pero no hiriente, de pulsación vital, respiraciones a una, fraseos prodigiosos, sumas sin restar, multiplicación sonora y sin división de opiniones porque el resultado global te deja vencido ante tanta música directa al estómago, siempre «Brahms con sentido Quiroga».
De menores sólo las modalidades, mayúsculos los cuartetos y gigantesca la interpretación, no podían acabar sino con «un mayor» Haydn, el último movimiento del Op. 20 nº 4 para retomar el vuelo hacia las luces sin sombras.

Sin descanso veraniego

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Jueves 13 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Auditorio Príncipe Felipe: Damián Martínez Marco (cello), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Joaquín Martínez de la Roca (1676-1747), Schumann y Beethoven. Entrada: 6 €.

Los equipos de fútbol tras las breves vacaciones una vez finalizadas las competiciones y debiendo mantener el estado físico incluso fuera de la temporada, comienzan la preparación de la siguiente jugando partidos amistosos, triangulares e incluso torneos, lo que se llama la pre-temporada que sirve para dar minutos a los llamados reservas o jugadores de los filiales, engrasar el juego conjunto, probar fichajes, mejorar el entendimiento con el entrenador y todo lo que confluya en una competición de alto nivel a partir del inicio de lo que prefiero llamar Curso 2015-16.

Los músicos, como los deportistas, no tienen vacaciones nunca porque la exigencia es diaria y lo decía incluso el propio Casals: «Si un día no ensayo me lo noto yo , si son dos me lo nota el público«. Y las orquestas, al igual que los equipos, también necesitan su pretemporada, por lo que podemos tomarnos estos conciertos de la orquesta local con su titular cual dura preparación ante un intenso y nuevo curso escolar.

Pese a la coincidencia de actividades dentro de este festival carbayón para un desapacible jueves como los Bailes del Bombé o el espectáculo de danza «E Coreográficas Asturias ’15» en el Teatro Campoamor, que además eran gratis, el auditorio hoy de pago simbólico tuvo una excelente entrada y un comportamiento del público acorde a lo esperado. El programa elegido fue como enfrentarse a rivales de distinta entidad, con invitado de lujo y una OFil aún algo destemplada y falta del ritmo de partido, que fue calentando a lo largo de los noventa minutos «de partido» sin descanso, sentando en el banquillo a varios titulares, hoy Marina Gurdzhiya de concertino, cambiando posiciones pero dando minutos a los no habituales que reforzarán la plantilla más de una vez la larga temporada.

Dedicado a la memoria de la madre de Marzio Conti, fallecida el pasado martes 11, el concierto se abrió con el maestro sentado (sigue con problemas físicos, unidos a un estado anímico que no restó profesionalidad alguna) con una formación casi camerística para estrenar parte de Los desagravios de Troya del compositor zaragozano del barroco Martínez de la Roca aunque sin la presencia vocal pero a fin de cuentas música escénica en una comedia casi simbólica dentro de una producción mayormente religiosa, zarzuela de estilo italiano con protagonismo del trompeta principal Juan Antonio Soriano y donde no faltó el continuo a cargo de Bezrodny, página que recordó el auge de castrati como Carlo Broschi «Farinelli», un verdadero fichaje galáctico de Felipe V para la corte española de entonces. Buen calentamiento la música barroca española que no pasa de moda y debería ser más habitual en los conciertos porque hace afición y es agradecida siempre.

El plato fuerte vendría con el cellista Damián Martínez Marco en el muy escuchado Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, opus 129 (1850) de Schumann, que puso sobre el césped los desencuentros a la hora de concertar de la plantilla, algunas entradas a destiempo sin llegar a la tarjeta, falta de tensión e implicación que se fue corrigiendo a lo largo de los tres movimientos sin pausa de una de las joyas escritas para cello y orquesta donde el solista apostó por sonoridades cercanas aunque fraseos menos claros, el Nicht zu schnell destemplado en todos, costando arrancar y coger ritmo, mejorando en el Langsam que siempre permite el lucimiento de la figura, arropado por un ya erguido Conti aunque los hermosos «pizzicati» estuvieron algo faltos de presencia, y el Sehr lebhaft con cadencia incluida que trajo mayor entendimiento, un buen «tiki taka» agradecido pero falto de contundencia sonora, dejando un resultado aceptable pero corto en expectativas.

Una figura como Damián Martínez no podía abandonar sin una propina a su altura, por lo que la «Courante» de la Suite nº 3 en do mayor, BWV 1009 de Bach era lo menos, tampoco muy sentida para una afición no habitual que disfruta siempre con estos regalos de talla.

El tramo final nadie mejor que Beethoven y la no muy escuchada Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 36 (1803) manteniendo teorías sobre las pares e impares, pero ésta junto a la cuarta son casi rarezas poder encontrarlas en nuestros partidos caseros pese a la grandeza sinfónica ya pergeñada del genio de Bonn, que parece semejar en vigor y temperamento el Mozart de Don Giovanni, transición del Clasicismo al Romanticismo, apareciendo ya el «scherzo» que suplirá al «menuetto«, sinfonía par esta segunda bien entendida por Conti en plena forma y sin necesidad de papeles, exigiendo a todas las secciones que fueron de menos a más para rematar una intervención notable.

El inicial Adagio molto – Allegro con brio logró más seguridad en el viento (bien la flauta de Juan de Nicolás) que la cuerda, algo coja y afianzándose según va creciendo hasta arrancar el aplauso inesperado pero agradecido, síntoma de la emoción incontenida. El Larghetto es la elegancia de los movimientos lentos beethovenianos, dramatismo que orquesta y maestro transmitieron con buen gusto y sonoridades más equilibradas, pero aún sin garra. El Scherzo: Allegro sube la velocidad y exigencias a todos los músicos, centrados y con los músculos entonados, puede que todavía sin la intensidad del final de la temporada pasada pero convencidos, buscando luminosidad más que lucimiento con un tempo casi «allegretto» en pos de la seguridad. Y había que echarlo todo en el Allegro molto final, ritmo apoteósico y fuerza orquestal nunca vista hasta entonces, el Beethoven rompedor e innovador usando una forma no muy estricta de rondó, al fin los violines presentes dada la obsesión mostrada por el compositor en este movimiento, el trío de contrabajos al límite de intensidades desde el pianísimo, la frescura de las maderas con las trompas ya confiadas, verdadera entrega total y disciplinada a un Marzio Conti que se movió cómodo y confiado en esta perla cultivada llena de brillo.

Aún queda «pretemporada» pero el de hoy no fue entrenamiento ni pachanga, menos un amistoso con rivales inferiores, sino un partido exigente y primera toma de contacto con la realidad que se avecina. Plantilla y calidad hay para afrontar una larga y dura temporada.

Talento también en verano

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Miércoles 12 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: Dúo In Extremis: Andrés Fernández (oboe) y Omar Majbour Navarro (piano). Obras de Schumann, Gilles Silvestrini (1961), Tchaikovsky y O. Majbour (Oviedo, 1983). Entrada libre.

Concierto original con estreno incluido del pianista, director y compositor carbayón, organizado de forma cíclica donde no faltaron las correspondiente intervenciones a solo de dos músicos de casa que “in extremis” lograron evitar más fugas de un público veraniego mal educado que acude a ciegas y sin respeto por nada. Menos mal que sólo queda en anécdota pues todo estuvo bien trabajado y ejecutado por un dúo joven con mucho que decir en el difícil terreno de la música.

Schumann abría programa con Tres romanzas, op. 94, tres originales «lieder» sin palabras para la voz del oboe de timbre no siempre nasal, mientras el piano mantuvo y compartió protagonismo arropando melodías, Nicht schnell bien fraseado arropado por un teclado romántico, intenso Einfach, innig, «sencilla y ardorosa», simplemente íntimo pero con fuego, y la última Nicht schnell llena de intensidades y poesía instrumental.

Del oboísta y compositor francés Gilles Silvestrini pudimos escuchar dos lienzos distintos pero de «pinceladas maestras» donde Andrés Fernández jugó con una amplísima y virtuosa paleta de unas partituras con variadas reminiscencias, explorando sonoridades extremas de un instrumento siempre melódico, más de lo esperado a solo: De los Seis cuadros para oboe solo, el nº 2 «Potager et Arbres en Fleurs, Printemps Pontoise», el cuadro de Camile Pissarro primaveral árbol en flor como inspiración de expresividad máxima, incluso espacial en la búsqueda de colores plenos más allá del impresionismo, proyectando el sonido en las dos alas del claustro, ligero, de acento ruso y extremista sin perder expresión para todo un recital de oboe, y tras el estreno comentado, el nº 8 «Le Ballet Espagnol de E. Manet«, cuadro lleno de luz para un nuevo lucimiento solista, ese baile español que me trajo recuerdos de viajes, rumores de la caleta malagueña de Albéniz, expresividad desde la exploración tímbrica de tintes mediterráneos con pellizco flamenco de Alhambra orientalista como la de nuestro Falla, momentos sonoros cercanos al corno inglés ante un registro grave muy compacto, auténtico muestrario de notas extremas cual arco violinístico para semejar dos voces sin perder sentido melódico, verdaderos lienzos maestros con el pincel del oboe de Andrés Fernández.

Omar Majbour eligió para su intervención solista nada menos que a Tchaikovsky, sinónimo de melodía y sentimiento musical, Tres valses para piano que recordaron parte de los ballets sinfónicos del ruso, contrastes de género y tiempo, el opus 39 nº 9 masculino y quasi orquestal, ligero de ritmo bien marcado, la feminidad «sentimental» opus 51 nº 6, introspección menos bailable por el «rubato» que buscó y contagió todo el intimismo de esencia chopiniana, con una mano izquierda que semeja los violonchelos llevando el peso melódico mientras la derecha alza el vuelo cristalino, para volver a la fortaleza en pareja del opus 40 nº 8 por carácter e interpretación, sinfonismo del teclado en blanco y negro en bailarines de salón y puro romanticismo. Muy buena ejecución del pianista ovetense antes de enfrentarse a su estreno.

La Fantasía para oboe y piano, op. 8 del propio Omar Majbour conjuga parte de lo escuchado en el resto del concierto, conocedor del lenguaje del oboe, dominador de la escritura pianística para pasar del acompañamiento al solo en una obra “ad hoc” de plena actualidad. Tiene tintes franceses como los cuadros de Silvestrini, armonías ricas, un completo y variado discurso más allá del lucimiento del viento, que lo tiene, juegos de notas extremas y disonancias sin perder nunca el sentido melódico característico del instrumento «solista», cargas expresivas a base de amplios reguladores y tiempos contrastados, más silencios subrayando un expresionismo cercano. Interesante obra y ejecución de este dúo “in extremis”. Como en cada estreno suelo tomar notas según voy escuchando, aquí las comparto:

Arranca el oboe solo contestado por pinceladas del piano a base de acordes en melodía tranquila antes de desarrollar un tema de aire ruso por fraseo y acompañamiento, ganando en intensidad y tiempo de forma simultánea para un segundo tema jugando en unísonos, notas cortas y silencios, stacatos en ambos protagonistas y un remanso pianístico solo preparando el tercer tema casi oriental y variando el primero, momentos «ad libitum» antes de un puente del piano que retoma el tempo lento de fraseo muy melódico por parte del oboe, escritura muy clásica con los rellenos armónicos del piano donde no faltan notas pedales que engrandecen una sentimental melodía. Prosigue esta fantasía con un crescendo y tempo agitado a base de arpegios y trinos desembocando en un lento y brillante tema de aire francés con unos graves en el piano que contrastan tímbricantemente con el oboe y caminan juntos hacia un final sin excesos, mínima pausa con e silencio subrayando el vivo y aumento dinámico hasta un seco y concluyente fortísimo.

Tras el ya comentado segundo cuadro del oboista francés, se cerraba el círculo virtuoso con el Adagio y allegro op. 70 de Schumann, perfecto principio y final, auténticas «romanzas sin palabras» del Leipzig de Félix y Robert, el “lied” lento de verbo abstracto y claro seguido del “allegro” final tortuoso y brillante, cascada sentimental de protagonismo compartido en el más puro romanticismo alemán.

Las dos propinas fueron muy del gusto de cualquier melómano por lo conocidas: un respetuoso arreglo del Nocturno op. 9 nº 2 de Chopin, aquí con el oboe llevando toda la melodía y el piano original sin ella, para degustar todavía más del placer y dolor romántico, más el Summertime de Gershwin interpretado y sentido como un canto del siglo XX en el lenguaje americano que perseguía el llamado «Chopin de Broadway», aquí despojado de jazz, perfecto entendimiento de un joven dúo sobresaliente ¡y de casa!.

Del público veraniego irreverente y maleducado volver a destacar sus móviles, movimientos ruidosos de sillas, desvergüenza en marcharse sin esperar una pausa entre obras y demás lindezas que mejor no cabrearse ante el incivismo campante de nuestro tiempo. Por lo menos los fotógrafos respetan los tiempos y algunos incluso desactivan el «click» de sus cámaras digitales, marchando a las redacciones al finalizar los intérpretes. Supongo que algo de complicidad artística hay. Todavía queda mucha música de verano en Oviedo, y en las de pago espero no pasar vergüenza ajena.

P.D. 1: Dejo la crónica de N. Hermida en LNE del 13 de agosto.
P.D. 2: Dejo mi crítica en LNE del 14 de agosto.

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Vientos tañendo a rebato

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Martes 11 de agosto, 20:00 horas. Iglesia de Sta. María la Real de la Corte. Festival de Verano Oviedo 2015: AUDI ALTERAM: María Martínez Ayerza (flautas), Petri Arvo (bajón y flautas), Petros Paukkunen (órgano). Obras de Giovanni Antonio Pandolfi Mealli, Francisco Correa de Arauxo, Jan Pieterszoon Sweelinck, Aurelio Virgiliano, Bartolomeo de Selma y Salaverde, Pierre Regnault Sandrín / Diego Ortiz, Michelangelo Rossi, Carlo Gesualdo y Tarquinio Merula. Entrada libre.

La crisis bancaria abolió en 2013 sin más explicación ni disculpas el Festival de Órgano «CajAstur» de Asturias, una cita para los amantes del llamado instrumento rey durante los meses de mayo y junio que llevaba nada menos que ¡23 años!, rompiendo un apoyo que alcanzó numerosas manifestaciones culturales, siendo las musicales las más perjudicadas y echando por tierra los esfuerzos de muchos implicados en mantener nuestro Principado como referente en los circuitos internacionales, quedando conciertos sueltos en Covadonga con su ciclo de verano que llega éste al séptimo año, la Semana de Música Religiosa de Avilés, XXXVIII ediciones en la pasada Semana Santa, o muy puntuales en los grandes órganos del patrimonio asturiano. No me sirve de consuelo ver que León tras el titánico trabajo en alcanzar financiación para el nuevo órgano de su Catedral, y con 32 ediciones de su festival, también se haya quedado estancado ante el desinterés político e institucional (salvo el ciclo Bach del INAEM a través del CNDM) y parece quedar luchando contra todo el Festival de Órgano Ibérico de Palencia, en los históricos instrumentos de la Tierra de Campos.

Oviedo viene a paliar el desaguisado y barbecho organístico (entre todos mataron y él solo se murió), quedándose en una simple agonía porque cada verano recupera parte de este legado, estando presente algún concierto como el último al que asistimos, con un nuevo lleno «pagando» incluso la misa previa en La Corte, la antigua iglesia del monasterio de San Vicente, el mismo del Padre Feijóo que preside la plaza, y cuyo claustro acoge hoy el Museo Arqueológico, sede de la mayoría de conciertos veraniegos, una iglesia restaurada en el XVIII que tiene el mejor órgano ovetense y una de nuestras joyas (junto al de Puerto de Vega), instrumento barroco (1705) “mudo” desde 1950, restaurado por Grenzing en 1988 cuando quedaba dinero para casi todo, y que si pudiese hablar daría para muchas y variopintas historias de muerte y resurrección musical con Moisés casi patrono por «salvado» de las aguas en 2003.

El trío Audi Alteram en gira española que les llevará el jueves 13 al Festival de Santander y el sábado 15 hasta Cuenca, es una formación hispanofinesa que se encuentran en Amsterdam, aún capital de la música antigua, audi alteram … Las piedras y los árboles movía para titular su concierto «Música para un mundo cambiante», y así resulta, cambiante y sabia conjunción de soplo mecánico en el órgano ovetense tañido por Petros y el humano de su compatriota Petri al bajón y flautas, más la española María Martínez, todos de amplio recorrido y experiencia en estas músicas instrumentales esta vez centradas en el «seicento», alcanzando momentos de empaste con el órgano de unidad tímbrica todavía más enriquecedora, a lo largo de diez piezas (hicieron dos de Sweelinck). Las notas al programa que dejo arriba, hablan de su nacimiento para promover el Stylus Phantasticus, estilo de música instrumental del siglo XVII que se caracteriza por utilizar una variada paleta expresiva, grandes contrastes y una libertad compositiva insólita hasta el momento, gracias a que desde 1600 los instrumentos encuentran su propio vocabulario independiente del vocal, lleno de virtuosismo, trinos, acentos, escalas, cromatismos… y así resultó cada obra, alguna adaptada por y para esta formación de vientos, que como su nombre latino, «escucha a los otros».

El siglo XVII resultó revolucionario también en la música y las artes plásticas por un efecto dramático que rompe con la simetría y el equilibrio renacentista y deja paso a las emociones «desde el sufrimiento extremo o la alegría más desbordada», seña de identidad en cada pieza donde alternan grandes maestros de la música instrumental con obras para órgano tituladas de “durezze e legature” como llamaría Frescobaldi, traducido a esta música como «disonancias y suspensiones», alternancia de acordes puede que «duros» para entonces, hoy más placenteros por educación y tiempo, con armonías placenteras que expresan contrastes preparatorios del barroco pleno, dolor y serenidad como pilares emocionales.

A destacar cuánto cuidó el detalle en toda la gama de registros del órgano ovetense Petros Paukkunen, sabedores de la dificultad que tiene hacerse con un instrumento único, sabiendo elegir los adecuados para ser capaz de confundirse con las flautas y bajón (fagot barroco) de su compatriota que tuvo su protagonismo cual ministril de tantos templos, mezcla perfecta de lengüetas mecánicas y humana, y las flautas dulces de la conquense María Martínez, combinadas en obras para demostraciones virtuosísticas por parte de los tres intérpretes donde no faltó elegancia ni musicalidad, presencia clara de la emancipación instrumental a partir de 1600 frente al dominio vocal: trinos, acentos, escalas y cromatismos de todo tipo resueltos con excelencia.

Variados compositores para un concierto de autores variados comenzando por la Sonata quarta: La Castella de Pandolfi Mealli, una «sonate à violino solo, per chiesa e camera» de tres movimientos donde aparecen los contrastes antes mencionados, en versión para órgano y dos flautas en subidas y bajadas dialogadas con solos intermedios de la tecla desde registros similares capaces de confundir a oídos inexpertos, para seguir con nuestro Correa de Arauxo y su Tiento de dos tiples de séptimo tono básicamente flautas, arreglo para órgano y flautín antes de la incorporación de la segunda flauta contralto al final de esta obra con tintes virtuosos rica en disonancias, como la mayoría de formas elegidas, .

El órgano solo llegó con la Fantasía (contraria) en sol, SwWV. 270, S. 3 (g1) del genio Sweelinck, nueva lección de Petros Paukkunen y sabia elección de registros de menor a mayor dinámica según avanzaban las variaciones, incluyendo la trompetería que aguantó sin problemas de afinación en un derroche sonoro y virtuoso. Del mismo compositor hicieron una nueva obra para «canto e basso» donde se conjugaron órgano, flauta y bajón con alguna dificultad de afinación de éste con la tubería homónima, especialmente en los pasajes agudos, que no sucedió con la flauta soprano siempre atinada y empastada con el padre organístico.

Crecida la flautista y profesora española en Londres nos dejó un impecable Ricercare de Virgiliano (de Il Dolcimelo), obra solística pleno de recursos al servicio de la partitura, haciendo cantar sola una flauta no ya española sino internacional, trinos imposibles, fraseos vocales y poderío instrumental, virtuosismo en estado puro en todo el amplio registro de la flauta contralto.

Brillante protagonismo de los intérpretes finlandeses en la Fantasía 5 a basso solo (Bartolomeo Selma y Salaverde), tres movimientos más empastados y afinados que en el trío “canto e basso”, con verdadero canto del fagot y contracanto organístico siempre con el registro adecuado para no tapar nunca la doble lengüeta humana con la mecánica, hermanamiento con el bajón gemelo de un compositor referente de los fagotistas.

Igualmente buena mecánica y combinaciones con la flauta baja en la cláusula Doulce memoire de Sandrin que glosase nuestro Diego Ortíz, respetuosas dinámicas del órgano con la piccolo femenina en una hermosísima reinvención remanso de paz que aumentaría en intensidad con la incorporación del bajón nuevamente en difícil afinación que no enturbió la interpretación del trío.

Habiendo órgano no puede faltar la forma por excelencia, Toccata 7 de M. Rossi que trajo un verdadero catálogo de recursos a cargo del organista finlandés, auténtico virtuoso de sonido limpio en ambos teclados, con sonoridades plenas, floreos u ornamentaciones ricas de disonancias contrarias en oposición de teclados y con registros variados y contrastados, demostrando una calidad excelente este joven intérprete corroborada con la Gagliarda del «Príncipe di Venosa» Carlo Gesualdo cual marcha procesional en tubería segura y afinada de contrates variados, trompetas frente a plenos, violones contra tutti que «el resucitado» por Grenzing soportó con la misma seguridad y templanza del intérprete nórdico, solamente frío por nacimiento y realmente fogoso sin quemar naves.

Los danzantes pájaros del dúo de flautas con órgano de la Ciaccona de Merula, perteneciente a las «Canzoni» publicadas en Venecia en 1637, redondearon una completa velada de formas instrumentales para lucimiento de todos, entendimiento de soplo humano felizmente casado con el mecánico, todo un amplio despliegue de recursos musicales que hicieron cantar a los tres vientos, ya que es denigrante el público mal educado al que no le importa siquiera estar en un templo religioso, algo que debe cantarse a los cuatro vientos pese al dicho de «espectáculo gratis, cueste lo que cueste».

 
P. D.: Dejo aquí mi crítica publicada en LNE del 13 de agosto:

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Piedra y terciopelo

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Jueves 6 de agosto, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Festival de Verano Oviedo 2015: Rubén M. Larfeuil (viola), Kennedy Moretti (piano). Obras de Reger, Brahms, Hindemith y Hummel. Entrada libre.

Diferencias entre un violín y una viola: La viola arde más tiempo, en la viola cabe más cerveza, el violín puede afinarse… y así toda colección de chistes sobre los violas, cierto que los hay de todos los instrumentistas, pero la que podemos llamar hermana del violín se lleva la palma, incluso podemos hacer chanza del propio nombre, prefiriendo nombrar a los constructores de guitarras como violeros, genérico de todos en detrimento del afrancesado «luthier» y puede que la razón por la que en Portugal se llama viola a la guitarra. Toda una evolución del término aunque no del propio instrumento.

No podemos entender el llamado cuarteto de cuerda sin la viola, siempre presente y necesario equilibrio en el amplio rango, capaz de sonar a violín o a violonchelo para «cubrir» los excesos de sus hermanos. Y en la orquesta sinfónica otro tanto, siendo sus intervenciones contadas pero muy agradecidas. Existe mucha literatura para la viola y el concierto del asturiano Rubén Menéndez Larfeuil (1984) se ciñó a lo más representativo. Profesor de la Orquesta de RTVE desde 2009 y recién llegado de Santander donde participó con ella, dirigido por el también asturiano Pablo González, en los conciertos del Festival así como los del Concurso Internacional de Piano Paloma O’Shea, para el programa preparado no se anduvo con concesiones ni limitaciones, al contrario, volvió a darlo todo y con el brasileño Kennedy Moretti, un pianista de repertorio que supuso el perfecto complemento para un concierto completo. Reivindicación del protagonismo de un «secundario», los mismos que en el cine realzan el reparto porque sin ellos la acción no resultaría igual y que  cuando se les exige remontan el vuelo como eclipsando a las llamadas primeras figuras, como de menor renombre, incluso algo olvidados los compositores elegidos en comparación con los llamados genios si es que pudiésemos establecer un listado de categorías, y donde sólo Brahms parece tener el privilegio de figurar en el encabezado de protagonistas eternos.

El claustro del antiguo convento de San Vicente demostró la excelente acústica para estos conciertos, sin necesidad de amplificaciones artificiales, y la viola de Rubén convirtió en terciopelo las piedras que se empaparon de música con un dúo de talento y excelencia para un programa virtuoso. Volviendo al símil cinematográfico «Solo ante el peligro» se presentó Larfeuil para comenzar con la Suite nº 1 para viola sola, en sol menor, opus 131d del alemán Max Reger (1873-1916), para llenar no la pantalla sino todo el museo, un placer sonoro disfrutar la calidez y calidad de la viola en ese emular por momentos al violín y en otros al cello, tal es el espectro del secundario (que no segundón) del cuarteto de cuerda, obra de un auténtico perfeccionista y trabajador que parece utilizar esta forma heredera de Bach, otro enamorado del timbre de la viola. Cuatro movimientos contrastados en discurso y emoción, como piezas independientes que engrandecen a esta «hermana» intermedia: Molto sostenuto sosegado, Vivace luminoso, Andante sostenuto fraseado con delicadeza y Molto vivace poderoso, impares hondos en expresión y pares de maravilla técnica al servicio de la música, con la sonoridad de las piedras multiplicando la sensación de paz que transmitía la viola sola.

Ya con Moretti llegó la profundidad de Brahms (1833-1897) y su Sonata nº 1 en fa menor, opus 120 para poner un primer plano de viola (también en versión con clarinete), acompañada en el sentido amplio del término, dúo de lujo para una obra compleja, con recovecos y exigencias en un largo desarrollo plagado de intensidades para los dos intérpretes, cuatro movimientos ajustados a cada indicación de tempo, cual guión que se haría realidad: Allegro appassionato-Sostenuto ed espressivo, el piano casi orquestal y la cuerda sinfónica en una reducción o cortometraje experimental de obra mayor, Andante un poco adagio cual escena amorosa y contraposición de género, piano masculino y viola femenina, diálogos sabrosos, el toque de humor del Allegretto grazioso que una buena película debe poseer con la alternancia hablada, chispeante y de contagioso ritmo ternario casi vienés concebido por un actor de primera como el hamburgués cuya baja autoestima no le permitió creerse nunca su grandeza, antes de finalizar con un Vivace encajado por el dúo al detalle, protagonistas de un romance tormentoso lleno de emociones musicales en una versión encomiable y personal.

El esfuerzo trajo el necesario descanso para otra proyección o sesión en otro idioma y metraje, realización magistral para argumentos distintos de otro “secundario” como el alemán Paul Hindemith (1895-1963), compositor, musicólogo, violinista y también violista, cuya Sonata nº 4 para viola y piano, opus 11 nº 4 (1919) elige de protagonista a la habitual secundaria, una Phantasie que presentada el piano y contesta la cuerda en feliz evolución que crecerá en el tema con variaciones del siguiente movimiento y el final igualmente variado, para lucimiento violista y virtuosismo pianístico de lenguaje moderno, actual, que explora todo el registro de la hermana del violín, bien apoyada por un piano poderoso y claro alternando planos para una ejecución magistral a dúo, grandeza desde el conocimiento del instrumento tanto del compositor como de los intérpretes, excelente elección y ejecución magistral sin ambages.

Y para terminar nadie mejor que otro secundario de lujo, el austrohúngaro J. N. Hummel (1778-1837), alumno de Mozart, que desde el lenguaje clásico de su maestro alcanza realiza la transición al romanticismo, presente en variadas composiciones para solistas, recordando el famoso concierto para trompeta en mi bemol. Para la viola compone su Potpourri sobre óperas de su maestro y de Rossini, conocida como Fantasía opus 94 convirtiendo la orquesta en piano, versión fresca que la piedra del claustro devolvió sedosa y cercana, resplandeciente como los arcos góticos sobre nosotros, ligereza de la piedra como los arcos en la viola en un saber decir por parte de Larfeuil y Moretti, unos secundarios que actuaron como verdaderos y excelentes protagonistas, indispensables en veladas de cámara tan necesarias como complemento a grandes auditorios, diría que recordándome aquel cine llamado de arte y ensayo de mi juventud, preparación y amplitud de miras para poder disfrutar del llamado séptimo arte en todos los formatos, paralelismo musical que no debemos olvidar.

El público volvió a llenar el claustro pero con el precio de la ignorancia y la mala educación, marchando durante el concierto, sin esperar propinas que aún nos regalaron y se perdieron (gratis total), un arreglo del siempre emotivo Salut d’Amour, op. 12 de Elgar, otro secundario conocido más como música de fondo en documentales de la realeza pero otro compositor imprescindible y protagonista como nuestro dúo.

P. D.: Crítica en La Nueva España del 8 de agosto de 2015:

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