Inicio

Vigor y rigor

Deja un comentario

Sábado 20 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Philharmonia de Zúrich, Fabio Luisi (director). Obras de Beethoven y Tchaikovsky.

Sábado de auditorio lleno con un programa tanto para melómanos exigentes como para público en general más acostumbrado a lo que se podría llamar «El Top 10» e incluso «Las 40 principales» ya que los autores y obras más escuchados suelen ser los mismos y no solo en las orquestas españolas, siendo todavía extraño escuchar obras que hace cien años eran vanguardia y hoy ya no lo son; no hablemos ya de estrenar obras de autores vivos, y por supuesto acostumbrar el oído a nuevos sonidos. Lo curioso es encontrarnos aficionados que degustan nueva cocina, acuden a estrenos cinematográficos, compran las últimas novedades en lectura pero siguen prefiriendo los autores del clasicismo y romanticismo, supongo que siempre más «llevaderos» y puede que socialmente muy bien visto como ahora visitar museos (se entiende de los pintores «de siempre» aceptando como «vanguardias» a Botero o Antonio López por poner dos ejemplos de colas para visitar sus exposiciones). Así que Beethoven y Tchaikovsky siguen siendo rentables de alquilar sus obras para orquesta sinfónica y aseguran menos toses que un centenario Debussy al piano (Barenboim llena independientemente de lo que toque porque a él nadie le tose), siendo dos sinfonías un buen reclamo aunque no igual de escuchadas ni grabadas.

Oviedo no tiene un lago ni gobernantes con visión cultural como Zúrich, pero al igual que la capital asturiana, la ciudad suiza tiene dos orquestas, surgidas de la escisión de la histórica sala de conciertos y el teatro, la Tonhalle que mantiene el nombre del teatro y la Orquesta de la Ópera de Zúrich (1985) hoy conocida como  Philharmonia de Zúrich, con el director genovés Fabio Luisi de titular desde 2012, que venía desde Madrid pero sin la pianista Hélène Grimaud, en esta gira española que apostó por el repertorio «popular» y emergiendo del foso mientras aumentaba la plantilla para poder mostrar músculo. Hubiera estado bien «prolongar» el concierto del viernes con el cuarto de piano en vez de «la octava del sordo» y manteniendo «la quinta del ruso» porque hubiese sido el argumento perfecto y no previsto para dos días consecutivos en el misterioso auditorio carbayón, aunque supongo que agendas y/ o cachets lo impidieron.
Tras lo comentado, en principio dudé titular la entrada «Para todos los públicos» pero me decanté por la de «Vigor y rigor» un poco por tirar de este hilo argumental que paso a desarrollar al tratarse de dos sinfonías tan distintas, dos mundos y personalidades tan bien descritas por Luis Suñén en las notas al programa (enlazadas al inicio en los autores).

La Sinfonía nº 8 en fa mayor, op. 93 (Beethoven) mostró una plantilla generosa en la cuerda (permutando violas y chelos) pero bien equilibrada con el viento, con más vigor que rigor del esperado, con un inicio –Allegro vivace e con brio– que pareció pillarles por sorpresa, raro en un Luisi que también dirige en Dinamarca y es una de las batutas más consolidadas del panorama directorial, pero el mejor escribano echa un borrón. Algo más encajado resultó el segundo movimiento Allegretto scherzando, homenaje a su amigo Johann Mälzel, no el inventor del metrónomo como siempre se nos contó sino que se aprovechó de la idea contemporánea de Dietrich Nikolaus Winkel como bien recuerda Suñén y hasta Wikipedia), movimiento encajado cual mecanismo de reloj suizo pero sin fuego ni pasión, retomando calidades y algo de temperatura en los dos últimos, el Tempo di Minuetto con unas trompas bien templadas y el Allegro vivace final que presenta el genio de Beethoven en estado puro aunque suizos y genovés volvieron a delinear de forma pulcra, limpia pero sin poner toda la carne en el asador, calidad sonora y rigor pero solamente vigor pasando hoja. Parece que Beethoven con los suizos no cuaja ni siquiera con «La Grimaud».

Rigor y vigor lo pondría la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (Tchaikovsky) mucho más rodada en esta gira, a diferencia de la octava y confirmando ese dicho anónimo de «no hay quinta mala», más efectivos en un despliegue instrumental puramente sinfónico, aquí agradeciendo esa amplia cuerda que permitió al viento poder lucirse en todas las dinámicas, como le apuntaba a la prensa, con «músculo en cuerpo y alma». Y es que esta quinta tiene todo para seguir siendo seguro de éxito cuando se cuenta con efectivos e inteligencia para dirigirla dadas las exigencias tanto anímicas como técnicas indicadas incluso en los propios «aires» de cuatro movimientos que parecen multiplicarse por los constantes cambios de ritmo, compás, dinámicas, texturas, en un claroscuro continuo, romántico y angustioso, vigorosa montaña rusa (y perdón por el juego de palabras) de emociones contrastadas y nada contenidas por parte de Luisi y los operísticos de Zúrich que emergieron como las grandes formaciones de foso y más contando tanta historia.

Así fueron desgranándose: El I. Andante – Scherzo: Allegro con anima, enamorando el arranque de una madera deliciosamente ensamblada y con dinámicas muy logradas antes del «alma» exigida a esa broma rápida, unos pizzicati redondos y presentes como los arcos enormes bien contestados por el viento. El conocidísimo y hasta versioneado por Sinatra II. Andante cantabile, con alcuna licenza – Non allegro – Andante maestoso de tantas indicaciones como se puedan interpretar y así lo entendió el director genovés con sus músicos atentos, bien el solo de trompa por sentido y dificultad pero sublime y emocionante Rita Karin Meier con el clarinete por sonido e intención.
San Petersburgo no era Viena pero el III. Valse: Allegro moderato con patrioso fue ruso e imperial, la firma inequívoca de los ballets del ruso con o sin foso en una nueva demostración de calidades, timbres, texturas, juego de agógicas y dinámicas para finalizar con ese inmenso hasta en el título cuarto movimiento: IV. Andante maestoso – Non Allegro – Presto Furioso – Allegro maestoso – Allegro vivace – Scherzo: Allegro con anima, de nuevo las emociones desde la música, preguntas y respuestas concisas, el equilibrio de las dinámicas donde la delicadeza también alcanza la fuerza (bien los timbales de Renata Walzyna), un director convencido de principio a hasta alcanzar el clímax emocional y sonoro, éxtasis sin descontrol con su casi instantánea respuesta de aplausos atronadores rematando una noche de claroscuros románticos, calores gélidos y hielos subyugantes.

P. D.: Fotonoticia del diario La Nueva España.

Beethoven escoltando a los rusos

4 comentarios

Viernes 19 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario OSPA: Real Filharmonía de Galicia, Lars Vogt (director y piano). Obras de Beethoven, Prokofiev y Stravinsky.

Excelente concierto para poco público el ofrecido por la orquesta afincada en Santiago en concierto de «intercambio» con nuestra OSPA (que devolverá visita el 8 de marzo) pese a tener los abonados entrada gratuita, la hoja de aviso previo y hasta anunciado en el nº 19 de la revista. Y una lástima porque hubo calidad no recompensada como debería al igual que hace 9 años cuando Lars Vogt debutaba en este mismo auditorio dentro de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con similar aforo al de este viernes. Nunca entenderé al público de Oviedo que se ha perdido un programa lleno de momentos únicos y sin muchas toses, que alguna ventaja tiene no llenar las butacas.

Hace años que sigo a la Real Filharmonía de Galicia, que también había pasado por Oviedo, y la semana pasada la dirigía mi admirado Manuel Hernández Silva, invitado de la orquesta compostelana desde hace varias temporadas y con un concierto muy distinto al que trajeron este viernes a la capital astur, demostrando la versatilidad de una formación casi de cámara que siempre se ha caracterizado por la calidad de todas sus secciones, despuntando en el llamado «repertorio clásico» sobre todo gracias a una sonoridad que podríamos definir como aterciopelada por reunir consistencia y suavidad desde todos los colores posibles, redondez en la cuerda siempre clara y precisa, amplia gama de matices con sutiles pianísimos y fortísimos sin estridencias con un viento madera equilibrado junto con los metales a pares. Sumemos la musicalidad exigida y demostrada en Oviedo para sentir con el piano y nos encontramos con una de las mejores orquestas españolas, casi todas con más de 20 años de existencia luchando contracorriente pese a las circunstancias adversas y los mayoritariamente «miopes culturales» de los regidores públicos.

Lars Vogt volvía a Oviedo desde Santiago en su doble faceta de solista y director, con la ventaja de tener el control (casi) total de la interpretación, dejándonos dos conciertos de Beethoven poco transitados (el segundo y tercero) que el propio pianista alemán ya ha tocado y dirigido, esta vez con la complicidad de un concertino de lujo, escoltando a dos rusos sin más obligaciones que pilotar esta nave gallega para compartir deleite, primero un ruso «clásico» y después el más actual por transgresor e inspirado contando solamente con una cuerda envidiable.

La Sinfonía nº 1 en re mayor, op. 25 «Clásica» de Prokofiev mostró lo vigente de un estilo que dominó toda la velada y alcanzó altas cotas de calidad precisamente por una formación disciplinada y esmerada en el sonido, para una forma orquestal de libro por los cuatro movimientos no muy extensos pero muestrario ideal del academicismo ruso recién finalizada la Primera Guerra Mundial y estrenada en Petrogrado por el propio compositor. Vogt fue desgranando con corporalidad más que batuta un Allegro valiente, posado y preciso desde un humor intrínseco y casi danzarín, un Intermezzo. Larghetto reposado para deleitarnos con el empaste y sonoridad de «los gallegos» con amplias dinámicas, la Gavotte. Non troppo allegro literal y de nuevo bailable, amarrando y templando el maestro alemán la elegancia sonora antes del Finale. Molto vivace que sirvió de sintonía radiofónica y de virtuosismo por parte de esta orquesta del Consorcio de Santiago antes del merecido descanso con una partitura que ya echaba de menos.

No se perdió intensidad ni calidad en el Concierto en Re «Concierto Basel» de Stravinsky donde la cuerda emergió bien llevada por las manos de un Vogt que disfrutaba tanto como sus músicos y los elegidos, primeros atriles en perfecta sincronía de texturas con el resto, carnosa e hiriente, actual y en el «tempo giusto» para poder paladear toda la riqueza de esta maravilla casi camerística a cargo de la sección de cuerda de la RFG, de lo mejor que podemos encontrarnos hoy en día por estos lares.

Beethoven abriría y cerraría velada con dos conciertos no muy programados y el propio Lars Vogt de solista (como solo los grandes se atreven) dirigiendo con miradas, gestos, disfrutando las cadencias y en perfecto entendimiento con sus acompañantes, primero y de aperitivo el Concierto para piano nº 2 en si bemol mayor op. 19 al que tardó en tomarle el pulso pero una vez encajado sacarle el mayor partido posible. Algo turbio el pedal y ligeros desajustes iniciales entre violines primeros y segundos (enfrentados) puede que por exceso del «brío» que lleva el Allegro, no fue impedimento para un segundo casi mozartiano, clásico y juvenil aunque asomando el sello personal del de Bonn que su compatriota entendió visto cual diálogo y escucha mutua desde el piano, asentado plenamente en el Adagio donde el solista se deleitó en un sonido intimista más que brillante brotando en el Rondó. Molto allegro bien arropado por ese terciopelo gallego casi cual blanco satén.
Mucho mejor en concepción, complejidad e interpretación el Concierto para piano nº 3 en do menor, op. 37, todavía clásico y «deudor» del mejor Mozart pero exigente y plenamente beethoveniano con ese inicio casi sinfónico y un piano más protagonista que Vogt así demostró, marca de la casa nuevamente bien vestido por una orquesta ideal para este repertorio que se rindió al solista siempre mandando en tiempo e intenciones.

La propina de un pianista y deseándonos buenas noches nada mejor que Chopin y uno de sus nocturnos póstumos preferidos, el Nocturno en do sostenido menor (Lento con gran espressione) que nos devolvió al Vogt que recordaba un febrero de 2009 en mis inicios «blogueros»… La música parece acortar el mismo tiempo que nos alarga la vida con momentos como estos.

P. D.: Mi reseña en La Nueva España.

Humor con percusión

Deja un comentario

Domingo 14 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos de invierno: «¡Vaya Banda!», Odaiko, Banda de Música «Ciudad de Oviedo», David Colado Coronas (director). Entrada libre.
Lleno familiar con muchos niños protagonistas para disfrutar del espectáculo de los percusionistas gallegos de Odaiko que contaron con la Banda de Música de Oviedo como acompañante de lujo, coprotagonizando un espectáculo de humor musical con la percusión tanto corporal como de membranófonos, idiófonos y cotidiáfonos sin renunciar a momentos de virtuosismo compartido en la marimba.

Toda una experiencia bautizada como ¡Vaya Banda! que va más allá de lo circense o las acrobacias retomando el espíritu de los payasos que siempre fueron excelentes músicos y hoy en trío gallego domina toda la percusión, «embajadores del ritmo» como se autodefinen.

Un hilo narrador por megafonía (no se entendía cuando coincidía con la banda) fue sumando apariciones de los percusionistas y el «programa» con golpes en todos los sentidos, haciendo partícipe al público de todas las edades con la complicidad del Maestro Colado, a un percusionista de la propia formación carbayona al que sumaron en distintos números, y hasta las distintas secciones que también gozaron con «gags» como el Bolero de Ravel persiguiendo el caja a la flautista que interpretaba la conocida melodía mientras el respetable intentaba el ostinato rítmico con dos dedos sobre la palma de la otra mano… tras haber calentado muslos y dado unos saltos.

Una Carmen (Bizet) de torero y drag-flamencas nada ofensivas donde la guitarra también fue utilizada genialmente como percusión junto al cajón tras una marimba «en espejo» por dos maestros

El gritado más que coreado Hakuna Matata de ambiente selvátivo sirvió para que estos maestros gallegos nos hicieran sentir niños a todos y disfrutar con el taiko y dos tumbadoras en cómica comunión percusiva que aúna los lenguajes universales sin palabras (mimo y música).

La Marcha Turca (Mozart) con esos «cotidiáfonos» de siempre, caso de las botellas tanto golpeadas (idiófonos) como sopladas (aerófonos) sumándose un «garráfono» por bautizar el invento que viene a ser un contrabajo fabricado con un palo, cuerda y garrafa de caja de resonancia (arriba está la foto), más la banda intentando encajar el tempo, para levantarnos de las butacas y armar un carnaval de río de W. Schneider entre todos.
La versatilidad de los gallegos en instrumentos y combinaciones de complementos de ropa para pasar de un ambiente a otro en este viaje con la percusión es digno de admiración, verdaderos titiriteros con cambios fulgurantes.

Especiales también unas compartidas Czardas (Monti) en la marimba -no trajeron vibráfonos- con la banda que dieron tanto juego como la propina a trío de un Vuelo del moscardón (Rimsky Korshakov) presentado como «mosca cojonera» realmente virtuoso tras un Circus Can-Can (Offenbach) que convirtió el escenario en una de mis clases con los «Boomwhackers«.

Una excelente tarde de domingo en familia con dos «bandas», la gallega y la ovetense que sigue apostando por lo novedoso aunque el circo sea de siempre y la música comparta título del mayor espectáculo del mundo, uniendo círculos más que mundos plenamente terapéuticos. Y cada mes un concierto, incluso en abril dos… Intentaremos seguir contándolo. Hoy la enhorabuena para Odaiko.

Espiritualidad metafísica para recordar a Rober

1 comentario

Viernes 12 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «Inspiración I», abono 4, OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Wagner, Vaughan-Williams y Bruckner.

Mi querido Eduardo G. Salueña escribe las notas al programa (enlazadas arriba en los autores) del cuarto de abono de la OSPA con el que abríamos año antes de sumergirse con Debussy en el foso, pero también nos ofreció una conferencia previa al concierto titulada «Metafísica y espiritualidad en el lenguaje orquestal» llena de sabiduría, guiños cinematográficos y verdadera lección para disfrutar de las obras programadas para una OSPA diríamos que Gran Reserva como los vinos por el tiempo de maduración necesario para afrontar un programa que bien podría haber tomado las primeras palabras del conferenciante y tentado de hacerlas mías.

Tras el paréntesis navideño donde el destino volvía a jugarnos una broma macabra llevándose al trompa Roberto Álvarez, no podía faltar en este regreso y fuera de programa el homenaje de la sección de trompas, hoy nueve con las cuatro tubas wagnerianas (interesante como siempre OSPATV) preparadas para la novena bruckneriana eligiendo un arreglo sincero, sentido y cálido del famoso «Coro de Peregrinos» del Tannhäuser, con rosa roja en las solapas, elegancia y recuerdo del amigo Roberto, compañero siempre vivo en la memoria y más cuando la música era su pasión, eterna como sus acompañantes este viernes: Ricardo, Ralph y el propio Anton, Momentos memorables porque al igual que nuestro recordado trompa «el perdón le llega al poeta al morir junto al féretro de Elisabeth, por el triunfo del amor…» y «cómo Richard Wagner supo darle una intensidad, como se diría divina» (de Fernando Cansado Martínez en Operamanía), bien traído como inicio y final unidos por la metafísica espiritual, espiritualidad metafísica o ambas, que todo y más puede resultar un concierto.

La Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis (1910) de Vaughan Williams puso la calidad sin necesidades metafísicas al contar exclusivamente con la sección de cuerda, la que da solera a este vino musical servido casi con arreglo a los cánones: tres bloques intentando emular sonoridades organísticas en iglesias, orquesta de cámara al fondo, más la orquesta de cuerda y el cuarteto solista (integrado con el resto) pero capaces igualmente de hacernos fantasear con la música del inglés, devolvernos las calidades y ambientaciones que esta joya británica guarda, siendo tan utilizada en el cine como bien nos recordó el doctor Eduardo, desde Master and Commander hasta Remando al viento (del asturiano Gonzalo Suárez) por mostrar dos momentos memorables donde los directores ponen sus imágenes a esta música más que la inversa, aunque también podríamos hacer metafísica con el tema. Un placer degustar la cuerda bien servida y a la temperatura adecuada, con mención especial a Vasiliev, Corpus, Moros y von Pfeil, cuarteto aterciopelado cual cristalería ideal.

La espiritualidad no exenta de carga religiosa la suele poner casi siempre Bruckner, más en esta inacabada Sinfonía nº 9 en re menor (WAB 109) que nos deja ese extraño sabor de boca esperando rematar el Adagio final tras un «misterioso» primer movimiento que no alcanzó a contagiar ambiente aunque el enólogo acertase plenamente, y un Scherzo algo más lento de lo esperado como buscando paladear las pulsiones con que el «sommelier» intenta convencer al cliente, olvidando que no todos tienen igual olfato ni memoria gustativa, que la cata también tiene su arte, así como que todo cocinero no tiene necesariamente que entender de vinos, aunque ello suponga un plus. Al menos no se estropeó ese último trago, poderosamente mágico, variado, íntimo y hasta metafísicamente lírico, con regustos del Tristán wagneriano y la novena beethoveniana con aromas de pastoral, dejando que todo brillase olvidando que la contención es una virtud (la instrumentación parece exigirla), y si no que se lo dijesen al bueno de Anton, célibe toda su vida pese a estar prometido pero encontrando disculpa de diferente religión para así anular un compromiso con el que no parecía estar convencido ni preparado a su edad. Todos los elementos de este gran reserva sinfónico se (com)portaron correctamente, especialmente implicada la sección de trompas alcanzando momentos esplendorosos donde ellos encontraron la dinámica perfecta mientras el equilibrio se logró por la profesionalidad y trabajo de unos músicos de cepa inimitable y largo recorrido. Qué gran vino si el sumiller lo hubiera dejado airearse, servirlo en su punto y no apurar la botella porque olvidó que todas son únicas.

Lógico recordar y brindar con Mahler: «Un vaso de vino en el momento oportuno, vale más que todas las riquezas de la tierra». Así sea.

Barenboim saca los colores

4 comentarios

Domingo 7 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Daniel Barenboim (piano). Obras de Debussy.
El verdadero regalo de reyes y la mejor forma de comenzar el año musical fue acudir al concierto de una de las últimas leyendas vivas del piano en pasar por Oviedo (aunque ya estuvo como director) Daniel Barenboim que solo tocará en Madrid y Barcelona dentro de esta gira europea presentando su última grabación y únicas paradas españolas en su agenda, llenando este primer domingo de 2018 un auditorio totalmente rendido pese a vergüenzas ajenas y sonrojos ante el aluvión atronador de toses en todas las direcciones, tímbricas y edades que no solo rompieron la necesaria continuidad e intimismo de los preludios obligando al maestro a levantarse del piano y acercar su pañuelo a la boca para que todos los maleducados entendiesen cómo atenuar esos ataques contagiosos, peores que la propia mala educación.

Y como niños pequeños mal educados, puesto que la cincuentena larga que rodeó al maestro en el escenario sí fueron más cívicos que los mayores, la alegría duró poco en casa del pobre y la megafonía volvió a recordar antes de comenzar la segunda parte el malestar del argentino por las toses que le impedían concentrarse y que el personal griposo de malos modales hiciese ese gesto tan sencillo que además figura en los AVISOS de todos los programas de mano (está visto que leerlos no es habitual): «Mitigar con un pañuelo o la misma mano las toses repentinas, sobre todo en los momentos lentos«, sacando los colores al resto capaz de ahogarse con tal de no romper el necesario silencio ante cualquier concierto.

Pese a estos inconvenientes, desconsideraciones totales hacia intérprete y público en general, amén de impaciencias como no esperar las posibles propinas y levantarse como alma que lleva el diablo, Daniel Barenboim trajo su piano y afinador particular para ofrecernos un monográfico del francés Debussy recientemente llevado al disco con el sello amarillo, lleno de colorido, magia, pinceladas y sonoridades que supongo la maestría del universal argentino habría sacado de otro modelo, aunque me pareció que el equilibrio entre los extremos agudos y graves parece más logrado, junto a unos ajustes precisos de toda la maquinaria que permiten apreciar toda la gama dinámica que las obras de Debussy atesoran, además de un manejo de los pedales redondeando esa paleta sonora impresionista sin un ápice de borrones o manchas.

El primer libro de los Preludios para piano (1909-10) resultó, pese al accidentado inicio, un auténtico catálogo de cuadros musicales en todos los tamaños y tiempos además de las temáticas indicadas en sus doce títulos, casi la Biblia de cualquier pianista que en el caso de Barenboim con su instrumento demuestra porqué es tan bueno dirigiendo, esculpiendo sonidos que se mezclan con total limpieza primando lo principal en un primer plano que salta al oído sin perder la globalidad. Sumemos el juego con los aires totalmente personales más allá de las indicaciones o de un mero rubato, dotando a cada página de personalidad propia, destacando ya pasada la mitad de los preludios como si olvidase la tortura ruidosa, dejando La muchacha de los cabellos de lino literalmente «tranquila y dulcemente expresiva» o como Francisco Jaime Pantín escribe en las notas «el retorno a la contemplación, a través de la ilustración musical de un poema de Leconte de Lisle, cuyo pentatonismo aporta desnudez y simplicidad a un entorno de discreto arcaísmo«, el aire plenamente andaluz de La serenata interrumpida como si el Auditorio de Oviedo fuese una Alhambra soñada donde Barenboim ya sentó cátedra, La catedral sumergida incapaz de ahogar toses pero ingrávida y monumental como sus campanas claras en un mar cual aire enrarecido, y el toque humorístico, burlesco e irónico del bufón, Minstrels de saltos y tambores, «arracimando» figuraciones, ornamentos y tempo para cerrar una primera parte de menos a más, concentrado y gustándo(se), recreando el universo debussiano como pocos pueden interpretar tras una carrera de más de cincuenta años donde parecía faltar el compositor francés.

Menos intensa la segunda parte pero igual de emocionante, paleta de coloridos variados en intensidades y paisajes comenzando con las tres Estampas (1903) casi tríptico de acuarela y tinta china por el trazo rápido y fresco, destacando de nuevo lo hispano de Una tarde en Granada que Debussy no conoció pero Barenboim sí, ritmo andaluz puro con evocación de guitarra, y hasta los Jardines bajo la lluvia que en vez de parisinos resultaron del Generalife por el ambiente previo y la luz final que el Mediterráneo tiene y el argentino conoce.

Las «Dos arabescas» (1888) siguientes siguieron surcando el Mare Nostrum, la conocida nº 1 (Andantino con moto) infantil como la sintonía para algunos de aquel «Planeta imaginario» versioneada por Tomita y sus sintetizadores que Barenboim trazó jugando con el tiempo cual fuelle de bandoneón y delicado acento, más la nº 2 (Allegretto scherzando) caprichosa, ágil y precisa, menos juguetona que la primera y contrastada como el propio maestro, quien mostraba todos sus tics habituales en el piano y los que le conocen reconocerán: esa mano izquierda levantada reforzando carácter, la cara reflejo anímico mirando a la derecha sin ver, el echarse hacia atrás puntualmente como levantando tensiones, la fuerza en el ataque que llega al zapatazo derecho sobre la tarima, dualidad del gesto adusto y generoso, serio y elegante como el volver a abrocharse todos los botones de su casaca antes de saludar a todos por zonas.

La isla alegre cerraría este monográfico francés de un intérprete universal que parece haber encontrado en el piano una segunda etapa de investigación sonora sin olvidar una técnica envidiable, afrontando esta isla final con la exuberancia y portento juvenil de apoteosis tímbrica en un instrumento diseñado por el propio Barenboim que sigue impartiendo magisterio y magentismo especial.
Siempre de agradecer las propinas a pares, ambas de Schumann, dos de sus Fantasiestücke Op. 12, la primera Des Abends (La tarde) y la séptima Traumes Wirren (Sueños turbulentos), plena de virtuosismo y vitalidad a sus 75 años, con guiños siempre actuales porque los genios no tienen edad.

A Don Daniel no le gustan las fotos pero accedió a firmar discos tras finalizar un concierto al que no faltó casi nadie para así presumir de haber asistido a un pedazo de la historia del piano nuevamente con Oviedo de referente y siempre recordando a Iberni.

Carta a SS. MM.

1 comentario

Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto el trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados «Años Mahler» sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil» con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copióDudamel, al que le perdono todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en el recién acabado 2017 siguieron «a tope» y haciendo historia siempre volando desde casa, con nuevo disco en el horno a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capita Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith JáureguiDiego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz nos llegará su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre «redescubierto» Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2018 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
Por no perder la esperanza pido para los llamados «gestores culturales» que se olviden de su otra crisis, la intelectual que parece contagiosa como la gripe, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2018 y más. Además de darles las gracias e nuevo por Luca, por su vuelta y triunfo en la ópera ovetense con Elisir (el veneciano me lo bebí directamente en La Fenice), por ese nombramiento como «asturiana del mes«, esperando también lo sea de este año y que llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.

Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mapá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor y sin encontrar relevo fue lo que menos me ha gustado del pasado año (que se haya ido mi papá tampoco pero supongo que irá en el apartado de quejas y no cartas del día de hoy).
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS).

Mientras tanto espero que la palabra corrupción vaya desapareciendo de nuestra cotidianidad y que la crisis pase hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde «recortes» o «supresión» se escuche menos que «Cataluña» ¡lo qué ya es decir!, para este año 2018 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar «duros de oreja» (supongo que con el 151, los tripartitos de tonada y demás «ocurrencies de oficalidá» no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone).
A propósito, si pudieran derogar la Ley Wert (ya casi nadie se acuerda de su dorada estancia parisina tras dejarnos la música en la educación como ínfima y optativa), entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en «esta España nuestra» que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

Sembrar para recoger

9 comentarios

Coro y Orquesta de la Universidad de Oviedo, Lola Casariego y Ana Peinado (sopranos), Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón (directores).
Catedral de Oviedo, Concierto de Navidad. Lunes 18 de diciembre, 20 horas.

La historia de un pueblo se escribe desde la cultura, hay que sembrar para recoger aunque algunos dirigentes políticos obliguen al barbecho confundiendo gasto con inversión. Al menos la universidad asturiana sigue apostando por la música no solo en los estudios sino desde la propia Extensión Universitaria, con los altibajos lógicos de épocas, edades y renovación. Con un coro estable desde 1963 y una orquesta universitaria que fue la primera en España, fundada en 1979 por Alfonso Ordieres triunfando casi una década (recordar aquellas jornadas y posteriores festivales de música primaverales), felizmente recuperada este curso por su hijo Pedro Ordieres, con la puesta de largo catedralicia (debutaron en Vegadeo el mes pasado) donde Händel (1685-1759) compartiría programa con los asturianos Gabriel Ordás (1999) y Guillermo Martínez (1983). Las sopranos también de la tierra, con Lola Casariego en el coro de aquellos años de Luis G. Arias antes de alzar vuelo como solista, bien recordado por el amigo, compañero y maestro Valdeón, al frente de la formación vocal desde hace diez años, contando además con unas excelentes notas al programa firmadas por Ángel Medina, catedrático de musicología de nuestra universidad también pionera en esta especialidad, analizando cada obra como solo un Maestro es capaz.

La Catedral se quedaría pequeña para disfrutar del Concierto de Navidad (El Mesías del Auditorio para el próximo viernes agotó las invitaciones en tiempo récord), que abriría la sección de cuerda universitaria con Fernando Zorita de concertino bajo la dirección de Pedro Ordieres interpretando el Concerto grosso op. 6 nº 1 en sol mayor del alemán nacionalizado inglés. Bautismo barroco de calidad con juego de contrastes solistas –tutti “de libro”, unido a sonoridades claras y precisas pese a la inevitable reverberación, cinco movimientos ricos, variados, paladeados por intérpretes y público antes de ampliar plantilla, dar paso al coro y ceder la batuta a Valdeón para estrenar el Stabat Mater speciosa, encargo de la Universidad de Oviedo al portentoso intérprete y compositor ovetense, acabada el mes pasado y de quien la OSPA estrenará en febrero su Onírico. ¡Y tiene 18 años!.
Ordás arma musicalmente esta imagen navideña de “Virgen con Niño” contrapuesta a la Dolorosa , triunfante y dulce, con el coro cantando en latín junto a una orquesta rica en paleta tímbrica de cada sección, matices y colores donde no faltó una amplia percusión bien elegida ni el órgano arropando alegres melodías bien construidas, acordes con el tiempo vivido. Dotado de un humanismo atemporal al que las leyes educativas son reacias, formado en una casa culta y seguir estudiando en el Conservatorio local, Ordás vuelca su talento innato en los pentagramas, bien orientado por sus maestros en esta joya de obra que bisarían al final para deleite y asombro de todos los asistentes.

Completaría el programa Guillermo Martínez (hoy en el órgano), todo un clásico de estos conciertos, revisando para la ocasión dos obras conocidas, su cantata O magnum mysterium (2003), estrenada por la desaparecida JOSPA, LDO y Elena Rosso cantando la antífona gregoriana, hoy a cargo de Ana Peinado y los universitarios, orquesta y coro en perfecta conjunción para este relato igualmente navideño, de distinta hechura pero mismo idioma, el de aquella generación JASP (joven aunque sobradamente preparado) que sigue pidiendo paso y presencia en los programas, siembra de casa esperando no la recoja ni la lleve otro, más el aria Verkündiung über die Hirten perteneciente a su cantata Solstizio d’oro con textos de Rilke, estrenada también por Valdeón y “su coro”, tomando vida propia como aria de concierto tal como predijese en este mismo periódico Ángel Medina, el lunes con la voz de nuestra Lola Casariego, generosa y entregada como siempre sumándose a esta fiesta navideña universitaria en la Catedral con acústica no siempre agradecida para unas músicas que sí lo son, abocadas a seguir disfrutándolas (al menos en las llamadas redes sociales).

P. D.: La alegría se truncó con la triste noticia del fallecimiento de Roberto Álvarez, trompa de la OSPA y amigo de muchos de los músicos presentes. DEP.
Pablo Álvarez Siana
Crítica para La Nueva España del miércoles 20 de diciembre de 2017. En esta entrada no añado links y la dejo literal salvo las fotos, habiendo sido escrita la noche del lunes y programada para no subirla antes que el propio periódico.

De Vuelta Abajo

2 comentarios

Viernes 15 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo. Concierto de Navidad del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo: Vuelta Abajo. Entrada libre.
Estar en casa por parte de organización y artistas es lo más importante para un evento en estas fiestas, y el Teatro Filarmónica ha sido escenario habitual del grupo Vuelta Abajo, Entre amigos si bien mi último recuerdo de ellos ultimando el CD fue allá por octubre en el Auditorio con la Banda de Música de la capital.

Tras el discurso de Don Ignacio Cuesta Areces, decano del ICA y la presentación de los invitados a un público fiel que llenó el patio de butacas del Filarmónica, mis amigos de Vuelta Abajo pasaron revista a los doce temas que integran un trabajo que debería estar a la venta en esta presentación, pero que problemas ajenos y lejanos lo traerán suponemos que los Reyes Magos.

La docena estuvo bien trabajada aunque vuelvo a echar de menos más púas y unos arreglos que primen las melodías, pues la escucha de temas tan conocidos en esta nueva etapa de los «primeros dieciséis años» sigue careciendo de esa presencia, supongo que por plantilla nunca al completo, por gripes y evitando hacer del responsable de sonido un mago que equilibrase un directo sin trampas ni cartón, poniendo más bien vuelta arriba las melodías. Calidad instrumental y vocal tiene esta formación de amigos en el tiempo enamorados de la música latinoamericana a los que alguna vez he bautizados como «Los sabandeños asturianos» aunque su nombre sea el de la isla cubana más tabaquera, conocedor por los cigarrillos que fumé desde que tengo memoria, antes Habanos y supongo que tras «la marcha» de Fidel se han renombrado Herencia. Amigos, tabaco, memoria y música.

Sin entrar a fondo con lo disfrutado esta tarde aunque buscando con detalle mis habituales enlaces (links dicen los expertos) a los temas escuchados, dejo directamente las anotaciones en el «celular» según iba escuchando, amparado que no escondido en la última fila por no incordiar ni molestar con las fotos que también ilustran esta entrada.

Alma Llanera de Venezuela, el himno no oficial con todos un poco fríos y desajustes varios, aunque el tema siempre ha sido de los preferidos de estos «vuelteños«.
Y con el mismo aire De Tenderetede Elfidio Alonso, sabandeño fundador, ya van entonando en Canarias, tierra de ron y tabaco, de bellas mujeres y folklore inigualable, vuelta abajo de Venezuela de la continental canaria ultramarina en tantas cosas.
Volvemos a cruzar el charco, Argentina, Atahualpa Yupanqui y la Zamba de la toldería tras lección de historia y geografía que acompaña cada tema, famosa por Los Chalchaleros, QuilapayúnLos Cantores de Quilla Huasi, bien estos de Asturias con ese ritmo característico que los chicos de vuelta dominan a la perfección.

Paloma ausente de Violeta Parra, bienvenida a la hija donde sikus, quenas y bombo legüero visten de calidad unas voces ya empastadas y mejor ecualizadas con guitarras y bajo, eléctrico pero discreto.
De Leonardo Favio recordando a Cafrune y Marito El niño y el canario hecho bolero elevando tristeza a recuerdos de infancia, bien cantado y sentido aunque los argentinos no son de vuelta abajo.
Y no podía faltar un vals, de Perú Callejón de un solo caño enlazado sutilmente con la «marinera» Palmero, ¡qué bonito! con el típico cajón que Paco (de Lucía) traería para quedarse flamenco, voces bien equilibradas con cuerda y percusión más el bajo redondeando el conjunto aunque perdamos la melodía en pos de la armonía.

Viaje al nordeste argentino con un «chamamé» de Jorge Fandermole, pobre pescador y Oración del remanso al Cristo de las redes, efectos acuáticos y ornitologicos en la entrada instrumental antes de dos solistas (bien «mi Eduardo derecho») que van preparando el conjunto para este bello son.
Aquél grupo que se llamaba Los fronterizos popularizó el himno de todos los latinoamericanos tan escuchado en los años de la llamada transición, al menos esperanza sí había, la Canción con todos, «todas las voces, todas…» en versión creciente de solo, bocas cerradas y la explosión del estribillo, sin perderse el puente de quenas desembocando en un final nada desbocado sino agarrando los machos.

Del cuyano Buenaventura Luna, el mismo de la zamba «toldera» vendría Si «sabis» templar las cuerdas que nos devuelve el purismo folclórico, en las voces con recitados (más puneños que jujeños) e instrumentos, bien «templados» por afinados y temple (a falta de timple).
El golpe para los venezolanos también es un ritmo (no sean mal pensados), el de Amalia Rosa en arreglo asturiano del guitarrista avilesino Moisés Arnaiz, original conjunción instrumental y vocal engrandeciendo el ritmo pero corto de púas que podrían haber dado el color al segundo nombre de la dama cantada.
Los Reyes Magos (Ariel Ramírez) nos adelantó las navidades, con más equilibrio y buen contrapunto brillando flautas y percusión, manteniendo el espíritu de nochebuena en la siguiente ¡Ay para Navidad!este bailecito villancico con el mismo ambiente de buenas voces y púas cuál arpas de registro grave, fórmula de puente flautado y desembarco pascual a la espera del nuevo año.

Más allá de los doce temas del esperado CD presentado «virutalmente», llegaría el 13 sin superstición, un bolero de origen cubano pero portorriqueño Madrigal con voz solista gastada en esa tesitura pero sentida cual tango, remontando el conjunto para quien «bolero» no es sinónimo de mentiroso ni de limpiabotas.
Nos hablan de Bolivia pero supongo será Paraguay, también en repertorio con Alma guaraní de Ramona Galarza, exaltación de una raza de orgullo y posterior mestizaje musical así entendido en este tema con todos los intérpretes entonados en el buen sentido de la palabra, incluyendo solista y coro. La celebración en taberna cercana aún debería esperar el último tema.

Amigo no podía ser mejor elección para despedirse con todo el teatro coreando y palmeando. Sin necesidad de que cantásemos el «Todos queremos más» y con la premura del técnico Rober que debe tomar rumbo a Vegadeo en esta noche lluviosa, aún queda tiempo para el Candombe para José, un clásico de Vuelta Abajo y «Ánimo arriba», echando en falta la conocida melodía más presente pero dejándonos el regusto de paladear el compacto, pues el trabajo de estudio puede remedar detalles que el directo no. Gracias amigos y felices fiestas.

Gafados con el piano

Deja un comentario

No es habitual llegar a la capital y que a punto de entrar al auditorio avisen de una cancelación, pero este primer domingo de diciembre el esperado concierto de la pianista Kathia Buniatishvili (Batumi, 21 junio 1987) se suspendía tras sentirse indispuesta en el propio auditorio ovetense, con una apretada agenda este mes.

Una lástima porque la expectación por escuchar a la giorgiana de apellido impronunciable era grande incluso entre un público no habitual de estos eventos con quien el marketing parece funcionar, e incluso fomentado por uno de los patrocinadores de estas Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» (al que hoy se le recordaba por su irreparable pérdida hace diez años) que disponía una página completa de cotilleo sumándose a quienes han llegado a llamar a la menor de las Buniatishvilli (en la onda de otras pianistas hermanas como las Pekinel o las Labèque) con titulares como «la Beyoncé del piano» o «rockstar del piano» visitando platós de todas las televisiones europeas, verdadera estrella mediática que se defiende y desenvuelve con soltura y sin problemas en casi todos los idiomas: francés, alemán (los años en Viena se notan), inglés o el ruso natal, desconociendo si también hablará nuestro idioma.

Al menos nos quedan sus grabaciones y apariciones en YouTube© tanto de solista como de excelente pianista camerística y no digamos con orquestas y batutas de primera, igualmente mediáticas como la bella georgiana. A mal tiempo buena música buscando el vaso medio lleno que no compensará la devolución del dinero ni el cambio de fechas caso de lograrse.

Para los amantes del piano el programa que traía Kathia era para impactar, «los Cuadros» de Moussorgsky junto al Liszt endiablado de las rapsodias española o húngara y las reminiscencias más que evocaciones rozando lo sobrehumano del «Don Juan» de Mozart tan de moda en tiempos del abate que muchos otros virtuosos ofrecen como carta de presentación.

Esperando que los excesos no pasen factura, como con Lang-Lang, que la belleza y «glamour» de colegas de Kathia como Yuja Wang vayan parejas no por listas al uso sino por sus interpretaciones y sin ser supersticiosos habrá que «pasar el agua» al Steinway del auditorio, aunque virus, farturas, gripes o desmayos llenan también portadas y cancelaciones, más en el mundo lírico pero que con los pianistas en Oviedo mejor tocar madera, esperando por Barenboim en enero (pues de Zimerman, Martha Argerich o Maria Joao Pires mejor pasar página o cruzar los dedos pero propios, no ajenos), aunque Oviedo sigue siendo capital de las 88 teclas desde hace lustros y en España «la Viena del Norte» por su oferta musical única a la que parece comienzan a salirle novios.
Por el Campoamor y el Auditorio han pasado verdaderas leyendas y promesas que han llegado a estrellas, incluso siendo despedidas de intérpretes irrepetibles. Empezar diciembre compuesto y sin novia no es entrar con el pie derecho

Destellos del alba

1 comentario

Viernes 1 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 3 «Espiritualidad I«, OSPA, Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Vázquez del Fresno, Elgar y Mendelssohn.
Desde niño llevo admirando al gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) primero como pianista y después como compositor, habiendo escuchado por él mismo algunos estrenos como sus Audiogramas en la Filarmónica de Mieres que presidía Luis Fernández Cabeza, enseñándome nuevos recursos del piano, preparado se decía entonces, que me ayudarían al acercamiento de lo que se llamaba música contemporánea o vanguardia, así como sus acercamientos a nuestro folklore con el tenor Joaquín Pixán, guardando como un tesoro el LP dedicado y en la memoria la presentación.

El tiempo nos da otra visión del pasado, derriba muros o quita calificativos pero mi devoción por el maestro Luis no ha cambiado salvo que sigue en aumento, por lo que poder escuchar el estreno (en Avilés el día antes) de una obra suya siempre es un placer, y esta vez Florilegio del alba, op. 53, una suite sinfónica (2001-2017) mientras esperamos el estreno de la ópera La dama del alba prometida por las «autoridades» muchas veces e incumplido como en ellas es tristemente de esperar. Me gustaría escucharla en vida del compositor porque mientras, nos debemos conformar con materiales de ella, caso de esta suite tan asturiana e internacional como Alejandro Casona, nuestra OSPA o el propio Vázquez del Fresno, un aperitivo a modo de «trailer» con seis números dignos de interpretarse por cualquier orquesta de fama mundial o de llevarse al disco porque calidad desborda toda ella. De la ópera supongo que no es solo cuestión económica porque material humano en nuestra Asturias para ponerla en pie hay más que interés por parte de los gestores.

No quiero tanto analizar una partitura que no conozco, dejando el recorte de La Nueva España de Andrea G. Torres sobre el estreno de ayer, y el enlace a las notas al programa (arriba) de Daniel Moro Vallina, sino las sensaciones sentidas desde mi butaca, música para paladear que abarca distintos lenguajes fácilmente entendibles y dominados por el maestro gijonés desde una instrumentación donde además del piano preparado (que me devolvió al Mieres de mi infancia), el arpa o una percusión rica y variada, aparecía en la madera el saxofón junto a metales y cuerda perfectamente equilibradas en número, volumen y dinámicas variadas. Números con «estética» de los años cincuenta conviviendo con rítmicas o melodías de aroma astur o tributo orquestal al amado Debussy del que Luis Vázquez del Fresno ha sido embajador y casi traductor en sus dos facetas de profesor y concertista, junto a Messiaen, pero siempre con la firma original del asturiano, pues todos tienen un bagaje que influye a la hora de componer y de interpretar. Este alba luminosa fue leída con cariño por unos intérpretes que la sienten por cercanía geográfica y musical, con un Milanov atento especialmente a los matices que la orquesta asturiana puso en esta suite, agradeciendo el autor los merecidos aplausos que le obligaron a subir por dos veces al escenario.

El toque británico en cuanto a elegancia, saber estar, educación, musicalidad, porte, sobriedad, emociones interiorizadas huyendo del puro espectáculo, lo pondría el Concierto para violonchelo en mi menor, op 85 (1919) de Sir Edward Elgar en manos de un Pablo Ferrández (Madrid, 1991) cuyas interpretaciones en Oviedo (2013 y 2014 las tengo contabilizadas y reflejadas, antes de su eclosión en 2015 tras ganar el Concurso Tchaikovsky) con la OSPA y Milanov siempre me han resultado impactantes por unir una técnica prodigiosa y unas visiones atrevidas muy trabajadas junto al sonido de «sus» cellos, primero el impresionante Stradivarius «Andrea Castagneri» de 1733 y después el «Lord Aylesford» (de 1696) propiedad de la Nippon Music Foundation que presta sus tesoros a jóvenes intérpretes de primera con impacto internacional, como el español, quien volvió a revolver nuestro interior por su impactante pegada, sus armónicos y la cascada de musicalidad del solista madrileño. Siendo uno de los conciertos más famosos para cello y orquesta, con grabaciones e intérpretes de referencia, personalmente firmo este ovetense como inolvidable hasta el día de hoy, más tras escucharle en OSPATV que no le gustaba en sus años de estudiante. Está claro que los años todo lo curan, sobre todo la juventud pero especialmente el trabajo constante.

Un placer contemplar la escucha atenta de toda la OSPA para ser la mejor cómplice del solista en los cuatro movimientos encajando intenciones, empastes, cambios de tempo (especialmente en el último movimiento), con Milanov disfrutando como uno más, sin molestar, asombrándonos Ferrández con la aparente y engañosa facilidad del arco, los ataques, los armónicos o sus escalas limpias y precisas dejándonos «un Elgar» para el recuerdo (grabado como todos los de la OSPA por Radio Clásica).

Generoso en su interpretación británica, también lo fue en sus regalos, la «Sarabande» de la Suite 3 de Bach con una cuarta cuerda que hace vibrar hasta las entrañas, fraseos maestros e intimismo acallando a todo el auditorio (no con el lleno deseado para estas joyas) y El cant dels ocells pidiendo la necesaria paz en este mundo convulso que el propio tocayo catalán hubiera aplaudido por el sentimiento hecho música de su violonchelo solo, plegaria y llanto. El éxito internacional de Pablo Ferrández es lógico y corroborado por los que estuvimos en esta cita.

El habitual formato de programa (obertura o estreno más concierto solista) tendría en la segunda parte a Mendelssohn pero con una obra poco escuchada, bella y grandiosa aunque exigente ante el enorme esfuerzo para sacar adelante todo lo reflejado en la partitura, la Sinfonía nº 5 en re menor, op. 107 «Reforma» (1830-1832), interpretación con destellos de plenitud, plagada de sutilezas en volúmenes con una cocina que no quemó los ingredientes aunque algo sosa y deslavazada, en parte porque la belleza del compositor alemán apenas necesita más condimento que dejarla fluir en sus movimientos siguiendo las propias indicaciones de agógica. Los músicos sirvieron este plato en su punto, de instrumentación ideal para la orquesta asturiana, maderas a dos (con contrafagot) en dúo de oboe precioso y preciso, metales compactos y orgánicos como me gusta llamarlos en páginas como el coral final de tímbrica cercana a la trompetería del órgano de tubos, timbales más la cuerda deseada, al fin rotunda en contrabajos y la personalidad de siempre en esta OSPA, clara, vibrante, llena de matices y color, capaz de herir desde el terciopelo y mantener el hilo sonoro cual emoción contenida en unos pianísimos con la misma calidad que en los tutti. Buen concierto y mejores sensaciones por las excelentes obras junto a buenas interpretaciones de un esperado amanecer sinfónico asturiano, a la que no volveré a escuchar hasta el próximo año.

Older Entries Newer Entries