Inicio

Mucha flauta en semifinales

1 comentario

Martes 10 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda Semifinal. Entrada libre hasta completar aforo.

Dentro del XXI Festival de Música Antigua de Gijón se celebra este concurso internacional que llega ya a su séptima edición, pasando a la penúltima ronda cuatro grupos con predominio de flautas y algunas propuestas interesantes no ya por el repertorio donde abundó el Renacimiento, sino por las formaciones que actuaron por sorteo en el orden siguiente que paso a comentar.

Vox Tremula, un trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla allá por 2012 por la aragonesa Elena Escartín Díez, la alemana Judith Milena Cord-to-Krax y el argentino casi asturiano Gonzalo Martín Llao, quien también cantó De tous biens playne de Hayne van Guizeghem (c.1445-1476-97) antes de la versión instrumental de Alexander Agricola (c. 1445-1506) con la que abrieron la velada.

Combinaciones de flautas por parte de los tres músicos que continuaron con Calata ala spagnola (ditto Terzetti) de Joan Ambrosio Dalza (f. 1508), The eagles’s force & a gigg (William Byrd, 1543-1623) de virtuosismo a trío jugando con las dos danzas, y finalizar con la conocida Aria sopra «La Bergamasca« del barroco Marco Uccelini (1603/10-1680), apuesta arriesgada por los instrumentos con buenos resultados interpretativos pese a cierta «monotonía» tímbrica bien resuelta por las arreglos de las obras elegidas, ricas en polifonía y ritmos sumadas a la calidad y virtuosismo de este consort internacional.

El Dúo Acciaccatura que ya ganase el premio del público el pasado año, está conformado por la violinista madrileña Berta Ares López y el tiorba oscense Ignacio Laguna Navarro, también guitarra barroca aunque no la tañese este martes, personalmente el más original pero técnicamente algo flojo, puede que por la presión del concurso, poco volumen en la tiorba comiéndose algunas notas, y mayor presencia del violín barroco con ligeras imprecisiones en arco pero sobre todo de pulsación que dieron lugar a armónicos indeseados aunque sin perder nunca una musicalidad e ímpetu admirables, sobre todo en la violinista.

Las dos obras elegidas fueron sendas sonatas barrocas francesas de cuatro movimientos: Jean-Féry Rebel (1666-1747), la nº 6 en si menor, y de Jean Marie Leclair (1697-1764) la Sonata VIII en re mayor (Troisieme Livre de Sonates op. 5) de mayor exigencia para ambos intérpretes, sentidos los tiempos lentos y vívidos los rápidos destacando el final virtuoso a unísono que resolvieron bien pese a no lucir la tiorba como si de una viola da gamba o un clave para el acompañamiento se tratase.

Más flautas en el Ensemble Melante con Daniel Riquelme Delgadoy Juan Miguel Illán Calado (flauta de pico y fagot barroco en la segunda de las obras) más la viola da gamba de Andrés García Fraile, juego tímbrico de viento y cuerda para la Suitte II en sol menor (Pièces en trio) de Marin Marais (1656-1728), tripartita (I Prélude / II Sarabande / III Air gay) bien contrapuestas y sentidas aunque poco agradecidas por su escritura y textura que pese al virtuosismo del compositor en la viola da gamba no tuvo el protagonismo esperado mientras las flautas completaron una partitura no muy inspirada,

en contraposición a la impresionante Trio Sonata TWV42:F3 para flauta de pico, viola da gamba y continuo (Essercizii Musici) de Georg Philipp Telemann (1681-1767), mucho mejor al contraponer la flauta protagonista junto al continuo del fagot barroco y «la madre del cello» en tres movimientos impactantes y bien ejecutados por el ensemble: I Vivace / II Mesto / III Allegro, destacando los extremos por virtuosismo y docta escritura por parte del compositor alemán bien leída por este trío.

Cerrando semifinal desde Valencia otro trío con flautas pero con clave y cantando también, variando combinaciones y apostando sobre seguro en el repertorio con obras breves, variadas e incluso conocidas presentadas orden cronológico, mi personal votación como público, Ibera Auri con Lidia Rodrigo Royo (clave y también flautas aunque no para las obras elegidas), Gabriel Belkheiri García del Pozo (flautas de pico y tenor) y Laia Blasco López (mezzo y flautas de pico).

Comenzaron con el anónimo del siglo XV Por qué llorax blanca niña en la voz femenina con el clave casi laúd y la flauta de perfecta ambientación sefardí, continuando con Por que não me vês Joana del Cancionero de Elvas otro anónimo del XVI alternando las flautas y voces, mejor la mezzo que el tenor pero ambos con naturalidad, fraseando después las flautas como el texto más el siempre presente y seguro clave, aparcando momentáneamente las flautas para cantarnos Frescos ayres del pradode Antoine Boësset (1587-1643), antes de las dos conocidas obras para el final, las instrumentales y virtuosas Folias para Dña. Tarolilla de Carallenosde Andrea Falconieri (1585-1656) y Trompicavalas amor de Juan Hidalgo de Polanco (1614-1685) con Laia Blasco cantando junto a la flauta de Gabriel y el clave de Lidia en una versión que madurará con ellos porque hay tantas versiones que todavía será inalcanzable la propia con este trío joven.

Al finalizar de escribir desconozco quiénes pasarán a la final del miércoles donde también se dará a conocer el premio del público que nuevamente abarrotó el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque escuchase algunos despistes, mayormente jubiladas, confundiendo el clave con un piano de cola o la tiorba con un laúd… pero disfrutando todos de cuatro formaciones con mucha flauta.

P. D.: Vox Tremula e Ibera Auri finalistas para este miércoles 11.

Música antigua en el verano gijonés

1 comentario

Lunes 9 de julio, 20:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto, XXI Festival de Música Antigua de Gijón. Los Afectos Diversos (Nacho Rodríguez, director). Si no os hubiera mirado, obras de Juan Vásquez. Entrada libre y aforo completo.

Hacía unos veranos que no me escapaba al festival gijonés que sigue siendo cita obligada en el inicio estival de la capital de la Costa Verde, alcanzando ya su vigésimoprimera edición, bajo la dirección de Eduardo García-Salueña que presentó el concierto, con una quincena completa de actividades que incluyen conciertos, charlas y encuentros a cargo de la JAM Asturias, masterclass, cursos, talleres, Antiqva rural o el Peque Festival Antiqvo, sin olvidarnos del concurso internacional ya en su séptima edición, para formaciones que buscan hacerse un hueco en este mundo de la llamada «Música antigua» ganando cada vez más adeptos en este renacer, como volvió a comprobarse en el patio del Antiguo Instituto Jovellanos en este segundo concierto tras el inaugural de Lina Tur Bonet con MUSIca ALcheMIca dedicado a Corelli al que me hubiese gustado estar, pero quería sacarme la espina con el grupo del asturiano Nacho Rodríguez tras el «pinchazo» con Monteverdi, Schutz y Oniria en la primavera ovetense, siempre apostando por formaciones y solistas de calidad desde sus inicios y asentándose en el difícil calendario de festivales de verano.

Con una formación totalmente distinta a la de mayo en Oviedo, y un programa íntegramente dedicado a Juan Vásquez (Badajoz c. 1505 – Sevilla, 1563) que también han llevado al disco hace tres años con más músicos, llegaban Los Afectos Diversos con un leve retraso por la rotura de una cuerda de tripa en el arpa de Manuel Vilas debido a los cambios de temperatura y humedad de Madrid a Asturias, comenzando con el tema que daba título al programa, Si no os uviera mirado con la soprano Cristina Teijeiro (titular en la grabación) antes de que Nacho Rodríguez fuera presentando cada uno de los siete bloques con que organizó el recital. Junto al propio director que también hizo de tenor, las voces de la citada soprano con Flavio Ferri-Benedetti (alto), Luis Toscano (tenor), Manuel Jiménez (barítono que también participó en el disco) y Javier Cuevas (bajo) en el elenco vocal junto a la vihuela de Manuel Minguillón y el violón de Sara Ruiz más la citada arpa de dos órdenes que comienza a recuperarse con solistas como Sara Águeda (el día anterior con Lina Tur Bonet) o Laura Puerto (partícipe del disco), verdadero instrumento rey de nuestro renacimiento y barroco hispano del que Vásquez fue uno de los grandes que caería en el olvido, salvo algunos sonetos y villancicos conocidos, como Con qué la lavaré o De los álamos vengo, madre que nos regaló al final todo el conjunto dirigido por el asturiano que volvía a casa.

En el mundo de la música antigua y barroca muchas formaciones se arman para la ocasión, caso de esta en Gijón de Los Afectos Diversos, pero contando siempre con una selección de músicos curtidos en estos repertorios (casi como una plantilla de colaboradores habituales) aunque sería deseable la estabilidad que redunda siempre en mayor calidad y dominio de los programas, sin desmerecer la de los nueve intérpretes que actuaron este lunes en el patio del antiguo instituto.

Interesante fusión de colores vocales e instrumentales que se fueron combinando en siete «capítulos», comenzando casi todos con las intabulaturas sobre temas de Vásquez con la vihuela protagonista de Minguillón y desfilando cada uno de los solistas a excepción del barítono, comenzando el propio director. El contratenor afincado en Valencia tuvo más momentos que sus compañeros y fue muy aplaudido aunque se «rompiese» la unidad prevista en cada bloque, con expresividad vocal y gestual unida a su musicalidad demostrada por el contratenor alto hace años en Asturias donde ya pudimos disfrutarle, especialmente Con qué la lavaré.

Igualmente destacables las variadas combinaciones vocales e instrumentales que ayudaron a dar frescura a unas canciones donde la letra no siempre se entendió con la claridad deseada y el ritmo se marcó más de lo deseado para el tactus renacentista, jugando con las tímbricas en sonetos y villancicos a tres, cuatro y cinco, a capella, acompañados o doblados por los tres instrumentos que también gozaron de protagonismo compartiendo la belleza de Juan Vásquez.

Si las intabulaturas para cuerda pulsada de Pisador, Valderrábano o Fuenllana inspiradas en las melodías del pacense sirvieron para recordar su popularidad de entonces, ahora corroboraron la calidad vocal de Teijeiro, Toscano o el citado Ferri-Benedetti junto a la vihuela de Minguillón en perfecto equilibrio de dinámicas, aún más completas con el arpa de Vilas, el violón de Ruiz y el poderoso bajo Javier Cuevas que sustituía al anunciado Bart Vandewege, completando un intenso concierto donde alternar alegrías y tristezas de textos realzados por la música que hizo las delicias del siempre agradecido público del festival.

Sacada la espina de Los Afectos Diversos y mejor este tributo a Vásquez con cuerda que el Monteverdi de trombones por todo lo escuchado, volviendo a insistir en la grandeza del directo aunque los discos tengan la magia de perpetuar lo inaprensible y el dedicado al pacense no tiene desperdicio.

Programa para celebrar 20 años

Deja un comentario

Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» español, y los Conciertos del Auditorio junto a las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» llegan a sus veinte años con una programación muy completa que hará las delicias de todos los melómanos no solo asturianos sino de los muchos que acuden a la capital del Principado ante su excelencia musical que también tiene una Primavera Barroca camino de los seis años, más ópera y zarzuela en su amplia oferta junto a un festival de verano próximo a comenzar que busca también un hueco estival en los museos arqueológico y de Bellas Artes, incluso un concierto de órgano en La Corte, todo citas para apuntar en las agendas.

De los pianistas que siguen sumando a la amplia nómina que Oviedo ha tenido siempre a lo largo de su dilatada historia, para la temporada extraordinaria de los 20 años las jornadas que llevan el nombre de nuestro recordado Luis Iberni contaremos con la donostiarra Judith Jáuregui que continúa asentando una carrera internacional de primera sin olvidarse de nuestra tierra que lleva visitando hace años en distintos ciclos, abriendo las jornadas con el Cuarteto Singnum en noviembre, continuando con Piotr Anderszewski, el surcoreano Kun-Woo Paik con la Oviedo Filarmonía (OFil), orquesta residente del ciclo, un marzo con el siempre esperado San Sokolov en solitario o Daniil Trifonov nada menos que con la orquesta del Mariinski de San Petersbrugo y Valeri Giergiev a la «batuta», para ir avanzando primavera con Javier Perianes en solitario, otro pianista conocido y querido en Asturias, y mi adorada Gabriela Montero en mayo a dúo con el chelista Gautier Capuçon, pareja reconocida que se unen en un broche de oro a estas jornadas.

En el ciclo paralelo (conjunto para quien quiera abonarse a ambos) de los Conciertos del Auditorio , las grandes voces tienen su terreno propio junto a distintos solistas instrumentales y formaciones orquestales de alto voltaje. Del universo lírico abrirá temporada en octubre Gregory Kunde que sigue disfrutando de una segunda juventud, las sopranos Patricia Petibon con La Cetra y Andrea Marcon, Julia Lezhneva o Ermonela Jaho con la OFil en febrero y abril respectivamente, con Michael Antonenko dirigiendo a la primera y compartiendo programa con el tenor Benjamin Bernheim la segunda, otro más de los conocidos como el tenor Ian Bostridge con Fabio Biondi y Europa Galante, o la estrella de los contratenores Philippe Jarouskky que vuelve a Oviedo, esta vez con el Ensemble Artaserse, para cerrar temporada con el concierto extraordinario de Juan Diego Flórez y Vincenzo Scalera al piano.
Tomar nota de los instrumentistas de altura como la violista Isabel Villanueva que actuará con la OFil y Yaron Traub a la batuta, la violinista Veronika Eberle con la Filarmónica de Hamburgo y el incombustible Kent Nagano en la dirección, o la virtuosa Hilary Hahn con la Filarmónica de Radio Francia y Mikko Franck; el flautista Emmanuel Pahud vendrá con la Orquesta de Cámara de París y el director escocés Douglas Boyd, el chelista Nicolas Altstaedt que también hará de director con la OFil, más la esperada visita de la Gustav Mahler Orchestra con la dirección del excelente Jonathan Nott y la participación del Coro de la FPA, sin dejarme en el tintero el regreso de René Jacobs que nos traerá un cuarteto vocal con su Orquesta Barroca de Friburgo y el RIAS Kammerchor de Berlín, uno de los mejores coros del mundo, en un mes de mayo para no perdérselo.

En pleno verano, al menos de calendario, felicitar a la organización de estos conciertos y tocando madera para evitar cancelaciones que en el mundo musical son más frecuentes de lo deseado trastocando el trabajo de meses y obligando a encontrar otras fechas o intérpretes que no siempre son igual de bien recibidos aunque seamos comprensivos.

Apasionada “Trágica” mahleriana

1 comentario

Viernes 22 de junio, 20:00 horas. Día Europeo de la Música, Auditorio de Oviedo: OFIL (Oviedo Filarmonía) y OSPA (Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias), Pablo González (director). Mahler: Sinfonía nº 6 en la menor, “Trágica”. Entrada 5€.

Crítica para La Nueva España del domingo 24, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El tiempo de Mahler llegó a nosotros antes de lo que el propio compositor imaginó, siempre amado o denostado, exigiendo de todos un esfuerzo mayor o menor más allá de las sensaciones personales. Una lástima que el auditorio no tuviese mayor entrada celebrando un día después la fiesta europea de la música con un espectáculo único y al alcance de todos, reuniendo de nuevo un centenar largo de músicos de las dos principales orquestas asturianas (OSPA y OFIL) con un director de casa como Pablo González empeñado en un apostolado mahleriano con el que prosigue una carrera internacional de la que nos hace partícipes a sus paisanos continuando la “Resurrección” de 2017 y a la espera de “Los Mil” en un futuro espero no muy lejano.

Unir fuerzas siempre es tarea ardua, más en la música, pero «la única Sexta, pese a la Pastoral» que diría Alban Berg, es esta “Trágica” ideal para pulsar el estado de dos formaciones que siguen convergiendo en su crecimiento, primero el Wagner del Campoamor con García Calvo, después este Mahler del Auditorio con González Bernardo, gracias a estas dos batutas españolas, preparadas, convencidas y defensoras de la calidad desde un trabajo serio que siempre contagia pasión. El carbayón ha crecido entre grandes y Mahler sigue siendo referente de una dilatada trayectoria a la que todavía le queda mucho recorrido tras su paso como titular de la OBC (Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña); volver a casa y reunir a OFIL y OSPA es un reto al alcance de pocos, no ya musical sino de liderazgo para aunar sentimientos, superar egos, romper asperezas y defender una obra de tanto calado como la sexta del bohemio. Si hace un año aplaudíamos el esfuerzo y magisterio de mi tocayo para alcanzar una sonoridad propia desde dos grandes orquestas, la reválida ha llegado este primer viernes de verano.

Para quienes disfrutaron por vez primera del espectáculo recordarán lo anecdótico, cencerros y campanas fuera de escena, el despliegue de percusión, el gigantesco mazo que golpea dos veces despertando alguna conciencia, arpas a pares, la impresionante estampa de ocho trompas con las campanas al cielo, toda una legión de viento, hasta la reprimenda del maestro al detener el inicio del segundo movimiento por la insistencia de las toses maleducadas y pidiendo celeridad en quitar el papel al caramelo siempre inoportuno.

Los habituales pudimos paladear una obra que no da tregua a nadie, arrancando y finalizando cuatro movimientos con energía, de estructura académica con la tonalidad menor, trágica por escritura y trasfondo vital mahleriano, el Andante con firma propia de felicidad y sufrimiento por el amor efímero, miedo a perderlo todo como sucedería en un breve tiempo (su hija, el trabajo en la ópera de Viena y la salud con la enfermedad coronaria que le mataría). Desde el dolor se crea belleza y esta sexta asturiana conmovió a los presentes con mano firme en el podio y respuesta certera por parte de todos los músicos. González revalidó su magisterio dominando los tiempos globales e internos de cada microcosmos temático, sonoro y anímico en cuatro capítulos, alcanzando una visión de conjunto a partir de sonoridades propias para cada sección, con dinámicas ricas siempre claramente marcadas desde el podio. Cuerda contundente en los graves y tersa en los violines con Mijlin de concertino, permutando violas y cellos para el balance deseado; una legión de madera “desfilando toda a una” rivalizando en calidades solistas; los flancos de metales refulgentes, poderoso octeto de trompas equilibrado en brillos con trompetas, trombones y la tuba colosal de Moen; celestiales celesta y arpas de Danuta y Miriam en feliz comunión; punto y aparte la amplia percusión criticada en su estreno, comandada este viernes por los timbales de Arias, el rico xilófono y el siempre llamativo martillo de Mahler ejecutado por Casanova.

Despliegue humano al servicio de una “Trágica” apasionada, sentida y reteniendo el último hálito de silencio antes del largo aplauso tras el esfuerzo en unir con música lo que otros separan por sordera e incapacidad. Pablo González al frente de esta orquesta idealmente real interpretando al mejor Mahler, acercando lo inalcanzable en nuestra temporada para despedir curso de la mejor forma posible y desde casa.

Cuando menos es más

Deja un comentario

Domingo 17 de junio, 19:00 horas. Santa María La Real de La Corte, Oviedo: Ensemble vocal In Paradisum, Elena Mitrevska (directora). Obras de: Rheinberger, Nielsen, Grieg, Alfvén, Casals, Villa-Lobos, Poulenc, Béla Bartók, Mendelssohn y Diéguez.

Si hace nada me quejaba de la elevada media de edad en los coros salvo honrosas excepciones, nada mejor que acudir a escuchar al Ensemble vocal In Paradisum, cantera coral de la Escolanía de Covadonga que debutó en marzo de 2017 sumándose voces graves hasta las nueve que pudimos disfrutar este domingo veraniego de amplia oferta en la capital, porque este coro de cámara aúna lo mejor que se puede pedir: juventud, gusto por el canto, calidad y repertorio poco escuchado, con la suerte de «fichar» a la macedonia Elena Mitrevska, directora de enorme experiencia que llegó a nuestra tierra como una bendición para ser elegida titular del Coro de la Ópera y sumarla a este proyecto reciente presentado en el programa por otro antiguo escolano como Guillermo Alonso Ares, con buena presencia de familias y amigos del mundo coral hecho desde un nivel envidiable y encomiable.

El empaste que dan los coros de voces iguales es único, en el caso de los hombres su tesitura alcanza el cimiento de los registros profundos, aunque solamente hubiese dos bajos, y la luz de los tenores, cinco divididos en tres y dos aunque plenamente intercambiables como si de violines se tratase. La argamasa entre extremos la ponen otros dos barítonos y el resultado es un color homogéneo ideal.

Los años de trabajo desde la infancia en escolanías y otros coros ya adultos consiguen una técnica y educación necesarias desde una formación vocal completa para unirse todos ellos y afrontar cualquier tipo de repertorio, de lo religioso a lo profano en todas las épocas hasta nuestros tiempos. No me extraña que Mitrevska se encuentre literalmente «en el Paraíso» Natural que es Asturias y en el coral de estos nueve hombres que pueden cantar lo que les traiga y más, en todos los idiomas y combinaciones porque la grandeza musical así lo permite, disfrutando de un concierto extraordinario en el amplio sentido del término.

La propia directora en un español perfecto pese al poco tiempo entre nosotros, nos presentó tras el Herz Jesu Hymne del alemán Joseph Gabriel Rheinberger el viaje musical a realizar, incidiendo en el itinerario global con unos temas donde textos originales y traducciones se nos entregaron con el programa demostrando la importancia de gozar con todo, música y palabra, también leída por distintos componentes del ensemble, siendo de agradecer el esfuerzo del detalle, programas de calidad pareja a la interpretativa sin escatimar nunca trabajo porque el pago va implícito desde al amor por la música.

Un verdadero placer escuchar y contemplar el entendimiento de voces y directora, claridad de gesto, intención, dicción, gamas dinámicas llenas de sutilezas, la música realzando la palabra o el texto elevado por la melodía, juegos onomatopéyicos y reminiscencias gregorianos en una polifonía nórdica que sigue siendo referente coral, sin olvidarse compositores para quienes la voz «a capella» ha sido el mejor instrumento posible. Así fuimos escuchando el Ave Maria de Rheinberger en latín, Aftenstemning del danés Carl Nielsen, Min Dejligste Tanke del noruego Edvard Grieg, la canción folclórica Uti Vàr Hage arreglada por el sueco Hugo Alfvén, Na Bahia Tem… del brasileño Heitor Villa Lobos, O Vos Omnes de nuestro Pau Casals universal que siempre tuvo la voz presente en su obra, Quatre Petites Prières de Saint François d’Assise del francés Francis Poulenc, siempre «a capella» sin echar de menos el piano de las Five Slovak Folksongs del húngaro Béla Bartók, y finalizando pletóricos con Zwei Geistliche Choere del alemán Felix Mendelssohn, sin olvidar la propina asturiana de La filandera de Leoncio Diéguez, un leonés en Asturias con Covadonga y la música en su periplo vital desde la docencia hasta la composición pasando por la dirección.

Pequeñas estampas vocales y enormes obras musicales, lo bueno si breve y cuando menos es más, paisajes evocadores de unas tierras que adoro tanto como su cultura donde la música se integra en la formación personal sin discusiones políticas, desde los ateos a los creyentes, porque cantar a coro es compartir y escucharse. trabajo en común por el bien intelectual y espiritual de todos. Nadie mejor para explicar lo sentido como Guillermo, el escolano leonés con Covadonga como su familia, quien escribe en las notas «(…) sensibilidad y cariño consiguiendo transportarnos a toda una variedad de espacios soñados. Sumiéndonos en calma, mostrándonos un sonido hermoso, embaucador y placentero» ordenándonos disfrutarlo pues no cabe otra cosa, como si hubiese estado físicamente presente en este gozo para los sentidos.

Clausura con Brahms

Deja un comentario

Miércoles 13 de junio, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo (clausura): Lisa Batiashvili (violín), Chamber Orchestra of Europe, Yannick Nézet-Séguin (director). Obras de Smetana y Brahms.

Feliz clausura de un ciclo con figuras de talla mundial, esta vez la violinista georgiana Lisa Batiashvili (Tbilisi, 1979) y el director franco-canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975) junto a la Chamber Orchestra of Europe (COE) con Brahms de protagonista total, primero su concierto para violín y después la tercera sinfonía, todavía reciente en la memoria al haberla escuchado hace un mes con Harding y la Orquesta de París, aunque el directo siempre es irrepetible y la grandeza de los maestros hacen que cada interpretación sea única.

La COE solo es de cámara por su nombre porque la plantilla es numerosa e ideal para el programa que presentaban en esta gira que sigue colocando a Oviedo como «La Viena del Norte» español. Sus credenciales quedaron claras con la Obertura de La novia vendida (Smetana) con el enérgico, impetuoso y siempre preciso Nézet-Séguin con una limpieza en la cuerda independientemente de la velocidad sumada a una amplia gama dinámica bien marcada con manos firmes, dispuesta «a la vienesa» que en estas obras se agradece al equilibrar frecuencias, añadiendo un viento impecable igualmente ubicado casi orgánicamente, maderas en el centro con trompetas y trombones juntos a la derecha y trompas en el lado contrario, siendo los timbales el centro final. Un viaje en mi recuerdo del pasado verano en Praga visitando la casa museo de Smetana y sentir cómo la música nos transporta sin movernos de la butaca. Versión vigorosa y cálida llena de matices antes del «Todo Brahms» hasta el final.

Lisa Batiashvili figura en esas listas de jóvenes virtuosos de la extinta Unión Soviética que todavía mantienen una sólida formación heredada de sus mayores, si no queremos llamarlo escuela, está claro que los cimientos son suyos aunque hoy en día la universalización pedagógica ha roto fronteras, pero Georgia es una cantera de intérpretes de apellido difícil y largo recorrido. El Concierto para violín en re mayor, op. 77 de Brahms lo tiene tan interiorizado Batiashvili que simplemente contemplarla es todo un espectáculo. Nézet-Séguin es un experimentado concertador que ya ha dirigido en muchas ocasiones a la georgiana, de quien confiesa es su violinista preferida, sacando de la COE una textura ideal donde el violín solista parece emerger de la propia orquesta cual objetivo de cámara que mantiene el plano y nos acerca el protagonismo sin desenfocar el fondo.

El Allegro non troppo sonó unitario y lleno de color, romanticismo en estado puro, tal vez rápido olvidando el «no demasiado» aunque brillante en textura y melodías claras, entrando el violín aterciopelado en vez de hiriente, un clima sereno y mágico, tensiones contenidas y relajaciones solistas que cortaban el aire, todo encajado al detalle, con una cadencia lánguida susurrada desde el trémolo del timbal. El Adagio arrancó con una madera verdaderamente camerística antes del desarrollo temático, con metales plateados meciendo el inicio antes de incorporarse la cuerda de terciopelo y el violín solista de seda, donde Batiashvili derrochó delicadeza siempre presente desde su Guarnieri «del Gesu» de 1739, disfrutando del protagonismo revestido por una COE ideal antes de atacar el último movimiento jocoso sin velocidades vertiginosas y con el virtuosismo al servicio de las melodías infinitas del mejor Brahms que parecía dejar el clímax emocional para el final, aires zíngaros, contestaciones paralelas, poderío controlado explotando sincronizadamente como traca de fuegos artificiales acompasados por las manos de Nézet-Séguin y el violín de Batiashvili. La propina resultó casi otra obra fuera de programa también con orquesta en un movimiento lento para volver a saborear calidades y matices en todos ellos.

La Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90 (Brahms) no pudo tener mejor «preparación» porque las virtudes del concierto de violín se ampliaron, Nézet-Séguin frenando tempi para disfrutar cada sección orquestal, cada matiz, cada regulador, contagiando el ímpetu necesario y frenando el mínimo exceso dinámico. Claroscuros románticos y moldeando sonoridades cual ingeniero de sonido, sonido global con el balance justo, leve y suficiente en cada momento melódico de instrumentos, secciones o toda la orquesta. El conocido Poco allegretto al que Frank Sinatra puso letra sirvió para sujetar ímpetu y disfrutar del sonido pulcro de toda la cuerda sin perderse ninguna nota del viento, esculpiendo la orquesta como globalidad, ideal de todo director. El Allegro final remató un concierto brahmsiano bien entendido por el canadiense que la ha trabajado y grabado con «su» orquesta de Filadelfia y en esta gira traducida a la COE uniendo talentos para alcanzar esa sonoridad deseada en toda formación.

PD: del avance para la próxima temporada escribiré un post dada la calidad de intérpretes tanto en las Jornadas de Piano como los Conciertos del Auditorio que alcanzan 20 años.

Amarga despedida tras 27 años

47 comentarios

Viernes 8 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y literatura IV» abono 15 OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Smetana, Tchaikovsky, Kavalevsky y Shostakovich.

Despedía la OSPA su temporada de abono con mal pie y peor sabor de boca, pues conocedores por las redes sociales y la web de la orquesta de los cambios en el último programa, ni siquiera una hoja informativa para un público que merece todo el respeto, aunque se avisase por megafonía. Tampoco lo hacía mejor la prensa escrita «gijonesa» que seguía anunciando el que aparecía en la revista, faltando «cintura» para comunicar el cambio, aunque erraría igualmente citando a Alejandro del Cerro en el Leandro de La Tabernera del puerto jueves y sábado, que lo cantará el uruguayo Martín Nusspaumer.
Sabedores de las programaciones para la temporada 18-19 en casi todas las formaciones, eché de menos un mínimo avance, aunque fuese fotocopiado, de las Perspectivas de la OSPA, pues se presentaban a los medios de comunicación por la mañana y solamente algunas «píldoras» en Twitter más la nota de prensa en el Facebook de la orquesta y su página web avisaban de ello, enterándome de esta forma que al director titular se le ha vuelto a renovar o prorrogado contrato, desconociendo la trastienda en unos tiempos donde la transparencia es obligada.

Quienes me leen conocen mi descontento cada vez mayor con el titular en los repertorios «de siempre» (de los estrenos lógicamente no tengo referencias) y a la vista de los hechos, colmándose el vaso con unos gestores que parecen acomodados en una inercia que no me gusta, solo me queda divorciarme o si se prefiere suspender temporalmente mi relación de veintisiete años como abonado de la OSPA, a la que seguiré como aficionado eligiendo conciertos puntuales hasta que corran nuevos aires en una orquesta que pagamos todos los asturianos aunque la disfrutemos unos pocos, sin olvidar que está en un momento óptimo pero delicado pues puede verse abocada a seguir perdiendo seguidores y debiendo afrontar en breve una renovación mayor. Retirar mi «aportación» de 230 € para 15 conciertos desde la Fila 13, butaca 18 es lo único que me queda para quejarme. El restaurante me gusta, la carta es excelente y los productos de calidad, pero cuando no me agrada cómo se cocina solo queda devolver el plato y esperar que en la siguiente visita mejore, aunque pasados estos años repitiendo errores la confianza está perdida y dejaré de comer aquí, aunque como dice mi admirado Paco «La OSPA siempre merece la pena» y como ves ¡no me pasará!.

De la música que sonó este viernes unas pocas pinceladas, pues el cabreo me impide ahondar en más detalles y no puedo llamar Maestro con mayúsculas al desconcertante titular para quien no tengo más calificativos, no dirige ni conduce (los ingleses lo llaman «conductor»), simplemente gesticula por libre llegando a finalizar cada obra con un nuevo «muestrario» desconocido al que sumar «la Termomix©», «el barrido» o el «manos arriba» (sin atraco). Si se quiere llamamos a Chicote pero la «experiencia Milanov» ha sido para olvidar. Orquesta ideal en número y calidades para unas obras donde primó lo soviético y que piden siempre más, comenzando con B. Smetana y Mi tierra, El Moldava. Este río no fluyó, las dinámicas caprichosas, cambios de aire forzados y una simpleza que no logró recordarme Praga.
La potencia romántica de Chaikovsky con Romeo y Julieta: obertura: fantasía careció de la entrega amorosa esperada, el ardor resultó incendio asesinando a Julieta con un despliegue sonoro carente de mimo, solo salvado por la profesionalidad de unos músicos que acatan órdenes demasiado chocantes para un mínimo de sensibilidad, pidiendo estar al servicio de las obras y no servirse de ellas como he ido comprobando en demasiados conciertos.

La segunda parte un plato nuevo con D. Kabalevsky y su Colas Breugnon: obertura, op. 24 de claras reminiscencias yanquis, fuegos de artificio y muy aparente, rítmicamente agradecida pero falta de sal. Todo lo contrario de la esperada Sinfonía nº 6 en si menor, op. 54 (D. Shostakovich), el plato fuerte para cerrar temporada donde pasamos de la sosa monotonía inicial de bostezo al esperpento caricaturizado final pese a una cuerda primorosa aunque empapizada, para dejarme el último bocado con tanta sal gorda que me fue imposible saborear un manjar con productos de primera. Lo dicho, este restaurante lo tacho de mi lista y solo entraré en jornadas gastronómicas con invitados que aporten y no me aparten.

Santander espera

1 comentario

Jueves 7 de junio, 20:00 horas. Salón de Actos, Casa de la Música, Mieres: Juan Barahona (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Ravel, Albéniz y Liszt.
Mi más enorme gratitud hacia Juan Andrés Barahona Yépez (París,1989), musicalmente Juan Barahona por volver a acordarse de Mieres y brindarnos un concierto cercano, duro, entregado, casi familiar y todo un privilegio poder seguir su evolución imparable, preparando el camino que le llevará por segunda vez al Concurso Internacional de Piano de Santander «Paloma O’Shea» en su decimonovena edición, siendo uno de los 20 finalistas mundiales, todo un premio estar de nuevo entre lo mejor de los jóvenes intérpretes sin dejar de trabajar, estudiar, dar conciertos, en una carrera internacional que no tiene más límites que los que quiera ponerse, y de momento no lo parece.

En esta parada mierense del músico «ovetense» sus alforjas venían llenas de un mundo pianístico variado en estilos, todos bellos y exigentes, demostrando la versatilidad y respeto por todos ellos aunque los gustos personales, del intérprete pero también del público, nos hagan sentirnos más identificados. Cada uno representa un microcosmos, un universo que debe explorarse, y cada vez distinto aunque se afronte periódicamente, pues el directo siempre es único e irrepetible. Los recitales previos a los concursos me recuerdan las pretemporadas deportivas con encuentros amistosos en distintos terrenos de juego, por comparar campos y pianos distintos, pues solo unos pocos genios se permiten viajar con su propio piano caso de Zimerman, diseñarlo como Barenboim o exigir un modelo concreto para traerse incluso afinador propio. La mayoría de pianistas se encuentran instrumentos de todo tipo y solamente la profesionalidad les hace sacar de cada uno lo mejor independientemente del estado en el que se encuentre, algo que Juan consigue siempre.

Quería hacer ese comentario previo porque el piano de un conservatorio pequeño como el nuestro, no suele ser el mejor de los instrumentos para un concertista aunque esté bien ajustado y afinado, lo mínimo para sacar todo el partido a las obras elegidas. El de Mieres aguantó el chaparrón hasta la tormenta final, incluso soportó excelentemente la propina, porque Barahona esculpe los sonidos y busca ese lenguaje específico de cada compositor. La Sonata nº 9 en re mayor, KV 311 de Mozart requiere limpieza y velocidad, pedales en su sitio, fraseos, ataques, discursos diferenciados y todo lo exigido para unas obras de engañosa facilidad porque esconden mucha más música de la que aparenta. La firma del genio se percibe en los tres movimientos de «receta clásica», incluso podemos imaginarnos su música camerística y hasta la ópera, melodías cantabiles con orquesta reducido todo a las 88 teclas sin perder nada de sentido. Así entendió Juan Barahona esta sonata de 1777 donde el llamado estilo clásico tiene la marca mozartiana como ejemplo perfecto.
Avanzando un paso adelante en el tiempo del piano será Beethoven el elegido, la misma forma sonata como un mismo paisaje pero con visiones distintas, la Sonata nº 27 en mi menor, op. 90 en dos movimientos, romanticismo, fuerza interior llena de claroscuros que deben aflorar, indicaciones en alemán que más que aclarar el aire o tempo parecen exigir mayor introspección y dudas para encontrar el punto justo, «con vitalidad y completo sentimiento y expresividad» para el primero liviano contrastado con el «no demasiado rápido y cantable» del segundo perfectamente traducido en la interpretación de Barahona, llena de colorido, sutileza y musicalidad sin tópicos para el de Bonn entendido como la normal evolución tras el genio de Salzburgo conviviendo en la Viena capital mundial de la música.
No podía faltar en este viaje por el universo multicolor desde el blanco y negro pianístico la parada en el impresionismo francés, nada menos que tres obras de Ravel que también rinden tributo a otros músicos sin perder estilo propio y romper sin extremismos. A la manera de Borodin, A la manera de Chabrier vals parisino, y la bellísima Pavana para una infanta difunta, recuerdos rusos, franceses y realeza española pintados por el pianista Ravel y felizmente recreados por Barahona que se desenvuelve en esta música como pez en el agua transmitiendo plenitud, bienestar y felicidad ante unas partituras de las que traduce como pocos ese ambiente y «maneras» compuestas por un gran orquestador del que el piano más que herramienta es maqueta previa.

Una parada necesaria antes de la segunda parte para tomar aire, refrescarse y sin perder la magia sonora francesa, la visión andaluza de un catalán con el Mediterráneo unificando lo etéreo, Almería de Albéniz perteneciente al segundo cuaderno de Iberia, el mayor monumento pianístico al que muchos intérpretes han dedicado toda su vida, otros dejándolo para una madurez que parece no llegar nunca, y los jóvenes acercándose poco a poco en un itinerario que exige más vida que técnica aunque ésta sea imprescindible. Barahona nos deleitó recreando el sonido francés que Albéniz se trajo de los vecinos del norte para traspasarlo a la piel de toro ibérico, siendo Almería una de las perlas que más me siguen gustando por la hondura definida con líneas bien delimitadas y precisas que presagian más etapas de un viaje interior por el que todo solista debe transitar aunque el viaje pueda resultar más duro que la satisfacción de prepararlo.
Y si hablamos de dureza, sacrificio, virtuosismo, nadie mejor que Liszt y Après une lectura de Dante: Fantasia quasi Sonata cuya fama de intérprete viajaba con su música, inalcanzable y enrevesada, tortura para aflorar entre tantas notas las precisas en dinámicas imposibles sin dejarse ninguna, «Años de peregrinaje» para esta fantasía donde la imaginación e inspiración literaria daría para filosofar con la música del húngaro que llenaba teatros y enamoraba. Juan Barahona cerca de la frontera mágica de los 30 años tiene descaro para tocar y madurez para interpretar, por lo que su Liszt brilló con luz propia en toda la gama cromática, enérgica, lírica y estilística tras este viaje pianístico que terminará pronto en Santander para seguir demostrando el excelente momento por el que está pasando.

La impresionante propina tras un recital pleno de «cantabiles» uniría a Liszt con Verdi del que el virtuoso tomaría el cuarteto «Bella figlia…» de Rigoletto para su Paráfrasis sobre Rigoletto S 434, paráfrasis
como «explicación con palabras propias del contenido de un texto para aclarar y facilitar la asimilación de la información contenida», en este caso propia música a partir de la ópera desde un piano casi imposible que rehace y engrandece al reducir, género que estuvo de moda en muchos virtuosos popularizando músicas de otros, y Barahona generoso tras el esfuerzo de todo el recital, sumando otro trabajo impecable merecedor de lo mejor.

Gracias Maestro y «MUCHO CUCHO©» para Santander
(quienes me conocen no necesitan traducirlo).

El oso bailó

1 comentario

Viernes 1 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Inspiración IV, abono 14 OSPA, Shai Wosner (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Silvestrov, Mozart, Britten y Haydn.

Crítica para La Nueva España del domingo 3, con los añadidos de links, notas al pie, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

La temporada llega a su recta final y junio nos devolvía al titular para los dos últimos conciertos de la OSPA, esta vez junto al pianista Shai Wosner con quien ya ha trabajado en EEUU. Cuarta “inspiración” bien explicada en la conferencia previa de Israel López Estelche (1) explicando y razonando el vínculo de los cuatro compositores del programa que le hubiera venido bien más público para entender aún mejor los emparejamientos del decimocuarto concierto al que se cambió el orden previsto para darle mayor coherencia.

Unir a Valentin Silvestrov (1937) con Mozart sin pausa, como una obra única para la primera parte, quedó bien por ser ambas con el mismo solista aunque obligase a permanecer ya sentados al viento y los timbales durante “El mensajero” para cuerdas y piano (1996) antes del concierto nº 21 del genio de Salzburgo pero dando unidad desde el “sonido Mozart” que se aprecia y cita el ruso como Picasso a Velázquez y Las Meninas. Primero el piano sumaría texturas más que solista, pedales creando una atmósfera lineal y plácida con esbozos temáticos, engrandeciendo a la cuerda, verdadera protagonista que no puede sonar mejor en cualquier repertorio, aquí aunando dos clasicismos, volviendo a brillar con luz propia desde un cuidado estatismo que prepararía al mejor Mozart con una óptica compositiva cercana. Símil pictórico trasladable a la cocina como deconstrucción de un plato tradicional bien digeridos ambos por un auditorio que sigue dando la espalda a estos menús, siendo preocupante comprobar tantas butacas vacías.

Sutil continuidad con el concierto de Mozart popularizado en el cine como “Elvira Madigan” que nunca defrauda y sigue impresionando por su belleza. Wosner (2) marcó estilo limpio y contenido que hace parecer fácil lo difícil, con Milanov en su incomodidad habitual para estos repertorios, que tras Silvestrov solo necesitaba dejar escucharse a la orquesta con el solista realmente encajando una música perfectamente escrita y difícil pasarla de punto. Andante publicitario entre dos “Allegros” brillantes, bien balanceados y con cadencias originales, cita operística incluida, realmente para lucimiento del pianista. La propina continuista en estilo y recogimiento: el Andante de la Sonata 13 de Schubert.

El segundo emparejamiento Britten–Haydn era lógico tras el primero, dando protagonismo nuevamente a la cuerda sola con las Variaciones sobre un tema de Frank Bridge antes de completarse formación para la sinfonía nº 82, repitiendo virtudes y defectos nunca a partes iguales.
Mejor llevada la nueva cocina, de aparente escasez en el plato, que el “oso sinfónico”, resultando más el que se comió a Favila que los de Xuanón de Cabañaquinta abrazados hasta la muerte.

La OSPA siempre condimento perfecto para unas obras no servidas como se merecen. Britten engordado de camerata a orquesta pero en su punto, pese a demandar mayor exigencia a toda la cuerda, un orgullo por homogénea, tensa, disciplinada, sonido puro en el vals vienés (séptima variación) más que intención, al faltar mando en una batuta pasada de vueltas como Thermomix© equivocada. Impecables los pasajes rápidos (Moto perpetuo octava y regalo de primeros violines melódicos como uno solo con pizzicati del resto cual gigantesca mandolina), emocionantes lentos y así cada variación de los Tres idilios para cuarteto de cuerda que el alumno Britten engrandeció hasta la Fuga y Finale de vértigo bien ejecutado.

La parisina Sinfonía nº 82 de Haydn tras las variaciones del británico, no mantuvo la tensión, el carácter humorístico del Finale vendría por falta de compenetración entre música y podio danzante, a pesar de la belleza de sus cuatro movimientos. Oso bailarín con gaita asturiana y no musette francesa aunque mejor olvidar el “estilo Rossen” sustituyendo la “experiencia Milanov” de su primera temporada. Imposible saber por sus gestos si el ritmo es binario o ternario, las dinámicas venideras o pasadas, danzar en vez de marcar, otro año corroborando que su repertorio, como los platos, no es el tradicional y básico en la alimentación de los melómanos asturianos. Lástima nuevamente que una orquesta en madurez total, demostrada con los distintos directores invitados, no se mantenga para este final, esperando que la “Pesadilla en la cocina” traiga un Master Chef.

Notas: (1) Israel López Estelche, autor de las notas al programa en la revista nº 20 y enlazadas en los autores al inicio. Su concierto de cello programado como cierre de la temporada se ha pospuesto para la próxima.
 (2) Entrevista en OSPA TV con el maestro Wosner.
P. D.: Reseña de Andrea G. Torres en La Nueva España del sábado 2.

Un acierto de desconcierto

2 comentarios

Miércoles 30 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto 103, clausura temporada 17-18 de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Desconcierto para piano y voz: Rocío Márquez (cantaora), Rosa Torres Pardo (piano), Luis García Montero (recitador). Obras de Granados, Falla, Turina, Albéniz, García Lorca y García Montero.

Triángulos mágicos de cante, poesía y música, Huelva, Granada y Madrid, la perfección de la forma, geometría pura y Arte con mayúsculas. Con cierto desconcierto para un público que llenaba el teatro del Paseo de Begoña en una tarde desapacible abierta no solo a los socios de la centenaria sociedad, donde el concierto rodaría como la rueda poética. Desconcierto de un programa donde los tres bloques sin descanso estaban enlazados, los García (Lorca y Montero) sumaban Torres mientras Rocío rimaba con quejío. Aplausos contenidos cual respiraciones entrecortadas, ímpetu escénico con susurros del alma rotos por otros fuegos escritos que no queman, iluminan.
Rosa Torres Pardo (Madrid, 1960), el talento del piano desde el centro de la piel de toro, la musicalidad plena, el sentimiento hispano femenino y universal capaz de enlazar Granados y Falla, hilarlo con Albéniz en un sinfín armónico, seguir con la orgía de Turina y ambientar los poemas granadinos bien elegidos, elegías y saetas de siempre, hacer del piano poesía para conjugar en plural el texto ajeno invitado al rincón íntimo y sumarle pitos y palmas sordas con un flamenco de sangre y oro.

Rocío Márquez Limón (Huelva, 1985) es pasión y océano, pulsión e ímpetu con una voz inimitable, personal, única, escena y sentimiento, afinación clásica para el cante jondo en el que los músicos españoles de este concierto bebieron, poniendo el flamenco como un lied único que enamora, con un piano cercano cual guitarra pero poderosamente armado por nuestros grandes, inspiración de un pueblo al fin culto, ganado por la sabiduría de la música que llamamos pellizco, duende, magia, neblina u orpín.

Luis García Montero (Granada, 1958) artesano de palabras, poeta andaluz de ahora, prestidigitador lírico capaz de armar este triángulo con momentos solitarios tumultuosamente compartidos en primera persona. «Antes del concierto está el desconcierto, la necesidad de ponerse de acuerdo, de buscar un sentido, de que tu cinco y mi cuatro midan lo mismo«, nuestro tres en Gijón acertado y multiplicado por esperanza.

Puntualidad británica en el inicio, pianista intentando asentar rezagados con un arpegio, el poeta arrancando «Sabe el mundo vivir en unas manos» junto a esa grandiosa poesía vestida de Granados, cantada goyesca andaluza enlazando partituras y cante, fandangos de concierto y acento onubense, barrio de «Lavapiés» madrileño acogiendo andaluces en altas Torres, majos sin mantilla, guitarras de teclas y palabras desde el vientre que da vida.
Lorca y Poesía para ensamblar «Lorquiana» donde Albéniz en el piano de Rosa Torres Pardo es para regodearse, el Tango gaditano de poniente con la Almería del levante, García Montero poniendo la imagen del verso que habitó entre nosotros, Iberia y «Las palmeras navegan y nadan en el viento«, el estrecho de puertas abiertas como la onubense, canciones del norte y el sur en feliz convivencia, una sefardí anónima unidas a las «Canciones populares antiguas» del Lorca pianista con La Argentinita además de poeta, enamorado de Iberia, sentidas por estos artistas. Increíble el pupurri enlazando El Vito, Zorongo, Jota (de Falla), La tarara y Las tres hojas que en Asturias sentimos llegar por la Ruta de la Plata embaladas con un piano volador sobre el que cabalga la voz plateada en la «Huerta de San Vicente» de García Montero encontrando la ciudad buscada igual que la palabra.

Momentos mágicos de Albéniz y Falla, El Corpus Christi en Sevilla de saeta, pitos y palmas sordas con el arrebato pianístico, después la calma de arrullo, la Nana, placentera y murmurada como mecida por el mismo viento de Montero.
El amor brujo del Falla que embruja, dolores de Rocío con fuegos rituales y fatuos bien atizados por Pardo, Fandango Montero y Cantares de Turina con los barrios de Huelva entre dos patrias de una misma piel bravía. Si hace años «La Jurado» encendió a Saura y guardo el CD como una joya sinfónica entendiendo al gaditano como nadie, en este siglo XXI una Rocío onubense, «La Márquez» con Rosa son el Falla racial universal desde un canto que no rompe, desgarra con el piano candente, elementos de la naturaleza vividos en una concepción que saliendo del Moguer de Juan Ramón Jiménez vuelve a unir mundos en este mestizaje que mejora la raza musical y la propia vida. «El dogmatismo de las ideas» explicando Luis la prisa con pies de plomo, aplomo sin prisas de Falla para las damas.

Un trabajo conjunto donde Rosa Torres Pardo atesora el vagaje suficiente y la musicalidad en cada poro que le permite solear, solapar temas que fluyen como uno solo, modular con total naturalidad sin perder unidad (de ahí cierta sorpresa en unos aplausos que tras la Danza del fuego parecieron romper la complicidad, las entradas y salidas de la cantaora), adornar la poesía en primera persona con el acento granadino de García Montero y el timbre grave de dicción rotunda, para felizmente acompañar un cante íntimo, sentido por Rocío, casi imposible otro nombre de mujer en Huelva, fresco de la mañana y también Su Señora de Almonte, Márquez de apellido poético sin García, que lo pusieron Lorca y Montero, con un decir de clásica como un palo flamenco sin necesidad de desgarro, solo el vertido por las letras goyescas, populares y universales. Un verdadero espectáculo que lleva mucho recorrido y el ensamblaje resultó perfecto.

Concierto tras el desconcierto, «tu cinco y mi cuatro» reducidos a nuestro tres con par femenino para Volver, melodía de tango, imagen manchega de Almodóvar pero Puro Arte fusionando Rosa y Rocío, Torres con Márquez, mano a mano taurino incluso jugando con propios y artistas sobre la escena, Rocío Torres Montero clausurando con este cartel una temporada filarmónica gijonesa que ha apostado fuerte desde la renovada directiva buscando ampliar públicos, sumándose el Teatro Jovellanos que con este espectáculo «triangular» hace feliz a tantos omnívoros musicales como el que suscribe.

Older Entries Newer Entries